El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Teosofia’ Category

SOBRE LA NATURALEZA DE LA REALIDAD

Posted by cosmoxenus en 21 febrero 2010

Textos de Michael James basados en las Enseñanzas de Ramana Maharshi

Las formas de existencia temporal son meras apariencias

Si algo es relativamente real, es también relativamente irreal. Ello puede parecer real en ciertos tiempos o en ciertas condiciones, pero deja de ser real en otros tiempos y en otras condiciones, de modo que su realidad es impermanente. Debido a que su realidad es dependiente de ciertas condiciones, no es real independientemente. Su supuesta realidad está limitada por y es relativa a la realidad de las condiciones de las que depende, y por lo tanto es imperfecta. Al ser relativo, condicional y dependiente, ello no es real por sí mismo, sino que meramente parece ser real en ciertas condiciones.

Eso que aparece en un tiempo, desaparecerá inevitablemente en algún otro tiempo. Puesto que ello no es real antes de que aparezca ni después de que desaparece, en verdad ello no es real ni siquiera cuando parece ser real. Su realidad aparente es solo una apariencia o aparición transitoria, y por lo tanto no es absolutamente verdadera. Eso que aparece en un tiempo y desaparece en otro tiempo, meramente parece existir, pero no existe realmente. Eso que existe realmente, eso que es realmente, debe ser en todos los tiempos. Por consiguiente, todas las formas de existencia temporal son meras apariencias, y por lo tanto no son reales.

Solo eso que es real absoluta, incondicional, independiente y permanentemente, es real en el sentido más estricto del término. Eso que es perfectamente real, debe ser real en todos los tiempos, en todas las circunstancias y en todas las condiciones. Su realidad no debe ser de ninguna manera dependiente de, limitada por o relativa a ninguna otra cosa. Además, no debe cambiar, o dejar de ser como ello era.

Esto que cambia, existe en una forma en un tiempo, y en alguna otra forma en algún otro tiempo, de modo que no tiene ninguna forma permanente suya propia. Al ser impermanente, ninguna de sus formas son absolutamente reales. Además, puesto que el cambio acontece dentro del tiempo, eso que cambia está limitado por el tiempo, y, por consiguiente, su realidad es dependiente del tiempo, limitada por el tiempo y así relativa al tiempo. Por lo tanto, solo eso que es sin-cambio e inmutable, es real en un sentido absoluto.

Así pues, una cosa puede ser considerada ser absolutamente real solo si es permanente, inmutable, inafectada por el paso del tiempo y el cambio de condiciones, independiente de cualquier otra cosa, no limitada por alguna otra cosa, y de ninguna manera relativa a alguna otra cosa.

La realidad que subyace a toda la relatividad

Cuando decimos que la mente, nuestro cuerpo y este mundo, y el Dios que se cree que ha creado todas estas cosas, son todos irreales, no significamos la negación del hecho de que ellos son reales en un sentido relativo. Lo que queremos decir es que no son absolutamente reales —permanente, inmutable, incondicional e independientemente reales. Todos ellos son apariencias transitorias que son concebidas o percibidas por la mente, y, por consiguiente, su realidad aparente depende de la mente, que es ella misma impermanente y siempre cambiante.

Aunque la mente, y todo lo que es conocido por la mente como otro que ella misma, es irreal, no podría parecer real si no hubiera alguna realidad que le sea subyacente. La realidad que subyace a toda la relatividad, es absoluta. ¿Cuál es la naturaleza de esa realidad absoluta?

Puesto que toda forma de dualidad es relativa, la realidad absoluta no puede ser más que una. Por lo tanto, ella es única y no-dual. No puede haber más que una realidad absoluta, debido a que si la hubiera, cada realidad tal estaría limitada, y sería relativa una con respecto a la otra, y, por consiguiente, ninguna de ellas sería el todo sin restricción.

Ser absoluto es ser libre de toda condición, restricción, limitación e influencias modificadoras —ser infinito, total, completo, incontaminado, perfecto e independiente. Por lo tanto, la realidad absoluta es por definición solo un único todo perfectamente no-dual, aparte del cual nada más puede existir.

Todo lo demás que parece existir, no es de hecho más que la única realidad no-dual absoluta. La realidad absoluta es como la cuerda, y todo lo demás es como la serpiente por la que esa cuerda se toma erróneamente. Lo mismo que solo la cuerda existe realmente, y la serpiente es meramente una apariencia imaginaria que es sobreimpuesta en ella, así también solo la realidad absoluta existe verdaderamente, y toda la dualidad y relatividad que aparece en ella, es meramente una imaginación que es sobreimpuesta en ella. La realidad absoluta no es solo el substrato subyacente a la apariencia de toda dualidad y relatividad, es también su única sustancia, debido a que no existe nada más que ella.

Mientras vemos la serpiente ilusoria, no podemos ver la cuerda real como ella es. Similarmente, mientras experimentamos la dualidad, no podemos conocer la realidad absoluta no-dual como ella es. Por lo tanto, si deseamos obtener verdadero conocimiento experimental de la realidad absoluta, debemos dejar de atribuir realidad a toda forma de dualidad y relatividad.

Mientras creamos que la dualidad y la relatividad son reales, la mente continuará prestándoles atención, creyendo que con ello puede obtener felicidad real. Solo si estamos firmemente convencidos de que todas las formas de dualidad y relatividad son apariencias ilusorias e irreales —meras ficciones de nuestra imaginación— estaremos dispuestos a retirar la mente de ellas para buscar la realidad absoluta que las subyace.

La no-existencia o el no-ser

Puesto que todo lo que es conocido por la mente es solo relativamente real, ¿no hay ninguna cosa tal como la existencia o no-existencia absoluta, la consciencia o inconsciencia absoluta, o la felicidad o infelicidad absoluta? Consideremos primero las cualidades negativas. Una cualidad negativa tal como la no-existencia, la inconsciencia o la infelicidad nunca puede ser absoluta, debido a que una cualidad negativa solo puede «existir» relativa a su cualidad positiva correspondiente. De hecho, una cualidad negativa no «existe» realmente, sino que es solo la ausencia o no-existencia de la cualidad positiva correspondiente.

La no-existencia o el no-ser, nunca pueden existir realmente, debido a que es solo una ausencia o negación de la existencia o el ser. Verdaderamente no hay ninguna cosa tal como la no-existencia o el no-ser, debido a que si lo hubiera, sería una «no-existencia existente», que es una contradicción en los términos. Por lo tanto, la no-existencia o el no-ser es real solo como un concepto mental, y no existe excepto como una idea o un pensamiento en la mente. Como tal, la no-existencia es una cualidad esencialmente relativa, y por lo tanto no puede ser nunca absoluta.

Similarmente, no puede haber ninguna cosa tal como la inconsciencia absoluta. Lo que llamamos «inconsciencia» es solo una ausencia de consciencia, pero en una ausencia de consciencia completa, ninguna «inconsciencia» podría ser conocida o experimentada. Por lo tanto, lo mismo que la no-existencia, la inconsciencia es solo real como un concepto mental. La consciencia o inconsciencia de otras gentes, criaturas y cosas, nunca puede ser conocida por nosotros directamente, sino que es solo inferida por la mente, y como tal es real solo como una idea o pensamiento en la mente. Además, aunque conocemos la consciencia, nunca podemos conocer nuestra inconsciencia. Por lo tanto, la inconsciencia es algo que nunca podemos conocer efectivamente, ni en nosotros ni en nada más, y, por consiguiente, es meramente una condición hipotética, y no una condición que sea experimentada realmente alguna vez.

