El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Carl G. Jung y los llamados "Fenómenos ocultos"

Posted by cosmoxenus en 5 mayo 2008

Carl Gustav Jung, inició su carrera en la clínica de Burghölzli como psiquiatra el 10 de diciembre de 1900 hasta la primavera de 1909. Durante dicho período conoció las publicaciones freudianas. Después participó, entre otras actividades, de las Reuniones de los Miércoles. Tiempos de intercambio, producción y viajes – como el que realizaran a Estados Unidos en 1909 junto a Ferenczi mientras Freud dictaba sus cinco conferencias-. Freud adopta el término de “complejo” jungiano y Jung el concepto de “inconsciente” freudiano señalando diferencias conceptuales con el psicoanalista vienés y aportando además la noción de un “inconsciente colectivo”. Posteriormente las diferencias entre ambos se profundizan, y dichas disidencias producen la ruptura entre ambos.

Por Antonio Las Heras

Carl Gustav Jung (1875-1961) estuvo realmente interesado toda su vida en lo que por entonces se conocía con la denominación de “fenómenos ocultos”. Su interés por estos temas, como así también por la Parapsicología en general, estuvo ligado a sus propias experiencias en este campo y a la influencia que tuvo su familia materna en estas cuestiones.

Jung no sólo investigó este tipo de fenómenos, sino que también a él mismo le ocurrían, lo que explica mejor su gran interés por lo “oculto”.

Para comprender cómo influyó en esto su medio ambiente debemos remitirnos, en primer lugar, a algunos hechos acontecidos en el ámbito familiar de su madre, antecedentes que marcaron la vida de sus protagonistas y de quienes les sucedieron.

Tanto sus abuelos como su madre realizaban prácticas de lo que en aquellos días se entendía por “espiritistas”, en las que tenían lugar sucesos extrasensoriales, así como movimientos de objetos sin que fuerza conocida alguna pareciera guiarlos. Aniela Jaffe, última secretaria de Jung en su libro Personalidad y obra de C. G. Jung dice lo siguiente: “……la madre de nuestro personaje, Emilia Preiswerk de Jung (1849-1923), tenía cualidades «especiales» y demostraba gran interés por lo «sobrenatural», como lo atestigua el hecho de haber escrito un diario en el cual se refiere exclusivamente a fenómenos espectrales, presentimientos y otras «rarezas» experimentadas por ella”. Y respecto a Jung mismo escribe: “….. su propia vida estuvo caracterizada por un gran número de experiencias en las cuales los fenómenos espontáneos, acausales o – como se llama corrientemente – ocultos, ocupaban un lugar preponderante”.

En el libro del sabio suizo Recuerdos, sueños, pensamientos, Jaffe escribió un apéndice titulado “Algunos detalles sobre la familia de C.G. Jung”. Allí leemos: “La madre de Jung… era la hija menor del primer pastor de la iglesia evangélica de Basilea, un hombre culto y de talento poético, Samuel Preiswerk (1799-1871)… Todavía hoy se cuentan en Basilea anécdotas sobre él. En un estudio conservó Samuel Preiswerk una silla especial para el espíritu de Magdalena, con gran disgusto por parte de su segunda mujer, Augusta”.

Augusta fue la abuela materna de Jung. Poseía lo que los parapsicólogos denominan “clarividencia” (conocimiento de un hecho contemporáneo obtenido sin intervención de la percepción, ni la deducción o la intuición y sí mediante la producción extrasensorial). Este “don”, al parecer, lo obtuvo después de haber estado más de un día en catalepsia. La forma en que salió de este estado resulta igualmente extraña. A. Jaffe lo relata en el apéndice citado anteriormente, de esta forma: “… Augusta Preiswerk… A los 18 años enfermó gravemente al cuidar a un hermano afectado de escarlatina y permaneció treinta y seis horas muerta. Ya habían traído el ataúd cuando su madre, que no podía creer en su muerte, la volvió a la vida al ponerle una plancha sobre la nuca. «Gustele» (nombre familiar de Augusta), así se la llamaba, tenía la segunda vista, lo que su familia relacionaba con el suceso de su aparente muerte. Murió a los 57 años”.

Estos datos ilustran el marco en el que nació y se crió Carl G. Jung, ámbito en el que los “hechos ocultos” eran considerados “normales” y desprovistos de significación demoníaca o funesta. A esto hay que agregar que tanto su padre como sus tíos eran pastores, por lo que se vio inmerso en un ambiente profundamente místico, favorecedor de la producción de este tipo de fenómenos.

