El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Mitología’ Category

Arqueólogos revelan el misterio de la reina de Saba

Posted by cosmoxenus en 19 julio 2008

Publicado en Aurora-Israel 09-05-08

Un equipo de arqueólogos alemanes de la Universidad de Hamburgo conseguió acabar con uno de los mayores misterios de la antigüedad al encontrar los restos del palacio de la legendaria reina de Saba en la ciudad santa de Axum, en el estado federado etíope de Tigray.

El profesor Helmut Ziegert, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Hamburgo, que dirige el equipo, está además convencido de que en un altar levantado en el palacio y orientado hacia la constelación de Sirius reposó durante largo tiempo el Arca de la Alianza que contenía las Tablas de la Ley de Moisés.

"Todo cuadra. Los detalles, la datación y la orientación del edificio", dijo Ziegert, cuyo equipo realizó el descubrimiento durante la actual campaña de excavaciones de primavera en la antigua capital de un imperio que abarcó desde Yemen hasta el este de Sudán, controlando el comercio entre África y Asia.

Datada hace unos 3.000 años, la residencia de la reina Makeda, como se llama a la reina de Saba en Etiopía, ha sido hallada bajo los muros del palacio de un antiguo rey cristiano en la capital de la iglesia ortodoxa etíope y la ciudad mas sagrada del país.

El mayor tesoro que albergaba el palacio de la legendaria reina era probablemente el Arca de la Alianza, un cofre de madera de acacia negra recubierto de oro en el que, según fuentes históricas y religiosas, se guardaban las tablas con los Diez Mandamientos que Moisés recibió de Dios en el monte Sinaí.

Ziegert subrayó que su equipo ha dedicado los últimos nueve años a investigar como llegó el judaísmo a Etiopía en el siglo X antes de nuestra era, a la vez que trata de localizar el emplazamiento actual del Arca de la Alianza.

Añadió que las investigaciones han revelado que el palacio original de la reina de Saba fue trasladado poco después de su construcción y levantado de nuevo orientado esta vez hacia la estrella de Sirius.

El equipo de científicos de Hamburgo presume que Menelik I, rey de Etiopía e hijo de la reina de Saba y del rey Salomón de Jerusalem, según la tradición de la iglesia ortodoxa etíope, fue quien ordenó levantar el palacio en su emplazamiento final.

Las numerosas ofrendas que los científicos germanos encontraron en torno al lugar donde debió de estar el altar han sido valoradas por los expertos como una clara señal de que la especial relevancia del lugar se ha transmitido a lo largo de los siglos.

Los últimos resultados de las investigaciones realizadas en Axum indican que, con el arca de la Alianza y el judaísmo, llegó a Etiopía el culto a Sothis, que se mantuvo hasta el siglo VI de nuestra era, explicó Ziegert.

Dicho culto, relacionado con la diosa egipcia Sopdet y la estrella Sirius, traía consigo que todos los edificios de culto se orientasen hacia el nacimiento de esa constelación.

El jefe del equipo de arqueólogos y científicos alemanes subrayó que los restos encontrados en las excavaciones de sacrificios de reses vacunas son una característica también del culto a Sirius practicado por los descendientes de la reina de Saba.

El Antiguo Testamento habla de una reina de Saba, cuyo nombre propio omite, que visitó Israel y regaló grandes tesoros al rey Salomón, del que le impresionó su sabiduría y que le hizo convertirse al monoteísmo y ensalzar a Yavéh.

La tradición religiosa etíope asegura que de la breve relación entre la reina de Saba y el rey Salomón nació un hijo, que posteriormente sería conocido como Menelik I, rey de Etiopía, quien presuntamente se llevó el Arca de la Alianza desde Israel a su país.

