El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 30/01/06

TEMAS: Templarios

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2006

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TEMAS: Niños Indigo

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2006

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Una nueva investigación descubre la base neurológica de la espiritualidad

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2006

Las creencias religiosas han surgido en la especie porque el cerebro humano está biológicamente preparado para mantener algún tipo de relación con lo que pueda haber más allá del universo físico, según los investigadores de la Universidad de Pennsylvania, Andrew Newberg y Eugene D’Aquilli.

Ellos han observado durante años, a través de imágenes de tomografía por emisión de positrones (TEP), el cerebro de voluntarios en estado de meditación.

Los resultados de su investigación, publicados en Estados Unidos en un libro rápidamente convertido en best-seller, aparecen ahora en España de mano de la editorial Martínez Roca (Grupo Planeta).

Andrew Newberg y Eugene D’Aquilli descubrieron que el estado de meditación o de relajación mental desactiva zonas del cerebro que regulan la personalidad, permitiendo que los voluntarios pierdan durante un tiempo la capacidad de distinguirse de los demás y se sientan identificados con una totalidad trascendente.

Este descubrimiento coincide con los relatos de las experiencias místicas o de trance y para los investigadores constituye la evidencia de que el cerebro tiene la capacidad de conectar con una realidad oculta más allá del universo físico.

Neuroteología, nueva disciplina

Ello ha dado origen a una nueva disciplina, la neuroteología, según la cual Dios ha dejado huellas de su presencia en el cerebro para que los seres humanos puedan llegar a conocerle y sientan el impulso de llegar hasta él.

Para verificar esta teoría, la investigación se centró en voluntarios especializados en la búsqueda espiritual procedentes de diferentes confesiones religiosas, como monjes tibetanos y frailes franciscanos.

Estos voluntarios accedieron a realizar sus prácticas de oración y meditación bajo observación neurológica, que se realizaba mediante una especie de radiografía cerebral llamada Spect, un escáner que mide el flujo sanguíneo relacionado con la actividad cerebral.

El Spect se basa en las posibilidades de las nuevas Cámaras Gamma para adquirir imágenes en tridimensión y reconstruir todos los planos necesarios (axiales, coronales, sagitales y 3D) de un órgano, lo que constituye una poderosa herramienta para el diagnóstico de enfermedades. Estas Cámaras Gamma son llamadas SPECT, que quiere decir “Tomografía Computada Por Emisión de Fotón único”.

Modificación del encéfalo

Lo primero que arrojó esta investigación con cámaras Gamma es que la actividad del encéfalo se modifica con las actividades espirituales. La actividad se intensifica en la parte frontal del cerebro cuando se desarrolla la concentración propia de la meditación o de la oración.

Al mismo tiempo, el Spect reveló un descenso de la actividad en la región de los lóbulos parietales, que es la que desempeña la función fundamental para ubicarnos en el espacio y la que permite al yo distinguirse de los demás.

Este descenso de la actividad en los lóbulos parietales origina percepciones espaciales anormales y la pérdida del sentido habitual de uno mismo que se tiene en estado de vigilia.

Es en ese momento cuando se posibilita la así llamada experiencia mística, que es la que permite a un sujeto trascender su identidad individual e identificarse con la totalidad que se supone sustenta al universo físico conocido.

Repercusión social

La investigación de Newberg y d’Aquili ha sido objeto de todo tipo de comentarios, ya que si para sus artífices debe ser considerada como un argumento a favor de la existencia de Dios, para otros, más críticos, este circuito cerebral de la espiritualidad confirma que la experiencia espiritual o religiosa de la especie es sólo un producto más de la actividad cerebral, sin ningún soporte real fuera de nuestra percepción.

Para los defensores de este punto de vista, la creencia religiosa ha sido prevista por la evolución con una doble función: por un lado, para ayudar a los seres humanos a superar las dificultades de la vida, y por otro lado, para contribuir a la supervivencia, lo que explica por sí mismo su implantación en la neurogénesis.

