El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 25/06/07

Abraham

Posted by cosmoxenus en 25 junio 2007

Así llamó Jehová a Abraham (que significa: “Padre Es Alto [Ensalzado]”) cuando a los noventa y nueve años Dios le reafirmó Su promesa de que su descendencia se multiplicaría. (Gé 17:5.)

Sus antecedentes y la primera etapa de su vida. Abraham fue la décima generación desde Noé por medio de Sem y nació trescientos cincuenta y dos años después del Diluvio, en 2018 a. E.C. Aunque en Génesis 11:26 aparece como el primero de los tres hijos de Taré, no era el primogénito. Las Escrituras muestran que Taré tenía setenta años cuando nació su primer hijo y que Abraham nació sesenta años después, cuando su padre contaba ciento treinta años. (Gé 11:32; 12:4.) Seguramente se menciona a Abraham en primer lugar debido a su sobresaliente fidelidad y prominencia en las Escrituras. Lo mismo ocurre en el caso de otros hombres sobresalientes, como Sem e Isaac. (Gé 5:32; 11:10; 1Cr 1:28.)

Abraham era natural de la ciudad caldea de Ur, una próspera metrópoli ubicada en la tierra de Sinar, cerca de la confluencia actual de los ríos Éufrates y Tigris. Estaba a unos 240 Km. al SE. de Babel o Babilonia, en un tiempo la ciudad real de Nemrod, muy famosa por su inacabada Torre de Babel.

En el tiempo de Abraham, la ciudad de Ur estaba impregnada de idolatría babilónica y de la adoración a su patrón, el dios-luna Sin. (Jos 24:2, 14, 15.) No obstante, Abraham resultó ser un hombre de fe en Jehová Dios, igual que sus antepasados Sem y Noé, y como consecuencia, se ganó la reputación de ser “el padre de todos los que tienen fe mientras están en incircuncisión”. (Ro 4:11.) Puesto que la fe verdadera se basa en conocimiento exacto, Abraham tal vez consiguió su conocimiento de Sem (sus vidas se traslaparon unos ciento cincuenta años). Abraham conocía y usaba el nombre de Jehová; estas son algunas de sus declaraciones: “Jehová el Dios Altísimo, Productor de cielo y tierra”, “Jehová, el Dios de los cielos y el Dios de la tierra”. (Gé 14:22; 24:3.)

Mientras Abraham todavía vivía en Ur, “antes que se domiciliara en Harán”, Jehová le mandó que se mudara a una tierra extranjera y dejara atrás a amigos y parientes. (Hch 7:2-4; Gé 15:7; Ne 9:7.) Le dijo que en el país que le mostraría, haría de él una gran nación. En aquel entonces Abraham estaba casado con su medio hermana Sara, pero no tenían hijos y ambos eran de edad avanzada. Por eso, la obediencia a aquel mandato exigiría gran fe; no obstante, obedeció.

Taré, para entonces de unos doscientos años y todavía el cabeza patriarcal de la familia, concordó en acompañar a Abraham y Sara en este largo viaje, por lo que se dice que fue él quien llevó a su familia hacia Canaán. (Gé 11:31.) Parece que Lot, sobrino de Abraham y huérfano de padre, fue adoptado por sus tíos, que para entonces no tenían hijos, de ahí que los acompañara en su viaje. La caravana viajó hacia el NO. unos 960 Km. hasta llegar a Harán, una importante encrucijada en las rutas comerciales de E. a O. Esta ciudad está enclavada en la confluencia de dos uadis que forman un afluente invernal del río Balij, a unos 110 Km. más arriba de la desembocadura del Balij en el río Éufrates. Allí permaneció Abraham hasta la muerte de su padre. (MAPA, vol. 1, pág. 330.)

Residencia temporal en Canaán. A los setenta y cinco años, Abraham salió de Harán junto con su casa hacia la tierra de Canaán, donde había de vivir los restantes cien años de su vida en tiendas de campaña como residente forastero y nómada. (Gé 12:4.) Después de la muerte de su padre, Abraham salió de Harán en 1943 a. E.C. y cruzó el río Éufrates, probablemente el día 14 del mes que más tarde se llamaría Nisán. (Gé 11:32; Éx 12:40-43, LXX.) Fue entonces cuando entró en vigor el pacto entre Jehová y Abraham y comenzó el período de cuatrocientos treinta años de residencia temporal que concluyó con la celebración del pacto de la Ley con Israel. (Éx 12:40-42; Gál 3:17.)

Abraham viajó hacia el S., con sus rebaños y vacadas, probablemente pasando por Damasco, hasta llegar a Siquem (situada a 48 Km. al N. de Jerusalén), cerca de los árboles grandes de Moré. (Gé 12:6.) Allí fue donde Jehová se le apareció de nuevo y le confirmó y amplió Su promesa y Su pacto con las palabras: “A tu descendencia voy a dar esta tierra”. (Gé 12:7.) Abraham construyó en ese lugar un altar para Jehová e hizo lo mismo en otros lugares del camino a medida que se desplazaba hacia el S., y en ellos invocaba el nombre de Jehová. (Gé 12:8, 9.) Con el tiempo, un hambre muy severa le obligó a mudarse temporalmente a Egipto, donde, para proteger su vida, dijo que Sara era su hermana. Esto resultó en que Faraón introdujera a esta hermosa mujer en su casa para tomarla como esposa, pero Jehová hizo que la devolviera a su esposo antes de que tuviera relaciones con ella. Abraham entonces regresó a Canaán, al campamento que estaba entre Betel y Hai, y de nuevo invocó “el nombre de Jehová”. (Gé 12:10–13:4.)

