El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 15/09/07

La Cámara de Reflexiones

Posted by cosmoxenus en 15 septiembre 2007

MOTIVO PARA UNA HONDA REFLEXION

El cuarto de reflexión no representa únicamente la preparación preliminar del candidato para su recepción, sino que es principalmente aquel punto crítico, aquella crisis interior, donde empieza la palingenesia que conduce a la verdadera iniciación, a la realización progresiva, al mismo tiempo especulativa y operativa, de nuestro ser y de la Realidad Espiritual que nos anima, simbolizada por los viajes.

El cuarto de reflexión, con su aislamiento y con sus negras paredes, representa un período de oscuridad y de maduración silenciosa del alma, por medio de la meditación y concentración en uno mismo, que prepara el verdadero progreso efectivo y consciente que después se hará manifiesto a la luz del día. Por esta razón se encuentran en él los emblemas de la muerte y una lámpara sepulcral, y se hallan sobre sus paredes inscripciones destinadas a poner a prueba su firmeza de propósito y la voluntad de progreso que tiene que ser sellada en un testamento.

Al ingresar en este cuarto (símbolo evidente de un estado de conciencia correspondiente), el candidato tiene que despojarse de los metales que lleva consigo y que el Experto recoge cuidadosamente. Tiene que volver a su estado de pureza originaria –la desnudez adámica- despojándose voluntariamente de todas aquellas adquisiciones que le fueran útiles para llegar a su estado actual, pero que constituyen otros tantos obstáculos para su progreso ulterior.

Debe cesar de cifrar su confianza y codicia en los valores puramente exteriores del mundo, para poder encontrar en sí mismo , realizar y hacer efectivos los valores verdaderos, que son los morales y espirituales. Debe cesar de aceptar pasivamente las falsas creencias y las opiniones externas, con objeto de abrirse su propio camino hacia la Verdad.

Esto no quiere decir que uno tiene que despojarse en absoluto de todo lo que le pertenece y ha adquirido como resultado de sus esfuerzos y premio de sus labores, sino únicamente que debe cesar de dar a estas cosas aquella importancia primaria que puede hacerle esclavo o servidor de las mismas, y poner siempre en primer lugar, por encima de toda consideración material o utilitaria, la fidelidad a los Principios y las razones espirituales.

Este despojo tiene por objeto conducirnos a ser libres de aquellos lazos que de otra manera nos impedirían todo progreso adelante.

Se trata, por consiguiente, en esencia, del despejo de todo apego a las consideraciones y lazos exteriores, con el objeto de que podamos enlazarnos con nuestra íntima Realidad Interior, y abrirnos para su siempre más libre, plena y perfecta expresión.

Lavagnini

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Animación: Como construir un Arco

Posted by cosmoxenus en 15 septiembre 2007

Interesante animación (EN INGLES) de la BBC en este link: http://www.bbc.co.uk/history/british/launch_ani_build_arch.shtml

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STONEHENGE, UN SANTUARIO ASTRONOMICO

Posted by cosmoxenus en 15 septiembre 2007

Por Félix Llauge Dausa y Otros.

El monumento: su ubicación y su forma

En Wiltshire, Inglaterra, se encuentra Stonehenge, el monumento megalítico más extraordinario y enigmático del mundo. Desde la Antigüedad, Stonehenge ha despertado la atención y admiración de los visitantes por su extraña y sorprendente arquitectura. No hay actualmente nada en el mundo que en manera alguna pueda compararse a este misterioso santuario, construido simplemente con grandes bloques rectangulares de piedra.

Los autores británicos John Aubrey y William Stukeley, a fines del siglo XVII y a principios del XVIII, contribuyeron fuertemente a mantener la imagen de Stonehenge como un templo druídico y sitio importante de la cultura celta. Pero, aunque fue sin duda el sitio utilizado por los druidas para sus ceremonias, los pesados megalitos estaban ahí mucho antes de la llegada de los celtas a tierras británicas, y los misterios de Stonehenge no tienen ninguna necesidad de este aporte para seguir siendo apasionantes.

Aunque hoy día se sepa que los celtas no son los constructores, éstos tuvieron en todos los tiempos un gran respeto por Stonehenge. El primer texto que menciona el sitio con exactitud se encuentra en la Historia Regnun Britanniae de Geoffroy de Monmouth (1136), uno de los autores del ciclo arturiano. Entremezclado con la leyenda, Stonehenge aparece como una creación del druida Merlín que, por obra de la magia, habría traído las piedras desde Irlanda. Luego habría utilizado las fuerzas vitales del lugar para despertar al dragón… e, igualmente, lo habría convertido como el lugar en el que los nobles de Inglaterra habrían prestado su juramento al rey Arturo.