De todas formas, al margen de las lecturas que puedan hacerse de la investigación, lo cierto es que dentro del ámbito científico crece el interés por el estudio del cerebro y de su implicación en los procesos relacionados con la experiencia religiosa.

Roy Mathew, de la Universidad de Duke, lleva años investigando la relación que pueda existir entre las experiencias religiosas y los estímulos cerebrales provocados por drogas alucinógenas.

The Washington Post también ha dedicado algún trabajo a explicar la búsqueda de la sinapsis de la espiritualidad, desvelando la amplitud de las investigaciones que se realizan en este campo.

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Newberg, Andrew B.

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2006

Neurofisiólogo, Neuroteólogo. EE.UU.

Pionero en el flamante campo de la “Neuroteología”, especialidad dentro de la Neurofisiología dedicada a comprender la relación entre la biología del cerebro y las experiencias religiosas. Obtuvo su doctorado en medicina en 1993, en la Universidad de Pennsylvania, donde es miembro de la División Medicina Nuclear y del Departamento de Radiología. Es también Director de la Clínica de Medicina Nuclear, Director de la División NeuroPET y Profesor Asistente en el Departamento de Radiología del Hospital de la University of Pennsylvania.Se enfocó en Neurofisiología, rituales humanos, religión y técnicas de neuroimagen para el estudio de los efectos de la meditación en el Sistema Nervioso Central. Además, realizó estudios sobre vejez y demencia, epilepsia y otros desórdenes neurológicos y psiquiátricos. También investigó correlaciones entre la Neurofisiología de la Acupuntura y otras llamadas “terapias complementarias”. Es director asociado del Neurobiological Studies for the Conference on Scientific Progress in Spiritual Research (NSCSPSR) y director y co-fundador del Institute for the Scientific Study of Meditation (ISSM). Sus artículos fueron publicados en numerosas revistas científicas, entre ellas American Psychologist, Zygon, Anthropology of Consciousness, y Aviation, Space and Environmental Medicine. Es coautor con Eugen G d’Aquili de “Why God Won’t Go Away” [Por qué Dios No se Irá, Ballantine/Random House, 2001], un apasionado y a la vez disciplinado intento para comprender las imágenes cerebrales de budistas tibetanos meditando y monjas franciscanas concentradas en oración. ¿Cuál fue el objetivo de ese polémico trabajo? Nada menos que identificar el llamado “circuito de la espiritualidad”. Con D’ Aquili también escribió “The Mystical Mind: Probing the Biology of Belief” [“La Mente Mística: Verficando la Biología de la Creencia. Fortress Press, 2001].

Durante sus experimentos, el sujeto experimental se encuentra meditando en una habitación. Al meditador se le inserta en uno de sus brazos una larga cánula que termina en un equipo que inyecta una sustancia radiactiva. Sujeto y experimentador sólo están conectados por un largo hilo. Cuando siente estar en pleno trance, el sujeto tironea ligeramente del hilo, atado en su otro extremo al dedo de Newberg. Avisado, el experimentador introduce la sustancia en el brazo del sujeto por vía intravenosa. La sustancias alcanza el cerebro y luego las neuronas. En ese instante, el investigador obtiene una tomografía computada que traza un “mapa” con la localización de las sustancias: unas manchas rojas y amarillas mostrarán las zonas con alta concentración de radiactividad; otras verdes y azules, las que poseen menos radiación. Las primeras indican aquella región del cerebro donde las neuronas trabajan con más intensidad durante el trance. Lo curioso sucede en la zona de baja intensidad, llamada Área de Asociación de la Orientación (AAO), ubicada en la parte posterior del Lóbulo Parietal y responsable del sentido de la orientación en el espacio. Habitualmente, el AAO presenta una alta actividad. Lo que Newberg y D’Aquili descubrieron es que la mayoría de los sujetos experimentales -cuando no están meditando- muestran el AAO mucho más activa que cuando meditan. Es decir, son capaces de concentrarse con tanta profundidad que ya no perciben los estímulos sensoriales externos. Según los investigadores, al no recibir información sensorial, el AAO se vuelve incapaz de determinar los límites del individuo. Y eso sería lo que provoca que el meditador perciba sensaciones relacionadas con el “infinito” o de “unidad con el Universo”.

