El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

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Life goes on (La vida continúa)

Posted by cosmoxenus en 1 febrero 2007

Tijn Touber. Este artículo apareció en la revista ODE número: 29

El cardiólogo Pim van Lommel realizó un monumental estudio sobre las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) que levanta fascinantes preguntas acerca de la vida después de la muerte, del ADN, del inconsciente colectivo, y sobre el karma de todo el mundo.

Cuando The Lancet publicó su estudio sobre las Experiencias Cercanas a la Muerte, el cardiólogo holandés Pim van Lommel no podría haber sabido que eso lo convertiría en uno de los científicos de quien más se hablase en el mundo. Parece que todos quieren saber acerca del hombre que se las arregló para conseguir que su estudio sobre este polémico tema fuese publicado en una de las revistas líderes en la investigación médica. Sin embargo, no sorprende realmente que su publicación en 2001 crease una conmoción. Nunca anteriormente se había realizado un estudio tan sistemático sobre las experiencias de personas que fueron declaradas muertas y después volvieron a la vida. Y nunca anteriormente habíamos visto una ilustración tan clara de cómo estos relatos de personas podrían afectar nuestra manera de pensar acerca de la vida y de la muerte.

Van Lommel, de 63 años, no es alguien que busque nombre y fama. En este encantador día de verano en su jardín cerca de la ciudad holandesa de Arnhem, él demuestra más interés en lo que pasa en la revista Ode que en su propia historia. Esa misma profunda curiosidad estaba operando hace 35 años cuándo Van Lommel, trabajando como médico ayudante en un hospital, escuchó atentamente a un paciente contar su Experiencia Cercana a la Muerte. Él se quedó inmediatamente fascinado. Pero no fue hasta años más tarde, cuando leyó el libro “Regreso del Mañana” [Return from Tomorrow] en el que el doctor Americano George Ritchie describe su propia Experiencia Cercana a la Muerte con todo detalle, cuando Van Lommel se preguntó si habría muchas otras personas que habían atravesado por experiencias semejantes.

Van Lommel decidió desde entonces preguntarles a todos sus pacientes si ellos recordaban cualquier cosa que hubiera sucedido durante sus paros cardíacos. “La respuesta era generalmente ‘no’ pero algunas veces ‘¿por qué?’ Cuando yo escuchaba esto último, prolongaba la visita a la oficina.” Durante dos años él escuchó relatos de 12 pacientes y su curiosidad científica se despertó. Esos relatos fueron el principio de un estudio que duró años.

“Miraba hacia abajo a mi propio cuerpo desde allí arriba, y vi médicos y enfermeras luchando por mi vida. Podía oír lo que decían. Entonces tuve un sentimiento acogedor y yo estaba en un túnel. Al final de ese túnel había una luz brillante, acogedora, blanca y vibrante. Era maravilloso. Me dio un sentimiento de paz y confianza. Floté hacia ella. El sentimiento de acogida llegó a ser más y más fuerte. Me sentía en casa, amado, casi en estado de éxtasis. Vi mi vida destellar como un flash ante mí. De repente sentí una vez más el dolor del accidente y regresé disparado a mi cuerpo. Estaba furioso de que los médicos me hubieran traído de vuelta.

Casi todas las descripciones de las Experiencias Cercanas a la Muerte son así de hermosas. Las personas se sienten conectadas y apoyadas. Llegan a comprender cómo funciona el universo. Experimentan amor incondicional. Se sienten libres de las opresivas preocupaciones de la existencia terrenal. ¿Quién no querría una experiencia así? “Suena fantástico, ¿no es así?” Van Lommel se ríe. “Pero no siempre es fácil afrontarlas. Cuando las personas regresan, a menudo tienen el sentimiento de que están encarceladas. Y puede llevar años antes de que sean capaces o tengan el valor de integrar en la vida cotidiana ese nuevo entendimiento que han obtenido en su experiencia.”

Sin embargo, una mayoría de personas que han tenido una Experiencia Cercana a la Muerte la describen como algo magnífico y dicen que les enriqueció la vida. Van Lommel explica que “la cosa más importante que les dejan [estas experiencias] a estas personas es que ellas ya no tienen miedo a la muerte. Esto es porque ellas han experimentado que su consciencia sigue viva, que hay continuidad. Su vida y su identidad no terminan cuando el cuerpo muere. Ellas simplemente tienen la sensación de que se han quitado su abrigo.”

Eso puede sonar como si viniese de alguien que ha estado más tiempo de la cuenta frecuentando librerías de la New Age [La Nueva Era]. Pero por lo que Van Lommel ha visto, las Experiencias Cercanas a la Muerte no están en absoluto limitadas a miembros de esa comunidad “espiritual”. Estas experiencias son igual de frecuentes entre personas que eran muy escépticas de antemano en relación a este tema.

“Llegué a estar “separado” del cuerpo y floté sobre él y sobre sus alrededores. Era posible ver el dormitorio circundante y mi cuerpo, aunque mis ojos estaban cerrados. Yo era de repente capaz a “pensar” cientos o miles de veces más rápido—y con mayor claridad—de lo que es humanamente normal o posible. En este momento me di cuenta y acepté que había muerto. Era hora de continuar. Era un sentimiento de total paz—completamente sin temor o dolor, y no implicaba ninguna emoción en absoluto.

La cosa más notable, dice Van Lommel, es que sus pacientes tienen tales experiencias de expansión de la consciencia durante el tiempo en que sus cerebros no registran actividad. Pero eso es imposible de acuerdo con el nivel actual del conocimiento médico. Debido a que la mayoría de los científicos creen que la consciencia ocurre en el cerebro, esto crea un misterio: ¿Cómo pueden las personas experimentar la consciencia [o tener actividad cognoscitiva] durante el tiempo en el que están inconscientes mientras tienen un paro cardíaco (una muerte clínica)?

Después de todos esos años de intenso estudio, Van Lommel todavía habla con reverencia acerca del milagro de la Experiencia Cercana a la Muerte. “En ese momento estas personas no sólo están conscientes; su consciencia está incluso más expandida que nunca. Ellos pueden pensar con extrema claridad, tienen recuerdos que se remontan a su niñez más temprana y experimentan una conexión intensa con todo y con todos a su alrededor. ¡Y sin embargo el cerebro no muestra ninguna actividad en absoluto!”

Esto ha suscitado varias grandes preguntas para Van Lommel: “¿Qué es la consciencia y dónde está localizada? ¿Qué es mi identidad? ¿Quién está haciendo las observaciones cuando veo mi cuerpo allí abajo en la mesa de operaciones? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte?”

“El cuerpo que observé y que estaba tumbado en la cama era el mío, pero yo supe que no era tiempo de partir. Mi tiempo en la tierra no había terminado todavía; todavía había un propósito.”

Para convencer a sus colegas de la validez de estas nuevas percepciones [o conocimientos. Insights], Van Lommel primero tuvo que demostrar que esta expansión de la consciencia ocurría, de hecho, durante el período de muerte cerebral. Eso no fue difícil de demostrar. Los pacientes eran a menudo capaces de describir con precisión lo que había sucedido durante su paro cardíaco. Ellos sabían, por ejemplo, exactamente dónde la enfermera puso sus dentaduras postizas o lo que habían dicho los médicos y los miembros de la familia. ¿Cómo una persona cuyo cerebro no estaba activo podría saber estas cosas?

No obstante, algunos científicos continúan afirmando que estas experiencias deben suceder en el momento durante el cuál todavía se está produciendo alguna función cerebral. Van Lommel es claro como el cristal en su respuesta:

“Cuando el corazón deja de latir, el riego sanguíneo se detiene en el plazo de un segundo. Entonces, 6,5 segundos más tarde, la actividad del EEG [Electroencefalograma] comienza a cambiar debido a la escasez de oxígeno. Después de 15 segundos hay una línea recta y plana, y la actividad eléctrica en la corteza cerebral ha desaparecido completamente. Nosotros no podemos medir el tallo cerebral, pero experimentos en animales han demostrado que esa actividad también se ha detenido allí.”

“Más aún, se puede demostrar que el tallo cerebral ya no está funcionando porque regula nuestros reflejos básicos, tales como la respuesta de la pupila y el reflejo de tragar, que ya no responden. De ese modo puedes introducir fácilmente un tubo por la garganta de una persona. El centro respiratorio también se detiene. Si el individuo no es reanimado dentro de un plazo de 5 a 10 minutos, sus células del cerebro se dañan de forma irreversible.”

Él es consciente de que sus conclusiones sobre la consciencia se oponen abiertamente al pensamiento científico ortodoxo. Es extraordinario que una revista científica con autoridad como The Lancet estuviese dispuesta a publicar su artículo. Pero no fue sin una lucha. Van Lommel recuerda con una sonrisa, “llevó meses antes de que me diesen la luz verde. Y luego de repente querían concluirlo, en un día.”