Luego Abraham y Lot tuvieron que separarse debido a que sus rebaños y vacadas habían aumentado mucho. Lot escogió la cuenca de la parte baja del Jordán, una región bien regada que era “como el jardín de Jehová”, y más tarde asentó su campamento cerca de Sodoma. (Gé 13:5-13.) Abraham, por su parte, después que se le dijo que viajara a lo largo y ancho de la tierra, llegó a morar entre los árboles grandes de Mamré, en Hebrón, a 30 Km. al SSO. de Jerusalén. (Gé 13:14-18.)

Cuando cuatro reyes aliados, encabezados por el rey mesopotámico Kedorlaomer, lograron aplastar a cinco reyes cananeos que se habían rebelado, Sodoma y Gomorra fueron saqueadas y a Lot se lo llevaron cautivo junto con todas sus propiedades. Al enterarse de esto, Abraham rápidamente juntó en formación militar a sus hombres adiestrados, 318 esclavos de su casa. Junto con sus aliados, Aner, Escol y Mamré, emprendió una marcha forzada en persecución de los captores hasta más allá de Damasco, a unos 300 Km. en dirección norte, y, gracias a la ayuda de Jehová, derrotó a una fuerza muy superior a la suya. Así se rescató a Lot y todo lo suyo. (Gé 14:1-16, 23, 24.) Al regreso de Abraham de esta gran victoria, Melquisedec, un “sacerdote del Dios Altísimo” que también era rey de Salem, salió y bendijo a Abraham, quien a su vez “le dio el décimo de todo”. (Gé 14:17-20.)

Aparece la descendencia prometida. Puesto que Sara continuaba estéril, parecía que iba a ser Eliezer, el fiel mayordomo procedente de Damasco, quien recibiría la herencia de Abraham. No obstante, Jehová volvió a asegurarle a Abraham que su propia prole llegaría a ser incontable, como las estrellas del cielo, y Abraham “puso fe en Jehová; y él procedió a contárselo por justicia”, aunque esto sucedió años antes de su circuncisión. (Gé 15:1-6; Ro 4:9, 10.) Entonces, Jehová celebró con él un pacto formal, acompañado de sacrificios de animales, y al mismo tiempo le reveló que se afligiría a su prole durante un período de cuatrocientos años y que hasta sería llevada a la esclavitud. (Gé 15:7-21; véase PACTO.)

Pasó el tiempo. Ya llevaban diez años en Canaán, pero Sara continuaba estéril, así que propuso que su sierva egipcia, Agar, la sustituyera y de esa manera pudiera tener un hijo por medio de ella. Abraham consintió, y en 1932 a. E.C., cuando ya había cumplido ochenta y seis años, nació Ismael. (Gé 16:3, 15, 16.) Pasó más tiempo. En 1919 a. E.C., cuando Abraham tenía noventa y nueve años, Jehová ordenó que se circuncidara a todos los varones de su casa, como señal o sello en testimonio de la especial relación pactada que existía entre Él y Abraham. Al mismo tiempo le cambió el nombre de Abrán a Abraham, “porque padre de una muchedumbre de naciones de seguro te haré yo”. (Gé 17:5, 9-27; Ro 4:11.) Poco después de aquello, tres ángeles materializados a quienes Abraham recibió hospitalariamente prometieron en el nombre de Jehová que Sara concebiría y daría a luz un hijo, ¡sí, en el plazo de un año! (Gé 18:1-15.)

¡Cuántas cosas pasaron en ese año! Sodoma y Gomorra fueron destruidas y el sobrino de Abraham y sus dos hijas escaparon por muy poco. Debido a un hambre, Abraham y su esposa se mudaron a Guerar, donde el rey de esa ciudad filistea tomó a Sara para su harén. Jehová intervino, Sara fue puesta en libertad y al tiempo señalado, en 1918 a. E.C., cuando Abraham tenía cien años y Sara noventa, nació Isaac, el heredero que había sido prometido en su día. (Gé 18:16–21:7.) Cinco años después, cuando el medio hermano de Isaac, Ismael, que ya había cumplido diecinueve años, se burló de Isaac, Abraham se vio obligado a despedirle a él y a su madre, Agar. Fue entonces, en 1913 a. E.C., cuando empezaron los cuatrocientos años de aflicción para la prole de Abraham. (Gé 21:8-21; 15:13; Gál 4:29.)

La prueba suprema de fe a la que tuvo que enfrentarse Abraham llegó unos veinte años más tarde. Según la tradición judía, Isaac entonces contaba veinticinco años. (Antigüedades Judías, de F. Josefo, libro I, cap. XIII, sec. 2.) En obediencia a las instrucciones de Jehová, Abraham tomó consigo a Isaac y viajó hacia el N., desde Beer-seba, en el Négueb, hasta el monte Moria, al norte de Salem. Allí edificó un altar e hizo los preparativos para ofrecer como sacrificio quemado a Isaac, la descendencia prometida. Y de hecho, Abraham “ofreció, por decirlo así, a Isaac”, porque “estimó que Dios podía levantarlo hasta de entre los muertos”. Justo en el último momento, Jehová intervino y suministró un carnero para sustituir a Isaac en el altar del sacrificio. Por lo tanto, fue esta fe incondicional respaldada por una completa obediencia lo que movió a Jehová a reforzar su pacto con Abraham, jurando por sí mismo como una garantía legal especial. (Gé 22:1-18; Heb 6:13-18; 11:17-19.)