Nuestros cerebros, dice Newberg, están “naturalmente calibrados para la espiritualidad” y las Neurociencias pueden elucidar la naturaleza de las experiencias místicas, su importancia en la evolución humana y por qué nuestra especie necesita para sobrevivir de un concepto como el de Dios. Sus experimentos todavía no respondieron si estas experiencias son creadas por el cerebro o si, en su defecto, son una realidad exterior percibida por el cerebro bajo determinadas circunstancias.

Si sus experimentos sirvieran para dar una respuesta fehaciente a cualquiera de ambos interrogantes, habría que crear un premio aún más distinguido que el Nobel para hacer honor al descubrimiento. Newberg, según parece, no es optimista. “Así como la naturaleza del electrón sólo puede ser comprendida si se lo considera al mismo tiempo una partícula y una onda, tal vez necesitemos tanto de la ciencia como de la espiritualidad para terminar de comprender qué cosa es la realidad”, escribió. Entre el 31 de mayo y el 5 de junio de 2001 presentó su conferencia “Neuroscience, Religious Experience and the Self” en el Congreso de Montréal . Newberg recibió el Premio “Science and Religion Course” de The Center for Theology and the Natural Sciences a propósito de su presentación del curso “The Biology of Spirituality” en el Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Pennsylvania (2000).

[Por Alejandro Agostinelli. Este texto es parte del Proyecto Enciclopedia Multimedia de Cultos, Mitos y Misterios. Exclusivo para Dios! © 2002 Todos los derechos reservados.]

Bibliografía:
Carozzi, María Julia. “En busca del ‘módulo de Dios’. Entrevista al doctor Andrew Newberg. Primera publicación: En revista “Descubrir”, Año 8 N° 86. Buenos Aires, Argentina, setiembre de 1998.
Carozzi, María Julia. “Santas Neuronas! ¿Qué pasa en el cerebro cuando trata de hacer contacto con la mente de Dios?”. Primera publicación: En revista “Descubrir”, Año 8 N° 86. Buenos Aires, Argentina, setiembre de 1998.
Alzogaray Raúl A. El “costado biológico” de la religión. En suplemento “Futuro”, diario Página/12, Buenos Aires, Argentina, 20 de febrero de 2002.
Newberg Andrew B., M.D. “A Neuropsychological Analysis of Religion: Discovering Why God Won’t Go Away”, en ponencia presentada en el Germantown Jewish Centre in Mt. Airy, Philadelphia, 10 de febrero de 1998.

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La religión y el cerebro

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2006

Newsweek (11.06.2001)

El Dr. James Austin, un neurólogo, cree que para sentir que el tiempo, miedo y auto-conciencia se han disuelto y realmente tener una experiencia mística y espiritual, ciertos circuitos cerebrales deben ser interrumpidos. ¿Cuáles? La actividad en la amígdala, que monitorea al ambiente y registra el miedo, debe ser reprimida. Los circuitos del lóbulo parietal, que nos orientan en el espacio y marcan la clara distinción entre lo propio y el mundo, deben ser silentes. Los circuitos frontales y temporales, que marcan el tiempo y generan autoconciencia, deben apagarse. Cuando esto ocurre, Austin concluye en un trabajo reciente, “lo que consideramos como nuestras funciones superiores de autoconciencia parecen disolverse o delesionarse de la conciencia”. Cuando desarrolló sus teorías en 1998, el libro “El Zen y el Cerebro”fue publicado por MIT Press.

