El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Rene Guenon’ Category

LOS TALLADORES DE PIEDRAS Y LOS CARPINTEROS

Posted by cosmoxenus en 14 febrero 2010

RENÉ GUÉNON

Ha habido siempre, entre las iniciaciones de oficio, una especie de querella de precedencia entre los albañiles (1) y los talladores de piedra y los carpinteros; y si se consideran las cosas no en el aspecto de la importancia actual de estas dos profesiones en la construcción de edificios, sino en el de su antigüedad respectiva, es bien cierto que los carpinteros pueden efectivamente reivindicar el primer rango.

En efecto, como hemos ya señalado en otras ocasiones, las construcciones, de manera muy general, fueron de madera antes de ser de piedra y ello es lo que explica que, en la India especialmente, no se encuentra ninguna huella de las que remontan más allá de cierta época.

Tales edificios eran evidentemente menos duraderos que los construidos en piedra; también el empleo de la madera corresponde, entre los pueblos sedentarios, a un estadio de menor fijeza que el de la piedra, o, si se quiere, a un menor grado de "solidificación", lo que está muy de acuerdo con el hecho de relacionarse con una etapa anterior en el curso del proceso cíclico (2).

Esta observación, por simple que pudiese parecer en sí misma, está muy lejos de carecer de importancia para la comprensión de ciertas particularidades del simbolismo tradicional: es así cómo, en los más antiguos textos de la India , todas las comparaciones referentes al simbolismo constructivo son siempre sacadas del carpintero, de sus útiles y de su trabajo; yVishvakarma, el "Gran Arquitecto" mismo, es designado también con el nombre deTwashtri, que es literalmente el "Carpintero". Va de por sí que la función del arquitecto (Sthapati, que además es primitivamente el maestro carpintero) no es en nada modificada por ello, puesto que, salvo la adaptación exigida por la naturaleza de los materiales empleados, es siempre del mismo "arquetipo" o del mismo "modelo cósmico" del que hay que inspirarse, y ello ya se trate de la construcción de un templo o de una casa, de un carro o de un navío, (y, en estos últimos casos, el oficio de carpintero jamás ha perdido nada de su importancia primera, al menos hasta el empleo totalmente moderno de los metales, que representan el último grado de la "solidificación" (3).

Evidentemente también, que ciertas partes del edificio se realicen en madera o en piedra, ello no cambia nada, si no en su forma exterior, al menos en su significación simbólica; poco importa a este respecto, por ejemplo, que el "ojo" del domo, es decir, su abertura central, sea recubierto por una pieza de madera, o por una piedra trabajada de algún modo, constituyendo una y otra igualmente y en un sentido idéntico, la "coronación" del edificio, según lo que hemos expuesto en precedentes estudios; y con mayor razón ocurre lo mismo con las piezas del carpintero que han permanecido como tales una vez que la madera ha sido sustituida por la piedra en la mayor parte de la construcción, como las vigas que, partiendo de este "ojo" del domo, representan los rayos solares con todas sus correspondencias simbólicas (4).

Se puede pues decir que el oficio del carpintero y el del albañil, puesto que proceden en definitiva del mismo principio, proporcionan dos lenguajes parecidamente apropiados para la expresión de las mismas verdades de orden superior, la diferencia no es más que una simple cuestión de adaptación secundaria, como lo es siempre la traducción de una lengua a otra, pero, bien entendido, cuando se trata de cierto simbolismo determinado, como en el caso de los textos tradicionales de la India a los cuales hacíamos alusión anteriormente, hace falta, para comprender enteramente su sentido y su valor, saber de una manera precisa cual es, de los dos lenguajes, aquel más propiamente relacionado.

A este respecto, señalaremos un punto que nos parece tener una importancia totalmente particular; se sabe que en griego, la palabra hylê significa primitivamente "madera", y que es al mismo tiempo la que sirve para designar el principio sustancial o la "materia prima" del Cosmos, y también por aplicación derivada de ésta, a toda "materia secunda", es decir, a todo lo que desempeña en un sentido relativo, en tal o cual caso, un papel análogo al del principio sustancial de toda manifestación (5).

Este simbolismo, según el cual aquello de lo cual está hecho el mundo es asimilado a la madera es además muy general en las más antiguas tradiciones, y, por lo que acabamos de decir, es fácil comprender su razón con relación al simbolismo constructivo: en efecto, desde el momento que de la "madera" se han sacado los elementos de la construcción cósmica, el "Gran Arquitecto" debe ser considerado antes que nada como un "maestro carpintero", como lo es efectivamente en semejante caso, y como es natural que lo sea allí donde los constructores humanos, cuyo arte, desde el punto de vista tradicional, es esencialmente una "imitación" del arte del "Gran Arquitecto", son ellos mismos carpinteros (6).

No carece de importancia tampoco, en lo que concierne más especialmente a la tradición cristiana, el resaltar, como ya lo ha hecho A. Coomaraswamy, que puede fácilmente comprenderse así que el Cristo debía aparecer como el "hijo del carpintero"; los hechos históricos, como hemos dicho muy frecuentemente, no son en suma sino un reflejo de realidades de otro orden, y solamente ello les da todo el valor del que son susceptibles; también hay ahí un simbolismo mucho más profundo de lo que se piensa de ordinario (si es que la inmensa mayoría de los cristianos tiene aún, por vagamente que sea, la idea de que puede haber en ello un simbolismo cualquiera).

Que además esa no sea más que una filiación aparente, eso mismo es exigido todavía por la coherencia del simbolismo, puesto que se trata de algo que no está en relación más que con el orden exterior de la manifestación, y no con el orden principial; es de la misma manera exactamente cómo, en la tradición hindú, Agni, en tanto que es el Avatara por excelencia, tiene también a Twashtri como padre adoptivo cuando toma nacimiento en el Cosmos; ¿y cómo podría ser de otra forma cuando este Cosmos mismo no es otra cosa, simbólicamente, que la obra misma del "maestro carpintero"?

NOTAS:

(1). En francés, la palabra "maçon" es sinónimo de "albañil" (N. del T.)

(2). Ver las consideraciones que hemos expuesto a tal respecto en El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, (Paidós, Barcelona, 1996), especialmente cap. XXI y XXII.- Naturalmente, el cambio de que se trata no puede ser considerado como habiéndose producido simultáneamente en todos los pueblos, sino que hay siempre etapas correspondientes en le curso de la existencia de éstos.

(3). Bien entendido que oficios como el del carretero y el del carpintero de blanco deben ser encarados como no siendo más que particularizaciones o "especializaciones" ulteriores del oficio de carpintero, que, en su acepción más general, que es al tiempo la más antigua, comprende todo lo que concierne al trabajo de la madera.

(4).Si incluso, más tarde aún, esas vigas son reemplazadas en ciertos casos por "nervaduras" en piedra (y pensamos sobre todo aquí en las bóvedas góticas, ello tampoco cambia nada del simbolismo.- En inglés, la palabra beam significa a la vez "rayo" y "viga", y, como Ananda Coomaraswamy ha señalado en diversas ocasiones, ese doble sentido nada tiene sin duda de fortuito, desgraciadamente es intraducible en francés, donde, por contra, se habla corrientemente de las "rayas"(rais) o de los "rayos"(rayons) de una rueda, que desempeñan con relación al medio de ésta, la misma función que las vigas en cuestión con relación al "ojo" del domo.