El trabajo de Van Lommel suscita profundas preguntas acerca de lo que realmente significa “la muerte”: “hasta ahora, ‘la muerte’ simplemente significaba el fin de la consciencia, de la identidad, de la vida,” él indica. Pero su estudio derriba ese concepto, junto con los actuales mitos médicos acerca de quienes tienen Experiencias Cercanas a la Muerte.

“En el pasado, estas experiencias eran atribuidas a razones fisiológicas, psicológicas, farmacológicas o religiosas. Así como a una escasez de oxígeno, a la liberación de endorfinas, obstrucciones de receptores, al temor a la muerte, alucinaciones, expectativas religiosas o a una combinación de todos estos factores. Pero nuestra investigación indica que ninguno de estos factores determina si alguien tiene o no tiene una Experiencia Cercana a la Muerte.”

“Esta experiencia es una bendición para mí, pues ahora sé con seguridad que el cuerpo y el alma se separan, y que hay vida después de la muerte. Me ha convencido de que la consciencia vive más allá de la tumba. La muerte no es la muerte, sino otra forma de vida.

Van Lommel afirma que el cerebro no produce la consciencia ni almacena la memoria [o los recuerdos]. Él indica que el experto americano en informática [o ciencias de ordenadores. Computer Science] Simon Berkovich y el investigador holandés del cerebro Herms Romijn, trabajando independientemente el uno del otro, llegaron a la misma conclusión: que es imposible para el cerebro almacenar todo lo que usted piensa y experimenta en su vida. Esto requeriría una velocidad de procesamiento de 1024 bits por segundo. Simplemente viendo una hora de televisión ya sería demasiado para nuestros cerebros. “Si usted quisiera almacenar esa cantidad de información—junto con los pensamientos asociativos producidos—su cerebro se quedaría bastante lleno,” dice Van Lommel. “Anatómicamente y funcionalmente, es simplemente imposible para el cerebro tener este nivel de velocidad.”

De ese modo, esto significaría que el cerebro es realmente un receptor y transmisor de información. “Se Podría comparar el cerebro con un aparato de televisión que sintoniza con ondas electromagnéticas específicas y las convierte en imagen y sonido.”

“Nuestra consciencia en estado de vigilia, la consciencia que tenemos durante nuestras actividades diarias,” continúa Van Lommel, “reduce toda la información que hay a una única verdad que experimentamos como ‘la realidad.’ Durante las Experiencias Cercanas a la Muerte, sin embargo, las personas no están limitadas a sus cuerpos ni a su consciencia en estado de vigilia, lo que significa que experimentan muchas más realidades.”

Esto explica por qué las personas que tienen una Experiencia Cercana a la Muerte tienen a veces gran dificultad para funcionar en su vida diaria posteriormente. Ellas retienen la sensibilidad que les permite sintonizar con diferentes canales simultáneamente, lo que hace que una fiesta-cóctel o un viaje en autobús se conviertan en una experiencia agobiante, ya que toda la información de las personas a su alrededor les llega a través de todos los canales.

“Vi a un hombre que me miró de forma amorosa, pero al que yo no conocía. En el lecho de muerte de mi madre, ella me confesó que yo había nacido de una relación extramarital, mi padre era un hombre judío que había sido deportado y asesinado durante la Segunda Guerra mundial, y mi madre me mostró su retrato. El hombre desconocido que yo había visto hacía años durante mi Experiencia Cercana a la Muerte resultó ser mi padre biológico.

Según Van Lommel, las Experiencias Cercanas a la Muerte sólo pueden explicarse si asumes que la consciencia, junto con todas nuestras experiencias y memorias, se localizan fuera del cerebro. Cuando se le pregunta dónde se localiza la consciencia, Van Lommel sólo puede especular. “Sospecho que hay una dimensión en la que se almacena esta información—una clase de consciencia colectiva a la que sintonizamos para acceder a nuestra identidad y nuestras memorias.”

Por medio de este campo colectivo de información, nosotros no sólo estamos conectados a nuestra propia información, sino también a la de los demás, e incluso a la información del pasado y del futuro. “Hay personas que ven el futuro durante una Experiencia Cercana a la Muerte,” dice Van Lommel. “Por ejemplo, había un hombre que vio a su futura familia. Años más tarde, él se encontró en una situación que ya había visto durante su Experiencia Cercana a la Muerte. Sospecho que así es como también funciona el ‘déjà vu’.”

De acuerdo a la investigación de Van Lommel, durante una Experiencia Cercana a la Muerte las personas también pueden ponerse en contacto con los muertos, incluso si no los conocen.

¿Pero cómo hace el cerebro para “saber” con qué información sintonizar? ¿Cómo puede alguien sintonizar con sus propias memorias y no con las de otras personas? La respuesta de Van Lommel es sorprendentemente corta y sencilla: “ADN. Y principalmente el llamado ‘junk ADN,’ [o ‘ADN basura’] que supone alrededor del 95 % del total, cuya función no entendemos.” Él sospecha que el ADN, único para cada persona y cada organismo, funciona como un mecanismo de recepción, una especie de traductor simultáneo entre los campos de información y el organismo.

La idea de que el ADN funciona como un mecanismo receptor para sintonizar a las personas con sus campos específicos de consciencia arroja nueva luz en la discusión de los transplantes de órganos. Imagínese que usted obtiene un nuevo corazón. El ADN de ese corazón se conectará con el campo de consciencia del donante, no del receptor. ¿Significa eso que usted de repente obtiene información diferente? Sí, dice Van Lommel: “hay relatos de personas que desarrollaron deseos y estilos de vida radicalmente diferentes después de un trasplante de órgano. Por ejemplo, hay un relato de una bailarina de ballet que quiso de repente manejar una motocicleta y comer comidas basura” (Ver nota *1).

“Percibí no sólo lo que había hecho, sino incluso de qué manera eso había influido a los demás.

El cliché es verdad: Las personas ven su vida destellar [como un flash] ante ellas en el momento de la muerte. Y las personas adquieren percepciones [o conocimientos. En inglés: gain insight] sobre las consecuencias de sus actos. Ellas quizás se vean a sí mismas como si tuviesen 4 años de edad, quitándole los juguetes a su hermana, y sientan su dolor. Van Lommel comenta, “en esos momentos es como si tuvieses los pensamientos de otra persona dentro de ti mismo. Se te dan percepciones [o conocimientos. Insights] sobre el impacto de tus pensamientos, palabras y actos sobre ti mismo y sobre los demás. De ese modo, parece que cada pensamiento que tenemos es una forma de energía que continúa existiendo siempre.”

La gente que ha experimentado tal “revisión de la vida” dice que no es tanto acerca de lo que haces como de la intención que hay detrás de ello. “Es extremadamente intenso experimentar que todo lo que va, vuelve.” Van Lommel se inclina hacia adelante para asegurarse de que sus palabras se entienden bien. “Nadie evita las consecuencias de sus pensamientos. Eso es muy fuerte [o impactante. En inglés: confrontational]. Algunas personas descubren que hay algo que nunca pueden corregir. Otras regresan e inmediatamente comienzan a llamar a personas para disculparse por algo que hicieron hace 20 años.”

¿Así que hay un Juicio Final después de todo? Van Lommel es claro: “Absolutamente no. Nadie es juzgado. Es una experiencia de percepción propia [o de entendimiento propio, o de interiorización. En inglés: “It’s an insight experience”]. La mayoría de las personas atraviesan por esta escena retrospectiva [o revisión, destello. En inglés: flash back] en presencia de un ser hecho de luz. Ese ser es completamente amoroso, absolutamente acogedor [o que acepta. En inglés: absolutely accepting], que no juzga, pero que tiene una percepción completa [o entendimiento completo. En inglés: “complete insight”].

La escena retrospectiva [o revisión, destello. En inglés: flash back] cambia la comprensión que las personas tienen de la vida. Ellos adoptan otros valores. Ellos sienten que son uno con la naturaleza y con el planeta. Ya nunca más hay ninguna diferencia entre ellos mismos y los demás. No es acerca del poder, de las apariencias, de los coches agradables, de las ropas, de un cuerpo joven. Es acerca de cosas completamente diferentes: amor por ti mismo, por la naturaleza, por tus prójimos los seres humanos. El mensaje es tan viejo como el tiempo, pero ahora lo han experimentado por si mismos y tienen que vivir en consonancia con él.”

Entonces, después de un corto silencio, dice pensativo: “Hasta casi da miedo darse cuenta de que cada pensamiento tiene una consecuencia. Si reflexionas en profundidad sobre ello… cada pensamiento que tenemos, positivo o negativo, tiene un impacto en nosotros, en los demás y en la naturaleza.”

¿Tienes que estar cerca de la muerte para aprender estas lecciones sobre la vida? No, dice Van Lommel, que nunca ha tenido una Experiencia Cercana a la Muerte él mismo. Gracias a su investigación, él aprendió tantas lecciones valiosas que decidió abandonar su carrera de cardiología en 1992 y dedicarse a tiempo completo a profundizar en la investigación, publicando y dando conferencias sobre el tema de las Experiencias Cercanas a la Muerte. Fundó la Fundación Merkawah en la Haya, el departamento holandés de la “Asociación Internacional para Estudios Cercanos a la Muerte” (IANDS. International Association for Near-Death Studies), que ofrece información y guía a personas holandesas que han tenido Experiencias Cercanas a la Muerte.

