El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

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INTRODUCCION A LA SIMBOLICA

Posted by cosmoxenus en 13 mayo 2006

FERNANDO TREJOS

Los seres de la creación son la manifestación simbólica de una energía invisible que ellos mismos contienen en su interior.

Si observamos el mundo que nos rodea, veremos que la creación entera constituye un código simbólico y armónico, y que todas sus partes, en estrecha relación entre sí, nos muestran una realidad oculta y misteriosa, a la cual únicamente podemos llegar si traspasamos la apariencia formal y penetramos su profundo contenido.

Tanto el cielo con sus movimientos estelares y planetarios, como la tierra, sus estaciones, elementos y reinos, y los variados seres que la habitan, hablan al hombre en un lenguaje mágico y universal que la humanidad desde siempre conoció. A través de la contemplación de los símbolos de la naturaleza podemos conocer la realidad sensible; y es por medio de ellos que el ser humano llega a conocerse a sí mismo, en su interioridad, pues estos símbolos tienen la virtud de poder conducir al hombre a la región de lo sobrenatural y suprahumano.

Trataremos de estudiar el símbolo desde una perspectiva iniciática y tradicional, siguiendo los lineamientos que han marcado las culturas de la antigüedad, que son las que nos han heredado su profundo significado. Para ello es necesario advertir que no nos proponemos de ninguna manera innovar, ni exponer teorías de carácter personal, sino que por el contrario haremos lo posible por repetir ideas antiguas que ya han sido expresadas por sabios de todos los tiempos, las cuales el mundo moderno pareciera haber olvidado, y que es necesario recordar aquí para que los símbolos a que nos referimos recuperen su primitivo y verdadero sentido que se ha mantenido invariable a través de la historia.

Se dice que “el hombre es lo que conoce”, y que todo el conocimiento llega a él a través de símbolos. Las variadas formas de los minerales, las plantas y los animales; los colores, tamaños, sabores y sonidos de las cosas, así como el clima y las mareas, obedecen a leyes naturales dictadas por el Creador a la creación entera, a través de cuya armonía El mismo se expresa a sus criaturas.

Y si son simbólicas todas las manifestaciones de la naturaleza, y siendo a partir de ellas mismas que el hombre ha estructurado su existencia, también lo son todas sus creaciones culturales y todos los medios a través de los cuales nos comunicamos los humanos:

Las letras y las palabras son símbolos de ideas arquetípicas que en ellas están contenidas; también los números, que manifiestan admirablemente la armonía y la jerarquía del universo en todos sus niveles; la historia, que en forma precisa repite las leyes cíclicas de la naturaleza; y el arte, en todas sus formas, que es siempre expresión simbólica de ideas sutiles inspiradas por las musas al artista. La agricultura, el comercio, la construcción de ciudades, templos, habitaciones, carruajes y naves; la guerra, signo de la lucha entre los contrarios; así como los diversos oficios y cada uno de los utensilios que se usan en su realización, y también los juegos con que los pueblos han ocupado el ocio, fueron siempre considerados como símbolos de una realidad trascendente que el ser humano expresa en uno de los grados de la creación universal.

Para la Tradición, el mismo hombre, considerado como un microcosmos, creado “a imagen y semejanza”, es una expresión simbólica del universo macrocósmico; y este ser universal, a su vez, es la manifestación formal de su creador invisible y misterioso. Si podemos ver al hombre como un pequeño cosmos que contiene dentro de sí todas las posibilidades universales, también podremos ver al universo entero como a un hombre grande con el que, justamente a través de ciertos símbolos, podremos identificarnos en sus diversas dimensiones. La Simbólica es la ciencia que ensena al hombre a investigar en los misterios del cosmos y la naturaleza, expresados también en las creaciones unánimes de la cultura, empleando el símbolo como vehículo de autoconocimiento. Para nuestra ciencia por la via simbólica se practica el arte por excelencia: el arte de conocerse a sí mismo.

Las tradiciones antiguas, que aún permanecen vivas gracias a las escuelas de iniciación que han transmitido y preservado sus enseñanzas ininterrumpidamente, consideran al símbolo como el vehículo más adecuado de expresión de las verdades de orden metafísico, y la Simbólica es la ciencia sagrada que conserva el significado profundo e interno (esotérico) de esos signos misteriosos del universo, de la naturaleza y del ser humano y su cultura.

Es necesario sin embargo advertir que la Simbólica sólo podrá ser conocida en toda su profundidad, si estudiamos estos códigos sagrados, no con los métodos analíticos y discursivos de la razón, sino apelando a la intuición superior y al intelecto puro, que son los únicos capaces de producir un conocimiento directo y sintético de las ideas metafísicas que los símbolos contienen.

El Símbolo como vehículo de conocimiento y autorrealización
Queremos advertir que lo dicho anteriormente no significa en modo alguno que los símbolos constituyan una finalidad en ellos mismos. No. El símbolo es solo un vehículo de expresión y de conocimiento, y ver en él un fin sería caer en las tentaciones de la superstición y de la idolatría, que, no logrando traspasar las apariencias, se quedan apegadas a ellas confundiendo al símbolo con la energía en él simbolizada. Estrictamente hablando, el símbolo no sería necesario para el conocimiento, pues éste podría realizarse de modo directo, sin su intermediación. Pero la verdad es que el hombre tiene una base sensible que es la que se percibe de modo inmediato y a partir de la cual, generalmente, se eleva hacia otras posibilidades de sí mismo. El símbolo toca los sentidos, haciendo posible que lo abstracto, lo metafísico, se concrete de alguna forma; y al mismo tiempo posibilita que el ser humano, partiendo de esta base sensible, establezca una comunicación con otras esferas más sutiles, y con ideas y energías que si no fuera por su mediación muy difícilmente podría experimentar. El símbolo es un instrumento a través del cual las ideas más elevadas descienden al mundo concreto, y a la vez es un vehículo que conduce al hombre, desde su realidad material, hacia su ser verdadero y espiritual.

El símbolo sirve como soporte para la meditación y el pensamiento y por su mediación podemos abrir la conciencia y alcanzar ideas sutiles que él mismo expresa y sugiere a diversos niveles.

Lo Sagrado y lo Profano

Nos parece importante, antes de entrar en otros temas relacionados con los símbolos y la Simbólica, distinguir entre dos formas de ver la realidad, que definen dos maneras abismalmente diferentes en que el hombre se concibe a sí mismo y al universo, y que dan lugar por lo tanto a dos modos de expresión simbólica: nos referimos a lo sagrado y lo profano.

Sabemos que en la Antigüedad, tanto entre los llamados “primitivos” como en las altas civilizaciones tradicionales, se consideraba al tiempo, al espacio y a la naturaleza como un verdadero “sacramento”, como una realidad que manifestaba a los sentidos verdades de orden metafísico y espiritual, que permitían a los habitantes de la Tierra conocer dimensiones sutiles que coexisten con el mundo material. Con esta mentalidad mágica y sagrada encaraban la construcción de campamentos o ciudades, tiendas o casas; con esta visión realizaban sus funciones vitales de alimentación, sexualidad y trabajo, y se relacionaban los hombres entre sí, viendo en la vida y en los semejantes sus aspectos más internos, algo que va mucho más allá de la simple apariencia material. Bajo la influencia de esta visión, les fueron revelados a los sabios y artistas determinados ritos y símbolos que dieron lugar a la cultura, de los que participaba todo el pueblo a diversos niveles. Consideraban que estos símbolos les habían sido revelados por los dioses, ángeles o espíritus; a través de ellos establecían conexión con estos seres invisibles y con sus antepasados míticos; para preservar su pureza se los transmitían ritualmente “de boca a oído”, de generación en generación; y tanto los símbolos, como sus significados, eran el más preciado tesoro que les permitía recuperar su verdadero ser.

Sin embargo, inevitablemente, y en razón de las leyes cíclicas, se introdujo en el mundo la visión profana y paulatinamente se fue perdiendo esta dimensión sacra de la realidad. Al principio, esto ocurre como algo excepcional y extraordinario, pero posteriormente, poco a poco, lo profano va desplazando lo sagrado, el conocimiento se reserva a unos pocos “iniciados”, y viéndose atacado por un medio que se va tornando hostil, se ve obligado a ocultarse en el interior de ciertas cavernas, templos, monasterios o logias. Simultáneamente, lo profano va tomando terreno; el hombre común va adquiriendo una visión cada vez más material e insignificante de sí mismo y del mundo; las ciencias y las artes, que en sus orígenes son sagradas, se ven suplantadas por caricaturas profanas, y junto con la filosofía, otrora amiga de la sabiduría metafísica, van tomando rumbos cada día más materialistas y “positivistas”, expresando todas ellas, antes fuentes de luz, ideologías y teorías múltiples y personalizadas más y más alejadas de su propio origen y hoy abismalmente separadas de él.

Influenciados como estamos, querámoslo o no, por esas corrientes de la filosofía moderna, podríamos estar tentados a ver las cosas y la vida como algo insignificante y absurdo. La Simbólica promueve una reforma total de la mentalidad materialista y procura que todas las cosas y la vida recuperen su verdadera significación, para lo que será necesario un estricto rigor intelectual que nos permita discernir, eliminando la mentira, traspasando la ilusión y penetrando al mundo real en el que todo es aquí, ahora, presente y verdaderamente significativo.

Mientras los símbolos sagrados son exactos y su contenido se encuentra expresado de una manera precisa en las distintas formas que adquieren, los profanos, en cambio, son insignificantes y engañosos, inventados por los hombres para sus fines particulares y personales.

Algunos signos profanos –como los utilizados por las normas que regulan el tránsito de vehículos, por ejemplo–, indican meras convenciones más o menos arbitrarias. Los sagrados existen en la propia naturaleza del hombre y del universo, y son incluso anteriores a ellos.

Los símbolos profanos en general actúan en el psiquismo inferior, y muchas veces pretenden expresar ideas que verdaderamente no contienen. Los sagrados más bien son promotores de la conciencia y tocan los aspectos más profundos y sutiles del ser.

Para comprender la Simbólica en sus más amplias posibilidades, será necesario atravesar el umbral que separa el mundo ordinario de aquel sagrado y verdadero en el que se respira otro tiempo y se experimenta la existencia de un espacio diferente, donde reinan el orden, la unidad y el amor en contraposición al caos y la multiplicidad de la vida profana.

Por razones de las mismas leyes cíclicas, a las que nos referiremos posteriormente, lo sagrado, que aunque oculto se ha mantenido intacto, debe ahora retornar nuevamente a la luz, para ofrecer al hombre una salida del laberinto existencial a que le ha sometido el mundo moderno.

Lo Esotérico y lo Exotérico

Hay en todo símbolo dos aspectos opuestos y complementarios que también corresponden a dos enfoques de la realidad: lo esotérico y lo exotérico.

Lo esotérico es lo interno e invisible; la energía que se oculta en su interior; la idea abstracta que el propio símbolo sintetiza y concreta. Se lo ha relacionado también con las fuerzas secretas, misteriosas y milagrosas que los símbolos sagrados contienen, y para poder percibirlo es necesario penetrar y traspasar su apariencia imaginaria y conectar con su esencia invisible. Lo exotérico, en cambio es su parte exterior, el ropaje formal que toma para manifestarse sensiblemente, su cara brillante y luminosa, variable y notoria. Lo primero es cualitativo y sintético; lo segundo cuantitativo y múltiple. Pero ambos aspecto son como las dos caras, oscura y luminosa, de una misma moneda, y, como ocurre con cualquier par de opuestos, es preciso unirlos para que alcancemos su real comprensión.

En el símbolo sagrado el aspecto exotérico no es arbitrario ni casual, sino que por el contrario se dice que tiene que haber una correspondencia entre el símbolo formal y la energía por él simbolizada; pero es importante hace notar que lo esotérico es anterior y jerárquicamente superior, pues es lo que da sentido a lo externo y visible, y lo exotérico siempre le está subordinado.

Un buen ejemplo de la distinción entre lo esotérico y lo exotérico es la relación existente entre el pensamiento y la palabra. Un solo concepto puede expresarse de mucha maneras y en cualquier idioma, sin que por ello varíe esencialmente su contenido. El pensamiento es pues anterior e invisible, y la palabra su expresión formal, múltiple y sensible.

Lo exotérico varía en el tiempo y en el espacio, y de ahí las diferencias formales que observamos entre las distintas civilizaciones y en las diversas épocas en que éstas se manifiestan. Una misma energía puede tomar muchísimos ropajes en los variados órdenes de la existencia, sin que su contenido se altere en modo alguno, pues lo esotérico permanece invariable, en una región más profunda que se halla más allá de los sentidos.

Si observamos los símbolos exclusivamente desde el punto de vista exotérico, encontraremos variadísimas formas de expresión, podremos ver su multiplicidad, pues un mismo arquetipo puede expresarse de innumerables maneras y a muy diversos grados. Si los estudiáramos desde una perspectiva materialista, positivista y profana, negando su aspecto espiritual y sagrado, que es lo que hace, en general, el pensamiento moderno, podríamos clasificarlos en enciclopedias o exponerlos en museos, pero nunca alcanzaríamos su real conocimiento y comprensión. Pero, si los abordamos desde el punto de vista esotérico, más bien podremos darnos cuenta de la identidad de todas las verdaderas culturas y observar como símbolos y estructuras simbólicas en apariencia diferentes, pueden ser idénticos en su contenido. Lo esotérico nos permite realizar una síntesis que podremos alcanzar mediante las adecuadas relaciones que establezcamos entre los distintos órdenes de la existencia y entre los variados sistemas simbólicos. Esta síntesis nos permitirá una verdadera comprensión y conocimiento de las energías inmanifestadas que detrás de los símbolos se ocultan.

El Símbolo y la Tradición Unánime

Hemos dicho que desde la más remota antigüedad el hombre ha utilizado un lenguaje sagrado y simbólico para expresar las verdades más elevadas. Los libros sagrados utilizan parábolas y metáforas, poesías y mitologías, que transmiten una concepción del mundo y del universo, que en sus aspectos esenciales es idéntica en todos los pueblos. Es asombrosa la coincidencia que se puede encontrar entre los símbolos de las distintas culturas que, variando en sus formas son idénticos en esencia, pues todos, de una u otra manera, se refieren a una única y misma verdad; y todos, también, expresan principios inmutables y eternos de los que proceden esencialmente las tradiciones y ciencias y sus representaciones simbólicas.

Veamos por ejemplo, citando los libros sagrados más conocidos, como las escrituras de los Vedas, El I Ching del extremo oriente, la Biblia, los Evangelios y el Corán en las tradiciones judía, cristiana y árabe, así como las mitologías egipcia, griega y romana, y también los códices de los indios americanos, etc., se expresan en un lenguaje simbólico, sagrado y ritual, que tiende a mantener un contacto siempre vivo con dimensiones superiores del ser donde residen los arcángeles o arquetipos divinos, que algunos pueblos llaman devas, dioses o espíritus. Las profundas identidades entre las variadas culturas, que se demuestran internamente cuando se logran trascender las diferencias superficiales, han llevado a los más elevados pensadores a plantear la idea de la presencia perenne de una Tradición Primordial y Unánime. A través de una determinada tradición es posible que se logre la conexión con ese Centro original e inmutable del que todas emanan. Pero para que esto pueda ser experimentado, es necesario que la via simbólica nos conduzca a las regiones más interiores, ocultas y secretas del ser; a la realidad metafísica donde se encuentra la suprema identidad de todas esas tradiciones y de nosotros mismos.

La comprensión de un símbolo particular será mucho mayor, cuando lo podamos apreciar en comparación con otro de diferente forma e idéntico contenido. Esto nos hará ir más allá de la apariencia y entrar en contacto con la idea arquetípica o energía divina que él representa.

A través de la Simbólica, tomada como ciencia sagrada, podemos demostrarnos la presencia de esa Gran Tradición Primordial de la que emanan las ideas metafísicas que han iluminado las distintas tradiciones particulares.

El Símbolo Actúa en el Interior de la Conciencia

Los símbolos, además, tienen un poder oculto capaz de actuar en el interior del hombre de diferentes maneras y a diversos grados.
Todos hemos experimentado, en uno u otro nivel, cómo la contemplación de la naturaleza es capaz de producir cambios en los estados psicológicos.

