El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 21 octubre 2007

Masones que no concurren a sus Logias

Posted by cosmoxenus en 21 octubre 2007

Con frecuencia oímos decir que determinado hermano que no concurre a las Tenidas es una buena persona, tiene espíritu masónico pero tiene mucho trabajo, está muy ocupado.

Nunca compartimos esa forma de encarar el problema: siempre creímos que es una benevolencia equivocada, que hace mal a la orden y hace mal al Hermano. Es muy fácil decir “yo pertenezco a la masonería y desentenderse de todo lo demás:¿Qué pasaría si todos hiciéramos lo mismo? ¿Si a la hora de la tenida siempre estuviéramos viendo televisión, leyendo, con los amigos o simplemente durmiendo?.

A estos Hermanos Muy Buenos se deben esas Logias anémicas, que apenas llenan los principales puestos, que en medio de un general e inevitable aburrimiento arrastran una vida masónica penosa y lamentable.

Para ser Masón autentico no basta figurar en el Cuadro Logial, es necesario quemarse diariamente en la llama de la acción y la militancia. ¿Qué interés, qué estimulo pueden sentir el Venerable Maestro y los Hermanos que concurren regularmente?

Esos hermanos Muy Buenos destruyen la base de la institución y ya se sabe que la grandeza de la Masonería radica en su base, es decir, en sus obreros, en todos nosotros.

Así la Orden no progresa, no se fortifica, así no cumple con su deber. En cuanto al Hermano si no asiste no puede vibrar con nosotros, no siente el ímpetu de la vida del Taller, perceptible o no pero real y verdadera.

Se podrá llamar Masón pero no se puede ser Masón sin concurrir a las Tenidas. Pero hay más; no se puede ser masón si no se integra al CUERPO MENTAL y al plano espiritual de la Logia. Cuando el Venerable Maestro dice “Silencio y en Logia, mis Hermanos” se crea un cuerpo mental colectivo que nos envuelve a todos. Es entonces cuando la cadena de unión, esa cadena de unión que está aplicada al muro, baja hasta nosotros, palpita, se humaniza, nos libera y nos une: nos libera del polvo de todos los caminos, del lastre de la vida profana, de las fuerzas negativas que actúan en nosotros mismos y nos une en un plano superior de bondad, de tolerancia, del afán de superación, es decir, nos une a un nivel masónico: Y esa emoción no la puedo sentir yo ni nadie si estoy sentado en mi casa, leyendo, con mis amigos o durmiendo entre otras cosas. Si no sabemos como opina el Taller o la Orden sobre determinado problema, si no nos formamos en la fragua masónica, si no aprendemos a manejar las herramientas de la vida superior, ¿Cómo vamos a influir; sobre quiénes vamos a influir?

Se ha dicho siempre que no deben traerse aquí las pequeñeces y resquemores que nos separan de la vida profana, pero si se deben llevar hacia fuera la comprensión, la tolerancia, el respeto, la fraternidad que prevalecen en nuestra convivencia. ¿Cómo vamos a llevar hacia fuera esas buenas prácticas si empezamos por no practicarlas? Si queremos influir en el mundo profano tenemos que asistir a las Tenidad, por Muy Buenos que seamos.

Hay más, la Orden elige a sus hombres, los educa, los mejora, los transforma, pero ese proceso no se improvisa, no se opera por milagro, no se opera por el sólo hecho de estar en nuestros registros, por Muy Buenos que seamos. La Orden tiene ese proceso perfectamente organizado desde el primero hasta el último grado. Entre nosotros nada responde a la casualidad o la suerte, todo está cifrado en la razón y en el análisis. Es un sistema moral y filosófico “velado por el misterio y embellecido por los símbolos.”, es el más perfecto sistema, sin duda alguna, que el hombre ha creado para su convivencia, pero ese sistema no funciona con entelequias, nombres escritos en Cuadro Logial. ¡No! Ese sistema funciona con hombres de carne y hueso y esos hombres son su arma, su instrumento y su triunfo: Para que ese sistema funcione es preciso concurrir a la Logia.

Hay más: todo lo que aumenta la libertad del hombre aumenta su responsabilidad. La Masonería, para el que la entiende, aumenta la libertad interior, ayuda a pensar, suprema tarea y en consecuencia aumenta y compromete su responsabilidad. Y uno de los primeros deberes que son inherentes a esa cuota de responsabilidad es el de asistir a Logia. Porque cabe preguntar ¿dónde está la vida masónica, el mundo masónico que hemos escogido libremente, la esencia de sus enseñanzas?. ¿estarán en la oficina, en la fábrica, en el estudio o consultorio profesional o en la calle? NO. Están en la Logia.

Alguien podrá llamarse Masón, decir que figura en nuestros registros, pero nadie puede ser masón si no vive nuestra vida masónica y para eso es imprescindible concurrir a Logia.

Puedo resumir y sintetizar todo lo dicho en los siguientes términos; la finalidad más allá de la masonería, el ideal mas puro y la ambición más noble y, a la vez, la tarea más difícil, la superación del hombre, la planificación del hombre, eso, mis Queridos Hermanos, no se obtendrá nunca con masones que no asisten a Logia.

Revista Talleres Año III Nº 20.1965. Montevideo Uruguay.
Hernando Sequera M:.M:.
Resp:. Log:. “Sol de Guayana” Nº 218

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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL «CUADRO DE LOGIA»

Posted by cosmoxenus en 21 octubre 2007

Bruno Rovere

El Cuadro de Logia constituye en la Masonería especulativa un elemento indispensable para la apertura y el desarrollo ritual de los trabajos, puesto que su presencia, en virtud de la influencia espiritual inherente a los símbolos allí representados, sacraliza el lugar en el que tales trabajos se llevan a cabo, incluso cuando se trate de una pieza carente de otros símbolos masónicos (1) desde este punto de vista, la diversidad que se advierte en los símbolos representados en el Cuadro de Logia en los tres grados puede corresponder no sólo a un tipo de trabajo diferente, sino también a una diversa modalidad de acción de la influencia espiritual, o bien a la acción de diferentes modalidades de dicha influencia.