“Trabajando en este tema y estando abierto a ello ha cambiado mi vida,” dice Van Lommel. “Yo ahora veo que todo proviene de la consciencia. Tengo un mejor entendimiento de que uno crea su propia realidad basada en la consciencia que tiene y la intención con la que vive. Entiendo que la consciencia es la base de la vida, y esa vida es principalmente sobre la compasión, la empatía y el amor.”

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EL SISTEMA SIMBÓLICO

Posted by cosmoxenus en 1 febrero 2007

MM.: JUAN SÁNCHEZ JOYA, 18º

“Un pájaro soportará en silencio el frío, posado en su rama, y acabará muriendo y cayendo al suelo, sin que de él salga ningún lamento de autocompasión”. El pájaro y el resto de las criaturas de la Naturaleza, son la propia Naturaleza, están tan solidariamente insertas en ella que todo discurre con fluidez: el ciclo de la vida y también la muerte, que no es sino un cambio de estado de alguna parte del sistema, ensamblado con las continuas transformaciones energéticas que tienen lugar en su seno.

Pero existe una criatura que se mueve también dentro del sistema, y que en gran parte está sujeta a las mismas leyes que, sin embargo, ha desarrollado una suerte de patología, por expresarlo en términos de disfunción del sistema, que le lleva a un desdoblamiento que le hace capaz de elevarse sobre sí mismo y auto-observarse. Tal revolución, que aceptaré denominar conciencia, genera un abigarrado catálogo de fenómenos que son específicos de ese animal, el hombre.

Si hiciéramos una dramatización breve de lo que se ha conformado a lo largo de miles y miles de años, nos encontraríamos con un Adán perplejo, extrañado de sí mismo y sintiendo el peso y la desazón de una esquizoidía que le hace dudar sobre la exacta ubicación de su identidad, sufriendo la desolación de la individualidad frente a una otredad que no puede controlar, huérfano de origen en cuanto que no hay memoria del estado pre-consciente. Es el estado que reproducen los jóvenes psicóticos que sufren un brote que los antiguos psiquiatras llamaban hebefrenia y es quizá lo que sentiría un alienígena amnésico.

El hombre, así, recién nacido a la conciencia, no tendrá más remedio que desarrollar unos mecanismos de defensa para llenar esa existencial náusea nacida del vacío de su perplejidad. Existen mecanismos de alto rango, como son la racionalización, la sublimación, idealización, autoafirmación, afiliación, anticipación, supresión, altruismo y sentido del humor. Pero se enfrenta a un enemigo específico que otros animales no conocen: se trata de un nuevo y potentísimo miedo que deriva de la propia conciencia, algo mucho más poderoso que lo que hace huir a otros del dolor físico. Este miedo que sólo el hombre es capaz de padecer afecta a sus planos psíquicos y se puede reproducir aun en ausencia del objeto causante, incluso en ausencia de cualquier signo asociado mediante condicionamiento al objeto que lo provoca. Puede aparecer aún sin que exista un objeto real amenazante, basta con que exista un símbolo aterrador en la psique del hombre. Tal vez, el símbolo de la muerte como representación de la aniquilación de la conciencia, del fin de la individuación, sea el más primitivo de esos terrores.

Tan poderoso es su miedo que, a menudo, el hombre como individuo, pero también como especie, no da abasto con sus mecanismos de defensa de alto rango y se ve abocado a desarrollar otros de bajo rango, tales como negación, proyección, retirada apática, agresión pasiva, fantasía autista, etc., lo que condiciona actitudes y comportamientos disadaptativos que clásicamente se han llamado neurosis.

Pero hay dos mecanismos particularmente interesantes, ya que son expresión de las habilidades que el hombre ha sido capaz de desarrollar respecto del manejo de su propia conciencia. Se trata de la represión y de la disociación.

Mediante la represión, el hombre se enfrenta a aquellos sentimientos y deseos que le producen malestar mediante la expulsión de ellos del ámbito de su consciencia, es decir, los hace inconscientes. No obstante, el mecanismo no resulta siempre totalmente eficaz, de modo que el problema puja por volver al plano consciente y con frecuencia permanece navegando entre dos aguas en el plano subconsciente, donde se reestructura en formaciones simbólicas negociadas con el Yo en los innumerables armisticios de la continua guerra establecida. De cualquier modo, aunque esa carga exiliada quede efectivamente en la inconsciencia, no dejará de emitir mensajes simbólicos, pues constituye la sombra del individuo, parte integrante indefectiblemente de él, que pugna por expresarse en el conjunto al que legítimamente pertenece. Si el Yo se resiste a aceptar la existencia de su sombra, si no acepta sus mensajes, nunca podrá integrarse. Los mensajes, a menudo, le llegan al consciente en forma de enfermedades con expresión física imposible de ignorar. El individuo aprende o muere.

Jung desarrolló la teoría del inconsciente colectivo. Si estaba en lo cierto, existirá una conexión supra e interindividual entre los diversos inconscientes personales, de modo que quedará establecido un sistema de producción simbólica constituyente de un acervo colectivo de conocimiento inconsciente, que movilizará a los conscientes individuales. Probablemente estemos haciendo referencia al “meme”, que se transmitiría generacionalmente, tal como lo hace el “gene”, pero en un plano psicocultural.

El otro mecanismo digno de comentario aparte es la disociación. El hombre la conoce desde el momento en que es capaz del artificio de desdoblamiento para la auto-observación consciente. Mediante la disociación, el individuo se enfrenta a la amenaza con una alteración temporal de las funciones de integración de la conciencia. Este proceso, que le permite desplazar su identidad desde los sectores de sufrimiento y ansiedad hasta los de calma y bienestar, supone un riesgo de desintegración crónica o hasta definitiva, lo que nos llevaría a un estado psicótico genuino. En un estado de esta naturaleza no es posible la aprehensión de la realidad, y el resultado puede ser de desidentificación, de delirio o de trastorno afectivo bipolar. Tales sintomatologías tan bien conocidas por la Psiquiatría, no dejan de producirse en el devenir de las civilizaciones, en el plano cultural, es decir, que sería una disciplina posible la “Psicopatología antropológica”.

Así, toda mitología forma parte de un delirio cultural, en alguna medida compartido universalmente por los hombres, generación tras generación. En este sistema se conforma un ideario simbólico en el que el hombre se reconoce hijo de la Tierra y del Cielo, dual en su naturaleza, incompleto, separado de un “alter ego” personal y ansioso de completud, desterrado de un edén, autoculpabilizado por su perfectibilidad y por su vulnerabilidad, por su falta de conocimiento. Y aparecen los grandes motores de la acción humana: la huída de lo indeseable por miedo al dolor físico-psíquico-moral y la persecución de la perfección.

Estos motores se alimentan, según parece, de mensajes que a todos nos llegan para-racionalmente, tal vez desde esa enorme bolsa jungiana de símbolos universales, de arquetipos.

Todo apunta a que existe un grupo de hombres superiores, y que lo son porque tienen acceso a un grado de conciencia superior, a un grado también superior de conocimiento y que, por fuerza, poseen un mayor desarrollo de su ser. Se trata de la comunidad esotérica. Tal comunidad lo es por simple coexistencia de sus integrantes, es decir, no están organizados en grupos ni lo precisan. Cuando un hombre (y no necesito aclarar que el término “hombre” es usado aquí en el sentido genérico de ser humano) alcanza determinado estado avanzado de su ser, y, por ende, de su conciencia, puede buscar más conocimiento. Sólo podrá obtener dicho conocimiento superior en una escuela esotérica. Las circunstancias históricas suelen limitar la existencia de las escuelas, pero siempre hay otras que, aun con postulados diversos, a la postre, transmiten todas un mismo conocimiento. Por ello cobra sentido el aforismo hindú que aconseja buscar el conocimiento de modo tal que, si fuera agua subterránea, deberíamos excavar un solo agujero en la tierra y perseverar tenazmente en la búsqueda hasta que el agua aflore. Da igual dónde empecemos a excavar, da igual qué escuela esotérica elijamos, pero se nos exige constancia y resolución. Lo que indefectiblemente nos llevará al fracaso será sucumbir al desánimo y empeñarnos en nuevos y sucesivos hoyos, pues así, el tiempo de una vida no dará para encontrar el agua.

Los mensajes esotéricos conforman un cuerpo general común y universal y los hombres superiores se saben responsables de su transmisión. Mas esta enseñanza sigue unas reglas alejadas de los sistemas comunes y académicos de aprendizaje.