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LA LEYENDA DEL GRIAL Y EL "MISTERIO" DEL IMPERIO

Posted by cosmoxenus en 13 abril 2008

JULIUS EVOLA

(Extractada de Pagine Evoliane)

En una o en otra forma, en las tradiciones de los pueblos más variados siempre se encuentra la idea de un poderoso “Señor del Mundo”, de un reino misterioso que se encuentra por encima de todo reino visible. De una residencia que tiene, en sentido superior, el significado de un polo, de un eje, de un centro inmutable, representado como una tierra firme en medio del océano de la vida, como una comarca sagrada e intangible, como una tierra de la luz, o tierra solar. Significados metafísicos, símbolos y oscuros recuerdos se entrelazan aquí innseparablemente.

La idea de la realeza olímpica y del “mandato del cielo” constituye un tema central: “Aquel que reina a través de la Virtud (del Cielo)?dice Kong-tze ? se asemeja a la estrella polar: él permanece inmóvil, pero todas las cosas se mueven a su alrededor”. La idea del “Rey del Mundo” concebido como cakravartî se encuentra por encima de una serie de temas subordinados : el kravarti ?Rey de los reyes? hace girar la rueda ?la rueda del Regnum, de la “Ley”? permaneciendo él mismo inmóvil. Invisible como la del viento, su acción tiene sin embargo la irresistibilidad de las fuerzas de la naturaleza. En mil formas, y en estrecha conexión con la idea de una tierra nórdico-hiperbó rea, irrumpe el simbolismo de la sede del medio, de la sede inmutable: la isla, la altura montañosa, la ciudadela del sol, la tierra defendida, la isla blanca o isla del esplendor, la tierra de los héroes: “Ni por tierra ni por mar se alcanza la tierra sagrada” ? se dice en la tradición helénica. “Sólo el vuelo del espíritu os puede conducir allí” ?susurra la tradición extremo-oriental. Otras tradiciones hablan de un monte magnético misterioso y del monte, en el cual desaparecen o son raptados aquellos que han obtenido la perfecta iluminación espiritual.

Otros hablan aun nuevamente de una tierra solar, desde la cual provienen aquellos que son destinados a asumir la dignidad de reyes legítimos entre pueblos sin príncipes. Ésta es también la isla de Avalón, es decir, la isla de Apolo, del dios solar hiperbóreo, denominado a su vez Aballún por parte de los Celtas. También respecto de legendarias razas “divinas”, como los Tuatha dè Danann, que vinieron del Avalón, se dice que vinieron “del cielo”. Los Tuatha llevaron consigo desde el Avalón algunos objetos místicos: una piedra que indica a los reyes legítimos, una lanza, una espada, un vaso que provee un alimento permanente, el “don de vida”. Son los mismos objetos que figurarán en la leyenda del Grial. Desde los tiempos primordiales estos temas originarios descienden hasta el Medioevo asumiendo en esta época formas características. De aquí, por ejemplo, las tradiciones relativas al reino del Preste Juan y del Rey Arturo. “Preste Juan” no es un nombre, sino un título: se habla de unas dinastías de “Prestes Juan” la cual, del mismo modo que la estirpe de David, habría revestido a un mismo tiempo la estirpe regia y la sacerdotal. El reino de Juan asume muchas veces los rasgos del “lugar primordial”, del “paraíso terrestre”. Es allá donde crece el Árbol; un árbol que, en las diversas redacciones de la leyenda, aparece a veces como Árbol de la Vida , otras como un Árbol de la Victoria y del dominio universal. Allí se encuentra también la piedra de la Luz , una piedra que tiene la virtud de resucitar al animal imperial, el Águila. Juan domina a los pueblos de Gog y de Magog ? las fuerzas elementales, el demonismo de lo colectivo. Varias leyendas hablan de viajes simbólicos que los más grandes dominadores de la historia habrían hecho hasta el país del preste Juan, o hacia tierras que tenían un significado análogo, para recibir allí una especie de consagración sobrenatural de su poder.

