El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for the ‘Esoterismo Cristiano’ Category

Ieshúa

Posted by cosmoxenus en 25 enero 2010

El Nombre de Yeshua Yehosua o Ieshua que en la traducción del Hebreo significa Salvación, o simplemente Salvador. En tiempos cuando Roma dictaba en Judea había muchos problemas politicos, ha resultado de esto grupos de Judíos incluyendo Simon Pedro en hebreo como "Shimeon Kepha Ha-Tzadik" el Zelote[1] hacían enfrentamientos en contra del imperio romano como también el famoso Barrabas o en hebreo como"Bar Aba" ( hijo del Padre) adoptaban nombres "mesiánicos" o proféticos para que el pueblo judío de la época los apoyara en la revolución en contra de la dictadua del Imperio Romano. Es probable que Miriam (maria) su madre lo nombro Yeshua, un nombre común en aquella época a causa del mismo. Estas guerrillas entre Judea y Romanos tenían una data desde el ano 100 AEC (antes de la era común) en la revuelta de los Maccabeos y la Independencia temporal de Judea[2]

Como es mencionado en aquel tiempo Judea estaba dominada dictorialmente por Roma, en el cual todo judío tenía que pagar impuestos al Emperador, en el medio de aquel caos muchos grupos surgieron y necesitaban un líder, una persona que moviera masas, una persona que les sirva como voz y fuerza en contra de la dictadura de roma, fue entonces que emerge Yeshua, el judaísmo no asegura que es el mesías o el mashiaj ben david, pero definitivamente fue una persona que movía masas, miles de personas lo seguían.

El judaísmo niega que Yeshua fue Rabino, pero las ensenanzas fueron totalmente doctrina judía, como por ejemplo la de Perdonar al pecador, o la más grande de todas en el judaísmo la doctrina del arrepentimiento en hebreo como Teshuva [3] que literalmente de traduce como retornar al Padre, o el de Nacer de nuevo, son doctrinas Judías, la doctrina del sumergirse en Agua para la limpieza de los pecados en Hebreo como sumergirse en una Mikve [4] podriamos enumerar muchos otros.

La Gemara (también Gemorah) (×’×ž×¨× – de la gramatica: Hebrea "[completo]"; Aramaic "[a] estudiar")cuenta[5] que Yeshua tenía conocimiento de la Kabbala[6] (hebreo קַ×`ָּלָ×") y menciona en que entro al templo y toco el Arca del Pacto y se quemó las manos y a causa de las llagas podía sanar enfermos, también hacia uso del vocablo en hebreo en fórmulas para sanar enfermedades especificas, como también los 72 nombres de Di-s para controlar la creación.

Algunos grupos judíos niegan en absoluto todo esto, y asumen que fue un profano hijo de un soldado romano y no de Yosef y que fue un mal estudiante e profano de la Torah, pero no hay prueba antropóloga que pueda probar lo dicho hasta el dia de hoy.

Según lo escrito en la Gemara (también Gemorah) (×’×ž×¨× – de la gramatica: Hebrea "[completo]"; Aramaic "[a] estudiar")cuenta que[7] Yeshua HaNotzri (nazareno) nació aprox en el año 3582 de la Creación (aprox año 2 de la Era Común o cristiana.

Fue hijo de una mujer llamada Miriam que estaba casada con Yosef un carpintero.

Hizo sus primeros estudios en la Yeshiva (Escuela de estudios Judaicos)bajo la doctrina de Shammai[8] (50 BCE–30 CE) Shammai Era un erudito judío del primer siglo, y de una figura importante en el trabajo del centro de judaísmo y de la literatura rabínica, el Mishnah.[9].

En aquella época eran dos doctrinas judías, una encabezadas por Shammai y la otra por Hilel, dos escuelas opuesta la una a la otra, los Fariseos[10](Hebreo perushim, de parash, que significa "a separar") tenían tendencias Hilelicas.

De acuerdo a sus sabios (los de Israel) Yeshua tuvo cinco discípulos: Mattay, diminutivo de Matitiyahu (Mateo); Nakay al parecer Lucas; Nétzer; Buny o Bunay; Todá, adaptado de Taday (Tadeo).

De acuerdo con lo encontrado por Antropólogos e Arqueólogos se dice que tuvo 13 discípulos.

La Historia relata que más de 250,000 judíos fueron víctimas de la Crucifixion, era una de las tantas formas brutales de asesinar y ejecutar vidas humanas. Fue considera una forma extremadamente deshonrosa y dolorosa la forma de ejecución en la que el Imperio Romano mataba a quien ellos consideraron "Enemigos de Roma"

Según el escritor en la época Romana Flavio Josefo[11]Yeshua fue un Judío mas como otros 250,000 víctima del abuso cometido por el Imperio Romano, parece ser que Roma no veía a Yeshua como un judío más, o mucho menos como un profeta o enviado, para Roma él era un movedor de Masas, una persona que podría traer problemas al Imperio porque a los ojos de Roma el podría causar otra revuelta como paso años atrás.

Finalmente fue ejecutado por ser enemigo para el Imperio.

En otros grupos de judíos no aceptan esta historia, a pesar de que ha sido aprobada por estudios antropologicos e arqueológicos.

El Judaísmo Mesiánico es una más entre las diversas corrientes del judaísmo; quizá incluso la más vieja de todas. Su diferencia con las demás, se basa fundamentalmente en la aceptación del mesianísmo de Yeshua (Jesús).

Sus Orígenes se remontan al siglo primero de la era común, en la que doce judíos provenientes de diversas corrientes y esferas sociales, creen que en Yeshua de Nazareth, se cumplen las profecías mesiánicas anunciadas en el Tanaj, por medio de los patriarcas y profetas; razón por la cual aceptan su invitación a seguirle y predicar las buenas nuevas entre la Casa de Israel (Mat 10:1-7). Por estos mismos motivos, el Mesías les promete que durante su reinado -la restauración de la monarquía davídica-; gobernarían conjuntamente con él, a las doce tribus de Israel (Mat 19:28).

Luego de la resurrección de Yeshua, los judíos mesiánicos -conocidos entonces por la sociedad jerosolimitana como el grupo "Ha Derej"(El Camino)-, permanecen como una más de las corrientes judías de la época; así que el Templo de Jerusalén, continúa siendo el centro de su adoración y la puerta de Salomón, su lugar predilecto de reunión (Hechos 2:46, 3:1-26,4:1-4, 5:38-42, 6:7, etc.). A los pocos años y como consecuencia de la muerte de Esteban, a excepción de los apóstoles, el resto huye de Jerusalén, y de ésta manera el mensaje que les había sido depositado por su amado rabí, comienza a ser escuchado en Judea y Samaria (Hechos 8:1,4).

Sin embargo, no es hasta que Dios llama a su servicio a un joven e intransigente rabino, de nombre Shaul (Saulo-Pablo), para que su mensaje sea llevado a todo el mundo conocido. Momento histórico en el que nace justamente el cristianismo (Hechos 11:19-26). Por desgracia y debido a diversos factores políticos, sociales, culturales -sin olvidar la voluntad permisiva de Dios- : judíos mesiánicos y cristianos comienzan a caminar por sendas separadas (aunque unidos espiritualmente por el mismo Camino trazado por Yeshua-Jesús).

Largos siglos de dolor, persecución e ignominia, esperaban al judaísmo mesiánico. La huella del antisemitismo no fue menos profunda en sus hijos, que en el resto de sus hermanos de las otras corrientes judías, pues a la hora de las persecuciones no importó en absoluto, si se creía, o no, en Yeshua. Por fortuna, nuevos tiempos comenzaron a soplar en Europa, de tal forma que durante el siglo XVIII, muchos judíos de distintos países, además de creer que Yeshua es el Mesías anunciado en las Kitvei Kodesh (Sagradas Escrituras); consideran que no tenía ningún sentido, ni apoyo bíblico, que para creer en su propio Dios, en su propio Mesías, y en sus propias Escrituras; tuviesen que renunciar a su herencia y cultura judía, por lo que tímidamente comienzan a organizarse de nuevo.

Diversas agrupaciones se forman por toda Europa, pero no es sino hasta el 14 de mayo de 1866, en que se forma la Alianza Hebreo-Cristiana de la Gran Bretaña (intentar utilizar el nombre "judío mesiánica" hubiera sido casi un suicidio). Su primer presidente es el Dr. Carl Schwartz, de manera que su ejemplo es seguido por otros países, por lo que se forman también Alianzas Nacionales en casi todo el continente.

Concluida la Primera Guerra Mundial, las Alianzas Nacionales sobrevivientes convocan a una reunión de carácter internacional en la ciudad de Londres, pues creían que así como el sentimiento sionista imperante en esa época estaba en el fluir divino, de la misma forma era el momento de unificarse y presentar un frente común ante ante tanta adversidad e incomprensión (no pocas veces proveniente de ambos lados)

El 8 de septiembre de 1925 en la ciudad de Londres, con delegados de dieciocho naciones representando a los cinco continentes, se formó, luego de oración y de escuchar mensajes poderosos así como diversas ponencias con sólidas bases bíblicas -acordes por supuesto, al tiempo político que se vivía-: la International Hebrew Christian Alliance (hoy International Messianic Jewish Alliance). La presidencia recayó en un caballero de la corona británica: Sir Leon Levinson (foto al margen).

Dentro de este movimiento, En datos estimados existen aproximadamente 1.5 milones de judíos mesiánicos en todo el mundo.

