El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 21/01/06

RADIONICA

Posted by cosmoxenus en 21 enero 2006

¿Qué es la Radiónica? :

La última batalla en la Galia, ha puesto de manifiesto que lo “Barbaros del Norte” no son precisamente un enemigo fácil de derrotar.

El Gran Imperio Romano tiene que aceptar el valor y la belicosidad de estos temibles guerreros. El General Titius ha sido gravemente herido con la espada de Vertolux, y es trasladado a Roma para ser atendido por los galenos romanos. Pero las heridas no remiten. Ve próxima su muerte y siguiendo el código del honor de todo buen soldado, envía un mensajero para felicitar a Vertolux, asegurándole que considera un honor caer abatido por tan noble enemigo. Vertolux, se ve sorprendido por tal gesto y acude al Druida.

– ¿Qué puedo hacer, querido Maestro para ayudar a Titius?.

– Tráeme la espada con la que le inferiste las heridas. Yo le curaré en la distancia.

Vertolux entrega la espada y el Druida extiende una brebaje a base de hiervas antibióticas sobre la hoja de la misma. Repite la misma operación durante los siguientes quince días. Finalmente llegan al poblado unas extrañas noticias: El General Titius ha comenzado a mejorar en forma extraña desde el mismo día en que le fue aplicada a la espada la pócima del Druida y milagrosamente ha sanado.

…..Esto es Radiónica.

Los grandes ojos de la lechuza reflejan con destellos fogosos las evoluciones del hombre de túnica junto a la hoguera nocturna.- Es Agripa, el Gran Mago de la “Orden de los Iluminati”. Todo esta en silencio, nada ni nadie osa interrumpir el delicado gesto del Maestro. Toma el raído báculo y con ceremonioso gesto realiza un gran círculo en la arena. Hay Luna llena. Ha estado esperando toda la semana para realizar la ceremonia. Observa la posición de Sirio. Desde ese ángulo comienza a trazar símbolos astrológicos en torno al círculo. Luego pone en el centro de la circunferencia un pañuelo, que al parecer corresponde a la Primera Dama. Golpea con el bastón en distintos puntos del dibujo y vierte extraños líquidos sobre otros tantos ángulos misteriosos. Finalmente comienza a recitar en una complicada jerga una serie de mantrams, que solo él entiende.

Con los primeros rayos del Sol se dibuja la figura de un mensajero de la Reina.

– La Gran Dama ha dado a luz un niño y ambos, están bien. Te esperan en palacio para darte las gracias, puesto que estaban en trance de muerte y tu magia los ha resucitado.

……Esto es Radiónica.

El humo de los gruesos cigarros y del ron parecen anegar el oxígeno de la oscura habitación. Jeremías es un viejo mulato que sabe de las artes del budú. A esas horas de la tarde todo languidece en Haití.

Juana, la negrita de la plantación de tabaco del Noroeste esta embarazada. Su novio la ha abandonado y se ha marchado con una ama blanca que se ha encaprichado de él. Esta dispuesta a vengarse como sea y Jeremías es el vehículo más indicado para llevar a cabo su pérfida venganza.

Entrega al mulato unos cabellos de su amante y unos cuantos pesos. Jeremías busca en una pequeña bolsa de piel de serpiente un muñeco de paño. Sujeta los cabellos a la cintura del muñeco. Clava una afilada aguja en el lado derecho del mismo y vierte a su vez unas pequeñas gotas de sangre de una gallina que se dispone a comer a continuación.

– Vete, muchacha. Todo esta hecho. Dentro de dos semanas verás los resultados.

El fornido amante, ajeno a cuanto contra él se ha urdido, comienza a decaer en forma anormal. Su color se vuelve amarillo. El hígado esta inflamado en forma extraña. A las dos semanas muere, sin que nadie dé una explicación a tan repentina y fulminante enfermedad.

….Esto es Radiónica.

La cochinilla esta destrozando el campo de patatas. Es tarde para emplear fungicidas. Si nadie lo remedia el trabajo de todo un año se malogrará, produciendo una tremenda pérdida para Thomas y su familia.

