El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Rene Guenon’ Category

MASONES Y CARPINTEROS

Posted by cosmoxenus en 21 junio 2008

RENÉ GUÉNON

Ha habido siempre, entre las iniciaciones de oficio, una especie de querella de precedencia entre los albañiles (1) y los talladores de piedra y los carpinteros; y si se consideran las cosas no en el aspecto de la importancia actual de estas dos profesiones en la construcción de edificios, sino en el de su antigüedad respectiva, es bien cierto que los carpinteros pueden efectivamente reivindicar el primer rango.

En efecto, como hemos ya señalado en otras ocasiones, las construcciones, de manera muy general, fueron de madera antes de ser de piedra y ello es lo que explica que, en la India especialmente, no se encuentra ninguna huella de las que remontan más allá de cierta época.

Tales edificios eran evidentemente menos duraderos que los construidos en piedra; también el empleo de la madera corresponde, entre los pueblos sedentarios, a un estadio de menor fijeza que el de la piedra, o, si se quiere, a un menor grado de "solidificación", lo que está muy de acuerdo con el hecho de relacionarse con una etapa anterior en el curso del proceso cíclico (2).

Esta observación, por simple que pudiese parecer en sí misma, está muy lejos de carecer de importancia para la comprensión de ciertas particularidades del simbolismo tradicional: es así cómo, en los más antiguos textos de la India , todas las comparaciones referentes al simbolismo constructivo son siempre sacadas del carpintero, de sus útiles y de su trabajo; y Vishvakarma, el "Gran Arquitecto" mismo, es designado también con el nombre de Twashtri, que es literalmente el "Carpintero". Va de por sí que la función del arquitecto (Sthapati, que además es primitivamente el maestro carpintero) no es en nada modificada por ello, puesto que, salvo la adaptación exigida por la naturaleza de los materiales empleados, es siempre del mismo "arquetipo" o del mismo "modelo cósmico" del que hay que inspirarse, y ello ya se trate de la construcción de un templo o de una casa, de un carro o de un navío, (y, en estos últimos casos, el oficio de carpintero jamás ha perdido nada de su importancia primera, al menos hasta el empleo totalmente moderno de los metales, que representan el último grado de la "solidificación" (3).

Evidentemente también, que ciertas partes del edificio se realicen en madera o en piedra, ello no cambia nada, si no en su forma exterior, al menos en su significación simbólica; poco importa a este respecto, por ejemplo, que el "ojo" del domo, es decir, su abertura central, sea recubierto por una pieza de madera, o por una piedra trabajada de algún modo, constituyendo una y otra igualmente y en un sentido idéntico, la "coronación" del edificio, según lo que hemos expuesto en precedentes estudios; y con mayor razón ocurre lo mismo con las piezas del carpintero que han permanecido como tales una vez que la madera ha sido sustituida por la piedra en la mayor parte de la construcción, como las vigas que, partiendo de este "ojo" del domo, representan los rayos solares con todas sus correspondencias simbólicas (4).

Se puede pues decir que el oficio del carpintero y el del albañil, puesto que proceden en definitiva del mismo principio, proporcionan dos lenguajes parecidamente apropiados para la expresión de las mismas verdades de orden superior, la diferencia no es más que una simple cuestión de adaptación secundaria, como lo es siempre la traducción de una lengua a otra, pero, bien entendido, cuando se trata de cierto simbolismo determinado, como en el caso de los textos tradicionales de la India a los cuales hacíamos alusión anteriormente, hace falta, para comprender enteramente su sentido y su valor, saber de una manera precisa cual es, de los dos lenguajes, aquel más propiamente relacionado.

A este respecto, señalaremos un punto que nos parece tener una importancia totalmente particular; se sabe que en griego, la palabra hylê significa primitivamente "madera", y que es al mismo tiempo la que sirve para designar el principio sustancial o la "materia prima" del Cosmos, y también por aplicación derivada de ésta, a toda "materia secunda", es decir, a todo lo que desempeña en un sentido relativo, en tal o cual caso, un papel análogo al del principio sustancial de toda manifestación (5).

Este simbolismo, según el cual aquello de lo cual está hecho el mundo es asimilado a la madera es además muy general en las más antiguas tradiciones, y, por lo que acabamos de decir, es fácil comprender su razón con relación al simbolismo constructivo: en efecto, desde el momento que de la "madera" se han sacado los elementos de la construcción cósmica, el "Gran Arquitecto" debe ser considerado antes que nada como un "maestro carpintero", como lo es efectivamente en semejante caso, y como es natural que lo sea allí donde los constructores humanos, cuyo arte, desde el punto de vista tradicional, es esencialmente una "imitación" del arte del "Gran Arquitecto", son ellos mismos carpinteros (6).

No carece de importancia tampoco, en lo que concierne más especialmente a la tradición cristiana, el resaltar, como ya lo ha hecho A. Coomaraswamy, que puede fácilmente comprenderse así que el Cristo debía aparecer como el "hijo del carpintero"; los hechos históricos, como hemos dicho muy frecuentemente, no son en suma sino un reflejo de realidades de otro orden, y solamente ello les da todo el valor del que son susceptibles; también hay ahí un simbolismo mucho más profundo de lo que se piensa de ordinario (si es que la inmensa mayoría de los cristianos tiene aún, por vagamente que sea, la idea de que puede haber en ello un simbolismo cualquiera).

