El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Principios’ Category

Ordo ab Chao

Posted by cosmoxenus en 10 octubre 2009

Por Ricardo E. Polo : .

Director propietario de la revista Hiram Abif

Publicado en http://www.hiramabif.org/qui_som.html

Entendemos que "el ser masónico" es una vivencia que transpone los umbrales del prejuicio y penetra en el pensamiento que sostiene que debemos luchar por un mundo mejor ante un actual imperfecto. Tal es la síntesis de una convicción que materializó José Ingenieros, ilustre masón que iluminó el pensamiento ético y moral de varias generaciones.

Desde tiempos remotos pero identificables, la Masonería se institucionalizó a través de hombres probos que procuraron mancomunadamente coadyuvar al Progreso de la Humanidad.

Su accionar siempre ha sido contrario a los despotismos y dictaduras. Su permanente prédica ha sido por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, que no son divisas meramente enunciativas, sino accionar permanente contra todo tipo de avasallamiento a la condición humana.

Tal vez a causa del devenir de los tiempos, que han avanzado aceleradamente en lo tecnológico y estancado o retrocedido en lo ético y en lo moral, ciertos conceptos originarios de la Masonería Operativa han sido desvirtuados, confundidos y hasta eliminados.

El "Ordo ab Chao"(1)* que los masones (del R:. E:. A:. y A:.) ostentan como divisa en el más alto escalón de sus estudios (grados), es uno de ellos y no poco importante y trascendente.

La Masonería, institucionalmente, padece idéntica problemática que las demás Instituciones ocupadas y preocupadas por el Progreso de la Humanidad. Porque abrevando en su Historia, puede aceptar que ellas son victimizadas por la mediocridad, la pérdida de las nociones de virtud y valores y una tendencia que el mercantilismo ha propagado, creando el homo consumista, el hedonismo, la fatuidad y el descreimiento.

Claro está que las Instituciones no son sino el receptáculo del quehacer de los hombres que las integran. Y si estos no abrevan en la doctrina, la historia y el desarrollo de aquellas, estas decaerán, se estancarán y finalmente desaparecerán debido al estancamiento en el que caen.

Esta es la sintomatología de una civilización en decadencia, que se exalta en el desarrollo de su tecnología, pero no avanza en su aspecto ético y moral.

La Masonería constituye un baluarte racional y científico, amante de la filosofía como ciencia, estudiosa de los valores y virtudes que el librepensamiento permite elucidar, salvaguarda de los Derechos del Hombre, impulsora de la Justicia como paradigma de la convivencia, enemiga de la ignorancia, de los fanatismos y las incomprensiones existentes en la Humanidad. Y especialmente, impulsora de la Tolerancia y la fraternidad para alcanzar, como hemos dicho, un mundo mejor.

El que recurra a los trabajos aquí consignados, entenderá de qué cosa hablamos. Y por eso, esperamos lograr iluminar un poco más a quienes tienen estas inquietudes. De allí la sección "Artículos", en la que se consignan múltiples trabajos de QQ:.HH:. diseminados por el mundo, cuyo aporte consignamos a fin de que su pensamiento pueda difundirse y contribuir a la necesaria Unidad de la Masonería, que buscamos con ahínco y convencidos de su necesidad.

(1) Ordo ab Chao significa "Orden sobre el caos". Y prefigura un accionar civilizador de la Masonería, en todo tiempo en el que el "oscurantismo" impera sobre la convivencia humana.

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Los Landmarks: "Leyes inmutables" de la Masonería

Posted by cosmoxenus en 30 mayo 2009

Los Landmarks difundidos por Albert Gallatin Mackey, 1858, y que fueron aceptadas y adoptadas por la G:. L:. P:. en el año 1882.

Hasta mediados del siglo XIX, concretamente en 1858, no fueron enumerados y codificados, lo hizo por primera vez el filósofo, escritor e investigador masónico norteamericano (nacido en Charleston, Estado de Carolina del Sur), I:. P:.  H:. Albert Gallatin Mackey, 33º, siendo publicados en la revista trimestral norteamericana de la Francmasonería en octubre de aquel mismo año (volumen II, página 230), e incorporados a su libro de texto de jurisprudencia masónica tal y como, son traducidos al castellano o español,  reproducidos seguidamente:

I. Los modos de reconocimiento.

Son, de todos los Landmarks, los más legítimos e incuestionables. No admiten variación. Y si alguna vez han sufrido alguna alteración o adición, la maldad de tal violación de la ley antigua, se ha manifestado posteriormente por sí misma.

II. La división de la Masonería Simbólica en tres grados.

Es un Landmark que ha sido conservado mejor que cualquier otro; aunque también en este caso el espíritu malévolo de la innovación ha dejado sus huellas. Y por medio de la dilaceración de sus partes concluyentes del tercer grado, ha originado la falta de uniformidad con respecto a la enseñanza final del grado de Maestro. Y el Arco Real de Inglaterra, Escocia, Irlanda y América, así como los altos grados de Francia y Alemania, están formados para diferir en el modo en que conducen al neófito a la consumación suprema de toda la Masonería Simbólica. En 1813, la Gran Logia de Inglaterra vindicó el Landmark, decretando solemnemente que la Masonería del gremio antiguo constaba de tres grados: aprendiz iniciado, compañero del gremio y maestro masón, incluyendo el Arco Real Sagrado. Pero esta dilaceración jamás ha sido cicatrizada, y el Landmark, aunque reconocido en su integridad por todos, aun continúa siendo violado.

