El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 7/08/07

EL KARMA EN NUESTRAS VIDAS

Posted by cosmoxenus en 7 agosto 2007

Dr. José Luis Cabodi

El karma no implica castigo ni fatalidad. De hecho, estamos disfrutando o padeciendo por nuestras acciones del pasado, ya sea de ésta o de otra vida. Todo pensamiento produce efectos que recaen sobre nosotros, ya sea como bendiciones, como golpes o como pérdidas, dependiendo del móvil causativo del pensamiento original.

Clásicamente, se ha considerado al karma con una visión fatalista. Se lo ha visto como algo inexorable, ineludible, que el hombre debía aceptar con resignación. Sin embargo, a medida que vamos adquiriendo una nueva conciencia, podemos entender el karma de una manera totalmente diferente.

Ahora podemos ver el karma como una oportunidad de aprendizaje y no de castigo. Es necesario volver a los orígenes de esta palabra para comprender su verdadera dimensión.

La palabra karma es de origen sánscrito y en realidad se pronuncia kárman y está compuesta por dos sílabas: kar y man. La sílaba man significa pensador y es el origen de la palabra inglesa man para hombre. La sílaba kar es la raíz del verbo hacer y, por extensión, quiere decir acción, actividad. De donde kárman significa, entonces, la acción, la actividad del pensador. Y la actividad fundamental y característica del pensador es pensar.

La acción del pensador es pensar, y su resultado son los pensamientos. Ahora bien: cada pensamiento es una fuerza, una energía que se pone en movimiento. Por el principio de acción y reacción, sabemos que la acción de una fuerza genera otra de la misma intensidad y en sentido contrario.

Acción y Reacción

Y llegamos así al concepto básico y fundamental del karma:

Todo pensamiento o acción generado por el hombre-pensador vuelve sobre sí mismo.

Igual que un boomerang, las fuerzas que nosotros mismos ponemos en movimiento, ya sea con el pensamiento o con nuestras acciones, tarde o temprano vuelven sobre nosotros mismos. Aquí no hay castigo, aquí no hay fatalidad. De hecho, estamos disfrutando o padeciendo por nuestras acciones del pasado, ya sea de ésta o de otra vida. Todo pensamiento produce efectos que recaen sobre nosotros, ya sea como bendiciones, como golpes o como pérdidas, dependiendo del móvil causativo del pensamiento original. En la medida en que comenzamos a comprender las cosas que nos suceden, como viniendo de nosotros mismos, aceptando la responsabilidad que nos toca en el origen de ellas, comenzamos a tener un mayor control sobre nuestro destino. Si seguimos creyendo que las cosas simplemente nos pasan por azar o por mala suerte; si seguimos viendo a los otros como los causantes de nuestras desgracias, el karma seguirá actuando en contra de nosotros. Aceptar la posibilidad de que, en algún momento del pasado, yo fui el generador de lo que me está sucediendo, hace que la fuerza se equilibre y se detenga en su accionar.

Karma vs. Sabiduría

Los grandes maestros enseñan que la sabiduría borra el karma. El karma sigue actuando en tanto y en cuanto se siga repitiendo la misma actitud, sin pensar, sin despertar. En el momento en que acepto mi responsabilidad, comienzo a ser dueño de mi karma. Si estoy viviendo una situación difícil y dolorosa, si dentro del dolor puedo preguntarme: ¿qué estoy tratando de aprender con esto? o ¿qué habré hecho antes para estar pasando por esta situación?, si comprendo para qué estoy atravesando por esta experiencia, a partir de allí, mi vida se modificará.

En realidad, desde el punto de vista kármico, lo que ocurre no es importante, es anecdótico. Lo esencial es cómo reaccionamos frente a lo que nos pasa. Eso es lo que indica el nivel de conciencia alcanzado. Al aceptar la responsabilidad de mis acciones pasadas, comienzo a generar un karma diferente, comienzo a manejar mi destino más libremente.

Aquí conviene introducir un nuevo concepto: la idea de la reparación o de la rectificación de acciones.