La unidad de contenido significante es el símbolo. El significado es dúplice: tiene una cara evidente, exotérica, hecha para ser vista por todos e interpretada en un contexto no trascendente, y también tiene una cara velada, pero no oculta, hecha para ser vista por quien conoce las claves adecuadas, por quien ha alcanzado un grado suficiente en el desarrollo de su ser como para hacerse consciente del significado profundo. Si el símbolo estuviera escondido, no habría garantía de que pudiera encontrarlo quien está preparado para aprehenderlo. Al estar siempre visible, lo que constituye el mejor de los escondites, cualquier peregrino del aprendizaje superior podrá descubrirlo en el momento adecuado.

Para acceder al conocimiento que los símbolos brindan, se precisa estar en posesión de unas claves. Estas llaves desveladoras constituyen un encuadre sin el que el símbolo no podría expresarse.

Jung aplica el término arquetipo para referirse a unos símbolos universales, es decir, compartibles por todo ser humano. Tales símbolos arquetípicos operan en el conjunto de la humanidad, pero sólo unos pocos hombres son conscientes de ello. Las escuelas esotéricas se las han ingeniado, a lo largo de la historia, para difundir los símbolos por caminos que se adentran en el inconsciente de los destinatarios, de modo que los gérmenes del conocimiento aniden en quienes, tal vez mañana, entiendan sus significados verdaderos. No hay modo más eficaz de transmitir valores a un niño, que a través del juego o de los cuentos. Tomemos como ejemplo el tan antiguo y conocido Juego de la Oca, que representa todo un camino iniciático, que, como no podría ser de otro modo, discurre centripetamente, hacia el interior. Ya en un nivel poco profundo, es una escuela de vida, que enseña que todo camino está sujeto a accidentes, vicisitudes y contratiempos, y también a golpes de suerte, que la sensación de tener el control de los acontecimientos no es sino una ilusión, que a menudo hay que empezar todo de nuevo. Y más profundamente, guarda claves numerológicas e iniciáticas que el jugador no avisado no es capaz de reconocer ni de comprender conscientemente. Otro juego muy popular en tiempos pasados, el llamado tejo, truque o infernáculo, requiere un trazado sobre el suelo que reproduce el dibujo de las sefirot del Árbol de la Vida.

Del igual modo, los cuentos, junto con las moralejas evidentes, transmiten claves iniciáticas cuya pureza estaba bien garantizada cuando la tradición oral respetaba las leyes de la fidelidad del mensaje, pues se hacía precisa la literalidad. Hoy en día, lamentablemente, a pesar de que contamos con más avanzados medios de difusión y conservación, parece que se ha perdido el miedo a la desvirtuación del mensaje original y están desapareciendo claves muy importantes en las versiones más modernas de los cuentos. Pero el proceso se renueva y parece adaptarse a los cambios tecnológicos, pues los símbolos esotéricos aparecen recurrentes en Tolkien y en Rowling, por citar dos autores de indudable éxito entre nuestros jóvenes, y reproducen todo un tratado de alquimia que se extiende pseudopodicamente desde los libros hasta las pantallas y las videoconsolas. El mensaje, por tanto, sigue emitiéndose con renovado ímpetu.

Los mismos alquimistas, en el Medievo, practicaron el arte de la veladura sutil con tal maestría que los símbolos han estado siempre visibles en las propias iglesias y catedrales, burlando la represión de la institución eclesial y, seguramente, impregnando con preferencia a los propios clérigos, cuando éstos alcanzaban el desarrollo adecuado de su ser.

La acción pedagógica del símbolo se realiza por exposición directa de la cosa a mostrar, esto es, no a través de predicados racionales sobre la cosa. Es diferente del análisis, pues no estudia las partes componentes, sino que pone en contacto sintéticamente con el objeto. No pretende el símbolo promover la abstracción filosófica relativa a la realidad; por el contrario, busca un contacto íntimo, enfático, impactante, movilizador y sugerente con la realidad misma, de modo concreto, a través de la vía intuitiva, suprarracional, utilizando instrumentos vivenciales que disparan los resortes de todas las potencias humanas, del ser total del que aprende, vibrando en un acorde compuesto por un conjunto de notas que representarían los diversos niveles de comprensión posibles, todos ellos ciertos, todos válidos, pues todos son partes de un mismo sonido, por más que una visión desde la perspectiva infrainiciática crea descubrir aspectos disonantes o contradictorios en el conjunto, pues las presuntas diferencias no son sino niveles complementarios de comprensión. La lección del símbolo es alimento para el espíritu, actuando la inteligencia como aparato digestivo. El símbolo busca un crecimiento del ser, no del conocimiento directamente; transmite unidades ontológicas, no conceptuales; persigue el avance en lo trascendente. Una vez que el ser crece, se ve de inmediato capacitado para asumir un mayor conocimiento, no por fuerza mediante la absorción de más unidades de información, sino a través de una renovada visión de lo ya presuntamente sabido. Es por ello que el progreso personal es un continuo retorno al origen, es una reiterada reorganización del psiquismo interno, es una repetitiva mirada al objeto a conocer, la realidad, pero con herramientas e instrumentos de percepción cada vez más potentes y sofisticados, cada vez más sensibles y precisos, más fiables, más conscientes.

La pedagogía simbólica es antiquísima, muy anterior a la filosofía, a la ciencia y a las religiones. Por fuerza ha de haber sido coetánea de la mitología, ya que el nacimiento de los símbolos requiere una inmediata organización de contenidos en un encuadre didáctico que garantice la transmisión. Así, la simbólica se estructura en un mapa útil para conocer el mundo psíquico, tanto individual como colectivo, y útil también para impulsar el movimiento con pautas de orientación y de eficiencia. Cada símbolo tiene su propio significado, estratificado en niveles armónicos, y también constituye una pieza complementaria del mapa simbólico completo. No es posible jugar con la interpretación libre de los símbolos, pues, si bien el conocimiento es subjetivo, no se presta al albur de la fantasía personal, sino que está ligado a la voluntad del emisor, que es un hombre de superior desarrollo espiritual y que ha accedido a un nivel determinado de comprensión. Por tanto, el significado del símbolo es, aunque polimorfo, unívoco; aunque polifacético, único; aunque multidimensional, concreto y riguroso.

Los símbolos poseen representación en imagen, al contrario que la idea, que aunque pueda asociarse a imágenes, es en sí misma una abstracción del sistema racional de pensamiento.

Mientras que las ideas y las abstracciones científicas y matemáticas pueden quintaesenciarse en el signo, indebidamente llamado símbolo, cuya representación puede ser tan esquemática como se desee sin que se altere el significado, el verdadero símbolo es, en palabras de Guenón, “una encarnación de la idea”, nunca una abstracción. Dice Jean Chevalier que la abstracción vacía el símbolo y engendra el signo, mientras que el arte, por el contrario, huye del signo y nutre el símbolo. La representación simbólica es rica en detalles concretos, y así, puede hablar a una diversidad de niveles de comprensión, dificulta la libre interpretación caprichosa y consigue distraer la atención del observador sobre aspectos fundamentales que no debe vivenciar hasta que no alcance el nivel idóneo de capacidad y de predisposición. El símbolo, por tanto, está hecho para ser mirado una y mil veces, para inducir la meditación en su contemplación, para ser absorbido de un bocado y para ser digerido a lo largo de los años, de la vida, del camino. Permanece donde se le coloca, para todos y para siempre, y cada vez que nos lo comemos, lo deglutimos entero, si bien los matices de sabor, los efectos que produce la ingestión en nuestra alma, son distintos en cada nueva ingesta, aunque el alimento es siempre el mismo.

El sistema simbólico se interesa por dos aspectos: el sentido interno de las cosas y su interconexión dentro del Todo. Reconoce las correspondencias entre los distintos niveles de la realidad, que es única aunque multipercibida desde distintos ángulos, perspectivas, actitudes y aptitudes. El lenguajes es, por tanto, analógico, lo que queda indefectiblemente expresado en las tan conocidas fórmulas “arriba como abajo”, “así en la Tierra como en el cielo” o, tal como lo enunció Goethe, “lo que está dentro, está también fuera”. Se trata, pues, de un sistema unificador, que pone en fase la realidad psíquica interna con la realidad exterior, el Microcosmos con el Macrocosmos.

Los símbolos, elementos de un patrimonio universal y arcano, precientífico, para-racional y supraintelectivo, de vocación eterna, de inspiración trascendente, de lenguaje analógico y unificador, con recursos de estimulación holística de las potencias del hombre, con propósito motor, con representación holográfica, prolija y enfática, nacidos como respuesta a los interrogantes adánicos que dieron lugar al desarrollo de la Metafísica , son los hitos junto al camino iniciático, son las piezas del mapa del mundo cuando se desea llegar al plano trascendente.

Es posible dibujar muchos mapas distintos para señalar la ubicación de un tesoro, todo depende del punto de partida y del estilo de la escuela esotérica de que se trate, pero el tesoro es siempre el mismo, y los símbolos, tal vez dispuestos en distinto orden, tal vez en un sistema progresivo diferente, son también siempre los mismos. Así, aunque las escuelas desaparezcan, los símbolos emergen tozudamente una y otra vez a lo largo de la historia, y en la intimidad de cada hombre y de cada comunidad, en los sueños, en el folklore y en el arte.