Que además esa no sea más que una filiación aparente, eso mismo es exigido todavía por la coherencia del simbolismo, puesto que se trata de algo que no está en relación más que con el orden exterior de la manifestación, y no con el orden principial; es de la misma manera exactamente cómo, en la tradición hindú, Agni, en tanto que es el Avatara por excelencia, tiene también a Twashtri como padre adoptivo cuando toma nacimiento en el Cosmos; ¿y cómo podría ser de otra forma cuando este Cosmos mismo no es otra cosa, simbólicamente, que la obra misma del "maestro carpintero"?

NOTAS:

(1). En francés, la palabra "maçon" es sinónimo de "albañil" (N. del T.)

(2). Ver las consideraciones que hemos expuesto a tal respecto en El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, (Paidós, Barcelona, 1996), especialmente cap. XXI y XXII.- Naturalmente, el cambio de que se trata no puede ser considerado como habiéndose producido simultáneamente en todos los pueblos, sino que hay siempre etapas correspondientes en le curso de la existencia de éstos.

(3). Bien entendido que oficios como el del carretero y el del carpintero de blanco deben ser encarados como no siendo más que particularizaciones o "especializaciones" ulteriores del oficio de carpintero, que, en su acepción más general, que es al tiempo la más antigua, comprende todo lo que concierne al trabajo de la madera.

(4).Si incluso, más tarde aún, esas vigas son reemplazadas en ciertos casos por "nervaduras" en piedra (y pensamos sobre todo aquí en las bóvedas góticas, ello tampoco cambia nada del simbolismo.- En inglés, la palabra beam significa a la vez "rayo" y "viga", y, como Ananda Coomaraswamy ha señalado en diversas ocasiones, ese doble sentido nada tiene sin duda de fortuito, desgraciadamente es intraducible en francés, donde, por contra, se habla corrientemente de las "rayas"(rais) o de los "rayos"(rayons) de una rueda, que desempeñan con relación al medio de ésta, la misma función que las vigas en cuestión con relación al "ojo" del domo.

(5). Es bastante curioso que en español, la palabra "madera", derivada directamente de "materia", sea empleada todavía para designar "le bois"("la madera" en francés) e incluso más especialmente la de carpintería.

(6). Quizás no carezca de interés el anotar que, en el grado 22 de la Masonería escocesa, que representa, según la interpretación hermética, "la preparación de los materiales necesarios para la realización de la Gran Obra ", estos materiales son figurados , no por las piedras como en los grados que constituyen la iniciación propiamente masónica, sino por la madera de construcción; podría pues verse en este grado, cualquiera que pueda ser de hecho su origen histórico, como una especie de "vestigio" de la iniciación de los carpinteros, tanto más cuanto que el hacha, que es su símbolo o atributo principal, es esencialmente un útil de carpintero.- Además hay que resaltar que el simbolismo del hacha es aquí muy diferente de aquel, mucho más enigmático, según el cual, en la Craft Masonry, está asociada a la "piedra cúbica en punta", y del que hemos dado la explicación en un precedente artículo ("Un jeroglífico del Polo", mayo de 1937). Conviene recordar también, por otro lado, la relación simbólica que el hacha tiene, de manera general, con el vajra (cf. Nuestros artículos sobre "Las piedras de rayo", en el nº de mayo de 1929, y sobre "Las armas simbólicas", en el nº de octubre de 1936). Actualmente: Símbolos de la Ciencia Sagrada , Paidós, Barcelona, 1996.

Publicado en "Etudes Traditionnelles", diciembre de 1946. Recopilado en Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage II.

 

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RENÉ GUÉNON

Posted by cosmoxenus en 21 junio 2008

 

René Guénon (1886 – 1951)

