El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 1/11/05

LA VERDADERA RENUNCIA

Posted by cosmoxenus en 1 noviembre 2005

Maestro Eckhart

La gente dice ” ¡ Ah !…sí señor, …me gustaría que yo también estuviese en tan buenas relaciones con Dios y tuviera tanta devoción y tanta paz para con Dios como otras personas, y querría que me pasara lo mismo ( que a ellos ), o que fuera igualmente pobre”, o: ” conmigo las cosas nunca irán bien mientras no esté allá o acullá o haga así, o asá; …tengo que vivir en el extranjero o en una ermita o en un convento .

De veras, en todo esto se manifiesta tu yo, y ninguna otra cosa. Es tu propia voluntad por más que no lo sepas, o no te parezca así : en tu fuero intimo no surge nunca ninguna discordia que no provenga de la propia voluntad, no importa si se la nota o no.

En todos nuestros pareceres de que el hombre debería huir de esa cosa y buscar otra -por ejemplo, esos lugares y esas personas y esos modos o esa multitud o esa actuación – en todo esto, la culpa de la perturbación no la tienen los modos de proceder, ni las cosas,…quién te perturba eres tú mismo a través de las cosas, porque te comportas desordenadamente frente a ellas.

Por ende comienza primero contigo mismo, y
¡ renuncia a tí mismo !.

De cierto, si no huyes primero de tu propio yo, adonde quiera que huyas encontrarás estorbos, y discordia, sea donde fuere.

La gente que busca la paz en las cosas exteriores, sea en lugares, o en modos, o en personas o en obras, o en el extranjero, o en la pobreza o en la humillación, …por grandes que sean o lo que sean, todo esto no es nada sin embargo, … y no da paz.

Quienes buscan así, lo hacen en forma completamente equivocada: cuanto más lejos vayan, tanto menos encontrarán lo que buscan.

Caminan como alguien que pierde el camino : cuanto más lejos va, tanto más se extravía.

Pero entonces ¿ qué debe hacer ? .

En primer término debe renunciar a sí mismo, con lo cual ha renunciado a todas las cosas.

En verdad si un hombre dejara su reino o todo el mundo, y se quedara consigo mismo, no habría renunciado a nada…

Pero cuando el hombre renuncia a sí mismo – no importa la cosa que retenga , riquezas, honores o lo que sea – entonces ha renunciado a todo.

Me hicieron la siguiente pregunta :

Que ya que algunas personas se aislaban rigurosamente de los hombres y les gustaba estar siempre solos, y de ahí provenía su paz, así como del hecho de que se hallaban en la iglesia…

Si esto era lo mejor ?…

Entonces dije : ” ¡ No !”… y, ¡ presta atención por qué !..

Quien está bien encaminado en medio de la verdad, se siente a gusto en todos los lugares y con todas las personas.

Más, quien anda mal, se siente mal en todos los lugares y entre todas las personas.

Pero aquel que anda por buen camino, en verdad lleva consigo a Dios.

Más, aquel que bien y en verdad posee a Dios, lo tiene en todos los lugares y en la calle y en medio de toda la gente,…exactamente lo mismo que en la iglesia o en el desierto o en la celda; con tal de que lo tenga en verdad y solamente a Él, nadie podrá estorbar a semejante hombre .

¿ Por qué?..

Porque, posee únicamente a DIOS, y pone sus miras sólo en DIOS, y todas las cosas se le convierten en puro DIOS.

Semejante hombre lleva consigo a DIOS, …en todas sus buenas obras y en todos los lugares, y todas las obras de este hombre las opera sólo DIOS; pues la obra pertenece más propia y verdaderamente a quien es causa de ella que a quien la ejecuta (…)

La gente nunca debería pensar tanto en lo que tiene que hacer ( para actuar correctamente ); tendrían que meditar más bien sobre lo que son…

Por que, si la gente y sus modos fueran buenos, sus obras serían justas.

Que no pretenda fundamentar la santidad en el actuar; la santidad se debe fundamentar en el Ser, porque las obras no nos santifican a nosotros, sino que nosotros debemos santificar las obras.

Por santas que sean las obras, no nos santifican en absoluto, pues sólo son obras; …pero en tanto somos santos y poseemos el Ser, santificamos todas nuestras obras,… ya se trate de comer,… de dormir, …de estar en vigilia o de cualquier cosa que sea.

Quienes no tienen grande el Ser, cualquier obra que ejecute, no dará resultado.

Sabe por lo dicho, que uno tiene que cifrar todo su empeño en ser bueno y no ( insistir ), tanto en lo que no hace o en la índole de las obras, sino en cómo es el fundamento de las obras…(…)

¿ En qué consiste entonces esta verdadera posesión de Dios de modo que uno lo tenga en verdad ?.
Esta verdadera posesión de Dios depende de la mente, y de una entrañable y espiritual tendencia y disposición hacia Dios, y no de tener un continuo y parejo pensamiento en Dios ; porque esto sería para la naturaleza una aspiración imposible,… sería muy difícil,… y además no sería ni siquiera lo mejor de todo.

El hombre no debe tener un Dios pensado,…ni contentarse con Él, pues cuando se desvanece el pensamiento también se desvanece ese Dios.

Uno debe tener más bien un Dios esencial que se halla muy por encima de los pensamientos de los hombres y de toda las criaturas.