Por su colocación central, y puesto que reproduce los principales símbolos que deberían decorar el Templo, el Cuadro de Logia es un símbolo del «centro» que, como apuntaba René Guénon refiriéndose a la «rueda cósmica» (2): « a pesar de eso ha de ser concebido como conteniendo “principalmente” a la rueda entera, y por este motivo Guillaume Poste! describe el centro del Edén (que es a la vez el “centro del mundo” y su imagen) como la “Rueda en medio de la Rueda” ».

Vista la importancia del Cuadro de Logia en la Masonería especulativa, no deja de llamar la atención que el mismo, por lo que puede saberse, falte en la antigua Masonería operativa, lo cual plantea dos problemas por lo demás estrechamente relacionados: ¿qué es lo que en la antigua Masonería operativa hacía las veces del Cuadro de Logia y cuál es el origen de este último? Para intentar hallar una solución a estas cuestiones, conviene referirse a lo que se conoce, gracias a la obra de René Guénon y a las cartas de Clement Stretton (3), sobre los antiguos rituales operativos.

En la antigua Masonería operativa existían siete grados (4) y dos grandes Cuerpos: la Masonería de la Escuadra (square masonry), o azul, y la Masonería del Arco (arch masonry), o roja, la única que tenía derecho al compás. Ambos Cuerpos poseían siete grados, que en la Masonería de la Escuadra, de la cual deriva más directamente la Masonería especulativa que precisamente aún hoy se llama Azul, eran, según lo que dice Clement Stretton, los siguientes:

I grado, o grado de los Aprendices (Apprentices), que, con el martillo, el cincel y la regla, desbastaban la piedra bruta. Transcurrido un lapso obligatorio de siete años en su condición de Aprendices, esto es desde los 14 hasta los 21 años, durante los cuales no podían contraer matrimonio ni tener relaciones con mujeres, pasaban al segundo grado con lo que alcanzaban el estado de Francmasones ( free-masons).

II grado, o grado de los Compañeros (Fellows of the Craft), que, con los mismos instrumentos que los aprendices, a más de escuadra, nivel y plomada, escuadraban a la perfección la piedra bruta. Su nombre era Giblim (5) .

III grado, o grado de los Super-Compañeros (Super-Fellows), o Compañeros de la Marca, quienes tras verificar la exactitud de la obra marcaban con mallete y cincel la piedra escuadrada (6).

IV grado, llamado Sitio del Templo, donde sin emplear instrumentos metálicos, se disponían y erigían, según el orden establecido por las marcas, las piedras provenientes del grado anterior. En este grado se procedía, pues, a la construcción del Templo.

V grado, o grado de los Superintendentes de los Trabajos, cuyo nombre hebreo era Menatzchim (7), los que debían ocuparse de instruir y vigilar a los Aprendices y Compañeros de grado inferior.

VI grado, o grado de aquellos que habían superado el examen de Maestro (Passed-Masters), y cuyo nombre hebreo era Harodim (8). Estos no podían superar el número de quince.

VII grado, constituido por tres Maestros Masones en funciones, que respectivamente representaban al Rey Salomón, a Hiram, Rey de Tiro, y a Hiram-Abif, el Arquitecto.

En una Logia operativa, según lo que refiere Clement Stretton, los trabajos se desarrollaban al mismo tiempo en los siete grados, motivo por el cual era necesario disponer de siete cámaras, una para cada grado; con arreglo a un esquema que el mismo delineara, esas cámaras o « Logias» se hallaban distribuidas en dos construcciones oblongas y paralelas, orientadas según el eje Este-Oeste, cada una de las cuales comprendía tres piezas: en la primera construcción, a la que se accedía por Oriente, se hallaban dispuestas sucesivamente las cámaras de primero, segundo y tercer grado, separadas unas de otras por una doble puerta; en la segunda construcción, ubicada al norte de la primera, se encontraban las cámaras de quinto, sexto y séptimo grado, con una doble puerta entre las dos primeras y una plegadiza entre las dos últimas, de modo que en éstas los trabajos podían llevarse a cabo a puertas abiertas.

Esta segunda construcción, además de la puerta principal de Oriente, disponía de otro acceso a Occidente, para uso exclusivo de los tres Grandes Maestros. Por último, en el Noroeste de dichas construcciones, se situaba la Logia de IV grado o Sitio del Templo, que revestía una importancia muy especial en el conjunto de los siete grados: además de ser el lugar donde se procedía a la construcción del Templo, lugar sagrado al cual sólo se podía acceder descalzos y con la cabeza cubierta, era también el escenario de representaciones, en forma de dramas rituales, que anualmente conmemoraban episodios importantes acontecidos durante la construcción del Templo de Salomón, como la colocación de las piedras fundamentales por parte del Rey Salomón, la muerte del arquitecto Hiram-Abif, etc.

Por otra parte, en el centro del Sitio del Templo, debajo del piso había una cámara subterránea, donde podían acceder únicamente quienes habían obtenido el grado de Maestro (VI y VII), y en la que se custodiaban adentro de una columna cuadrangular los planos del Templo y el «Centro». Por el centro de la bóveda de esta cámara subterránea y proveniente del techo del Templo descendía una plomada azul, que colgaba al centro de una esvástica (9); en esta cámara, finalmente, a la cual se ajusta muy bien la denominación de «Cámara del Medio», tenía lugar la iniciación al séptimo grado.