(5). Es bastante curioso que en español, la palabra "madera", derivada directamente de "materia", sea empleada todavía para designar "le bois"("la madera" en francés) e incluso más especialmente la de carpintería.

(6). Quizás no carezca de interés el anotar que, en el grado 22 de la Masonería escocesa, que representa, según la interpretación hermética, "la preparación de los materiales necesarios para la realización de la Gran Obra ", estos materiales son figurados , no por las piedras como en los grados que constituyen la iniciación propiamente masónica, sino por la madera de construcción; podría pues verse en este grado, cualquiera que pueda ser de hecho su origen histórico, como una especie de "vestigio" de la iniciación de los carpinteros, tanto más cuanto que el hacha, que es su símbolo o atributo principal, es esencialmente un útil de carpintero.- Además hay que resaltar que el simbolismo del hacha es aquí muy diferente de aquel, mucho más enigmático, según el cual, en la Craft Masonry, está asociada a la "piedra cúbica en punta", y del que hemos dado la explicación en un precedente artículo ("Un jeroglífico del Polo", mayo de 1937). Conviene recordar también, por otro lado, la relación simbólica que el hacha tiene, de manera general, con el vajra (cf. Nuestros artículos sobre "Las piedras de rayo", en el nº de mayo de 1929, y sobre "Las armas simbólicas", en el nº de octubre de 1936). Actualmente: Símbolos de la Ciencia Sagrada , Paidós, Barcelona, 1996.

Publicado en "Etudes Traditionnelles", diciembre de 1946. Recopilado en Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage II.

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Guardianes de la Tradición

Posted by cosmoxenus en 7 febrero 2010

Publicado en Revista Año Cero. Madrid, enero 2002.

Escribe Enrique de Vicente

Las enseñanzas de Gurdjieff, uno de los maestros más fascinantes y contro-vertidos del siglo XX, han influido profundamente en infinidad de corrientes y buscadores espirituales. Algunos intentaron inútilmente buscar el origen de las mismas, valiéndose de las pistas que nos dejó el propio Gurdjieff cuando hablaba de los numerosos viajes que realizó por Asia Central durante veintiún años en busca de la Verdad.

Al parecer, Gurdjieff habría accedido en torno a 1898 al Monasterio secreto de lo que él llama la Hermandad Sarmung -la cual guardaría conocimientos procedentes de una civillzación primigenia- tras un recorrido de doce días a caballo, partiendo de Bokara. Ello nos hace suponer que ese conjunto de edificios ocultos entre las montañas se situaría a no más de 250 kilómetros de esa antigua ciudad del Camino de la Seda situada al norte de Afganistán. James Moore nos recuerda que Sarmung y Samarcanda son fonéticamente cercanas. Ignoramos si es a éste o a otro monasterio similar al que luego se referiría Gurdjieff con añoranza, en el cual sugería haber recibido el mandato de impartir su enseñanza en Occidente y donde aseguraba haber derivado a algunos alumnos, algo que sus comentaristas creen improbable.

Está Shambhala en Afganistán?

Tras realizar un amplio estudio, Ernest Scott en El pueblo del secreto (Ed. Sirio, 1990) demuestra cómo "varias líneas independientes de investigación que intentaron identificar la fuente de la enseñanza de Gurdjieff, llegaron a la conclusión de que era una fuente Sufi centrada probablemente en Afganistán". Y por otras evidencias según las cuales este país parece ser "la fuente principal de toda una serie de sistemas esotéricos que Occidente y Oriente han atribuido erróneamente a otros lugares".

Los hindúes consideraban que su sabiduría védica emanaba de "más allá de las montañas", probablemente de esa región en la cual nacieron como una sociedad agraria, que abarca Afganistán, Khorasán (actual Irán) y el sur del antiguo imperio ruso.

El Shambhala del que hablan los tibetanos sede del "gobierno espiritual de la humanidad", según numerosos ocultistas ha sido localizado por la prestigiosa tibetanóloga Alexandra David-Neel en las proximidades de Balkh, un antiguo asentamiento afgano conocido como "la madre de las ciudades".

Las tradiciones populares de Afganistán aseguran que, tras la conquista musulmana, Balkh fue conocida como Shams-i-Bala (la Vela Elevada), lo que parece una transformació n al persa del sánscrito Shambhala.

Ciertos historiadores han sugerido que el Zoroastrismo surgió en Afganistán, ya que su fundador pasó gran parte de su vida en Balkh, y que el budismo japonés fue notablemente influenciado por misioneros budistas afganos, a los que algunos relacionan con el origen del Budismo Zen.

Tras su islamización, Balkh se convirtió en un importante centro de actividad mística y científica del cual surgieron grandes figuras sufis en el siglo XI. Allí estudiaron el escritor Omar Khayyam y el gran astrónomo Abu Mashar. Allí nacieron el sabio Avicena y Jalal-uddin Rumi, el gran místico que inspiró a los derviches danzantes turcos e hizo heréticas alusiones al contenido esotérico de su enseñanza: "Hemos tomado la esencia del Corán y tirado el cadáver a los asnos".

En ese mismo siglo aparece la tradición sufí de los Kwajagan, importan-tísima línea iniciática de maestros que tendrían su centro de operaciones en la montañosa zona del Hindu Kush. Otra tradición afgana está relacionada precisainente con los Sayyeds del Hindu-Kush, descendientes Hachemitas de Mahoma, Algunos creen que éstos habrían conservado la transmisión hereditaria de la fuerza espiritual (baraka) proveniente del Profeta y técnicas muy secretas de adiestramiento que les permitirían desarrollar capacidades habitualmente dormidas en los humanos. Un sistema que consideran forma parte de las prácticas más esotéricas de los Sufis y cuyo conocimiento habría permitido a miembros de la dinastía Hachemita mantenerse como soberanos y altos consejeros en numerosas culturas orientales durante mil años.

Pese a que los afganos no fueron convertidos al Islam hasta siglos después, las enseñanzas musulmanas aseguran que Mahoma recibió delegaciones procedentes de Afganistán, que le impresionaron como representantes de una antigua tradición y a las que otorgó el significativo titulo de El Timón. Según Scott, tras estas y otras leyendas subyace la creencia de una influencia misteriosa relacionada con dicho país, que emerge a intervalos regulares para ejercer un efecto insospechado en momentos críticos de la historia.

Este autor sostiene que puede haber varios Centros en la Tierra desde los cuales opera lo que él llama el Ejecuti o Oculto que, actuando como agentes de otro nivel suprahumano, estarían encargados de elevar el nivel de conciencia de la humanidad, ayudándose por una escala de iniciados, una Hermandad invisible de la cual hablaremos extensamente en otra ocasión- y que uno de ellos estuvo en Afganistán durante milenios, correspondiendo a la leyenda local de los Markaz o Casas de Poder.

