El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

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Las Sociedaes Secretas

Posted by cosmoxenus en 23 agosto 2008

“Les sociétés secrètes”.

Autor: Serge Hutin.

Presses Universitaires de France, 1952.Transcripció n por Henzo Lafuente.

1. Introducción

Durante la Edad Media el esoterismo no dejó de caminar más o menos subterráneamente, a pesar de la lucha encarnizada emprendida por el Papado contra todas las herejías. Durante ese dilatado período,hubo gran número de organizaciones iniciáticas, algunas de las cuales trataban de mantenerse apartadas de las controversias teológicas, como el Compañonaje, otras eran francamente anticatólicas y depositarias de doctrinas heterodoxas. Doctrinas teosóficas de todas clases que se abrevaban en las más diversas fuentes, desempeñaron un gran papel: la Cábala o tradición hebraica; las doctrinas iluministas, en que reaparecen las antiguas tradiciones gnósticas; la alquimia y las especulaciones propiamente herméticas… Las corrientes ocultas de aquel período son aún muy mal conocidas, particularmente sus relaciones con las doctrinas orientalles: es conocido el papel desempeñado por las Cruzadas sobre el particular. (Sería interesante, en particular, estudiar los vínculos de la tradición hermética con el simbolismo utilizado por las órdenes de Caballería que se constituyeron en el momento de aquellas expediciones: los blasones usan abundantemente colores simbólicos.[1]

2. Las corporaciones

Entre las múltiples agrupaciones medievales, las más célebres son las Guildas o corporaciones de oficios, en las cuales existían ritos iniciáticos, y cuyos usos se perpetuaron hasta mucho después.

La más sabia de esas Guildas era la de los «Albañiles»[maçons] , constructores de los palacios y de las catedrales, adeptos del Arte real que entonces era la arquitectura, y depositarios de antiguos secretos:

«Con todo derecho puede afirmarse que la geometría esotérica pitagórica se transmitió desde la antigüedad hasta el siglo XVIII, por un lado a través de las cofradías de constructores (que a la vez se transmitieron, de generación en generación, un ritual iniciático en que la geometría desempeñaba un papel preponderante) , y por otro, por la Magia, por los rosetones de las catedrales y los pentáculos de los magos» [2]

De esos «Maestros de Obra», de esa masonería operativa, nació la francmasonerí a especulativa. En cuanto al Compañonaje, cuyos diferentes «Deberes» rivales se repartían los picapedreros, los cerrajeros, los carpinteros, y que por lo demás subsiste hoy, numerosas novelas han popularizado las costumbres: los lazos y el bastón simbólicos; la «Vuelta a Francia»; los «cayennes», especies de mesones donde la «Madre» se ocupa del albergue y de la ropa de los compañeros…

El rasgo común de todas esas Hermandades es la existencia de signos de reconocimiento, de ritos iniciáticos de afiliación, de tradiciones que llegan a la más remota antigüedad, algunas de las cuales se encuentran en la Masonería moderna, como la célebre leyenda de la construcción del Templo de Jerusalén por Hiram.

3. La leyenda del Grial

El Grial [o Graal] es el vaso sagrado, la copa que, según la leyenda, sirvió en la Cena, y en la cual José de Arimatea recogió la sangre y el agua que manaban de la herida que la lanza del centurión Longino hizo en el costado de Cristo; parece que el propio José de Arimatea transportó luego el Grial a Gran Bretaña. Dicho vaso sagrado, que contiene el «brevaje de la inmortalidad» , aparece en gran número de leyendas medievales relativas a la «Búsqueda del Grial», es decir, a la busca de la Sabiduría perdida; todos conocemos la famosa Mesa Redonda construida por el Rey Arturo, siguiendo los planos del encantador Merlín, y destinada a recibir el Grial cuando uno de los doce caballeros llegara a conquistarlo, y lo llevara de Gran Bretaña a la Armórica. (La copa del Grial fue labrada por los ángeles en una esmeralda desprendida de la frente de Lucifer cuando éste cayó; confiado a Adán en el Paraíso terrenal, perdido después del pecado original, el Grial fue recobrado por Set, que pudo entrar al Paraíso terrenal, y luego por otros, antes de Cristo.) La pérdida del Grial es, en suma, la pérdida del Conocimiento, «perdido», o mejor, oculto y que se trata de volver a encontrar.[3]

En esas tradiciones se entrevé un vínculo entre el esoterismo cristiano y la tradición céltica, es decir, druídica: sus orígenes son, por lo demás, bastante misteriosos. Todas esas leyendas parecen haber sido utilizadas por gran número de agrupaciones más o menos iniciáticas, y sin duda también por los albigenses.. .