«[…] René Guénon, hijo único de Jean-Baptiste, arquitecto, y de Anna-Léontine Jolly, nace en Blois el 15 de noviembre de 1886. Transcurre en esta ciudad una infancia y una adolescencia totalmente normales, recibiendo la primera educación de su tía materna, institutriz, y continuándola luego en la escuela de Notre-Dame des Aydes, conducida por religiosos. En 1902 pasa al Colegio Augustin-Thierry y al año siguiente se recibe de bachiller «ès lettres-philosophie». En 1904 se dirige a París, para seguir un curso académico de matemáticas superior en el colegio Rollin. Sin embargo, en 1906 aproximadamente interrumpe sus estudios universitarios, a causa, se dice, de su salud, que según parece ya era bastante delicada desde la infancia. En el ínterin, se había establecido en la calle Saint-Louis-en-l’Ile nº 51, domicilio que mantuvo por varios años. Después de la interrupción de los estudios académicos comenzó para René Guénon un período rico en encuentros y fecundo en escritos; sin embargo, es en extremo difícil recoger testimonios seguros sobre sus relaciones, complejas, y generadas frecuentemente por motivos que tenían una relación directa con el desarrollo de su obra escrita, en particular en su aspecto de clarificación y condena de las pseudo-doctrinas ocultistas y «teosofistas». En el período que va de 1906 a 1909 René Guénon frecuenta la «Escuela Hermética», dirigida por Papus, y se hace admitir en la Orden Martinista y en otras organizaciones colaterales. En el congreso espiritualista y masónico de 1908 en el que participa en calidad de secretario de despacho, entra en relación con Fabre des Essarts, «patriarca» de la «Iglesia Gnóstica», en la cual lleva el nombre de Synesius. René Guénon ingresa en esta organización con el nombre de Palingenius. Aquí conoce a dos personajes de notable apertura mental: Léon Champrenaud (1870-1925) y Albert Puyou, conde de Pouvourville (1862-1939), el primero entraría mas tarde en el Islam con el nombre de Abdul-Haqq, el segundo un ex-oficial del ejército francés que durante su destino en Extremo Oriente había sido admitido -caso más bien único que raro para un occidental- en ambientes taoístas. Siempre en este mismo período se produce la formación de una «Orden del Templo», dirigida por Guénon; esta organización tendrá una vida breve, pero costará a su fundador el ser excluido de los grupos dirigidos por Papus. También es de este período la admisión de René Guénon a la Logia masónica Thébah, dependiente de la Gran Logia de Francia, del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Es 1908 el año al que algunos hacen remontar el encuentro de Guénon con calificados representantes de la India tradicional. En 1909 funda la revista La Gnose , donde aparecerán su primer escrito, intitulado El Demiurgo, artículos sobre Masonería y, lo que es más importante en cuanto que demuestra cómo las doctrinas orientales ya habían sido completamente asimiladas por él en esta época (contaba entonces 23-24 años), las primeras redacciones de El Simbolismo de la Cruz , El Hombre y su devenir según el Vêdânta y Los Principios del cálculo infinitesimal. A fines de 1910 conoce a John Gustaf Agelii, pintor sueco devenido musulmán con el nombre de Abdul-Hadi cerca de 1897, y vinculado al Tasawwuf (esoterismo islámico) por el Sheikh Abder-Rahmân Elish el Kebir. La revista La Gnose deja de publicarse en febrero de 1912. El 11 de julio del mismo año René Guénon se casa en Blois con la Srta. Berthe Loury y, siempre en este mismo año, entra en el Islam. A los años 1913-1914 se remonta su encuentro con un hindú, el Swami Narad Mani, quien le procura una documentación sobre la «Sociedad Teosófica» que le servirá probablemente, en parte, para la redacción del estudio sobre la organización en cuestión. Entre los años 1915 a 1919 es suplente en el colegio de Saint-Germain- en-Laye, reside en Blois (donde muere su madre en 1917) y es profesor de filosofía en Sétif (Argelia). Retorna a Blois y luego a París. En 1921 se produce la publicación de sus primeros dos libros: Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes y El teosofismo, o historia de una seudo religión, mientras que en 1923 aparece El error del espiritismo (L’Erreur Spirite). En 1924 (y hasta 1929) da lecciones de filosofía en el curso Saint-Louis; en este año tiene lugar una conferencia de prensa en la cual participa junto a Ferdinand Ossendowski (polaco, autor de una crónica de viaje a través de Mongolia y el Tibet que había despertado un cierto interés algunos años antes), Gonzague Truc, René Grousset, y Jacques Maritain. También en 1924 aparece la obra Oriente y Occidente. El año 1925 ve su colaboración con la revista católica Regnabit, dirigida por el R. P. Anizan, que le había sido presentado por el arqueólogo Louis Charbonneau Lassay, de Loudun (la colaboración con esta revista cesará pronto, en 1927). Siempre en 1925 aparecen los libros El hombre y su devenir según el Vêdânta y El esoterismo de Dante. En 1927 aparecen El Rey del Mundo y La Crisis del Mundo Moderno. El 15 de enero de 1928 fallece su esposa. En este mismo año comienza su colaboración regular con la revista Le voile d’Isis, la que desde 1933 tomará el título de Études Traditionelles. De 1929 es el libro Autoridad espiritual y poder temporal y el breve estudio sobre San Bernardo. En 1930 parte para El Cairo, donde se establecerá definitivamente, desposando en 1934 a la hija del Sheikh Mohammed Ibrahim, con la que tuvo cuatro hijos (dos varones y dos niñas), uno de ellos póstumo. Todos sus otros libros fueron entonces compuestos en el período de su estadía en Egipto, período que va de 1930 a 1951, año en el que muere, el día 7 de enero».

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RENE GUENON

Posted by cosmoxenus en 25 mayo 2008

Editions de l’Herne. París 1985. 459 pág. Dirigido por Jean-Pierre Laurant con la colaboración de Paul Barba-Negra.