Aun los símbolos profanos, como los utilizados en general por la propaganda, ejercen una acción y son capaces de afectar la conducta humana. Un logotipo comercial, por ejemplo, o una frase publicitaria, que sean recibidos en forma reiterada, pueden generar la necesidad subconsciente de consumir un determinado artículo. Esto es sabido por productores y comerciantes, que acuden a las agencias de publicidad para que diseñen los símbolos adecuados que sean capaces de producir estos efectos.

Y si así ocurre con esas expresiones profanas, que por su propia naturaleza carecen de energías sutiles, imaginemos la acción que podrá ejercer en nuestra interioridad un símbolo sagrado, del que emanan energías espirituales. Él es portador de fuerzas sobrenaturales capaces de transformar el pensamiento, y su acción es perceptible en las esferas más elevadas de nuestro ser.

Pero, para experimentar la acción de ese símbolo sagrado, en toda su fuerza, es preciso asumir una adecuada actitud receptiva que nos permita abrir la mente a su influjo; es primero imprescindible despojarse de los prejuicios y preconceptos que se interponen como un muro entre la energía simbolizada y nuestra conciencia; es necesario también destruir los viejos esquemas aprendidos del mundo profano que impiden el conocimiento directo. Una vez que se haya producido una verdadera vacuidad de la mente, un espacio vacío que permita que las energías sutiles penetren en nuestro interior, será posible que experimentemos la acción despertadora del símbolo y que construyamos nuevos esquemas mentales capaces de conocer lo arquetípico, con lo que finalmente nos identificaremos.

Para que esto ocurra es necesaria una acción y una recepción: que tratemos de penetrar en el interior del símbolo, buscando su esencia invisible y que a la vez permitamos que su energía penetre nuestra propia interioridad y desde allí actúe.

Mucho se comenta hoy día que el hombre únicamente utiliza un pequeño porcentaje de sus potencialidades cerebrales y sensibles; y ni qué decir de las espirituales que casi son totalmente desconocidas, pues se confunde lo espiritual con lo sentimental y lo psicológico, y hasta con lo moral, y estos terminan suplantándolo. Siempre se ha dicho que es posible despertar esas potencialidades dormidas y conocer otras posibilidades de nosotros mismos y variadas dimensiones del ser universal; esta es, precisamente, la tarea que realiza el símbolo sagrado cuando se imprime en nuestro interior: promueve imágenes y visiones, actúa de modo efectivo y posibilita el conocimiento de otros estados de la conciencia y del ser.

Simbolismo e Iniciación

Otro aspecto más del símbolo sagrado, en el que la simbólica hace énfasis especial, es su carácter iniciático. La Iniciación ocurre justamente cuando logramos salir de lo amorfo del mundo profano, e ingresamos en el interior del templo o la caverna –nuestra propia interioridad–. Allí comienza un proceso de transmutación interior; el neófito deberá pasar todas las pruebas y trabajos que le sean impuestos a los diversos niveles; conocerá los mitos, los ritos y la cosmogonía, y luego saldrá liberado, totalmente regenerado, por la “sumidad” del cosmos o templo que lo conectará con el mundo verdadero.

Ceremonias que representan la muerte y la resurrección; o rituales como la circuncisión y el bautismo, así como los de pubertad; y también los de ordenación sacerdotal; y muchas veces de regeneración colectiva, son todos ritos de Iniciación en los misterios, cargados de profundo simbolismo, que se han practicado desde que se tiene memoria de la cultura y el hombre.

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Las Siete Artes Liberales

Posted by cosmoxenus en 13 mayo 2006

La expresión artes liberales, usada principalmente durante la Edad Media, no significa artes en el sentido en el que entendemos estas palabras hoy en día, sino aquellas ramas del conocimiento que fueron enseñadas en las escuelas de aquel tiempo.

Son llamadas liberales ( Lat.liber, libres ) porque sirven al propósito de entrenar al hombre libre, en contraste con las artes illiberales, que tienen fines económicos; su fin es preparar al estudiante no para ganarse la vida, sino la búsqueda de la ciencia en el sentido estricto del término, es decir, la combinación de filosofía y teología conocida como escolástica. En número son siete y pueden organizarse en dos grupos, abarcando el primero la gramática, retórica y dialéctica, en otras palabras, las ciencias del lenguaje, de la oratoria, y de la lógica, mejor conocidas como las artes sermocinales, o estudios de la lengua; el segundo grupo comprende la aritmética, geometría, astronomía y música, es decir, las disciplinas matemático – físicas, conocidas como las artes reales, o physicae. Se considera que el primer grupo es el grupo elemental, por eso es que estas ramas son también llamadas artes triviales o trivium, es decir, un terreno bien apisonado tal como el de la unión de tres caminos, o una encrucijada abierta a todo. En contraste con estos encontramos las disciplinas matemáticas como las artes quadriviales o quadrivium, o camino con cuatro entronques. Así, las siete artes liberales con miembros de un sistema de estudios que abraza a las ramas de la lengua como las más bajas, las ramas matemáticas como intermedias, y la ciencia propiamente dicha como el grado superior y terminal. Aunque este sistema no recibió el desarrollo distintivo connotado por su nombre hasta la Edad Media, aún se extiende en la historia de la pedagogía tanto hacia atrás y hacia delante; pues aunque, por un lado los encontramos entre las naciones clásicas, los griegos y los romanos, y hasta descubrimos formas análogas como precursores en el sistema educacional de los antiguos orientales, su influencia, por otro lado, ha durado mucho más allá de la Edad Media, hasta estos días.

Por varias razones es deseable tratar el sistema de las siete artes liberales desde este punto de vista, y esto es lo que proponemos hacer en este artículo. El tema es de especial interés para los historiadores, debido a que una evolución que se extiende a través de más de dos mil años y aún en operación activa, reta a nuestra atención al sobrepasar tanto en duración como en ramificaciones locales en todas las demás fases de la pedagogía. Pero es igualmente instructivo para los filósofos debido a que pensadores tales como Pitágoras, Platón y San Agustín colaboraron en el marco del sistema, y porque en general mucho del pensamiento, y podemos decir, mucha sabiduría pedagógica ha sido incorporada en ello. Por ello, también es de importancia para el maestro práctico, porque entre los comentarios de tantos escolares sobre este tema se pueden encontrar muchas recomendaciones de gran utilidad.

El sistema de estudio oriental, que exhibe una analogía instructiva con el que aquí se trata, es de los antiguos hindúes aún en boga entre los brahmanes. En esto, el más alto objeto de estudio es el Veda, es decir, la ciencia o doctrina de las cosas divinas, la suma de sus escritos especulativos y religiosos para la comprensión del cual se reunieron diez ciencias auxiliares, de las cuales cuatro -fonología, gramática, exégesis y lógica- son de naturaleza lingüístico-lógica, y por ello pueden compararse con el Trivium; mientras que dos –astronomía y métrica- pertenecen al dominio de las matemáticas, y por tanto al Quadrivium. Los restantes –ley, doctrina ceremonial, doctrina legendaria y dogma- pertenecen a la teología. Entre los griegos, el lugar del Veda es ocupado por la filosofía, es decir, el estudio de la sabiduría, la ciencia de las causas últimas, que desde un punto de vista es idéntica a la teología. La “Teología Natural”, es decir, la doctrina de la naturaleza de la divinidad y de las cosas Divinas, fue considerada dominio de los filósofos, al igual que la “teología política” fue de los sacerdotes y la “teología mística” de los poetas. [Ver O. Willmann, Geschichte des Idealismos (Brunswick, 1894), I, sec. 10.] Pitágoras (quien floreció entre 540 A.C. y 510 A.C.) primero se llamó a sí mismo filósofo, pero también fue considerado como el más grande teólogo friego. El currículum que organizó para sus pupilos llevó al hieros logos, esto es, la enseñanza sagrada, para cuya preparación los estudiantes recibieron como mathematikoi, es decir, los aprendices o personas ocupadas con las mathemata, la “ciencia de aprender” –que de hecho ahora se conoce como matemáticas. Las preparación para esto fue a lo que los discípulos se sometieron como akousmatikoi, “oyentes”, después de cuya preparación eran introducidos a los que entonces se usaba entre los griegos, llamado mousike paideia, “educación musical”, que consistía en lectura, escritura, lecciones de los poetas, ejercicios de memorización y la técnica de la música. La posición intermedia de las matemáticas es atestiguada por la antigua expresión de los metaichmon Pitagóricos, es decir, “distancia de lanzada”; que era propiamente la distancia entre los combatientes; en este caso, entre la educación elemental y la estrictamente científica. Pitágoras es además reconocido por haber convertido la investigación geométrica, esto es, matemática, en una forma de educación para el hombre libre. (Proclus, Comentario sobre Euclides, I, p. 19, ten peri ten geometrian philosophian eis schema paideias eleutherou metestesen.) “Descubrió una media o etapa intermedia entre las matemáticas del templo y las matemáticas de la vida práctica, tal como aquella empleada por los encuestadores y personas de negocios; conserva las altas metas del formador, al mismo tiempo que lo hace la palestra del intelecto; junta una disciplina religiosa con el servicio de la vida seglar al mismo tiempo sin robarle su carácter sagrado, al igual que anteriormente transformó la teología física en filosofía natural sin alienarle su origen santificado” (Geschichte des Idealismos, I, 19 hasta el fin). Una extensión de los estudios elementales fue traída por la activa, aunque algo inestable, vida mental que se desarrolló después de las guerras pérsicas en el siglo quinto A.C. A partir del estudio simple de la lectura y escritura avanzaron al arte de la oratoria y su teoría (retórica), con la cual se combinaba la dialéctica, propiamente el arte del discurso alternado, o la discusión del pro y con. Este cambio fue traído por los sofistas, particularmente por Gorgias de Leontium. También dieron gran importancia a los muchos ángulos de su conocimiento teórico y práctico. Se cuenta que Hippias de Elis se jactaba de haber elaborado su propia capa, túnica y calzado (Cícero, De Oratote, iii, 32, 127). De esta forma, la lengua actual gradualmente empezó a designar el cuerpo total de conocimiento educacional como encíclica, es decir, como universal o que abarca todo (egkyklia paideumata o methamata; egkiklios paideia). La expresión indicaba originalmente el conocimiento actual común a todo, pero después asumió el significado anteriormente mencionado, el cual también ha pasado a nuestra palabra enciclopedia.

Habiendo Sócrates ya enfatizado fuertemente las metas morales de la educación, Platón ( 429-347 A.C. ) protestó contra su degeneración por un esfuerzo en adquirir cultura a través de un amontonamiento de información multifario ( polypragmosyne ). En la “República” propone un curso de educación que parece ser el curso pitagórico perfeccionado. Inicia con cultura músico-gimnástica, por cuyo medio intenta impresionar los sentidos con las formas fundamentales de la belleza y el bien, esto es, el ritmo y la forma (aisthesis). El curso intermedio abraza las ramas matemáticas, a saber, aritmética, geometría, astronomía y música, que se calcula ponen en acción los poderes de la reflexión (dianoia), y permite que el estudiante progrese por grados desde percepción sensorial hasta intelectual, a medida que domina en forma sucesiva la teoría de los números, de las formas, de las leyes cinéticas de los cuerpos y de las leyes de los sonidos (musicales). Esto lleva al más alto grado del sistema educacional, su pináculo (thrigkos) por decirlo así, esto es, la filosofía, a la cual Platón llamó dialéctica, elevando así la palabra desde su significado actual para significar la ciencia de lo Eterno como terreno y prototipo del mundo de los sentidos. Este progreso a la dialéctica (dialektike poreia) es la obra de nuestra más alta facultad cognitiva, el intelecto intuitivo (nous). De esta manera Platón asegura una base psicológica o noética, para la secuencia de sus estudios, que son: sentido-percepción, reflexión y percepción intelectual. Durante el período alejandrino, el cual inicia en los últimos años del siglo cuarto antes de Cristo, los estudios encíclicas asumen formas escolásticas. La gramática, como ciencia de la lengua (gramática técnica) y la explicación de los clásicos (gramática exegética) , es el principio; la retórica se convierte en un curso elemental en oratoria y escritura. Por dialéctica ellos entendían, de acuerdo a la enseñanza de Aristóteles, las directrices que permiten al estudiante presentar puntos de vista aceptables y válidos de un tema dado; por ello la dialéctica se convirtió en lógica elemental práctica. Los estudios matemáticos conservaron su orden platónico, por medio de poemas astronómicos, la ciencia de las estrellas, y por medio de obras sobre geografía, la ciencia del globo se convirtió en parte de la educación popular (Strabo, Geographica, I, 1, 21-23). La filosofía siguió siendo la culminación de los estudios encíclicos, que le llevó a una relación como el de las criadas a las dueñas de la casa, o de un refugio temporal al hogar fijo (Diog. Laert., II, 79: ef. la Didaktik als Bildungslehre del autor, I, 9 ). Entre los romanos la gramática y retórica fueron los primeros en lograr una posición firmemente afianzada; la cultura se identificaba por ellos con elocuencia, pues el arte de la oratoria y el dominio de la palabra hablada se basaba en un conocimiento múltiple de las cosas. En sus “Instituciones Oratoriae” Quintiliano, el primer professor eloquentiae en Roma en los tiempos de Vespasiano, inicia su instrucción con gramática, o, por decirlo con mayor precisión, con Gramática Latina y Griega, continúa con matemáticas y música, y concluye con retórica, el cual incluye no sólo elocución y conocimiento de la literatura, sino también instrucción lógica –en otras palabras, instrucción dialéctica. Sin embargo, el sistema encíclico como sistema de las artes liberales, o Artes Bonae, es decir, el aprendizaje del vir bonus, o patriota, fue representado también en manuales especiales. El “Libri IX Disciplinarum” del erudito M. Terentius Varro de Reate, un contemporáneo anterior a Cícero, trata de las siete artes liberales agregándoles medicina y arquitectura. El cómo la última de éstas ciencias fue conectada con los estudios generales es mostrado en el libro “De Architecturâ” por M. Vitruvius Pollio, un escritor de tiempos de Augusto, en el cual se hacen excelentes observaciones sobre la conexión orgánica entre todos los estudios. “Los no experimentados”, afirma, “pueden maravillarse ante el hecho de que tantas cosas diferentes puedan ser retenidas por su memoria; pero tan pronto observen que todas las ramas del aprendizaje tienen una conexión real y una acción recíproca entre ellas, el asunto parecerá muy simple; pues la ciencia universal (egkyklios, disciplina) está compuesta de la ciencias especiales así como el cuerpo está compuesto por miembros, y aquellos que desde su primera juventud han sido instruidos en las diferentes ramas del conocimiento (variis eruditionibus) reconocen en todas las mismas características fundamentales (notas) y las mutuas relaciones de todas las ramas, y por tanto pueden asir todo con mayor facilidad” (Vitr., De Architecturâ, I, 1, 12). Es estos puntos de vista la concepción platónica aún es operante, y los romanos siempre conservaron la convicción de que en la filosofía en sí misma se encontraba la perfección de la educación. Cícero enumera los siguientes como los elementos de una educación liberal: geometría, literatura, poesía, ciencia natural, ética y política. (Artes quibus liberales doctrinae atque ingenuae continentur; geometria, litteratum cognito et poetarum, atque illa quae de naturas rerum, quae de hominum moribus, quae de rebus publicus dicuntur.)