Jung mismo relata, en la obra mencionada anteriormente, que hubo dos cosas importantes que tuvieron lugar en su vida, que lo acercaron definitivamente al estudio y la investigación de lo paranormal: un suceso psikinético (acción de la potencialidad parapsicológica sobre el mundo exterior sin intervención de la fuerza muscular) que influyó en él poderosamente; y el hecho de que su madre atribuía una significación trascendente a sucesos de esta índole, a la vez que los consideraba naturales y en modo alguno originados por fuerzas maléficas. Y describe así los sucesos acaecidos en 1898: “Durante las vacaciones de verano sucede algo que debió influir en mí poderosamente. Un día estaba en mi gabinete de estudio y repasaba mis libros de texto. En la habitación contigua, cuya puerta estaba entreabierta, estaba mi madre… Era nuestro comedor en el cual se veía la mesa redonda de madera de nogal. Procedía del ajuar de mi abuela paterna y entonces tenía ya setenta años. Mi madre estaba sentada frente a la ventana, aproximadamente a un metro de distancia de la mesa. Mi hermana estaba en la escuela y la criada en la cocina. De pronto se oyó una detonación como un pistoletazo. Me levanté de un salto y corrí al cuarto contiguo de donde había oído yo la explosión. Vi a mi madre sobresaltada en un sillón, su labor había caído de las manos. Dijo tartamudeando: «¿Qué, qué ha sucedido?». «Fue justo a mi lado» y miraba sobre la mesa. Vimos lo que había sucedido: el tablero de la mesa se había roto por la mitad y no por el sitio encolado, sino en la madera encerada, quedé atónito. ¿Cómo podía pasar tal cosa? ¿Una madera naturalmente encerada, pero seca ya desde hacía setenta años, que se abre en un día de verano con una elevada humedad habitual para nosotros? Hubiera resultado explicable en un día de invierno frío y seco junto a una estufa encendida. ¿Qué diablos pudo ser la razón de tal explosión? Realmente existen casualidades extrañas, pensé. Mi madre movió la cabeza y dijo… «Sí, sí, esto significa algo». Yo me sentí contrariado y disgustado por no poder responder nada”.

Dos semanas después de este hecho, ocurrió otro similar estando Carl ausente de su hogar. Se oyó una explosión y recién cuando el joven Jung llegó logró determinar, luego de un minucioso control sobre cada objeto que se hallaba en la casa, que un cuchillo de cocina en perfecto estado, que había sido utilizado un par de horas antes para cortar pan, yacía partido en tres partes y desprendido del mango. La causa del destrozo era imposible de determinar. Lo mismo opinaron los “mejores afiladores de la ciudad” a los que Carl Jung consultó. La suposición halló unanimidad: para romper la hoja en esa forma alguien debía de haber actuado premeditadamente haciendo palanca contra algún elemento bien resistente. Por supuesto nada de eso había ocurrido.

Muchos años después, siendo Jung anciano, solía mostrar a sus invitados, en su casa en Kusnacht, el viejo cuchillo que alguna vez fuera objeto del fenómeno parapsicológico que tanto poder ejerció sobre él en su juventud. Jung recordaba a su visitante la anécdota y daba una explicación de carácter parapsicológico sobre lo sucedido. Hasta el último día de su vida, aquellos trozos de metal estuvieron con él. Tanto lo había conmovido aquél acontecimiento.

En esa forma transcurrió la vida de C. G. Jung, rodeado de un medio sociocultural que propició la activación de su potencial parapsicológico, que después nunca decayó gracias a su propio interés, tipo de estudios, forma de vida y personas que le rodearon.
En el año 1900 Jung presentó su tesis doctoral con el título “Sobre la psicopatología de los fenómenos ocultos”, basada en los cambios de conducta operados en una pariente suya practicante de sesiones espiritistas. A partir de ese momento no dejó de investigar sobre estos temas, lo que le trajo consecuencias favorables (como expresamos anteriormente) y otras que no lo fueron, como su distanciamiento definitivo de Freud, quien había intentado disuadirlo para que abandonara esas cuestiones. Aunque no fue el único motivo de la ruptura (recordemos que Freud había nombrado a Jung como su sucesor antes de que surgieran importantes diferencias conceptuales entre ambos), el interés de Jung por lo parapsicológico tuvo mucha influencia en esa separación. Jung relata la siguiente anécdota en Recuerdos, sueños, pensamientos: “Me interesaba oír las opiniones de Freud sobre precognición y sobre parapsicología en general….Cuando lo visité en 1909 en Viena, le pregunté qué pensaba acerca de ello. De acuerdo con su prejuicio materialista, rechazó radicalmente la cuestión como algo absurdo, basándose en un positivismo tan superficial, que me fue difícil no responderle con acritud. Transcurrieron todavía algunos años hasta que Freud reconoció la importancia de la Parapsicología y la autenticidad de los fenómenos «ocultos».

