El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 3/07/06

El Universo sería una suma de historias posibles

Posted by cosmoxenus en 3 julio 2006

La teoría cuántica aplicada a la comprensión cosmológica cuestiona el modelo estándar
Hace 15.000 millones de años, el Universo se hallaba concentrado en una escala tan pequeña que los efectos cuánticos eran muy importantes. Este origen cuántico del Universo ha dado origen a una nueva teoría sobre su evolución, basada en una de las posibles formulaciones de la teoría cuántica conocida como la “suma de caminos”. Aplicada a la cosmología, esta formulación sugiere que el Universo no ha evolucionado siguiendo una sola, sino todas las historias posibles. En la cosmología de Hawking y Hertog, una observación de ese Universo “hoy” puede estar determinando incluso detalles de su historia en momentos “anteriores”, incluido su propio origen. Una variable temporal puede resolver la paradoja: el tiempo imaginario, según el cual el Universo podría ser infinito en su extensión y carecer de límites temporales. En este escenario cosmológico-cuántico, la historia del Universo nunca está determinada con precisión, sino afectada por otras historias posibles con características similares. Por Mario Toboso.
La cosmología es la rama de la Física que estudia el Universo en su conjunto (como un sistema único), atendiendo a su origen, su estado actual y su evolución. De las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza (gravedad, electromagnetismo e interacciones fuerte y débil), la gravedad es la que domina en la escala de los fenómenos cosmológicos. La teoría física que sirve de marco a la cosmología es la teoría de la relatividad general propuesta por Einstein en el año 1915.

La teoría general de la relatividad explica la fuerza de la gravedad en términos de la curvatura de un espacio-tiempo de cuatro dimensiones, que combina las tres dimensiones espaciales y el tiempo. Además de esta base teórica, la cosmología se edifica a la vez sobre una base observacional, que recoge información acerca de la distribución de la materia en el Universo, así como de su movimiento en forma de objetos celestes masivos, fundamentalmente galaxias y productos de su evolución.

Un origen “singular”

A lo largo de la década de 1970 los cosmólogos Stephen Hawking y Roger Penrose mostraron que el Universo, actualmente en expansión tuvo su origen en una singularidad, es decir, en un centro de gravedad tan intensa que en torno al mismo la curvatura del espacio-tiempo sería infinita. En esa situación extrema la teoría general de la relatividad ya no puede aplicarse.

Más actualmente, Hawking y Thomas Hertog, del CERN , han sugerido que en tales condiciones críticas el Universo se hallaría concentrado en una escala tan pequeña que los efectos cuánticos serían muy importantes. A pesar de que los físicos no disponen todavía de una teoría satisfactoria que combine la teoría cuántica y la teoría general de la relatividad, parece haber pocas dudas acerca de que el origen del Universo, hace unos 15000 millones de años, implicó fenómenos de naturaleza cuántica.

Teoría cuántica

En una serie de dos artículos anteriores hemos tratado sobre aspectos básicos de la teoría cuántica. Uno de sus experimentos más representativos es el denominado experimento de la doble rendija o experimento de Young, en el que se ponen de manifiesto la dualidad onda-partícula, característica de la teoría, y los comportamientos de superposición e interferencia cuántica.

Los resultados de este experimento sugieren que en su recorrido desde una fuente emisora hasta una pantalla de registro, cada partícula enviada a través de una plancha con dos orificios pasa simultáneamente por ambos, lo mismo que lo haría una onda. Sólo esta interpretación permite explicar el patrón de interferencia característico que se registra en la pantalla.

La formulación cuántica de Feynman de la “suma de caminos”

La teoría cuántica puede formularse de maneras diversas, todas ellas equivalentes a nivel experimental. Una de ellas, especialmente valiosa, es la denominada formulación de Richard Feynman de la “suma de caminos”. De acuerdo con ella, el experimento de la doble rendija se explicaría así: en su viaje desde la fuente emisora hasta la pantalla de registro, la partícula toma simultáneamente todos los caminos posibles que llevan del punto inicial al punto final. En este caso concreto, tales caminos posibles son los dos que atraviesan ambas rendijas.

En un caso más general, si una partícula viaja entre dos puntos espaciales, uno inicial y otro final, la formulación de Feynman sugiere considerar la suma de todos los caminos posibles que conecten ambos puntos. El camino “real” que siga la partícula se obtendrá como resultado de esa suma. Para ello imaginemos tales caminos como si fuesen ondas que se sumasen dando lugar a un patrón de interferencia, en el que muchas de ellas se cancelarán mutuamente y se obtendrá como resultado una única posibilidad, correspondiente al camino efectivo de la partícula entre el punto inicial y el punto final.

De la suma de caminos a la “suma de historias”

Si consideramos cada punto del espacio junto con su coordenada de tiempo tendremos un punto del espacio-tiempo, denominado genéricamente “suceso”. Si consideramos la forma en que estos sucesos se siguen temporalmente unos a otros tendremos una línea del espacio-tiempo, denominada “historia”. De modo que cada historia recoge una serie de sucesos contenidos entre un suceso inicial y un suceso final. La formulación de Feynman de la suma de “caminos” se extiende de un modo natural al caso de la suma de “historias”.

En 1983 Hawking y James Hartle, de la Universidad de California en Santa Bárbara, hicieron uso de la suma de historias para estudiar la evolución global del Universo. Aplicada al Universo como un único sistema, esta formulación implica que también en este caso, evolucionando el Universo desde un suceso inicial en su “origen” hacia un suceso final en el momento actual, se deben tener en cuenta todas las historias posibles entre tales sucesos.

Cada una de las historias diferentes que intervienen en la suma de historias describe, no sólo el espacio-tiempo, sino todo lo que hay en él, incluido cualquier organismo complicado, como seres humanos que puedan preguntarse sobre la historia del Universo. Tal vez en una de esas historias posibles la Tierra jamás llegó a formarse; quizá en otra no se desató nunca la primera guerra mundial; una tercera albergaría, tal vez, viajes a la Luna en pleno siglo XV, etc.

De acuerdo con la cosmología basada en la suma de historias, el Universo no evoluciona siguiendo una sola, sino todas las historias posibles, cada una de ellas con una probabilidad particular. Esta idea presenta, no obstante, algunas dificultades, que veremos a continuación.

Elección retardada

Existe una variación del experimento de Young, denominada experimento de la doble rendija con elección retardada, en la que el experimentador puede elegir voluntariamente si estudiar el aspecto corpuscular o el aspecto ondulatorio de las partículas cuánticas implicadas en el mismo, ya sea utilizando dos contadores de partículas como instrumentos de registro (en el primer caso) o anteponiendo (en el segundo) una placa fotográfica que registre el patrón ondulatorio de interferencia.

Si se antepone la placa, se obtiene sobre ella el patrón de interferencia característico del aspecto ondulatorio, de algo que, como una onda, viaja simultáneamente a través de “una y otra” rendija. Si no se antepone la placa, las partículas se distribuyen estadísticamente en ambos contadores debido a su naturaleza corpuscular, como si hubiesen viajado a través de “una u otra” rendija.