La Masonería posee su propia simbólica y se ocupa de su estudio sistemáticamente mediante un encuadre característico. Como escuela iniciática, trabaja por mostrar el camino a los hombres predispuestos para que se haga posible el crecimiento y desarrollo de su ser. Parte de los masones podrán llegar a formar parte de la aparentemente inconexa comunidad esotérica, ese conjunto de hombres superiores que poseen la casi totalidad de conocimiento disponible en cada momento histórico.

En un ejercicio demostrativo de la correspondencia universal de las cosas, citemos el postulado cristiano respecto a los enemigos del hombre: la carne, el demonio y el mundo. La Masonería trabaja por dominar a la carne, mediante una labor de desbastación que busca la liberación de las cadenas que nos anclan a las pasiones. Contra el demonio, que podríamos representar por la ignorancia, el fanatismo y la ambición, lucha de un modo muy específico y desde el axioma de que el demonio proviene de una naturaleza celestial caída en desgracia, de un componente divino cautivo de la propia carne y al que hay que liberar de cada uno de nosotros para reconquistar el legítimo lugar desencarnado que creemos nos corresponde. En cuanto al mundo, tras hacer un propósito de renuncia desde el momento mismo de la iniciación, cada masón persevera en el trabajo ritual, que se desarrolla en un espacio separado, sagrado. La forma de vencer al mundo no es escapando de él, sino expulsándolo de nosotros, de forma que sigamos estando en el mundo, sin que el mundo esté en nosotros, ya que los masones asumen la responsabilidad de realizar un trabajo en el mundo, pero a salvo de él, que es algo que deben hacer, tal vez ya sin esfuerzo, los hombres superiores de la comunidad esotérica desde tiempo inmemorial. Sirva este ejercicio para ilustrar cómo son aplicables diferentes enfoques para manejar la interpretación de la realidad, que es única. Se trata de moverse por distintos mapas con claves universales que están por encima del lenguaje y de las culturas, que sirven en Babel y en cualquier momento de la historia.

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Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España Director: Galo Sánchez; Editor: Jesús Soriano; Consejo de Redacción: Nicolás Arcas, Gastón Clerc, Florencio Serrano, Ángel Fuentes, Abelardo Cervera, Jaime García-Herranz, Rafael Ruiz Martos, Manuel Rull, Miguel Ángel Paredes Edita: Gran Comisión de Publicaciones. Administración: Supremo Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España. Apartado de correos: 51.562 28080 Madrid España e-mail: zenit@scg33esp.org Zenit es una publicación plural y abierta que no comparte necesariamente las opiniones expresadas por sus colaboradores. Su contenido podrá ser difundido y reproducido siempre que se cite su procedencia.

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Las siete herramientas de medición y ejecución especulativa

Posted by cosmoxenus en 1 febrero 2007

Desde los albores de la Humanidad, en las primeras fases evolutivas del homo sapiens, el ser humano aceleró dicha evolución intelectual y material, mediante el uso de instrumentos y herramientas. Cuando consiguió controlar su utilización para fines concretos, desarrolló fórmulas nuevas de vida. El uso de arcos, flechas, lanzas, entre otras cosas, le permitió obtener mejores resultados en la caza; actividad imprescindible para su supervivencia. El manejo de arados, palas, azadas y otros, le permitió desarrollar la agricultura, con lo que se abandonaba el nomadismo como regla de vida y se establecía el sedentarismo en los lugares adecuados para su devenir vital.

Es notorio e incuestionable que la evolución humana está íntima y solidariamente ligada al uso consciente de útiles y herramientas. Todos los instrumentos inventados o descubiertos por el hombre, han facultado un salto evolutivo en sus formas materiales de vida.

De vivir en cuevas o a la intemperie, el ser humano pasó a la construcción de chozas o habitáculos para diverso uso, utilizando los materiales naturales disponibles en su entorno inmediato. El siguiente salto cualitativo fue el uso de materiales prefabricados para alcanzar el mismo objetivo. La diferencia estriba en que de esta segunda forma, su imaginación y posibilidades de desarrollo avanzaron espectacularmente.

Comenzando por realizar simples cubículos para su refugio, pero aplicando su intelecto en contínuo desarrollo y usando los instrumentos adecuados, el hombre alcanzó el punto de llegar a construir monumentales pirámides y majestuosas catedrales.

La sofisticación y complejidad de instrumental necesario para la ejecución de tan magnas empresas, se fundamenta tan solo en SIETE elementos primarios.

Estos son: La Escuadra, El Compás, El Nivel, y La Plomada como elementos de planteamiento y medición. El Mazo, El Cincel y La Paleta (Trulla) como herramientas útiles de ejecución.

La Escuadra ofrece una relación angular.

El Compás facilita la determinación de distancias.

El Nivel corrobora la horizontalidad.

La Plomada establece la verticalidad.

Con estos cuatro elementos se puede determinar, con absoluta precisión, la posición de cualquier punto geométrico en el espacio, y por extensión la de cualquier recta y la de cualquier plano.

Entrando en abstracción geométrico-matemática, estableciendo un sistema de referencia, cualquier punto en el espacio se fija mediante coordenadas cartesianas o bien mediante coordenadas polares. Las primeras son situación horizontal (abcisas), y situación vertical (ordenadas). Léase NIVEL y PLOMADA. Las segundas son distancia a un origen predeterminado y ángulo sobre una recta de referencia. Léase COMPAS y ESCUADRA.

Respecto a las herramientas, con el Mazo se golpea y con el Cincel se dirige el impacto para obtener el fin deseado. Con la Paleta se restaura, se añade y se complementa el resultado obtenido por la acción de la percusión.

La Francmasonería Universal tiene como último fin u objetivo la construcción y finalización de un Templo Moral y de Conocimiento que acoja a toda la Humanidad. Para ello utiliza instrumentos y herramientas.

Con el devenir de los tiempos, la Masonería ha pasado de ser Operativa a ser Especulativa o Simbólica, es decir, que en la actualidad los elementos de trabajo masónico son simbólicos.

Veamos una posible analogía de los siete elementos básicos:

ESCUADRA: Angulo de 90º, ni agudo, ni obtuso, llamado también ángulo recto. Equivalencia, RECTITUD.

COMPAS: Fijado un punto, se establece otro, otro, otro y así sucesivamente, todos equidistantes del fijado en primer lugar. Equivalencia, EQUIDISTANCIA.

NIVEL : Línea horizontal. Equivalencia, IGUALDAD.

PLOMADA : Línea vertical. Equivalencia, APLOMO. Rectitud en sus actos, Equidistancia con todos los seres humanos, Igualdad en el afecto y Aplomo en sus manifestaciones. Cuatro virtudes que enmarcan la vida de un masón.

MAZO: Herramienta que transforma energía en arrancar imperfecciones. Equivalencia, VOLUNTAD.

CINCEL: Util con el que se dirige a un determinado punto preestablecido la energía desplegada por el Mazo. Equivalencia, RAZON.

PALETA (Trulla): Elemento que restaña, contornea y pule la irregularidades. Equivalencia, TOLERANCIA.

Voluntad para mejorar, Razón para discernir y Tolerancia para compartir. Tres herramientas que, armónicamente conjugadas, y debidamente utilizadas, facultan al masón a pulir su Piedra Bruta a fin que su Piedra Cúbica llegue a formar parte del Templo Universal.

No se puede diseñar una construcción tan sólo con la escuadra y el nivel. O tan sólo con el nivel, la plomada y el compás. Hace falta usar los cuatro elementos para una satisfactoria concepción. Y del mismo modo, no se puede construir lo diseñado a falta de alguna de las tres herramientas.

Los ocho elementos citados, en conjunto, armónica y proporcionalmente empleados, son imprescindibles para alcanzar el fin último de la masonería. No sobra ni falta ninguno. Están todos los que son y son todos los que están. Están a disposición del masón que desee andar por el camino hacia la Luz del Conocimiento.

Uno de los grandes intelectos que en esta Humanidad han existido, Arquímedes, dijo: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”.

Con osadía, aunque humildemente, parafraseándole, se podría decir: DADME LAS SIETE HERRAMIENTAS MASÓNICAS Y TRANSFORMARE EL MUNDO.

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Fraternidad

Posted by cosmoxenus en 1 febrero 2007

Enrique D´Lima
M:.M:.

La palabra fraternidad viene del latín “rater”, que a su vez se deriva de ” refectorium” (este es el lugar donde comen los monjes), “refectorium” viene de “reficere”, que se descompone en “re”, que significa de nuevo, repetir y “facere” que significa hacer. Desde el punto de vista etimológico la palabra fraternidad esta vinculada con el sentido de reconstrucción; también tiene que ver ” refectorium” con restaurar, de ahí se derivo el termino restaurant para el sitio donde comemos. En masonería decimos con frecuencia, que estamos en esta orden para construir nuestro templo interior y para restaurar la “palabra perdida”, a estas luces pudiéramos decir mas bien que es para reconstruir ese templo en lugar de construirlo. Digo reconstruirlo porque nuestro mito primordial el Génesis, en el destierro del paraíso que sufre el hombre, queda establecido que hemos perdido una condición espiritual y que debemos restaurarla o reconstruirla.