Desde entonces, más y más científicos se han dedicado a la “neuroteología”, el estudio de la neurobiología de la religión y la espiritualidad. El año pasado la Asociación Norteamericana de Psicología publicó “Variedades de la Experiencia Anómala”, que cubría enigmas desde experiencias al borde de la muerte hasta experiencias místicas. En mayo, se publicó el libro “La Religión en la Mente” que abarca el tema de como las experiencias religiosas actúan sobre los lóbulos frontales para inspirar optimismo y hasta creatividad. Y en el libro “Porque Dios no se va”, publicado por el Dr. Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania y su colaborador Eugene d’Aquili, utilizan imágenes cerebrales que obtuvieron de Budistas Tibetanos perdidos en la meditación y de monjas Franciscanas durante el rezo profundo para lograr identificar cuál es el circuito espiritual cerebral y para explicar como los rituales religiosos tienen el poder de movilizar a los creyentes y no creyentes por igual.

Fuera del tiempo y espacio

Lo que todas las nuevas investigaciones comparten es una pasión por descubrir las bases neurológicas de las experiencias místicas y espirituales.

En la neuroteología, los neurólogos y psicólogos intentan descubrir que regiones se activan y desactivan durante la experiencia que parece existir fuera del espacio y tiempo. De esta forma se diferencia de las investigaciones rudimentarias que se realizaron durante la década del cincuenta y sesenta que determinaron que las ondas cerebrales cambiaban cuando uno meditaba. Pero esas investigaciones no decían nada acerca de porque cambiaban las ondas cerebrales o que regiones específicas del cerebro eran las responsables de ese cambio. Por otro lado, las investigaciones recientes se basan en tratar de identificar los circuitos cerebrales que tienen mayor actividad durante la experiencia.

Estudiando el flujo de sangre que se correlaciona con la actividad neuronal mediante un SPECT ( tomografía computada de emisión de un único fotón), Newberg estudió al Dr. Michael Baime durante sus experiencias místicas.

Como se esperaba, la corteza prefrontal se iluminó. Pero fue el cese de actividad lo que sorprendió. Un grupo de neuronas en el lóbulo parietal superior se apagó. Esta región, que tiene el nombre de “área de asociación y orientación”, procesa la información acerca del tiempo y espacio. Determina donde el cuerpo termina y el resto del mundo comienza. Específicamente, el área de orientación izquierda crea la sensación del espacio físico donde existe el cuerpo.

El yo y el resto

El área de orientación requiere información sensorial para realizar sus cálculos. “Si se bloquea la información sensorial a esta región, como se hace durante la intensa concentración al meditar, uno evita que el cerebro produzca la distinción entre el yo y el resto”, dice Newberg. Sin la información de los sentidos, el área de la orientación izquierda no encuentra la frontera entre el yo y el resto del mundo. Como resultado, el cerebro parece no tener opción y “percibe al yo como interminable e íntimamente interconectado con todo,”escriben Newberg y d’Aquili en su libro. El área de orientación derecha, también privada de información sensorial parece permanecer en una sensación de espacio infinito. Los meditadores sienten que han tocado al infinito.

La experiencia espiritual

No es sorprendente que la experiencia religiosa se refleje en la actividad cerebral. Todo lo que experimentamos deja su marca en el cerebro. Lo difícil es que “no hay manera de determinar si los cambios neurológicos asociados con la experiencia espiritual significan que el cerebro está causando esas experiencias…. o si en vez esta percibiendo una realidad espiritual”.

Produciendo visiones

Cuando la imagen de una cruz, por ejemplo, dispara una sensación de admiración religiosa, se debe a que el área cerebral de asociación visual, que interpreta lo que ven los ojos y conecta las imágenes con las emociones y memorias, ha aprendido a vincular esas imágenes con esos sentimientos. Las visiones que surgen durante el rezo o ritual también son generadas en el área de asociación: la estimulación eléctrica del lóbulo temporal produce visiones.

La epilepsia del lóbulo temporal lleva esto a un extremo. Aunque algunos estudios han negado una conexión entre la epilepsia del lóbulo temporal con la religiosidad, otros creen que la condición parece llevar a voces y visiones religiosas.

