El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Historia’ Category

NOMBRES PROFANOS Y NOMBRES INICIÁTICOS

Posted by cosmoxenus en 15 marzo 2009

Fuente: APERCEPCIONES SOBRE LA INICIACIÓN – René Guénon

Hablando anteriormente de los diversos géneros de secretos de orden más o menos exterior que pueden existir en ciertas organizaciones, iniciáticas o no, hemos mencionado entre otros el secreto sustentado sobre los nombres de sus miembros; y puede parecer, a primera vista, que éste esté incluido entre las simples medidas de precaución destinadas a protegerse contra peligros provenientes de cualquier enemigo, sin que haya lugar para buscar una razón más profunda. De hecho, es así con seguridad en muchos casos, y al menos entre aquellos que tienen que ver con organizaciones secretas puramente profanas; pero, sin embargo, cuando se trata de organizaciones iniciáticas, es probable que haya aquí algo más, y que este secreto, como todos los demás, revista un carácter verdaderamente simbólico. Hay tanto más interés en detenerse un poco sobre este asunto cuanto que la curiosidad por los nombres es una de las manifestaciones más ordinarias del "individualismo" moderno, y, cuando pretende aplicarse al dominio iniciático, da prueba de una gran ignorancia de las realidades de este orden, y de una molesta tendencia a querer reducirlas al nivel de las contingencias profanas. El "historicismo" de nuestros contemporáneos no se satisface sino al poner nombres propios a todo, es decir, a atribuir todas las cosas a determinadas individualidades humanas, según la concepción más estrecha que pueda hacerse, la que tiene su curso en la vida profana y no tiene en cuenta sino solo la modalidad corporal. No obstante, el hecho de que el origen de las organizaciones iniciáticas no pueda ser jamás relacionado con tales individualidades debería hacer reflexionar a este respecto, y, cuando se trata de aquellas de orden más profundo, sus propios miembros no pueden ser identificados, y no porque disimulen, lo que, por cuidado que pusieran en ello, no podría ser siempre eficaz, sino porque, en rigor, no son "personajes" en el sentido en que quisieran los historiadores, y cualquiera que creyera poder nombrarlos estará, por ello mismo, inevitablemente equivocado[1]. Antes de entrar en más amplias explicaciones, diremos que algo análogo se encuentra, guardando las proporciones, en todos los grados de la escala iniciática, incluso en los más elementales, de manera que, si una organización iniciática es realmente lo que debe ser, la designación de uno cualquiera de sus miembros mediante un nombre profano, incluso si es "materialmente" exacto, será siempre tachado de falsedad, casi como lo sería la confusión entre un actor y el personaje al cual interprete y del cual se obstinaran en aplicar el nombre en todas las circunstancias de su existencia.

Ya hemos insistido sobre la concepción de la iniciación como un "segundo nacimiento"; es precisamente por una lógica consecuencia inmediata de esta concepción que, en numerosas organizaciones, el iniciado recibe un nuevo nombre, diferente a su nombre profano; y esto no es una simple formalidad, pues este nombre debe corresponder a una modalidad igualmente diferente de su ser, aquella cuya realización se torna posible mediante la acción de la influencia espiritual transmitida por la iniciación; puede indicarse por otra parte que, incluso bajo el punto de vista exotérico, la misma práctica existe, por una razón análoga, en ciertas órdenes religiosas. Tendremos entonces para el mismo ser dos modalidades distintas, manifestándose una en el mundo profano, y la otra en el interior de la organización iniciática[2]; y, normalmente, cada una de ellas debe tener su propio nombre, no conviniendo el de una a la otra, puesto que se sitúan en dos órdenes realmente diferentes. Se puede ir más lejos: a todo grado de iniciación efectiva corresponde una modalidad del ser; éste debería entonces recibir un nuevo nombre para cada uno de estos grados, e, incluso si este nombre no le es dado de hecho, no por ello no existe, puede decirse, como expresión característica de esta modalidad, pues un nombre no es en realidad sino esto. Pero, como estas modalidades están jerarquizadas en el ser, hay nombres que las representan respectivamente; un nombre será entonces tanto más cierto cuando corresponda a una modalidad de orden más profundo, puesto que, por ello, expresará algo que estará más próximo a la verdadera esencia del ser. Es entonces, contrariamente a la opinión vulgar, el nombre profano el que, estando vinculado a la modalidad más exterior y a la manifestación más superficial, es el menos real de todos; y es especialmente así en una civilización que ha perdido todo carácter tradicional, y donde un nombre no expresa casi nada de la naturaleza del ser. En cuanto a lo que puede ser llamado el verdadero nombre del ser humano, el más real de todos, nombre que es por otra parte propiamente un "número", en el sentido pitagórico y kabalístico de la palabra, es el que corresponde a la modalidad central de su individualidad, es decir, a su restauración en el "estado primordial", pues es éste lo que constituye la expresión integral de su esencia individual.

Se desprende de estas consideraciones que un nombre iniciático no debe ser conocido en el mundo profano, puesto que representa una modalidad del ser que no podría manifestarse en éste, de manera que su conocimiento caería en cierto modo en el vacío, no encontrando realmente nada a lo que pudiera ser aplicado. Inversamente, el nombre profano representa una modalidad de la que el ser debe despojarse cuando permanezca en el dominio iniciático, y que no es para él entonces sino un simple papel con el que actúa en el exterior; no podría entonces valer este nombre en dicho dominio, con respecto al cual lo que expresa es en cierto modo inexistente. Es evidente, por otra parte, que las razones profundas de la distinción y por así decir de la separación entre el nombre profano y el iniciático, como designando a "entidades" efectivamente diferentes, pueden no ser conscientes en todo lugar en que el cambio de nombre se practica de hecho; puede ocurrir que, como consecuencia de una degeneración de ciertas organizaciones iniciáticas, se llegue a estar tentado a explicarlo mediante motivos completamente exteriores, por ejemplo, presentándolo como una simple medida de prudencia, lo que, en suma, equivale casi a las interpretaciones del ritual y del simbolismo en sentido moral o político, y no impide en absoluto que haya habido en un principio algo distinto. Por el contrario, si no se trata sino de organizaciones profanas, estos mismos motivos exteriores son realmente válidos, y no podría haber nada más, a menos no obstante que no exista también, en ciertos casos, como ya hemos dicho a propósito de los ritos, el deseo de imitar las costumbres de las organizaciones iniciáticas, pero, naturalmente, sin que ello pueda entonces responder a la menor realidad; y esto demuestra una vez más que las apariencias similares pueden, de hecho, encubrir las cosas más diferentes.