Reparación del Sufrimiento

No hay castigo. El castigo no trae provecho a nadie. Dios, o la Energía Creadora, no se benefician en absoluto con nuestro dolor y sufrimiento. Lo que se espera de nosotros es que rectifiquemos o reparemos nuestras acciones pasadas. Si alguna vez ocasionamos algún dolor o algún perjuicio a alguien, no es necesario pasar por lo mismo. Ser maltratados no borrará el dolor a la persona que se lo causamos. Pero lo que sí podemos hacer, es reparar el resultado de nuestra acción. Si hemos hecho sufrir, podemos reparar ese sufrimiento contrarrestándolo con una actitud de servicio, ayudando o sirviendo a quienes hemos perjudicado. Si una persona fue un criminal en otra vida y mató a varios individuos, ¿cuántas veces tendría que ser matada para pagar su deuda kármica? Necesitaría muchas vidas inútiles para ello. Sin embargo, puede llevar a cabo una vida digna y provechosa, si acepta realizar acciones de servicio en favor de aquéllos a quienes mató en otra vida. El sufrimiento y el dolor aparecen cuando nos negamos a aceptar nuestra responsabilidad y a ayudar a aquéllos a quienes hemos perjudicado en una vida anterior. Es ahí, entonces, cuando las fuerzas del karma entran en acción y nos empujan a situaciones similares a las cometidas por nosotros mismos, para que experimentemos el dolor en carne propia y así no volvamos a repetirlo con nuestros semejantes. Todo es aprendizaje. Las situaciones las vivimos como castigo cuando nos negamos, a aprender. Entonces aparecen el dolor y el sufrimiento.

Recuerdo que en su visita a nuestro país, Su Santidad el XIV Dalai Lama, dijo en una de sus charlas: “El propósito de la vida humana es la felicidad y la alegría”. Y así es. En realidad podemos ser felices, el sufrimiento no es obligatorio. Si no somos felices es porque nosotros mismos, con nuestras acciones, con nuestro empecinamiento, nos quitamos la posibilidad de serlo.

Edgar Cayce decía que el alma siempre dispone de una alternativa: la Ley de la Gracia. Puede liberarse de las deudas acumuladas, dedicándose generosamente a hacer el bien a quienes son todavía más desgraciados.

Karma y Cabalá

También encontramos el concepto de reparación en la cabalá hebrea. En hebreo existe un término equivalente a karma: tikún. El tikún es el trabajo de corrección que debe hacer un alma encarnada sobre sus acciones pasadas. Cada uno viene a la vida física con un tikún determinado. Cada uno viene a realizar su trabajo de corrección de acciones pasadas. A veces, este trabajo suele ser un poco pesado, pero también tenemos a nuestro alrededor seres que nos acompañan y nos ayudan en este trabajo de corrección. Nuestros padres, abuelos, maestros amigos o pareja están para ayudarnos y nosotros para ayudarlos a ellos; en este trabajo de corrección de nuestros errores del pasado. De modo que cada uno está cumpliendo su tikún o su karma, como se prefiera.

Corregir, reparar el efecto de nuestras acciones pasadas. De eso se trata. No hay castigo, no hay nadie allá arriba señalándonos con el dedo. Todo lo que se nos pide es que corrijamos nuestros errores, que reparemos el dolor o la ofensa causada a un semejante. Somos tan responsables de nuestro sufrimiento como de nuestra felicidad. Si aceptamos efectuar tareas de servicio en favor de aquéllos a quienes hemos lastimado, podremos ser felices. Si, por el contrario, por orgullo, por soberbia, nos negamos a dicha tarea, no tendremos más remedio que sufrir, por cuanto nuestros ofendidos de ayer querrán cobrarse su deuda hoy. Y no lo hacen por maldad. Simplemente es la reacción a la fuerza que nosotros mismos pusimos en movimiento con nuestra acción primitiva. Así funciona el karma. Es una concatenación de causas y efectos. Si a la ofensa se responde con la ofensa, sobrevendrá una ofensa mayor, y así sucesivamente, hasta que uno de los contendientes reaccione, despierte, tome conciencia, pida disculpas y perdone. En ese preciso instante se detiene la rueda del karma. Por eso Jesús enseñaba: “Si te dan una bofetada, pon la otra mejilla”. Porque reaccionar a la ofensa significa entrar en la rueda del karma con todas sus dolorosas consecuencias. Y en este momento, me viene a la mente otra coincidencia de la cabalá, por cuanto en hebreo, el término correspondiente para reencarnación es guilgul neshamot, que significa ruedas de un alma, y no es otra cosa que la rueda del karma de los hindúes.