Este escrito tiene mucho interés desde el punto de vista concreto en que se ubica, y aclara en buena medida el pensamiento de Guénon en general sobre las ciencias profanas y en particular las conexiones o puentes que puede haber entre su pensamiento y los conceptos de las ciencias y técnicas actuales que tanto han cambiado desde los años en que Guénon escribió su obra. En su primera parte describe las críticas hoy obvias -aunque la vulgarización científica y no sólo la vulgarización siga insistiendo en ello- sobre el método científico fundamentalmente basado en la experimentación, el empirismo, la especialización y la estadística de las ciencias “naturales” y aplicadas, y el desconcierto de los investigadores recientes que niegan el propio instrumental científico, tal el caso del epistemólogo Karl Popper. Previamente se ha destacado el papel otorgado por Guénon a la matemática y la geometría, ciencias tradicionales y vehículos de conocimiento y el error de los científicos que creen tratar directamente de la realidad de los fenómenos observados, cuando en verdad sólo se refieren a la descripción de esos fenómenos por medio de una traducción, signada por otra parte históricamente, es decir bajo las circunstancias del tiempo, e incluso de lugar; esto es notorio en la época de Guénon y en Europa en general por la influencia de la mecánica originada en Descartes, de la que deriva un tipo de pensamiento que es coronado socialmente por la revolución industrial y que se infiltra y signa todas las ciencias, incluso “las humanidades”, de las que el autor también da cuenta, como la sociología, psicología, historia, etc. Asimismo compartimos con el autor la crítica que efectúa al gran metafísico francés sobre no haber prestado más atención a la antropología y en especial a los pueblos primitivos o arcaicos, como sociedades tradicionales aún hoy vivas, a las que Guénon describe en algún caso como degeneraciones de un conocimiento ancestral. Esto se debe, según el autor, en este tema y en otros, al propio condicionamiento de la época en que Guénon vivió y trabajó, a su enmarque referencial.

Igualmente se anota que la actitud de Guénon -y de muchos guenonianos- referidas al plano intermedio, en el sentido de negarlo en cuanto no es el mundo verdaderamente espiritual, es un intento de afirmar la primordialidad del Origen no humano de la manifestación en detrimento de la psicología profunda y la realidad del plano imaginal. Va de suyo que un trabajo como el que comentamos, de por sí sumamente condensado, no puede sintetizarse en unas pocas líneas, puesto que posee numerosas alusiones y sugerencias y se tratan en él, de modo directo o velado, muchas cosas que deben ser motivo de reflexión y meditación para los hombres contemporáneos, que también somos. En todo caso consideramos mucho más enriquecedor un trabajo de este tipo que las disquisiciones teológicas y de filosofía religiosa en las que han desembocado numerosos “guenonianos”.

De quelques énigmes dans l’œuvre de René Guénon. Jean Reyor.

Después de recordar su primer encuentro con Guénon y hacer un repaso a las vicisitudes por las que pasó Le Voile d’Isis [El velo de Isis] hasta convertirse en Études Traditionnelles [Estudios Tradicionales], Reyor habla de las “enigmáticas” fuentes orientales de las que extrajo Guénon lo esencial de su conocimiento metafísico, así como de determinados datos e informaciones vertidas por éste en diversos libros y artículos sobre aspectos simbólicos e históricos de la Masonería , el Compañerazgo y otras antiguas organizaciones occidentales que era imposible que hubiera obtenido por medios escritos. Esto es algo que se ha comentado con frecuencia en biografías y artículos sobre la obra guenoniana, y en lo que no vamos a entrar, pues es algo hacia lo cual el propio Guénon mantuvo siempre un escrupuloso silencio, y de todas maneras no nos interesa demasiado. Creemos, sin embargo que si Guénon recibió alguna transmisión de parte de fuentes orientales y occidentales, ello no habría tenido ningún efecto si en Guénon mismo no hubiera existido ya una “predisposición” interior, o una “intuición intelectual” lo suficientemente desarrollada para asimilar las enseñanzas que supuestamente le transmitieron. En definitiva, que lo importante es lo que ya dijo Guénon hablando del doble sentido del anonimato: “el ser que ha alcanzado un estado supra-individual queda por ello mismo desprovisto de todas las condiciones limitativas de la individualidad, es decir ha superado las determinaciones de ‘nombre’ y ‘forma’ (namâ-rupâ) que constituyen la esencia y la substancia de esa individualidad como tal; por tanto es verdaderamente ‘anónimo’, porque el ‘yo’ se ha esfumado desapareciendo por completo ante la presencia del ‘sí’ “.

L’Extrême Asie dans l’œuvre de René Guénon. [El Lejano Oriente dentro de la obra de René Guénon]. Pierre Grison.

