El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Logia’ Category

El Egregor o Egrégora masónica

Posted by cosmoxenus en 21 junio 2008

 

“Entre las consecuencias que ella podría comportar, está sobre todo ese fenómeno psíquico y místico de la formación de una egrégora en el seno de una asamblea de discípulos fervientes y unánimes, fenómeno que estaría en condiciones de elevar el espíritu de los participantes hasta una suerte de trascendencia que, gracias a su participación, multiplicaría las posibilidades de intuición y de comprensión.”

René Guenón

Hemos extraído estos párrafos de distintos Sitios del Web. La intención no es la de una simple información doctrinaria. Tiene un propósito corrector del ambiente de jolgorio fraternal que en algunas Logias se manifiesta a lo largo de toda una Tenida o en partes de ella o aún en la Cadena Fraternal.

Ejemplos nimios de la manifestación de este ambiente son la lectura del Ritual en forma acelerada (sin expresar el sentido esotérico de cada frase), los errores que se cometen en la misma lectura, los comentarios en voz baja al vecino, el pedir un prosaico caramelo, el beber de una botella guardada debajo de su silla, el estornudar sonoramente, las muecas de disgusto o los gestos de las manos ante una idea expresada por el disertante, la intolerancia en general, el permitir que la envidia distorsione el sano juicio sobre la actuación de un Hermano, el iniciar un comentario con un rotundo “está equivocado” en lugar del preferible “este fue un comentario interesante pero hay lugar a otros puntos de vista”, la excesiva verborragia al hacer uso de la palabra, el desconocimiento de las normas por las que se rige la movilidad dentro del Templo, etc.

Con ello reducimos la posibilidad de lograr un ambiente recogido, atento, de elevación espiritual, de alcanzar la egrégora que, – dejando de lado todo propósito místico, – constituye la esencia de nuestra asistencia al Templo. (J.S.)

““Egregor” [Del griego Egregoroi] significa velar. Egrégora también proviene del mismo término y designa la fuerza generada por la sumatoria de las energías físicas, emocionales y mentales de dos o más personas cuando se reúnen con cualquier finalidad.

Los diccionarios no registran el término egrégora, del griego "egregorien" (vigilar). Sin embargo Rizardo da Camino, en su Diccionario Masónico, se refiere a esta realidad sensible y actuante como el "Cuerpo místico que se forma con sus propias peculiaridades, cuando todos (los oficiantes) se unen con las mentes para el acto de crear". También se podría definir como una especie de "mente global" de cierta autonomía, que está conformada con los sucesivos aportes de los participantes afines a un cierto lugar o estudio; algo similar al concepto del inconsciente colectivo de Jung.

A los Egregores Eliphas Levi, el escritor ocultista francés, los denomina príncipes de las almas. Rizardo da Camino en su Diccionario Masónico, dice que es un “Cuerpo Místico que se forma con sus propias peculiaridades, después de la apertura del Libro Sagrado, cuando todos se unen con las mentes para el acto de crear”. Al Egregor se le supone un centro de conciencia dévico, entendiendo por dévico a las reacciones del Espacio por cualquiera de los estados de conciencia humanos.

Se le conceptúa esotéricamente como un ente primordial formado por una agrupación de almas en un todo de sustancia mental o psíquica. Los antiguos consideraban a la Egrégora un ser vivo con fuerza y voluntad propias generadas a partir de sus creadores o alimentadores pero independiente de las de cada uno de ellos.

En el plano racional a los Egregores se les entiende como formas psíquicas que tienen que ver con estados de conciencia humanos. Es un ‘ser psíquico’ de carácter colectivo; un campo de influencia común, es un fluir sutil, invisible y elástico que ocupa espacios y que transmite energías creadas por un modo de pensar, de sentir o de actuar de los seres humanos. Es un “ente” real, sensible y actuante, aunque imponderable, que permite tener a los corazones sintonizados.

Es un alma grupal, un arquetipo que dirige el destino de la comunidad. Es innegable su poder por la consolidación de lazos entre el individuo y el grupo integrando al primero a un registro del inconciente colectivo. Si algunas personas se reúnen y emiten vibraciones fuertes e idénticas por pensamientos de la misma naturaleza, formarán uno por energía positiva o negativa, según sea el genero de los pensamientos emitidos, el Egregor creado con nuestros pensamientos, sentimientos y emociones y de acuerdo a ellos, reaccionará sobre nosotros. Es decir; todo impulso vital o substancial que surge de individuos o de comunidades produce una reacción en el espacio que provoca la forma psíquica de un Egregor, que se establece alrededor de las personas, de los hogares, de templos, de instituciones, etc, y por el que se puede percibir las condiciones y carácter de los mismos.

