El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 5/02/09

TEOSOFÍA Y FUNDAMENTALISMO

Posted by cosmoxenus en 5 febrero 2009

Radha Burnier

Todos los grandes instructores espirituales han buscado despertar a la gente a la verdad e inspirarles para que prescindieran de los objetivos e ideas irreales y llegaran a la realización de la vida en su profundidad y esplendor. No enseñaron ningún credo ni dogma, ni se entretuvieron en banalidades. Incluso, cuando hablaban a la gente sencilla, lo hacían sobre cuestiones de profundo sentido.

A medida que pasaba el tiempo, alrededor de estas enseñanzas se levantaban religiones, con templos, con textos de autoridad, con intérpretes oficiales de la verdad, con rituales y prácticas supersticiosas.

Cuando la interpretación de las formas externas proliferó nacieron numerosas sectas dentro de cada religión. Las diferencias religiosas sectarias y los dogmatismos han sido causa de incalculable dolor en la sociedad humana. El planteamiento teosófico respecto a las religiones es el descartar todo lo externo, todo lo superficial y todos los credos que dividen a la gente y son causa de odio. Esto exige que se llegue hasta la esencia, hasta el conocimiento de las verdades eternas que unen las mentes y encienden la llama del amor. La Teosofía, en realidad, está interesada en lo fundamental, en la religión per se y no en las formalidades y las doctrinas con las que, generalmente, se identifica a la religión.

El Fundamentalismo, musulmán, cristiano o cualquiera que sea, por el contrario, está basado no en las verdades eternas fundamentales y esenciales, sino en dogmas y creencias que son motivo de luchas sectarias. Evidentemente, los que asumen el papel de profeta o de sacerdote bajo cualquier bandera por el estilo, tienen mucho que ganar. Ejercen el poder al conseguir influir en las mentes de las personas, ayudados hoy en día por los medios de comunicación, imponiendo creencias y temores, provocando el odio y las ilusiones de superioridad. Es por el hecho de que el fundamentalismo confunde a la gente sobre lo que es básico en términos del despertar religioso, que se convierte en un instrumentos político fácil.

El corazón de la Teosofía o de la Sabiduría-Religión, es “la liberación de la mente de su conciencia finita,” conduciendo hacia la unidad con la Vida Infinita. Esta realización de unidad no tiene nada que ver con el juego del poder político, con la incitación a la guerra, o con la conquista. Tal como lo proclamó el gran Rey Asoka, no hay mayor conquista que la del Dharma.

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UNA LEY PARA LOS GOBERNANTES

Posted by cosmoxenus en 5 febrero 2009

Radha Burnier

Según el sabio Confucio, el que no puede gobernarse a si mismo no puede gobernar a su familia; el que no puede gobernar a su familia no puede gobernar al estado. Si el gobernador no es digno, si se considera a si mismo por encima de las leyes que él promulga, aunque temporalmente pueda conseguir una ventaja, pierde mucho, especialmente la confianza y el afecto del pueblo.

Gobernar implica una responsabilidad superior al mantenimiento de la ley y el orden; el gobierno tiene un papel vital que desempeñar en el desarrollo de la virtud y en la promoción de la prosperidad y de la felicidad. Tanto que el sistema de gobierno sea democrático como monárquico, el gobierno siempre tiene que ser para el pueblo. El monarca, el ministro, el administrador, establecen el tono de todo lo que ocurre en su Estado y por lo tanto tienen tanto privilegios como responsabilidades por encima de los demás. “Tal como es el rey, así son sus súbditos,” dice un antiguo adagio. La gente siempre mira el ejemplo del gobernante y del Administrador y no simplemente sus preceptos y sus órdenes. La responsabilidad por las malas condiciones recae principalmente en ellos. La iniquidad y la injusticia solamente existen cuando el poder está detectado por la corrupción, la incompetencia y el abandono, y por aquellos que buscan aprovecharse y disfrutar a expensas de la sociedad.

Por lo tanto, los gobernantes que hacen las leyes deben ser más exigentes con ellos mismos que en aplicarlas a los pueblos. Tanto los gobernantes kshatriyas como los caballeros europeos de la antigüedad se sentían desgraciados si no lograban proteger al débil y mantener la justicia. Ellos tomaban a su cargo el más arduo esfuerzo en bien del pueblo. El poeta sánscrito Kàlidâsa expresó la ley aceptada por los gobernantes, específicamente diciendo que “las armas son para la protección de los que sufren y no para la opresión del inocente.”