Cuando despertamos del sueño profundo, pensamos que éramos inconscientes en el sueño profundo, pero de hecho no conocíamos ni experimentábamos ninguna inconsciencia completa en ese estado. Lo que experimentábamos de hecho en el sueño profundo, era meramente la ausencia de cualquier conocimiento o consciencia de algo más que nosotros. Cuando decimos, «Sé que era inconsciente en el sueño profundo», estamos describiendo nuestra experiencia efectiva en el sueño profundo, pero lo estamos haciendo en términos muy imprecisos, debido a que no hemos reflexionado profundamente sobre lo que hemos experimentado efectivamente en ese tiempo, o qué entendemos exactamente por el término «inconsciente». Para saber que éramos inconscientes en el sueño profundo, debemos haber sido conscientes de esa «inconsciencia» aparente. Es decir, éramos capaces de experimentar la «inconsciencia» relativa del sueño profundo debido solo a que éramos efectivamente conscientes en ese tiempo.

Cuando decimos, «era inconsciente», no queremos decir que éramos absolutamente inconscientes, sino solo que éramos inconscientes del cuerpo, del mundo y de todas las otras cosas que estamos acostumbrados a conocer en los estados de vigilia y sueño con sueños. Nuestra «inconsciencia» o falta de conocimiento objetivo en el sueño profundo es relativo solo a nuestro conocimiento objetivo en la vigilia y el sueño con sueños. La ausencia de todo conocimiento objetivo en el sueño profundo, que es lo que queremos describir cuando decimos, «era inconsciente», no es meramente inferida por la mente, sino que era experimentada efectivamente por nosotros en el sueño profundo.

Cuando decimos, «no sabía nada en el sueño profundo», lo hacemos con un fuerte sentido de certeza, debido a que recordamos lo que experimentábamos efectivamente en ese tiempo, que era una ausencia de conocimiento relativo. El hecho de que ahora recordemos haber experimentado en ese tiempo una ausencia de todo conocimiento objetivo, prueba claramente que éramos conscientes en el sueño profundo. Aunque llamamos a esa experiencia de ningún conocimiento objetivo, un estado de «inconsciencia», es solo una inconsciencia relativa, debido a que estábamos presentes como consciencia para conocer esa condición de inconsciencia aparente.

Por lo tanto, podemos decir definitivamente que esa no-existencia e inconsciencia son reales solo como conceptos mentales, y que nunca pueden existir o ser conocidas como cualidades absolutas, pero, ¿podemos decir lo mismo sobre la infelicidad? ¿No es la infelicidad algo que experimentamos efectivamente? Si expresamos con otras palabras nuestra descripción de la infelicidad como «sufrimiento», «dolor» o «miseria», ¿no deviene ella una cualidad positiva?

No puede haber más que una realidad absoluta

Etimológicamente, absoluto significa «libre de» o «liberado de», y, por consiguiente, ser absoluto es ser libre de toda condición, restricción y limitación, libre de todas las formas de confinamiento, libre de todas las dimensiones tales como el tiempo y el espacio, libre de todas las fronteras o límites, libre de todas las divisiones y partes, libre de todas las relaciones e influencias modificantes, libre de toda dependencia, libre de toda forma de imperfección o incompletud, libre de toda finitud, relatividad y dualidad. O para expresarlo en términos más positivos, absoluto significa completo, total, infinito y perfecto. Por lo tanto, nuestra pregunta es si hay o no hay una cosa tal como una existencia, consciencia o felicidad que es infinita, indivisa, independiente y libre de toda condición y relatividad.

La infinitud no permite la existencia de ningún otro. Para ser infinita, una cosa debe ser el único todo simple, aparte del cual nada más puede existir. Si algo existiera aparte, fuera o independiente de lo infinito, eso establecería un límite a lo infinito, y, por consiguiente, dejaría de ser infinito.

No solo no puede haber nada más que lo infinito, tampoco puede haber divisiones dentro de lo infinito, debido a que una división es una forma interna de restricción o limitación, y lo infinito es por definición exento de todo límite, tanto interno como externo. Por lo tanto, si hay una cosa tal como una realidad infinita o absoluta, ella debe ser la única realidad, la realidad total, y una realidad que es esencialmente simple, indivisa y no-dual.

No puede haber más que una realidad absoluta. Por consiguiente, si en verdad hay una existencia o ser absoluto, una consciencia absoluta y una felicidad absoluta, no pueden ser tres cosas separadas, sino que deben ser una y la misma realidad. ¿Hay una realidad tal, y si la hay, es existencia, consciencia y felicidad?

Para responder a esto, primero debemos considerar la consciencia, debido a que la consciencia es el punto de partida y el fundamento de todo, la base de todo lo que conocemos o podemos conocer. Si la realidad absoluta no fuera consciencia, no podría conocer su propia existencia o ser, y puesto que no puede haber nada más que lo absoluto para conocerlo, no podría ser conocido nunca, y, por lo tanto, sería meramente un concepto o suposición hipotético.

Todo dicho sobre el ser o la existencia presupone la consciencia, porque sin la consciencia para conocerlo, ¿quién podría decir que ello es? La palabra misma «existe» significa etimológicamente «estar», debido a que una cosa puede decirse que es o existe solo si «está» en la consciencia. Un ser o existencia desconocido es una mera imaginación, una suposición infundada, y como tal no puede ser real.

¿Hay por lo tanto una cosa tal como una consciencia absoluta, una consciencia que es libre de toda condición y limitación, libre de toda frontera externa y división interna, libre de toda influencia modificante, libre de toda dependencia, y libre de toda relatividad y dualidad? Puesto que no podemos conocer ninguna otra consciencia que la consciencia, solo podemos responder a esta pregunta aplicándola a la consciencia.

Al vérselas con esta pregunta, la mayoría de nosotros concluiría superficialmente que la mente es la única consciencia que conocemos, y que la mente no reúne ninguno de los criterios requeridos para ser llamada absoluta. Por supuesto es verdadero que la mente no es absoluta, ¿pero es la mente la única consciencia que conocemos? Puesto que somos conscientes de nuestro ser en el sueño profundo, cuando la mente está ausente, somos claramente una consciencia que trasciende la mente y todas sus limitaciones. La consciencia real por lo tanto no es la mente, sino alguna otra consciencia más básica que subyace a la mente. Esa consciencia básica subyacente es la auto-consciencia esencial, la consciencia no-dual de nuestro ser, que experimentamos siempre como «yo soy».

Al aplicar la pregunta de arriba a la auto-consciencia fundamental, «yo soy», encontraremos que ella reúne todos los criterios que distinguen a la realidad absoluta. Es libre de toda condición, restricción y limitación. Es libre de toda forma de confinamiento. Es libre de toda dimensión tal como el tiempo y el espacio. Es libre de toda frontera o límite. Es libre de toda división y parte. Es libre de toda relación e influencia modificante. Es libre de toda dependencia. Es libre de toda forma de imperfección o incompletud. Es libre de toda finitud, relatividad y dualidad. Es por lo tanto completa, total, infinita y perfecta.

Esta auto-consciencia fundamental es no-dual y exenta de toda relatividad debido a que no es una consciencia de alguna otra cosa, sino solo de sí misma —de su propio ser esencial, que se experimenta como «yo soy». Puesto que ella es, y es consciente de su «es»-dad, o más bien de su «soy»-dad, no es solo consciencia sino también ser.

Sin embargo, aunque ella es ser, no es alguna forma de ser o existencia objetivo, debido a que el ser objetivo requiere de alguna otra consciencia otra que sí mismo para ser conocido. Mientras la existencia de cualquier otra cosa depende de la consciencia para ser conocida, la existencia de la consciencia no puede ser conocida por nada más que sí mismo.

La consciencia no es un objeto, y, por consiguiente, su existencia o ser no puede ser conocido nunca objetivamente. Aunque puede haber signos o indicaciones objetivos de la existencia de la consciencia finita que llamamos mente, la existencia efectiva de esa consciencia no puede ser conocida nunca por nada más que sí misma. Cuando incluso esa consciencia finita, que interactúa con los objetos conocidos por ella, no puede ser conocida objetivamente por nada más que sí misma, ¿cómo puede la consciencia real infinita ser conocida como un objeto?

