El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

LA FALACIA DE LA "COMPLEJIDAD IRREDUCTIBLE”

Posted by cosmoxenus en 24 mayo 2009

De J.M.Hernández

La complejidad irreducible es un argumento ampliamente utilizado por el creacionismo para intentar desacreditar la evolución de las especies. A pesar de haber sido formulado por un bioquímico, ninguna corriente científica lo asume, dado que es completamente falso como demostraremos en este artículo. Únicamente es empleado por predicadores creacionistas como recurso en sus sermones, dado que tiene un gran efecto sobre personas sin formación científica, al aparentar ser muy intuitivo.

El concepto de complejidad irreductible fué creado por Michael Behe para apoyar el diseño inteligente, definiendo “sistema irreducible” como un “un sistema individual compuesto de varias partes bien coordinadas que interaccionan para desempeñar la función básica de este, de modo que si se eliminara cualquiera de esas partes dejaría de funcionar por completo”. Dicho de otra forma, se trataría de un sistema que funciona en el estado que conocemos, pero que no sería operativo en el momento en que faltara alguno de sus componentes. De esta manera, prosigue el argumento, no podria explicarse la evolución del sistema mediante una serie de cambios graduales dese sistemas más simples.

Los clásicos ejemplos de sistemas irreductibles esgrimidos por sus seguidores son el flagelo bacteriano, el ojo humano o el sistema de coagulación de la sangre. Los defensores del diseño inteligente avanzan un paso más allá, convirtiendo el razonamiento en una verdadera falacia: dado que no podría explicarse la existencia de estos sistemas mediante selección natural, obligatoriamente tienen que ser fruto de un diseñador inteligente.

A pesar de que el concepto estricto se corresponde con lo que hemos mencionado, es habitual leer diversas variaciones sobre el mismo que, nos atrveríamos a decir, constituyen uno de los ejes fundamentales de la doctrina creacionista. Una de sus extensiones fundamentales es la falacia del relojero (a pesar de ser anterior en su formulación): un sistema complejo y bien ajustado -como un reloj- sería impensable sin la existencia de un relojero; por lo tanto, un ojo humano sería impensable sin la existencia de un diseñador inteligente.

El argumento presenta dos fallos que lo convieren en un razonamiento completamente erróneo: en primer lugar la aseveración de que el sistema es “irreductible”, que no tiene porqué ser cierta; en segundo lugar, aún asumiendo la irreductibilidad del proceso, el no poderlo explicar mediante la acumulación de cambios graduales no demuestra la tesis de un diseñador inteligente.

La supuesta irreductibilidad del flagelo bacteriano

El propio Darwin, hace 150 años ya desmontó este argumento. Resulta al menos curioso que siga empleándose en estos tiempos un concepto ampliamente superado desde el siglo XIX.

Desde hace mucho tiempo se sabe que un sistema irreduciblemente complejo puede construirse añadiendo partes que, aunque al principio son solamente ventajosas, pueden evolucionar hasta volverse indispensables. Por otro lado, muchos sistemas complejos han comenzado evolucionando desde estructuras o procesos que presentaban una función diferente, asumiendo nuevas funciones a medida que han ido alcanzando distintos estados evolutivos.

En el caso del flagelo bacteriano, uno de los preferidos por los creacionistas, está ampliamente demostrado que no se trata de un “complejo irreductible”. Existen precursores del flagelo en los que faltan componentes y que, sin embargo, son completamente funcionales. Aparecen cilios y flagelos en otros microorganismos que, a pesar de tener menos partes que el flagelo de la bacteria, son perfectamente operativos -aunque presentan una funcionalidad más limitada-.

También han sido descritos sistemas funcionales más simples en las propias bacterias, como el TTSS, donde una pequeña porción del “irreductible” flagelo bacteriano funciona como dispositivo para inyectar toxinas en los huéspedes. Esto muestra, entre otros muchos ejemplos, como partes o componentes de estructuras complejas pueden funcionar por separado, sea con una función similar o completamente diferente. Según el argumento de la “complejidad irreductible” esto no podría ser posible.