Según Henri Martin [4], habría habido también una suerte de Orden de Caballería oculta, la Masenia del Santo Graal, cuyas huellas encontraba en una obra bastante posterior, el Titurel: «Ya no es en la isla de Bretaña, sino en Galia, en los confines de España, donde se conserva el Grial. Un héroe llamado Titurel funda un templo para depositar el santo Vaso en él, y es el profeta Merlín quien dirige esta construcción misteriosa, pues fue iniciado por José de Arimatea, en persona en el plano del Templo por excelencia, del Templo de Salomón. La Caballería del Graal se convierte aquí en la Masenia, esto es, en una Francmasonerí a ascética, cuyos miembros se llaman Templistas, y aquí puede verse la intención de unir a un centro común, figurado por ese Templo ideal, la Orden de los Templarios y las numerosas cofradías de los constructores que entonces renuevan la arquitectura del medioevo. Esto nos permite entrever mucho de lo que podría llamarse la historia subterránea de aquellos tiempos, mucho más complejos de lo que se cree…[5]»

4. Los cátaros

Los cátaros (es decir: los «puros»), llamados también albigenses, porque eran particularmente numerosos en la región de Albi, son célebres sobre todo por la encarnizada lucha que la Iglesia y la Realeza emprendieron contra ellos, exterminándolos por todos los medios. Sus doctrinas, que se distinguen por su pesimismo, son bien conocidas: llevando al extremo la doctrina de los dos principios del Bien y del Mal, declaraban que el universo entero había sido creado por el Príncipe de las Tinieblas, y de ahí concluían en una moral ascética, que condenaba el casamiento, la generación, y la vida misma, mala en sí, puesto que aprisiona el alma luminosa en la materia tenebrosa… A decir verdad, únicamente los Perfectos estaban sujetos a estricto ascetismo; en cuanto a los simples Auditores, gozaban de una moral más suave. Paradójicamente, por lo demás, esos herejes eran, en cierto sentido, mucho más «optimistas» que la Iglesia: al hacer de la Tierra el «Reino de Satanás», los cátaros excluían el infierno del más allá, del mundo suprasensible y espiritual; al cabo de los tiempos, todos los espíritus, luego de pasar por gran número de reencarnaciones, quedarían salvados, toda la Luz librada de las Tinieblas. La literatura ocultista atribuyó a los cátaros toda clase de creencias esotéricas que les eran extrañas. No por eso dejaban de tener ceremonias y ritos iniciáticos, prácticas diversas que tenían por finalidad separar el espíritu de este mundo y librar el alma, cautiva de su cuerpo; algunos hasta querían conseguirlo bruscamente por la Endura, acto que consistía en dejarse morir de hambre; pero la mayoría se limitaba a los ritos iniciáticos propiamente dichos, que permitían alcanzar la iluminación espiritual por el ascetismo y diversas técnicas que permitían separar momentáneamente el alma del cuerpo. «Los cátaros – escribe Aroux – tenían ya en el siglo XII signos de reconocimiento, santo y seña, y una doctrina astrológica».

La «cruzada» empeñada contra los albigenses es demasiado conocida para que hablemos de ella. Sin embargo, debe señalarse que las doctrinas cátaras sobrevivieron a la degollina de sus sacerdotes. Los Trovadores, que habían demostrado ser auxiliares fervientes y devotos de la herejía albigense, siguieron propagando en su «gaya ciencia» las ideas proscritas por la Inquisición.[ 6]

5. Los Templarios

El esoterismo de los templarios sigue siendo un enigma. Es conocida la historia de esa famosa Orden, fundada en 1117 para la protección de los peregrinos en Tierra Santa, cuya regla había sido establecida por San Bernardo: después de combatir mucho tiempo a los sarracenos, los templarios debieron por último retirarse a Siria luego de la reconquista del país por los musulmanes, pero habían adquirido gran poderío y riquezas en la cristiandad, y poseían encomiendas en todos los reinos de Europa. El proceso intentado por el envidioso Felipe el Hermoso a esos hombres demasiado influyentes ha sido referido a menudo: todos sabemos de qué manera el soberano acabó por arrancar al papa Clemente V la condena de los templarios con la acusación de «renegar de Cristo, apostatar, entregarse a actos de idolatría y a horribles libertinajes en el curso de ceremonias secretas». Después de un largo proceso y la disolución de la Orden pronunciada por la Bula papal de 1312, el Gran Maestro Jacques de Molay y gran número de templarios fueron quemados vivos en París, en 1314.