Grison, que es autor de varios libros sobre la alquimia y la simbólica taoísta, analiza en su artículo la influencia de las doctrinas extremo-orientales en la obra de Guénon, concretamente en La Gran Tríada , Los Estados múltiples del ser y El Simbolismo de la cruz. También cita las fuentes bibliográficas de las que a este respecto se sirvió Guénon para sus trabajos, como la traducción del Tao-te-king del P. Wieger, o las investigaciones de M. Granet en Le Pensée Chinoise y La Civilisation Chinoise [El Pensamiento Chino y la Civilización China ], asegurando que estas fuentes fueron más importantes que las que pudo extraer de Matgioi. Nos parece interesante lo que afirma Grison acerca de las relaciones entre Oriente y Occidente, que observadas en clave simbólica adquieren unas connotaciones distintas a las habituales. Cita, en este sentido, un pasaje de La Gran Tríada (cap. XII), en el que Guénon habla del yang y del yin, asimilándolos a Oriente y Occidente, respectivamente: “La tradición extremo-oriental, está en perfecto acuerdo con todas las demás doctrinas tradicionales, en las cuales el Oriente está siempre considerado, efectivamente, como el “lado luminoso” (yang), y el Occidente como el “lado oscuro” (yin), el uno con respecto al otro…”

En suma, que tanto el Oriente como el Occidente, tal cual el yang y el yin, no constituyen sino una sola unidad, lo que vendría a expresar que sólo existe una única Doctrina, la misma en todos los pueblos, ya sean éstos orientales, occidentales, nórdicos o meridionales, ya que dicha Doctrina es verdaderamente central, o polar, según el mismo Guénon lo repitió en multitud de ocasiones.

También menciona el autor la influencia que tuvieron Coomaraswamy y Marco Pallis en el cambio de criterio de Guénon con respecto al Budismo. En cuanto al primero estamos de acuerdo (entre otras cosas porque Guénon así lo afirmó), pero en lo que se refiere al segundo abrigamos nuestras más serias dudas.

Du symbole selon René Guénon. [Del símbolo según René Guénon]. Jean Borella.

Este estudio comienza con una interesante síntesis de la obra de Guénon, a la que divide en cinco partes: Crítica al mundo moderno, tradición, metafísica, simbólica y realización espiritual. Tradición, metafísica y simbólica constituyen un triángulo de base donde se asientan dos pirámides, de las cuales el polo más bajo corresponde a la crítica al mundo moderno y a las reformas al pensamiento profano, y el polo más alto, lógicamente, a la realización.

A continuación pasa a hablar del símbolo como intermediario entre distintos planos del Ser universal y como unidad manifiesta y sintética de lo cognoscible, y toca algunas teorías modernas acerca del símbolo, en especial el estructuralismo, que al descomponer analíticamente el símbolo en unidades diferenciables que no se interpretan, sino que se constatan, como es el caso de las “mitologías”, niegan la razón misma del símbolo, que es la unión entre las partes de un todo.

Las consideraciones que siguen, fundamentadas en la obra de Guénon, aclaran conceptos como correspondencia y analogía, haciendo hincapié sobre la analogía inversa.

Réflexions philosophiques sur le symbolisme selon Guénon. [Reflexiones filosóficas sobre el simbolismo según Guénon]. Roger Payot.

En este interesante y sugerente artículo, el autor intenta acercar el punto de vista filosófico-científico sobre la función del símbolo (citando a diversos autores como André Leroi-Gourhan, Ernst Cassirer, Husserl, e incluso a Kant), con la posición que al respecto siempre ha sustentado Guénon a lo largo de toda su obra. Sin embargo, R. Payot pronto llega a la conclusión de que ese acercamiento sólo es posible a un cierto nivel (el de las analogías establecidas por las facultades del lenguaje y la razón), más allá del cual se encuentra el dominio propiamente ontológico y metafísico, hacia el que nos proyecta el símbolo gracias al poder de síntesis que él genera, y que necesariamente escapa al análisis discursivo. Es la diferencia que hay entre la horizontal y la vertical: ambas coexisten juntas, pero la primera no es sino el reflejo de la segunda. Recordemos estas palabras de Guénon, citadas por el autor: “El papel de los símbolos consiste en ser el soporte de concepciones cuyas posibilidades de extensión son verdaderamente ilimitadas, y en donde toda expresión no es sino un símbolo; es necesario, pues, reservar siempre una parte a lo inexpresable, que es, en el orden de la metafísica pura, lo que más importa”.

René Guénon franc-maçon. Edouard Rivet.

En primer lugar, el autor expone las razones de por qué Guénon entró en la Masonería , lo que aconteció en el año 1912, concretamente en la Logia Thébah. Seguramente los motivos nacieron del convencimiento de que, aún a pesar del estado de degeneración en que se hallaba la Masonería a principios de siglo, ella conservaba todavía los símbolos y los ritos “susceptibles de servir de soporte a ciertos hombres cualificados para alcanzar, no conocimientos puramente mentales, sino estados ligados al desarrollo de una ‘intuición intelectual’, el ‘intelecto puro’ (…) gracias a la transmisión de un ‘influjo espiritual’, mediante la afiliación a la institución, es decir a la ‘iniciación’ “. En efecto, Guénon consideraba que en el Occidente actual, “aparte de la posible supervivencia de algunas raras agrupaciones del hermetismo cristiano de la edad media (se refería seguramente a la Estoile Internelle , a la que perteneció Louis Charbonneau-Lassay), sólo dos organizaciones pueden reivindicar un origen tradicional y una transmisión iniciática real: estas dos organizaciones, que, por otro lado primitivamente no fueron más que una sola, si bien con múltiples ramas, son el Compañerazgo y la Franc-Masonería (Aperçus sur L’Initiation, nota pág. 41). Por diversos motivos, entre ellos seguramente el ingreso al Islam en ese año, y con toda seguridad la guerra de 1914, Guénon abandona la Logia Thébah , interrumpiendo así toda actividad masónica. Así se creía, hasta que en 1973, Frans Vreede, que tuvo una larga amistad con Guénon, con ocasión de una intervención en la Logia Villard de Honnecourt, declaró que él le había confesado que “era miembro de una maestría, es decir de una agrupación de Maestros de todos los grados, donde la transmisión oral remontaba a la época artesanal de la Masonería francesa (…) Para impedir en el futuro cualquier desviación, divulgación y traición, ellos decidieron el anonimato de sus miembros, y que, desde entonces, no habría más estatutos ni otros documentos escritos, no más candidaturas, etc.” De ser cierta esta afirmación del Sr. Vreede aunque es lo único que se conoce al respecto, creemos que ello explicaría por qué Guénon poseía conocimientos sobre la Masonería y el Compañerazgo que no le venían de ninguna información libresca. Bien es verdad, por otro lado, que tras su establecimiento en Egipto en 1930, Guénon abandona, como él mismo declaró, toda pertenencia a cualquier organización occidental.

