El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Esoterismo Cristiano’ Category

Relaciones Geométricas y Simbolismo Hermético en La Gioconda

Posted by cosmoxenus en 26 diciembre 2008

Prólogo: Este estudio comprende un conjunto de relaciones geométricas y simbólicas existentes en el cuadro que, bajo el juicio del autor, hasta el momento se han pasado por alto. Si buscamos el núcleo temático del mismo podría decirse que obedece a la resolución de un acertijo cuando este es planteado en dirección a una mente matemática.

El problema primero que surge para un primer acercamiento sería: ¿Donde está la pregunta que origina el desafío?, es decir, ¿Por qué plantearse el cuadro como un acertijo? Ciertamente no existe esa propuesta explícita en ningún documento escrito que conozcamos hasta ahora, simplemente el autor de este ensayo se la plantea en base al potencial enigmático que poseen tanto el cuadro como la obra del autor en su conjunto e incluso la época de su creación, buscando conclusiones nuevas nunca antes reveladas.

El autor se dará por satisfecho tanto si el resultado en su conjunto es capaz de aportar alguna chispa de energía en futuras investigaciones que aporten solidez a la hipótesis que plantea como si queda archivado en una manifestación más de la casualidad de las formas y la geometría.

Para cualquier opinión o pregunta podéis dejar un comentario al final de la página o bien podeis escribir a:

giocondagrial@yahoo.es

Este estudio tiene el Nº B-1642-05 del Registro de la Propiedad Intelectual de Barcelona.

Parte 1: En la que se descubre un Grial escondido en la simetría de la composición.

(Es aconsejable disponer de una imagen impresa de La Gioconda en alta resolución de cualquier libro ilustrado mientras se lee este análisis. De esta manera se podrán constatar detalles que en las figuras son difíciles de apreciar debido al tamaño de las mismas.)

Descripción objetiva: Retrato de figura humana, aparentemente mujer, en posición de tres cuartos mirando al espectador, cuello y espalda erguidos, las manos descansan sobre una columna, al fondo un paisaje natural con rocas, árboles y otros elementos.( fig 1).

(fig 1)

Observación de las nimiedades: Nos podemos dar cuenta de que la imagen adolece de ciertas incoherencias dentro de lo que podríamos considerar un retrato femenino, pues la supuesta dama no tiene cejas ni pestañas y este hecho, junto a la voluptuosidad de las facciones del rostro, hacen sospechar que se intenta dar a la cabeza un aspecto redondeado, de huevo casi liso y perfecto. Podemos apreciar también que los pechos de esta figura no son tales pues no existen, sino que son sugeridos, en beneficio de la redondez del cuerpo. El cuello adquiere una rigidez forzada respecto al rostro, para que la mirada ( y concretamente el ojo situado a la derecha) adquiera una posición privilegiada dentro de la composición total.

Estructura geométrica interna: Leonardo aplica una relación matemática sencilla respecto a la manera de ubicar la figura en el espacio. Encaja el rostro en una elipse cuyo centro es el ojo situado a la derecha, que a su vez es centro del cuadro y divide la imagen en dos mitades proporcionales cuyo eje de simetría pasa exactamente por ese punto. ( fig 2).

(fig 2)

La importancia del ojo: El órgano de la visión y su estudio tienen para Leonardo una importancia crucial. Podemos decir que filosóficamente es el origen de todo aquello que conoce, pues le pone en contacto con el mundo natural y animado. Tomando algunos fragmentos de su tratado de pintura nos podemos percatar de este hecho: " El ojo que se dice ventana del alma, es la principal vía para que el sentido común pueda, de la forma más copiosa y magnífica, considerar las infinitas obras de la naturaleza", " Aquí las formas, aquí los colores, aquí los caracteres del universo todo son reducidos a un punto; pero ¡un punto de tan grande maravilla! ¡Admirable, magnífica necesidad; obligas por tu ley a que todos los efectos participen de sus causas por el camino más corto! Estos son los verdaderos milagros".

Protagonismo del lado izquierdo: Por ser la zona hacia la que gira el cuerpo de la figura, por ser más luminosa y además, el autor ha elevado la línea del horizonte de la parte derecha del paisaje como truco para que la mirada se dirija hacia la zona contraria.

Aplicación conjunta de los apartados anteriores: Si tomamos la línea vertical que pasa por el ojo en la figura 2 como hipotético eje de simetría y colocamos un espejo perpendicular sobre dicho eje, la imagen total que obtenemos ( y que estaría presente en el cuadro únicamente de manera filosófica arropada por la estructura geométrica) es la imagen izquierda unida a su simétrica (fig.3).

(fig 3)

Lo que obtenemos a continuación es una figura inquietante: La línea del velo de la cabeza y el mechón de pelo que cae sobre el busto, la ausencia de cejas y pestañas, junto a la voluptuosidad de las facciones del rostro y la inexactitud en la elaboración de unos pechos ausentes, nos revelan la aparición de un grial. (fig.4)

(fig 4)

Artículo original continúa en http://giocondagrial.bitacoras.com/

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Asociaciones Iniciáticas En Tiempos De Cristo

Posted by cosmoxenus en 9 noviembre 2008

Artículo Original en: http://eruizf.com/masonico/masonico65.html

por Christian Jacq

Nuestro rápido examen de las antiguas iniciaciones habrá mostrado, eso esperamos, que sus ideales, sus símbolos y sus ritos fueron preservados, en parte, por la masonería.

Tras haber evocado las sociedades secretas de Egipto v de Grecia, llegamos ahora a una época decisiva en la historia de (Occidente. Con el nacimiento de Cristo, cierta idea del mundo se disuelve y aparece otra. La Iglesia católica se opone, progresivamente, a todas las religiones antiguas y, con la ayuda del poder político, prevalece.

El nacimiento del cristianismo es un problema muy complejo. Nuestra intención no es estudiarlo en profundidad sino, sencillamente, señalar la existencia de tres comunidades iniciáticas contemporáneas de Cristo: los esenios. los gnósticos y los terapeutas, algunas de cuyas enseñanzas recogieron los masones. Junto al cristianismo oficial, en efecto, se formo un cristianismo paralelo que, apoyándose en una interpretación distinta de las palabras del Señor, propuso una espiritualidad poco conocida aun.

La secta india de los esenios se instalo en Palestina durante el siglo II a.C. Fue rápidamente sospechosa de herejía y la sinagoga no tardo en excomulgar a aquella cofradía que vivía al margen de las autoridades reconocidas. Hacia 65 a. C… los esenios fueron perseguidos y su Gran Maestre fue. probablemente, ejecutado tras atroces suplicios. Se exiliaron por cierto tiempo, luego fundaron una nueva comunidad en el paraje de Qumran, al sur de Jericó, en una región desértica. Subsistió hasta el 70 d.C; nuevos peligros les amenazaron y los esenios desaparecieron definitivamente de la historia en esa fecha, tras haber escondido sus libros sagrados.

En 1947, un beduino descubrió parte de ellos en una gruta; en 1952 y en 1955, nuevos hallazgos resucitaron la secta de los esenios. Gracias a las excavaciones, se identificó el cenáculo para los banquetes, las albercas para los baños rituales, un gran baúl para los trabajos comunitarios y un escritorio para la redacción de los textos.

No olvidemos que varios de estos escritos fueron traducidos en la Edad Media y que formaron parte, pues, de los conocimientos que poseían los Maestros de Obras. La entrada en la comunidad esenia estaba severamente reglamentada.

El postulante debía obediencia a un instructor que guiaba a cada cual hacia el Conocimiento según las aptitudes personales. Una vez admitido por ese instructor, el neófito aguardaba un año; no estaba ya en el mundo exterior, pero no era aún miembro de la cofradía.

Periódicamente, lo purificaban con baños rituales y observaban su carácter, su modo de vivir, sus disposiciones intelectuales. Si era reconocido apto para comprender los misterios, el adepto sufría dos años más de pruebas antes de su admisión definitiva.

Las decisiones que le concernían eran adoptadas por un consejo de ancianos que examinaba su evolución espiritual con mucho rigor.

Nadie evitaba los años probatorios; cuando la última votación resultaba positiva, el adepto podía participar por fin en el banquete ritual.

«Se examinará su espíritu», dice la Regla de los esenios sobre los postulantes, «y se examinarán sus obras año tras año, para ascender a cada cual según su inteligencia y la perfección de su conducta o degradarlo según las faltas que haya cometido».

La Regla recomienda no ocultar nada de las enseñanzas secretas a los nuevos miembros. Cada hermano debe guiar a su igual por el camino de la iniciación y hacerle participar en los misterios que haya descubierto con su búsqueda personal.

Se pide también a los adeptos que se reprendan los unos a los otros y no sucumban a una sensiblería que iría contra la verdadera fraternidad; si cada cual es capaz de dominar sus pasiones, la más total sinceridad resultará fructífera.

«Y nadie», precisa la Regla, «descenderá por debajo del puesto que debe ocupar ni se elevará por encima del lugar que le asigna lo suyo». Así, la comunidad entera se convertirá en un auténtico cuerpo espiritual.

El rito esencial era el banquete. Tras haberse bañado, los esenios se ponían vestiduras reservadas para el acontecimiento. Ningún profano era admitido en el banquete que se iniciaba con un profundo silencio; luego, el presidente elegido por sus hermanos recitaba una plegaria para sacralizar la asamblea. Cuando el neófito era admitido por primera vez en el banquete, prestaba un juramento calificado de temible.

Juraba observar una inalterable piedad para con Dios, practicar la justicia con los hombres sin dañar nunca a nadie, combatir junto a los iniciados contra el error, respetar a los jefes de la Orden, no ceder ante las vanidades, amar por encima de todo la verdad y mantener las manos puras.

«Jura también», prosigue el texto esenio, «no ocultar nada a los miembros de la secta ni revelar nada a otros que no sean ellos, aunque se usara contra él la violencia hasta la muerte»; además, no tendrá que comunicar enseñanza alguna de modo distinto a como él mismo la habrá recibido. Los esenios afirmaron que detentaban el sentido esotérico de la Biblia.

El significado literal les parecía destinado a hombres fútiles, mientras que el sentido simbólico del libro servía como base a la iniciación. Semejantes pretensiones, justificadas sin duda, atrajeron la venganza de los judíos llamados «ortodoxos» que no conseguían desvelar los secretos de la comunidad esenia. Todos los aspectos que acabamos de evocar se aplican a las cofradías masónicas. Añadamos que el método de trabajo de los esenios sigue estando en vigor en las logias. «Que nadie», proclama un texto, «hable en medio de las palabras de otro, antes de que ese otro haya terminado de hablar. Y, además, que no hable antes de su rango». Los dignatarios abren la sesión, luego los ancianos profundizan en el tema tratado; cada adepto, por fin, tiene la posibilidad de retomar las ideas abordadas y hacer de ellas un nuevo desarrollo. Cuando un esenio siente el deseo de tomar la palabra, se levanta y dice: «Tengo algo que decir a los Numerosos».