En primer lugar, no debe extrañar que el monumento haya sido precisamente erigido en la llanura de Wiltshire, pues, como hacen notar frecuentemente los geógrafos, este región es la más elevada de las planicies del sur de Inglaterra que la rodea. Y fue en esta alta planicie en donde se levantaron los mayores campamentos prehistóricos. Por entonces las tierras bajas de Gran Bretaña eran del todo inhabitables, principalmente a causa de los espesos bosques de robles que las cubrían. Por este motivo, los primitivos agricultores buscaron para el cultivo los altos collados de tierras arcillosas y calcáreas, en donde el blando suelo de escaso grosor podía fácilmente ser trabajado, parcelando el terreno en pequeños prados para cultivar el trigo y otros granos.

Stonehenge está constituido por grandes bloques rectangulares de piedra ordenados en circulo, formando dinteles. Lo hallamos situado en el centro de un terreno rodeado por una zanja bastante profunda. La tierra sacada de esta excavación forma un ligero terraplén hacia el interior del círculo, interrumpido por una entrada bastante ancha en su lado Nordeste.

A continuación de la zanja circular, hacia el interior del circulo de tierra, hay 56 hoyos circulares formando una circunferencia o anillo en torno al monumento. La mitad de estos hoyos o fosas -llamados de Aubrey desde el siglo XVII, en honor de su descubridor- han sido excavados y marcados con cal, destacándose alrededor de Stonehenge como un enorme collar de grandes perlas blancas. Estos hoyos parecen tapar túmulos de enterramientos, sin urnas ni objetos funerarios, pero con señales de cremación, como si se hubiesen utilizado para determinados sacrificios o ceremonias en honor de ignorados dioses. En el Interior de este círculo de hoyos se encuentra enclavado el conjunto arquitectónico de monolitos de Stonehenge, que consta de dos partes: un círculo exterior de unos 34 m. de diámetro y una construcción interior en forma de herradura.

Al principio, cuando el monumento no había sido deteriorado por el paso del tiempo y por los continuos saqueos de los habitantes de la zona que acudían a ese santuario para llevarse las piedras, el círculo estaba formado por 30 columnas unidas por un dintel continuo de bloques cortos, los cuales montaban encima de las columnas o monolitos de tal manera que cada uno se apoyaba en dos columnas consecutivas. Todas estas columnas o menhires son de sarsen, una clase de piedra arenisca que se encuentra en los Marlborough Downs, a unos 30 km. al norte de Stonehenge, y cada uno de ellos pesa alrededor de 25 toneladas. Los bloques colocados encima, formando el dintel, también son de sarsen y pesan alrededor de 7 toneladas cada uno. La construcción interior, en forma de herradura, es un conjunto de cinco trilitos de sarsen. Cada una de ellos consiste en dos menhires de unas 45 toneladas, coronados por un enorme bloque que forma el dintel.

Como puede comprenderse, ese peristilo de monolitos y la herradura interior causan admiración no sólo por su grandeza sino por la precisión y finura del trabajo que ejecutaron sus misteriosos constructores. Producen también grata impresión a la vista por su coloración gris y la erosión producida por la acción del agua y el viento en el transcurso de los siglos.

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Sincronicidad

Posted by cosmoxenus en 15 septiembre 2007

Artículo Original Aqui

“Sin salir por la puerta
se puede conocer el mundo.
Sin mirar por la ventana
se puede conocer el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
tanto menos se aprende.
Por eso el sabio
sabe sin desplazarse.
Entiende sin ver.
Realiza sin hacer.”

(Lao Tsé)

Sincronicidad es un término acuñado por el psiquiatra suizo C. G. Jung, quien lo concibió para describir la singular ocurrencia de dos o más acontecimientos de igual o similar significación, sin conexión causal posible. Este principio incluye necesariamente a un sujeto que perciba y experimente en forma consciente el significado común entre un hecho del mundo interno y uno o más del mundo subjetivo. La sincronicidad se distingue así del mero sincronismo – ocurrencia simultánea de dos sucesos cualesquiera – y se opone abiertamente al principio causal predominante en la cultura occidental, dominada por el cientificismo: la ley de causa y efecto, o de acción y reacción.