Los soberanos y los administradores tienen que ser el padre y la madre para el pueblo y la prosperidad no debe juzgarse por la ganancia sino en términos de justicia.

Platón abogaba por un gobierno de reyes-filósofos porque la filosofía es necesaria para comprender los deberes y las relaciones. Ella proporciona sabiduría.

Él dijo: “No hay esperanza de que terminen los males para los Estados, y en mi opinión no la hay para la humanidad, más que a través de la unión personal entre el poder político y la filosofía.”

Como no resulta fácil acomodarse al modelo platónico, en la tradición india existía una alternativa en la que el gobernante y el administrador eran aconsejados por hombres sabios sin más autoridad que la autoridad moral. Al ser respetados por el pueblo, eran admitidos en los consejos de gobierno para incrementar la talla moral del mismo. En los procesos democráticos el poder recae sobre aquellos que no están necesariamente preparados para la responsabilidad que conlleva el poder. La irresponsabilidad por parte de hombres en el poder ha desencadenado guerras, y ha creado desastres nacionales e internacionales.

Por la misma razón, los recursos de la mayoría de los países están siendo utilizados para prepararse para la agresión en lugar de hacerlo para asegurar la prosperidad y la virtud. La mayoría de los gobernantes carecen de sabiduría para tener una amplia visión del bienestar humano. Sin embargo, las mentes de los actuales gobernantes deberían estar menos ocupadas que nunca en obsesiones tribales y consideraciones nacionalistas y etnocéntricas. En un mundo armado hasta los dientes, ningún gobernante puede permitirse el lujo de atacar a la gente de otros países sin exponer a su propia nación al más grave de los peligros.

La corrupción también se ha convertido en habitual en todo el mundo y el obtener provecho y placer se antepone al sentido de responsabilidad e interés por el pueblo. En todas las partes del mundo los que detentan el poder, tanto que sea a causa de su posición como de su riqueza, tienen poco que temer cuando quebrantan las leyes y las normas que son aplicables a todos los ciudadanos.

La gente adinerada comete a menudo actos criminales a gran escala y con impunidad, mientras que el hombre pobre es acusado de faltas de menor consecuencia.

Un gran número de gobernantes se sitúa por encima de la ley. Esto conlleva una rápida degeneración y un desprecio por las normas éticas entre la gente del mundo. Cuando prevalece un gobierno justo, “los hombres poco virtuosos se someten a los de mayor virtud.”

Cuando el gobierno es de personas que carecen de un elevado sentido de responsabilidad ocurre todo lo contrario. El consejo de la sensatez pide que los gobiernos se ajusten a un código estricto y noble de conducta que aporte a los habitantes de la tierra el bien y la paz.

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LA PROFANACIÓN DE LOS ELEMENTOS

Posted by cosmoxenus en 5 febrero 2009

 

Radha Burnier

Hasta la época industrial el hombre se mantuvo limitado a los cinco elementos —tierra, agua,fuego, aire y éter (âkâsha)— que la tradición decía que eran los componentes básicos del universo material. El universoera una fuente perpetua de prodigioy de misterio para la gente de la tierra antes de que la facultad razonadora reclamara el monopolio del conocimiento.

La razón ha sido prolífica con explicaciones que arrojaron una potente y luminosa luz sobre los fenómenos naturales. De manera que el misterio de la naturaleza ha dejado de transportar al hombre hasta el reino en que su mente se combina armónicamente con la naturaleza. Enamorada de sus propias ideas y de sus programas, la mente humana se ha exiliado a si misma de la inmensidad de la poesía y de la profundidad de la Naturaleza. Los elementos que parecían ser divinos en tiempos remotos, se han convertido en meras substancias químicas.

Los antiguos videntes de los Vedas, que compusieron una gran cantidad de himnos en honor de los cinco grandes elementos, los consideraban más que substancias naturales, porque ellos comprendían su cualidad primordial sustentadora de vida. La tradición oculta dice que los elementos físicos tienen su contrapartida en los mundos sutiles, en dirección a lo alto, hacia el mundo espiritual. Los dioses, como Varuna, Señor de las Aguas, y Agni, Señor del Fuego, eran personificaciones de la esencia espiritual de los elementos y del poder que ellos ejercen sobre la vida.

Admitiendo esto, en ocasiones importantes se realizaban ofrendas simbólicas a estos dioses como expresiones de la gratitud y de la adoración del hombre.

