El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Krishnamurti’ Category

LA CREENCIA EN DIOS

Posted by cosmoxenus en 27 mayo 2009

Por Jiddu Krishnamurti

Pregunta: La creencia en Dios ha sido un poderoso incentivo para un mejor vivir. ¿Por qué niega usted a Dios? ¿Por qué no trata de hacer revivir la fe del hombre en la idea de Dios?

KRISHNAMURTI: Consideremos el problema en forma amplia e inteligente. Yo no niego a Dios; sería una necedad hacer tal cosa. Sólo el hombre que no conoce la realidad gusta de palabras sin sentido. El hombre que dice que sabe, no sabe; el hombre que está viviendo la realidad de instante en instante no tiene medios de comunicar esa realidad.

La creencia es una negación de la verdad; la creencia obnsta a la verdad; creer en Dios no es encontrar a Dios. Ni el creyente ni el incrédulo encontrarán a Dios; porque la realidad es lo desconocido, y vuestra creencia o no creencia en lo desconocido es una mera proyección de vosotros mismos y por lo tanto no es real. Yo sé que vosotros creéis, y que ello tiene muy poco significado en vuestra vida. Hay mucha gente que cree; millones de personas creen en Dios y hallan consuelo. En primer lugar, ¿por qué creéis? Creéis porque ello os brinda satisfacción, consuelo, esperanza, y decís que ello da sentido a la vida. Vuestra creencia, en realidad, tiene muy escasa significación, porque creéis y explotáis al prójimo, creéis y matáis, creéis en un Dios universal y os asesináis unos a otros. El hombre rico cree también en Dios; explota cruelmente a los demás, acumula dinero y luego edifica un templo o se hace filántropo.

Los hombres que arrojaron la bomba atómica sobre Hiroshima decían que Dios estaba con ellos; los que volaron de Inglaterra para destruir a Alemania decían que Dios era su copiloto. Los dictadores, los primeros ministros, los generales, los presidentes, todos hablan de Dios, tienen inmensa fe en Dios. ¿Y prestan ellos servicios, hacen más feliz la vida del hombre? Los hombres que dicen que creen en Dios han destruido la mitad del mundo, y el mundo está en una miseria completa. Por causa de la intolerancia religiosa, existen las divisiones de la gente en creyentes y no creyentes, divisiones que conducen a las guerras de religión. Ello indica cuán inclinada a la política es vuestra mente.

¿Es la creencia en Dios “un poderoso incentivo para un mejor vivir”? ¿Por qué deseáis un incentivo para mejor vivir? Vuestro incentivo, por cierto, tiene que ser vuestro propio deseo de vivir de un modo puro y sencillo, ¿no es así? Si esperáis algo de un incentivo, no os interesa el hacer la vida posible para todos sino tan sólo vuestro incentivo, que es diferente del mío; y nos pelearemos por el incentivo. Mas si vivimos felices juntos, no porque creamos en Dios sino porque somos seres humanos, entonces compartiremos enteramente los medios de producción a fin de producir cosas para todos. Por falta de inteligencia aceptamos la idea de una superinteligencia a la que llamamos “Dios”; pero este “Dios”, esta superinteligencia, no habrá de brindarnos una vida mejor. Lo que conduce a una vida mejor es la inteligencia; y no puede haber inteligencia si hay creencia, si hay divisiones de clase, si los medios de producción están en manos de unos pocos, si hay nacionalidades aisladas y gobiernos soberanos. Todo eso, evidentemente, indica falta de inteligencia, y es la falta de inteligencia lo que impide un mejor vivir, no el no creer en Dios.

Todos vosotros creéis de diferentes maneras, mas vuestra creencia carece de toda realidad. La realidad es lo que vosotros sois, lo que vosotros hacéis, lo que vosotros pensáis; y vuestra creencia en Dios es una simple evasión de vuestra vida monótona, estúpida y cruel. Más aun: la creencia invariablemente divide a los hombres: ahí están el hindú, el budista, el cristiano, el comunista, el socialista, el capitalista, y así sucesivamente. La creencia, la idea, divide; jamás reúne a la gente. Puede que reunáis a unos cuantos en un grupo, pero ese grupo se opone a otro grupo. Las ideas y las creencias nunca son unificadoras; por el contrario, son separativas, desintegradores y destructivas. Por lo tanto, vuestra creencia en Dios está de hecho extendiendo desdicha por el mundo; aunque os haya traído momentáneo consuelo, en realidad os ha traído más desdicha y destrucción bajo forma de guerras, hambre, divisiones de clase, y la acción despiadada de determinados individuos. De suerte que vuestra creencia carece totalmente de valor. Si realmente creyerais en Dios, si ello fuera para vosotros una experiencia real, entonces en vuestro rostro habría una sonrisa; no destruiríais a los seres humanos.

Ahora bien, ¿qué es la realidad, qué es Dios? Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente debe estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente debe estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios.¿Qué sabéis acerca de Dios o de la verdad? Vosotros, de hecho, nada sabéis acerca de esa realidad. Todo lo que conocéis son palabras, las experiencias de otros o algunos momentos de experiencias propias más bien vagas. Eso, por cierto, no es Dios, no es la realidad; eso no está fuera del ámbito del tiempo. Para conocer aquello que está más allá del tiempo, el proceso del tiempo debe ser comprendido; y el tiempo es pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Eso es todo el trasfondo de la mente; la mente misma es el trasfondo, tanto la consciente como la inconsciente, la colectiva y la individual.La mente, pues, debe estar libre de lo conocido, lo cual significa que la mente debe estar en completo silencio, noforzada al silencio. La mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa. La mente forzada, dominada, plasmada, encuadrada y mantenida quieta, no es una mente en silencio. Puede que durante un lapso consigáis forzar la mente a estar superficialmente en silencio, pero una mente así no es una mente serena. La serenidad sólo ocurre cuando comprendéis el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender el proceso es darle fin, y al cesar el proceso del pensamiento empieza el silencio.

