El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 17/06/07

La eterna búsqueda

Posted by cosmoxenus en 17 junio 2007

El común de los Francmasones, así como los modernos estudiosos de los ideales francmasónicos, se dan escasa cuenta de las obligaciones cósmicas que toman a su cargo, desde el momento en que empiezan a investigar las sacras verdades de la naturaleza, tal como constan en los antiguo: y modernos rituales. Pero si miran tan superficialmente sus tareas, y no tienen sobre sí años y años de experiencias, acabarán por considerar a la Francmasonería tan sólo como un organismo social de una antigüedad de pocos años. Deben, pues, darse cuenta de que las antiguas enseñanzas místicas, que se han perpetuado a través de los ritos modernos, son sagradas, y que hay invisibles y desconocidos poderes que moldean los destinos de aquellos que, conscientemente y por su propia iniciativa, toman sobre sí las obligaciones de la Fraternidad.

La Francmasonería no es una cosa material; es una ciencia del alma. No es un credo o una doctrina, sino una expresión universal de sapiente trascendencia (El término está usado aquí como sinónimo de una secretísima y sagrada filosofía que existió siempre, y fue la inspiración de los grandes místicos y sabios de todas las edades, la perfecta sabiduría de Dios que se revela a través de una jerarquía secreta de inteligencias iluminadas). La posterior acción conjunta de los gremios medievales o, inclusive, la construcción del templo de Salomón, como hoy se lo entiende, tiene poco, si es que tiene algo, que ver con el verdadero origen de la Francmasonería, puesto que ella no depende de las personalidades. En su más alto sentido no es ni historia ni arqueología, sino un trascendente lenguaje simbólico que perpetúa, bajo ciertos símbolos concretos, los sagrados misterios de los antiguos. Sólo aquellos que ven en ello un estudio cósmico, el trabajo de una vida, una inspiración divina para pensar mejor, sentir mejor y vivir mejor, con el propósito de obtener la luz espiritual y considerar la vida diaria del verdadero Francmasón como un medio para lograrlo, han conseguido apenas una superficial visión interna de los verdaderos misterios de los antiguos ritos.

La antigüedad de la esencia masónica no puede ser calculada por siglos ni milenios, porque en realidad su origen se limita al mundo de las formas. El mundo, tal como lo vemos, es tan sólo un laboratorio experimental, en el cual el hombre se encuentra tratando de edificar y expresar medios cada vez mayores y más perfectos. Dentro de este laboratorio se filtran miríadas de rayos, que descienden de otras jerarquías cósmicas (Grupo de inteligencias superiores que rigen el proceso creador del cosmos). Tales enormes globos y orbes que concentran sus energías sobre la humanidad y moldean sus destinos, hacen esto dentro del mayor orden, cada cual por su lado y a su modo; el edificio masónico puede constituir el núcleo de acción en que dichas jerarquías puedan manifestarse, puesto que una verdadera logia es la plasmación minimizada del universo, no sólo material sino simbólicamente, y de su labor siempre consagrada a la gloria de su Gran Arquitecto. Libre de limitaciones de credo y secta, el Francmasón debe erguirse como amo de toda fe; el que emprenda el estudio de la Francmasonería sin darse cuenta de la hondura, la belleza y el poderío espiritual de su filosofía, no podrá jamás sacar nada permanente como fruto de sus estudios. La antigüedad de las Escuelas Esotéricas puede ser localizada por el estudiante, muy atrás, en la aurora de los tiempos, edades y periodos que datan de cuando apenas se estaba levantando el templo del Hombre Solar. Aquél fue el primer Templo del Rey, dentro del cual se daban y conservaban los verdaderos misterios de la antigua morada, y fueron los dioses de la creación y el espíritu de la aurora los primeros en techar la logia del Maestro.

El hermano iniciado comprueba que sus llamados símbolos y rituales son meras fórmulas elaboradas por la sabiduría a fin de perpetuar ideas incomprensibles para el hombre medio. También se da cuenta de que sólo algunos Francmasones de hoy saben o aprecian el místico significado que se encierra en los rituales. Con fe religiosa, quizá perpetuamos la forma, adorándola en lugar de la vida, pero aquellos que no han reconocido la verdad en la rigidez del ritual, que no han podido reconocer la esencia a través de su envoltura en palabras bien rimadas, no son Francmasones, a pesar de sus grados ostensibles y de sus honores externos.

En el trabajo que estamos emprendiendo, no tenemos intención de tratar del moderno concepto de la Orden, sino considerar a la Francmasonería como realmente es para aquellos que lo intuyen: un gran organismo cósmico, cuyos verdaderos componentes e hijos se encuentran atados no por medio de promesas verbales, sino por vivencias tan reales que los ponen en condiciones de captar un más allá y laborar a niveles tan sutiles que el materialismo no permite siquiera imaginar. Cuando esta apertura se realiza, y los misterios del universo se extienden ante el aspirante candidato, sólo entonces, en verdad, se descubre, lo que la Francmasonería es realmente. Ya no le interesan más sus aspectos secundarios, porque ha conseguido penetrar en la Escuela de Misterio, a la cual es capaz de reconocer sólo cuando él mismo, espiritualmente, forma parte integral de ella.

Todos los que han examinado y estudiado la antigua sabiduría, no tienen la menor duda de que la Francmasonería, como el universo mismo, que es la más grande de las escuelas, trata de la revelación de un principio triple, porque todo el universo se encuentra bajo el gobierno de los mismos tres poderes, a quienes se suele llamar los constructores del templo masónico. No se trata aquí de personalidades, sino de principios, de energías grandemente inteligentes y de fuerzas que en Dios, el hombre y el universo tienen sobre sí la responsabilidad de moldear la sustancia cósmica dentro de la morada del rey vivo; el templo edificado en las primeras edades de esfuerzo inconsciente, y luego consciente, de cada individuo, el cual expresa en su vida los principios creadores de estas tres potencias.