La Egrégora se realimenta de las mismas emociones que la crearon, y a quienes la engendraron, se les induce a producir repetidamente las mismas emociones. Los hay efímeros y permanentes. Los primeros obedecen a impulsos psíquicos o estados de conciencia esporádicos y sin fuerza aglutinante; los segundos son el resultado de la acumulación de materia psíquica realizada de manera constante y permanente por efecto de los estados de conciencia habituales, ya sea de los individuos o de los grupos. Por ejemplo: Una persona pesimista producirá un tipo de energía que por ley de afinidad se fijará a su alrededor y se ligará con personas y sitios que tengan su misma vibración.

Vibración que puede ser uno de los siete principios herméticos, el que dice: "Nada está inmóvil, todo se mueve, todo vibra"

Si consideramos que hay tres planos de existencia: el plano físico o material, el plano mental o metafísico y el plano espiritual, también existen tres tipos de vibraciones, la más baja la del plano material y la más alta que corresponde al plano espiritual. Obviamente así como en el plano físico no todo lo que existe posee la misma vibración, en los demás planos también hay diferencia vibracional. En el Universo entero no hay nada que esté inmóvil y quieto sino que en realidad está todo continuamente vibrando y en movimiento. Cualquier pensamiento (positivo o negativo) es energía que sale de nosotros hacia el mundo exterior para dar forma a lo que hemos pensado. En su camino se une con pensamientos similares de otras personas y se fortifica, una vez que es lo suficientemente fuerte, regresa a quien lo creó. Una perfecta comprensión de este principio habilita al estudiante hermético a controlar sus propias vibraciones mentales, así como las de los demás.

Tres axiomas herméticos:

«Para cambiar vuestra característica o estado mental, cambiad vuestra vibración.»

«Para destruir un grado de vibración no deseable, póngase en operación el principio de polaridad y concéntrese a la atención en el polo opuesto al que se desea suprimir. Lo no deseable se elimina cambiando su polaridad.»

«La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración.»

El Egregor formado por el poder de los ritos, de las ceremonias litúrgicas y de meditaciones llevadas a cabo regularmente por las distintas religiones, sociedades y escuelas esotéricas de entrenamiento espiritual del mundo determinan estados psíquicos con gran influencia que afectan el ambiente particular de tales comunidades y también sobre otras conciencias generando un fenómeno psicológico vivenciado como un despertar espiritual. Así, se aprecia una elevación o dignificación de la conciencia. Estos Egregores son deseables, necesarios, y es lícito pretenderlos como cohesión iluminada. Por el contrario, existen otros negativos que son generados por actos de egoísmo, por la incapacidad de aceptación del bien y de rechazar al mal. Estos Egregores son los más numerosos y los que frecuentemente nos encontraremos cruzados en el camino hacia la máxima elevación espiritual en donde se busca la paz, la serenidad y la comprensión.

Los distintos tipos de Egregores cualifican la vida de individuos y de los grupos que los produjeron por efecto de sus ordinarios y habituales trabajos y estados de conciencia. Los hay que provenientes del pasado aun pululan en ritos y ceremonias y continúan proyectando energías. Otros, de carácter reciente generan un poder muy notorio en la vida actual determinando los aspectos sociales, políticos, culturales, de las distintas naciones.

Ente mágico y etéreo, fruto de sinergismo de personas reunidas en la práctica de un ritual, como energía psíquica se dota de una forma objetiva en el plano donde se manifiesta. Esta forma se adapta a las expresiones de la personalidad cuando se experimentan estados de conciencia como el odio, la envidia, el miedo o la desesperación o, por el contrario, la benevolencia, el afecto, la compasión, la decisión o el valor. La acumulación de las energías psíquicas exigiendo una forma haya en los distintos espacios cualificados la respuesta adecuada. La actividad en distintos niveles de expresión psíquica, produce y determina aquellas formas y una vez creadas se introducen en las mismas constituyendo lo que podríamos denominar esotéricamente un centro de conciencia grupal.

El Egregor, siendo básicamente una creación mental -ya sea en un sentido positivo o negativo- ofrece la particularidad de estar dotado de una conciencia embrionaria con capacidades de acción y de reacción, así como de un alto espíritu de supervivencia. Tiene capacidad de absorción de las energías y también de expansión de las mismas, oponiendo resistencia a las fuerzas que tratan de destruirle. Los Egregores influyen muy directamente en la historia humana estructurando ambientes psíquicos que determinan el grado de civilización y cultura. Jesús formó el Egregor del cristianismo Hitler el del nazismo.