El TTSS es, en realidad, una estructura formada por proteínas de la base del flagelo, por lo que la afirmación de que “si se eliminara cualquiera de sus partes, dejaría de funcionar por completo” es, simplemente, falsa. Por el contrario, estas evidencias apoyan la evolución del flagelo bacteriano a partir de estructuras más simples (Aizawam 2001; Heuck, 1998; McNab, 1999; Yonekura et al. 2000) .

En el artículo La complejidad evolutivamente reducible del flagelo bacteriano, publicado en el blog amigo “Un planeta con canas“, se muestran dos excelentes vídeos sobre la evolución del flagelo.

La reducción del sistema de coagulación

El sistema de coagulación sanguínea de los vertebrados es otro de los ejemplos básicos que la doctrina del diseño inteligente esgrime como complejo irreductible, a pesar de haber sido también rebatido desde hace tiempo (ver por ejemplo Doolitle & Feng, 1987; Doolitle, 1993).

Michael Behe, el inventor del concepto de “complejidad irreductible”, afirma: “Cuando un animal sufre un corte, una proteína llamada Hagemann (factor XII) se fija a la superficie de las células próximas a la herida. El factor Hagemann es entonces modificado por una proteína llamada HMK, activándolo. Inmediatamente el factor XII activado convierte otra proteína, llamada prekallikreina, a su forma activa, kallikreina […] en ausencia de cualquiera de los componentes, la sangre no fabrica el coágulo, y el sistema [de coagulación] falla.” (Behe, 1996a).

Y, nuevamente, esta afirmación es falsa. Por poner únicamente un ejemplo, los delfines carecen de Factor XII y su sistema de coagulación es completamente funcional (Robinson, Kropatkin, & Aggeler, 1969).

El ojo que no ve

El tercer estandarte de la irreductibilidad es el ojo humano. ¿Como pensar que tal maravilla puede formarse por una serie de cambios graduales? ¿alguien puede imaginar “medio ojo” funcionando?. Tales alegatos son profusamente utilizados por los creacionistas, a pesar de que también han sido contestados desde hace años.

El engaño que entraña este argumento consiste en afirmar la imposibilidad de que funcione medio ojo. Obviamente: la biología evolutiva no pretende que la evolución se haya desarrollado formando un cuarto de ojo, medio ojo y un ojo entero. Esto vuelve a ser una falsedad.

La evolución del ojo tiene lugar a partir de estructuras fotosensibles más simples -no incompletas- y está profusamente documentada en la literatura científica, con multitud de organismos vivos que presentan distintos estados de complejidad. El propio ojo humano -y problablemente el de todos los vertebrados- se desarrolló a partir de órganos más sencillos a los que se incorporaron estirpes celulares de células fotosensibles procedentes de tejido cerebral (Arendt et al. 2004). En ningún momento hubo “medio ojo”, sino ojos más simples.

Los órganos más sencillos los encontramos en algunos organismos unicelulares, como el protista Euglena, donde un orgánulo fotosensible conectado al flagelo le permite distinguir entre luz y oscuridad, para desplazarse en función de ésta ( Wolken, 1977; Suzuki et al. 2003). Este primer paso no puede considerarse un ojo como tal: ni distingue formas, ni produce imágenes, únicamente detecta luz o ausencia de ésta.

Un órgano de la visión algo más complejo aparece ya en algunos animales pluricelulares como los anélidos, donde un grupo de células epidérmicas sensibles a la luz se conectan con fibras nerviosas subyacentes (Hickman et al., 2006). Tampoco son verdaderos ojos, dado que no forman imágenes y solo informan de luces y sombras; por eso se denominan manchas oculares u ocelos.