Lo notable es que la elección de anteponer, o no, la placa fotográfica puede tomarse después de que las partículas cuánticas emitidas por la fuente hayan rebasado las dos rendijas. De manera que, en cierto sentido, parece como si esa elección, tomada “después”, influyese en que una partícula haya pasado “antes” a través de las dos rendijas (si se antepone la placa) o de una sola (no se antepone).

En otras palabras, la decisión, tomada por el experimentador en un momento dado, de observar uno u otro de los aspectos de la dualidad cuántica onda-partícula, afectaría al comportamiento de tales aspectos en un momento anterior.

El frágil estatus del pasado

La misma característica se presenta en la cosmología de Hawking y Hertog, recientemente abordada por Newscientist, y en su Universo basado en la suma de historias posibles: una observación de ese Universo “hoy” puede estar determinando detalles de su historia en momentos “anteriores”, incluido quizá lo que aconteció en su propio origen, hace 15000 millones de años. Esta conclusión se apoya en el hecho de que en la formulación de la suma de historias no se asocia unívocamente un suceso presente con ningún suceso pasado concreto, sino con toda una colección de posibilidades.

Hawking considera que la extrañeza que provocan estas ideas tiene mucho que ver con la perspectiva particular que adoptemos al considerarlas. Si pudiésemos situarnos fuera del Universo veríamos el presente influyendo sobre el pasado, como ocurre en el experimento de la doble rendija con elección retardada. Al contrario, desde un punto de vista interior (el único que nos es accesible), no vemos tal influencia ni ninguna violación de la ley de causalidad, que dicta que las causas preceden siempre a sus efectos, y nunca al revés.

A falta de un pasado sólido definido que nos informe inequívocamente sobre los estados anteriores del Universo, para estudiar su evolución debemos recurrir a la suma de historias posibles. Sabemos que el estado actual del Universo se puede analizar mediante observaciones cosmológicas. Sin embargo, desconocemos prácticamente todo lo que se refiere a su estado inicial, a su origen, y esta falta de definición del suceso inicial echa por tierra la elaboración de la suma de historias entre ambos estados.

No obstante, ante este envite, la formulación de la suma de historias guarda un as en la manga.

Tiempo imaginario

La fórmula “mágica” que deshace el entuerto dice así: para obtener los resultados correctos en la suma de historias, la variable temporal que interviene en la misma debe considerarse como un “tiempo imaginario”. Esto no quiere decir que el tiempo se entienda como un mero objeto sacado de la imaginación de los cosmólogos, sino como una magnitud física medida, no en función de los números reales (como es habitual), sino en función de los denominados números complejos o “imaginarios”.

Señalemos que el uso de magnitudes “imaginarias” no es ajeno a la Física. De hecho, los ingenieros eléctricos utilizan frecuentemente números complejos para expresar ciertas magnitudes en el diseño de circuitos eléctricos. En el terreno de la cosmología, la utilización de números imaginarios trae consigo, sin embargo, consecuencias mucho más profundas.

En su trabajo sobre las propiedades cuánticas del Universo, Hawking y Hartle sugirieron que la introducción del tiempo imaginario en la suma de historias aportaba un elemento importante para llegar a comprender el origen del Universo. Expresado por medio de números imaginarios, el tiempo se asemeja al espacio, y de su combinación resulta algo parecido a un “espacio-tiempo” de cuatro dimensiones “espaciales”, en lugar del habitual de tres dimensiones espaciales y una temporal.

En ese “espacio-espacio”, llamémoslo así, de cuatro dimensiones “espaciales”, la dimensión temporal ya no se muestra como normalmente la conocemos, y como consecuencia el Universo que en él se expresa carece del “origen” que tenía en esa dimensión temporal ahora ausente. Resultado: la “singularidad” problemática que se localizaba en el origen del tiempo “normal” desaparece del modelo explicativo cuando damos entrada al tiempo “imaginario”.

Una nueva clase de cosmología

En términos de la historia del Universo esto significa que en el tiempo “imaginario” no hay un suceso “origen” del mismo. El Universo podría ser así finito en su extensión y carecer, a la vez, de límites temporales, igual que la superficie de una esfera posee una superficie finita, sin que ninguno de sus puntos señale un origen o un final en la misma.

Esto ha llevado a Hawking a definir una nueva clase de cosmología. El planteamiento tradicional, que Hawking denomina “de abajo arriba”, intenta definir el estado inicial del Universo y analizar a partir de él su evolución. Este planteamiento, obviamente, falla porque desconocemos las características de aquél estado inicial.

Como alternativa Hawking sugiere un planteamiento “de arriba abajo” en el que toda la información necesaria proviene de las observaciones cosmológicas actuales y de la idea de que el Universo carece de límite u origen en el pasado del tiempo imaginario.

A la espera de confirmación

La validez del planteamiento de Hawking y Hertog podría ser decidida por los experimentos. Su teoría predice fluctuaciones en dos fenómenos cosmológicos: el fondo cósmico de radiación de microondas y el espectro de las ondas gravitatorias.

Tales fluctuaciones surgen al aplicar al esquema de Hawking y Hertog el principio de indeterminación de la teoría cuántica: en este escenario cosmológico-cuántico la historia del Universo nunca está determinada con precisión, sino afectada por otras historias posibles con características similares.

Las predicciones del planteamiento de Hawking y Hertog difieren de las del modelo cosmológico estándar a un nivel de precisión que todavía no se ha alcanzado en las observaciones experimentales. Estos autores no albergan dudas de que su cosmología es la única explicación posible: si no podemos conocer el estado inicial del Universo, es evidente que no podemos calcular ninguna evolución a partir de él.

La “singularidad” en el origen del Universo de la cosmología estándar aparece como una puerta sellada que detiene todos los planteamientos que llegan hasta ella. Posiblemente la solución no pase por tratar de franquear el obstáculo de esa puerta “dudosa”, sino por encontrar la manera más fructífera de evitarla.

Mario Toboso es Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Salamanca, Editor del Blog Tempus de Tendencias21 y miembro del Consejo Editorial de nuestra revista.

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Evolución del Cerebro

Posted by cosmoxenus en 3 julio 2006

El cerebro Humano todavía está evolucionando

Una investigación revela que la evolución humana todavía está en curso en nuestro órgano más importante: el cerebro. La prueba es que dos genes vinculados al tamaño cerebral evolucionan con notable rapidez.

“Nuestros estudios señalan que el crecimiento del cerebro y su complejidad, tendencia decisiva de la evolución humana, sigue probablemente desarrollándose”, resume Bruce Lahn, profesor de genética humana en la Universidad de Chicago e investigador en el Instituto Médico Howard Hughes. “Entretanto, nuestro entorno y las habilidades que necesitamos para sobrevivir en él, cambian más deprisa de lo que imaginamos. Confiemos en que el cerebro humano continúe siendo capaz de adaptarse a tales cambios, como lo ha hecho hasta ahora”.

