El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 16/07/07

PUEDE LA RAZÓN OBSTRUIR LA PERCEPCIÓN MÍSTICA INTERNA?

Posted by cosmoxenus en 16 julio 2007

Por Ralph M. Lewis, F.R.C.

Muchos estudiantes de metafísica y misticismo, particularmente los miem­bros de las escuelas populares que enseñan estas materias, miran la razón como una facultad totalmente mundana. Piensan de ella como una función mental incapaz de transcender su propio estado orgánico y aprehender la realidad final o, como común­mente se dice, la verdad cósmica. La razón, para estos pensadores, está reducida a un status más bajo de ese que ellos pueden llamar revelación psíquica o percepción mística interna.

Desde su punto de vista, razonar sobre un tema abstracto, un misterio que desafía al intelecto humano, solamente obstruye la iluminación que se está buscando. La conclusión de la razón es considerada encarcelar los “altos” aspectos de la mente y prevenir su posible inspiración divina en un plano más elevado.

A través de las centurias, la razón ha sido promulgada como un medio principal para arribar a una evidencia de conocimiento, mien­tras, por otra parte, se ha pensado que ella es aquello que realmente podría conducir a los hombres desviándolos de la verdad. Debido a que la razón dio al hombre una respuesta per­sonal y autoevidente a muchas preguntas que embrollaban y perturbaban, los filósofos de la antigüedad (y muchos en períodos relativamente más recientes) la igualaron con la inteligencia divina.

Estos antiguos reconocieron a la razón como siendo los más exaltados procesos mentales comunes del hombre. La razón continuamente se esfuerza por una unidad de experiencia como ella busca convertir lo desconocido en conocido. Es la razón que mira tras los efectos para una posible causa. La mente razonante es la ver­dadera mente pensante. Razonar es analizar obstinadamente las ideas y luego combinarlas en una continuidad útil y comprensible.

Todo razonamiento no es necesariamente pragmático, es decir, que tenga que ver con los asuntos prácticos del día. No obstante, la razón no provee una orientación personal para nuestra vida porque nos da una comprensión que reduce la confusión. Las respuestas o soluciones de nuestra razón personal pueden no ser infalibles, pero nos dan, por lo menos, una temporaria justificación para los actos que siguen de ella. Los actos incitados por la razón son un ímpetu íntimo, que es decir que conocemos que estamos siendo impulsados por la fuerza de nuestro propio pensamiento.

Aristóteles dijo que la razón activa es un motor que no se mueve, es decir, un tipo de inteligencia cósmica en la que existe toda forma y toda realidad. Ella impulsa al hombre y a todas las cosas a manifestarse, siendo, sin em­bargo, en sí, un motor que no se mueve. Esta razón activa, afirmaba Aristóteles, penetra al hombre y lo hace sobrevivir a la muerte; por lo tanto, el alma y la razón activa son presentadas como teniendo una relación divina.

Alma

Plotino, filósofo neoplatónico, (205?-270 D.C.) declaró que la razón contemplativa es alma. La esencia del alma, dijo, es un esforzarse después de esa verdad contemplativa que es la prerrogativa de la Razón Divina. Nuestra común razón humana, afirmaba Plotino, es la más cercana a la razón contemplativa, que es el alma. En esto, entonces, vemos expuesta la doctrina de que el alma y la razón contempla­tiva son un acercamiento a la inteligencia divina en que se piensa que existe la verdad en su estado absoluto.

En un período relativamente más moderno, Immanuel Kant (1 724-1804) dijo que nuestro mundo exhibe tres aspectos: 1. Un sujeto pensante y perceptivo, como el hombre; 2. Un mundo de fenómenos que el ser pensante percibe; 3. Los objetos del pensamiento en general. La razón, afirmaba Kant, trata de introducir una unidad absoluta en cada uno de estos factores. En otras palabras, Kant afirmaba que la razón está en busca del alma como el terreno unificador de la actividad de la mente. De esto podemos deducir que Kant implicó que la razón es el instrumento que usa el alma para revelar al hombre su fugaz resplandor de realidad.

El tiempo ha mostrado los numerosos errores existentes en el razonamiento de muchos de los grandes pensadores, tales como Aristóteles, que muy a menudo, especialmente antes de la época de Aristóteles, acudieron a la razón exclusivamente para explicar los fenómenos de la naturaleza más bien que usar cualquier método empírico u objetivo de indagación y búsqueda. Los filósofos escolásticos de la Edad Media, asimismo, dependían enteramente en la razón para encontrar una respuesta a cualquier pre­gunta que dejara perpleja a la mente. Cual­quier cosa que fuera lógicamente satisfaciente (esa que la razón no podría refutar) era aceptada como verdad. Existía muy poca inten­ción para substanciar con hechos las conclusiones de la razón.