La cristiandad enseñó a los hombres a considerar la educación y la cultura como un trabajo de la eternidad, a la cual todos los objetos temporales son secundarios. Por tanto, suavizó la antítesis entre las artes liberales y las no liberales; la educación de la juventud logra su propósito cuando actúa para “que el hombre de Dios se perfeccione, proveyéndole para hacer el bien” (II Tim., iii, 17). En consecuencia, el trabajo, que entre las naciones clásicas había sido considerado como indigno del hombre libre, quien sólo debía vivir para el ocio, era ennoblecido; pero el aprendizaje, retoño del ocio, no perdía su dignidad. Los cristianos conservaron la expresión mathemata eleuthera, studia liberalia, así como la graduación de estos estudios, pero ahora la verdad cristiana era la corona del sistema en la forma de instrucción religiosa para la gente y de teología para los eruditos. La apreciación de las varias ramas del conocimiento era en gran medida influenciada por el punto de vista expresado por San Agustín en su pequeño libro “De Doctrinâ Christiana”. Como ex maestro de retórica y maestro de elocuencia estaba completamente familiarizado con las Artes y había escrito sobre algunas de ellas. La gramática conserva el primer lugar en el orden de los estudios, pero el estudio de las palabras no interferiría con la búsqueda de la verdad que contenían. El regalo más preciado de las mentes brillantes es el amor a la verdad, no las palabras que lo expresan. “Pues en qué beneficia una llave de oro si no puede dar acceso al objeto que deseamos alcanzar, y por qué buscar la falla de una llave de madera si sirve a nuestro propósito?” (De Doctr. Christ., IV, 11,26). Al estimar la importancia de los estudios lingüísticos como medio para interpretar la Escritura, debe enfatizarse la gramática exegética en lugar de la técnica. La dialéctica debe también demostrar su valor al interpretar la Escritura; “Examina todo el texto como un tejido nervioso” (Per totum textum scripturarum colligata est nervorum vice, ibid., II, 40,56). La retórica contiene las reglas para una más amplia discusión (preacepta uberioris disputationis); debe usarse más bien para establecer lo que hemos comprendido y no para ayudarnos a comprender (ibid., II, 18). San Agustín comparó una pieza maestra de retórica con la sabiduría y belleza del cosmos y la historia –“Ita quidam non verborum, sed rerum, eloquentiâ contrariorum oppositione seculi pulchritudo componitur” (De Civil. Dei, XI, 18). Las matemáticas no fueron inventadas por el hombre, pero sus verdades fueron descubiertas; nos dan a conocer los misterios ocultos en los números encontrados en las Escrituras, y guían a las mentes hacia las alturas, de los mutable a lo inmutable; e interpretados en el espíritu del Divino Amor, se convierten en una fuente para la mente de aquella sabiduría que ha ordenado todas las cosas por medida, peso y número (De Doctr. Christ., II, 39, también Sabiduría, xi, 21). Las verdades elaboradas por los filósofos de la antigüedad, como metal precioso extraído de las profundidades de una Providencia que reina sobre todo, debe ser aplicado por los Cristianos en el espíritu del Evangelio, tal como los israelitas utilizaron los vasos sagrados de los egipcios para el servicio del Dios verdadero (De Doctr. Christ., II, 41).

La serie de libros de texto de moda durante la Edad Media inició con la obra de un africano, Marcianus Capella, escrito en Cartago alrededor del año 420 D.C. Lleva el título “Satyricon Libri IX” de satura, se, lanx “un plato lleno”. En los dos primeros libros, “Nuptiae Philologiae et Mercurio”, se tratan tópicos mitológicos y de otro tipo, por medio de la alegoría de que Phoebus presenta las Siete Artes Liberales como doncellas a la novia Filología. En los siete libros que siguieron, cada una de las Artes Liberales presenta la suma de su enseñanza. Una presentación más simple de la misma materia se encuentra en el pequeño libro, dirigido a clérigos titulado “De artibus ac disciplinis liberalium artium”, el cual fue escrito por Magnus Aurelius Cassiodrus en el reino de Teodorico. Aquí puede notarse que Ars significa “libro de texto”, al igual que la palabra techen; disciplina es la traducción del griego mathesis o mathemata, y significaba de una manera más limitada las ciencias matemáticas. Cassiodorus deriva la palabra liberalis no de liber, “libre”, sino de liber, “libro”, indicando por ello el cambio de estos estudios a aprendizaje en libro, así como la desaparición de la perspectiva de que las otras ocupaciones son serviles y no dignas de un hombre libre. De nuevo nos encontramos con las Artes al inicio de una obra enciclopédica llamada “Origines, sive Etymologiae”, en veinte libros, compilado por San Isidoro, Obispo de Sevilla, alrededor del año 600. El primer libro de esta obra trata de gramática; el segundo, de retórica y dialéctica, ambos comprendidos bajo el nombre de lógica; el tercero, de las cuatro ramas matemáticas. En los libros del IV-VIII siguen medicina, jurisprudencia, teología; pero los libros IX y X nos dan material lingüístico, etimologías, etc., y los libros restantes presentan una miscelánea de información útil. Albinus (o Alcuin), el reconocido hombre de estado y consejero de Carlos el Grande, trataba las Artes en tratados por separado, de las cuales sólo los tratados que se pretendía fueran guías al Trivium, son los que han llegado hasta nosotros. En la introducción, encuentra en Prov. IX, 1 (La sabiduría se ha construido una casa, se ha aserrado siete pilares) una alusión a las siete artes liberales que él piensa son los siete pilares. El libro está escrito en forma de diálogo, haciendo el discípulo preguntas que son contestadas por el maestro. Uno de los pupilos de Alcuin, Rabanus Maurus, quien murió en 850 siendo Arzobispo de Mainz, en su libro titulado “De institutione Clericoum” dio breves instrucciones en cuanto a las Artes, y publicó con el nombre “De Universo” lo que podría llamarse una enciclopedia. La extraordinaria actividad mostrada por los monjes irlandeses como maestros en Alemania llevó a la designación de las Artes como Methodus Hibérnica. Para imprimir la secuencia de las artes en la memoria del estudiante, se emplearon versos mnemónicos tales como el hexámetro :

Lengua, tropus, ratio, numerus, tonos, angulus, astra.
Gram loquiter, Dia vera docet, Rhe verba colorat
Mu canit, Ar numerat, Geo ponderat, Ast colit astra.

El número se hizo popular por el número siete: las Siete Artes recordaban las Siete Peticiones de la Oración del Señor, los Siete Dones del Espíritu Santo, los Siete Sacramentos, las Siete Virtudes, etc. Las Siete Palabras en la Cruz, los Siete Pilares de la Sabiduría, Los Siete Paraísos podrían también sugerir ramas particulares de aprendizaje. Las siete artes liberales encontraron contrapartes en las siete artes mecánicas; incluyendo éstas últimas telar, herrería, guerra, navegación, agricultura, cacería, medicina, y el ars theatrica. A éstas se agregaron danza, lucha, y conducción. Aún los logros a ser dominados por los candidatos a caballeros se fijaron en siete: montura, justa, esgrima, lucha, correr, saltar y tirar la lanza. Las ilustraciones pictóricas de las Artes se encuentran con frecuencia, usualmente figuras femeninas con atributos adecuados; así la Gramática aparece con libro y vara, la Retórica con tabla y cincel, la Dialéctica con una cabeza de perro en su mano, probablemente en contraste con el lobo de la herejía –juego de palabras Domini canes, Dominicani – la Aritmética con un cordel anudado, la Geometría con un par de compases y una regla, la Astronomía con una fanega o bushel y estrellas y la Música con cítara y órgano. Se agregaron los retratos de los principales representantes de las distintas ciencias. Así en el gran grupo de Tadeo Gaddi que está en el convento dominico de Santa María Novella en Florencia, y que fue pintado en 1322, la figura central es Santo Tomás de Aquino, la Gramática aparece con ya sea Donattus (quien vivió alrededor del año 250 D.C.) o Prisciano (alrededor de 530 D.C.), los dos más prominentes maestros de gramática, en el acto de instruir a un niño: la Retórica acompañada por Cícero: la Dialéctica por Zeno de Elea, a quien los antiguos consideraron el fundador del arte; la Aritmética por Abraham, como representante de la filosofía de los números, y versado en el conocimiento de las estrellas; la Geometría por Euclides (alrededor de 300 A.C.), cuyos “Elementos” fueron considerados como el canon de la ciencia de las estrellas; la Música por Tubal Cain usando el martillo, probablemente en alusión a los martillos armónicamente afinados que se dice sugirieron a Pitágoras su teoría de intervalos. Como contrapartes de las artes liberales se encuentran siete ciencias más elevadas: ley civil, ley canónica, y las cinco ramas de la teología llamadas especulativa, de la Sagrada Escritura, escolástica, contemplativa y apologética. (Cf. Geschichte des Idealismos, II, Par.74, donde se discute la postura de Santo Tomás de Aquino hacia las ciencias.)

Una imagen instructiva de las siete artes liberales en el siglo doce puede encontrarse en Hugo de San Víctor, quien murió en París, en 1141. Él descendía de la familia de los Condes Blankenburg en las Montañas Harz y recibió su educación en el convento agustino de Hammersleben en la Diócesis de Halberstadt, donde se dedicó a las artes liberales desde 1109 hasta 1114. En su “Didascalicum”, VI, 3, escribe “Me atrevo a decir que nunca he sido privado de nada que tenga que ver con la erudición, pero he aprendido mucho de lo que a otros parece ser frívolo y bobo. Recuerdo cómo, cuando niño estudiante, buscaba asegurarme de los nombres de todos los objetos que veía, o que llegaban a mis manos, y cómo formulaba mis propios pensamientos sobre ellos [perpendens libere], es decir: que uno no puede conocer la naturaleza de las cosas antes de haber aprendido sus nombres. Con qué frecuencia me di a la tarea diaria voluntaria del estudio de problemas [sophismata] que había garabateado por intentar ser breve, por medio de una palabra clave o dos [dictionibus] en una página, con el fin de comprometer a la memoria la solución y el número de casi todas las opiniones, preguntas y objeciones [disposiciones ad invicem controversias] y al hacerlo cuidadosamente distinguí entre los métodos de los retóricos, los oradores y los sofistas. Representé números con piedrecillas, y cubrí el suelo con líneas negras, y comprobé de manera clara por el diagrama frente a mi las diferencias entre los triángulos agudos, escalenos y obtusos; de la misma manera determiné si un cuadrado tiene la misma área que un rectángulo del cual se multiplican dos de sus lados, al deducir la longitud en ambos casos [utrobique procurrente podismo]. Con frecuencia he observado la noche invernal, mirando a las estrellas [horoscopus – no predicción astrológica, que estaba prohibido, sino estudio puro de las estrellas]. Con frecuencia he tocado la magada [Gr. Magadis, un instrumento de 20 cuerdas, que da diez tonos] midiendo las cuerdas de acuerdo a los valores numéricos, y estirándolos sobre la madera con el fin de captar con mi oído la diferencia entre los tonos, y al mismo tiempo alegrar mi corazón con la dulce melodía. Todo esto fue hecho de manera infantil, pero dista mucho de ser inútil, pues este conocimiento no ha sido una carga para mí. No recuerdo estas cosas con el fin de alardear mis logros, que son de poco o ningún valor, sino para demostrarte que el trabajador más ordenado es el más habilidoso [illum incedere aptissime qui incedit ordinate], a diferencia de tantos que, deseando hacer un gran salto, caen en un abismo; pues al igual que con las virtudes, así en las ciencias hay pasos fijos. Pero, dirán ustedes, encuentro en las historias asuntos muy poco útiles y prohibidos; ¿para qué ocuparme de ello? Muy cierto, existen en las Escrituras muchas cosas que, considerados en sí mismos, aparentemente no vale la pena adquirir, pero los cuales, si se comparan con otros relacionados con ellos, y si los sopesan, teniendo en mente esta conexión [in toto suo trutinare caeperis], demostrarán ser necesarios y útiles. Algunas cosas valen la pena conocer en sí mismos; pero otras, aunque en apariencia no ofrecen un beneficio por nuestra molestia, no debe prescindirse de ellos, porque sin ellos los anteriores no pueden ser totalmente dominados [enucleate sciri non possunt]. Aprendan todo: después descubrirán que nada es supérfluo; limitar el conocimiento no ofrece gozo [coarctata scientia jucunda non est].”

La relación de las Artes con la filosofía y la sabiduría fue fielmente tenida en cuenta durante la Edad Media. Hugo dice de ello: “Entre todos los departamentos del conocimiento los antiguos asignaron siete a ser estudiados por los principiantes, debido a que encontraron en ellos un mayor valor que en otros, así que aquel que los dominara bien podía después dominar el resto más bien por investigación y práctica que por la instrucción oral del maestro. Son, como lo fueron entonces, las mejores herramientas, la entrada justa a través de la cual la verdad filosófica se abre a nuestro intelecto. Por ello los nombres trivium y quadrivium, pues aquí la mente robusta progresa como si fuera por caminos o senderos hacia los secretos de la sabiduría. Es por esta razón que entre los antiguos que seguían este camino, hubo tantos hombres sabios. Nuestros escolásticos [scholastici] no tienen inclinación, o no saben mientras estudian, cómo adherirse al método adecuado, aunque hay tantos que trabajan con esmero [studentes], pero pocos hombres sabios” (Didascalicum, III, 3).

San Buenaventura (1221-74) en su tratado “De Reductione artium ad theologiam” propone una explicación profunda del origen de las Artes, incluyendo la filosofía; lo fundamenta en el método de la Sagrada Escritura como el método de toda enseñanza. La Sagrada Escritura nos habla en tres formas: por discurso (sermo), por instrucción (doctrina) y por indicaciones para vivir (vita). Es la fuente de verdad en el discurso, de la verdad en las cosas y de la verdad en la moral, y por tanto igualmente de la filosofía racional, natural y moral. La filosofía racional, teniendo por la verdad hablada, la trata desde el triple punto de vista de la expresión, de la comunicación y del impulso a la acción, en otras palabras intenta expresar, enseñar, persuadir (exprimere, docere, movere). Estas actividades son representadas por sermo congruus, versus, ornatus y las artes de la gramática, dialéctica y retórica. La filosofía natural busca la verdad en las cosas mismas como rationes ideales, y en forma acorde se divide en física, matemática y metafísica. La filosofía moral determina la veritas vitae para la vida del individuo como monastica (monos solo), para la vida doméstica como oeconomica y para la sociedad como politica. Para la erudición general y el aprendizaje enciclopédico, la educación medieval tiene relaciones menos cercanas que aquellas de Alejandría, principalmente debido a que el Trivium tenía carácter formal, es decir, buscaba entrenar más bien la mente, en lugar de impartir conocimiento. La lectura de autores clásicos se consideraba un apéndice al Trivium. Hugo, quien como hemos visto, no lo subestima, lo incluye en la lectura de sus poemas, fábulas, historias y ciertos otros elementos de instrucción (poemata, fabulae, historiae, didascaliae quaedam). La ciencia del lenguaje, usando la expresión de Agustín, aún es designada como la llave de todo el conocimiento positivo; por esta razón se mantiene su lugar a la cabeza de las Artes. Por ello dice Juan de Salisbury (nacido entre 1110 y 1120; muerto en 1180), Obispo de Chartres): “Si la gramática es la llave de toda la literatura, y la madre y señora del lenguaje, ¿quién será lo suficientemente audaz para alejarla del umbral de la filosofía? Sólo aquel que piense que lo escrito y lo hablado es innecesario para el estudiante de filosofía” (Metalogicus, I, 21). Ricardo de San Víctor (muerto en 1173) pone a la gramática como sirviente de la historia, pues escribe: “Todas las artes sirven a la Sabiduría Divina, y cada arte menor, ordenadas correctamente, lleva a una superior. Por ello la relación que existe entre la palabra y la cosa requiere que la gramática, dialéctica, y retórica sirvan a la historia” (Rich. ap. Vincentium Bell., Spec. Doctrinale, XVII, 31). El Quadrivium, tenía naturalmente ciertas relaciones con las ciencias y la vida; esto era reconocido al tratar a la geografía como parte de la geometría, y al estudio del calendario como parte de la astronomía. Nos encontramos con el desarrollo de las Artes en conocimiento enciclopédico ya desde tiempos de Isadore de Sevilla y Rabanus Maurus, especialmente el la obra de éste último “De Universo”. Fue terminado en el siglo trece, época a la cual pertenecen las obras de Vincent de Beauvais (muerto en 1264), instructor de los hijos de San Luis (IX). En su “Speculum Naturale”, trata a Dios y a la naturaleza; en el “Speculum Doctrinale”, iniciando por el Trivium, trata con las ciencias; y en el “Speculum Morale” discute el mundo moral. A éstos un continuador agregó un “Speculum Historiale”, el cual era simplemente una historia universal.