Ahora bien, mientras que en la Masonería especulativa los trabajos comienzan siempre en cámara de Aprendiz, para en todo caso pasar luego a los demás grados, en la Masonería operativa la apertura de la Logia era llevada a cabo primero de forma privada por los tres Grandes Maestros en la cámara de séptimo grado, y sucesivamente, por su mandato, se alargaba a los grados inferiores; en cierto sentido, puede decirse que la influencia espiritual descendiese primero de manera «vertical» en la cámara del séptimo grado, para luego ser transmitida y «participada» de manera «horizontal» a los grados inferiores. Al respecto se puede citar un artículo de René Guénon, en donde éste afirmaba: «En efecto, una Logia operativa no puede ser abierta más que con el concurso de tres Maestros, provistos de tres varas cuyas respectivas longitudes están en relación con los números 3, 4 y 5; y solo cuando estas tres varas han sido arrimadas y dispuestas de manera tal de componer el triángulo rectángulo pitagórico puede tener lugar la apertura de los trabajos. Siendo así, es fácil comprender que una palabra sagrada puede análogamente hallarse formada por tres partes, y tales son las tres sílabas, cada una de las cuales puede ser pronunciada tan solo por uno de los tres Maestros, de modo que, faltando uno de ellos, tanto la palabra como el triángulo quedarían incompletos, y ya nada valedero podría llevarse a cabo» (10) .

En la Masonería operativa, según refiere Clement Stretton, el descenso de la influencia espiritual requería efectivamente de la invocación ritual de tres Nombres divinos, cada uno de ellos monosilábico, y el soporte geométrico de la misma en lugar de ser el Cuadro de Logia era el triángulo rectángulo constituido por tres varas que medían respectivamente tres, cuatro y cinco codos; al finalizar este rito, siempre en cámara de séptimo grado, se procedía a realizar un «saludo» vuelto a un Nombre divino hebreo trisilábico, cuyo valor numérico es 345, de donde surge claramente la conexión con las tres varas.

Pero hacia fines del siglo XVII los masones operativos se veían obligados cada vez con mayor frecuencia, por las variadas circunstancias de tiempo y lugar, a reunirse en hosterías, que disponían en lo alto de un salón suficientemente amplio. En tales condiciones, para poder mantener la constitución en siete cámaras de una Logia operativa, los locales que se hallaban en disposición eran subdivididos en siete compartimentos por cortinas de tela (11) ; por otra parte, en dichos locales no siempre se podía disponer de todos los enseres «masónicos» y modelos simbólicos necesarios, por lo que los elementos faltantes se trazaban con yeso o carbón en el suelo: en dicho trazado de los símbolos, con toda probabilidad prerrogativa exclusiva de los Maestros, que eran los únicos a quienes competía la realización del proyecto y por consiguiente el diseño (12) , se puede reconocer quizá una de las fuentes de donde se originó el Cuadro de Logia.

Lo que no constituía sino una excepción para los operativos, se convirtió en cambio en la norma consuetudinaria para los especulativos, quienes al ser preferentemente masones «aceptados» y además «cismáticos» de cualquier modo no podían reunirse en Logias constituidas en la obra, ni mucho menos disponer con facilidad de las herramientas del oficio; y fue precisamente entre los especulativos, y en especial entre los «Modernos» donde tomó pié la costumbre de trazar una Logia simbólica en el piso del lugar donde se reunían (13) .

Fue solo más adelante que se instauró la práctica de usar una Plancha de madera (board) colocada ya sea directamente sobre el piso o bien sobre un caballete o trípode, de allí la denominación de «trestle-board», donde cada vez se procedía a trazar, al inicio de los trabajos, el Cuadro de Logia; y posteriormente, hacia finales del siglo XVIII, se remplazó la Plancha de trazar (tracing-board) con Cuadros de Logia establemente pintados ya sea sobre tela u otros materiales, con una «gran variedad en los dibujos empleados por las diferentes Logias, aunque los símbolos principales naturalmente estuvieran siempre presentes» (14) .

Finalmente, en 1846, en Inglaterra, se llegó a unificar el diseño de los Cuadros de Logia a través de un «concurso», en el que se escogieron los que había presentado John Harris, que desde entonces se mantienen en uso en la mayor parte de las Logias anglosajonas.

Pero el mero hecho de poder determinar, cuando fuera posible, un origen histórico y por consiguiente humano en lo que toca al uso de un símbolo en particular, con todo no lleva a superar un punto de vista harto exterior: si entonces el Cuadro de Logia constituye en la Masonería especulativa un símbolo de notable importancia «técnica», y si es verdad que de lo menos no puede surgir lo más, hay que deducir que el verdadero origen, por decirlo así, del Cuadro de Logia sería mejor buscarlo en una adaptación, llevada a cabo de manera más o menos directa por la antigua Masonería operativa, de símbolos preexistentes, a fin de llenar las lagunas que se habían producido en la Masonería especulativa a causa de la ignorancia de los fundadores de la Gran Logia de Inglaterra.

Teniendo presente, además, las significativas discrepancias que se advierten no sólo en el ritual, sino también en los Cuadros de Logia de la Masonería continental en comparación a la anglosajona, como la respectiva posición del Sol y de la Luna y la presencia en el Cuadro de Logia de Aprendiz de la Masonería inglesa de los tres «pilares» en cambio de las dos «columnas», hay que dar por sentado que esa adaptación ha sido operada según modalidades diferentes en Francia y en Inglaterra (15) .

Por lo que toca al depósito simbólico custodiado por el Cuadro de Logia se puede juzgar que todo el Cuadro, o en particular algunos de los símbolos allí representados, como la Escuadra y el Compás (16), constituyan un sustituto del triángulo rectángulo de proporciones 3-4-5 idóneo para sacralizar el lugar de descenso de la influencia espiritual.

Asimismo se puede llegar a ver en la posición central que ocupa el Cuadro de Logia una correspondencia con la posición y la función central del «Sitio del Templo», que justamente se consideraba como un lugar sagrado; a más de esto puede reconocerse, en su carácter de diseño o símbolo gráfico, una correspondencia con los planos de construcción del Templo de Salomón, que en una Logia operativa se conservaban en la columna subterránea del «Sitio del Templo» y que al abrirse los trabajos recogía un Maestro (Passed ­Master) para luego disponerlos verosímilmente en el centro de la cámara de VI grado.