Todo lo que hemos dicho hasta aquí de esta multiplicidad de nombres, representando a otras tantas modalidades del ser, se refiere únicamente a extensiones de la individualidad humana, comprendidas en su realización integral, es decir, iniciáticamente, al dominio de los "pequeños misterios", tal como explicaremos a continuación de forma más precisa. Cuando el ser pasa a los "grandes misterios", es decir, a la realización de los estados supra-individuales, pasa por ello más allá del nombre y de la forma, puesto que, como enseña la doctrina hindú, éstas (nâma-rûpa) son las expresiones respectivas de la esencia y de la substancia de la individualidad. Un tal ser, verdaderamente, no tiene entonces nombre, ya que ésta es una limitación de la cual está desde ese momento liberado; podrá, si ha lugar, tomar cualquier nombre para manifestarse en el dominio individual, pero este nombre no le afectará en modo alguno y le será totalmente tan "accidental" como un simple ropaje que puede quitarse o cambiar a voluntad. Esta es la explicación de lo que dijimos anteriormente: cuando se trata de organizaciones de este orden, sus miembros no poseen nombre, y por otra parte tampoco lo tendrán más; en estas condiciones, ¿qué hay todavía que pueda dar motivo a la curiosidad profana? Si incluso ésta llega a descubrir algunos nombres, no tendrán sino un valor convencional; y esto puede producirse, muy a menudo, en organizaciones de orden inferior a aquel, en las cuales serán por ejemplo empleadas "firmas colectivas", representando, sea a estas organizaciones en su conjunto, sea funciones consideradas independientemente de las individualidades que las desempeñan. Todo ello, lo repetimos, deriva de la naturaleza misma de las cosas de orden iniciático, donde las consideraciones individuales no cuentan para nada, y no tienen como fin el desviar ciertas investigaciones, aunque ésta sea una consecuencia de hecho; pero, ¿cómo podrían los profanos suponer otras intenciones de las que ellos mismos pueden tener?

De ahí proviene también, en muchos casos, la dificultad o incluso la imposibilidad de identificar a los autores de obras que tengan un cierto carácter iniciático[3]: o son por completo anónimas o, lo que viene a ser lo mismo, no tienen como firma sino una marca simbólica o un nombre convencional; no hay por otra parte ninguna razón para que sus autores hayan tenido en el mundo profano un papel aparente cualquiera. Cuando tales obras llevan por el contrario el nombre de un individuo conocido en algún lugar que haya vivido efectivamente, no se está quizá mucho más avanzado, pues no por ello se sabrá exactamente con quién o con qué tiene que ver: este individuo puede muy bien no haber sido mas que un portavoz, una máscara; en semejante caso, su pretendida obra podrá implicar conocimientos que él jamás habrá realmente tenido; puede no ser sino un iniciado de grado inferior, o incluso un simple profano que habrá sido elegido por cualquier razón contingente[4], y entonces no es evidentemente el autor lo que importa, sino únicamente la organización que le ha inspirado.

Por lo demás, incluso en el orden profano, uno puede extrañarse de la importancia atribuida en nuestros días a la individualidad de un autor y a todo lo que le concierne de cerca o de lejos; el valor de la obra, ¿depende en forma alguna de estas cosas?. Por otra parte, es fácil constatar que la preocupación por vincular el propio nombre a una obra se encuentra tanto menos en una civilización que esté más estrechamente unida a los principios tradicionales, de la cual, en efecto, el "individualismo" bajo todas sus formas es verdaderamente su propia negación. Se puede comprender sin dificultad que todo ello se produzca, y no queremos insistir más, puesto que son cosas sobre las cuales nos hemos explicado a menudo; pero no era inútil indicar aún, en esta ocasión, el papel del espíritu antitradicional, característico de la época moderna, como causa principal de la incomprensión de las realidades iniciáticas y de la tendencia a reducirlas a los puntos de vista profanos. Es este espíritu lo que, bajo nombres tales como "humanismo" y "racionalismo", se esfuerza constantemente, desde hace siglos, en reducirlo todo a las proporciones de la individualidad humana vulgar, es decir, de la porción restringida que conocen los profanos, y en negar todo lo que sobrepasa este dominio, angostamente limitado, luego en particular todo lo que depende de la iniciación,, al grado que sea. Apenas hay necesidad de indicar que las consideraciones que acabamos de exponer aquí se basan esencialmente en la doctrina metafísica de los estados múltiples del ser, de la cual son una aplicación directa[5]; ¿cómo podría esta doctrina ser comprendida por quienes pretenden hacer del hombre individual, e incluso sólo de su modalidad corporal, un todo completo y cerrado, un ser que se basta a sí mismo, en lugar de no ver sino lo que en realidad es, la manifestación contingente y transitoria de un ser en un dominio muy particular entre una multitud indefinida de éstos, cuyo conjunto constituye la Existencia universal, y a los cuales corresponden, para este mismo ser, otras tantas modalidades de estados diferentes, de los cuales será posible tomar conciencia precisamente siguiendo la vía que le es abierta mediante la iniciación?

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[1] Este caso es concretamente, en occidente, el de los verdaderos Rosa-Cruz.

[2] Por lo demás, la primera debe considerarse como no teniendo más que una existencia ilusoria en relación a la segunda, no sólo en razón de la diferencia de los grados de realidad a los que se refieren respectivamente, sino también porque, como lo hemos explicado un poco más atrás, el «segundo nacimiento» implica necesariamente la «muerte» de la individualidad profana, que así no puede subsistir más que a título de simple apariencia exterior.

[3] Por lo demás, esto es susceptible de una aplicación muy general en todas las civilizaciones tradicionales, por el hecho de que el carácter iniciático está vinculado en ellas a los oficios mismos, de suerte que toda obra de arte (o lo que los modernos llamarían así), de cualquier género que sea, participa de él necesariamente en una cierta medida. Sobre esta cuestión, que es la del sentido superior y tradicional del «anonimato», ver El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, capítulo IX.

[4] Por ejemplo, parece que la cosa haya sido así, al menos en parte, para las novelas del Santo Grial; es también a una cuestión de este género a la que se remiten, en el fondo, todas las discusiones a las que ha dado lugar la «personalidad» de Shakespeare, aunque, de hecho, aquellos que se han librado a ellas no hayan sabido llevar nunca esta cuestión a su verdadero terreno, de suerte que apenas han hecho más que embrollarla de una manera casi inextricable.