Un ejemplo simple de sincronicidad sería el recordar repentinamente a un compañero de colegio del que no se ha sabido nada desde entonces; encontrarlo casualmente en la calle a las pocas horas o días, y simultáneamente leer en el diario una información referida a la profesora que enseñaba en ese curso. Si la persona vive esos tres eventos en compañía de un amigo, para éste la secuencia no significará más que hechos aislados; pero para el protagonista, todos ellos están eslabonados en relación a un tiempo específico de su pasado. El puede ver la conexión existente y otorgarle un significado. Los componentes objetivos y el subjetivo no poseen una causa común, no es posible deducir o demostrar científicamente qué genera el fenómeno. Y es que la ciencia ha avanzado en mediciones cada vez más minuciosas y microscópicas de la realidad, pero al llegar al terreno de lo subjetivo se ha encontrado en la imposibilidad de medir, reproducir, predecir o manipular las variables.

En la época en que Jung describió la sincronicidad, ésta aparecía como antónimo de la causalidad imperante, lo que no significa que esto haya sido siempre así. De hecho, en la antigüedad este término no habría sido necesario, como no lo sería el de ecología en el lenguaje de una tribu indígena del Mato Grosso. Cuando el conocimiento no estaba dividido en ciencia y humanismo, cuando el sabio se ocupaba tanto de lo terreno como de lo divino – lo primero como expresión de lo segundo – nada podía ser considerado como acausal. El estudio de la causa primera tenía el mismo sentido que el de sus consecuencias en la materia y los seres vivos, ya fuera que a aquella causa se la llamara Dios, Naturaleza o Sol. Y no nos referimos aquí a la actitud de ignorancia o inercia mental que adjudica a un ser omnipotente todo aquello que no entiende, sino a la comprensión del universo como un todo inseparable, como una gran armonía interdependiente.
Así, la sabiduría antigua, especialmente oriental, se empeñaba en comprender como afectaba el quiebre de una armonía particular a otro sistema o al conjunto, por sobre la disección de problemas aislados y su intento de resolución – in vitro – desconectados de sus relaciones naturales.

Si el mundo surgía y era sostenido a partir de un Gran Aliento fundamental, éste podría ser conocido y comprendido a través del estudio del mundo, porque estaría tan presente en lo grande como en lo pequeño, tan reflejado en los astros como en las hormigas. Nada quedaría fuera de lo que es, como nada podría estar fuera de la eternidad. Esta cosmovisión estaba naturalmente impregnada de la búsqueda trascendente de las grandes interrogantes inherentes al ser humano. Estando en el mundo, parece razonable buscar la trascendencia a través de él en un ascenso progresivamente integrador que minimice los riesgos de producir místicos desarraigados o científicos desalmados. En la antigüedad sólo merecía ser llamado sabio aquel que había sabido recorrer ambos caminos y al que, luego de una larga trayectoria en la que había comprendido suficientemente al mundo, le era posible comenzar a recibir algún conocimiento de Dios.

Aun en pueblos primitivos, en el sentido de escaso o nulo conocimiento teórico o abstracto, las personas más respetadas o veneradas de la comunidad las constituían, y constituyen, aquéllas capaces de interpretar el todo por sobre los hechos particulares, y con ello indicar las acciones necesarias para restituir la armonía perdida en cada caso. El examen de la mayoría de los métodos adivinatorios, o premonitorios, ya sea lectura de huesos calcinados o conchas de tortuga, I Ching, Tarot, etc., revela un factor común: todos ellos expresan un “momentum” global, por ello es factible de ser «leído» o interpretado por alguien que percibe su significado. Queremos decir: por alguien capaz de aprehender el Gran Aliento que en ese instante impregna todas las cosas, incluidos los objetos adivinatorios, condición “sine qua non” para que en éstos se manifieste una realidad que los trasciende.

Todo acto adivinatorio es sincronístico, ya que no puede ser demostrada una causa que condicione el acierto de la premonición. La función primordial del oráculo es revelar la correspondencia entre lo interno y lo externo de un momento dado, en un paralelismo acausal. Refiriéndose al I Ching, dice Jung: « … quienquiera que lo haya inventado, estaba convencido de que el hexagrama obtenido en un momento determinado coincidía con éste en su índole cualitativa, no menos que en la temporal. Para él, el hexagrama era el exponente del momento en el que se lo extraía, por cuanto se entendía que el hexagrama era un indicador de la situación esencial que prevalecía en el momento en el que se originaba.»