Los emisarios de Agartha

Pero, además de las reunidas por Scott, otras muchas pistas apuntan a la poderosa influencia ejercida por misteriosos personajes afganos en las más importantes corrientes ocultistas modernas, presentados siempre como enviados de un Ejecutivo oculto.

El marqúés Alexander Saint-Yves d’Alveydre, fue una de las figuras más polémicas e influyentes en el ocultismo francés del siglo XIX y el ideólogo de una concepción sinárquica del gobierno. En 1886 publicó La misión de India en Europa y de Europa en Asia, un libro extraño sobre la existencia de la Agartha, un supuesto reino subterráneo al que sólo se permitiría acceder a algunos humanos cuidadosamente escogidos. Este gran centro iniciático de Asia era gobernado por doce seres iluminados y por "el Rey del mundo" que "dirige toda la vida del planeta de un modo discreto e invisible". Pese a que el extravagante marqués decía haber recibido esta información por medios extrasensoriales, algunos piensan que la idea le fue inspirada por un brahmán hindú asentado en Francia, mientras otros la relacionan con la misteriosa visita que recibió del príncipe afgano Hadji Scharif, a quien él se refirió como un emisario de Agartha.

Sin embargo, antes de ser distribuido, ordenó que destruyeran todos los ejemplares impresos, sin explicar los motivos de tan extraño comportamiento, salvándose sólo una copia. Según explicó Saint-Yves a sus más allegados, ello se debió á la repentina visita de un misterioso oriental, quien le manifestó el enojo de los gobernantes de Agartha debido a que había utilizado mal la información que le facilitaron para reforzar sus concepciones personales de la Sinarquía. Lo cierto es que, a partir de aquel momento, no volvió a hablar del tema y prácticamente se retiró.

Incluso en otras fantasiosas obras contemporáneas que se refieren a este supuesto centro subterráneo de Asia Central, estrechamente ligado a la tradición tibetano-mongola de Shambhala, como las de Alec MacLellan, encontramos parecidas referencias. Así, Eric Norman habla de la legendaria existencia de "ciudades subterránes situadas posiblemente en Afganistán o bajo Hindu-Kush", y Robert Dickhoff asegura que "las tribus interiores de Mongolia creen que Agharti es la creación de una civilización antediluviana, increiblemente antigua y situada en una oquedad de Afganistán, y que está conectada mediante túneles con diferentes partes del mundo".

Cuarenta años después, René Guénon, el gran teórico del esoterismo tradicional que ya se había convertido al Islam, recibió la visita de otro misterioso afgano. Y a raíz de la misma escribió su obra El rey del mundo, en la que hablaba críticamente de la Agartha y del libro de Saint-Yves, desarrollando la idea de que existe un Centro Oculto donde se habría preservado la Tradición primordial de la humanidad. Años antes había publicado duras criticas sobre el espiritismo y la Sociedad Teosófica, aportando informaciones tan precisas como intrigantes sobre el origen de ambos movimientos, sin explicar las fuentes de las que había extraído las mismas, que algunos atribuyen a sus enigmáticos visitantes orientales.

Blavatski, fundadora de la Teosofía, se refería continuamente a unos maestros espirituales, seres sobrehumanos cuya sede situaba en los Himalayas y que aseguraba habían inspirado su sistema; una concepción que según Scott es muy similar a la de los ya citados Kwajagan (palabra que significa maestro), establecidos en el extremo occidental y afgano de los Himalayas.

¿Un Mahatma afgano?

Paul Johnson, en su libro Los maestros revelados (State University of New York Press, 1994) sostiene que estos enigmáticos Mahatmas encubrían a una serie de extraordinarios individuos con quienes Blavatski coincidió a través de sus innumerables viajes, que incluiría a líderes de sociedades secretas occidentales y a personalldades orientales de importante relevancia religiosa, política e histórica en una época donde países como India intentaban definir su identidad nacional bajo la dominación británica, una lucha por la independencia en la que la Sociedad Teosófica jugó un gran papel.

Uno de ellos, conocido como "el Sabio del Este", era Jamal al-Din, llamado AI-Afgani por su estrecha relación con este país pese a haber nacido en una familia persa de Sayyids. Combinó su faceta de maestro espiritual sufí con la fundación de una logia masónica y otras sociedades secretas que promovían la subversión antibritánica en varios paises. Al igual que Gurdjieff, tenía un gran magnetismo y ejerció una extraña influencia sobre sus discípulos, entre los que se contaron los más eminentes intelectuales egipcios, algunos de los cuales prosiguieron su proyecto de crear una gran nación pan-islámica, libre del dominio imperialista. Fue asesor de los jefes de estado afgano, egipcio, iraní y turco, paises de los que sería expulsado cuando sus actividades se vieron como una amenaza política, recuperándose de cada revés "con un dinamismo incrementado y con intensificado carisma profético". Johnson deduce su probable relación con Blavatski a partir de la sorprendente coincidencia de que ambos llegaran simultáneamente a cinco ciudades separadas por enormes distancias geográficas y culturales, como ocurrió en París, dos años antes de que Saint-Yves publicase su desafortunada revelación, pudiendo haber sido inspirada su concepción político-espiritual por la visión utópica de una sociedad ideal estructurada jerárquica-mente que mantuvo AlAfgani. Bajo la apariencia externa de agitadores político-espirituale s de este y de los otros inspiradores de la Teosofía, podemos intuir la presencia de verdaderos agentes secretos de la Hermandad oculta.

El que ésta y otras zonas centroasiáticas como Tibet, donde se refugió la Antigua Sabiduría- estén siendo el escenario de tan diversos horrores me parece un llamativo signo de los tiempos en que vivimos, donde la destrucción de los valores más profundos, o mejor dicho su inversión -tan evidentemente representa-da por la farsa de los talibanes que afortunadamente nunca llegaron a dominar la zona nororiental donde se situarían los monasterios de la Hermandad- como necesario preparativo de un escenario futuro nada halagaeño,

Pero no hay que temer. Según Scott, pese a los más diversos avatares históricos, los guardianes de la Tradición han asegurado la conservación de su sagrado legado utilizando la táctica, ya usada por los Kwajagan ante la invasión de Gengis Khan, de dividirse en tres corrientes: unos emigraban a otras tierras más propicias, otros "colaboraban" con el nuevo régimen y un tercer grupo se ocultaba disfrazando su forma externa como convenía en cada caso. Y esto es lo que podría haber ocurrido en las últimas décadas. De hecho, el psicólogo Claudio Naranjo escribió hace doce años que, a su regreso del aniversario del maestro afgano Rumi, el Sheik Reshad Feild les explicó que "las casas de poder estaban desapareciendo de Afganistán y otros paises del Este y que el centro de Trabajo estaba destinado a trasladarse a América". Todo apunta a que ese Nuevo Mundo será el epicentro de la Nueva Fase en la evolución humana en cuya preparación trabajan los guardianes.

La vida es real cuando yo soy.            Gurdjieff

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QABBALAH

Posted by cosmoxenus en 12 enero 2009

Por RENÉ GUENÓN

Publicado en la Revista "Le Voile d´Isis", mayo de 1933.

