El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Entrevista a Christian Jacq

Posted by cosmoxenus en 12 marzo 2006

“Los guías de Egipto son mis principales fans. Usan mis libros para llevar a los turistas porque ellos mismos desconocen su historia”

por Elena Pita

Es francés de París, pero su patria espiritual es Egipto; también su pasión y su código moral. Jacq viene con una nueva serie dedicada a la reina Ahotep. “El imperio de las tinieblas” es una historia de modernidad y feminismo en la antigua civilización del Nilo.

Christian Jacq. Doctorado en Egiptología, empezó pronto a escribir ensayos. Sin embargo, la fama le llegó con la novela histórica. Hoy, a sus 55 años, es uno de los 15 escritores que más vende en el mundo. Los derechos de todas sus obras están en manos de grandes productoras de cine.

Es un hombre afable y asequible, de ojos diminutos y risueños, una risa infantil, la suya o la risa de “un pequeño buen hombre”, como él dice de sí mismo; porque, a ver, “¿a quién le interesa la vida de un escritor a vueltas con su bolígrafo?”. Un escritor que vende sus obras a razón de ii millones (Ramsés) o cinco millones de ejemplares (La piedra de luz), que ha sido traducido a 24 lenguas y que nada tiene en común con la imagen de un best-seller, aunque figure entre los i5 autores más vendidos del mundo. Estamos almorzando ante una botella de vino tinto catalán, vino que él prefiere al blanco seco que le han ofrecido; y con el vino, la conversación va rodando, cada vez más ligera. De pronto nos dice: “Os voy a hacer trabajar un poquito” (glups, con lo bueno que estaba el bacalao). “¿Sabéis cómo construí la escena de la última batalla?”. Pues no. “Bien, os lo contaré”.

Christian Jacq no se inventa la Historia, así pues, visitó en el museo de El Cairo la momia del personaje muerto en la refriega, apuntó con precisión las heridas del cuerpo y consultó después con un forense cuáles eran mortales y cuáles no, cuáles habían ocurrido primero y cuáles después… Así, hasta reconstruir paso a paso el enfrentamiento, como en una especie de cómic o story board. “¿Qué os parece?”, nos pregunta. Increíble. “Y a ver, prosigue, ¿recordáis un pasaje donde se dice que el escriba trabajaba de noche…?, ¿y os habéis preguntado cómo era eso posible sin electricidad?”. Él, que había leído tal referencia en un documento histórico, sí se lo preguntó. Y tardó seis meses en averiguarlo: los egipcios de i600 a.C. hacían luz con aceite de ricino, una luz maravillosa. Y en fin, así escribe su historia el pequeño escritor.

Pero es algo más que un escritor de novela histórica sobre el Antiguo Egipto. Jacq, egiptólogo por la Sorbona, ha construido a través de sus estudios una filosofía del mundo: los hombres somos desiguales por naturaleza y las clases no deben luchar, sino colaborar bajo la batuta de un buen faraón que reconcilie las diferencias. Además, tiene una sabia teoría sobre la muerte y una moderna idea sobre las mujeres, y desprecia el valor absoluto de la economía: todo ello traído del Egipto anterior a Cristo. Acaba de publicar la primera parte de una trilogía basada en la reina Ahotep: El imperio de las tinieblas (Ed. Planeta). La novela nos acerca a un mundo donde la religión representa a la gente de bien, y el comercio, a los enemigos. Justo al contrario de lo que hoy sería el pensamiento correcto: la religión causa guerras y la economía de Occidente es la bondad del futuro. ¿Vivimos en un mundo al revés? “Sí. El mundo se ha dado la vuelta sobre sí mismo. El hombre necesita la economía para comer; pero es que ya no entiende que necesita aunar más cosas, amar, pensar, creer… Y hoy, cada cosa anda por su lado, y ante todo, el negocio es el negocio. El que no tiene trabajo está muerto. Creo que nunca la Humanidad ha estado en peor situación espiritual”.

Pongámonos en la actualidad. Una crisis económica precede a una gran convulsión internacional: dólares contra terrorismo masivo, dólares para la guerra. Le pregunto, ¿cree usted que lo peor ha pasado o está aún por llegar? Y él, que no duda. “Está por venir, porque no hemos tomado conciencia del verdadero problema: que en este mundo no hay nada más allá de la economía, ¿quién cree ya en la política? Existe una especie de pensamiento único y una inercia a creer que no se puede hacer nada por cambiar el estado de cosas. Lo contrario de lo que ocurría en el Egipto del que yo hablo”.