Por otro lado, el Preste Juan habría enviado a emperadores, como “Federicus”, donaciones simbólicas que tenían el significado de un “mandato divino”. Uno de los héroes que habría alcanzado el reino del Preste Juan es Oyero de Dinamarca. Pero en la leyenda de Oyero de Dinamarca el reino del Preste Juan se identifica con el Avalón, es decir con la isla hiperbórea, con la tierra solar, con la “isla blanca”. En Avalón se ha retirado el Rey Arturo. Acontecimientos trágicos, descriptos en formas diferentes de acuerdo a los textos, lo obligan a buscar allí refugio. Este retiro de Arturo no tiene el significado de la conversión de un principio de una función, en algo latente. Arturo, de acuerdo a la saga, no ha muerto nunca. Él vive todavía en el Avalón. Él se volverá a manifestar nuevamente. En la figura del Rey Arturo debe verse una de las múltiples funciones del “dominador polar”, del “rey del mundo”. El elemento histórico se encuentra aquí revestido por el suprahistórico.

Ya la antigua etimología vinculaba el nombre de Arturo con arkthos, es decir, “oso”, lo cual, a través del simbolismo astronómico de la constelación polar, remite nuevamente a la idea del “centro”. El simbolismo de la “Mesa Redonda”, de cuya caballería Rey Arturo es el jefe supremo, es “solar” y “polar”. El palacio de Rey Arturo ?así como el Mitgard, la residencia luminosa de los Asen, de los “héroes divinos” nórdicos? está construido en el “centro del mundo” ? in medio mundi constructum. De acuerdo a algunos textos, el mismo gira alrededor de un punto central: gira, como en la “isla blanca” ?çvetadvîp ? recordada por los indoeuropeos de Asia, en la tierra hiperbórea cuyo dios es el solar Vishnu, gira la swastika, como “la isla de vidrio” céltico-nórdica ?un facsímile del Avalón? gira; como la rueda fatal del cakravartî, del “Rey del Mundo” arriano, gira.

Los rasgos sobrenaturales, “mágicos”, propios de esta figura se encarnan, por decirlo así, en Myrddhin, es decir, en Merlín, consejero inseparable de Rey Arturo, que es, en el fondo, más un ser diferente de él, la representació n personificada de la parte sobrenatural del mismo Arturo. La caballería de Arturo irá a la búsqueda del Grial. La caballería de Arturo, que recluta sus miembros entre todas las patrias, tiene como consigna: “El que es jefe, que sea nuestro puente”. De acuerdo a la antigua etimología, pontifex significaba por lo demás el “hacedor de puentes”, aquel que establece el lazo entre las dos riberas, entre los dos mundos

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¿Estaba la Atlántida en Sudamérica?

Posted by cosmoxenus en 21 octubre 2007

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La Atlántida fue mencionada por primera vez por el filósofo griego Platón. Habría sido una antigua civilización establecida en una isla que, según el filósofo, fue destruida por una catástrofe natural (probablemente un terremoto) más o menos 9.000 años antes de su época, es decir, hace más de 11.400 años. Platón se refiere a la Atlántida en dos de sus obras: Timaeus y Critias. En ellas habla de la grandeza de la civilización Atlante y describe sus características geográficas y recursos físicos con gran detalle, dando información sobre el tamaño y ubicación de la isla/continente de la Atlántida. Teniendo en cuenta que muchos hallazgos arqueológicos importantes se hicieron siguiendo los rastros de antiguas leyendas, mucha gente ha buscado interminablemente la ubicación del desaparecido y misterioso continente, aunque existe la posibilidad de que la descripción de la Atlántida haya sido un trabajo de ficción, creado por Platón para permitirle la descripción de un gobierno ideal.

Luego de Platón, las menciones a la Atlántida se esfumaron de la literatura por unos 2.200 años, con la excepción del libro de Francis Bacon The New Atlantis. En 1882 se publicó Atlantis: the Antediluvian World, de Ignatius Donnelly, un político de Minnesota, EEUU, que antes había sido escritor. Donnelly tomó en cuenta seriamente la Atlántida de Platón e intentó dejar establecido que todas las civilizaciones antiguas conocidas descienden de su cultura, que por las fechas manejadas se remontaría al Neolítico.