III. La leyenda del tercer grado.

Es un Landmark importante, cuya integridad ha sido bien preservada. No existe Rito de la Masonería, practicado en cualquier país o idioma, en el que los elementos esenciales de esta leyenda no se enseñen. Las lecturas pueden varia y, en efecto, su cambio se verifica constantemente. Pero la leyenda, substancialmente, ha permanecido siempre la misma. Siendo necesario que así sea, pues la leyenda del Arquitecto del Templo constituye el punto esencial e identidad de la Masonería. Cualquier Rito del que fuese excluido o alterado materialmente, cesaría desde ese momento, por la exclusión o alteración, de ser un Rito masónico.

IV. El Gobierno de la Fraternidad por medio de un presidente llamado Gran Maestro.

El cual es elegido del cuerpo del gremio, es el cuarto Landmark de la Orden. Muchas personas suponen que la elección del Gran Maestro se efectúa como consecuencia de una ley o reglamentación de la Gran Logia. Pero ese no es el caso, en absoluto. El cargo debe su existencia al Landmark de la Orden. Los Grandes Maestros o las personas que desempeñan las funciones bajo diferente pero equivalente título, se encuentran en los registros de la institución desde mucho antes de que las grandes logias fueran establecidas. Y si el sistema actual de gobierno legislativo de las grandes logias fuese abolido, aun seguiría siendo necesario el Gran Maestro.

V. La prerrogativa del Gran Maestro de presidir todas las asambleas del gremio, en cualquier lugar y en cualquier tiempo.

Es la quinta señal, en consecuencia de esta ley derivada de la costumbre antigua y no de ningún mandato especial, por lo que el Gran Maestro asume el Poder o, como se llama en Inglaterra, "el Trono", en todas las reuniones de la Gran Logia. Y de ella le viene el derecho también a presidir todas las logias subordinadas en las que esté presente.

VI. La prerrogativa del Gran Maestro de conceder dispensa para conferir grados fuera de la época reglamentaria.

Este es otro y muy importante Landmark. Conforme a las normas establecidas por la ley de la Masonería se requiere un mes u otro período determinado, entre la presentación de la petición de aumento de grado y la elevación del candidato. Igualmente ha de pasar un tiempo mínimo para pasar de un grado al superior. Pero el Gran Maestro tiene poder para dispensar del cumplimiento de esos períodos y permitir que el candidato sea iniciado a un grado superior. Esta prerrogativa la poseía el Gran Maestro desde antes de la existencia de la ley que marca los períodos de cadencia, y como ninguna norma puede degradar sus prerrogativas, aún conserva el poder.

VII. La prerrogativa del Gran Maestro de dar dispensas para la organización de las logias.

Puede conceder, en virtud de esto, a un número suficiente de masones, el privilegio de reunirse en asamblea y conferir grados. Las logias de este modo establecidas, se llaman "logias de o en dispensación".

VIII. La prerrogativa del Gran Maestro de hcer masones a la vista.

Es un Landmark que está íntimamente relacionado con el anterior. Existe un mal entendimiento en relación con este Landmark que ha llevado, a veces, a negar el mantenimiento de esta prerrogativa en la jurisdicción donde tiene su sede el Gran Maestro. Pero debe de quedar claro el derecho a ejercer dicha prerrogativa sin la oposición u observación menor.

IX. La necesidad de los masones de congregarse en las logias.

No debe entenderse con esto que la señal antigua ha sido formada como consecuencia de la organización permanente de logias subordinadas, rasgo característico de la organización masónica en nuestros días. Las señales de la Orden prescriben desde siempre que el masón debe periódicamente congregarse con el propósito de realizar el trabajo activo o especulativo, y que estas congregaciones se llaman logias. Antiguamente, estas juntas eran extemporáneas y se reunían para fines específicos, disolviéndose una vez cumplido el objetivo; separándose por lo tanto los hermanos y reuniéndose en otras ocasiones u en otros lugares, de acuerdo con la necesidad o circunstancias. Los poderes de constitución, estatutos, oficiales permanentes, y reuniones anuales son innovaciones modernas fuera del todo de las señales, y dependientes totalmente de los actos especiales de un período comparativamente reciente.

X. El gobierno  las Logias, por un Venerable Maestro y dos Vigilantes.

La congregación de masones reunidos bajo cualquier otro gobierno, por ejemplo, como el de presidente y vicepresidente, o regidor y sub-regidor, no sería reconocida como Logia. La presencia del Maestro y de los dos Vigilantes es tan esencial para la válida organización de la Logia como el Poder de la constitución en nuestros tiempos. Los nombres, por supuesto, varían en los diferentes idiomas. Pero los oficiales, su número, prerrogativas y deberes son en todas partes idénticos.