La masonería otorga las herramientas esenciales para lograr esa reconstrucción, estas están implícitas en el legado del que somos depositarios en nuestros símbolos, mitos y ritos, estos conforman toda una supraestructura que nos otorga la verdadera regularidad que no es otra cosa que el derecho para hacer dicha reconstrucción. La fraternidad se constituye en el elemento practico para develar el principal y verdadero misterio masónico, el cual no es otro que el conocimiento de si mismo, que a su vez no es otra cosa que el reconocimiento de pertenencia a una unidad; a caso no nos es esto familiar con la labor del maestro masón, que tiene que “reunir lo disperso”, o dicho de otra manera es la restauración de los estados espirituales del hombre perdidos en la expulsión del paraíso, o conocida también como la involución en la materia o la existencia física.

En este orden de ideas tratare de exponer mi visión de cómo es la fraternidad la que nos permite esa reconstrucción. Pudiéramos decir que la practica masónica descansa sobre dos grandes preceptos, FRATERNIDAD Y TOLERANCIA, me pregunto entonces, ¿como se puede ser un verdadero masón sin practicarlas?, pero entonces también me pregunto con inquietud, ¿acaso soy un verdadero masón?; esta ultima pregunta se circunscribe dentro de la famosa sentencia en el celebre oráculo de Delfos: “CONOCETE A TI MISMO”, que también es harto conocida, usada en masonería y de alguna manera nos vincula con la verdadera búsqueda esotérica; estas dos preguntas necesariamente me llevan a preguntarme: ¿me conozco a mi mismo?, la respuesta sincera e esta pregunta es no. Pero de nuevo la clave para este autoconociento es la fraternidad. Lo primero es reconocer que no tenemos conciencia de nosotros mismos, que somos fracciones de un todo, que somos una dispersión en muchas cosas y que carecemos de una unidad interior. Recordemos las celebres frases: “reunir lo disperso”, “buscar la palabra perdida”, ¿acaso están estas frases en el aire?, ¿o mas bien son claves para la búsqueda de una senda en nuestra institución?, estas denotan un sentido de enrancia y de perdida de una condición, perdida de pertenencia a una unidad a la cual debemos regresar.

Entiendo que hasta ahora todo esto puede parecer muy abstracto, pero como lo he dicho antes es la práctica fraternal la que le da todo un sentido a esto. Notemos que nos llamamos QUERIDOS HERMANOS, esto es obligatorio cuando están “ABIERTOS LOS TRABAJOS”. Es preciso detenernos en estas dos condiciones, la de obligatoriedad de llamarnos QUERIDOS HERMANOS y la de que están ABIERTOS LOS TRABAJOS; comenzare por la ultima, esto se refiere a la creación con el rito de apertura de una condición especial para el trabajo esotérico, condición esta que no es posible lograr en el mundo profano, es necesaria la conexión que emula el rito con niveles superiores, es por eso que nuestro rito de apertura emula principios cosmogónicos, que nos colocan virtualmente en condiciones atemporales, o dicho de otra manera con el rito de apertura hacemos una incisión en el tiempo, para así realizar un trabajo que esta mas allá del orden humano, si este trabajo estuviera a nuestro alcance fácilmente, estoy seguro que todos seriamos perfectos, pero la cosa no es tan simple. En el orden metafísico, el hombre cuando nace adquiere la individualidad y se hace necesario un trabajo contranatura para recobrar ese sentido de pertenencia a la unidad, ese trabajo contranatura es la iniciación esotérica, donde a través del rito y los símbolos emulamos los principios suprahumanos, tratamos de conectarnos de nuevo con la unidad. Con respecto a la otra condición el tener que llamarnos QUERIDOS HERMANOS, esta vinculada a la necesidad de desarrollar un “amor fraternal”, de características especiales, dada la índole del trabajo de taller en logia, este “amor” no se fundamenta en lazos del mundo profano, que examinados en profundidad no son otra cosa que un gran trafico de todo tipo de intereses, muy vinculados a nuestros apegos, miedos , afectos, emociones, etc.; los lazos de este amor fraternal son obligados en lo formal por un juramento radical y en la practica están desvinculados de intereses particulares, están fundamentados en el “cuerpo de la logia” misma y que están dados por la madurez de crecimiento espiritual y de conformación de unidad representada por la logia en pleno, no son tangibles ni definibles fácilmente, están dados en la capacidad que desarrollamos como miembros de la logia, y que nos sirven de practica para aproximarnos a los demás como parte de nosotros mismos.

Es en el trabajo de taller donde la fraternidad se constituye en una herramienta invaluable para el conocimiento de si mismo. El trabajo de taller es aquella parte de los trabajos masónicos que le da contenido a la tenida, es decir, la lectura del trazado, el saco de proposiciones y los derechos de palabras. Se constituye esto en el taller, porque es así como podemos comenzar el labrado de nuestra piedra bruta, allí siempre se presentan las oportunidades de confrontar ideas y posiciones sobre diversos tópicos, mediando siempre el compromiso de ser auténticos y veraces en lo que decimos (al menos así debería ser), esta confrontación de ideas siempre genera diferencias y roces entre los hermanos, es aquí donde toma un gran significado el hecho de llamarnos “queridos hermanos”, esto implica que aunque sea de manera virtual, en ese ámbito que llamamos tenida, tenemos que amarnos y no encolerizarnos con los demás hermanos sea cual sea nuestra posición, recordemos algo que estoy seguro hemos escuchado muchas veces, “lo aquí dicho, no debe bajar de la tenida, se queda aquí”, esta es la clave, la cólera se queda en aquel ámbito, no nos podemos disgustar con los hermanos, por juramento lo tratado en la tenida se queda allí, esto nos conduce a no tomar partido en los asuntos tratados en la tenida, lo cual con la practica fraternal en el tiempo, nos lleva a reconocernos en los hermanos, nos lleva a darnos cuenta que al fin y al cabo compartimos la misma condición que nos hace humanos, que el asunto es solo una diferencia de frecuencia, pero no de fondo, el reconocimiento de esa verdad, nos lleva a reconocer que todos somos iguales y a desarrollar una verdadera compasión hacia nuestros hermanos de logia, esto va constituyendo una unidad entre los miembros de la Logia y de la masonería en general, que es la que llamo cuerpo de la logia o dicho con mayor exactitud constituye el egregor de la logia y de la institución, el desarrollo de esta visión, nos hace ser compasivos en cuanto que compartimos una misma condición de caída, de enrancia y de desolación, en ese reconocimiento es que se basa la verdadera tolerancia. La verdadera tolerancia es un nivel al cual se accede, no es ni una pose ni una imposición, porque entonces no es tolerancia. Accedemos a el porque con el reconocimiento de nuestra propia condición en los demás hermanos estamos quebrando barreras de la individualidad, o dicho de otra manera estamos superando nuestro ego, como lo diría un Jungniano, suprimiendo nuestro ego podemos reconocer y aceptar nuestra sombra. La sombra es aquella parte de nosotros mismos que no queremos ver y que nos negamos, pero que siempre esta allí y de vez en cuando es estimulada cuando hace eco de igualdad en otros, esto nos genera rechazo, pero por lo explicado anteriormente sobre el manejo de la fraternidad en la practica virtual masónica, donde ese rechazo es transformado, por la practica fraternal, nos conduce al reconocimiento y aceptación de dicha sombra, transformándonos en hombres sosegados y virtuosos.

Es la practica de la fraternidad la que entonces nos conduce a la simplicidad que genera que lo que estuvo disperso se concentrara en un centro, donde nos damos cuenta que somos iguales, por ende tolerantes de las fallas y errores de los demás, reconocidas como nuestras también, lo que necesariamente nos haría verdaderos hombres libres y de buenas costumbres. Quedando así contestada la pregunta que me hice anteriormente, ¿ soy un verdadero masón?

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Life goes on (La vida continúa)

Posted by cosmoxenus en 1 febrero 2007

Tijn Touber. Este artículo apareció en la revista ODE número: 29

El cardiólogo Pim van Lommel realizó un monumental estudio sobre las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) que levanta fascinantes preguntas acerca de la vida después de la muerte, del ADN, del inconsciente colectivo, y sobre el karma de todo el mundo.