¿Tenían los templarios una doctrina secreta y ritos de iniciación? El problema ha suscitado gran número de interpretaciones; ciertos historiadores niegan categóricamente la existencia de un esoterismo templario, y otros, al contrario, no vacilan en hacer derivar la francmasonerí a de la Orden mártir. En realidad, bien parece que los templarios tuvieron un culto secreto y doctrinas reservadas a los iniciados, y que esas doctrinas heterodoxas les fueron transmitidas por heréticos musulmanes – quizás los asesinos, con quienes tuvieron relaciones -, herederos de especulaciones gnósticas. Pero conocemos muy mal dicho esoterismo, tanto más cuanto que los documentos seguros faltan casi totalmente. El historiador se ve reducido a conjeturas, con respecto a las figuras bafométicas (de bafometo = «inspiración del Espíritu»), especie de ídolos andróginos, que representan la unión de los principios masculinos y femeninos, cuyo papel en los rituales secretos no ha podido ser precisado con suficiente certeza. Aroux, citando a Von Hammer, hace alusión a «símbolos gnósticos impresos en un talismán hallado, en el siglo XVII, en la tumba de un templario, muerto antes de la destrucción de la Orden», y asimismo a:

«…dos cofrecillos descubiertos, uno en Borgoña, el otro en Toscana, sobre los cuales se reconocen esos mismos símbolos, principalmente la cadena de Eones, representada por la houppe, las pruebas de fuego y del agua, el falo, el cteis, el toro de Mitra y la cruz ansada de los egipcios».

Y también a «esos emblemas extraños esculpidos en la puerta de algunas iglesias, donde parecen querer mostrarse y ocultarse, a un mismo tiempo, las doctrinas interiores del templo» (por ejemplo, en lo alto de la puerta principal de la iglesia Saint-Merri se halla un Bafometo, entre dos ángeles que le echan incienso). Pero ignoramos casi todo del esoterismo templario, y el historiador debe desconfiar de las descripciones demasiado precisas que dan ciertos ocultistas de los misterios practicados por los Caballeros.

6. Dante y el esoterismo

Dante Alighieri (1265-1321) es el más célebre «iniciado» de la Edad Media: ese gran adversario del papado parece haber desempeñado un gran papel en las sociedades secretas de aquel entonces; era, en particular, uno de los jefes de la Fede Santa, Orden Tercera de filiación templaria. Y se hizo el intérprete de dicho esoterismo en su Divina Comedia, que es «una alegoría metafísico-esoté rica, que vela y expone al mismo tiempo las fases sucesivas por las cuales pasa la conciencia del iniciado para alcanzar la inmortalidad» [7]

Cada «Cielo» representa un grado de iniciación: el Infierno representa el mundo profano, el Purgatorio comprende las pruebas iniciáticas, y el Cielo es la morada de los Perfectos, en quienes se hallan reunidos y llevados a su cenit la inteligencia y el amor. En esta vasta síntesis aparecen toda clase de elementos: doctrinas paganas, gnósticas, cátaras, árabes, herméticas, etc. Se encuentran en particular los símbolos más típicos del hermetismo cristiano: la Cruz, la Rosa, el Águila, la Escala de las siete artes liberales, el Pelícano que se abre el pecho para alimentar a su cría (símbolo a la vez del Redentor del mundo y de la más perfecta humanidad). Es una verdadera máquina de guerra dirigida contra la Iglesia [8]

7. Alquimistas y cabalistas

Como hemos podido darnos cuenta, la Edad Media fue una época en que los cultos secretos y las doctrinas esotéricas proliferaron, propagados por numerosas organizaciones iniciáticas. Citemos, a ese respecto, las sociedades secretas que agrupaban a los alquimistas, cuyas doctrinas y prácticas no dejaron de desarrollarse durante todo ese período, a pesar de las repetidas condenas de la Iglesia.