Judaísmo caraíta

Caraíta, etimológicamente del hebreo laraim, significa `seguidores de la Escritura’. El judaísmo caraíta tiene como libro sagrado a la Biblia hebrea. La interpretación de la Escritura debe ser individual. No acepta ningún otro escrito, como la Mishnah o el Talmud, ni la tradición oral rabínica.

Surgió en el siglo VIII en Palestina con Anán Ben David. El Caraismo repudia a cualquier tipo de mesianismo fundado en Falsos mesías, como es el caso de Jesus de Nazaret.

Judaísmo ebionita

El judaísmo ebionita (ebionim) considera que Jesús de Nazaret fue un judío con ideas próximas a los profetas de Israel, en cuanto a su fidelidad a la Torah, su apoyo a los pobres, reclamando justicia social.

El movimiento judío ebionista se considera restaurador del antiguo ebionismo, desde 1985. En America latina tiene como Adalid y Traductor a Jorge Arzaquel.

Judaísmo Netzarim Ortodoxo

El judaísmo Netzarim Ortodoxo(Netzarim) considera que Jesús de Nazaret fue El Mesías Del pueblo de israel, pero solo reconocen la Tanaj Hebrea Como Inspirada por dios.

Fuente: http://pasajesdelahistoria.wordpress.com/ioshua/

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LOS MAGICOS REGALOS DE LOS REYES MAGOS

Posted by cosmoxenus en 13 enero 2010

Gerardo Bouroncle Mc Evoy

Muchas veces comento con personas si saben el real significado de los regalos de los reyes Magos al Niño Jesús, en la mayoría de casos no tienen ni idea del significado real o mágico que ellos tienen; es muy curioso como el mundo Cristiano ha llegado a celebrar ciertas fechas sin conocer su importancia o significado. Según la tradición cristiana los tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltazar, llegaron hace más de 2.000 años a celebrar el nacimiento del niño Jesús portando tres regalos: oro, incienso y mirra.

El evangelio de San Mateo (Mt2: 1-12) cuenta de unos Magos que vinieron de Oriente guiados por una estrella buscando al nuevo Rey que habría de nacer. Si bien no existen muchos datos específicos de estos personajes se asume que eran "sabios" o Astrónomos. Asimismo; tampoco se especifica el porque de los regalos; existen muchas interpretaciones inclusive al respecto. Estos Magos pueden no haber sido otros que miembros de la casta sacerdotal como lo sugiere Tertuliano que los nombra como Magos de "estirpe Real". La religión de los Magos era fundamentalmente la de Zoroastro y prohibía la hechicería; su astrología y habilidad para interpretar sueños fue quizás la ocasión para su  encuentro con Cristo. En algunos escritos de la época se menciona el número tres en alusión a las tres familias descendientes de Noé.

La narración evangélica no menciona el número de Magos, y no hay una tradición cierta sobre esta materia. Varios textos cristianos hablan de tres Magos; en realidad se hallan influenciados por el número de regalos. En el Oriente, la tradición habla de doce obsequios.

Como fuere; estos tres Reyes Magos venían de países lejanos y fueron guiados por la Estrella de Belén; que también es atribuible a la triple conjunción de Marte, Júpiter y Saturno ; es allí que Melchor entregó la mirra, Gaspar el incienso y Baltasar el oro.¿Pero que utilidades o propiedades tenían el oro, el incienso y la mirra? ¿Porque precisamente esos tres regalos?

Pues los tres regalos siguen teniendo grandes poderes medicinales hoy en día y ya desde la antigüedad se conocía sus poderes curativos; entonces podríamos decir que lo que en realidad los Reyes Magos le trajeron al niño Jesús fueron elementos para cuidar su cuerpo y su salud. Hoy en día inclusive el deseo de todo padre al momento de nacer su hijo por encima de cualquier cosa  es que este "sano".

EL ORO

La importancia del oro era tan obvia hace más de 2.000 años como lo es ahora; sin embargo tiene un significado mágico que el día de hoy también lo tiene. Pero además del valor que se le ha otorgado en todas las culturas y épocas, el metal ha sido utilizado desde hace miles de años también en algunos tratamientos medicinales.

En la antigüedad algunos creían que ingerir sus alimentos diarios servidos en platos de oro podría prolongar su tiempo de vida y retardar el envejecimiento. También durante la gran peste negra en Europa algunos alquimistas pensaron que podrían curar a los enfermos haciéndoles ingerir oro finamente pulverizado, cosa que no fue tan cierta.

Los primeros registros del uso del oro datan del 1500 antes de Cristo; algunos enfermos en la antigüedad masticaban finísimas láminas o polvo de oro. En determinadas ocasiones se echaba una pizca de este metal en guisos fortalecedores;  el mismísimo Rey francés Luis XII bebía grandes cantidades de oro líquido, brebaje reconstituyente que le preparaban los alquimistas de la corte para fortalecer su maltratada salud.

El Oro en la Alquimia es una vía hacia el autoreconocimiento esencial. Es información sobre nuestro camino, sobre nuestra vida. Es la transmutación del alma, con la medicina de la sabiduría, con la intuición y sobretodo con el corazón; es la búsqueda de la piedra filosofal.

En las últimas décadas se ha descubierto que el oro interfiere inhibiendo algunas moléculas causantes de algunas enfermedades inflamatorias e infecciosas, incluido el VIH. El uso de oro en medicina es conocido como crisoterapia

EL INCIENSO

El incienso del latín incensum o encender, es una preparación de resinas aromáticas vegetales, a las que a menudo se añaden aceites esenciales de origen animal o vegetal, de forma que al arder desprenda un humo aromático con fines religiosos, terapéuticos o estéticos.

El principal objetivo de los budistas tibetanos, donde intervienen los aromas y las vibraciones armónicas de los inciensos es para invocar el apoyo de los espíritus benefactores que están en el ambiente.

Hoy en día el incienso es algo que no puede faltar en las vidas de los budistas, así como en sus fiestas, ceremonias. Es una costumbre quemar el incienso en todas sus celebraciones. Aplicando así la "aromaterapia"

En China y Japón se ha usado en los rituales de adoración de deidades, porque se piensa que el humo puede llevar las oraciones al cielo.

Se dice que el incienso tiene propiedades calmantes y en la antigüedad se le usaba para tratar la melancolía hoy en día la llamada "depresión".

En la medicina ayurvédica usa para tratar la artritis y ha sido muy estudiado para comprobar su potencial curativo en asma, osteoartritis, enfermedad de Crohn y colitis.

Aunque no se ha podido comprobar los beneficios del incienso para estas enfermedades en humanos, de igual manera se sabe que es efectivo como repelente de mosquitos.

LA MIRRA

La mirra es una resina que se obtiene a través de los cortes practicados en la corteza del árbol oriundo de Somalia. Por los cortes fluye un jugo lechoso de color amarillento que al entrar en contacto con el aire forma bolas y granos irregulares, se oscurece y despide un intenso aroma. La composición de esta resina de mirra es diversa. Sus componentes más activos son: aceites esenciales y mucílago. En tiempos pasados se tomaba sencillamente un trocito de esta resina del tamaño aproximado de un frijol y se masticaba con el fin de curar las inflamaciones bucofaríngeas o para protegerse de posibles infecciones; es decir que se le atribuían ya desde la antigüedad propiedades antisépticas y antiinflamatorias.

Mirra significa "amargo" en árabe. En la medicina china se le ha usado durante siglos para curar heridas, cicatrices, sangrado y para aliviar la inflamación.

Los antiguos egipcios lo usaban también para embalsamar a sus muertos y durante mucho tiempo fue considerado un producto más valioso que el mismo oro.

La mirra, sin embargo, sigue siendo muy usada en la industria cosmética, que afirma que el producto tiene propiedades antienvejecimiento.

De hecho, el incienso y la mirra son la base de los productos de belleza más utilizados actualmente; hay quienes las incluyen en los tratamientos antienvejecimiento o anti-age;  ya que se pueden encontrar en algunas cremas, bálsamos y lociones inclusive en tratamientos revitalizantes en algunos de los "Spa" mas conocidos del mundo.

Quizás pues si entrelazamos estos tres regalos estaríamos hablando de que le entregaron al niño Dios herramientas para que su cuerpo en esta vida terrenal este sano. Si bien esta es una interpretación libre de los regalos de los Reyes Magos, pues no esta muy lejos de la realidad ya que el mensaje real de aquellos Sabios era de que: "debemos cuidar nuestro cuerpo ya que en el Mora el Espíritu de Dios".

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HACERSE NIÑO

Posted by cosmoxenus en 3 enero 2010

 

John Loudon

La idea de asemejarse a un niño cuando se es ya adulto constituye una paradoja que muchos ensayistas han intentado resolver: ¿Cómo se puede llevar a término esta tarea sutil?, se pregunta John Laoudon. Pero su ensayo es mucho más que un intento de responder a dicha pregunta: presenta el contexto filosófico, espiritual y religioso de esta búsqueda, subrayando el hecho de que el proceso del desarrollo nos ocupa hasta el final de nuestras vidas. En cierto sentido”, comenta, “hacerse niño –alcanzar niveles, destrezas, orientaciones y todo aquello a lo que estamos llamados- es una tarea cuya consumación tal vez requiera toda la vida.”

Este pasaje se publicó originalmente en un número especial de la revista Parábola (Vol. IV, núm.3) dedicado al niño. Loudon es escritor y redactor y reside en el norte de California.

Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños

no entraréis en el Reino de los Cielos.

Mateo 18:14

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño

Y razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.