“El príncipe de hoy es el mendigo de mañana, y el mendigo de hoy será el príncipe de mañana.” Son las idas y venidas de un alma, hasta alcanzar la comprensión que le permita detener el giro incesante de la rueda y salirse de ella.

Quiero compartir con ustedes mi experiencia personal al respecto. Esto lo comprendí tras varios años de trabajo con la terapia de vidas pasadas y luego de haber pasado yo mismo por la experiencia de la regresión.

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Un investigador italiano afirma que descubrió imágenes ocultas en "La última cena" de Da Vinci

Posted by cosmoxenus en 7 agosto 2007

Artículo Original Aqui

Pesci Slavisa, un informático de 36 años, dice que el cuadro incluye, entre otras, las figuras escondidas de un templario y la Virgen María. Presentó sus hipótesis hoy en una conferencia de prensa en Milán. Un asesor cultural de esa ciudad las calificó de “pura invención”.

Pesci Slavisa, un informático italiano de 36 años, asegura haber descubierto imágenes ocultas dentro del cuadro “La última cena”, de Leonardo Da Vinci. Esta obra ha sido en los últimos años objeto de numerosas hipótesis y teorías, sobre todo a partir de la novela “El código Da Vinci”, de Dan Brown.

Según Slavisa, en la pintura aparecen varias figuras, entre las cuales se distinguen un templario y la Virgen María. El investigador explicó hoy, en una conferencia de prensa realizada en Milán, que realizó el siguiente procedimiento: escaneó el cuadro, lo imprimió en un papel translúcido, después lo colocó sobre el original y así descubrió “un nuevo dibujo con otras imágenes”.

Por su parte, Vittorio Sgarbi –crítico de arte y asesor cultural de Milán– calificó las afirmaciones de Slavisa como “pura invención”. Sgarbi enfatizó que “es imposible” que haya en el famoso cuadro de Leonardo “dibujos de personas distintas a las que se ven”.

Sin embargo, el informático señaló que existe “una coincidencia de puntos que creo que no puede ser el fruto de una casualidad, sino un cálculo preciso de Leonardo”. Y agregó que no sabe explicar cuál puede ser el significado de este nuevo dibujo, ya que ésa es tarea de “los críticos e historiadores del arte”.

“Leonardo se divertía escondiendo otras imágenes en sus dibujos”, agregó el investigador, quien aclaró no ser un fanático ni de Dan Brown ni de Da Vinci.

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Rosslyn, la catedral templaria.

Posted by cosmoxenus en 7 agosto 2007

El viernes 13 de octubre de 1307 una bula papal acababa con la existencia de los templarios, la mítica orden surgida con la finalidad de proteger a los peregrinos en sus viajes a Tierra Santa y que llegó a alcanzar tal poder y riqueza que se transformó en un peligro para las monarquías europeas medievales. Maestres y freires de todas las nacionalidades fueron encarcelados e interrogados, acusados de los peores crímenes y llevados al patíbulo. Pese a ello, no consiguió encontrarse nunca el legendario tesoro que se decía habían acumulado los caballeros del Temple, así como los archivos secretos de la orden. Existen numerosas tradiciones que indican la posibilidad de que éstos fueran evacuados en barcos por templarios fugitivos y puestos a salvo en tierras escocesas, donde la orden siguió siendo un grupo de poder, oculto bajo los mantos de la Orden de San Juan, nacida a raíz de la desaparición del Temple y heredera de sus posesiones terrenales.

Entre los defensores del Temple destaca la figura de Sir William St. Clair, Tercer Príncipe de las Órcadas y jefe de la familia St. Clair, uno de los hombres más poderosos de Escocia durante el siglo XV y entre cuyos méritos destaca la construcción de la capilla Rosslyn.

El templo de Salómon en Escocia

Proyectada inicialmente como Colegiata, Rosslyn Chapel quedó reducida a una pequeña capilla dada la complejidad de su decoración. Cuarenta años fueron necesarios para construir lo que aún hoy puede contemplarse, y fue la muerte de su fundador, en 1484, la que impidió llevar a cabo el gran templo proyectado.

