El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 20/11/07

¿Encontraron los templarios el arca de la alianza?

Posted by cosmoxenus en 20 noviembre 2007

Tomado de la Revista “Hiram Abif” Nº 87

Tras las huellas del Arca

La mayoría de los autores coincide al afirmar que los nueve fundadores, -el nueve como veremos más adelante es un número que preside los orígenes del Temple-, realizaron excavaciones en el subsuelo de la mezquita de Al-aqsa, en lo que habrían sido las cuadras reales. ¿Qué podían buscar allí los caballeros? Es lícito pensar que algo realmente importante, pues como hemos visto,el no permitir la admisión de nuevos ingresos en la recién creada Orden, parece significar que se trabajaba en secreto, y que este debía ser guardado de las miradas ajenas. ¿Existe algún indicio de lo que podría haber motivado semejante búsqueda?

Para responder a este cuestión debemos remontarnos a los Historia clásica.

La Biblia no es solo un libro de religión. Es también un maravilloso libro de historia. Y la existencia del Arca de la Alianza bajo el Templo de Salomón, se desprende de la historia misma. Bajo la guía de Moisés, el Arca viajó con los hebreos desde el desierto del Sinaí a Horma.

Muerto Moisés, bajo la dirección de Josué, pasó el Jordán y entro en Palestina. En tiempos de Samuel el arca fue capturada por los filisteos y llevada a Ashod, a Gath y después a Ekron. Espantados los filisteos por los poderes del Arca, que provoca muertes y enfermedades, es devuelta a los israelitas, quienes la guardan en Kirjath-Jearim, de donde David la hizo llevar finalmente a Jerusalén. Salomón había de hacerla colocar en el sancta sanctórum del Templo que mandó construir: “Entonces dijo Salomón: Yavé, has dicho que habitarías en la oscuridad.

Yo he edificado una casa para que sea tu morada, en lugar de tu habitación para siempre” (Libro de los Reyes: I, 8-12, 13). Después de esto, ninguna mención en los libros históricos, solamente leyendas.

La tradición hace referencia a la multitud de objetos sagrados que se guardaban en el recinto del Templo. Aparte de la mencionada Arca de la Alianza, este debió contener entre otros muchos tesoros y objetos valiosísimos el Candelabro de Siete Brazos, llamado por los judíos menorah, y la Mesa o Espejo de Salomón. De la propia estructura del templo formaban parte dos columnas denominadas Jakim y Boaz, que según dicen algunas fuentes, contendrían grabada en sus paredes información de capital importancia. Pero mucho antes de que llegaran los Templarios el Templo ya había sido saqueado en varias ocasiones.

De la época del expolio de los persas, con Nabucodonosor II, no se conserva ningún documento que haga referencia al tesoro. Tampoco sabemos si este fue restituido por parte de Ciro II o si permaneció escondido en Jerusalén todo ese tiempo. No se vuelve a tener ninguna noticia hasta que Tito y sus legiones romanas arrasan la ciudad en el año 70 d.c., pero y aunque tampoco sabemos a ciencia cierta cual fue el botín que logró en su saqueo, se menciona el traslado de la menorah y de la Mesa de Salomón.

Sin embargo, existen indicios que nos hacen pensar que el elemento más importante del tesoro del Templo, el Arca de la Alianza , fue escondido por los hebreos en un refugio previsto en caso de extrema necesidad.

El sabio árabe Maimónides cita la existencia de una cueva secreta bajo el primer Templo. Esta gruta, muy profunda, habría sido construida por mandato del propio Salomón, quién pronosticando una futura destrucción del Templo, decidió proveer de un escondite seguro para el Arca. Existe otra prueba más de ese enterramiento. Los alimentos de las ofrendas entraban en contacto con los rollos sagrados de la Torá, por lo que los sacerdotes no admitían que aquellos fueran arrojados a la basura. Se creó, entonces, un cementerio de objetos sagrados llamado guenizá, y una vieja tradición afirma que “cuando el Arca fue enterrada, se llevó a la guenizá el recipiente que contenía el maná, porque había tenido contacto con las Tablas de la Ley”.

“Habitarías en la oscuridad” había dicho Salomón. Esta frase es significativa.