Si quien preside la sesión da una opinión favorable, la palabra es concedida.

El título corriente del iniciado esenio es «Hijo de la Luz»; al convertirse en miembro del consejo de la Orden, ha participado en la guerra de los Hijos de la Luz contra los de las tinieblas; éstos equivalen a las naciones privadas de Dios y, sobre todo, a los romanos, los ocupantes de Palestina. El iniciado esenio, como el iniciado masón, puede convertirse en un maestro. El mito central del esenismo es el martirio del Maestro de Justicia, jefe superior de la comunidad torturado hacia el siglo II a.C. por un odioso tirano llamado «el sacerdote impío». Hecho fundamental, el Maestro de Justicia fue traicionado por los suyos, al igual que Maese Hiram tuvo que sufrir la villanía de tres compañeros que estaban a sus órdenes; además, el Maestro de Justicia, como Hiram, practicaba el oficio de arquitecto. Él fue, nos dicen los textos, quien estableció los fundamentos sobre la roca y utilizó el cordel de justicia para el armazón. Utilizaba también la plomada de verdad para controlar las piedras puestas a prueba.

Como en el pitagorismo, estaba prohibido pronunciar el nombre del Maestro, el Anónimo por excelencia según la observación de Dupont-Sommer. Era el ejemplo a seguir, el modelo a respetar; martirizado y traicionado, no dejaba de ser el Maestro encargado de construir la comunidad y de aliviar la miseria de los hombres. La comparación con la leyenda ritual del grado de Maestro Masón es evidente y nos encontramos, sin duda, ante una filiación directa que no había sido aún puesta de relieve, que nosotros sepamos.

En el terreno de los símbolos, encontramos por lo menos tres de la clase de los esenios que conservó la masonería. El primero es un paño de lino que indica la necesidad de una purificación constante; el aprendiz masón recibe un delantal de piel blanca que le inculca una noción comparable. El segundo es la hachuela que se convirtió en el mazo del Venerable masónico; lo encontramos también en el símbolo de la «piedra cúbica con punta» cuya parte superior está hendida por un hacha. El tercero es la estrella, símbolo esencial del grado de Compañero masón; «la estrella», nos dice el Escrito de Damasco, «es el buscador de la ley». El papel del compañero es, precisamente, buscar la verdad viajando por el mundo.

A la corriente esenia debe añadírsele la corriente gnóstica. En este caso, no estamos ante una comunidad bien definida en el espacio y en el tiempo; el gnosticismo es una ideología compuesta en la que se mezclan elementos egipcios, griegos, persas, babilónicos, judíos y cristianos. La Gnosis se sitúa a sí misma por encima de los partidos y las religiones, intentando descubrir el sentido esotérico de todas las confesiones. Hasta finales del siglo II, se afirma como el esoterismo cristiano; la enseñanza gnóstica está reservada a quienes desean ir más allá del bautismo y conocer los secretos del mundo celestial. Sorprendentemente, la Gnosis gozó de una especie de existencia legal en el seno de la Iglesia; como en la antigüedad, había una iglesia exterior para la mayoría y una iglesia interior para la minoría. La masonería medieval recuperará el mismo ideal, prolongando las revelaciones ofrecidas a todos. En sus orígenes, por consiguiente, la Gnosis era una profundización de la Fe. Esta situación no duró demasiado. Una fracción de la Iglesia cristiana acusó a los gnósticos de los crímenes más abyectos; sus reuniones, dice, sólo son orgías sexuales y llegan incluso a matar a la mujer preñada y a devorar el embrión. Informadores pertenecientes a la Iglesia oficial se infiltraron en los círculos gnósticos, copiaron listas de miembros y los denunciaron a la justicia con los más falsos pretextos.

Varios gnósticos fueron obligados a confesar faltas imaginarias a consecuencia de los tormentos y un odio irreductible acabó oponiendo el gnosticismo al dogma cristiano. Es extraño comprobar que las mismas acusaciones se harán, mucho más tarde, a la francmasonería y que los mismos métodos de delación se emplearán con ellos. Sin embargo, a la luz de los textos gnósticos cuyas ediciones y traducciones se multiplican desde hace algunos años, se advierte que esa corriente de ideas era portadora de una ferviente espiritualidad. También los gnósticos se llamaban «Hijos de la Luz»; su jerarquía iniciática comportaba tres grados: la purificación, la iluminación y la perfección.

Consideraban que el bautismo cristiano sólo tenía un objetivo «psíquico»; era preciso superar ese estadio para alcanzar la regeneración.

El único Hombre real, según los gnósticos, es la comunidad fraterna, ese gran cuerpo por el que circula la energía divina que crea todas las cosas. Por ella, se conoce lo suprasensible y se transforma la creencia en conocimiento. Los gnósticos no encontraban la sabiduría en los escritos cristianos sino en las revelaciones de los antiguos misterios, especialmente de los misterios egipcios. Insistieron a menudo en la figura del demiurgo, el ordenador del universo, que los masones convertirán en el Gran Arquitecto del Universo. Se comunicaban de buena gana entre sí por medio de un alfabeto esotérico cifrado, del que el alfabeto masónico, que hoy no se practica ya, será la última muestra.

Con los gnósticos, se vuelve una nueva página de la historia de las iniciaciones. No son constructores sino pensadores; no forman una cofradía bien estructurada, sino que alimentan una corriente de opinión basada en la búsqueda esotérica. Además, son los primeros oponentes cristianos al cristianismo de Estado; descontentos con la dirección espiritual de los asuntos de la Iglesia, dan otro aspecto del mensaje cristológico y desean afirmar una profunda originalidad con respecto a lo que consideran una traición a las enseñanzas de Cristo.

Cierta Edad Media, con mucha menos virulencia, fue gnóstica; existe todavía hoy una francmasonería gnóstica, una «Iglesia de Juan» que desea ir más allá de las proposiciones de la «Iglesia de Pedro».

Una tercera asociación iniciática del tiempo de Jesús merece nuestra atención: los terapeutas, etimológicamente «los curadores». Según Filón de Alejandría, que escribió un libro sobre esta cofradía, son «ciudadanos del cielo y del mundo, realmente unidos al Padre y al Creador del universo por la virtud que les ha procurado la amistad con Dios».

Como entre los esenios, el rito principal es el banquete. Varios detalles evocan la masonería de un modo muy concreto; el gesto ritual, por ejemplo: la mano derecha entre el pecho y el mentón, la mano izquierda cayendo a lo largo del cuerpo. Es exactamente el gesto propio del grado de Compañero masón. El orden de los trabajos durante el banquete es interesante también: ningún esclavo para servir la mesa, sólo jóvenes iniciados que aprenden la humildad. Durante los banquetes masónicos tradicionales, son los nuevos aprendices quienes se ocupan de esta tarea. Durante esas reuniones que se celebran cada siete semanas, los terapeutas se consagran al contenido esotérico de los libros escritos por los antiguos; vestidos de blanco, con las manos purificadas, ponen en marcha un pensamiento creador común para contemplar lo invisible a través de lo visible. Sobre todo, pedían los terapeutas, que no se confundieran los banquetes iniciáticos con banales comilonas.

Vayamos ahora al siglo XVIII de nuestra era y releamos ese fragmento del discurso escrito por el francmasón Ramsay: «Nuestros festines no son lo que el mundo profano y el vulgar ignorante imaginan. Todos los vicios del corazón y del espíritu se expulsan y se proscribe la irreligión y el libertinaje, la incredulidad y la orgía.

Nuestras comidas recuerdan aquellas virtuosas cenas de Horacio, donde se hablaba de todo lo que podía ilustrar el espíritu, regular el corazón e inspirar la afición a lo verdadero, a lo bueno y a lo hermoso».

Idéntico ideal, por consiguiente; además, el banquete masónico reposa sobre un simbolismo: la mesa es el taller; el mantel, el velo del santo de los santos; el plato, la teja; la cuchara, la llana; el cuchillo, la espada; el pan, la piedra bruta; los manjares son los materiales de construcción del templo. Esenios, gnósticos y terapeutas contribuyeron a crear un estado de animo y a propagar símbolos que no fueron olvidados en la Edad Media y que se integraron, incluso, en las estructuras masónicas del siglo XVIII.

De esas asociaciones iniciáticas nació un cristianismo no ortodoxo, que nunca desapareció por completo y que hallo, con toda naturalidad, refugio en las cofradías posteriores.

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El Filósofo Desconocido: Louis-Claude de Saint-Martin

Posted by cosmoxenus en 8 octubre 2008

Por Stanislas y Zofia Coszczynski.

(Oficiales de la Gran Logia de Polonia de AMORC en 1947)

En la gran familia de las naciones, pese a las diferencias de raza, nacionalidad y lengua, existe una cierta tendencia por parte de algunos hombres evolucionados espiritualmente a atraerse entre sí. Son hombres con un alma de naturaleza similar, que buscan la plenitud de su humanidad y que, al no poder alcanzarla únicamente en el plano físico, continúan esta búsqueda en las regiones superiores, donde su ardiente deseo los conduce al propio santuario del Dios Vivo. Estos pioneros se reconocen entre sí mediante signos no sólo visibles sino también invisibles y dan muestras de un grado de desarrollo y de renacimiento en espíritu real y definitivamente alcanzado. En ciertos casos de especial proximidad espiritual, el lazo que existe entre ellos se hace tan estrecho, que incluso lo que llamamos muerte deja de ser un obstáculo. Una familia espiritual unida no existe en un momento determinado en carne y hueso, pero cada uno de sus miembros descubre tarde o temprano los rasgos de esta familia y los bienes que de ella se derivan, gracias a los tesoros espirituales que han sido acumulados por aquellos que han sido sus predecesores. Cada uno, en el camino del desarrollo del ser, tiende hacia el conocimiento de su propio Yo. Cada uno se esfuerza por despertar lo trascendente, la imagen eterna enraizada en sí mismo, con el fin de hacer perceptible y comprensible el texto del Divino Pensamiento en él depositado, y con el propósito de alcanzar la manifestación más pura y plena de éste.