Escritores esotéricos posteriores, como Helena Blavatsy y Edgar Cayce, propusieron que la Atlántida era un lugar donde los espíritus se encarnaban en cuerpos humanos. Cayce agregó que los Atlantes poseían barcos y naves aéreas que se movían impulsados por la energía de un misterioso cristal.

La geología ha demostrado que nunca hubo un continente en medio del Atlántico, así que los entusiastas de la idea la fueron ubicando en una increíble cantidad de sitios, como Sri Lanka, Perú, Escandinavia y hasta el centro de una Tierra hueca. Una teoría reciente se basa en una recreación de la geografía del Mediterráneo en la época que se supone la existencia de la Atlántida. Platón definió que la Atlántida estaba ubicada “más allá de las Columnas de Hércules”, que es el nombre que se le daba al Peñón de Gibraltar en aquellas fechas. Once mil años atrás el nivel del mar en esa área estaba unos ciento treinta metros más bajo, lo que expone al aire una cantidad de islas ubicadas en el estrecho. Una de ellas, Spartel, podría haber sido la Atlántida, aunque presenta una cantidad de inconsistencias con el relato de Platón. Otra teoría que se apoya en la geografía de hace 11.000 años sitúa la Atlántida en el archipiélago antártico (es decir que la ubicación del mítico continente siguiría estando, técnicamente, en el Atlántico). La inundación o hundimiento se debería a la culminación de la Edad de Hielo, época en la que se produjo la inmersión de muchas costas. Se especula con cuán frío podría haber sido el clima allí. En esta teoría se supone que Troya, la Creta minoica, posiblemente Santorini —entre los que creen en una Atlántida inventada la teoría más aceptada es la que dice que la idea de la destrucción de este continente estuvo inspirada en las gigantescas erupciones en la isla Santorini, en el Mediterráneo, durante la época minoica— y otras antiguas ciudades portuarias habrían sido colonias de esta civilización.

Se dice que la Atlántida estaba en guerra en el momento de la destrucción, una situación que podría corresponderse con la llamada invasión de “Pueblos del Mar” en Egipto. Platón, luego de que fuera ejecutado su maestro, Sócrates, abandonó por un tiempo Atenas y visitó Egipto, donde puede haber escuchado las antiguas historias. Descubrimientos recientes, como el caso de las “Momias de Cocaína” en Egipto, han reforzado la idea de que existían antiguos lazos entre Sudamérica y Egipto.

Hace poco tiempo, el geógrafo y cartógrafo inglés James. M. Allen ha lanzado una impactante teoría nueva sobre la ubicación de la Atlántida. Basado en los relatos de Platón sobre esta cultura y continente perdidos, Allen argumenta que Platón estaba hablando del Altiplano central de los Andes, ubicado en Bolivia. Allen realizó un estudio de los antiguos sistemas de medidas usados en los libros de Platón y afirma que esa región rodeada por montañas y atravesada por un canal que conectaba con el mar, actualmente seco, estaría en realidad en Bolivia. Muchas de las investigaciones de Allen fueron realizadas en la región de Pampa Aullagas y el lago Poopó, en el Departamento de Oruro, a unos 350 km al norte de La Quiaca, la ciudad argentina ubicada más al norte, en la provincia de Jujuy. La teoría se apoya en varias fuentes y resultados de investigaciones respecto a la formación mineralógica de las montañas que rodean al Altiplano, así como también en resultados de la expedición Akakor realizada en el fondo del lago Titicaca en 1999. La cantidad de coincidencias con el texto de Platón es asombrosa. Otra evidencia que cita Allen es la mención que hace Platón de una aleación de oro y cobre llamada orichalcum, que sólo se halla en los Andes.