1 Corintios 13:11

Las tradiciones religiosas, y en especial la cristiana, parece trasmitir una serie de mensajes contradictorios acerca de la infancia como un estado ideal. Por una parte, los evangelios afirman que si no cambiamos la orientación de nuestra vida (metanoia) y nos hacemos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos. En el más místico de los evangelios, Jesús dice, por boca de San Juan: “Quien no nazca de lo alto no podrá ver el Reino de Dios” (Juan 3:3). Por otra parte, Jesús rechaza repetidamente la rutinaria pasividad de la religiosidad pueril y Pablo nos exhorta a renunciar, como hizo él, a las cosas de la infancia. De manera más significativa, todos los evangelios son, historias cuyo punto álgido se concreta en la pasión, muerte y resurrección de Jesús, y en todos ellos se declara que sólo perdiendo la vida la encontraremos. ¿En qué consiste este estado ideal que se aparece a la infancia y que, sin embargo, advierte únicamente con la madurez, la muerte y el nacimiento a una nueva vida?

Es obvio que nos hallamos ante dos puntos de vista diferentes respecto a la infancia. Se trata de una paradoja similar, en mi opinión, a los aparentes conflictos que tanto abundan en las tradiciones vivas y que estimulan nuestra comprensión invitándonos a investigar más profundamente.

Una posible vía de resolución –que la mayoría de exégetas y teólogos tienden a seguir- consiste en estudiar concienzudamente los pasajes de apariencia contradictorias (examinando su lenguaje, contexto, función, fecha, etcétera) hasta dar con una interpretación sintética. No cabe duda de que ya se han llevado a cabo varios estudios de este tipo. Pero yo me resisto a eliminar el aguijón de la paradoja demasiado expeditamente. Existe aquí un desafío que merece la pena aceptar; un desafío auténtico y, de algún modo, central a lo que el Nuevo Testamento quiere expresar.

Sugiero, por tanto, un camino quizá más provechoso o, por lo menos, innovador, para tratar de acceder a la verdad contenida en el núcleo mismo de la paradoja: investigar el aparente ideal de la infancia a la luz de ciertas formas tradicionales y contemporáneas de entender las etapas de la vida. ¿Cómo se relaciona la exigencia de convertirse en niño con las fases tradicionales del crecimiento y con la floreciente investigación acerca de las distintas dimensiones y períodos discernibles del desarrollo humano? ¿Es el mandato bíblico anómalo, o una máxima en clave que refleja los primeros debates cristianos? ¿O contiene acaso una intuición más o menos accesible sobre el crecimiento y potencial humanos, sobre las leyes que rigen nuestro devenir y nuestra perfección?

Las distinciones más universales de las etapas de la vida que se observan en las religiones y sociedades tradicionales son, seguramente, las que se concretan en los ritos de paso. Según la explícita afirmación de cierta mujer apache:

Subdividimos la vida de una mujer en varias partes: niñez, juventud, madurez y vejez. Las canciones sirven para hacerla transitar de una a otra. Las primeras canciones describen el hogar sagrado y la ceremonia. Más tarde vienen las canciones que tratan de las flores y de las cosas que crecen. Éstas representan la juventud; y a medida que las canciones describen las diferentes estaciones, la joven va creciendo hasta llegar a la vejez.

Hay ritos para el embarazo, el nacimiento, la infancia, el ingreso en la edad adulta, el noviazgo, el matrimonio, la iniciación al sacerdocio y la muerte como tránsito final. Lo que resulta particularmente significativo acerca de las faces identificadas en estos ritos es su relación con la noción de crecimiento, de desarrollo; son acumulativas y cada transición añade una nueva dimensión o nivel a la vida del individuo. De este modo, por ejemplo, las iniciaciones a la madurez implican, por lo común, la adquisición de un conocimiento especial, un desengaño simultáneo respecto a las creencias pueriles y una nueva responsabilidad. Algunas tradiciones diferencian las distintas etapas de la vida asociándolas a ideales religiosos específicos, cada uno con sus atracciones, riesgos y obligaciones. En el hinduismo, por ejemplo, el camino hacia el conocimiento se subdivide en cuatro etapas (ashramas): la del estudiante, la del cabeza de familia (familia, profesión), la del morador del bosque (ermitaño, asceta) y la del peregrino (santo, sannyasin). Si bien en cada etapa se alcanza una perfección relativa, la doctrina enseña que el desarrollo pleno, la consecución absoluta de moksha (liberación plena de todo lo finito) sólo llega cuando el ciclo se ha completado. Y, por lo general, en las divisiones tradicionales de la existencia humana por etapas, se asevera con firmeza que la infancia es una fase a superar si lo que se persigue es el conocimiento pleno, la vida, el ser. Aun así –y con esta observación empiezo ya a esbozar en parte lo que será mi solución al dilema aquí tratado- hay aspectos de la última etapa (naturalidad, una cierta dependencia, contemplación, etcétera) que, de algún modo, recuerdan al mundo de la infancia.

La psicología del desarrollo humano es, en gran medida, una ciencia independiente originada en el siglo XX y cuyas conclusiones se basan en datos empíricos. El psicólogo suizo Jean Piaget fue pionero de esta disciplina, a la que contribuyó con una serie de estudios basados en sus minuciosas observaciones del desarrollo intelectual y moral del niño, y con ingeniosos test para determinar las fases de crecimiento. Piaget identificó cuatro etapas básicas den el desarrollo del niño hasta la edad de doce años, cada una de ellas supone una expansión de los mundos infantiles iníciales (basados en respuestas egocéntricas de tipo sensación-acción) a un mundo más amplio, expansión facilitada por el lenguaje, la socialización y el pensamiento. Erik Erikson se basó en el trabajo de Piaget (y en el de Freud) para identificar ocho etapas en la totalidad de la vida humana, cuatro desde la infancia hasta la adolescencia y, después, adolescencia, primera edad adulta, mediana edad y madurez. En cada una de ellas nos encontramos nuevas esperanzas, nuevas posibilidades y nuevas responsabilidades, y el éxito o fracaso básicos resultante de cada desafío afecta a la plenitud de nuestro desarrollo a lo largo de la vida.

De esta manera, por ejemplo, en la etapa del lactante (aproximadamente el primer año de vida) se establece una sensación fundamental de confianza o de desconfianza que persistirá hasta la muerte. Por lo tanto, la “tarea” de esta etapa evolutiva consiste en arraigar en el niño la sensación profunda de bienestar, de ser aceptado, de pertenecer, de que el universo es su hogar. Otras subsiguientes son la “consecución” de autonomía, iniciativa, diligencia, identidad, intimidad, capacidad de crear (de productividad, en un sentido amplio) y plenitud (un sentido de satisfacción ante una vida cuyas partes forman un todo armónico). El fracaso en cada una de estas “realizaciones” psicosociales produce un declive análogo de la potencialidad humana. Así, por ejemplo, si una persona de mediana edad no consuma la “autorrealización” requerida por la dinámica del desarrollo, esta persona tiende a un “estancamiento” caracterizado por una regresión hacia satisfacciones infantiles y una interrupción del desarrollo de la personalidad y de las relaciones personales.

Huelga decir que el trabajo de Piaget y Erikson es a menudo técnico y bastante complejo y ha sido incorporado a un amplio programa de investigación práctica y teórica aún en curso. Lo más significativo para nuestro propósito es saber que las etapas del desarrollo humano se pueden delimitar científicamente con bastante precisión y que dichas etapas no constituyen simplemente una secuencia automática por la que se va pasando por el mero hecho de hacerse mayor. Más bien existe una dinámica de desarrollo –energía interna y condiciones exteriores- que nos impulsa de una etapa a otra etapa y cada una de ellas comporta el cumplimiento de una serie de tareas básicas y el descubrimiento e integración de ciertas dimensiones de nuestra humanidad, requisitos necesarios, todos ellos, para el logro de la plenitud personal. En cierto sentido, pues, puede decirse que el yo es un proyecto que dura toda la vida, siempre y cuando recordemos que se trata de un proyecto que precisa de tanta pasividad como actividad (por usar los términos de Teilhard), de abandono y sujeción, de yin y de yang.

Dado que lo que nos interés es la infancia en tanto que ideal religioso, merece la pena atender a otro aspecto de la psicología del desarrollo, esto es, el análisis de las fases de la evolución moral y religiosa. A finales de los años cincuenta, Robert Havighurst y Robert Peck describieron cinco tipos de personalidad a través de los cueles la gente podía evolucionar: el amoral durante el período de lactancia; el oportunista durante la primera infancia; el conformista (que sigue una norma externa), el irracional-escrupuloso (que sigue normas internas propias) durante los últimos años de la infancia y el racional-altruista (que toma decisiones objetivas) durante la adolescencia (aunque la capacidad del adolescente de encarnar este tipo se concreta en contadas ocasiones). Según estos autores los adolecentes y los adultos podrían encontrarse en cualquiera de estas etapas, aunque muchos permanecen en la segunda. Durante las dos últimas décadas, Lawrence Kohlberg ha diseñado test para discernir seis etapas de actitudes morales relacionadas secuencialmente. En realidad Kohlberg habla de tres niveles de desarrollo moral, cada una de las cuales se subdivide en dos etapas. Estos tres niveles son (siguiendo las distinciones sugeridas por John Dewey): el preconvencional, el convencional y postconvencional. La mayoría de los niños pequeños (hasta los diez u once años) se encuentran en el primer nivel, donde se procura seguir las reglas establecidas por figuras de autoridad; en l primera etapa de este nivel( entre los seis y los siete años), las reglas se obedecen para eludir el castigo; en la segunda etapa (ocho y nueve años), el proceder correcto se identifica con la satisfacción de necesidades personales, como la aceptación, la recompensa etcétera. Los niños más mayores pueden acceder al segundo nivel; en éste, la tercer etapa –orientada hacia el niño bueno/la niña agradable-, uno se comporta de forma tal que pueda obtener la aprobación del grupo; en la cuarta etapa –orientada hacia la ley y el orden-, comportarse correctamente significa obedecer la ley, respetar la autoridad y mantener el orden social. El tercer nivel supone la autonomía y la existencia de principios, y puede alcanzarse sólo cuando uno tiene la capacidad de tomar decisiones razonadas (es decir, con el despertar del pensamiento abstracto en la adolescencia); la quinta etapa se orienta hacia el contrato social, con principios de conducta estimados en función de su contribución al bien máximo (que podría ser contrario a las convenciones predominantes relativas a la ley y el orden) y la sexta etapa exige juicios morales basados en principios morales universales(y universalizables), etapa ésta que, según Kohlberg, se alcanza raras veces. Es importante advertir que el progreso en la evolución moral depende del desarrollo psicológico e intelectual.