Podemos por tanto deducir que el rey hebreo se refería a un lugar oculto, a salvo de las miradas y los actos de los hombres. Aunque no hubiera sido el propio Salomón, es seguro que en una Jerusalén asediada, el Arca de la Alianza seria el primer objeto en ser ocultado a los posibles vencedores. Cuando más de mil años después 9 caballeros realizaron excavaciones secretas en los sótanos del antiguo Templo, no podemos dejar de hacernos una pregunta: ¿buscaron los Templarios el Arca?

Teoría de una conspiración

Antes de intentar dar respuesta a esta cuestión, debemos plantearnos ¿que pudo motivar una búsqueda semejante en pleno siglo XII. Que pudo impulsar a nueve nobles cristianos a llevar acabo tan extrañas tareas en el seno de la Ciudad Santa?. Y las búsquedas apuntan directamente a Francia y a la figura de dos hombres: Hugo, conde de Champaña y San Bernardo de Claraval Tras varios viajes a Tierra Santa entre 1104 y 1115, Hugo de Champaña mantiene contactos con el Abad de la Orden del Cister, Esteban Harding, a quién le dona una tierra donde San Bernardo, quién había entrado en la orden tres años antes, funda la abadía de Claraval. A partir de este momento los cistercienses, con ayuda de rabinos judíos, comienzan a estudiar minuciosamente textos sagrados hebreos. ¿Habría encontrado el conde de Champaña documentos importantes en alguno de sus viajes? Tras ser traducidos e interpretados, cabe la posibilidad de que se organizara una misión de búsqueda en Jerusalén, para lo cual fuera necesario contar con un comando de hombres devotos y leales. ¿Es absurdo creer en la existencia de una misión altamente secreta en Tierra Santa? Veamos como van encajando las piezas de la conspiración.

Hugo de Payns, el primer maestre de la Orden del Temple, natural de la región de Troyes en La Champaña, pertenecía a una familia noble y emparentada con la del conde Hugo, y era primo de San Bernardo.

Este, que se erigió en el gran valedor de los Templarios en Francia, era a su vez sobrino de otro de los fundadores de la recién creada orden militar, Andrés de Montbard. Como vemos, la relación no es casual.

Se ha dicho que durante los nueve primeros los caballeros evitaron cuidadosamente que su pequeña tropa aumentara. Ya hemos manifestado anteriormente que esto carecía de toda lógica si su verdadero propósito fuera el de defender los caminos y los Santos Lug necesidad, pero los templarios rechazan cualquier compañía con la excepción de la del conde Hugo de Champaña, alrededor de 1125 o 1126. La trama empieza a tomar forma.

Se dice que Salomón fundó una “Logia de Perfección” integrada por maestros, y que nueve caballeros guardaban con sus espadas los nueve arcos que conducían a la Cripta Sagrada. 9 caballeros guardaban el Arca y otros 9 trataban de encontrarla. 9 elegidos que han sido designados para combatir a los infieles y sin embargo no se batirán. 9 hombres designados que se comportarán como monjes, castos y sin posesiones, nada debe distraerles ni desviarles de su tarea. La misión está por encima de todo.

¿Tan importante es el Arca?, y sobre todo… ¿qué es el Arca? Por el Libro del Éxodo sabemos que el arca es un cofre de madera de acacia, revestido de oro interior y exteriormente. Sus dimensiones eran 1,35 metros de largo por 0.80 de alto y ancho, con cuatro querubines cuyas alas se tocaban para formar el trono de Dios. Era tan sagrada que el sólo tocarla provocaba la muerte repentina.

Pero lo importante no es el Arca en sí, sino su contenido: un recipiente con el maná, la vara de Aarón y sobre todo, las Tablas de la Ley, grabadas en piedra. Las Tablas de la Ley es algo sumamente valioso pues es fuente de saber y de poder, y ambos proceden de Dios. Se trata de una “ley divina”. Inscritos en ellas estaban las tablas del Testimonio, la ecuación cósmica, la ley del número, medida y peso que la cábala permitiría descifrar. Poseer las Tablas del Ley significa tener posibilidad de acceso al conocimiento de la Ley que rige los mundos.

Se comprende que Moisés no engañaba al pueblo hebreo cuando le prometía dominio por las Tablas de la Ley. Se empieza a comprender por qué Esteban de Harding y Bernardo de Claraval se dedicaban en su abadía al estudio de los textos hebraicos traídos de Jerusalén por Hugo de Champaña. Porque los textos hebreos son el tratado de lectura de las piedras, pero estas si aún existen, se hallan en algún lugar bajo el Templo de Salomón, y alguien tiene que ir a buscarlas. Y aquí entran en acción los Templarios.