Desgraciadamente, esta arcana concepción unificadora, sintético-intuitiva, predominante en el Este, comenzó a escindirse, en forma casi paralela al incremento de la civilización occidental. Recordemos que China tenía ya milenios de cultura cuando Europa recién estaba dejando la vida nómada. La principal causa de este cisma fueron las características inherentes al hombre occidental: razonador, inquisitivo, analítico, en suma, fragmentador del mundo. Para conocer, él separa, divide, clasifica, versus el oriental, que integra, sintetiza, recibe al mundo.

Estas peculiaridades fueron relegando cada área de conocimiento a un compartimiento separado y cada vez más infranqueable: ciencias naturales, teología, música, etc.. La fisura inicial se convirtió en grieta, y ésta en caminos francamente irreconciliables, hasta casi nuestros días: ciencia y religión; verdades que exigían ser demostrables para existir “versus” verdades de las que sería blasfemia pedir demostración, y que debían ser aceptadas mediante un acto de fe. Si para los científicos todo tenía que tener una causa conocida que produjera el efecto en estudio, Dios – o la causa primera incognoscible – quedaba instantáneamente excluido. Para los religiosos, en cambio, el testeo o manipulación de la obra de Dios era aberrante, y sólo cabía admirarla.

En una época de apogeo científico y tecnológico, sin embargo, el Dr. Jung describió un orden acausal de acontecimientos, una categoría de eventos sin conexión posible y sin predictibilidad alguna, debido a que uno de sus componentes era subjetivo y la subjetividad no se podía manipular certeramente. De la causalidad lineal, producida necesariamente en una sucesión temporal, dio un salto conceptual a la sincronicidad atemporal, en la que la conexión factual se produce sólo en la consciencia del que lo vivencia, y no en el tiempo entre A y B. La mirada causal es retro o prospectiva, tendiendo a fijar sus elementos en el tiempo, mientras la sincronicidad sólo puede suceder en el ahora transformándolo creativamente en una nueva comprensión.

Para Jung, la conexión causa-efecto es sólo estadística y como tal, relativa, y, sin embargo, ha sido el método empleado para comprender y establecer sobre la base de leyes todo el comportamiento físico, químico y biológico en la naturaleza. Este sistema deja fuera de la norma a todo lo individual, lo excepcional, lo único. Más aún – precisa Jung – el científico preformula preguntas a la naturaleza a través de experimentos prejuiciados, con lo que obtiene respuestas parciales que luego son presentadas como generalizaciones. Reflexión compartida por el científico contemporáneo , Dr. Humberto Maturana: « … las explicaciones científicas no contienen los rasgos del fenómeno por explicar, sino que éstos resultan de los procesos que ellos implican. Por esta razón, las explicaciones científicas son proposiciones mecanicistas, y como tales, consisten en proposiciones de sistemas determinados por su estructura.»

En esto radica la distorsión. La ciencia – como otras áreas del conocimiento – en su empeño por conocer el mundo, ha elaborado leyes, ha construido abstracciones cada vez más complejas sobre la base de hipótesis, modelos y experimentaciones estadísticamente satisfactorias. 0, según Ken Wilber, ha realizado distinciones de distinciones de distinciones. El problema surge cuando se da por supuesto que esas meta- meta-demarcaciones son la realidad.

Por una parte, es falso el no considerar todos los casos individualmente, y por otra parte produce un distanciamiento enorme, con su consiguiente deformación, de la naturaleza misma de las cosas, la que es no fragmentaria. Al decir de los neurolingüistas, «el mapa no es el territorio».

La sincronicidad es por esencia incluyente, al no establecer distinciones de tiempo, espacio, ni categorías, y no imponer condiciones a su ocurrencia. Hipótesis nada descabellada si consideramos a la sincronicidad como un puente tendido entre el saber absoluto y la realidad externa, constituyendo un acontecimiento esencialmente creativo.

Acumulados estadísticamente, la distribución de sucesos sincronísticos se verifica en grupos aperiódicos, o de otro modo no serían aleatorios. En todos los casos la causalidad no ha podido ser encontrada o demostrada. Si pudiéramos conocer y establecer la existencia de la causa primera, del Gran Aliento al que hacíamos mención, desaparecería naturalmente la oposición entre causalidad y acausalidad al comprobarse el orden superior al que todos los fenómenos estarían subordinados. Así, el aparente antagonismo entre la distribución seriada, lineal, de los acontecimientos causales, y la distribución aperiódica y atemporal de las «conexiones transversales significativas» – como llamaba también Jung a la sincronicidad – quedaría abolida, siendo ambas expresiones diversas, parciales, y, por lo tanto, complementarias del Todo.