Aunque la epilepsia del lóbulo temporal es rara, los investigadores sospechan que los estallidos de actividad eléctrica localizados llamados pueden llevar a experiencias místicas. Para probar esta idea, Michael Persinger sostiene un casco lleno de electroimanes sobre la cabeza de un voluntario. El casco crea un campo magnético débil, no mayor al producido por un monitor de computadora. Persinger descubre que el campo dispara estallidos de actividad eléctrica en los lóbulos temporales produciendo sensaciones que los voluntarios describen como supernaturales o espirituales: una sensación de lo divino. Él sospecha que las experiencias religiosas son producidas por mini tormentas eléctricas en los lóbulos temporales, y que tales tormentas pueden ser producidas por la ansiedad, crisis personales, falta de oxígeno, baja glucosa en sangre o simple fatiga. Pero, porqué los lóbulos temporales? Persinger especula que el lóbulo temporal izquierdo mantiene nuestro sentido de lo propio. Cuando la región es estimulada pero la derecha no, la izquierda lo interpreta como la sensación de presencia, como al yo dejando el cuerpo, o como Dios.

“Existe una correlación entre la gente cuyos pensamientos inconscientes tienden a pasar a la conciencia y las experiencias espirituales”, dice Michael Thalbourne de la Universidad de Adelaide. Desafortunadamente, los científicos no saben que es lo que permite que los pensamientos inconscientes aparezcan en la conciencia de algunas personas y no otras. El único predictor de tales experiencias, sin embargo, es algo llamado “disociación”. En este estado, diferentes regiones cerebrales se disocian de otras. “Esta teoría, que explica a la hipnosis tan bien, podría también explicar a los estados místicos,”dice Michael Shermer, director de Skeptics Society. “Algo parece estar sucediendo en el cerebro, donde un módulo se disocia del resto de la corteza.”

La base neuronal de la experiencia religiosa

Esa disociación puede reflejar la actividad eléctrico inusual en algunas regiones cerebrales. En 1997, el neurólogo Vilayanur Ramachandran le dijo a los participantes de la reunión anual de la Sociedad de Neurociencias que existe “una base neuronal para la experiencia religiosa.” Sus resultados preliminares sugirieron que la profundidad del sentimiento religioso, o religiosidad, podría depender de la remarcada actividad eléctrica natural en los lóbulos temporales. Interesantemente, esta región cerebral parece importante para la percepción del lenguaje. Una experiencia común a muchos estados espirituales es escuchar la voz de Dios. Parece surgir cuando malinterpretamos el lenguaje interno con algo externo. Durante tales experiencias, el área de Broca del cerebro (responsable de la producción del habla) se enciende. La mayoría de nosotros podemos reconocer que es nuestra propia voz, pero cuando la información sensorial esta restringida, como ocurre durante la meditación, la gente es “más propensa a atribuir los pensamientos generados internamente a una fuente externa,”dice el psicólogo Richard Bentall de la Universidad de Manchester, Inglaterra.

Hasta la gente que se auto describe como no espiritual puede ser movida por ceremonias religiosas. De ahí el poder del ritual. La clave es la combinación entre la atención localizada, que excluye otros estímulos sensoriales, junto con la sensación emocional magnificada. Juntas, parecen aumentar la actividad del sistema de excitación del cerebro. Cuando esto sucede, explica Newberg, una de las estructuras cerebrales responsable de mantener el equilibrio, el hipocampo, pisa el freno. Esto inhibe el flujo de señales entre neuronas.

Suavizando las fronteras del yo

El resultado es que ciertas regiones del cerebro son privadas de la información neuronal. Una de esas regiones parece ser el área de la orientación, la misma región que es silente durante la meditación. Como en esos estados, sin la información sensorial el área de orientación no puede cumplir su función de mantener un sentido de donde termina lo propio y empieza el mundo exterior. Por eso los rituales pueden desencadenar lo que Newberg llama “suavización de las fronteras del yo”.

Es posible que los científicos nunca resuelvan la pregunta más importante de todas: si nuestros circuitos cerebrales crearon a Dios o si Dios creó nuestros circuitos cerebrales. Cualquiera que uno crea es, finalmente, una cuestión de fe.

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