El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

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Conócete a Ti Mismo

Posted by cosmoxenus en 20 julio 2008

(UNA BREVE INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA PERENNE)

Luis Alberto Vence

El hombre de Dios está más allá de la infidelidad y de la religión. He mirado en mi propio corazón, aquí es donde lo he visto. No estaba en ninguna otra parte. No soy cristiano, ni judío, ni zoroastriano, ni musulmán; No soy ni de oriente ni de occidente, ni de la tierra ni de la mar..He dejado las dualidades a un lado; he visto que los dos mundos no hacen sino uno. Uno solo busco, uno solo conozco, uno solo veo, a uno solo llamo. (Rumi)

“Conócete a ti mismo”, tal el mandato socrático, que encuentra sus fuentes primordiales en las inscripciones de las entradas a los templos de la Sabiduría antigua.

Para los observadores profanos ocasionales, dicha frase no encierra gran significado, aunque a la vez su contenido puede parecer obvio. Todo el mundo cree conocerse, especialmente los seres humanos más dormidos a la Verdadera Esencia.¹ Tal es la trampa del mundo de la ilusión y también la forma en que la llamada Tradición Primordial ha sabido conservar sus secretos, ya que ni siquiera se necesita guardar oculto aquello que la inmensa mayoría del mundo no comprende. “Puedes gritar tranquilo la Verdad a los cuatro vientos, que los sordos seguirán sin escuchar”, solía decir un maestro.

Aun muchos que creen haber hallado un “camino espiritual” sólo se encuentran ante vistosos pasadizos que los llevarán – algunos pronto y a otros luego de un largo tiempo de peregrinar- a la misma reseca vida que antes vivían, reemplazando antiguos condicionamientos por nuevas recetas, métodos y rituales. El Verdadero Camino comienza con la frase del título, la que indica un rumbo hacia el interior a través de la auto-observación, del auto-aprendizaje.

La frase completa nos dice ”Conócete a ti mismo, así conocerás el universo y sus dioses”. El hombre es un microcosmos y en él se encuentran los arquetipos con los que funciona todo el universo. Las leyes que actúan en el hombre también lo hacen en la humanidad conjunta, en un sistema planetario y en los múltiples sistemas biológicos. En el hombre está Dios, Si se conoce al hombre, se conoce el cosmos. O, siguiendo la frase hermética, “como es arriba es abajo, para hacer el milagro de la cosa única”.²

Maya (en sánscrito, ilusión), la diosa hindú hacedora de las formas, nos invita a descorrer sus múltiples velos para acceder a la conciencia del Absoluto. La maya es la gran ilusión cósmica, la ignorancia natural que nos hace tomar lo irreal como real, el mundo de las apariencias y la separación como única realidad, cegados así a la Unidad subyacente e inmanente; pero esa ilusión existe como una especie de invitación o estímulo para que busquemos la Gran Conciencia de Unidad. O sea que no es evitando o repudiando, sino comprendiendo el “mundo de la ilusión” que podremos conocer el misterio de la vida, desentrañando así el arte con el que el Gran Arquitecto diseño el universo manifestado.

Y para aquel que busca un Camino, existen desvíos obvios y sutiles. Desde la seducción de la vida material y sus búsquedas exteriores, pasando por los contenidos dogmáticos y exteriores de las religiones, hasta algunas coloridas y sonoras enseñanzas metafísicas o psíquicas que sólo hacen más fuerte aquello que hay que destruir para acceder a la Verdad: las múltiples máscaras de la personalidad.³

Efectivamente, “persona” era la máscara que utilizaban los actores para hablar (per sonare) en la tragedia. Una frase jurídica latina también reza: “homo plures personas sustinet”: “el hombre sostiene o desempeña muchas máscaras o papeles.

Por ejemplo, la invocación con plegarias, la utilización de mantras o la proyección mental de amor y luz sólo son efectivas en el hombre verdadero, aquel que primero desocultó su ser de las toneladas de lastre acumulado en torno a Él. En el hombre dormido, todo aquello produce síntomas de alivio, en el corto plazo pero, si no emprende el camino del auto-conocimiento, vagará en un círculo interminable de dolor y placer. Pensemos en la clase de “amor” que puede proyectar el hombre dormido, a merced de su “yo de turno”.