El verdadero afiliado del antiguo Gremio se daba cuenta de que la estructura del templo que se ocupaba en erigir al Rey del Universo, era un deber o, mejor, un privilegio que debía a su Dios, a su hermano y a sí mismo. Se percató de que se deben dar ciertos pasos, y de que su templo debe ser construido de acuerdo con un plan. Hoy día parece, sin embargo, que ese plan se hubiera perdido, pues en la mayoría de los casos, la Francmasonería no es ya un arte operante, sino meramente una idea especulativa, hasta que cada hermano, al leer los misterios de su simbología y percatarse de las hermosas alegorías ocultas en su ritual, viene a caer en la cuenta de que sólo él mismo tiene en sí, las claves y los planos por tan largo tiempo perdidos para su Gremio, y que si pretende enterarse de lo que es el arte real de la construcción simbólica, sólo lo logrará utilizando con pureza los elementos esenciales de su propio ser.

La verdadera Francmasonería es esotérica; no es una cosa de este mundo concreto. Todo cuanto aquí tenemos es sólo un vínculo, medio de manifestación, introducción a través de la cual puede el estudiante pasar hacia lo desconocido. La Francmasonería no tiene mucho que ver con las cosas materiales excepto comprobar que la forma está moldeada por la vida, y manifestar lo que la vida contiene. Consecuentemente, el estudiante trata de moldear su vida de modo que la forma, glorifique a la divinidad cuyo templo está él levantando lentamente en la medida que logre despertar, uno por uno, a los valores que lleva dentro de sí y los dirija para laborar conscientemente en el plan que el destino le ha deparado.

Hasta donde es posible averiguar, la antigua Francmasonería y las hermosas alegorías cósmicas que ella enseña, perpetuándose a través de centenares de logias y antiguos misterios, constituyen la más vieja de las Escuelas iniciáticas de los Misterios (Este es un término usado desde la antigüedad para designar el aspecto esotérico de los ceremoniales religiosos. Al pasar el candidato a través de estos misterios o pruebas, era iniciado en los misterios de la Naturaleza y el aspecto arcánico de la ley natural); y el haber subsistido a través de las edades no ha dependido de sí misma, como un organismo exotérico de individuos parcialmente evolucionados, sino de la hermandad oculta, del lado esotérico de la Francmasonería. Todas las grandes Escuelas de Misterios tienen jerarquías según los planos espirituales de la Naturaleza, los cuales se expresan por sí mismos, en este mundo, mediante credos y organizaciones. Cuando el verdadero estudiante trata de surgir por sí mismo del cuerpo exotérico hacia lo espiritual, al par que trata de juntarse al grupo esotérico, que, aunque carente de morada (o logia) en el plano físico de la Naturaleza, es muchísimo más grande que todas las logias juntas, para las que se convierte en el fuego central. Los instructores espirituales de la humanidad deben trabajar en un mundo concreto, con motivos comprensibles a la inteligencia humana y así es como el hombre empieza a entender el significado de las alegorías y los símbolos que circundan su tarea exotérica tan pronto como se encuentra preparado para recibirlos. El verdadero Francmasón se da cuenta de que el Trabajo que en el mundo realizan las Escuelas de Misterio es de índole más bien inclusiva que exclusiva, y que la única logia suficientemente amplia para expresar sus ideales es aquella cuya cúpula son los cielos, cuyas columnas los límites de la creación, cuyo cuadriculado piso se halla compuesto por las entrecruzadas corrientes de las emociones humanas y cuyo altar reside en el humano corazón. Los credos no pueden atar al verdadero buscador de la verdad. Al percatarse de la unidad de ésta, el Francmasón comprueba también que las jerarquías con las que él colabora le han transmitido, en diferentes grados, los místicos rituales espirituales de todas las Escuelas del pasado, y que si se arriesga a ocupar un puesto en el plan, no debe entrar a este sagrado estudio teniendo en vista lo que pueda sacar de él, sino en lo que puede ser útil en la expansión de esta trascendental labor.

En la Francmasonería yace oculto el misterio de la evolución, igual que la solución al problema de la existencia y la ruta que el estudiante debe seguir con el objeto de unirse conscientemente a aquello que realmente constituye los poderes latentes tras de los procesos nacionales e internacionales. El verdadero estudiante comprueba, sobre todo, que la obtención de grados no convierte al hombre en un Francmasón. Un Francmasón no es el producto de un nombramiento; es un evolucionado, y debe darse cuenta de que el lugar que ocupa en la logia exotérica no significa nada en comparación con su puesto en la logia espiritual de la existencia. Debe descartar, para siempre, la idea de que puede ser instruido en los Misterios sagrados (o que le pueden ser comunicados oralmente); o que el ser miembro de una organización basta para mejorarlo en todo aspecto. Debe comprender que su deber consiste en construir y desarrollar las trascendentales enseñanzas en su propio ser: que nada, salvo su propio ser purificado, puede abrirle la puerta de los impenetrables arcanos de la conciencia humana, y que sus ritos masónicos deben ser eternamente especulativos hasta que los haga operantes, viviendo la vida del Francmasón místico. Sus responsabilidades kármicas aumentan con sus oportunidades. Los que se hallan rodeados de sabiduría y oportunidad para progresar por sí mismos y no aprovechan tales oportunidades, son obreros perezosos que, espiritual, si no físicamente, serán arrojados del templo del Señor.