Podríamos citar al respecto las palabras del Evangelio: “Busca y encontrarás”, “Pregunta y te será respondido”. Cualquiera que desee ardientemente y que busque con perseverancia y ardor hasta alcanzar el Ideal divino con toda la fuerza de su alma, seguramente encontrará ayuda y apoyo.

En verdad, aquél que tenga valor conquistará el Reino de los Cielos superando la oposición de los malos instintos de la naturaleza, rechazando todo compromiso y tendiendo más que nunca a elevarse al Reino de la Luz y de la Libertad. Louis-Claude de Saint-Martin era un caballero entregado a la búsqueda de la luz. Ha sido reconocido como uno de los más grandes místicos de Francia, pero la obra de su vida no figura solamente en las obras que ha escrito. Toda su existencia estuvo impregnada de la idea de una gran renacimiento de la humanidad, y ha despertado un profundo eco, no sólo en Francia, sino también en Europa occidental y Oriental, Encontramos señales de su influencia en las obras creadoras de nuestros poetas proféticos y de forma muy señalada en el poeta polaco Adam Mickiewicz.

Para poder comprender a Saint-Martin, debemos profundizarnos en su obra, debemos revisar su vasta correspondencia, estudiar su biografía (publicada por Papus, por Matter, por Franck y otros más) presentada por numerosos autores y críticos con frecuencia de forma parcial y errónea.

Un delicado observador no tendría dificultad en descubrir al Saint-Martin verdadero, en descubrir una imagen que no estuviera deformada. Su Yo real pasó por diversas fases de desarrollo. Discípulo y adepto de la ciencia esotérica de Martinez de Pasqually, humanista, teúrgo y místico; podemos ver los niveles de la escala que él ascendió por los títulos de sus obras sucesivas: “El Hombre de Deseo”, “El Hombre Nuevo”, “El Ministerio del Hombre Espíritu”.

Los rasgos principales del carácter de Saint-Martin radican en una actividad viril, una actividad vigorosa y también en una sensibilidad delicada y femenina, en un refinamiento nato. Su actitud intrépida e inquebrantable cuando se dedicaba a la defensa de los ideales que profesaba, sostenidos virtualmente por su modo de vida, le hacía con frecuencia parecer duro, incluso con sus amigos, si bien era el primero en sufrir. Era necesario que una cierta ternura emergiera del corazón, y se esforzara por aliviar la pena que no podía evitar infligir a otros.

El misticismo de Saint-Martin no era abstracto y separado de la vida. Se esforzaba por penetrar en el seno mismo de la divinidad y con la luz del conocimiento, iluminar todos los aspectos de la vida. Había descubierto el secreto de la felicidad en la Tierra, el equilibrio perfecto entre la ley y el deber, la armonía entre los ideales profesados y la vida cotidiana. Consideraba que la coexistencia de los diferentes pueblos debía estar basada en la fraternidad, una fraternidad que condujera hacia la igualdad espiritual de todos y hacia la libertad, que es la expresión natural de los principios de fraternidad.

La doctrina de Saint-Martin es clara y simple. Su verdad puede ser percibida fácilmente por cualquier hombre de buena voluntad, porque este místico francés adquirió primeramente conocimientos de las leyes divinas y dio forma a su doctrina en concordancia con estas leyes. A través de sus obras deseaba difundir la luz de la conciencia que se le había confiado por revelación. En consecuencia, el horror de un abuso posible por parte de gentes no preparadas o de mala voluntad, de forma persistente, le condujo a utilizar el velo de los símbolos esotéricos cuando se refería a las verdades destinadas a los iniciados. La obra de toda su vida hizo que un nombre fuera inmortal, no solamente en su propio país sino también en el resto del mundo, ya que el rayo de luz que tiene como punto de partida la fuente misma de la luz universal, brilla irresistiblemente para toda la humanidad.

LOS AÑOS JUVENILES

Saint-Martin nación en Amboise el 18 de enero de 1743. Se saben muy pocas cosas de su infancia. Su madre murió cuando era todavía muy joven y esta pérdida debió ejercer una profunda influencia en la manera en que se formó su personalidad. De ahí su extrema sensibilidad, de ahí también el gran desarrollo del sentimiento de va en busca de respuesta, y la dulzura de su refinamiento. Entre él y su padre se produjo una cierta falta de comprensión, e incluso en los primeros años de actividad de Saint-Martin, los choques acabaros por ser inevitables. Se conocen pocas cosas en relación a sus hermanos, pero parece igualmente que tampoco existía armonía en sus relaciones. La tristeza acongojaba el corazón de Saint-Martin en su primera juventud, pero su reacción mostró más fuerza de debilidad.

En la intimidad de su infancia no demasiado feliz, surgió en su alma la ardiente aspiración de una vida superior; la ausencia de amor en el marco del ámbito familiar le incitó a buscar el amor de Dios. Las cartas de Saint-Martin nos dicen hasta qué punto intentó conscientemente cumplir sus deberes para con su padre, incluso al precio de una gran sacrificio, aunque eran un obstáculo a los planes que elaboraba para su propio futuro. Después de que hubo terminado la escuela, su padre quiso que estudiara leyes. Saint-martin obedeció a sus deseos. No obstante, pronto estuvo convencido de la imposibilidad de continuar esa dirección. Las complejidades del Derecho, su relatividad, desentonaban con lo que constituía el entramado de su carácter. Estaba a la búsqueda de otra clase de ley. En esta época de su vida no podía ver claramente cuál era su camino; le faltaba aún el poder de una voluntad consciente. De ahí su segundo error: la carrera militar. Esta tampoco duró demasiado tiempo; pero en esta etapa de su vida había algo que comenzaba a cristalizar en el seno de su ser, una puerta parecía abrirse hacia el jardín encantado en el cual debía comenzar su misión. Allí trabó conocimiento don el Señor De Granville, un oficial como él, y con el Señor De Balzac, ambos discípulos de Martinez de Pasqually. Gradualmente, sus relaciones se hicieron cada vez más estrechas. Saint-martin fue recibido en el círculo íntimo de Martinez de Pasqually, fue iniciado y se conviertió para Martinez en un alumno selecto y en su secretario.

Saint-Martin dejó el ejercito y se dedicó por entero a su obra. La idea de la reintegración de la Humanidad, planteada por Martinez de Pasqually, le atraía poderosamente. De una forma leal y con gran fervor Saint-Martin comenzó a ejecutar todas las órdenes de su maestro, estudiando su teoría, sometiéndose a prácticas recomendadas y a prácticas teúrgicas.

LAS INFLUENCIAS IMPORTANTES

La vida de Saint-Martin dio un vuelco cuando encontró al “Agente Desconocido”. Se trataba de un ser que pertenecía a los planos superiores, que imprimió su sello en la Logia de Lyon e inspiró especialmente a Saint-Martin. En aquel momento , la individualidad de Saint-Martin comenzaba a cristalizar, haciendo que se integrara cada vez más en el trabajo colectivo en el seno de las logias y en los contactos personales nuevos como, por ejemplo, los que tuvo con la Sociedad Mesmérica y con los numerosos ocultistas de su época, ingleses, italianos, polacos y rusos.

La amistad de las mujeres desempeñó un papel importante en la vida de Saint-Martin, pues su talante estaba lleno de vitalidad y entusiasmo. Entre otras, la Duquesa de Borbón, Madame de Bry, Madame de Saint-Dicher, Madame de Polomieu, Madame de Brissac y otras. Madame de Boecklin desempeñó un importante papel en la vida de Saint-Martin (gracias a su alta espiritualidad y a su gran inteligencia). Ella le instó a que leyera las obras de Jacob Boehme. Los años precedentes de su vida no fueron sino una preparación, ya que en aquel momento su alma se expandía como una flor. La luz del conocimiento espiritual fluía de las obras de Boehme hacia el Yo interior, ya preparado, de Saint-Martin, confiriendo una seducción inesperada a su misión. Percibía una nueva plenitud. Una libertad frente a la influencia limitante del mundo exterior, desde entonces convertido en campo propicio para una acción fructífera. La gran Revolución Francesa le respetó. En su calidad de iniciado de un alto grado podía percibir el significado de los terribles acontecimientos, pero aunque se compadecía de la masa de sufrimientos que abrumaban a Francia, jamás trató de evitar das decisiones del destino como lo hicieron otros iniciados según Cazotte, místico, hombre digno y de alta moralidad, con el cual estaba en estrecha relación. Cuando la muerte proyectó su sombra sobre París podando víctimas y más víctimas de alta cuna, Saint-Martin se sintió seguro en la ciudad, sin temer por la suya propia de que había puesto en las manos de Dios. Cuando fue obligado a abandonar París para ir a Amboise, permaneció allí casi hasta su propio fin, muriendo en 13 de octubre de 1803.

Los discípulos de Saint-Martin declararon que los últimos momentos de su vida fueron estáticos. La luz le rodeaba y le transfiguraba. Ya había alcanzado otro plano y probaba que la muerte de un místico y de un iniciado está desprovista del temor a lo desconocido. A un alma liberada, la muerte le permite desembarazarse de las limitaciones de la materia. Es un retorno del exilio, una reunión con el Padre Celestial.

LA MISIÓN

Después de haber leído atentamente los documentos disponibles, nos proponemos ahora presentar con más exactitud las fases del desarrollo de Saint-Martin. Su alma buscaba manifestarse en la vida exterior, de una forma que correspondiera a sus aspiraciones y deseos, que aún seguían siendo vagos. Su encuentro con Grainville y con Balzac aportó un cambio a su vida. Parecía recibir una directriz clara en cuanto a la orientación futura de su vida. Desde su más tierna juventud, estaba preparado para someterse a cualquier imperativo interior. Jamás su naturaleza exterior se le opuso. Ésta parece haber sido como una visión previa de su propia misión, la que exigía la renuncia, el holocausto su naturaleza inferior, contrariarse a sí mismo para ponerlo al servicio de la verdad, de la modestia y de la humildad.