Es decir que si acumulamos dogmatismos, rituales y nuevas creencias sobre la capa de condicionamientos que de por sí llevamos por nuestra vida “normal” en sociedad, no haremos más que perpetuar aquello que nos causa dolor y conflicto y que nos aleja de la Luz esencial que ya reside dentro de nosotros mismos. Por el contrario, el Camino consiste primero en la propia purificación, produciéndose así la liberación de condicionamientos necesarios para que podamos ser expresión de Aquello que Es.

El Ser, la Esencia, el Dios interior, no se oculta detrás de un único yo inflamado por la vida social, sino debajo de una inmensa cantidad de egos que salen a relucir y actuar según las circunstancias de la vida. Y lo que hoy promete uno de los yoes…mañana no lo cumple otro.

El ser humano que aún no ha emprendido el camino no está realmente presente. Y por lo tanto, nunca es su ser Verdadero el que decide, sino sus múltiples yoes, según los automatismos que la memoria ha retenido del pasado, estimulados por las circunstancias del presente. Es decir que, cuando el ser está en ausencia, “otros amos ocupan la morada”.

Por ejemplo, el Ser no se perturba por el estado del clima o del tránsito vehicular, es siempre el mismo y está allí, debajo del “yo feliz por el día soleado” o del “yo harto de los atascamientos de tránsito”. No se trata aquí de negar o reprimir nuestros naturales sentimientos y emociones, sino de rescatar la real Voluntad, dejando de ser así prisionero de ciegos automatismos orgánicos.

Con sólo observarnos durante unos instantes –como si observáramos a otra persona-, comprobaremos que las emociones, los pensamientos, las mismas reacciones motoras del cuerpo físico funcionan casi siempre sin nuestro consentimiento. (Si no es así, entonces…¿por qué la tensión muscular en tu rostro, tus brazos, tus hombros, tu cintura y tus piernas mientras lees estas líneas? ¿Has observado que tus piernas o tus manos suelen moverse sin que se accionen tu voluntad consciente, como con vida propia y autónoma? ).

Luego de nacer, un sinnúmero de “sistemas de programación”, se encargaran de aprovechar el fértil campo de la psique humana para sembrar de reacciones – como líneas de un programa informático – la fértil mente, dejando a la Esencia sofocada, debajo del círculo de egos que crece en forma concéntrica, con nuevos y sofisticados anillos, anulando la visión del Punto Esencial.

Sin embargo, no es cierto –como podría suponerse- que los niños recién nacidos sean “iluminados” que luego pierden dicho estado. Si bien en dicha etapa de la vida no existe ( aún ) graves condicionamientos culturales, también es cierto que tampoco está presente la posibilidad de manifestar, no sólo por las casi inexistentes capacidades motoras y mentales sino también por la falta de consciencia de la propia existencia; más allá del hecho de que en potencia todos somos Budas.

Es por eso que a frases de algunos maestros de la Tradición, como por ejemplo: “Sean como niños” o “Bienaventurados los pobres de espíritu” debemos comprenderlas como la llave de este conocimiento. En ambos casos son referencias que ilustran la falta total de condicionamientos, la libertad y frescura de un espíritu carente de imágenes preconcebidas sobre “lo que ocurre”. No debemos confundirnos creyendo que se nos está diciendo que tenemos que “volver” al estado indiferenciado de ser –literalmente- niños, estado éste muy distinto por cierto a la conciencia de Unidad que se alcanza luego de recorrer el camino de las dualidades mundanas, extrayendo de allí –como sendero- el gran aprendizaje que implica la vida.

El punto central y esencial del Ser es siempre el mismo y espera quieto, inmutable, mientras que el círculo de yoes crece en peso y circunferencia (víctima del “espacio-tiempo”). El Camino implica un trabajo de destrucción del círculo y de identificación con el Punto Esencial. Es decir y siempre, una senda interior de regreso y recordación.

¿De dónde provenían nuestros deseos, sueños y vocaciones, cuando éramos niños? Tal vez los últimos gritos del Ser antes de desaparecer sofocado por el peso del mundo. ¿podemos hacer que reaparezca? En realidad, el Ser siempre está presente. Tan sólo se trata de desocultarlo, de traerlo de nuevo a la conciencia.

Pero primero se debe comenzar por reconocer la situación. Para quien no ha iniciado el Camino, el mejor síntoma de estar dormido es la creencia de actuar en presencia y libre albedrío, pero en el hombre corriente no existe el verdadero albedrío, ya que siempre actúa movido por los automatismos mentales, emocionales y motores adquiridos, y no de acuerdo con la suprema dirección del Yo Esencial, que mejor podemos nombrar como Ser (el estado en que sólo se Es, sin condicionamientos de ningún nivel o pelaje). El primer paso es reconocer que se está dormido, que es falaz el concepto del hombre como ser plenamente consciente y que la real Conciencia sólo puede adquirirse luego de un duro trabajo sobre sí mismo.