Una misión culminada con éxito ¿Encontraron los Templarios el Arca? No puede darse una respuesta sincera a esta cuestión. Sin embargo, algo ocurrió a los nueve años, otra vez el nueve, de iniciada la misión: Hugo de Payns y otros cinco Templarios regresan a Francia.

Según la historia oficial, en 1127 Balduino II, rey de Jerusalén, se halla en dificultades por falta de combatientes y recurre a la ayuda del Papa.

Desea enviar un mensaje de socorro y pide al maestre templario que sea él su embajador ante el pontífice. Aquí encontramos otra nueva incoherencia en las funciones de la Orden del Temple.

Hugo de Payns no era ni consejero ni mensajero del rey, sino que es el cabecilla de una tropa militar creada expresamente para la defensa del nuevo reino cristiano. Es cuando menos sospechoso que Balduino recurriera al caballero templario para semejante misión, en vez de encomendársela a uno de sus embajadores, o en ausencia de estos, a cualquier otro noble de confianza no asentado de forma permanente en Tierra Santa que después de cumplir su voto de cruzada retornase a su hogar, algo muy común en la época.

Pero el rey envía al maestre templario y este parte con seis de sus nueve caballeros, abandonando sus deberes en Ultramar. La lógica no funciona, algo sigue fallando en el planteamiento. A menos que… podemos pensar, a menos que Balduino II aprovechase un viaje expreso de los miembros del Temple para encomendarles la tarea. Un viaje que podemos suponer, debió realizarse acatando un plan establecido desde el otro lado, posiblemente por San Bernardo. Los caballeros habían tenido éxito en su misión y debían volver a occidente. Esta afirmación no se hace a la ligera. A partir de ese momento van a darse grandes cambios que van a afectar a la Orden del Temple y a toda Europa, pero el propio San Bernardo nos da una pista que apoya nuestras suposiciones. Lo primero que hizo fue gestionar a favor de su pariente Hugo de Payns y los Templarios que le acompañaban, una acogida positiva y cordial por parte del Papa Honorio II, a quien los fundadores del Temple estaban a punto de visitar en Roma. De acuerdo con la propuesta de Bernardo, en la primavera de 1228, se celebró un concilio extraordinario en Troyes. Los caballeros hasta ese momento, aunque acogidos a la regla monástica de San Agustín, eran laicos, pero tras el Concilio de Troyes los Templarios se convierten en verdaderos monjes, integrantes de una orden religiosa plena y no de una simple agrupación de caballeros.

Además, se encarga al Abad de Claraval que redacte para una Regla original para la nueva Orden del Temple, y San Bernardo escribe: “La obra se ha llevado a cabo con ayuda de Nós. Y los caballeros han sido convocados en la Marca de Francia y de borgoña, es decir, en Champaña, bajo la protección del conde de Champaña, allí donde pueden tomarse todo tipo de precauciones contra la injerencia de los poderes públicos o eclesiásticos; allí donde, en esta época, se puede asegurar del mejor modo posible un secreto, una custodia, un escondite”.

L a obra se ha llevado a cabo. Los caballeros han sido convocados. Un secreto. Un secreto que hemos realizado “Nós”, es decir, él y sus caballeros, “bajo la protección del conde de Champaña”.

Como ya se dejó entrever, tres años antes, Hugo de Champaña, uno de los más grandes señores feudales de Francia, había abandonado sus tierras y repudiado a su mujer e hijos para unirse a la Orden. Las piezas del puzzle empiezan a encajar.

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LOS ESENIOS NO ADMITIAN SERVIDUMBRE

Posted by cosmoxenus en 20 noviembre 2007

El despotismo de los gobernantes de Judea, los celos de los sacerdotes corruptos que apañaban esa dependencia con reminiscencias retrógradas, había obligado a estos anacoretas a refugiarse en el calor hogareño animados en sus quehaceres agrícolas y artesanales. Su objetivo primordial era curar enfermedades físicas y morales. No ofrecían sacrificios y solo pretendían servir al Dios Único con piedad y humildad.

