El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Aprendiendo a mirar

Posted by cosmoxenus en 17 febrero 2010

 

Los distintos aspectos de la mente, es decir, los aspectos del pensamiento, del razonamiento, y de la construcción del ego, están todos conectados y funcionan juntos. La capacidad de pensamiento y la de razonar adecuadamente pueden quedar eliminadas, influidas y distorsionadas sobre todo por la capacidad de construcción del ego. Ya conocemos el dicho según el cual la misma mente es la causa de la creación de los obstáculos que son sus cadenas. El razonamiento también es necesario para ampliar nuestros horizontes, para aprender como si fuéramos cosmólogos, y también para tener relaciones normales armoniosas, pero la construcción del ego afecta tanto al razonamiento como al pensamiento. Es la causa de los problemas terribles y la gran infelicidad que tiene el ser humano. Un parte interfiere en los otros aspectos de la mente, pero la mente puede salvarse a sí misma, porque tiene un gran potencial para hacerse consciente.

Los animales no son auto-conscientes ni egoístas, como el ser humano. Lo que distingue al ser humano de las otras criaturas es su capacidad de razonar de forma lógica y la posibilidad de ser auto-consciente. Todo esto le ha sido útil, tal vez, para su desarrollo hasta aquí, pero no va a llevarle más lejos. Ahora, aunque sea lo bastante auto-consciente para decir “quiero esto, sufro con aquello”, etc., no es lo bastante como para entenderse del todo a sí mismo.

¿Cómo puede crecer esta capacidad de conciencia de nosotros mismos y de todo en general (podríamos darle otro nombre, como la capacidad de recogernos o de reflexionar)? Una forma es prestar atención a las cosas y no estar en un perpetuo estado de prisas y de distracciones. Hay un poema corto de W.H. Davies, que empieza así: “¿Qué es esta vida si, preocupados, no tenemos tiempo de parar a mirar?”. De hecho, se considera casi como un pecado el quedarse quieto mirando algo, porque una gran parte de la sociedad humana dice que tenemos que estar siempre ocupados, haciendo algo útil. El hecho de mirar y nada más, lo cual, aparentemente, es no hacer nada, en general no está bien visto. Quizás no todo el mundo tiene esta actitud, pero la mayoría de la gente la tiene, y de forma inconsciente sienten la obligación de estar siempre haciendo algo. La atención requiere estar tranquilos internamente, sin tener la sensación de que tenemos que hacer un trabajo objetivo siempre, algo útil, en nuestra vida.

Krishnamurti ha escrito lo siguiente: “Si quieres estudiar una hoja, una hoja de la primavera o una hoja del verano, tienes que mirarla realmente y ver su simetría, su textura, la cualidad de la hoja viva. Hay una belleza, hay una fuerza, hay una vitalidad en una sola hoja.”

Nos dicen que para saber cosa de una hoja, de una flor, de las nubes, de la puesta del sol o de un ser humano, tenemos que mirar con toda la intensidad posible.

Si nos observamos a nosotros, descubriremos lo poco que nos interesa mirar en este sentido, o mirara determinadamente, para poder ser conscientes de todas las características de la hija, de su simetría, su textura y su vitalidad. Krishnamurti escribió también sobre una hoja muerta, caída en el suelo, de la belleza que puede haber en una hoja muerta. Pero no debemos tener prisa; hemos de sentirnos tranquilos y sentir la necesidad de comprender la vida en cualquier forma, en una hoja, una nube, o un ser humano. En la enseñanza del yoga, dicen que cuando nos peinamos, comemos, hablamos, oímos, etc., tenemos que prestar una atención total. No es fácil, pero hemos de empezar en algún punto.

Sabemos qué es estar distraídos. Cuando deberíamos estar haciendo algo atentamente y perfectamente, estamos, parcialmente, en algún otro lugar; toda la mente no está allí. Solamente cuando las energías de la mente se concentran, puede existir la intensidad necesaria para mirar, para ver, para comprender. Cuando usamos todos nuestros sentidos y la totalidad de la mente, cuando hay atención, podemos llegar a saber qué es la relación. De otro modo, nos encontramos con una persona, miraremos una planta o una flor, pero no nos relacionaremos realmente con ellos. Puede que nuestros ojos estén mirando, pero quizás nuestra conciencia no esté libre. Pero cuando miramos con toda nuestra atención, entonces vemos muchas cosas que no se revelan si se las mira de forma distraída.