También hay que mencionar a los rabinos cabalistas, que se agruparon en una suerte de escuelas, pequeñas capillas cerradas. El sentido etimológico de la palabra Cábala es «tradición». Ese esoterismo hebraico, cuya influencia había de ser tan grande sobre numerosos pensadores cristianos, tiene remotas raíces en las doctrinas puramente judaicas y también en las otras tradiciones, principalmente las ideas gnósticas: las obras de los cabalistas son una especie de depósito en el que han venido a acumularse los residuos de los sistemas teosóficos más diversos. Había una Cábala práctica, suerte de enciclopedia de conocimientos mágicos de todas clase, junto a diversos procedimientos que permitían obtener el éxtasis místico, y aun llegar a poner a algunos sujetos en trances hipnóticos. Pero había sobre todo una Cábala especulativa, que interpretaba alegóricamente los textos sagrados, utilizando diversas técnicas de permutación de letras. (Gematria, Notarikón, Temurah, Teruf), y que intentaba penetrar los más profundos misterios de la Creación (Maaseh heresit,«Historia del Génesis») y de la constitución del Universo (Maaseh Merkabah, «Historia del carro celestial»). Los dos textos de base de las especulaciones cabalísticas eran el Sefer( o Sepher) Yetsirah («Libro de la Formación»), sin duda del siglo VIII, y el Séfer – ha – Zohar («Libro del Esplendor), redactado en España hacia fines del siglo XIII; esta última obra ejerció, sobre todo a partir del siglo XVI, considerable influencia sobre casi todas las doctrinas esotéricas que vieron la luz.

No podemos resumir, siquiera brevemente, el inmenso cuerpo de doctrinas que forman las especulaciones cabalísticas: nos permitimos remitir a las obras especializadas (Ver bibliografía) . Sin embargo, he aquí el principio de base, enunciado por J.Boucher [9]:

«Dios puede ser considerado en sí o en su manifestación. En sí, antes de toda manifestación, Dios es un ser indefinido, vago, invisible, inaccesible, sin atribución precisa, parecido a un mar sin orillas, a un abismo sin fondo, a un fluido sin consistencia, imposible de conocer por ninguna razón, por consiguiente, de ser representado, sea por una imagen, sea por un nombre, sea por una letra, ni siquiera por un punto. El menos imperfecto de los términos que puede emplearse sería el Sin fin, el Indefinido o Ain Sof, que no tiene límite, o Ain el No – Existente, el No-ser.

«En cuanto Dios se manifiesta se hace accesible, cognoscible; se le puede nombrar; y el nombre que se le da se aplica a cada manifestación o exteriorizació n de su ser. El Ain Sof, el Ain se manifiesta de diez maneras por o en las sefirot [sephirot]. Cada una de éstas, la Corona, la Sabiduría, la Inteligencia, la Gracia, la Fuerza, la Belleza, la Victoria, la Gloria, el Fundamento y la Realeza, constituye un modo especial de revelación o de notificación del Ain Sof y permite nombrarlo. Cada círculo, limitación o determinación del Ain Sof, es una sefirah…

«La Cábala considera también a Dios bajo la forma del Adán celeste, el Adán Quadmón, y localiza las sefirot en cada uno de sus miembros, aplicando la ley de los contrarios y la ley sexual»

De ahí el diagrama conocido con el nombre de árbol de las Sefirot. (Fig.1)

8. La brujería

Este rápido vistazo sobre las iniciaciones medievales no sería completo si no hiciéramos alusión a la brujería. Han existido, según parece, asociaciones secretas de brujos y brujas, celebrando sus ritos en fechas fijas. Por paradójico que parezca, la brujería constituye una especie de culto y aun de religión, pero de religión a redopelo.

Como se ha hecho notar muchas veces, «no es posible separar desde la Edad Media en que ellas dominan, las dos nociones paralelas y antinómicas de Dios: el bien, y del Diablo: el mal. Es, pues, fácil comprender que si se levantaban altares a Dios, si existía toda una liturgia, con misas y fiestas que se le ofrecían, también habían de existir ceremonias tan fervorosamente dedicadas al Diablo. Si la Iglesia misma consideraba al Diablo como un ángel caído, muy poderoso y un "casi igual" ; si, por añadidura, un pacto con él aseguraba, no después de la muerte, sino en la vida terrenal, felicidades y riquezas ciertas, era muy tentador para quienes una fe sólida no ataba a Cristo… probar con el Diablo [10]». Las prácticas y el culto satánicos han sido abundantemente descritos en obras especializadas [11]. El estudio de esa forma aberrante de iniciación es, por lo demás, del más alto interés para el historiador de las religiones: en las prácticas místico-eróticas del Sabbath se encuentra sin duda un eco lejano y pervertido de un antiguo culto pagano de la fecundidad [12].

Índice Bibliográfico:

[1] F. Portal, Des coulerus symboliques, reedic. París, Niclaus, 1938.

[2] Matila, G. Ghika, Le nombre d’ór, t. II, páginas 75-76 (nueva edic., París, N.R.F., 1951).

[3] Rene Guénon, Le roi du monde, cap.V. Véase: A.E.Waite, The Holy Grail, Londres, 1933, Lumière du Graal, París, 1949 y Jean Marx, La légende arthurienne et le Graal, París. P.U.F., 1912.

[4] Historie de France, t. III, págs. 398-399.

[5] También se encuentra el Grial en las leyendas germánicas (cf. la Tetralogía de Wagner).

[6] Véanse los romances o poemas sobre el Santo Grial.

[7] A. Reghini, citado por R.Guénon, L’ésotérisme de Dante, pág. 25.

[8] Cf. el Roman de la Rose, de Lorris y Meunc.

[9] La symbolique maçonnique, págs. 102-103.

[10] M.Verneuil, Dict. des Sciences occultes, Mónaco, 1950, pág.360.

[11] La obra clásica es la de Grillot de Givry, Le musée de Sorciers. París, Lib. de France 1929.

[12] Véase sobre el particular: M.A. Murray, The Witch – cult in Wester Europe, Oxford, 1921.

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LOS CATAROS: Un sentido de eternidad

Posted by cosmoxenus en 20 noviembre 2007

Víctor Manuel Guzmán Villena

Año 5767

Los cátaros aparecen en occidente en el siglo X. En esta época las herejías son denunciadas por todas partes de Europa. La mayoría de las veces se las califica como maniqueas. El término Cátaro significa puro. En 1017 se encuentran en orleáns. Después de un juicio emitido por un concilio de obispos son quemados vivos. En 1022 el hecho se repite en Toulouse. En 1030, en Italia, en la región de Asti es descubierta una colonia corren igual suerte. No obstante, a pesar de las hogueras, el movimiento se había extendido como una mancha de aceite, de forma que, en el siglo XII se encuentra en toda Europa. De acuerdo con el escritor Mauricie Magre, que hace de la iniciación budista la principal fuente espiritual de los albigenses. Cabe señalar que los esenios como los budistas, profesaban el dualismo del mundo. Tenían tres ordenes de afiliados, con tres grados de iniciación. Practicaban el baño sagrado, como los brahamanes y los budistas. Condenaban los sacrificios, se abstenían de carne y vino y practicaban una moral ejemplar. No olvidemos que la región del Garona es una vieja tierra druídica, de hombres muy sabios y de una filosofía muy elevada.

Creían principalmente en la migración de las almas y en su reencarnación después de la muerte. Por lo que sabemos de ellos, es cierto, en todo caso, que la doctrina cátara es algo más que una simple herejía. En muchos puntos se separa del cristianismo tradicional y rechaza todos los dogmas de la iglesia católica.

La inspiración gnóstica, que atribuye al hombre tres naturalezas: el cuerpo, el alma y el espíritu, siendo el cuerpo la residencia del alma y ésta la morada del espíritu, fue recogida por los albigenses. Frente a la Iglesia Romana, los cátaros continúan y amplifican la tradición maniquea, rechazando los sacramentos, la cruz, símbolo de muerte y las ceremonias del culto. Al mismo tiempo despreciaban el Antiguo Testamento, obra de los judíos, manifestaban y consideraban a Jesús como un ser puramente espiritual. Podemos extraer sus grandes principios. Su base la constituye el dualismo, que toma como texto de referencia el Evangelio de Juan, considerado como el único auténtico, que destaca la oposición eterna entre dos principios: el bien y el mal. Así, en este mundo, hay un antagonismo entre la materia que lo calificaban como el diablo y el espíritu a dios.