[5] Para la exposición completa de lo que se trata, ver nuestro estudio sobre Los Estados múltiples del ser.

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BARCELONA ES LA CIUDAD DE ESPAÑA DONDE HAY MÁS MASONES

Posted by cosmoxenus en 14 marzo 2009

“Paseos por la Barcelona Masónica” es la guía que ha editado recientemente el Ayuntamiento barcelonés. En esta obra se incluyen algunos símbolos masónicos de la ciudad y una relación de personajes, calles, plazas y elementos arquitectónicos relacionados con estas sociedades secretas. Su autor es el periodista Xavier Casinos, especializado en materia masónica..

-¿Por qué una guía masónica de Barcelona?

-Fue un encargo que me hizo el Ayuntamiento de Barcelona. Guías Masónicas de ciudades también se pueden encontrar en Londres, París o Bruselas.

-La guía está escrita en catalán, castellano e inglés. ¿También se puede considerar una herramienta de promoción turística de la ciudad?

-Estoy muy sorprendido por el interés que está teniendo el libro. El otro día me llamó gente del Parlamento Europeo porque estaba interesada en obtener la guía.

-¿Cuántos masones hay en Barcelona?

-Unos 1.500 pero hay que diferenciar entre los masones en activo y los que se dominan durmientes, que son personas que se han iniciado pero por razones profesionales o personales se han dado de baja y pueden volver cuando quieran. Barcelona es la ciudad de España donde hay más masones.

-En la guía también dedica una parte a las calles y espacios públicos de Barcelona con nombres de Masones. ¿Qué personajes ha descubierto que son masones?

-Seguramente habrá más pero los que yo conozco son los que aparecen en la guía. Por ejemplo: el poeta Antonio Machado, el Doctor Aiguader, que ocupó la alcaldía de Barcelona entre 1931 y 1934, el Doctor Fleming, inventor de la penicilina, el compositor Mozart, el general Joan Prim, George Washigton, el primer presidente de Estados Unidos o Clotilde Cerdà , la hija d"Ildefons Cerdà, entre otros.

-También encontramos al ex ministro de Sanidad Ernest Lluch, ¿no?

-Cuando fue asesinado por ETA los Masones le enviaron un triángulo de flores rojas. Al parecer ejercía la Masonería en Francia. Como la Masonería es joven y ha pasado lo que ha pasado en España pues hay mucha gente en nuestro país que prefiere practicarla fuera y hay personas que están en Francia, Inglaterra, Suiza o Portugal.

-¿La Masonería está más normalizada en otros países?

-En nuestro país hay muchos políticos y personajes públicos que no se atreven a decir que son Masones e incluso prefieren iniciarse fuera.  La Masonería inglesa y francesa está muy normalizada e incluso da prestigio. Por ejemplo, el ministro de Trabajo de Sarkozy es Masón o el actual alcalde de París. ¡En Estados Unidos incluso algunos Masones lo ponen en el currículum!

-¿Qué huella han dejado los Masones en Barcelona?

-La fachada de la biblioteca en la antigua sede de la cooperativa La Fraternidad, en la Barceloneta, símbolos en la antigua caja de reclutas en el Convento de Sant Agustí, en la calle Comerç, el conjunto escultórico que preside la fachada de los Porxos d"en Xifré, en Pla de Palau, o la fachada del número 11 de Portaferrisa son algunos ejemplos.

-¿Destacaría algún escenario más?

-La Biblioteca Pública Arús, en el número 26 del Passeig de Sant Joan.  Es una biblioteca especializada en Masonería y sobre todo en movimiento obrero. También tiene unas colecciones muy importantes de Masonería fruto de una donación de Rossend Arús, el principal impulsor de la Masonería moderna en Catalunya a mediados del siglo XIX. Es un milagro que esta biblioteca se haya conservado de tal manera porque sabido de su pasado masónico inmediatamente después de la Guerra Civil se dictó una orden de incautación para que fuera trasladada a Salamanca pero se salvó. Sencillamente se cerró la biblioteca y permaneció toda la documentación que hoy en día está disponible.

-En esta biblioteca también se encuentra un cuadro masónico muy especial, ¿no?

-Hay mucha gente que sostiene que los colores del Barça tienen un origen masónico porque coincide con los colores azulgrana de un grado que existe en la Masonería Anglosajona que se llama Royal Arch. Hay gente que dice que Joan Gamper era Masón. Pero hay que poner un poco de sentido común a las cosas ya que vino a Barcelona muy joven aunque tampoco es de extrañar que se hubiera podido iniciar en Suiza, uno de los lugares masónicos más importantes. Hay que decir también que cuando Gamper llega a Barcelona le acoge un pariente que sí era Masón. En todo caso, el posible origen masónico de los colores hay que tomarlo con cautela pero es una curiosidad divertida.

-Usted también es coautor del libro Franco contra los Masones (Martínez Roca).Durante el franquismo incluso se creó un tribunal de represión de la Masonería. ¿Cómo vivió la masonería este episodio de la historia?

-Franco estaba obsesionado con la Masonería. Cuenta la leyenda que a él no lo dejaron entrar por dos veces. Una vez en África y otra en Madrid. En cualquier caso sí que su hermano Ramón Franco era Masón.  Incluso se inició en una logia llamada Plus Ultra que curiosamente es el mismo nombre del avión con el que hizo la histórica travesía del Atlántico.

-¿Qué medidas adoptó Franco contra la Masonería?

-Franco se educó en un momento en el que se culpaba a la Masonería de todos los males de España. Además durante la Guerra Civil mayoritariamente la gente de izquierdas y de la causa republicana estaba en Logias Masónicas como Manuel Azaña o Lluís Companys aunque hay que decir que también había Masones en el bando contrario.  Inmediatamente después del alzamiento en las plazas que se iban tomando se persiguió a los Masones y de entrada se fusilaban. Con el triunfo de la Guerra Civil prosiguieron los fusilamientos y entonces hubo una persecución más policial. También se creó el Tribunal Especial para la represión de la Masonería y el Comunismo y se abrieron expedientes de Masones hasta diez veces más de los que había realmente en España. Esto se conversaba en Salamanca e incluso se encuentran curiosidades como expedientes abiertos a Franklin D. Roosevelt, Harry S. Truman o Winston Churchill por ser Masones.

-¿Y en Barcelona qué pasó?

-En los cementerios de Montjuïc y Poblenou se retiraron de algunas lápidas el Compás y la Escuadra que son Símbolos Masónicos. También se taparon Símbolos en las fachadas de la Fraternidad y en el Convento de Sant Agustí.