Martines de Pasqually fue el primer instructor de Saint-Martin. La idea fundamental de su doctrina de la reintegración del hombre, es decir, del retorno al estado primitivo que era el suyo antes de que se sumergiera en el mundo material de los fenómenos, encantó a Saint-Martin. Subyugado por la grandeza y la belleza de la verdad, se entregó voluntariamente a todos los estudios necesarios y a todas las prácticas requeridas. En la escuela Martines, en Lyon, el camino que lleva al Iluminismo conducía a la práctica de la “magia ceremonial”. El objetivo final erala unión con Dios. Martines de Pasqually fundó una asamblea en Lyon bajo el nombre de “Elus Cohen”. Era ésta una época en la que las cuestiones esotéricas, entre ellas la magia, producían gran interés. Bajo la dirección de Willermoz, a quien Saint-Martin conoció, la Logia de Lyon se expandía. La doctrina magica y teúrgica de Martinez de Pasqually parecía más apropiada a Willermoz. Estender el Iluminismo en Francia era su misión. Él apreciaba el trabajo en grupo. Los objetivos comunes hicieron que esto dos eminentes alumnos de Martines se atrajeran entre sí; pero muy pronto aparecieron diferencias de carácter y de organización psíquica y se separaron por cuestiones de método para alcanzar el objetivo final. Willermoz escogía la vía mental, que exigía un desarrollo intelectual y encontraba su expresión en la magia ceremonial, mientras que Saint-Martin escogía la vía del corazón y encontraba su expresión más clara en la teúrgica pura. Consideraba que la magia era algo indeseable, ya que aumentaba el poder de la voluntad individual, lo cual, con frecuencia, conducía al orgullo y provocaba, si no la caída, al menos pasos en falso en la vía del renacimiento. Por el contrario, la teurgia, tal como la conocía Saint-Martin, desarrollaba una humildad cada vez más profunda, motivada por el fortalecimiento del lazo con Dios a través de la plegaria y de la súplica. Humildad y simplicidad, estas dos características dominantes del carácter de Saint-Martin, le hacían detestar la pompa y el esplendor que afectaba a las logias, ya que buscaba una expresión simple y directa en las experiencias del alma. Por encima de todo quería demostrar la esencia preciosa dejada por la comunión con las Potencias Superiores. Un punto importante del desarrollo de Saint-Martin, en el que nos debemos detener, como fue mencionado anteriormente, fue su contacto con lo que se ha llamado “el Agente Desconocido”, cuyas enseñanzas, transmitidas por “comunicación”, causaron en él una profunda impresión. Fue en esta época cuando escribió su primer libro: “De los Errores y de la Verdad”. Intentando siempre en todo lo que emprendía estar lo más cerca posible de la verdad, firmó el libro con el nombre de “Filósofo Desconocido”. Esta inspirada obra, debido a su contenido inhabitual, causa muchas discusiones, especialmente en los círculos de los iluminados. La tesis del libro es que mediante el conocimiento de la propia naturaleza, el hombre puede alcanzar el conocimiento de su Creador y de toda la Creación, y de este modo de las leyes fundamentales del universo, cuyo reflejo encontramos en las leyes hechas por los hombres. Bajo esta luz queda demostrada la importancia del libre albedrío, esa aptitud fundamental del hombre; aptitud que, cuando se utiliza mal, lleva a su caída y cuando se utiliza para el bien, le lleva a la superación y a la resurrección del espíritu. “El Agente Desconocido” estuvo activo en la Logia de Lyon y se hicieron muchas copias de sus enseñanzas. Saint-Martin asumió con avidez estas enseñanzas y a medida que el tiempo pasaba, recibió una revelación que deseó compartir con los miembros de la logia de Lyon. Sorprendido y exaltado por la luz de su propio conocimiento, esperaba la misma reacción de parte de sus hermanos. Grande y dolorosa fue su decepción cuando tuvo que enfrentarse a una reacción fría y llena de sospechas por parte de la asamblea. Esta experiencia fue terrible pues se dio cuenta de la enorme responsabilidad que existe al revelar las altas verdades a aquellos que no están preparados. Este fue un golpe que, a través de él, alcanzó al Gran Mediador y fue de los más penosos. Después de todo esto, Saint-Martin se mostró muy reservado. Tuvo miedo de divulgar un conocimiento más elevado. Aquí encontramos la explicación e una cierta oscuridad que vela la luz contenida en su obra. Aparentemente adoptó la máxima pitagórica: “el hombre no tiene más que una boca y dos orejas”.

La vida externa del Filósofo Desconocido fue una trama viviente, sobre la que el hilo de su vida interior bordaba el marco para que esta vida fuese perfecta, sabía cómo utilizar el menor acontecimiento, feliz o desgraciado, encontrando siempre una enseñanza escondida. Saint-Martin descubrió el gran valor del silencia, condición absolutamente necesaria para garantizar la inspiración. ¿No era el silencio una capa que protegía al mundo invisible de la profanación? Sin embargo, la escuela del silencio era difícil para un místico de su temperamento, cuya alma deseaba por encima de todo proyectar la luz en las tinieblas de la ignorancia. Un simple dogma sólo podía ser un obstáculo al torrente creador de su vida interior, el silencio no podía encerrar su actividad detrás de unos barrotes, pero le sirvió para tomar la medida del oro espiritual antes de entregársela a su discípulo.

A continuación salió el libro de Saint-Martin: “Tabla Natural de las Relaciones Existentes entre Dios, el Hombre y lo Natural”. El hombre se ha visto privado de sus aptitudes y medios superiores, debido a que está inmerso en la materia de forma tan profunda que ha perdido conciencia de su naturaleza primera, que existía con anterioridad a esta caída, naturaleza que constituía un reflejo de la imagen de Dios. Así el hombre se vio sujeto a las leyes que reinan en el mundo. Por esta caída, el hombre se separó del marco de sus propios derechos y dejó de establecer un lazo entre Dios y la naturaleza. El hombre posee aptitudes psíquicas que pueden frenar los sentidos y las fuerzas de la naturaleza si se hace independiente, si se libera de la sujeción de los sentidos para no hablar de la posibilidad que existe de hacerles servir para ampliar el campo del conocimiento. El hombre, y esto es una regla que le concierne, posee la facultad de percibir la ley, la unidad, el orden, la sabiduría, la justicia y la fuerza en un grado superior. Esforzándose y por voluntad propia, puede volver a la fuente del conocimiento que aún existe en él; puede restaurar la unidad que fue el comienzo de todo. El renacimiento del hombre ha sido posible gracias al sacrificio del Salvador y ahora todo hombre puede tomar parte en la obra de la restauración del orden antiguo y volver a las leyes antiguas que están al servicio de la toda criatura.

Saint-Martin fue un resuelto adversario de la filosofía atea y materialista que invadía por entonces toda Europa. En este período se puede constatar la amplitud de la riqueza individual del Filósofo Desconocido. Reunía el conocimiento adquirido en el mundo invisible con el de la inteligencia y unidas ambas cosas, condujeron a la plenitud de las enseñanzas que tratan de todos los problemas referentes a las condiciones del desarrollo de los individuos, de las sociedades y de las naciones. Era la época de su infatigable actividad, de sus numerosos contactos en su propio país y en el extranjero. Encontró tiempo para escribir una vasta correspondencia compartiendo con otros el fruto de sus conocimientos. La influencia de Saint-Martin y la difusión de sus enseñanzas en Francia, en Inglaterra y en Rusia datan del año 1785. Es esto lo que muestran sus cartas en la obra de Longinov: “Novikoff y los Martinistas Rusos”.

Cuando estuvo en Londres conoció al místico William Law y también a Monsieur Belz, el famoso clarividente. Este encuentro resultó ser muy importante. Se hizo amigo de Zinovieff y del príncipe Galitzine, que fue quien introdujo el martinismo en Rusia. Si el martinismo fue criticado y perseguido, no fue más que el resultado de la ignorancia en cuanto a la esencia y los objetivos de esta doctrina, pero fue también el resultado de los errores humanos de martinistas ocasionales, naturalezas débiles, inmaduras e inconstantes frente a los altos conceptos morales exigidos por las enseñanzas de Saint-Martin.

La difusión de las enseñanzas de Saint-Martin estuvo acompañada de un éxito social personal, pero la cálida simpatía, las amistades sinceras surgidas al contacto de su atrayente personalidad, no fueron obstáculo para su vida interior. Haciendo una aplicación personal de sus enseñanzas, su ser estaba tan purificado que su paz interior no podía haber sido puesta en peligro. Su alma, sedienta de una mayor luz, la recibía en una proporción superior y la asimilaba en beneficio de la posteridad. Alcanzó su apogeo cuando trabó conocimiento con las obras de Jacob Boehme. En ellas encontró la solución categórica a todos los problemas, el nivel del escalón más alto que conduce a la unión con Dios Padre. Jacob Boehme no era un instructor en el sentido que lo fue Martines de Pasqually, pero sí lo fue para el joven Saint-Martin; su importancia fue mayor, ya que Saint-Martin estaba mejor preparado para recibir una nueva revelación por medio de Jacob Boehme. Una nueva luz invadía su alma, era asimilada y aceleraba el proceso interior de transformación. Encontramos eco de sus experiencias en las cartas dirigidas a su cercano amigo el barón Liebistorf (Kirchberger). Jacob Boehme era un místico por la gracia de Dios. La revelación, el descenso de la luz, el maravillarse del alma… numerosas expresiones pueden describir el choque que sufre un alma que de pronto despierta.

Vemos las diferentes modalidades de iluminación cuando el “vaso elegido” está preparado para recibirla. En la obra de Saint-Martin “El hombre de Deseo” vemos la nueva semilla producida por la asimilación de la doctrina de Boehme. Esta obra recuerda uno de los salmos que expresa el ardor del alma por Dios y deplora la caída del hombre, sus errores y sus pecados, su ceguera y su ingratitud.

Subrayando el origen divino del hombre, Saint-Martin vio la posibilidad de un retorno de éste a su estado primero, cuando estaba en concordancia con la ley de Dios. Solo abandonando la vía del pecado y siguiendo las enseñanzas del Redentor Jesucristo, el Hijo de Dios, que descendió de las alturas de Su trono celestial por amor a toda la Humanidad, el hombre es digno de adorar y por amor e imitándole puede alcanzar la salvación.

¿Quién saldrá vencedor de este combate? Aquél que no se preocupe de ser reconocido por los hombres ni de que estos se acuerden de él, pero que dedique todos sus esfuerzos para no ser borrado de la memoria de Dios. Si no hubiese sido por la venida de un hombre que pudo decir: “yo no soy de este mundo”, ¿cuál habría sido el destino futuro del hombre? La Humanidad habría permanecido en las tinieblas, y se encontraría separada como nunca del reino del Padre. Pero si numerosas personas se separan del amor, ¿puede éste renunciar a ellos?

En su obra posterior, “Ecce Homo”, Saint-Martin previene del peligro que existe en buscar la excitación de las emociones, de las experiencias mágicas de bajo nivel, los fenómenos variados, que no son más que expresión de estados psico-físicos anormales del hombre. Este camino conduce a la humanidad hacia tinieblas desconocidas y dudosas, lleva a una caída aún más grande, mientras que la salvación no se puede alcanzar más que por un renacimiento consciente.