Nancy, la esposa del granjero es aficionada a los temas paranormales y aun sabiendo de lo incredulidad del esposo en estas lides, le sugiere:

– ¿Por qué no llamas al Sr. Abrahams?. Me han dicho que hace verdaderos milagros en cuanto a plagas se refiere y no emplea más que un péndulo y una pequeña cajita que tiene en su casa. Ni siquiera tiene que ver el campo.

– ¡Calla mujer!, ¿Cómo va a quitar la cochinilla con un péndulo y desde su casa? Realmente eres una ingenua.

Desesperado por su situación sale de su casa dirigiéndose al bar del pueblo. El Alcohol no quita la cochinilla pero duerme un poco la conciencia. Pasan las horas en la medida que crece la borrachera. Pero antes de retornar a su casa encuentra a Billy, otro granjero, que también había sido afectado por la plaga y que no obstante la había resulto con la ayuda del Sr. Abrahams. El mismo al que se había referido Nancy.

Al día siguiente, pasada la resaca del día anterior, con una gran carga de escepticismo en el alma y con la mirada baja, nuestro granjero acude a la casa de Abrahams y le pone al corriente de su problema. Abrahams a su vez le pide que retorne al día siguiente con dos materiales imprescindibles: una cochinilla de cualquier de las plantas del patatal y una foto de su terreno.

Thomas le entrega cuanto le había pedido. El Sr, Abrahams pone la cochinilla junto con la foto del terreno en un pequeño pocito de metal de una pequeña caja forrada de madera y en el otro pozo, vierte unas gotas de arsénico. Toma un péndulo y comienza moverlo sobre una pequeña plantilla de papel, hasta que finalmente lo para en una cota de medida de la misma. Activa un pequeño potenciómetro que esta entre los dos pozos antes citados y despide con un caluroso saludo al granjero.

Al día siguiente, Thomas observa maravillado miles y miles de cochinillas muertas en el suelo. Las patatas se habían salvado ante el asombro de Thomas.

….Esto es Radiónica.

La Sra. Slovesky se despierta sobresaltada y corre al teléfono –

¿Quién puede llamar a estas horas?- Se pregunta.

– ¿Sra. Slovesky?

– Si; dígame

– Soy Peter Coleman, compañero de su hijo Robert. Llamo desde el hospital de la base en Corea del Sur. Lamento decirle que su hijo ha caído junto conmigo y otros compañeros en acción de combate y esta muy grave. Me ha pedido que le llame para que rece por él.

– ¿Pero ha muerto?. ¿Esta muy grave?…¿Le falta algún órgano?……

– No ha perdido ningún órgano, Ha sufrido un traumatismo fuerte en la cabeza y esta en coma, pero no ha fallecido. Se ha despertado un par de veces y me ha pedido que le llame, para que rece.

El confía en sus oraciones.

Sigue la conversación pero la Sra. Slovesky no escucha nada. El llanto y el dolor anegan sus sentidos hasta hacerla perder la conciencia.

Luego, al cabo de un buen rato, el dolor se vuelve poco a poco rabia y finalmente valor. Toma una foto de su hijo y otra de su amigo Jesús el Cristo y los pone encima de la cómoda de su dormitorio. Abre una cajón de su mesilla para coger el rosario de cuentas de marfil, que le había dado su abuela y reza con fuerza. Minuto tras minuto, hora tras hora, día y noche. Pierde la noción del tiempo pero sigue rezando con fuerza. Fija la mirada en la foto de su amado hijo y le habla con todo el amor del mundo:…. ¡Vuelve hijo, vuelve!. ¡Te espero!….

Suena el teléfono, han pasado tres días desde la primera llamada.

– ¿Mama?

– ¡Hijo mio!

El llanto sale a raudales de sus ojos y el pecho se eleva. El suspiro es ahora de paz de amor y de consuelo.

– He salido de peligro. Estoy bien. Te llamo para decirte que mientras estaba en coma me ha venido a visitar en sueños un hombre con túnica y me ha dicho que todavía no era mi hora. Que tu le habías mandado para consolarme y que me pondría bien……..

……Esto es Radiónica.

La Radiónica es la Ciencia de las vibraciones. Es la técnica capaz de transmitir la onda mental de un lugar a otro, produciendo una somatización o una alteración en las condiciones de la materia. Es también la forma más moderna de la antigua Magia.

