El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Sabiduria Occidental’ Category

El Conocimiento.

Posted by cosmoxenus en 16 febrero 2010

En qué consiste el acto de conocer, cual es la esencia del conocimiento, cual es la relación cognoscitiva entre el hombre y las cosas que lo rodean. A pesar de que es una operación cotidiana no hay un acuerdo acerca de lo que sucede cuando conocemos algo. La definición más sencilla nos dice que conocer consiste en obtener una información acerca de un objeto. Conocer es conseguir un dato o una noticia sobre algo. El conocimiento es esa noticia o información acerca de ése objeto.

Una definición esencial de la filosofía se podría obtener atendiendo el significado de la palabra. El termino filosofía deriva del griego y quiere decir amor a la sabiduría o lo que es lo mismo, deseo de saber, de conocer. Por ejemplo la definición de filosofía que presentan Platón y Aristóteles como ciencia pura, es respectivamente la búsqueda de la virtud o de la felicidad.

Lo primero que debemos intentar es descubrir un objetivo común contenido en todos aquellos sistemas a cuya vista se constituyen todos aquellos sistemas de la filosofía.

Estos sistemas son los de Platón y Aristóteles, Descartes y Leibnitz, Kant y Hegel ya que en todos ellos hallaremos una inclinación en la universalidad, una orientación en la totalidad objetiva por ejemplo: el ser, la esencia, el conocimiento.

En los principios de la edad moderna retomamos los caminos del concepto Aristotélico (tiene como centro una ciencia universal del ser). Los sistemas de Descartes, Spinoza y Leibnitz, presentan la misma orientación que caracteriza al Estagirita, ya que todos tienden al conocimiento del mundo objetivo. Kant por el contrario revive el estilo Platónico (procura elevar la vida, con todos sus conceptos a la conciencia filosófica).

Es verdad que Kant en su primera manifestación surge como una teoría del conocimiento o como base crítica del estudio científico. Pero no se detiene en el ámbito teórico sino que avanza a formular la base crítica de todos los campos conocibles. Al lado de la Crítica de la razón pura, se encuentra la Crítica de la razón práctica, que aborda el tema de la valorización moral, y la Crítica del juicio, cuyo objetivo son las investigaciones críticas de los valores estéticos.

Así pues, en Kant aparece la filosofía como una reflexión universal del pensamiento sobre sí mismo, como una reflexión del hombre estudioso sobre los valores de su conducta.

La supresión de todos los principios materiales y objetivos, los cuales existen indudablemente en Kant, de manera que la filosofía asume un carácter puramente formal y metodológico. Ésta postura intelectual provoca una reacción que forja un nuevo movimiento en el pensamiento filosófico, el cual vuelve a inclinarse a lo material y objetivo, constituyendo una renovación del carácter aristotélico.

Ésta breve reseña de la evolución histórica del pensamiento filosófico, nos permite determinar otros dos elementos del concepto esencial de la filosofía. Al primero se conoce con la expresión “concepción del yo”; al segundo se le llama “concepción del universo”.

La filosofía es ambas cosas: una concepción del yo y una concepción del universo.

En todo conocimiento podemos distinguir cuatro elementos:

*        El sujeto que conoce.

*        El objeto conocido.

*        La operación misma de conocer.

*        El resultado obtenido que es la información recabada acerca del objeto.

Dicho de otra manera: el sujeto se pone en contacto con el objeto y obtiene una información acerca del mismo. Cuando existe congruencia o adecuación entre el objeto y la representación interna correspondiente, decimos que estamos en posesión de una verdad.

PROBLEMAS FILOSÓFICOS GRIEGOS Y MEDIEVALES.

En el siglo V a.C., los sofistas griegos cuestionaron la posibilidad de que hubiera un conocimiento fiable y objetivo. Afirmaban que nada puede existir en realidad, que si algo existe no se puede conocer y que si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar.

Mantuvieron que ninguna opinión de una persona es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia. Platón, siguiendo a su ilustre maestro Sócrates, intentó contestar a los sofistas dando por sentado la existencia de un mundo de formas o ideas, invariables e invisibles, sobre las que es posible adquirir un conocimiento exacto y certero. Mantenía que las cosas que uno ve y palpa son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en matemáticas y filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento abstracto de esas disciplinas proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes.

Concluyó que la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.

Aristóteles siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, pero discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia. El conocimiento se adquiere ya sea por vía directa, con la abstracción de los rasgos que definen a una especie, o de forma indirecta, deduciendo nuevos datos de aquellos ya sabidos, de acuerdo con las reglas de la lógica. La observación cuidadosa y la adhesión estricta a las reglas de la lógica, que por primera vez fueron expuestas de forma sistemática por Aristóteles, ayudarían a superar las trampas teóricas que los sofistas habían expuesto. Las escuelas estoica y epicúrea coincidieron con Aristóteles en que el conocimiento nace de la percepción pero, al contrario que Aristóteles y Platón, mantenían que la filosofía había de ser considerada como una guía práctica para la vida y no como un fin en sí misma.

Después de varios siglos de declive del interés por el conocimiento racional y científico, el filósofo santo Tomás de Aquino y otros de la edad media ayudaron a devolver la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe en un sistema unificado de creencias. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en considerar la percepción como el punto de partida y la lógica como el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, pero estimó que la fe en la autoridad bíblica era la principal fuente de la creencia religiosa.

