El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

MEDALLONES DE DAMAS HERMETICAS

Posted by cosmoxenus en 23 septiembre 2007

Artículo Original aqui

MIREIA VALLS

A la Tradición, que nos concibe, gesta, alumbra, nutre, desarrolla y reabsorbe en su seno y a todos los hombres y mujeres que conscientemente la vivifican.

“Hijas de Mnemosine y del resonante Zeus, Musas Piérides, afamadas, gloriosas, muy gratas para los mortales que visitáis, multiformes, generadoras del irreprochable valor que supone toda instrucción. Nutridoras del alma, ordenadoras del pensamiento, soberanas conductoras de la mente vigorosa. Vosotras, que dísteis a conocer a los mortales los misterios rituales, Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania, juntamente con la madre Calíope, y la poderosa diosa Hagne. Mas, ea, venid, por favor, para vuestros iniciados, multicolores y castas, aportando una emulación gloriosa, deseada y por muchos celebrada.”
Himnos Orficos. A las Musas.

La estancia.

En una estancia olvidada del mundo se esconde un tesoro de luz. No esperemos encontrar perlas, ni piedras preciosas, ni oro, ni plata, ni cualquier otro metal que precise de iluminación exterior para brillar. Como si de estrellas se tratara, las joyas de este tesoro oculto, alumbran con luz propia y expanden desde su seno rayos de Sabiduría. Advirtamos de antemano que el recinto no es de fácil acceso. Difícilmente franqueará su puerta el curioso superficial, el erudito sistemático, el científico racionalista, el fenoménico y prestidigitador, el charlatán embaucador, el defensor de parcialidades, el esteta posmoderno, el terrorista y violento, el tergiversador, manipulador e impostor, es decir, el profano que no reconoce y más bien niega la sacralidad del Universo; y si cualquiera de estas falsas identidades o espectros del mundo moderno traspasara el umbral, retornaría bien pronto sobre sus propios pasos, con una sombra de perplejidad en el rostro, sin haber comprendido apenas nada.

Sólo al limpio de corazón se le abrirá la puerta. Unicamente el adepto, es decir, el que ha recibido el don de la divinidad, accederá verdaderamente a la caverna y reconocerá el valor de las alhajas cubiertas por el polvo del descuido, de la amnesia o del rechazo. Desnudo, vacío de todo prejuicio y en estado virginal, podrá recibir entonces, si es el caso, un destello, una revelación, un despertar al mundo misterioso del símbolo y también un mapa de ruta que le proporcionará las claves para retornar a su verdadera patria, al Origen, a la residencia de la Inmortalidad. Porque las joyas a que nos referimos son eso, símbolos, intermediarios y vehículos portadores de ideas-fuerza, que reflejan auténticamente lo que expresan, y lo que expresan son realidades arquetípicas, modelos o tipos del Principio Supremo. Esta es la razón por la que, si a un nivel los símbolos revelan, en otro velan, y viceversa, mas siempre habrá un punto invisible que no será mencionado, por la propia naturaleza inviolable del Secreto, joya suprema del tesoro.

Libros inspirados, grabados enigmáticos, retratos intemporales, frases de poder, voces silenciadas cuyos ecos retumban contra las paredes del recipiente hermético. Nombres de mujeres acunadas y protegidas en el athanor que de pronto se descubren: Hypatia, Cristina de Pizán, Diótima, Luz, Sor Juana Inés de la Cruz, Asclepigenia, Sabina Stuart de Chevalier, Mut, Clea, María la Hebrea, Jeanne de Vivonne, Quefes, Téano, Mya, Hildegarda de Bingen, Lux, Sta. Teresa de Avila, Margarit y más hermanas escribas, muchas más cuyo legado se dejará sentir en la copa del corazón –receptáculo de la intuición intelectual– de todo aquél que se entregue sin reservas a esta aventura de búsqueda, rescate y reunión de lo disperso y simultáneamente a su difusión, para que la Verdad una y única brille en todo su esplendor. Damas gestadas en el seno de la Tradición Hermética, alumbradas por la Sabiduría Perenne y Universal que al manifestarse lo hace adoptando unas formas afines a la cinta del devenir cíclico, a la geografía donde se proyecta y a la naturaleza de los seres humanos a los que se transmite. Mujeres vinculadas a la cadena áurea de iniciados de esta rama de la Tradición Primordial, tocadas por la gracia del Espíritu y que con Inteligencia y Belleza han dejado una huella, por momentos profunda y reconocible, por otros sutil y más escondida, según fuesen las circunstancias contingentes, pero siempre “auténtica” por estar vertebrada entorno al eje que conecta permanentemente lo celeste con lo terrestre y por donde circula la influencia espiritual que posibilita la recuperación de la memoria del Sí mismo y de la Identidad Suprema. Seres extraordinarios por su naturaleza y cualidades, pero sobre todo, por la apertura a la “llamada interior” que les ha permitido recordar su verdadera esencia divina y universal, fuente de la Sabiduría e inspiración de todas sus obras. Sacerdotisas de los Misterios de la antigüedad, reinas y guerreras, poetas o adivinas, matemáticas, filósofas, escritoras o pintoras, astrónomas o alquimistas, así como también diestras artesanas de muchos oficios que se han tomado como soporte de Conocimiento, o bien simples amas de casa que han laborado silentemente. Diversas en funciones, misiones y producciones, pero por encima de todo, amantes al unísono del Conocimiento, obreras del Supremo Arte de conocerse a Sí mismo y consagradas sin reservas a la labor de divinización; arraigadas a su tiempo, mundo, condición, posición, usos y costumbres, pero simultáneamente desapegadas de lo efímero por el soplo del Espíritu que las eleva a las esferas celestes, a los estados de conciencia supraindividuales, preámbulo de la Libertad total. Heroínas –como héroe es también todo varón que se pregunta sinceramente quién es, de dónde viene y a dónde va– que se embarcan en un viaje espiritual, de índole totalmente intelectual, hacia el interior del Ser, para el cual están dispuestas a “dejar todo” y a atravesar, contra viento y marea, todos los embates del mundo intermediario del alma, hasta la llegada final al puerto inmutable del Espíritu.