Sara murió en Hebrón en 1881 a. E.C. a los ciento veintisiete años, por lo que a Abraham se le hizo necesario comprar una porción de terreno para sepultarla, pues como residente forastero, no poseía tierras en Canaán. Así que les compró a los hijos de Het un campo en Macpelá, cerca de Mamré, que tenía una cueva. (Gé 23:1-20; véase COMPRA.) Tres años después, cuando Isaac llegó a la edad de cuarenta años, Abraham envió a Eliezer de regreso a Mesopotamia para que consiguiera para su hijo una esposa adecuada, que también fuera adoradora verdadera de Jehová. Rebeca, la sobrina nieta de Abraham, resultó ser la que Jehová escogió. (Gé 24:1-67.)

“Además, Abraham volvió a tomar esposa”, a Queturá, y engendró a otros seis hijos, de modo que de él no solo descendieron los israelitas, los ismaelitas y los edomitas, sino también los medanitas, los madianitas y otros pueblos. (Gé 25:1, 2; 1Cr 1:28, 32, 34.) De ese modo Abraham vio cumplida la expresión profética de Jehová: “Padre de una muchedumbre de naciones de seguro te haré yo”. (Gé 17:5.) Finalmente, en 1843 a. E.C., murió a la avanzada edad de ciento setenta y cinco años y sus hijos Isaac e Ismael lo enterraron en la cueva de Macpelá. (Gé 25:7-10.) Antes de su muerte, Abraham dio regalos a los hijos de sus esposas secundarias y los despidió, de modo que Isaac quedó como único heredero de “todo cuanto tenía”. (Gé 25:5, 6.)

Cabeza patriarcal y profeta. Abraham fue un hombre muy acaudalado, con grandes rebaños y vacadas, mucha plata y oro, y una casa muy grande que contaba con muchos centenares de siervos. (Gé 12:5, 16; 13:2, 6, 7; 17:23, 27; 20:14; 24:35.) Por esta razón, los reyes de Canaán lo consideraban un poderoso “principal” y una persona con quien se deberían hacer pactos de paz. (Gé 23:6; 14:13; 21:22, 23.) Sin embargo, en ningún momento permitió que el materialismo cegara la visión que tenía de Jehová y de Sus promesas ni que le convirtiera en una persona orgullosa, altanera o egoísta. (Gé 13:9; 14:21-23.)

La primera vez que aparece la palabra “profeta” en las Escrituras Hebreas se refiere a Abraham, aunque otros siervos de Dios, como por ejemplo Enoc, profetizaron antes que él. (Gé 20:7; Jud 14.) La primera persona a quien se identifica en las Escrituras como “hebreo” es Abraham. (Gé 14:13.) Él, al igual que Abel, Enoc y Noé, fue un hombre de fe (Heb 11:4-9), pero la primera vez que aparece la expresión “puso fe en Jehová” es con referencia a Abraham. (Gé 15:6.)

Ciertamente este hombre de extraordinaria fe anduvo con Dios, recibió comunicados de Él por medio de visiones y sueños y hospedó a Sus mensajeros angelicales. (Gé 12:1-3, 7; 15:1-8, 12-21; 18:1-15; 22:11, 12, 15-18.) Estuvo bien familiarizado con el nombre de Dios, aunque en aquel tiempo Jehová todavía no había revelado el significado pleno de Su nombre. (Éx 6:2, 3.) En muchas ocasiones Abraham edificó altares y ofreció sacrificios en el nombre de su Dios, Jehová, para Su alabanza y gloria. (Gé 12:8; 13:4, 18; 21:33; 24:40; 48:15.)

En calidad de cabeza patriarcal, Abraham no permitió que en su casa se practicase la idolatría ni la impiedad, sino que siempre enseñó a todos sus hijos y siervos a ‘guardar el camino de Jehová para hacer justicia y juicio’. (Gé 18:19.) Todo miembro varón de su casa estaba bajo la obligación de someterse a la ley de Jehová tocante a la circuncisión. La esclava egipcia Agar invocó el nombre de Jehová en oración, y el siervo mayor de Abraham demostró su propia fe en el Dios de Abraham en una oración muy conmovedora dirigida a Jehová. Isaac también probó su fe y obediencia a Jehová cuando era un hombre joven al permitir que se le atara de pies y manos y se le colocara sobre el altar para ser sacrificado. (Gé 17:10-14, 23-27; 16:13; 24:2-56.)