Maestros artesanos, carpinteros, vidrieros y talladores vinieron de los más apartados rincones de la cristiandad para hacer realidad el deseo de Sir William: reproducir el Templo de Salomón en tierras escocesas. Pese a no haberlo logrado en su totalidad, lo construido fue suficiente para despertar el interés de generaciones sucesivas de visitantes, que veían en sus esculturas las huellas de un mensaje que esperaba ser desvelado.

Escenas bíblicas como la expulsión del Jardía del Edén, el ángel caído ola crucifixión se dan la mano con esculturas paganas, relacionados con tradiciones templarias y masónicas como el mítico “Pilar del Aprendiz”, uno de los tres pilares que separan el coro del ala central de la capilla. Es de una belleza tal que atrae instantáneamente la mirada del visitante.

Según la leyenda, se dice que el maestro constructor recibió de su patrón el modelo de un pilar de exquisita hechura. Dudó en llevarlo a cabo al momento, pues tenía que trasladarse a Roma. En su ausencia, uno de sus aprendices comenzó a trabajar sobre ese pilar cuyo diseño había soñado, y lo llevó a cabo tal y como se puede observar en la actualidad. A su regreso, el maestro se sintió aguijoneado por la envidia y le preguntó cómo había osado desafiarle de semejante forma. Su furia fue tal, que le golpeó con un mazo, matándolo en el acto. Para unos, el “Pilar del Aprendiz” simboliza el Ygdrasil, el árbol de los mitos nórdicos que sustentaba los cielos sobre la tierra. Para otros, es el árbol de la vida o el árbol de la ciencia del bien y del mal, situado en el Jardín del Edén. Su rica simbología ha dado origen a todo tipo de conjeturas sobre lo que alberga en su interior. Casi todas ellas apuntan a la posibilidad de que sea el mítico Grial, la copa en la que bebió Jesucristo durante la Ultima Cena. Todas estas teorías han dado lugar a una rica producción escrita en los últimos años que ha desembocado en el celebérrimo El Código da Vinci, un best-seller que ha llevado a las portadas de los principales periódicos mundiales hipótesis que, hasta apenas hace un año, sólo circulaban en ambientes reducidos

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EL TESORO DE LOS TESOROS DE LOS ALQUIMISTAS

Posted by cosmoxenus en 7 agosto 2007

Felipe Aurelio Teofrasto Bombast von Hohenheim, El Gran Paracelso
(THESAURUS THESAURORUM ALCHIMISTORUM)

La naturaleza engendra este mineral en el seno de la tierra. Hay dos especies, que se pueden hallar en diversas localidades de Europa. El mejor que yo he tenido y que ha resultado bueno despues del ensayo, es exterior en la figura del mundo superior, al Oriente de la esfera solar. El segundo se encuentra en el astro meridional y también en la primera flor que el muérdago de la tierra produce sobre el astro. Después de la primera fijación se vuelve rojo; en él están ocultas todas las flores y todos los colores minerales. Los Filósofos han escrito mucho sobre él porque es de una naturaleza fría y húmeda, vecina de la del agua. Para todo lo que es ciencia y experiencia, los Filósofos que me han precedido han tomado por blanco la Roca de la verdad, pero ninguno de sus tiros encontró el centro. Han creído que el Mercurio y el Azufre eran los principios de todos los metales, y no han mencionado, ni por asomo, al tercer principio. No obstante, si por el arte espagírico, se separa más que el Agua, me parece que la Verdad que proclamo está suficientemente demostrada; ni Galeno, ni Avicena la conocían. Si tuviese que descubrir para nuestros excelentes físicos el nombre, la composición, la disolución y coagulación, si tuviera que decir cómo obra la naturaleza en los seres desde el comienzo del mundo, escasamente me bastaría un año para explicarlo, y las pieles de vaca de toda una ganadería para escribir.