Mucho de lo racional de los primitivos pensadores no era lógicamente perfecto, y críticos posteriores fueron capaces refutarlo usando los mismos métodos lógicos. John Locke, filósofo inglés, en Un Ensayo Concerniente con la Comprensión Humana, preguntaba por qué los hombres razonan tan pobremente. Procedió, entonces, a dar tres respuestas a su propia pregunta.

Primera: La mayoría de las per­sonas jamás razonan del todo. Son conducidas por el pensar de otros, y sostienen opiniones por fe y no por investigación original. La autoridad de otros sobre la que se basa la fe crea certeza, pero es peligrosa porque conduce a aceptación dogmática. Segundo: La razón está impedida por las emociones. “Sentimos” antes de pensar en respuesta a la mayoría de la experiencia. Esto cubre a nuestra verdadera razón y lleva a una mente cerrada y de juicio anticipado. Tercero: Nuestra mente está limitada a la parcialidad. “Vemos, pero en parte, y conocemos, pero en parte”. Esto, entonces, lleva muy rápidamente a la generalidad.

Se nos conduce a la percepción mística interna y a la apertura de canales de intuición o de percepción interna por la prueba intelectual de la razón. Esa es razón contemplativa que establece un motivo, un objetivo para una actividad intencional de la mente. Es principalmente el método de razonamiento deductivo de un principio general, que finalmente engendra ese estado de consciencia que puede resultar en experiencia mística. Es la abstracción del hombre, por ejemplo, acerca de una Causa Primera, Dios, una Mente Suprema, o acerca de causas naturalistas que crean para él el estado de ánimo por medio del cual puede eventualmente inducir ese estado meditativo por el cual tuvo la experiencia mística del asunto.

Verdad

La razón puede arribar a una respuesta que sea satisfactoria para el intelecto, pero puede carecer de realismo de lo que puede llamarse la verdad de la percepción mística interna. Sin embargo, la conclusión de la razón para la persona que todavía no ha alcanzado la percepción mística interna relacionada con algún asunto, puede ser convincente. Es entonces solamente después de que uno ha tenido percep­ción mística interna con referencia al mismo asunto, que puede aparecer para uno tener una más grande claridad y autoridad que razón provista.

Puede realizarse que es solamente condicionando primeramente la mente objetiva por medio de la contemplación de ciertos temas profundos que eventualmente abrimos los canales para tales experiencias psíquicas que pueden llamarse la gran iluminación. Nadie es súbitamente iluminado con relación a un asunto al que jamás le ha prestado algún pensamiento. Debería considerarse que las ideas que la mente humana concibe necesitan primero haber estado relacionadas con algún precepto previo para su comprensión.

Simplemente, la iluminación intuitiva o psíquica debe ser en términos de tener una relación a algunos elementos de previas experiencias objetivas o de ideas que salieron de ellas. La iluminación debe ser en términos de nuestro lenguaje y de nuestras cualidades sen­sorias. En el análisis final está la razón, el intelecto, que debe formar la experiencia mística en un total comprensible.

Como una alegoría, el tema de Dios (lo que es o significa) es completamente subjetivo. Esto es algo que no puede ser transmitido a otro en el mismo sentido íntimo en el que uno forma su propia idea acerca de ello. El con­cepto persona de uno de tal idea abstracta no puede ser establecido empíricamente en una forma que pueda ser percibida igual por los sentidos de otras personas. La idea de Dios es completamente una interpretación individual de uno que ha contemplado tal idea. El in­telecto da pensamiento a la idea de Dios y llega a una conclusión que puede ser o no una realidad que corresponda a ello, y, si es así, cómo podría ser. La razón puede no engendrar suficiente respuesta emocional para dar realidad a la propia conclusión de uno. Pero un sincero e intenso razonamiento contemplativo acerca del tema puede producir ese destello intuitivo que substancia o efectúa hasta un más grande desa­rrollo de la idea.

En la meditación hay estados positivos, activos y pasivos. El estado positivo es el propósito intencional que uno tiene para arribar a, por ejemplo una respuesta que la razón todavía no ha producido. La gran mayoría de los meditadores son aquellos que buscan conocimiento de una clase específica. Quizás, como otra analogía, ellos deseen paz. Pero primeramente la razón o la contemplación ha establecido en sus mentes alguna idea de lo que la paz debería ser. Obviamente, ellos no buscarían algo de lo en que ya no tuvieran por lo menos una opinión.