LOS TRES NIVELES DEL CONOCIMIENTO.

El ser humano puede captar un objeto en tres diferentes niveles, sensible, conceptual y holístico. El conocimiento sensible consiste en captar un objeto por medio de los sentidos; tal es el caso de las imágenes captadas por medio de la vista. Gracias a ella podemos almacenar en nuestra mente las imágenes de las cosas, con color, figura y dimensiones. Los ojos y los oídos son los principales sentidos utilizados por el ser humano. Los animales han desarrollado poderosamente el olfato y el tacto.

En segundo lugar, tenemos el conocimiento conceptual, que consiste en representaciones invisibles, inmateriales, pero universales y esenciales. La principal diferencia entre el nivel sensible  y el conceptual reside en la  singularidad y universalidad que caracteriza, respectivamente, a estos dos tipos de conocimiento. El conocimiento sensible es singular y el conceptual universal. Por ejemplo, puedo ver y mantener la imagen de mi padre; esto es conocimiento sensible, singular. Pero además, puedo tener el concepto de padre, que abarca a todos los padres; es universal. El concepto de padre ya no tiene color o dimensiones; es abstracto. La imagen de padre es singular, y representa a una persona con dimensiones y figura concretas. En cambio el concepto de padre es universal (padre es el ser que da vida a otro ser). La imagen de padre sólo se aplica al que tengo en frente. En cambio, el concepto de padre se aplica a todos los padres. Por esto decimos que la imagen es singular y el concepto es universal.

En tercer lugar tenemos el conocimiento holístico (también llamado intuitivo, con el riesgo de muchas confusiones, dado que la palabra intuición se ha utilizado hasta para hablar de premoniciones y corazonadas). En este nivel tampoco hay colores, dimensiones ni estructuras universales como es el caso del conocimiento conceptual.

Intuir un objeto significa captarlo dentro de un amplio contexto, como elemento de una totalidad, sin estructuras ni límites definidos con claridad. La palabra holístico se refiere a esta totalidad percibida en el momento de la intuición (holos significa totalidad en griego).

La principal diferencia entre el conocimiento holístico y conceptual reside en las estructuras. El primero carece de estructuras, o por lo menos, tiende a prescindir de ellas. El concepto, en cambio, es un conocimiento estructurado. Debido a esto, lo percibido a nivel intuitivo no se puede definir, (definir es delimitar), se capta como un elemento de una totalidad, se tiene una vivencia de una presencia, pero sin poder expresarla adecuadamente. Aquí está también la raíz de la dificultad para dar ejemplos concretos de este conocimiento. Intuir un valor, por ejemplo, es tener la vivencia o presencia de ese valor y apreciarlo como tal, pero con una escasa probabilidad de poder expresarla y comunicarla a los demás.

Un ejemplo de conocimiento holístico o intuitivo es el caso de un descubrimiento en el terreno de la ciencia. Cuando un científico vislumbra una hipótesis explicativa de los fenómenos que estudia, podemos decir que ese momento tiene un conocimiento holístico, es decir, capta al objeto estudiado en un contexto amplio en donde se relaciona con otros objetos y se explica el fenómeno, sus relaciones, sus cambios y sus características. El trabajo posterior del científico, una vez que ha vislumbrado una hipótesis, consiste en traducir en términos estructurados (conceptos) la visión que ha captado en el conocimiento holístico, gracias a un momento de inspiración.

La captación de valores nos ofrece el mejor ejemplo de conocimiento holístico. Podemos ver a un ser humano enfrente de nosotros (esto es un conocimiento sensible o de primer nivel). Podemos captar el concepto de hombre y definirlo (esto es un conocimiento conceptual o de segundo nivel). Pero además, podemos vislumbrar el valor de este hombre en concreto dentro de su familia. Percibimos su valor y lo apreciamos. Esto es un conocimiento holístico o de tercer nivel.

La experiencia estética nos proporciona otro ejemplo de conocimiento holístico. Percibir la belleza de una obra de arte significa captar ese objeto sin estructuras, sin conceptos, simplemente deteniéndose en la armonía, congruencias y afinidades con el propio sujeto. Debido a esto, la experiencia estética se puede denominar también conocimiento por connaturalidad.

LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO.

1.- El dogmatismo.

Para él, resulta comprensible el que el sujeto, la conciencia ognoscente, aprehenda su objeto, esta actitud se fundamenta en una onfianza total en la razón humana, confianza que aún no es debilitada por la duda.

El dogmatismo supone absolutamente la posibilidad y realidad del contacto entre el sujeto y el objeto.

Para Kant el dogmatismo es la actitud de quien estudia la metafísica sin haber determinado con anterioridad cuál es la capacidad de la razón humana para tal estudio.

2.-El escepticismo.

El dogmatismo frecuentemente se transforma en su opuesto, en el escepticismo. Mientras que el dogmatismo considera que la posibilidad de un contacto entre el sujeto y el objeto es comprensible en sí misma, el escepticismo niega tal posibilidad. El sujeto no puede aprehender al objeto, afirma el escepticismo. Por tanto, el conocimiento, considerado como la aprehensión real de un objeto, es imposible. Según esto, no podemos externar ningún juicio y debemos abstenernos totalmente de juzgar.