-¿Con esta Guía la Masonería deja de ser un poco más secreta?

-Hoy en día se ha abierto mucho e incluso en internet se puede encontrar fácilmente sus templos. También hay que romper tabúes.  Parece que a raíz de la publicación de novelas como El Código Da Vinci o algunas películas la gente va a encontrar el tesoro de los Templarios o la tumba de la Magdalena. Esto no es verdad.

-¿Y de qué sirve ser masón?

-Es como una red de solidaridad en todo el mundo en la que hay unos seis millones. Yo he conocido tres clases de Masones:

  • Los que realmente creen que la Masonería es una especie de escuela de ética y les ayuda a ser más tolerantes, dialogantes y más sensibles en determinadas cuestiones sociales. La mayoría que conozco reúne este perfil.
  • También he conocido a los que quieren encontrar ese tesoro de los Templarios y
  • Aquellos que piensan que entrando en la masonería se van hacer ricos.

Tomado de: http://www.lavanguardia. es

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MASONERÍA EN EL PARAGUAY: Y amaneció en el Oriente

Posted by cosmoxenus en 21 febrero 2009

Diario ABC-Color (http://www.abc.com.py/2009-01-18/articulos/488008/y-amanecio-en-el-oriente)

Revista Dominical, 18 de enero de 2009

Aniversario. Páginas 44 al 48.

Por LUIS VERÓN

Hoy se cumplen 140 años de la instalación en nuestro país de la primera logia masónica que funcionó regularmente en el Paraguay. Desde entonces, la fraternidad estuvo muy presente en la historia, coadyuvando en la recuperación nacional, luego de la hecatombe del 70.La memoria de grandes hombres e importantes obras quedan deslucidas con la situación actual de esa centenaria institución.

El 1 de enero de 1869, las fuerzas aliadas ocuparon militarmente la capital paraguaya.

La encontraron desolada, excepto algunos extranjeros y famélicos animales.

Con las fuerzas invasoras, llegaron muchos vivanderos y paraguayos exiliados.

Entre la oficialidad brasileña y argentina, se encontraban numerosos iniciados en la masonería, esa fraternidad varias veces centenaria de luchadores por el republicanismo, la democracia, la instrucción pública, el conocimiento y la convivencia según reglas de juegos civilizadas. Los presidentes de los países beligerantes y los generalísimos de dichos ejércitos eran grandes maestros de la masonería en sus respectivos países: Mitre, Sarmiento, Caxias, Peixoto, Osorio, etc.

Antecedentes en el Paraguay

Sabido es también que casi toda la Guerra de la Independencia americana fue realizada bajo la dirección de connotados masones: San Martín, O’Higgins, Sucre, Miranda, Bolívar. La excepción fue el Paraguay, donde las ideas políticas y las ideologías llegaban con relativo atraso, debido a nuestra mediterraneidad, lejos de los puertos donde recalaban mercancía, hombres e ideas.

Uno de los precursores de la Independencia americana, el paraguayo presbítero Juan Pablo Fretes, era asiduo de los círculos frecuentados por los masones, donde se iban incubando los proyectos independentistas. Por otra parte, recordemos que en la obtención de la independencia política de los países americanos tuvieron gran influencia logias masónicas. Por citar solo un ejemplo, el de los Estados Unidos de América:  De los 54 jefes y oficiales que lucharon por la independencia, 50 pertenecieron a la masonería, dirigidos por George Washington. En Centroamérica y Suramérica, los líderes también fueron maestros masones.

En el Paraguay, noticias ciertas de la presencia de la masonería datan de los años iniciales del gobierno de don Carlos Antonio López, cuando en 1845, funcionaba –en la clandestinidad– la logia Pitágoras, dirigida por el venerable Enrico Tuba, masón de origen italiano.

De esa época también data el funcionamiento de la logia volante Conway, cuyos trabajos se realizaban a bordo del buque británico “Locust”, del comodoro Sir Ernest Hotham, diplomático llegado al país para el reconocimiento del Gobierno paraguayo por la Corona inglesa. A esta logia ingresaron muchos ingleses y paraguayos anteriormente consagrados y otros iniciados entonces.

La primera potencia masónica y autónoma independiente de América del Sur fue el Gran Oriente del Brasil, fundado el 17 de junio de 1822 en Río de Janeiro.

Su primer Gran Maestro fue el patriarca de la independencia brasileña, José Bonifacio de Andrade e Silva. Fue en el seno de esta donde se gestó la independencia brasileña, concretada con el Grito de Ipiranga, en 1822. Este Oriente propició, en su momento, la fundación de la primera logia masónica paraguaya.

La masonería en el Paraguay

Hoy se cumplen exactamente 140 años de la instalación oficial de la primera logia masónica en nuestro país. Se llamó Fe y trabajó bajo el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, con los auspicios del Gran Oriente del Brasil, del Valle Benedictino de Río de Janeiro.

Esta logia y otras que se fundaron después acogieron en su seno a numerosos acólitos, la mayoría de ellos de principalísima actuación en los intensos días en que la República iba reorganizándose:  Toribio, Fernando y Daniel Iturburu, Félix Egusquiza, Cayo Miltos, Juan Antonio Jara, Miguel Haedo, Remigio Cabral y Cándido Bareiro, Benigno Ferreira, Otoniel Peña, Adolfo Saguier, Jaime Sosa Escalada, Cirilo Antonio Rivarola, entre otros.

Debido al calamitoso estado de mucha gente sobreviviente de la Guerra de la Triple Alianza, los cofrades de la logia Fe fundaron, el 6 de junio de 1869, un asilo que llegó a atender a más de 2.000 personas.  Varias semanas después, el 28 de julio de 1869, el Supremo Consejo Grado 33 de la masonería argentina autorizó a uno de los principales miembros, el médico José Roque Pérez, a fundar logias en el Paraguay y a conferir grados masónicos; de esa manera, se fundó en Asunción la logia masónica Unión Paraguaya N° 30. El doctor J. R. Pérez era el enviado extraordinario del Gobierno argentino para la constitución del Gobierno provisorio de 1869.

En aquellos días augurales de la República del Paraguay, fueron iniciadas otras personalidades; muchas de ellas llegaron a las más altas cumbres del poder político, como Juan Bautista Gill, Juan G. González, etcétera.

Es de destacar que uno de los prohombres  de la masonería paraguaya, don Cirilo Antonio Rivarola, iniciado en la logia Fe y perteneciente también a la logia Unión Paraguaya, donó a la fraternidad masónica el terreno donde se erigió el templo masónico de la asunceña calle Palma.