El masónico aparece en las logias durante el trabajo, por ello, sería aconsejable que el lugar esté exclusivamente dedicado para el oficio masónico y que la tenida se lleve a cabo tanto en el desarrollo del Ritual como en las intervenciones personales en completa armonía. La Egrégora masónica atribuye a los trabajos un carácter místico, diferenciándolos de otros tipos de reuniones, por tanto, al ingresar en el Templo, los miembros deberían dejar todo pensamiento y actitud profana fuera. Los Aprendices, Compañeros y Maestros, superando el papel de simples espectadores, deberían estar dispuestos a realizar aportes de actitud y opinión constructiva que producirán una especie de vibración involucrada que constituirá un Egregor particular al que nos conectaremos mental o emocionalmente, alimentándolo, al mismo tiempo que nos alimenta a nosotros en un constante equilibrio.

Si nuestro trabajo en el Taller se limita al simple ejercicio mímico del Rito, si evidenciamos una actitud desapegada y sin sentido ceremonioso, si nuestra intervención es una simple exposición de palabras vacuas, una logomaquia sin sentido, si nuestro pensamiento se enroca perezosamente en la rutina y desprecia aspiraciones elevadas; entonces estaremos contribuyendo a la formación de un Egregor que sumado a otros con igual actitud aumentará su fuerza y provocará el fracaso de los trabajos.

Cuando un hermano realiza su honesto aporte masónico puede generar una vibración poderosa que se propagará libremente por el silencio de algún alma opacada estimulando su reflexión. Imaginemos a la totalidad de hermanos trabajando con similar disposición y será fácil augurar un futuro provechoso para ése templo.

Hay logias en las que sus características peculiares perduran a pesar de los individuos que entran y salen de ella, el taller tiene su alma, su Egregor, formado por todos los que participaron en las Tenidas, también por su embellecimiento y cuidado, que deben ser permanentes. Así, el Templo puede ser sencillo pero debe estar escrupulosamente limpio, decorado con buen gusto para estimular la emoción artística, porque el arte y la belleza son fundamentales para la evolución del Egregor de la Logia. Deberían evitarse la murmuración, los gestos poco fraternales. Sería deseable por parte de todos los hermanos que sus trabajos estén regidos por los pensamientos más elevados y con las palabras más respetuosas y afectuosas. Convendría que las tenidas fueran constantes y regulares con asistentes sinceros y entusiastas con los trabajos de la Logia.”

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LA CLAUSURA DE LA LOGIA MASONICA

Posted by cosmoxenus en 4 mayo 2008

FRANCISCO ARIZA

Como ya vimos en el número anterior de SYMBOLOS (Nº 6, Guatemala 1993), la apertura de la Logia permite la “creación”, o mejor, “re-creación”, de un tiempo y un espacio sagrados, un enmarque protector dentro del cual los masones realizan sus trabajos “a cubierto” del mundo profano (profanum: fuera del templo), ejercitando el Arte Real o “Gran Obra” de la cosmogonía. Y todo ello en perfecta correspondencia con los “planes del Gran Arquitecto del Universo”, a cuya “Gloria” y “Nombre” se cumplen precisamente esos trabajos, pues como se lee en el Libro Sagrado: “Si el Eterno no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican”.

Cuando éstos llegan a su fin, el Maestro de la Logia, ayudado por los demás Oficiales del Taller, procede a la clausura de los mismos, a su cierre y recogimiento (clausura, de “clau”, “llave”), lo que se hace, como todo en la Masonería, de manera ritual y simbólica. Con esa clausura o cierre la Logia ha cumplido su ciclo de manifestación, habiendo desarrollado hasta llegar a sus propios límites (señalados por el tiempo simbólico) todas las posibilidades en ella contenidas, y la luz, cuya irradiación ha iluminado esos trabajos, se repliega progresivamente en sí misma, retornando así al origen o principio de donde brotó. La Palabra, el Verbo, el Logos (de donde Logia), esto es el Ser, vuelve a concentrarse en el “Silencio” de lo inefable e inmanifestado, siendo éste el sentido profundo que tiene el “juramento del silencio” que todos los miembros del Taller realizan antes de abandonar definitivamente el Templo.

La Logia, imagen simbólica del Mundo, ritualiza con ese doble movimiento expansivo (centrífugo) de la apertura, y contractivo (centrípeto) de la clausura, la cadencia del ritmo universal, del expir y aspir cósmico, pues esta es la Ley o Norma a la que está sujeto todo lo manifestado, ya se trate de un ser, un mundo o del conjunto entero de la Existencia Universal. A todo nacimiento le sigue un proceso de expansión y desarrollo, alcanzados los límites del cual se inicia un período inverso de contracción, replegamiento y finalmente extinción. A este respecto, la clausura de la Logia coincide con la “Medianoche en punto”, es decir con el “fin del día”, el cual es en sí un ciclo completo análogo a ciclos más grandes, en los que está incluido.