Historicidad. Jesús y sus discípulos aludieron a Abraham más de setenta veces en sus conversaciones y escritos. En su ilustración del hombre rico y Lázaro, Jesús se refirió a Abraham en sentido simbólico. (Lu 16:19-31.) Cuando sus opositores se jactaron de que eran prole de Abraham, él en seguida hizo notar su hipocresía con las palabras: “Si son hijos de Abraham, hagan las obras de Abraham”. (Jn 8:31-58; Mt 3:9, 10.) No es, evidentemente, el linaje carnal lo que cuenta, sino que, como dijo el apóstol Pablo, la persona debe tener una fe como la de Abraham para ser declarada justa. (Ro 9:6-8; 4:1-12.) Pablo también mostró que la verdadera descendencia de Abraham era Cristo, junto con los que le pertenecen como “herederos respecto a una promesa”. (Gál 3:16, 29.) También habla de la bondad y hospitalidad de Abraham para con los extraños, y no le pasa por alto en su larga lista de ilustres testigos de Jehová del capítulo 11 de Hebreos. Es Pablo quien explica que las dos mujeres de Abraham —Sara y Agar— protagonizaron un drama simbólico que tenía que ver con los dos pactos de Jehová. (Gál 4:22-31; Heb 11:8.) Por otra parte, el escritor bíblico Santiago añade que Abraham apoyó su fe con obras justas y, por lo tanto, se le conoció como “amigo de Jehová”. (Snt 2:21-23.)

Los descubrimientos arqueológicos han confirmado aspectos de la historia bíblica de Abraham: las ubicaciones geográficas de muchos lugares y costumbres de la época, como la compra del campo a los hititas, la selección de Eliezer como heredero y el trato dado a Agar.

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UN MUNDO DENTRO DE OTRO MUNDO

Posted by cosmoxenus en 25 junio 2007

Las teorías de John Symmes

Javier Salvador

Si la teoría de John Symmes hubiese correspondido a la realidad, los primeros hombres que llegaron al Polo Norte se habrían precipitado en el interior de la Tierra por una enorme abertura, y habrían descubierto en las entrañas del planeta un nuevo e inmenso país, rico en minerales y poblado por hombres extraños.

Tan firme era su idea y a tantos convenció, que sus propuestas para llevar a cabo una expedición al mundo existente dentro de la Tierra llegaron hasta el Congreso de los Estados Unidos. Pero los escépticos legisladores no quisieron saber nada de ello.

John Cleves Symmes, nacido en Nueva Jersey en 1780, tenía tras de sí una distinguida carrera militar, donde había alcanzado el grado de capitán antes de interesarse apasionadamente por la astronomía. Cuanto más estudiaba, más sólida se hacía su convicción de que la Tierra estaba hueca.

Pero su hipótesis no era totalmente nueva. Ya había sido presentada en el pasado por hombres tan notables como el astrónomo inglés Edmond Halley (con cuyo nombre se bautizó al famoso cometa); Leonhard Euler, brillante matemático alemán, y John Leslie, científico británico. Halley y Leslie sugirieron que podría haber planetas independientes dentro del nuestro.

Symmes compartía ideas semejantes; pero sus «mundos dentro de otros mundos» eran esferas concéntricas, abiertas todas en los polos. Nadie podía demostrar la falsedad de su teoría, porque en su época no se habían explorado todavía las regiones polares.

Symmes citaba en favor suyo la entonces inexplicada migración de los pájaros hacia el norte. Suponía que volaban atraídos hacia la fuente de las cálidas corrientes oceánicas y hacia un sol existente en el interior de la Tierra, del que las auroras boreales no eran sino el reflejo.

En opinión de Symmes, los hombres podían visitar este mundo interior, como lo hacían los pájaros. Al fin, se dirigió en estos términos a las instituciones científicas de todo el mundo: «Declaro que la Tierra está hueca, que su interior es habitable y formado por diversas capas, y que está abierta en el Polo… Comprometo mi vida en defensa de esta verdad, y estoy dispuesto a explorar su interior hueco si el mundo me apoya.» Al fracasar en su intento de obtener la ayuda de su país, Symmes quiso unirse a una expedición polar rusa, pero no consiguió dinero suficiente para llegar a San Petersburgo, el puerto de partida.

Murió en 1829, persuadido aún de que la Tierra estaba hueca. Su figura resulta tan extravagante como sus teorías.

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La Papisa Juana

Posted by cosmoxenus en 25 junio 2007

Mientras que algunos historiadores niegan la existencia de la papisa Juana y algún religioso la llama meretriz, otros varios lo afirman, entre ellos Martín Polonio, Mariano Escoto y otros muchos; el severo Lannoy dice: «Los eclesiásticos contemporáneos de León IV y Benito III, por un desmedido celo a la religión, no han hablado de esta mujer notable, pero sus sucesores, menos escrupulosos, han descubierto por fin este misterio.» El orgulloso clero romano, los altivos cardenales, no pudiendo tolerar que una mujer les haya gobernado ciñendo la tiara y dando a besar sus pies, han negado su existencia; algunos autores eclesiásticos dicen que Juana fue elevada al pontificado por obra del diablo, otros que por un plan especial del cielo, y mientras unos afirman que la iglesia debe mostrarse humillada, otros sostienen que debe glorificarse como un milagro, que persuadió a los romanos de ser guiados por el Espíritu Santo.

Después de estas ligeras reflexiones, pasemos a reseñar su vida, según la versión del juicioso escritor Mariano Escoto:

«A principios del siglo X pasaron a Alemania a convertir sajones al cristianismo varios sacerdotes ingleses, entre ellos uno con una hermosa joven que había robado a su familia para ocultar su estado interesante, y que dio a luz en Mayenza una niña que debía llamar la atención del mundo; era Juana, llamada por otros Gilberta, Isabel o Margarita, la que instruida por su padre, alcanzó tales conocimientos que admiraba a los más sabios doctores.