El estado pasivo de la meditación es donde el meditador no ha formulado específicamente algún objetivo que espere alcanzar en el procedimiento. Sin embargo, él ha formado un concepto de lo que la meditación es en general. y lo que puede derivarse de ella. Puede no conocer exactamente sus resultados, pero la considera como una ayuda personal para él y su razonamiento y, por consiguiente, es razón que ha predeterminado la verdadera naturaleza y función de la meditación a la que el medita­dor acude.

Una verdadera iluminación no puede ser místicamente derivada si la existencia de su contenido no ha sido primeramente considerada intelectualmente. La razón debería ser el cimiento sobre el cual descansa la búsqueda de iluminación mística y meditación. La meditación debería ser la corte de última apelación y el examen crítico de la razón. Aquel que primeramente no piensa ha desdeñado proveer la luz de percepción mística interna para reflejar sobre ella.

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¿Qué es la Cábala?

Posted by cosmoxenus en 16 julio 2007

La Cábala es un método simple y preciso que investiga y define la posición del ser humano en el universo. La sabiduría de la Cábala nos dice por qué existe el hombre, por qué nace, por qué vive, cuál es el propósito de su vida, de dónde viene y hacia dónde va cuando completa su vida en este mundo.

Es el único método para alcanzar el mundo espiritual. Nos enseña acerca de él, y al estudiarlo vamos desarrollando un sentido adicional. Con la ayuda de este sentido podemos establecer contacto con los mundos superiores.

La Cábala no es un estudio abstracto o teórico, sino por el contrario, muy práctico. El hombre aprende acerca de sí mismo, quién es y cómo es. Aprende lo que debe hacer ahora para cambiar, etapa por etapa, paso a paso. Enfoca su investigación hacia su propio interior.

Toda la experimentación se realiza sobre sí mismo, en sí mismo. Es por eso que la Cábala se denomina “La Sabiduría Oculta”. A través de ella, la persona experimenta cambios internos, que sólo ésta siente o sabe que están sucediendo. Es una actividad, propia, específica y peculiar, ocurre en el interior del ser humano.

La palabra “Cábala” se deriva del verbo en hebreo “lekabbel”, es decir, recibir. La Cábala describe los motivos de las acciones como “el deseo de recibir”. Este deseo se refiere a la recepción de diversas clases de placeres. Para ello, cada uno está dispuesto, en general, a invertir un gran esfuerzo. La cuestión es: ¿Cómo alcanzar el máximo placer pagando el mínimo precio? Cada quien intenta responder a esta pregunta a su manera.

Este deseo de recibir se desarrolla y crece de acuerdo a un orden determinado. Al principio, busca el placer de los sentidos, luego va tras el dinero y el honor. Un deseo aún más poderoso lo vuelve sediento de poder. Quizá después desarrolle la búsqueda de la espiritualidad, la cual representa la cúspide de la pirámide. Quien reconoce cuán grande es esta meta, comienza a buscar los medios para alcanzarla.

Al pasar por las etapas del deseo, la persona se familiariza con sus habilidades y limitaciones.

La Cábala se ocupa de lo que no podemos apresar ni controlar. No sabemos cómo son creados los sentimientos. Nos maravillamos ante las experiencias de lo dulce, lo amargo, lo agradable, lo áspero, etc. No logramos construir instrumentos científicos para examinar nuestros sentimientos, ni siquiera en el campo de la Psicología, de la Psiquiatría y demás ciencias humanas.

Los factores de la conducta permanecen ocultos a nuestro entendimiento.

La Cábala es como la matemática de los sentimientos; toma todos nuestros sentimientos y deseos, los dividen y da una fórmula matemática exacta para cada fenómeno, a cada nivel, para cada tipo de comprensión y de sentimiento.

Es un trabajo de sentimientos combinados con intelecto. Para los principiantes, utiliza geometría, matrices y diagramas. Los que avanzan encontrarán una ciencia exacta que examina los sentimientos. Al estudiar, sentirán cada sentimiento, y a la vez lo comprenderán. Sabrán qué nombre darle, según su poder, dirección y carácter.

La sabiduría de la Cábala es un método antiguo y probado, mediante el cual el ser humano puede recibir una conciencia superior, alcanzando la espiritualidad. Este es su objetivo real en el mundo. Si alguien siente un deseo y un anhelo de espiritualidad, podrá darle cauce mediante la sabiduría de la Cábala, otorgada por el Creador.