La Orden Masónica no es una mera organización social, sino que está compuesta por todos cuantos se han comprometido ante sí mismos y ante sus hermanos a aprender y practicar juntos los principios de misticismos y de los ritos ocultos, no por antiguos menos eternos. Son (o deberían ser) filósofos, sabios, individuos de mente equilibrada, dedicados a la Francmasonería, y comprometidos en aquello que más quieren: trabajar para que el mundo sea mejor, más sabio y más feliz, porque ellos lo vivieron. Los que penetran el valor de estos ritos y pasan entre columnas buscando prestigio o ventajas de índole material, son blasfemos, y aunque en este mundo podamos considerarlos como gente de éxito, en realidad los fracasos cualitativos les han cerrado las puertas del verdadero rito, cuya clave es el desinterés y cuyos obreros han renunciado a los bienes tangibles del momento.

En épocas pretéritas se requerían muchos años de preparación para que el neófito lograra la oportunidad de ingresar al templo de los Misterios. De este modo, el frívolo, el curioso, el débil de corazón, y los incapaces de resistir las tentaciones de la vida, eran automáticamente eliminados por su incompetencia para llenar los requisitos de admisión. El candidato triunfante a su paso entre columnas, ingresaba al templo dándose cuenta perfecta de su sublime oportunidad, de su trascendente obligación, y del místico privilegio ganado por sí mismo en el curso de años de ardua preparación. Sólo son verdaderamente Francmasones los que ingresan al templo reverentemente, los que no buscan ni loas efímeras, ni cosas de la vida, sino los tesoros eternos, y cuyo único deseo es conocer el verdadero misterio de la Orden en donde pueden reunirse como honestos obreros con los que vivirán como constructores del Templo Universal en el futuro.

El Ritual masónico no es una ceremonia, sino una vida que vivir. Sólo son verdaderamente Francmasones aquellos que, habiendo dedicado sus vidas y fortunas al altar de la llama eterna, emprenden la construcción de un edificio universal del cual son conscientes, y su Dios, el arquitecto viviente. Cuando tengamos Francmasones así, la Orden volverá a ser operante, el flamígero triángulo brillará con redoblado esplendor, el difunto hacedor se levantará de su tumba y la Palabra perdida, tanto tiempo oculta al profano, se revelará otra vez, con el poder que renueva todas las cosas.

En las páginas que siguen aparece alguna cantidad de pensamientos para estudio y meditación de los hermanos, los constructores de su templo interior. Son claves que, sólo leídas y no profundizadas dejarán al estudiante todavía en estado de ignorancia; pero que, de ser vividas, lograrán transformar a la Francmasonería predominantemente especulativa de hoy en la Francmasonería operante del mañana, en que cada Masón, dándose cuenta de su propio puesto, verá cosas que nunca viera antes, no porque ellas no estuvieran presentes, sino porque era él quien estaba ciego. Y no hay más ciego que el que no quiere ver.

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Posted by cosmoxenus en 17 junio 2007

Las cualidades del verdadero francmasón

Todo verdadero Francmasón se da cuenta de que no hay sino una sola Logia, la del Universo, y una sola Hermandad, la compuesta por todos cuantos existen y se mueven en cualquiera de los planos de la Naturaleza. Sabe, además, que el Templo de Salomón es realmente el Solar del Hombre: – Sol – Om – On -, el Rey del Universo, manifestándose a través de los tres constructores primordiales. Se percata de que su voto de hermandad y fraternidad es universal, y que minerales, plantas, animales y hombres, todos están incluidos en el verdadero Taller Masónico. Su deber como Hermano mayor con todos los reinos de la Naturaleza a su albedrío, lo distingue como el artífice creador que preferirá morir antes que faltar a ésta su gran obligación. Ha consagrado su vida, ante el altar de su purificada conciencia, y se halla deseoso y alegre por servir a los inferiores por medio de los poderes recibidos de una superior jerarquía. El Francmasón místico, al adquirir ojos para ver más allá del ritual legible, reconoce la unidad de la vida, expresada a través de la diversidad de las formas.

El verdadero discípulo de la más profunda Francmasonería ha dejado para siempre de lado la adoración de la personalidad. Con su poderosa penetración, percibe que todas las formas existentes y su posición frente a los asuntos materiales carecen de importancia para él, comparadas con la vida que se está gestando dentro de sí mismo. Todo el que permite que las apariencias o manifestaciones mundanas lo aparten de las tareas que a sí mismo se ha asignado en el ejercicio de la vida Francmasónica, es un fracasado, porque la Francmasonería es una ciencia abstracta cuya meta final es el desarrollo espiritual íntegramente. La prosperidad material no es una medida para el engrandecimiento del alma. El verdadero Francmasón se da cuenta de que, detrás de esas diversas formas, hay una, vinculada al Principio de la Vida: el resplandor de la creación en todas las cosas vivientes. Es esta Vida la que él considera cuando mide el valer del hermano. Es a esta Vida a la que él apela para reconocer la Unidad espiritual. Comprende que el descubrimiento de esta chispa de Dios es lo que hace a él un miembro consciente de la Gran Logia Cósmica. Sobre todo, deberá llegar a comprender que esa divina chispa brilla tan resplandeciente en el cuerpo de un enemigo como en el del Hermano más querido. El verdadero Francmasón ha aprendido a ser eminentemente impersonal en pensamiento, en acción y en deseo.

El verdadero Francmasón no está obligado por ningún credo. Se da cuenta, mediante la luz resplandeciente de la jerarquía de su Logia, de que, como Francmasón, su religión debe ser universal: Cristo, Buda o Mahoma, el nombre importa menos que el resplandor de la luz de quien la lleva. Él reverencia todo santuario, se inclina ante el altar, sea mezquita, catedral o pagoda, dándose cuenta, gracias a su recto entendimiento, de la unidad de toda verdad espiritual. Todos los verdaderos Francmasones saben de aquellos que no son sino paganos y que, aunque tienen grandes ideales, no viven de acuerdo con ellos. Saben que todas las religiones no son sino una misma leyenda aunque contada de diversa manera por personas cuyos ideales pueden diferir, pero cuyos grandes propósitos se hallan de acuerdo con los mismos ideales que él sustenta.

Por el Norte, Este, Sur y Oeste se extienden las diferentes clases del pensamiento humano, y mientras los ideales del hombre difieren en apariencia, ocurre que una vez que todo se ha dicho, y las formas cristalizadas, con sus erróneos conceptos, son puestas de lado, sólo queda una verdad fundamental: todo lo establecido, en el fondo, es contribución a la construcción del Templo por la que el Francmasón labora desde el momento de su iniciación. Ningún verdadero Francmasón puede ser de estrechas miras, porque su Logia es la expresión divina de la amplitud. En ningún gran trabajo hay jamás lugar para mentes de estrecha percepción.

El Verdadero Francmasón debe desarrollar el poder de observación. Debe estar eternamente buscando en todas las manifestaciones de la Naturaleza aquello que intuye y no tiene, a causa de no haber sabido trabajar en acertada dirección. Debe convertirse en un estudioso de la naturaleza humana y ver en quienes le rodean, las varias y evolucionadas expresiones de una compacta Inteligencia espiritual. El Rito espiritual de su Logia está presente ante él en cada acto de sus compañeros. Toda la iniciación masónica es un secreto abierto, porque todos pueden verlo tanto en las transitadas avenidas de una urbe como en lo más entrañable de la selva. El Francmasón ha jurado que diariamente extraerá de la vida corriente un mensaje para sí y lo incorporará al templo de su Dios.

El Francmasón trata de aprender todo lo que redunda en mayor servicio del Divino Plan, y convertirse en el instrumento mejor en manos del Gran Arquitecto, en eterna labor por desarrollar la vida a través de las cosas creadas. El Francmasón se da cuenta, además, de que los votos, hechos por su libre voluntad, le dan la divina ocasión de ser un vivo instrumento en las manos de un Maestro Constructor.

El verdadero Maestro Francmasón entra en su logia con un supremo pensamiento en la mente: “¿Cómo podré yo, individualmente, ser más útil al Plan Universal? ¿Qué puedo hacer yo para ser capaz de interpretar los misterios que aquí se desarrollan? ¿Cómo puedo yo vislumbrar el secreto de las cosas que jamás intuirá quien carezca de espiritual visión?”.

El verdadero Francmasón es supremamente altruista para toda expresión y aplicación de los poderes que le han sido conferidos. Ningún verdadero Hermano busca nada para sí mismo, sino que emprende labores altruistas para el bien de todos. Ninguna persona que asuma una obligación espiritual puede ya colocarse al margen de su ejercicio, de lo contrario no es merecedora ya ni del más vil de los desempeños. La verdadera Luz sólo llega a quienes, aun sin poder gran cosa, siempre dan alegremente todo cuanto poseen.

El verdadero hermano de la Orden, como sea que se halle trabajando por mejorarse durante toda su existencia, tanto mental como física y espiritualmente, hace de sus propios deseos el objetivo de su tarea. Tiene un deber y tal deber consiste en poder servir a los planes ajenos. Debe estar dispuesto, a toda hora del día o de la noche, a despojarse de sus propias conveniencias ante el llamado a la acción. Hay que realizar el trabajo, y él ha dedicado su vida a servir a Aquellos que no conocen de las ataduras del espacio y el tiempo. Debe estar, pues, listo en todo instante, y su vida debe convertirse en una constante preparación para que ese llamado pueda sonar cuando menos lo espere. El Maestro Francmasón sabe que los más útiles para la labor son aquellos que tienen mayor experiencia de la vida. No se encuentra ésta dentro de la techada logia, que es la base de su grandeza, sino que más bien, se encuentra en los problemas de la vida diaria. El verdadero estudiante masónico es reconocido por sus actos fraternales y por su sentido de ecuanimidad.

Todo Francmasón sabe que el quebrantamiento de un voto significa una correspondiente sanción. Hay que dejarle que por sí mismo comprenda que el fracaso de no vivir mental, espiritual y moralmente de acuerdo con los más altos ideales, constituye de por sí el mayor de los perjurios. Cuando un Francmasón juró consagrar su vida a la construcción del Templo Ideal, pero mancha su templo viviente pervirtiendo el poder mental, la fuerza emotiva y la energía activa, está quebrantando un voto, y en consecuencia se impone, no horas, sino épocas de privación y miseria espiritual. Si es Francmasón de verdad, está más obligado a reprimir el lado negativo de su propia naturaleza, que permanentemente trata de minimizar al Maestro en formación. Debe percatarse de que una vida mal dirigida es como un voto quebrantado, y que el servicio cotidiano, la purificación y el templo constructivo de la energía, es una viviente invocación que construye dentro de él y atrae hacia sí el poder de creación. Su vida es, pues, la única plegaria aceptable a los ojos del Altísimo. Una vida impura es una verdad quebrantada; una acción destructora es una maldición viva; una mente estrecha es una cuerda estrangulante en torno a la garganta de su pretendida grandeza.

Los verdaderos Francmasones saben que su trabajo no es secreto, pero comprenden que debe permanecer ignorado por quienes no viven la verdadera vida masónica. Pero, aunque los llamados secretos de la Francmasonería fueran divulgados a toda voz, la Fraternidad quedaría completamente a salvo; porque se requieren cualidades espirituales especiales para que los verdaderos secretos masónicos puedan ser comprendidos aun por los propios hermanos. De ahí que las llamadas “exposiciones” sobre la Francmasonería, publicadas en millares y decenas de millares de ejemplares desde 1730 hasta nuestros días, no pueden causar daño a la Fraternidad. Tan sólo revelan las formas externas y las ceremonias rituales de la Francmasonería. Sólo quienes han sido debidamente sopesados y considerados veraces, verticales y justos, se hallan realmente en condiciones, por su propio desarrollo, para apreciar el significado íntimo de la Orden. Para el resto de sus hermanos, dentro o fuera de la logia, sus sagrados rituales seguirán siendo, como dijera Shakespeare, “palabras, palabras, palabras”. Sólo dentro del real Francmasón se encuentra el oculto Poder que, emanando refulgente de sí mismo constituye la palabra del auténtico Constructor. Su vida es la única palabra de pase que lo hace admisible ante la mística Logia Masónica. Su impulso espiritual es el brote de acacia que, a través de las tinieblas de la ignorancia, sirve todavía de prueba de que el fuego espiritual sigue ardiendo. Dentro de sí mismo, debe edificar aquellas cualidades que harán posible su verdadero entendimiento con la Orden en que se ha comprometido a servir. Es posible mostrar al mundo meras formas que nada significan, pero la vitalidad que encierran permanece secreta hasta que el Espíritu se halla en condiciones de su íntima revelación.

El Maestro Francmasón sabe que la caridad es una de las mayores marcas que los Hermanos mayores han desarrollado, y que eso significa no solamente una organizada caridad material, sino caridad del pensamiento y de la acción. Sabe que no todos los obreros se hallan a la misma altura, pero que, dondequiera que estén, deben tratar de proceder lo mejor posible, de acuerdo con sus luces. Cada cual labora con los instrumentos que posee, y él, como Maestro Francmasón, no debe desperdiciar su tiempo en criticar, sino en ayudar a que esos instrumentos sean mejorados. En vez de culpar a los pobres instrumentos, o herramientas, debemos cuidarnos siempre a nosotros mismos y alegrarnos por tenerlos.

El real Maestro Francmasón no encuentra culpa; no critica ni se queja, sino que, con ausencia de malicia y con total espíritu caritativo, trata de demostrar la verdad de su Creador. Trabaja en silencio, sufre con compasión, y si los elementos con quienes y por quienes trabaja lo maltratan, su última palabra debe ser una plegaria por ellos. Cuanto más íntegro es el Francmasón, cuanto más perfecta es su Orden, cuanto más paternal se muestra, más amplios son los ámbitos de su Logia, hasta que todas las cosas vivientes quedan a cubierto bajo los azules pliegues de su manto. Trabajando con los menos, trata de ayudar a los más, dándose cuenta por medio de su amplio entendimiento, de la debilidad de otros al par que de la fortaleza de su derecho.

Un Francmasón no debe estar orgulloso de la posición que ocupa. No debe envanecerse con los honores, sino, con humilde corazón, sentirse eternamente responsable de su propio puesto, al representar a su alcance y nivel la trascendental importancia de su Orden. Cuanto más avanza, más cuenta se da que pisa en terreno quebradizo, y si por un momento se permite perder su sencillez y su humildad, su falencia es inevitable. Un verdadero Francmasón nunca se siente a sí mismo engreído y prepotente. Un estudiante puede llegar a la cumbre de la Montaña de los Tontos, satisfecho de su propia posición, pero el verdadero Francmasón debe ser siempre ejemplo de ecuanimidad y sencillez.

Un Francmasón no puede ser ordenado ni electo sólo por balotaje. Se desarrolla a través de edades o etapas de purificación de sí mismo y de transmutación espiritual. Hay miles de Francmasones que tan sólo son hermanos nominales, porque su ineptitud para ejemplarizar los ideales de la Orden los hace incapaces de la responsabilidad de las enseñanzas y fines de la Francmasonería. La vida masónica constituye la primera llave del Templo, y sin esa llave no se abre ninguna de sus puertas. Cuando este hecho sea comprendido y vivido verdaderamente, la Francmasonería despertará y pronunciará la palabra largamente reprimida. Entonces, la Orden pasará de especulativa a operativa y la vieja Sabiduría tanto tiempo oculta surgirá de entre las ruinas de su templo como la mayor de las verdades espirituales que jamás se haya revelado al hombre.

El verdadero Maestro Francmasón reconoce el valor de buscar la verdad dondequiera que pueda hallarla. Para él no debe significar diferencia si ella la encuentra en el campo del enemigo; si es la verdad, él irá alegremente en su demanda. La Logia Masónica es universal; por consiguiente, todo verdadero Francmasón buscará la Luz por todos los ámbitos de la creación. El verdadero personero de la Orden conoce y aplica una gran paradoja. Debe buscar las más altas manifestaciones en los más bajos lugares, y enfrentar en las más altas, las más bajas expresiones. El Francmasón que levanta a su alrededor una infranqueable barrera, a sí mismo se cierra el paso a la luz y se hace inasequible al resto de sus Hermanos. Éste es un error que se comete con frecuencia. Es precisamente ahora que más que nunca cuando el mundo necesita de la Antigua Sabiduría. El Francmasón que dice sostener su doctrina mediante su vida, que muestre al hermano la gloria de actuar. Si es que posee las claves de la verdad, dejémosle abrir la puerta, y que con su vida, no con sus palabras, sino con el ejemplo, predique la doctrina tan largamente profesada.

La Paternidad de Dios y la Fraternidad del Hombre deben unirse en la estructura del Templo Eterno – la Gran Labor -, mediante el cual todas las cosas adquieren el ser, y por su intermedio la glorificación del Creador.

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Breve síntesis histórica del Convento Masónico de Lausana – Suiza de 1875

Posted by cosmoxenus en 17 junio 2007

Por el R:. H:. José Guzmán Estrada

Vall:. de Lima, 17 de junio del 2007 E:. V:.

La primera tentativa de reunir en una suerte de conclave masónico a los Supremos Consejos de Grado 33 º del Mundo, fue infructífera, y se trato de lograr con un Tratado de Alianza concluido en Paris – Francia el 20 de febrero de 1834, y en aquella Gran Reunión participaron los siguientes Supremos Consejos: Francia, Bélgica, Brasil, y un tal Supremo Consejo Unido del Hemisferio Occidental, creado por un mulato de Santo Domingo, Conde Roume de Saint-Laurent (este Consejo desapareció posteriormente sin pena ni gloria).

La segunda tentativa fue el Convento realizado en la ciudad de Lausana – Suiza en el período que abarco del 6 al 22 de setiembre de 1875, teniendo como objetivos principales, la revisión y reforma de las Grandes Constituciones del Escocismo de 1786, con la definición y proclamación de Principios, y con la elaboración de un Tratado de Alianza y Solidaridad.

Once Supremos Consejos se fijaron estar presentes en este Convento: Inglaterra (País de Gales), Bélgica, Cuba, Escocia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Perú, Portugal y el anfitrión Suiza.

Escocia y Grecia, fueron representados ambos por un mismo I:. P:. H:., pero se retiraron antes del término de los trabajos, hecho que motivo la firma o suscripción de los documentos finales sólo por nueve países. Los Supremos Consejos de Estados Unidos de Norte América (Jurisdicción Sur), Argentina y Colombia dieron sus asentimientos, pero no pudieron enviar representantes. Chile mando decir que daría su asentimiento favorable a las resoluciones del Conclave.

Después de numerosas reuniones de trabajo en Comisiones y once Sesiones Plenarias, el Conclave Masónico fue clausurado el 22 de setiembre de 1875.

Fueron básicamente discutidos los siguientes temas:

a) Una revisión de las Grandes Constituciones de 1786, retirando toda referencia a Frederico II, tomando como base la versión latina, considerada como la carta fundamental del R:. E:. A:. y A:.

b) Una redacción y conclusión de un Tratado de Unión, de Alianza y de Confederación de los Supremos Consejos.

c) Proclamación de un Manifiesto Solemne.

d) Una Declaración de Principios del Rito, cuyos cinco primeros párrafos de forma deberían ser incluidos en el Tratado de Alianza.

e) Adopción de un Monitor (Tuileur o Reteje) Escocés, especificado para cada grado del 1º al 33º, con las indicaciones sobre la decoración de la Logia, los títulos de los oficiales, los signos de orden y reconocimiento, los toques, las baterías, las aclamaciones, las marchas, las edades simbólicas, las palabras sagradas y de pase, las joyas, las medallas, los collarines, las bandas, los mandiles, etc.

f) Presentar una relación de los Supremos Consejos Regulares reconocidos del Mundo: Estados Unidos de Norte América (Jurisdicciones Norte y Sur), Costa Rica, Inglaterra, Bélgica, Canadá, Chile, Cuba, Escocia, Colombia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, México, Perú, Portugal, Argentina, Suiza, Uruguay y Venezuela.

Brasil no aparecería en esta lista (conviene indicar que no apareció a pesar de ser uno de los Supremos Consejos más antiguos del Mundo, y no figuró en la relación de los 22 “reconocidos”), por una suerte de represalia, por no haber participado en el Convento, y es hasta la décima sesión que no se quiso reconocer al Brasil, finalmente el Convento reconoce su existencia pero con la atingencia que el Supremo Consejo de Suiza lo reconocería, tan luego se pusieran de acuerdo los dos Supremos Consejos que existían en aquellos tiempos en el Brasil, caso contrario el asunto debería ser remitido al Tribunal creado por el artículo VII del Tratado de Alianza para que pudiese ser juzgado.

Fuentes Consultadas:

. Castellani, José. História do Grande Oriente do Brasil – A Maçonaria na História do Brasil, Grande Oriente do Brasil, Brasilia, 1993.

. Prober, Kurt. História do Supremo Conselho do Grau 33:. do Brasil, vol. I/1832 a 1927, Livraria Kosmos Editora, Rio de Janeiro, 1981.

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La cara oculta de Hitler

Posted by cosmoxenus en 17 junio 2007

Año Cero
Miguel Pedrero

Herman Rauschning, jefe nazi de la región de Danzig e íntimo de Hitler, narra en su libro Hitler me dijo cómo el líder del III Reich le confesó en una ocasión que el Todopoderoso lo había enviado a la Tierra para cumplir la misión de liberar a la Humanidad. Rauschning dejó escrito que una persona próxima al führer le había asegurado que éste se despertaba habitualmente por las noches lanzando gritos convulsivos y pidiendo socorro.

«Esta misma fuente –escribe el jefe nazi del Danzig– me contó una de estas crisis (…). Hitler estaba de pie en su habitación, tambaleándose y mirando a su alrededor con aire extraviado. ‘¡Es él! ¡Es él! ¡Ha venido aquí!’, gemía. Entonces le dieron masajes y le hicieron beber algo. Pero, de pronto, rugió: ‘¡Allí! ¡Allí! ¡En el rincón! ¡Está allí!’. Daba patadas en el suelo y chillaba. Le tranquilizaron, diciéndole que nada ocurría de extraordinario, y se fue calmando poco a poco». Tiempo atrás, en plena adolescencia, su mejor amigo, August Kubizek, recuerda que después de ver una representación teatral y cuando ambos paseaban en plena noche, el futuro führer entró en un estado de éxtasis y ocurrió lo siguiente: «En imágenes geniales, arrebatadoras, desarrolló ante mí su futuro y el de su pueblo. Hablaba de una misión que recibiría un día del pueblo para liberarlo de su servidumbre y llevarlo hasta las alturas de la libertad».

No es ningún secreto: el responsable de la muerte de millones de inocentes se sentía un elegido, un «mesías». Las palabras que pronunció ante la periodista de la revista The New Yorker Janet Flanner abundan en esto mismo. Hitler le dijo a la informadora que en plena I Guerra Mundial, cuando se encontraba luchando en una trinchera, repentinamente escuchó en su cabeza una voz clara que le decía: «¡Levántate y vete de aquí!» Así lo hizo y, acto seguido, siempre según las palabras del dictador, un obús cayó justo en el lugar en el que se encontraba sentado anteriormente.

Esta fe inquebrantable en el especial destino que le tenía preparado la providencia también puede explicar su obsesión por el ocultismo, el paganismo y el misticismo ariosofista.

Ocultismo y paganismo

Los primeros escarceos de Hitler con la religión datan de su niñez. Estudió en un colegio de la localidad de Lambach, el cual se encontraba al lado de un monasterio benedictino. En sus paredes, Hitler contempló, seguramente, por primera vez, el símbolo que desgraciadamente popularizaría décadas después: la esvástica.

Había sido grabada en los muros del monasterio tras los viajes de uno de los monjes, Theodorich Hagen, que llegó hasta diversos países orientales –de donde procede el milenario símbolo–, como Irán, en busca de conocimientos ocultistas y astrológicos. De todos modos, parece que una de las personas que influyó en Hitler para que adoptara la esvástica como «marca» de su movimiento fue el astrólogo y esoterista Louis C. Hausser, quien antes de fallecer confesó que él había sido el percusor del pensamiento nacionalsocialista. Hitler nunca lo negó.

Durante la época que malvivió en Viena en la más completa indigencia, durmiendo en parques públicos, hogares para mendigos o pensiones de mala muerte, Hitler solía matar el tiempo en bibliotecas, leyendo todo tipo de libros sobre pangermanismo, mitología u ocultismo. Se sabe que era ávido consumidor de una publicación de corte esotérico y racista llamada Ostara, cuyo emblema era una cruz gamada. Su director, Jörg Lanz, recibió un día la visita de un muchacho desarrapado, a quien le regaló varios números atrasados. Ese joven, según el biógrafo de Lanz, Wilfried Daim, no era otro que Adolf Hitler.

Algunos autores opinan que también se relacionó en la capital austriaca con Guido von List, escritor ocultista y uno de los líderes del movimiento pangermanista. En sus rituales, List sustituía la cruz cristiana por la esvástica. Johannes Stein, que aseguró ser uno de los amigos de la etapa vienesa del futuro líder nazi, aseguró que él y Hitler entraron en contacto con un librero llamado Ernst Prezsche, que estudiaba todo lo relacionado con la alquimia y el ocultismo.

Prezsche inició a ambos jóvenes en el mundo de las «drogas sagradas». Mediante la ingesta de peyote, los dos amigos intentaron hallar sus anteriores reencarnaciones. Al parecer, Hitler, en esas visiones alucinatorias, se vio a sí mismo como Landuf II de Capua, señor en el siglo IX de un vasto territorio que abarcaba desde Calabria a Nápoles, y considerado uno de los personajes más terribles del cristianismo.

La mente del dictador

En 1943, Walter Langer, psicólogo de la OSS –agencia de inteligencia estadounidense precursora de la CIA–, llevó a cabo por orden de sus superiores un análisis exhaustivo sobre las creencias y carácter de Hitler. El dossier final, de 255 folios, supuso una «guía» para los líderes políticos y militares aliados a la hora de adelantarse a las estrategias del führer. Langer y su equipo estudiaron grabaciones, libros, discursos y entrevistas a Hitler y a otros importantes jerarcas nacionalsocialistas.

También pudieron acceder a las declaraciones secretas de desertores que habían estado muy cerca del líder nazi. Una de las conclusiones más llamativas del citado informe se refiere a los orígenes del irracional odio de Hitler hacia los judíos. Según el equipo de psicólogos, todo comenzó cuando Klara, la madre de Hitler, sintió un fuerte dolor en el pecho. Un médico judío, el doctor Edward Koch –conocido como «el médico de los pobres», porque atendía a las personas más desfavorecidas sin recibir nada a cambio–, descubrió que Klara tenía un cáncer de mama muy avanzado.

Así se lo hizo saber al entonces jovencísimo Hitler, quien sentía una indescriptible pasión por su madre. Al parecer, estuvo llorando desconsoladamente durante días. Koch tomó la decisión de amputar, pero la enfermedad no remitió. Entonces quemó un último y desesperado cartucho y le suministró a Klara un tratamiento de gas con yodoformo, sin ocultar en ningún momento el riesgo de envenenamiento que tan agresivo tratamiento acarreaba. Esto no sólo no curó a la madre de Hitler, sino que aceleró su muerte. ¿Pudo este hecho ser el origen de las cámaras de gas y el Holocausto judío?

Se puede estar más o menos de acuerdo con Langer y los suyos, pero no cabe duda de que se acercaron bastante a la mente del líder nazi, porque varios años antes de su muerte, este psicólogo de la OSS escribió: «Hitler seguramente se suicidará. Esta es la salida más plausible de todas. No sólo porque lo ha intentado en más ocasiones, sino porque encaja perfectamente en el perfil psicológico que hemos analizado (…). Pero no será un simple suicidio, Hitler es demasiado teatral como para pasar a la inmortalidad de una manera sencilla».

Otro de los puntos fundamentales del informe de la OSS para comprender la intrincada psicología de Hitler se refiere a sus relaciones con las mujeres. Todas terminaron mal o de forma violenta. En su época de soldado mantuvo un romance con una enfermera, cuyo esposo despechado, un capitán de infantería, la asesinó de un disparo. Más tarde intimó con una joven bávara que intentó suicidarse para acabar de una vez por todas con los terribles sufrimientos que Hitler le provocaba.