A pesar de vivir enclaustrados eran libres, trabajando los unos con los otros, no admitían ninguna clase de servidumbre por considerarla ilícita, pero para ser alguien en la comunidad, era preciso soportar severas penitencias, un estricto ascetismo, no solo en el primer año de su iniciación, sino en los subsiguientes períodos, donde comenzaban a ser invitados a los ágapes o cenas íntimas.

Jesús admitió esa fraternal modalidad esenia donde se repasaban los suhuf-pliegos-de Ibrahim-Abraham o los versículos de la Thora original, dictados por Moisés y que finalizaban con invocaciones al Todopoderoso.

El trato era de hermanos, su vestimenta, túnica blanca. Se oraba de rodillas al estilo de Salomón; con el rostro en tierra, a la usanza de David, de pié, como el pueblo en el templo; y en los casos de súplica con las manos extendidas y elevadas como el Patriarca y con el rostro vuelto hacia el Santuario de Jerusalén.

Hoy visten, tratan y rezan así los musulmanes y únicamente la Quibla (palabra árabe que señala el lugar donde debe dirigirse el creyente frontalmente en sus oraciones) ha sido orientada hacia el Templo Sagrado de la Kaaba, en La Meca, abrogando el Profeta Muhammad (BP) la prístina orientación jerosolomitana.

Al iniciar Jesús su prédica, halló en su gente un sentimiento unánime de solidaridad, desde Galilea hasta Egipto. Recuérdase que en el último país fue llevado en su niñez, escapando del despotismo herodiano (Hérodes ) y tuvo la Sagrada Familia calurosa acogida entre sus acólitos que vivían en la entrada de los pueblos, parajes o mesones donde se le proporcionaba sustento y se les guiaba en el camino.

Retornó a Palestina y luego de un corto período, volvió al Valle del Nilo plenamente inspirado e instruido por Dios en sus doctrinas, verdaderamente fuente de vida, donde fue consagrado para el Sacerdocio Regio.

Vivió creciendo de gracia en gracia 29 años de vida mortal, ocultando los milagros. Al regresar a Tierra Santa fue capaz de soportar cualquier infortunio de los pérfidos que no creyeron en su mesiánica misión, haciéndolo con altivez rayana sin exigir profesión de fe. Sólo la palabra tenía un valor inapreciable, y fueron precisas, impregnadas de sabiduría y originalidad en su síntesis, muchas de ellas incorporadas en sus Agraphas , una especie de hadices como los que tiene el Islam.

No comulgaba con los fariseos, ni tampoco con los saduceos de las pompas ornamentales de los cultos, muchas veces imbuidos de un paganismo atroz. Sacerdotes que pululaban las sinagogas en sus macabras y artilúgicas interpretaciones, eran severamente impugnados y enjuiciados por Isa-Jesús.

A los 10 Mandamientos impuso el undécimo que enseña “amarse los unos a los otros”. Odiaba la mentira y la cizaña-fitna-y aconsejaba la humildad. Ejerció el doctorado de alma, terapéutica oculta, meditando sobre el destino de la humanidad.

Instituyó períodos de ayuno anuales, durante 40 días, bebiendo agua de los manantiales y merendando algunos higos secos o dátiles como único alimento, acotando que el estómago es la puerta de muchas enfermedades. Las abluciones eran diarias, como enseñando hacia el futuro y en concordancia con la abstinencia que la higiene del cuerpo era la etapa inicial para la salud del espíritu a la que estaba absorto.

Al parecer el Bautista que era Esenio también, presagia la aparición del Mesías. En la Escritura dícese: “que de la descendencia de David y de la aldea de Belén viene el Mesías”. De Galilea no surge ningún Profeta” arguyen. Suponían falsamente que Jesús era nacido en Galilea. Por eso, los judíos ignorando el nacimiento de Jesús en Belén, concluían alegando erróneamente no poder ser Jesús el anunciado Profeta y aún los judíos están esperando a orillas del Lago Genesareth.

Los antiguos egipcios vaticinaban simultáneamente que el Ave Fénix estaba por renacer de sus cenizas. Judá comenzaba a morir lentamente.

Es cuando Juan Bautista es recluido en la fortaleza de Makerus y defenestrando a los fariseos y saduceos les enrostra: ¡Engendro de víboras!

“Y no se os ocurra decir dentro de vosotros; tenemos por padre a Abraham”. El Sagrado Corán niega también esa falsa paternidad. (3-67).