Ahora bien, yo afirmo que en ese mineral se encuentran tres principios, que son: el Mercurio, el Azufre y el Agua metálica que sirvió para nutrirle; la ciencia espagírica puede extraer esta última de su propio jugo cuando no está del todo madura, a mitad del otoño, como la pera en el árbol. El árbol contiene la pera en potencia. Si los astros y la naturaleza concuerdan, el árbol emite primero ramas hacia el mes de marzo, después brotan las yemas, se abren, aparece la flor, y así sucesivamente, hasta que en otoño madura la pera. Lo mismo sucede con los metales. Nacen de un modo semejante en el seno de la tierra que los Alquimistas que buscan el Tesoro de los tesoros anoten esto cuidadosamente. Les indicaré el camino, el comienzo, el medio y el fin: en lo que sigue, voy a describir el agua, el azufre y el bálsamo particular del tesoro. Por la resolución y la conjunción, esas tres cosas se unirán en una.

DEL AZUFRE AL CINABRIO

Toma cinabrio mineral y trabaja así: Cuécele con el agua de lluvia en una vasija de piedra durante tres horas; purifícale en seguida con cuidado y disuelve en un agua regia compuesta de partes iguales de vitriolo, nitro y sal amoniaco (otra fórmula: vitriolo, salitre, alumbre y sal común). Destila en un alambique, cohobando. Separarás así cuidadosamente lo puro de lo impuro. Pon en seguida a fermentar, durante un mes, en el estiércol de caballo. Después separa los elementos según lo que sigue: cuando aparezca el signo, comienza a destilar en el alambique con el fuego del primer grado. Subirán el agua y el aire; el fuego y la tierra permanecerán en el fondo. Cohoba y pon el alambique en el fuego de cenizas. El agua y el aire subirán primero, después el elemento del fuego, que los artistas hábiles reconocerán fácilmente. La Tierra quedará en el fondo del alambique, tú la recogerás: muchos la han buscado y pocos la hallaron. Prepararás, según el Arte, esta tierra muerta en un hornillo de reverbero; después le aplicarás el fuego del primer grado durante quince días y quince noches. Hecho esto, le aplicarás el segundo grado durante: otros tantos días y noches (tu materia habrá sido encerrada en un recipiente herméticamente cerrado). Finalmente encontrarás una sal volátil semejante a un álcali muy ligero, que contiene en sí la esencia del fuego y de la tierra. Mezcla esa sal con los dos elementos que has puesto aparte, el aire y el agua. Calienta sobre cenizas durante ocho días y ocho noches, y encontrarás lo que muchos artistas han descuidado. Separa, de acuerdo con las reglas del arte espagírico y recogerás una tierra blanca privada de su tintura. Toma el elemento del fuego y la sal de la tierra y haz digerir en el pelícano para extraer la esencia. Se separará de nuevo una tierra que pondrás aparte.

DEL LEON ROJO

En seguida toma el león que ha pasado primero al recipiente en cuanto percibas su tintura, es decir, el fuego, que se mantiene sobre el agua, el aire y la tierra. Sepárale de sus impurezas por trituración. Tendrás entonces el verdadero oro potable. Riégale con alcohol de vino para lavarle: destila después en un alambique, hasta que por el gusto ya no distingas más la acidez del agua regia. Encierra inmediatamente con cuidado este aceite de sol en una retorta cerrada herméticamente. Calienta para elevarIo, de suerte que se sublime y se desdoble. Coloca entonces el recipiente, siempre bien cerrado, en un lugar fresco. Calienta otra vez para elevar, colócalo de nuevo al fresco para condensar. Repite esta maniobra tres veces. Así obtendrás la tintura perfecta del sol. Resérvala para más tarde.

DEL LEON VERDE

Toma vitriolo de Venus, preparado según las reglas del arte espagírico; agrégale los elementos del agua y del aire que apartaste. Mezcla: haz putrificar durante un mes como se ha descrito. Terminada la putrefacción, notarás el signo de los elementos. Separa y pronto verás dos colores, el blanco y el rojo.El rojo esta encima del blanco. La tintura roja del vitriolo es tan poderosa que tiñe de rojo todos los cuerpos blancos, y de blanco todos los cuerpos rojos, lo cual es maravilloso. Trabaja con esta tintura en una retorta y veras salir en ella su negrura. Vuelve a poner en la retorta lo que ha destilado, y repite hasta que obtengas un líquido blanco. Sé paciente uno desesperes de la Obra. Rectifica hasta que encuentres el león verde, brillante y verdadero, que reconocerás por su gran peso. Es la tintura del Oro. Contemplarás los signos admirables de nuestro león verde, al que ninguno de los tesoros del león romano podrían pagar. ¡Gloria a quien ha sabido hallarle y sacar de él la tintura! .