Pablo Cáceres

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SECRETOS DEL TEMPLO DE SALOMÓN

Posted by cosmoxenus en 15 septiembre 2007

El interés por el conocimiento de la forma o la estructura del templo es, en realidad, el interés por el conocimiento hermético de Salomón que personifica la sabiduría de la Tradición de todas las edades. De acuerdo con la Cábala que es la recopilación de la tradición oral judía y base de la religión judía ,Salomón era experto en Magia.

También tenía profundos conocimientos de Teurgia y Goetia y era capaz de controlar sus propios demonios internos, obteniendo de ellos buena parte de su sabiduría. En su Claviculas Salomonis o Claves del Rey Salomón trabajo en el que presumiblemente se exponen los secretos mágicos obtenidos por Salomón y empleados por él en la conjuración de espíritus- se arroja luz sobre los rituales iniciáticos masónicos. El papa Inocencio III reconoce la posibilidad de que se tratara de un mago en el más amplio sentido de la palabra. Hipótesis que basa en las afirmaciones del historiador judío Flavio Josefo, quien hizo especial mención a los trabajos mágicos y dotes sobrenaturales de este rey. Todo lo cual se encuentra asimismo reflejado en muchas tradiciones orientales que subrayan, entre otras muchas, las facultades mágicas de Salomón, como se indica frecuentemente, por ejemplo, le hermetique kabahala. Pero este misterioso monarca encierra aún más sorpresas.

Así por ejemplo, los alquimistas medievales estaban convencidos de que conocía los secretos de Hermes Trismegisto y que, gracias a ellos, llegó no sólo a multiplicar los metales, sino también a fabricar la piedra filosofal. Y se dice también que Salomón sabía cómo controlar la “esencia od incorpórea del espíritu universal”, conocimiento que lo habría asistido en la construcción del Templo.

Por otro lado, y de acuerdo con los antiguos cabalistas, Salomón habría sido, paralelamente, un iniciado de las escuelas mistéricas, siendo su templo un lugar de iniciación que. Tanto las gradas como los pilares situados a ambos lados del pórtico, los querubines babilónicos y todo el arreglo de las alcobas indican, de hecho, que el templo habría sido erigido de acuerdo a patrones tomados de Egipto. Michel Lamy nos recuerda en La otra historia de los templarios que Salomón hizo también erigir unos santuarios para unas “divinidades extranjeras”. Consagró en particular unos templos a Astarté, “la abominación de los sidonios” y a Milkom, “el horror de los amonitas”. Según el canon místico, siempre han existido sobre la Tierra una serie de hombres santos que han accedido al trato íntimo con la deidad. De ellos, el que alcanza la posición más alta entre sus contemporáneos es el enclave de su época, siendo los demás intermediarios. El enclave es un individuo misterioso que, desconocido y nada conspicuo, se mezcla con la humanidad.

Como un dinamo extraño alrededor del cual todo converge, en él se encarna el significado y el espíritu de una edad hasta nuestros días. ¿Pudo ser Salomón el enclave del judaísmo cabalístico? En el seno de la primera monarquía terrestre se elevó el primer templo a Dios. La Biblia recoge claramente las tradiciones según las cuales fue el propio Gran Arquitecto del Universo -al que identificaban como Dios- quien, en última instancia, ordenaba cuándo, quién y cómo se había de construir el Templo. Para esta misión, de entre todos los hijos de David Dios elegiría a Salomón: Y así fue. Cuando Salomón quiso alzar el templo, pidió ayuda al rey de Tiro, Hiram, ya que tal edificación requería un arquitecto experimentado en las técnicas y conocedor de la doctrina secreta de los números y de las formas.

De ahí que el monarca enviara a Hiram-Abiff el fundidor, para que se hiciera cargo de la sagrada obra. Pero como en todas los hechos acaecidos en épocas remotas, en los que no se sabe muy bien donde termina la historia y donde comienza la leyenda, las circunstancias iniciales no están nada claras. Michel Lamy, en su obra La otra historia de los templarios nos dice que “fue sin duda edificado hacia el año 960 a.C., al menos en su forma primitiva. Salomón, que deseaba construir un templo para mayor gloria de Dios, había establecido unos acuerdos con el rey fenicio, que se había comprometido a proporcionarle madera (de cedro y de ciprés). Éste le enviaría también trabajadores especializados: canteros y carpinteros reclutados en Guebal, donde los propios egipcios tenían por costumbre reclutar a su mano de obra cualificada. El templo se elevó en el monte Moriah y su construcción tardó siete años. Fue uno de los edificios más sagrados que jamás hayan existido en la Tierra.