Rivet señala también algunas relaciones que Guénon mantuvo con diversos masones, entre ellos Oswald Wirth, Marius Lepage, Arturo Reghini, John Yarker, Clement Stretton, etc. Estos dos últimos fueron los promotores en Inglaterra de una revivificación de la Masonería operativa a principios de siglo, la Guilde of operative freemasonry, en cuyo órgano literario (llamado paradójicamente “The speculative mason”) Guénon colaboró en varias ocasiones firmando con las iniciales de su nombre islámico A.W.Y. El mismo Guénon hizo numerosas recensiones de esta revista, todas ellas incluidas en los dos volúmenes dedicados a la Masonería y el Compañerazgo, recensiones que desde luego son de un interés inestimable.

Otro aspecto interesante que merece ser destacado de este artículo fueron las relaciones habidas entre Guénon y J. Evola en torno al asunto de la Masonería , y que al parecer era uno de los pocos puntos doctrinales en que ambos estaban en desacuerdo. Evola, que había declarado en conversación privada que “Guénon fue mi maestro, y yo no he hecho más que continuarlo y traspasarlo a la acción”, siempre mantuvo hacia la Orden masónica un claro distanciamiento, afirmando que si ella fue antiguamente una auténtica organización iniciática, en la actualidad la consideraba incluso hasta antitradicional (ver las últimas páginas de su libro El misterio del Grial). Guénon atribuía esa animadversión al hecho de que Evola conocía tan sólo la Masonería italiana y francesa, la gran mayoría de la cual, en efecto, estaba integrada por Logias y Obediencias en donde el punto de vista moderno era, y continúa siendo, el predominante. Sin embargo, Guénon consideraba que si Evola hubiera tenido conocimiento de la Masonería anglosajona, seguramente su criterio habría sido otro. Y esto es así porque, siempre según Guénon, es en esta Masonería donde se ha conservado con mayor pureza los antiguos rituales. No obstante, al final de su vida parece que Evola cambió algo su punto de vista, afirmando en una de las ediciones de su Le Doctrine de l’éveil: “René Guénon pudo tener en vista algún núcleo superviviente de la antigua Masonería ‘operativa’, privado de relaciones con lo que concretamente es la Masonería moderna. En cuanto a esta última, ella no tiene -al menos para sus cuatro quintas partes- absolutamente nada de iniciático”. Tal proporción, dice Rivet, no deja de ser inestimable. Nosotros pensamos que ese matiz de Evola obedece a que había comprobado que la obra de Guénon estaba ejerciendo su influencia en determinadas Logias masónicas, ajenas, por otro lado, a la influencia anglosajona.

Note sur René Guénon = (Nota sobre René Guénon).

Frithjof Schuon. Esta vez Schuon señala lagunas y faltas en la obra de Guénon, y las relaciona con su unilateralidad y su carácter, que parecerían no estar de acuerdo con la “envergadura de su misión”, aunque no se puede negar que él ha sido una personificación, no de la espiritualidad, sino de la certidumbre intelectual, pues se trata de un “pneumático”.

Para comprender la obra de Guénon, según Schuon hay que tener presentes dos cosas (seguramente por una cierta fatalidad que ha signado su destino), una el valor irremplazable de la obra guenoniana, y la otra la sustancia gnóstica y pneumática del autor. Por otra parte Guénon subestima la moral y la estética, y en un artículo de ” La Gnose ” escribió que las religiones son formas heréticas de la Tradición Primordial. En la parte final de la nota se nos explica de modo dual y sibilino algunas consideraciones propias de su invención acerca de la pretendida “personalidad pneumática” del autor. ¿Todo esto constituye un homenaje a cien años del nacimiento del gran metafísico francés?

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René Guénon

Posted by cosmoxenus en 5 mayo 2008

René Guénon (15 de noviembre, Blois, 1886 – 7 de enero, El Cairo, 1951), matemático, filósofo, francmasón y metafísico francés.