XI. La necesidad de que toda logia, cuando reunida, éste a cubierto.

Es una señal importante de la Institución que jamás se olvida. La necesidad de esta ley tiene su origen en el carácter esotérico de la Masonería. Por lo tanto, el deber de guardar la puerta y vigilar a los cobardes y escuchas es antiguo y, por lo mismo, constituye una señal.

XII. El derecho de todo masón y de toda logia de ser representado en la Gran Logia.

Anteriormente, estas juntas, que por lo general se reunían una vez al año, se llamaban asambleas generales y a toda la fraternidad, aun al aprendiz iniciado más joven, se le permitía estar presente. Ahora se llaman "Grandes Logias" y únicamente los Maestros y Vigilantes de las logias subordinadas son admitidos. Pero esto es simplemente como representante de sus miembros. Originalmente, cada masón se representaba por sí mismo. En la actualidad es representado por sus oficiales.

XIII. El derecho de todo masón de apelar a la decisión de sus hermanos de logia, a la Gran Logia o Asamblea General de masones.

Es una señal sumamente esencial para la preservación de la justicia, y para evitar la opresión. Algunas Grandes Logias modernas, al adoptar el reglamento de que la decisión de las logias subordinadas, en caso de expulsión no puede diferirse por medio de apelación, viola incuestionablemente la señal, así como los principios del gobierno justo.

XIV. El derecho de todo masón de visitar y sentarse en todas las logias regulares.

Es una señal incuestionable de la Orden. A esto se le llama "el derecho de visita". Este derecho, por supuesto, puede ser alterado o suspendido en casos especiales y por diversas circunstancias. Pero cuando se niega la admisión a un masón en el pleno disfrute de sus derechos, es necesario que se deba a alguna razón suficiente y razonable, y deberá exponerse el porqué de la violación de lo que es, en general, un derecho masónico, fundado en las señales de la Orden.

XV. El deber de examinar a todo visitante antes de permitirse la entrada a la Logia.

Es una señal de la Orden, que ningún visitante desconocido de los hermanos como masón, puede entrar en la logia sin pasar primero por el examen, de acuerdo con la costumbre antigua. Por supuesto, si el visitante es conocido de algún hermano de los presentes como masón en uso de sus derechos, y si ese hermano testifica sus calificaciones, puede dispensársele del examen, pues la señal se refiere únicamente a los casos de extraños.

XVI. La prohibición de una logia para intervenir en los asuntos de otra.

Ninguna logia puede intervenir en los asuntos de otra logia. Esto es indudablemente una señal antigua, fundada en los grandes principios de la cortesía y bondad fraternal, que son la base de nuestra institución. La señal ha sido reconocida repetidas veces en épocas posteriores, de conformidad con las disposiciones de los estatutos y decretos de todas las Grandes Logias.

XVII. La obligación de todo masón de estar sujeto a la Leyes y reglamentos de la Gran Logia de su jurisdicción.

Esta es una señal, que todo francmasón está sujeto a las leyes y reglamentos de la jurisdicción masónica en que reside, a la vez que no puede no ser miembro de ninguna logia. La falta de afiliación no excluye al masón de la sujeción a la jurisdicción masónica.

XVIII. La posesión de ciertas cualidades de los candidatos para la iniciación.

Estas calificaciones o cualidades, se refieren a que debe ser un hombre no mutilado; de nacimiento libre, y de edad madura. Por consiguiente, la mujer, el que ha perdido el uso de sus facultades, el esclavo o el que ha nacido en cautiverio, están descalificados para la iniciación en los ritos de la Masonería. Los estatutos, es cierto, han decretado de vez en cuando, ya sea vigorizando o explicando estos principios. Pero las descalificaciones provienen de la propia naturaleza de la Institución masónica y de sus enseñanzas simbólicas, y han existido siempre como señales.

XIX. La creencia de la existencia de un Ser Supremo como el Gran Arquitecto del Universo.

Es una de las más importantes señales de la Orden. Ha sido siempre admitido que la negativa de la existencia del Poder Supremo como Autoridad Preeminente es una descalificación absoluta para la iniciación. Los anales de la Orden nunca han otorgado hasta la fecha, ni podría contemplar el caso de que un ateo declarado fuese constituido masón(aunque ahora si ,en la actualidad, lamentablemente se presentan casos en Grandes Logias "adogmáticas"). Las mismas ceremonias de iniciación al primer grado prohíben y desde luego impiden la posibilidad de tal incidente.

XX. La creencia en la inmortalidad del alma.

Esta señal no es impresa tan positivamente al candidato por las palabras exactas como la precedente. Pero la doctrina que se enseña por inducción es perfectamente clara, y comprende el sistema entero del simbolismo de la Orden. El creer en la Masonería, y no creer en la inmortalidad del alma, sería una anomalía absurda que solamente podría explicarse por medio de la irreflexión, pues aquel que confunde de este modo su creencia y su escepticismo, es tan ignorante del significado de ambas teorías, como si no tuviese principio racional para el conocimiento de una cosa o de la otra.