 

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Un nuevo modo de Vivir

Posted by cosmoxenus en 19 febrero 2010

Vimala Thakar

La vida es una diversión extremadamente atractiva e interesante si se la vive sin predilecciones. Vale la pena vivir la vida porque ésta es un romance entre lo finito y lo infinito, es una danza de lo limitado y lo ilimitado.

El conocimiento es limitado. Uno puede reunir el conocimiento de todo el mundo, de todas las ciencias y todas las teologías; sin embargo, esto sería algo limitado y de una pavorosa finitud. No puede haber conocimiento sin palabras. Y el significado atribuido a las palabras es una invención humana. Por eso, aunque se piense que en el conocimiento hay progreso, en realidad uno está dando saltos de una limitación a otra.

Igual que el conocimiento, la experiencia es también limitada. La actividad experiencial implica remitirse constantemente al pasado. Un hecho no se convierte en una experiencia a menos que, de ocurrir en este momento, se lo traslade de vuelta a la memoria, se lo identifique, se lo denomine y se lo reconozca de acuerdo con ella.

La vida es infinita, es dinámica, pero el conocimiento que se adquiere o las experiencias que se cultivan en diversos niveles, tienen sus propias limitaciones. (Esto no lo decimos con sentido peyorativo; señalamos los hechos como son.)

Ahora bien, este conocimiento y esta experiencia limitados, así como su respectiva memoria (o el respectivo pensamiento, que es la respuesta de la memoria) tienen un papel que representar en esta vida; por limitados que sean, tienen una utilidad. Sin embargo, ¿es posible permitir que el conocimiento, la experiencia y la memoria de los condicionamientos se muevan sin crear un conocedor? ¿Es posible permitir que el movimiento del pensamiento tenga lugar en uno sin crear un pensador? Eso va a tener lugar, nos guste o no; ¿es posible permitir que el movimiento de la estructura del pensamiento tenga lugar en uno, sin predilecciones, sin crear un pensador?

El problema consiste en que, en vez de permitir que el pensamiento represente su papel funcional en el campo que le es propio, le atribuimos importancia: le atribuimos importancia emocional. Creamos respecto de él un sentido de posesión y propiedad. Creamos un sentido de orgullo. No se crea una imagen a menos que exista un sentido de posesión y propiedad. Estamos ocupados creando imágenes sobre nosotros mismos, en vez de dejar que el talento fluya libremente o que la estructura del pensamiento se mueva de acuerdo con su propio impulso. Introducimos la opción, la selección y un sentido de propiedad y posesión. Esto conduce a un sentimiento de pertenencia. "Ellos me pertenecen y yo les pertenezco". Todo esto se llama "identificación", en el léxico de la psicología.

Una vez que la identificación del conocimiento, la experiencia, la memoria y el condicionamiento están allí, uno empieza a sentirse ufano con ellos. Esos condicionamientos y el proceso de identificación limitan y, en consecuencia, el acto de vivir no tiene lugar. Al hoy de cada día se lo encaja en el molde del ayer. Al dinamismo y a la frescura perenne del hoy, del ahora, de este preciso momento, tratamos de aplastarlo metiéndolo en el molde del ayer. Dicho de otro modo ¿qué es un mecanismo de defensa? Es un molde; es meter lo de hoy en el molde de lo de ayer o bloquear el movimiento para mañana. Eso es lo que realmente ocurre en nuestra vida. No vivimos. Tenemos miedo de esta infinitud de la Vida, de la frescura perenne, de la novedad perenne de la Vida. El amanecer de esta mañana no fue el amanecer de ayer. El trino del ave que les cantó no fue una repetición del trino de ayer. La vida no se repite. Es perennemente fresca, perennemente nueva, perennemente dinámica. Sin embargo, los ojos que ven son viejos. El modo con que miramos la vida tiene el olor de nuestras identificaciones; aplastamos la novedad y el dinamismo; casi los matamos para que se adecuen a nuestras conveniencias, a nuestras expectativas, a nuestras ambiciones. El hoy no sigue siendo hoy. (Yo decía que vivir es divertidísimo, si uno vive sin predilecciones.)

¿Es posible dejar que el movimiento del pensamiento tenga lugar en nosotros sin esta constante identificación con él y sin el sentido de ser dueño de él, de poseerlo y pertenecerle? Si uno pertenece al pasado, si uno pertenece a lo que está muerto, ¿cómo podrá vivir? El pasado, el ayer murió y se fue. ¿Es posible dejar que el conocimiento que uno ha adquirido se mueva sin crear un pensador? Amigos míos, entreténganse con estas preguntas.

Cuando uno entiende que toda esta herencia de conocimiento y experiencia sólo tiene una utilidad funcional, ¿hará un esfuerzo para crear un pensador, un conocedor, un experimentador y una imagen acerca de ese conocedor o para crear una personalidad a partir de uno?

Estoy diciendo algo que sobresaltará y asombrará a los psicólogos occidentales y tal vez también a los indios.

Si al movimiento de la estructura del pensamiento se le permite pasar a través de uno y operar en y a través de uno, sin crear un pensador, ¿saben qué ocurrirá? Habrá una relación enteramente diferente con este conocimiento, esta experiencia y esta memoria que son limitados: ¡habrá una relación completa y cualitativamente diferente!

¿Qué implica la palabra relación? ¿Cuándo usamos un auto? Porque ustedes tengan un auto, no están sentados en éste durante veinticuatro horas. Suben al auto cuando tienen que hacer un largo recorrido. No están pegados al auto todo el día y toda la noche. Del mismo modo, al pensamiento, al conocimiento y a la memoria se los usa cuando corresponde y, tan pronto se los deja de usar, uno se aparta de ellos.

Lo que trato de comunicar es esto: es posible vivir sin crear una memoria nueva, un condicionamiento nuevo, cicatrices nuevas en la consciencia, propias del pasado. Que el pasado se mueva sin crear nuevas cicatrices y rasguños. En otras palabras, de la mañana a la noche muévanse a través del cuerpo, del cerebro y de la estructura del pensamiento sin crear un residuo, sin permitir que quede residuo alguno como la memoria.

Aquí hablamos acerca de un modo enteramente nuevo de vivir: vivir sin crear una memoria nueva, dejar que lo viejo se mueva sin crear una carga nueva. Por eso, a lo largo de todo el día, habrá ocasiones y momentos en los cuales el movimiento de lo viejo no sea necesario, el movimiento de la estructura del pensamiento no sea necesario. Uno puede tener media hora, dos horas o de cinco a diez minutos. Uno sabe que habrá un tiempo o un espacio en el que no esté justificado el movimiento de lo viejo. ¿Y qué ocurrirá cuando el movimiento de lo viejo no esté justificado? Habrá relajación. Pero, si existe una propensión, uno tratará de plantear el pasado que murió, mirarlo y darse el gusto con él o cavilará sobre el dolor que uno experimentó, reviviéndolo con la memoria; de esa manera, uno permanece ocupado con ese movimiento. Si se carece de esa propensión, si no se creó una relación psicológica con el pasado, si al pasado no se lo trata como una inversión para el futuro, entonces habrá bastante libertad. En las veinticuatro horas, habrá un tiempo en el cual uno pueda estar totalmente relajado.

Este es un nuevo modo de vivir, es una relación nueva con lo conocido, con lo limitado, con lo condicionado, con el pasado. Ustedes no pueden desear que el pasado se marche, ni pueden negarlo y rechazarlo. Por eso, cuando el movimiento de lo viejo, del pasado y de lo condicionado no es necesario ni está justificado y, si psicológicamente ustedes están completamente libres de cualquier apego a ese movimiento, entonces habrá relajación. Esa relajación es el contenido del silencio; pone en circulación una energía nueva y es posible el surgimiento de la individualidad. Más allá de la particularidad, más allá de la periferia y la circunferencia de todo el condicionamiento, existe el surgimiento de la individualidad, que es la Totalidad individualizada, no la Totalidad particularizada sino Individualizada, que no puede ser dividida, fragmentada ni imitada.