La evolución no ocurre a nivel de especies. Más bien, algunos individuos primero adquieren una mutación genética específica; y si esa variante permite incrementar la probabilidad de supervivencia, entonces se difunde en la población.

Lahn previamente demostró que hay evolución acelerada en numerosos genes humanos, como la microcefalina y el ASPM, que regulan el tamaño cerebral, y por consiguiente, son buenos candidatos para encontrar señales de Selección. Los investigadores ciertamente encontraron tales señales cuando compararon a los humanos con otras especies, lo que condujo a la pregunta: ¿Continúa para nosotros la Selección en estos genes?

En el nuevo estudio, los investigadores examinaron las variaciones de microcefalina y ASPM en los humanos modernos, y encontraron pruebas de que ambos genes continúan evolucionando. Para cada gen, se ha originado recientemente una clase de variante, propagándose deprisa porque es favorecida por la Selección Natural.

Para la microcefalina, la nueva variante surgió hace unos 37.000 años, y ahora opera en un 70 por ciento de los humanos aproximadamente. Para el ASPM, la nueva variante se originó en época mucho más reciente, alrededor del año 3800 a. de C., y ahora funciona en un 30 por ciento de los humanos. Estos períodos de tiempo son extraordinariamente cortos en términos evolutivos, lo que indica que esas variantes estuvieron sujetas a una presión de selección muy intensa, que incrementó sus frecuencias en un lapso muy corto de tiempo; ambas aparecieron después del surgimiento de la humanidad moderna, hace unos 200.000 años.

Cada variante emergió más o menos al mismo tiempo que el advenimiento de comportamientos “culturales”. La variante de microcefalina aparece junto con el surgimiento de rasgos como el arte y la música, prácticas religiosas, y técnicas sofisticadas de fabricación de herramientas, hace unos 50.000 años. La variante ASPM coincide con la más antigua civilización conocida, Mesopotamia, fechada alrededor del año 7000 a. de C.

Información adicional en:
http://www.amazings.com/ciencia

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KRISHNAMURTI: La disolución de la Orden de la Estrella

Posted by cosmoxenus en 3 julio 2006

La Orden de la Estrella se fundó en 1911 para proclamar la venida del Maestro Krishnamurti. El 2 de agosto de 1929, el día de la apertura del Campamento anual de la Estrella en Ommen, Holanda, Krishnamurti disolvió la Orden ante 3000 miembros. Lo que él dijo entonces es igualmente válido hoy.

Vamos a discutir esta mañana la disolución de la Orden de la Estrella. Se alegrarán muchas personas, y otros estarán bastante tristes. No es una cuestión para regocijarse ni para entristecer, porque es inevitable, como voy a explicar.

Ustedes recordarán la historia de cómo el diablo y un amigo suyo estaban caminando calle abajo, cuando vieron delante de ellos un hombre inclinarse y recoger algo de la tierra, mirarlo, y guardarlo en su bolsillo. Dijo el amigo al diablo: “¿Qué recogió ese hombre?”. “Él recogió un pedazo de Verdad”, dijo el diablo. “Ése es un mal negocio para usted, entonces”, dijo su amigo. “Oh, para nada,” contestó el diablo, “yo voy a permitirle organizarlo.”

Yo mantengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y ustedes no pueden acercársele en absoluto por ningún camino, por ninguna religión, por ninguna secta. Ése es mi punto de vista, y adhiero a él absolutamente e incondicionalmente. La Verdad, siendo ilimitada, incondicionada, inaccesible por cualquier camino en absoluto, no puede organizarse; ni se debe formar una organización para conducir o para forzar a la gente a lo largo de cualquier camino determinado. Si ustedes entienden primero esto, entonces verán cómo es imposible ordenar una creencia. Una creencia es puramente una cuestión individual, y usted no puede y no debe organizarla. Si usted lo hace, se transforma en muerta, cristalizada; se convierte en un credo, una secta, una religión, para ser impuesta a otras. Esto es lo que todos a lo largo del mundo estamos intentando hacer. La verdad se limita y se hace un juguete para aquellos que son débiles, para aquellos que sólo están disgustados momentáneamente. La verdad no se puede limitar, más bien el individuo debe hacer el esfuerzo de ascender a ella. Usted no puede traer la cima de la montaña al valle. Si usted quiere alcanzar la cima de la montaña, debe pasar a través del valle, subir por sus laderas, sin miedo a los precipicios peligrosos. Usted debe subir hacia la verdad, no puede “ser traída abajo” o ser ordenada para usted. El interés en ideas es sostenido principalmente por organizaciones, pero las organizaciones despiertan solamente interés desde afuera. El interés, que no nació por amor a la Verdad en sí misma, sino que fue despertado por una organización, no tiene ningún valor. La organización se convierte en un armazón en el cual sus miembros pueden encajar convenientemente. Ellos ya no se esfuerzan por alcanzar la Verdad o la cima de la montaña, sino que tallan para ellos mismos un nicho conveniente donde guardarse, o permiten que la organización los guarde, y consideran que la organización los llevará por eso a la Verdad.

Esa es la primer razón, desde mi punto de vista, de por qué debe disolverse la Orden de la Estrella. A pesar de esto, ustedes formarán otras Órdenes probablemente, continuarán perteneciendo a otras organizaciones que buscan la Verdad. Yo no quiero pertenecer a ninguna organización de tipo espiritual, por favor entienda esto. Yo haría uso de una organización que me llevara a Londres, por ejemplo; éste es un tipo diferente de organización, meramente mecánico, como el poste o el telégrafo. Utilizaría un automóvil de motor o un buque de vapor para viajar, éstos son sólo mecanismos físicos que no tienen nada que ver con espiritualidad. De nuevo, yo mantengo que ninguna organización puede llevar al hombre a la espiritualidad.

Si una organización es creada para este propósito, se vuelve una muleta, una debilidad, una esclavitud, y deja inválido al individuo, y le impide crecer, establecer su singularidad, miente en el descubrimiento por sí mismo de lo absoluto, de la verdad incondicionada. Esta es otra razón por la que he decidido, siendo la cabeza de la Orden, disolverla. Nadie me ha persuadido a esta decisión.

Éste no es ningún hecho extraordinario, porque yo no quiero seguidores, y quiero explicar esto. En el momento en que usted sigue a alguien, usted deja de seguir a la Verdad. Yo no estoy interesado si usted presta atención a lo que digo o no. Quiero hacer algo en el mundo y voy a hacerlo con concentración firme. Me estoy refiriendo solamente a una cosa esencial: liberar al hombre. Yo deseo librarlo de todas las jaulas, de todos los miedos; y no fundar religiones, nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías ni nuevas filosofías. Entonces usted me preguntará naturalmente por qué viajo por el mundo y hablo continuamente. Le diré por qué razón hago esto: no porque desee a un partidario, no porque desee un grupo de discípulos especiales. (¡Cómo aman los hombres ser diferente de sus compañeros, sin embargo cuán ridículas, absurdas y triviales pueden ser sus distinciones! Yo no quiero animar esa absurdidad.) No tengo ningún discípulo, ningún apóstol, ni en la tierra ni en el reino de la espiritualidad.