En su libro “El Hombre Nuevo”, publicado el mismo año, el autor trata del pensamiento como un órgano de renacimiento que permite penetrat en lo más profundo del ser humano y descubrir la verdad eterna de su ser. El alma del hombre es un pensamiento de Dios; el deber del hombre es quitar el velo que cubre el texto sagrado y a continuación hacer todo lo posible para ampliarlo y manifestarlo durante toda su vida. En su obra “Del Espíritu de las Cosas”, Saint-Martin declara que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, puede penetrar en el seno del Ser, que se encuentra escondido en toda la creación y que debido a su clara visión interior, es capaz de ver y de reconocer las verdades de Dios subyacentes en la naturaleza. La luz interior es un reflector que ilumina todas las formas . De la intensidad de la luz depende el grado de iluminación y del discernimiento que necesita el hombre renacido en espíritu y que lee el Libro abierto de la Vida.

El libro de Saint-Martin ”El Ministerio del Hombre-Espíritu” completa todas las indicaciones anteriores, presentando un objetivo no diferente, el del ascensión de una alta montaña. El hombre la escala empujado por una necesidad interior y con el gusto previo de la victoria, que aporta la libertad después de tribulaciones y sufrimientos. Una libertad que, en este caso es sinónimo de las más grandes bendiciones que se pueden lograr en la Tierra. Existe un rayo radical y único para descubrir y expandir la moralidad y la bondad, y este rayo es el pleno desarrollo de nuestra esencia interior inmanente. Ya ha sido ofrecido el más alto sacrificio para salvar a la humanidad; toca ahora al hombre ofrecer en sacrificio voluntario su propia naturaleza inferior, crucificarla, y así, librarla de las trabas limitantes de la naturaleza vulgar. Es el retorno del hijo pródigo hacia el padre lleno siempre de caridad y de perdón. Es esto lo que se ha de alcanzar para conseguir la unidad perfecta con Él: “Mi Padre y Yo somos uno”.

Cada alma posee su propio espejo que refleja una Verdad Única; cada alma posee un prisma y un arco iris que le confiere sus colores, por ello las obras de Saint-Martin no son parecidas a las de Boehme. Las misiones de estos dos hombres, en la vida, eran también diferentes aunque bebían de la misma fuente, de la misma necesidad de servir a la humanidad, abriéndole un nuevo camino para su progreso. Saint-Martin apreciaba mucho las obras de Boehme, aunque muchas veces las encontraba más bien caóticas y confusas. Quería ofrecérselas a sus compatriotas y para ello tradujo los libros más importantes de Boehme: “la Aurora Naciente”, “Los Tres Principios de la Esencia Divina” y “Cuarenta Preguntas Sobre el Alma”.

Después de la muerte del Filósofo Desconocido, fueron publicados algunos breves escritos de los que era autor, Entro otros citaremos “Pensamientos Escogidos”, numerosos fragmentos éticos y filosóficos, poesía que igualmente incluía “El Cementerio de Amboise” y “Estancias Sobre el Origen y el Destino del Hombre”, además de meditaciones y plegarias.

Saint-Martin se interesaba por la ciencia de los números. Aunque su obra “Los Números” quedó inconclusa, contiene sin embargo, muchas indicaciones importantes que no se podrían encontrar en otra parte. Analizó los números desde un punto de vista metafísico y místico. En los números encontró una confirmación de la caída y renacimiento del hombre. El número no se toma en el sentido de signo muerto, sino como expresión del Verbo Creador. Cada número indica cierta idea y actúa en varios planos. Todo ello es la expresión de la unidad y fluye del seno de la Divinidad. El amor y el sacrificio estuvieron en la base del propio acto de Creación. El pecado original y la caída del hombre, su desajuste y su inmersión en la materia, deben ser rescatados mediante el sacrificio y el amor del Creador; sólo esto puede conseguir el retorno a la Unidad.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Las cartas y la actividad de Saint-Martin explican su relación con la Revolución francesa, que para muchos críticos ha permanecido obscura, ya que no podía ser comprendida más que por aquellos que habían recibido la iluminación y por los místicos. Detrás de todos los fenómenos que ocurren en el plano físico, se encuentra se encuentra la proyección del plano astral. Mientras que ésta no se manifieste en el mundo visible, existen posibilidades de cambio, posibilidades de desviar el curso de las cosas mediante el sacrificio y la llamada a la misericordia divina. Conocemos la historia simbólica de los diez hombres “justos” que hubieran podido salvar a Sodoma de la destrucción. Se dice que las proyecciones astrales no están todas reveladas, poruq e pueden ser cambiadas por los factores superiores del mundo invisible y también, por la acción del hombre sobre la Tierra. Pero una vez que se revela la proyección fatal, no hay fuerza humana que pueda detener el curso de los acontecimientos. Saint-Martin no solo creía sino que sabía, que si la Providencia permite una vez la percepción de una proyección, aportando al pueblo un mal indecible, la Redención, si no era voluntaria, debía ser impuesta. Veía la Revolución como una imagen y como un inicio del Juicio Final que deberá llevarse a cabo en esta Tierra de forma gradual. Afirmaba que la estructura social no puede ser duradera, no puede satisfacer a la mayoría y tener un carácter elevado, si no está basada en un conocimiento de la organización psico-física del hombre, si esa estructura social no corresponde a la leyes divinas reflejadas en él. Un legislador debería tener un conocimiento profundo de la naturaleza interior del hombre, su conducta debería ser moral, debería encontrar un orden social que expresara conocimiento, justicia y poder. Todas las tentativas de continuar sobre la base de valores transitorios o erróneos no conducen más que al desastre, cualquiera que sea la duración de estas tentativas.

En su obra “El Cocodrilo”, Saint-Martin describió la forma en que el mal se insinúa en las cosas santas y con qué perfidia destila su veneno para destruir a aquellos que son ciegos e insensibles. Pero el mal dispone de un tiempo limitado, se le reconoce fácilmente mediante signos discernibles y no puede equivocar a los que tienen la mirada de la conciencia, a los que observan y son caballeros de propósitos nobles. Cuanto más grande sea el ejército reunido bajo las banderas del bien, más rápida se producirá la victoria contra las filas cerradas y desleales del mal que siempre se van debilitando. La relación de Saint-Martin con la Revolución Francesa dependía de su clase de conocimiento y ¿qué otro hombre poseía espiritualmente tal visión interior de las cosas?

Él comprendía lo que estaba en curso y obraba con diligencia en el campo del misticismo. También hacía lo posible para resolver el problema de una organización social que fuera justa y más feliz. En la obra de Saint-Martin es evidente la influencia de la Revolución Francesa. No podía ser de otra forma.

LA ORDEN MARTINISTA TRADICIONAL

La doctrina de Saint-Martin se expandió ampliamente por el mundo bajo la forma de una Orden Iniciática, llevando el nombre de Orden Martinista. Saint-Martin estaba en pro de la iniciación individual. Cada miembro era cuidadosamente escogido y se le daba la oportunidad de establecer un contacto estrecho y familiar.

Entonces el Iniciador le daba las indicaciones y las enseñanzas que más le convenían y que no estuvieran por encima de sus posibilidades de comprensión. El camino era más largo que el consistente en trabajar con todo un grupo, pero era más seguro, ya que la pureza de la doctrina permanecía inalterada, pues reposaba sobre los miembros de la Orden y así ganaba fuerza y expresión.

Sin embargo, no todos los Colegios de esta orden siguieron la línea recomendada por Saint-Martin y el resultado fue deplorable. Ya hemos dicho que según Saint-Martin el hombre era la clave de todos los misterios del universo, la imagen del mundo visible completo y estaba ligado a éste último. El hombre puede alcanzar toda la verdad mediante el conocimiento de su propia naturaleza por medio de todas las aptitudes que existen en él: las físicas, las intelectuales y las espirituales. Debe comprender en profundidad el lazo existente entre su conciencia y su libre albedrío. Saint-Martin trata de esto en su “Nueva Revelación”.

Ciertos rasgos subrayan las similitudes existentes entre el Hombre y su Creador. Los poderes creadores y el libre albedrío sin límites. Estos rasgos, aunque no sean más que reflejos desdibujados de dios, pueden obrar en perfecta concordancia con las leyes que llevan a Él y al hombre hacia la fuente de las bendiciones. Las mismas características, si son mas utilizadas rompen la unión natural con Dios y someten al hombre a poderes de nivel inferior. El hombre tiene el poder y la capacidad de reparar el mal hecho, si todas sus aptitudes tienen hacia ese único objetivo.

Saint-Martin habla de la unidad como de una causa primera, como de una esencia íntima siempre viva, de donde emana. Así pues, cada ser, independientemente de los alejado del centro, o del grado de evolución en que se encuentre, está ligado a la causa primigenia y forma parte de la unidad, de forma similar al rayo de Sol que, sin que importe el alejamiento debido a su viaje a través de los espacios infinitos, está siempre vinculado al sol por las ondas vibratorias. La luz central de donde emanan todos los soles, aunque forma parte de todo un sistema de soles y de rayos, mantiene su independencia y es diferente de la luz artificial. Dios es todo, pero todo no es Dios. La doctrina de Saint-Martin se aplica a toda la humanidad. Deseaba la unión de Esta en nombre del amor y consideraba la fraternidad como base de la vida social. Es erróneo tomar la igualdad de la gente de base. Saint-Martin consideraba que la igualdad era una constante matemática, una expresión del orden y de la armonía. La fraternidad es el factor que regula las relaciones entre los hombres enlazando justicia y caridad, fuerza y debilidad.

El mal, la explotación y la tiranía no pueden persistir a la luz del amor fraternal. De una fraternidad así concebida deriva un sentido justo y adecuado de la igualdad, que reposa sobre una relación entre los derechos y los deberes. Saïr, en su ensayo sobre Saint-Martin, lo explica así: “la relación entre la circunferencia y su radio, expresado en matemáticas por la letra “pi”, es siempre constante. Aunque el perímetro de un círculo sea de un milímetro de longitud o de un millar de leguas, la relación no varía y se puede afirmar, en consecuencia, que todas las circunferencias tienen entre sí esa igualdad de relación” [1]. Lo mismo vale para el hombre: la circunferencia en su derecho; la ley es el límite que el hombre no puede transgredir, y el radio, o más bien la superficie descrita o cubierta por su radio en su revolución alrededor del centro, es el campo de su deber. A medida que las circunferencias aumentan, los círculos aumentan también. Así, a medida que los derechos del hombre aumentan, sus deberes aumentan proporcionalmente.