La palabra “Cábala” describe la meta del cabalista: Alcanzar todo aquello de lo que el ser humano sea capaz, como ser pensante, la más elevada de todas las criaturas.

Fuente: Estudios de Cábala

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El arte de la creación mental

Posted by cosmoxenus en 16 julio 2007

Por Ralph M. Lewis, F.R.C.

Tal vez sea mejor empezar diciendo que el arte de crear mentalmente no es de los que comenzaron con la inscripción de su operación o procedimien­to en las paredes de los templos de la antigüedad.

No es algo que sólo a los iniciados se les concede como privi­legio tras severas pruebas. Es mejor aclarar, también, que no es un arte desaparecido y vuelto a descubrir. No se trata de algo que fuera antiguamente común en una gran civilización y que fue destruido por los estragos del tiempo. Además, no se encontró más tarde entre los artefactos de los antiguos otorgándose hoy a ciertos individuos y grupos.

Es un hecho que la creación mental no tiene nada de misterioso excepto cuando la gente quieran pensar que lo es. La palabra arte, en este sentido, quiere decir que es una técnica o método que la práctica ha desarrollado para conseguir fines más eficaces.

El arte de crear mentalmente hace uso de potencias y atributos inherentes en todo ser humano. Es un método de utilizar mejor ciertas habilidades na­turales. El que algunos individuos se hayan hecho maestros de la creación mental no significa que hubiesen sido dotados de mayores poderes que otros. Por lo general, sólo quiere decir que han sido más perseverantes. Posiblemente se dieron cuenta de sus poten­cialidades y se dedicaron a concentrarse en ellas hasta dominarlas.

Examinemos primero las ventajas. Una ventaja, convengamos, es algo que adelanta nuestros fines personales. Pueden estas ventajas consistir en objetos como una casa, un automóvil y dinero en el banco o, también, en circunstancias como un ascenso en los negocios, la asociación con amigos influyentes, la solución de un problema o una importante decisión favorable. Las ventajas pueden ser advertencias, tales como las que llegan por medios sobre los cuales no tenemos dominio ni ejer­cemos influencia, como, por ejemplo, el que alguien se ofrezca a comprar una propiedad de usted, la cual hace tiempo consideraba sin valor y, última­mente, ni se había ocupado de vender.

Pues bien, es generalmente sabido que estas ventajas accidentales son tan infrecuentes que no puede uno fiarse de ellas. Puesto que insistimos en sacar ventajas, es decir, consideramos ciertas cosas o condiciones necesarias para nuestro bienestar, es aparente que para tenerlas es preciso hacer que acontezcan. Cuando usted se propone hacer algo usted es el factor móvil.

El resultado, si ha de haber alguno, comienza con usted. Si usted va a participar en el método o procedimiento de hacer que se convierta en realidad lo que usted desea que suceda, entonces usted es un creador.

Es evidente, ¿verdad?, que existe una definida diferencia entre crear y un mero deseo. Este poder está en el poder de acción que ejerce el individuo. Los que meramente desean envuelven la creación mental en fantasía. Creen que un deseo tiene en sí mismo una especie de potencialidad misteriosa. Creen que por una extraña metamorfosis la realidad surgirá del deseo.

Después de todo, un deseo es querer que suceda algo. Puede ser una meta o un fin que se sigue. Si uno no continúa más allá del deseo, por sincero que este sea, nunca verá su realización. Usando una analogía casera, si está usted al pie de una colina empinada y cree ventajoso llegar a la cima, por más ferviente que sea su deseo en sí mismo no lo logrará.

Algo tiene que seguir después del deseo: hay que crear el modo o método de ascender la colina.

Por consiguiente, todas las ventajas que no sean accidentales tienen que ser creadas. Para crearlas, tenemos que obrar. ¿Es la creación mental diferente de la especie de creación o producción de algo que se lleva a cabo por medio de la actividad física? No hay diferen­cia final. Toda empresa humana cons­ciente, es decir, en la que el hombre toma parte voluntariamente, comienza con el pensamiento. Es evidente, por consiguiente, que si algo que usted no esperaba y que no concibió se materiali­za en su vida diaria, no es usted directamente su creador.

Hay muchas cosas de las que somos la causa inconsciente. En realidad, las traemos a la existencia. Por otra parte, con seguridad que no llamaríamos a una persona un creador sólo porque repentinamente realizó un resultado, pero sin tomar parte en la dirección de su desarrollo. Lo más que podríamos decir sería que descubrió el resultado.