Es el verdadero bálsamo natural de los planetas celestes; impide la putrefacción de los cuerpos, y no permite a la lepra, a la gota, ni a la hidropesía, que se implanten en el cuerpo humano. Cuando ha sido frecuentado con el azufre del oro, se le prescribe en dosis de un grano. ¡Ah! Carlos el alemán, ¡qué has hecho de tus tesoros de ciencia! ¿Dónde están tus físicos? ¿Dónde tus doctores? ¿Dónde están esos bandidos que purgan y ordenan medicinas impunenente? Tu firmamento está trastornado; tus astros, fuera de sus órbitas, se pasean muy lejos de la ruta pantanosa que les había sido trazada; así es que tus ojos han sido heridos por ceguera, como por un carbón incandescente, cuando has contemplado nuestro esplendor y nuestro orgullo soberbio. Si tus adeptos supieran que su príncipe Galeno (que está en el infierno) me ha escrito cartas para reconocer que tengo razón, harían el signo de la cruz con una cola de zorro. ¡Y vuestroAvicena! está sentado en el umbral de los infiernos; he discutido con él de su oro potable, de la tintura física, de la mitridática y de la triaca.

¡Oh! hipócritas, que despreciáis las verdades que os enseña un verdadero médico, instruido por la naturaleza, hijo del mismo Dios! Seguid, impostores, que no prevalecéis más que con ayuda de elevadas protecciones. ¡Pero paciencia!, después de mi muerte, mis discípulos se levantarán contra vosotros, os arrastrarán a la faz de los cielos a vosotros y a vuestras sucias drogas, que os sirven para envenenar a los príncipes y a los grandes de la cristiandad.

¡Desgraciadas de vuestras cabezas el día del juicio!

Yo, en cambio, sé que mi reino llegará. Reinaré en el honor y la gloria. No soy yo quien me alaba, es la Naturaleza, porque Ella es mi madre y yo le obedezco todavía. Ella me conoce y yo la conozco. La luz que está en ella, yo la he contemplado, la he demostrado en el Microcosmos y la he vuelto a encontrar en el Universo. Pero debo volver a mi tema para satisfacer los deseos de mis discípulos, a quienes favorezco con gusto, cuando están provistos de las luces naturales, cuando conocen la astrología y sobre todo cuando son hábiles en filosofía, que nos enseña a conocer la materia de todo. Toma cuatro partes del Agua metálica que ya he descrito, dos partes de la Tierra de Sol rojo, una parte de Azufre del Sol. Pon todo en un pelícano, solidifica y desagrega tres veces. Así tendrás la Tintura de los alquimistas. No hablaremos aquí de sus propiedades puesto que están indicadas en el libro de las Transmutaciones. Con una onza de Tintura de Sol, podrás tenir de Sol mil onzas; si posees la tintura del Mercurio, podrás teñir igualmente por completo el cuerpo del Mercurio vulgar. Del mismo modo la tintura de Venus transmutará completamente en metal perfecto el cuerpo de Venus. Todas esas cosas han sido confirmadas por la experiencia. Lo mismo se puede decir para las tinturas de los demás planetas: Saturno, Júpiter, Marte y la Luna. Porque de esos metales se sacan también tinturas: aquí no diremos nada acerca de ello, porque ya lo hemos hablado ampliamente en el tratado de Natura Rerum y en Archidoxorum. He descrito suficientemente para los espagiristas la materia prima de los metales y minerales; ahora, ya conocen la tintura de los alquimistas. No menos de nueve meses hacen falta para preparar esta tintura; por tanto, trabaja con ardor, sin desalentarte: durante cuarenta días alquímicos, fija, extrae, sublima, putrifica y coagula en piedra, y por fin obtendrás el Fénix de los filósofos.

Pero no olvides que el azufre del cinabrio es un águila que vuela sin hacer viento y transporta el cuerpo del viejo Fénix a un nido donde se nutre con el elemento del fuego. Sus crías le arrancan los ojos, lo cual produce la blancura. Es el bálsamo de sus intestinos que da la vida al corazón, según lo que los cabalistas han enseñado.

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