El siguiente paso consite en invaginar la superficie fotorreceptora, formando una “copa” fotosensible. La ventaja de esta nueva estructura es que permite un mayor número de células en el mismo espacio y a su vez es capaz de detectar la dirección de los rayos lumínicos en función de la cara de la copa que resulta estimulada. Ojos de este tipo aparecen, por ejemplo, en el gasterópodo Patella.

A partir de aquí, la estructura se va complicando, adoptando la forma de una cámara esférica abierta (p.e. en los géneros Haliotis y Nautilus), un ojo cerrado sin lente (p.e. géneros Helix y Turbo) e incluso ojos cerrados y con lente (p.e. géneros Murex y Nucella).

En otros muchos grupos animales aparecen ojos y ocelos con distinto grado de complejidad, incluso con estructuras muy diferentes como los ojos compuestos de los insectos. De hecho, se piensa que el ojo ha evolucionado de forma independiente en distintos grupos animales.

En los vertebrados, los fotorreceptores responden a la luz en función de los pigmentos visuales que se encuentran en la bicapa lipídica de los repliegues de los conos y discos membranosos de los bastones. Estos últimos contienen rodopsina y permiten la visión en condiciones de baja luminosidad. Los conos contienen tres tipos diferentes de pigmentos y son responsables de la percepción del color. Recientemente, Arendt y colaboradores (Arendt et al. 2004) han demostrado que estas células fotosensibles de los vertebrados -incluyendo al ser humano- son similares a ciertas células cerebrales de un gusano marino, Platynereis dumereili, cuya migración posterior explicaría el desarrollo de nuestros ojos, diferentes al de los que encontramos en invertebrados.

Pór último, existe otro aspecto, ya esbozado por Darwin, que es incompatible con la doctrina del diseño inteligente: las imperfecciones. La existencia de “fallos en el diseño”, como el punto ciego del ojo de los vertebrados o la disposición invertida de las neuronas retinianas, pueden explicarse bajo la interpretación evolutiva dado que ésta trabaja sobre estructuras existentes, modificándolas y adaptándolas sin un diseño previo. Esto produce configuraciones que no suelen ser óptimas, sino solamente funcionales. Cabría esperar que un diseñador evitara estos errores, salvo que hablemos -más que de un diseñador- de un “chapucero inteligente”.

Y apesar de todo, es una falacia

Hemos visto como los supuestos “complejos irreductibles” esgrimidos por el diseño inteligente no son tales, invalidando la tesis de Behe. Este es el motivo por el que la comunidad científica no toma en cuenta el argumento de la “complejidad irreductible”: no porque sea contradictorio con una supuesta “ciencia oficial”, no porque sea molesto, no porque sea revolucionario; el motivo consiste, simplemente, en que es falso.

Aún así, podría encontrarse un sistema complejo que cumpliera los requisitos de Behe: no existencia de estados más simples e imposibilidad de que sus componentes funcionen por separado. Aunque así fuera, el argumento seguiría siendo inválido, fundamentalmente por incurrir en dos incorrecciones lógicas:

1. Falacia de bifurcación: “o bien la estructura fue creada al azar, o bien fue diseñada por un dios”. Este planteamiento es erróneo, al ignorar otras posibilidades. En primer lugar, la selección natural no es un proceso al azar, en segundo lugar, puede haber más explicaciones (por ejemplo, Margullis ofece una alternativa a la evolución gradual del flagelo bacteriano: la endosimbiosis).

2. Falacia non sequitur: “no puedo comprender como se formó el flagelo bacteriano, por lo que tuvo que ser obra de un dios”. Obviamente, éste tampoco es un razonamiento correcto. Que no comprendamos un proceso no demuestra que sea creado por una inteligencia superior. Tampoco se comprendían las razones del movimiento de los astros en el siglo XII y sin embargo la alternativa de un mecánico celestial ha resultado completamente falsa.

Ni es verdad, ni es ciencia

Concluyendo, la doctrina de la complejidad irreductible no presenta hoy por hoy, ninguna evidencia en favor de sus premisas iniciales -la existencia de sistemas irreductibles- y el razonamiento es incorrecto en sí mismo, lo que lo invalida completamente para ser considerado como una teoría y poder ser utilizado como base de ninguna investigación.