Los descubrimientos son cosas de las que no podemos depender; más bien dicho no debemos esperar a que sucedan. A veces, al encontrarnos repentinamente con un resultado que creemos ventajoso, podemos por medio de un razonamiento deductivo trazar en el pasado, desde lo general hasta la serie de detalles en donde tuvo origen y entonces podemos dominarlo y hacer que suceda cuantas veces queramos.

Pero lo más frecuente es que no sepamos cómo sucedieron nuestros “descubrimientos.” Así es que cuando usted es la causa consciente, lo cual siempre es preferible, usted hace planes, piensa el método por medio del cual un efecto se deberá llevar a cabo. En­tonces es usted su verdadero creador.

Cuando por medio de este razona­miento usted se propone construir un garaje para su automóvil, por ejemplo, usted está creando mentalmente aunque al mismo tiempo esté usando vigorosamente un martillo clavando clavos. No importa cuánta energía física o fuerza despliegue usted, o cuántas cosas materiales utilice, si todo lo que está haciendo es de acuerdo con su concepto, usted está creando mentalmente.

Des­pués de todo; en cada empresa, cuando consciente y voluntariamente tomamos parte en ella, siempre está ante nosotros el ideal, el pensamiento que primero nos indujo a la acción.

Así como el pensamiento por sí solo no puede crear, tampoco puede la acción corporal crear verdaderamente, salvo que esté relacio­nada con la acción mental que le precedió.

Debemos haber comenzado a darnos cuenta de por qué tantas personas fracasan en llevar a cabo las cosas en la vida. Es porque sus actos corporales no están coordinados con sus pensamientos o porque meramente sueñan y nunca convierten sus imágenes men­tales en acción, en actividad material y física.

Puesto que la creación comienza por el pensamiento, volvamos a la mente para analizar más el asunto. Hacemos muchas cosas por hábito. Conocemos casi todos nuestros hábitos. Si no nos deshacemos de ellos quiere decir, ya sea que los consideramos beneficiosos o que no hemos ejercido o no queremos ejercer suficiente fuerza de voluntad para alterarlos.

Excluyendo los hábitos, entonces todos nuestros demás actos deberían ser premeditados. Deberíamos querer hacerlos. Además, deberían tener un fin determinado. Entonces para crear mentalmente es necesario primero reunir en la mente un cuadro mental del deseo, el fin que usted persigue. Construye usted esto en su consciencia tal cual construyera con las manos, por ejemplo, un cajón.

Llegado a este punto no se piensa en cómo se hará; solamente se procura percibir el objeto o condición en su totalidad. ¿Qué es lo que usted desea? ¿Puede visualizarlo claramente con la visión de la mente? ¿Es como lo ve en su mente tal y como desea que se materialice o suceda? Se dice usted a sí mismo: ¿”le falta algo, no sé qué es”? Si existe esta condición en el cuadro mental hay una falla.

Si construyese un cajón y le faltase un lado, no quedaría usted contento. Consecuente­mente, hasta que esté usted completa­mente satisfecho con su creación mental, hasta que el cuadro en la mente parezca completo, no está usted listo para seguir adelante. Cuando la visua­lización sea completa, examine rigu­rosamente su obra.

El siguiente caso es calcular su valor para usted. No lo tome en considera­ción solamente como activo, a saber, los beneficios que pueda acarrearle, sino también como pasivo. Todo cuanto deseamos comprar o adquirir tiene precio, precio a pagar en dinero o su equivalente, o en consecuencias. No se deje engañar de momento dando rienda suelta a sus emociones y apetitos. Use el metro de la razón para aquilatar su cuadro mental.

Al visualizarlo, pregúntese si incurrirá en la animadversión o falta de respeto de muchas personas inteligentes u honorables al llevar a cabo lo que se propone. A cambio de una satisfacción personal que pudiera disfrutar, ¿tendrá que soportar la alta de estimación de vecinos y amigos?

Por supuesto, es cierto que muchos grandes inventores han tenido que soportar el desdén y sufrir humilla­ciones para realizar un ideal que tenían, pero en cambio sabían que lo que crearon mentalmente, y después trajeron a la existencia material, benefi­ciaria más adelante a un número de personas mucho mayor que sus fami­liares y amigos, y valía la pena aguantar los sacrificios. ¿Incurrirá el cuadro mental de usted, por un lado en todo este disfavor y, por el otro, no le servirá a nadie más que a usted? Si es así, no prosiga más en su materializa­ción, porque más tarde odiará lo que ha creado. Bajo estas circunstancias es más un pasivo que un activo.