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¿QUÉ ES LA FELICIDAD?

Posted by cosmoxenus en 18 febrero 2010

Textos de Michael James basados en las Enseñanzas de Ramana Maharshi

Proposición reveladora (Pedro Rodea)

Nuestra propia inercia de muchos años nos impide ver que cuando aquí se dice “sensación de ser” no se está diciendo “sensación de ser esto o aquello”…˜ sino “sensación de ser” a secas…˜

Los deseos no pueden ser nunca plenamente satisfechos

Siempre que experimentamos algo que deseamos, la agitación de la mente causada por ese deseo se sumerge pasajeramente, permitiéndonos experimentar por un corto período la felicidad que existe siempre dentro de nosotros. Sin embargo, debido a que no alcanzamos a reconocer que la felicidad que experimentamos así existe ya dentro de nosotros, siempre la asociamos erróneamente con los objetos de deseo, y así hemos desarrollado una convicción fuerte y profundamente arraigada de que obtenemos felicidad de las gentes, objetos y circunstancias fuera de nosotros. Debido a esta convicción errónea, continuamos deseando esas cosas que creemos que son fuentes potenciales de felicidad para nosotros. Por lo tanto, los deseos no pueden ser nunca plenamente satisfechos, debido a que siempre que experimentamos una pequeña felicidad de la satisfacción de uno de nuestros deseos, el deseo fundamental de felicidad perfecta y completa nos impele a buscar una felicidad más grande tratando de satisfacer más deseos.

Por lo tanto, la felicidad que experimentamos cuando uno de nuestros deseos se cumple es de muy corta duración, debido a que algún otro deseo surge inmediatamente en la mente. Es decir, experimentamos tal felicidad solo en el período pasajero de calma que resulta de la satisfacción de uno de nuestros deseos, y un tal período de calma crea una oportunidad para que surja algún otro deseo. Innumerables deseos existen en la mente en una forma durmiente o latente, y cada uno de ellos está esperando una oportunidad adecuada para salir a la superficie de la mente.

En un único momento la mente solo puede prestar atención a un único pensamiento. Por lo tanto, cada uno de nuestros pensamientos solo puede surgir cuando el pensamiento previo se ha sumergido. Sin embargo, puesto que nuestros pensamientos surgen y se sumergen en rápida sucesión, sentimos que estamos pensando en varias cosas simultáneamente. Es decir, lo mismo que la velocidad a la que las imágenes de una película son proyectadas en una pantalla de cine es tan rápida que somos incapaces de percibir el intervalo entre dos imágenes consecutivas, y, por consiguiente, vemos una imagen móvil continua, así también la velocidad a la que nuestros pensamientos surgen y se sumergen es tan rápida que somos incapaces de percibir el intervalo extremadamente breve entre dos pensamientos consecutivos, y, por consiguiente, experimentamos un flujo de pensamientos continuo e ininterrumpido.

Sin embargo, aunque nuestros pensamientos surgen y se sumergen tan rápidamente, no obstante hay un límite al número de pensamientos que pueden surgir en la mente durante cada fracción de segundo, debido a que en un momento preciso solo un pensamiento puede estar activo. Por consiguiente, para salir a la superficie de la mente, cada uno de los muchos pensamientos latentes o deseos durmientes debe esperar un adecuado intervalo entre la submersión y el surgimiento de otros deseos o pensamientos. Por lo tanto, tan pronto como una quiescencia relativa tiene lugar en la actividad mental debido a la satisfacción de uno de nuestros deseos, muchos otros deseos demandarán surgir en su lugar.

Este proceso del surgimiento de un pensamiento u otro, tan pronto como una relativa quiescencia tiene lugar en nuestra actividad mental, puede ser percibido claramente por nosotros si tratamos de aquietar deliberadamente la actividad de la mente con alguna forma de meditación. Siempre que tratemos de evitar pensar en una cosa, el pensamiento de alguna otra cosa surgirá en la mente. Cuanto más tratemos de aquietar nuestra actividad mental, tanto más vigorosamente surgirán otros pensamientos para ocupar el lugar de los pensamientos que estamos tratando de evitar. Todos esos pensamientos que surgen en la mente relativamente quiescente son impelidos por el deseo de obtener felicidad de otras cosas que nuestro sí mismo esencial.

Sea cual sea la forma de infelicidad

Mientras nos tomemos erróneamente como esta forma de consciencia limitada que llamamos «mente», experimentaremos deseo de obtener esas otras cosas aparte de nosotros que creemos que nos harán felices, y evitaremos esas cosas que creemos que nos harán infelices, y mientras persistan tales deseos, la mente continuará pensando un pensamiento tras otro. Siempre que la mente deviene fatigada de esta actividad sin descanso de pensar innumerables pensamientos, se sumerge pasajeramente en el sueño profundo. Pero de tal sueño profundo pronto será sacada una vez más por sus deseos durmientes, y con ello experimentará ya sea un sueño con sueños o ya sea un estado tal como nuestro estado presente, que tomamos como un estado de vigilia. Por consiguiente, hasta que no pongamos fin a la errónea identificación de nosotros con la mente, que es la raíz de todos los deseos, no podremos poner fin nunca a todos los deseos, y, por consiguiente, no podremos permanecer nunca sin pensar en otras cosas que nuestro sí mismo esencial, o, en lugar de ello, no podremos dejar de caer pasajeramente en el estado de sueño profundo.

En nuestros estados de vigilia y sueño con sueños, la mente experimenta un incesante torbellino de deseos. Un deseo u otro está siempre clamando en la mente. Toda nuestra actividad mental es conducida solo por el deseo. Cada pensamiento que surge en la mente es impelido por algún deseo, y cada deseo es una forma de pensamiento. Deseo y pensamiento son por tanto inseparables. En la ausencia de deseo, como en el sueño profundo, no hay ningún pensamiento o actividad mental, y, en la ausencia de actividad mental, no hay ningún deseo. Cuanto más intensamente experimentamos un deseo, tanto más activa y agitada deviene la mente.

Siempre que la mente está activa, esa actividad oscurece en un grado mayor o menor la felicidad que existe siempre dentro de nosotros. Cuanto más intensa deviene la actividad mental, tanto más densamente es oscurecida nuestra felicidad natural. Por consiguiente, puesto que toda la actividad mental es causada solo por los deseos, ¿no está claro que el deseo es la única causa de toda nuestra infelicidad? Sea cual sea la forma de infelicidad que podamos experimentar, siempre podemos rastrear su origen hasta algún deseo que existe en la mente.

La felicidad subyace a todas las formas de amor o deseo

En realidad, en el núcleo más íntimo o profundo de nuestro ser, estamos siempre perfectamente calmos y felices, no importa cuán agitada pueda estar la superficie de la mente. Toda la agitación e infelicidad es experimentada solo por la mente, y no por nuestro sí mismo real —nuestra consciencia fundamental de ser esencial, «yo soy».

Nuestro ser esencial permanece siempre calmo y apacible, lo mismo que el ojo de una tormenta. Ninguna agitación de la mente puede perturbarlo nunca en lo más mínimo, debido a que es auto-consciencia perfectamente no-dual, y, por consiguiente, no conoce nada otro que «yo soy». No importa lo que la mente pueda estar haciendo, nosotros somos —es decir, existimos, y permanecemos esencialmente como nuestro ser auto-consciente, «yo soy». Ninguna suma de hacer puede impedirnos nunca ser.

Ser es lo que subyace a todas las formas de hacer, lo mismo que la consciencia subyace a todas las formas de conocimiento, y la felicidad subyace a todas las formas de amor o deseo. Nuestro ser esencial es consciencia, y la consciencia esencial de nuestro ser es felicidad. Así pues, nuestro ser, consciencia y felicidad esencial son todos una y la misma realidad —la única realidad absoluta, que es nuestro sí mismo verdadero y esencial.