XXI. La necesidad de que un  "Libro de la Ley Sagrada" debe constituir una parte indispensable del mobiliario de toda Logia, como que contiene la voluntad revelada del Gran Arquitecto del Universo.

Se indica deliberadamente ”Libro de la Ley Sagrada”, porque no se requiere que en todas partes se usen los Testamentos: "Nuevo y Antiguo". El "Libro de la Ley Sagrada" es ese volumen que, por religión del país, se cree contiene la voluntad manifiesta del Gran Arquitecto del Universo. Por lo que, en todas las logias que existan en los países cristianos, el "Libro de la Ley Sagrada" se compone del Antiguo y Nuevo Testamento. En un país donde el judaísmo fuese la fe predominante, el Antiguo Testamento sería suficiente y, en los países mahometanos y entre los masones mahometanos, podría ser sustituido por el Corán. La Masonería no pretende interponerse con la fe religiosa de sus discípulos, excepto en los que se relaciona con la creencia en la existencia del Ser Supremo, y en lo que necesariamente se relaciona con esa creencia. "El Libro de la Ley Sagrada" es para el masón Especulativo su tablero de trazado espiritual pues sin este no puede laborar. Y cualquier cosa que cree ser la voluntad manifiesta del Gran Arquitecto constituye para él este tablero espiritual, y debe estar siempre delante de él en sus horas de labor especulativa, debido a que es regla y guía de su conducta. Por consiguiente, la señal, requiere que el "Libro de la Ley Sagrada", código religioso de la misma especie, designado como el ejemplar de la voluntad manifiesta del Supremo Hacedor, debe formar una parte esencial en el mobiliario de toda logia.

XXII. La igualdad de todos los masones como hijos del Gran Padre de la Humanidad, en amor, protección y armonía.

Esta igualdad no se refiere a ninguna subversión de esas graduaciones del rango que han sido constituidas por el uso de la sociedad. El monarca, el noble, o el caballero, tiene derecho a ese afecto y, por lo mismo, se le otorga el respeto, que corresponde justamente a su posición. Pero la doctrina de la igualdad masónica implica que, como hijos de un Padre Supremo, nos reunimos en la logia con la misma igualdad, bajo esa igualdad en la que todos nos conducimos a un sólo fin predestinado. Pues, en la logia, los verdaderos méritos reciben más respeto que una opulencia infinita, y la virtud y la inteligencia únicamente los que serían recompensados con la preeminencia. Una vez que las labores de la logia hayan terminado, y los hermanos se hayan retirado de su soledad pacífica para confundirse de nuevo con el mundo, cada uno vuelve a su posición social y ejerce los privilegios de ese rango, cuyas costumbres le otorga la sociedad.

XXIII. El Secreto de la Institución.

Es otra señal y la más importante, de forma que la discreción absoluta es algo inherente a la Masonería, existiendo con ella desde su misma fundación, y protegida por ella por medio de sus señales antiguas. Si es desposeída de su carácter secreto pierde su identidad y cesa de ser Francmasonería. Por consiguiente, todas las objeciones que puedan hacerse a la Institución en lo relativo a su discreción deben de ser rechazadas. Sin prestar atención a los muchos torpes y mal intencionados que, por cuestión de conveniencia, intenten desposeerla de su carácter secreto, tomando las medidas que hagan siempre imposible la perdida de la señal, aún en el caso en el que ésta no se interpusiera ante nosotros como obstáculo. Por que un cambio de tal naturaleza ocasionaría el suicidio social y la muerte de la Orden. La Francmasonería, que como asociación secreta ha vivido inalterable por signos, no permanecería por muchos años como una sociedad libre y abierta.

XXIV. La ciencia especulativa aplicada al arte activo.

El uso simbólico y la explicación de los términos de ese arte con los propósitos de enseñanza religiosa o moral, constituyen otra señal de la Orden. El templo de Salomón fue la cuna simbólica de la Institución, y, por lo tanto, la referencia de la Masonería activa que construyó ese magnífico edificio, a los materiales y herramientas que fueron empleados en su construcción, todas son partes componentes y esenciales de la Francmasonería que no podrían substraerse de ella sin ocasionar la destrucción completa de la identidad entera de la Orden. Por lo que, todos los Ritos comparativamente modernos de la Masonería, como quiera que difieran en otros conceptos, conservan religiosamente esta historia del Templo y estos elementos activos.

XXV. La inmutabilidad de estos Linderos.

La última señal y complemento de todas es que estas señales nunca pueden ser cambiadas. Nada puede ser sustraído de ellas -y nada puede ser adherido a ellas-. Ni la menor modificación puede efectuarse en ellas. Del mismo modo que nos fueron otorgadas por nuestros predecesores, del mismo modo estamos obligados por los compromisos más solemnes del deber a trasmitirlas a nuestros sucesores. Ni un sólo ápice de estas leyes escritas puede ser revocado o abolido pues, en lo que se refiere a ellas, no solamente estamos obligados sino que deseamos adoptar la frase de los atrevidos barones antiguos de Inglaterra "Nolumus leges mutari."»