Para el desarrollo académico de las Artes era importante que las universidades las aceptaran como parte de su currícula. Entre sus ordines o escuelas, el ordo artistarum, llamado después la escuela de filosofía, fue fundamental: Universitas fundatur in artibus. Proporcionó la preparación no sólo para el Ordo Theologorum, sino también para el Ordo Legislarum, o escuela de leyes, y el Ordo Physicoum, o escuela de medicina. De los métodos de enseñanza y el estudio continuo de las artes en las universidades en el siglo quince, el libro de texto del Cartusiano contemporáneo, Gregory Reisch, Conesor del Emperador Maximiliano I, nos da un panorama claro. Él trata en doce libros: (I) de los Rudimentos de la Gramática; (II) de los Principios de la Lógica; (III) de las Partes de una Oración; (IV) de Memoria, de Escritura-de-cartas y de Aritmética; (V) de los Principios de la Música; (VI) de los Elementos de la Geometría; (VII) de los Principios de la Astronomía; (VIII) de los Principios de las Cosas Naturales; (IX) del Origen de las Cosas Naturales; (X) del Alma; (XI) de los Poderes; (XII) de los Principios de la Filosofía Moral.- La edición ilustrada impresa en 1512 en Estrasburgo tiene como apéndice: los elementos de la literatura griega, hebreo, música figurada y arquitectura y algo de instrucción técnica (Graecarum Litterarum Instituciones, Hebraicarum Litterarum Rudimento, Musicae Figuratea Instituciones, Architecturae Rudimenta).

En las universidades, las Artes, al menos de manera formal, mantuvieron su lugar hasta los tiempos modernos. En Oxford, la Reina María (1553-58) edificó facultades cuyas inscripciones eran significativas, siendo: “Gramática, Literas Disce”; “Rhetorica persuadet mores”; “Dialectica, Imposturas fuge”; “Aritmetica, Omnia numeris constant”; “Musica, Ne tibi dissideas”; “Geometría, Cura, quae domi sunt”; “Astronomia, Altiora ne quaesieris”. El título “Maestro de Artes Liberales” aún se otorga en algunas universidades al Doctorado en Filosofía; en Inglaterra el de “Doctor de Música” aún se usa de manera regular. Sin embargo, en la enseñanza práctica, el sistema de las Artes ha declinado desde el siglo dieciséis. El Renacimiento vio en la técnica del estilo (eloquentia) y como soporte principal, la erudición, que es el fin último de la educación colegial, siguiendo así a el sistema romano en lugar del griego. La gramática y la retórica vinieron a ser elementos principales de los estudios preparatorios, mientras que las ciencias del Quadrivium se incorporaron en el aprendizaje misceláneo (eruditio) relacionado con la retórica. En las escuelas superiores católicas, la filosofía permaneció como la etapa intermedia entre los estudios filológicos y los profesionales; mientras que de acuerdo al esquema protestante, la filosofía fue llevada (a la universidad) como un tema de Facultad. Las escuelas jesuitas presentaron los siguientes grados en los estudios: gramática, retórica, filosofía y, ya que la filosofía inicia con la lógica, este sistema retiene también la antigua dialéctica.

En los estudios eruditos mencionados anteriormente, debe buscarse el origen del aprendizaje enciclopédico que creció incesantemente durante el siglo diecisiete. Amos Comenius (muerto en 1671), el representante mejor conocido de esta tendencia, quien buscó en su “Orbis Pictus” hacer de esta diminutiva enciclopedia (encyclopaediola) la base de la instrucción gramatical más antigua, habla con desdén de “esas artes liberales de las que tanto se habla, cuyo conocimiento la gente común cree que adquiere concienzudamente un maestro en filosofía” y orgullosamente declara que “Nuestros hombres se elevan a mayor altura”. (Magna Didactica, xxx, 2.) Sus clases escolares son las siguientes: gramática, física, matemáticas, ética, dialéctica y retórica. En el siglo dieciocho los estudios universitarios toman cada vez más el carácter enciclopédico y en el siglo diecinueve el sistema de clases es reemplazado por el sistema departamental, en el cual las varias materias son tratadas de manera simultánea con poca o ninguna referencia a su secuencia; de esta forma el principio de las Artes por fin es vencida. Mientras, además, al igual que en la Gymnasia de Alemania, la filosofía ha sido sacada del curso de los estudios, la erudición miscelánea se convierte en principio un fin en sí mismo. No obstante, los sistemas educacionales actuales conservan trazas de la organización sistemática antigua (lenguaje, matemáticas, filosofía). En los primeros años de su curso de Gymnasium el joven debe dedicar su tiempo y energía al estudio de los idiomas, en los años intermedios, principalmente a las matemáticas, y en sus últimos años, cuando se le llama a expresar sus propios pensamientos, empieza a lidiar con la lógica y la dialéctica, aún si es sólo en la forma de composición. Por tanto, llega a tocar la filosofía. Esta secuencia que funciona, por decirlo así, fuera de la presente condición caótica de los estudios aprendidos, debe hacerse sistemáticamente; la idea fundamental de las Artes Liberales es así revivido.

Por lo tanto, la idea platónica de que debemos avanzar gradualmente des la percepción de los sentidos por medio de la argumentación intelectual hacia la intuición intelectual, de ninguna manera es anticuada. La instrucción matemática, aceptada como preparación al estudio de la lógica, sólo ganaría si se condujera en este espíritu, si se aclarara más lógicamente, si su contenido técnico se redujera y si fuera seguido por la lógica. La correlación expresa de las matemáticas con la astronomía y la teoría musical, traería una concentración completa de las ciencias físico-matemáticas, ahora amenazadas por una plétora de erudición. La insistencia de los escritores antiguos en cuanto al carácter orgánico del contenido de la instrucción, merece la mayor consideración. Para fines de concentración, no bastará un mero empacar materias no correlacionadas; su relación y dependencia original debe traerse a una conciencia clara. Asimismo, merece atención la admonición de Hugo para distinguir entre escuchar (o aprender, dicho apropiadamente) por un lado, y la práctica e invención por el otro, para lo cual hay una buena oportunidad en la gramática y las matemáticas. Igualmente importante es su exigencia de que los detalles de la materia enseñada sean sopesados – trutinare, de trutina, la báscula del herrero. Este equilibrio dorado ha sido utilizado con demasiada mesura, y en consecuencia, la educación ha sufrido. Un realismo corto de vista amenaza hasta las varias ramas del lenguaje o de la instrucción del lenguaje. Se han hecho esfuerzos por restringir la gramática a lo vernáculo, y de desterrar la retórica y la lógica excepto si se aplican a la composición. Por lo tanto, no es inútil recordar las “llaves”. En todo departamento de método de instrucción, debe tenerse en la mira la serie: la inducción, basada en la percepción de los sentidos; la deducción, guiada también por la percepción, y la deducción abstracta – una serie idéntica a la de Platón. Todo entendimiento implica estos tres grados; primero entendemos el significado de lo que se dice, después entendemos las inferencias que se obtienen de la percepción de los sentidos, y finalmente entendemos las conclusiones dialécticas. La invención también tiene tres grados: encontramos las palabras, encontramos la solución de problemas, encontramos pensamientos. Asimismo, la gramática, las matemáticas y la lógica forman una serie sistemática. El sistema gramático es empírico, el matemático racional y constructivo, y el lógico racional y especulativo (cf. O. Willmann, Didaktik, II, 67). Los humanistas, demasiado afectos del cambio, condenaron injustamente el sistema de las siete artes liberales como bárbaro. No es más bárbaro que el estilo gótico, un nombre cuyo fin era el reproche. Lo gótico, construido sobre la concepción de la vieja basílica, de origen antiguo, pero de carácter cristiano, fue juzgado equivocadamente por el Renacimiento debido a algunas excrecencias, y oscurecida por las adiciones modernas carentes de buen gusto (op.cit., pag. 230). Seguramente se desea que los logros de nuestros antecesores sean entendidos, reconocidos y adaptados a nuestras propias necesidades.

OTTO WILLMANN
Transcrito por Bob Elder
Traducido por Lucía Lessan
http://www.enciclopediacatolica.com/a/artesliberales.htm

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Dianética

Posted by cosmoxenus en 13 mayo 2006

¿Qué es Dianética?

El término Dianética proviene del griego dia, que quiere decir “a través” y nous, que significa “alma”, y se define como “lo que el alma le está haciendo al cuerpo”. Dianética es una metodología que puede ayudar a aliviar sensaciones y emociones indeseadas, miedos irracionales y enfermedades psicosomáticas (las que están causadas o agravadas por la tensión mental). Se describe de forma más precisa como lo que el alma le está haciendo al cuerpo a través de la mente.

¿Qué es la mente?

La mente es básicamente un sistema de comunicación y control entre la persona y su entorno. Está compuesta por cuadros de imagen mental que son registros de experiencias pasadas. El individuo utiliza su mente para plantearse y resolver problemas relacionados con la supervivencia, así como para dirigir sus esfuerzos en función de tales soluciones.

¿Qué es la mente reactiva?

La mente reactiva es aquella porción de la mente de la persona que funciona según un mecanismo de estímulo-respuesta absoluto, que no está bajo el control volitivo de la persona, y que ejerce fuerza y poder de control sobre su conciencia, propósitos, pensamientos, cuerpo y acciones.

¿Puede ayudarme la tecnología de Dianética(r) a vencer los sentimientos de pesar y pérdida? Sí. La fuente de cualquier emoción, actitud o sentimiento negativo se revela con todo detalle en Dianética. Las causas de los sentimientos de pesar o pérdida de una persona están enterradas en su mente reactiva, que es capaz de influir sobre la persona y tomar control de ella. La tecnología de Dianética guía a la persona a través de su mente reactiva para localizar —y erradicar permanentemente— la fuente real del trastorno. Con la causa del trastorno resuelta, la persona es capaz de vivir de nuevo una vida feliz y saludable.

¿Cómo empezó Dianética?

La tecnología de Dianética fue desarrollada por el renombrado autor y filósofo norteamericano L. Ronald Hubbard. L. Ronald Hubbard inició sus estudios sobre la mente en 1923. A través de sus extensos viajes, el estudio de muchas culturas en todo el mundo y la investigación científica, desarrolló y probó la primera tecnología totalmente funcional de la mente. En 1950, el Sr. Hubbard escribió Dianética: La ciencia moderna de la salud mental, una obra comprensiva que detalla sus descubrimientos y técnicas y el primer y único manual definitivo sobre la mente.

Dianética: La ciencia moderna de la salud mental se convirtió en un best-séller de ámbito nacional casi de la noche a la mañana. A finales del verano de 1950, la gente de toda la nación no sólo estaba leyendo el libro, sino que además estaba organizando sus propios grupos con el propósito de aplicar las técnicas de Dianética. El libro ha permanecido como best-séller desde entonces, llegando a figurar en la primera posición de la lista de best-sellers de The New York Times casi cuatro décadas después de su primera edición. Actualmente sigue apareciendo en las listas de best-séllers de todo el mundo.

¿Está toda Dianética basada en la obra de un solo hombre?
Si bien la tecnología de Dianética fue descubierta por L. Ronald Hubbard, él escribió: “Se expresa un agradecido reconocimiento a los grandes pensadores de los últimos cincuenta mil años, sin cuyas disquisiciones y observaciones no habría sido posible la creación y construcción de Dianética. En especial, se reconoce la labor de:

“Anaxágoras, Thomas Paine, Aristóteles, Thomas Jefferson, Sócrates, René Descartes, Platón, James Clerk Maxwell, Euclides, Charcot, Lucrecio, Herbert Spencer, Roger Bacon, William James, Francis Bacon, Sigmund Freud, Isaac Newton, van Leeuwenhoek, el comandante Joseph Thompson de la marina de los EE.UU., William A. White, Voltaire, Will Durant, el conde Alfred Korzybski, así como de mis profesores de fenómenos atómicos y moleculares, matemáticas y humanidades de las universidades de George Washington y Princeton”.

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EN TORNO AL " ENIGMA SAGRADO "

Posted by cosmoxenus en 13 mayo 2006

Sarastro ( Dr. Carlos Raitzin )

Hablar de religión supone necesariamente efectuar un distingo claro, taxativo y terminante entre dos aspectos de la vida religiosa muy claramente diferenciados y opuestos entre si. El primero hace a la adoración de Dios y al mejoramiento del ser humano por medio de la práctica religiosa. Esta se lleva a cabo en si misma y por si misma y merece todo el encomio en tanto la intolerancia no se halle presente.

Pero cuando la religión se torna el pretexto para dar rienda suelta a la vorágine de la

ignorancia, el fanatismo y la superstición o cuando el individuo religioso, por serlo, pretende tener derecho a la intolerancia y a la separatividad, cuando la fe se transforma solo en la pantalla que encubre ansias de poder y de riqueza, digamos sin rodeos que ese tipo de religión es despreciable, lo mismo que cuando la religión lleva a suponer que un determinado grupo humano es superior a los demás o bien que es dueño de la verdad o que es el preferido por Dios.

Naturalmente el segundo grupo de personas religiosas es, por desgracia, muchísimo más numeroso que el primero, y resulta en definitiva en la práctica que las religiones organizadas no unen a los hombres con Dios como debieran sino solamente entre sí y en contra de otros grupos humanos.

A esta altura de la historia humana es menester comprender que, creamos lo que creamos, eso no nos hace avanzar ni un milímetro hacia la Meta Suprema de la existencia humana.

Creer no es saber y la humanidad debe comprender por fin que si cada uno tiene derecho a creer u opinar lo que le plazca otros tiene derecho a creer exactamente lo opuesto siempre que ambos no causen daño con y por ello a los demás.

Por otro lado quien sabe algo realmente no necesita creerlo. El saber está más allá de cualquier creencia y, lo que es más grave, el que dice creer está confesando que en realidad ignora. Creencia e ignorancia son hermanas inseparables y en suma cree el que no ha alcanzado el conocimiento positivo y cierto de ese algo en que cree..

Hoy, al abordar un tema tan intrincado y apasionante como es del “Enigma Sagrado”, no cabe duda que cometo una doble temeridad. En primer lugar, es temerario el abordar una cuestión de este género pues se corre el riesgo de provocar los desbordes de los fanáticos y los intolerantes. La segunda osadía es pretender abarcar un tema tan vasto y que ha merecido se le dedicaran tantos libros y tantos artículos en una sola conferencia. Por ello es que nos centraremos en los aspectos esenciales del asunto aportando de paso hechos nuevos que resultan de marcado interés y remitiendo a la copiosa bibliografía para mayores detalles.

Solo le pido a la audiencia analizar conmigo estos problemas con una mentalidad amplia, flexible y universal.

Debería aquí, dado que católico significa universal, pedirles una mentalidad católica, lo cual por supuesto no tiene nada que ver con la sectaria Iglesia Romana.

Digamos ahora algo sobre los problemas que abordaremos hoy aquí destinando esta síntesis a quiénes no leyeron “El Enigma Sagrado”.

La figura de Jesucristo nos inspira el mayor de los respetos como Maestro de la Jerarquía y como Avesha-Avatar. Se designa así en el marco de la Tradición Iniciática al Maestro que en forma temporaria sirve como canal e instrumento de la Divinidad, la que se manifiesta por medio de dicho Maestro. Pero poseyendo naturaleza humana, por elevado que fuera su rango espiritual, nada de extraño tiene ni puede ser motivo de escándalo para nadie que se haya casado y tenido descendencia. Si a nadie escandaliza en la India que el Avatar Rama haya tenida como consorte a Sita y el Avatar Sri Krishna tuviera como consorte a Radha que tiene de censurable que Jesucristo tuviera como consorte a María Magdalena? O es que se pretende torcer la historia imponiendole un celibato irreal y antinatural para que los frailes no protesten? Recordemos de paso que la única razón real y profunda del celibato eclesiástico es conservar los bienes materiales de la Iglesia Católica.

Para comprender esta situación bueno será pasar revista a la posición de los cristianos primitivos respecto de la mujer, del amor y del matrimonio. Marción, cristiano gnóstico de gran predicamento, solo permitía los sacramentos a las virgenes, las viudas y las parejas casadas que se abstenían del sexo, Julio Casiano, otro gnóstico de renombre, sostenía que los seres humanos se asemejan a las bestias durante la relación sexual y que Jesús había venido al mundo para evitar que los humanos copulasen, San Ambrosio alentaba a que todo matrimonio fuera casto y contemplativo , tomando conciencia según el de la esclavitud y servidumbre del amor conyugal. Taciano sostenía que la relación sexual era invención del demonio y que la vida cristiana era inconcebible sin virginidad, Orígenes, uno de los Santos Padres, tanto abominaba del sexo que se castró a si mismo. Es fácil darse cuenta como a tales mentalidades les resultaba imposible concebir que Jesús había llevado una vida normal en tal sentido…

Este es el primer problema que deseamos analizar hoy aquí exhibiendo argumentos y hechos concretos precisamente en favor de esa posibilidad.