La doctrina cátara hay que verlo en Pitágoras, adepto de la metempsícosis o reencarnación de las almas impuras en nuevos cuerpos de hombres. También rechazaban los dogmas, a saber, la eucaristía, la remisión de los pecados y los sacramentos que les parecía sacrílegos: bautismo, comunión, matrimonio. Hostiles a la materia impura, condenaban el matrimonio para los iniciados, proscriben de su alimento los manjares a base de carne. Esta creencia implica que el alma, para alcanzar la perfección, debe ser purificada de la suciedad material y del contacto con la carne, por lo cual su comportamiento tenía una disciplina extremadamente dura. El ascetismo era coda de los hombres buenos o perfectos, pequeña minoría de sabios, únicos capaces de recibir la iluminación del conocimiento. Respetaban la naturaleza en todas sus manifestaciones, absteniéndose de matar a ningún animal, los perfectos siempre vestían de negro, con una tiara sobre su cabeza. Cuando habían terminado sus ceremonias, sacaban un rollo de cuero que llevaban sobre el pecho, el evangelio según Juan y lo leían en voz alta.

Los investidos se abstenían de carne, huevos y de productos lácteos, todos ellos productos de origen animal, practicando una alimentación puramente vegetariana. Profesaban una castidad absoluta y evitaban, por tanto, todo comercio sexual.

Como es desde los tiempos más antiguos, los hombres que deseaban adquirir el conocimiento tuvieron que sufrir las pruebas de la iniciación; pero éstas no podían tener lugar en cualquier parte. Eran necesarios templos que eran lugares privilegiados donde la esencia del saber se concentraba en manos de los maestros-sabios. Pero en lo que se refiere a sus ritos eran simples por reacción contra la iglesia que se cubría de oro y púrpura y estaban liberados de todo espíritu de superstición: lo constituían sobre todo, plegarias en común, cantos y sermones, inspirándose en los libros de Manes y en los gnósticos.

No teniendo los cátaros lugar de predilección para practicar su culto, la naturaleza les ofrecía sus bosques y sus prados. Practicaban una formula de confesión pública que llamaban “Apparellamentum”, pero su principal rito era el célebre “Consolamentum”. Este se daba, tanto a un creyente que deseaba ingresar en la comunidad de los perfectos, como a los moribundos que querían alcanzar una buena muerte. Esta ceremonia, muy simple, consistía en que el perfecto imponía las manos sobre la cabeza del consolado, pronunciando ciertas palabras cuyo contenido se ignora hasta la actualidad. Se puede suponer que, en el trasfondo de este ceremonial, existía un secreto procedente de los gnósticos y de los primeros cristianos, que tenía como base la transmisión de una fuerza vivificante e inmensa, fuerza que los perfectos pudieran procurar por medio del “bautismo del espíritu”, del signo de la pureza hecho a los moribundos. Esta ayuda invisible permitía escapar a la cadena de rehacimientos y permitía el acceso al reino espiritual. También tenían para la ayuda a los moribundos procedimientos que la ciencia ha perdido para siempre. No temiendo a la muerte, había ocasiones en que ciertos perfectos llegaban a dejarse morir mediante el Endura: “Su doctrina que permitía como los druidas, el suicidio; no obstante, exigía que uno pusiera fin a su vida no por el cansancio de vivir, por miedo o por dolor, sino en un estado de perfecto desapego de la materia”, este ritual se lo podía hacer en pareja , es decir ir a la otra vida en la amistad más ideal, años de esfuerzo continuados y espiritualización intensiva, quería de acuerdo con él en la otra vida también la verdadera vida.

Para poner fin a sus días, elegían entre cinco tipos de muerte: envenenándose, dejándose morir de hambre, abriéndose las venas, lanzándose a un precipicio o zambulléndose en el agua helada después de un baño ardiente, lo que provocaba una congestión pulmonar que los mataba. Algunos indicios permitían suponer también que los albigenses escogían a veces la muerte en grupo

Los cátaros llevaban una vida ejemplar. Ante las persecuciones, recorrían el mediodía en todos los sentidos enseñado a las masas, predicando un evangelio de purificación y sencillez, fustigando las costumbres corrompidas de una parte de la clerecía católica. El pueblo seguía a estos hombres vestidos de negro, que vivían como santos, abandonando a los malos sacerdotes. La nobleza atraída por el ideal de los cátaros se adhería a la nueva fe. La iglesia oficial se debilitaba, con tanta facilidad cuanto que estaba alejada del pueblo. Los propios cátaros compartían las miserias de cada uno, ejerciendo la medicina, cuidando a los enfermos y llevando “la buena palabra”.