 

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¿Llegará a desaparecer la Masonería en el siglo XXI?

Posted by cosmoxenus en 9 abril 2009

Por: Ramón Viña Pérez

Ex Maestro Respetable Logia Habana.

Algunos escépticos acerca de la misión y acción de nuestra institución el presente y su proyección mediata, han expresado su preocupación y estimación de que la masonería pudiera llegar a desaparecer antes de concluir el presente siglo XXI.

Esto lo sustentan en que hemos dejado de asumir el protagonismo histórico que nos ha distinguido en el paso de los tiempos además de ya no contar y prestigiamos relevantes figuras de elevada talla intelectual e influencia social; también se asientan en la alta cifra de Hnos. durmiendo en relación con los masones activos a la escala mundial, no entiendo que dichas cifras en modo alguno podrán mostrarnos sus causalidades por lo que sólo servirán como índices referenciales de efecto.

Para examinar esta corriente, que estimamos no debe compartir la gran mayoría, pero que sin dudas abre interrogantes de pensamientos; es a todas luces necesario evaluar los fundamentales principios asociados a los valores de todo tipo que nos han regido desde nuestros inicios, y llegar a conclusiones de si estos continúan siendo válidos actualmente y por qué, y si su fuerza es capaz de mantener su vigencia hasta el fin de los tiempos.

Pero, ¿cuáles son esos preceptos por los que luchamos y su muy peculiar simbología que sus distintos niveles de lectura nos ha enseñado y que hemos recibido, estudiado y asumido para trasmitir como continuidad histórica? Sólo nos referiremos a cinco:

1.-En primer término el sistemático combate contra la ignorancia como parte de la lucha que nos hemos impuesto para lograr el impregnado sentimiento de moralidad y valores éticos que a través del conocimiento nos haga mejores seres humanos, dad día recordemos la sentencia de Sócrates de que “sólo si se sabe se puede divisar el bien.”

Muchos consideran que el rápido desarrollo de los medios de comunicación, informáticos e incluso internet, por sus altas tecnologías ha provocado una reducción del nivel global de ignorancia, sin embargo nos atreveríamos a asegurar que esto es espejismo con un inequívoco índice de que la gente tiene una menor capacidad de pensamiento, pues al obtenerse informaciones rápidas y fácilmente, aunque dicho sea de paso no siempre respondan a estricta verdad, se provoca un enquistamiento en el desarrollo de la creatividad y las posibilidades intelectuales de las personas con una evidente regresión del pensar en las problemáticas de cada día, limitándose los criterios propios de los hombres sin los cuales no se hubiera marcado el desarrollo humano.

2.-La reprobable ambición con la pasión desmedida de muchos por alcanzar fama, honores y riquezas con anhelo vehemente de cada vez tener más en detrimento de los que cada vez tienen menos, provocándose agudas desigualdades con sus consecuencias.

Aquí clasifican también, los gobernantes que además de su afán de poder quieren hacerse los poseedores de reales, verdaderos y únicos pensamientos con la verdad y razón absolutas, sin considerar la opinión de los pueblos, a quienes desprecian y empobrecen animándolos también la ambición de que se les adule como gente, con el deseo de ocupar lugares cimeros en la posteridad histórica, aunque más temprano que tarde esta los relegue al olvido.

3.-La tolerancia, como pluralismo social de todo tipo en cuanto a la práctica de los demás en su religión, política e ideas económicas y sociales, tiene en nosotros permanente defensa, rechazando por demás cualquier forma de integrismo o xenofobia y propugnando en cualquier acto humano que se deje ver el punto de vista de los demás, respetándolo; lo que desterraría rivalidades sin alterar en cada cual sus inclinaciones, Es indudable que esto tendrá siempre total vivencia.

4.-Libertad como potenciación de la democracia en todos los órdenes y medidas (conciencia, pensamiento y expresión) y como fórmula de goce del derecho de los ciudadanos, siempre favorecerá el libre desarrollo de las facultades humanas, o sea de todo lo que sea compatible con el orden y la moral.

5.-Finalmente la igualdad para la erradicación de todo elemento discriminatorio a tenor de la elevación de la dignidad humana, promoviendo la denuncia de todo irritante privilegio o enojosas preferencias para evitar la mutilación de igualdades de raza, religión y género.

¿Y quiénes son los responsables de los antivalores que resultan de lo antes examinado?

Son los mismos hombres los que a través de los tiempos se han convertido en enemigos de los propios hombres al tratar que predominen sus ideas y enconadamente luchar por el mantenimiento del poder; ellos provocan ese fatalismo de valores negativos que niega todo tipo de progreso y que han incentivado la acción masónica ayer, hoy y seguramente mañana, y tal vez con el correr del Siglo XXI no llegaremos a erradicarlos, pero si asegurados que harán más sólidos nuestros principios, dándonos esa continuidad que algunos dudan.