Cuando The Lancet publicó su estudio sobre las Experiencias Cercanas a la Muerte, el cardiólogo holandés Pim van Lommel no podría haber sabido que eso lo convertiría en uno de los científicos de quien más se hablase en el mundo. Parece que todos quieren saber acerca del hombre que se las arregló para conseguir que su estudio sobre este polémico tema fuese publicado en una de las revistas líderes en la investigación médica. Sin embargo, no sorprende realmente que su publicación en 2001 crease una conmoción. Nunca anteriormente se había realizado un estudio tan sistemático sobre las experiencias de personas que fueron declaradas muertas y después volvieron a la vida. Y nunca anteriormente habíamos visto una ilustración tan clara de cómo estos relatos de personas podrían afectar nuestra manera de pensar acerca de la vida y de la muerte.

Van Lommel, de 63 años, no es alguien que busque nombre y fama. En este encantador día de verano en su jardín cerca de la ciudad holandesa de Arnhem, él demuestra más interés en lo que pasa en la revista Ode que en su propia historia. Esa misma profunda curiosidad estaba operando hace 35 años cuándo Van Lommel, trabajando como médico ayudante en un hospital, escuchó atentamente a un paciente contar su Experiencia Cercana a la Muerte. Él se quedó inmediatamente fascinado. Pero no fue hasta años más tarde, cuando leyó el libro “Regreso del Mañana” [Return from Tomorrow] en el que el doctor Americano George Ritchie describe su propia Experiencia Cercana a la Muerte con todo detalle, cuando Van Lommel se preguntó si habría muchas otras personas que habían atravesado por experiencias semejantes.

Van Lommel decidió desde entonces preguntarles a todos sus pacientes si ellos recordaban cualquier cosa que hubiera sucedido durante sus paros cardíacos. “La respuesta era generalmente ‘no’ pero algunas veces ‘¿por qué?’ Cuando yo escuchaba esto último, prolongaba la visita a la oficina.” Durante dos años él escuchó relatos de 12 pacientes y su curiosidad científica se despertó. Esos relatos fueron el principio de un estudio que duró años.

“Miraba hacia abajo a mi propio cuerpo desde allí arriba, y vi médicos y enfermeras luchando por mi vida. Podía oír lo que decían. Entonces tuve un sentimiento acogedor y yo estaba en un túnel. Al final de ese túnel había una luz brillante, acogedora, blanca y vibrante. Era maravilloso. Me dio un sentimiento de paz y confianza. Floté hacia ella. El sentimiento de acogida llegó a ser más y más fuerte. Me sentía en casa, amado, casi en estado de éxtasis. Vi mi vida destellar como un flash ante mí. De repente sentí una vez más el dolor del accidente y regresé disparado a mi cuerpo. Estaba furioso de que los médicos me hubieran traído de vuelta.

Casi todas las descripciones de las Experiencias Cercanas a la Muerte son así de hermosas. Las personas se sienten conectadas y apoyadas. Llegan a comprender cómo funciona el universo. Experimentan amor incondicional. Se sienten libres de las opresivas preocupaciones de la existencia terrenal. ¿Quién no querría una experiencia así? “Suena fantástico, ¿no es así?” Van Lommel se ríe. “Pero no siempre es fácil afrontarlas. Cuando las personas regresan, a menudo tienen el sentimiento de que están encarceladas. Y puede llevar años antes de que sean capaces o tengan el valor de integrar en la vida cotidiana ese nuevo entendimiento que han obtenido en su experiencia.”

Sin embargo, una mayoría de personas que han tenido una Experiencia Cercana a la Muerte la describen como algo magnífico y dicen que les enriqueció la vida. Van Lommel explica que “la cosa más importante que les dejan [estas experiencias] a estas personas es que ellas ya no tienen miedo a la muerte. Esto es porque ellas han experimentado que su consciencia sigue viva, que hay continuidad. Su vida y su identidad no terminan cuando el cuerpo muere. Ellas simplemente tienen la sensación de que se han quitado su abrigo.”

Eso puede sonar como si viniese de alguien que ha estado más tiempo de la cuenta frecuentando librerías de la New Age [La Nueva Era]. Pero por lo que Van Lommel ha visto, las Experiencias Cercanas a la Muerte no están en absoluto limitadas a miembros de esa comunidad “espiritual”. Estas experiencias son igual de frecuentes entre personas que eran muy escépticas de antemano en relación a este tema.

“Llegué a estar “separado” del cuerpo y floté sobre él y sobre sus alrededores. Era posible ver el dormitorio circundante y mi cuerpo, aunque mis ojos estaban cerrados. Yo era de repente capaz a “pensar” cientos o miles de veces más rápido—y con mayor claridad—de lo que es humanamente normal o posible. En este momento me di cuenta y acepté que había muerto. Era hora de continuar. Era un sentimiento de total paz—completamente sin temor o dolor, y no implicaba ninguna emoción en absoluto.

La cosa más notable, dice Van Lommel, es que sus pacientes tienen tales experiencias de expansión de la consciencia durante el tiempo en que sus cerebros no registran actividad. Pero eso es imposible de acuerdo con el nivel actual del conocimiento médico. Debido a que la mayoría de los científicos creen que la consciencia ocurre en el cerebro, esto crea un misterio: ¿Cómo pueden las personas experimentar la consciencia [o tener actividad cognoscitiva] durante el tiempo en el que están inconscientes mientras tienen un paro cardíaco (una muerte clínica)?

Después de todos esos años de intenso estudio, Van Lommel todavía habla con reverencia acerca del milagro de la Experiencia Cercana a la Muerte. “En ese momento estas personas no sólo están conscientes; su consciencia está incluso más expandida que nunca. Ellos pueden pensar con extrema claridad, tienen recuerdos que se remontan a su niñez más temprana y experimentan una conexión intensa con todo y con todos a su alrededor. ¡Y sin embargo el cerebro no muestra ninguna actividad en absoluto!”

Esto ha suscitado varias grandes preguntas para Van Lommel: “¿Qué es la consciencia y dónde está localizada? ¿Qué es mi identidad? ¿Quién está haciendo las observaciones cuando veo mi cuerpo allí abajo en la mesa de operaciones? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte?”

“El cuerpo que observé y que estaba tumbado en la cama era el mío, pero yo supe que no era tiempo de partir. Mi tiempo en la tierra no había terminado todavía; todavía había un propósito.”

Para convencer a sus colegas de la validez de estas nuevas percepciones [o conocimientos. Insights], Van Lommel primero tuvo que demostrar que esta expansión de la consciencia ocurría, de hecho, durante el período de muerte cerebral. Eso no fue difícil de demostrar. Los pacientes eran a menudo capaces de describir con precisión lo que había sucedido durante su paro cardíaco. Ellos sabían, por ejemplo, exactamente dónde la enfermera puso sus dentaduras postizas o lo que habían dicho los médicos y los miembros de la familia. ¿Cómo una persona cuyo cerebro no estaba activo podría saber estas cosas?

No obstante, algunos científicos continúan afirmando que estas experiencias deben suceder en el momento durante el cuál todavía se está produciendo alguna función cerebral. Van Lommel es claro como el cristal en su respuesta:

“Cuando el corazón deja de latir, el riego sanguíneo se detiene en el plazo de un segundo. Entonces, 6,5 segundos más tarde, la actividad del EEG [Electroencefalograma] comienza a cambiar debido a la escasez de oxígeno. Después de 15 segundos hay una línea recta y plana, y la actividad eléctrica en la corteza cerebral ha desaparecido completamente. Nosotros no podemos medir el tallo cerebral, pero experimentos en animales han demostrado que esa actividad también se ha detenido allí.”

“Más aún, se puede demostrar que el tallo cerebral ya no está funcionando porque regula nuestros reflejos básicos, tales como la respuesta de la pupila y el reflejo de tragar, que ya no responden. De ese modo puedes introducir fácilmente un tubo por la garganta de una persona. El centro respiratorio también se detiene. Si el individuo no es reanimado dentro de un plazo de 5 a 10 minutos, sus células del cerebro se dañan de forma irreversible.”

Él es consciente de que sus conclusiones sobre la consciencia se oponen abiertamente al pensamiento científico ortodoxo. Es extraordinario que una revista científica con autoridad como The Lancet estuviese dispuesta a publicar su artículo. Pero no fue sin una lucha. Van Lommel recuerda con una sonrisa, “llevó meses antes de que me diesen la luz verde. Y luego de repente querían concluirlo, en un día.”

El trabajo de Van Lommel suscita profundas preguntas acerca de lo que realmente significa “la muerte”: “hasta ahora, ‘la muerte’ simplemente significaba el fin de la consciencia, de la identidad, de la vida,” él indica. Pero su estudio derriba ese concepto, junto con los actuales mitos médicos acerca de quienes tienen Experiencias Cercanas a la Muerte.

“En el pasado, estas experiencias eran atribuidas a razones fisiológicas, psicológicas, farmacológicas o religiosas. Así como a una escasez de oxígeno, a la liberación de endorfinas, obstrucciones de receptores, al temor a la muerte, alucinaciones, expectativas religiosas o a una combinación de todos estos factores. Pero nuestra investigación indica que ninguno de estos factores determina si alguien tiene o no tiene una Experiencia Cercana a la Muerte.”