Este inmenso movimiento se manifiesta en los Alpes, en el Rin y los Países Bajos, donde los gremios ciudadanos se rebelaban contra los obispos y la iglesia primitiva. En Italia, el ideal de Dante era ver al emperador de Alemania, Enrique de Luxemburgo destronar al Papa y restaurar otro cristianismo. Dante era el gran pontífice de esta secta cátara y su Divina Comedia fue escrita para exaltar su fe hacia la Iglesia cátara y perseguir enconadamente al papado, ya que no podía perdonar le la hecatombe provenzal.

El año 1163 el Concilio de Tours, el Papa Alejandro II, a instancias de los obispos del Norte de Francia dictó una resolución que denunciaba el progreso de la “Herejía cátara”. En el tercer Concilio de Toulouse varios prominentes hombres de la nobleza fueron excomulgados y se perfilaba la amenaza contra los cátaros y sus protectores. Esta fue la primera señal contra los albigenses, que según Maurice Magre fue el hito más grande de la historia religiosa de los hombres.

Desde 1207 el legado pontificio intenta enfrentar a los señores meridionales contra los albigenses, los cátaros quisieron asegurarse un lugar donde pudieran refugiarse en caso de ataque. Montségur, es el corazón de los Pirineos y fue escogido como elevado lugar espiritual. Fue una ciudadela que protegía la montaña sagrada del Tabor, Parnaso de la Romania, fue fortificada y organizada. Parecía a un arca, pudo, durante medio siglo aún, desafiar la oleada de sangre y de crímenes que pronto iba a desencadenarse y hundir su cultura y su civilización.

Hasta 1220 son pasados por el filo de la espada más de un millón de personas, es decir más de lo que costó la supresión de todas las otras herejías. La causa principal de la gran matanza albigense, la causa oculta, pero la verdadera causa, había sido que el secreto de los santuarios, la antigua enseñanza de los misterios tan celosamente guardada en todos los templos del mundo por todas las cofradías, había sido revelado. Había sido revelada y se había comprendido que lo que acontecía en este tiempo aún no había sido visto en la historia.

No obstante Montségur, templo del catarismo, se levantaba todavía, como un desafío a la ortodoxia, con sus murallas invioladas. El asesinato de los inquisidores dominicos de Avignonet había de decidir el asedio y caída de la fortaleza. La empresa comenzó en la primavera de 1243, pero, seis meses más tarde, el asedio no había progresado. Los cátaros se beneficiaban de numerosas informaciones de todos los Países procedentes de Italia, el Sacro Imperio Germánico e incluso Constantinopla. Finalmente el Senecal de Carcasona, Hugues de Arcis que dirigía la “cruzada”, pudo gracias a la traición terminar con la resistencia. Un guía que conocía el camino secreto condujo al grupo armado a la cumbre. A partir de aquí, la rendición de la fortaleza no era más que una cuestión de tiempo. El primero de marzo de 1244 se firmó una tregua y el 16 de marzo la ciudadela se rindió. Doscientos cátaros, entre ellos cincuenta prefectos, que se negaban a abjurar de su creencia, prefirieron morir en la hoguera, erigida en un campo que recuerda, por su nombre el sacrificio: “El Campo dels cremants”.

En lo que se refiere a los tesoros, el historiador Pierre Roger dice que consistía en objetos preciosos, monedas y barras de oro y plata. Pero el verdadero tesoro de los cátaros, fueron avíos de la fe cátara: libros, manuscritos, enseñanzas secretas, reliquias, objetos religiosos y el Santo Grial, que se trata de una copa con el contenido de la sangre de Jesús, según narran historiados especializados en esta período de la historia del hombre, la misma que fue sacada en los momentos de la tregua por cuatro hombres que escaparon de la ciudadela y sin duda ocultada en una de las numerosas grutas próximas de Montségur. Por lo tanto la palabra “tesoro” parece esconder otra cosa, algún conocimiento o información que inspiró gran antipatía y codicia a Roma.

Con el transcurrir de los tiempos su filosofía sigue viva y ofrece a sus adeptos una cosmogonía, una concepción y explicación del universo, tanto material como universal que atrae a numerosas élites intelectuales a las que deja insatisfecha los comentarios de los evangelios. Aportan un conocimiento esotérico en oposición al vulgar o creencia de las masas. La verdadera doctrina es y será revelada a un reducido número de elegidos que han surgido tras una larga peregrinación.

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