Ni el señuelo de dinero, ni el deseo de vivir una vida cómoda me atrae. ¡Si yo quisiera llevar una vida cómoda no vendría a un Campamento o viviría en un país húmedo! Estoy hablando francamente porque quiero dejar esto claro de una vez por todas. No quiero discusiones infantiles año tras año.

Un reportero que me entrevistó consideró un acto magnífico disolver una organización en que había miles y miles de miembros. Para él era un gran acto porque, dijo: “¿Qué hará usted después, cómo vivirá usted? No tendrá ningún partidario, las personas ya no lo escucharán.” Si hay sólo cinco personas que escucharán, que vivirán, que vuelvan sus caras hacia la eternidad, será suficiente. ¿De qué sirve tener miles que no entienden, que estén totalmente llenos de prejuicios, que no quieren lo nuevo, pero traducirían más bien lo nuevo para satisfacer sus propios egos estériles, estancados? Si yo hablo fuertemente, por favor no me entiendan mal, no es por falta de compasión. ¿Si usted va a un cirujano por una operación, no es bondadoso de su parte operar aun cuando él le cause dolor? Así pues, de modo semejante, si hablo rectamente, no es por carecer de verdadero amor.

Como he dicho, tengo solamente un propósito: hacer al hombre libre, para impulsarlo hacia la libertad, ayudarle a romper todas las limitaciones, porque solo ello le dará felicidad eterna, lo dará la realización incondicional de sí mismo.

Porque soy libre, no condicionado, entero -no una parte, no relativo, sino la Verdad entera que es eterna- deseo a aquellos que buscan entenderme, para ser libres; no seguirme, no hacer de mí una jaula que se volverá una religión, una secta. Más bien deben ser libres de todo miedo, del miedo a la religión, del miedo a la salvación, del miedo a la espiritualidad, del miedo al amor, del miedo a la muerte, del miedo a la vida misma. Como un artista que pinta un cuadro porque siente deleite en esa pintura, porque es su auto expresión, su gloria, su bienestar, así es que yo hago esto y no porque deseo cualquier cosa de cualquier persona.

Ustedes están acostumbrados a la autoridad, o a la atmósfera de autoridad que piensan los llevará a la espiritualidad. Ustedes piensan y esperan que otro pueda, por su extraordinario poder -un milagro- transportarlos a este reino de libertad eterna que es la Felicidad. Su perspectiva entera de vida está basada en esa autoridad.

Ustedes me han escuchado durante tres años, sin ninguna transformación, excepto en unos pocos. Ahora analicen lo que estoy diciendo, sean críticos, para que puedan entender completamente, fundamentalmente. Cuando usted busca una autoridad para llevarlo a la espiritualidad, usted está automáticamente obligado a construir una organización alrededor de esa autoridad. Por la misma creación de esa organización que, usted piensa, ayudará a esta autoridad a llevarlo a la espiritualidad, usted se aprisiona en una jaula.

Si hablo francamente, por favor recuerden que lo hago no por aspereza, no por crueldad, ni por falta de entusiasmo en mi propósito, sino porque quiero que entiendan lo que estoy diciendo. Ésa es la razón de por que ustedes están aquí, y sería una pérdida de tiempo si yo no explicara claramente, decididamente, mi punto de vista.

Durante dieciocho años se han estado preparando para este evento, para la Venida del Maestro del mundo. ¡Durante dieciocho años ustedes han organizado, han buscado a alguien que les daría un nuevo deleite a sus corazones y mentes, que transformaría su vida entera, que les daría una nueva comprensión; a alguien que les educaría a un nuevo plano de la vida, que les daría un nuevo estímulo, que los haría libre; y ahora miren lo que está pasando! Consideren, razonen por ustedes mismo, y descubran de qué manera la creencia no los ha hecho diferentes, con la diferencia superficial de llevar una insignia que es trivial, absurda. ¿De qué manera ha barrido esta creencia todas las cosas no esenciales de la vida? Ésa es la única manera de juzgar: ¿de qué manera está usted más libre, más pleno, más peligroso para cada sociedad que esté basa da en lo falso y lo no esencial? ¿De qué manera los miembros de esta organización de la Estrella se vuelven diferentes?

Como he dicho, ustedes se ha estado preparando durante dieciocho años para mí. A mí no me interesa si creen que yo soy el maestro del mundo o no. Eso es de importancia muy pequeña. Puesto que ustedes pertenecen a la organización del Orden de la Estrella, ustedes han dado su simpatía, su energía, reconociendo que Krishnamurti es el maestro, parcialmente o totalmente: totalmente para aquellos que realmente están buscando, sólo parcialmente para aquellos que están satisfecho con sus propias medio-verdades.

Ustedes se han estado preparando durante dieciocho años, y miren cuántas dificultades hay en su manera de comprensión, cuántas complicaciones, cuántas cosas triviales. Sus prejuicios, sus miedos, sus autoridades, sus iglesias nuevas y viejas; todo esto, yo mantengo, es una barrera para entender. No puedo explicarme más claramente. Yo no quiero que usted esté de acuerdo conmigo, no quiero que me siga, yo quiero que usted entienda lo que estoy diciendo.

Esta comprensión es necesaria porque su creencia no lo ha transformado, sólo lo ha complicado, y porque usted no está dispuesto a hacer frente a las cosas tal cual son. Usted quiere tener su propio dios, nuevos dioses en lugar de las religiones viejas, nuevas formas en lugar de las viejas, nuevo en lugar de lo viejo, todo igualmente sin valor, todas las barreras, todas las limitaciones, todas las muletas. En lugar de las distinciones espirituales viejas usted tiene nuevas distinciones espirituales, en lugar de los cultos viejos usted tiene nuevos cultos. Ustedes están dependiendo para su espiritualidad de alguien más, para su felicidad de algún otro, para su esclarecimiento de algún otro; y aunque ustedes han estado preparándose para mí durante dieciocho años, cuando digo que todas estas cosas son innecesarias, cuando digo que deben poner todo lejos y mirar dentro de ustedes mismos para el esclarecimiento, para la gloria, para la purificación, y para la incorruptibilidad del uno mismo, ninguno de ustedes está deseoso de hacerlo. Puede haber unos, pero muy, muy pocos.

¿Entonces por qué tener una organización?

¿Por qué tener personas falsas, hipócritas, que me siguen como la encarnación de la Verdad? Por favor recuerden que no estoy diciendo algo áspero o duro, pero nosotros hemos alcanzado una situación cuando ustedes deben enfrentar las cosas tal cual son. Dije el año pasado que no me comprometería. Muy pocos me escucharon entonces. Este año la he hecho absolutamente claro. Yo no sé cuántos miles de miembros a lo largo del mundo se han estado preparando para mí durante dieciocho años, pero ellos no están dispuestos ahora a escuchar, incondicional, enteramente, a lo que digo.

¿Entonces por qué tener una organización?