La existencia y la no-existencia relativas, la consciencia y la inconsciencia relativas, y la felicidad y la infelicidad relativas, son todas solo un reflejo distorsionado de nuestro ser, consciencia y felicidad absoluta. Debido a que somos distraídos por toda la actividad superficial de la mente, no prestamos atención al ser, consciencia y felicidad esenciales, que son nuestro sí mismo verdadero o naturaleza fundamental. Y debido a que no prestamos atención a esta naturaleza esencial y fundamental del sí mismo verdadero, nos tomamos erróneamente por la consciencia limitada que llamamos «mente», a cuyo través experimentamos el ser, consciencia y felicidad absolutos solo en sus formas relativas como los pares de opuestos: existencia y no-existencia, consciencia e inconsciencia, y felicidad e infelicidad.

Por lo tanto, si deseamos experimentar felicidad completa y perfecta, libre del más mínimo toque de infelicidad, todo lo que necesitamos hacer es conocer nuestro sí mismo verdadero como realmente es. Mientras nos experimentemos como otro que ser, consciencia y felicidad absolutos, no podemos experimentar felicidad perfecta y verdadera. Mientras continuemos buscando felicidad fuera de nuestro sí mismo esencial, continuaremos experimentando solo felicidad e infelicidad relativas.

La causa raíz del surgimiento de la mente

Debido a que no conocemos claramente nuestro sí mismo real en la vigilia, el sueño con sueños o el sueño profundo, podemos tomarnos erróneamente por la mente y algún cuerpo particular en la vigilia y en el sueño con sueños. Así pues, nuestra falta de auto-conocimiento claro es la causa raíz del surgimiento de la mente, y el consecuente surgimiento de todos los deseos, pensamientos e infelicidad. Si supiéramos claramente qué somos realmente, no podríamos tomarnos erróneamente por nada otro que eso. Por lo tanto, la única manera de poner fin permanentemente a todos los deseos, pensamientos e infelicidad consecuente es conocer qué somos realmente.

Puesto que la mente es una forma de conocimiento falso o erróneo, un conocimiento o consciencia que se conoce a sí mismo erróneamente como «yo soy este cuerpo» y que conoce erróneamente todos sus demás pensamientos como objetos otros que sí misma, solo puede ser destruida por la experiencia de un conocimiento verdadero o correcto de nuestro ser esencial, «yo soy». Hasta que, y a no ser que, conozcamos la verdadera naturaleza de nuestro sí mismo real, no podemos liberarnos de la garra auto-engañosa de la mente, y por lo tanto no podemos experimentar permanentemente la felicidad natural y absoluta que es nuestra naturaleza real.

Todo lo que hemos examinado y descubierto […] sobre la naturaleza de la felicidad es expresado sucintamente por Sri Ramana en la sentencia de apertura de su introducción a su traducción tamil del gran poema filosófico de Sri Adi Sankara, Vivekachudamani:

Puesto que todos los seres vivos en el mundo desean ser siempre felices [y] exentos de miseria, lo mismo que [desean] ser felices siempre librándose de esas [experiencias] tales como la enfermedad que no son su propia naturaleza, puesto que todos [los seres vivos] tienen amor completo solo por su propio sí mismo, puesto que el amor no surge excepto por la felicidad, y puesto que en el sueño profundo [todos los seres vivos tienen] la experiencia de ser felices sin nada, cuando lo que es llamado felicidad es [así] solo [su propio] sí mismo [real], solo debido a [su] ignorancia de no conocer [su] sí mismo [real], surgen y se enredan en pravritti [actividad extrovertida], vagando errantes en el samsara sin límites [el estado de inquietud e incesante vagar errante de la mente], abandonando la vía [del auto-descubrimiento] que otorga felicidad [verdadera], [creyendo] que solo obtener los placeres de este mundo y el otro es la vía a la felicidad.

Sri Ramana expresa la misma verdad aún más concisamente en el párrafo de apertura de Nan Yar? (¿Quién soy yo?), un breve tratado de veinte párrafos que escribió sobre nuestra necesidad de obtener auto-conocimiento verdadero, y los medios por los que podemos obtenerlo:

Puesto que todos los seres vivos desean ser siempre felices [y] exentos de miseria, puesto que todos [ellos] tienen el amor más grande solo por su propio sí mismo, y puesto que solo la felicidad es la causa del amor, [para] obtener esa felicidad, que es su propia naturaleza [verdadera] que ellos experimentan diariamente en el sueño profundo [sin sueños], el cual es carente de la mente, es necesario conocer [su propio] sí mismo [real]. Para eso, solo jñana-vichara[escudriñar la consciencia para saber] «¿quién soy yo?» es el medio principal.

La conclusión práctica crucial con la que Sri Ramana termina este párrafo, «solojñana-vichara “¿Quién soy yo?” es el medio principal», fue acentuada por él en negrita en el original tamil. El término jñana-vichara significa literalmente «conocimiento-investigación», y es el proceso de investigar la auto-consciencia esencial «yo soy», que es el conocimiento primario y la base de todo conocimiento restante, para obtener el conocimiento verdadero de nuestro sí mismo real.

Por lo tanto, lo que Sri Ramana quiere decir aquí con el término «conocimiento-investigación “¿Quién soy yo?”» no es un mero análisis intelectual del conocimiento «yo soy», sino un examen efectivo o escrutinio profundo de nuestro conocimiento o consciencia fundamental «yo soy» para conocer por experiencia directa lo que es realmente. Una investigación o escrutinio tal no puede ser hecho pensando, sino solo volviendo la atención a nosotros para conocer la consciencia esencial de ser. Cuando la atención o poder de conocer está vuelto hacia fuera para conocer otras cosas que nosotros, deviene la mente pensante, pero cuando se vuelve hacia dentro para conocer nuestro sí mismo esencial, permanece en su estado natural como nuestro sí mismo esencial —es decir, como nuestro verdadero ser auto-consciente no-dual.

Además, en el párrafo catorce del mismo tratado, Sri Ramana explica más sobre la verdadera naturaleza de la felicidad:

Lo que es llamado felicidad es solo svarupa [la naturaleza esencial] de atma [nuestro sí mismo real]; felicidad y atma-svarupa [nuestra auto-naturaleza esencial] no son diferentes. Solo existe atma-sukha [la felicidad del sí mismo]; solo eso es real. La felicidad no es obtenida de ninguno de los objetos del mundo. Pensamos que la felicidad es obtenida de ellos debido a la falta de discriminación. Cuando [nuestra] mente surge, experimenta infelicidad. En verdad, siempre que los pensamientos [o deseos] son cumplidos, ella [la mente] vuelve a su lugar propio [el núcleo de ser, nuestro sí mismo real, que es la fuente de la que surgió] y experimenta solo la felicidad de [nuestro] sí mismo [real]. De la misma manera, en los tiempos del sueño profundo, del samadhi [un estado de intensa contemplación o absorción de la mente] y del desvanecimiento, y cuando una cosa deseada es obtenida, y cuando llega a su fin una cosa que desagrada [es decir, cuando la mente evita o es aliviada de alguna experiencia que le desagrada], [nuestra] mente deviene introvertida y experimenta solo la felicidad del sí mismo. De esta manera [nuestra] mente fluctúa sin descanso, yendo hacia fuera dejando [nuestro] sí mismo [esencial], y volviendo [después hacia] dentro. Al pie de un árbol, la sombra es deliciosa. Fuera el calor del sol es severo. Una persona que está vagando errante fuera es refrescada cuando se pone a la sombra. Al salir fuera tras un corto período, es incapaz de soportar el calor, de modo que vuelve de nuevo al pie del árbol. De esta manera continúa, yendo de la sombra a la luz del sol, y volviendo de la luz del sol a la sombra. Una persona que actúa de esta manera es alguien carente de discriminación. Pero una persona de discriminación no dejará la sombra. Similarmente, la mente de un jñani [una persona de auto-conocimiento verdadero] no deja el brahman [la realidad fundamental y absoluta, que es nuestro ser o sí mismo esencial]. Pero la mente de un ajñani [una persona carente de verdadero auto-conocimiento] continúa sufriendo miseria vagando errante en el mundo, y obtiene felicidad volviendo al brahman por un corto período. Lo que es llamado el mundo es solo pensamiento [debido a que todo lo que conocemos como el mundo no es nada sino una serie de imágenes mentales o pensamientos que hemos formado en la mente por nuestro poder de imaginación]. Cuando el mundo desaparece, es decir, cuando el pensamiento cesa, [nuestra] mente experimenta felicidad; cuando el mundo aparece, experimenta infelicidad.