Mientras que el dogmatismo en cierta forma ignora al sujeto, el escepticismo desconoce al objeto.

El escepticismo se puede hallar, principalmente, en la antigüedad, afirman que no puede lograrse un contacto entre el sujeto y el objeto. La conciencia esta imposibilitada para aprehender su objeto.

3.- El subjetivismo y el relativismo.

El escepticismo sostiene que no hay verdad alguna. El subjetivismo y el relativismo no son tan radicales. Con ellos se afirma que si existe una verdad; sin embargo, tal verdad tiene una validez limitada. El subjetivismo, como su nombre lo indica, limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga. El relativismo afirma que no existe alguna verdad absolutamente universal.

El subjetivismo y el relativismo son análogos, en su contenido, al escepticismo. En efecto, ambos niegan la verdad; no en forma directa como el escepticismo, pero sí en forma indirecta al dudar de su validez universal.

4.- El pragmatismo.

El escepticismo presenta una actitud esencialmente negativa. Formula la negación de la posibilidad del conocimiento. El escepticismo adquiere un cariz positivo en el pragmatismo moderno. El pragmatismo, al igual que el escepticismo, desecha el concepto de la verdad considerado como concordancia.

El pragmatismo cambia el concepto de la verdad en cuanto que es originado por una peculiar concepción de lo que es el ser humano.

Dentro de tal concepción el hombre no es primordialmente un ser especulativo y pensante, sino un ser práctico, un ser volitivo.

5.- El criticismo.

Existe una tercera postura que resolvería la antítesis en una síntesis. Esta postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo recibe el nombre de criticismo. Al igual que el dogmatismo, el criticismo admite una confianza fundamental en la razón humana. El criticismo está convencido de que es posible el conocimiento de que existe la verdad. Pero mientras que tal confianza conduce al dogmatismo, a la aceptación candorosa, para decirlo en alguna forma, de todas las aseveraciones de la razón humana y al no fijar límites al poder del conocimiento humano, el criticismo pone, junto a la confianza general en el conocimiento humano, una desconfianza hacia cada conocimiento particular, acercándose al escepticismo por esto.

El criticismo examina todas y cada una de las aseveraciones de la razón humana y nada acepta con indiferencia.

En cuanto a nuestra Individualidad, pensamos que el objetivo sea el “estudio y accionamiento sobre el carácter divino y del humano del HOMBRE”, con un sentido crítico. Creemos en una filosofía que considera a DIOS como un solo ser eterno, existente per se, en contraposición a la mitología de los pueblos antiguos sobrecargada de multitud de dioses y diosas, de semidioses y héroes; y al HOMBRE como ser inmortal, que se prepara en esta vida para otra, eterna y futura (mientras existan sus congeneres), en evidente contraposición con la filosofía de la antigüedad que circunscribía la existencia humana a la vida presente.

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Sabiduría Divina

Posted by cosmoxenus en 20 enero 2010

Quién mira afuera, sueña; quién mira adentro, despierta.

(Carl Gustav Jung)

Los grandes espíritus siempre han encontrado oposición violenta de los mediocres. Éstos últimos no pueden entender cuando un hombre no se rinde sin pensar a prejuicios hereditarios, sino que franca y valientemente usa su inteligencia.

(Albert Einstein)

Todas las verdades son fáciles de entender una vez que son descubiertas; el punto es descubrirlas.

(Galileo)

No intentes estudiar la más elevada de todas las ciencias si no has decidido de antemano entrar en el sendero de la Virtud, porque aquellos que no son capaces de sentir la Verdad no comprenderán mis palabras.

Únicamente aquellos que entren en el Reino de los Cielos comprenderán los Misterios Divinos, y cada uno de ellos aprenderá la Verdad y la Sabiduría sólo en la medida de su capacidad para recibir en el corazón la Luz Divina de la Verdad. Para aquellos cuya vida consiste únicamente en la mera luz de su ego intelectual, los Misterios Divinos de la Naturaleza no serán comprensibles, porque las palabras que pronuncia la Luz no son oídas por sus Almas; únicamente aquel que se desliga de su ego o propio yo puede Conocer la Verdad, porque la Verdad sólo es posible conocerla en la Región del Bien Absoluto.

Todo cuanto existe es producto de la actividad del Espíritu. La más elevada de todas las Ciencias es aquella por cuyo medio aprende el hombre a conocer el lazo de unión entre la inteligencia espiritual y las formas corpóreas. Entre el Espíritu y la Materia no existen las líneas de separación marcadas, pues entre ambos extremos se presentan todas las gradaciones posibles.

Dios es Fuego, emitiendo la Luz más pura. Esta Luz es Vida, y las gradaciones existentes entre la Luz y las Tinieblas se hallan fuera de la concepción humana. Cuanto más nos aproximamos al centro de la Luz, tanta mayor es la fuerza que recibimos, y tanto mayor poder y actividad resultan. El destino del hombre es elevarse hasta aquel Centro Espiritual de Luz, por sus propios medios. El hombre primordial era un Hijo de aquella Luz. Permanecía en un estado de Perfección Espiritual muchísimo más elevado que en el presente, en que ha descendido a un estado más material asumiendo una forma corpórea y grosera. Para ascender de nuevo a su altitud primera, tiene que volver atrás en el sendero por el cual descendió.