Allen afirma que el actual Altiplano boliviano habría estado rodeado de mar en la época de la Atlántida y para lo cual presenta muchas evidencias de restos paleontológicos y arqueológicos encontrados en los Andes en los últimos años. El libro “La Atlántida: La Solución: Los Andes”, de Allen, describe los antecedentes de estas teorías y otras conjeturas que ha revelado su —en caso de confirmarse— formidable descubrimiento. En un video titulado “La Atlántida en los Andes”, muy difundido en los canales de televisión en los Estados Unidos, Allen presenta a varios arqueólogos que proponen una antigüedad de alrededor de doce mil años para las ruinas de Tiwanaku, presentes en esa región, lo cual la habilita para ser parte o estar conectada con la Atlántida de Platón. Allen argumenta que Tiwanaku y el pueblo Aymara fueron uno de los diez reinos de la Atlántida. En este video participan varios arqueólogos bolivianos. Geólogos y otros académicos bolivianos afirman que falta explorar el 97% de Tiwanaku, a causa de la crónica falta de presupuesto y pobreza del Estado boliviano. El video también reúne la participación de comunarios Aymaras del lago Titicaca, que narran pasajes de la historia oral Aymara del Lago Titicaca, que habla de cómo se hundió una ciudad en el Titicaca y de que ésta estaría en fondo del lago.

El egiptólogo John Anthony West participa del video y argumenta que al parecer existía ya un tipo de cultura global en esos tiempos porque en las tumbas de faraones de antiguo Egipto se encontraron residuos de pasta de coca y tabaco, plantas originales de América. Otra cosa que afirma Allen es que el nombre de Atlántida proviene de dos palabras nativas de América, “atl”, que significa “agua”, y “antis”, que significa “cobre”. En tumbas del antiguo Egipto se han hallado derivados de la cocaína que sólo se puede extraer de la planta de coca, originaria de Sudamérica, lo que sería evidencia de un contacto de los egipcios con los atlantes precolombinos. La historia relatada por Platón podría haber llegado a oídos de Platón en Egipto, donde estuvo de visita. Esta teoría está en investigación actualmente. El video también explica que los balseros Aymaras del lago Titicaca demostraron en 1948 que es posible cruzar los mares en gigantescas balsas de Totora y que prueban que los viajes de ultramar en la remota antigüedad sí eran posibles y que Tiwanaku habría estaba rodeado de un puerto.

Jim Allen se entrenó y trabajó como Proyectista de Fotografía Aérea con la Real Fuerza Aérea de Inglaterra. Al abandonar la fuerza aérea Allen decidió vivir en un barco de crucero del que era propietario, con el que navegó hasta que llegó a Cambridge, donde posteriormente trabajó como dibujante cartógrafo para una empresa de servicio público. Se interesó en el tema de la Atlántida como consecuencia de un estudio exhaustivo sobre los orígenes de los antiguos sistemas de medidas y por eso llegó a percatarse de que el Altiplano se corresponde con la región que describió Platón. El argumento de Allen ha recibido las críticas de varios académicos por considerarla demasiado general, mientras que otros académicos se inclinan a aceptarla por considerarla suficientemente coherente. Varias agencias de noticias, incluyendo CNN, han cubierto la noticia. Allen ha invitado a profundizar las investigaciones en Tiwanaku y en los Andes para confirmar su teoría. La teoría de J. M. Allen finalmente ha entusiasmado a muchos expertos e inspirado la Expedición Kota Mama a Sudamérica, conducida por el explorador británico John Blashford-Snell y respaldada por la Sociedad de Exploración Científica de Inglaterra.

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MEDALLONES DE DAMAS HERMETICAS

Posted by cosmoxenus en 23 septiembre 2007

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MIREIA VALLS

A la Tradición, que nos concibe, gesta, alumbra, nutre, desarrolla y reabsorbe en su seno y a todos los hombres y mujeres que conscientemente la vivifican.

“Hijas de Mnemosine y del resonante Zeus, Musas Piérides, afamadas, gloriosas, muy gratas para los mortales que visitáis, multiformes, generadoras del irreprochable valor que supone toda instrucción. Nutridoras del alma, ordenadoras del pensamiento, soberanas conductoras de la mente vigorosa. Vosotras, que dísteis a conocer a los mortales los misterios rituales, Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania, juntamente con la madre Calíope, y la poderosa diosa Hagne. Mas, ea, venid, por favor, para vuestros iniciados, multicolores y castas, aportando una emulación gloriosa, deseada y por muchos celebrada.”
Himnos Orficos. A las Musas.