Actualmente la Radiónica se utiliza sobre todo en las aplicaciones médicas, para inducir consuelo o alivio al enfermo. Para potenciar medicamentos mediante la inserción de la vibración de otras sustancias, que queremos aplicar sobre tal o cual producto. Para diagnosticar a distancia una enfermedad. Para buscar a una persona perdida. Para sondear psicológicamente la personalidad de un ser. Para realizar el proceso alquímico. En fín, para una gran cantidad de aplicaciones útiles que buscan el consuelo y la ayuda al ser humano.

Se requiere de poco material para experimentar en Rádiónica. Basta con un pequeño péndulo, una buena disposición mental, unas pequeñas plantillas y una buena dosis de fé. Para los más exigentes se dan sofisticados métodos y máquinas de naturaleza electromagnética, que buscan los mismos resultados, pero que nos adentran en el campo de las radiaciones electromagnéticas del futuro y en las posibilidades de la Física Cuántica.

Estamos ante un mundo de posibilidades sugerentes e infinitas que empeñan la parte más audaz de nuestra mente, en la búsqueda de la Magia, de la Alquimia, del Poder Mental y de la Psicocínesis.

Un buen estudiante radiónico deberia manejarse con soltura en electromagnetismo, Naturopatía, Control Mental, Cabala, Astrología, Bioenergética Esoterismo y sobre todo en una buena higiene mental, grandes dosis de fé y un tremendo espíritu de aventura.

Lice Moreno

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LAS FLORES SIMBOLICAS

Posted by cosmoxenus en 21 enero 2006

Rene Guenon[1]

El uso de las flores en el simbolismo está, como nadie ignora, muy difundido y se encuentra en la mayoría de las tradiciones; es también muy complejo, y nuestra intención no puede ser aquí sino la de indicar algunas de sus significaciones más generales. Es evidente, en efecto, que, según se tome como símbolo tal o cual flor, el sentido ha de variar, por lo menos en sus modalidades secundarias, y también que, como ocurre en el, simbolismo generalmente, cada flor puede tener en sí pluralidad de significaciones, por lo demás vinculadas mutuamente por ciertas correspondencias.

Uno de sus sentidos principales es el que se refiere al principio femenino o pasivo de la manifestación, es decir a Prákrti, la sustancia universal; y a este respecto la flor equivale a cierto número de otros símbolos, entre los cuales uno de los más importantes es la copa. Como ésta, en efecto, la flor evoca por su forma misma la idea de un “receptáculo” como lo es Prákrti para los influjos emanados de Púrusha, y también se habla corrientemente del “cáliz” de una flor. Por otra parte, el abrirse de la flor representa a la vez el desarrollo de la manifestación misma, considerada como producción de Prákrti; este doble sentido está particularmente neto en un caso como el del loto, que es en Oriente la flor simbólica por excelencia y que tiene como carácter especial abrirse en la superficie de las aguas, la cual, según hemos explicado en otro lugar, representa siempre el dominio de determinado estado de manifestación, o el plano de reflexión del “Rayo celeste” que expresa el influjo de Púrusha en acto de ejercerse sobre ese dominio para realizar las posibilidades contenidas potencialmente en él, envueltas en la indiferenciación primordial de Prákrti[2].

La recién indicada relación con la copa debe hacer pensar, naturalmente, en el simbolismo del Graal en las tradiciones occidentales; y cabe hacer precisamente, a este respecto, una observación muy digna. de interés. Sabido es que, entre los diversos objetos que la leyenda asocia al Graal, figura especialmente una lanza, la cual, en la adaptación cristiana, no es sino la lanza del centurión Longino, con la cual fue abierta en el costado de Cristo la llaga de donde manaron la sangre y el agua recogidas por José de Arimatea en la copa de la Cena; pero no menos cierto es que dicha lanza, o alguno de sus equivalentes, existía ya, como símbolo en cierto modo complementario de la copa, en las tradiciones anteriores al cristianismo[3]. La lanza, cuando se coloca verticalmente, es una de las figuras del “Eje del Mundo”, que se identifica con el “Rayo celeste” de que acabamos de hablar; y a este respecto pueden recordarse también las frecuentes asimilaciones del rayo solar a armas como la lanza o la flecha, sobre las cuales no podemos insistir en este trabajo. Por otro lado, en ciertas representaciones, caen gotas de sangre de la lanza misma a la copa; tales gotas no son aquí otra cosa, en la significación principal, que la imagen de los influjos emanados de Púrusha, lo cual por lo demás evoca el simbolismo védico del sacrificio de Púrusha en el origen de la manifestación[4]; y esto nos reconduce directamente a la cuestión del simbolismo floral del que no nos hemos alejado sino aparentemente con las consideraciones anteriores.