Ya vimos como después de la creación y connotación del arte gótico y la expansión del lenguaje simbólico como avanzada moral social y espiritual; nuestra institución tuvo momentos cismáticos provocando la transformación en 1717 de operativa a especulativa. Hoy con la clara concepción de las actividades de los hombres son compulsadas por las propias fuerzas humanas, podemos aceptar que el momento masónico cubano en el contexto mundial, pudiese ser evaluado para la transformación y/o modernización de algunos de nuestros preceptos; que claro se harán a su debido tiempo y por nosotros mismos con nuestro profundo reconocimiento a DIOS-GADU creador de la fraternidad universal, de la libertad suprema y de los valores que nos unen para conquistar el mundo que aspiramos, y esto no significará nunca que nuestra institución desaparezca.

Justo reconocimiento lleva a los masones hoy, hombres libres y de buenas costumbres, en en mayor o menor medida, reunirse regularmente a trabajar a ampliar su horizonte intelectual y espiritual, no solo con la voluntad que nos lleve a una reanimación de la fraternidad, sino también con la esperanza de un cambio para mejor de la sociedad actualmente permeada de injusticias. Pero esa agrupación de hombres libres que no emiten en sus templos juicios religiosos o consideraciones que tomen partido político, a pesar de ser hombres políticos en su momento profano; requieren de manera indispensable que sin querer provocar cambios de naturaleza social y respetando la organización política y civil donde se asienten, gocen de las estructuras democráticas que garantizando sus libertades civiles les permita proclamar la virtud, la moral y la ética sin que ello constituya fundamento de represión para sus inclinaciones, sabemos qu en diferentes épocas ha existido radicalización e intransigencia afectando nuestra labor fraternal, pero esto no puede ser motivo de escepticismo ni causa para desaparecer.

La sola mención de ser masón es generalmente señal de conducta virtuosa, afable, de moral y bondad, justicia e influencia bienhechora donde otros siempre podrán pedir ayuda y protección; esto nos resultará en esa cadena universal de unión que sustentara Krause con su idea de la Alianza de la Humanidad y que sin dudas debiera ser el principal objetivo de los hombres todos en su proyección exterior, y seguro que esto con la vigencia de la moral que soportamos, harán posible que desaparezcamos, no ya en el Siglo XXI, sino aun en el futuro por venir.

Las complejas ondulaciones sociales y confrontaciones que ocurren harán más evidente el mantenimiento y ecumenismo de los principios originales y la voluntad que sustentamos y nos pueden predecir el porvenir masónico como esperanzador aunque no exento de más esfuerzos para ello; lo sabemos y aceptamos el desafió apostando por todo aquello que fortalezca los lazos de unión y reconciliación social para que el futuro sea verdaderamente mejor. Con esa convicción, cargados de utopías y sueños y no trasmitiendo escepticismo, invitamos a todos los unos, para con la obra, como dijera Martí, dejar huellas para después, esperemos que la posteridad los reciba con satisfacción verdadera.

Fuente: http://www.logiahabana.org/Trabajo%202.html

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LA INICIACION MASONICA

Posted by cosmoxenus en 9 abril 2009

Extracto del libro: "LA MASONERÍA HOY RAZÓN Y SENTIDO"

JAVIER OTAOLA

La Masonería no es una organización de caridad aunque puede apoyar la creación y mantenimiento de actividades humanistas y de bienestar social.

La Masonería no compite con ninguna confesión religiosa ni con ningún partido político, aunque se adhiera al valor político de la libertad y al respeto a los Derechos Humanos.

La Masonería no tiene una estructura dispuesta para la acción política organizada ni busca el poder político.

La Masonería no es tampoco una asociación cultural o recreativa aunque pueda dar lugar a iniciativas culturales o de ocio.

La Masonería no es una empresa mercantil, ni actúa movida por ningún animo de lucro aunque esta interesada en gozar de la suficiencia económica necesaria para el desempeño de sus funciones.

La Masonería combina en su organización y funcionamiento la verticalidad iniciática con la horizontabilidad democrática.

La Masonería no esta organizada como una estructura mundial o internacional sino que se organiza nacionalmente en Federaciones de Logias que reciben el nombre de Grandes Logias o Grandes Orientes.

El ideal de la Masonería es "Un masón libre en una Logia libre".

La Logia o el grupo local es la base del trabajo masónico.

El fundamento básico de la Masonería es la experiencia de autoconstrucción personal que describieron las hermandades de constructores y que posteriormente fue elaborada como un verdadero método de construcción personal y social:  "Lo que tú haces, te hace".

La Masonería no propugna una ideología política determinada, concreta y detallada, pero si unos valores generales que se han de concretar históricamente: "Libertad, igualdad, fraternidad".

En el seno de la Masonería liberal es esencial la aportación de la mujer como Maestra de su propia arquitectura interior con el mismo rango que el hombre.

La Masonería no es una institución didáctica ni doctrinaria.

La Logia no enseña sino que suscita, sugiere, provoca, despierta, impregna.

Las Declaraciones de los Derechos y Deberes del Hombre son referencias axiológicas esenciales de la Masonería.