La geometría secreta con la que fue erigido por Hiram había sido heredada por el propio arquitecto, cuyo probable origen es develado por Heckethorne en su libro Las sociedades secretas de todos los tiempos y países. Según Heckethorne, Hiram habría sido descendiente directo de la línea de Caín, lo cual podría explicar la creencia de que el templo había sido realizado por demonios -o elementales- sobre los que tanto Hiram como el propio Salomón ejercían cierto control. Pero ocurrió que la Reina de Saba se enamoró de Hiram, el arquitecto del templo, éste cayó en desgracia ante los ojos del rey y, finalmente, murió asesinado.

Esto no quiere decir que el rey tenga algo que ver con tal asesinato. Sin embargo, antes de morir dijo Hiram que tendría muchos descendientes que completarían su trabajo, es decir, que construirían otros templos humanos. Y, en este sentido, son muchos los estudiosos que están convencidos de que esos descendientes fueron los templarios, ya que ellos mismos se consideraban los arquitectos y custodios de la “ciencia más secreta”. De cualquier forma es esta una cuestión muy confusa también, pues dice Michel Lamy al respecto: “El arquitecto Hiram, según la leyenda, murió a manos de unos compañeros celosos a quienes había negado la divulgación de determinados secretos. Como consecuencia de la desaparición de Hiram, Salomón envió a nueve maestros en su busca. Nueve maestros, como los nueve primeros templarios, en busca del arquitecto de los secretos”. En aquella época se creía que el Templo de Jerusalén unía el Cielo y la Tierra y que los ritos que allí se desarrollaban reforzaban está asociación; por tanto, cualquier desviación en el servicio del templo podía tener consecuencias catastróficas.

El Templo de Salomón, construido en el siglo X a.C., se convirtió así en algo esencial no sólo para la imaginería religiosa judía, sino también para el simbolismo cristiano en siglos venideros. En el 587- 586 a.C. fue arrasado hasta los cimientos por Nabucodonosor. Restaurado alrededor del 500 a.C. por Zorobabel, fue nuevamente destruido, para ser reconstruido una vez más por Herodes “El Grande”, no mucho antes del nacimiento de Jesús. El tercer templo fue abatido finalmente por los romanos en el año 70 d.C., ocupando en la actualidad su antiguo lugar la mezquita de la Cúpula de la Roca, en la Explanada del Templo.