Artículo continúa en http://www.geocities.com/glolyam/s7frar1.htm

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LA SIMBOLICA DEL RITUAL DE APERTURA DE LA LOGIA

Posted by cosmoxenus en 4 mayo 2008

FRANCISCO ARIZA

El ritual de apertura y clausura de la Logia masónica es, junto a los catecismos o manuales de instrucción y los símbolos que aluden a la construcción, el único legado (pero sin duda inapreciable) que la Masonería actual ha recibido de la antigua Masonería operativa. Dicho legado ha permitido que se continuara conservando la descripción simbólica de la cosmogonía, y por consiguiente, la posibilidad de acceder a su conocimiento y comprensión. De esta manera lo fundamental del Arte Real masónico, que ejemplifica el proceso que conduce a ese Conocimiento, se ha perpetuado a través del tiempo, y con él el Espíritu de esta organización iniciática de Occidente. Esta sería la principal razón de que la Masonería continúe siendo una tradición viva con todos los elementos necesarios para hacer efectiva la realización espiritual. Por otro lado, el que muchos miembros de la Masonería ignoren el verdadero contenido iniciático y esotérico de la Orden a la que pertenecen, en nada altera la validez de la iniciación masónica, ni disminuye su fuerza para quien esté interesado realmente en un trabajo interno serio y ordenado, y sepa ver más allá de la apariencia formal e “institucional” con que se reviste y “cubre” esta tradición para expresar la primordialidad de su mensaje, el que constituye su esencia y su razón misma de ser.

En esta primera parte vamos a ceñirnos especialmente a la simbólica del ritual de apertura de la Logia, ritual que consagra, en el verdadero sentido de la palabra, los trabajos que en ella se cumplen. En efecto, mediante dicho ritual, lo que no era sino un lugar cualquiera, deviene un templo, esto es, un espacio sacralizado y significativo. Gracias a la acción de las energías espirituales vehiculadas por los símbolos, palabras y gestos rituales, podría decirse que ese lugar es “transmutado” en algo esencialmente distinto de lo que era. De ahí, por tanto, la importancia de que el ritual sea practicado lo más perfectamente posible, siguiendo con la máxima escrupulosidad lo en él prescrito, y sin alterar, suprimir o modificar sin razón alguna ninguno de los elementos que lo constituyen, ya que en el respeto a los mismos reside precisamente la eficacia del propio rito. Naturalmente esto no quiere decir que los gestos rituales se repitan de una manera “mecánica”, sino que al tiempo que se realizan han de comprenderse las ideas que vehiculan, que hablan de una realidad arquetípica, siendo uno con ellas, pues el rito no es otra cosa que el símbolo hecho gesto. Por consiguiente, el ritual ha de vivirse como lo que realmente es, como un conjunto o un todo ordenado y armónico en donde cada una de las partes que lo conforman se corresponden mutuamente entre sí. Se trata, por tanto, de un organismo que está vivo, y que actúa de acuerdo a los estímulos que recibe, es decir en cuanto se pone en práctica de una manera consciente. Es por eso que si una de esas partes faltara el ritual entero se resentiría, perdiendo “fuerza y vigor” la influencia espiritual que a través de él se transmite.

Para su mejor explicación, podemos dividir el ritual de apertura en cuatro partes:

– Asegurarse de la “cobertura” de la Logia.
– Comprobar la regularidad iniciática de los asistentes y determinación del espacio simbólico.

– El “encendido de las luces” y el trazado del cuadro de Logia.

– Descripción del tiempo simbólico y consagración de la Logia.

Continúa en http://www.geocities.com/glolyam/s6frar1.htm

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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL «CUADRO DE LOGIA»

Posted by cosmoxenus en 21 octubre 2007

Bruno Rovere

El Cuadro de Logia constituye en la Masonería especulativa un elemento indispensable para la apertura y el desarrollo ritual de los trabajos, puesto que su presencia, en virtud de la influencia espiritual inherente a los símbolos allí representados, sacraliza el lugar en el que tales trabajos se llevan a cabo, incluso cuando se trate de una pieza carente de otros símbolos masónicos (1) desde este punto de vista, la diversidad que se advierte en los símbolos representados en el Cuadro de Logia en los tres grados puede corresponder no sólo a un tipo de trabajo diferente, sino también a una diversa modalidad de acción de la influencia espiritual, o bien a la acción de diferentes modalidades de dicha influencia.