Para ello, la Filosofía Perenne (por medio de sus vías de expresión) provee de simples prácticas para reunir las primeras y propias evidencias del estado durmiente, tal el carácter vivencial de la Tradición Primordial. Ésta es a nuestro juicio una de las características más relevantes y obvias del conocimiento atemporal: no se basa en teorías o dogmas en los cuales se debe creer, sino en experimentaciones y realizaciones de primera mano del propio estudiante del Camino.

Un maestro de la Tradición expresaba en pocas palabras toda la esencia de la Enseñanza a su discípulos: “Nada podrán lograr realmente sí no quitan sus máscaras y dejan que el Rostro Primordial actúe. En el Camino, primero deberán conocer quién está detrás de la máscara de la personalidad y luego deberán permitir que la esencia se exprese, que se manifieste su Pura Divinidad”.

La Filosofía Perenne siempre se ha basado en lo vivencial. La mal Llamada “filosofía” de los modernos sólo explota la superficie de lo racional, entreteniéndose la mayor parte del tiempo con problemas creados por la misma artificiosidad de la mente que pretende comprenderlos, en un círculo vicioso de irrealidad. En cambio, la Sabiduría Perenne apunta al real intelecto, haciendo que el Caminante experimente en sí mismo la transformación. De allí la dificultad para trasmitir la Iluminación. Obviamente, lo Inexpresado no puede expresarse, debe vivirse y realizarse en uno mismo.

Y esta Sabiduría perenne es la Fuente Primordial y común de todas las religiones exteriores, aunque muchas veces oculta- en algunos casos más que en otros –debajo de una compleja red de dogmatismos e interpretaciones personales de sus integrantes, una suma de opiniones circunstanciales t relacionadas con un determinado espacio y tiempo. La Filosofía o Religión Perenne, en cambio, es absolutamente atemporal y, obviamente, no tiene espacio, más allá de que se manifieste en múltiples formas, vías o tradiciones particulares, haciendo gala de la exquisita fragancia de la diversidad implícita en la Unidad. 4

El auto-conocimiento proviene de la auto-observación. Debemos atrapar al ladrón in fraganti, mientras comete el hurto, acostumbrado a que el dueño de casa esté ausente. Si así lo hacemos, si observamos cada reacción de nuestra “máquina orgánica programada”, podemos luego meditar profundamente sobre el origen de dichos automatismos, poniendo en evidencia que fueron forjados en el pasado, aprovechando la ausencia del ser. Y el desafío, será entonces actuar de una manera activa, presente, desviándonos del impulso emocional o mental preadquirido, desechando los miedos y preocupaciones provenientes de actuaciones pasadas e infundadas o improbables para el presente. No se trata de reprimir, sino de observar y disolver con el peso de la atenta mirada toda la ilusión de nuestros “rollos psicológicos” y de nuestros condicionamientos. Viendo así las cosas como son, y no como la artificiosidad de nuestros filtros interpretativos nos las hacen ver, es decir, ver las cosas en el Presente. 5

También podríamos abordar el tema de la “ilusión mundial” desde el punto de vista de la realidad sensorial. ¿Es la realidad que percibimos con nuestros cinco sentidos la realidad, o sólo se trata de una serie de estímulos a los que el cerebro busca dar coherencia? Pensemos, por ejemplo, en la diferente realidad experimentada por otras especies según el grado de desarrollo de sus sentidos, o imaginemos, como ejercicio, cómo sería la “realidad física” si nuestra visión sólo captara rayos x (una planta, por ejemplo, aparecería ante nuestra percepción como una serie de filamentos líquidos colgados de la nada). Es decir que “Maya” como concepto, puede ser estudiado y hasta cierto punto fácilmente comprobado utilizando diferentes enfoques. Como vimos aquí (y sin excluir otros aspectos): la “ilusión” de la conformación de la materia, la “ilusión” de la percepción sensorial y la “ilusión” derivada de condicionamientos psicológicos (aspecto éste último agravado en el contexto de la sociedad moderna). Sin embargo, un análisis profundo nos llevará, indefectiblemente, a la interconexión de todos estos aspectos. También se comprobará la relación directa entre el estado de ilusión y el enfoque de la consciencia ( en lo exterior o en lo interior), es decir que, cuanto mayor es la atención en lo material (lo externo), mayor es al ilusión y, viceversa, cuanto más aprende el hombre a indagar en su interior, mayor es la lucidez y la liberación de la hipnosis en la que normalmente está inmerso.