El término de qabbalah, en hebreo, no significa otra cosa que "tradición",en el sentido más general; y, aunque las más de las veces designa la tradición esotérica o iniciática cuando se emplea sin más precisión, también ocurre a veces que se aplica a la tradición exotérica misma (1). Así pues, este término, de por sí, es susceptible de designar la tradición; pero como pertenece a la lengua hebrea, es normal que, como ya hemos hecho ver en ocasiones, cuando se utiliza otra lengua se lo reserve precisamente para la tradición hebraica, o si se prefiere otra manera de hablar, quizá más exacta, para la forma especialmente hebrea de la tradición. Si insistimos en ello, es porque hemos comprobado en algunos la tendencia a darle otro sentido a esta palabra, a hacer de ella la denominación de un tipo especial de conocimientos tradicionales, dondequiera que se encuentren además, y eso porque creen descubrir en la propia palabra todo tipo de cosas más o menos extraordinarias que en realidad no hay en ella. No tenemos intención de perder nuestro tiempo señalando interpretaciones imaginarias; más útil es precisar la verdadera significación original de la palabra, lo cual basta para reducirlas a nada, y eso es cuanto nos proponemos aquí.

La raíz Q B L, en hebreo y en árabe (2), significa esencialmente la relación de dos cosas que están colocadas una frente a otra; de ahí provienen todos los diversos sentidos de las palabras que se derivan de ella, como, por ejemplo, los de encuentro y aún de oposición. De esta relación resulta también la idea de un paso de uno a otro de los dos términos en presencia, de donde ideas como las de recibir, acoger y aceptar, expresadas en ambas lenguas por el verbo qabal; y de ahí deriva directamente qabbalah, es decir, propiamente"lo que es recibido" o transmitido (en latín traditum) de uno a otro. Con esta idea de transmisión, vemos aparecer aquí la de sucesión; pero hay que señalar que el sentido primero de la raíz indica una relación que puede ser tanto simultánea como sucesiva, tanto espacial como temporal. Esto explica el

doble sentido de la preposición qabal en hebreo y qabl en árabe, que significa a la vez "ante" (es decir "enfrente", en el espacio) y "antes" (en el tiempo); y el estrecho parentesco de las dos palabras "ante" y "antes",incluso en nuestra lengua, muestra bien que siempre se establece cierta analogía estas dos modalidades diferentes, una en simultaneidad y la otra en sucesión. Esto también permite resolver una aparente contradicción: aunque la idea más frecuente, cuando se trata de una relación temporal, sea aquí la de anterioridad y, por consiguiente, se refiere al pasado, también sucede, sin embargo, que derivados de la misma raíz designan el futuro (en árabemustaqbal, es decir, literalmente aquello ante lo cual se va, de istaqbal, "ir hacia adelante"")pero ¿no se dice también en nuestra lengua que el pasado está antes de nosotros y que el futuro está ante nosotros, lo cual es totalmente comparable? En suma, basta en todos los casos que uno de los términos considerados esté "ante" o "antes" con respecto al otro, ya se trate, por lo demás, de una relación espacial o de una relación temporal.

Todas estas observaciones se pueden confirmar además con el examen de otra raíz, igualmente común al hebreo y al árabe, y que tiene significados muy próximos a aquellos, incluso podría decirse idénticos en gran parte, pues, aunque el punto de partida sea claramente diferente, los sentidos derivados llegan a coincidir. Es la raíz QDM, que en primer lugar expresa la idea de"preceder" (qadam), de donde todo lo que se refiere, no sólo a una anterioridad temporal, sino a cualquier prioridad de orden. Así, para las palabras que provienen de esta raíz, aparte los sentidos de origen y antigüedad (qedem en hebreo, qidm o qidam en árabe), se encuentra el de primacía o precedencia, e incluso el de marcha, avance o progresión (en árabe teqaddum) (3); y, también aquí, la preposición qadam en hebreo yqoddâm en árabe tiene el doble sentido de "ante" y "antes". Pero el sentido principal, aquí, designa aquello que es primero, sea jerárquicamente, sea cronológicamente; también, la idea más frecuentemente expresada es la de origen o de primordialidad y, por extensión, de antigüedad cuando se trata del orden temporal: así, qadmôn en hebreo y qadim en árabe, significan "antiguo" en el uso corriente, pero, cuando se refieren al dominio de los principios, han de traducirse por "primordial" (4).

Aún ha lugar, a propósito de estas mismas palabras, a señalar otras consideraciones que no carecen de interés: en hebreo, los derivados de la raíz QDM sirven también para designar el Oriente, es decir, el lado del "origen"en el sentido de que es aquel donde aparece el sol levante (oriens, de oriri,de dónde viene también origo en latín), el punto de partida del avance diurno del sol; y, al mismo tiempo, también es el punto que se tiene ante sí cuando uno se "orienta" volviéndose hacia el sol por donde sale (5). Así, qedemtambién significa "Oriente", y qadmôn "oriental"; pero no habría que querer ver en estas designaciones la afirmación de una primordialidad del Oriente desde el punto de vista de la historia de la humanidad terrestre, puesto que, como hemos tenido ocasión de decir frecuentemente, el origen primero de la tradición es nórdico, "polar" inclusive, no oriental ni occidental; la explicación que acabamos de indicar nos parece además plenamente suficiente. A este respecto, añadiremos que estas cuestiones de "orientación", de una manera general, tienen una importancia bastante grande en el simbolismo tradicional y en los ritos que se basan en dicho simbolismo; por lo demás, son más complejas de lo que se podría pensar y pueden causar algunos errores, pues, en formas tradicionales diversas, hay varios modos de orientación diferentes. Cuando se orienta uno hacia el sol levante como se acaba de decir, el Sur se designa como el "lado de la derecha” (yamîn o yaman; cf. el sánscrito dakshina que tiene mismo sentido), y el Norte como el "lado de la izquierda” (shemôl en hebreo,shimâl en árabe); pero a veces también ocurre que la orientación se toma volviéndose hacia el sol en el meridiano, y entonces el punto que se tiene ante sí ya no es el Oriente, sino el Sur: así, en árabe, el lado Sur, entre otras denominaciones, tiene también la de qiblah, y el adjetivo qibli significa"meridional". Estos últimos términos nos devuelven a la raíz Q B L; y sabido es que la misma palabra qiblah designa también, en el Islam, la orientación ritual; en todos los casos es la dirección que se tiene ante sí; y lo que además es bastante curioso es que la ortografía de esta palabra qiblah es exactamente idéntica a la del hebreo qabbalah.

Ahora, podemos hacernos esta pregunta: ¿por qué motivo la tradición, en hebreo, se designa con una palabra que proviene de la raíz QBL, y no de la raíz QDM? Se podría estar tentado de decir, a este respecto, que, como la tradición hebrea no constituye sino una forma secundaria y derivada, no podría convenirle una denominación que evoque la idea de origen o de primordialidad; pero esta razón no nos parece esencial pues, directa o indirectamente, toda tradición se vincula a los orígenes y procede de la Tradición primordial, y nosotros mismos hemos visto en otra parte que toda lengua sagrada, incluidos el propio hebreo y el árabe, se considera que representa en cierta forma la lengua primitiva.