El segundo problema es establecer si efectivamente Jesucristo fue el fundador de un Linaje Sagrado a través de la carne y la sangre y si ese Linaje se continúa efectivamente hasta el día de hoy. El tercer problema es establecer si efectivamente existió y/o existe una Orden, el Prieuré de Sion, efectivamente dedicada a proteger a dicho Linaje Sagrado a lo largo de los siglos. En conexión con este último tema resulta del mayor interés indagar si existieron otrora conexiones de dicho Prieuré de Sion con la Orden del Temple. En la actualidad tales conexiones son inexistentes.

Estos son precisamente los interrogantes que planteó la hoy ya muy famosa obra de Lincoln, Baigent y Leigh “El Enigma Sagrado” que hoy nos ocupa.

No es fácil sintetizar estos asuntos y problemas en la medida necesaria y menos aun hallar evidencias satisfactorias que resulten al menos semipruebas de una afirmación o de la contraria. El esquema de la línea de pensamiento a seguir aquí es el de reunir indicios que hagan plausible una u otra conclusión. No cabe esperar pruebas lógicas de una naturaleza taxativa y terminante dada la naturaleza y antigüedad de los hechos considerados.

No olvidemos que para muchos estudiosos aun la existencia histórica de Jesucristo es cosa discutible a la fecha.

En rigor, la técnica de reunir indicios es la seguida por Lincoln, Baigent y Leigh en su ya célebre “Enigma Sagrado” y en la (menos feliz) continuación “El Legado Mesianico”. Al respecto dice críticamente Gérard de Sède que, en primer lugar, todo el asunto ha terminado por quedar terriblemente embrollado y en esto es menester coincidir con él. En segundo lugar afirma de Sède que la metodología seguida por los tres autores ingleses mencionados tiene poco de lógica pues se apoyan continuamente en peticiones de principio, es decir postulando hechos de los que se deducen fácilmente las consecuencias que ellos quieren extraer. Esto no es del todo justo pues entre esos hechos hay algunos evidentes y sólidos que vale la pena rescatar.

Y, por otro lado, de Sède no procede con total buena fe ni mucho menos. Para probar esto baste mencionar que el se cuida en sus ultimas obras de no mencionar un libro anterior suyo de título “La Race Fabuleuse” (ediciones “J’ai lu”, actualmente agotado) donde la colaboración del aspirante al trono de Francia Pierre Plantard de Saint Clair es demasiado obvia. Recordemos que este Pierre Plantard era o es en la actualidad el Gran Maestre del Prieuré de Sion. En esa obra hoy silenciada y ocultada, de Sède se ocupa extensamente del linaje de los Blankenstein, procedente del cielo y a nadie se le escapa que de los Blankenstein a los Blanchefort, familia descendiente de los merovingios, solo hay un paso muy pequeño. También olvida de Sède la muy amplia intervención de Pierre Plantard de Saint Clair en su otra obra “Les Templiers sont parmi nous” (mal traducida al castellano) y así siguiendo…

Como la investigación de los hechos y la búsqueda de la verdad no pueden depender de afectos y de odios bueno será tomar cum grano salis las afirmaciones de autores que tengan algún interés personal en todo esto asunto y mirar las cosas con un espíritu de orden que permita poner en claro lo que se sabe realmente.

Para mi la historia comenzó en 1980 en Buenos Aires, cuando, por circunstancias extrañas, cayó en mis manos la copia de una antigua cruz templaria francesa que exhibía en su centro un escudo con la flor de lis. En esa época la obra de Lincoln, Baigent y Leigh aún no había aparecido (data de 1982 y la edición española de 1985) y todo no pasó de ser una curiosidad pues nada sabía yo del Prieuré de Sion (ni siquiera que esa organización existía). Me limité a suponer que la cruz original databa de los tiempos de las Cruzadas, cuando las relaciones entre el Temple y la corona francesa eran aun cordiales y estrechas. Pero la cosa no iba a parar en esto. En 1986 llegó a mis manos, esta vez diría por derecho propio, una segunda cruz templaria muy notable junto con su banda de honor que antes habían pertenecido a Domingo Santamarina, presidente chileno del siglo pasado en tiempos de la guerra del Pacífico y Caballero Templario. No había lises en esta cruz. Por fin, en 1995, me tocó recibir de manos de hermanos templarios una tercera cruz templaria muy antigua proveniente de la Orden del Cristo de Portugal, Es sabido que esta última Orden fue creada por el rey de Portugal para dar asilo a los nobles caballeros del Temple cuando la maldad y la codicia de Philippe le Bel, rey de Francia, y del Papa Clemente V les llevaron a destruir la Orden del Temple. Pero no pudieron lograr del todo sus inicuos propósitos. “Post fata resurgo! dice uno de los lemas templarios y la filiación se conserva celosamente hasta hoy en muchos paises, incluyendo la Argentina. En esta tercera cruz se observan cuatro flores de lis en cada uno de sus brazos. Y es esto lo que lleva a reflexionar pues tal símbolo se adoptó precisamente en uno de los reinos que dio mayor protección y facilidades a los caballeros templarios para sobrevivir tras la tragedia.

Pues bien, la flor de lis no es símbolo casual y bien explican esto Lincoln, Baigent y Leigh en sus libros. Si se la examina se observará que forma un hexagrama, lo cual a las claras es una alusión a la Casa de David y sus sucesores como reyes de Israel. De aquí al Linaje Sagrado hay un paso pequeño pues todo el mundo sabe que, de acuerdo a la tradición evangélica, Jesucristo era descendiente de David. Y los lises figuran en el emblema del Prieuré de Sion, de acuerdo a Pierre Plantard y a los tres autores ingleses. Pero con esto no basta pues tales hechos son solo indicios, si bien muy interesantes. Lo que faltaba era documentación antigua del Prieuré que estableciera fehacientemente su conexión con la Orden del Temple, conexión que, repito, ya no existe más. La existencia del Prieuré fue, al parecer, secreto siempre muy bien guardado.

Lo más antiguo que se había dado a conocer eran documentos firmados por Jean Cocteau, que fue Nautonnier o Gran Maestre del Prieuré en este siglo. Eso no es mucha antigüedad por cierto y hacía falta algo más contundente y añoso. Finalmente se dio a conocer algo muy notable, algo así como una filtración de información, y fue a través de una novela checa del siglo pasado, Vale la pena explayarse sobre este hecho, mal conocido en nuestro medio, pues no figura en la edición española del “Enigma Sagrado”. Solo fue dado a conocer recién en la nueva edición inglesa, aparecida en enero de 1996 en Londres.

Naturalmente el citar una novela como fuente de documentación puede merecer graves críticas por parte de historiadores severos e …irreflexivos. Pero vale la pena hacer una reflexión al respecto y dar un buen ejemplo. Muchas veces las novelas de corte histórico-político son escritas por personas que se enteraron de algo y construyen una historia en torno de ese hecho. La forma novelada entraña menos compromisos personales y suele ser más amena que un serio y documentado ensayo histórico con voluminoso aparato crítico de notas y bibliografía. He tenido en ese sentido una notable experiencia en el pasado. Es sabido que eruditos e historiadores oficiales jamás pudieron llegar mas que a conjeturas sobre el origen y naturaleza del Baphomet atribuido a los templarios. Cada uno de esos historiadores repite al respecto las tonterías de sus predecesores y agrega otras nuevas de su propia cosecha.

Sin embargo, y dado mi afán por conocer más a fondo este viejo y olvidado asunto, los misteriosos caminos de la causalidad me ayudaron en forma inesperada. Cayó en mis manos una novela francesa editada en 1837, obra de un tal M. J. Brisset y titulada “Les Templiers”. Allí encontré la descripción de un ritual muy secreto del siglo XIII, de corte político, el que debió haber enfurecido en su momento a papas y a reyes. Es probable que haya sido una de las causas que llevaron a la tragedia de la Orden.

Como volqué mi hallazgo en un artículo fui criticado por los enanos mentales de siempre. Pero posteriormente hallé notable confirmación de mis sospechas al hallar que en el pueblo navarro de Ochagavía se practica hasta el día de hoy una supervivencia “suavizada” de este ritual. Esto lo cuenta Rafael Alarcón H. en su obra “La otra España del Temple” y me ocupo más extensamente de ello en otro artículo.

Tras este prolegómeno necesario pasemos a ocuparnos de esa “filtración de información” en una novela checa y a la que antes aludía. Este descubrimiento fue hecho por Sonia Kanikova, especialista en literatura del este de Europa y co-editora de un libro sobre el tema. Se trata de una novela de Prokop Chocholausek (1819-1864) titulada (en traducción) “Los templarios en Bohemia” y publicada en 1842. El autor, totalmente desconocido en nuestro medio, parece haber sido una versión checa de Sir Walter Scott, muy documentado sobre temas de caballería pero de estilo más bien lamentable en sus escritos. Y he aquí la sorpresa dado que el Prieuré de Sion se denominó hasta 1188 Orden de Sion, es decir mientras duró su alianza con el Temple. En ese año se produjo la ruptura entre ambas Ordenes tras el episodio de la tala del olmo y la Orden de Sion pasó a ser el Prieuré. De acuerdo a Lincoln. Baigent y Leigh se han encontrado viejas actas de la Orden de Sion de los siglos XI y XII pero no las dan a conocer. Luego se pierde toda traza desde el siglo XVII hasta nuestro siglo XX. Lo que no figura en ningún documento ni monumento es el nexo entre ambas ordenes.

De acuerdo al autor checo Chochousek, al comienzo de las Cruzadas nueve caballeros bajo el liderazgo de Hughes de Payn o Payens se establecieron ellos mismos como Caballeros de Sion u Orden de Sion. Ellos eran el núcleo secreto de la Orden del Temple que fue creada como su fachada (siempre de acuerdo a Chochousek). El saludo entre los dignatarios de esta oculta Orden era “Gloria a Sion!”. El nexo entre el Temple y la Orden de Sion desde los origenes, nexo sobre el que faltaban pruebas, aparece como claramente establecido en esta novela que data de hace más de siglo y medio, Lo que decía Chochousek concuerda exactamente con las afirmaciones del Prieuré. Recordemos que esos nueve caballeros liderados por Hughes de Payens y a los que alude Chochousek son los que figuran oficialmente como fundadores de la Orden del Temple con el aliento y bendición de San Bernardo de Clairvaux. La pregunta obvia es como y de donde obtuvo Chochousek tales informaciones?

Hacia fines de 1983 llegaron a mi poder dos obras españolas muy remarcables. Todo indicaba que su redacción era anterior o al menos simultánea con la del “Enigma Sagrado”. Se trataba de “María Magdalena” de Manuel Asensio (sin fecha) y “El desvelamiento de la Revelación” de Rafael Hereza (1981), ambas editadas por La Rama Dorada de Madrid.

Ahora el misterio de la causalidad me hacía poseedor de estos raros libros. Ambos son obra de teólogos expertos y ambos, mediante exégesis minuciosa de los textos denominados canónicos del Nuevo Testamento, desembocan en la misma conclusión: María Magdalena debe ser considerada la Eva del Nuevo Testamento, esposa de Jesucristo y madre de sus hijos. Para llegar a esto hacen gala de erudición en materia bíblica y profusión de citas de obras de teólogos católicos y protestantes. Como no soy teólogo ni quiero serlo dejaré esto de lado: no creo que los temas que nos preocupan aquí puedan probarse o refutarse con argumentos teológicos.

Las menciono para apuntar que dentro de la ortodoxia católica no han faltado quiénes han sostenido la tésis del “Enigma Sagrado”, aún cuando en los dos libros españoles citados falta obviamente el Nihil Obstat de la censura eclesiástica. Cabe preguntarse asemás si la aparición de estos libros como tambien la del de Merens, del que luego me ocupo, no son una preparación para lo que viene con un toque premonitorio de lo que forzosamente ha de descubrirse en algún momento, Como afirma el viejo dicho criollo: “El miedo no es tonto”.

Más tarde aparecería otra obra del francés Bernard Merens, tambien ceñida a la ortodoxia católica, titulada “María Magdalena, hija de Eva y de la Gracia” (Planeta/Documento, 1989) que apunta exactamente en la misma dirección. Merens sostiene la tésis que se ha hecho ya clásica y mayoritaria,

María pecadora, María de Betania, hermana de Marta y de Lázaro y María de Magdala o Magdalena son la misma persona, La liturgia de la Iglesia ha afirmado esto mismo desde hace muchos siglos.

Y es más, pues la misma persona es designada tambien como María Salomé, pasando de este modo a constituir la figura femenina central del Nuevo Testamento y la más mencionada por los cuatro evangelios denominados canónicos. Ante la pregunta de como la misma María Magdalena pudo ser tratada de mujer pecadora hoy la respuesta más plausible es que se trata de una interpolación tardía, motivada por la lucha de ambiciones entre el linaje de la sangre y el linaje de la fe o eclesiástico romano. No olvidemos que el Nuevo Testamento canónico ha sido interpolado y adulterado innumerables veces. Un estudio reciente llevado a cabo en los EE.UU. por medio de computadoras sobre textos evángelicos que databan del 100 al 600 d.C. evidenció que por lo menos había huellas de setenta y cinco personas distintas que habían intervenido en la redacción. Esto hace que la credibilidad histórica de tales evangelios sea por cierto mínima.

En 1993 aparece en inglés (y al año siguiente en castellano) una obra de gran interés de Margaret Starbird titulada “María Magdalena, esposa de Jesús?”. Los pocos ejemplares pronto volaron de librerías, no se sabe si por obra de voraces lectores o de manos sectarias que los hicieron desaparecer. Esta obra merece una lectura particularmente detallada pues ello nos conducirá a muy notables hallazgos y evidencias. No me ocuparé aquí de la tradición del Santo Grial (o Sang Rial, la Sangre Real) pues ya lo hice extensamente en una conferencia anterior sobre la tradición caballeresca. Baste decir que esa tradición de María Magdalena que llega a las Galias escoltada por José de Arimatea y portando el Grial es hoy, a la luz de lo que se sabe, puramente simbólica. La Iglesia omite toda mención en su propia tradición del Santo Grial pues no le conviene. Es la lucha que hasta hoy subsiste entre los herederos de Simón Pedro y los de María Magdalena, los herederos de la fe y los herederos de la Sangre. En la obra de Starbird merece especial mención el estudio que dedica a los Arcanos del Tarot como mensaje cifrado del Linaje Sagrado y el Santo Grial. No resulta pues extraño que la Iglesia haya condenado en su momento el Tarot no como expresión de vicio y decadencia sino como algo HERETICO.

El gran acierto de Margaret Starbird es haber detectado en su obra, y pese a carecer ella de formación especial al respecto, un secreto vital de la Tradición Esotérica. Vale la pena detenerse en esto pues forma parte de la Enseñanza de todos los Santuarios Iniciáticos. Este secreto es la inseparabilidad en Dios del aspecto masculino y del aspecto femenino. Los Maestros hindúes insisten especialmente, por ejemplo, en que el que adora a Shiva separado de Su Shakti Parvati fracasará en su intento y no alcanzará la Suprema Meta Espiritual. Es que la Shakti, aspecto femenino, es en todas las formas tradicionales la personificación de la Energía y Poder de Dios. Pero hay más y esto tambien es de tremenda importancia. En un texto sagrado de la India, el Sanatana Dharma Dipika, se revela como las Encarnaciones o Avataras del Logos Terrestre, Sri Bhagavan Narayana, siempre están acompañadas de la Encarnación de su Shakti, Sri Yoga Devi, su Shakti y consorte. Esto explica un principio universal y Jesucristo no fue la excepción. Así se aclara porqué los iniciados medievales veneraban a María Magdalena como Reina y Señora antes que a María, madre de Jesús. Pero la Iglesia se encargó de hacer desaparecer ese culto a Magdalena, reemplazándolo por el otro, Detrás de ello había solamente razones políticas.