Desde el punto de vista religioso, Lewis Sherrill (en The Struggle of the Soul, 1951) estableció paralelismos entre el desarrollo religioso y las etapas descritas por Erikson relativas al desarrollo psicosocial. De acuerdo a Sherrill, existen coyunturas vitales críticas en las que produce un conflicto entre la regresión hacia un tipo de fe y de compromiso más primitivo y simple, por un lado, y el desafío de pasar a una fase más madura y evolucionada, por otro. Estos momentos decisivos son fundamentalmente cuatro y tienen lugar al pasar del período de lactancia a la niñez, y al ingresar en la madurez, en la mediana edad y en la vejez.

Más recientemente, James Fowler ha desarrollado una serie de test y análisis, basados en el trabajo de Kolhberg, a fin de distinguir seis etapas en el desarrollo de la fe: 1) fe infantil/indiferencia –basada en los sentimientos y en la magia 2)fe mítica/literal –dependiente de las aplicaciones religiosas ofrecidas por figuras de autoridad 3) fe sintética/convencional –cuando se comparten los significados y valores vigentes en el hogar, la escuela, la iglesia o los compañeros 4) fe individual/reflexiva –cuando uno mismo, por sí solo, define el o los significados de la vida 5) fe polar/dialéctica –que consiste en una reapropiación de la propia tradición personal y 6) fe completamente integrada -que es una actitud a la vez personal y universal-. Para Fowler, como para otros teóricos del desarrollo, es posible que una persona se detenga en cualquier etapa, o que regrese a alguna de las anteriores. Por consiguiente, alcanzar una fe madura no es tanto una cuestión de encontrar algo apropiado en lo que creer, como lo que John Dunne denomina una “aventura espiritual”, una odisea de descubrimiento cuyo trayecto discurre por escalas distintas a las que nos ofrece la fe convencional. El desarrollo –psicológico, moral, religioso, e incluso fisiológico- supone compromisos continuos, avances decisivos hacia nuevos niveles y, en este sentido, “las conversiones”, las metanoias propias de cada etapa, no son más frágiles realizaciones.

Es hora de volver a nuestra pregunta inicial. ¿En qué sentido se nos exhorta a hacernos como niños y, sin embargo, a renunciar a las cosas de la infancia? Teniendo en cuenta nuestra breve reseña de las ideas tradicionales y modernas acerca del desarrollo humano, se diría que la infancia misma implica varias etapas y que éstas forman la base para etapas subsiguientes que se suceden hasta la muerte. La infancia es un período de la vida en el que se deben cumplir ciertos fines básicos al objeto de facilitar la plenitud del desarrollo humano. Parece evidente, además, que los conflictos del crecimiento durante este período continúan a lo largo de la vida; en cierto sentido, pues, hacerse niño –alcanzar niveles, destrezas, orientaciones y todo aquello a lo que estamos llamados –es una tarea cuya consumación tal vez requiera toda la vida. Sin embargo, creo que hay una manera más enriquecedora de comprender la paradoja que nos concierne. Como sugiere el comentario de la mujer apache citado anteriormente, las diferentes etapas a las que acabamos de aludir pueden reducirse a las cuatro más comunes, es decir, infancia, adolescencia, etapa adulta y madurez. En este esquema, tal como ocurre en los análisis más elaborados, cada fase presenta dos caras, una de promesa y otra de peligro, una de esperanza y otra de desesperación. La infancia, tanto desde una perspectiva general como desde una perspectiva psicológica, se percibe como un ideal; en esencia, lo que nos resulta atractivo es el potencial puro y, por lo tanto, incorrupto, del niño. Exento de responsabilidades molestas y de exigencias comprometedoras, el niño da la impresión de vivir en y desde la plenitud, la simplicidad, la espontaneidad y la integridad, atributos a los que aspira el adulto y que, sin embargo, por grande que sea su esfuerzo, no parece poder alcanzar (o recuperar). El niño tiene el don de simplemente ser, como una flor o un animal, sin necesidad de hacer nada, transformándose en cualquier cosa a fin de ser plenamente lo que es. Este tipo de idealización de la infancia ha prevalecido sobre todo en Occidente, especialmente a partir del Renacimiento y el Romanticismo. El niño representa la inocencia, el asombro, la capacidad receptiva, la frescura, la espontaneidad, la falta de ambiciones y de objetivos mezquinos. En ocasiones se diría que el niño tiene la singular aptitud de vivir conforme al ideal hindú consistente en “actuar sin perseguir los frutos de la acción”, de seguir el camino del wu-wei (no-acción), de vivir el Tao.

No obstante, las apariencias engañan y, hasta cierto punto, en nuestras idealización de la infancia proyectamos nuestras esperanzas y nuestros temores de adulto. Porque la infancia, de acuerdo con Piaget y a otros autores, es un período de desarrollo intenso y vital –un período en el que no sólo se es, sino que se deviene y se actúa- y, en la medida en que sus cometidos permanecen inconclusos, la vida del niño se vuelve más más problemática. El niño habita el mundo de lo inmediato (donde lo real e importante es lo que se prueba, se toca, se ve, etcétera), depende de los valores y los significados de otras personas, es egocéntrico por constitución, y vive en mundos de fantasía y magia escasamente relacionados con lo que ocurre en la realidad. Por ello, la religiosidad infantil -como observó Gordon Allport- es muy dependiente y se asienta en creencias mágicas y en una fantasía descontrolada. Si el individuo no supera esta etapa de su desarrollo religioso y sigue todavía en ella cuando adulto (cosa que ocurre a menudo), otros aspectos de su desarrollo se ven afectados y sufren un retraso. Además, esta persistencia de la religiosidad infantil en la edad adulta es uno de los factores que contribuyen a desprestigiar la religión, el mito, la contemplación, etcétera.

En la última fase de la infancia, el niño incorpora los valores y significados convencionales de la sociedad. Y si bien es necesario para la autoestima, la sensación básica de orientación y el orden social, lo cierto es que el desarrollo de muchos de nosotros puede quedar detenido en esta fase y nuestras vidas serán entonces “heterónomas” (según la terminología de Paul Tillich), puesto que será algo ajeno a nosotros lo que determine nuestras prioridades y nuestros juicios acerca de lo que tiene sentido o valor.

El ingreso en la adolescencia resulta al mismo tiempo liberador e desalentador. Con esta etapa llegan las dudas, las distinciones, el cuestionamiento, las complicaciones, las ansiedades (en relación al sexo y a las muerte), la responsabilidad del aprendizaje y el trabajo, las rebeliones y reconciliaciones, el sufrimiento; y todo ello nos inicia en el camino hacia la autonomía y la autodeterminación. Se trata de un período fundamental de cara a la elección de valores y significados personales y al descubrimiento de la propia identidad. Pero los peligros abundan y las poderosas corrientes que empiezan a fluir y refluir amenazan con arrastrarnos. En muchas áreas de nuestra vida tendemos a seguir siendo adolescentes; nuestro cuestionamiento puede degenerar en un tipo de nihilismo funcional, nuestros desafíos a la autoridad en rebeliones sin causa y nuestro auto-descubrimiento en un viaje egocéntrico. Resulta fácil rendirse ante el trabajo del desarrollo, eludir nuestras “noches oscuras” o quedar presos en ellas y, una y otra vez –cuando las crisis se presentan- buscar refugio en el hedonismo, en el egocentrismo o en la regresión a la infancia.

Pero si nos entregamos al proceso de crecimiento, si emprendemos la búsqueda de la plenitud y aceptamos el desafío del conocimiento como exploración (más que anhelar la certidumbre), nos ubicamos en una vía que no conduce a una infancia nostálgicamente idealizada, sino que se dirige hacia delante, hacia una plenitud y una integración auténticas. Si no acometemos está búsqueda seguiremos siendo niños; sin comprometernos realmente con el crecimiento, como hijos pródigos que nunca vuelven a casa. Y de este modo se presentan los desafíos de la edad adulta, por los cuales los impulsos y necesidades juveniles se satisfagan en el logro de la intimidad, la identidad personal y la creatividad. Esto no significa que simplemente crecemos y nos convertimos en personas que aman, que tienen convicciones, que se valoran por lo que son, que contribuyen al depósito universal de significado, belleza, valor o vida; se trata más bien de que, a medida que nos enfrentamos a las “tareas” de la edad adulta, nos “hacemos” a nosotros mismos. Cuanto más nos apartamos de las exigencias, los sacrificios y los esfuerzos, menos somos nosotros mismos y más nos reducimos, convirtiéndonos en “hombres huecos”, en símbolos vacíos. Como dijo Tillich: vivir es cosa de atreverse.