Es pesimista y optimista al tiempo. Pesimista porque la elite intelectual es débil y optimista cuando piensa en la gente corriente. Confía en la voluntad y la forma de ser de los comunes, pero “¿cómo podremos llegar a una armonía entre el pueblo y una elite real y efectiva, fundamentada sobre el corazón y la inteligencia, no sobre el dinero? Éste es el problema. Pero yo soy sólo un escritor”, un pequeño escritor. Comprometido con el mundo, por cierto.

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P.Dice de sí mismo que es francés por azar, nació en París en i947, pero que su espíritu es egipcio y que la primera vez que visitó el país supo que estaba en casa. ¿Acaso cree en la resurrección, como ellos?

R.No, no creo que haya una reencarnación, que yo me vaya a convertir en un gato ni cosa por el estilo, pero sí creo que existe una energía que no muere. Los egipcios dicen que en el fondo no hay más que un solo faraón, con diferentes nombres y encarnaciones, pero que es siempre el mismo: la misma energía.

P. Así pues, usted fue egipcio en su vida anterior, ¿no es así?

R. No, yo simplemente estoy en armonía con este país. Son cosas que le pasan a todo el mundo, que llegas a un sitio e inmediatamente te sientes como en casa, o que encuentras a una persona por primera vez y es como si la conocieras de siempre: es curioso. Y a mí con Egipto me ocurrió eso: es mi patria espiritual, amo su clima, su aire, su luz, su perfume, su calor. Yo funciono así, ¿es eso la reencarnación o la resurrección?, yo le llamo armonía.

P. También dice que Egipto le utiliza como un médium, que se siente impulsado a estudiarlo y darlo a conocer, ¿entonces sí cree en la fuerza del destino?

R. Sí, en eso sí creo. Este libro, de hecho, versa sobre la fuerza del destino, ¿por qué ella, Ahotep? Pues porque ha sido elegida. En el fondo, mi éxito literario comenzó de igual manera. Hace falta saber cuál es el destino de uno e ir a su encuentro, porque si te apartas de él, todo se acaba. Así pues, yo he sido elegido como un medio, como un intermediario, nada especial: soy un pequeño buen hombre que está habitado por Egipto, que lleva 40 años estudiando y trabajando sobre Egipto y que consigue que la gente se interese por él. Lo que sí es extraordinario es que, mientras los egipcios están muertos y en su tierra habitan los musulmanes, Egipto nunca ha estado tan vivo, porque mis libros se traducen y se leen en todas las lenguas del mundo. Luego Egipto se sirve de mí, yo no soy la estrella, la estrella es Egipto. Y esto no es vanidad ni locura; digo las cosas como son.

P. En su nueva novela, una princesa se enamora de un campesino y le hace faraón, ¿así fue la historia o esto es pura literatura?

R. Las dos cosas. No tengo la prueba de que Seqen fuera un campesino, pero sé que no pertenecía a ninguna familia real. Y también sé que muchos reyes se casaron con mujeres plebeyas y al revés, esto en Egipto no tiene ninguna importancia.

P. ¿Así de tolerantes eran?

R. Exactamente. No había clases sociales, en absoluto.

P. ¿Y las mujeres eran tan libres como usted las pinta?

R. Absolutamente, eso es un hecho histórico. Las mujeres trabajan como el hombre, son propietarias, se casan con quien quieren y dejan su herencia también a quien quieren; es decir, lo que hoy no ocurre. En este sentido, la sociedad egipcia es extraordinariamente moderna. Por ejemplo, en Francia todavía no hemos tenido nunca una mujer presidenta, lo que me parece escandaloso, en cambio en el Antiguo Egipto hubo muchas reinas. Como tampoco hay mujeres papas ni ulemas ni ninguna otra cabeza de religión, en cambio en Egipto hay grandes sacerdotisas en todos los templos. Egipto es un modelo para el futuro: sus mujeres son inteligentes y espiritualmente superiores, no son inferiores en nada. Y esto, que hoy en día tanto se dice, ni se piensa ni se cree ni se actúa en consecuencia.

P. Un profano podría confundir el Antiguo Egipto con cualquier antiguo régimen: despótico, autárquico y jerárquico. Pero usted insiste en sus principios de solidaridad, ¿en qué se basa?

R. En los textos y en lo que ha pasado en la realidad. Sí, es verdad que frecuentemente al faraón se le achaca la imagen de tirano y rey absoluto, sin embargo, no es así. Mira, el faraón no puede de ningún modo intervenir en la Justicia, él mismo es garante y está sometido a ella, de igual modo que cualquier campesino puede acceder al primer ministro para pedir que se haga justicia con él. Por otro lado, la regla del faraón dice que hace falta proteger a los débiles de los fuertes.