Cuando dije antes, que mi propósito es hacer a los hombres incondicionalmente libres, porque mantengo que la única espiritualidad es la incorruptibilidad del sí mismo, que es eterno, que es la armonía entre la razón y amor. Esto es el absoluto, la Verdad no condicionada que es la Vida misma. Quiero por consiguiente hacer al hombre libre, dichoso como el pájaro en el cielo claro, aliviado, independiente, extasiado en esa libertad. Y yo, para quien usted se ha estado preparando durante dieciocho años, ahora digo que usted debe estar libre de todas estas cosas, libre de sus complicaciones, sus enredos. Para esto usted no necesita tener una organización basada en una creencia espiritual. ¿Por qué tener una organización para cinco o diez personas en el mundo que entienden, que están esforzándose, que han apartado todas las cosas triviales? Y para las personas débiles, no puede haber ninguna organización para ayudarlos a encontrar la Verdad, porque la Verdad está en todos; no está lejana, no está cercana; está eternamente allí.

Las organizaciones no pueden hacerlos libres. Ningún hombre puede hacerlos libres; ni lo puede la adoración ordenada, ni la inmolación de ustedes mismos para una causa; ni formándose una organización, ni lanzándose en trabajos, puede hacerlos libres. Usted usa una máquina de escribir para escribir cartas, pero usted no la pone en un altar y le rinde culto. Pero eso es lo que usted está haciendo cuando las organizaciones se convierten en su principal preocupación. “¿Cuántos miembros hay allí?” Ésa es la primer pregunta que me hacen todos los reporteros. “¿Cuántos seguidores tiene? Por su número nosotros juzgaremos si lo que usted dice es verdad o falso.” Yo no sé cuántos hay. No me preocupo por eso. Como he dicho, si hay un solo hombre que fue libre, incluso eso es bastante.

Una vez más, usted tiene la idea que solamente cierta gente tiene la llave del reino de la felicidad. Nadie la tiene. Nadie tiene la autoridad para tener esa llave. Esa llave es su propio Ser, y en el desarrollo y la purificación y en la incorruptibilidad de ese Ser solo está el Reino de la Eternidad.

Entonces ustedes verán cuan absurda es la estructura que han construido, buscando ayuda externa, dependiendo de otros para su consuelo, para su felicidad, para su fuerza. Éstos sólo pueden encontrarse dentro de ustedes mismos.

¿Entonces por qué tener una organización?

Usted está acostumbrado a escuchar cómo ha adelantado, cual es su estado espiritual. ¡Qué infantil! ¿Quién sino usted mismo puede decirle si usted es hermoso o feo por dentro? ¿Quién sino usted mismo puede decirle si usted es incorruptible? Usted no es serio en estas cosas.

¿Entonces por qué tener una organización?

Pero aquellos que realmente desean entender, que están buscando encontrar aquello que es eterno, sin comienzo y sin un final, caminarán con una intensidad mayor, serán un peligro para todo lo que es no esencial, para lo irreal, para las sombras. Y ellos se concentrarán, ellos se volverán la llama, porque ellos entienden. Tal es el cuerpo que debemos crear, y ése es mi propósito. Debido a esa comprensión real habrá verdadera amistad. Debido a esa verdadera amistad -que ustedes no parecen conocer- habrá allí cooperación real por parte de cada uno. Y esto no debido a la autoridad, no debido a la salvación, no debido a la inmolación para una causa, sino porque usted entiende, y por lo tanto es capaz de vivir en lo eterno. Ésta es una cosa mayor que todo el placer, que todo el sacrificio.

Éstas son tan algunas de las razones por las que, después de la consideración cuidadosa por dos años, he tomado esta decisión. No es un impulso momentáneo. Ninguna persona me ha persuadido a ella. Me no persuaden en tales cosas. Por dos años he estado pensando en esto, lentamente, cuidadosamente, pacientemente, y ahora he decidido disolver la orden. Ustedes pueden formar otras organizaciones y esperar a algún otro. Por eso yo no me preocupo, ni en crear nuevas jaulas, ni nuevas decoraciones para esas jaulas. Mi única preocupación es hacer a los hombres absolutamente, incondicionalmente libres.

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PREDESTINACION VS. LIBRE ALBEDRIO

Posted by cosmoxenus en 3 julio 2006

Hay quienes creen que aquellos que realmente pueden ver los signos de lo que está ocurriendo en el mundo, deberían juntarse y “arreglar” el mundo; que aquellos que tenemos conciencia del horror que nos rodea deberíamos juntarnos y hacer algo “útil” para “hacer algo” respecto de estos terribles hechos.

Creemos que el mundo es lo que ES por una razón. Los que oprimen, los que matan, los que corrompen han “elegido” ser lo que son y hacer lo que hacen. Algunos sugieren que “peleemos” para detener estas cosas. La idea de “pelear” y de “detener esta locura” implica actuar en contra de otro. Nosotros pensamos que, por el contrario, no debemos actuar en contra de otro sino que debemos actuar en favor de nuestro destino. Los agentes de la entropía mecánica que causan tanto caos en nuestra realidad, hacen que nos veamos forzados a enfrentar la naturaleza de nuestra realidad, sin importar cuánto nos hayamos resistido a verla.

Toda la responsabilidad descansa sobre el individuo. Los intentos de movilizar a las masas, unificándolas por una causa común, e incitándolas a la acción, frecuentemente terminan en histeria y violencia. Las personas deben tomar decisiones individualmente y no como seguidores. Los seguidores buscan algo que les dé seguridad. El deseo de seguir se basa en el miedo y nos vuelve irresponsables. El rol del seguidor es el rol de un niño. El adulto que ha decidido actuar como un individuo es el capitán de su propio barco, el director de su destino.

Cuando las personas asumen el rol de seguidores delegan su propio poder de decisión a un líder, se vuelven psicológicamente dependientes del líder como el niño que depende de sus padres. De esta forma, los individuos que actúan bajo la dirección de un “otro” se convierten en niños pequeños incapaces de tomar sus propias decisiones y asumir responsabilidades, se vuelven vulnerables a la manipulación y al control y, en muchos casos, son las herramientas de un sistema que sólo busca su propio beneficio, utilizando a los “grupos” como verdugos que aseguran que la voluntad de sus señores se cumpla.

En un grupo verdaderamente maduro, todos son líderes, no hay seguidores. Pero para poder lograr que exista tal grupo, todos sus miembros deben antes trabajar sobre sí mismos y conocerse a sí mismos.

¿Cuántos han caído bajo el hechizo de convertirse en “guerreros sagrados” blandiendo la espada sagrada a la vez que dictaban sentencia? Hacer esto es considerar que el mundo y sus habitantes son “malos” y que deben ser “corregidos,” cuando en verdad, el mundo es lo que debe ser. Si no debiera ser como es, sería de otra forma.

No hay forma de salvar a los demás. Sólo es posible la salvación de uno mismo, lo que implica que cada individuo debe encontrar en su momento y a su manera, cómo “salvarse” a sí mismo . Es un acto de increíble arrogancia y soberbia creer que si la gente pensara como lo hacemos nosotros, el mundo sería un lugar mejor.