Llegó la edad del amor, y la ciencia fue impotente; un monje inglés de la abadía de Fulda la declaró su pasión y, vencida de su amor, huyó con él a la abadía, donde penetró bajo el nombre de Juan el inglés y estudió con el sabio Rabán Maur, hasta que partieron a Inglaterra y Francia, donde Juana, cubierta con su traje de hombre, disputó con los más célebres doctores, San Auscario, el fraile Beltrán y el abad Lobo de Ferriere, pasando luego a Atenas, que era entonces el foco de la ilustración; Juana tenía entonces veinte años, y aunque hermosa, la palidez del rostro y el hábito de fraile le dabanel aspecto de un monje joven: allí pasó algunos años, juntando a sus conocimientos universales una elocuencia que admiraba a todos, cuando su amante murió repentinamente y entonces marchó a Roma, haciéndose admitir en la escuela de los griegos para enseñar las artes liberales, causando tal entusiasmo sus arengas e improvisaciones que se le adjudicó el título de príncipe de los sabias.

Nobles, cardenales, sacerdotes, diáconos y frailes se honraban con su amistad, y admirando su pureza y talento formaron un gran partido que la elevó a la silla pontificia a la muerte de León, siendo consagrada por tres obispos en la basílica de San Pedro, ante los enviados del emperador, y en la catedral del Sena consta su retrato con el título de Juan VIII, papa hembra.

Con gran sabiduría ejerció el pontificado, confirió órdenes a prelados, sacerdotes y diáconos; consagró altares, administró el sacramento, dio a besar sus pies a los obispos, compuso varios prefacios para misas que fueron prohibidos luego por sus sucesores, y dirigió tan hábilmente la política de la Iglesia, que el anciano Lotario abrazó por su consejo la vida monástica en la abadía de Prum, recibiendo Luis la corona imperial de manos de Juana. Juana, hasta entonces pura, ya sea que la naturaleza la impulsara o que el poder corroe los más bellos sentimientos, eligió un amante, le colmó de honores y se aseguró de su discreción, y fue tanta, que aún no se sabe si era un camarero o un capellán, la mayoría cree que un sacerdote-cardenal de la iglesia de Roma; lo cierto es que la indiscreta naturaleza la dejó encinta y que en una procesión de rogaciones, yendo a caballo, revestida de los ornamentos pontificales, al llegar cerca de la basílica de San Clemente los dolores de parto fueron tan grandes, que soltó las riendas y cayó del caballo lanzando horribles gritos, hasta que, destrozadas las sagradas vestiduras, dio a luz un niño, en medio de una confusión horrible y de las amenazas del clero, sucumbiendo allí la desdichada al dolor y la vergüenza, con un adiós al sacerdote-cardenal que la sostenía, volando su alma al cielo, después de dos años de pontificado. Allí mismo la enterraron con su hijo, que fue ahogado por los sacerdotes y se levantó sobre su tumba una capilla con una estatua de mármol de la papisa, revestida de los hábitos sacerdotales y un niño en los brazos, que fue destruida por Benito III, pero cuyas ruinas aún se veían en el siglo XV.

El clero, indignado, inventó la prueba de la silla horadada, en la que se sentaba el Papa medio tendido, con las piernas separadas y los bábitos entreabiertos para mostrar su virilidad; dos diáconos se aseguraban por la vista y el tacto, y gritaban: Ya tenemos Papa. Todos se prosternaban al Deo granja, le ceñían el cinturón, le besaban los pies y celebraban un gran festín; esta prueba ridícula duró hasta León X.

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El ave fénix

Posted by cosmoxenus en 25 junio 2007

La más bella de las criaturas fabulosas, simbolizaba la esperanza y la continuidad de la vida después de la muerte.

Revestida de plumas rojo y oro, los colores del sol naciente, poseía una voz melodiosa que se hacia lastimera a la hora de morir. Las demás criaturas quedaban tan abrumadas por su belleza y melancolía que expiraban también.

Según la leyenda, sólo un fénix tenía cabida en el universo. El gran Ilesiodo, poeta griego del siglo VIII antes de J-C-, afirmó que vivía nueve veces más que el cuervo. Otros decían que llegaba a vivir 97.200 años.

Cuando el ave sentía la proximidad de la muerte, encendía una pira de canela silvestre y moría entre las llamas. Pero de las cenizas surgía un nuevo fénix, que recogía con ternura los restos de su padre y los guardaba en un huevo de mirra. Levantaba el vuelo hacia la ciudad de Ileliópolis, en Egipto, y allí los depositaba sobre el altar del Sol.

Se decía que tales cenizas poseían la virtud de devolver la vida a un difunto. El libertino emperador romano Hcliogábalo (año 204-22 después de JC) quiso tomar carne de fénix para hacerse inmortal. Comió un ave del paraíso que le fue servida en lugar de un fénix, pero el sustitutivo no resultó eficaz. Poco después moría asesinado.

Creen hoy los sabios que la leyenda del fénix nació en Oriente y fue adoptada por los sacerdotes de Heliópolis, adoradores del Sol, como alegoría de la muerte y resurrección diarias del astro rey.

Como todos los grandes mitos, éste ha hecho vibrar la mente y el corazón de los hombres. En el arte cristiano, el fénix, vencedor de la muerte, se convirtió en el símbolo de Cristo resucitado.