En el Universo, donde la ley es la unidad en la Pluralidad, cada cosa reposa en el orden y en la armonía. Para que el orden y la armonía existan, es necesario que cada cosa esté en su lugar, en perfecta armonía con todos los seres y las cosas. El hombre en su calidad de individuo, es uno de los más felices cuando mantiene un perfecto equilibrio entre derechos y deberes, Es en este equilibrio en el que se basa la igualdad: cuantos mas derechos, mas deberes; cuanto menos derechos menos deberes. Como base de igualdad debe existir la fraternidad, sin la cual sólo existirían el odio o los celos entre el fuerte y el débil, entre el rico y el pobre. Es la fraternidad la única que puede unir a la familia humana en los lazos de la comunidad. En una familia que se ame y esté idealmente unida, cada uno de sus miembros encontrará su lugar según su fuerza y sus aptitudes cada uno aceptará voluntariamente soportar el número de deberes que le corresponda y cada uno de ellos deseará disfrutar de derechos que son, sin lugar a dudas, los suyos. El edificio social que esta construido sobre una supuesta igualdad, no tendrá cimientos duraderos, porque en él la fraternidad será impuesta sin que sea condición voluntaria. De la misma forma, y con esto, un reparto de tareas efectuado de esta forma, no siempre conciliará justicia con caridad. Es cosa muy diferente cuando el altruismo y la solidaridad se encuentran en el fundamento de la fraternidad.

La libertad es para cada ser el efecto que se desprende de observancia estricta de los límites asignados por la ley. Un hombre que viola la ley pierde proporcionalmente su libertad. Para ser libre, el hombre debe conservar cuidadosamente el equilibrio entre su derechos y sus deberes y, si quiere ampliar el campo de sus derechos, deberá reconocer los deberes adicionales que esto, necesariamente, acarreará.

En resumen, diremos que la felicidad de la humanidad consiste en la unión de todos los miembros de su gran familia. Esta unión de todos los miembros de su gran familia. Esta unión sólo puede complementarse a través de la fraternidad, que crea equilibrio estable entre los derechos y deberes, garantizando al mismo tiempo la libertad, la seguridad y la preservación del conjunto.

LA VERDADERA CRISTIANDAD

De acuerdo con todo lo dicho, observamos que Saint-Martin era un profundo pensador cristiano que quería abrir un camino a las ideas cristianas y utilizarlas para la elaboración de la estructura social. Según él, el amor de Cristo debe tener el derecho de regular la vida del hombre. La orden Martinista también es una orden de caballería cristiana y, cada uno de sus miembros, tiene el deber de obrar en pro de su propio desarrollo interior, pasando por fases de renacimiento más profundas que nunca, hasta el punto culminante del nacimiento de Dios en él, en su seno.

Su deber, como miembro de la Orden, es el de servir a toda la humanidad sin escatimar esfuerzos, sin tomaren consideración la intensidad de estos, ni el sacrificio que esto impone. Así, el Martinismo era el anuncio del advenimiento de la Era del Cristo Cósmico que se revelaría universalmente en las almas de los hombres en este gran proceso de transformación.

En su trabajo sublime, el Martinismo se une a la antigua y Mística Orden Rosacruz (AMORC), cuyo influjo iluminador sobre la humanidad perdura desde hace siglos y constituye la fuente eterna de luz que fluye para el renacimiento de la humanidad. La Orden Martinista Tradicional y AMORC estaban afiliadas a la organización internacional conocida bajo el nombre de F.U.D.O.S.I. (Federación Universal de Ordenes y Sociedades Iniciáticas).

Para todos los martinistas que veneran la memoria de su maestro, el Filósofo Desconocido, en su testamente deja una última frase que reza: “La única iniciación que yo recomiendo y busco con el mayor ardor de mi alma, es aquella mediante la cual podemos penetrar en el corazón de dios, e inducir este corazón divino a penetrar en el nuestro. Así se hará perfecto el matrimonio indisoluble que hará de nosotros el hermano, el esposo de nuestro Divino Salvador”.

El único camino para alcanzar esta Iniciación sagrada es descender a lo más profundo de nuestro ser, sin escasear esfuerzos mientras no hayamos alcanzado el objetivo, la profundidad donde veremos la vivificante raíz; y desde ahí, de forma natural, daremos el fruto que corresponderá a nuestra naturaleza, como sucede con los frutos de los árboles de esta Tierra, sostenidos por diversas raíces a través de las que los jugos vitales no dejan de elevarse.

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GURDJIEFF Y EL 4TO CAMINO (BIOGRAFIA)

Posted by cosmoxenus en 8 octubre 2008

 

George Ivanovich Gurdjieff. Destacado Maestro, dio a conocer la doctrina del Cuarto Camino, realizando una intensa labor de instrucción de las claves para el despertar de la conciencia.

En el verano de 1922 llegó a Francia un desconocido, George Ivanovitch Gurdjieff. Le acompañaba un pequeño grupo de hombres y mujeres que lo habían conocido en Moscú y San Petersburgo, lo habían seguido al Cáucaso durante la Revolución, habían tratado con él de mantener su actividad amparados de la guerra en Constantinopla y luego habían huído de Turquía ante la inminencia de una nueva crisis, encontrándose ahora, después de un éxodo a través de diversos países de Europa, en busca de una propiedad en venta en los alrededores de París.

Compraron a la viuda de Maitre Labori, el abogado de Dreyfus, su amplia propiedad del Prieuré de Avon cerca de Fontainebleau. Gurdjieff estableció allí una sorprendente comunidad que suscitó inmediatamente gran curiosidad.

En esos años de post guerra, cuando tantas ilusiones se habían desvanecido, el Occidente tenía una profunda necesidad de certidumbres. Los ingleses fueron los primeros en acudir al Prieuré, atraídos por P.D.Ouspensky (escritor ruso nacido en 1877, fallecido en Londres en 1947). Luego se sumaron a ellos unos americanos.

Críticos, editores, médicos, la mayoría tenía nombre conocido. Iban al Prieuré como se va hacia una experiencia difícil, pero que -si Gurdjieff era quien se les había dicho- les abriría la puerta del Conocimiento.

Veintisiete años después, cuando Gurdjieff murió en París, su nombre era aún desconocido del gran público, su obra inédita, el lugar que ocuparía en la historia del pensamiento imposible de definir. Pero unas ideas habían sido transmitidas, y, por muy de lejos que viniesen -en efecto, las ideas de Gurdjieff parecen ligadas a una muy elevada y antigua tradición- habían hallado un terreno apropiado para germinar.

¿Quién era, pues, Gurdjieff?

George Ivanovitch Gurdjieff nació el 1° de enero de 1877 según el antiguo calendario ruso (13 de enero según el actual) en la ciudad de Alexandropol, situada en la provincia de Kars, hasta entonces otomana, recién conquistada por el ejército del Zar.

En cuanto a sus padres, su infancia, la educación que recibió, no podemos sino remitir al lector a los primeros capítulos de su libro titulado "Encuentros con Hombres notables".

En el período que siguió, que quizás duró unos 20 años, Gurdjieff desapareció.

Sólo se sabe que emprendió viajes lejanos, particularmente al Asia Central. Estos años fueron de suma trascendencia para la formación de su pensamiento, él mismo dice: "No me encontraba solo. Había entre nosotros, toda clase de especialistas. Cada uno estudiaba según los métodos de su ciencia particular. Después de lo cual, al reunirnos, nos participábamos los resultados obtenidos". ("Fragmentos de una Enseñanza Desconocida" de P.D.Ouspensky).

Alude así al grupo de "los Buscadores de la Verdad". Hasta hoy no sabíamos quiénes habían sido estos compañeros de juventud de Gurdjieff. Encuentros con Hombres notables nos presenta a algunos de ellos y da detalles sobre sus aventuras y sus viajes. Pero el lector deberá recordar que este libro, si bien es una autobiografía, no es ciertamente una autobiografía en el sentido ordinario de la palabra. No deberá tomar todo literalmente (ni tampoco convertir todo a símbolos), ni intentar, a fin de remontar al origen del conocimiento, una exploración sistemática del curso del río Piandye, o de las montañas de Kafiristán. Porque, aunque el relato tenga un sonido de innegable autenticidad, parece evidente que Gurdjieff quiso enredar las pistas…

Volvemos a encontrar a Gurdjieff en Rusia, en 1913. Es en Moscú, en la primavera de 1915, cuando se produce el encuentro de Ouspensky con Gurdjieff. Ouspensky posee una formación científica. Ha publicado en 1909 un libro sobre la cuarta dimensión. En la esperanza de encontrar en Oriente una respuesta a las preguntas a las cuales, según él, la ciencia de Occidente no aportaba solución, emprendió un gran viaje a la India y a Ceilán. Regresó de ese viaje convencido de que su búsqueda no era vana y que efectivamente había algo en Oriente, pero "que el secreto estaba guardado mucho más profundamente y mucho mejor de lo que él había previsto".

Está preparando un nuevo viaje, esta vez al Asia Central Rusa y Persia, cuando le hablan del sorprendente personaje recientemente aparecido en Moscú.

Su primera entrevista con Gurdjieff modificaría todos sus planes.

"Lo recuerdo muy bien. Habíamos llegado a un pequeño café, situado fuera del centro, en una calle ruidosa. Vi a un hombre que ya no era joven, de tipo oriental, con bigotes negros y ojos penetrantes; al principio me sorprendió porque de ningún modo parecía en su lugar en tal sitio y tal atmósfera; estaba aun saturado de mis impresiones de Oriente, y este hombre con cara de rajá hindú o de jeque árabe, que hubiera visto mejor bajo un albornoz blanco o un turbante dorado, producía en ese pequeño café de tenderos y comisionistas, con su sobretodo negro con cuello de terciopelo y su sombrero hongo negro, la impresión inesperada, extraña y casi alarmante de un hombre mal disfrazado".

Ninguna de las preguntas que Ouspensky le hizo confundió a Gurdjieff. Persuadido de que ese hombre podía ser el camino hacia el conocimiento que él había buscado en vano en Oriente, Ouspensky se hizo discípulo de Gurdjieff. Más tarde daría un relato preciso, de impresionante honradez, de los siete años que pasó al lado de su maestro para elucidar y desarrollar todo lo que éste le había dejado entrever durante esa primera conversación en Moscú en 1915.

Pero Gurdjieff, en medio de la guerra, atrajo a tres buscadores. Citaremos al compositor Thomas de Hartmann (nacido en Ucrania en 1885, fallecido en Nueva York en 1956) ya bien conocido en Rusia. A su ciencia y a su trabajo, puestos a disposición de Gurdjieff, le debemos el haber podido reunir la obra musical de éste.