Si está usted creando algo que al observarlo en la pantalla de la conscien­cia reta a la moral, convencionalismos y leyes del hombre, no proceda, salvo que pueda visualizar igualmente y con la misma claridad cómo será aceptada más tarde su creación por la sociedad. Aún más: si tiene usted que combatir su propia consciencia para poder retener el cuadro en la mente, quiere decir que usted mismo se da cuenta que el ideal no representa el todo de usted. No representa la parte moral así como la mental. No hay que crear nada a medias.

Si no encuentra eco en todo su ser no es realmente obra suya. No siga adelante.

Supongamos ahora que usted en­cuentra completo y aceptable su cuadro mental; que después de cuidadosa con­sideración no parece que se convertirá en pasivo. El problema siguiente es materializar el cuadro. No existe nin­guna clase de alquimia mental por medio de la cual, con una palabra o una fórmula secreta, pueda usted transmutar en su totalidad un cuadro mental en realidad física. Es necesario analizar el cuadro, cerciorarse de cuáles de sus elementos o partes existen ya como una realidad y de los cuales usted tiene conocimiento y sabe cómo pueden obtenerse.

Para simplificar: si el cuadro mental, el fin que persigue usted mentalmente, se compone todo él de elementos de cuya verdadera existencia usted no esté seguro, y no sabe dónde o cómo conseguirlos o hacer que suce­dan, lo que usted tiene en la mente es una imagen debida a la fantasía. En este caso no existe ninguna relación entre el mundo mental de usted y el mundo físico.

Como analogía, suponga que tiene en la mente el cuadro de un cofre, un mueble grande que desea traer a la existencia material. Si, no obstante, en el cuadro mental está compuesto de una substancia cuya fuente usted ignora, ni tiene posibilidad de producirla, la razón indica que usted fracasará en realizarlo a causa de la misma insuficiencia de su propio pensamiento. Por consiguiente, la imagen mental necesita de un arquetipo material, cuando menos en parte.

Vamos a suponer que usted retiene el cuadro mental de una casa que desea poseer, y desea transmutar este cuadro mental en un hecho realizado. Usted mira el cuadro; descubre que su casa, en diseño y comodidades, es completamente diferente a cualquier otra que haya visto.

Sin embargo, también observa que está construida con ma­teriales que tienen existencia; reconoce usted los ladrillos, la madera, argamasa, instalación eléctrica y de plomería. Además, usted sabe dónde pueden conseguirse. ¿Qué impide que traiga usted a la existencia este cuadro? Es la necesi­dad por parte de usted de cierta acción para crearla físicamente.

Puesto que usted no puede hacer personalmente todo el trabajo de construcción, y puesto que no tiene los materiales, la única acción que puede ejercer es la potencia del dinero pa­ra comprar los materiales y servicios. El primer eslabón con el presente, con el mundo material, es conseguir el dinero. Pregúntese usted ahora cómo obtiene sus ingresos monetarios. ¿Es esto (sueldo o salario) fuente sufi­ciente de ingresos para que inmediatamente, o más adelante, reúna usted la cantidad necesaria?

Si tiene que trans­currir demasiado tiempo antes de que pueda conseguir el dinero por los medios usuales, su curso de acción está en una de dos direcciones. La primera es que simplifique usted el cuadro mental por ahora y forme uno que pueda más fácilmente ser creado en una realidad material, y más tarde establecer otro cuadro de mayor enver­gadura.

La segunda, o sea la alterna­tiva, es establecer provisionalmente un cuadro substituto en la mente, de una mejoría en la posición o profesión de usted que le proporcione mayores entradas.

Para lograr esto se repite el proce­dimiento: busque usted cuál es el primer elemento necesario para que este cuadro se vuelva un hecho. Si consiste en dedicar más tiempo a su trabajo, entonces comience a crear, actúe, dedique más tiempo; si lo que se necesita es desarrollar alguna forma nueva de agrandar su negocio o reducir los costos, actúe usted, comience a crear en esa dirección.

Es evidente que si realiza felizmente el cuadro mental de mayores entradas, por medio de la acción, haciendo las cosas necesarias en sus negocios, usted trae a la existencia el primer elemento del primer cuadro mental: la cosa que desea.