“Esta experiencia es una bendición para mí, pues ahora sé con seguridad que el cuerpo y el alma se separan, y que hay vida después de la muerte. Me ha convencido de que la consciencia vive más allá de la tumba. La muerte no es la muerte, sino otra forma de vida.

Van Lommel afirma que el cerebro no produce la consciencia ni almacena la memoria [o los recuerdos]. Él indica que el experto americano en informática [o ciencias de ordenadores. Computer Science] Simon Berkovich y el investigador holandés del cerebro Herms Romijn, trabajando independientemente el uno del otro, llegaron a la misma conclusión: que es imposible para el cerebro almacenar todo lo que usted piensa y experimenta en su vida. Esto requeriría una velocidad de procesamiento de 1024 bits por segundo. Simplemente viendo una hora de televisión ya sería demasiado para nuestros cerebros. “Si usted quisiera almacenar esa cantidad de información—junto con los pensamientos asociativos producidos—su cerebro se quedaría bastante lleno,” dice Van Lommel. “Anatómicamente y funcionalmente, es simplemente imposible para el cerebro tener este nivel de velocidad.”

De ese modo, esto significaría que el cerebro es realmente un receptor y transmisor de información. “Se Podría comparar el cerebro con un aparato de televisión que sintoniza con ondas electromagnéticas específicas y las convierte en imagen y sonido.”

“Nuestra consciencia en estado de vigilia, la consciencia que tenemos durante nuestras actividades diarias,” continúa Van Lommel, “reduce toda la información que hay a una única verdad que experimentamos como ‘la realidad.’ Durante las Experiencias Cercanas a la Muerte, sin embargo, las personas no están limitadas a sus cuerpos ni a su consciencia en estado de vigilia, lo que significa que experimentan muchas más realidades.”

Esto explica por qué las personas que tienen una Experiencia Cercana a la Muerte tienen a veces gran dificultad para funcionar en su vida diaria posteriormente. Ellas retienen la sensibilidad que les permite sintonizar con diferentes canales simultáneamente, lo que hace que una fiesta-cóctel o un viaje en autobús se conviertan en una experiencia agobiante, ya que toda la información de las personas a su alrededor les llega a través de todos los canales.

“Vi a un hombre que me miró de forma amorosa, pero al que yo no conocía. En el lecho de muerte de mi madre, ella me confesó que yo había nacido de una relación extramarital, mi padre era un hombre judío que había sido deportado y asesinado durante la Segunda Guerra mundial, y mi madre me mostró su retrato. El hombre desconocido que yo había visto hacía años durante mi Experiencia Cercana a la Muerte resultó ser mi padre biológico.

Según Van Lommel, las Experiencias Cercanas a la Muerte sólo pueden explicarse si asumes que la consciencia, junto con todas nuestras experiencias y memorias, se localizan fuera del cerebro. Cuando se le pregunta dónde se localiza la consciencia, Van Lommel sólo puede especular. “Sospecho que hay una dimensión en la que se almacena esta información—una clase de consciencia colectiva a la que sintonizamos para acceder a nuestra identidad y nuestras memorias.”

Por medio de este campo colectivo de información, nosotros no sólo estamos conectados a nuestra propia información, sino también a la de los demás, e incluso a la información del pasado y del futuro. “Hay personas que ven el futuro durante una Experiencia Cercana a la Muerte,” dice Van Lommel. “Por ejemplo, había un hombre que vio a su futura familia. Años más tarde, él se encontró en una situación que ya había visto durante su Experiencia Cercana a la Muerte. Sospecho que así es como también funciona el ‘déjà vu’.”

De acuerdo a la investigación de Van Lommel, durante una Experiencia Cercana a la Muerte las personas también pueden ponerse en contacto con los muertos, incluso si no los conocen.

¿Pero cómo hace el cerebro para “saber” con qué información sintonizar? ¿Cómo puede alguien sintonizar con sus propias memorias y no con las de otras personas? La respuesta de Van Lommel es sorprendentemente corta y sencilla: “ADN. Y principalmente el llamado ‘junk ADN,’ [o ‘ADN basura’] que supone alrededor del 95 % del total, cuya función no entendemos.” Él sospecha que el ADN, único para cada persona y cada organismo, funciona como un mecanismo de recepción, una especie de traductor simultáneo entre los campos de información y el organismo.

La idea de que el ADN funciona como un mecanismo receptor para sintonizar a las personas con sus campos específicos de consciencia arroja nueva luz en la discusión de los transplantes de órganos. Imagínese que usted obtiene un nuevo corazón. El ADN de ese corazón se conectará con el campo de consciencia del donante, no del receptor. ¿Significa eso que usted de repente obtiene información diferente? Sí, dice Van Lommel: “hay relatos de personas que desarrollaron deseos y estilos de vida radicalmente diferentes después de un trasplante de órgano. Por ejemplo, hay un relato de una bailarina de ballet que quiso de repente manejar una motocicleta y comer comidas basura” (Ver nota *1).

“Percibí no sólo lo que había hecho, sino incluso de qué manera eso había influido a los demás.

El cliché es verdad: Las personas ven su vida destellar [como un flash] ante ellas en el momento de la muerte. Y las personas adquieren percepciones [o conocimientos. En inglés: gain insight] sobre las consecuencias de sus actos. Ellas quizás se vean a sí mismas como si tuviesen 4 años de edad, quitándole los juguetes a su hermana, y sientan su dolor. Van Lommel comenta, “en esos momentos es como si tuvieses los pensamientos de otra persona dentro de ti mismo. Se te dan percepciones [o conocimientos. Insights] sobre el impacto de tus pensamientos, palabras y actos sobre ti mismo y sobre los demás. De ese modo, parece que cada pensamiento que tenemos es una forma de energía que continúa existiendo siempre.”

La gente que ha experimentado tal “revisión de la vida” dice que no es tanto acerca de lo que haces como de la intención que hay detrás de ello. “Es extremadamente intenso experimentar que todo lo que va, vuelve.” Van Lommel se inclina hacia adelante para asegurarse de que sus palabras se entienden bien. “Nadie evita las consecuencias de sus pensamientos. Eso es muy fuerte [o impactante. En inglés: confrontational]. Algunas personas descubren que hay algo que nunca pueden corregir. Otras regresan e inmediatamente comienzan a llamar a personas para disculparse por algo que hicieron hace 20 años.”

¿Así que hay un Juicio Final después de todo? Van Lommel es claro: “Absolutamente no. Nadie es juzgado. Es una experiencia de percepción propia [o de entendimiento propio, o de interiorización. En inglés: “It’s an insight experience”]. La mayoría de las personas atraviesan por esta escena retrospectiva [o revisión, destello. En inglés: flash back] en presencia de un ser hecho de luz. Ese ser es completamente amoroso, absolutamente acogedor [o que acepta. En inglés: absolutely accepting], que no juzga, pero que tiene una percepción completa [o entendimiento completo. En inglés: “complete insight”].

La escena retrospectiva [o revisión, destello. En inglés: flash back] cambia la comprensión que las personas tienen de la vida. Ellos adoptan otros valores. Ellos sienten que son uno con la naturaleza y con el planeta. Ya nunca más hay ninguna diferencia entre ellos mismos y los demás. No es acerca del poder, de las apariencias, de los coches agradables, de las ropas, de un cuerpo joven. Es acerca de cosas completamente diferentes: amor por ti mismo, por la naturaleza, por tus prójimos los seres humanos. El mensaje es tan viejo como el tiempo, pero ahora lo han experimentado por si mismos y tienen que vivir en consonancia con él.”

Entonces, después de un corto silencio, dice pensativo: “Hasta casi da miedo darse cuenta de que cada pensamiento tiene una consecuencia. Si reflexionas en profundidad sobre ello… cada pensamiento que tenemos, positivo o negativo, tiene un impacto en nosotros, en los demás y en la naturaleza.”

¿Tienes que estar cerca de la muerte para aprender estas lecciones sobre la vida? No, dice Van Lommel, que nunca ha tenido una Experiencia Cercana a la Muerte él mismo. Gracias a su investigación, él aprendió tantas lecciones valiosas que decidió abandonar su carrera de cardiología en 1992 y dedicarse a tiempo completo a profundizar en la investigación, publicando y dando conferencias sobre el tema de las Experiencias Cercanas a la Muerte. Fundó la Fundación Merkawah en la Haya, el departamento holandés de la “Asociación Internacional para Estudios Cercanos a la Muerte” (IANDS. International Association for Near-Death Studies), que ofrece información y guía a personas holandesas que han tenido Experiencias Cercanas a la Muerte.

“Trabajando en este tema y estando abierto a ello ha cambiado mi vida,” dice Van Lommel. “Yo ahora veo que todo proviene de la consciencia. Tengo un mejor entendimiento de que uno crea su propia realidad basada en la consciencia que tiene y la intención con la que vive. Entiendo que la consciencia es la base de la vida, y esa vida es principalmente sobre la compasión, la empatía y el amor.”

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