La verdadera razón, según parece, es que la idea que ha de ponerse en evidencia sobre todo es la de una transmisión regular e ininterrumpida, idea que, por lo demás, es también la que expresa propiamente la palabra misma de "tradición", así como lo indicábamos al principio. Esta transmisión constituye la "cadena" (shelsheleth en hebreo, silsilah en árabe) que une el presente al pasado y que ha de continuarse del presente hacia el porvenir: es la "cadena de la tradición" (shelsheleth haqabbalah), o la "cadena iniciática" de la que hemos tenido ocasión de hablar recientemente, y es también la determinación de una "dirección" (volvemos a encontrar aquí el sentido del árabe qiblah) que, a través de la sucesión de los tiempos, orienta al ciclo hacia su fin y une éste con su origen, y que, extendiéndose incluso más allá de estos dos puntos extremos a causa de que su fuente principial es intemporal y "no humana", lo enlaza armónicamente con los demás ciclos, concurriendo a formar con ellos una "cadena" más vasta, la que ciertas tradiciones orientales denominan la "cadena de los mundos", donde se integra, de eslabón en eslabón, todo el orden de la manifestación universal.

NOTAS:

(1). Esto causa ciertos equívocos: así, hemos visto a algunos pretender vincular el Talmud a la Kabbala entendida en sentido esotérico; de hecho, el Talmud es la "tradición", pero puramente exotérica, religiosa y legal.

(2). Llamamos la atención sobre el hecho, no tenido suficientemente en cuenta, de que estas dos lenguas, la mayoría de cuyas raíces es común, a menudo pueden aclararse la una por la otra.

(3). De ahí la palabra qadam, que significa "pie", es decir, lo que sirve para la marcha.

(4). El insânul- qadîm, es decir, el "Hombre primordial", es, en árabe, una de las denominaciones del "Hombre universal" (sinónimo de El-insânul-kamîl, que es literalmente el "Hombre perfecto" o total"; es exactamente el Adam Qadmôn hebreo.

(5). Es curioso observar que Cristo es llamado, a veces, Oriens; esta denominación puede relacionarse sin duda con el simbolismo del sol levante; pero, a causa del doble sentido que aquí indicamos, es posible que haya que relacionarlo también, o incluso sobre todo, con el hebreo Elohi Qedem, o expresión que designa al verbo como "Anciano de los Días", es decir, que es antes de los días, o el Principio de los ciclos de manifestación, considerados simbólicamente como "días" por diversas tradiciones (los "días de Brahmâ" en la tradición hindú, los "días de la creación" en el Génesis hebreo.

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MENTE Y CORAZÓN

Posted by cosmoxenus en 6 octubre 2008

Narciso Lué (Extraído de Revista Hermética No. 42)

El estado humano se yergue sobre tres condicionantes: el origen de su vida, la continuidad de esa vida, y la extinción de ella. Todo está vinculado a la vida que reúne los tres condicionamientos primordiales. Otras opiniones afirman que los condicionamientos del estado humano son la vida y la mente, aunque en un sentido extensivo se puede considerar que tales cualidades son también atribuibles a las especies animales, en el bien entendido que por mente se debe implicar no sólo la inteligencia sino también la razón y hasta los componentes más elementales que permiten a los animales distinguir conductas y seleccionar distintos comportamientos en función de las reacciones del medio.

Pese a lo dicho, y entendiendo por mente todas las manifestaciones de la psique desde las más ponderadas como el movimiento lógico de la razón hasta la más simple reacción por acción de los animales, hemos elegido el estudio de la mente por lo que importa en sí misma y para reflexionar sobre ella en comparación con la inteligencia referida de modo especial a la conciencia. Es una exigencia comprensible el delimitar con precisión lo que se podría designar como “función mental” en sentido muy general con residencia en el cerebro, distinguiéndola de la “función intelectiva” que reside en el corazón. Es una dicotomía que en lo que se suele llamar sophia perennis es algo bastante conocido y admitido su contenido, pero que es una expresión que suele ser atribuida a la línea de pensamiento aristotélico-tomista por los teólogos católicos como expresión exclusiva de la teología cristiana. Como quiera que esta sabiduría es bastante más antigua que la teología cristiana en sus diversas vertientes incluyendo la católica, como es natural, la usaremos sabiendo lo que decimos y solicitando que en el mejor de los casos se admita a la sabiduría perenne como expresión de titularidad humana, sin distinciones ni exclusivismos para nadie.

En el Capítulo LXX de su obra Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, René Guénon se complace en trascribir algunos párrafos de un artículo que en el año 1926 publicó la señora Th. Darel en la Revista Vers l´Unité donde esta autora evidencia una notable cercanía de su pensamiento con el de Guénon o, para ser más precisos, con la Tradición Primordial muy desatendida en Occidente. Obviamente, no reproduciremos los párrafos seleccionados, pero no podemos dejar de comentar algunas frases dignas de elogio. La señora Darel considera que el cerebro es propio del reino animal íntegro, mientras que “el corazón, por un aspir y un expir secreto, permite al hombre, permaneciendo unido a su Dios, ser pensamiento vivo”. A estas reflexiones añade Guénon un comentario: “El lector avezado habrá descubierto aquí la idea del corazón como centro del ser”, añadiendo que es dable “considerar corazón y cerebro como dos polos en el ser humano”. Concluiremos con algunas de las mejores frases del artículo de la señora Darel, como cuando expresa: “En el hombre, la fuerza centrífuga tiene por órgano el cerebro, la fuerza centrípeta, el corazón. “El corazón es, en nuestra opinión, la sede y el conservador de la vida cósmica”.

Este traslado desde el cerebro al corazón del aspecto más destacado y noble de la condición humana puede resultar sorprendente para muchos y decepcionante para muchos más porque, entre otras cosas, es menester revisar ciertas verdades nacidas del sentimentalismo romántico que realiza verdaderos esfuerzos intelectuales para sostener que los sentimientos se acunan en el corazón y de entre ellos, el amor, como el más importante para las relaciones humanas y los signos de solidaridad. Nadie ha podido demostrar con auxilio de las ciencias particulares que sea el corazón la residencia de tales sentimientos y en general de todos los que el ser humano sea capaz de experimentar. Tampoco ha sido demostrado por trabajos intelectuales que al menos den paso a la posibilidad de una discusión abierta a ese respecto. Sin embargo, en el día de los enamorados se sigue echando mano a los corazones atravesados por las fechas de Cupido. Son los mitos indestructibles que pese a su falsedad se resisten a ser derrumbados por la sensatez, ya que en tal caso es ocioso pensar en una evidencia racional.