Sin embargo, es también posible ensimismarse en las labores cotidianas y reducir la vida al mero cumplimiento de una serie de obligaciones convencionales, es decir, soportar la lucha sin transformarse a sí mismo. Podríamos pensar que lo que realmente cuenta son los frutos tangibles de nuestras acciones, y valorar así nuestra vida en función de resultados externos (mientras que, en última instancia, lo que verdaderamente importa es en qué clase de persona uno se convierte en el curso de todas las actividades). Esta actitud constituye, a fin de cuentas, un tipo de regresión a los principios de dolor y de placer y a la conducta convencional de la infancia. Se diría que, en la fase intermedia de la vida, uno necesita de alguna manera mantener los ideales potenciales de la infancia y los impulsos de la adolescencia.

La madurez consiste, pues, en consumar una síntesis; no se trata únicamente de una etapa cronológica de la vida. Como síntesis, representa una especie de segunda infancia –una plenitud, una cierta perfección y culminación, una alegría de ser-, pero una infancia “consumada”, en la cual los ideales iníciales, e incluso los sueños, han sido integrados en el acto real de vivir. Uno se siente lleno de asombro sin ser ingenuo, reverente sin ser cándido, humilde sin ser sumiso. La madurez implica una concentración, una integridad, una sabiduría y una compasión que llegan sólo si se recorre el camino completo, el via crusis de las crisis (Erikson) en el itinerario de la vida. Entonces, uno se encuentra con la objetividad y el conocimiento real, uno se maravilla ante los auténticos misterios y confía en la auténtica bondad del ser.

Las grandes tradiciones espirituales y filosóficas conocen perfectamente esta última etapa de plenitud, es la de los ancianos de la tribu: el staretz ruso que culmina una larga vida de desarrollo interior cuando se convierte en guía espiritual; el verdadero maestro y el gúru; el pensador genuino que conoce su campo de estudio no sólo por sus datos sino también en su esencia; el creyente maduro que ha vivido el consuelo y resistido las noches oscuras hasta desembocar en una fe atemperada; el crítico que se muestra sensible a la literatura y reacciona con instruido deleite, con “ imaginación educada” (Northrop Frye); el buscador que encontró su camino con corazón y aprendió a concentrar su voluntad. Y resulta que las virtudes del niño en que uno aspira a convertirse son –creo que ésta es la respuesta de Jesús a nuestra pregunta- las de las bienaventuranzas del sermón de la montaña: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 5:3).

Cuando se estudian los escritos de los místicos y de los guías espirituales, y las vidas de quienes alcanzaron la auténtica madurez, se constata la presencia de un objetivo común: la plenitud, que abarca la totalidad del potencial humano y que es, al mismo tiempo, natural, sabia , alegre e incluso lúdica. Uno puede pensar en Gandhi, en Merton, en Einstein, en Juan XXIII, o en alguien más próximo a nosotros por capacidad y circunstancias, como Dag Hammarskjold, en cuyo libro autobiográfico, Markings, se pone de manifiesto una admirable sensibilidad ante los rigores y satisfacciones del pleno desarrollo humano. Dag Hammarskjold sabía que “El viaje más largo/ es el viaje hacia el interior”, y describió un aspecto de la etapa final del viaje del siguiente modo:

Hay un punto a partir del cual todo se vuelve sencillo y ya no es cuestión de elegir, porque todo lo que invertiste se perderá si miras hacia atrás. Madurez; entre otras cosas, la serena felicidad del niño que juega y da por descontado que está de acuerdo con sus compañero de juego.

Y la consecución de la madurez no debería tomarse como fin de trayecto. Se trata más bien de un nuevo principio, en cierto sentido el principio, que se origina en el momento en que inicamos la búsqueda y nos decidimos a vivirla. Como lo expresa John Dunne en The Reasons of the Heart: “Emprender la aventura espiritual es…`volver a nacer´, `ser engendrado por el Espíritu´”. Y en el mismo libro:

El individuo surge a una vida…en el que la profunda soledad…que normalmente ni el amor, ni el trabajo, ni la vida comunitaria pueden paliar, se vuelve tan intensa que empieza a socavar las relaciones humanas normales haciéndolas parecer insatisfactorias; cuando ya no parece posible hallar satisfacción ni plenitud en el amor, el trabajo o en la vida comunitaria. Cuando esto ocurre, la vida espiritual…puede comenzar.

“Las personas mayores deberían ser exploradoras”, nos dice T.S. Elliot, y todas las etapas de la vida son también jornadas decisivas en el camino a la vocación definitiva; un viaje a lo desconocido análogo al aventurado ingreso del recién nacido en la vida.

Titulo original: RECLAIMING THE INNER CHILD, 1990 Jeremiah Abrams, de la primera edición española 1993 Editorial Kairós, S.A. RECUPERAR EL NIÑO INTERIOR, Biblioteca de la Nueva Conciencia. Pág. 307-320

 

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¿Quiénes eran los Esenios?

Posted by cosmoxenus en 28 febrero 2009

Desde el descubrimiento arqueológico de los Rollos del Mar Muerto en 1946, la palabra "esenio" ha dado la vuelta al mundo, haciendo surgir con frecuencia muchas preguntas.

Muchas personas se han mostrado asombradas al descubrir que hace dos mil años, una fraternidad de hombres y mujeres santos vivían juntos en una comunidad y portaban las semillas de la cristiandad y la futura civilización occidental.

Esta hermandad –que era más o menos perseguida y mantenida en el ostracismo– daría personas que cambiarían la faz del mundo y el curso de la historia. Sin duda, casi todos los principales fundadores de lo que luego se denominó la cristiandad fueron esenios: Santa Ana, José y María, Juan el Bautista, Jesús, Juan el Evangelista, etc.

Los esenios se consideraban separados a sí mismos, no por causas externas, como el color de la piel, el pelo, etc., sino porque la iluminación de su vida interna y su conocimiento de los ocultos misterios de la naturaleza eran desconocidos para otros hombres. También se consideraban un grupo en el centro de todos, porque cualquiera podía formar parte de su Fraternidad tan pronto pasaran con éxito las pruebas selectivas.

Ellos pensaban, con muy buenas razones para ello, que eran herededos de los antiguos hijos e hijas de Dios, herededos de su antigua y gran civilización. Poseían avanzados conocimientos y trabajaban arduamente en secreto por el triunfo de la luz sobre las tinieblas en la mente humana.

Sentían que les había sido confiada una misión, que eventualmente sería la fundación del cristianismo y la civilización occidental, y estaban apoyados en este esfuerzo por seres altamente evolucionados que dirigían la fraternidad. Eran verdaderos santos, Maestros de sabiduría, hierofantes de las antiguas artes maestras.

Los esenios no se limitaban a una sola religión, sino que estudiaban todas para poder extraer de ellas los grandes principios científicos. Consideraban que cada religión era un estado diferente de una misma manifestación. Le daban gran importancia a las enseñanzas de los antiguos caldeos, de Zoroastro, de Hermes Trismegistos, a las secretas instrucciones de Moisés y de uno de los fundadores de su orden, que había trasmitido técnicas similares a las del budismo, así como a las revelaciones de Enoc.

Poseían la ciencia viviente de estas revelaciones y, de este modo, sabían cómo comunicarse con los seres angélicos y habían resuelto la pregunta del origen del mal en la tierra.

Una de sus más grandes preocupaciones era protegerse de cualquier contacto con espíritus del mal, para poder preservar la pureza de sus almas. Sabían que estarían en la tierra durante un corto período de tiempo y no querían prostituir sus almas eternas. Fue esta actitud, esta estricta disciplina, esta absoluta negativa a mentir o a comprometerse, lo que les hizo objeto de muchísimas persecuciones a través del tiempo.

Los esenios se consideraban guardianes de las Divinas Enseñanzas. Poseían un gran número de manuscritos muy antiguos, algunos de los cuales databan del inicio de los tiempos. Una gran parte de los miembros de la Escuela pasaban el tiempo descifrando sus códigos, traduciéndolos a varias lenguas, reproduciéndolos para perpetuar y preservar este avanzado conocimiento, y consideraban este trabajo como una tarea sagrada.

Los esenios consideraban su Fraternidad, compuesta de hombres y mujeres, como la presencia en la tierra de las enseñanzas de los hijos y las hijas de Dios. Ellos eran la luz que brilla en las tinieblas, que invita a la oscuridad a convertirse en luz. Así, para ellos, cuando un candidado solicitaba ser admitido en la Escuela, ello significaba que dentro de él se había puesto en marcha un completo proceso del despertar del alma. Un alma así, estaba lista para ascender las escaleras del sagrado templo de la humanidad.

Los esenios sabían diferenciar entre las almas que aún estaban dormidas, las que estaban sólo medio despiertas, y las despiertas. Su tarea era ayudar, consolar y aliviar a las almas dormidas, tratar de despertar a las que estaban a medias, y dar la bienvenida y guiar a las almas despiertas. Sólo las almas que se consideraban despiertas podrían recibir la iniciación en los misterios de la Fraternidad esenia, integrada por hombres y mujeres. Entonces comenzaba para ellos el sendero de evolución, que ya no se detiene más a través del ciclo de sus encarnaciones.

Todos conocían a "los hermanos y hermanas vestidos de blanco". Los hebreos los llamaban "La Escuela de los Profetas"; para los egipcios, ellos eran "los Sanadores, los Médicos". Tenían propiedades en casi todas las grandes ciudades, y en Jerusalén había incluso una puerta que llevaba su nombre: La Puerta de los Esenios.