Debe saber usted que no es posible ninguna creación mental si el cuadro mental no contiene algún eslabón que lo una a lo presente. Tiene que haber en él algo que usted pueda empezar a hacer ahora mismo. La creación mental incluye la imaginación. La imagina­ción es más valiosa cuando contiene un elemento real, algo que existe ahora o es enteramente posible, sin importar que sea una parte muy pequeña del cuadro total, y lo proyecta y agranda en lo porvenir.

Un hombre puede imaginar el mover una montaña y puede crear mentalmente esto si tiene conocimiento del factor real por el que debe comen­zar, y por medio de la acción lo agranda hasta convertirlo en la potencia capaz de mover la montaña. Los pensamien­tos que pudiéramos tener, y que no son afines a nuestro mundo o circunstancias actuales, son fantasía y no verdadera imaginación. Hay que extender el pensamiento de algo que es hacia lo que uno desea que suceda.

A mayor analogía diremos que nunca un peldaño solo de una escalera sirvió para que alguien escalara una mayor altura. Son necesarios varios peldaños unidos para un fin común: permitir que suba alguien. Por consiguiente, al crear mentalmente, forme su cuadro mental tan complejo como quiera, pero no omita el primer peldaño, el eslabón que pone el cuadro en comunicación con la capacidad que ahora tiene usted con sus posibilidades y con cosas reales.

¿No podemos recibir inspiración de nuestro interior al crear mentalmente? Sí, desde luego. Sin embargo, no de­bemos creer que meramente retener en la mente un cuadro mental, perfecto en sus detalles, es todo lo que se ne­cesita para transformarlo en realidad.

No existe ningún poder extraño que se haga cargo del cuadro y lo transmute para nosotros. Las fuerzas cósmicas no son genios o magos a nuestro servicio. Cuando con toda claridad retengamos el cuadro en la mente debemos, como ya se explicó, procurar descubrir en él ese elemento que liga el cuadro a los hechos y constituye un comienzo de nuestro curso de acción.

Después, mentalmente, debemos pedir que lo Cósmico nos inspire, que nos guíe, que nos conceda ese conocimiento intuitivo de cómo será mejor principiar esa ac­ción necesaria. Debemos pedir ese esencial poder mental y físico que ne­cesitaremos para lanzar nuestra campaña.

No debemos pensar que algún Poder Infinito, como si diera un pase con una vara mágica, hará que la totalidad de lo que concebimos se materialice en realidad sin más esfuerzo de nuestra parte que meramente retener el cuadro en la mente. Si cuando haya usted completado el cuadro mental no puede discernir en él objetiva e inmediata­mente el factor primario que constituye el punto inicial, que es lo primero que tiene usted que hacer para llevarlo a cabo entonces pase el cuadro a la mente subjetiva.

Esto se hace desechándolo de los pensamientos, con la es­peranza o deseo de recibir la inspiración necesaria para saber cómo empezar. La inspiración puede venirle a usted al día siguiente, o una semana después. Puede llegarle como lo que vulgarmente se llama una corazonada, o sea una impresión intuitiva.

El aspecto místico de la creación mental consiste en ganar la ayuda adicional de una sugerencia del ser interno, de la Inteligencia Infinita de nuestro ser, dejando que pase el estimulante cuadro mental a la mente sub­jetiva. Sin embargo, la creación mental, en contra de lo que creen muchas personas, no incluye ningún procedimiento místico por medio del cual, y ya lo hemos dicho, el cuadro mental completo se materialice sin ningún esfuerzo físico por nuestra parte.

Con frecuencia se dice que la creación mental incluye el atraer hacia uno el poder de lo alto que lleva a cabo el resultado que se deseó; y esto es ver­dad, pero el poder toma la forma de una idea revelada, de un conocimiento útil inspirado, o la sugerencia intuitiva de la forma en que podemos obtener ayuda. El individuo aprende por sí mismo cómo puede crear en el mundo material lo que tiene en la mente; pero se le exige al individuo el crear, es decir, que actúe.

Debe ser aparente para muchos de vosotros que infinidad de personas han usado este arte de la creación mental que he bosquejado aquí, sin conoci­miento alguno del misticismo o siquiera de los principios de la psicología. Han desarrollado el arte razonando cuidadosamente y respondiendo a sus propios impulsos intuitivos.

Puede haberles llevado la mayor parte de su vida el desarrollar su método, pero vosotros que tenéis la oportunidad de adquirir el conocimiento de la manera de hacerlo, tenéis una decidida ventaja al poder economizar un tiempo valioso. Sin embargo, el arte de crear mental­mente, ya sea descubierto por un individuo en el curso de un raciocinio y un análisis de sus actos, o ya aprendido por él por la lectura de un artículo como éste, da resultados en ambos casos. No existe ningún secreto sobre el particular.