El agua, en cualquier forma —lluvia o nieve, río u océano— ha desempeñado un tremendo papel en la vida del hombre. Su cuerpo, así como el cuerpo de todas las demás criaturas, se compone principalmente de agua. El agua purifica y limpia; es necesaria para cocinar; lleva a cabo y realiza miles de funciones distintas en la tierra. Un erudito árabe muy distinguido, al comentar el primer sura clásico o himno del Corán, explica que la existencia del agua en la tierra es suficiente para demostrar que un poder inexplicable opera en todas partes. Pues, ¿qué haríamos nosotros y todas las demás criaturas sin el agua?

Un famoso mantra védico dice:

Oh, Agua, tú eres fuente de bendición. ..

Como amantísima madre nos haces compartir

La más bendita de las esencias que hay en ti.

Asimismo, se dice del Fuego:

Oh, Fuego, condúcenos a la plenitud

A través de buenos caminos.

Oh, Dios, conocedor de todos los senderos.

A ti, el Verdadero Uno, te hacemos esta oblación.

Para los seguidores de Zoroastro, el fuego era el más puro de los elementos, el inspirador de las buenas obras, de los buenos pensamientos y de las buenas palabras. Actitudes similares hacia los elementos pueden encontrarse también entre los pueblos. En China, la lluvia, el trueno, el rayo, etc. eran llamados dioses.

Numerosas leyendas sobre esto enseñaban a la gente corriente un sentido de respeto. La lluvia, por ejemplo, no era un hecho trivial para ser explicado simplemente en términos científicos; era la expresión y la acción de un gran espíritu o dragón fecundador. Tanto en la India como en China, las montañas eran consideradas moradas de dioses. La misma tierra es una deidad cuyo cuerpo físico no debe ser profanado y cuyos productos no deben ser desperdiciados. Los ríos eran sagrados y su belleza era descrita con elocuencia.

A todo esto puede encontrársele un paralelismo en Grecia y en las mitologías nórdicas y en otras. Thor, el rey de los dioses, con su potente rayo es la expresión nórdica de Indra, el Rey de los cielos indio, el cual maneja el arcoiris y choca con el trueno. Estos grandes dioses estaban asistidos por numerosos semidioses y por ayudantes invisibles, representando distintas funciones a cargo de los elementos.

El respeto por todo aquello que pertenece a la naturaleza alcanzaba espontáneamente a la gente que se maravillaba contemplándola. El indio americano amaba la tierra en la que vivía y no soñaba ni en poseerla ni en explotarla, aunque tomaba de ella según sus necesidades y a pequeña escala. Se ha sabido de casos de aborígenes australianos los cuales sintiéndose parte de la tierra y de sus elementos, instintivamente sabían donde podía encontrarse agua debajo de las arenas del desierto.

Por el contrario, la actitud moderna hacia los elementos de la naturaleza es una actitud profana. La idea de conquista y de utilidad ha reemplazado el profundo sentido de prodigio y de culto que existía en relación a la tierra, a las aguas, a las montañas y a los fenómenos naturales de toda clase. El resultado es que el hombre se está infligiendo un daño infinito a si mismo. En lugar de rendir culto a los ríos y utilizar sus aguas para purificarse, las contamina con desperdicios químicos, aguas residuales y elementos radiactivos. Nombres como Chernobyl, Bhopal y el Rhin, han adquirido un mero significado implicando desastres de diversas clases. Los esfuerzos para desviar el curso de los ríos, minar la tierra y hacer un uso avaricioso de los distintos elementos, han acarreado nuevos problemas y han causado serios peligros. La destrucción de los bosques es causa de una desastrosa carencia de alimentos.

Para el hombre moderno el enfoque de los antiguos y de la gente sencilla de la tierra puede parecer superstición. Los textos antiguos han advertido al hombre para que no corte jamás un árbol a menos que sea absolutamente necesario, e incluso entonces, que pida perdón al deva que cuida del árbol. El hombre moderno no cree en semejantes guardianes de los hijos de la naturaleza. Pero ya es tiempo de pensar de nuevo en estas cosas. Puede haber mucha más sabiduría mirando la naturaleza con admiración y respeto y rindiendo culto a sus elementos, que mirándola con ojos profanos que sólo ven objetos de explotación en todas partes. ¿Puede invertirse esta tendencia por medio de una nueva educación de los sentidos y de una clase distinta de sensitividad?

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