La Revolución sorprendió a Gurdjieff, rodeado de discípulos, en Essentuki, al norte del Cáucaso, donde acababa de sentar las bases de un primer Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre. Cuando se desencadenó la guerra civil realizó con algunos de sus alumnos una arriesgada expedición a través de los desfiladeros del Cáucaso. Llegado por esa inesperada vía a Tiflis, momentáneamente en Paz, abrió allí un nuevo Instituto. Luego, sumergido el sur del Cáucaso en la revolución, se refugió con sus alumnos en Constantinopla, donde pudieron reabrir el Instituto.

Este itinerario se alarga, siempre más hacia el oeste, hasta Fontainebleau, donde por fin Gurdjieff halló las condiciones requeridas para fundar el Instituto sobre bases estables.

Entre los ingleses que se le unieron, se destaca la figura de Orage. Había vendido, para venir al Prieuré, su revista The New Age, en la que, según Bernard Shaw, había demostrado durante catorce años ser "el más brillante ensayista de ese tiempo". Nada le era ajeno, ni en el dominio literario ni en el dominio económico. Para muchos jóvenes escritores Orage había sido más que un consejero: una especie de hermano mayor.

También Margaret Anderson formó parte de ese grupo, dos años después. Ella había fundado en 1914 en Nueva York, una revista de vanguardia, The Little Review, con la cual había hecho conocer en América a Apollinaire, Cocteau, Gide, Satie, Schoenberg, Picasso, Modigliani, Braque… Hasta había corrido el riesgo de ir a la cárcel por haber osado publicar el Ulises de James Joyce. Llegada al punto en que ya no podía satisfacerse únicamente con los refinamientos del espíritu, decidió también unirse a Gurdjieff.

Muy escasos fueron, en esos primeros años, los franceses que se acercaron a Gurdjieff. Un hombre inolvidable Alejandro de Salzmann, se había unido a él en Tiflis. Era pintor y decorador de teatro. Su mujer era francesa. Fue ella quien en lo sucesivo haría conocer el pensamiento de Gurdjieff en Francia y le traería los grupos a los cuales él transmitió su enseñanza, en París, después de cerrar el Prieuré.

A su llegada al Prieuré, Katherine Mansfield describe:

"…un viejo castillo muy bello, circundado por un parque admirable… se atiende a los animales, se trabaja en el jardín, se hace música… debe uno despertar a las cosas, en vez de discurrir sobre ellas". Y más tarde: "… en tres semanas, siento que pasé años en la India, en Arabia, en Afganistán, en Persia… por cierto que no debe haber otro lugar en el mundo en el cual se pudiera aprender lo que se aprende aquí".

La estada de Katherine Mansfield en el Prieuré hizo gastar mucha tinta.

"De la calumnia, escribe Pierre Schaeffer en "Le Monde", siempre queda algo. En lo que se refiere a Katherine Mansfield, por ejemplo, a fuerza de repetirlo en caracteres de imprenta, terminarán por asociar la hospitalidad de Gurdjieff con el triste fin de la joven tísica".

Cuando Katherine Mansfield, ya muy enferma, pidió ser admitida en el Prieuré, Gurdjieff, conociendo la gravedad de su estado al principio se negó. Orage y los otros insistieron para que le fuera dada esta última alegría. Katherine Mansfield murió algunos meses más tarde en el Prieuré y Gurdjieff recibió en recompensa, tal como lo dice Ouspensky, "su salario completo de mentiras y calumnias".

René Daumal y Luc Dietrich son, entre los escritores franceses, aquellos a quienes la enseñanza de Gurdjieff nutrió más directamente. André Rousseau, tras haber reconocido que el valor de una influencia espiritual se mide por la calidad de las obras que ella inspira, escribe en el "Figaro Littéraraire": "Si por ejemplo se nos probara que René Daumal debe realmente a Gurdjieff mucho de lo que estimamos y admiramos en él, nuestra admiración por Gurdjieff recibiría un gran refuerzo…". De hecho, Daumal siguió durante diez años, la enseñanza de Gurdjieff, y "Le Mont Analogue" dedicado a Alexandre de Salzmann, a través de quien Daumal había conocido a Gurdjieff, es una transposición poética muy transparente de la experiencia interior que Daumal y sus compañeros perseguían.

Tomas de posición apasionada se produjeron pro o contra Gurdjieff algunos años después de su muerte, cuando su nombre, al llegar al público, fue empleado abusivamente por gente que no lo había conocido. Así nacieron unos absurdos, a los cuales, claro está, nadie aportó jamás ni un atisbo de prueba.

Interesaría saber cuáles fueron las impresiones profundas del arzobispo de Canterbury cuando pasó un fin de semana en el Prieuré, o las de Louis Jouvet cuando lo visitó en París.

Entre estos visitantes del domingo, vino también Denis Saurat, típico universitario, entonces Director del Instituto Francés en el Reino Unido, que reencontraba allí a su amigo A.R.Orage. Denis Saurat, al venir al Prieuré, temía ante todo ser engañado, y le costó diez años o más "digerir" las múltiples impresiones que recibió ese día. Muchos años después, en una carta a Louis Pauwels, resumió así la impresión que había sacado de su entrevista con Gurdjieff: "No soy de ninguna manera discípulo de Gurdjieff. El breve contacto que tuve con él me dejó la impresión de una poderosa personalidad humana, reforzada o dominada por una elevadísima espiritualidad moral y metafísica a la vez. Quiero decir que me pareció que sólo las más altas intenciones morales regían su conducta y que, por otra parte, sabía sobre el mundo espiritual cosas que pocos hombres conocen, y que era verdaderamente un maestro en el dominio de la inteligencia y del espíritu".

La única manifestación pública de Gurdjieff y de sus alumnos durante ese período fue una demostración de danzas sagradas y de "movimientos" que presentaron el Théatre des Champs Elysées en octubre de 1923. Esos ejercicios fueron presentados a la vez como una restitución de danzas de derviches y de ceremonias sagradas (de las cuales el autor había sido testigo en el curso de sus viajes por el Asia Central) y como un método de educación.

Los parisienses no estaban muy preparados para ver en unas danzas, aunque fuesen sagradas, otra cosa que un simple espectáculo. Si la danza era un lenguaje, hubieran querido que les dieran la clave.

Pero Gurdjieff, ignorando esas objeciones, iba a hacer afrontar a sus alumnos una prueba aún más difícil. Acompañado por cuarenta de ellos iba a llevar sus ideas a Nueva York, y a dar allí representaciones de sus "movimientos". Se embarcaron el 4 de enero de 1924.

Se encuentra en la prensa de esa época el reportaje de dos series de representaciones que dio, una en el Neighbourhood Playhouse y la otra en el Carnegie Hall.

Algunas semanas después de su regreso a Francia, Gurdjieff resultó gravemente herido en un accidente de automóvil y no recobró sus fuerzas sino lentamente. Viendo que sólo le quedaba poco tiempo para cumplir con la tarea que se había impuesto, cerró parcialmente el Instituto y se hizo escritor a fin de "transmitir sus ideas en una forma accesible a todos".

Desde entonces, y durante varios años, escribir fue para él una obligación esencial. Sin embargo, jamás dejó de componer música, improvisando casi cada día, en una especie de armonio portátil, himnos, plegarias o melodías de inspiración kurda, armenia o afgana, que Thomas de Hartmann anotaba y transcribía. Esta música, sencilla y profunda, no es la parte menos sorprendente de su obra.

Se sometió al oficio de escritor con esa especie de habilidad artesanal que le había permitido en su juventud aprender tantos otros oficios.

El mismo cuenta en el primer capítulo de los "Relatos de Belcebú a su Nieto", cuáles fueron las dificultades que halló desde el principio. Después de haber dudado, escogió escribir en ruso. Sus idiomas natales eran, además del griego, el armenio y el turco. Pensaba en persa. Bromeaba en ruso. Contaba chistes en inglés "con una simplicidad oriental que desconcertaba por su aparente ingenuidad". No ocultaba su desdén por las convenciones gramaticales, englobadas por él en el vasto dominio de lo que llamaba, con acento cargado de ironía, "el buen tono". Por lo contrario, sentía profundo interés por los giros de la sabiduría popular, y manejaba con gran destreza proverbios que atribuía al legendario Mulaj-Nassr-Eddin, hasta cuando eran de su propia cosecha.

Quienes se le acercaron durante ese período, a menudo lo vieron escribir hasta horas avanzadas de la noche, en el Prieuré, de viaje, sobre las mesas de los cafés de ciudades de provincia y, naturalmente, en el Café de la Paix, que era, según él decía, "su oficina". Añadía que cuando necesitaba una gran concentración, el ir y venir a su alrededor de seres humanos de todo tipo estimulaba su trabajo.

Apenas terminaba un capítulo lo hacía traducir rápidamente para leérselo a las personas que lo rodeaban, cuyas reacciones vigilaba. Instruido por esa experiencia, lo modificaba. Y repetía la prueba tantas veces como fuera necesario.

Escribió durante una decena de años. Bajo el título de DE TODO Y DE TODAS LAS COSAS (All and Everything), no fue tan sólo un libro lo que compuso, sino tres gruesos volúmenes, cuya aparente diversidad responde a su intención de transmitir sus ideas en tres etapas y bajo tres formas diferentes.

El primero, titulado RELATOS DE BELCEBÚ A SU NIETO o CRITICA OBJETIVAMENTE IMPARCIAL DE LA VIDA DE LOS HOMBRES, tiene como meta, escribe él, "extirpar las creencias y opiniones arraigadas en el psiquismo de los hombres acerca de todo cuanto existe en el mundo".

El reserva para los lectores que hayan aceptado esa duda sobre sí mismos, la segunda obra: ENCUENTROS CON HOMBRES NOTABLES, con la que quiere "hacer conocer el material necesario para una reedificación, y probar la calidad y la solidez del mismo".

El tercero, titulado LA VIDA NO ES REAL SINO CUANDO "YO SOY", tiene por objeto "favorecer en el pensar y el sentimiento del lector la eclosión de una representación justa, no fantasiosa, del mundo real". Fue escrito para el reducido número de los que realmente se habían comprometido en su enseñanza.

Estaba en prensa en Estados Unidos el primero de los tres cuando murió Gurdjieff. Apareció sucesivamente en Nueva York (All and Everything, Harcourt Brace), Londres (All and Everything, Routledge&Kegan Paul), Viena (All und Alles, Verlag der Palme) y por fin en París en 1956 (Récits de Belzébuth á son Petit-fils, Editions Janus distibué par Denoël).