Por su colocación central, y puesto que reproduce los principales símbolos que deberían decorar el Templo, el Cuadro de Logia es un símbolo del «centro» que, como apuntaba René Guénon refiriéndose a la «rueda cósmica» (2): « a pesar de eso ha de ser concebido como conteniendo “principalmente” a la rueda entera, y por este motivo Guillaume Poste! describe el centro del Edén (que es a la vez el “centro del mundo” y su imagen) como la “Rueda en medio de la Rueda” ».

Vista la importancia del Cuadro de Logia en la Masonería especulativa, no deja de llamar la atención que el mismo, por lo que puede saberse, falte en la antigua Masonería operativa, lo cual plantea dos problemas por lo demás estrechamente relacionados: ¿qué es lo que en la antigua Masonería operativa hacía las veces del Cuadro de Logia y cuál es el origen de este último? Para intentar hallar una solución a estas cuestiones, conviene referirse a lo que se conoce, gracias a la obra de René Guénon y a las cartas de Clement Stretton (3), sobre los antiguos rituales operativos.

En la antigua Masonería operativa existían siete grados (4) y dos grandes Cuerpos: la Masonería de la Escuadra (square masonry), o azul, y la Masonería del Arco (arch masonry), o roja, la única que tenía derecho al compás. Ambos Cuerpos poseían siete grados, que en la Masonería de la Escuadra, de la cual deriva más directamente la Masonería especulativa que precisamente aún hoy se llama Azul, eran, según lo que dice Clement Stretton, los siguientes:

I grado, o grado de los Aprendices (Apprentices), que, con el martillo, el cincel y la regla, desbastaban la piedra bruta. Transcurrido un lapso obligatorio de siete años en su condición de Aprendices, esto es desde los 14 hasta los 21 años, durante los cuales no podían contraer matrimonio ni tener relaciones con mujeres, pasaban al segundo grado con lo que alcanzaban el estado de Francmasones ( free-masons).

II grado, o grado de los Compañeros (Fellows of the Craft), que, con los mismos instrumentos que los aprendices, a más de escuadra, nivel y plomada, escuadraban a la perfección la piedra bruta. Su nombre era Giblim (5) .

III grado, o grado de los Super-Compañeros (Super-Fellows), o Compañeros de la Marca, quienes tras verificar la exactitud de la obra marcaban con mallete y cincel la piedra escuadrada (6).

IV grado, llamado Sitio del Templo, donde sin emplear instrumentos metálicos, se disponían y erigían, según el orden establecido por las marcas, las piedras provenientes del grado anterior. En este grado se procedía, pues, a la construcción del Templo.

V grado, o grado de los Superintendentes de los Trabajos, cuyo nombre hebreo era Menatzchim (7), los que debían ocuparse de instruir y vigilar a los Aprendices y Compañeros de grado inferior.

VI grado, o grado de aquellos que habían superado el examen de Maestro (Passed-Masters), y cuyo nombre hebreo era Harodim (8). Estos no podían superar el número de quince.

VII grado, constituido por tres Maestros Masones en funciones, que respectivamente representaban al Rey Salomón, a Hiram, Rey de Tiro, y a Hiram-Abif, el Arquitecto.

En una Logia operativa, según lo que refiere Clement Stretton, los trabajos se desarrollaban al mismo tiempo en los siete grados, motivo por el cual era necesario disponer de siete cámaras, una para cada grado; con arreglo a un esquema que el mismo delineara, esas cámaras o « Logias» se hallaban distribuidas en dos construcciones oblongas y paralelas, orientadas según el eje Este-Oeste, cada una de las cuales comprendía tres piezas: en la primera construcción, a la que se accedía por Oriente, se hallaban dispuestas sucesivamente las cámaras de primero, segundo y tercer grado, separadas unas de otras por una doble puerta; en la segunda construcción, ubicada al norte de la primera, se encontraban las cámaras de quinto, sexto y séptimo grado, con una doble puerta entre las dos primeras y una plegadiza entre las dos últimas, de modo que en éstas los trabajos podían llevarse a cabo a puertas abiertas.

Esta segunda construcción, además de la puerta principal de Oriente, disponía de otro acceso a Occidente, para uso exclusivo de los tres Grandes Maestros. Por último, en el Noroeste de dichas construcciones, se situaba la Logia de IV grado o Sitio del Templo, que revestía una importancia muy especial en el conjunto de los siete grados: además de ser el lugar donde se procedía a la construcción del Templo, lugar sagrado al cual sólo se podía acceder descalzos y con la cabeza cubierta, era también el escenario de representaciones, en forma de dramas rituales, que anualmente conmemoraban episodios importantes acontecidos durante la construcción del Templo de Salomón, como la colocación de las piedras fundamentales por parte del Rey Salomón, la muerte del arquitecto Hiram-Abif, etc.