Si unas se recluyen en templos, conventos, monasterios o talleres y otras lo hacen en bibliotecas o gabinetes de estudio de castillos y palacios, o simplemente se recogen junto a la chimenea de las viviendas, nada de ello es signo de aislamiento, sino que merced a sus magnos esfuerzos intelectuales y a lo concebido por la gracia en el silencio de la meditación e invocación, todas participan desde sus sitiales en una grandiosa labor de autoconocimiento y difusión: las hay que proclaman profundos discursos en las academias, museos, escuelas o hemiciclos; otras que legan el saber en templos o espacios a cubierto de las miradas profanas; no olvidemos tampoco a las que mercadean en medio de las plazas ofreciendo el fruto artesanal de su trabajo, o simplemente las que al calor del hogar transmiten oralmente los saberes ancestrales a sus hijos; pero eso sí, encarnando cada una el testimonio vivo de la herencia recibida y simultáneamente legándolo a su descendencia espiritual. Sus soportes rituales son los que ha usado la humanidad entera desde tiempos inmemoriales: la práctica del Arte y de la Ciencia Sagrada; por su intermedio se vehicula la enseñanza, ya sea a través de la palabra o por la escritura, con el soporte del módulo numérico, la música, el canto, el teatro, la danza o mediante la práctica de un oficio, de una tarea cotidiana, de un juego, o del ejercicio de las artes plásticas, gestuales y manuales.

Son reconocidas o repudiadas, veneradas por su saber o desprestigiadas, ensalzadas, asesinadas o simplemente ignoradas. Todo se da en la trama de la historia sagrada, esto es de las ideas, para vivificar el mensaje del “Uno sin segundo”. La forma constituye sólo un apoyo, por momentos amable, por otros terrible, mas lo único que pervive es la conquista del Graal que contiene el Elixir de la Inmortalidad. Y quien conoce este secreto es el que ha realizado en sí todas las nupcias de los aparentes opuestos y complementarios, aquél que traspasando lo sexuado, reconoce el andrógino que nunca dejó de ser, es decir, el ser humano –sea hembra o varón–, que ha experimentado en y con la conciencia todas las transmutaciones del mundo intermediario del alma y finalmente se ha entregado a la transformación, liberándose de toda limitación, y fusionándose con el Misterio Infinito.

No podemos avanzar sin abrir los arcones que atesoran montañas de pequeñas estrellas, es decir, de millares de mujeres anónimas que han transitado por los senderos de la civilización occidental, nacida del mensaje revelado por el dios Hermes. Hay una historia popular no escrita en papel, pero sí grabada en el corazón de la cultura; un rastro sutil de seres que se han sumado desde su condición femenina y según sus cualidades y posición a la edificación de la concordia universal, labor que aunque silente e ignorada por la oficialidad ha sido y es del todo necesaria. A esta vida secreta, que es signo de la comprensión de la relatividad del ser particular respecto de la única realidad del Principio –hecho por el cual el ser humano de mentalidad tradicional otorga tan poca importancia a la individualidad–, queremos destinar ahora unas líneas. Dos son las funciones que a modo de piedras de fundamento de una civilización han desempeñado la inmensa mayoría de mujeres, sea cual fuere el puesto que ocuparan en el seno de dicha cultura: por un lado, el cuidado del hogar; del otro, la gestación y crianza de los hijos, aspectos ambos que por pura ignorancia han caído en el desprestigio y la mala interpretación desde hace ya unos siglos1, pero que en sí son totalmente simbólicos, trascendentes y susceptibles de numerosas correspondencias analógicas con los estados del Ser Universal. La plena vivencia consciente de estas tareas constituye un soporte ritual inestimable para la mujer de cualquier tiempo y condición que desee conocerse y trascender los límites de la individualidad; mas para ello es preciso disponer de unas claves para restituir su sentido real y liberador. La Tradición es quien otorga estas llaves, despertando en el ser que a ella se afilia una visión sagrada, según la cual todas las expresiones de la vida de un mundo, de una civilización, de una cultura, sociedad o individualidad son reflejo de la realidad de un Ser invisible, que paradójicamente es su origen y razón de ser. Es por la verdadera experiencia de lo que estamos diciendo que se irá operando la alquimia espiritual en el corazón de la adepta adscrita, al nivel que fuere, a una vía de Conocimiento.

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