La arquitectura simbólica con que trabaja la Masonería pretende que cada masón haga de su vida una verdadera Obra de Arte de Sabiduría, Fuerza y Belleza, y del Mundo un lugar donde sea posible la Paz, el Amor y la Alegría. A eso llamamos los masones al Arte Real.

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Masonería, Crisis y Modernidad

Posted by cosmoxenus en 21 febrero 2009

Por Eduardo Roberto Callaey Arancibia

En la entrada del laberinto:

Dentro de pocos años, en 2017, se cumplirán tres siglos desde el momento histórico en el que cuatro logias masónicas con asiento en Londres constituyeron la primera Gran Logia especulativa de la que se tenga conocimiento. Por primera vez un grupo de logias de masones abandonaban su antiguo oficio de albañiles para dedicarse a la especulación filosófica. Nacía así la francmasonería moderna.

No es tema del presente artículo dilucidar si estos eran los verdaderos masones, ni si tenían mayor legitimidad que los que se negaron a acompañarlos en tal evento fundacional. Ni siquiera cuestionaremos si los antiguos límites establecidos en las constituciones inglesas de 1717 y 1724 tenían o no la entidad suficiente para imponerse luego –como lo hicieron- como base de la denominada regularidad masónica. Al respecto nos remitimos a lo que ya hemos dicho.

Más importante que indagar las raíces de la regularidad, o discutir sobre los sistemas masónicos de reconocimiento entre Grandes Logias (me refiero al denominado Derecho Interpotencial Masónico) o la marca de origen de las distintas corrientes que conforman la francmasonería, es el hecho de reconocer que a partir de esa fecha surgió el modelo de masón “libre y aceptado” cuyo estereotipo ha sobrevivido a casi tres siglos de existencia. Eso es lo que nos interesa.

Los masones del siglo XVIII asumieron como propia la herencia de las grandes corporaciones de constructores de la antigüedad y del medioevo. Reunieron un conjunto de documentos importantes –algunos verdaderos y otros de dudoso origen- y se construyeron para sí mismos un meta-relato, un mito de base con una dinámica propia que permitió que se siguiese enriqueciendo hasta el día de hoy en la medida que la historiografía encontró nuevos y mejores indicios de la existencia real de grandes gremios de albañiles, de sus secretos, de sus ritos y de sus respectivas tradiciones.

Tal fue el éxito de esta sociedad de masones especulativos que pronto se convirtió en el contrapeso secular más importante de la Iglesia Católica que no tardó en excomulgarlos en masa ante la impotencia de su avance.

Pocas instituciones en la historia de la civilización humana gozan del privilegio de haber sido testigos de las grandes mutaciones de la cultura y de la sociabilidad. Cada era trajo consigo sus propias estructuras cívicas, sus formas de gobierno y sus filósofos. Occidente es el resultado de un conglomerado de culturas e imperios que se sucedieron a lo largo de más de dos milenios y que, a su vez, venían de sufrir la influencia de antiguas culturas del Mediterráneo Oriental y del Oriente Medio.

En su ensayo sobre “El Espíritu de la Política”, el filósofo y sacerdote catalán Raymon Panikkar afirma que el mundo moderno sigue siendo la continuación de una historia europea y cristiana, definámoslo como Sacro Imperio Romano Germánico, Occidente, Civilización Occidental o Democracias. Podríamos afirmar que la religión goza de esa rara categoría institucional de la que hablábamos al principio. Aún con sus mutaciones, sus conflictos, cismas, reformas y excesos, el cristianismo, corporizado en sus iglesias, ha sobrevivido al paso del tiempo e influido profundamente en el derrotero de la historia.

Sin embargo, no es la religión el único factor perenne en la cultura occidental desde el momento en que irrumpió en su seno el agudo proceso de secularización que dio por resultado el actual estatus de separación entre las iglesias y los Estados y los conflictos que aun se dirimen entre ambos campos. Entre los factores que intervinieron activamente en ese proceso deben mencionarse principalmente las estructuras comunales y las asociaciones gremiales. La francmasonería es –al mismo tiempo- un fenómeno burgués y una consecuencia directa de la organización de las corporaciones de oficios ligados a la construcción. Desde esta perspectiva ha sido participe primario de la construcción de la sociedad secular.

Conceptos como “laicismo”, “laicidad” y “secularidad” son motivo de arduo debate entre los actores de la cultura y la política. Se trata de una confrontación que continúa en pleno desarrollo y que afecta directamente al campo social en la medida que éste reclama cada vez mayores libertades que frecuentemente colisionan con los límites del dogma y la moral que impera en el campo religioso.

Pese a que el público tiende a creer que este proceso de secularización nace con la Ilustración y el advenimiento del relativismo como resultado inmediato de la valoración de la razón y la ciencia, la realidad es que aquella corriente secular hunde sus raíces en tiempos remotísimos y que su desarrollo ha acompañado el devenir de la historia con un protagonismo sólo equiparable al de las religiones. Este otro campo tiene en su mismo centro a otra institución milenaria que, luego de sufrir sus propias mutaciones, cismas y reformas, ha devenido en lo que actualmente denominamos Masonería, cuyo sentido y significado es el objeto mismo de este pequeño artículo.