El segundo, que se entregó al público once años después de la muerte del autor, tiene el mérito de aportar por primera vez ciertas precisiones sobre la parte hasta ahora más misteriosa de la vida de Gurdjieff.

Cuando terminó de escribir, Gurdjieff, tras haber cerrado definitivamente el Prieuré, vino a residir en París. Emprendió de nuevo, con un círculo de discípulos, franceses esta vez, la enseñanza directa, capaz de apelar a los medios de expresión más diversos, cuyo secreto él poseía.

Fue con frecuencia a los Estados Unidos durante ese período, exceptuando los años de la guerra, toda la cual pasó en París.

Murió en parís el 29 de octubre de 1949.

La primera voz que se elevó algunos días después de su muerte vino de América. Era la del arquitecto Frank Lloyd Wright, que declaraba:

"Kipling dijo una vez que esos gemelos -se refería a Oriente y Occidente- nunca podrían entenderse. Pero en la vida de Gurdjieff, en su obra, y en su palabra, hay una filosofía, salida de las profundidades de la sabiduría del Asia, hay algo que el hombre de Occidente puede comprender. Y en la obra de este hombre y en su pensamiento -en lo que hizo y en la manera como lo hizo- el Occidente encuentra verdaderamente el Oriente.

Olgivanna Lloyd-Wright

 

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GURDJIEFF-BIOGRAFIA, OBRA Y SISTEMA

Posted by cosmoxenus en 8 octubre 2008

Georges Ivanovich Gurdjieff nace poco antes o poco después de 1870 en Alexandropol, en el Cáucaso (hoy Leninakan, Armenia). Su padre, un griego, admirador de la sabiduría antigua; su madre, Armenia. Crece en una atmósfera de ritos, leyendas y tradiciones en la que lo milagroso es un dato más de la realidad. Su educación es cristiana ortodoxa oriental. La franja del Cáucaso, entre el mar Negro y el Caspio, es por entonces un hervidero de raza, religiones y culturas, sin que ninguna predomine; es un lugar excéntrico, de límites fundidos y fuentes interpenetradas: Cristianas, armenias, asirías, islámicas, zoroástricas; sede de organizaciones herméticas, ocultistas, filosóficas, políticas, místicas; muchas veladas a la persona común. En este contexto fértil para desentrañar indicios y para la emergencia de energías primordiales, se desarrolla Gurjieff.

Estudia para sacerdote cristiano en el seminario de Alexandropol. También estudia medicina. Su biografía permanece en el misterio; asoman algunos indicios por aquí y por allá dados por él mismo, aunque en forma más alegórica que autobiográfica; ciertos retazos de su vida son recogidos más o menos confiablemente por sus discípulos; su historia personal se cubre de un hábil mandato de niebla. Insatisfecho con los elementos a su alcance, emprende un viaje incierto de 20 a 25 años en busca de conocimientos acerca del sentido preciso de la vida. Recorre Asia central, Persia, el monte Athos, el norte de África, China, el Tíbet. Bebe de fuentes monásticas cristianas ortodoxas; convive con círculos esotéricos islámicos, derviches de distintas escuelas y comunidades Sufíes; investiga el Chamanismo Siberiano y el Budismo Vajrayana del Tibet; comparte prácticas lamaísticas en monasterios tibetanos donde se preservan enseñanzas antiquísimas. Según él mismo cuenta, es preceptor del Dalai Lama.

Aparentemente, actúa como agente secreto ruso, por lo que se le abren muchas puertas, cuando los ingleses invaden el Tibet, prepara y acompaña la huida del Dalai Lama. A partir de entonces, Gran Bretaña siempre desconfía de él. Su astucia lo mantiene a salvo y jamás desaprovecha oportunidades para aprender vivencialmente. Para sobrevivir hace de médico, ingeniero, cocinero, químico, hipnotizador, comerciante, artesano, profesor de danza. Oculta sus fuentes, pero su meta es traducir métodos de ideas orientales acerca del desarrollo total y armónico del ser humano en términos evocativos para Occidente. Algunos lo consideran el primer emisario a Occidente de una sociedad secreta del Oriente Medio; otros dicen que trabajaba bajo sus propios auspicios; los más cercanos afirman que lo envía la comunidad de maestros de sabiduría sufí Kwajagan, reestructuración de una cultura superior destruida por Genghis Khan. En 1915 regresa a Rusia y comienza a formar adeptos en los cafés de San Petersburgo y Moscú. Allí conoce a Ouspenky, su principal discípulo, quien recoge minuciosamente sus enseñanza.

También conoce a Thomas de Hartmann, de cuyo diario se obtienen datos valiosos y a quien cita siempre en bares de reputación dudosa para poner a prueba su desapego a los convencionalismos sociales. Rusia está en plena guerra mundial y agitada por un clima pre-revolucionario. En su nivel actual, el ser humano no posee alma inmortal, pero con cierto trabajo él mismo puede forjarla, de modo que el conjunto alma-cuerpo no esté subordinado a las leyes del cuerpo físico y continúe existiendo luego de la muerte de este. El ser humano ordinario observa Gurdjieff se contenta con una vida tolerable. Olvida los terrores de su mortalidad, falta de voluntad y control. Racionaliza y miente. Su vida gira en torno de un conjunto de interés insignificantes. Es un autómata dirigido por voluntades contradictorias creadas por sus deseos, a su vez generados por influencias externas. Se estremece cuando un ratón cruza su cuarto y no siente terror ante la perspectiva de su propia muerte.

La autorrealización, así, resulta extremadamente difícil, aunque no imposible. Es necesario que el individuo comprenda su condición actual y se esfuerce por conquistarla. El ser humano común es controlado de afuera hacia dentro; el trabajo sobre sí invierte la dirección. Es posible vivir de modo más consciente y armónico, reconciliar y unir las tres funciones humanas básicas: pensamiento, sentimiento y acción. Una cosa es saber intelectualmente y otra muy distinta comprender por experiencia directa. Por eso Gurdjieff alienta a sus oyentes a verificar personalmente cuanto les transmite. Sus enseñanzas se enmarcan en una peculiar visión del universo  y en una psicología propia. Ouspensky lo cita: El ser humano es una máquina. Sus actos, palabras, pensamientos, sentimientos, convicciones, opiniones y hábitos son resultado de influencias externas. Por sí mismo no puede producir un solo pensamiento, una sola acción. Todo lo que dice, hace, piensa, siente, es algo que le sucede… Nace, vive, muere, levanta edificios, escribe libros, no como quiere, sino como le sucede. Ni ama ni odia ni desea; todo le sucede.

Al regresar a Rusia, Gurdjieff posee un conocimiento profundo de danza, música y doctrinas iniciáticas. Divulga de un modo alegórico para estimular la intuición y discute cuestiones básicas acerca de la relación del ser humano con el universo, la condición humana, los estados de conciencia, la inmortalidad y la posibilidad de autorrealización. Propone a sus oyentes un crecimiento aumentando su energía interior.

De inmediato Ouspensky, su escriba y biógrafo, comienza a trabajar con él. En 1916 ya son varios los alumnos, entre ellos Hartmann, compositor conocido y oficial de la guardia del Zar, y su esposa Olga. Hartmann comenta la impresión que causan los ojos de Gurdjieff, de profundidad y penetración poco comunes. Ouspensky se encarga de la instrucción de algunos de los recién llegados. El grupo se reúne todas las noches a ejecutar gimnasias sagradas y trabajo interno. A dos o tres elegidos Gurdjieff los instruye en disciplinas especiales. También, en esta etapa, alternan períodos de ayuno y de silencio, en los cuales sólo se podían comunicar mediante un complicado sistema de contorsiones corporales ingeniado por el mismo maestro. Gurdjieff abre formalmente el primer instituto para el desarrollo armónico del hombre.

La verdadera carrera pública de Gurdjieff comienza en el priorado de AVÓN. Su método, hasta entonces reservado a unos pocos iniciados, se abre a toda persona.

La gimnasia sagrada obliga a ser consciente del propio cuerpo. Las experiencias espirituales sin conciencia del cuerpo son alucinaciones. Quien es consciente del propio cuerpo no enloquece. Poco a poco Gurdjieff se va desinteresando del priorato de Avón. En 1934 se muda a parís. Con mucha rapidez se suman nuevos discípulos, pero esta vez deja la enseñanza en manos de instructores. El maestro se reserva para sí el trato con unos pocos aprendices avanzados que deben ir desligándose de todo maestro y grupo. Los orienta en concentración de la voluntad, control de la respiración y de la energía sexual y conexión con el guía interno. Les da otras instrucciones y les solicita guardarlas en silencio.

Para ellos ya no habrá delimitación entre ejercicios y vida diaria; el cuarto camino será actitud interior manifiesta en cada ocasión. ¿MAGO? ¿PROFETA? ¿BRUJO? ¿SANTO? Enigmático y algo sobrenatural, mezcla de Buda y Charlatán de feria, demasiado deshumanizado para ser santo. En 1949 Georges Ivanovich Gurdjieff, el viejo bribón, fallece en París.Las Grandes Figuras del Ocultismo.

El sorprendente M. Gurdjieff es uno de los más misteriosos personajes de principios de siglo.

Los detalles de su vida, voluntariamente oscura son poco conocidos: léase la importante biografía que le ha consagrado Louis Pauwels.

Probablemente nació en Asia menor de padres nómadas. Debió dedicarse al espionaje para varias grandes potencias, aprovechando numerosos viajes asiáticos. Crea en un castillo de Fontainebleau, una especie de comunidad filosófica donde los internos eran obligados a veces a singulares tareas. Tuberculosa, la novelista Katherine Mansfield fue allí para hacerse curar.

Al lado de puntos de vista filosóficos embarullados, Gurdjieff ha emitido algunas teorías originales. Su discípulo, Ouspensky, muerto en Londres en 1947, ha resumido lo esencial de sus conferencias en Fragments d’un enseignement inconnu.

Según éste último, Gurdjieff. siempre vendiendo tapices, organiza primero grupos secretos de indagación en Moscú en 1914 (tema: El hombre es una máquina). Después, en 1915, en San Petersburgo (tema: El hombre puede liberarse por medio de cuatro vías: la del fakir, la del monje, la del yogui, y la cuarta, « la del hombre sagaz » está por encontrarse). Regresó a Moscú a fines de 1916, y después a Alexandropol. Con la revolución del 11 de octubre de 1917, parte para el Cáucaso y después crea instituciones en Rostov, Tiflis y Constantinopla.

En 1920. está en Alemania, en 1921, en Fontainebleau, en 1924 en América. Murió en París en 1949. Antes de morir, dijo a sus discípulos: ¡Os dejo en un apuro!

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