Desgraciadamente Lincoln, Baigent y Leigh (lo mismo que muchos otros autores posteriores) han oscurecido todo el asunto pues parecen estar más interesados en el oro templario, en las reliquias escondidas del Templo de Jerusalén y en las consecuencias políticas tremendas de todo el asunto que en los tesoros espirituales. Pero Margaret Starbird no se detiene en tales cosas y va derechamente al grano, presentando sus propios notables hallazgos. Desgraciadamente aquí, por razones de brevedad debemos renunciar a exponerlos y remitimos a su libro.

Muy clara es la situación con los evangelios gnósticos de Tomás y de Felipe, hallados en Nag Hammadi, Egipto en 1946. Estos documentos se hallaban perdidos desde fines del siglo I, época de su redacción y como fueron traducidos con escrupulosidad científica se puede confiar en que no han sido adulterados por ninguna mano interesada. Contienen algunos pasajes de crecido interés pero que pueden resultar escandalosos para oídos sectarios y fanatizados. Estos pasajes constituyen un verdadero punto de partida para las afirmaciones de Lincoln, Baigent y Leigh en su “Enigma Sagrado”.

Citemos en primer lugar al “Evangelio de Tomás”. Este contiene textualmente (versículo 61) “Jesús dijo: “Dos yacerán en una cama. Uno morirá y el otro vivirá”. Salomé (María Magdalena) Quien eres tú, hombre, que como si vinieras del único, has dormido conmigo y has comido de mi mesa?” “. El texto citado es bien explícito pero aún más lo es los que siguen provenientes del Evangelio de Felipe (versículos 11-13 y 16-17): “Hubo tres (mujeres) que caminaron siempre con el Señor: “María su madre y su hermana (o sea su tía María de Cleofás) y Magdalena que era su compañera. La madre de El y su hermana y su compañera eran todas María”, y luego sigue:

“Y la compañera (de Jesús) es María Magdalena. Y Jesús la amó más que a todos los discípulos y acostumbraba a besarla a menudo en la boca. El resto de los discípulos se ofendían por ello y expresaban su desaprobación. Le dijeron: “Por que la amas más que a todos nosotros?” . Y Jesús respondía: “Porque no os amo como a ella?”.

Resulta notable que estos evangelios del siglo I reservan a María Magdalena un papel mucho más importante que a la madre de Jesús. Vale la pena remitir una vez más al “Enigma Sagrado” en cuanto a su elucidación del misterio de las Virgenes Negras, las que indudablemente representan a María Magdalena. De este asunto extenso y muy complejo me ocuparé en una futura conferencia. Pero baste señalar aquí algo que suele pasar desapercibido. El Cantar de los Cantares se refiere a la esposa negra y durante siglos la Iglesia, siguiendo a San Bernardo de Clairvaux, ha identificado a esa esposa con María de Betania o sea María Magdalena. Que ambas personas son la misma es algo oficial para la Iglesia pues así lo proclamó el papa Gregorio I en el siglo VI. Y para completar la evidencia reiteremos que ese mismo coloso espiritual que fue San Bernardo de Clairvaux alentó a los nueve caballeros (incluyendo a su sobrino) a fundar la Orden del Temple a la que dio su Regla y dedicó su célebre carta titulada “A la nueva milicia”. Vale la pena recordar aquí que San Bernardo, quien no fue papa pues no lo quiso, fue iniciado en su juventud por los sacerdotes druidas, iniciación que transmitió a los caballeros del Temple.

En relación a María Magdalena debe decirse que la misma tradición eclesiástica afirma que se trasladó a las Galias para morir en Marsella alrededor del año 66 d. C. Extraigo este dato del diario “La Nación”, Sección Culto Católico-Santoral del día 22/7/1991. Esto se vería confirmado por ciertos libros de caballería que afirman que el Santo Grial fue llevado a las Galias por Santa María Magdalena escoltada por José de Arimatea. Naturalmente aquí las palabras Santo Grial deben comprenderse en el sentido de Santa Sangre o sea que esta leyenda debe interpretarse como que la descendencia física de Jesús se trasladó a las Galias y se continuó allí. Nos hemos ocupado ya de esta cuestión anteriormente, en nuestra conferencia sobre la Tradición Caballeresca y el Santo Grial.

Pero esta hermosa historia se iba a desmoronar cuando se produjo el hallazgo arqueológico no del siglo sino de los siglos y del que informó con algún detalle un solo medio periodístico en Buenos Aires. Me refiero a “Ambito Financiero” que, en su edición del 3/7/1995, dio cuenta en forma deformada del descubrimiento cerca de Jerusalén de una cripta, verdadero panteón familiar, donde se hallaron seis urnas vacías que habían contenido los restos mortales de Jesús, María, José, María Magdalena, Tadeo (presumiblemente hermano de Jesús) y Judas, hijo de Jesús según reza la inscripción en la correspondiente urna. Naturalmente esto echó por tierra los dogmas del catolicismo en relación con la Resurrección, Ascensión y también lo concerniente a la Asunción de María. Es además notable que la urna que contenía los restos de Jesús exhibía una cruz trebolada abajo de la cual se lee “Jesús, hijo de María y José”. Esto no se compadece con el dogma que afirma la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo. Para una versión más completa y exacta de este hallazgo colosal puede verse el importante libro “La Tumba de Dios” de Richard Andrews y Paul Schellenberger. El problema es determinar que se hizo de esos restos mortales. Con alta probabilidad se hallan en Europa donde fueron llevados por los Caballeros Templarios en una muy secreta misión.

Naturalmente la presencia de la urna de María Magdalena en ese panteón familiar robustece grandemente la presunción de su matrimonio con Jesucristo, máxime por cuanto se hallaban también presentes los restos de Judas, hijo de Jesús y (con alta probabilidad) de María Magdalena.

Claro está que este hallazgo colosal echa por tierra varias hipótesis y leyendas. Entre otras la de que Jesús murió en Cachemira y la mencionada de que María Magdalena murió en las Galias. Los traslados de restos en esas épocas lejanas eran cosa del todo imposible.

Tal hallazgo notable inspira por cierto reflexiones amargas en cuanto a la forma en que se escamotean las noticias y las verdades en la información periodística por parte de los intereses creados. Otro medio (el diario “La Nación”) solo publicó al respecto un breve suelto en el que resultaba imposible discernir de que se trataba realmente pues solo se mencionaba el “hallazgo de una tumba de los tiempos de la Sagrada Familia”. No hicieron por cierto gala con esto de una gran osadía periodística!

En otros paises, por ejemplo Brasil y Paraguay, no se informó hasta ahora nada por ningún medio. Queda la esperanza de que los navegadores de la Internet puedan obtener allí más informes al respecto y mucho agradeceré la dejen conocer al público para acabar con tanto escamoteo, engaño y mistificación. Y hay que destacar que la Iglesia argentina interfirió inmediatamente para que no se publicara nada más al respecto. El argumento que usan ahora los beatos para descartar el asunto es que la noticia no era seria puesto que en los medios nada más apareció al respecto. Obviamente podría ser esto el comienzo del fin de un gran negocio y modus vivendi basado en falsedades…

LA OBRA DE SIR LAURENCE GARDNER

Este corto trabajo pecaría de muy incompleto si no se hiciera referencia a la notable labor de Sir Laurence Gardner, quien ha completado lo iniciado por Lincoln, Baigent y Leigh, yendo mucho más lejos. Hoy se sabe incluso hasta los nombres de los hijos de Jesús y María Magdalena.

Como las obras de Gardner aún no han aparecido en castellano incluyo en este sitio web para comodidad de los visitantes una extensa conferencia suya en inglés que constituye un resumen extraordinariamente interesante de sus hallazgos. Recomiendo la lectura pues aporta grandes avances en el conocimiento de este asunto.

CONCLUSION

En el Srimad Bhagavad Gita el Mahavatar Sri Krishna afirma: “Cada vez que decae el Dharma y sobreviene una preponderancia de la injusticia Yo me manifiesto en hermosas y benéficas Encarnaciones para la salvación del mundo”. Es Dios es el que habla y no cabe duda de que esas palabras se ajustan a los tiempos que corren en el mundo. Krishna y Jesús son Encarnaciones del pasado y ahora es menester mirar para adelante, Noticias provenientes de muy elevados círculos iniciáticos hindúes nos hablan de las ya producidas manifestación y aparición públicas del Kalki Avatara en nuestros días. Nos han llegado fotografías y algunas enseñanzas. Y nos debemos preguntar : “Eres Tú el que debía venir o debemos esperar a otro?”. Ciertamente valdría la pena saber a ciencia cierta la respuesta a este grande y vital interrogante! Para esto habrá que esperar…

http://www.spicasc.net/

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LA FORMULA MATEMATICA DE LA BELLEZA UNIVERSAL

Posted by cosmoxenus en 13 mayo 2006

Dr. ARMANDO GONZALEZ ROMERO

Es posible que las ciencias físicas permitan algún día a nuestros descendientes establecer las concomitancias y condiciones físicas exactas de la extraña emoción llamada belleza. Pero si ese día llega, la emoción subsistirá lo mismo que ahora fuera del radio de acción del mundo físico. –Thomas Henry Huxley- (1825-1895).

Huxley, biólogo inglés defensor de las teorías de Darwin, escribió entre otras muchas cosas un libro titulado Ciencia y Cultura. En su frase anterior hace alusión precisa a los componentes de la “extraña emoción llamada belleza”; por un lado expresa su deseo de que la ciencia nos permita establecer las condiciones físicas exactas que hacen bella a una creación. En su contexto profetiza que la emoción subsistirá pese a que la belleza sea reducida al campo del mundo físico. De acuerdo con Huxley, tenemos entonces en la belleza dos elementos constitutivos: 1, Un elemento objetivo: los atributos físicos que como tales, confieren una forma a la materia, y por ende puede ser medida con exactitud. 2, Un elemento subjetivo: que origina el sentimiento de placer o deleite en el sujeto que observa esa creación. Este personal “sentimiento” o emoción no se puede medir y su intensidad depende de la sensibilidad de quién ve, de quién oye, de quién huele, del que toca, en suma de aquél que con sus órganos de los sentidos percibe la belleza en una obra de la naturaleza, incluida por supuesto, la naturaleza humana. Esto pude ser un atardecer, el canto de un ave, el aroma de una rosa o la delicada piel del sujeto amado. O bien las creaciones del hombre: una ecuación matemática, una pintura, una escultura, una sinfonía, una poesía o un rostro bello. En síntesis, para comprender lo que es la belleza necesitamos del conocimiento físico, o mejor dicho de la Física como ciencia que se expresa con matemáticas y el lenguaje de estas son los números y las ecuaciones. Para sentir la belleza necesitamos nuestros órganos sensoriales para captar la esencia de las cosas y transformar, en nuestro cerebro, el estímulo puramente físico en deleite espiritual.

Como atributos físicos de las cosas bellas están la armonía, la proporción y la simetría. Toda la Creación esta imbuida de estas características. Aún en algo tan desagradable como las moscas, o los artrópodos parásitos o los venenosos arácnidos existen las mismas proporciones armónicas que presentan los bellos insectos como las mariposas, las aves, y los mamíferos incluido por supuesto el hombre. Ya Darwin (1809-1892) en su célebre obra “El origen de las Especies por medio de la selección natural” (1859) descubre como evolucionan los organismos a partir de un esquema biológico bien definido hasta llegar al hombre, cúspide de la pirámide evolutiva.

Pero, después de todo ¿Qué es la belleza?

Según el diccionario1 la belleza es la “propiedad de las cosas que nos hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual.”

Para Edgar Alan Poe, “la belleza de cualquier clase, en su manifestación suprema, excita invariablemente el alma sensitiva hasta hacerle derramar lagrimas”2 , suponemos que de placer. Aquí el “alma sensitiva” adquiere la connotación del sujeto sensible que es capaz de emocionarse en grado supremo.

Solemos decir que un individuo tiene bellos sentimientos, o que una cosa o persona es bella por sus atributos físicos; los sentimientos son manifestaciones del espíritu. Por lo tanto la belleza es espiritual y física. “Si tienes belleza y nada más, has conseguido el mejor invento de Dios.” 3

Pero acaso Dios nos permite indagar en los misterios de su creación? ¿Existirán pistas para descubrir su mejor invento, la belleza? Einstein refiriéndose a los misterios del Universo dijo alguna vez : “Yo solo deseo conocer los pensamientos de Dios… el resto son detalles… “ y cuando menos, con esos “detalles” pudo revolucionar la física aportando sus pensamientos y estos, transformados en lenguaje matemático, escribió sus fórmulas que han permitido a los científicos acercarse al origen del Universo con todas sus espléndidas bellezas.

Entonces, ¿existe acaso una fórmula que determine a la belleza?

Y si existe, ¿es su aplicación limitada solo a un grupo de cosas, o puede aplicarse a toda la Creación en general?

Ó, ¿ es la belleza englobada en la disciplina Estética, un concepto filosófico abstracto, elusivo a la conmensuración?

Las interrogantes anteriores son las cuestiones básicas sobre las que pretendo desarrollar este ensayo. Iniciaré por la última.


1. ALGUNOS CONCEPTOS FILOSOFICOS DE LA ESTETICA.

En su más alto y profundo significado, Estética es la filosofía de la belleza y el arte. Al igual que nosotros, los antiguos filósofos griegos se preguntaron ¿Qué es la belleza?, ¿ existe lo bello en sí y es objetivo y mensurable?, o solo un sujeto especialmente dotado puede percibir la belleza, siendo esta por tanto un puro ideal subjetivo.

La “estética” cuya etimología griega aisthetikós deriva de aisthesis = sensación, fue en su origen, un concepto metafísico platónico. Aristóteles determinó como propiedad de lo bello, el orden, la simetría y la delimitación. Posteriormente casi todos los filósofos se han cuestionado sobre el sentimiento estético; entre ellos destaca Kant. Este dividió su famosa obra “Critica de la razón pura” en la estética y la lógica trascendentales. Estudia en la primera las condiciones de la intuición o conocimiento sensible. Para Kant la belleza es formal, y solo es bello lo que es objeto de un universal placer. Lo cierto es que la belleza es un predicado del juicio sintético a priori que el hombre relaciona a un objeto o a una abstracción que surgida del intelecto, le causa una emoción estética al contemplarlo o percibirlo por cualquiera de los sentidos. Pero ¿Qué es la emoción estética? Es un sentimiento agradable, puro, desinteresado que afecta armónicamente a todas las facultades humanas: sensitivas, intelectivas y morales. Como contraparte existen conceptos opuestos a lo bello como son: lo feo, lo grotesco o lo ridículo.

Desde sus orígenes, el ser humano a confrontado su espíritu con el mundo que le rodea y en consecuencia ha creado la “cultura”. Esta comprende la ciencia, el arte y los valores morales. El objeto de la ciencia es conquistar la verdad; el arte anhela expresar la belleza y la moral tiene como meta la justicia. Luego se crea la Filosofía para indagar y explicar la “cultura”.

Huntley 3 establece que la capacidad para apreciar la belleza es un don humano y por lo tanto que nos distingue de los animales y sugiere encontrar el origen en el Génesis I, v. 26: “ Y Dios dijo: hágase al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Aquí según él, se encuentra la pista, porque el hombre al parecerse a su Creador, a nacido para crear: procrear, y crear cultura dentro de la cual, como dijimos, está la belleza. Para muchos filósofos la profunda satisfacción espiritual que se origina en el acto creador de valores reales, se encuentra la razón de la existencia humana que está impulsada por su amor a la belleza, innata en todos nosotros.

Guzmán Leal 4 señala qué: “la belleza se divide en absoluta y relativa: la belleza absoluta es la que se encuentra en Dios, fuente manantial de donde se deriva toda la belleza creada; llámase absoluta porque no hay en ella mezcla de imperfección alguna. La belleza relativa es la que resplandece en los seres finitos y limitados de la Creación y se divide en: natural y artificial o artística; la primera es la que brilla en los objetos de la naturaleza sin intervención del ser humano, y la artificial o artística se debe al ingenio del hombre”. En esta última se incluyen por supuesto todas las manifestaciones creativas del espíritu, representadas por las artes, entre las que se encuentra la medicina y la cirugía, ciencia y arte apasionantes a las que nos dedicamos. En éstas encaja la cirugía plástica, pues es realizada por un cirujano escultor que modela la materia viviente. En este sentido, la cirugía plástica es un procedimiento quirúrgico que se ejecuta en un individuo que desea mejorar su apariencia y por lo tanto el cirujano pretende sobrepasar los límites normales de una estructura determinada, para llevarla a un grado superior de proporción, armonía y belleza.