El Profeta Isaías (775-732 a.C.) ocho siglos atrás se había enfrentado también con idénticos apostatas de la casta sacerdotal farisea de Jerusalén y los tildó con similar epíteto: “Raza maldita” (Cap.1 Vers.4-21 y 23 AT).

Jesús revela a los suyos que había comenzado el momento de actuar predicando en Galilea, pues no deseaba hacerlo en Judea, el “Evangelio del Reino de Dios”. El maestro presagiaba, sin duda, en Betania y en el Monte Olivete, mientras adoctrinaba a Pedro, Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás Santiago (hijo de Alfeo) y Simón, Judas Tadeo y Judas Iscariote, su temporal vida terrenal. Sólo el último de los discípulos de Jesús era de Judea, oriundo de Queriet, Judas el traidor.

“Respondióles Jesús: ¿Por ventura no os he elegido yo a los Doce? Sin embargo de vosotros, uno es el diablo”. Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste era quien le había de entregar, con ser uno de los doce. (San Juan 6-71.72)

Escribas, fariseos y magnates de Israel deliberaron secretamente para analizar la forma más hábil de prender a Jesús con ardides y condenarlo. ¡Fue en Judea donde lo condenaron!

Treinta y tres años tenía, representaba cincuenta cuando ofreció el sacrificio de su cuerpo para salvar a la humanidad que se debatía en el paganismo multiforme. Por eso fue llevado al suplicio de la cruz. (en apariencia según el Islam pero su alma se elevó y el mundo se encauzaba hacia un bienestar concreto).

Autor: Ibrahim Hallar

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LOS CATAROS: Un sentido de eternidad

Posted by cosmoxenus en 20 noviembre 2007

Víctor Manuel Guzmán Villena

Año 5767

Los cátaros aparecen en occidente en el siglo X. En esta época las herejías son denunciadas por todas partes de Europa. La mayoría de las veces se las califica como maniqueas. El término Cátaro significa puro. En 1017 se encuentran en orleáns. Después de un juicio emitido por un concilio de obispos son quemados vivos. En 1022 el hecho se repite en Toulouse. En 1030, en Italia, en la región de Asti es descubierta una colonia corren igual suerte. No obstante, a pesar de las hogueras, el movimiento se había extendido como una mancha de aceite, de forma que, en el siglo XII se encuentra en toda Europa. De acuerdo con el escritor Mauricie Magre, que hace de la iniciación budista la principal fuente espiritual de los albigenses. Cabe señalar que los esenios como los budistas, profesaban el dualismo del mundo. Tenían tres ordenes de afiliados, con tres grados de iniciación. Practicaban el baño sagrado, como los brahamanes y los budistas. Condenaban los sacrificios, se abstenían de carne y vino y practicaban una moral ejemplar. No olvidemos que la región del Garona es una vieja tierra druídica, de hombres muy sabios y de una filosofía muy elevada.

Creían principalmente en la migración de las almas y en su reencarnación después de la muerte. Por lo que sabemos de ellos, es cierto, en todo caso, que la doctrina cátara es algo más que una simple herejía. En muchos puntos se separa del cristianismo tradicional y rechaza todos los dogmas de la iglesia católica.

La inspiración gnóstica, que atribuye al hombre tres naturalezas: el cuerpo, el alma y el espíritu, siendo el cuerpo la residencia del alma y ésta la morada del espíritu, fue recogida por los albigenses. Frente a la Iglesia Romana, los cátaros continúan y amplifican la tradición maniquea, rechazando los sacramentos, la cruz, símbolo de muerte y las ceremonias del culto. Al mismo tiempo despreciaban el Antiguo Testamento, obra de los judíos, manifestaban y consideraban a Jesús como un ser puramente espiritual. Podemos extraer sus grandes principios. Su base la constituye el dualismo, que toma como texto de referencia el Evangelio de Juan, considerado como el único auténtico, que destaca la oposición eterna entre dos principios: el bien y el mal. Así, en este mundo, hay un antagonismo entre la materia que lo calificaban como el diablo y el espíritu a dios.