La estancia.

En una estancia olvidada del mundo se esconde un tesoro de luz. No esperemos encontrar perlas, ni piedras preciosas, ni oro, ni plata, ni cualquier otro metal que precise de iluminación exterior para brillar. Como si de estrellas se tratara, las joyas de este tesoro oculto, alumbran con luz propia y expanden desde su seno rayos de Sabiduría. Advirtamos de antemano que el recinto no es de fácil acceso. Difícilmente franqueará su puerta el curioso superficial, el erudito sistemático, el científico racionalista, el fenoménico y prestidigitador, el charlatán embaucador, el defensor de parcialidades, el esteta posmoderno, el terrorista y violento, el tergiversador, manipulador e impostor, es decir, el profano que no reconoce y más bien niega la sacralidad del Universo; y si cualquiera de estas falsas identidades o espectros del mundo moderno traspasara el umbral, retornaría bien pronto sobre sus propios pasos, con una sombra de perplejidad en el rostro, sin haber comprendido apenas nada.

Sólo al limpio de corazón se le abrirá la puerta. Unicamente el adepto, es decir, el que ha recibido el don de la divinidad, accederá verdaderamente a la caverna y reconocerá el valor de las alhajas cubiertas por el polvo del descuido, de la amnesia o del rechazo. Desnudo, vacío de todo prejuicio y en estado virginal, podrá recibir entonces, si es el caso, un destello, una revelación, un despertar al mundo misterioso del símbolo y también un mapa de ruta que le proporcionará las claves para retornar a su verdadera patria, al Origen, a la residencia de la Inmortalidad. Porque las joyas a que nos referimos son eso, símbolos, intermediarios y vehículos portadores de ideas-fuerza, que reflejan auténticamente lo que expresan, y lo que expresan son realidades arquetípicas, modelos o tipos del Principio Supremo. Esta es la razón por la que, si a un nivel los símbolos revelan, en otro velan, y viceversa, mas siempre habrá un punto invisible que no será mencionado, por la propia naturaleza inviolable del Secreto, joya suprema del tesoro.

Libros inspirados, grabados enigmáticos, retratos intemporales, frases de poder, voces silenciadas cuyos ecos retumban contra las paredes del recipiente hermético. Nombres de mujeres acunadas y protegidas en el athanor que de pronto se descubren: Hypatia, Cristina de Pizán, Diótima, Luz, Sor Juana Inés de la Cruz, Asclepigenia, Sabina Stuart de Chevalier, Mut, Clea, María la Hebrea, Jeanne de Vivonne, Quefes, Téano, Mya, Hildegarda de Bingen, Lux, Sta. Teresa de Avila, Margarit y más hermanas escribas, muchas más cuyo legado se dejará sentir en la copa del corazón –receptáculo de la intuición intelectual– de todo aquél que se entregue sin reservas a esta aventura de búsqueda, rescate y reunión de lo disperso y simultáneamente a su difusión, para que la Verdad una y única brille en todo su esplendor. Damas gestadas en el seno de la Tradición Hermética, alumbradas por la Sabiduría Perenne y Universal que al manifestarse lo hace adoptando unas formas afines a la cinta del devenir cíclico, a la geografía donde se proyecta y a la naturaleza de los seres humanos a los que se transmite. Mujeres vinculadas a la cadena áurea de iniciados de esta rama de la Tradición Primordial, tocadas por la gracia del Espíritu y que con Inteligencia y Belleza han dejado una huella, por momentos profunda y reconocible, por otros sutil y más escondida, según fuesen las circunstancias contingentes, pero siempre “auténtica” por estar vertebrada entorno al eje que conecta permanentemente lo celeste con lo terrestre y por donde circula la influencia espiritual que posibilita la recuperación de la memoria del Sí mismo y de la Identidad Suprema. Seres extraordinarios por su naturaleza y cualidades, pero sobre todo, por la apertura a la “llamada interior” que les ha permitido recordar su verdadera esencia divina y universal, fuente de la Sabiduría e inspiración de todas sus obras. Sacerdotisas de los Misterios de la antigüedad, reinas y guerreras, poetas o adivinas, matemáticas, filósofas, escritoras o pintoras, astrónomas o alquimistas, así como también diestras artesanas de muchos oficios que se han tomado como soporte de Conocimiento, o bien simples amas de casa que han laborado silentemente. Diversas en funciones, misiones y producciones, pero por encima de todo, amantes al unísono del Conocimiento, obreras del Supremo Arte de conocerse a Sí mismo y consagradas sin reservas a la labor de divinización; arraigadas a su tiempo, mundo, condición, posición, usos y costumbres, pero simultáneamente desapegadas de lo efímero por el soplo del Espíritu que las eleva a las esferas celestes, a los estados de conciencia supraindividuales, preámbulo de la Libertad total. Heroínas –como héroe es también todo varón que se pregunta sinceramente quién es, de dónde viene y a dónde va– que se embarcan en un viaje espiritual, de índole totalmente intelectual, hacia el interior del Ser, para el cual están dispuestas a “dejar todo” y a atravesar, contra viento y marea, todos los embates del mundo intermediario del alma, hasta la llegada final al puerto inmutable del Espíritu.

Si unas se recluyen en templos, conventos, monasterios o talleres y otras lo hacen en bibliotecas o gabinetes de estudio de castillos y palacios, o simplemente se recogen junto a la chimenea de las viviendas, nada de ello es signo de aislamiento, sino que merced a sus magnos esfuerzos intelectuales y a lo concebido por la gracia en el silencio de la meditación e invocación, todas participan desde sus sitiales en una grandiosa labor de autoconocimiento y difusión: las hay que proclaman profundos discursos en las academias, museos, escuelas o hemiciclos; otras que legan el saber en templos o espacios a cubierto de las miradas profanas; no olvidemos tampoco a las que mercadean en medio de las plazas ofreciendo el fruto artesanal de su trabajo, o simplemente las que al calor del hogar transmiten oralmente los saberes ancestrales a sus hijos; pero eso sí, encarnando cada una el testimonio vivo de la herencia recibida y simultáneamente legándolo a su descendencia espiritual. Sus soportes rituales son los que ha usado la humanidad entera desde tiempos inmemoriales: la práctica del Arte y de la Ciencia Sagrada; por su intermedio se vehicula la enseñanza, ya sea a través de la palabra o por la escritura, con el soporte del módulo numérico, la música, el canto, el teatro, la danza o mediante la práctica de un oficio, de una tarea cotidiana, de un juego, o del ejercicio de las artes plásticas, gestuales y manuales.

Son reconocidas o repudiadas, veneradas por su saber o desprestigiadas, ensalzadas, asesinadas o simplemente ignoradas. Todo se da en la trama de la historia sagrada, esto es de las ideas, para vivificar el mensaje del “Uno sin segundo”. La forma constituye sólo un apoyo, por momentos amable, por otros terrible, mas lo único que pervive es la conquista del Graal que contiene el Elixir de la Inmortalidad. Y quien conoce este secreto es el que ha realizado en sí todas las nupcias de los aparentes opuestos y complementarios, aquél que traspasando lo sexuado, reconoce el andrógino que nunca dejó de ser, es decir, el ser humano –sea hembra o varón–, que ha experimentado en y con la conciencia todas las transmutaciones del mundo intermediario del alma y finalmente se ha entregado a la transformación, liberándose de toda limitación, y fusionándose con el Misterio Infinito.

No podemos avanzar sin abrir los arcones que atesoran montañas de pequeñas estrellas, es decir, de millares de mujeres anónimas que han transitado por los senderos de la civilización occidental, nacida del mensaje revelado por el dios Hermes. Hay una historia popular no escrita en papel, pero sí grabada en el corazón de la cultura; un rastro sutil de seres que se han sumado desde su condición femenina y según sus cualidades y posición a la edificación de la concordia universal, labor que aunque silente e ignorada por la oficialidad ha sido y es del todo necesaria. A esta vida secreta, que es signo de la comprensión de la relatividad del ser particular respecto de la única realidad del Principio –hecho por el cual el ser humano de mentalidad tradicional otorga tan poca importancia a la individualidad–, queremos destinar ahora unas líneas. Dos son las funciones que a modo de piedras de fundamento de una civilización han desempeñado la inmensa mayoría de mujeres, sea cual fuere el puesto que ocuparan en el seno de dicha cultura: por un lado, el cuidado del hogar; del otro, la gestación y crianza de los hijos, aspectos ambos que por pura ignorancia han caído en el desprestigio y la mala interpretación desde hace ya unos siglos1, pero que en sí son totalmente simbólicos, trascendentes y susceptibles de numerosas correspondencias analógicas con los estados del Ser Universal. La plena vivencia consciente de estas tareas constituye un soporte ritual inestimable para la mujer de cualquier tiempo y condición que desee conocerse y trascender los límites de la individualidad; mas para ello es preciso disponer de unas claves para restituir su sentido real y liberador. La Tradición es quien otorga estas llaves, despertando en el ser que a ella se afilia una visión sagrada, según la cual todas las expresiones de la vida de un mundo, de una civilización, de una cultura, sociedad o individualidad son reflejo de la realidad de un Ser invisible, que paradójicamente es su origen y razón de ser. Es por la verdadera experiencia de lo que estamos diciendo que se irá operando la alquimia espiritual en el corazón de la adepta adscrita, al nivel que fuere, a una vía de Conocimiento.

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El ave fénix

Posted by cosmoxenus en 25 junio 2007

La más bella de las criaturas fabulosas, simbolizaba la esperanza y la continuidad de la vida después de la muerte.

Revestida de plumas rojo y oro, los colores del sol naciente, poseía una voz melodiosa que se hacia lastimera a la hora de morir. Las demás criaturas quedaban tan abrumadas por su belleza y melancolía que expiraban también.

Según la leyenda, sólo un fénix tenía cabida en el universo. El gran Ilesiodo, poeta griego del siglo VIII antes de J-C-, afirmó que vivía nueve veces más que el cuervo. Otros decían que llegaba a vivir 97.200 años.

Cuando el ave sentía la proximidad de la muerte, encendía una pira de canela silvestre y moría entre las llamas. Pero de las cenizas surgía un nuevo fénix, que recogía con ternura los restos de su padre y los guardaba en un huevo de mirra. Levantaba el vuelo hacia la ciudad de Ileliópolis, en Egipto, y allí los depositaba sobre el altar del Sol.

Se decía que tales cenizas poseían la virtud de devolver la vida a un difunto. El libertino emperador romano Hcliogábalo (año 204-22 después de JC) quiso tomar carne de fénix para hacerse inmortal. Comió un ave del paraíso que le fue servida en lugar de un fénix, pero el sustitutivo no resultó eficaz. Poco después moría asesinado.

Creen hoy los sabios que la leyenda del fénix nació en Oriente y fue adoptada por los sacerdotes de Heliópolis, adoradores del Sol, como alegoría de la muerte y resurrección diarias del astro rey.

Como todos los grandes mitos, éste ha hecho vibrar la mente y el corazón de los hombres. En el arte cristiano, el fénix, vencedor de la muerte, se convirtió en el símbolo de Cristo resucitado.

Es curioso que su nombre pudiera deberse a un error de Herodoto, historiador griego del siglo V antes de J.C. Quizá no designó el ave por su verdadero nombre, sino por el de la palmera (en griego Phoenix) sobre la que se posaba en las representaciones de aquellos tiempos.

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