Esta última consideración, que se refiere quizá al «prototipo» más directo del Cuadro de Logia especulativo, nos lleva pues a examinar el problema del trazado del Cuadro.

Para captar la importancia que reviste este trazado puede ser de utilidad el siguiente paralelo: la lectura de un texto sagrado en principio surte ciertamente el mismo efecto ya sea que éste sea impreso o manuscrito, pero lo que se pierde en el caso del texto impreso es el efecto inherente a la transcripción del texto sagrado.

Análogamente, el uso de Cuadros de Logia impresos no obsta a la eficacia ritual de los mismos, pero lo que de esa manera se pierde es el significado simbólico y ritual propio de la acción y efecto de trazarlos. Esta última, que es una tarea de exclusiva incumbencia de los Maestros, constituye para el masón especulativo la única posibilidad que le ha quedado de «vivir» una de las principales funciones de los antiguos Maestros operativos, o sea, la de trazar los planos de la construcción; asimismo, siendo el Cuadro de Logia un símbolo del Cosmos, su trazado corresponde simbólicamente al propio proceso cosmogónico, lo que pone aun más de relieve su importancia.

NOTAS

1. En los siete grabados de Gabanon, datados de 1745 y reproducidos en el libro de G. H. Luquet La Franc-Maçonnerie et l’État en France au XVIII siècle (ed. Vitiano, París, 1963), donde se representan distintos momentos de una reunión masónica de la época, esto resulta muy evidente.

2. La Grande Triade, cap. XXIII, nota 11.

3. Clement Stretton fue iniciado en una Logia operativa de Derbyshire, en el condado de Leicester, en 1866, cuando era estudiante de ingeniería, y obtuvo el VII grado en 1909; su correspondencia con John Yarker durante los años 1908 y 1909, y las cartas dirigidas a la redacción de la revista The Speculative Mason desde 1910 hasta 1915, fecha de su muerte, constituyen una rica fuente de información sobre los aspectos operativos y rituales de la Masonería operativa. Amplios extractos de esta correspondencia han sido publicados en la revista The Speculative Mason entre 1950 y 1955, y es de allí que hemos sacado la mayor parte de las informaciones referidas en este artículo.

4. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo II, págs. 40 y 45, en nota, y Simboli della Scienza sacra, cap. XVII, nota 10.

5. Cf. René Guénon, Simboli della Scienza sacra, cap. XLVIII, nota 4.

6. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo I, pág. 261.

7. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo II, pág. 18.

8. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo II, pág. 18.

9. Cf. René Guénon, La Grande Triade, cap. XXV.

10. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, t. II, págs. 45-46.

11. Cf. los artículos aparecidos en el número de julio de 1948 de la revista The Speculative Mason, dedicados al Cuadro de Logia y reseñados por René Guénon en el número de enero-febrero de 1949 de la revista Études Tradítionnelles.

12. A este respecto puede observarse que la expresión «planche à tracer» es la traducción exacta de la inglesa «tracing board», la cual se aleja muy poco, por otra parte, de la expresión « drawing board», que designa un atributo característico del Maestro.

13. Según un antiguo ritual «especulativo», el candidato (sic) llevaba a cabo sobre este trazado una circulación simbólica, durante la cual se lo instruía del significado de los símbolos que encontraba (J. and B., 1762).

14. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo II, pág. 161.

15. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo I, pág. 284, y tomo II, pág. 162.

16. Conforme a lo que refiere Clement Stretton, en la antigua Masonería operativa la escuadra y el compás pertenecían a dos «Cuerpos» muy distintos del oficio, así es que dado el caso que un masón de la «escuadra» fuera descubierto manejando un compás la condena prevista era la pena de muerte. Por otra parte, la introducción en la Masonería especulativa de los dos instrumentos conjuntamente no puede sino corresponder a una adaptación realizada por los operativos para llenar unas lagunas «técnicas» muy graves, si era necesario ponerle remedio con tales sustituciones.

Fuente: Rivista di Studi Tradizionali n. 53, Luglio – Dicembre 1980

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¿Estaba la Atlántida en Sudamérica?

Posted by cosmoxenus en 21 octubre 2007

Artículo Original Aqui

La Atlántida fue mencionada por primera vez por el filósofo griego Platón. Habría sido una antigua civilización establecida en una isla que, según el filósofo, fue destruida por una catástrofe natural (probablemente un terremoto) más o menos 9.000 años antes de su época, es decir, hace más de 11.400 años. Platón se refiere a la Atlántida en dos de sus obras: Timaeus y Critias. En ellas habla de la grandeza de la civilización Atlante y describe sus características geográficas y recursos físicos con gran detalle, dando información sobre el tamaño y ubicación de la isla/continente de la Atlántida. Teniendo en cuenta que muchos hallazgos arqueológicos importantes se hicieron siguiendo los rastros de antiguas leyendas, mucha gente ha buscado interminablemente la ubicación del desaparecido y misterioso continente, aunque existe la posibilidad de que la descripción de la Atlántida haya sido un trabajo de ficción, creado por Platón para permitirle la descripción de un gobierno ideal.

Luego de Platón, las menciones a la Atlántida se esfumaron de la literatura por unos 2.200 años, con la excepción del libro de Francis Bacon The New Atlantis. En 1882 se publicó Atlantis: the Antediluvian World, de Ignatius Donnelly, un político de Minnesota, EEUU, que antes había sido escritor. Donnelly tomó en cuenta seriamente la Atlántida de Platón e intentó dejar establecido que todas las civilizaciones antiguas conocidas descienden de su cultura, que por las fechas manejadas se remontaría al Neolítico.