Sólo cuando la mente está en completo silencio, no únicamente en el nivel superior sino fundamentalmente, en su totalidad, tanto en el nivel superficial como en los más profundos de la conciencia, tan sólo entonces puede advenir lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente haya de experimentar; el silencio solamente puede ser experimentado, nada más que el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea el silencio, no hace más que proyectar sus propios deseos; y una mente así no está en silencio. Mientras la mente no esté en silencio, mientras el pensamiento en cualquier forma, consciente o inconsciente, esté en movimiento, no puede haber silencio. El silencio es liberación del pasado, de los conocimientos, del recuerdo tanto consciente como inconsciente; y cuando la mente está del todo silenciosa, inactiva, cuando en ella reina un silencio que no es producto del esfuerzo, sólo entonces lo atemporal, lo eterno, puede surgir. Ese estado no es un estado de recordación; no hay entidad alguna que recuerde, que “vivencia”.

Por lo tanto Dios, o la verdad, o lo que os plazca, es algo que adviene de instante en instante; y ello ocurre únicamente en un estado de libertad y espontaneidad, no cuando la mente está disciplinada de acuerdo con una norma. Dios no es cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo; sólo adviene cuando hay virtud, es decir, libertad. La virtud es enfrentarse con el hecho de lo que es, y el enfrentarse con el hecho es un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún movimiento de ella misma, sin la proyección del pensamiento, consciente o inconsciente, sólo entonces adviene lo eterno.

 

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La fraternidad es un hecho en la Naturaleza

Posted by cosmoxenus en 28 diciembre 2008

Radha Burnier, ‘The Theosophist’, agosto de 2008

Las Cartas de los Maestros dicen que en el imperio de la Naturaleza todas las cosas están ligadas por simpatía magnética; por consiguiente hay una conexión incluso entre una estrella distante y un hombre o una mujer en esta tierra.  Esta enorme extensión de relaciones, tal vez ilimitada, es la base para la declaración de que la fraternidad es un hecho en la Naturaleza.  Nosotros no tenemos que inventar la fraternidad o creer en ella; sólo tenemos que reconocer que el cosmos mismo está ligado por hilos sutiles de simpatía magnética.  Por tal reconocimiento espontáneamente llegamos a estar más  y más llenos con el espíritu de fraternidad, lo cual significa que siempre hay líneas de comunicación entre todas las cosas.

Si existen estos inextricables lazos, la simpatía magnética no es obviamente un manifiesto acto perceptible.  Es un movimiento desde dentro, del ser reconociendo al ser, de la vida universal siendo consciente de su foco en el ser de uno mismo, como también en todo lo que existe.  Hay una comunicación natural entre todas estas cosas.  La Naturaleza no sólo existe en la dimensión física, sino también en los niveles densos, sutiles y espirituales.  En realidad, en las enormes profundidades de la Naturaleza en todas partes, la comunicación no es muy clara en los niveles inferiores, pero hay constante unidad y amor en los niveles más profundos.

Esa comunicación se obstruye por nuestras actividades mentales, por los prejuicios y condicionamientos que permitimos que dominen en nuestra conciencia en este nivel inferior.  Parece como si, aun a través de la ciencia, haya vislumbres de este sistema de intercomunicación de todo lo que existe, pero sólo son conocidos pequeños indicios, por ejemplo, que los árboles se comunican unos con otros de alguna manera misteriosa.

Si un bosquecillo de árboles es afectado por una plaga, el árbol, naturalmente, trata de quitársela de encima, pues de otra manera puede ser destruido.  Pero el bosquecillo puede aparentemente comunicarse con otro bosquecillo en alguna otra parte.  Hace unos pocos años, grandes olmos, que son muy bellos, fueron todos afectados por alguna clase de enfermedad, pero de manera misteriosa dieron aviso a otros árboles, de tal manera que los árboles desarrollaron señales que pudieron prevenir que la plaga llegara a tener mucho éxito.  Sabemos que en Adyar, árboles neem fueron afectados por alguna enfermedad extraña, las hojas se fueron secando, y algunos neems murieron.  Pero de alguna manera se las arreglaron para poner fin a la calamidad, tal vez por un sistema de comunicación.  Oímos de unas pocas fuentes científicas que los árboles parecen ser capaces de comunicarse unos con otros.

Las investigaciones de Rupert Sheldrake, y posiblemente de algunos otros, han demostrado que hay comunicación entre criaturas a un nivel desconocido.  Los seres humanos imaginan que porque otras criaturas no hablan nuestro lenguaje, no pueden comunicarse; a lo mejor tienen una clase primitiva de comunicación.  Por ejemplo hemos leído que cuando los conejos llegan a estar conscientes de peligro, golpean la tierra con sus colas de una manera particular, que hace que otros conejos sepan que allí hay peligro.  Sus métodos ‘primitivos’ de comunicación son claros a través de cambios en su voz, etc.  Pero parece haber algo más importante que eso.  En un complicado laberinto ciertas ratas aprendieron a abrir y cerrar una puerta, y ratas en el cuarto contiguo comprendieron.  Cómo comprendieron es imposible de decir.  Sheldrake también ha escrito acerca de perros y gatos que saben a distancia cuando su dueño está regresando.  Uno puede decir que esto es telepatía, pero la telepatía es también uno de los medios de comunicación.