Por otra parte, en el centro del Sitio del Templo, debajo del piso había una cámara subterránea, donde podían acceder únicamente quienes habían obtenido el grado de Maestro (VI y VII), y en la que se custodiaban adentro de una columna cuadrangular los planos del Templo y el «Centro». Por el centro de la bóveda de esta cámara subterránea y proveniente del techo del Templo descendía una plomada azul, que colgaba al centro de una esvástica (9); en esta cámara, finalmente, a la cual se ajusta muy bien la denominación de «Cámara del Medio», tenía lugar la iniciación al séptimo grado.

Ahora bien, mientras que en la Masonería especulativa los trabajos comienzan siempre en cámara de Aprendiz, para en todo caso pasar luego a los demás grados, en la Masonería operativa la apertura de la Logia era llevada a cabo primero de forma privada por los tres Grandes Maestros en la cámara de séptimo grado, y sucesivamente, por su mandato, se alargaba a los grados inferiores; en cierto sentido, puede decirse que la influencia espiritual descendiese primero de manera «vertical» en la cámara del séptimo grado, para luego ser transmitida y «participada» de manera «horizontal» a los grados inferiores. Al respecto se puede citar un artículo de René Guénon, en donde éste afirmaba: «En efecto, una Logia operativa no puede ser abierta más que con el concurso de tres Maestros, provistos de tres varas cuyas respectivas longitudes están en relación con los números 3, 4 y 5; y solo cuando estas tres varas han sido arrimadas y dispuestas de manera tal de componer el triángulo rectángulo pitagórico puede tener lugar la apertura de los trabajos. Siendo así, es fácil comprender que una palabra sagrada puede análogamente hallarse formada por tres partes, y tales son las tres sílabas, cada una de las cuales puede ser pronunciada tan solo por uno de los tres Maestros, de modo que, faltando uno de ellos, tanto la palabra como el triángulo quedarían incompletos, y ya nada valedero podría llevarse a cabo» (10) .

En la Masonería operativa, según refiere Clement Stretton, el descenso de la influencia espiritual requería efectivamente de la invocación ritual de tres Nombres divinos, cada uno de ellos monosilábico, y el soporte geométrico de la misma en lugar de ser el Cuadro de Logia era el triángulo rectángulo constituido por tres varas que medían respectivamente tres, cuatro y cinco codos; al finalizar este rito, siempre en cámara de séptimo grado, se procedía a realizar un «saludo» vuelto a un Nombre divino hebreo trisilábico, cuyo valor numérico es 345, de donde surge claramente la conexión con las tres varas.

Pero hacia fines del siglo XVII los masones operativos se veían obligados cada vez con mayor frecuencia, por las variadas circunstancias de tiempo y lugar, a reunirse en hosterías, que disponían en lo alto de un salón suficientemente amplio. En tales condiciones, para poder mantener la constitución en siete cámaras de una Logia operativa, los locales que se hallaban en disposición eran subdivididos en siete compartimentos por cortinas de tela (11) ; por otra parte, en dichos locales no siempre se podía disponer de todos los enseres «masónicos» y modelos simbólicos necesarios, por lo que los elementos faltantes se trazaban con yeso o carbón en el suelo: en dicho trazado de los símbolos, con toda probabilidad prerrogativa exclusiva de los Maestros, que eran los únicos a quienes competía la realización del proyecto y por consiguiente el diseño (12) , se puede reconocer quizá una de las fuentes de donde se originó el Cuadro de Logia.

Lo que no constituía sino una excepción para los operativos, se convirtió en cambio en la norma consuetudinaria para los especulativos, quienes al ser preferentemente masones «aceptados» y además «cismáticos» de cualquier modo no podían reunirse en Logias constituidas en la obra, ni mucho menos disponer con facilidad de las herramientas del oficio; y fue precisamente entre los especulativos, y en especial entre los «Modernos» donde tomó pié la costumbre de trazar una Logia simbólica en el piso del lugar donde se reunían (13) .

Fue solo más adelante que se instauró la práctica de usar una Plancha de madera (board) colocada ya sea directamente sobre el piso o bien sobre un caballete o trípode, de allí la denominación de «trestle-board», donde cada vez se procedía a trazar, al inicio de los trabajos, el Cuadro de Logia; y posteriormente, hacia finales del siglo XVIII, se remplazó la Plancha de trazar (tracing-board) con Cuadros de Logia establemente pintados ya sea sobre tela u otros materiales, con una «gran variedad en los dibujos empleados por las diferentes Logias, aunque los símbolos principales naturalmente estuvieran siempre presentes» (14) .