Del mismo modo que el corazón se agita frente a ciertos episodios de la vida, también el cerebro se ofusca y termina con los consabidos “dolores de cabeza” ante situaciones comprometidas de la vida cotidiana y ni en un caso ni en el otro, tales reacciones puramente fisiológicas deben servir para definir de modo irrebatible lo que reside en el corazón y lo que en el cerebro. Un arrebato es capaz de producir un infarto, y no por ello afirmaríamos que tales sensaciones se producen en el corazón si la causa del arrebato fuera la ruptura de una relación amorosa, por ejemplo o salvar un peligro de muerte. A veces, el arrebato produce una embolia cerebral lo que permitiría afirmar que tales efectos no son propios del corazón sino del cerebro. Como se advierte, ni en un caso ni en el otro se puede dar una regla inflexible porque no es hasta hoy demostrable que los sentimientos, incluyendo el amor, tienen su residencia en el corazón. Cuando decimos “indemostrable” nos referimos a los métodos de las ciencias físicas y no a la metafísica.

La mente del hombre en su complejidad es capaz de discurrir, discernir y realizar operaciones lógicas de la razón mediante los mecanismos secretos de la Creación que de esta manera ha colocado en el hombre la cualidad de conocer mediante el movimiento discursivo que no alcanza a los animales como género. La diferencia específica del hombre, que lo separa de su género próximo integrado por todos los animales, es como la definía Aristóteles, la inteligencia, facultad exclusivamente humana que permite conocer mediante la creación de conceptos que resultan de un proceso mental que consiste en abstraer de los entes sus características esenciales para formular una imagen básica, genérica y comprensiva de todos los entes de la misma especie; es así como “árbol” representa la imagen de raíz, tronco, ramas, hojas, flor y frutos, que son caracteres que están presentes en todos o casi todos los ejemplares individuales de esta especie de seres del llamado reino animal.

Sin embargo, con estos resultados de la razón, el hombre sólo conoce la realidad que lo rodea, la de su mundo que, según hemos venido recalcando desde las primeras líneas hasta ahora, se trata de una realidad relativa mas, aunque se negara la existencia de la metafísica advaita o admitiéndola se negara su validez, seguiríamos preconizando la misma idea: con la razón no se llega al descubrimiento de los universales; Dios, por ejemplo, lo Absoluto, lo Eterno, lo Infinito… Para ello es preciso algo más que razón y lógica. Se precisa un movimiento espiritual e íntimo que abra las puertas del ser y dirija desde el corazón sus funciones exclusivas, intelectuales de carácter intuitivo o las vivenciales que permitan a ese ser remontar el vuelo hacia los estados superiores donde su individualidad, apartada del mundo contingente, inquieto y diferenciado, se confunda con la placidez de la indiferenciación donde las formas se borran para encender la luz de la Totalidad, que es, quiérase o no, el destino del hombre tras su estado póstumo.

Se equivoca quien supone que la unión con el Absoluto consiste en una reunión multitudinaria de almas perfectamente diferenciadas por los caracteres de sus individualidades, porque tal unión es una experiencia entre el ser individual y Dios, donde nada más hay y nada queda fuera. Una soledad apetecida como espacio inmenso destinado al “descanso” que demanda una pasada existencia aprisionada por las urgencias vitales. Algo similar “al merecido descanso” que nos proporciona el sueño profundo, durante el que desaparecen todas las cosas, pasiones, placeres y sufrimientos y que nos es requerido como una necesidad imperiosa. El ser humano muere antes por la falta de sueño que por la de alimentos. El ayuno de alimentos puede mantenernos vivos mucho más tiempo que el ayuno de sueño.

Los cristianos resolvieron el problema con sencillez y acierto. Si tomamos en cuenta el icono oficial del Sagrado Corazón de Jesús, se advierte que las gotas (generalmente tres) que salpican desde su corazón son tres yod o iod, que es la décima letra del alephbeto hebreo que, por lo demás, es una letra sagrada pues por partida doble (arriba y abajo) rodea a la letra vav o wav, la sexta del alephbeto, y las tres dibujan la primera letra aleph, que es la más sagrada y cuyo valor es 26: diez cada iod, y seis la vav. En el icono del Sagrado Corazón está representado con cierto disimulo la percepción sagrada de la tradición hebrea lo que, por otra parte, nada tiene de extraño si consideramos que Jesús nació judío y a los ocho días de nacer, como mandan los cánones de esa religión, fue circuncidado (Lucas, II, 21 y ss.) . Ese corazón es también una analogía y por lo tanto una representación inversa de la cueva o gruta donde se llevan a cabo las oblaciones y demás celebraciones sagradas, sin excluir las iniciáticas. Y como señales inequívocas del significado hermético del Corazón de Jesús, suele ser figurado como un sol con rayos llameantes (curvilíneos) y rayos lumínicos (rectilíneos). Ese sol que irradia luz y calor es la fiel representación de la sabiduría (luz) y de la vida (calor).

La luz del Sagrado Corazón, siguiendo las enseñanzas de la simbología básica de la tradición es la sabiduría y de entre todas ellas, la Sabiduría Primordial, cuya fuente es la divinidad y de la que proceden todas las que el hombre supone por él creadas. Es la sabiduría que alimenta los criterios básicos de todas las religiones y culturas de todas las épocas, de manera que no es factible que nos extraviemos si nos alienta el propósito de buscar la verdad. El calor proviene de la energía vital, que es otro elemento de la Creación, pero la sabiduría proviene de la luz, elemento distinto pero que ambos se reúnen formando una unidad hermética en el Corazón de Jesús. Se puede concluir, pues, que es en el corazón de Jesús donde reside la sabiduría porque es allí donde los rayos lumínicos del sol están dibujados rectos; y también es allí donde está albergada la energía vital que proporciona el calor del sol con rayos curvilíneos que quieren asemejarse a los de una llama. Hay pues, una comunión entre la sabiduría divina que escapa de los márgenes de lo propiamente humano penetrando en el ámbito de la no-dualidad, y el calor vital que se enraíza en el ámbito de la realidad relativa dualista. Del cerebro, ni una palabra; ni siquiera una alusión.

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Hemos dicho, y no una vez, que “mente” tiene que ser entendida como símbolo y no como un sitio (el cerebro), donde tienen cabida ciertas experiencias racionales. Por ello, la mente como símbolo representa la cualidad más exclusiva del ser humano, porque lo distingue como especie de las demás del género animal. Caben, pues, en la mente como símbolo, la psique, la lógica, la razón, el pensamiento, la conciencia, la intuición, la inteligencia, las vivencias y hasta si se quiere, el espíritu y el alma cuando tienen necesidad de evidenciarse de alguna manera. Hecha esta advertencia para evitar confusiones, examinaremos algunas referencias que de modo expreso se hacen en las Upanishad de la doctrina hindú, especialmente en su cosmogonía, por ser una de las más desarrolladas y arcaicas.