En el mito de Adonis (cuyo nombre, por otra parte, significa “el Señor”), cuando el héroe es herido de muerte por el colmillo de un jabalí, que desempeña aquí el mismo papel que la lanza[5], su sangre, derramándose en tierra, da nacimiento a una flor; y sin duda es encontrarían con facilidad otros ejemplos similares. Esto se encuentra igualmente en el simbolismo cristiano; así, L. Charbonneau-Lausay ha señalado “un hierro para hostias, del siglo XII, donde se ve la sangre de las llagas del Crucificado caer en pequeñas gotas que se transforman en rosas, y el vitral del siglo XIII, de la catedral de Angers, donde la sangre divina, manando en arroyuelos, se expande también en forma de rosas”[6]. La rosa es en Occidente, junto con el lirio, uno de los equivalentes más habituales de lo que es en Oriente el loto; aquí, parece por lo demás que el simbolismo de la flor esté referido únicamente a la producción de la manifestación[7] y que Prákrti se encuentre más bien representada por el suelo mismo que la sangre vivifica; pero hay también casos en que parece ser de otro modo. En el mismo artículo que acabamos de citar, Charbonneau-Lassay reproduce un diseño bordado en un canon de altar de la abadía de Fontevrault, que data de la primera mitad del siglo XVI y se conserva hoy en el museo de Nápoles, donde se ve la rosa al pie de una lanza puesta verticalmente y a lo largo de la cual llueven gotas de sangre. Esa rosa aparece allí asociada a la lanza exactamente como la copa lo está en otros casos, y parece ciertamente recoger gotas de sangre más bien que provenir de la transformación de una de ellas; por lo demás, es evidente que las dos significaciones no se oponen en modo alguno sino más bien se complementan, pues las gotas, al caer sobre la rosa, la vivifican y la hacen abrirse; y va de suyo que este papel simbólico de la sangre tiene, en todos los casos, su razón de ser en la relación directa de ella con el principio vital, transpuesto aquí al orden cósmico. Esa lluvia de sangre equivale también al “rocío celeste” que, según la doctrina cabalística, emana del “Árbol de Vida”, otra figura del “Eje del Mundo”, y cuyo influjo vivificante está principalmente vinculado con las ideas de regeneración y resurrección, manifiestamente conexas con la idea de Redención cristiana; y el rocío desempeña también importante papel en el simbolismo alquímico y rosacruz[8].