Cada uno de los objetos animados de este mundo obtiene su vida y su actividad gracias al Poder del Espíritu; los elementos groseros hállanse regidos por los más sutiles, y estos a su vez por otros que lo son todavía más, hasta llegar al poder puramente espiritual y divino, y de este modo, Dios influye en todo y lo gobierna todo. En el hombre existe un germen de Poder Divino, germen que desarrollándose, puede llegar a convertirse en un árbol del cual cuelguen frutos maravillosos. Pero este germen puede únicamente desenvolverse gracias a la influencia del calor que radia en torno del Centro Flamígero del Gran Sol Espiritual, y en la medida en que nos aproximamos a la Luz, es este calor sentido.

Desde el centro o causa suprema y original, radian continuamente poderes activos, difundiéndose a través de las formas que su actividad eterna ha producido, y desde estas formas radian otra vez hacia la causa primera, dando lugar con esto a una cadena ininterrumpida en donde todo es actividad, luz y vida. Habiendo el hombre abandonado la radiante esfera de luz, se ha hecho incapaz de contemplar el pensamiento, la voluntad y la actividad del Infinito en su unidad, y en la actualidad tan sólo percibe la imagen de Dios en una multiplicidad de imágenes varias. Así es que él contempla a Dios bajo un número de aspectos casi infinito, pero el mismo Dios permanece uno. Todas estas imágenes deben recordarle la exaltada situación que un tiempo ocupó y a la reconquista de la misma deben tender todos sus esfuerzos.

A menos que se esfuerce en elevarse a mayor altura espiritual, ira sumiéndose cada vez más profundamente en la sensualidad, y le será entonces mucho más difícil el volver a su estado primero.

Durante nuestra vida terrestre actual nos encontramos rodeados de peligros, y para defendernos nuestro poder es bien poco. Nuestros cuerpos materiales nos mantienen encadenados al reino de lo sensual y un millar de tentaciones se lanzan sobre nosotros todos los días. De hecho, sin la reacción del espíritu, la acción del principio animal en el hombre rápidamente lo arrastraría al cieno de la sensualidad, en donde su humanidad desaparecería en último resultado. Sin embargo, este contacto con lo sensual es necesario para el hombre, pues le proporciona la fuerza sin la cual no sería capaz de elevarse. El poder de la voluntad es el que permite al hombre elevarse, y aquel en quien la voluntad ha llegado a un tal estado de pureza que es una y la misma con la voluntad de Dios, puede, incluso durante su vida en la tierra, llegar a ser tan espiritual que contemple y comprenda en su unidad al reino de la inteligencia.

Un hombre tal puede llevar a cabo cualquier cosa; porque unido con el Dios universal, todos los poderes de la naturaleza son sus propios poderes, y en él se manifestarán la armonía y la unidad del todo. Viviendo en lo eterno, no se halla sujeto a las condiciones de espacio y de tiempo, porque participa del poder de Dios sobre todos los elementos y poderes que en los mundos visible e invisible existen, y comparte y goza de la gloria (conciencia) de lo que es eterno. Diríjanse todos tus esfuerzos a alimentar la tierna planta de virtud que en tu seno crece. Para facilitar su desarrollo purifica tu Voluntad y no permitas que las ilusiones de la sensualidad y del tiempo te tienten y te engañen; y cada uno de los pasos que des en el sendero que a la vida eterna conduce, te encontrarás con un aire más puro, con una vida nueva, con una luz más clara, y a medida que asciendas hacia lo alto aumentará la expansión de tu horizonte mental.

La inteligencia sola no conduce a la sabiduría. El espíritu lo conoce todo, y sin embargo ningún hombre le conoce. La inteligencia sin Dios enloquece, empieza a adorarse a sí misma y rechaza la influencia del Espíritu Santo. ¡Ah, cuán poco satisfactoria y engañosa es una tal inteligencia sin espiritualidad! ¡Cuán pronto perecerá! El espíritu es la causa de todo, ¡y cuán pronto cesará de brillar la luz de la más brillante de las inteligencias una vez abandonada por los rayos de vida del sol del espíritu!

Para comprender los secretos de la sabiduría no basta el especular y el inventar teorías acerca de los mismos. Lo  que principalmente se necesita es sabiduría. Solamente aquel que se conduce sabiamente es en realidad sabio, aunque no haya recibido jamás la menor instrucción intelectual. Para poder ver necesitamos tener ojos, y no podemos prescindir de los oídos si queremos oír. Para poder percibir las cosas del espíritu necesitamos el poder de la percepción espiritual. Es el espíritu y no la inteligencia quien da la vida a todas las cosas, desde el ángel planetario hasta el molusco del fondo del océano. Esta influencia espiritual siempre desciende de arriba abajo, y nunca asciende de abajo arriba, en otras palabras: siempre radia desde el centro a la periferia, pero jamás de la periferia al centro. Esto explica por qué siendo tan sólo la inteligencia del hombre el producto o efecto de la luz del espíritu que brilla en la materia no puede nunca elevarse por encima de su propia esfera de la luz, que procede del espíritu.