Escritores esotéricos posteriores, como Helena Blavatsy y Edgar Cayce, propusieron que la Atlántida era un lugar donde los espíritus se encarnaban en cuerpos humanos. Cayce agregó que los Atlantes poseían barcos y naves aéreas que se movían impulsados por la energía de un misterioso cristal.

La geología ha demostrado que nunca hubo un continente en medio del Atlántico, así que los entusiastas de la idea la fueron ubicando en una increíble cantidad de sitios, como Sri Lanka, Perú, Escandinavia y hasta el centro de una Tierra hueca. Una teoría reciente se basa en una recreación de la geografía del Mediterráneo en la época que se supone la existencia de la Atlántida. Platón definió que la Atlántida estaba ubicada “más allá de las Columnas de Hércules”, que es el nombre que se le daba al Peñón de Gibraltar en aquellas fechas. Once mil años atrás el nivel del mar en esa área estaba unos ciento treinta metros más bajo, lo que expone al aire una cantidad de islas ubicadas en el estrecho. Una de ellas, Spartel, podría haber sido la Atlántida, aunque presenta una cantidad de inconsistencias con el relato de Platón. Otra teoría que se apoya en la geografía de hace 11.000 años sitúa la Atlántida en el archipiélago antártico (es decir que la ubicación del mítico continente siguiría estando, técnicamente, en el Atlántico). La inundación o hundimiento se debería a la culminación de la Edad de Hielo, época en la que se produjo la inmersión de muchas costas. Se especula con cuán frío podría haber sido el clima allí. En esta teoría se supone que Troya, la Creta minoica, posiblemente Santorini —entre los que creen en una Atlántida inventada la teoría más aceptada es la que dice que la idea de la destrucción de este continente estuvo inspirada en las gigantescas erupciones en la isla Santorini, en el Mediterráneo, durante la época minoica— y otras antiguas ciudades portuarias habrían sido colonias de esta civilización.

Se dice que la Atlántida estaba en guerra en el momento de la destrucción, una situación que podría corresponderse con la llamada invasión de “Pueblos del Mar” en Egipto. Platón, luego de que fuera ejecutado su maestro, Sócrates, abandonó por un tiempo Atenas y visitó Egipto, donde puede haber escuchado las antiguas historias. Descubrimientos recientes, como el caso de las “Momias de Cocaína” en Egipto, han reforzado la idea de que existían antiguos lazos entre Sudamérica y Egipto.

Hace poco tiempo, el geógrafo y cartógrafo inglés James. M. Allen ha lanzado una impactante teoría nueva sobre la ubicación de la Atlántida. Basado en los relatos de Platón sobre esta cultura y continente perdidos, Allen argumenta que Platón estaba hablando del Altiplano central de los Andes, ubicado en Bolivia. Allen realizó un estudio de los antiguos sistemas de medidas usados en los libros de Platón y afirma que esa región rodeada por montañas y atravesada por un canal que conectaba con el mar, actualmente seco, estaría en realidad en Bolivia. Muchas de las investigaciones de Allen fueron realizadas en la región de Pampa Aullagas y el lago Poopó, en el Departamento de Oruro, a unos 350 km al norte de La Quiaca, la ciudad argentina ubicada más al norte, en la provincia de Jujuy. La teoría se apoya en varias fuentes y resultados de investigaciones respecto a la formación mineralógica de las montañas que rodean al Altiplano, así como también en resultados de la expedición Akakor realizada en el fondo del lago Titicaca en 1999. La cantidad de coincidencias con el texto de Platón es asombrosa. Otra evidencia que cita Allen es la mención que hace Platón de una aleación de oro y cobre llamada orichalcum, que sólo se halla en los Andes.

Allen afirma que el actual Altiplano boliviano habría estado rodeado de mar en la época de la Atlántida y para lo cual presenta muchas evidencias de restos paleontológicos y arqueológicos encontrados en los Andes en los últimos años. El libro “La Atlántida: La Solución: Los Andes”, de Allen, describe los antecedentes de estas teorías y otras conjeturas que ha revelado su —en caso de confirmarse— formidable descubrimiento. En un video titulado “La Atlántida en los Andes”, muy difundido en los canales de televisión en los Estados Unidos, Allen presenta a varios arqueólogos que proponen una antigüedad de alrededor de doce mil años para las ruinas de Tiwanaku, presentes en esa región, lo cual la habilita para ser parte o estar conectada con la Atlántida de Platón. Allen argumenta que Tiwanaku y el pueblo Aymara fueron uno de los diez reinos de la Atlántida. En este video participan varios arqueólogos bolivianos. Geólogos y otros académicos bolivianos afirman que falta explorar el 97% de Tiwanaku, a causa de la crónica falta de presupuesto y pobreza del Estado boliviano. El video también reúne la participación de comunarios Aymaras del lago Titicaca, que narran pasajes de la historia oral Aymara del Lago Titicaca, que habla de cómo se hundió una ciudad en el Titicaca y de que ésta estaría en fondo del lago.

El egiptólogo John Anthony West participa del video y argumenta que al parecer existía ya un tipo de cultura global en esos tiempos porque en las tumbas de faraones de antiguo Egipto se encontraron residuos de pasta de coca y tabaco, plantas originales de América. Otra cosa que afirma Allen es que el nombre de Atlántida proviene de dos palabras nativas de América, “atl”, que significa “agua”, y “antis”, que significa “cobre”. En tumbas del antiguo Egipto se han hallado derivados de la cocaína que sólo se puede extraer de la planta de coca, originaria de Sudamérica, lo que sería evidencia de un contacto de los egipcios con los atlantes precolombinos. La historia relatada por Platón podría haber llegado a oídos de Platón en Egipto, donde estuvo de visita. Esta teoría está en investigación actualmente. El video también explica que los balseros Aymaras del lago Titicaca demostraron en 1948 que es posible cruzar los mares en gigantescas balsas de Totora y que prueban que los viajes de ultramar en la remota antigüedad sí eran posibles y que Tiwanaku habría estaba rodeado de un puerto.