La relación y el conocimiento

La relación no es nada externo, es una sensibilidad, es un sentido de proximidad en la cual todas las barreras caen y desaparecen, dando paso a una sensación de armonía con aquello que estamos mirando. Si realmente miramos un rosal, tendremos la sensación de armonía, de belleza. Pero si esta mirada procede de un movimiento distraído de la mente, entonces no surgirá esta sensación. Por eso la misma cosa puede parecer hermosa y adorable a una persona y a otra no. Esta forma de ver y de mirar las cosas, de prestar atención, tiene que estar libre de toda percepción que cree una atracción o un rechazo.

Hablando del amor, Krishnamurti decía que es como el brillo del sol que nace; brilla sobre todo, y su tierna luz cae sobre todas las cosas, revelando una belleza que no se veía antes: el pájaro iniciando su actividad matutina, el color de la hierba y de las plantas, tantas cosas quedan iluminadas. El amor del individuo liberado es así, una ausencia total de atracción y repulsión.

El ego se expresa en toda una variedad de formas, pero principalmente en términos de atracción y repulsión. Saberlo no representa un gran salto hacia un estado de conciencia extraordinaria. No hay una sola flor en el mundo que se abra en un instante. Tenemos que esforzarnos, como lo hace el jardinero con su tierra. Si esa tierra tiene que acabar siendo un hermoso jardín con bellas flores de todo tipo, no puede sembrar las semillas y marcharse de vacaciones. Tiene que estar allí para proteger los brotes cuando salgan, para arrancar las malas hierbas y para procurar que reciban toda el agua que necesitan, para protegerlas del sol abrasador, etc. Tiene que hacerlo un día tras otro; ni siquiera se puede permitir una semana de vacaciones. Para poder cultivar esta calidad de conciencia en nosotros mismos, tenemos que trabajar en ello.

Para empezar, esta cualidad de la atención en nuestra vida diaria tiene que incorporarse sin que se convierta en otro tipo de preocupación. No debemos olvidarlo. Nos perdemos en lo que estamos haciendo en el mundo, en los esquemas y hábitos de nuestro propio pensamiento y de repente, despertamos un poco. Ese “despertar de la mente” nos separa de las cadenas y nos conduce hacia la liberación. Nos ayuda a mirar sin atracción ni repulsión y ese potencial existe en todas las personas. Tal vez se nos haya abierto un poco o tal vez no, pero todos tenemos esta posibilidad de despertar. Por esto podemos sentir por todas las personas un profundo respeto, porque cada persona tiene esa capacidad de crecer.

Ser capaces de mirar sin sentirnos atraídos ni repelidos, sin decir “me gusta o no me gusta”, significa no preocuparnos por las tonterías externas: si la piel de una persona es negra o amarilla. Tenemos la misma semilla plantada en lo más profundo de nuestro interior, esta semilla que va a crecer hasta liberar el espíritu. El Bhagavadgita nos habla de esto más de una vez. La mente iluminada que está creciendo en sabiduría tiene un poder cada vez mayor para sentir la verdadera igualdad de todas las cosas, y no esa desigualdad superficial que preocupa a la gente. Superficialmente, no hay igualdad; en todas partes la inteligencia es distinta, la honestidad no es igualmente fuerte, todos no son igualmente amables. Es decir, que no hay una igualdad externamente, pero existe una base profunda para la igualdad. Por ejemplo, incluso el diamante y el carbón son iguales. Nosotros creemos que el diamante es algo muy precisos, pero solamente es carbón, nada más. Todas las cosas están hechas de unas pocas substancias que hay en el universo. Las substancias, las leyes, los ingredientes de cualquier estructura, todo es lo mismo.

Por consiguiente, la actitud de una persona atenta es cada vez más verdadera, porque las relaciones son a un nivel más profundo. Existe una mayor conciencia en la mente y un profundo sentido de respeto por todo, porque vemos que, básicamente, todos somos iguales. Uno de los Upanishads, que, como sabemos, se considera un gran texto espiritual, tiene una famoso pasaje en el cual se habla de un sabio, uno de los sabios de la tierra, que le explica a su mujer que la esposa no es preciosa porque se su esposa, sino que es preciosa porque es lo que es. Y lo mismo pasa todo lo demás. En lo más profundo, existe esta potencialidad que puede hacer que la persona se libere de todas las trabas y engaños. Cuando existe una verdadera conciencia, podemos crecer tal vez de manera infinita.