¿Podemos ver las cosas con mirada menos nueva e incondicionada y no como recreaciones de significados almacenados en los inventarios de nuestra memoria? Es decir, ¿podemos hacernos presentes en el Presente en lugar de recrear las viejas memorias del pasado (y que los automatismos actúen por nosotros), estando así en ausencia?

El desarrollo de dicha fresca mirada (incondicionada), y de la Real Presencia que con ella comienza a edificarse, es ele primer paso imprescindible del Camino de acceso a la Conciencia de Ser, para luego servir como medio de manifestación de su Divinidad en este plano “espacio-temporal”, y no sólo vivir comandado por los automatismos de la “máquina biológica”. 6

Por ejemplo, ¿observamos a nuestro prójimo de acuerdo con una atención objetiva o…sólo lo juzgamos de acuerdo con la intensión que adivinamos en él en base a ciertos “modelos de pensamiento” que trae al presente alguno de los tantos yoes que nos caracterizan, desde un pasado que poco o nada tiene que ver con el ahora? ¿Podemos conocer a nuestro prójimo si ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos, si casi siempre reaccionamos en “piloto automático”, en ausencia? (para peor, creyéndonos en total dominio de nosotros mismos y en completo ejercicio de nuestro libre albedrío)

¿Podemos ver una puesta de sol como nueva, sin recordar puestas pasadas en las que nos enamoramos o nos sentíamos tristes, reverberando así son toda una serie de sensaciones derivadas –ni más ni menos- de reacciones químicas provocadas por los automatismos de nuestro condicionado cerebro?

Como vemos en esta simplista aproximación a la Verdadera Filosofía, el Conocimiento no se adquiere leyendo libros o escuchando a un maestro. Sólo se adquiere –primero- reuniendo las propias evidencias del estado de sueño profundo e hipnótico en que nos encontramos habitualmente y –luego, desocultando el Ser- accediendo a la Luz que reside en nosotros mismos.

La Filosofía Perenne se exterioriza muchas veces en prácticas, ejercicios u oficios de tipo manual (provistos por las diferentes vías o tradiciones particulares). Si pensamos en Oriente, podemos evocar el tiro con arco zen, el arte de la jardinería o la ceremonia para tomar el té. En Occidente, algunas vías utilizan la arquitectura o, por ejemplo, para la iniciación femenina, el arte del bordado. El practicante, mediante el desarrollo de una actividad manual o mental, depura su práctica a la vez que su espíritu.

Cuando destruimos –por atenta observación- los yoes que atacan desde aquí y desde allá, comenzamos a tener vislumbres del Yo Esencial, del Ser. Es decir, el Ser ocupa nuestra conciencia. Es, en definitiva, todo un proceso de “recordación”, de des-identificación con los artificiosos egos creados por la cultura y la propia “maquina biológica” y de reidentificación con el Ser y su Conciencia del Absoluto. Y allí es donde comienza el Verdadero Camino, un camino de reencuentro.

La máquina humana pasa así de ser un fin en sí misma (actuando de acuerdo a sus inventarios de programaciones) a ser un medio de manifestación del Ser en este plano, a funcionar correctamente como una especie de “interfase” de experimentación y de manifestación del Absoluto.

En términos de la Tradición, es necesario –primero- hallar la piedra base que se encuentra enmascarada debajo de la roca en bruto, para luego utilizarla en la construcción de un templo de devoción al Absoluto.

Podemos evocar algunos momentos en los que sentimos algo superior que dirigía nuestras vidas, vislumbres de nuestra verdadera identidad, momentos en los que nos sentíamos en control total de la situación, instantes mínimos en los que no éramos uno de los tantos egos fabricados por el entorno, sino el Punto Central de nuestro ser. Generalmente, se trata de situaciones nuevas, para las cuales no se ha fabricado aún ningún yo automático. Actuamos entonces en Presencia Total, sintiendo –con todo el sentir- los brillantes y frascos filamentos del dios interno. Tal vez el nacimiento de un hijo, la contemplación de un rojo atardecer, un nuevo desafío, una grata sorpresa, el primer beso, una caricia, o una conversación memorable—en esos momentos el Ser “estuvo allí” (es decir, en nuestra consciencia). Sólo basta con sentir lo que sería de nuevo experimentar ese estado, pero ahora en forma permanente. 7

El problema con esta clase de experiencias es que constituyen por lo general accesos momentáneos al Ser, sin duración en la consciencia. La práctica del camino emanada de la Filosofía Atemporal (Perenne) persiguen –en cambio- que dicha consciencia del Ser se haga perenne.