La inteligencia del hombre será capaz de comprender las verdades espirituales. Únicamente con la condición de que su conciencia entre en el reino de la luz espiritual. Esta es una verdad que la gran mayoría de las personas científicas e ilustradas no querrán comprender. No pueden elevarse a un estado superior al de las esferas intelectuales creadas por ellas mismas, y consideran todo lo que se halla fuera de ellas como vaguedades y sueños ilusorios. Por lo tanto, su comprensión es oscura, en su corazón residen las pasiones, y no se les permite a ellos el contemplar la luz de la verdad. Aquel cuyo juicio es determinado por lo que percibe con sus sentidos extremos no puede realizar las verdades espirituales. Un hombre dominado por los sentidos se mantiene adherido a su yo individual, el cual es una ilusión, y naturalmente, odia la verdad, porque el conocimiento de la misma destruye su personalidad. El instinto natural del yo inferior del hombre le impulsa a considerarse a sí mismo como un ser aislado, distinto del Dios universal. El conocimiento de la verdad destruye aquella ilusión, y por lo tanto, el hombre sensual odia la verdad.

El hombre espiritual es un hijo de la Luz. La regeneración del hombre y su restauración a su primer estado de perfección, en el cual sobrepasa a todos los demás seres del universo, depende de la destrucción y remoción de todo cuanto oscurece o vela su verdadera naturaleza interna. El hombre es, por decirlo así un fuego concentrado en el interior de una cascara material y grosera. Es su destino el disolver en este fuego las porciones materiales y groseras (del alma) y unirse de nuevo con el flamígero centro, del cual es a manera de centella durante su vida terrestre. Si la conciencia y la actividad del hombre hállanse continuamente concentradas en las cosas externas, la luz que radia de la centella divina desde el interior del corazón va debilitándose poco a poco, y desaparece finalmente. Pero si el fuego interno se cultiva y alimenta, destruye los elementos groseros, atrae otros principios más etéreos, hace al hombre más y más espiritual y le concede poderes divinos.

No sólo cambia el estado del alma (la actividad interna), cambia también el estado receptivo más perfecto para las influencias puras y divinas, y ennoblece por completo la constitución del hombre hasta que se convierte en el verdadero Señor de la creación. La Sabiduría Divina o «Teosofía» no consiste en conocer intelectualmente muchas cosas, en ser sabio en pensamientos, palabras y acciones. No puede existir ninguna Teosofía especial ni cristiana. La Sabiduría en absoluto (Sabiduría Divina) no posee calificaciones. Es el reconocimiento practico de la verdad absoluta, y esta verdad es sólo UNA.

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Los versos aúreos

Posted by cosmoxenus en 14 diciembre 2009

Honra, en primer lugar,

y venera a los dioses inmortales,

a cada uno de acuerdo a su rango.

Respeta luego el juramento,

y reverencia a los héroes ilustres,

y también a los genios subterráneos:

cumplirás así lo que las leyes mandan.

Honra luego a tus padres

y a tus parientes de sangre.

Y de los demás, hazte amigo

del que descuella en virtud.

Cede a las palabras gentiles

y no te opongas a los actos provechosos.

No guardes rencor

al amigo por una falta leve.

Estas cosas hazlas

en la medida de tus fuerzas,

pues lo posible se encuentra

junto a lo necesario.

Compenétrate en cumplir

estos preceptos,

pero atente a dominar

ante todo las necesidades

de tu estómago y de tu sueño,

después los arranques

de tus apetitos y de tu ira.

No cometas nunca

una acción vergonzosa,

ni con nadie, ni a solas.

 

Por encima de todo,

respétate a ti mismo.

Seguidamente ejerce

en practicar la justicia,

en palabras y en obras,

Aprende a no comportarte

sin razón jamás.

Y sabiendo que morir

es la ley fatal para todos,

que las riquezas,

unas veces te plazca ganarlas

y otras te plazca perderlas.

De los sufrimientos que caben

a los mortales por divino designio,

la parte que a ti corresponde,

sopórtala sin indignación;

pero es legítimo que le busques remedio

en la medida de tus fuerzas;

porque no son tantas las desgracias

que caen sobre los hombres buenos.

Muchas son las voces,

unas indignas, otras nobles,

que vienen a herir el oído.

Que no te turben ni tampoco

te vuelvas para no oírlas.

Cuando oigas una mentira,

sopórtalo con calma.

Pero lo que ahora voy a decirte

es preciso que lo cumplas siempre:

Que nadie, por sus dichos o por sus actos,

te conmueva para que hagas o digas

nada que no sea lo mejor para ti.

Reflexiona antes de obrar

para no cometer tonterías.

Obrar y hablar sin discernimiento

es de pobres gentes.

Tú en cambio siempre harás

lo que no pueda dañarte.

 

No entres en asuntos que ignoras,

mas aprende lo que es necesario:

tal es la norma de una vida agradable.

 

Tampoco descuides tu salud,

ten moderación en el comer o el beber,

y en la ejercitación del cuerpo.

Por moderación entiendo

lo que no te haga daño.

 

Acostúmbrate a una vida sana sin molicie,

y guárdate de lo que pueda atraer la envidia.