REFERENCIAS:

Aizawa, S.-I., 2001. Bacterial flagella and type III secretion systems, FEMS Microbiology Letters 202: 157-164.

Arendt, Tessmar-Raible, Snyman, Dorresteijn, & Wittbrodt. 2004. Ciliary photoreceptors with vertebrate-type opsins in an invertebrate brain. Science. October 29, 2004.

Behe, M. 1996a. Darwin’s Black Box. New York: The Free Press.

Behe, M, 1996b. Evidence for Intelligent Design from Biochemistry, a speech given at the Discovery Institute’s God & Culture Conference, August 10, 1996 Seattle, WA.

Bobkova, M.V.; Gál, J.; Zhukov, V.V.; Shepeleva, I.P. & Meyer-Rochow, V.B. 2004. Variations in the retinal designs of pulmonate snails (Mollusca, Gastropoda): squaring phylogenetic background and ecophysiological needs. Invertebrate Biology 123 (2) , 101–115

Doolittle, R. F., 1993. The evolution of vertebrate blood coagulation: A case of yin and yang, Thrombosis and Heamostasis 70: 24-28.

Doolittle, R. F., and D. F. Feng, 1987. Reconstructing the evolution of vertebrate blood coagulation from a consideration of the amino acid sequences of clotting proteins. Cold Spring Harbor Symposia on Quantitative Biology 52: 869-874.

Heuck, C. J., 1998. Type III protein secretion systems in bacterial pathogens of animals and plants, Microbiol. Mol. Biol. Rev. 62: 379-433.

Hickman, C. P., Ober, W. C. & Garrison, C. W., 2006. Principios integrales de zoología, 13ª edición. McGraw-Hill-Interamericana, Madrid (etc.), XVIII+1022 pp.

McNab, R. M., 1999. The Bacterial Flagellum: Reversible Rotary Propellor and Type III Export Apparatus. Journal of Bacteriology 181: 7149—7153.

Rennie, J. 2002. 15 Answers to Creationist Nonsense. Scientific American Magazine. July 2002.

Robinson, A. J., M. Kropatkin, and P. M. Aggeler, 1969. Hagemann Factor (Factor XII) Deficiency in Marine Mammals. Science 166: 1420-1422.

Suzuki T, Yamasaki K, Fujita S, Oda K, Iseki M, Yoshida K, Watanabe M, Daiyasu H, Toh H, Asamizu E, Tabata S, Miura K, Fukuzawa H, Nakamura S, Takahashi T. 2003. Archaeal-type rhodopsins in Chlamydomonas: model structure and intracellular localization. Biochem Biophys Res Commun 301 (3): 711-7

Wolken, J. 1977. Euglena: the photoreceptor system for phototaxis. J Protozool 24 (4): 518-22

Yonekura, K., S. Maki, D. G. Morgan, D. J. DeRosier, F.Vonderviszt, K.Imada, and K. Namba, 2000. The Bacterial Flagellar Cap as the Rotary Promoter of Flagellin Self-Assembly, Science 290: 2148-2152.

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Una respuesta to “LA FALACIA DE LA "COMPLEJIDAD IRREDUCTIBLE””

  1. Anonymous said

    DISEÑO INTELIGENTE, INFORMATICA Y PROPOSITIVIDAD: no es necesario suponer un “autor subjetivo” pero si un metaprograma inteligente y propositivo. Esto se funda en los “a prioris” constructivitas de nuestro sistema nervioso. Y es verificable como en el caso de los campos morfogenéticos. Y es rigurosamente lógico, como en informática pura, cuyas entidades abstractas, independientes del observador, en este caso, el sujeto pensante que aprehende el Lenguaje informático, un “en si” y ya-dado…una “estructura compleja e irreductible”, en griego, el COSMOS. No el universo ni en mundo.¡Falta mucha lectura a los autores postmodernos!

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