El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

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Los Otros Mesías

Posted by cosmoxenus en 2 octubre 2008

Artículo Original:  http://www.quintadimension.com/televicio/index.php?id=124

¿Nuestros íconos religiosos fueron fortuitos? ¿Que diferencia hay entre los falsos mesías y el Mesías? ¿Hay algo además de la fé humana que convalide a un Mesías? No lo sabemos, pero tenemos algunos precedentes…

por Pablo Martín Cerone

La idea de un mesías, un redentor nacido de mujer pero enviado por Dios, es común a diferentes culturas. Nosotros, que vivimos en una sociedad moldeada por la fe cristiana, tendemos a pensar inmediatamente en Jesús de Nazaret, pero también hay figuras mesiánicas en el zoroastrismo persa, el budismo, las religiones tradicionales de China, el Islam y hasta entre los pieles rojas y los descendientes de esclavos africanos en América.

Los orígenes: de Zoroastro a Jesús

La idea mesiánica nace en el zoroastrismo, el antiguo culto dualista de los persas, en algún momento de la primera mitad del último milenio anterior a nuestra era. Para los persas, había dos principios opuestos en el mundo, el Bien (identificado con la Luz) y el Mal (la Oscuridad). En el fin del mundo, un enviado celeste, Saoshyans, hijo milagroso de Zoroastro, liderará a los Hijos de la Luz a la victoria sobre los Hijos de las Sombras, en el marco de una resurrección general de los muertos. Por primera vez, la idea de victoria sobre la muerte aparece asociada a un Fin de los Tiempos apocalíptico.

La palabra mesías proviene del hebreo, y significa "ungido", o sea elegido (su versión griega es christos). El concepto, bajo la influencia persa, comienza a tomar forma en el siglo VI A.C., en la época del cautiverio babilónico. La esperanza mesiánica nace de lo más hondo de la desesperación del pueblo judío (como puede notarse al leer el Libro de Isaías). El mesías, un rey descendiente de David, nacido en Belén, será enviado por Jehová para restaurar el reino perdido de Israel y servir de guía a toda la humanidad.

No todos los judíos interpretaban su aparición de la misma manera. A diferencia del pacífico mesianismo del Libro de Isaías, los esenios, integrantes de una secta que había sido influida por el zoroastrismo y que existió entre los siglos II A.C. y I D.C., creían que un Hijo de la Luz libraría a Israel del yugo del opresor de turno (los romanos) en una guerra sangrienta en la que morirían todos los gentiles, así como los judíos que no obedecieran los mandatos de Jehová tal como los expresaba la secta.

El Libro de Zacarías, redactado en una época más cercana a la de Jesús, ya habla de un profeta que se queda solo, y que por orden divina se ve obligado a ser un pastor indigno y sumergirse en la ignominia, haciéndose cargo de los pecados de todos por puro amor de Dios. Su fracaso y sacrificio prepara el camino al arrepentimiento general, en un terrible marco de ruina para Israel. Los primeros Padres de la Iglesia cristiana tomaron sus palabras como un anticipo del destino del pueblo judío tras rechazar a Jesucristo (las catastróficas guerras contra los romanos de los siglos I y II de nuestra era)).

La idea cristiana del mesías se aparta radicalmente del concepto judío: más que un rey que restablecería la (más añorada que real) gloria del reino de David, el mesías es un salvador que viene a dar a los creyentes la vida eterna (ver aquel célebre versículo del Evangelio de Juan, el 3:16 de los carteles en los eventos deportivos).

La idea mesiánica cristiana refleja un patrón psicológico universal: la creencia de que la trascendencia es inaccesible al ser humano por sí solo, y que es un don concedido por una fuerza sobrenatural. A riesgo de alejarse del tema central de este artículo, cabe señalar que diferentes cultos de Medio Oriente se conformaron alrededor de la creencia en un salvador que muere y resucita (tal vez por inspiración de los ciclos agrícolas anuales) y que, por medio de ciertas ceremonias, participa de su inmortalidad a los iniciados en sus misterios. Por ejemplo, los mitos de Osiris en Egipto, Atis en Asia Menor, Adonis en Fenicia o Mitra en Persia

El cristianismo nació en un ámbito (el Mediterráneo oriental en el siglo I de nuestra era) donde abundaban los cultos que creían en un salvador que se levantaba de la muerte. Tenía grandes ventajas sobre ellos: giraba alrededor de un hombre que tenía una existencia histórica (con lo que distaba de aparecer como la elucubración de un grupo de místicos) y se proclamaba el cumplimiento de una profecía que era conocida desde hacía siglos. El cristianismo terminó por relegar al olvido a la mayoría de los otros cultos salvacionistas, en algunos casos absorbiendo casi sin notarlo algunas de sus ideas.

La expectativa del Segundo Advenimiento de Jesús es más cercana al concepto judío de un mesías, ya que su aparición señala el Fin del Mundo.

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