Por medio del diálogo Socrático, de los diálogos del Buda, y un número de otros en los Upanishads, en la literatura China, en el pensamiento Taoísta, etc., maestros estuvieron tratando, para comunicar, de estimular la capacidad oculta en sus oyentes, la gente con quien estuvieron hablando.  Comunicación no significa simplemente hablar.  Nosotros pensamos que si decimos algo, eso es comunicación.  Puede no serlo, porque la persona con la cual estamos hablando puede no estar abierta a lo que decimos; nosotros cerramos, creamos una barrera entre nuestro propio ser y los seres de otros.  Pero el poder para comunicar significa tener un fluyente camino de doble vía de intuiciones, comprensión y apreciación.  Todo esto puede también ser bloqueado.  De tal manera que estos maestros fueron muy conscientes de que no estaban diciendo cosas a la gente, sino entrando en una forma de comunicación que pudiera ayudar a otros para ver por sí mismos.  Este fue todo el propósito del diálogo real.  La comunicación no es siempre verbal.  La comunicación verbal es necesaria en este mundo en alguna medida, pero muchos de nosotros usamos palabras equivocadas, hablamos demasiado y nos salimos del tema, o sentimos una cierta resistencia.  Con resistencia la comunicación es imposible porque nuestra condición interna anula lo que intentamos comunicar.  Por consiguiente, es importante examinar qué hace efectiva a la comunicación en el nivel externo como también en los niveles más sutiles y más profundos de la existencia.

Comunicación en variados niveles

No es necesario decir que en el pensamiento Indio, hablar significa no sólo comunicación al nivel verbal, sino comunicación a diferentes niveles de nuestro ser.  Se ha dicho que las personas deben ser iguales, estar al mismo nivel, para comunicarse.  El mismo simple hacho de que un adulto pueda comunicar algo a un niño muestra que esta idea no es enteramente correcta.  Un niño también es capaz de comunicar algo al adulto, aunque no son iguales en el sentido de crecimiento en madurez.  Realmente el adulto no es necesariamente una persona superior; el niño puede estar más evolucionado que el adulto, y algunas veces pasa que desde una edad física muy temprana la madurez del alma comienza a revelarse en comunicación.  De tal manera que no es igualdad, en el sentido de igual conocimiento, etc., lo que establece la comunicación.  ¿Entonces, qué hace posible la comunicación?

Obviamente los cerebros de las personas están llenos de movimientos contradictorios y por eso hay nociones, imágenes, prejuicios, que bloquean la comunicación, y esto hace que la calidad de la comunicación sea muy pobre.  Podemos llegar a un lugar sagrado y si la mente está serena, no parloteando o llena de conceptos y deseos mundanos, etc., posiblemente puede haber comunicación con lo santo y sagrado.  Pero supongamos que la gente está cotorreando a la entrada de un santuario, el flujo de obstrucciones continúa teniendo lugar, y no hay ninguna comunicación.  Todos los Maestros son parte de esa esfera sagrada, porque su conciencia se ha fundido con el vasto océano de la vida, pero la comunicación que ellos desean está ausente, debido a que nuestras mentes no están en un estado que haga esto posible.

Hay varias ocasiones en que uno puede pasar unos pocos momentos con la Naturaleza.  Porque todo es bello en la Naturaleza, incluso la naturaleza humana, pero también porque hay belleza oculta en todo, hay comunicación todo el tiempo.  También debiéramos ser capaces de mantener esa comunicación viva, no colocando barreras contra ella.  Tomemos, por ejemplo, las bendiciones de los Maestros.  Los Indios son particularmente aficionados a decir ‘Deseo las bendiciones de los Maestros’.  Esto es innecesario porque  las bendiciones de los Maestros están siempre presentes en todas partes, fluyen a borbotones continuamente.  Su misma existencia es una bendición.  Pero nosotros creamos barreras e impedimos su entrada en nuestros corazones y mentes para estimular el lado espiritual. De tal manera que debemos estar seguros de que nuestro propio ser está listo para la comunicación, sin estar esperando un gurú o una nueva forma de iniciación.  La Escala de Oro habla de ‘presteza para dar y recibir consejo e instrucción’.  Las palabras pueden sugerir que comunicación verbal tendrá lugar o algún papel será emitido, pero puede no ser así.  La Naturaleza misma, de acuerdo con varios sabios, habla; la Naturaleza no está callada, de acuerdo con Luz en el Sendero, pero nosotros no oímos.  ‘Esperando la palabra del Maestro’  ¿pero qué es la palabra del Maestro?  ¿Es dicha en un tiempo particular cuando uno tiene que estar presente para oírla?  De ninguna manera.  Porque cuando el corazón está listo, puro, no obstruido por prejuicios, por ideas previas, por deseo, y toda suerte de cosas, entonces la palabra desde el nivel espiritual más profundo es oída aunque al principio no muy claramente.  Pero en la medida en que proseguimos es oída profundamente por la parte mejor de nosotros mismos, y entonces empieza a romper la resistencia en el cerebro, en las mismas células de nuestro cuerpo.

Los requisitos para el sendero  han sido bien conocidos a través de las edades.  Uno de ellos es el silencio, por lo menos en ciertos momentos del día, cuando la Naturaleza misma puede comunicarse con nosotros.  Comunicación significa que nosotros somos enteramente receptivos, y también que somos capaces de canalizar energías espirituales, en alguna medida por lo menos, para que pasen a través nuestro a otros.  De tal manera que la comunicación requiere las cualidades necesarias para recibir e irradiar las energías apropiadas.  Como ya dijimos, muchas personas sabias y conocedoras han tratado de estimular en aquellos que son receptivos la capacidad para comunicar, para intercambiar.  Y una de las cosas importantes, como se ha señalado, es el silencio.  Es la habilidad de estar silencioso, no simplemente poner un sello en nuestros labios, sino estar silencioso verbalmente.  El cerebro gusta de parlotear, de crear conflictos, de resistir de acuerdo con lo que le gusta y le disgusta.  Y todo eso tiene que acabarse.