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Aprendiendo a mirar

Posted by cosmoxenus en 17 febrero 2010

 

Los distintos aspectos de la mente, es decir, los aspectos del pensamiento, del razonamiento, y de la construcción del ego, están todos conectados y funcionan juntos. La capacidad de pensamiento y la de razonar adecuadamente pueden quedar eliminadas, influidas y distorsionadas sobre todo por la capacidad de construcción del ego. Ya conocemos el dicho según el cual la misma mente es la causa de la creación de los obstáculos que son sus cadenas. El razonamiento también es necesario para ampliar nuestros horizontes, para aprender como si fuéramos cosmólogos, y también para tener relaciones normales armoniosas, pero la construcción del ego afecta tanto al razonamiento como al pensamiento. Es la causa de los problemas terribles y la gran infelicidad que tiene el ser humano. Un parte interfiere en los otros aspectos de la mente, pero la mente puede salvarse a sí misma, porque tiene un gran potencial para hacerse consciente.

Los animales no son auto-conscientes ni egoístas, como el ser humano. Lo que distingue al ser humano de las otras criaturas es su capacidad de razonar de forma lógica y la posibilidad de ser auto-consciente. Todo esto le ha sido útil, tal vez, para su desarrollo hasta aquí, pero no va a llevarle más lejos. Ahora, aunque sea lo bastante auto-consciente para decir “quiero esto, sufro con aquello”, etc., no es lo bastante como para entenderse del todo a sí mismo.

¿Cómo puede crecer esta capacidad de conciencia de nosotros mismos y de todo en general (podríamos darle otro nombre, como la capacidad de recogernos o de reflexionar)? Una forma es prestar atención a las cosas y no estar en un perpetuo estado de prisas y de distracciones. Hay un poema corto de W.H. Davies, que empieza así: “¿Qué es esta vida si, preocupados, no tenemos tiempo de parar a mirar?”. De hecho, se considera casi como un pecado el quedarse quieto mirando algo, porque una gran parte de la sociedad humana dice que tenemos que estar siempre ocupados, haciendo algo útil. El hecho de mirar y nada más, lo cual, aparentemente, es no hacer nada, en general no está bien visto. Quizás no todo el mundo tiene esta actitud, pero la mayoría de la gente la tiene, y de forma inconsciente sienten la obligación de estar siempre haciendo algo. La atención requiere estar tranquilos internamente, sin tener la sensación de que tenemos que hacer un trabajo objetivo siempre, algo útil, en nuestra vida.

Krishnamurti ha escrito lo siguiente: “Si quieres estudiar una hoja, una hoja de la primavera o una hoja del verano, tienes que mirarla realmente y ver su simetría, su textura, la cualidad de la hoja viva. Hay una belleza, hay una fuerza, hay una vitalidad en una sola hoja.”

Nos dicen que para saber cosa de una hoja, de una flor, de las nubes, de la puesta del sol o de un ser humano, tenemos que mirar con toda la intensidad posible.

Si nos observamos a nosotros, descubriremos lo poco que nos interesa mirar en este sentido, o mirara determinadamente, para poder ser conscientes de todas las características de la hija, de su simetría, su textura y su vitalidad. Krishnamurti escribió también sobre una hoja muerta, caída en el suelo, de la belleza que puede haber en una hoja muerta. Pero no debemos tener prisa; hemos de sentirnos tranquilos y sentir la necesidad de comprender la vida en cualquier forma, en una hoja, una nube, o un ser humano. En la enseñanza del yoga, dicen que cuando nos peinamos, comemos, hablamos, oímos, etc., tenemos que prestar una atención total. No es fácil, pero hemos de empezar en algún punto.

Sabemos qué es estar distraídos. Cuando deberíamos estar haciendo algo atentamente y perfectamente, estamos, parcialmente, en algún otro lugar; toda la mente no está allí. Solamente cuando las energías de la mente se concentran, puede existir la intensidad necesaria para mirar, para ver, para comprender. Cuando usamos todos nuestros sentidos y la totalidad de la mente, cuando hay atención, podemos llegar a saber qué es la relación. De otro modo, nos encontramos con una persona, miraremos una planta o una flor, pero no nos relacionaremos realmente con ellos. Puede que nuestros ojos estén mirando, pero quizás nuestra conciencia no esté libre. Pero cuando miramos con toda nuestra atención, entonces vemos muchas cosas que no se revelan si se las mira de forma distraída.

La relación y el conocimiento

La relación no es nada externo, es una sensibilidad, es un sentido de proximidad en la cual todas las barreras caen y desaparecen, dando paso a una sensación de armonía con aquello que estamos mirando. Si realmente miramos un rosal, tendremos la sensación de armonía, de belleza. Pero si esta mirada procede de un movimiento distraído de la mente, entonces no surgirá esta sensación. Por eso la misma cosa puede parecer hermosa y adorable a una persona y a otra no. Esta forma de ver y de mirar las cosas, de prestar atención, tiene que estar libre de toda percepción que cree una atracción o un rechazo.

Hablando del amor, Krishnamurti decía que es como el brillo del sol que nace; brilla sobre todo, y su tierna luz cae sobre todas las cosas, revelando una belleza que no se veía antes: el pájaro iniciando su actividad matutina, el color de la hierba y de las plantas, tantas cosas quedan iluminadas. El amor del individuo liberado es así, una ausencia total de atracción y repulsión.

El ego se expresa en toda una variedad de formas, pero principalmente en términos de atracción y repulsión. Saberlo no representa un gran salto hacia un estado de conciencia extraordinaria. No hay una sola flor en el mundo que se abra en un instante. Tenemos que esforzarnos, como lo hace el jardinero con su tierra. Si esa tierra tiene que acabar siendo un hermoso jardín con bellas flores de todo tipo, no puede sembrar las semillas y marcharse de vacaciones. Tiene que estar allí para proteger los brotes cuando salgan, para arrancar las malas hierbas y para procurar que reciban toda el agua que necesitan, para protegerlas del sol abrasador, etc. Tiene que hacerlo un día tras otro; ni siquiera se puede permitir una semana de vacaciones. Para poder cultivar esta calidad de conciencia en nosotros mismos, tenemos que trabajar en ello.

Para empezar, esta cualidad de la atención en nuestra vida diaria tiene que incorporarse sin que se convierta en otro tipo de preocupación. No debemos olvidarlo. Nos perdemos en lo que estamos haciendo en el mundo, en los esquemas y hábitos de nuestro propio pensamiento y de repente, despertamos un poco. Ese “despertar de la mente” nos separa de las cadenas y nos conduce hacia la liberación. Nos ayuda a mirar sin atracción ni repulsión y ese potencial existe en todas las personas. Tal vez se nos haya abierto un poco o tal vez no, pero todos tenemos esta posibilidad de despertar. Por esto podemos sentir por todas las personas un profundo respeto, porque cada persona tiene esa capacidad de crecer.

Ser capaces de mirar sin sentirnos atraídos ni repelidos, sin decir “me gusta o no me gusta”, significa no preocuparnos por las tonterías externas: si la piel de una persona es negra o amarilla. Tenemos la misma semilla plantada en lo más profundo de nuestro interior, esta semilla que va a crecer hasta liberar el espíritu. El Bhagavadgita nos habla de esto más de una vez. La mente iluminada que está creciendo en sabiduría tiene un poder cada vez mayor para sentir la verdadera igualdad de todas las cosas, y no esa desigualdad superficial que preocupa a la gente. Superficialmente, no hay igualdad; en todas partes la inteligencia es distinta, la honestidad no es igualmente fuerte, todos no son igualmente amables. Es decir, que no hay una igualdad externamente, pero existe una base profunda para la igualdad. Por ejemplo, incluso el diamante y el carbón son iguales. Nosotros creemos que el diamante es algo muy precisos, pero solamente es carbón, nada más. Todas las cosas están hechas de unas pocas substancias que hay en el universo. Las substancias, las leyes, los ingredientes de cualquier estructura, todo es lo mismo.

Por consiguiente, la actitud de una persona atenta es cada vez más verdadera, porque las relaciones son a un nivel más profundo. Existe una mayor conciencia en la mente y un profundo sentido de respeto por todo, porque vemos que, básicamente, todos somos iguales. Uno de los Upanishads, que, como sabemos, se considera un gran texto espiritual, tiene una famoso pasaje en el cual se habla de un sabio, uno de los sabios de la tierra, que le explica a su mujer que la esposa no es preciosa porque se su esposa, sino que es preciosa porque es lo que es. Y lo mismo pasa todo lo demás. En lo más profundo, existe esta potencialidad que puede hacer que la persona se libere de todas las trabas y engaños. Cuando existe una verdadera conciencia, podemos crecer tal vez de manera infinita.

Cómo reconvertir el pensamiento

Si aprendemos a no sentir atracción ni repulsión, a no vernos arrastrados de un lado a otro por esas atracciones y repulsiones, si no cultivamos ningún sentido de superioridad y de inferioridad, si no lo medimos todo con un rasero de nuestra propia invención, probablemente iremos creciendo a partir de un sentimiento de amistad, de afecto y de cariño, hasta darnos cuenta cada vez más de cuál es la verdadera naturaleza del amor. Corremos el riego de ocuparnos demasiado de nosotros mismos, de prestar demasiada atención a lo que estamos haciendo, hasta convertirlo en una obsesión. La cuestión es cómo vivir de forma relajada, sin ambiciones, empezando allí donde estemos.

El maestro vietnamita Thich Nhat Hanh a veces explica las cosas de una forma que puede parecer, al principio, extraña. Habla, por ejemplo, de la meditación de la naranja. Todo lo que quiere decir es que cuando coméis una naranja tenéis que ser conscientes de cómo lo estáis haciendo, de cómo la peláis, dónde ponéis las mondas. Esto podría ser parte de la preparación. La observación, el hacernos conscientes de nosotros mismos, tiene que hacerse sin aspirar a nada y únicamente así se está a salvo. Si no, acabaremos por centrarnos en nosotros mismos más que antes. Por consiguiente, tal vez deberíamos dirigir nuestra atención al mundo de la Naturaleza además de la sociedad humana. No podemos apartarnos de ella en cuanto decidimos trabajar con nosotros mismos.

Hemos de ser conscientes de lo que está ocurriendo y de los problemas que creamos en la vida, como la guerra; la guerra es ahora mucho más peligrosa. Pero ¿por qué los seres humanos quieren permanecer en un estado de conflicto? ¿Qué es lo que nos falta tanto para empujarnos a buscar placer?

Cuando miramos el mundo, creo que nos damos cuenta del lado oscuro de la condición humana. ¿Cuál es la naturaleza del sufrimiento? ¿Qué entendemos por muerte o por vida? Hay preguntas mucho más profundas que se nos han hecho y que deberíamos poder tratar mientras seguimos investigando en la naturaleza de la vida. Si nos importa lo que ocurre fuera, y lo que ocurre en nuestra propia conciencia, seguiremos delante de forma equilibrada, sin quedarnos atrapados todo el tiempo en la condición del mundo actual.

Madame Blavatsky decía que la vida es una serie de pequeños despertares. Miramos la hoja y despertamos a su simetría, a su textura, a su belleza. No podemos minimizar sus palabras diciendo: ¿De qué sirve despertar a una hoja muerta? Tal vez eso no sea importante, pero a través del pequeño despertar que tiene lugar es nuestra conciencia, a través de esa mirada atenta de la hoja o de nuestro amigo, nos vamos haciendo conscientes, a un nivel más profundo, de lo que estamos viendo. Despertar, poco a poco, es importante, porque nos enseña a despertar a la forma en que funciona el ego, un funcionamiento a veces tan ladino t tan sutil que no nos damos cuenta de que es el ego. Incluso podemos llegar a creer que estamos cumpliendo un gran servicio, haciendo cosas maravillosas, cuando realmente puede que simplemente estemos sujetos a nuestra mente egoísta. La mente que está despertando, la mente que vislumbra, esto es lo que tenemos que cuidar y alimentar como lo haríamos con un jardín, si ese jardín nos interesara.

Si nos vamos haciendo conscientes en todos los aspectos, viendo más, oyendo más, pensando más y teniendo más compasión y una sensación de relación que no esté afectada por las tonterías a nivel externo, tal vez nuestra calidad de vida cambie. Cuando nuestro pensamiento se más claro y nuestra razón más lógica y sin retorcimientos, toda nuestra naturaleza será más armoniosa. Todas estas posibilidades se encuentran en la mente. El pensamiento tiene sus limitaciones, pero éstas no pueden eliminarse. El pensamiento puede llegar a formar parte de una comprensión y sabiduría cada vez mayores y más amplias en la vida y en las relaciones.

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Sabiduría Divina

Posted by cosmoxenus en 20 enero 2010

Quién mira afuera, sueña; quién mira adentro, despierta.

(Carl Gustav Jung)

Los grandes espíritus siempre han encontrado oposición violenta de los mediocres. Éstos últimos no pueden entender cuando un hombre no se rinde sin pensar a prejuicios hereditarios, sino que franca y valientemente usa su inteligencia.

(Albert Einstein)

Todas las verdades son fáciles de entender una vez que son descubiertas; el punto es descubrirlas.

(Galileo)

No intentes estudiar la más elevada de todas las ciencias si no has decidido de antemano entrar en el sendero de la Virtud, porque aquellos que no son capaces de sentir la Verdad no comprenderán mis palabras.

Únicamente aquellos que entren en el Reino de los Cielos comprenderán los Misterios Divinos, y cada uno de ellos aprenderá la Verdad y la Sabiduría sólo en la medida de su capacidad para recibir en el corazón la Luz Divina de la Verdad. Para aquellos cuya vida consiste únicamente en la mera luz de su ego intelectual, los Misterios Divinos de la Naturaleza no serán comprensibles, porque las palabras que pronuncia la Luz no son oídas por sus Almas; únicamente aquel que se desliga de su ego o propio yo puede Conocer la Verdad, porque la Verdad sólo es posible conocerla en la Región del Bien Absoluto.

Todo cuanto existe es producto de la actividad del Espíritu. La más elevada de todas las Ciencias es aquella por cuyo medio aprende el hombre a conocer el lazo de unión entre la inteligencia espiritual y las formas corpóreas. Entre el Espíritu y la Materia no existen las líneas de separación marcadas, pues entre ambos extremos se presentan todas las gradaciones posibles.

Dios es Fuego, emitiendo la Luz más pura. Esta Luz es Vida, y las gradaciones existentes entre la Luz y las Tinieblas se hallan fuera de la concepción humana. Cuanto más nos aproximamos al centro de la Luz, tanta mayor es la fuerza que recibimos, y tanto mayor poder y actividad resultan. El destino del hombre es elevarse hasta aquel Centro Espiritual de Luz, por sus propios medios. El hombre primordial era un Hijo de aquella Luz. Permanecía en un estado de Perfección Espiritual muchísimo más elevado que en el presente, en que ha descendido a un estado más material asumiendo una forma corpórea y grosera. Para ascender de nuevo a su altitud primera, tiene que volver atrás en el sendero por el cual descendió.

Cada uno de los objetos animados de este mundo obtiene su vida y su actividad gracias al Poder del Espíritu; los elementos groseros hállanse regidos por los más sutiles, y estos a su vez por otros que lo son todavía más, hasta llegar al poder puramente espiritual y divino, y de este modo, Dios influye en todo y lo gobierna todo. En el hombre existe un germen de Poder Divino, germen que desarrollándose, puede llegar a convertirse en un árbol del cual cuelguen frutos maravillosos. Pero este germen puede únicamente desenvolverse gracias a la influencia del calor que radia en torno del Centro Flamígero del Gran Sol Espiritual, y en la medida en que nos aproximamos a la Luz, es este calor sentido.

Desde el centro o causa suprema y original, radian continuamente poderes activos, difundiéndose a través de las formas que su actividad eterna ha producido, y desde estas formas radian otra vez hacia la causa primera, dando lugar con esto a una cadena ininterrumpida en donde todo es actividad, luz y vida. Habiendo el hombre abandonado la radiante esfera de luz, se ha hecho incapaz de contemplar el pensamiento, la voluntad y la actividad del Infinito en su unidad, y en la actualidad tan sólo percibe la imagen de Dios en una multiplicidad de imágenes varias. Así es que él contempla a Dios bajo un número de aspectos casi infinito, pero el mismo Dios permanece uno. Todas estas imágenes deben recordarle la exaltada situación que un tiempo ocupó y a la reconquista de la misma deben tender todos sus esfuerzos.

A menos que se esfuerce en elevarse a mayor altura espiritual, ira sumiéndose cada vez más profundamente en la sensualidad, y le será entonces mucho más difícil el volver a su estado primero.

Durante nuestra vida terrestre actual nos encontramos rodeados de peligros, y para defendernos nuestro poder es bien poco. Nuestros cuerpos materiales nos mantienen encadenados al reino de lo sensual y un millar de tentaciones se lanzan sobre nosotros todos los días. De hecho, sin la reacción del espíritu, la acción del principio animal en el hombre rápidamente lo arrastraría al cieno de la sensualidad, en donde su humanidad desaparecería en último resultado. Sin embargo, este contacto con lo sensual es necesario para el hombre, pues le proporciona la fuerza sin la cual no sería capaz de elevarse. El poder de la voluntad es el que permite al hombre elevarse, y aquel en quien la voluntad ha llegado a un tal estado de pureza que es una y la misma con la voluntad de Dios, puede, incluso durante su vida en la tierra, llegar a ser tan espiritual que contemple y comprenda en su unidad al reino de la inteligencia.

Un hombre tal puede llevar a cabo cualquier cosa; porque unido con el Dios universal, todos los poderes de la naturaleza son sus propios poderes, y en él se manifestarán la armonía y la unidad del todo. Viviendo en lo eterno, no se halla sujeto a las condiciones de espacio y de tiempo, porque participa del poder de Dios sobre todos los elementos y poderes que en los mundos visible e invisible existen, y comparte y goza de la gloria (conciencia) de lo que es eterno. Diríjanse todos tus esfuerzos a alimentar la tierna planta de virtud que en tu seno crece. Para facilitar su desarrollo purifica tu Voluntad y no permitas que las ilusiones de la sensualidad y del tiempo te tienten y te engañen; y cada uno de los pasos que des en el sendero que a la vida eterna conduce, te encontrarás con un aire más puro, con una vida nueva, con una luz más clara, y a medida que asciendas hacia lo alto aumentará la expansión de tu horizonte mental.

La inteligencia sola no conduce a la sabiduría. El espíritu lo conoce todo, y sin embargo ningún hombre le conoce. La inteligencia sin Dios enloquece, empieza a adorarse a sí misma y rechaza la influencia del Espíritu Santo. ¡Ah, cuán poco satisfactoria y engañosa es una tal inteligencia sin espiritualidad! ¡Cuán pronto perecerá! El espíritu es la causa de todo, ¡y cuán pronto cesará de brillar la luz de la más brillante de las inteligencias una vez abandonada por los rayos de vida del sol del espíritu!

Para comprender los secretos de la sabiduría no basta el especular y el inventar teorías acerca de los mismos. Lo  que principalmente se necesita es sabiduría. Solamente aquel que se conduce sabiamente es en realidad sabio, aunque no haya recibido jamás la menor instrucción intelectual. Para poder ver necesitamos tener ojos, y no podemos prescindir de los oídos si queremos oír. Para poder percibir las cosas del espíritu necesitamos el poder de la percepción espiritual. Es el espíritu y no la inteligencia quien da la vida a todas las cosas, desde el ángel planetario hasta el molusco del fondo del océano. Esta influencia espiritual siempre desciende de arriba abajo, y nunca asciende de abajo arriba, en otras palabras: siempre radia desde el centro a la periferia, pero jamás de la periferia al centro. Esto explica por qué siendo tan sólo la inteligencia del hombre el producto o efecto de la luz del espíritu que brilla en la materia no puede nunca elevarse por encima de su propia esfera de la luz, que procede del espíritu.

La inteligencia del hombre será capaz de comprender las verdades espirituales. Únicamente con la condición de que su conciencia entre en el reino de la luz espiritual. Esta es una verdad que la gran mayoría de las personas científicas e ilustradas no querrán comprender. No pueden elevarse a un estado superior al de las esferas intelectuales creadas por ellas mismas, y consideran todo lo que se halla fuera de ellas como vaguedades y sueños ilusorios. Por lo tanto, su comprensión es oscura, en su corazón residen las pasiones, y no se les permite a ellos el contemplar la luz de la verdad. Aquel cuyo juicio es determinado por lo que percibe con sus sentidos extremos no puede realizar las verdades espirituales. Un hombre dominado por los sentidos se mantiene adherido a su yo individual, el cual es una ilusión, y naturalmente, odia la verdad, porque el conocimiento de la misma destruye su personalidad. El instinto natural del yo inferior del hombre le impulsa a considerarse a sí mismo como un ser aislado, distinto del Dios universal. El conocimiento de la verdad destruye aquella ilusión, y por lo tanto, el hombre sensual odia la verdad.

El hombre espiritual es un hijo de la Luz. La regeneración del hombre y su restauración a su primer estado de perfección, en el cual sobrepasa a todos los demás seres del universo, depende de la destrucción y remoción de todo cuanto oscurece o vela su verdadera naturaleza interna. El hombre es, por decirlo así un fuego concentrado en el interior de una cascara material y grosera. Es su destino el disolver en este fuego las porciones materiales y groseras (del alma) y unirse de nuevo con el flamígero centro, del cual es a manera de centella durante su vida terrestre. Si la conciencia y la actividad del hombre hállanse continuamente concentradas en las cosas externas, la luz que radia de la centella divina desde el interior del corazón va debilitándose poco a poco, y desaparece finalmente. Pero si el fuego interno se cultiva y alimenta, destruye los elementos groseros, atrae otros principios más etéreos, hace al hombre más y más espiritual y le concede poderes divinos.

No sólo cambia el estado del alma (la actividad interna), cambia también el estado receptivo más perfecto para las influencias puras y divinas, y ennoblece por completo la constitución del hombre hasta que se convierte en el verdadero Señor de la creación. La Sabiduría Divina o «Teosofía» no consiste en conocer intelectualmente muchas cosas, en ser sabio en pensamientos, palabras y acciones. No puede existir ninguna Teosofía especial ni cristiana. La Sabiduría en absoluto (Sabiduría Divina) no posee calificaciones. Es el reconocimiento practico de la verdad absoluta, y esta verdad es sólo UNA.

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