Es curioso que su nombre pudiera deberse a un error de Herodoto, historiador griego del siglo V antes de J.C. Quizá no designó el ave por su verdadero nombre, sino por el de la palmera (en griego Phoenix) sobre la que se posaba en las representaciones de aquellos tiempos.

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La Atlantida, un continente perdido.

Posted by cosmoxenus en 25 junio 2007

Es imposible leer la mente de un hombre de un hombre que murió hace 2300 años… Si se pudiera hacer así. O si por lo menos, se inventara una máquina de tiempo que situara a los personajes del pasado en el mundo actual quizás supiéramos exactamente lo que sucedió en el misterioso continente perdido de la Atlántida.

La única fuente de información con que contamos en la actualidad son los escritos de este hombre desaparecido hace dos y medio milenios… Plato.

Plato más conocido por Platón en el mundo de habla castellana o española vivió en la centuria comprendida entre el año 427 a. C. al año 347 a. C. La Atlántida fue mencionada en dos de sus obras principales. Mas que obras las mismas pudieran considerarse como “diálogos” lenguaje a discutir entre dos personas porque hay que tener en cuenta de que Plato vivió en la época de la filosofía y en ese tiempo casi todas las ideas Se exponían a pública discusión creando las diversas escuelas del pensamiento humano.

Tamios y Kritias… éstas son las obras que hacen referencia a la Atlántida. Son las únicas fuentes de referencia Sobre Atlántida. Absolutamente las únicas. Cualquier libro o articulo escrito pasada la época de Plato no deja de ser sólo una variante informativa de aquellas obras del escritor.

Platón jamás estableció en sus obras que él tuviera directo contacto con la Atlántida. En la época en que el filósofo escribió sobre este continente Sus referencias Se basaban en las memorias de un, hombre muerto ciento cincuenta años antes de que él naciera. Este hombre se llamaba Solón y trabajaba para el Gobierno de Atenas viajando extensivamente. Por lo tanto nos quedan sólo dos caminos a escoger en lo referente a la Atlántida. O bien Plato conoció de verdad las obras con los escritos de Solón y se basó en ellos pera escribir sobre el tema o bien simplemente inventó el personaje para consolidar su teoría filosófica del “Estado Ideal”.

Aristóteles, el pupilo y estudiante más aventajado de Platón estaba convencido de que la Atlántida había sido inventada por su maestro para fines de tipo filosófico y que no existió en la realidad. Los siglos posteriores marcaron una casi total apatía referente a la Atlántida. Plinio el Viejo, filósofo romano, siguió la teoría de Aristóteles acusando al fallecido Platón como “inventor de la fábula sobre Atlantis”. Los filósofos, historiadores y estudiosos se sucedían por generaciones y el tema quedaba suspendido en estado de inanimación gravitacional.

Tras de un intervalo de mil quinientos años, un sorpresivo número de científicos, historiadores y arqueólogos comenzaron a manifestar un repentino interés por el continente supuestamente desaparecido al otro lado del océano. El historiador español Francisco López de Gomara (1510-1560) fue el primero en decir que la Atlántida debía terminar en la América. Sir Francis Bacon (1561-1626) dijo exactamente igual y el educador alemán Janua Joannes Bicherod dijo que “el Nuevo Mundo descubierto por los españoles no tenía nada de nuevo… ” en el año 1663.

Estos ecos sobre la Atlántida no se habían apagado dos siglos y medio después en la época de Alexander Von Humboldt. El primer hombre que parece haber aceptado la leyenda como una positiva y real idea histórica fue el padre jesuita Athanasius Kircher (1601-1680) Este jesuita fue un verdadero investigador de los temas más variados. Aseguró que “había descifrado jeroglíficos referentes a la Atlántida”. Según su versión la Atlántida era un pequeño continente en el océano Atlántico. Era mas bien une isla que un continente. Y sus dimensiones geográficas la ubicaban entre América y África. Una inmensa isla en la cual una serie de montañas centrales se desmenuzaban hacia las llanuras en las aguas de diversos ríos que recorrían todo el terreno como los hilos de una telaraña.

Pero, antes de seguir con este articulo veamos lo que realmente Plato dijo sobre la Atlántida en su obra Tamios. Como especificamos al principio, esta obra es un diálogo. Dropides, un amigo personal de Solón (según Platón)viajó a Egipto durante los años 590 A.C. y 580. Fue a la ciudad de Sais y tuvo largas conversaciones con los sacerdotes en ella. Los sacerdotes le informaron que tanto Sais como Atenas fueron fundadas, la primera hacia ocho mil años y la segunda nueve mil. Que en aquella época de la fundación había una isla tras de las famosas Columnas de Hércules “era mayor que Libia y Asia juntas”.

Esta Sentencia necesita de dos enmiendas. Porque hay que tener en cuenta que lo que ellos llamaban Asia no era mas que el Asia Menor. Y la segunda se refiere a una palabra usada por Platón en griego que lo mismo podía significar “grande en extensión” que “grande en poderío”. Esta palabra era meizon. Lo más probable es que significara grande en poderío ya que de acuerdo con el relato los habitantes de la Atlántida planeaban una invasión para subyugar la porción del Mediterráneo que daba a ellos. Parece que la invasión se llevó a efecto y que solo al final de una cruenta lucha los atenienses lograron la victoria rechazando al enemigo.