Lo que para mí es extraordinario es que Egipto no cree en las utopías: no cree en la igualdad entre los hombres. Yo tampoco lo creo, si tú naces con una enfermedad crónica nunca serás igual que un hombre en plena forma, ni los hombres con suerte son iguales a los que no la tienen, hay gente guapa y gente fea, y gente muy rica y otra menos rica. Y hay que aceptar esto porque si no uno cae en la utopía, como el marxismo o el ultraliberalismo.

Bien, está claro que la realidad es desigual y el papel del faraón es corregir la desigualdad que es la vida misma, ayudar a los que pueden menos y pedir la colaboración de los que sí pueden. La envidia y los celos, que corroen al hombre, están prohibidos en Egipto. La lucha de clases nos carcome, la admiración y la colaboración entre los hombres es esencial, así como entre las comunidades, siendo cada una un ente en sí misma, pero gobernadas todas ellas por un mismo jefe de gobierno. El gran drama de Francia, por ejemplo, es que no tiene autonomías, no existe nada más allá de París.

P. Tolerancia, solidaridad y conocimiento de la muerte, no sé qué más podría desear hoy Occidente. ¿Usted tiene ya resuelto el problema de aprender a morir?

R. Sí, porque ya me sucedió.

P. ¿Cómo?

R. Pues fue en Creta, mi mujer y yo estábamos bañándonos tan tranquilos cerca de una playa, fuimos alejándonos y resulta que llegamos a un lugar que al parecer es muy peligroso por las corrientes que lo cruzan. Efectivamente, la corriente empezó a arrastrarme y yo luché, pero llegó un momento en que me dejé ir. Entonces, como por milagro, apareció una enorme ola que me envolvió y me depositó en la playa, más muerto que vivo, cuando yo ya me había dicho a mí mismo, bien, ha llegado la hora.

P. Bien, ¿y ahora que la conoce más, cómo la afronta?

R. Bueno, la muerte física no me parece grave. Cuando uno muere su espíritu se dispersa, entonces hace falta que se reconstituya, y para ello existe un juicio, donde Maat, que es la Justicia, va a calibrar el peso de tu corazón. Si uno ha llenado su corazón de tan malas acciones que el equilibrio de la balanza resulta imposible, entonces te llega la segunda muerte. Pero si el corazón es ligero, si uno ha sido una persona de bien y alcanza el equilibrio, sus partes se reconstituyen y el espíritu vivirá para siempre en la luz. Y ésta es la vida después de la muerte, donde la energía se reencarna en miles de seres y formas. Yo espero la muerte en calma, confío en no haber hecho demasiado mal.

P. Señor Jacq, ¿cómo son sus relaciones con los egipcios?, ¿qué opinan ellos de su labor de divulgación de la Historia?

R. Mis relaciones son buenas, los guías turísticos son mis principales fans, utilizan mis libros para llevar a la gente, porque los mismos egipcios desconocen su historia y sus monumentos. Durante la Guerra del Golfo y los conflictos generados posteriormente a consecuencia del enfrentamiento Oriente- Occidente, yo aconsejaba a la gente que viajara a Egipto, para ayudar al país, que lo necesita.

P. ¿Usted se siente seguro allí?

R. Me da exactamente igual mi seguridad, ¿es que podría sucederme algo mejor que morir allí?

P. Dice que cuando está lejos de Egipto se siente melancólico, ¿con qué frecuencia lo visita?

R. Tres o cuatro veces por año, y cada vez me quedo el tiempo que necesito, dos semanas, tres, cuatro… Y cuando estoy lejos, para mí es como estar en el exilio.

P. Así que vive exiliado en la Provenza.

R. Es curioso pero ¿qué hace uno cuando está en el exilio?, pues normalmente trabajar para volver a su tierra. Y eso es exactamente lo que yo hago. Es una gracia del destino, quizá si viviera en Egipto no sería capaz de escribir.

P. Entonces, cuando usted está en su casa se dedica a trabajar todo el tiempo…

R. Sí, porque mi trabajo es una forma de sentirme cerca de Egipto.

P. … ¿En un estado de perpetua melancolía?

R. La melancolía es triste y yo creo que no soy un hombre triste, soy simplemente un creador. Pero la vida ha hecho que mi patria sea hablar de Egipto, como para un pianista su patria es la música de su piano, y espero que un día los dioses me permitan quedarme allí.