Cuando la flor se considera como representación del desarrollo de la manifestación, hay también equivalencia entre ella y otros símbolos, entre los cuales ha de destacarse muy especialmente el de la rueda, que se encuentra prácticamente en todas partes, con número de rayos variables según las figuraciones, pero siempre con un valor simbólico particular de por sí. Los tipos más habituales son las ruedas de seis y de ocho rayos; la “ruedecilla” céltica, que se ha perpetuado, a través de casi todo el Medioevo occidental, se presenta en una u otra de estas formas; las mismas figuras, y sobre todo la segunda, se encuentran con gran frecuencia en los países orientales, particularmente en Caldea y Asiria, en la India y en Tíbet. Ahora bien; la rueda es siempre, ante todo, un símbolo del Mundo; en el lenguaje simbólico de la tradición hindú, se habla constantemente de la “rueda de las cosas” o de la “rueda de la vida”, lo que corresponde netamente a dicha significación; y las alusiones a la “rueda cósmica” no son menos frecuentes en la tradición extremo-oriental. Esto basta para establecer el estrecho parentesco de tales figuras con las flores simbólicas, cuyo abrirse es igualmente, además, una irradiación en torno del centro, ya que ellas son también figuras “centradas”; y sabido es que en la tradición hindú el Mundo se representa a veces en forma de un loto en cuyo centro se eleva el Meru, la “montaña polar”. Hay, por otra parte, correspondencias manifiestas, que refuerzan aún esa equivalencia, entre el número de pétalos de algunas de esas flores y el de los rayos de la rueda: así, el lirio tiene seis pétalos y el loto, en las representaciones de tipo más común, ocho, de modo que corresponden respectivamente a las ruedas de seis y de ocho rayos a que acabamos de referirnos[9]. En cuanto a la rosa, se la figura con número de pétalos variable; haremos notar solamente a este respecto que, de modo general, los números cinco y seis se refieren respectivamente al “microcosmo” y al “macrocosmo”; además, en el simbolismo alquímico, la rosa de cinco pétalos, situada en el centro de la cruz que representa el cuaternio de los elementos, es también, como lo hemos señalado en otro estudio, el símbolo de la “quintaesencia”, la cual, por lo demás, desempeña con respecto a la manifestación corporal un papel análogo al de Prákrti[10]. Por último, mencionaremos aún el parentesco de las flores de seis pétalos y de la rueda de seis rayos con algunos otros símbolos no menos difundidos, tales como el del “crisma”, sobre el cual nos proponernos volver en otra oportunidad[11]. Por esta vez, nos bastará haber mostrado las dos similitudes más importantes de los símbolos florales: con la copa en cuanto se refieren a Prákrti, y con la rueda en cuanto se refieren a la manifestación cósmica; por otra parte, la relación entre estas dos significaciones es en suma una relación de principio a consecuencia, ya que Prákrti es la raíz misma de toda
[1] [Publicado en É.T., abril de 1936.]
[2] Véase Le Symbolisme de la Croix, cap. XXIV.
[3] Cf. Le Roi du Monde, cap. V. Se podrían referir, entre los diferentes casos en que la lanza se emplea como símbolo, curiosas similitudes hasta en puntos de detalle: así, entre los griegos, la lanza de Aquiles se suponía curar las heridas causadas por ella; la leyenda medieval atribuye la misma virtud a la lanza de la Pasión.
[4] Se podría también, en ciertos respectos, establecer aquí una vinculación con el conocido simbolismo del pelícano.
[5] [Sobre el simbolismo del jabalí y sobre su carácter “polar”, que lo pone precisamente en relación también con el “Eje del Mundo”, véase cap. XI:, “El Jabalí y la Osa”].
[6] Reg., enero de 1925. Señalemos también, como referida a un simbolismo conexo, la figuración de las cinco llagas de Cristo por cinco rosas, situada una en el centro de la cruz y las otras cuatro entre los brazos de ella, conjunto que constituye igualmente uno de los principales símbolos de los :Rosacruces.
[7] Debe quedar bien claro, para que esta interpretación no dé lugar a ninguna clase de objeciones, que existe una relación muy estrecha entre “Creación” y “Redención”, las cuales no son en suma sino dos aspectos de la operación del Verbo divino.
[8] “Cf. Le Roi du Monde, cap. III. La similitud existente entre el nombre del rocío (ros) y el de la rosa (rosa) no puede, por otra parte, dejar de ser notada por quienes saben cuán frecuente es el empleo de cierto simbolismo fónico.
[9] Hemos registrado, como ejemplo muy neto de tal equivalencia en el Medioevo, la rueda de ocho rayos y una flor de ocho pétalos figuradas una frente a otra en una misma piedra esculpida, encastrada en la fachada de la antigua iglesia de Saint-Mexme de Chinon, que data muy probablemente de la época carolingia. La rueda, además, se encuentra muy a menudo figurada en las iglesias románicas, y la misma roseta gótica, cuyo nombre la asimila a los símbolos florales, parece derivada de aquélla, de suerte que se vincularía así, por una filiación ininterrumpida, con la antigua “ruedecilla” céltica.
[10] “La Théorie hindoue des cinq éléments” [É. T., agosto-septiembre de 1935].
[11] L. Charbonneau-Lassay ha señalado la asociación entre la rosa y el crisma (Reg., número de marzo de 1926) en una figura de ese tipo que ha reproducido según un ladrillo merovingio; la rosa central tiene seis pétalos, orientados según las ramas del crisma; además, éste se halla encerrado en un círculo, lo cual muestra del modo más neto posible su identidad con la rueda de seis rayos. [Sobre este punto de simbólica, véase también cap. VIII: “La idea del Centro en las tradiciones antiguas”, L: “Los símbolos de la analogía”, y LXVII: “El ‘cuatro de cifra'”].

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