La doctrina cátara hay que verlo en Pitágoras, adepto de la metempsícosis o reencarnación de las almas impuras en nuevos cuerpos de hombres. También rechazaban los dogmas, a saber, la eucaristía, la remisión de los pecados y los sacramentos que les parecía sacrílegos: bautismo, comunión, matrimonio. Hostiles a la materia impura, condenaban el matrimonio para los iniciados, proscriben de su alimento los manjares a base de carne. Esta creencia implica que el alma, para alcanzar la perfección, debe ser purificada de la suciedad material y del contacto con la carne, por lo cual su comportamiento tenía una disciplina extremadamente dura. El ascetismo era coda de los hombres buenos o perfectos, pequeña minoría de sabios, únicos capaces de recibir la iluminación del conocimiento. Respetaban la naturaleza en todas sus manifestaciones, absteniéndose de matar a ningún animal, los perfectos siempre vestían de negro, con una tiara sobre su cabeza. Cuando habían terminado sus ceremonias, sacaban un rollo de cuero que llevaban sobre el pecho, el evangelio según Juan y lo leían en voz alta.

Los investidos se abstenían de carne, huevos y de productos lácteos, todos ellos productos de origen animal, practicando una alimentación puramente vegetariana. Profesaban una castidad absoluta y evitaban, por tanto, todo comercio sexual.

Como es desde los tiempos más antiguos, los hombres que deseaban adquirir el conocimiento tuvieron que sufrir las pruebas de la iniciación; pero éstas no podían tener lugar en cualquier parte. Eran necesarios templos que eran lugares privilegiados donde la esencia del saber se concentraba en manos de los maestros-sabios. Pero en lo que se refiere a sus ritos eran simples por reacción contra la iglesia que se cubría de oro y púrpura y estaban liberados de todo espíritu de superstición: lo constituían sobre todo, plegarias en común, cantos y sermones, inspirándose en los libros de Manes y en los gnósticos.

No teniendo los cátaros lugar de predilección para practicar su culto, la naturaleza les ofrecía sus bosques y sus prados. Practicaban una formula de confesión pública que llamaban “Apparellamentum”, pero su principal rito era el célebre “Consolamentum”. Este se daba, tanto a un creyente que deseaba ingresar en la comunidad de los perfectos, como a los moribundos que querían alcanzar una buena muerte. Esta ceremonia, muy simple, consistía en que el perfecto imponía las manos sobre la cabeza del consolado, pronunciando ciertas palabras cuyo contenido se ignora hasta la actualidad. Se puede suponer que, en el trasfondo de este ceremonial, existía un secreto procedente de los gnósticos y de los primeros cristianos, que tenía como base la transmisión de una fuerza vivificante e inmensa, fuerza que los perfectos pudieran procurar por medio del “bautismo del espíritu”, del signo de la pureza hecho a los moribundos. Esta ayuda invisible permitía escapar a la cadena de rehacimientos y permitía el acceso al reino espiritual. También tenían para la ayuda a los moribundos procedimientos que la ciencia ha perdido para siempre. No temiendo a la muerte, había ocasiones en que ciertos perfectos llegaban a dejarse morir mediante el Endura: “Su doctrina que permitía como los druidas, el suicidio; no obstante, exigía que uno pusiera fin a su vida no por el cansancio de vivir, por miedo o por dolor, sino en un estado de perfecto desapego de la materia”, este ritual se lo podía hacer en pareja , es decir ir a la otra vida en la amistad más ideal, años de esfuerzo continuados y espiritualización intensiva, quería de acuerdo con él en la otra vida también la verdadera vida.

Para poner fin a sus días, elegían entre cinco tipos de muerte: envenenándose, dejándose morir de hambre, abriéndose las venas, lanzándose a un precipicio o zambulléndose en el agua helada después de un baño ardiente, lo que provocaba una congestión pulmonar que los mataba. Algunos indicios permitían suponer también que los albigenses escogían a veces la muerte en grupo

Los cátaros llevaban una vida ejemplar. Ante las persecuciones, recorrían el mediodía en todos los sentidos enseñado a las masas, predicando un evangelio de purificación y sencillez, fustigando las costumbres corrompidas de una parte de la clerecía católica. El pueblo seguía a estos hombres vestidos de negro, que vivían como santos, abandonando a los malos sacerdotes. La nobleza atraída por el ideal de los cátaros se adhería a la nueva fe. La iglesia oficial se debilitaba, con tanta facilidad cuanto que estaba alejada del pueblo. Los propios cátaros compartían las miserias de cada uno, ejerciendo la medicina, cuidando a los enfermos y llevando “la buena palabra”.