 

No seas disipado en tus gastos

como hacen los que ignoran

lo que es honradez,

pero no por ello

dejes de ser generoso:

nada hay mejor

que la mesura en todas las cosas.

Haz pues lo que no te dañe,

y reflexiona antes de actuar.

Y no dejes que el dulce sueño

se apodere de tus lánguidos ojos

sin antes haber repasado

lo que has hecho en el día:

"¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho?

¿Qué deber he dejado de cumplir?"

Comienza del comienzo

y recórrelo todo,

y repróchate los errores

y alégrate de los aciertos.

 

Esto es lo que hay que hacer.

Estas cosas que hay

que empeñarse en practicar,

 

Estas cosas hay que amar.

Por ellas ingresarás

en la divina senda de la perfección.

¡Por quien trasmitió a nuestro

entendimiento la Tetraktys

la fuente de la perenne naturaleza!

¡Adelante pues!

ponte al trabajo,

no sin antes rogar

a los dioses que lo conduzcan

a la perfección.

Si observares estas cosas

conocerás el orden

que reina entre los dioses inmortales

y los hombres mortales,

en qué se separan las cosas

y en qué se unen.

Y sabrás, como es justo

que la naturaleza es una

y la misma en todas partes,

para que no esperes

lo que no hay que esperar,

ni nada quede oculto a tus ojos.

 

Conocerás a los hombres,

víctimas de los males

que ellos mismos se imponen,

ciegos a los bienes

que les rodean,

que no oyen ni ven:

son pocos los que saben

librarse de la desgracia.

Tal es el destino

que estorba el espíritu

de los mortales,

como cuentas infantiles

ruedan de un lado a otro,

oprimidos por males innumerables:

porque sin advertirlo

los castiga la Discordia,

su natural y triste compañera,

a la que no hay que provocar,

sino cederle el paso

y huir de ella.

¡Oh padre Zeus!

¡De cuántos males

no librarías a los hombres

si tan sólo les hicieras

ver a qué demonio obedecen!

 

Pero para ti, ten confianza,

porque de una divina raza

están hechos los seres humanos,

y hay también la sagrada naturaleza

que les muestra

y les descubre todas las cosas.

De todo lo cual,

si tomas lo que te pertenece,

observarás mis mandamientos,

que serán tu remedio,

y librarán tu alma

de tales males.

 

Abstente en los alimentos como dijimos,

sea para las purificaciones,

sea para la liberación del alma,

juzga y reflexiona

de todas las cosas y de cada una,

alzando alto tu mente,

que es la mejor de tus guías.

Si descuidas tu cuerpo para volar

hasta los libres orbes del éter,

serás un dios inmortal, incorruptible,

ya no sujeto a la muerte.

 

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UN DESAFÍO A LOS TEÓSOFOS

Posted by cosmoxenus en 14 marzo 2009

Todo el que observe los acontecimientos internacionales no dejará de percibir la tensión que existe en todas partes del mundo.   Es algo más que una tensión económica; es más que la tensión industrial entre obreros y patronos; es más que la tensión de una lucha nacionalista y política.   Esos no son más que los síntomas de la subyacente necesidad que siente el mundo de encontrar una respuesta a esos problemas, basada en algo más sólido, más digno de confianza y duradero que cualquiera de las ineficaces "soluciones" del pasado.

No es que los hombres tengan miedo.   Los hombres están dotados de suficiente valor.  

Si la humanidad presenciase la inevitable destrucción del mundo y de la raza, encontrarían heroica guía y probablemente resultasen todos héroes, demostrando así, que están hechos de divina materia.       

Pero los hombres saben que para hacer frente al desastre no es bastante el coraje;  y la gran tensión que sienten, se debe a que se dan cuenta que la destrucción no es inevitable;  porque en el fondo de su naturaleza saben que en alguna parte hay una solución. 

Es la emoción que fuerza a aguardar, la duda señalando que se puede hallar la solución, es el esfuerzo mental de la lucha para encontrar la solución a tiempo.

En  un artículo en la revista de la Universidad de Chicago, un autor decía:

" …El mundo está inflamado de duda, terror y odio; esa llama sólo puede ser extinguida por el sabio, escribiendo en la soledad de su estudio, pero escribiendo con pasión por el derecho y por el bienestar del mundo"…

El valor del sacrificio, y, de la devoción apasionada con respecto a las necesidades humanas es indudable, pero más adelante en la misma revista otro escritor ofrece una mejor solución.

"  ..No es suficiente enseñarles a los  hombres sabiduría, caridad y tolerancia.  Estos atributos son de la misma esencia de lo que se ha venido enseñando desde hace dos mil años.

"..No será suficiente que los hombres de ciencia se pongan a trabajar para aminorar el choque que en la sociedad produce todo progreso industrial…

"…No será suficiente que el erudito en la soledad de su estudio, escriba con pasión por los derechos y bienestar de los pueblos.   Los anaqueles del mundo están llenos de ese material.

"El hombre necesita, una nueva base de verdades eternas en la cual cimentar una nueva fé.   El hombre necesita nuevos valores, y que una nueva fórmula rija su vida".

Para los teósofos, tal exposición es un incesante desafío.   La fórmula que presenta, no podría describir mejor lo que la Teosofía tiene para ofrecer en Sabiduría.    Nunca urgió más el tiempo .   Nuevas verdades se necesitan que sean básicas y eternas, capaces de cimentar una fé aquí abajo en la tierra, y practicables con un "conjunto de valores para los cuales vivir".  No es esta una mera retórica, sino la expresión de lo que el mundo verdaderamente busca y ansiosamente espera.

La Sociedad Teosófica ha luchado valientemente, …para expandir la luz, desde que su llama fué encendida en un mundo supersticioso y materialista.   No ha podido evitar las guerras, a pesar de exhibir las básicas verdades, los valores eternos que los pensadores y las instruidas masas de la humanidad reconocen como esenciales para la paz, la vida y la libertad.

Esas verdades básicas no necesitan ser adaptadas a los hombres de ciencia, ni a los educadores, ni a los psicólogos, ni a ningún otro que verdaderamente busca de responder al llamado de la humanidad.   Esos tomarán las verdades básicas, percibirán su importancia y eterno poder y lo aplicarán a la ciencia, a la educación, a la psicología, a todos los actos a través de los cuales aquellos que están interesados en el bienestar de la humanidad buscan ayuda.  Tales hombres en todas las actividades, están tratando de descubrir la subyacente e iluminadora verdad, sin la cual saben ellos que todos sus esfuerzos son vanos.   Si los teósofos dieran esta verdad en toda su potencia y pureza, sus razones harían que esos hombres adaptasen a ella sus pensamientos profesionales.

Sin duda alguna, es muy importante, que los Teósofos sean ampliamente versados en todas las formas de pensamiento relacionados con los diferentes conocimientos.  Sin embargo más urgente es la necesidad de "nuevas y básicas verdades…verdades eternas…de nuevos valores…una nueva fórmula por la cual vivir",…y si estas fueran claramente expuestas, la adaptación profesional, podría dejarse sin ningún peligro a aquel que sinceramente busca ayudar a la Humanidad.

Lo que se le pide a los teósofos, es que conozcan concienzudamente las verdades básicas, y eternas que constituyen nuestro especial campo de conocimiento, las que deben exponer personalmente y a través de las actividades de la Sociedad Teosófica, en toda su pureza, su lógica e inspirante veracidad.   Esas básicas y eternas verdades, poseen un gran poder si se les facilita un canal puro por el que puedan fluir, y, no necesitan disfrazarse, ni ser diluidas, ni tampoco adaptarse a diferentes tendencias.

Los hombres de saber y de percepción buscan lo básico y lo eterno, los elementos para una nueva fé, nuevos valores para una más feliz vida, y no dejarán de reconocerlas si son claramente expuestas.

En Teosofía, esos hechos fundamentales, básicos y eternos en su naturaleza, han sido extraídos de todas las grandes fuentes de la verdad;  de las religiones, de la filosofía, de la misma Naturaleza.

Esta única síntesis e integración responde al llamado de los pensadores de la humanidad.  Esto es lo que el mundo ansía.  Esto que muestra que los hombres son hermanos por naturaleza, que hace comprensible la utilidad de la vida, y la muerte, desposeyéndolas de todo temor, manteniendo la fé de los hombres por la razón, explicando el pasado, y el presente, e indicando un razonable y seguro camino hacia la felicidad;  esto solamente puede aliviar la tensión de la impelente necesidad que todos los hombres sienten y muchos expresan.

El escritor en la revista de la Universidad de Chicago dice más adelante que el germen del egoísmo debe destruirse.

"Es este germen del interés propio que ha hecho inútiles todas las enseñanzas, prédicas y plegarias del pasado.   Este germen es un producto de la naturaleza, que hace del instinto de conservación su primera ley, y que con nuestras enseñanzas, prédicas y ruegos lo inculcamos en el hombre con el propósito  de adaptarle a una buena vida, pero en realidad estos valores no tienen importancia".

Vemos nuevamente lo cerca que la Teosofía está de la solución.   Su filosofía de la fraternidad, sus enseñanzas de una elevada vida y de las órdenes jerárquicas desde el hombre a la súper humanidad, son la misma antítesis de todo egoísmo y la verdadera esencia de todo sacrificio.  Es la Teosofía el único conocimiento que en el mundo moderno enseña la vida noble, no para la propia preservación, sino para el adelanto de la humanidad y para ayudar al mundo a soportar, "su pesado karma", el resultado de su oscuro pasado.

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Artículo extraído del boletín América Teosófica- año 1976

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LA PROFANACIÓN DE LOS ELEMENTOS

Posted by cosmoxenus en 5 febrero 2009

 

Radha Burnier

Hasta la época industrial el hombre se mantuvo limitado a los cinco elementos —tierra, agua,fuego, aire y éter (âkâsha)— que la tradición decía que eran los componentes básicos del universo material. El universoera una fuente perpetua de prodigioy de misterio para la gente de la tierra antes de que la facultad razonadora reclamara el monopolio del conocimiento.

La razón ha sido prolífica con explicaciones que arrojaron una potente y luminosa luz sobre los fenómenos naturales. De manera que el misterio de la naturaleza ha dejado de transportar al hombre hasta el reino en que su mente se combina armónicamente con la naturaleza. Enamorada de sus propias ideas y de sus programas, la mente humana se ha exiliado a si misma de la inmensidad de la poesía y de la profundidad de la Naturaleza. Los elementos que parecían ser divinos en tiempos remotos, se han convertido en meras substancias químicas.