Mientras Freud exponía sus argumentos, yo sentí una extraordinaria sensación. Me pareció como si mi diafragma fuera de hierro y se pusiera incandescente – una cavidad diafragmática incandescente-. Y en este instante sonó un crujido tal en la biblioteca, que se hallaba inmediatamente junto a nosotros, que los dos nos asustamos. Creíamos que el armario caía sobre nosotros. Tan fuerte fue el crujido. Le dije a Freud: Esto ha sido un fenómeno de exteriorización de los denominados catalíticos.

Bah – dijo él -, ¡esto sí que es absurdo!

-¡Pues no!, le respondí, se equivoca usted, señor profesor.

Y para probar que llevo razón, le predigo ahora que va a volver inmediatamente a oírse otro crujido. Y, efectivamente, apenas había pronunciado estas palabras, se oyó ¡el mismo crujido en la biblioteca!.

No sé aún hoy por qué tenía tal certeza. Pero sabía con toda exactitud que el crujido iba a repetirse. Freud me miró horrorizado. No sé qué pensaba o qué miraba. En todo caso este hecho despertó su desconfianza hacia mí y yo tuve la sensación de haberle hecho algo. Nunca más volví a hablarle de esto.”

En la correspondencia posterior que mantuvieron, Freud y Jung, analizaron este acontecimiento, que no pudo ser explicado por las racionalizaciones freudianas. Es de suponer, entonces, que se trató de un fenómeno parapsicológico, del tipo psikinético, repetido por dos veces en breve lapso y originado en la persona de Jung quien de esta manera, más o menos inconsciente, manifestó su enojo por la postura de Freud ante el tema.

En La Interpretación de la Naturaleza y la Psique, Jung relata otros episodios similares que ocurrieron en su vínculo con sus pacientes. Es decir, que toda su vida estuvo signada por estos fenómenos, incluyendo el momento de su muerte.

Es conocida la afición de Jung por la escultura. Practicaba este arte a la sombra de su árbol predilecto, que él mismo había plantado. El 6 de junio de 1961, cuando Jung moría, un rayo surgido de una fuerte tormenta eléctrica abatió a este árbol. No se puede certificar que esto ocurriera en el mismo instante en que Jung expiró. Tal vez se produjo unos momentos antes o después. Lo significativo es que ambos acontecimientos fueron contemporáneos, estuvieron enlazados por una misma temporalidad, a lo sumo separados por un lapso breve. Nunca antes ni después sucedió algo semejante en los jardines de la casa de Jung, entonces: ¿qué probabilidades hay de que por azar, por mero producto de la casualidad un árbol predilecto de quien lo crió sea destruido por un rayo en el mismo – o muy cercano- momento en qué tiene lugar la muerte de su protector? El análisis lo podrán hacer los profesionales de la estadística, pero sé que la probabilidad es bajísima. Tanto se puede descartar el azar y entender que esta aparente coincidencia esconde un significado, tal como lo sostenía la madre de Jung. A nuestro juicio, se trató de otro de los fenómenos psikinéticos que produjo Jung durante su vida.

Para descifrar el mensaje que existiría en aquella célebre “coincidencia” recordemos que Jung expresó, alguna vez, que soñar con un árbol que cae puede ser interpretado como un “signo” de la muerte. En este caso, el “signo” se expresó en un hecho tangible.

Además, debemos tener en cuenta el contexto en el que el sabio suizo vivió y produjo su obra para terminar de entender este hecho. Y por ello debemos recordar que cuando Jung era interrogado sobre la finalización del proceso de individuación – meta anhelada de su método psicoterapéutico – sostenía que sólo habría de completarse después de producida la muerte. Basándonos en esto, el suceso del árbol adquiere un profundo sentido simbólico.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: