El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 6/05/07

Videos Rosacrucismo

Posted by cosmoxenus en 6 mayo 2007

O Domínio da Vida – vídeo 7 min – Ordem Rosacruz – AMORC

Dr Harvey Spencer Lewis
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=WDEKx16W8ss”>

Ralph M. Lewis Meditation

A Walking Tour of AMORC

Orden Rosacruz

Orígenes rosacruces

La Orden Rosacruz

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El viaje del autoconocimiento: una brecha en la eternidad

Posted by cosmoxenus en 6 mayo 2007

Alfonso Colodrón

El viaje más satisfactorio es el viaje hacia el interior del alma. También, el de efectos más duraderos. Puedo afirmarlo con rotundidad, después de haber sido un viajero impenitente desde que el ímpetu de los 17 años me lanzó a las costas marroquíes a pescar con pescadores que partían de Huelva. Una década después, la nostalgia de aquella aventura me impulsó a dar la vuelta al mundo durante cinco años con una mochila como todo equipaje. Con el paso de los años, más que el aire transparente del Anapurna en los Himalayas, las playas inmaculadas de las islas del Pacífico, la grandiosidad de las ruinas mayas de Chichén Itza o la sonrisa de los niños brasileños, lo que me queda es un cierto sabor de universalidad, un ligero vislumbre del hilo dorado que une la diversidad de este maravilloso planeta que llamamos Tierra. Pero sobre todo, la certeza de que lo que buscaba afuera siempre había estado más cerca de mí que mi propio corazón.

Tardé varios años en darme cuenta de lo que había estado buscando por selvas y montañas, ciudades y ruinas, ríos y océanos, tras la mirada insondable de los mendigos indios y en medio de los rituales de los maoríes de Nueva Zelanda: me había estado buscando a mí mismo, através de los múltiples espejos del Ser, reflejado en la inmensidad esmeralda del Amazonas, en la sutileza de las danzas balinesas, en las luchas de liberación de todas las dictaduras que atravesé en mi recorrido, en la hospitalidad de los pescadores filipinos, en los remansos de paz de muchos monasterios, en la babel de lenguas que el paso continuo de fronteras ponía en evidencia …

Cada uno inicia el viaje del autoconocimiento desde su singular punto de partida: la lectura de libros, el acercamiento a la naturaleza, la asistencia a cursos de yoga, tai-chi o dinámica de grupos, la indagación sobre sí que supone cualquier tipo de terapia o la inmersión directa en alguna de las múltiples técnicas de meditación. Todos los caminos pueden conducir a la misma Roma: la toma de contacto con la esencia de quiénes somos en realidad, a través de las sucesivas identificaciones y desidentificaciones de cada etapa del camino, de acumular experiencias y conocimientos para despojarse y desaprender llegado el momento .

Mi destino quiso que iniciara la aventura de la conciencia con una de las metáforas más evidentes del compromiso que supone vivir para despertar de este gran sueño que llamamos vida y para representar impecablemente los distintos papeles del Gran Teatro del Mundo, sin identificarnos con ninguno de sus personajes. Viajar supone siempre salir de lo conocido, adentrarse en los universos del Otro, perder parte de los contornos de nuestro yo, formados de rutinas, seguridades, objetivos de corto alcance y paisajes conocidos .

Cuando miro hacia atrás sin ira, desde esta “estación benigna y dulce hora”, como llamó Dante al medio del camino de la vida, emergen del fondo de la memoria algunas situaciones de mis viajes, como reflejos nítidos de la vida interior. Recuerdo haberme perdido en Pekín un atardecer de primavera del 78, cuando la capital de China era fundamentalmente una ciudad de casitas bajas de aspecto rural, que se extendían, todas iguales, a lo largo de kilómetros y kilómetros. No había entonces taxis públicos ni cabinas telefónicas. La intuición y la necesidad me hicieron llegar caminando, ya a media noche, a la casa del amigo que me alejaba. Mucho tiempo después, padecí varios oscurecimientos del Ser -depresiones en el lenguaje clínico o crisis existenciales desde mi perspectiva terapéutica actual-, que me recordaron la total desesperación de aquellos momentos. La única diferencia es que duraron varios meses, en vez de horas, y el reposo de la medianoche parecía no llegar nunca.

Muchas personas conocen este tipo de estados de alma en el que todas las candilejas parecen apagarse de golpe, las noches son largas, las auroras grises y el horizonte inexistente . Quien sale al otro lado del túnel no es la misma persona que entró en él. En el peor de los casos, siempre le quedará grabado en la piel y en los huesos que fue capaz de salir, cuando vuelva a atravesar otra noche oscura del alma. En el mejor de los casos, emergerá más compasiva y solidaria o, incluso, con la determinación -y cierta capacidad- de ayudar a las personas que atraviesan estos desiertos internos . Este tipo de “pérdidas” que nos sacuden a veces, al igual que las pérdidas más definitivas de un ser querido, son los aldabonazos que realizan el milagro de resucitarnos cuando moribundeamos, en lugar de vivir plenamente con toda la intensidad de nuestros pulmones y de nuestras tripas, con toda la pasión de nuestro corazón, con todo el anhelo de nuestra alma y con todo el éxtasis de nuestras células.

En otra ocasión, una calma chicha de varios días mantuvo el catamarán en que viajaba de Tahití a Tonga suspendido en un punto fijo en la línea formada entre un cielo uniforme y un océano que parecía aceite caliente. Las horas parecían agarrarse a la superficie del agua deteniendo auroras y ocasos. El mundo se había detenido alrededor haciendo inalcanzable la meta esperada. ¡Cuántas veces, a lo largo de sesiones de meditación o de terapia, se producen momentos en los que parece que no vamos a ninguna parte! Es como si el soplo del Espíritu se hubiera retirado, la inspiración descansara en las profundidades del inconsciente y la fertilidad del vacío no acabara de verdear.

Varias semanas después, un terrible huracán devastó la isla de Niue, el Estado independiente más pequeño del mundo, perdido en medio del Pacífico, donde habíamos recalado semanas antes. Recordé entonces que alguien me había dicho que hay que tener mucho cuidado con lo que se pide -o se desea intensamente-, porque siempre se nos concede. Hay momentos en que los acontecimientos externos nos arrastran como un maremoto. Perdemos nuestro centro. Vamos a donde no queremos o a ritmos que no podemos integrar. En esas ocasiones echamos de menos un poco de calma y cambiaríamos media vida por un remanso de paz, un puerto seguro en el que poder recomponer los fragmentos de nuestro Yo esparcidos entre los acantilados de una realidad que se resiste a nuestros planes y deseos.

Todo viaje, como la vida misma, tiene un punto de llegada. Cuando me identificaba como viajero, cuando llegué a creer que viajar era la única forma auténtica de vivir, intentaba aplazar las partidas demorándome en cada lugar. En realidad, lo que demoraba era la llegada a un lugar en el que enraizarme, hasta que me di cuenta de que es vivir lo que constituye esencialmente una forma de viajar, y no al revés: vivir ligero de equipaje y con las raíces en el propio corazón, pues allí donde instalamos nuestra tienda de nómadas tenemos nuestro hogar, si nos rodean las personas que queremos, o si queremos a las personas que nos rodean, que viene a ser lo mismo.

Durante los viajes, trabajé como pescador, operario textil, librero, camarero, profesor de lenguas, intérprete, marchand de arte, periodista, quiromático, consultor personal…, pero nunca logré identificarme con ninguna de estos oficios y profesiones. En realidad, la profesión, como la raza, el sexo, el estado civil, la edad, el nombre y otros tantos rasgos que ayudan a definir el ego no son sino atributos pasajeros del Ser que somos. No para despreciarlos, sino para vivirlos plenamente trascendiéndolos. Los auténticos estados transpersonales de conciencia no suponen la eliminación del ego, sino la no identificación exclusiva con él. Muchos de los que inician una vía espiritual creen que tienen que luchar contra el ego , pero incurren en varias paradojas de neófitos. La primera es que no se puede luchar contra algo que, según preconizan esas mismas Vías, no existe, pues el ego es una pura ilusión, una falsa identificación pasajera , aunque, paradójicamente útil, para convivir y relacionarnos. En segundo lugar, no es sino desde la individualidad -o conciencia de yo separado- desde donde se puede emprender una vía de desarrollo personal o de autoconocimiento, ya que, si no hubiese separación, no habría nada que conocer, iluminar, unir ni despertar . Pero la paradoja más hiriente es que cuanto más se lucha, más engorda el ego que se esfuerza ¡por desaparecer! Todo esto lo explica muy bien, con su natural desenvoltura e irreverencia Alan Watts en El arte de ser dios. Más allá de la teología. Resolver este koan puede llevar meses, años o toda una vida.

“Caminante, no hay camino….”, pues el mismo caminar es la meta, y cada paso que acaricia conscientemente la tierra que pisamos nos adentra en ese tan buscado “aquí y ahora”. Cuando Cielo y Tierra se tocan en el punto en el que nos encontramos, cuando el horizonte se abre y se cierra en el propio cuerpo, éste aparece entonces como un holograma del gran cuerpo del Cosmos.

Cuando vuelvo de la escuela caminando a ritmo de mi hija de cuatro años, que con una mano detiene mis pasos, mientras que con la otra recoge las hojas otoñales de los plataneros, el tiempo se detiene. Atrás desaparece la Escuela. Delante no hay casa a la que llegar. Ella me recuerda que ya estamos “en Casa”. Es entonces cuando siento que se ha abierto una brecha en la eternidad y que el viaje recomienza en cada instante.

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¿Electricidad en el Antiguo Egipto?

Posted by cosmoxenus en 6 mayo 2007

A menudo la curiosidad y la sorpresa han hecho acto de presencia cuando se trata de averiguar cómo en el antiguo Egipto se logró tal perfección artística y técnica en condiciones de total oscuridad, dentro de los numerosos corredores subterráneos que podemos encontrar en infinidad de tumbas de diferentes necrópolis. Tal vez el ejemplo más representativo lo tengamos en las proximidades de Luxor, en el conocido Valle de los Reyes. ¿De total oscuridad?, se preguntaran algunos, ¿es que acaso no existían las antorchas o candiles para iluminar estos pasajes?.

La respuesta es por supuesto que sí, pero no podemos dejar pasar por alto que jamás se han hallado manchas o partículas de herrumbre en las paredes o techos de estos pasadizos, señales características propias de los candiles, velas o antorchas en su constante humear. ¿Fueron realizadas previamente las pinturas en el exterior, y posteriormente colocadas en el interior de los monumentos funerarios?.

Con un mínimo de esfuerzo, podremos observar que la inmensa mayoría de los dibujos e inscripciones están realizados sobre roca virgen, que ha sido picada y pulida, para posteriormente ser decorada. Otras rocas pesan varias toneladas, y su manejo es difícil de imaginar sin que éstas sufrieran golpes y arañazos propios del desplazamiento por los estrechos corredores desde el exterior, cosa que, al igual que el humo de las antorchas, no se aprecia por ninguna parte. En definitiva, este tipo de manipulación hubiese hecho peligrar la labor de los artistas egipcios.

Y como la imaginación no tiene límites, hay quien ha llegado a proponer la utilización de espejos para reflejar la luz solar en el interior de estas oscuras galerías. El único problema es que los espejos encontrados en Egipto no parecían ser de muy buena calidad. Cada vez que reflejaban la luz, al menos una tercera parte de ésta era absorbida o dispersa, con lo que después de combinar varios espejos entre la entrada a la tumba y el interior de las distintas cámaras y galerías, no llegaba a su objetivo ni el más mínimo rayo de luz.

Entonces ¿cómo fue posible la ejecución de semejante labor artística en las oscuras galerías del Valle de los Reyes y de otros monumentos subterráneos del antiguo Egipto?.

UNA HIPÓTESIS PROHIBIDA

El cronista árabe Abdul el Latif, (1.150 d.C.) ya hacía mención del recubrimiento metálico del obelisco de Sesostris I que se encontraba en Heliópolis (1.970 a.C.). Pero no es la única referencia existente, son muchas las crónicas que nos narran la utilización de estos gigantescos obeliscos a modo de pararrayos, que protegían las inmediaciones de los templos. Algunos de ellos estaban recubiertos de una aleación de oro, plata y cobre que recibía el curioso nombre de “electrum”.

El investigador y Director de la Revista Más Allá, Javier Sierra, posa junto a unas inscripciones en el Templo de Edfú donde pueden apreciarse dos objetos en forma de lámpara

A comienzos de los años ochenta, los investigadores Peter Krassa y Reinhard Habeck, dieron la voz de alarma al lanzar una hipótesis revolucionaria basada en la utilización de la energía eléctrica en el antiguo Egipto. Así parecían atestiguarlo numerosos relieves esculpidos sobre las paredes de distintos templos, como los de Edfu, Kom Ombo y Dendera.

En estos relieves podemos encontrar claras representaciones de unos objetos que inmediatamente nos harán recordar a nuestras clásicas lámparas o bombillas. En el caso de Dendera, donde se encuentran los relieves más conocidos, se representan estas bombillas con una forma un poco más alargada que una pera, y dejando ver en su interior a una serpiente ondulante (filamento), emergiendo de una flor de loto en forma de “casquillo”. Están sujetas por un pilar djed, símbolo de energía, estabilidad y poder, muy extendido por todo Egipto. Estas “bombillas” están “conectadas” por una especie de cable a un pedestal, en el que está arrodillado el dios del aire. Todo este conjunto está custodiado por un babuino que probablemente represente al dios Thot, protector del conocimiento y de las ciencias, que con un cuchillo en cada mano parece guardar celosamente tan pintoresca y extraña representación

Algunos arqueólogos como el alemán Alfred Waitakus y el ingles John Harris, aseguran que los jeroglíficos que rodean a algunas de estas representaciones, hablan de luminosidad, conocimiento y del gran poder de Isis.

Si se está libre de prejuicios y en relación a lo anteriormente expuesto, la realización de las diferentes inscripciones localizadas en el Valle de los Reyes y del resto de los pasadizos y tumbas del antiguo Egipto, bien podrían haber sido efectuadas con la ayuda de la electricidad. Un conocimiento en estado de involución, que en manos de la casta sacerdotal era guardado celosamente como un gran legado de los antiguos dioses.

OTROS EJEMPLOS EN LA ANTIGÜEDAD

La respuesta es rotunda: no, no lo fue. Diferentes pruebas materiales, así como testimonios de la antigüedad, nos aseguran con toda certeza del conocimiento de diferentes pueblos de este prodigioso legado de sus dioses.

Corría el año 1.936, cuando un grupo de obreros dirigido por el ingeniero alemán Wilhelm Köning realizaba la construcción de un sistema de alcantarillado en la colina de Rabua, muy próxima a Bagdad (Irak), cuando se toparon con un extraño objeto de arcilla en forma de jarrón.

Este objeto tenía 15 centímetros de alto, y poseía un tapón de asfalto donde hacia el interior partía un tubo cilíndrico de cobre de 26 milímetros de diámetro y 19 centímetros de altura. A su vez, del tubo sobresalía una varita de hierro de 1 centímetro cubierta de plomo ligeramente corroída por algún tipo de ácido.

A pesar de que las autoridades y los “expertos” tacharon este pequeño jarrón o vasija de “objeto de culto” (muy típico en estos casos), el propio Köning tras introducir un electrolito común en el interior del recipiente, logró hacer funcionar este “objeto de culto” como una batería.

En el mismo yacimiento fueron descubiertos otros objetos que habían sido sometidos a un proceso de galvanización. Estos databan del 2.000 a.C., por lo que se llegó a la conclusión que hace más de 4.000 años los antiguos moradores de estas tierras de Mesopotamia, utilizaban pilas eléctricas.

No nos debe sorprender este tipo de hallazgos. Existen numerosas referencias incluso en la antigua Roma o Grecia, que nos hablan de ciertas bombillas incandescentes de color rojizo, como de la que nos habla San Agustín, que no podía ser apagada ni por los vientos ni por la lluvia, y también otra en Antioquia que estuvo encendida mucho más de quinientos años. O en el Templo de Numa Pompilio en Roma, famoso porque en su cúpula brillaba siempre una luz encendida. Pausanias vio en el Templo de Minerva en el año 170 de nuestra era, una lámpara de oro que daba luz por un año sin que fuese alimentada por ningún combustible.

En el 1.565 d.C., el padre jesuita Atasnasio Kircher recogía en su obra “Edipo Egipcíaco”, trozos de un documento hindú con los pasos a seguir para la construcción de una batería eléctrica. Dice así este documento:

“…colocar una plancha de cobre, bien limpia, una vasija de barro; cubrirla con sulfato de cobre, y luego cubrirlo todo con aserrín húmedo, para evitar la polarización. Después poner una capa de mercurio amalgamado con zinc encima del aserrín húmedo. El contacto producirá una energía por el doble nombre de Mitra-Varuna. Se dice que una cadena de cien vasijas de este tipo proporcionan una fuerza muy activa y eficaz…”.

El griego Luciano (120-180 a.C.) nos dejó la descripción de una bella alhaja en Hierápolis (Siria), que estaba engarzada en una cabeza de oro de la diosa Hera, de la cual “…emanaba una gran luz…”, tanto que…”…el templo resplandecía como si hubiese estado iluminado con una miríada de cirios…”. Luciano no nos dejó revelada la explicación a este misterio, pues los sacerdotes se negaron a descubrirle el secreto.

Plutarco escribió en el Siglo I, sobre una “lámpara perpetua”, que él tuvo ocasión de ver en el Templo de Júpiter-Amón. En este caso los sacerdotes que custodiaban el templo tampoco le revelaron el misterioso funcionamiento de tan milagrosa luminaria, tan sólo le contaron que ésta ardía continuamente hacía muchos años y que ni el viento ni la lluvia habían podido apagarla.

Todos los indicios señalan a que en algún momento de la historia de la humanidad, la electricidad era usada y conocida por las castas sacerdotales, aunque su origen procediese de los dioses a quienes servían, y que según los propios sacerdotes, convivieron con los hombres en tiempos remotos dándoles entre otros conocimientos, el de la electricidad.

Egipto no fue una excepción, pero al igual que en el resto de los pueblos de la antigüedad, éste secreto y reservado conocimiento, se fue diluyendo progresivamente con el paso de los años y los avatares de la historia.

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La tumba de Cristal, para no creerlo.

Posted by cosmoxenus en 6 mayo 2007

TIERRA DE PLEGARIAS

Egipto. Tierra de hacedores, de grandilocuentes obras, de mártires y reyes. Zona seleccionada por ciertos Dioses -ahora en el olvido- que bendijeron a los campesinos con la sabiduría de las estrellas. La sombra de un vigoroso pasado se pierde en la desembocadura del Nilo. Los hijos han convertido el paraíso en negocio, al símbolo en moneda. Parece mentira que toda aquella agraciada cultura se esté perdiendo. El peor enemigo de la historia es la economía. La pobreza y la falta de recursos ahoga el nido de los faraones. La memoria de una nación está en juego.

INTRINCADA EXCAVACIÓN

En 1987 el egiptólogo francés Louis Caparat comenzó las negociaciones con el gobierno egipcio con la intención de llevar a cabo una serie de excavaciones en la Gran Pirámide de Keops. La razón era un tanto pedante: Caparat afirmaba que todavía no se habían descubierto las habitaciones más importantes de la pirámide. Solo él y sus tres ayudantes podrían excavar allí y acceder a los tesoros ocultos.

El ministro de educación y el canciller francés de aquel entonces exigieron algún tipo de prueba. Caparat llevó al estrado una serie de planos y manuscritos en donde se afirmaba -de cierto modo- que entre los sitios descubiertos desde principios de siglo hasta la década del 80 existían ciertas zonas en gris. Estos lugares no pudieron ser accesados por los anteriores arqueólogos. Así mismo, Caparat presentó una carta de una empresa norteamericana que ponía a disponibilidad una moderna máquina excavadora, lo cual ayudaría de sobremanera en el trabajo. El ministro pidió una semana de receso en las conversaciones.

En el invierno del 88, Caparat y sus asistentes excavaban ya en Keops. Se le concedió el plazo de cuatro meses con posibilidad de extender el tiempo si se llegaba a encontrar algún indicio. El trabajo fue preciso y llegó a agotar al arqueólogo. No obstante, la tajante persistencia fue su mejor consejero. Día a día avanzaban con rapidez. La excavadora americana funcionaba con increíble acierto. Llegó a trabarse en algunos tramos.

Al poco tiempo, uno de los ayudantes de Caparat – Ernest – comenzó a tener cierto malestar en el pecho. No podía ingerir alimento alguno. Vomitaba de forma extraña, no lograba conciliar el sueño y se quejaba cuando le tocaban. Una sugerente marca roja le rodeaba el cuello.

El arqueólogo le acompañó hasta el hospital más cercano. Para su mala suerte debieron internarle. Los médicos le examinaron. Al parecer sufría de un virus no identificado que atrofiaba los conductos internos de los pulmones. Las fosas nasales emanaban gran cantidad de flemas de un color rojizo.

Como precaución, el médico le pidió a Caparat que detuviese las excavaciones. Podría ser algún tipo de trampa creada y desarrollada por los egipcios antiguos.

El arqueólogo afrontó una seria decisión. O abandonar definitivamente la excavación, o continuar por su cuenta. Los otros ayudantes se negaron a prestarle servicios. Temían contagiarse.

EL DESCUBRIMIENTO

En la plenitud de la investigación, Caparat atravesó largos túneles y sobrevivió a cualquier inconveniencia tanto climática como física. Era común que la presión atmosférica fuese baja, lo cual le impedía respirar correctamente. Por esta razón trabajaba desde las 6 de la mañana hasta las 3 de la tarde. A posteriori se dedicaba a analizar los resultados y anotarlos en sus registros.

Una semana antes de que se venciese el lapso programado por el gobierno egipcio, Caparat halló lo que aparentaba ser el principio de una entrada. Marcó el borde superior con su instrumental, una pequeña escoba de mano le ayudó a limpiar el terreno. La tierra era espesa. No se dejaba manejar fácilmente. Caparat descubrió tres jeroglíficos entrelazados por lo que parecía ser un ramo de olivo. Tardó aproximadamente una hora en decodificarlos. Los signos hacían referencia al faraón Keops y a sus condescendientes. El arqueólogo -emocionado- se comunicó con el canciller francés. La excavación recibió apoyo directo del gobierno egipcio. El que antes era un simple soñador, era reconocido como un talentoso investigador. Aunque todavía quedaba mucho por descubrir, Keops asombraría nuevamente al mundo.

LA TUMBA DE CRISTAL

Una centena de hombres y 61 días fueron suficientes para librar de obstáculos la preciada entrada. La puerta yacía en buen estado. Mostraba una cantidad interesante de figuras, representadas en bajorrelieves de fino corte. Con la ayuda de un remolque externo se logró derribar las trabas que impedían abrirla. Los científicos cubrieron sus rostros con máscaras. Examinaron, con precaución, el lugar. Estaba completamente oscuro.

Caparat fue el primero en avanzar en tierra desconocida. Para su sorpresa, la recámara contaba con dos círculos de unos 20 centímetros (aproximadamente) ubicados en ambos extremos del sitio por los cuales ventilaba aire. La sorpresa no se hizo faltar. Caparat se topó con una gigantesca tumba de cristal macizo. Llamó a sus asistentes -que habían regresado a sus tareas luego de la buena nueva- y les pidió que alumbrasen el objeto a la brevedad. Para el horror de muchos, un cadáver yacía dentro de la tumba. Y no parecía ser humano.

El cuerpo fue depositado en una ambulancia especial y fue llevado a un centro de investigaciones donde se practicarían diversos exámenes. La tensión creció cuando Caparat halló entre las piernas del ser un papiro antiquísimo. Abandonó el lugar y se retiró a sus aposentos en un hotel. El ministro egipcio de relaciones exteriores se hizo presente en la excavación junto con la fuerza policial. Cercó la zona y prohibió el acceso.

EL PACTO DE KEOPS

Transcribió la traducción con severo cuidado a su cuaderno personal. Caparat se asombraba con cada nueva decodificación. Los jeroglíficos no poseían la construcción fonética normal. El estilo variaba por signo. Al parecer, el faraón Keops había firmado un tratado con un alienígena proveniente de un sistema estelar lejano. El ser le brindaba completa protección durante su vida a cambio de refugio.

Así mismo, le explicó el devenir de la historia del hombre. La posibilidad de viajes interplanetarios, de intercambiar personas de mundo a mundo. El faraón, maravillado, aceptó la oferta. Firmaron un pacto en donde se explicitaba que el alienígena podría residir en Egipto el tiempo que desease. La criatura vivió en paz el resto de su longeva vida. La tumba se construyó con un diseño que dibujó antes de morir.

Caparat recibió la visita de la policía en el hotel. Le quitaron el papiro y sus cuadernos. Se le obligó a regresar a Francia.

UNA PROEZA INADVERTIDA

Personalmente, es un tanto difícil de creer que la historia que relata Louis Caparat no esté llevada a la exageración. Me he comunicado con el investigador, quien precisó que ningún hecho descrito fue tergiversado. Volvió a afirmar cada uno de sus postulados. Una cosa es cierta; el ayudante enfermo de Caparat pereció. Consta el registro en el hospital. También es real la excavación. Lamentablemente el actual ministro de relaciones exteriores egipcio no ha querido contestar mis e-mails ni mis cartas. El asunto de la Tumba de Cristal de Keops parece fastidiar a algunos mandatarios. ¿Por qué les molesta hablar sobre algo que nunca existió?

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Vimanas: naves voladoras en la antigüedad

Posted by cosmoxenus en 6 mayo 2007

(http://www.cronida.com/?p=546)

“Los Vimanas eran máquinas volantes que tenían la forma de una esfera y navegaban por los aires por el efecto del mercurio que provocaba un gran viento propulsor. Los hombres alojados en los Vimanas pueden recorrer grandes distancias en un tiempo maravillosamente corto.”

No es un texto de Julio Verne, ni de Leonardo Da Vinci. Es un texto que se puede encontrar en el Mahabarata, uno de los textos sánscritos del hinduismo.

Con el nombre de Vimanas son conocidas en los antiguos textos hindúes escritos en sánscrito unas extrañas naves voladoras utilizadas por los dioses, capaces de albergar una poderosa capacidad destructiva. Son muy numerosas las obras donde aparecen estos artefactos voladores: el “Drona Parva”, el “Ramayana”, el “Yajurveda”, el “Bhagavata Purana”, el “Srimad-Bhagavatam”…

En estos vehículos voladores, extraordinariamente descritos, las personas que se montaban en ellos podían volar hacia los cielos y dirigirse a las estrellas y a mundos lejanos, para luego retornar a la Tierra. Según estos textos, la propulsión se realizaba mediante mercurio, unido a técnicas vibratorias de determinados sonidos capaces de desencadenar poderosas energías y, tal y como se describe en el Vymaanica-Shaastra, los pilotos eran preparados para volar, para obtener imágenes en vuelo a los “carros voladores” enemigos, escuchar sus conversaciones y técnicas capaces de hacer perder el conocimiento a sus pilotos.

Del mismo modo, todos los textos parecen indicar que los antiguos tripulantes de los vimanas eran conocedores de los mecanismos necesarios para poder aprovechar las energías de la naturaleza de determinados “chakras” o puntos neurálgicos del planeta, tales como ríos, valles y montañas. Los sucesos que nos narran los antiguos textos sánscritos tienen como principal protagonista el territorio de la India y zonas limítrofes, aunque en ocasiones las luchas y viajes de los dioses de la mitología hindú escapan incluso de nuestro propio planeta.

RAMAYANA

En las páginas del RAMAYANA, el gran poema épico Hindú atribuido el poeta VALMIKI, se encuentran alusiones a asombrosos carros voladores y a extraños elementos a reacción que habrían sido utilizados en el curso de las guerras entre los reyes de la alta antigüedad asiática. En estos vehículos voladores las personas que se montaban en ellos podían volar hacia los cielos y dirigirse a las estrellas y a mundos lejanos, para luego retornar a la Tierra. Cita textual de la versión de F. Robles Villafranca, 1970:

  • Mientras se iban desarrollando estas cosas, Rama, el KAKUTSTHIDA, le dijo a VIBHISHANA: ocúpate de procurarme un pronto regreso a mi ciudad. El camino a AYODHYÁ es muy difícil de recorrer.
  • A lo que respondió VIBHISHANA: Hijo de monarca de la Tierra, yo cuidaré que te conduzcan a tu ciudad. Hay un carro llamado PUSHPAKA, carro incomparable, resplandeciente como el Sol y que marcha por sí mismo. Montado sobre ese carro, serás conducido por él, sin inquietud, hasta AYODHYA.
  • Tras estas palabras VIBHISHANA llamó urgentemente al carro parecido al Sol acompañado por su hermano y por ilustre VVIDEHANA, encendida de rubor, el RAGHUIDA, ya montado, le dijo a SUGRIVA: Apresúrate a subir en el carro con tus generales, SUGRIVA. Sube también con tus ministros, VIBHISHANA, monarca de los RAKSHSAS.
  • Al instante, SUGRIVA con los reyes de los simios, y VIBHISHANA con sus ministros, llenos de alegría, montaron en el gran carro PUSHPAKA.
  • Cuando todos estuvieron embarcados, Rama ordenó al vehículo que partiese y el incomparable carro de Kurevase se elevó hacia el mismo seno de los cielos. El carro volaba como una gran nube empujada por los vientos. Desde allí paseando su mirada por doquier, el guerrero descendiente de RAGHÚ, dijo a Sita la MITHILIANA, la del rostro bello como el astro de la noche: Mira, ya veo el palacio de mi madre… ¡AYODHYÁ! ¡Inclínate ante ella, Sita, mi VIDEHANA, hete aquí de regreso!
  • Apenas la muchedumbre, presurosa, les vio llegar como un segundo Sol y con tan rápida marcha, el aire fue rasgado con potentes gritos de alegría, lanzados por ancianos, mujeres y niños. Todos gritaban: ¡Aquí está Rama!.
  • BHARATA, pasando de la tristeza a la alegría, se acercó, con las manos juntas y honró a Rama: Sé bien venido, pronunció, con respeto que le merecía su hermano. Pero éste se apresuró a alzarlo, lo apretó contra su pecho y lo estrechó entre sus brazos con alegría…

SAMARANGANA SUBTRAHARA

Este escrito, dedica nada mas y nada menos que 250 versículos a hablarnos de estas extrañas naves:

  • El secreto de la fabricación de los VIMANAS no puede ser desvelado, y esto no es por ignorancia, sino porque los detalles de la construcción deben mantenerse en el mayor secreto para impedir que alguien pueda fabricar un VIMANA con fines perversos.
  • El cuerpo del VIMANA debe ser fuerte y duradero pero de material liviano como un pájaro volador.
  • Por medio de la potencia graduada del mercurio se pone en movimiento el torbellino impulsador del carro aéreo.
  • Un solo hombre puede viajar de manera maravillosa y ascender muy alto por los cielos.
  • Puede construirse un VIMANA tan grande como el Templo de la Divinidad: para ello, hay que utilizar cuatro depósitos de mercurio en la parte inferior, una vez calentados estos, puede desarrollarse por medio del fuego controlado, una potencia equivalente al rayo.
  • Muy pronto el VIMANA asciende convirtiéndose en una perla en el cielo.
  • Por medio de los VIMANAS los hombres pueden ascender a los cielos y los seres del cielo pueden descender a la Tierra.

MAHABARATA

En el MAHABARATA se cuenta la lucha entre dos pueblos; los KAURAVA y los PAUDAVA:

  • Los VIMANAS eran máquinas volantes que tenían la forma de una esfera y navegaban por los aires por el efecto del mercurio que provocaba un gran viento propulsor.
  • Los hombres alojados en los VIMANAS pueden recorrer grandes distancias en un tiempo maravillosamente corto.
  • DANAVA era el disco destructor que poseía armas terribles lanzando relámpagos de fuego espantosos y capaces de destruir las ciudades.
  • CUKRA, a bordo de su VIMANA de gran potencia lanzó sobre la ciudad un único proyectil cargado con la potencia de todo el Universo.
  • Una humareda incandescente, semejante a diez mil soles, se elevó en todo su esplendor. Se levantó un viento terrible, la naturaleza enloqueció y el Sol giró sobre sí mismo.
  • Los enemigos caían como briznas de hierba destruidas por las llamas, hervían las aguas de los ríos y los que se lanzaron en busca de salvación murieron sin remedio.
  • Ardían los bosques. Caballos y elefantes corrían desesperados entre el fuego.
  • Cuando el viento disipó la humareda de los grandes incendios, se vieron millares de cuerpos calcinados por el rayo terrible.
  • Este rayo terrible aparece como el RAMA de BRAHMA.

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