Los sacerdotes afirmaron que “poco después de la fracasada invasión comenzaron a ocurrir maremotos, torromotos‚ inundaciones y la isla de Atlantis desapareció para siempre en el mar”.

No hay otra referencia la Atántida en el Timaios. Y si no fuera por otros diálogos en sucesivas obras poco interés hubiese despertado el relato de los sacerdotes acerca de la invasión y la desaparición de Atlántida. Pero fue la obra Kritias la que excitó la imaginación de todo el mundo. En la Atlántida (según Kritias) vivía un pueblo abundante. Poseidón se enamoró perdidamente de una de las muchachas de la isla. Vivió con ella en una pequeña montaña y concibió con la misma cinco pares de gemelos todos ellos varones. Sigue la leyenda diciendo que Poseidón rodeó su montaña con varios cursos circulares de agua para evitar que los hombres llegaran hasta sus dominios y que los viajeros se mantuvieran apartados.

Esta es la primera referencia a los famosos canales circulares de la Atlántida. Canales que transportaban el agua de los ríos por medios artificiales hacia toda la tierra de la isla. Los sucesivos reyes de Atlántida magnificaron la obra y la aumentaron mediante construcciones artísticas creando una verdadera red de irrigación a la vez que un mayor número de compuertas permitía darles paso a los barcos de los comerciantes. Los diferentes círculos separados unos de los otros por el agua de los canales a su vez se unían mediante puentes que se dividían en tres partes para permitir el cruce.

El centro de la isla estaba constituido por la montaña en la cual vivía Poseidón en su palacio. Esta isla estaba separada del resto por un canal circular. Después seguía una zona también circular de tierra conocida como la “Bahía Interior” a su vez separada de la Bahía Exterior por otro círculo de aguas dulces. Un canal central rectilíneo unía a todos los puntos de tierra con el mar abierto. La parte externa de la última porción de tierras habitables estaba rodeada de una inmensa muralla circular que protegía a todo el conjunto de las miradas o curiosidad de los que llegaran allí por casualidad.

La idea general, bajo un punto de vista arquitectónico, es casi inconcebible. Hoy en día serían necesarios incontables años de trabajo y los más modernos métodos de construcción para lograr algo similar a la Atlantis arquitectónica.

El área total, la ciudad central, los campos circulares y los canales interiores ocuparían (según la descripción de Platón) un área cercana a las ochenta mil millas cuadradas. Todo esto en un perfecto esquema mediante el cual el canal central seria el encargado de regular las mareas altas y bajas de las aguas a fin de mantener un constante flujo de irrigación para las cosechas.

¿Increíble verdad? ¿Pero… de dónde pudo sacar Platón ideas tan lejanas a la época en lo que le tocó vivir? Los arquitectos que leen la descripción de Platón se quedan asombrados por la distribución y exactitud de sus planos mentales.

¿Extraterrestres…? Existe una marcada diferencia entre las escasas referencias a la Atlántida hechas en el Timaios el cual viene a ser un incompleto recital acerca de invasiones y catástrofes que destruyeron una Atlántida nebulosa e irreal y la Atlántida descrita en el Kritias.

El Kritias habla de pormenores inconcebibles. No solamente bajo el punto de vista de la construcción arquitectónica sino también sobre datos particulares de la ciudad en sí y sus aldeanos. Paredes de diversos materiales y colores, clases de metal usados en el reforzamiento de sus casas… etc…

Los buscadores de la Atlántida, que aceptan la descripción de Platón palabra por palabra se encuentran ante un dilema… la verdadera ubicación del Continente Perdido.

Ciertamente una isla que venía a tener cuatro veces el tamaño de Tejas no puede desaparecer completamente sin dejar el más mínimo rastro. Muchos fueron los lugares en los cuales se ubicó la Atlántida, Entre ellos Suecia, el Caucaso, Sur América, Ceilán y la parte oeste de África. Pero en ninguno de estos lugares logró encontrarse la menor prueba de una existencia humana inteligente que databa de diez mil años ¿Podía haber algo equivocado en las cifras de Platón? Más de un estudioso ha querido encontrar la diferencia en la relación que existe entre años solares y períodos de la Luna. Los egipcios evocaban el término de “lunas” como de 30 días, lo cual quiere decir que el período establecido por Platón como de 9,000 años quedaría reducido a 742 años actuales… lo cual ya es más creíble. Las palabras egipcias han sido trasladadas, a su vez de otro lenguaje. No se sabe cuál. Lo que quiere decir que a su vez, en la translación al griego puede que el símbolo egipcio de l00 significara 1,000 o viceversa. En este caso la invasión hubiese tenido efecto en los alrededores de 1500 años antes de Cristo. También las medidas de los canales pasarían de 1000 estadios a 100 disminuyendo en gran cantidad el tamaño de la desaparecida Atlántida.

Una interesante teoría sobre esto proviene del Profesor griego Anghelos Galanapnulos que es de origen griego y cree en la versión de Platón al pie de la letra. En los 36 grados al Norte y los 25 grados al Este del Mar Egeo se encuentran un pequeño grupito de islas colectivas que reciben el nombre de Santorini, consiste en dos grandes islas Thera y Therasia y unas cuantas pequeñas llamadas Aprosini, Palaia Kameni, Nea Dameni y Mika Kameni. La palabra Kameni (correspondiente a las tres)significa fuego o ardiente. Todas ellas son de origen volcánico. En 1886 hubo una poderosa erupción en estas islas que fue estudiada cuidadosamente por un científico francés de nombre Fouque y que sirvió de base para que la Universidad de Viena trazara un esquema de las erupciones ocurridas en la zona por siglos.