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Yo soy la Francmasonería

Posted by cosmoxenus en 16 julio 2007

Nací en la Antigüedad, en los remotos tiempos cuando los hombres soñaron con Dios por primera vez.

He sido puesta a prueba durante siglos, y hallada ser verdadera.

Los caminos del mundo muestran la impronta de mis pies y las catedrales de todas las naciones dan testimonio de la destreza de mis manos. Lucho por la belleza y la simetría.

En mi corazón habitan la Sabiduría, la Fuerza y el Valor para aquéllos que los buscan.

Sobre mis altares, está el Libro Sagrado, y mis plegarias están dirigidas al Dios Omnipotente, mis hijos laboran y oran juntos, sin discriminaciones ni discordias, en la plaza pública y en la cámara secreta.

Por medio de signos y símbolos enseño las lecciones de la vida y de la muerte y la relación del Hombre con Dios y del Hombre con el Hombre.

Mis brazos están abiertos para recibir a aquéllos de edad legal y buena conducta que me buscan por su propia y espontánea voluntad.

Los acepto y les enseño cómo usar mis Herramientas en la construcción de los Hombres, y de ahí en adelante, encuentro la dirección de su propia búsqueda de la perfección tan deseada y tan difícil de alcanzar.

Levanto al caído y doy abrigo al enfermo. Acudo ante el llanto de los huérfanos, las lágrimas de las viudas, y el dolor de los ancianos y desvalidos.

No soy Iglesia, ni Partido ni Escuela, pero mis hijos portan una carga completa de responsabilidad hacia Dios, el país, el prójimo y ellos mismos.

Son hombres libres, defensores de sus libertades y alerta para conjurar los peligros.

Al llegar el final los acompaño a medida que cada uno emprende el viaje más allá del Valle hacia la Gloria de la vida eterna.

Contemplo las arenas contenidas en el cristal y pienso cuán pequeña es una sola vida en el conjunto del universo eterno. Siempre he enseñado la Inmortalidad y porque levanto a los Hombres desde la oscuridad hacia la Luz, soy una forma de vida.

Nací en la Antigüedad, en los remotos tiempos cuando los hombres soñaron con Dios por primera vez.

He sido puesta a prueba durante siglos, y hallada ser verdadera.

Los caminos del mundo muestran la impronta de mis pies y las catedrales de todas las naciones dan testimonio de la destreza de mis manos. Lucho por la belleza y la simetría.

En mi corazón habitan la Sabiduría, la Fuerza y el Valor para aquéllos que los buscan.

Sobre mis altares, está el Libro Sagrado, y mis plegarias están dirigidas al Dios Omnipotente, mis hijos laboran y oran juntos, sin discriminaciones ni discordias, en la plaza pública y en la cámara secreta.

Por medio de signos y símbolos enseño las lecciones de la vida y de la muerte y la relación del Hombre con Dios y del Hombre con el Hombre.

Mis brazos están abiertos para recibir a aquéllos de edad legal y buena conducta que me buscan por su propia y espontánea voluntad.

Los acepto y les enseño cómo usar mis Herramientas en la construcción de los Hombres, y de ahí en adelante, encuentro la dirección de su propia búsqueda de la perfección tan deseada y tan difícil de alcanzar.

Levanto al caído y doy abrigo al enfermo. Acudo ante el llanto de los huérfanos, las lágrimas de las viudas, y el dolor de los ancianos y desvalidos.

No soy Iglesia, ni Partido ni Escuela, pero mis hijos portan una carga completa de responsabilidad hacia Dios, el país, el prójimo y ellos mismos.

Son hombres libres, defensores de sus libertades y alerta para conjurar los peligros.

Al llegar el final los acompaño a medida que cada uno emprende el viaje más allá del Valle hacia la Gloria de la vida eterna.

Contemplo las arenas contenidas en el cristal y pienso cuán pequeña es una sola vida en el conjunto del universo eterno. Siempre he enseñado la Inmortalidad y porque levanto a los Hombres desde la oscuridad hacia la Luz, soy una forma de vida.

Yo soy la Francmasonería.

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(Traducción Alonso Berrío C. VM Armonía 39 Medellín-Colombia.)

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EL HOMBRE DE VITRUVIO

Posted by cosmoxenus en 16 julio 2007

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