La vida misma es un Maestro

Podemos hablar de la vida misma como el maestro, porque todo maestro humano es sólo una incorporación de lo que es la vida.  Se nos ha dicho que nos acerquemos al maestro con reverencia.  Esto significa que no nos precipitemos para decirle a él nuestras opiniones, que no argumentemos con él.  Aprendemos a oír y responder apropiadamente, de tal manera que cualquier mensaje que sea dado llegue a ser más y más claro para nosotros.  Por consiguiente el estudiante puede interrogar al maestro, respetuosamente, silenciosamente, sin que proceda de un cerebro sobrecargado.  Entonces la luz que siempre está en el verdadero maestro se hace más brillante.  El papel del estudiante es entonces aceptar que su propia capacidad para la comunicación es llegar a ser como una llama.  Tal vez entonces llegará un tiempo cuando sintamos que podemos comunicarnos con todo el mundo.

Particularmente en los diálogos que tuvo el Buda, encontramos que hubo Brahmanes y otras personas que no pudieron aceptar lo que él dijo, porque fue demasiado nuevo para ellos.  Pero él no se los quitó de encima; no les dijo que eran personas inútiles; él trató de despertarlos.  El despertar puede ayudar en la actitud del estudiante.  Hay un parentesco que sale a relucir a través de toda comunicación con un sentido de unidad; cuando no tenemos ninguna relación no podemos comunicar.  Esto no significa que debemos abrazar a todo el mundo o hablar mucho; de ninguna manera.  Podemos sentarnos quietamente con alguien y tener un sentido de profunda relación.  En efecto, con toda persona con la cual tenemos una profunda relación no hay ninguna necesidad de demostración o verbalización.  Parece que debemos estar más conscientes del imperio de la Naturaleza en todos los niveles, una red en donde están fluyendo corrientes de todo lado.  Cada uno se beneficia de tal comunicación.  Fortalecemos nuestro progreso hacia los mundos más espirituales, y comenzamos a estar menos influenciados por el sentido de egoidad, que crea obstrucción.  Muchas de las declaraciones que hicieron los Mahatmas fueron bellas, pero tal vez pasamos sobre ellas muy rápidamente porque no nos damos cuenta de todas las implicaciones y la belleza en ellas.

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KRISHNAMURTI: La libertad primera y última

Posted by cosmoxenus en 26 diciembre 2008

INTRODUCCIÓN

Comunicarnos unos con otros, aun conociéndonos bien, es en extremo difícil. Podré usar palabras que para vosotros tengan diferente sentido que para mí. La comprensión sólo llega cuando nosotros ‑vosotros y yo- nos encontramos en el mismo nivel al mismo tiempo. Ello ocurre tan sólo cuando existe verdadero afecto entre las personas; entre marido y mujer, entre amigos intimos. Esa es la verdadera comunión. El entendimiento instantáneo adviene cuando nos encontramos en el mismo nivel al mismo tiempo.

Resulta muy arduo establecer contacto unos con otros en forma fácil, eficaz y con efectos definitivos. Yo empleo palabras que son muy sencillas, que no son técnicas, porque no creo que ningún tipo técnico de expresión vaya a ayudarnos a resolver nuestros difíciles problemas. No emplearé, pues, términos técnicos, ya sean de psicología o de ciencia. No he leído, por suerte, ningún libro sobre psicología ni libros religiosos. Desearía transmitir, con las palabras muy sencillas de que nos valemos en nuestra vida diaria, algo de significación más profunda; pero ello resulta muy difícil si no sabéis escuchar.

Existe un arte de escuchar. Para escuchar de veras, habría que abandonar o hacer a un lado todos los prejuicios, formulaciones previas y diarias actividades.Cuando os halláis en un estado mental receptivo, las cosas pueden comprenderse con facilidad; cuando vuestra verdadera atención está puesta en algo, escucháis.Desgraciadamente, empero, la mayoría de nosotros escucha a través de un tamiz de resistencia. Nos escudamos en prejuicios religiosos o espirituales, psicológicos o científicos; o en nuestros diarios deseos, preocupaciones y temores. Escuchamos con todo eso por tamiz. De ahí que en realidad escuchemos nuestro propio ruido, nuestro propio sonido, no lo que se dice. Es en extremo difícil hacer a un lado nuestra educación, nuestros prejuicios, nuestras inclinaciones, nuestra resistencia, y, llegando más allá de la expresión verbal, escuchar de modo tal que comprendamos al instante. Esa va a ser una de nuestras dificultades.

Si, durante esta disertación, algo de lo que se dice resulta opuesto a vuestro modo de pensar y a vuestra creencia, escuchad; nada más; no resistáis. Podréis tener razón, y yo podré estar equivocado; pero escuchando y considerando esto juntos, vamos a descubrir qué es la verdad. La verdad no puede dárosla nadie. Tenéis que descubrirla; y, para descubrir, es preciso que haya un estado mental en el que exista la percepción directa. No hay percepción directa cuando hay una resistencia, un resguardo, una protección. La comprensión llega dándose uno cuenta de lo que es. Saber exactamente lo que es, lo real, lo efectivo, sin interpretarlo, sin condenarlo ni justificarlo, es, por cierto, el comienzo de la sabiduría. Sólo cuando empezamos a interpretar, a traducir de acuerdo con nuestro "condicionamiento", a nuestro prejuicio pasamos por alto la verdad. Ello, al fin y al cabo, es como la investigación. Saber lo que una cosa es, lo que ella es exactamente, requiere investigación; no podéis traducirla conforme con vuestros estados de ánimo. De un modo análogo, si podemos mirar, observar, escuchar, darnos cuenta de lo quees, exactamente, entonces el problema está resuelto. Y eso es lo que procuramos hacer en todas estas disertaciones. Voy a señalaros lo que es, y no a traducirlo caprichosamente; y tampoco vosotros deberíais traducirlo o interpretarlo conforme con vuestro trasfondo o educación.

¿No es posible, entonces, darse cuenta de toda cosa tal como ella es? Partiendo de ahí, ‑ciertamente, puede haber comprensión. Reconocer, darse cuenta, descubrir lo que es, pone fin a la lucha. Si yo sé que soy mentiroso, ese es un hecho que reconozco, la lucha ha terminado. Reconocer, darse cuenta de lo que uno es, representa ya el comienzo de la sabiduría, el comienzo de la comprensión que os libra del tiempo. Introducir el factor tiempo ‑no el tiempo en un sentido cronológico sino como medio, como proceso psicológico, proceso de la mente- es destructivo y crea confusión.

Podemos, pues, tener comprensión de lo que es, cuando lo reconocemos sin condenación, sin justificación, sin identificación. Saber que uno se halla en cierta condición, en cierto estado, es de por sí un proceso de liberación; pero un hombre que no se da cuenta de su condición, de su lucha, trata de ser otra cosa que lo que él es, lo cual produce hábito. Tengamos presente, entonces, que deseamos examinar lo que es, observar y captar exactamente qué es lo existente, sin tendencia alguna, sin darle una interpretación. Se necesita una mente en extremo astuta, un corazón extraordinariamente flexible, para darse cuenta de lo que es y seguirlo; porque lo que es está en movimiento constante, sufre incesante transformación; y si la mente está amarrada a la creencia, al saber, deja de seguir el veloz movimiento de lo que es. Lo que es no es estático, por cierto; se mueve constantemente, como veréis si lo observáis bien de cerca. Y para seguirlo necesitáis una mente activa y un corazón flexible, cosa imposible cuando la mente es estática, cuando ella está fija en una creencia, en un prejuicio, en una identificación; y una mente y corazón secos no pueden seguir fácilmente, velozmente, aquello que es.

Creo que uno se da cuenta sin demasiada discusión, sin excesiva expresión verbal, de que hay caos, confusión y miseria, tanto en lo individual como en lo colectivo. No sólo en la India sino en el mundo entero. En China, en América, en Inglaterra, en Alemania, en todo el mundo, hay confusión, creciente infortunio. Ello no es sólo nacional, cosa de aquí particularmente; ocurre en el mundo entero. Hay un sufrimiento extraordinariamente agudo; y él no es sobo individual sino colectivo. Se trata, pues, de una catástrofe mundial, y resulta absurdo confinarla a una simple área geográfica, a una sección de un mapa en colores; porque entonces no entenderemos la plena significación de este sufrimiento, mundial a la vez que individual. Y dándonos cuenta de esta confusión, ¿cuál es hoy nuestra respuesta? ¿Cómo reaccionamos?

Hay sufrimiento: político, social, religioso. Todo nuestro ser psicológico está confuso, y todos los dirigentes, políticos y religiosos, nos han fallado. Todos los libros han perdido su significación. Podéis consultar la Bhagavad Gita o la Biblia, o el último tratado sobre política o psicología, y encontraréis que ellos han perdido ese timbre, esa cualidad de la verdad; se han vuelto meras palabras. Vosotros mismos, que sois los repetidores de esas palabras, estáis confusos e inciertos, y la simple repetición de palabras nada sugiere. Las palabras y los libros, por consiguiente, han perdido su valor. Es decir, si citáis la Biblia, o a Marx, o la Bhagavad Gita, vuestra repetición se convierte en una mentira porque vosotros mismos estáis inciertos, confusos. Lo que allí está escrito, en efecto, se vuelve mera propaganda; y la propaganda no es la verdad. De modo que, cuando repetís, habéis dejado de comprender el estado de vuestro propio ser; sólo cubrís con palabras de autoridad vuestra propia confusión. Lo que nosotros tratamos de hacer, empero, es comprender esta confusión y no encubrirla con citas. ¿Cuál es, pues, vuestra respuesta a la confusión? ¿Cómo respondéis a este extraordinario caos, a esta confusión, a esta incertidumbre de la existencia? Daos cuenta de ella mientras yo la dilucido; seguid no mis palabras sino el pensamiento que está activo en vosotros. Casi todos estamos acostumbrados a ser espectadores y a no tomar parte en el juego. Leemos libros pero nunca escribimos libros. Ha llegado a ser nuestra tradición maestro hábito nacional y universal, el de ser espectadores, el de ver jugar al fútbol, el de observar a los políticos y oradores públicos. Somos simples extraños que miran, y hemos perdido la capacidad creadora. Queremos, por lo tanto, absorber y participar.

Si no hacéis más que observar, si sois meros espectadores, perderéis enteramente el significado de la disertación; porque esto no es una conferencia que hayáis de escuchar por la fuerza del hábito. No voy a brindaros información que podáis recoger en una enciclopedia. Lo que procuramos hacer es seguirnos mutuamente los pensamientos, seguir tanto y tan profundamente como podamos las insinuaciones, las respuestas, de nuestros propios sentimientos. Os ruego, pues que averigüéis cuál es vuestra respuesta a este proceso, a este sufrimiento; no cuáles son las palabras de alguna otra persona, sino cómo respondéis vosotros mismos. Vuestra respuesta es de indiferencia si os beneficiáis con el sufrimiento con el caos, si obtenéis provecho del mismo, ya sea económico, social, político o psicológico. No os importa, por lo tanto, que este caos continúe. No hay duda de que, cuanto más perturbación y caos hay en el mundo, más busca uno seguridad. ¿No lo habéis notado? Cuando hay confusión en el mundo ‑en lo psicológico y en todo lo demás- os encerráis en alguna clase de seguridad, ya sea la de una cuenta bancaria o la de una ideología; o bien recurrís a la oración vais al templo, lo cual es en realidad escapar a lo que sucede en el mundo. Más y más sectas se van formando; más y más "ismos" surgen a través del mundo. Porque, cuanto mayor es la confusión, más necesitáis de un líder, de alguien que os guíe para salir de este revoltijo. Por eso apeláis a los libros de religión o a uno de los instructores más en boga; o bien actuáis y respondéis de acuerdo con un sistema que parezca resolver el problema, un sistema de izquierda o de derecha. Eso, exactamente, es lo que está ocurriendo.

No bien os dais cuenta de la confusión, de lo que es exactamente, procuráis esquivarlo. Y las sectas que os ofrecen un sistema para hallar solución al sufrimiento económico, social o religioso, son lo peor; porque entonces lo importante se vuelve el sistema, no el hombre, ya se trate de un sistema religioso o de un sistema de izquierda o de derecha. El sistema, la filosofía, la idea, llegan a ser lo importante, no el hombre; y en aras de la idea, de la ideología, estáis dispuestos a sacrificar a todo el género humano. Eso, exactamente, es lo que está sucediendo en el mundo. Esta no es mera interpretación mía; si lo observáis, veréis que eso, exactamente, es lo que ocurre. El sistema se ha vuelto lo importante. Por consiguiente, como el sistema es lo que importa, el hombre ‑vosotros y yo- perdemos significación; y los que controlan el sistema, religioso o social, de izquierda o de derecha, asumen autoridad, asumen el poder y a causa de ello os sacrifican a vosotros, al individuo. Eso, exactamente, es lo que está ocurriendo.

Ahora bien: ¿cuál es la causa de esta confusión, de esta miseria? ¿Cómo se ha producido esta desgracia, este sufrimiento que no sólo es íntimo sino externo, este temor y expectativa de la guerra, de la tercera guerra mundial que ya se está desencadenando? ¿Cuál es la causa de ello? Ella indica, por cierto, el derrumbe de todos los valores morales, espirituales, y la glorificación de todos los valores sensuales,del valor de las cosas hechas por la mano o por la mente. ¿Qué ocurre cuando no tenemos otros valores que el valor de las cosas de los sentidos, el valor de lo producido por la mente, la mano o la máquina? Cuanto mayor es la significación que atribuimos al valor sensual de las cosas mayor es la confusión. ¿No es así? Nuevamente: esta no es una teoría mía. No necesitáis citar libros para descubrir que vuestros valores, vuestra riqueza, vuestra existencia social y económica, se basan en cosas hechas por la mano o por la mente. De modo, pues, que vivimos y funcionamos con nuestro ser impregnado de valores sensuales, lo cual significa que las cosas ‑las de la mente, la mano y la máquina- han llegado a ser lo importante; y cuando las cosas adquieren importancia, la creencia cobra predominante significación. Eso, exactamente, es lo que ocurre en el mundo, ¿verdad?

Trae, pues, confusión, el atribuir significación cada vez mayor a los valores de los sentidos; y estando en la confusión, tratamos de escapar de ella de diversas maneras, ya sea religiosas, económicas o sociales, o mediante la ambición, el poder, la busca de la realidad. Pero lo real está cerca: no necesitáis buscarlo; y el hombre que busca la verdad nunca la encontrará. La verdad está en lo que es; y en eso consiste su belleza. Pero no bien la concebís, no bien la buscáis, empezáis a luchar; y el que lucha no puede comprender. Por eso es que debemos estar en silencio, en observación, pasivamente perceptivos. Vemos que nuestro vivir, nuestra acción, está siempre dentro del campo de la destrucción, dentro del campo del dolor; como una ola, la confusión y el caos siempre nos alcanzan. No hay intervalo en la confusión de la existencia

Todo lo que actualmente hacemos parece conducir al caos, parece llevarnos al dolor y a la infelicidad. Mirad vuestra propia existencia y veréis que nuestro vivir está siempre al borde del dolor. Nuestro trabajo, nuestra actividad social, nuestra política, las diversas asambleas de naciones para poner coto a la guerra, todo ello produce más guerra. La destrucción es la secuela del vivir; todo lo que hacemos lleva a la muerte.Eso es lo que en realidad acontece.

¿Podemos poner fin de una vez a esta desgracia, y no seguir siendo atrapados de continuo por la ola de confusión y dolor? Es decir, grandes instructores, ya sea Buda o Cristo, han aparecido; ellos aceptaron la fe y se libertaron, tal vez, de la confusión y del dolor. Pero ellos nunca impidieron el dolor, jamás pusieron coto a la confusión. La confusión continúa, el dolor prosigue. Y si vosotros, al ver esta confusión social y económica, este caos, esta miseria, os retiráis a lo que se llama vida religiosa" y abandonáis el mundo, podréis tener la sensación de que os unís a esos grandes instructores; pero el mundo continúa con su caos, su miseria y su destrucción, con el sempiterno sufrir de sus ricos y de sus pobres. De modo, pues, que nuestro problema ‑el vuestro y el mío- consiste en saber si podemos salir de esta miseria instantáneamente. Si, viviendo en el mundo, rehusáis formar parte de él, ayudaréis a otros a salir de este caos, no en el futuro, ni mañana sino ahora. Ese, por cierto, es nuestro problema. La guerra, probablemente, se viene, más destructiva y aterradora en sus formas. Es indudable que nosotros no podemos impedirla, porque los puntos en litigio son demasiado marcados, demasiado próximos. Pero vosotros y yo podemos percibir la confusión y la miseria de inmediato, ¿verdad? Tenemos que percibirlas; y entonces estaremos en condiciones de despertar la misma comprensión de la verdad en los demás. En otras palabras: ¿podéis ser libres al instante? Esa, en efecto, es la única salida de esta miseria. La percepción sólo puede ocurrir en el presente. Mas si decís "lo haré mañana", la ola de confusión os alcanza, y entonces os veis siempre envueltos en la confusión.

¿Es, pues, posible llegar a ese estado en que percibís la verdad instantáneamente, y por lo tanto ponéis fin a la confusión en vosotros mismos? Yo digo que lo es; y ese es el único camino posible. Digo que puede y debe hacerse, sin basarse en la suposición ni en la creencia. Producir esa extraordinaria revolución, que no es la revolución para deshacerse de los capitalistas e instalar otro grupo; traer esa maravillosa transformación que es la única revolución verdadera, tal es el problema. Lo que generalmente se llama "revolución" es tan sólo la modificación o la continuación de la derecha de acuerdo con las ideas de la izquierda. La izquierda, después de todo, es la continuación de la derecha en forma modificada. Si laderecha se basa en valores sensuales, la izquierda es mera continuación de los mismos valores sensuales, diferentes tan sólo en el grado o en la expresión. La verdadera revolución, pues, sólo puede llevarse a efecto cuando vosotros, individuos, os volvéis perceptivos en vuestra relación con los demás. Indudablemente, lo que vosotros sois en vuestra relación con los demás ‑con vuestra esposa, vuestro hijo, vuestro patrón, vuestro vecino-, eso es la sociedad. La sociedad no existe por sí misma. La sociedad es lo que vosotros y yo hemos creado con nuestras relaciones; es la proyección hacia fuera de todos nuestros estados psicológicos íntimos. De modo, pues, que si vosotros y yo no nos comprendemos a nosotros mismos, la mera transformación de lo externo ‑que es la proyección de lo interno- no tiene significación alguna. Es decir, no puede haber alteración ni modificación significativa de la sociedad mientras no me comprenda a mí mismo en relación con vosotros. Estando confuso en mi vida de relación, doy origen a una sociedad que es la reproducción, la expresión externa de lo que yo soy. Este es un hecho obvio que podemos discutir.Podemos dilucidar si la sociedad, la expresión externa, me ha producido a mí, o si yo he producido la sociedad.

¿No es, pues, un hecho evidente que lo que yo soy en mi relación con el prójimo crea la sociedad; y que, sin transformarme radicalmente, no podrá haber transformación de la función esencial de la sociedad? Cuando esperamos de un sistema la transformación de la sociedad, no hacemos sino eludir la cuestión, porque un sistema no puede transformar al hombre;siempre es el hombre quien transforma el sistema, como lo muestra la historia. Hasta que yo, en mi relación con vosotros, me comprenda a mí mismo, seguiré siendo la causa del caos, de la miseria, de la destrucción del miedo y de la brutalidad. Comprenderme a mí mismo no es cuestión de tiempo. Yo puedo comprenderme en este mismo instante. Si yo digo "me comprenderé a mí mismo mañana", introduzco el caos y la miseria, mi acción es destructiva. En cuanto digo que "habré" de comprender, introduzco el elemento tiempo, por lo cual ya me ha alcanzado la ola de confusión y destrucción. La comprensión es ahora no mañana. "Mañana" es para la mente perezosa, la mente inactiva, la mente que no está interesada. Cuando estáis interesados en algo, lo hacéis instantáneamente; hay comprensión inmediata, transformación inmediata. Si no cambiáis ahora, jamás cambiaréis; porque el cambio que se efectúa mañana es mera modificación, no transformación. La transformación sólo puede producirse de inmediato; la revolución es ahora, no mañana.

Cuando eso acontece, os halláis completamente sin problemas, pues en tal caso el "yo" no se preocupa por sí mismo; y entonces estáis más allá de la ola de destrucción.

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Libros Krishnamurti

Posted by cosmoxenus en 26 diciembre 2008

 

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¿Qué Enferma al Mundo?

Posted by cosmoxenus en 14 noviembre 2008

Radha Burnier

Hay grandes maestros religiosos descritos como “sanadores del mundo”. ¿Qué enfermedad mundial curan? Mirando superficialmente, la mayoría de la gente se inclina a decir que es la pobreza, el hambre, la miseria y la guerra, la indiferencia de valores, el egoísmo, etc. Buscando más profundo en la cuestión, podríamos decir que el mundo, ese vasto arroyo de la humanidad que fluye de generación en generación, sufre del estupor de la conformidad y la falta de verdadera inteligencia (prajña). La humanidad no carece de capacidad cerebral o brillantez intelectual, evidencia de lo cual se observa en las innumerables invenciones, teorías ingeniosas y descubrimientos espectaculares. Sino que parece carecer de la inteligencia necesaria para no cometer una y otra vez los mismos errores gravemente dañinos. La generalidad de los hombres y mujeres jamás cuestionan las actitudes e ideas que finalmente han terminado en violencia y otras formas de sufrimiento; sino que las aceptan como parte inevitable de la vida humana.