2. PITAGORAS, LOS NUMEROS, LA GEOMETRIA Y EL ESOTERISMO.

Es indudable que existen individuos dotados de mayor sensibilidad para intuir lo bello y establecer así, las normas o cánones de belleza, lo mismo en un pensamiento que en las matemáticas, en la música o en cualquiera de las artes. Uno de estos prohombres fue Pitágoras. Él concebía la Creación como un ordenamiento basado en los números y la geometría y afirmó que la esencia de todas las cosas era el número, es decir el orden mensurable y como gran filósofo y matemático que fue, trato de adaptar el conocimiento a los números. De su geometría y de sus matemáticas, se deriva la fórmula intrínseca de la proporción, componente elemental de la belleza.

Pitágoras (c.582-497 A.C.) incluido entre los siete sabios de Grecia, ejemplifica con su legado filosófico y científico el esplendor de la antigua Hélade. De origen jonio, nació en la isla de Samos aproximadamente en el año 582 antes de Cristo. A los veinte años de edad, había conocido a Tales y Anaximandro en Mileto, pero habiendo oído hablar del saber prodigioso de los sacerdotes egipcios y de sus misterios formidables, decidió partir para Egipto con el objetivo de hacerse iniciar por los sacerdotes de Memphis, en los tiempos del faraón Amasis . Allí pudo profundizar las matemáticas sagradas, la ciencia de los números o de los principios universales, que fue el centro de su sistema filosófico y que después formuló de manera nueva. “La ciencia de los números y el arte de la voluntad son las dos claves de la magia, decían los sacerdotes de Memphis; ellas abren todas las puertas del universo” 4

Su iniciación duró veintidós años bajo el pontificado del sumo sacerdote Sonchis. Luego vino la invasión y conquista de Egipto por Cambises, rey de los persas y los medos, e hijo de Ciro el Grande, al que sucedió en el trono entre 528 y 522 a. C. Déspota y cruel, Cambises después de decapitar a miles de egipcios, destierra a Pitágoras a Babilonia junto con una parte del sacerdocio egipcio. Aquí tiene contacto con los herederos de Zoroastro y con los sacerdotes de tres religiones diferentes: la caldea, la persa y la judía lo que le permite a Pitágoras ensanchar su horizonte filosófico y científico. Después de esto, sabía mas que cualquiera de sus contemporáneos griegos. Había podido comparar las ventajas e inconvenientes del monoteísmo judío, del politeísmo griego, del trinitarismo indio y del dualismo persa. Sabía que todas esas religiones eran rayos de una misma verdad. Después de doce años de internamiento en Babilonia, tenía la clave del conocimiento esotérico, es decir, la síntesis de todas esas doctrinas. Era pues tiempo de volver a Grecia después de treinta y cuatro años, a cumplir su misión. 4

Pitágoras se dirige a Delfos, localizada al pie del monte Parnaso. Aquí se encontraba el templo de Apolo, famoso por sus oráculos que emitía por mediación de la pitia o pitonisa. En este templo Pitágoras transmitió sus conocimientos y preparó a los sacerdotes y a la gran pitonisa Teoclea enseñándoles los secretos de su doctrina. Después de un año entero, el maestro partió hacia Crotona, ciudad localizada al sur de Italia, en Calabria. En los tiempos de Pitágoras, el sur de Italia, incluyendo la isla de Sicilia, eran ocupadas por colonias griegas. Allí fundó una escuela de filosofía esotérica que sería conocida como la secta pitagórica; Pitágoras llamaba matemáticos a sus discípulos porque su enseñanza superior comenzaba por la doctrina de los números. El NUMERO no se consideraba solo como una cantidad abstracta, sino como la virtud intrínseca y activa del UNO supremo que es Dios. La Unidad que contiene al Infinito.

Según Edouard Schure,4 “En las matemáticas trascendentes se demuestra algebraicamente que cero multiplicado por infinito es igual a uno. Cero, en el orden de las ideas absolutas significa el Ser indeterminado. El infinito, lo eterno, en el lenguaje de los templos se simbolizaba por un círculo o por una serpiente que se muerde la cola, que significa el infinito, moviéndose a sí mismo. Y, desde el momento que el Infinito se determina, produce todos los números que en su grande unidad contiene, y que gobierna en una perfecta armonía.”

Un oráculo de Zoroastro dice: “El número tres reina en el universo, y la mónada (uno, único, unidad) es su principio”.

La Mónada representa la esencia de Dios. Para Pitágoras el mundo real es triple y regido por la Tríada o Ley del ternario.

El universo está formado por tres esferas concéntricas: el mundo natural, el mundo humano y el mundo divino.

De igual modo, el hombre se compone de tres elementos distintos pero fundidos uno en otro: cuerpo, alma y espíritu. Este es el intelecto otorgado por Dios y estrechamente unido al alma.
El mundo divino, representado por Dios, también es una trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. “Tres personas distintas y un solo Dios verdadero” para la religión cristiana. El culto trinitario de la India está representado por Brahama, Vishnú y Siva.

En el mundo natural podremos aplicar, como veremos más adelante, la ley de los tercios a todos los cuerpos armoniosamente proporcionados.

Las tres esferas del Universo representadas por el mundo natural, el mundo humano y el mundo divino, resumidos en la Mónada, constituyen la “Tétrada sagrada”.

Pitágoras además de la enseñanza de las matemáticas puras, iba mucho más lejos con el significado de los números 5 y decía que los principios esenciales están contenidos en los cuatro primeros números: 1, 2, 3 y 4, porque adicionándolos o multiplicándolos se encuentran todos los demás. El número 1, “unidad” representa a Dios; el 2 y su cuadrado (22) a la mujer y el 3 al hombre, el elemento del 3 es el agua y su figura geométrica correspondiente es el triángulo. El 4 cuya figura geométrica es el cuadrado, es considerado como el número cósmico y número de la armonía por ser el cuadrado de 2 (22 = 2 x 2 = 4); el 2 (principio maternal) se ensancha hacia los cuatro costados del Cosmos ( puntos cardinales), y son las cuatro estaciones del año la expresión de la madre tierra. También son los cuatro elementos eternos que componen el Universo de Empédocles (c.490 a.C): aire, fuego, agua y tierra. El cristianismo lo adopta en sus cuatro evangelistas y desde tiempos remotos los templos y los altares se han construido sobre plantas cuadradas o cuadrados oblongos (más largos que anchos). El cubo, en tanto que poliedro de seis caras cuadradas es otro de los cinco sólidos platónicos y en la filosofía platónica representa a la tierra. El 5 según Pitágoras, es el número perfecto del microcosmos hombre; el 5 en tanto que suma de los elementos femenino (2) y masculino (3) era símbolo del matrimonio y de la síntesis; es el número de los dedos de la mano y el pie y de los 5 sentidos. Su figura geométrica es el pentágono formado por tres triángulos del cual se deriva el pentagrama o estrella de 5 puntas; Pitágoras y los pitagóricos, adoptaron este símbolo como identificación de su secta y significaba para ellos la salud y el conocimiento; es una figura geométrica rica en secciones doradas (f). El pentágono junto con el triángulo equilátero y el cuadrado (polígonos simples) forman la base de los 5 sólidos platónicos (polígonos regulares de tres dimensiones) : tetraedro (cuatro caras), octaedro (ocho caras), icosaedro (veinte caras), exaedro (seis caras) y duodecaedro (doce caras). Los tres primeros están basados en el triángulo, el exaedro en el cuadrado y el duodecaedro en el pentágono. Todos estos polígonos están saturados de secciones doradas. La escuela pitagórica influenció a Platón y este trató de explicar la composición del mundo en base al simbolismo de los polígonos. Este conocimiento, y toda la geometría helénica, fueron compendiados en el libro XIII de la obra de Euclides “Los Elementos”.

Siguiendo con los números, la adición de los cuatro primeros números da como resultado el número diez: 1+ 2 + 3 + 4 = 10. Esta suma era conocido entre los pitagóricos como Tetractis. Esta es una palabra griega que significa literalmente “número cuatro”, sinonimia de quaternión (cuaternario) la cual se aplicaba a un símbolo de Pitágoras que se compone de diez puntos distribuidos en forma triangular. La figura en conjunto era en sí, el emblema Tetragrama o nombre sagrado de cuatro letras, en este caso cada lado del triángulo está formado por cuatro puntos. Es posible que Pitágoras lo haya aprendido en su estancia en Babilonia. Las partes que lo componen, eran también símbolos fecundos, por cuya razón, el punto vértice era el símbolo del principio creador; los dos puntos que siguen hacia abajo representan el principio de la materia (también a la mujer); los tres puntos que le siguen, el mundo que precede de su unión (también al hombre); y los cuatro últimos el de las artes liberales y las ciencias que completan y perfeccionan el mundo. Pitágoras explicaba que la palabra Tetractys, significa en realidad, la fuente de la naturaleza que se mueve perpetuamente. La pirámide que es la primera figura sólida, se encuentra en el cuaternario o tetractys, símbolo universal de la inmortalidad”6. Los egipcios construyeron sus pirámides para enterrar a sus faraones y propiciar su inmortalidad en el otro mundo. Curiosamente, la unidad monetaria del actual sistema económico mundial, el dólar, lleva la pirámide y en su vértice el ojo “divino”. Es significativa también, la inscripción en latín: novus ordo seclorum, ( nuevo orden para los siglos).

Como pudimos apreciar, de la suma de los cuatro primeros números resulta el diez; este es el número perfecto por excelencia, puesto que representa todos los principios de la divinidad evolucionados y reunidos en una nueva unidad. El número 7 (siete), siendo el compuesto de 3 y 4, significa la unión de la tríada humana con la sagrada. El 7 es el número de los adeptos y de los grandes iniciados. Hay siete notas musicales, son siete los días de la semana; siete por cuatro son 28 y estos son los días de un mes lunar. Siete son los colores del arco iris, o lo que es lo mismo, representa la composición física de la luz refractada a través de las gotas de lluvia, igual que sucede cuando la luz pasa a través del prisma inventado por Newton.

Además de la iniciación filosófica, Pitágoras trajo consigo desde Babilonia y Egipto, los conocimientos geométricos que le hicieron famoso. Especial mención requieren el triángulo y el cuadrado ( donde aparecen otra vez los números 3 y 4 de sus respectivos lados).

Para los esotéricos, el Triángulo Equilátero representa a Dios, o la armonía. Entre los fracmasones tiene un extenso campo de significados: la fuerza, la belleza y la sabiduría de Dios; los reinos mineral, vegetal y animal; las tres fases de la evolución del hombre separatio, fermentatio y putrefactio (el nacimiento, la madurez y la muerte); la mesura en el hablar, el pensar y el actuar. Para los cristianos es el símbolo de la Trinidad (padre, hijo y espíritu santo) combinado con un ojo o una mano dentro del triángulo.5

El triángulo rectángulo de proporciones armónicas 3, 4 y 5 entre sus lados, dio origen al famoso teorema que lleva el nombre de Pitágoras y que dice: “La suma de los cuadrados de los catetos (los lados que forman el ángulo recto) es igual al cuadrado de la hipotenusa (el lado mayor que une a los catetos)”. La importancia de este teorema radica en que su uso permite calcular las superficies o los volúmenes, tan importante para los babilonios y los egipcios que lo utilizaron en la medición de las tierras de cultivo en las márgenes de sus ríos y en sus fastuosas construcciones. Recuérdense las pirámides de Egipto, diseñadas bajo estricta geometría y seguramente motivadas con una mezcla de sentimiento religioso y conocimiento astrológico.

Los lados de las pirámides egipcias, al igual que las aztecas y mayas, están dirigidas a los cuatro puntos cardinales. Aunque coincidentales, es difícil suponer una comunicación entre los dos pueblos, separados en el tiempo y el espacio terreno. Sin embargo sus construcciones nos demuestran que, al igual que la mayoría de las antiguas culturas, los constructores eran poseedores del saber geométrico y astronómico elementales, adquiridos seguramente por la observación de los fenómenos naturales, cuyo análisis les permitía conocer el cambio de las estaciones y aplicarlas a la agricultura y a la medición del tiempo. Cuando no podían explicarse un fenómeno, para ellos incomprensible, tuvieron que recurrir a la imaginación de un Creador Supremo, es decir, tuvieron que “inventar” a sus dioses.

3. CONSTRUCCIONES GEOMETRICAS COMO ORIGEN DE LA FORMULA DE LA BELLEZA.

Con los datos precedentes podemos ya iniciar la búsqueda en la geometría, de una fórmula matemática que sea aplicada a las cosas bellas. Es casi seguro que los mesopotámicos inventaron la geometría y la transmitieron a los egipcios; en la cultura de estos podemos encontrar la fuente del conocimiento en la que bebió Pitágoras. Si analizamos las pirámides egipcias su construcción geométrica se basan en un triángulo equilátero, el cual dividido equidistantemente produce dos triángulos rectángulos. En la correlación matemática del triángulo rectángulo, queda inscrita la cifra matemática que dio origen a las proporciones armónicas de todos las cosas, animadas e inanimadas, que existen en la naturaleza y que es la base de la belleza. Con regla y compás los geómetras fundamentaron su ciencia. En la construcción de los polígonos simples: triángulo, cuadrado y pentágono, seccionados por el compás o la regla, aparecen dos segmentos armónicos y representadas estas proporciones con una sorprendente y misteriosa cifra: 1.618… Esta se representa con el símbolo f , correspondiente a la letra griega “phi”, en honor a Phidias (Fidias, 500-431 a.C.) por su maravillosa obra, el Partenón, una de las construcciones más bellas de la antigüedad y prototipo de armonía y equilibrio en todos sus componentes. Phi f aparece definida por primera vez en los Elementos de Euclides en la descripción que este hace de la construcción de un pentágono a partir de un triángulo isósceles .7

En lenguaje matemático, LA BELLEZA SE REPRESENTA EN LA SIGUIENTE ECUACIÓN:
5 + 1 = 1.618… = f (fórmula de Binet)8
2
(RAIZ CUADRADA DE 5 = 2.236 + 1 = 3.236, DIVIDIDO ENTRE DOS, ES IGUAL A 1. 618… (los tres puntos suspensivos significan hasta el infinito).

La utilización del símbolo f en cualquier gráfico, tiene la ventaja de que señala el sitio en que se encuentran los segmentos proporcionados de cualquier plano, área o volumen, sin tener que señalarlo numéricamente. Las proporciones armónicas están formadas por un segmento mayor y otro menor que guardan entre sí y entre la longitud total la siguiente proporción: 1: 1.618… Esta cifra, por su sorprendente relación con las cosas bellas, fue llamada desde hace muchos siglos, “Divina Proporción”. Leonardo de Vinci la llamaba “Sección Aurea”. También se le conoce como Sección dorada, Regla de oro y Regla de los tercios.

CONSTRUCCION DE UN TRIANGULO RECTANGULO

Volviendo al triángulo rectángulo de los egipcios, difundido por Pitágoras, es menester desarrollar paso por paso su construcción geométrica y sus intersecciones para observar el origen de la sección áurea ( f ):

Se traza una línea (longitud AB) que se quiera dividir en dos porciones que estén relacionadas con la Sección áurea.
Se divide en dos partes iguales.
En un extremo de la línea, se coloca un compás y partiendo de la mitad de esta línea, se traza un arco que determinará la altura de la cual se levanta una perpendicular (punto C).
Se traza una diagonal desde el punto C al punto A.
Apoyando el compás en el punto C se traslada la medida CB a la diagonal.
Apoyando el compás en el punto A con abertura hasta el punto D se traslada ese punto a la línea básica y se señala con la letra griega f (phi) . Esta es la Sección áurea o Divina Proporción. En la línea AB tomada como unidad y representada como 1, el segmento mayor mide 0,618 y el segmento menor mide 0,382. Las mismas proporciones se obtienen en la línea AC.9

En resumen, la sección áurea aparece en una línea cualquiera dividida en dos partes desiguales pero proporcionadas entre sí, de manera que el trazo más corto sea, en comparación al mayor, igual que este es en comparación a la línea total.