Esto no significa que uno no deba ayudar u ofrecer algún tipo de ayuda a los demás. Hay ciertas formas de ofrecer ayuda de una manera creativa, como por ejemplo, proporcionar el conocimiento para que el otro pueda salvarse a sí mismo . Sin embargo, tratar de interferir con las lecciones de otro o tratar de imponer nuestras ideas sobre las lecciones de otro es pasar sentencia sobre qué es lo que ese individuo necesita. Esta actitud ha provocado la pérdida de millones de vidas en el mundo a lo largo de los siglos, especialmente a causa del dios todopoderoso, sin importar si hablamos del cristianismo, del judaísmo, del Islam o de cualquier otra religión.

Henry See, ha escrito en su columna, On Living on Truth (Sobre vivir con la verdad):

“Esta reflexión puede considerarse como un avance sobre el punto de vista dogmático de “Yo tengo razón,” especialmente cuando estudiamos la historia humana, en donde con mucha frecuencia, un grupo impuso por la fuerza a otro, su forma particular de ver el mundo. Esta imposición de puntos de vistas ocurría no porque uno fuera más “verdadero” que el otro, sino porque un grupo era más fuerte que el otro. La perspectiva científica de ver el mundo no superó a otros sistemas de pensamientos por medio del debate sino a través de las armas y la violencia, ya que los países Europeos, en donde el marco de pensamiento científico se desarrolló, impusieron sus voluntades unos sobre otros y sobre sus colonias.

La Fuerza y no la verdad fue el medio a través del cual se estableció el pensamiento mundial dominante. Esta “forma de ver,” convertida en ley, era luego transmitida como “natural” hasta que un nuevo grupo emergía como el poder dominante, trayendo con ellos una nueva interpretación del mundo justificada por una espada más poderosa.

Hemos visto ejemplos en nuestros días en donde el neo-liberalismo fue impuesto y legalizado como el único “verdadero” modelo económico, la democracia occidental como el único modelo político verdadero, el materialismo y el humanismo como los únicos modelos filosófico y científico, con las religiones monoteístas Cristiana y Judía como los modelos religiosos occidentales. Todas estas ideologías son o bien producto de los Estados Unidos o defendidas por los Estados Unidos. Y al menos que tu seas un residente de ese país, podrás ver con rapidez que esas ideas han sido impuestas a través del poder económico apoyado por el poder militar, haciendo caso omiso de cualquier clase de validez o de verdad.

La verdad no tiene nada que ver con esto.”

Se ha sugerido que si todos aquellos que podemos ver “el terror de la situación” nos uniéramos y usáramos una red de trabajo para parar esta locura, podríamos cambiar la horrible realidad del planeta. Esta idea tiene algún mérito pero no en el mundo en el cual vivimos hoy. Este mundo está claramente dominado por las fuerzas destructivas de la entropía que han colocado en su lugar controles que harían que cualquier “esfuerzo de grupo” por cambiar la realidad, fuera algo imposible de realizar. Cuando uno finalmente despierta a la realidad en lo que vivimos, se da cuenta de cuán terriblemente deprimente, enloquecedor, y triste es todo. La esperanza parece haberse perdido y, en cierta forma, se ha perdido. ¡NO PODEMOS CAMBIAR ESTE MUNDO!

Pero podemos cambiarnos a nosotros mismos y esto ya es una tarea difícil. Este poder nos ha sido otorgado para que lo utilicemos o no. Muchos deciden que es más fácil intentar manipular y ejercer el control sobre los demás. Tal vez, si hubiera una cantidad suficiente de individuos que hicieran el trabajo de cambiarse a sí mismos, una realidad diferente podría comenzar a germinar y con el tiempo, llegar a nacer. Cuando los individuos deciden que no desean realizar este trabajo sobre sí mismos, se crea un vacío en sus vidas, un vacío que ocuparán aquellos hambrientos de poder. Nuestro “poder” para elegir es entonces delegado a aquellos que dominarán. En nuestro mundo, es obvio que la gran mayoría de la gente no están haciendo el duro trabajo sobre uno mismo y por lo tanto aquellos que dominan tienen una gran fuente de donde extraer su poder. Es por esto por lo que no hay esperanza y el por qué la idea de cambiar uno mismo es la única esperanza que queda para el futuro, aunque sea apenas un destello.

Como individuos en nuestro actual estado, no podemos HACER, no podemos realmente cambiar nada exterior a nosotros mismos, incluyendo la realidad. Somos reactivos, y por lo tanto nuestras acciones serán entrópicas por naturaleza, pues el orden no se genera cuando reaccionamos al caos. El orden se genera iniciando una acción creativa, a pesar de la realidad caótica que nos rodea. Por lo tanto, la misma condición existe cuando intentamos juntarnos como grupo. Así como los individuos no pueden HACER, tampoco pueden los grupos cambiar realmente nada; sólo pueden reaccionar. La historia confirma esto cuando tomamos en cuenta que grupos de personas se han estado juntando por miles de años para intentar “mejorar la condición del hombre.” Aún así, podemos ver a nuestro alrededor la evidencia de que la condición del hombre NO ha mejorado sino que, en realidad, parece estar empeorando día a día.

¿Entonces cómo puede esta idea de cambiar uno mismo ayudar a la gente? ¿Cómo podemos “ayudar al mundo” cambiando nosotros mismos?

Laura Knight-Jadczyk escribe en su artículo Splitting Realitie:

“El objeto del guerrero es, por supuesto, utilizar todo lo que sea necesario para defenderse contra el Mezquino Tirano, demarcar los límites y mantenerlos y, si fuera necesario, hostigar estratégica y sistemáticamente al Mezquino Tirano hasta que ya no le quede más energía, y con su último y desesperado movimiento, haga algo tan estúpido, tan destructivo, que finalmente, debido a la paciencia del guerrero que conoce la naturaleza del depredador, el Mezquino Tirano recibe lo que se “merece” –generalmente por sus propias manos. Y así la dinámica se termina.

Ahora, noten muy cuidadosamente el siguiente comentario: las predicciones sobre el futuro tienen la siguiente forma: SI esto, ENTONCES lo otro; SI NO, entonces aquello. Si la situación, tal como es, no se conoce, nadie hará nada y las predicciones sobre el “futuro” se harán realidad. Sin embargo, si hay un cambio, aunque más no sea un cambio tan pequeño como el que estamos realizando aquí al compartir esta información, todo puede cambiar de una forma no lineal.”

Vivimos en una realidad no lineal, fluida. El futuro no está predeterminado y puede cambiar dramáticamente a causa de pequeños esfuerzos, el proverbial “movimiento de las alas de una mariposa.” Una vez que uno haya adquirido algo de conocimiento y aprendido algunas lecciones sobre uno mismo, aplicándolas a su propia vida, entonces, ese conocimiento puede ser compartido para que otros también puedan aplicarlo y expandirlo y compartirlo a su vez. El Conocimiento es Luz es Amor. Esta es la verdadera compasión.

¿Y cómo debería uno empezar a ayudar /servir a los demás?

Eso es algo que cada uno debe resolver individualmente.