Los conflictos de distinta dimensión han conducido a indescriptible dolor durante miles de años en cada civilización y región del mundo. Han separado familias, causado hambruna y creado una red mundial de odio y miseria. Aunque todo el mundo sabe cuán tremendo es el impacto de la guerra y el conflicto, jamás se detienen porque la gente continúa amparando actitudes divisorias y metas egoístas. Este es un ejemplo exacto de cómo la humanidad repite automáticamente, una y otra vez, acciones injuriosas para ella misma así como para otros seres vivos.

Todas las acciones surgen de estados mentales. La ceguera, la conducta repetitiva que causa el sufrimiento es el resultado de una clase de psicología obtusa; la mundanalidad es una combinación de letargo espiritual (avidya) y la actividad externa casi imparable en un modelo establecido de odio, violencia, engaño y egoísmo. Extrañamente, la falta de inteligencia permanece inadvertida por el mundo y aparece como “progreso”, porque la actividad intensa motivada por el temor y la ambición produce la ilusión de un movimiento hacia delante.

La palabra samsara significa girar y girar alrededor, atrapado en un movimiento involuntario. Krishnamurti utilizaba la ilustración de la “corriente” mundana a lo largo de la cual la gente se abalanzaba le guste o no le guste. Ambas imágenes se refieren a las compulsiones psicológicas que motivan generación tras generación y evitan que el mundo cambie su curso. En Las Cartas de los Mahatmas se describe de la siguiente manera:

“Respecto de la naturaleza humana en general, es la misma ahora de lo que fue hace un millón de años: Prejuicio basado en egoísmo; una indolencia general para acabar con el orden establecido de las cosas, para nuevas formas de vida y pensamiento…; orgullo y resistencia testaruda a la Verdad, cuando ella molesta la noción previa de las cosas.”

El Camino a la Libertad

Uno de los propósitos de la verdadera enseñanza religiosa es despertar a la gente del profundo acondicionamiento, el pensamiento mecánico y la imitación de lo que hacen los demás. Hay una fuerte tendencia a vivir egoístamente porque todos son egoístas; a ser agresivo porque defenderse a uno mismo y sobrepasar a otro es astuto; aferrarse y pelear por posesiones porque las actitudes del mundo y la propaganda lo fomentan; y hacer todas las cosas que incorpora el individuo en la estructura del vivir convencional. Desafortunadamente, las religiones establecidas, lejos de promover el espíritu religioso de la investigación inteligente, desaniman a la gente para que no piense en forma independiente. El clero, que asume el papel de intermediario entre dios y la gente, evita el desarrollo de un pleno sentido de responsabilidad en el individuo. La autoridad de las escrituras y palabras que se deben aceptar sin cuestionar o verificar mata al intelecto.

Los verdaderos maestros, por otro lado, se interesan del “despertar de la inteligencia”. Este es el desarrollo de la facultad del discernimiento (viveka), comenzando con darse cuenta de aquello que ha hecho a la humanidad admitir la violencia, el odio, la agresión y todo lo demás durante milenios, y así percibir las manifestaciones de tal acondicionamiento en uno mismo. Atención, reflexión y percepción abren la mente a la posibilidad de la libertad de la compulsión y la conformidad. La creencia, obediencia ciega, la falta de ganas para poner atención a los factores psicológicos dentro del individuo y la sociedad, y la tendencia a hacer aquello inmediatamente conveniente, son serios obstáculos para el despertar. Por eso el Buda dijo: “No aceptes lo que digo, sino que encuentra lo que es Verdad”. Debemos ver por nosotros mismos que los senderos del mundo son dolorosos en extremo y que debe haber un cambio; sólo entonces encontraremos la energía para escuchar sin caer en la creencia, para preguntar sin preconceptos y para descubrir directamente la verdad.

Muy pocos gustan escuchar un mensaje que los conmueve en su estupor; ellos prefieren estancarse internamente y depender de otros para su salvación. Flotar a lo largo de la corriente mundana es mucho más fácil que hacer el poderoso esfuerzo necesario para emerger hasta la costa. Como señalan los textos clásicos, el océano del samsara está lleno de tiburones y otras bestias peligrosas, pero la gente quiere permanecer en él, quizás porque vagamente sientan que el mal conocido es mejor que lo desconocido.

Sólo mediante una atención sostenida y paciente, el pensamiento profundo y la contemplación de los problemas raíz de la vida, la purificación y el refinamiento de la facultad de percepción se desarrolla la clara visión. No hay otra alternativa para los individuos que asumen el curso del propio entrenamiento, que puede ser largo o corto, depende de la seriedad con que se aboquen al mismo.

El mundo no puede cambiar por si mismo. Los individuos componen al mundo y solo los individuos que cambien podrán transformar al mundo.

El Trabajo de la ST

El trabajo básico de la Sociedad Teosófica es la regeneración espiritual del mundo mediante la regeneración de los individuos. Esto ocurre con el despertar del cual hemos hablado, porque actuamos según lo que vemos, según aquello que nos parece real e importante.

El estudio teosófico no significa un pasatiempo interesante, o una simple estimulación del intelecto. Debe evocar la percepción de las necesidades esenciales de la humanidad y ayudar a hacerla moral, psicológica y espiritualmente sana.

Ciertos grupos o Logias de la Sociedad reclaman la prerrogativa de estar activas en cualquier línea que los atraiga, sin darse cuenta el por qué de la organización en su totalidad. Hay muchos sujetos que se interesan en el estudio, pero si esos estudios no conducen a la liberación del pesado acondicionamiento de raza, tradición, ambiente, etc., no son teosóficos. Para ser teosóficos, nuestros programas deben relacionarse, directa o sutilmente, a la necesidad humana de despertar.

The Theosophist, Abril de 1999

 

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