Este inmenso movimiento se manifiesta en los Alpes, en el Rin y los Países Bajos, donde los gremios ciudadanos se rebelaban contra los obispos y la iglesia primitiva. En Italia, el ideal de Dante era ver al emperador de Alemania, Enrique de Luxemburgo destronar al Papa y restaurar otro cristianismo. Dante era el gran pontífice de esta secta cátara y su Divina Comedia fue escrita para exaltar su fe hacia la Iglesia cátara y perseguir enconadamente al papado, ya que no podía perdonar le la hecatombe provenzal.

El año 1163 el Concilio de Tours, el Papa Alejandro II, a instancias de los obispos del Norte de Francia dictó una resolución que denunciaba el progreso de la “Herejía cátara”. En el tercer Concilio de Toulouse varios prominentes hombres de la nobleza fueron excomulgados y se perfilaba la amenaza contra los cátaros y sus protectores. Esta fue la primera señal contra los albigenses, que según Maurice Magre fue el hito más grande de la historia religiosa de los hombres.

Desde 1207 el legado pontificio intenta enfrentar a los señores meridionales contra los albigenses, los cátaros quisieron asegurarse un lugar donde pudieran refugiarse en caso de ataque. Montségur, es el corazón de los Pirineos y fue escogido como elevado lugar espiritual. Fue una ciudadela que protegía la montaña sagrada del Tabor, Parnaso de la Romania, fue fortificada y organizada. Parecía a un arca, pudo, durante medio siglo aún, desafiar la oleada de sangre y de crímenes que pronto iba a desencadenarse y hundir su cultura y su civilización.

Hasta 1220 son pasados por el filo de la espada más de un millón de personas, es decir más de lo que costó la supresión de todas las otras herejías. La causa principal de la gran matanza albigense, la causa oculta, pero la verdadera causa, había sido que el secreto de los santuarios, la antigua enseñanza de los misterios tan celosamente guardada en todos los templos del mundo por todas las cofradías, había sido revelado. Había sido revelada y se había comprendido que lo que acontecía en este tiempo aún no había sido visto en la historia.

No obstante Montségur, templo del catarismo, se levantaba todavía, como un desafío a la ortodoxia, con sus murallas invioladas. El asesinato de los inquisidores dominicos de Avignonet había de decidir el asedio y caída de la fortaleza. La empresa comenzó en la primavera de 1243, pero, seis meses más tarde, el asedio no había progresado. Los cátaros se beneficiaban de numerosas informaciones de todos los Países procedentes de Italia, el Sacro Imperio Germánico e incluso Constantinopla. Finalmente el Senecal de Carcasona, Hugues de Arcis que dirigía la “cruzada”, pudo gracias a la traición terminar con la resistencia. Un guía que conocía el camino secreto condujo al grupo armado a la cumbre. A partir de aquí, la rendición de la fortaleza no era más que una cuestión de tiempo. El primero de marzo de 1244 se firmó una tregua y el 16 de marzo la ciudadela se rindió. Doscientos cátaros, entre ellos cincuenta prefectos, que se negaban a abjurar de su creencia, prefirieron morir en la hoguera, erigida en un campo que recuerda, por su nombre el sacrificio: “El Campo dels cremants”.

En lo que se refiere a los tesoros, el historiador Pierre Roger dice que consistía en objetos preciosos, monedas y barras de oro y plata. Pero el verdadero tesoro de los cátaros, fueron avíos de la fe cátara: libros, manuscritos, enseñanzas secretas, reliquias, objetos religiosos y el Santo Grial, que se trata de una copa con el contenido de la sangre de Jesús, según narran historiados especializados en esta período de la historia del hombre, la misma que fue sacada en los momentos de la tregua por cuatro hombres que escaparon de la ciudadela y sin duda ocultada en una de las numerosas grutas próximas de Montségur. Por lo tanto la palabra “tesoro” parece esconder otra cosa, algún conocimiento o información que inspiró gran antipatía y codicia a Roma.

Con el transcurrir de los tiempos su filosofía sigue viva y ofrece a sus adeptos una cosmogonía, una concepción y explicación del universo, tanto material como universal que atrae a numerosas élites intelectuales a las que deja insatisfecha los comentarios de los evangelios. Aportan un conocimiento esotérico en oposición al vulgar o creencia de las masas. La verdadera doctrina es y será revelada a un reducido número de elegidos que han surgido tras una larga peregrinación.

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