Varios masones de proficua actuación pública se iniciaron en la masonería en el extranjero, como Bernardino Caballero, hecho masón en el Brasil, y Gregorio Benítez, en la Argentina.

Obra masónica

Algunos aportes de aquellos ciudadanos, miembros de la masonería, fueron, como ya dijimos, la fundación de un asilo de menesterosos, la organización de instituciones públicas, como la Municipalidad, la creación de escuelas para niños y para niñas, la abolición de la esclavitud, la fundación de la primera biblioteca popular asunceña, la propuesta de incorporación en la Constitución entonces redactada, del matrimonio civil –conseguida años después–,  así como la creación del Registro Civil de las personas, etc.

Actualmente, la masonería, entre otras obras, se encarga del sostenimiento de granjas de recuperación de ciudadanos.

Tareas de consolidación

El 1 de junio de 1871 se estableció el Supremo Consejo para la República del Paraguay de la masonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En aquella ocasión, fue electo el primer Soberano gran Comendador, título de la más alta autoridad masónica de cada Gran Oriente, el doctor Juan Adrián Chaves, jefe del cuerpo médico de la Fuerza Naval brasileña en el Paraguay, quien estuvo secundado por su compatriota el coronel Hermes Ernesto da Fonseca. Los demás altos dignatarios fueron oficiales y comandantes de buques brasileños.

El 3 de febrero de 1873, se inauguró en Asunción uno de los monumentos que testimonian y señalan la presencia de la masonería en el Paraguay: La Libertad, idea masónica concretada en un monumento consistente en la efigie de una mujer, mostrando la Constitución Nacional dirigida hacia el Oriente, rematando una columna.

Cuando en 1876, luego de varios años de presencia en el país, las fuerzas invasoras se retiraron, las logias masónicas –y, por ende, el Supremo Consejo y Gran Oriente del Paraguay, quedaron desarticuladas–.

El 3 de enero de 1896 se restableció el Supremo Consejo del Grado 33 de la masonería paraguaya del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. El 22 de febrero siguiente, todas las logias masónicas del país se unificaron bajo los auspicios del Supremo Consejo. La instalación del Gran Oriente del Paraguay estuvo a cargo de los grandes maestros Bernardino Caballero, Serafín Rivas y Ricardo García. El 28 de junio de ese año, el gobierno de Juan Bautista Egusquiza (masón) aprobó los estatutos y otorgó la personería jurídica a la masonería paraguaya.

También puede verse la mano de los hombres de la masonería en la fundación de los partidos políticos tradicionales –Asociación Nacional Republicana y el Centro Democrático, después Partido Liberal–, del Colegio Nacional, de la Universidad Nacional de Asunción, etc.

Otra fecha importante en la historia de la masonería paraguaya es la aprobación, el 30 de abril de 1923, de un Código Masónico del Gran Oriente del Paraguay y sus Reglamentos Generales.

El 13 de mayo de ese año, el pueblo masónico paraguayo realizó el juramento de dicho código y reglamento.

Logia pionera y seguidoras

El 6 de junio de 1887 se fundó en Asunción la más antigua logia en funcionamiento de nuestro país: Aurora Nº 1 del Paraguay, con 122 años de vigencia. Posteriormente se fundaron numerosas más, varias de ellas de efímera existencia.

Actualmente, algunas de las logias integrantes del Gran Oriente del Paraguay son, en Asunción: Aurora del Paraguay, Sol Naciente, Federico el Grande, Libertad, Universo, Fraternidad Masónica, Paz y Justicia, Bernardino Caballero, Concordia, Pitágoras, Acacia, Arandú, Giusepe Garibaldi, Lautaro, Millenium 3033, Fénix, José Gervasio Artigas, Igualdad, Pensamiento Activo, Wolfgang Amadeus Mozart y Piedra Angular.

Existen también logias en varios puntos del país, como las de los Caballeros de San Juan, en Ñemby; Tekokatu, en Capiatá; Saint Germain, en Mariano Roque Alonso; Luz y Progreso, en San Lorenzo; Unión y Progreso, Igualdad y Fraternidad y Toribio Díaz, en Encarnación; Alborada del Amambay, Hermandad sin Fronteras, en Pedro Juan Caballero; Luz y Amistad, José Félix Estigarribia, Fraternidad, Cedro del Líbano y Libre Pensadores, en Ciudad del Este, y Perfecta Armonía, en Concepción.

Atomización y nubarrones

En los últimos años, la masonería paraguaya vivió situaciones que minaron gravemente su prestigio a los ojos de los profanos.

En 1996 sufrió un grave cisma. “La insensatez de unos, la cobardía de otros y la incomprensión de los más, movidos por intereses profanos –dice un estudioso de la masonería paraguaya– fue la causante de esa herida de la cual la institución aún no pudo cicatrizar. Pareciera más bien un cáncer que hizo metástasis y conduce a la muerte de un organismo vivo que lo contrajo”.

Aquel cisma de 1996 habría sido el estallido de una serie de situaciones que venían incubándose desde más de una década atrás. En años posteriores, nuevas disensiones llevaron a otros tantos desprendimientos, reclamando cada uno para sí, la autenticidad y la regularidad –negadas mutuamente– a las otras logias. También aparecieron en el horizonte masónico paraguayo, logias de otras obediencias y ritos, inclusive mixta, atribuyéndose cada una su propia regularidad, la que le es negada por las otras, suscitándose, cada tanto, enojosas y vergonzantes situaciones que dan como resultado el desprestigio de la Orden.

Ojalá que esta fecha, 18 de enero, en la que se cumplen 140 años de su instalación regular en el Paraguay, sirva para que los miembros de la antiguamente tan respetable fraternidad razonaran sobre su situación y recuperaran su antiguo prestigio.

La memoria de grandes hermanos masones, como Cirilo Antonio Rivarola, Cayo Miltos, Juan Bautista Gill, Higinio Uriarte, Bernardino Caballero, José Segundo Decoud, Antonio Taboada, Juan Gualberto González, Otoniel Peña, José Urdapilleta, Cecilio Báez, Eusebio Ayala, José Félix Estigarribia, Juan Manuel Frutos y otros, merecen un gesto de altura.