Cómo reconvertir el pensamiento

Si aprendemos a no sentir atracción ni repulsión, a no vernos arrastrados de un lado a otro por esas atracciones y repulsiones, si no cultivamos ningún sentido de superioridad y de inferioridad, si no lo medimos todo con un rasero de nuestra propia invención, probablemente iremos creciendo a partir de un sentimiento de amistad, de afecto y de cariño, hasta darnos cuenta cada vez más de cuál es la verdadera naturaleza del amor. Corremos el riego de ocuparnos demasiado de nosotros mismos, de prestar demasiada atención a lo que estamos haciendo, hasta convertirlo en una obsesión. La cuestión es cómo vivir de forma relajada, sin ambiciones, empezando allí donde estemos.

El maestro vietnamita Thich Nhat Hanh a veces explica las cosas de una forma que puede parecer, al principio, extraña. Habla, por ejemplo, de la meditación de la naranja. Todo lo que quiere decir es que cuando coméis una naranja tenéis que ser conscientes de cómo lo estáis haciendo, de cómo la peláis, dónde ponéis las mondas. Esto podría ser parte de la preparación. La observación, el hacernos conscientes de nosotros mismos, tiene que hacerse sin aspirar a nada y únicamente así se está a salvo. Si no, acabaremos por centrarnos en nosotros mismos más que antes. Por consiguiente, tal vez deberíamos dirigir nuestra atención al mundo de la Naturaleza además de la sociedad humana. No podemos apartarnos de ella en cuanto decidimos trabajar con nosotros mismos.

Hemos de ser conscientes de lo que está ocurriendo y de los problemas que creamos en la vida, como la guerra; la guerra es ahora mucho más peligrosa. Pero ¿por qué los seres humanos quieren permanecer en un estado de conflicto? ¿Qué es lo que nos falta tanto para empujarnos a buscar placer?

Cuando miramos el mundo, creo que nos damos cuenta del lado oscuro de la condición humana. ¿Cuál es la naturaleza del sufrimiento? ¿Qué entendemos por muerte o por vida? Hay preguntas mucho más profundas que se nos han hecho y que deberíamos poder tratar mientras seguimos investigando en la naturaleza de la vida. Si nos importa lo que ocurre fuera, y lo que ocurre en nuestra propia conciencia, seguiremos delante de forma equilibrada, sin quedarnos atrapados todo el tiempo en la condición del mundo actual.

Madame Blavatsky decía que la vida es una serie de pequeños despertares. Miramos la hoja y despertamos a su simetría, a su textura, a su belleza. No podemos minimizar sus palabras diciendo: ¿De qué sirve despertar a una hoja muerta? Tal vez eso no sea importante, pero a través del pequeño despertar que tiene lugar es nuestra conciencia, a través de esa mirada atenta de la hoja o de nuestro amigo, nos vamos haciendo conscientes, a un nivel más profundo, de lo que estamos viendo. Despertar, poco a poco, es importante, porque nos enseña a despertar a la forma en que funciona el ego, un funcionamiento a veces tan ladino t tan sutil que no nos damos cuenta de que es el ego. Incluso podemos llegar a creer que estamos cumpliendo un gran servicio, haciendo cosas maravillosas, cuando realmente puede que simplemente estemos sujetos a nuestra mente egoísta. La mente que está despertando, la mente que vislumbra, esto es lo que tenemos que cuidar y alimentar como lo haríamos con un jardín, si ese jardín nos interesara.

Si nos vamos haciendo conscientes en todos los aspectos, viendo más, oyendo más, pensando más y teniendo más compasión y una sensación de relación que no esté afectada por las tonterías a nivel externo, tal vez nuestra calidad de vida cambie. Cuando nuestro pensamiento se más claro y nuestra razón más lógica y sin retorcimientos, toda nuestra naturaleza será más armoniosa. Todas estas posibilidades se encuentran en la mente. El pensamiento tiene sus limitaciones, pero éstas no pueden eliminarse. El pensamiento puede llegar a formar parte de una comprensión y sabiduría cada vez mayores y más amplias en la vida y en las relaciones.

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