Uno de los aspectos más irritantes del momento histórico que vivimos es la crisis de las definiciones. En esencia, la posmodernidad tiende a la hibridación, a la exaltación de la cultura popular, el descreimiento de la autoridad intelectual y científica y la desconfianza ante los grandes relatos. Si la modernidad defendía la diversidad de las diferentes culturas bajo el primado de los derechos humanos como base normativa de "una vida libre de dominación", la posmodernidad –tanto en el sentido de cultura o el de civilización- se ha caracterizado por la dificultad de sus planteamientos, ya que no forma una corriente de pensamiento unificada.

No sabemos exactamente de qué hablamos cuando mencionamos los términos familia, género, amor, religión, vida, etc. Todo el tiempo nos vemos obligados a entender y explicar a nuestro interlocutor qué cosa significa para nosotros aquello que durante siglos había permanecido inmutable, seguro, confiable.

Por decenas de generaciones la civilización occidental no supo nada de hogares multifamiliares, derechos de minorías sexuales, amor libre, dudas acerca de qué significaba ser religioso ni si la vida podía ser interrumpida en el seno materno. La lujuria, la sodomía, los abortos y la apostasía eran el ámbito del pecado, el territorio del mal, la ruptura del orden que las masas no discutían. Roto ese orden todo ha debido ser replanteado, redefinido y reclasificado.

Así las cosas hoy resulta más importante definir qué significa ser humano, religioso o masón antes que intentar definir qué es la humanidad, la religión o la masonería, pues según avanza la historia, se multiplican los conceptos de humanidad, religión y, también, de masonería. El lenguaje se ha vuelto babélico, confuso y superficial. No debiera entonces llamarnos la atención ésta necesidad de definir claramente qué significa hoy ser masón, puesto que, seguramente, descubriremos las infinitas diferencias que han surgido al respecto en los albores del siglo XXI y la profunda ruptura de la antigua tradición que intenta, no sin un enorme esfuerzo, perpetuarse en un mar de opiniones, posiciones confusas y extravíos diversos.

Conocida mi posición en torno a los “Orígenes Cristianos de la Francmasonería”, ampliamente expuesta en varios volúmenes que preceden a este ensayo, no por ello desconozco la posición de quienes proponen un análisis del fenómeno masónico desde la teoría de la sociabilidad –como en su momento me reclamara mi colega Víctor Guerra- pues tan cierto es el hecho religioso subyacente en la actitud masónica como su fuerte penetración en la historia fruto de su actuación colectiva en el plano secular. Desde esa perspectiva pueden concebirse de antemano dos vertientes a su vez divididas en numerosas ramas: La de los tradicionales y la de los seculares. Si existe una significación masónica debiera contener a ambos. Si tal significación no existe –asunto que nos proponemos indagar- la masonería, tal como la hemos conocido, transita sus últimos solsticios.

Aun así, si nos proponemos preguntarnos qué significa ser masón no podemos soslayar las opiniones más relevantes en torno a qué es la masonería aunque, como masón, comparta la vieja frase de Perogrullo que reza que es mucho más fácil decir qué no es la masonería.

Tampoco podemos abstraernos al hecho histórico, ni al mito ni a la leyenda sobre los que la Masonería ha construido su sistema de perfeccionamiento humano, hecho que pone de manifiesto a priori la incompatibilidad de lo masónico con la posmodernidad en tanto que esta se caracteriza por la incredulidad respecto de los grandes relatos, el desprecio por la utopías y el fin de los ideales. Toda la estructura de la Francmasonería está construida justamente sobre un meta-relato, mitad histórico, mitad mítico, concebido como una gran utopía y lleno de ideales. Un hombre que renegase de estas tres características no podría, en verdad, ser masón. Continuaremos desarrollando estas ideas en futuras entregas.

(*) Eduardo R. Callaey es autor de los libros: “Monjes y Canteros” Una aproximación a los orígenes de la francmasonería (Buenos Aires; 2001). "Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine" (Buenos Aires, Academia de Estudios Masónicos, 2004). "La Masonería y sus Orígenes Cristianos" (Buenos Aires, Editorial Kier, 2006. “El otro Imperio Cristiano; De la Orden del Temple a la Francmasonería” (Madrid; Ediciones Nowtilus, 2005). "El Mito de la Revolución Masónica" (Madrid, Editorial Nowtilus, 2007). Es Director Editorial de la colección "Masonería Siglo XXI" Editorial Kier Argentina. Miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española.

Eduardo Roberto Callaey (1958) es un historiador, periodista y guionista argentino. Su labor vinculada a los medios de comunicación le ha llevado por diferentes televisiones, productoras y revistas de su país. Además como historiador ha publicado numerosas obras sobre la Edad Media, la Francmasonería, sobre la Religión y Simbolismo. Desde 1989 es miembro de la Masonería Argentina y ha presidido dos logias y ocupado el cargo de Gran Consejero de la Orden.

Más información se puede encontrar en www.bibliografiacallaey.blogspot.com 

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