Jim Allen se entrenó y trabajó como Proyectista de Fotografía Aérea con la Real Fuerza Aérea de Inglaterra. Al abandonar la fuerza aérea Allen decidió vivir en un barco de crucero del que era propietario, con el que navegó hasta que llegó a Cambridge, donde posteriormente trabajó como dibujante cartógrafo para una empresa de servicio público. Se interesó en el tema de la Atlántida como consecuencia de un estudio exhaustivo sobre los orígenes de los antiguos sistemas de medidas y por eso llegó a percatarse de que el Altiplano se corresponde con la región que describió Platón. El argumento de Allen ha recibido las críticas de varios académicos por considerarla demasiado general, mientras que otros académicos se inclinan a aceptarla por considerarla suficientemente coherente. Varias agencias de noticias, incluyendo CNN, han cubierto la noticia. Allen ha invitado a profundizar las investigaciones en Tiwanaku y en los Andes para confirmar su teoría. La teoría de J. M. Allen finalmente ha entusiasmado a muchos expertos e inspirado la Expedición Kota Mama a Sudamérica, conducida por el explorador británico John Blashford-Snell y respaldada por la Sociedad de Exploración Científica de Inglaterra.

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LAS PROPORCIONES PERFECTAS

Posted by cosmoxenus en 8 octubre 2007

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Leonardo buscó sin desmayo el conocimiento en todas sus manifestaciones: el arte, la ciencia, la técnica… Estaba convencido de que “el saber no ocupaba lugar” y confiaba ciegamente en la capacidad del hombre para explorar todos los horizontes. Después de medio siglo, su figura se convirtió en un referente para la cultura contemporánea. Su espíritu de curiosidad y su sed de conocimientos siguen maravillando a muchas personas que siguen los mismos intereses que él.

Recién inaugurado el tercer milenio, la imagen de Leonardo invita a una reflexión: ¿En la era de la especialización de los conocimientos, de la informática y la tecnología más avanzada, tiene vigencia un erudito, un sabio total como él?

Fue un adelantado a su tiempo. Quiso proyectar sin restricciones sus ideas y descubrimientos, pero su osada inteligencia sobrepasó los límites de comprensión de cualquier ser humano de entonces. Sus dotes de visionario eran asombrosas. Por ejemplo, en el campo de la aviación. Sus estudios sobre máquinas voladoras anticiparon el efecto de elevación y el de propulsión, la estabilidad y el equilibrio. Las alas que esbozó se aplicaron en los primeros aeroplanos. Y su tornillo aéreo se considera antepasado teórico del helicóptero.

El hombre del Vitruvio de Leonardo es un dibujo a pluma y tinta, realizada en una hoja grande de papel (34 x 24 cm.), que se conserva en la Academia de Venecia fue en su origen una ilustración para un libro titulado De Divina proportione (La proporción divina) del fraile franciscano e innovador matemático Luca Pacioli (1445- 1517. Este abre su coloquio sobre la con un comentario sobre las proporciones del cuerpo humano, observando que en la humanidad . Comentarios como éste dejan claro por qué Leonardo habría encontrado en Pacioli una mente in simpatía con la suya. Para ambos las proporciones armónicas del cuerpo humano no eran más que uno de los muchos misterios íntimos de la naturaleza que reflejaban la perfección de la naturaleza.

En su Studio (Real Academia de Venecia), también conocido como el hombre de Vitruvi, Leonardo realiza una visión del hombre como centro del universo, al quedar inscripto en un círculo y en un cuadrado. El cuadrado es la base de lo clásico: el modulo del cuadrado se usa en toda la arquitectura clásica, el uso del ángulo de noventa grados son bases greco- latinas de la arquitectura. En el se realiza un estudio anatómico buscando la proporcionalidad de cuerpo humano, el canon clásico o ideal de belleza. Sigue los estudios del arquitecto Vituvrio (Marcus Vitruvius Pollio) arquitecto romano del siglo I AC, a quién Julio Cesar, encarga la construcción de máquinas de guerra. En época de Augusto, escribió los diez tomos de su obra “De Architectura”, que trata de la construcción hidráulica, de cuadrantes solares, de mecánica y de sus aplicaciones en arquitectura civil y en ingeniería militar. El hombre de Vitruvio es un claro ejemplo del enfoque globalizador de Leonardo que se desarrollo muy rápidamente durante la segunda mitad de la década de 1480. Trataba de vincular, la arquitectura y el cuerpo humano, un aspecto de su interpretación de la naturaleza y del lugar de la humanidad en el “plan global de las cosas”.

Leonardo corrige los errores de las mediciones de Vitruvio, obteniendo las medidas empíricamente, supera el canon antiguo y recrea una ilustración de las descripciones de Vitruvio que se considera hasta hoy la más perfecta. El dibujo representa a un hombre en dos posiciones distintas que corresponden a dos frases del texto. El que tiene las piernas abiertas juntas y los brazos extendidos horizontalmente ilustra la farse escrita bajo el dibujo: Tanto apre I’omo nelle braccia quanto è la sua altezza, es decir, la anchura de los brazos extendidos de un hombre equivale a su altura. La otra figura, con las piernas separadas y los brazos levantados, expresa una regla vitruviana más especializada: “Si abres las piernas tanto como para disminuir tu peso en 1/14 y levantas los brazos extendidos hasta que las puntas de los dedos de en medio queden al nivel de lo alto de tu cabeza, encontrarás que el centro de tus miembros extendido es el ombligo y que el espacio comprendido entre las piernas es un triángulo equilátero”.