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Masonería, Crisis y Modernidad

Posted by cosmoxenus en 21 febrero 2009

Por Eduardo Roberto Callaey Arancibia

En la entrada del laberinto:

Dentro de pocos años, en 2017, se cumplirán tres siglos desde el momento histórico en el que cuatro logias masónicas con asiento en Londres constituyeron la primera Gran Logia especulativa de la que se tenga conocimiento. Por primera vez un grupo de logias de masones abandonaban su antiguo oficio de albañiles para dedicarse a la especulación filosófica. Nacía así la francmasonería moderna.

No es tema del presente artículo dilucidar si estos eran los verdaderos masones, ni si tenían mayor legitimidad que los que se negaron a acompañarlos en tal evento fundacional. Ni siquiera cuestionaremos si los antiguos límites establecidos en las constituciones inglesas de 1717 y 1724 tenían o no la entidad suficiente para imponerse luego –como lo hicieron- como base de la denominada regularidad masónica. Al respecto nos remitimos a lo que ya hemos dicho.

Más importante que indagar las raíces de la regularidad, o discutir sobre los sistemas masónicos de reconocimiento entre Grandes Logias (me refiero al denominado Derecho Interpotencial Masónico) o la marca de origen de las distintas corrientes que conforman la francmasonería, es el hecho de reconocer que a partir de esa fecha surgió el modelo de masón “libre y aceptado” cuyo estereotipo ha sobrevivido a casi tres siglos de existencia. Eso es lo que nos interesa.

Los masones del siglo XVIII asumieron como propia la herencia de las grandes corporaciones de constructores de la antigüedad y del medioevo. Reunieron un conjunto de documentos importantes –algunos verdaderos y otros de dudoso origen- y se construyeron para sí mismos un meta-relato, un mito de base con una dinámica propia que permitió que se siguiese enriqueciendo hasta el día de hoy en la medida que la historiografía encontró nuevos y mejores indicios de la existencia real de grandes gremios de albañiles, de sus secretos, de sus ritos y de sus respectivas tradiciones.

Tal fue el éxito de esta sociedad de masones especulativos que pronto se convirtió en el contrapeso secular más importante de la Iglesia Católica que no tardó en excomulgarlos en masa ante la impotencia de su avance.

Pocas instituciones en la historia de la civilización humana gozan del privilegio de haber sido testigos de las grandes mutaciones de la cultura y de la sociabilidad. Cada era trajo consigo sus propias estructuras cívicas, sus formas de gobierno y sus filósofos. Occidente es el resultado de un conglomerado de culturas e imperios que se sucedieron a lo largo de más de dos milenios y que, a su vez, venían de sufrir la influencia de antiguas culturas del Mediterráneo Oriental y del Oriente Medio.

En su ensayo sobre “El Espíritu de la Política”, el filósofo y sacerdote catalán Raymon Panikkar afirma que el mundo moderno sigue siendo la continuación de una historia europea y cristiana, definámoslo como Sacro Imperio Romano Germánico, Occidente, Civilización Occidental o Democracias. Podríamos afirmar que la religión goza de esa rara categoría institucional de la que hablábamos al principio. Aún con sus mutaciones, sus conflictos, cismas, reformas y excesos, el cristianismo, corporizado en sus iglesias, ha sobrevivido al paso del tiempo e influido profundamente en el derrotero de la historia.

Sin embargo, no es la religión el único factor perenne en la cultura occidental desde el momento en que irrumpió en su seno el agudo proceso de secularización que dio por resultado el actual estatus de separación entre las iglesias y los Estados y los conflictos que aun se dirimen entre ambos campos. Entre los factores que intervinieron activamente en ese proceso deben mencionarse principalmente las estructuras comunales y las asociaciones gremiales. La francmasonería es –al mismo tiempo- un fenómeno burgués y una consecuencia directa de la organización de las corporaciones de oficios ligados a la construcción. Desde esta perspectiva ha sido participe primario de la construcción de la sociedad secular.

Conceptos como “laicismo”, “laicidad” y “secularidad” son motivo de arduo debate entre los actores de la cultura y la política. Se trata de una confrontación que continúa en pleno desarrollo y que afecta directamente al campo social en la medida que éste reclama cada vez mayores libertades que frecuentemente colisionan con los límites del dogma y la moral que impera en el campo religioso.

Pese a que el público tiende a creer que este proceso de secularización nace con la Ilustración y el advenimiento del relativismo como resultado inmediato de la valoración de la razón y la ciencia, la realidad es que aquella corriente secular hunde sus raíces en tiempos remotísimos y que su desarrollo ha acompañado el devenir de la historia con un protagonismo sólo equiparable al de las religiones. Este otro campo tiene en su mismo centro a otra institución milenaria que, luego de sufrir sus propias mutaciones, cismas y reformas, ha devenido en lo que actualmente denominamos Masonería, cuyo sentido y significado es el objeto mismo de este pequeño artículo.

Uno de los aspectos más irritantes del momento histórico que vivimos es la crisis de las definiciones. En esencia, la posmodernidad tiende a la hibridación, a la exaltación de la cultura popular, el descreimiento de la autoridad intelectual y científica y la desconfianza ante los grandes relatos. Si la modernidad defendía la diversidad de las diferentes culturas bajo el primado de los derechos humanos como base normativa de "una vida libre de dominación", la posmodernidad –tanto en el sentido de cultura o el de civilización- se ha caracterizado por la dificultad de sus planteamientos, ya que no forma una corriente de pensamiento unificada.

No sabemos exactamente de qué hablamos cuando mencionamos los términos familia, género, amor, religión, vida, etc. Todo el tiempo nos vemos obligados a entender y explicar a nuestro interlocutor qué cosa significa para nosotros aquello que durante siglos había permanecido inmutable, seguro, confiable.

Por decenas de generaciones la civilización occidental no supo nada de hogares multifamiliares, derechos de minorías sexuales, amor libre, dudas acerca de qué significaba ser religioso ni si la vida podía ser interrumpida en el seno materno. La lujuria, la sodomía, los abortos y la apostasía eran el ámbito del pecado, el territorio del mal, la ruptura del orden que las masas no discutían. Roto ese orden todo ha debido ser replanteado, redefinido y reclasificado.

Así las cosas hoy resulta más importante definir qué significa ser humano, religioso o masón antes que intentar definir qué es la humanidad, la religión o la masonería, pues según avanza la historia, se multiplican los conceptos de humanidad, religión y, también, de masonería. El lenguaje se ha vuelto babélico, confuso y superficial. No debiera entonces llamarnos la atención ésta necesidad de definir claramente qué significa hoy ser masón, puesto que, seguramente, descubriremos las infinitas diferencias que han surgido al respecto en los albores del siglo XXI y la profunda ruptura de la antigua tradición que intenta, no sin un enorme esfuerzo, perpetuarse en un mar de opiniones, posiciones confusas y extravíos diversos.