P. Todo sucedió a partir de un libro que usted leyó con 13 años (La Historia de la antigua civilización egipcia), pero entonces ya era un niño poeta, ¿no es así?

R. Sí, es verdad, era sobre todo un niño poeta, y un deportista, las dos cosas. Leía muchísimo y escribía poesía; entre los ocho y los i3 años leí una centena de libros, lo cual es importantísimo para un escritor.

P. Y a partir de esa lectura escribió usted ocho novelas, ¿ya sobre Egipto, sin conocerlo?

R. No, no, sobre asuntos muy románticos.

P. ¿Y qué ha sido de ellas?

R. Las he destruido; todas menos una.

P. ¿Y qué va a pasar con esa?

R. No lo sé, tal vez se la deje a mi hija para que la publique cuando yo me muera. La tengo guardada en un cajón y la releo a veces, no está mal, pero es tan…, muy romántica.

P. Luego se casó, con 17 años, y visitó Egipto en su luna de miel. Decidió estudiar Egiptología, hasta doctorarse en la Sorbona, y empezó a publicar ensayo.

R. Efectivamente, mi primera publicación fue un ensayo, y ya tenía escritas muchas novelas, pero eran muy malas, no se ha perdido nada por haberlas destruido.

P. ¿Fue duro esperar hasta los 40 años para ver reconocida su labor novelística?

R. No, no fue duro porque no lo esperaba. Trabajaba en los ensayos, era egiptólogo y además, editor; es decir, tenía tres empleos, así que dormía una media de dos horas por día. La verdad, no sé cómo no fallecí. La publicación y el éxito de mi primera novela llegaron como un milagro, y fue mi mujer quien lo dispuso todo: ahora sí que vas a escribir, me dijo, tú dejas todos tus trabajos y nos vamos de París, que no nos gusta nada. Y yo le decía que era muy difícil vivir de la literatura, pero ella, que nada, que te pongas a escribir y ya verás. Y tú sabes que muchísimos escritores tienen un éxito y luego ya desaparecen para siempre, así que yo tenía miedo. Pero como ella manda, hicimos lo que quería, y no se equivocó ¿verdad?

P. Pues no. Supongo que su éxito tiene mucho que ver con el auge de la novela histórica, ¿por qué se lee hoy tanto este tipo de literatura?, ¿no será porque es más fácil y más adecuada a la falta de tiempo y reflexión que padecemos?

R. No, yo creo que responde a una búsqueda de raíces. Uno puede escribir una novela hablando de sí mismo, vale, está bien, eres tú, sin embargo, ¿no crees que es un poco egoísta y limitado? Yo llamo novela histórica a aquella que se basa en las civilizaciones, en asuntos que son más amplios que el yo del autor. Un pianista interpreta a Bach de la misma manera que yo interpreto a Egipto, que es millones de veces mayor que yo. Los grandes autores, Shakespeare, Dante, Cervantes… no hablan de sí mismos, son intérpretes de algo que es superior a ellos. Porque ¿a quién le interesa la vida de un escritor? Mi vida, por ejemplo, carece de atractivo. Un escritor escribe de la misma manera que un pájaro canta, ¿y?

p. Y nos hace felices a los demás, ¿no?; o nos hace reflexionar.

R. Bueno, ¿y?

P. Y nada más. Jacq, tiene usted una forma muy visual de concebir la literatura, tanto que antes de escribir dibuja mapas, viñetas, jeroglíficos, ¿por qué no se da el proceso contrario?, ¿por qué sus libros no se han llevado aún a la pantalla?

R. Todos los derechos de mis libros están comprados por grandes productoras cinematográficas, y hay un gran proyecto para Ramsés, pero es tan caro… Porque no es una historia que se pueda escenificar fácilmente. Lucas se ha interesado por ella, pero es que yo quiero que sea una película tan ambiciosa como La guerra de las galaxias. Charlton Heston hacía de Ben Hur y bien, pero ¿tú te imaginas a Leonardo di Caprio haciendo de Ramsés? Pues yo, no.

P. Y dígame una cosa, ¿por qué ha elegido para esta novela, por primera vez, una protagonista femenina?, ¿ha sido algo intencionado o casual?

R. Las dos cosas. Me encanta escribir sobre las mujeres, y además se dio la coincidencia de que tenía en mi cabeza este personaje, una de las mujeres más hermosas de la Historia. Así que empecé a documentarme y descubrí un ser extraordinario. Hay muchas mujeres que me escriben y que me dicen que yo hablo muy bien del género femenino.

P. Doy fe de ello.

R. Bueno, es que mi mujer supervisa el trabajo, y como no hable bien de ellas… Imagínate

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