Si se comprende este proceso, al menos en sus primeras implicaciones, rápidamente se advertirá el falso despertar que está aconteciendo en las mentes de muchas personas, las que han encontrado ciertas recetas “alternativas” para sentirse mejor, pero sólo en el nivel superficial de la personalidad que-tarde o temprano- mostrará nuevos síntomas de dolor, cada vez más profundos, en directa proporción en que se produzca el alejamiento del Punto Esencia. Cuanto más material condicionante…mayor dolor, tal el sentido oculto de toda sería profecía individual o conjunta.

Es decir que no se trata de reemplazar o cubrir una máscara con otra más confortable (pero que provee de efímero consuelo), sino de comprender el proceso de ocultamiento del Ser 8, regresando así a la Conciencia Virginal del Rostro Desnudo.

También, si se comprende el proceso, se verá claramente la prácticamente imposible tarea de hacer despertar a la humanidad en forma conjunta. También se advertirá cómo el progreso material y seudoespiritual coincide muchas veces (y en forma cíclica a lo largo de la historia) con una involución real hacia la tarea evolutiva es siempre un trabajo interior de cada ser humano que ha comprendido la necesidad de escapar de su lamentable “estado de hombre domesticado”. Por supuesto que por cada hombre despierto aumentan las esperanzas para el despertar de nuevos seres, aun cuando –por el momento- las matemáticas se muestren horrorosamente en nuestra contra.

El impresionante desafío hace más interesante el trabajo para aquellos realmente comprometidos en la búsqueda del Grial interior.

Conócete a ti mismo…y así conocerás el universo y sus dioses. Ese es…el Camino.

NOTAS:

¹ De ahí que Sócrates dijera “Yo sólo sé que no sé nada”, ilustrando así que el ser ha indagado en sí mismo no puede más que declararse totalmente ignorante de todo conocimiento verdadero pero, a su vez, abierto a un real aprendizaje (y no sólo a la acumulación de datos y conocimiento mundanos).

² Este tipo de fraseología se repite en muchos discursos de pretendida metafísica, pero lográndose casi siempre una mera comprensión intelectual de sus significado e implicaciones. En cambio, un “discípulo de la Verdad” (según la frase de Krishnamurti) reúne sus propias evidencias y luego las confirma a la luz de la literatura hermética. Hasta entonces (es decir, hasta no realizarlas en su propio ser), sólo pudo aproximarse mediante un entendimiento intelectual de superficie, para nada transformador y menos aún iluminador de la Verdadera Identidad.

³ La misma etimología de la palabra “persona” nos dice que se trata de algo añadido al ser humano; está significaba “máscara de actor” o “personaje teatral”.

4 La Nada conteniendo potencialmente el Todo, origen éste primordial de todo sentimiento real de tolerancia.

5 Abordemos aquí la ilusión del mundo en su nivel psicológico. Por ahora, no intentamos profundizar en otros “niveles” o “evidencias” de Maya, base con referir los hallazgos de la física cuántica en tal sentido, es decir, en relación a la no materialidad inmanente del mundo de las apariencias materiales. Tampoco es nuestra intención endiosar –como muchos místicos modernos han hecho- esta disciplina de la ciencia, ya que todo lo explorado por ésta ya ha sido dicho y observado por la Tradición desde hace miles de años. Sin embargo, es interesante abordar un aspecto metafísico de la Tradición mediante una disciplina de la ciencia moderna, al menos como introducción para los que se aproximen al Camino por la vía del “sumo escepticismo”, más allá de la fama dudosa que entre los científicos ortodoxos tiene la física cuántica desde su aparición más o menos pública.

6 “Máquina biológica” que ha sido representada en cuentos antiguos (“Infantiles”) como la “bella durmiente”, que despierta cuando el “beso del Camino” se hace presente.

7 Aunque ha sido bastardeada por los más absurdos y caprichosos significados, desgastándola, hay una palabra que tal vez sea la más adecuada para definir ese “estado indefinible” en el que el Ser está presente: me refiero a la palabra amor.

8 Tal el sentido del verdadero ocultismo.

“El Buscador y sus caminos”, Vol.13, Nº 6, Editorial Yug, México D.F. Junio 2002

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