Dice Lamy sobre las reliquias que se custodiaban en el Templo: “Si bien la mayor parte de los objetos sagrados habían desaparecido en el momento de las diversas destrucciones, y principalmente durante el saqueo de Jerusalén por Tito, hubo uno que, aún habiéndose volatilizado, no parecía haber sido sacado de allí. Ahora bien, había sido para albergar dicho objeto por lo que Salomón hizo construir el Templo: el Arca de la Alianza que guardaba las Tablas de la Ley. Una tradición rabínica citada por Rabbí Mannaseh ben Israel (1604-1657) explica que Salomón habría hecho construir un escondrijo debajo del propio Templo, a fin de poner a buen recaudo el Arca en caso de peligro”… Y continúa explicando: “No parece que el Arca hubiera sido robada con ocasión de alguno de los diferentes saqueos o por lo menos, de ser cierto, fue recuperada, según los textos. Su desaparición por medio de un robo habría dejado numerosos rastros, tanto en los textos como en la tradición oral. Louis Charpentier nos recuerda a este respecto: “Cuando Nabucodonosor tomó Jerusalén, no se hace ninguna mención al Arca entre el botín. Hizo quemar el Templo en 587 a.C.”. A Charpentier no le cabe ninguna duda acerca de ello: el Arca permaneció en su sitio, oculta bajo el Templo, y los templarios la descubrieron. Esta es una cuestión en la que entraremos en profundidad cuando tratemos los pormenores de la creación de la Orden del Templo. Según ha escrito Jonathan Smith, recordando antiguas creencias, “la Piedra de la Fundación, como en las construcciones mesopotámicas, es el centro exacto del Cosmos, el eje o polo, y fue sobre esta Piedra donde estuvo Yahvé cuando creó el mundo; de esta Piedra surgió por primera vez la Luz (se entiende que esta luz iluminaba el templo, que fue construido sobre la Piedra y cuyas ventanas estaban diseñadas para dejar salir la luz y no para permitir su entrada); de la superficie de esta Piedra se obtuvo, rascando, polvo para crear a Adán; bajo esta Piedra está enterrado Adán; en esta Piedra ofreció Adán el primer sacrificio; sobre esta Piedra Caín y Abel ofrecieron su fatal sacrificio; de esta Piedra vinieron las aguas del diluvio y bajo esta Piedra recedieron”. Se creía, en efecto, que bajo la roca fluían las aguas subterráneas, fuerzas del caos que no cesaban de amenazar con engullir el mundo ordenado. La función del Templo era, supuestamente, mantener a raya a aquellas fuerzas. Han sido muchos los exégetas que han tratado de reconstruir teóricamente la estructura del Templo. Es el caso del franciscano normando Nicolás de Lyre o el filósofo François Vatable. Incluso el mismo Isaac Newton, subyugado por la magia de la visión de Ezequiel donde se apuntaban las medidas del Templo de Jerusalén, hizo alarde de erudición como teólogo, filósofo, físico y matemático exponiendo sus resultados en Solomon´s Temple. Su intención, dado el carácter simbólico del templo, era conocer su forma para averiguar su significado. Pero ni siquiera un gigante del pensamiento como él, artífice de la Física clásica y de la mecánica celeste, pudo descifrar el mensaje mistérico subyacente en esa misteriosa forma arquitectónica. Y es que la sabiduría que el rey Salomón plasmó en la construcción del Templo parece estar más allá de las mediciones y los cálculos matemáticos. Los que más se han acercado a esa fuente que inspiró a Salomón son los masones, cuyos rituales dejan entrever un conocimiento esotérico milenario comparable al que configuró el Templo. En cada escuela de pensamiento esotérico, filosófico y místico como lo es la escuela de los Rosa Cruces o en la Masonería, siempre se encuentran dos columnas, las cuales hacen referencia a la eterna dualidad de las energías del Cosmos, energías que tienen su representación totalmente científica en todo cuanto existe

Son las dos columnas simbólicas del templo de Salomón, una de nombre Jakin ( J ) y la otra Boaz ( B ), siendo Salomón símbolo de la consciencia, y el templo, del cuerpo denso. Jakín representa el aspecto masculino de la deidad, y Boaz el aspecto femenino de la misma, es decir, el hombre y la mujer

Por eso, si no fuera por el poder de la dualidad, por el poder del binario, no sería posible la existencia diferenciada de todo cuanto Es en el Universo tal como la ciencia lo ha llegado a conceptuar y a conocer

La dualidad permite que podamos conocernos; es la ley del contraste llamada la ley de los contrarios, que mas que contrarios, son complementarios. La dualidad dentro de la evolución se manifiesta como energía – materia según la ciencia, o espíritu – materia como dirían los filósofos. No podemos separar lo uno de lo otro. Por eso no se debe decir espíritu y materia, energía y materia, o materia y energía, porque la materia como ya lo demostró la ciencia actual no es mas que energía coagulada, condensada, cristalizada, mientras que la energía es la misma materia pero en un grado mayor de sutilización o de vibración, que la hace intangible relativamente a los sentidos físicos

Gracias a que existe un principio femenino en todo lo masculino y uno masculino en todo lo femenino, se hace posible la evolución que es movimiento. Si en el hombre no existiera el principio femenino escondido en sus hormonas, en su alma y en su lenguaje, no desearía, ni se enamoraría, ni amaría a la mujer, ni ella lo haría del hombre, porque el alma en la mujer es de naturaleza masculina, es ánimus, mientras que el alma del hombre es de naturaleza femenina, es ALMA

Es el movimiento eterno constantemente mutando un aspecto en el otro: lo femenino en masculino, y lo masculino en femenino. Eso es lo que pasa tanto en nuestra naturaleza interna como en la naturaleza terrestre y en el Cosmos; en todo siempre está lo masculino y lo femenino relacionándose y mutando constantemente.

Debido a esta ley renacemos unas veces como hombre y otras como mujer. Por eso los hombres y las mujeres nos enamoramos permanentemente y gracias a esa misma ley se tiene la posibilidad de que en la naturaleza lo masculino fecunde a lo femenino. Es un pleamar y un bajamar; es un plus y un minus, es la eterna dualidad, es el ritmo eterno de las cosas.