En la cosmogonía hindú solemos encontrar muchas referencias a la mente y no todas con el mismo sentido. Si leemos: “La Muerte tuvo un deseo: Que un segundo cuerpo nazca de mí. De este modo formó el Habla en su mente, convirtiéndose la semilla en el año. Antes de aquel tiempo no existían los años. El Habla tardó en formarse un año. Cuando aquélla nació, la Muerte abrió la boca para tragársela. Entonces aquélla gritó: “ ¡ Bhan! “ y así se formó el Habla” (Brihadāranyaka Upanishad, I, 2, 4). Es el nacimiento de la mente en el ser ya que en el primer deseo lo que se forma es el agua (ka), pero como apareció cuando estaba en adoración (arkate), al agua se la llama arkate. En el segundo deseo de la Muerte es cuando nace la mente y se aloja en el cuerpo del ser. La Muerte en este contexto, ya lo explicamos antes, significa el No-Ser, la no-manifestación de la que van surgiendo los seres múltiples de la manifestación. Las verdades más excelsas son la de los Vedas (que tiene la misma raíz que la palabra latina verdad), y así lo confirma la escritura: “Estos son los tres Vedas: Rig-veda es la palabra, Yagur-veda la mente y Sama-veda el aliento. Estos son los Devas, los antepasados y los hombres: los Devas son la palabra, los antepasados, la mente y los hombres son el aliento.

Según hemos visto en otros estudios anteriores, el destino del ser individual tras el estado póstumo depende de la conducta que haya llevado en vida, y tal comportamiento a la hora de morir quedará reflejado en la ruta que le corresponderá: la de los Devas con rumbo norte, la ruta de los antepasados con rumbo sur, y la de los hombres cuyo destino es el infierno. Las dos primeras rutas permiten regresar a la tierra para terminar de resolver las acciones que quedaron inconclusas. En cuanto al camino de los hombres, también tiene una ruta de regreso a la tierra, pero con naturalezas de rango menor. De este texto upanishádico se colige que la mente ocupa un lugar destacado, pero no el privilegiado que se reserva para los que contemplan el Absoluto, sino el de los seres caritativos, sacrificados y religiosos, en quienes no actúa la Conciencia sino la mente racional y especulativa.

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Había dos clases de descendientes de Pragapati, los Devas y los Asuras. Los Devas eran los más jóvenes y los Asuras, los mayores. En esa lucha la victoria se decantó de parte de los devas debido a la intervención de la diosa Durgā quien inmediatamente comenzó a liberar a todas las deidades que el Dios de los Asuras había secuestrado privándolas de libertad. “Cuando liberó a la mente, ésta se convirtió en la luna. La luna, después de traspasar los límites de la muerte, brilla en todo su esplendor. A quien conoce esto, esta deidad le conduce más allá de los confines de la muerte” (Brihadāranyaka Upanishad, I, 3, 16). De estos pasajes de las escrituras debemos sacar algunas conclusiones. En primer lugar, que la mente fue incapaz de sustraerse al secuestro malvado de los Asuras, y corrió la misma suerte que el oído, el habla, el ojo y demás deidades. Fue cuando la Muerte trató de tragarse el aliento vital y fracasó siendo vencida por la diosa Durgā. El aliento vital que recorre toda la extensión del ser fue la fuerza que puso freno a los caprichos del Dios de los Asuras facilitando a Durgā su victoria. Esto demuestra la fragilidad de la mente frente a las vicisitudes de la existencia y en especial del conocimiento que, al tener carácter relativo, está sujeto a error, no necesariamente pero sí aleatoriamente.

Otro comentario que sugieren los pasajes antes trascritos es que cuando la mente fue liberada por Durgā, se convirtió en la luna a la que, según referencias simbólicas hechas con anterioridad, se la considera rectora del conocimiento indirecto o reflejo, como que necesita la luz del sol para cobrar vida. La luz de la mente es la luz lunar, que precisa de una fuente lumínica externa para llegar a ser. Este conocimiento reflejo viene a representar el conocimiento dualista, impreciso y propio de la realidad relativa que conoce mediante el método discursivo, muy antiguo pero perfeccionado por el pensamiento de la Grecia clásica y que perdura hasta hoy en Occidente.

Por si lo dicho hasta aquí no fuera suficiente, recordaremos un texto que es explícito hasta donde se pueda pedir: “Como las aguas encuentran su centro en el mar, igual que el tacto se encuentra en la piel, todos los gustos en la lengua, todos los olores en la nariz, todos los colores en el ojo, todos los sonidos en el oído, todos los preceptos en la mente, todo el conocimiento en el corazón, todas las acciones en las manos, todos los movimientos en los pies, así todos los Vedas se encuentran en el habla” (Brihadāranyaka Upanishad, II, 4, 9). Todos los preceptos se encuentran en la mente y todo el conocimiento en el corazón, es ahora lo que nos interesa entender.

La mente discurre con la razón y almacena en la memoria que consiste en un reflejo del pasado, pero siempre como conocimiento de algo; el corazón conoce con la inteligencia y se escapa a los estados superiores del ser con una captación directa del objeto. En el mismo Upanishad en el Tercer Adhyāya, Noveno Brahamana, se lee repetidamente, como un himno: “Solamente quien conoce a esa persona cuya morada es la semilla, cuya visión es el corazón, cuya mente es la luz, el principio de todo ser, en verdad es su maestro”, porque el corazón no conoce con criterio dualista como la mente, sino que conoce como una visión, directamente en un acto en el que actúa la vivencia interior.

Se dice en este texto que la mente es la luz porque, en efecto, la luz es simbólicamente el conocimiento, pero la visión es el corazón. Esta visión no debe ser entendida como la visión del órgano sensible, pues tal interpretación carecería de sentido. Se trata de la visión directa de la Conciencia que permite un ejercicio gnóstico de la inteligencia, sea con característica intuitiva, sea vivencial. La luz de la mente, por su parte, tampoco significa aquí, únicamente el conocimiento racional que es el que corresponde a sus atributos, sino que en una significación de grado mayor se quiere referir a la mente como condición del ser individual, diferenciador de otros condicionamientos de especies similares a las del estado humano que comparten los de la vida, por ejemplo, pero que adolecen de mente específicamente humana; tales otros seres podrán razonar siquiera mínimamente, pero jamás podrán inteligir ni lo más mínimo.

Cuando Sakalya preguntaba acerca de las deidades en Brihadāranyaka Upanishad, III, 9, 25: “¿Cuál es la deidad de Occidente? Yagñavalkya respondió: Varuna. “¿Dónde mora Varuna? En el agua. ¿Y dónde mora el agua? En la semilla. Sakalya entonces preguntó: ¿Y dónde mora la semilla? Yagñavalkya contestó: En el corazón. Por consiguiente dicen que un hijo es como su padre, que parece haber salido de su propio corazón, o hecho de su propio corazón, pues la semilla mora en el corazón”. Además de la posibilidad del conocimiento directo por vivencia o intuición intelectual, al corazón se lo considera el centro del ser por su importancia y funciones, a tal punto que la escritura le otorga la condición de residencia de la semilla del ser, donde se produce la palingénesis y da lugar a la vigencia del aforismo chino: “Revivirás en tus miles de descendientes”.

La captación intuitiva de la Realidad Absoluta en la metafísica advaita conduce a un aserto indestructible porque constituye una unidad con el acto de captar: se refiere a la cualidad de esa captación, que no es otra que la verdad absoluta, a diferencia de la verdad relativa de la metafísica dualista. Dice la escritura: “¿Y dónde mora la Verdad? Yagñavalkya replicó: En el corazón, pues sólo desde el corazón decimos lo que es verdad; ciertamente es allí donde mora la Verdad” (Brihadāranyaka Upanishad, II, 9, 26).