Conocida mi posición en torno a los “Orígenes Cristianos de la Francmasonería”, ampliamente expuesta en varios volúmenes que preceden a este ensayo, no por ello desconozco la posición de quienes proponen un análisis del fenómeno masónico desde la teoría de la sociabilidad –como en su momento me reclamara mi colega Víctor Guerra- pues tan cierto es el hecho religioso subyacente en la actitud masónica como su fuerte penetración en la historia fruto de su actuación colectiva en el plano secular. Desde esa perspectiva pueden concebirse de antemano dos vertientes a su vez divididas en numerosas ramas: La de los tradicionales y la de los seculares. Si existe una significación masónica debiera contener a ambos. Si tal significación no existe –asunto que nos proponemos indagar- la masonería, tal como la hemos conocido, transita sus últimos solsticios.

Aun así, si nos proponemos preguntarnos qué significa ser masón no podemos soslayar las opiniones más relevantes en torno a qué es la masonería aunque, como masón, comparta la vieja frase de Perogrullo que reza que es mucho más fácil decir qué no es la masonería.

Tampoco podemos abstraernos al hecho histórico, ni al mito ni a la leyenda sobre los que la Masonería ha construido su sistema de perfeccionamiento humano, hecho que pone de manifiesto a priori la incompatibilidad de lo masónico con la posmodernidad en tanto que esta se caracteriza por la incredulidad respecto de los grandes relatos, el desprecio por la utopías y el fin de los ideales. Toda la estructura de la Francmasonería está construida justamente sobre un meta-relato, mitad histórico, mitad mítico, concebido como una gran utopía y lleno de ideales. Un hombre que renegase de estas tres características no podría, en verdad, ser masón. Continuaremos desarrollando estas ideas en futuras entregas.

(*) Eduardo R. Callaey es autor de los libros: “Monjes y Canteros” Una aproximación a los orígenes de la francmasonería (Buenos Aires; 2001). "Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine" (Buenos Aires, Academia de Estudios Masónicos, 2004). "La Masonería y sus Orígenes Cristianos" (Buenos Aires, Editorial Kier, 2006. “El otro Imperio Cristiano; De la Orden del Temple a la Francmasonería” (Madrid; Ediciones Nowtilus, 2005). "El Mito de la Revolución Masónica" (Madrid, Editorial Nowtilus, 2007). Es Director Editorial de la colección "Masonería Siglo XXI" Editorial Kier Argentina. Miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española.

Eduardo Roberto Callaey (1958) es un historiador, periodista y guionista argentino. Su labor vinculada a los medios de comunicación le ha llevado por diferentes televisiones, productoras y revistas de su país. Además como historiador ha publicado numerosas obras sobre la Edad Media, la Francmasonería, sobre la Religión y Simbolismo. Desde 1989 es miembro de la Masonería Argentina y ha presidido dos logias y ocupado el cargo de Gran Consejero de la Orden.

Más información se puede encontrar en www.bibliografiacallaey.blogspot.com 

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Historia de la Masonería en Chile

Posted by cosmoxenus en 21 febrero 2009

Los primeros vestigios de actividad francmasónica en el territorio entonces denominado Virreinato de Perú, aparecen en torno al año 1770; se cree que funcionaban algunas logias. En el año 1800, dependiendo de la Gran Logia de Inglaterra, se consagra en Londres la logia “Gran Reunión Americana”, autodenominándose sus miembros “Caballeros Racionales”.

Entre sus organizadores se encuentran Francisco de Miranda y Bernardo O’Higgins. Su ideario se expandiría en Sudamérica a través de las logias llamadas “Lautaro”.

A mediados de 1812 se instala la logia “Lautaro” de Buenos Aires; un tiempo después, aparecen la de Mendoza y Santiago (ésta en 1817). En 1822 las logias lautarinas se disuelven, una vez cumplidos sus objetivos independentistas. Respecto a su verdadera filiación masónica, hay diversas opiniones: unos autores, basándose en su Constitución General, la defienden; otros, piensan que eran logias de tipo militar, secretas pero no claramente francmasónicas.

En cualquier caso, la masonería chilena se verá impulsada por el masón Manuel Blanco Encalada, almirante y primer Presidente de la República. En 1825, durante el sitio de El Callao, visita las logias de Lima. Su amistad con el general Manuel Antonio Valero, Soberano Gran Inspector General del Grado 33º, llevará a que ambos acuerden instalar un taller: el 15 de marzo de 1827, en el Oriente de Santiago, "bajo el patrocinio de San Juan Bautista", se funda la logia "Filantropía Chilena", bajo los auspicios de Gran Oriente Colombiano, por encargo del Capítulo "Regeneración" de Lima y trabajando en el REAA.

Su cuadro de oficiales fue el siguiente:

Venerable Maestro, Manuel Blanco Encalada (18º).

Primer Vigilante, Manuel José Gandarillas.

Segundo Vigilante, Manuel Rengifo.

Orador, Tomás Ovejero.

Secretario, Juan Francisco Zegers.

Tesorero, Ventura Blanco Encalada.

Experto, Ángel Argüelles.

Otros miembros fundadores fueron Vicente Fur (sic), Francisco Dowster, Victoriano Garrido, José Manuel Gómez de Silva, Jorge Lyon, Carlos Renard, José Domingo de Otaegui y Mariano Álvarez.

Esta logia contribuyó, entre otras aportaciones, a la conforrmación del pensamiento liberal chileno y a crear una corriente de opinión, -vehiculizada a través de un partido político próximo al ideario de la Francmasonería: los “philopolitas”.

Aunque un tiempo después "Filantropía Chilena" desaparece, por diversas causas, la francmasonería chilena se reconstituye con un grupo de franceses que deciden levantar columnas en Valparaíso, autorizados por el Gran Oriente de Francia: el 7 de agosto de 1850 nace la logia "L´Etoile du Pacifique", trabajando en el R:.E:.A:.A:.