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No sólo yo cuento

Posted by cosmoxenus en 3 julio 2006

Lo que hoy debiera inquietarnos de verdad es la propagación de una suerte de desesperado individualismo. En la desolación dejada por ‘la muerte’ de los grandes relatos pena un “sólo yo cuento”. ¿Cómo enfrentar esta especie de solipsismo práctico?

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Humberto Giannini

Los escaparates de las librerías lo documentan. En nuestro tiempo la ética ha llegado a ser la preocupación dominante. El vuelco filosófico desde la ontología a la cuestión de la eticidad de la vida no se explica hoy, y tal vez nunca se ha explicado, por simples razones teóricas sino por ‘razones’ éticas que claman desde una dimensión postergada del estar en el mundo del propio filósofo. De su mal-estar.

Es Heidegger quien venía considerando más profundamente esta dimensión: “el ser-en-el mundo” de la existencia humana es desde siempre ser con otros. Sin embrago, rápidamente encadenó esto a la cuestión ontológica: a la pregunta por el ser. Así, el tema de la comunidad fue dejándolo en el camino, hasta olvidarlo.

El ser con otro -conservemos por un momento la expresión heideggeriana-, después del vuelco, parece apuntar a una experiencia diversa (y tal vez, anterior) a cualquier experiencia del mundo y de cosas al interior del mundo. La hemos llamado “experiencia moral”.

¿Por qué, moral? Porque es experiencia del otro en su cualidad irreductible de sujeto. Y porque cualquier relación de un sujeto a otro, positiva o negativa, es una experiencia moral.

Cabría subrayar entonces que nuestro propósito no es propiciar formas privilegiadas de conductas, sino algo previo y más elemental: mostrar que toda preceptiva moral está fundada en un saber directo, vivencial respecto de una subjetividad que no es la mía.

Que haya un saber directo de la subjetividad ajena puede parecer un juicio contradictorio, paradójico, sobre todo si para su descripción pretendiéremos valernos del concepto de ‘fenómeno’ que abusivamente se viene aplicando a cuanto aparece a la conciencia del investigador.

De partida: la experiencia moral es irreductible a lo fenoménico. Si lo fuese, volveríamos a dar inocentemente al tenebroso castillo de la conciencia trascendental donde vagan -y tiene que ser así- los fantasmas del solipsismo teórico (“Sólo yo existo”) que tanto inquietaban al mismo Husserl.

Lo que hemos mencionado de paso como “experiencia del otro” -“el ser-con-otro” en el lenguaje de Heidegger- es, en el nuevo giro de la filosofía, propia y esencialmente experiencia ante el otro.

Ahora, al asumir tal experiencia en lo que tiene de original se conjuran ipso facto los fantasmas que rondan en torno al solipsismo teórico.

Pero lo que hoy debiera inquietarnos de verdad es la propagación de una suerte de desesperado individualismo. En la desolación dejada por ‘la muerte’ de los grandes relatos pena un “sólo yo cuento”.

¿Cómo enfrentar esta especie de solipsismo práctico fuertemente ligado a la instrumentalización de las cosas del entorno y a ‘la función’ en que habitualmente nos reconocemos unos a otros?

Acaso sea posible enfrentarlo mostrando que el ‘solo yo cuento’ es una convicción que contradice la experiencia más radical de la vida: la expe- riencia del otro. Que es lo que intentaremos mostrar.

Para la experiencia moral el otro es, como yo, fuente de una relación consigo mismo que le da el poder de ocultarme algo del mundo y de sí mismo, justamente a partir de lo que libremente me muestra. Ante el otro, y solo ante él, surge, entonces, la pregunta por la veracidad de sus actos, veracidad que a veces importa más que la verdad teórica de lo que me dice (que ‘hace frío’, que ‘el sol gira alrededor de la tierra’, etc.) La experiencia moral implica, entonces, quedar expuestos a un ente que nos trasciende en el acto mismo de presentarse.

Así, no solo es preciso rechazar por inaplicable la categoría de fenómeno, sino mirar con nuevos ojos la trascendencia que ella misma ha rechazado.

El pensamiento moderno ha querido mantenerse alejado de los presupuestos metafísicos de la tradición. La categoría de ‘fenómeno’ tiene la virtud -así se dice- de no presuponer nada que sea unitario, continuo e independiente en su ser; de permitir, entonces, al fenomenólogo mantenerse inmune a todo supuesto, limitarse a describir el aparecer de lo que aparece en el telón de su conciencia. Pero, esto, ¿será así?

No hay fenómeno

Cabe sospechar que tal descripción ‘desde el interior’ del fenómeno psíquico, peque por defecto; que diga menos de lo que la conciencia percibe en cada acto aprehensivo; esto es, que lo que aparece antecede y sucede al acto de enfocarlo (así como la realidad antecede al acto de despertar). En otras palabras: que tal aparición tiene un origen ‘fuera de la conciencia’. En caso contrario, se fundiría el acto contemplante con el fenómeno contemplado. Y sin posibilidad alguna de distinción.

Cabe sospechar, por otra parte, que con la idea de ‘fenómeno físico’ se está transportando ‘al mundo exterior’ una de las condiciones esenciales y privativas del ‘fenómeno psíquico’: la de aparecer sin permanecer; la de incidir en las cosas, tomando prestada la temporalidad de éstas, y así, enganchándose a la subsistencia de su ser.

La experiencia moral -aprehensión del otro en cuanto otro- no es vivencia de un fenómeno, por cuanto implica constitutivamente al otro como algo que trasciende su mismísima presencia. Se trata, entonces, de una experiencia que ‘tiene en cuenta’ el ser ahí del prójimo pero no como imperativo moral -como si dijera ‘preocúpate de tus semejantes’- sino en virtud de su misma estructura.

Ahora bien, la indocilidad de esta experiencia, su ser ‘inobjetable’, ha llevado a diversas corrientes filosóficas a buscar una vía de acceso que aferre su radicalidad sin subjetivizarla, esto es, sin devolverla al reducto de la conciencia trascendental y sus fantasmas; pero, a la vez, sin objetivarla, esto es, sin dejar que se evapore entre los fenómenos que aparecen y desaparecen junto a la conciencia de ellos.

¿Cuál será esta vía de acceso a algo que es ausencia en su misma presencia?

Pienso que el acto de inteligir (intus legere) -la experiencia de leer un significado a través de un significante- puede acercarnos a la experiencia del otro, como a una lectura original, sin aprendizaje previo, ante el ‘texto’ visual y fónico de un cuerpo significante de la cabeza a los pies; significante desde el grito a la voz articulada.

La diferencia radical con el acto asimétrico de la lectura consiste en que cualquier encuentro con otro ser humano ocurre en el modo exclusivo de la simetría y reciprocidad que conviene al ser ante-otro (El ‘cara a cara’ de Levinas). Esta suerte de lectura mutua es la comunicación, en el sentido más propio y esencial.