De profesión matemático, es conocido por sus publicaciones de carácter filosófico espiritual y su esfuerzo en pro de la conservación y divulgación de la Tradición Espiritual. Se le relaciona con Ananda Coomaraswamy, otro gran metafísico del siglo XX.

René Guénon, gran estudioso de las doctrinas orientales y de las religiones, se esforzó por aportar a Occidente una visión no simplista del pensamiento oriental, especialmente de la India y por su defensa de las civilizaciones tradicionales frente a Occidente. Destaca su crítica a la civilización occidental desde presupuestos metafísicos y no ideológicos ni políticos. El estudio de sus libros sobre el hinduísmo es indispensable para todos aquéllos que quieran profundizar en dicha tradición.

Biografía

En 1930 abandonó Francia y se instaló en Egipto para profundizar en el conocimiento del sufismo y el mundo tradicional islámico. René Guénon se había convertido al Islam con anterioridad, introducido por un amigo sueco y estaba vinculado a una tariqa sufí de la rama shadhilí. Allí, en Egipto, permaneció hasta su muerte en 1951, siendo conocido en los círculos del sufismo egipcio por el nombre de Abdul Wahid Yahya.

En su biografía, Paul Charconnac, se refiere a él en estos términos:

No se le puede definir, ni clasificar. Él no fue un orientalista, no fue un historiador de las religiones, no fue un poeta, ni un ocultista (si bien abordó asuntos que antes que él eran referidos bajo la denominación de “ocultismo”), tampoco era un filósofo… Se podría decir que fue un metafísico, pero la metafísica que el exponía tenía poco que ver con los manuales de filosofía al uso.

Análisis de su obra

Su obra escrita se puede dividir en varios bloques temáticos:

Exposición de doctrinas orientales y principios metafísicos: aquí se encuentran obras como Introducción General al estudio de las Doctrinas Hindúes (su primera obra, que escribió por encargo y que es una introducción a la Tradición en general), Los estados múltiples del Ser o Principios del cálculo infinitesimal; estudios sobre simbolismo y su interpretación ortodoxa tradicional, en este apartado se encuadran los numerosos artículos escritos para la revista El velo de Isis que posteriormente pasaría a llamarse Revista de Estudios Tradicionales. Estos artículos fueron compilados por Michel Vâlsan en la obra póstuma Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada y en La Gran Tríada; ensayos relativos a la Tradición Primordial , la Iniciación y las sociedades iniciáticas tanto actuales (Masonería) como históricas: El Rey del Mundo; reflexiones críticas sobre el mundo moderno y la sociedad occidental. Contra lo que podría parecer René Guénon estuvo muy preocupado por el mundo presente.

Partiendo de una fuerte crítica a la sociedad occidental pueden distinguirse tres etapas cronológicas en su toma de postura respecto a la cuestión, etapas que se corresponden a su vez con las tres obras con que aborda principalmente el problema de la modernidad:

Oriente y Occidente es la primera de ellas, aborda la falta de comprensión y entendimiento entre esos dos mundos que denominamos Oriente y Occidente, condenados a entenderse si no quieren aniquilarse recíprocamente y perecer. René Guénon defiende una salida inevitablemente dialogada a esta tradicional oposición como vía para lograr el entendimiento entre las diferentes culturas. Hay que señalar que pese a traslucir un optimismo ingenuo es precursor al señalar esta confrontación (o conflicto) que hoy día está en el punto de mira de todos los analistas del mundo actual.

La Crisis del Mundo Moderno, a la luz de los acontecimientos que se sucedían en el período de entreguerras René Guénon ve matizado su optimismo, pero no abandona la idea de que el entendimiento entre ambos y la rectificación en vista a una vuelta a la normalidad de Occidente, son posibles. Su análisis se sustenta en la confianza de preservación (en cierta medida) del Espíritu Tradicional en el extremo Oriente, en particular en las culturas china e india.

El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos. Sin duda su mayor, más completa, ambiciosa y acabada obra. Sus anteriores optimismo y confianza dan lugar a un análisis más duro y frío en el que domina el pesimismo y quizá cierto desapego por el destino de la civilización humana actual. En efecto, la Guerra Mundial no deja lugar para la esperanza ni el optimismo. En esta obra René Guénon analiza la civilización occidental partiendo de los principios generales del Vedânta y situándola dentro del marco de las Cuatro Edades (Yugas) que establece la Tradición. Las conclusiones son tan demoledoras como preocupantes por lo que suponen a futuro.

Esta clasificación temática de la obra de René Guénon no es rigurosa pues en cada obra se encuentran contenidos pertenecientes a los otros campos. Sería vano intentar sistematizar una obra tan interdisciplinar y que se quiere abierta, a diferencia de un sistema filosófico que pretende siempre ser completo y cerrarse sobre sí mismo. Su obra no intenta ser un sistema cerrado, definido y acabado sino una mirada abierta y múltiple sobre el mundo, llena de sugerencias y referencias a todos los campos.