Cuatro años más tarde, el 14 de diciembre de 1854, un grupo de británicos y norteamericanos, con carta constitutiva de la Gran Logia de Massachussetts, levanta las columnan de la logia "Bethesda". Un año antes, un grupo de chilenos, encabezados por Manuel de Lima –natural de Curaçao e iniciado en Caracas-, luego de incorporararse a la logia francesa, una vez exaltados al grado de Maestro Masón, decidan fundar una logia chilena: el 27 de julio de 1853, bajo la dependencia del Gran Oriente de Francia, levanta columnas "Unión Fraternal"; también se establece en Valparaíso un Capítulo del grado 18º y un Consistorio del grado 30º. En 1856, bajo la dependencia del Gran Oriente de Perú, se establece en Concepción la logia “Estrella del Sur” (que más tarde, en 1860, ya con el nombre de “Aurora de Chile”, solicita carta constitutiva al Gran Oriente de Francia). En 1862 funcionan tres nuevos talleres: "Fraternidad" (Concepción), "Hiram" y "Orden y Libertad" (Copiapó); esta última, que con el tiempo absorberá a la “Hiram”, será la madre “filosófica y política” del Partido Radical.

También por estos años trabaja en Valparaíso la logia “Progreso”.

Ciertos acontecimientos en Francia posibilitaron la creación de una Potencia masónica autónoma: al inmiscuirse Napoleón III en la elección del Gran Maestro del GOdeF, -primero Lucien Murat y luego el profano Magnan-, hizo que ese cuerpo cayese en la irregularidad; las logias chilenas –excepto “L´Etoile du Pacifique”- se negaron a reconocer la autoridad del Gran Maestro y, en sesión conjunta y solemne del día 24 de mayo de 1862, formaron la Gran Logia de Chile.

Sus primeros dignatarios fueron:

Gran Maestro, Juan de Dios Arlegui (30º).

Gran Diputado, Melitón Caso (30º).

Primer Gran Vigilante, Javier Villanueva.

Segundo Gran Vigilante, Manuel de Lima.

Gran Secretario, A.M. Medina.

Una década después, la Gran Logia –ya reconocida por la Gran Logia de Massachussetts (1862), la Gran Logia del Distrito de Columbia (1863) y la Gran Logia Central de Francia (1864)-, tenía diez talleres. En 1862 promulgaría su Constitución y en 1865, los Reglamentos respectivos.

Inicialmente, la Gran Logia de Chile regía tanto la masonería simbólica como la filosófica. A finales del siglo XIX Eduardo de la Barra estableció, mediante Cartas Patentes concedidas en Argentina, un Supremo Consejo del Grado 33º, para administrar los grados filosóficos, mientras que la Gran Logia ejercía la jurisdicción en los talleres simbólicos.

Hacia 1912 se funden la Constitución y los Estatutos Generales para dar paso a la Constitución Masónica, que ha experimentado algunas reformas: 1921, 1930, 1938…

La sede de la Gran Logia de Chile estuvo en Valparaíso hasta 1906, cuando se produjo el terremoto del puerto y se destruyó el local masónico. En octubre del mismo año se trasladó a Santiago. Recompondrá sus cuadros dirigentes y, en la altura de 1950, tendrá unas 90 logias trabajando.

La francmasonería chilena inspirará, en el mundo profano, legislaciones laborales y sociales avanzadas; en el mundo político, el Partido Radical se hace eco de los ideales masónicos en los aspectos señalados; también masones como Arturo Alessandri y José Maza jugaron un destacado papel en la reforma política que inspiró la Constitución de 1925, en la que se profundizó en la democratización y los derechos humanos, el concepto de bien común, la función social de la propiedad, separación entre Iglesia y Estado, dar estabilidad al régimen político, etc.

Haciendo un resumen, la francmasonería chilena impulsó:

En el ámbito legislativo: Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, Ley de Cementerios Laicos, de Jubilación, de Libertad de Cultos, del Seguro Obrero, del Voto Femenino, de Matrimonio Civil y Registro Civil.

En el ámbito de la enseñanza, los Liceos, Escuelas Normales, Escuela Unificada, Escuelas Experimentales y las Universidades de Chile, de Concepción, Técnica del Estado, Central, y La República. Escuelas laicas, coeducación, enseñanza de las ciencias.

En el ámbito de la juventud: Boy-Scouts, Liga de Estudiantes Pobres, Federación Laica Estudiantil Chilena, Juventud Laica.

En el ámbito de la medicina: Cruz Roja, Servicio Nacional de Salud y Colegio Médico de Chile.

El Cuerpo de Bomberos.

Grandes Maestros de la Gran Logia de Chile

Juan de Dios Arlegui Gorbea (1862-1872)

Francisco Javier Villanueva Godoy (1872-1873)

Benicio Álamos González (1873-1875) | (1900-1902)

José Miguel Fáez (1875-1877) | (1882-1884)

Evaristo Soublette Buroz (1877-1881)

José Francisco Vergara Echevers (1881-1882)

Ramón Allende Padín (1884)

Rafael Barazarte Oliva (1884-1886)

Enrique Mac-Iver Rodríguez (1887-1894)

Alejo Palma Guzmán (1894-1900)

Buenaventura Cádiz Patiño (1902-1906)

Víctor Guillermo Ewing Acuña (1909-1922)

Luis Navarrete y López (1912-1922)

Alfredo Melossi Hutchinson (1922-1924)

Adeodato García Valenzuela (1924)

Hector Boccardo Benvenuto (1924-1930)

Armando Quezada Acharán (1930-1931)

Eugenio Matte Hurtado (1931-1932)

David Benavente Sepúlveda (1933-1935)

Fidel Muñoz Rodríguez (1935-1937)

Hermógenes del Canto Aguirre (1937-1944)

René García Valenzuela (1944-1947) | (1969-1974)

Orestes Frödden Lorenzen (1948-1953)

Alejandro Serani Burgos (1954-1957)

Aristóteles Berendis Sturla (1957-1968)

Sotero del Río Gundián (1968-1969)

Horacio González Contesse (1974-1982)

Oscar Pereira Henríquez (1982-1990)

Marino Pizarro Pizarro (1990-1998)

Jorge Carvajal Muñoz (1998-2002) | (2002-2006)

Juan José Oyarzún (electo para el período 2006-2010)

Masones destacados en la historia de Chile han sido:

José Miguel Carrera, Bernardo O´Higgins, Ramón Freire Serrano, Manuel Blanco Encalada, Aníbal Pinto Garmendia, Pedro Montt Montt, Arturo Alessandri Palma, Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos Morales, Gabriel González Videla, Carlos Ibáñez del Campo, Salvador Allende Gossens, Manuel Blanco Encalada, Juan José Latorre, Patricio Lynch, Manuel Thomson Porto Mariño, Estanislao del Canto Arteaga, Diego Dublé Almeyda, Pedro Lagos Marchant…

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