CONSTRUCCION DE UN RECTANGULO:

Otro método para encontrar geométricamente la Sección Aurea es utilizar como base un cuadrado (líneas ABCD):
Tomando la línea CD se divide por la mitad.
En el punto que señala la mitad, se apoya el compás y se traza una curva partiendo del punto B hasta la prolongación de la base en el punto F.
En este caso la proporción CD es la dimensión conocida y DF la dimensión armónica resultante. CD representa 0.618 como segmento mayor y DF 0.382 como segmento menor. Por sus proporciones, se le conoce como “Rectángulo dorado”
Si se repite esta operación en el lado opuesto, prolongaría el cuadrado a ambos lados con un rectángulo armónico y al conjunto se le ha llamado la puerta dorada. También podemos observar un medio circulo que es la base del arco de medio punto de los romanos. Obsérvense las secciones f.

Si se traza una línea que intersecte a un rectángulo, aparecerán dos triángulos rectángulos y también en ellos se observan las proporciones de f.

Por sus proporciones armónicas basadas en f , a este rectángulo se le ha denominado “Rectángulo Dorado”. Fue la formula en que se basó Fidias para construir todos los elementos arquitectónicos del Partenón. De el analizamos a continuación sus proporciones.

Es tal la influencia estética de este rectángulo que sigue siendo base de la arquitectura de todos los tiempos, de las artes y la publicidad, amén de infinidad de cosas más. Las siguientes ilustraciones son tan solo una pequeña muestra de su aplicación.

En la construcción del pentágono también encontramos una saturación de seciones áureas f. Por razones de espacio, solo mostraremos su forma y sus relaciones triangulares.

LA DIVINA PROPORCION EN LOS NUMEROS

Sorpresivamente, la cifra 1.618 se pondría de manifiesto en la obra magna de Leonardo Fibonacci alias Leonardo de Pisa (1170-1230), pero mejor conocido por el acrónimo de “Fibonacci”, – filio de Bonacci – Este publicó en 1202 un libro llamado Liber Abaci (libro del ábaco) en el cual el demuestra las grandes ventajas de la numeración arábiga comparada con la romana. El libro tuvo una gran influencia en el desarrollo de las matemáticas en Europa. Lo interesante para nuestro tema, es que en el libro, Fibonacci plantea un acertijo matemático para calcular el número de conejos reproducidos mensualmente a partir de una sola pareja. Los números resultantes estuvieron relacionados con el crecimiento exponencial regido por la Divina proporción por lo cual se le conoce hasta la fecha como “La serie numérica de Fibonacci” Esta es una serie de adiciones o sumas que se obtienen empezando por el número1 y añadiendo otro 1 suman 2 y luego se suman los dos últimos números para obtener el siguiente. Ejemplo:1+2=3, y así hasta el infinito: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, etc. Sorprendentemente la relación entre dos números adyacentes cualesquiera que sean después del 3 es alrededor de 1:1,6, o más precisa 1:1,618. Ejemplo: 89:55 = 1.618, ó viceversa: 55:89 = .618, y así hasta el infinito. Lo fascinante, es que esta progresión numérica, como ya se mencionó, rige el crecimiento en muchas de las especies del reino vegetal y del animal que se reproducen o crecen en forma exponencial; el caso del caracol marino conocido como nautilius es un bello ejemplo, y el del crecimiento facial humano, en el cual cada segmento guarda con el adyacente, la relación mencionada. Esta serie y sus relaciones numéricas se rigen por la fórmula de Binet , y seguida en una potente computadora (IBM 1401) operada por Murray Berg en California (citado por Huntley 8 ) produjo una serie de Fibonacci que contenía la inmensa cantidad de 4000 dígitos

5. LA FORMULA MATEMATICA (1. 618 …) O SECCION AUREA O DIVINA PROPORCION APLICADA AL CUERPO HUMANO.

La obra pitagórica, geométrica y matemática, nos llega a nosotros gracias a Euclides (c.325 a. C.?) que realizó la compilación del conocimiento geométrico por invitación de Ptolomeo I, para ser conservada en la biblioteca de Alejandría. Esta obra compuesta por trece libros denominada “Elementos” se salvo del incendio que destruyo la biblioteca. En el tomo II se encuentra resuelto el problema de encontrar la sección dorada en una línea recta. Marcus Vitruvius Pollio (25 a. C), arquitecto romano constructor durante el Imperio Romano de Oriente, conoce la obra geométrica de Euclídes, incluyendo por supuesto la sección dorada. Vitruvius escribe el tratado “De architectura”, obra compuesta por diez tomos. Lo interesante es que en el último tomo incluye las proporciones del cuerpo humano en un dibujo excepcional que influiría en la obra de Leonardo da Vinci. Entre otros problemas geométricos sin resolver por los griegos, estaba la “cuadratura del círculo”, (dentro de un círculo, se trataba de construir con la regla y el compás un cuadrado que tuviera igual área que aquel) y Vitrubio, también sin resolverla, hace alusión al problema realizando un singular dibujo de un cuadrado encerrado en un círculo, y dentro de él, una figura humana masculina, con las piernas abiertas y los brazos extendidos dentro del perímetro que limita el círculo. La obra de este arquitecto pasó desapercibida a través del oscurantismo de la edad media, y con el advenimiento del renacimiento italiano, uno de los genios universales, Leonardo da Vinci, tiene contacto con la obra de Vitruvius y reinterpreta sus dibujos de las proporciones humanas, hasta el grado de ser uno de los más significativos de la obra leonardesca, lo cual para desgracia de Vitrubio, solo los expertos reconocen en él al autor original. No obstante la similitud del diseño, el dibujo de Leonardo contiene implícitamente una serie de secciones corporales tanto en el tronco como en las extremidades superiores e inferiores, que están en perfecta armonía con la “Divina Proporción”. También dividió la cara en tercios equidistantes desde la raíz del pelo hasta el mentón, teniendo como eje la línea medio facial. Aunque no están señaladas por ninguna cifra, los que estamos interesados en el tema de la sección áurea, advertimos de inmediato su relación, máxime cuando sabemos que Leonardo ilustró un libro publicado en 1509 por su amigo el franciscano y matemático Luca Pacioli (1445-1514) El título del libro era nada menos que la “Divina Proportione”. Pacioli escribio otro libro en 1494 llamado Summa de Aritmética10, sobre matemáticas y la geometría práctica de Platón, Aristóteles, Euclides y Arquímedes, haciendo referencia a las proporciones de la sección áurea.

A partir del Renacimiento, los artistas plásticos primero, y los cirujanos plásticos después, hemos utilizado el gran legado que el genio de Leonardo nos dejó. Éste establece en sus espléndidos dibujos un canon claro y preciso sobre las proporciones corporales, destacándose entre ellas las faciales. Tanto arquitectos como escultores y pintores, desde hace muchísimos años, han utilizado un compás de tres puntas que está diseñado especialmente en concordancia con la relación de 1.618, de tal manera que cuando el compás se abre, divide el área en un segmento mayor y otro menor automáticamente relacionados con la Divina Proporción. Ricketts adaptó este compás para utilizarlo en la antropometría facial facilitando con ello un análisis rápido y sin matemáticas, basta solo aplicarlo a cualquier estructura o superficie que se quiera estudiar. Nosotros lo utilizamos en nuestro análisis estético facial.

La estética facial tiene por supuesto que relacionarse con toda la estética corporal, es decir que debe existir una armonía entre las proporciones generales del cuerpo humano y entre cada uno de los componentes de cada región, por ejemplo entre las manos o la cara, existe una sorprendente armonía entre todos sus elementos anatómicos constitutivos. Un incisivo central guarda una relación con el lateral de acuerdo con las proporciones de la sección dorada, y lo mismo sucede en las manos entre una falange y la siguiente. Por la maravillosa relación estética de la “Divina Proporción”, aplicaremos ésta a nuestro análisis de las proporciones. En el estudio de Leonardo sobre las proporciones del cuerpo humano correctamente bien proporcionado, la mitad de la longitud total, desde la cabeza a los pies, se encuentra a nivel del pubis y el punto de correspondencia a la Divina Proporción se localiza a nivel del ombligo, vestigio de nuestra unión con la placenta materna a través del cordón umbilical. Dicho sea de paso, hemos podido comprobar que desde los cromosomas, los gametos y las fases de mórula, gástrula, disco germinativo, y en resumen todo el desarrollo intra y extrauterino siguen las pautas de crecimiento regido por la relación matemática 1:1.618.

6. ANALISIS ESTETICO FACIAL Y LA DIVINA PROPOCION.

Para el análisis estético facial, utilizamos el compás de Ricketts como un instrumento preciso y de rápida medición. Sin embargo como no es fácil conseguirlo, el interesado en utilizar el método de la Divina Proporción ( señalado en el tomo II de la obra de Euclides ) para encontrar las dimensiones armónicas de las estructuras faciales puede hacerlo de una manera muy fácil, midiendo sobre una fotografía, la longitud de la superficie que se va a estudiar y después se multiplica por el factor 0.618 para obtener dos segmentos proporcionados. Supongamos por ejemplo que analizamos la fotografía de una cara vista de frente. Si la longitud vertical es de 9 cm desde el triquion hasta el punto submental, y al multiplicarla por el factor 0.618 obtendremos un resultado de 5.562 que en cifras redondeadas será 5.5; Como resultado final tendremos dos segmentos, uno de 5.5 cm, y otro de 3.5 cm, que en conjunto corresponden a la longitud original de 9 cm. El punto de unión entre los dos segmentos se encuentra en el nivel de una línea imaginaria que pase por el surco palpebral superior si se mide de arriba hacia abajo verticalmente o viceversa sería la punta nasal. Si además dividiéramos la longitud de la cara en partes iguales, la mitad estaría a nivel de una línea que conecta los rebordes infraorbitarios. En el estudio de proporciones de Leonardo, la forma simplificada de estas proporciones es la división en tercios. En nuestro ejemplo la longitud de la cara son 9 cm, y por consecuencia, tal división nos daría tres segmentos de 3 cm cada uno. El rostro visto de frente o de perfil queda así dividido en tercios equidistantes separados por líneas horizontales imaginarias que se ubican en: 1.- el inicio de la implantación del pelo en la línea medio frontal (triquion), 2.- la glabela a nivel de las cejas, 3.- el punto subnasal correspondiente al sitio de la espina nasal anterior en la base nasal y 4.- una línea que toca el punto submental.

En cuanto a su anchura, un rostro ideal mide a nivel del plano bicigomático, dos tercios de su longitud, repitiéndose la relación matemática 1:1.618 de la “Regla de Oro”. Para medir los componentes de una cara armónica y simétrica vista de frente, Leonardo la dividió en cinco segmentos equidistantes mediante el trazo de líneas verticales paralelas que de una manera objetiva correspondería al espacio que ocuparían cinco ojos. El resultado es el siguiente: un segmento central limitado por dos líneas que comprenden el espacio entre los cantos internos de las comisuras palpebrales; este espacio está ocupado por la nariz y la base de esta debe tener el mismo ancho que el espacio intercantal; a su vez este espacio debe ser igual al diámetro de las comisuras palpebrales que ocupan los segmentos paramediales. De lo anterior se obtiene una correlación práctica: la base de la nariz debe medir lo mismo que el ojo. Finalmente los otros dos segmentos laterales comprenden el espacio entre el canto externo palpebral y el borde externo del arco cigomático o la superficie externa de la escama del temporal. Otro parámetro de singular importancia es el relacionado con la anchura de la comisura labial. Esta debe estar comprendida entre dos líneas paralelas situadas a nivel de las pupilas, con la mirada al frente. Estas líneas verticales también pasan por los orificios de los nervios infraorbitarios y mentales, referencia esta muy útil en determinados procesos quirúrgicos.
Toda la pirámide nasal se encuentra configurada en base a la Divina Proporción y mostraremos unos ejemplos:

1. Triángulo rectángulo nasal. Otra sorprendente armonía de la pirámide nasal es la descrita por Crumley. Este describe un triángulo rectángulo con vértices a nivel del surco nasoalar, el nasion y la punta nasal. Si aplicamos la metodología geométrica, encontramos una relación proporcional entre los lados de los catetos y la hipotenusa de 3 – 4 – 5, ni más ni menos que las mismas proporciones del triángulo rectángulo de Pitágoras y su teorema, lo cual al fin de cuentas se ajusta a la Divina Proporción que describimos previamente.

2. Ala nasal y f. También la distancia comprendida entre el surco nasoalar y la porción más anterior de la punta nasal se encuentra regida por la misma regla. El cartílago alar, o crus lateral en el punto de unión con el tejido fibroadiposo del ala, guarda una relación de tercios: 2 para el cartílago y 1 para el ala en concordancia también con el factor 1.618. Esto sirve como parámetro para modificar por cirugía las desproporciones entre el ala y los cartílagos lobulares.

3. Base nasal: La misma base nasal, en las caras proporcionadas, se ajusta a la forma de un triángulo isósceles (de lados iguales). Este triángulo a su vez está formado por dos triángulos rectángulos. La relación que guardan la longitud de las narinas con la punta nasal es de tercios: 2 para las narinas y 1 para la punta, que corresponde a la Regla de los Tercios, lo cual significa la proporción 1.618.

La región palpebral incluyendo la ceja, estéticamente también muestra una sorprendente proporción f basada en el triángulo rectángulo. El triángulo se forma con una línea perpendicular que se origina en el surco nasoalar y termina en el extremo interno de la ceja; desde aquí se traza una línea horizontal supraorbitaria que termina en el extremo externo de la ceja y finalmente se unen con una línea diagonal que constituye la hipotenusa. Esta queda seccionada en la proporción f por una línea horizontal situada en el borde ciliar del párpado inferior. La ceja atractiva es arqueada y el punto máximo del arco guarda también la relación f.

Es sorprendente todas las secciones f que encontramos en la estructura cráneofacial: en el pabellón auricular, en los huesecillos del oído medio, el caracol, los dientes,etc; en síntesis, todo el desarrollo de la estructura corporal esta regida por la fuerza misteriosa de la Divina Proporcion (f ).

Pero eso no es todo, si buscamos en los reinos mineral, vegetal y animal, encontraremos en ellos espléndidos especímenes relacionados a f 10 No es de sorprenderse entonces que exista la Divina Proporción en los gametos y en los cromosomas, almacén de los genes que rigen el fenotipo de las especies, y aún en la secuencia de sus bases y en la radiación de los átomos.

CONCLUSION

Todo organismo viviente, desde su intrínseca concepción, sigue la LEY DE CRECIMIENTO EXPONENCIAL , de la misma forma que crece la serie numérica de Fibonacci, siguiendo la fórmula de Binet. Este crecimiento exponencial en los seres vivos es un equilibro de fuerzas en donde existe una alternancia entre un impulso tensional inicial que acelera y otro impulso de relajamiento que desacelera, similar a un período refractario. Aplicado a la biología, siempre encontraremos en los organismos un segmento que crece más que el otro, siguiendo el impulso que se origina a partir del centro germinativo, dando como resultado los dos segmentos armónicos proporcionados recíprocamente entre sí y con la totalidad corporal. Por ello en el hombre desde el disco germinativo bilaminar se inicia el crecimiento preponderante o tensional, en dirección cefálica y el vestigio del impulso generador representado por la circulación materno-fetal, será el cordón umbilical y finalmente el ombligo, que aunque parezca estar en el centro de nuestro cuerpo, no lo está. Su posición se encuentra en relación a f . El verdadero centro se encuentra a nivel del pubis y en esta región anatómica están los genitales, a su vez sede de la procreación.

“Toda forma natural vendría a ser por consiguiente el resultado de un tratado de paz entre varias fuerzas y si a esa situación pudiéramos asignarle una cifra que la caracterizara inconfundiblemente, nada sería más indicado que el número áureo, 1.618, que reverenció Pitágoras, sintió el divino Leonardo y utilizó Lecorbusier como el que expresa al hombre y debería condicionar su habitat lógico.” 9

Kepler (1571-1630) astrónomo alemán dijo: “La geometría tiene dos grandes tesoros: uno es el teorema de pitágoras; el otro es la Divina Proporción. “ 8

No cabe ninguna duda que el Creador del Universo debe ser un gran geómetra y matemático !

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