En definitiva, ‘el ser-ante-otro’, categoría de la absoluta reciprocidad, no puede calzar con la entidad fenoménica de lo que aparece y se agota en su aparecer. El gesto más simple de volverse hacia el otro desde el mundo, incluso en el silencio, incluso en el cruce de una mirada, inaugura un significado en medio del desierto del puro ser. Inaugura la realidad última y original de la comunicación.

Extendamos ahora hasta este punto la negación que hacíamos al comienzo: tampoco la comunicación es ‘un fenómeno’ lingüístico, o lo es sólo accidentalmente. Comunicar es una acción: justamente voluntad e intento concretos de traspasar ‘significados’ y hacer referencias a otros sujetos.

Aporte lingüístico

La ética de nuestro tiempo ha aprendido mucho de la pragmática lingüística. Ha aprendido algo que por su evidencia tendemos a olvidar fácilmente; algo tan básico como esto: que en cualquier acción comunicativa se intenta hacer dos tipos de transferencia, dos mensajes, por llamarlos así, en una misma unidad gramatical:

El contenido objetivo (objectum) que el sujeto motivador quiere ‘poner ante los ojos’ del sujeto receptor a través de signos o de señas: ‘Hace frío’ o ‘Pienso, luego existo’. En general, ‘S es P’

El modo de poner el referente ante los ojos del receptor. Lo llamaremos ‘significado de la acción’. Por ejemplo: ‘Te advierto que hace frío’o ‘Yo, Descartes, sostengo que si pienso es porque existo’, etc.

Que se trata de dos mensajes distintos (aunque puestos en línea por una única intención) lo muestra el hecho de que mientras uno de ellos es siempre verdadero pues expresa lo que explícitamente quiere hacer el que habla (al decir ‘te advierto’ en verdad te estoy advirtiendo algo); el otro, el contenido objetivo, puede ser una apreciación verdadera de lo que es, o puede ser falsa, falaz, inverificable o no pertinente (insensata).

Pues bien, es esta distinción entre significado y referencia el soberbio regalo teórico que la pragmática lingüística ha brindado a la investigación filosófica. En nuestro caso, nos ha ayudado a discernir, formalmente al menos, el ámbito propio de la ética, del ámbito de la ontología, de las ciencias y de mero acaecer mundano.

Sujetos fuera del mundo

El anonimato en el que el saber teórico ha mantenido a los sujetos reales de la acción comunicativa proviene del hecho que en la actitud teórica, propia de la investigación del ‘ser en cuanto ser’, el sujeto que expone no se expone, queda, por principio marginado del fenómeno a la vista, como si su exposición no fuera algo que ocurre en el mundo, ‘un recorte’ que esa misma exposición hace en la masa infinita de acontecimientos que en este momento ocurren en el Universo. Tal marginalidad es científicamente correcta para cierto tipo de saber en el que se exige objetividad: que hablen los hechos mismos. En este ámbito la acción de comunicar hace bien al olvidarse de sí, de los sujetos reales que, comunicándose, van renovando la comunidad del mundo. Dentro de estos límites de la objetividad no importa quién diga ‘S es P’ ni para quién lo diga, ni por qué. Aquí ‘el habla habla’

La dimensión ética de la vida, en cambio, tiene que ver directamente con sujetos que comparten ‘el mundo de la comunicación’, que se lo disputan y, esencialmente, que lo van modificando a través de los acuerdos, desajustes y conflictos propios al traspaso cotidiano de mundo.

El giro lingüístico de la reflexión ética ocurrido en los últimos tiempos nos permite, como decíamos, volver a marcar una gran línea divisoria entre saber objetivo y universal (S es P) y un saber de sabiduría (de lo particular). Entre episteme y frónesis.

En la inteligencia de la sabiduría lo primero no es el saber sobre objetos (obiecta), sino sobre significados -qué significa la acción de mostrar algo, de pedir, de ofrecer, de no entender, presentarse, mandar, prometer, declarar, jurar, enjuiciar, dar, perdonar, callar, etc.) Aquí el silencio no es mera privación de discurso sino silencio significativo, silencio que concede o que expresa un recelo, un temor, etc. En el saber de sabiduría los sujetos interactuantes son siempre sujetos, uno para el otro y cada uno para sí mismo.

Digámoslo de otra manera: como cuerpo significante estoy en la mira del otro, y viceversa. Pero, en revancha, al decir, por ejemplo, ‘te prometo solemnemente’, yo, que lo digo, sé y quiero lo que digo (prometer solemnemente) de un modo que al sujeto que me escucha no le cabe otra opción que sospechar de mis palabras o bien, creer en ellas. Para él soy irremediablemente un ser trascendente, un sujeto. Y viceversa.

Con todo, esta transparencia para sí del sujeto que habla es sólo parcial. Nadie puede mirar hasta el fondo de sí mismo; hacerse objeto directo de conocimiento. Ser consciente es volver a sí a través de algo que nos mantiene fuera de sí; seguir siendo en relación a otro.

En este sentido habría que subrayar el ‘siempre’ de la famosa afirmación de Heidegger [‘el ser humano va siempre delante de sí en vistas de sí mismo’] Somos pasión centrífuga; en este sentido somos pro-yecto.

Pero, si este pro-yecto se explicara sólo por el ‘en vistas de sí mismo’ cabría preguntarse qué sentido tiene aquella pasión irresistible por el mundo. Porque un proyecto, cualquier proyecto, no puede surgir sino en virtud de una revelación capaz de sacarnos del no sentido inercial de una identidad vacía; la identidad del yo-yo.

El yo no basta

Es cierto que soy ‘yo’ quien valoro. Y es cierto también que valoro las cosas y sus cualidades en función de la importancia que les atribuyo para mi vida.

Pero con esto no está dicho lo esencial. Pues ocurre que importa a mi vida -y muchísimo- que haya algún valor independiente, en sí, por el cual y justamente ‘en virtud’ del cual, mi vida gana en el mundo su propia virtud y dignidad.

En este sentido ‘el mundo’, detrás de su apariencia de mero correlato, parece ser el ámbito abierto de una promesa que sólo una vocación despierta nos enseñaría a escuchar.

Así, frecuentando el mundo, habitándolo, voy siendo ganado, cualificado, marcado, por lo que el mundo me va revelando. Y gozo, y sufro, amo y odio, y experimento la admiración y el éxtasis por su belleza así como experimento los horrores de sus abismos.

Tal vez la autenticidad que alguna vez añorara la filosofía de Heidegger no sea más que una suerte de fidelidad en la búsqueda; ‘vocación’ la habría llamado Ortega, en estado de vigilia. O expresado en los términos simples de la antigüedad: búsqueda de algo que no se busca por otra cosa como se buscan los bienes que se consuman, sino por sí. Un Bien que desde sí mismo puede cualificar nuestra existencia y comunicarle algún sentido.

Tal vez la eticidad de la vida, como sentimiento sigue apuntando a lo que va más allá, a lo que trasciende el mundo meramente instrumental y técnicamente previsible; tal vez en esta búsqueda apenas balbuceada resida lo más subjetivo de nuestra subjetividad. Y ‘el lugar’ donde ocurre el encuentro más profundo con el prójimo.

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