Pensamiento

René Guénon define el mundo moderno como la degeneración e inversión del mundo Tradicional. Por una parte el carácter decisivo de la modernidad es su carácter anti-tradicional, su negación de toda herencia del pasado y su falta de reconocimiento de cualquier deuda con una sabiduría o cultura anterior. La oposición clásica entre Occidente y Oriente no es geográfica sino ideológica y doctrinal. Por eso se puede decir, un poco paradójicamente que mientras Europa fue tradicional (en la Edad Media ) se la podía calificar de “oriental” desde nuestra perspectiva actual. Del mismo modo el Oriente actual, investido de pensamiento occidental, no es ya “oriental”, está occidentalizado (o en otras palabras des-orientado, si tomamos el sentido simbólico y profundo del término). En efecto, como advertía René Guénon la Edad Media estaba más cercana a la civilización india o extremo-oriental que a nuestra sociedad actual en cualquiera de sus aspectos. De hecho el carácter tradicional de la Edad Media aseguraba y garantizaba un permanente contacto y diálogo con el Oriente tanto geográfico como doctrinal.

La conclusión última de su obra (contenida principalmente en El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos) es que la condición del mundo moderno testimonia el fin del ciclo actual de la humanidad, algo que señalan simbólicamente los mismos términos Oriente y Occidente (en particular éste último, tomado por nuestra misma civilización para auto-denominarse, lo que no deja de ser llamativo). René Guénon encuentra la prueba de esto en la desaparición progresiva de la Tradición dentro de las sociedades occidentales. Al respecto, una de sus grandes aportaciones son los términos de “pseudo-iniciación” y “contra-iniciación”. René Guénon se esfuerza por desmontar tanto en la forma como en el fondo aquellas organizaciones que siendo presuntamente tradicionales tienden en realidad a subvertir la verdadera organización tradicional, en la mayoría de las ocasiones por ignorancia de la verdadera doctrina tradicional que les lleva a construir y abrazar una pseudo-doctrina.

René Guénon nunca negó su vinculación a la Franc-Masonería , en la que fue iniciado, aunque no cesó de denunciar el carácter superficial y pseudo-esotérico que se había instalado en la misma institución por ignorancia de su verdadera función y objetivo.

Guénon afirma que su enseñanza no se debe a un pensamiento de corte individual o personal, influenciado por alguna filosofía particular. Por el contrario él se escapa de del cuadro moderno de ciencias y filosofía y se encuadra más bien en el nivel de la pura metafísica y los principios universales. Y aborda estos objetivos con lógica y rigor con la intención de rendir sus obras a todos aquellos que buscan todavía la verdad en el mundo.

Críticas a su obra:

Se pueden distinguir dos tipos de críticas a René Guénon y su obra:

Las que provienen de un número restringido de intelectuales universitarios contemporáneos, como Umberto Eco, aquellas otras que fueron contemporáneas de René Guénon y que provienen del ámbito ocultista, pseudo-esotérico o teosófico. Adversarios como Paul LeCour, Gustave Bord, Franck Duquesne. La respuesta de René Guénon a estos autores figura en obras como Teosofismo: historia de una pseudo-religión o Estudios sobre la Masonería y el Compañerazgo.

Interesante es también su posicionamiento respecto a la regularidad de la doctrina católica, que le deparó muchas y virulentas críticas de sectores conservadores, teológicos y eclesiásticos. Lo cierto es que su postura nunca fue definitiva, evolucionó con el tiempo pero no alcanzó, ni manifestó en sus escritos, una posición definitiva.

Obras de René Guénon, según el año de la primera edición:

1921 – Introducción General al estudio de las doctrinas hindúes.
1921 – El Teosofismo, historia de una pseudoreligión.
1923 – El Error Espiritista.
1924 – Oriente y Occidente.
1925 – El Esoterismo de Dante.
1925 – El Hombre y su devenir según el Vedanta.
1927 – El Rey del Mundo.
1927 – La Crisis del Mundo Moderno.
1929 – Autoridad espiritual y poder temporal.
1929 – San Bernardo.
1931 – El Simbolismo de la Cruz.
1932 – Los estados múltiples del ser.
1939 – La Metafísica Oriental.
1945 – El Reino de la Cantidad y los signos de los tiempos.
1946 – Consideraciones acerca de la Iniciación.
1946 – La Gran Tríada.
1946 – Los Principios del Cálculo Infinitesimal.
1952 – Iniciación y Realización Espiritual.
1954 – Apercepciones sobre el Esoterismo Cristiano.
1962 – Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada.
1968 – Estudios sobre hinduísmo.
1970 – Formas tradicionales y Ciclos Cósmicos.
1973 – Apreciaciones sobre el esoterismo islámico y el Taoísmo.
1973 – Cuentas rendidas.
1973 – Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo.

Bibliografía

. Chacornac, P., La vida simple de Rene Guenon, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1987
. Mahmud, Abdul Halim, “al-‘arif bi-llah al-shayj Abdul Wahid Yahya”, Qadiyya al-tasawwuf, Dar al-Marifa s/f 4ª edición. Capítulo dedicado a René Guénon por el Shaij al-Azhar Abdul Halim Mahmud, en este estudio sobre los maestros de la tariqa Shadhiliyya.

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