Por esa acción binaria es posible que dos especies puedan dar como resultado la generación progresiva de la misma, para que ésta pueda continuar su proceso evolutivo. Es el milagro maravilloso de los aspectos masculino y femenino de la deidad, tanto en la naturaleza formal como en la naturaleza humana.

Si no fuera porque existen el hombre y la mujer en esa dicotomía extraordinaria, no podrían amalgamarse complementándose tanto en lo físico como en lo metafísico y en lo espiritual, para hacer posible la manifestación del hijo en el plano denso o la gestación de las ideas y de los descubrimientos en el plano metafísico, y que puede llevar aún a más elevados estados a aquellos seres que se aman, se respetan y se adoran en el campo sensible y espiritual, llegando a la realización de la sensibilidad y de la conciencia.

Divino aquel varón que aprenda a admirar en todas las mujeres siempre lo bello, lo espiritual, lo divino; admirarlas tal como se admiraría lo más santo de la vida, tal como lo es la madre para su hijo pequeño, para quien -guardando las proporciones- ella es dios

Pero el ser humano ha perdido el sentido espiritual hacia la otra columna de la existencia: las damas hacia el varón y viceversa, y por eso el sufrimiento de la humanidad, porque se mira a la otra polaridad de la Vida como un instrumento de placer, lo que lleva a la humanidad a los odios, a las enfermedades y al sufrimiento.

Divino momento (aunque inconsciente) , el de los niños que viven en su paraíso, porque no han conocido todavía esa fuerza tremenda del instinto psicosexual que se despierta en el adolescente y le convierte en un ser gallardo, majestuoso, prepotente, que admira a la belleza femenina, que ve a todas las adolescentes como diosas en su ideal, siendo así mismo él para las jovencitas.

Pobres adultos que por el desconocimiento del misterio santo de la vida que es la energía procreadora, al abusar de ella pierden el paraíso, la armonía, el magnetismo agradable que muestran los jóvenes y las jovencitas, esa lucidez que permite comprender rápidamente las diferentes situaciones, y la plasticidad que tienen sus cuerpos para acomodarse a las situaciones de su diario vivir.

Como ilustración de esta herencia espiritual, tenemos los pilares de la masonería, las columnas J y B; columnas de sabiduría y rigor del cabalístico Árbol de la Vida-, que corresponden a los pilares del mismo nombre que sostenían al pórtico del Templo de Salomón y que Hiram-Abiff había hecho forjar en bronce. En su tiempo, Salomón fue la personificación de la sabiduría universal, siendo su Templo la “Casa de la Luz Eterna”, nombre que algunos exégetas han querido ver en el propio rey: “Sol-om-on”. De acuerdo con las enseñanzas mistéricas, hay tres templos de Salomón. El primero es la “Gran Casa del Universo”, en medio de la cual se asienta el Sol, rodeado de sus compañeros artesanos: los doce signos del Zodíaco. Tres luces -la estelar, la solar y la lunar- iluminan este templo cósmico. Acompañado de sus planetas, lunas o asteroides, es Divino se pasea con pompa por las avenidas del espacio. Según esta interpretación, Hiram representaría la luz física activa del Sol, mientras que Salomón simbolizaría su refulgencia intelectual y espiritual, invisible pero todopoderosa. El segundo templo simbólico es la “Mansión” o “Catedral del Alma”, una estructura invisible cuya comprensión corresponde única y exclusivamente a un arcano masónico supremo. El misterio de este edificio intangible está encerrado tras la alegoría del “Soma Psychon” o “traje de boda”, como lo describió San Pablo, las “Vestiduras de Gloria” del gran sacerdote. Según esta última interpretación, el alma, creada a partir de una sustancia ígnea invisible, un metal áureo llameante, habría sido introducida por el maestro masón Hiram-Abiff en el molde de barro (el cuerpo físico), conformando el denominado “Mar Fundido”.

Así, el Templo del alma humana habría sido construido por tres maestros masones que personifican la sabiduría, el amor y el servicio, y sólo cuando esta operación se realiza de acuerdo con la Ley de la Vida, el espíritu de Dios mora en este lugar sagrado. El templo del alma así concebido es la verdadera “Casa Eterna” y sólo quien es capaz de erigirlo de esta manera está considerado como un verdadero maestro masón. Estas características las reunía en su persona el rey Salomón.

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