El corazón es el centro del cuerpo y la sede de la inteligencia. En la mente, entendida como residente en el cerebro, se generan los conocimientos racionales que son almacenados por la memoria, y donde la lógica permite conocer con método discursivo la realidad mundanal, donde habita el ser humano y desde donde puede, según el hinduismo, elevarse a los estados superiores hasta percibir en una unidad su propio ser y el Ser Supremo. Esa comunión o fusión, o unión del ser con el Ser es una concepción metafísica que recorre las aguas fluyentes de las civilizaciones y creencias religiosas, sin excepción, aunque a veces se la disimule. El cristianismo no habría de ser una excepción y por ello no dejan de sorprender las palabras de Pablo en su Epístola a los Corintios (I), cuando afirma con claridad: “Quienquiera que esté unido al Señor, es con Él un mismo Espíritu” (VI, 17). Los primeros atisbos de una metafísica cristiana han sido demolidos sin piedad por el Concilio de Trento, impidiendo que esta doctrina sagrada construya su edificio de sabiduría perenne y se constituya por derecho propio en el dogma sagrado de Occidente. Sin profundización ni creatividad, los dogmas de otras religiones afilan sus dientes.

Con estas breves referencias a doctrinas que merecen todo el respeto generado por sus argumentos y la fuerza de su tradición varias veces milenaria, creemos haber dejado claro que es el corazón donde radica la inteligencia, y la mente donde radican los sentimientos y la facultad de llevar a cabo el proceso discursivo del conocimiento. Hemos pasado por alto citar estudios de sufismo en los que en el mismo sentido que apuntamos, el Islam le otorga al corazón el privilegio de ser el centro noble del ser humano, tal como lo afirman otras doctrinas sagradas de Oriente. Y no se diga que en Occidente la verdad es “otra”, porque para ser verdad tiene necesariamente que ser única y valedera para todos o no será verdad.

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EL SENTIDO CUALITATIVO DE LOS NUMEROS *

Posted by cosmoxenus en 2 julio 2008

Si hemos distinguido en el simbolismo general entre los aspectos esotérico y exotérico de toda manifestación (lo interno y lo externo del símbolo) en el caso del simbolismo numérico esta distinción se muestra de un modo claro en el doble aspecto cualitativo y cuantitativo de los números.

Uno de los rasgos característicos del hombre moderno, es su marcada tendencia a verlo todo desde un punto de vista cuantitativo, olvidándose cada vez más de lo cualitativo. Esta tendencia ha llegado al extremo de que hoy se valora a las personas por lo que tienen (en cantidad) y no por lo que son (en cualidad). El hombre, por esta razón, se aleja cada vez más de lo esencial, para dar toda la importancia a lo que siempre fue considerado por los sabios antiguos como secundario y contingente.

Esta tendencia se observa claramente en el modo como se enseñan los números en las escuelas, colegios y universidades de nuestro tiempo y cómo los utiliza en particular la ciencia moderna. En efecto, se ven únicamente como instrumentos para contar y medir y, desde este punto de vista puramente cuantitativo, se suman, restan, multiplican y dividen, llegando hasta las más complicadas operaciones sin vislumbrar de manera alguna el origen sagrado y divino, esencial y cualitativo que los números poseen en su más importante aspecto. Se los utiliza también para identificar objetos y toda clase de documentos, y para identificar personas, hasta el extremo de que, hoy día, ya todos los hombres tenemos la obligación de portar un documento llamado de ‘identidad’, caracterizado fundamentalmente por un número que se pierde en lo indefinido de la multiplicidad.

Esta manera de ver las cosas, tan propia y exclusiva del hombre occidental moderno (corriente que está arrastrando a la humanidad entera), tiende de manera casi imperceptible, pero cada vez más intensa, a llevar al hombre hacia la uniformidad, la disolución y la desarmonía, alejándolo de la unidad, la unión y la armonía. Es lo que de manera clara se describe como el "reino de la cantidad"1 y el olvido de la calidad.

Las tradiciones antiguas, que son las fuentes de las que la Masonería bebe los conocimientos, veían los números como los principios esenciales de las cosas. Consideraban que el número no era humano, sino que había sido revelado al hombre por la divinidad, para que sirviera como medio de conocimiento de las más altas verdades y como vehículo de síntesis y unión entre el Cielo y la Tierra y entre los distintos órdenes de la existencia.

Los pitagóricos, por ejemplo, establecieron las relaciones precisas entre la matemática, la geometría, la música y la astrología (todas ciencias numéricas) demostrando de esta manera la armonía del universo y la analogía del macrocosmos y el microcosmos, sin dejar de reconocer que también la desarmonía de algunas de las partes está incluida en la armonía general del todo.

Las figuras geométricas, que se realizan con la regla, la escuadra y el compás, representan la manifestación de los números en el plano bidimensional. A cada figura geométrica corresponde un número determinado y su adecuada comprensión nos puede llevar a interpretar y desentrañar los planos del Gran Arquitecto del Universo. Si llevamos esta geometría al espacio tridimensional, pasamos del plano a la construcción y observamos cómo los pueblos antiguos construían ciudades y templos a imagen y semejanza del modelo del universo, así como el templo de Salomón y la ciudad de Jerusalén (y podríamos mencionar las otras tradiciones) fueron construidos tomando como modelo a la Jerusalén Celeste. Nuestra Orden hereda de las órdenes de constructores este conocimiento, enseñándonos así cómo debemos construir nuestros templos y, fundamentalmente, cómo podemos aplicarlo para la construcción del templo interno, cuya coronación constituye la meta de nuestra carrera masónica.

También mencionábamos la relación del número con la música. Las notas musicales no son otra cosa que números actuando en el mundo del sonido. Esto pone al número en estrecha relación con las ideas de armonía y ritmo, y particularmente nos muestra la armonía de la ley natural.

Y la astrología, ciencia también numérica, que bien entendida pone al hombre en la tierra en estrecho contacto con el cielo, utiliza la escuadra y el compás en la realización de sus cálculos.

Por otra parte, la Cábala nos enseña de la relación de los números con las letras y las palabras y también a comprender la esencia de los nombres a través del número.

Y podríamos mencionar que también los metales y los colores y, en realidad, todo lo que se manifiesta es numérico; pues, como dice el evangelio cristiano, "hasta el último de tus cabellos está contado".

Trataremos en los próximos trabajos de analizar cada uno de los números, estableciendo con ellos las múltiples relaciones entre las distintas tradiciones y entre los distintos estados del ser. Quizá podamos demostrar así, cómo la numerología es un verdadero lenguaje; y, tal y como lo ha encarado la Masonería, podremos ver cómo este lenguaje puede ser considerado, verdaderamente, un idioma universal.

* Publicado en Símbolo, Rito, Iniciación. Siete Maestros Masones. Ediciones Obelisco, Barcelona 1992. (Reseña).

1 René Guénon. El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos .

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