A pesar de algunos temores y bromas, debido principalmente al rechazo a aquello que se desconoce, las personas sentían en general respeto y estimación por los esenios, por su honestidad, su pacifismo, su bondad, su discreción, y su talento como sanadores, dedicados tanto a los pobres como a los ricos. Las gentes sabían que muchos grandes profetas hebreos provenían del linaje de la Escuela esenia.

Es más, aún cuando la Fraternidad era muy estricta sobre las leyes secretas en relación con su doctrina interna, cultivaban muchos puntos de contacto con las personas, principalmente a través de los sitios donde daban alojamiento a peregrinos de todo horizonte, proporciondo ayuda en los períodos difíciles, y especialmente a través de la sanación de los enfermos. Estos sitios donde se impartían las enseñanzas básicas y se practicaba la sanación estaban localizados en lugares que tuvieran acceso público para que todas las personas pudieran acudir.

La Forma de Vida Esenia

La vida de los esenios estaba perfectamente organizada como jerarquía. Algunos de ellos vivían en villas rodeadas por una pared baja, completamente separados de las ciudades, en medio de la naturaleza. Su vida era simple, austera y piadosa, y transcurría entre el ritmo de las estaciones, los días de celebración y los visitantes. Otros vivían en las ciudades, en grandes edificios que pertenecían a la Comunidad y que les servían al mismo tiempo como vivienda, albergue y hospital.

Sin duda, dedicaban su tiempo y sus actividades a sanar a los enfermos y a dar hospitalidad a los extranjeros que pasaban por el lugar. Algunos recorrían los caminos, circulando las noticias y llevando las informaciones a todos los centros en cada país. Fue así como el Maestro Jesús pudo llegar a otros por el mundo, beneficiándose de tan detallada organización, que funcionaba a la perfección.

También estaban los que residían en la escuela-monasterio, situada en lugares escogidos según el conocimiento de la tierra de la luz, y de las puertas que existen entre ésta y la tierra como la conocemos. Los esenios que vivían en estos "templos" eran casi siempre célibes.

Cuando un individuo de fuera de la orden pedía ser admitido a ésta –después de la verificación de ciertas aptitudes para la vida interna– el candidato tenía que practicar una especie de meditación. En completa calma, examinaba su vida pasada con toda claridad, para poder hacer un recuento objetivo de la sabiduría adquirida. Tenía que discernir entre los impulsos que había recibido del "cielo" y los de "su ángel" durante su infancia y a través de su vida, y observar la forma en que había respondido. ¿Trató de alejarse de ellos o se mantuvo fiel?

Mediante ese análisis, se forjaba un nueva relación con el mundo superior del espíritu en libertad, y el candidato era llevado a conocer sus propios errores –la causa de todo su sufrimiento. De esta forma, podía efectuar cambios dentro de sí, tomar el control de su vida, hacerse responsable en el sentido iniciático de la palabra, y prepararse en forma efectiva y con plena conciencia para entrar en la Comunidad de la Luz.

Así entraba al mundo sagrado del sendero real.

Después de su iniciación, que lo convertía por completo en un Hermano (o Hermana) de la Comunidad, el recién llegado recibía, junto con sus blancas ropas de lino, una misión que debía desempeñar durante su vida. La misión tenía un propósito, una orientación que nunca debería abandonarle y que era una forma de unirlo a Dios y hacerlo útil para la tierra y para la humanidad. Nunca debería separarse del hilo conductor de esa misión. Esto era lo que le daba un significado positivo a su pasaje en la tierra y lo convertía en un verdadero ser humano. Para la Escuela, ser hombre era llevar dentro de sí una hermosa luz –para ofrecerla a la tierra, a sus habitantes, y a sí mismo.

Las ropas blancas eran la materialización del poder del bautismo y de la pureza del alma, que lo protegerían de las muchas contradicciones del mundo. El cayado o bastón, que también recibía en esta ocasión, simbolizaba el conocimiento de las leyes secretas de la vida y su capacidad para utilizarlas armoniosamente por el logro exitoso de su tarea.

También se requería que tomara el juramento de respetar la tierra como ser viviente, sagrado e inteligente. Para mantenerse en contacto con ella, para honrarla y participar en su sana evolución, debía tener sus pies en contacto con la tierra –y algunas veces, incluso su cuerpo entero. Por eso los esenios frecuentemente andaban descalzos.

Extracto tomado de Los Esenios y Las Enseñanzas de Jesús el Esenio, de Olivier Manitara.

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EL SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD

Posted by cosmoxenus en 10 enero 2009

Por RALPH M. LEWIS, F.R.C.

La Navidad tiene múltiples significados, cuyos orígenes son desconocidos para un gran número de personas. El conocimien to de sus significados y de sus orígenes hará que este día le brinde mucha mayor satisfacción a las que lo celebran. Si hemos de investigar el tema con cierto método, podemos utilizar la si guiente división: los aspectos históricos; las costumbres; y el idealismo de la Navidad. En cada una de estas divisiones, consideraremos brevemente los puntos más evidentes y significativos.

En la primera división concerniente a los aspectos históricos, comenzaremos con Jesús Cristo. Por supuesto, Jesús es la idea central en cada una de estas divisiones; es, por decirlo así, el núcleo central de las celebraciones de Navidad. La palabra Cristo va generalmente asociada con Jesús, para designarlo en for ma más particular, constituyendo una especie de título. El origen inmediato de la palabra Cristo es del latin, Cristus, que a su vez tiene un origen griego. En la versión griega de los Setenta la palabra griega Cristos se usa para traducir la palabra hebrea Mahsiah, que nosotros escribimos Mesías, y cuyo signifi cado original es "El Ungido".

La costumbre religiosa de los hebreos de ungir, era en realidad heredada de sus antepasados, especialmente del an tiguo Egipto y de Babilonia. Se pensaba que el aceite usado en la unción le confería al individuo ciertas características espirituales y ciertas virtudes como re sultado del rito. El rito de la unción iba acompañado de las correspondientes oraciones y liturgia.  Todo lo cual cons­tituía un acto simbólico de infusión divina, significando que por medio de la ceremonia se recibía un manto di vino de poder y sabiduría. Todos los que eran ungidos de esa manera pasa ban a ser sacerdotes y se les consideraba como intermediarios entre el hombre y su dios.

Las personas ungidas, o Mesías, eran esperadas en la categoría de reyes, para dirigir a los hombres en una ba talla contra sus opresores, o bien para actuar como salvadores en un sentido moral o espiritual. La gente esperaba la llegada de un Mesías con el anhelo de librarse de las calamidades físicas y mentales y obtener la salvación. Los profetas hebreos, mucho antes de la era de Jesús, hablaron de la venida de un rey o de un Mesías. Uno de los pri meros en hablar de esa manera fue el profeta Isaías. Se decía que el Cristo, este Mesías particular, se revestiría de justicia y rectitud, no se dedicaría a la guerra ni a la conquista y se referirían a él como "el Príncipe de la Paz".

Es interesante notar que el mismo Asurbanipal, famoso rey asirio, se consideraba él mismo como un Cristo. Fue durante su reinado que se constru yó la biblioteca más grande del mundo antiguo.. El decía: "Yo nací en las montañas que ningún hombre conoce. Tú, Ishtar, me has traído desde las montañas para pastorear a tu pueblo." Este rey asirio creía que la Diosa Ishtar, o sea, la Diosa del Amor, lo había crea do para convertirlo en salvador de su pueblo elevándolo a una posición de dominio; la cual fue realmente alcanzada por el pueblo en el mundo antiguo. Durante el reinado despótico de He rodes, Rey de Judea, los judíos ansiaban la llegada de un Mesías personal, que los librase de la opresión y los abusos que estaban sufriendo. Este Cristo, cuya llegada esperaban, había de ser "un liberador de la casa de David".

De hecho, todo el populacho de Jerusalén aclamó a Jesús como el Mesías que tanto habían esperado cuando él entró en esa ciudad. Es muy significativo ver que la manera en que Jesús entró en Jerusalén y los demás detalles relaciona­dos con este hecho, estaban de acuerdo con las predicciones tradicionales acerca de la manera en que los Mesías debían entrar para liberar al pueblo.

NACIMIENTO  VIRGINAL

Otro eslabón en el significado his tórico de la Navidad puede verse en el nacimiento virginal de Jesús. Existen muchos cuentos, mitos y leyendas mara­villosas en diversos países con narra ciones de nacimientos misteriosos. En la mayoría de estos relatos, se dice que la madre era la esposa de alguna deidad o ser sobrenatural del cual concibió. En otros se dice que la madre concibió al ser tocada por un rayo de luz celestial, o al bañarse en aguas sagradas, o bien al tragar una piedra extraña de una forma y color especial. Sin embargo, hay muchos otros relatos de nacimientos virginales pues se parecen notablemente al relato evangélico del nacimiento de Jesús. Todos esos relatos son anteriores al tiempo de Jesús; por ejemplo, el naci miento de Zoroastro, primer fundador de una religión organizada, que tuvo lugar alrededor de mil años antes de la llegada de Jesús.

Los últimos seguidores de Gautama Buda narran muchos acontecimientos extraños, con el fin de explicar la ma nera de su nacimiento. La colección de estas narraciones, constituye una parte de la literatura clásica budista, bajo el título de Jataka. Sin embargo, estas narraciones no aparecen en las ense ñanzas Pali de Buda, lo cual indica que él nunca las enseñó. Podemos suponer, por lo tanto, que los monjes budistas de los lamaserios, impulsados por una gran veneración hacia Buda, exageraron varios incidentes de su vida para hacer lo aparecer como hombre muy diferente y superior a todos los demás.

Esa es una práctica generalizada en otras sec tas religiosas cuando desean venerar a un gran líder, cuya vida idealizan por medio de leyendas y proezas fantásticas. No debemos olvidar que Jesús tenía verdaderos hermanos y hermanas, quie nes, según los datos, tuvieron un naci miento muy natural. El tenía cuatro hermanos y algunas hermanas casadas, cuando fue bautizado por Juan. Entre los teólogos y otros intelectuales han habido grandes controversias en relación con el nacimiento virginal de Jesús. Las autoridades bíblicas han señalado el hecho de que la narración del naci miento solamente aparece en los evan gelios de Mateo y Lucas. Más aún, Pablo, el Apóstol, nunca hace mención del nacimiento virginal de Jesús en las epístolas que se le atribuyen, aunque de algún modo sugiere que su naci miento fue milagroso y diferente del de los demás hombres.

Pero lo im portante no es que Jesús naciera de una virgen en el sentido literal de este concepto. Lo verdaderamente impor tante es que nos demos cuenta de que en él se encarnó el Espíritu Divino; tal vez más que ningún otro ser humano, Jesús estaba imbuido en la consciencia espiritual. Desde el punto de vista del concepto místico, todos los hombres y mujeres son la encarnación del ser divino o espiritual.

Otro eslabón de la cadena histórica de la Navidad está relacionado con la doctrina de que Jesús era el Hijo de Dios. ¿Fue éste un privilegio exclusivo de Jesús, como la mayoría de los cris tianos pretenden? Es interesante notar que muchos siglos antes de Jesús, en la antigua ciudad de Egipto llamada Helió polis y dedicada al dios-sol Ra, los sacerdotes declararon que Khufu era el hijo corporal del dios Ra. El mismo Khufu, a quien más tarde los griegos llamaronCheops, fue el constructor de la Gran Pirámide de Gizéh. Subsiguien temente cada Faraón fue proclamado como hijo corporal del dios-sol eterno.

Entre los antiguos hebreos, Israel mismo era concebido como el hijo de Dios. En el Exodo, Capítulo 4:22, en contramos: "Israel es mi hijo, mi primogénito."Aquí vemos, pues, que es declarado como hijo de Dios.  Si Jesús es un hijo de Dios o el único Hijo de Dios, ha sido un asunto de acaloradas polémicas y argumentaciones entre los teólogos por muchos siglos. ¿Se trataba solamente de uno de varios maestros espiritualmente privilegiados, o de la persona más cercana a la Divinidad de una manera exclusiva? Puesto que Jesús, de acuerdo con las narra ciones bíblicas, tuvo un nacimiento especial, los teólogos encontraron apro piado asignarle una afiliación única también, diferente a la de todos los demás mortales.

LA ESTRELLA DEL ORIENTE

Y ¿qué diremos de la misteriosa Estrella del Oriente? ¿En qué forma la estrella se relaciona con los aspectos históricos de la Navidad y con la vida de Jesús? A muchas personas les sorprenderá saber que la ascensión ines perada de una estrella en el Este, no es un fenómeno extraordinario y ha sucedido antes y después de los tiempos de Jesús. Astronómicamente dichas es trellas se denominan helíacas. Son las que salen por el Este poco antes de la salida del sol. No se perciben a simple vista por el día o por la noche. Los antiguos egipcios, especialmente, obser vaban el ascenso helíaco de Sirius, la estrella fija más brillante. Estos sabios de la antigüedad determinaron que el intervalo entre uno y otro ascenso helíaco de Sirius era poco más de trescientos sesenta y cinco días, aproxima damente un año. Podemos encontrar referencias de estos fenómenos de es trellas helíacas en épocas que se remon tan a mil ochocientos ochenta años an tes de Jesús..

Es posible que nuevas excavaciones arqueológicas traigan a la luz del día inscripciones que puedan demostrar que las estrellas helíacas habían sido observadas por los hombres en épocas más remotas todavía. Cada vez que una estrella semejante aparecía en los cielos, ocasionaba muchas con jeturas en las mentalidades supersti ciosas. Casi siempre se las consideraba como augurio de milagros o calamidades para la humanidad.

¿Cuál es la explicación de las estre llas helíacas? ¿Son el resultado de al guna causa sobrenatural, o más bien de una razón definitivamente física y empírica? En realidad son estrellas situadas por breve tiempo en el meri diano del sol y en el mismo plano del sol. Como consecuencia de esto, mien tras están en el meridiano del sol, los rayos solares hacen imposible que se vea la luz mucho más débil de la estrella. Pero entonces, poco antes de la salida del sol, o poco después de la puesta, la estrella resulta visible de repente debido a que el sol ha pasado a un meridiano diferente.

Los antiguos egipcios orientaban muchas veces sus templos por medio de esas estrellas helíacas. Se fijaban en la posición de la estrella al salir el sol y entonces el arquitecto construía el portal del templo en la dirección ade cuada. Y así, cuando la estrella periódicamente salía, se podía ver en el extremo del largo salón de columnas, llamado hipóstilo, al mirar desde el otro extremo. Cada año el sacerdote observaba el fenómeno de la salida de la estrella, que se veía como si estuviera a la entrada del hipóstilo, y entonces, con la ceremonia apropiada, pronosti caba los hechos del futuro.

Casi siem pre esas predicciones eran de naturaleza astrológica, basadas en la determina ción de la posición de la estrella helíaca respecto a los planetas. Estos sacerdotes no creían que la estrella en sí misma poseyese una influencia sobrenatural.

LOS MAGOS, FRATERNIDAD SECRETA

La leyenda de los Magos también tiene un lugar definido en el significado histórico de la Navidad. La palabra Mago significa "hombre sabio". Los primeros Magos venían del Oriente, de los antepasados de los persas. Tenían grandes conocimientos en todas las ramas del saber vivieron muchos siglos antes de los días de Jesús. Como sabios eran conocidos y al principio no tenían que ser necesariamente sacer dotes ni ocuparse de los ritos y cere monias religiosas.

Poseían los secretos de la magia, que en la antigüedad con sistía en la comprensión profunda de las leyes naturales. Así, pues, los Magos venían a ser los científicos de su tiempo. Estudiaban los fenómenos naturales para descubrir sus causas y efectos y aplicar las leyes al bienestar del hom bre. Por eso los Magos poseían grandes poderes para efectuar curaciones. También tenían grandes conocimientos de astronomía, astrología, matemáticas y estaban muy bien familiarizados con las filosofías principales de la época.

Los Magos pertenecían al pueblo de los medas, antecesores de los persas; ambos eran descendientes de la raza aria, que a su vez constituía una de las divisiones de la gran raza blanca. Esta gran raza estaba compuesta de una serie de tribus que se extendía a través de Europa desde el Atlántico hasta las planicies del Mar Caspio.  Con el correr del tiempo se consolidaron y se volvieron a dividir; una de estas divisiones se estableció en Irán, lo cual le ha valido el nombre de Irania o Aria. Esta palabra significa que es de origen noble. La otra división de la raza aria pasó al valle del Río Indo y son los antecesores de los hindúes de hoy día. La palabra magos es probable mente de origen ario.

La fama de los Magos se extendió por todo el mundo antiguo, junto con el relato de sus poderes extraordinarios. Se les conocía como profetas e intér pretes de los sueños. Con el tiempo constituyeron una fraternidad, un grupo secreto, con el fin de conservar la sabiduría que habían acumulado y para transmitirla a sus sucesores oralmente. Nadie podía entrar en su secta a menos que demostrara sin lugar a dudas su capacidad y vocación. En tonces, comenzaron a ejercer una poderosa influencia política como consejeros religiosos. Como grupo político-religioso eran tan importantes en su tiempo, en el poder que ejercían sobre los gober nantes, como lo han sido los jesuitas en épocas más recientes. Los Magos siem pre estudiaban las estrellas helíacas. Los tres Magos mencionados en la Biblia, sin duda hicieron un estudio astrológico para llegar a su famosa predicción.

COSTUMBRES, PAGANAS o CRISTIANAS

La segunda división general en nues tro estudio de la Navidad, se refiere a lascostumbres tradicionales. ¿De qué modo se eligió el 25 de diciembre como fecha de la Navidad? ¿Es que Jesús nació ese día? La celebración del 25 de diciembre como fecha de la natividad de Jesús, tuvo su origen en Roma, cuatro siglos después de su nacimiento. Antes de ese tiempo, durante los primeros cuatro siglos de la Era Cristiana, la celebración de la Navidad tenía lugar el 6 de enero, fecha de la Fiesta de la Epifanía. Se trataba de la conmemora ción, no del nacimiento de Jesús, y en realidad de la visita de los Magos a Belén. La celebración de la natividad (Navidad), se estableció más tarde que la conmemoración de la resurrección. Durante mucho tiempo se estuvo celebrando la resurrección cuando todavía no se había establecido la celebración de la natividad.

El Papa Liberio de Roma entre los años 353 y 354 descartó la fecha del 6 de enero en favor del 25 de diciembre. De acuerdo con el calendario romano, el solsticio de invierno empezaba el 25 de diciembre. Por lo tanto, se estimó muy conveniente relacionar la nativi dad de Jesús con el fenómeno del sol en su función astronómica de señalar el comienzo del invierno, que era una ocasión celebrada desde hacía tiempo por el pueblo. Ese día era conocido como el día del sol de la justicia. Tam bién, alrededor del 25 de diciembre, se celebraba la natividad del dios-sol de Asiria, que era una derivación del dios Mitra, de Persia, conocido como el dios de la luz. Durante varios siglos esta fecha y la correspondiente celebración, era de gran importancia. El establecimiento del 25 de diciembre para la natividad de Jesús servía para hacer resaltar en la mente popular que El había nacido como hijo de un dios, por la relación que ese día tenía con la natividad de Mitra.