La Anatomía
En el cuerpo humano el punto central es, por naturaleza, el ombligo. Pues si situamos a un hombre tumbado de espaldas, con las manos y los pies extendidos y un compás centrado en el ombligo, los dedos de sus manos y sus pies tocarán el perímetro de un círculo que tracemos desde ese punto. Y así como el cuerpo humano produce un contorno circular también se puede formar una figura cuadrada a partir de él. Ya que si medimos la distancia entre las plantas de los pies a los brazos y la coronilla y aplicamos luego esa medida a los brazos extendidos veremos que la anchura es igual que la altura, como sucede con las superficies planas que son totalmente cuadradas.

Parte de la fuerza del dibujo reside en la interrelación de la geometría abstracta y la realidad física resultante de la observación. El cuerpo del hombre es esquemático pero sus contornos y músculos están perfectamente dibujados. Los pies parecen reposar sobre una línea inferior del cuadrado o presionar la curva del círculo. La doble figura produce la sensación de movimiento que podría ser el de un gimnasta o el de un hombre que subiera y bajara los brazos como alas de un pájaro. El cuerpo está dibujado con las líneas limpias y austeras de un diagrama, pero la cara aparece tratada de un modo muy diferente. Está más intensamente trabajada, más dramáticamente sombreada; nos mira con expresión airada. Los rasgos en este sentido responden a un ideal o prototipo. Y, sin embargo, el dibujo entero parece ser una representación realista de esas simetrías biogeométricas abstractas, de forma que el severo personaje inscrito en el círculo resulta ser, no una cifra, sino alguien, un hombre de ojos penetrantes profundamente sombrados y melena espesa y rizada peinada con raya al medio. Se puede decir que hay al menos algunos elementos de un autorretrato en el “Hombre del Vitruvio”, que está figura que representa la armonía natural simboliza también al hombre dotado de una extraordinaria capacidad para comprenderla, al artista-anatomista-arquitecto que fue Leonardo Da Vinci.

El reconocimiento por parte del Maestro Leonardo del concepto de la divina proporción quedo reflejado en sus diversos trabajos anatómicos. Tuvo la idea de realizar una obra magna con reproducciones detalladas del cuerpo humano incluyendo estudios de anatomía comparada y fisiología. La profundidad y rigor de sus investigaciones le llevaron a señalar las primeras teorías sobre los espasmos musculares dé las válvulas cardíacas. Algunos quisieron ver en estas inclinaciones una motivación morbosa, pero lo cierto es que Leonardo se mantuvo fiel a su destino: ser explorador del conocimiento. Un buen ejemplo es la serie de dibujos que creó en la etapa final de su vida bajo el título de “Visiones del fin del mundo”, donde la fantasía y la razón alcanzaron un nivel incomparable. Leonardo se sintió atraído, por todas las ciencias naturales. Mediante sus precursoras investigaciones anatómicas trató de entender los secretos más recónditos del cuerpo y entrar en el mismo meollo de la creación, y en este proceso llegó a una nueva comprensión de la salud y la curación, comprensión que profetiza asombrosamente el enfoque holístico de muchos médicos actuales , escribió, y creía que para mantener una buena salud la integración armoniosa de los elementos del cuerpo y el alma eran esenciales.

Así, practicó disecciones en un hospital, trabajos anatómicos, observaciones del vuelo de los pájaros y estudios sobre la naturaleza y el movimiento del agua. Fantasía y razón: Éstos, precisamente, fueron los ingredientes que alimentaron el espíritu de una de las personalidades más fascinantes de la historia: Leonardo da Vinci.

Los estudios que hizo Leonardo Da Vinci, por su universalidad de sus certezas han servido para que profesionales contemporáneos de la medicina alternativa, entre ellos el doctor Dale Schusterman, uno de los más eficientes y pujantes terapeutas de la nueva generación, establece el fundamento de la filosofía que subyace a su trabajo con un lenguaje extraordinariamente parecido al de Leonardo: <>.

Este médico expresa en sus estudio que las grandes tradiciones del conocimiento, incluyendo el misticismo judío como es la cábala está basado en la aceptación de que el humano ha sido creado a imagen de un ser cósmico. Por lo tanto, debería la humanidad ser capaz, al igual que Da Vinci, de ver el diseño cósmico de nuestra forma humana. Aparte de que nuestra forma refleje un modelo superior, nuestras cualidades humanas como seres son las mismas que las divinas, al igual que una gota de agua contiene las mismas propiedades que el océano.

Por tanto las fuerzas que gobiernan el cosmos en el macro nivel gobiernan al individuo en el micro nivel. La vida es una, y todas sus formas están interrelacionadas en un todo enormemente complicado, aunque inseparable. La unidad subyacente se transforma en puente entre el microcosmos y el macrocosmos.

El Maestro da Vinci trató de entender que la totalidad de la forma y la sustancia del hombre para profundizar en lo que es la vida, lo que es la salud. Recordemos que el paradigma de curación determina su calidad de vida. Si usted cultiva la conciencia de la unidad del cuerpo, las emociones, la mente y el espíritu, descubrirá un sentido más profundo de la completitud de la proporción divina.

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Las piedras símbolos de poder

Posted by cosmoxenus en 8 octubre 2007

Víctor Manuel Guzmán Villena

En la enorme variedad de tamaños, formas, cualidades, colores y grados de pureza, las piedras son una sólida expresión de la cosmogonía y de las jerarquías del universo, pudiendo servir al ser humano como soporte y vehículo simbólico de conocimiento, y también -al igual que todos los símbolos sagrados- como despertador de la conciencia y ordenador de la mente.

Siguiendo la máxima hermética que dice “Lo de abajo es igual a lo de arriba; y lo de arriba, igual a lo de abajo”, podríamos afirmar que así como las estrellas son el reflejo de las manifestaciones sensibles de energías invisibles que se hallan en dimensiones metafísicas, del mismo modo el reino mineral es la expresión terrestre de esas energías celestes que en formas pétreas “maduran en las extrañas de la tierra”.