Finalmente, en 1846, en Inglaterra, se llegó a unificar el diseño de los Cuadros de Logia a través de un «concurso», en el que se escogieron los que había presentado John Harris, que desde entonces se mantienen en uso en la mayor parte de las Logias anglosajonas.

Pero el mero hecho de poder determinar, cuando fuera posible, un origen histórico y por consiguiente humano en lo que toca al uso de un símbolo en particular, con todo no lleva a superar un punto de vista harto exterior: si entonces el Cuadro de Logia constituye en la Masonería especulativa un símbolo de notable importancia «técnica», y si es verdad que de lo menos no puede surgir lo más, hay que deducir que el verdadero origen, por decirlo así, del Cuadro de Logia sería mejor buscarlo en una adaptación, llevada a cabo de manera más o menos directa por la antigua Masonería operativa, de símbolos preexistentes, a fin de llenar las lagunas que se habían producido en la Masonería especulativa a causa de la ignorancia de los fundadores de la Gran Logia de Inglaterra.

Teniendo presente, además, las significativas discrepancias que se advierten no sólo en el ritual, sino también en los Cuadros de Logia de la Masonería continental en comparación a la anglosajona, como la respectiva posición del Sol y de la Luna y la presencia en el Cuadro de Logia de Aprendiz de la Masonería inglesa de los tres «pilares» en cambio de las dos «columnas», hay que dar por sentado que esa adaptación ha sido operada según modalidades diferentes en Francia y en Inglaterra (15) .

Por lo que toca al depósito simbólico custodiado por el Cuadro de Logia se puede juzgar que todo el Cuadro, o en particular algunos de los símbolos allí representados, como la Escuadra y el Compás (16), constituyan un sustituto del triángulo rectángulo de proporciones 3-4-5 idóneo para sacralizar el lugar de descenso de la influencia espiritual.

Asimismo se puede llegar a ver en la posición central que ocupa el Cuadro de Logia una correspondencia con la posición y la función central del «Sitio del Templo», que justamente se consideraba como un lugar sagrado; a más de esto puede reconocerse, en su carácter de diseño o símbolo gráfico, una correspondencia con los planos de construcción del Templo de Salomón, que en una Logia operativa se conservaban en la columna subterránea del «Sitio del Templo» y que al abrirse los trabajos recogía un Maestro (Passed ­Master) para luego disponerlos verosímilmente en el centro de la cámara de VI grado.

Esta última consideración, que se refiere quizá al «prototipo» más directo del Cuadro de Logia especulativo, nos lleva pues a examinar el problema del trazado del Cuadro.

Para captar la importancia que reviste este trazado puede ser de utilidad el siguiente paralelo: la lectura de un texto sagrado en principio surte ciertamente el mismo efecto ya sea que éste sea impreso o manuscrito, pero lo que se pierde en el caso del texto impreso es el efecto inherente a la transcripción del texto sagrado.

Análogamente, el uso de Cuadros de Logia impresos no obsta a la eficacia ritual de los mismos, pero lo que de esa manera se pierde es el significado simbólico y ritual propio de la acción y efecto de trazarlos. Esta última, que es una tarea de exclusiva incumbencia de los Maestros, constituye para el masón especulativo la única posibilidad que le ha quedado de «vivir» una de las principales funciones de los antiguos Maestros operativos, o sea, la de trazar los planos de la construcción; asimismo, siendo el Cuadro de Logia un símbolo del Cosmos, su trazado corresponde simbólicamente al propio proceso cosmogónico, lo que pone aun más de relieve su importancia.

NOTAS

1. En los siete grabados de Gabanon, datados de 1745 y reproducidos en el libro de G. H. Luquet La Franc-Maçonnerie et l’État en France au XVIII siècle (ed. Vitiano, París, 1963), donde se representan distintos momentos de una reunión masónica de la época, esto resulta muy evidente.

2. La Grande Triade, cap. XXIII, nota 11.

3. Clement Stretton fue iniciado en una Logia operativa de Derbyshire, en el condado de Leicester, en 1866, cuando era estudiante de ingeniería, y obtuvo el VII grado en 1909; su correspondencia con John Yarker durante los años 1908 y 1909, y las cartas dirigidas a la redacción de la revista The Speculative Mason desde 1910 hasta 1915, fecha de su muerte, constituyen una rica fuente de información sobre los aspectos operativos y rituales de la Masonería operativa. Amplios extractos de esta correspondencia han sido publicados en la revista The Speculative Mason entre 1950 y 1955, y es de allí que hemos sacado la mayor parte de las informaciones referidas en este artículo.

4. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo II, págs. 40 y 45, en nota, y Simboli della Scienza sacra, cap. XVII, nota 10.

5. Cf. René Guénon, Simboli della Scienza sacra, cap. XLVIII, nota 4.

6. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo I, pág. 261.

7. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo II, pág. 18.

8. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo II, pág. 18.

9. Cf. René Guénon, La Grande Triade, cap. XXV.

10. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, t. II, págs. 45-46.

11. Cf. los artículos aparecidos en el número de julio de 1948 de la revista The Speculative Mason, dedicados al Cuadro de Logia y reseñados por René Guénon en el número de enero-febrero de 1949 de la revista Études Tradítionnelles.

12. A este respecto puede observarse que la expresión «planche à tracer» es la traducción exacta de la inglesa «tracing board», la cual se aleja muy poco, por otra parte, de la expresión « drawing board», que designa un atributo característico del Maestro.

13. Según un antiguo ritual «especulativo», el candidato (sic) llevaba a cabo sobre este trazado una circulación simbólica, durante la cual se lo instruía del significado de los símbolos que encontraba (J. and B., 1762).

14. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo II, pág. 161.

15. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo I, pág. 284, y tomo II, pág. 162.

16. Conforme a lo que refiere Clement Stretton, en la antigua Masonería operativa la escuadra y el compás pertenecían a dos «Cuerpos» muy distintos del oficio, así es que dado el caso que un masón de la «escuadra» fuera descubierto manejando un compás la condena prevista era la pena de muerte. Por otra parte, la introducción en la Masonería especulativa de los dos instrumentos conjuntamente no puede sino corresponder a una adaptación realizada por los operativos para llenar unas lagunas «técnicas» muy graves, si era necesario ponerle remedio con tales sustituciones.

Fuente: Rivista di Studi Tradizionali n. 53, Luglio – Dicembre 1980

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LAS 12 COLUMNAS

Posted by cosmoxenus en 4 agosto 2007

Las 12 columnas que sostienen la bóveda del infinito de la logia, eternos apoyos de la sabiduría de la logia, son denominadas en la arquitectura por sus diferentes órdenes: dórico, jónico, corintio y otros, y ostentan sobre su cúspide los 12 símbolos del zodiaco que significan los meses del año y representan el devenir del tiempo.

En épocas pretéritas, para guiarse en las artes náuticas o astronomía el hombre agrupó en constelaciones conjuntos de estrellas para identificarlas y determinar el paso de las estaciones, conocimiento que resultó de gran ayuda para determinar las épocas de siembra y cosecha y, por ende, las cuatro estaciones del año. De esta forma abstracta fue como el hombre dio significado a las causas y efectos que tienen lugar en el planeta y que afectan el todo dentro del orden natural.

En el antiguo Templo, estas 12 columnas también representaban a las 12 tribus, cuya contribución en su construcción y la permanecer con él constituían la unidad para una causa y la diversidad, esto trasladado a nuestra antigua institución es la hermandad y unión que nos caracteriza; la importancia de este significado perdura en las enseñanzas que hasta nuestros días llega transformada en legado fraternal, donde cada uno de nosotros contribuye a la edificación de este templo, convirtiéndonos también en columnas de fortaleza, enseñanza y ejemplo.

Reciben también el nombre de Columnas las dignidades de la logia, constituidos así en los eternos apoyos de la institución, ya sea este moral, espiritual, filosófico y científico, pues estos aspectos intervienen en la preparación de la inteligencia humana. Estas dignidades ostentan como símbolos de nuestro sistema simbólico los planetas, el sol y la luna, reminiscencia del antiguo conocimiento adquirido en el principio de los tiempos; estas dignidades de logia exhiben en sus collarines 12 joyas en correspondencia a los signos zodiacales y planetas de las columnas.

El inevitable paso del tiempo representado en las columnas es el conocimiento abstracto que adquirimos desde temprana edad y que inevitablemente nos afecta; pocas veces nos detenemos a valorarlo y aprovecharlo, pues este devenir sin misericordia no se detiene, no nos espera, su legado fugaz es la lección que nunca se repetirá. Si bien el tiempo es infinito, para nosotros es finito y en ese lapso tan corto que es la vida no podemos dejarnos llevar por esa corriente eterna sin dejar de aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Para nosotros el tiempo es corto, trascender es en sí un trabajo de perseverancia, aprovechar éste en la lucha contra nuestras imperfecciones y vicios puede ser la herramienta que nos haga ser hombres libres, y una vez logrado ese maravilloso objetivo permanecer en él como marinos que, sabiendo que tienen el viento a su favor, llegaran a buen puerto.

A…M…
Ricardo Hernández Soto

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