La fecha del 25 de diciembre, al ser escogida por los teólogos cristianos, no fue universalmente aceptada por todo el mundo cristiano. Es interesante notar que la Iglesia Oriental, que era rival de Roma y tenía su sede en Constanti nopla y también en Antioquía, no acep tó la fecha del 25 de diciembre sino hasta mucho después. La fecha del 25 de marzo o el 28, alrededor del equinoccio de primavera, también se había declarado como día de la natividad.. La razón por la cual muchos favorecían esta fecha es, que la primavera trae el renacimiento de la Naturaleza y el nuevo despertar de la vida.

Muchas razones filosóficas se presentaron en favor de la fecha de marzo. Algunos llegaron a afirmar que en la fecha de marzo Jesús había sido concebido y debía de celebrarse en vez de la fecha del nacimiento.

De hecho, la Iglesia Romana estaba ansiosa de corregir el sentido pagano que el pueblo le daba a las fiestas del 25 de diciembre. Como ya dijimos, esta fecha se celebraba en honor de Mitra, dios de la Luz. Era también la ocasión de la fiesta del Sol Invictus. Por consiguiente, se estimó lo más apropiado señalar las fiestas de Navidad para esa misma fecha. Desde un punto de vista psicológico, se estableció de esa manera en la mente popular una cierta relación entre Jesús y el sol y los fenó menos relacionados con el sol siempre han impresionado profundamente al hombre.

Puesto que el sol había sido divinizado algunas veces por los anti guos, esta relación reforzó el concepto de la divinidad de Jesús.

La Saturnalia era una antigua fiesta romana en conmemoración del dios Saturno. Las fiestas de la Saturnalia tenían lugar durante la semana del 17 al 24 de diciembre. Muchas costumbres de la Saturnalia llegaron a incorporarse a nuestras celebraciones de Navidad. Más aún, la mayoría de las costumbres y maneras de celebrar la Navidad en todo el mundo no tienen un origen cristiano, sino que representan un sin cretismo, es decir, un esfuerzo de re conciliar varias costumbres paganas.

El regocijo de la celebración de la Navidad constituía un aspecto impor tante de la fiesta de la Saturnalia. Todas las escuelas se cerraban durante esa semana; la alegría y el júbilo se apoderaban de la gente. No se castigaban las transgresiones menores de la ley, no era necesario vestirse en la forma acos­tumbrada, ni existían en esos días las diferencias sociales.

Tanto los esclavos como sus amos participaban en los con vites en una misma mesa, todas las clases sociales se ofrecían regalos mu tuamente. Estos regalos consistían en gran parte de obleas de cera. Sin em bargo, muñecas de barro y juguetes se le daban a los niños; también se tiraba confetti y se usaban disfraces. Repetimos que muchas de estas cos tumbres fueron transferidas a la cele bración de la Navidad, como resulta evidente todavía.

Algunas costumbres de nuestras cele braciones de Navidad, se han heredado de las tribus nórdicas de los teutones. Estas tribus tenían la fiesta de Yol (Yule), cuyo motivo principal era cele brar el rito del sol después de los cuarenta días de obscuridad, debido a la ausencia del sol durante una parte del invierno en las altas latitudes. Pues to que la época de Yol tenía lugar durante la larga noche del invierno nórdico, las supersticiones abundaban entre la gente.

Creían que durante el largo período de obscuridad los de monios y espíritus maléficos rondaban por todas partes. Más tarde, sin embar go, cuando su mentalidad avanzó y obtuvo una comprensión exacta de las cosas, estos demonios fueron transfor mados por la mente popular en tipos cómicos y la gente misma se disfraza ba como demonios, con cuernos y rabos, en un espíritu de fiesta. Iban de una casa a otra con regalos que se ofrecían mutuamente y con juguetes para los niños. También tenían grandes cenas.

También en Alemania tenían gran des celebraciones con ocasión del solsticio de invierno, despidiendo el año viejo y dando la bienvenida al año nuevo.

En los Estados Unidos y otros lu gares, el "místletoe" o muérdago (plan ta sagrada de los celtas y los galos), se deriva de las antiguas prácticas re ligiosas de los celtas. Se dice que los sacerdotes celtas usaban ramas de esta planta cuando saludaban al sol na ciente, o al dios sol. Stonehenge, en las planicies de Salisbury en Inglaterra, probablemente fue construido por los antiguos druidas. Las reliquias de sus monolitos todavía pueden verse, for mando una especie de sala entre columnas, y unas estructuras circulares. Se supone que los sacerdotes se paraban en esas columnatas (que están orienta das hacia el Este), sujetando en alto con la mano derecha una ramita de muérdago, como salutación al sol na ciente.

Otras decoraciones verdes, de ramas, que añaden tanto colorido a la Navi dad, tuvieron su origen en Alemania, en el siglo diecisiete. El Arbol de Navi dad, que tiene tanta importancia en nuestras celebraciones y constituye un centro de atracción por sus decorados, probablemente tenga su origen en un animismo primitivo, que rendía culto al árbol.

Los animistas creen que todas las cosas están vitalizadas por un espíritu o inteligencia especial. El ár bol sugería el concepto de la inmortali dad, pues sus raíces penetran profundamente en la tierra y su parte superior se dirige hacia las regiones celestiales. Por esta razón los griegos tenían grutas y huertos sagrados donde, en un am biente que hacia pensar en lo divino, efectuaban sus misterios y ritos sagra dos, con las iniciaciones correspondi entes.

El Arbol de Navidad pudiera tener, también alguna relación con el tronco de Yol, que también se adornaba con sentido religioso en un antiguo rito de los teutones.

Tal vez el símbolo más popular de la alegría de la Navidad es Santa Claus, que se deriva de la tradición de San Nicolás, antiguo obispo de la ciudad de Myra, en Asia Menor. Tuvo que sufrir persecuciones, fue arrestado y sufrió tormentos durante muchos años. Al convertirse en mártir obtuvo un gran número de devotos. Se le atribuyeron grandes proezas y actos de generosidad que hicieron resaltar su importancia ante los ojos del mundo.

Entre otras cosas se decía que San Nicolás le había dado dotes a las hijas de los campesinos pobres para que pudieran casarse y nunca pregonaba los actos generosos que realizaba. Más tarde también se dijo que San Nicolás ofrecía muchos regalos secretamente en su día y se le ha presentado siempre como un protector de los niños; las estatuas que lo representan en varias partes de Europa, muestran a los niños sujetándose a su túnica. El nombre Santa Claus,se derivó por evolución fonética del nombre holandés San Ni colás; fueron precisamente los primeros colonizadores holandeses quienes tra jeron esa tradición al Nuevo Mundo.

IDEALISMO

La tercera división del significado de la Navidad, se refiere a su idealismo. Claro está que no puede existir ningún maestro religioso, ni ninguna enseñanza religiosa o espiritual, que sea universalmente aceptada en todos sus detalles por todos los hombres. La inteligencia de los diversos pueblos, las asociaciones mentales y la diversa educación y di ferente ambiente de las personas, hacen que miren las mismas cosas con muy diversos puntos de vista. Cada individuo deriva una interpretación diferente de sus experiencias, de acuerdo con la ele vación o desarrollo de su consciencia, de su habilidad de comprender y per cibir. Sin embargo, en el mundo in mediato de cada ser humano hay algún personaje a quien conoce personalmente, o de quien ha oído hablar o acerca del cual ha leído, cuya vida ejemplar constituye su propio ideal. Todos concebimos una forma de vida, o la vida de algún personaje, como la representación de lo que consideramos lo mejor y más excelente.

Sin embargo, lo que una persona considera como verdad y aun como milagro, para otras personas no es así. Hay quienes consideran las creencias sagradas de otros no como realidades, sino como fantasías. No es que quieran ser sacrílegos o parecer ateos; es, sencillamente, que lo que otros veneran no armoniza exactamente con su concepto de lo espiritual. Se ha dicho que la belleza está en los ojos del que la con templa. Así también, la espiritualidad está en aquello que despierta la ar monía del alma; de otra manera la espiritualidad que hay en una tradición carecería de sentido. Nada se pierde al comprender que muchas de las cos tumbres que hoy se relacionan con Jesús no tenían ese mismo significado en épocas pasadas.

Por el contrario, esto demuestra que los hombres han ido cultivando gradualmente un concepto más amplio de lo bueno y en todos los tiempos han encontrado cosas que representan la espiritualidad. En conse cuencia, una personalidad que repre senta lo bueno que hay en todo, ha servido como centro de atracción y se le han atribuido todas las virtudes del pasado. En todas las épocas los hom bres escogen, cual si fueran joyas, las cosas que representan sus ideales.

No importa que los hombres crean o no crean la narración de la natividad de Jesús según la exégesis cristiana. Mucho más importante es que para ellos Jesús se convierta en un símbolo de los conceptos más nobles, hacia los cuales la humanidad espiritualmente se encamina. Después de todo, lo divino ha de ser siempre lo ideal.

Los ideales no pueden reducirse completamente a hechos concretos, puesto que de este modo estarían limitados a la materia objetiva de que se componen. Los ideales humanos han de elevarse más alto que los hombres que los conciben, ayudando a levantar sus propias na turalezas. El concepto espiritual es siempre la culminación del crecimiento moral de la humanidad, y representa las mayores alturas que ha alcanzado en una era determinada. La Navidad y la narración bíblica de Cristo, están entre los ideales espirituales más eleva dos y admirables que el hombre haya logrado concebir.

 

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