Hubo una erupción en el año 198 a. C. mediante la cual la isla de Palaia Kameni surgió sobre las aguas embravecidas. Otra erupción en el 726 d. C. Alargó esta isla. En 1573 Mikra Kameni se formó de idéntica forma. En 1650 otra erupción produjo algunos cambios en las islas menores. Pero en 1707 se produjo una ciclópea erupción que duró nada menos que cinco años y de la cual surgió Nea Kimena. En 1666 un apéndice de Nea Kirneni también surgió de los abismos oceánicos.

Por lo que se deduce, en el 250 d. C. el grupo Santorini estaba compuesto solamente de Thera y Therasia, pero en la actualidad las pequeñas islas proliferan en derredor de las dos mayores. Para el profesor Galanapoulos Thera y Therasia no eran mas que los rasgos superiores de la desaparecida Atlántida. Las esporádicas erupciones que dieron pie al resto del archipiélago demostraban que su teoría (por lo menos en la parte geológica) tenía fundamento ya que la tabla enseñaba una larga cadena de movimientos volcánicos en la región.

Si habían surgido islas a partir del 250 ¿Por qué no pensar que también habían desaparecido? Thera y Therasia están cubiertas de una espesísima capa de cenizas volcánicas petrificadas. Capa que quizás está esperando los suficientes recursos científicos para mostrar que en sus entrañas se encuentran los restos del Continente Perdido.

Los negociantes griegos tienen en gran estima las cenizas volcánicas petrificadas para las construcciones. Algunos de ellos adquirieron parte de este material de las islas. Cuando comenzaron a excavar se encontraron que bajo las mismas había innumerables edificios antiguos, utensilios de cocina, objetos de uso personal… todo de piedra y nada de metales. Ni una sola inscripción para atestiguar la procedencia de los objetos ¿La Atlántida que volvía a la luz? No hay manera de comprobarlo. Sólo futuras excavaciones y quizás alguna inscripción den la clave. Es conveniente hacer notar, que, más o menos en la época en que se supone qua desapareció la Atlántida tragada por el mar, la cultura de Creta estaba en el cenit de su esplendor. Los navíos cretenses extendían materialmente su poderío en el mundo entero. Los cretenses hacían un culto del Minotauro y su civilización era fantástica para la época en que vivían.

Los más complicados edificios, construcciones y edificaciones quedaron a la mitad repentinamente… de allí la cultura cretense decayó hasta convertirse en la simple cultura artesanal de la historia moderna y medieval ¿Cómo sucedió esto?

Tal parece que los genios de la piedra cretense interrumpieron sus labores a mediados del día y desaparecieron corriendo ¿Por qué? Nada se sabe. Se sugiere constantemente una invasión de alguna raza extranjera. Pero esto es bien poco probable. Para invadirla Creta de Horilero era necesaria una larga batalla con resultados muy nebulosos ya que Su flota era invencible. Todo demuestra que la cultura cretenSe “desapareció repentinamente” sin explicación ¿Quizás la explosión dela Atlántida?

Creta queda muy cerca del archipiélago Santorini. Una explosión ciclópea de origen volcánico que destruyera a la Atlántida, en su remanente podía destruir perfectamente a Creta. Las inmensas olas, los maremotos y las nubes de cenizas incendiadas podían poner fin no solamente a una cultura, sino a dos al mismo tiempo.

¿La Atlántida marcó la destrucción de la cultura en Creta? Los estudios lo apuntan en esta dirección. Para terminar con la teoría; el profesor Galanapoulos hace constar una similaridad increíble. Dicho profesor coloca una mano con las dimensiones de la Atlántida original; sobre el archipiélago de las Santorini.

Las dimensiones coinciden casi a la perfección. Lo que se consideraba en la Atlántida como la montaña interior en la cual habitaba el rey y que estaba rodeada por la “Bahía Interior” quedaba circunscrita directamente en la zona de las dos islas mayores. Las Santorini conocidas como Thera y Therasia. Los estudios a realizarse en el futuro dirán la última palabra. Lo cierto es que en las entrañas de estas dos islas se encuentran edificios de piedras imponentes, utensilios para la vida humana… y ni una sola inscripción sobre la Atlántida.

Hace años el sumergible Aluminaut, designado especialmente para la exploración, se encontraba explorando los bancos de las Bahamas muy cerca de Bimini. Para su estupefacción los marineros descubrieron una carretera sumergida que caminaba en línea recta por el fondo del mar por más de quince millas y al final de la misma una serie de construcciones monolíticas con todo el aspecto de edificios.

El Dr. J. Manson Valentine tuvo conocimiento de este hallazgo y contrató a los buzos profesionales Jacques Mayol, Harold Climo y Robert Angove para explorar el área en cuestión. Sus descubrimientos fueron sensacionales ya que clamaban haber encontrado una verdadera ciudad sumergida.

¿Era la Atlántida en las Bahamas? Nadie lo sabe.

El continente perdido de la Atlántida parece burlarse de nosotros desde las profundidades de los mares y la historia. Sigue siendo hoy tan misteriosa como el día, hace 2500 años, que un filósofo la describió en dos de sus más famosas obras

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