Tanto las piedras comunes, que representan a los astros ordinarios; como las semipreciosas y preciosas, relacionadas con determinadas estrellas y constelaciones zodiacales; y también los metales, que se encuentran en su interior y recogen las energías planetarias, hasta llegar al diamante, símbolo de la piedra angular. Los minerales constituyen un código simbólico y expresan un lenguaje mágico y sagrado que la antigüedad conoció desde remotos tiempos. Se cree que ellas atraen determinadas energías, ya que sirven de altar y lugar de residencia de los dioses; son capaces de realizar milagros y curaciones, pues tienen propiedades sobrenaturales, mágicas-teúrgicas y simbólicas; desde siempre fueron usadas como amuletos y talismanes, y en muchos casos como oráculos a través de los cuales algunos pueblos han forjado su destino.

Piedras sagradas

Hay ciertas piedras en todas las tradiciones que han sido particularmente veneradas, ya que los antiguos consideraron que poseían una significación especial, pues las tomaron (como el propio Grial) se consideran moradas de la deidad; las llamadas “betilos”, símbolos del centro primordial que después de la caída se ocultó en el interior de la tierra (y de la piedra), y cuyo poder y resplandor se establece al fin del ciclo.

Este centro que está también representado en el símbolo de la Montaña Sagrada, como el monte Meru, el Sión y hasta el Gólgota para mencionar únicamente algunos de los innumerables montes sagrados que aparecen prácticamente en todas las tradiciones, considerada por muchos pueblos como residencia de los dioses y brillan en todo su esplendor durante su fase ascendente del ciclo cósmico, pero se oculta en el mundo subterráneo (en la caverna y en la piedra) en su fase descendente.

Igual significado de habitáculo divino tiene la piedra negra que representa a la diosa madre Cibeles o el Omphalos del oráculo de Delfos que era representada por una piedra, símbolo de ese centro y morada de los dioses. Esta piedra representaba el punto de comunicación entre el cielo, la tierra y el mundo subterráneo, debemos mencionar los dólmenes y menhires celtas, así como los obeliscos egipcios que jugaron un papel similar.

Algunos de esos betilos son aerolitos, piedras caídas del cielo como es el caso de las “piedras negras” que figuran en las tradiciones, tal cual la piedra negra engastada en una de las paredes de la Kaaba en la Meca y la propia piedra negra de la Cibeles. A estas piedras se les asigna un origen divino, pues el centro que ellos representan es en verdad un eje que sirve como camino de descenso de las energías cósmicas a las tierra y de ascenso de la tierra al cielo.

Energías sutiles

Las innumerables esculturas en piedra y piedras talladas que han representado a los distintos dioses, espíritus, ángeles e ideas en todos los pueblos pasan a representar las energías sutiles y los hombres a su través, comprendiendo lo que significan y traspasando su mero aspecto formal y material para utilizarlas como soporte hacia el conocimiento de aquellas fuerzas superiores en ellas depositadas, las que habrán de transmitirse a los que son capaces de recibirlas. Lo último que hemos mencionado con respecto a la piedra es válido para cualquier símbolo sagrado en particular. Tal es el caso de ciertas hachas prehistóricas que aparecen por doquier y son una demostración más de la presencia, en las tradiciones particulares, de ciertos símbolos que pertenecen a los que llamamos la Tradición Primordial, como es el hacha de piedra de Parucu Râma y el martillo de Thor, origen del mallete masónico, instrumento capaz tanto de fulminar como iluminar la esencia.

No solo símbolos sino transmisoras

Los pectorales, los anillos y las coronas de reyes y altos sacerdotes que siempre fueron adornados con piedras preciosas, transmiten a sus portadores las fuerzas y cualidades que ellas simbolizan. Reproduzco el texto de un manuscrito del siglo XVII acerca del simbolismo de las piedras de la corona de San Eduardo, en el que se la denomina “diadema que asegura el triunfo”. Estas piedras son: 1) Topacio: símbolo de las virtudes que debe ejercitar el rey; 2) Esmeralda: símbolo de la justicia del rey; 3) Sardónica: símbolo de la elevación del rey; 4) Crisolita: símbolo de la sabiduría y la prudencia del rey; 5) Calcedonia: símbolo del coraje del rey; 6) Jacinto: símbolo de la templanza y la sobriedad del rey; 7) Jaspe: símbolo de la abundancia que debe gozar el pueblo; 8) Crisópalo: símbolo de la búsqueda de las cosas celestes en el rey; 9) Berilo: símbolo del desprendimiento y la pureza del rey; 10) Zafiro: símbolo de la continencia del rey; 11) Amatista: símbolo de la función real que el rey no debe abandonar; 12) Onix: símbolo de la humildad, caridad y sinceridad del rey. También las concreciones fósiles, los corales y las perlas, que en diversos lugares fueron utilizados con fines talismánicos y curativos; lo mismo que los bezoar o piedras que se forman en el interior de los cuerpos de los animales que en todo lugar son considerados de valor mágico; y los llamados gamahez que son piedras con relieves de formas vegetales, animales, humanas o geométricas que se dibujan naturalmente en ellas y que han sido veneradas en todas las tradiciones.

Podemos pues ver cómo para el pensamiento tradicional los símbolos de la naturaleza como la piedra, y lo mismo con los vegetales, animales y el cosmos, son portadores de ideas, fuerzas y energías sutiles que de algún modo en ellos se depositan. Constituyen un orden y un modelo arquetípico cuya comprensión puede hacer posible que el hombre -que contiene dentro de sí todas esas energías y fuerzas, pues él las sintetiza y gobierna- se comunique con aspectos más reales y superiores de sí mismo y logre finalmente el hallazgo de esa piedra misteriosa que es, para quien pueda traspasar las apariencias de las cosas, el único verdadero tesoro -oculto en las regiones más profundas de nuestro ser- al que podríamos aspirar.

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