Los antiguos videntes de los Vedas, que compusieron una gran cantidad de himnos en honor de los cinco grandes elementos, los consideraban más que substancias naturales, porque ellos comprendían su cualidad primordial sustentadora de vida. La tradición oculta dice que los elementos físicos tienen su contrapartida en los mundos sutiles, en dirección a lo alto, hacia el mundo espiritual. Los dioses, como Varuna, Señor de las Aguas, y Agni, Señor del Fuego, eran personificaciones de la esencia espiritual de los elementos y del poder que ellos ejercen sobre la vida.

Admitiendo esto, en ocasiones importantes se realizaban ofrendas simbólicas a estos dioses como expresiones de la gratitud y de la adoración del hombre.

El agua, en cualquier forma —lluvia o nieve, río u océano— ha desempeñado un tremendo papel en la vida del hombre. Su cuerpo, así como el cuerpo de todas las demás criaturas, se compone principalmente de agua. El agua purifica y limpia; es necesaria para cocinar; lleva a cabo y realiza miles de funciones distintas en la tierra. Un erudito árabe muy distinguido, al comentar el primer sura clásico o himno del Corán, explica que la existencia del agua en la tierra es suficiente para demostrar que un poder inexplicable opera en todas partes. Pues, ¿qué haríamos nosotros y todas las demás criaturas sin el agua?

Un famoso mantra védico dice:

Oh, Agua, tú eres fuente de bendición. ..

Como amantísima madre nos haces compartir

La más bendita de las esencias que hay en ti.

Asimismo, se dice del Fuego:

Oh, Fuego, condúcenos a la plenitud

A través de buenos caminos.

Oh, Dios, conocedor de todos los senderos.

A ti, el Verdadero Uno, te hacemos esta oblación.

Para los seguidores de Zoroastro, el fuego era el más puro de los elementos, el inspirador de las buenas obras, de los buenos pensamientos y de las buenas palabras. Actitudes similares hacia los elementos pueden encontrarse también entre los pueblos. En China, la lluvia, el trueno, el rayo, etc. eran llamados dioses.

Numerosas leyendas sobre esto enseñaban a la gente corriente un sentido de respeto. La lluvia, por ejemplo, no era un hecho trivial para ser explicado simplemente en términos científicos; era la expresión y la acción de un gran espíritu o dragón fecundador. Tanto en la India como en China, las montañas eran consideradas moradas de dioses. La misma tierra es una deidad cuyo cuerpo físico no debe ser profanado y cuyos productos no deben ser desperdiciados. Los ríos eran sagrados y su belleza era descrita con elocuencia.

A todo esto puede encontrársele un paralelismo en Grecia y en las mitologías nórdicas y en otras. Thor, el rey de los dioses, con su potente rayo es la expresión nórdica de Indra, el Rey de los cielos indio, el cual maneja el arcoiris y choca con el trueno. Estos grandes dioses estaban asistidos por numerosos semidioses y por ayudantes invisibles, representando distintas funciones a cargo de los elementos.

El respeto por todo aquello que pertenece a la naturaleza alcanzaba espontáneamente a la gente que se maravillaba contemplándola. El indio americano amaba la tierra en la que vivía y no soñaba ni en poseerla ni en explotarla, aunque tomaba de ella según sus necesidades y a pequeña escala. Se ha sabido de casos de aborígenes australianos los cuales sintiéndose parte de la tierra y de sus elementos, instintivamente sabían donde podía encontrarse agua debajo de las arenas del desierto.

Por el contrario, la actitud moderna hacia los elementos de la naturaleza es una actitud profana. La idea de conquista y de utilidad ha reemplazado el profundo sentido de prodigio y de culto que existía en relación a la tierra, a las aguas, a las montañas y a los fenómenos naturales de toda clase. El resultado es que el hombre se está infligiendo un daño infinito a si mismo. En lugar de rendir culto a los ríos y utilizar sus aguas para purificarse, las contamina con desperdicios químicos, aguas residuales y elementos radiactivos. Nombres como Chernobyl, Bhopal y el Rhin, han adquirido un mero significado implicando desastres de diversas clases. Los esfuerzos para desviar el curso de los ríos, minar la tierra y hacer un uso avaricioso de los distintos elementos, han acarreado nuevos problemas y han causado serios peligros. La destrucción de los bosques es causa de una desastrosa carencia de alimentos.

Para el hombre moderno el enfoque de los antiguos y de la gente sencilla de la tierra puede parecer superstición. Los textos antiguos han advertido al hombre para que no corte jamás un árbol a menos que sea absolutamente necesario, e incluso entonces, que pida perdón al deva que cuida del árbol. El hombre moderno no cree en semejantes guardianes de los hijos de la naturaleza. Pero ya es tiempo de pensar de nuevo en estas cosas. Puede haber mucha más sabiduría mirando la naturaleza con admiración y respeto y rindiendo culto a sus elementos, que mirándola con ojos profanos que sólo ven objetos de explotación en todas partes. ¿Puede invertirse esta tendencia por medio de una nueva educación de los sentidos y de una clase distinta de sensitividad?

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