A mediados de los años 30 se relacionó con una conocida actriz, Renate Mueller, que se suicidó tirándose desde la ventana de su apartamento. Otras fuentes aluden a que el dictador la mandó matar, al descubrir que mantenía un affaire con un joven judío. Su siguiente conquista, Unity Mitford, cuñada del fundador del Partido Nazi británico, se disparó en la boca y vegetó durante nueve años con la bala alojada en el cerebro.

Angelika Raubal, hija de un medio hermano de Hitler, también se suicidó porque no podía aguantar más la obsesión que su tío sentía por ella.

Sobre su amante oficial, Eva Braun, es de sobra conocido cómo terminó sus días. Para Walter Langer, en sus relaciones con los demás, incluidas sus conquistas, Hitler buscaba placer provocando sufrimiento. En el citado informe de la OSS se afirma que era probable que padeciera cierta impotencia y que, además, sufriese alguna forma muy extrema de sadomasoquismo.

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DESCUBREN EN PERU EL OBSERVATORIO SOLAR MÁS ANTIGUO DE AMÉRICA

Posted by cosmoxenus en 17 junio 2007

El enigma del lugar conocido como las Trece Torres de Chankillo, en la costa norte peruana, ha sido resuelto. Se trata del observatorio solar más antiguo de América, hace 2.300 años, antes incluso que las observaciones solares de los incas.

Las trece torres, datadas en el siglo IV antes de Cristo, se levantan de norte a sur sobre la cima del monte Chankillo, en una zona desértica a 400 kilómetros de Lima, e indican con precisión el desplazamiento anual del sol, así como los solsticios y los equinocios. Las mediciones se hacían desde dos puestos de observación erigidos a los lados y separados por unos 200 metros de la línea dentada de las torres. Esos puntos estaban integrados en unas pequeñas construcciones y la distribución de las dependencias revela miradores hacia el horizonte artificial de la cadena de torres.

La verificación de algo que se sospechaba desde hacía años ha sido realizada por un equipo de investigadores dirigido por los arquéologos Iván Ghezzi, de la Pontificia Universidad Católica de Perú y director arqueológico del Instituto Nacional de Cultura peruano, y Clive Ruggles, de la Universidad de Leicester, en el Reino Unido. Sus conclusiones acaban de aparecer en «Science». «Las torres de Chankillo nos proporcionan una prueba de las primeras observaciones solares y de la existencia de avanzados cultos al sol, los cuales precedieron casi dos mil años a los del Cuzco incaico», indican los investigadores.

Hasta ahora se había concluido que Chankillo tenía que ver con ceremoniales antiguos. Los restos arqueológicos ocupan alrededor de 4 kilómetros cuadrados, con restos de distintas contrucciones y patios. El centro del área lo ocupa el monte, que estaba rodeado por una fortificación de gruesos muros y parapetos. Lo más enigmático eran las trece torres o montículos en la parte más alta del promontorio, que se prolongan a lo largo de 300 metros y que asemejan las espinas de la espalda de un dragón.

Todas ellas están relativamente bien conservadas, y aunque sus esquinas se han desmoronado, su estructura básica permite comprobar las observaciones que en su día hicieron sus constructores. Las torres tienen pequeños escalones para acceder a su parte superior. Los estudios realizados previamente por Ghezzi sugerían que podía tratarse de un observatorio solar, pero no fue hasta que se contactó con Ruggles, autoridad mundial en arqueoastronomía, que la investigación pudo confirmar las sospechas.

«En las cinco horas en coche hasta las torres pude ver que Ruggles era algo escéptico, porque mucha gente dice lo mismo de otros sitios que luego no son nada, pero cuando llegamos allí e hicimos algunas medidas, se dio cuenta de que desde los puntos que le enseñamos los alienamientos funcionaban de modo perfecto», relata Ghezzi. Vistas desde esos dos puntos de observación, los amaneceres y puestas del sol proporcionan mediciones sobre el desplazamiento solar y las estaciones, algo muy útil para marcar el momento de sembrados y cosechas.

Según Ghezzi, «miles de personas podían haberse reunido para impresionantes momentos solares» en el amplio espacio que rodea las torres, con el fin de participar en rituales públicos y fiestas directamente relacionadas con la observación e interpretación del paso de las estaciones. «Por contraste, entrar en los puntos de observación parece haber estado altamente restringido. Individuos con rango para acceder a ellos y dirigir ceremonias habrían tenido el poder de regular el tiempo, la ideología y los rituales que unían a esa sociedad», concluye el estudio.

Las excavaciones arqueológicas han revelado que en la construcción había ofrendas de figurines de guerreros de cerámica con diferentes armas y adornos que parecen ser distintos signos de distinción, lo que sugiere prácticas rituales, así como la existencia de clases sociales. «La adoración al sol y las costumbres cosmológicas de Chankillo tal vez hubieran ayudado a legitimar la autoridad de una clase de elite, como ocurrió con el imperio Inca dos milenios después. Y esto implica, a su vez, que las torres no eran meros instrumentos de observación solar, sino la monumental expresión de la existencia de un conocimiento más antiguo», indican los investigadores.

Hasta ahora, de acuerdo con relatos de antiguos cronistas, se creía que los primeros observatorios solares estaban en la región de Coricancha, cerca del Cuzco, o habían sido construidos por la cultura Moche, que tuvo su desarrollo 600 años después de la civilización que se aprecia en Chankillo. A diferencia de lo que ocurre en Chankillo, además, los denominados «pilares del sol» de la región del Cuzco han sido borrados por el tiempo y se desconoce su ubicación exacta.

El descubrimiento abre ahora una nueva perspectiva sobre una cultura de la que no se conoce nada más y que podría arrojar otras sorpresas.

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