Este Dios no se desvanece, a no ser que el hombre voluntariamente se aparte de Él.

Quien posee a Dios así, “en su esencia”, lo toma al modo divino, y Dios resplandece en todas las cosas, porque todas las cosas tienen para él, sabor de Dios, y la imagen de Dios se le hace visible en todas las cosas.

Dios reluce en él en todo momento, y en su fuero íntimo se produce un desasimiento libertador y se le imprime la imagen de su Dios amado y presente.

Es como en el caso de un hombre que sufre agudamente de verdadera sed; puede ser que haga algo que no sea beber, y también podrá pensar en otras cosas, pero haga lo que hiciere y esté con cualquier persona, cualesquiera que sean sus empeños o sus ideas o sus acciones, mientras perdure la sed no le pasará la presentación de la bebida, y cuanto mayor sea la sed tanto más fuerte y penetrante y presente, y constante será la representación de la bebida (…)…

De veras, para esto se necesita fervor y amor, y hace falta que se ponga la atención exactamente en el interior del hombre y que se tenga un conocimiento recto, verdadero, juicioso y real, de cuál es el motivo de nuestro ánimo frente a las cosas y a la gente.

Esta actitud no la puede aprender el ser humano mediante la huida, es decir, que exteriormente huya de las cosas, y vaya al desierto; al contrario, él debe aprender a tener un desierto interior, dondequiera y con quienquiera que esté.

Debe aprender a penetrar a través de las cosas y a aprehender a su Dios ahí dentro, y a ser capaz de imprimir Su imagen ( la de Dios ), en su fuero íntimo, vigorosamente, de manera esencial.

Comparémoslo con alguien que quiere aprender a escribir : de cierto, si ha de dominar este arte, tiene que ejercitarse mucho,… y a menudo en esta actividad, por más penoso y difícil que le resulte y por imposible que le parezca, si está dispuesto a ejercitarse asiduamente y con frecuencia, lo aprenderá y dominará este arte (…)

Del mismo modo, el hombre debe estar compenetrado de la presencia divina y ser configurado a fondo con la forma de su Dios amado y hacerse esencial en Él de modo que le resplandezca el estar presente ( de Dios ), sin esfuerzo alguno y más aún : que logre desnudarse de todas las cosas, y que se mantenga completamente libre de ellas .

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EL FUEGO SAGRADO

Posted by cosmoxenus en 1 noviembre 2005

ORIENTE Y OCCIDENTE, ALQUIMIA DE PUERTA ABIERTA Y ALQUIMIA DE PUERTA CERRADA.

Por su naturaleza la alquimia es un arte esotérico, es decir, interno.

El éxito de la Gran Obra es un asunto íntimo, personal, que solo atañe al propio alquimista y su materia. Sin embargo, hemos querido designar con el nombre de “alquimia abierta” a la enseñanza hermética que ha sido entregada en forma simple y directa; y “alquimia cerrada” a aquella enseñanza escondida bajo el simbolismo o la metáfora. En occidente el arte alquímico tomó con preferencia el carácter “cerrado” por diversas razones.

En primera instancia estuvieron las intensas persecuciones religiosas, que enviaban al calabozo, la horca u hoguera a todo aquel que profesara un saber o conocimiento diferente al admitido por la religión oficial. Esto motivó a muchos alquimistas a permanecer en el anonimato y a disfrazar sus enseñanzas con el simbolismo religioso imperante. Esta es la tónica característica de los siglos medievales y la explicación principal de la proliferación de imágenes religiosas tan especiales durante esa época.

Una segunda razón que motivaba a los alquimistas a mantenerse en secreto eran las persecuciones por parte de los poderosos y gobernantes, que deseaban extraer a toda costa, recurriendo sin asco a la tortura y asesinato, el secreto para la fabricación del oro con el cual aumentar sus riquezas o mitigar sus deudas. El caso del alquimista Alexander Sethon, apodado “el cosmopolita”, es el más triste ejemplo de esta situación.

Como tercer punto tenemos la tradición hermética, propia de los templos egipcios y de los misterios griegos, la cual conocedora del alma humana sabía que todo aquello que es de difícil acceso motiva al hombre a darle un justo aprecio. Por ello, cubrían la enseñanza alquímica de gran misterio y secreto, dándola de a gotas a aquellos estudiantes que, pasando por duras pruebas, apreciarían el conocimiento alquímico como si fuese oro puro. Por otro lado, el uso de la metáfora y simbolismo por parte de los Maestros era un recurso encaminado a “hacer pensar” a los estudiantes, forzándolos a trascender sus habituales estados de conciencia y situarlos, así, en planos intelectuales más elevados.

Una cuarta razón que motivaba al secreto de la enseñanza, era el temor de que algunas de las técnicas alquímicas fuesen mal empleadas por aficionados del arte y ello les provocara más desgracias que beneficios en sus vidas.

Con el paso de los siglos la alquimia fue tornándose más oscura e incomprensible, con lo cual el número de los interesados en ella empezó a disminuir, por considerarla un arte vano y fantasioso. Esto motivó a los Maestros a “abrir sus puertas” y hacerla más accesible a la mentalidad de la época. Esta rama de la alquimia se hizo característica en el mundo oriental debido, principalmente, a su cultura de mayor tolerancia ideológica y sincretismo religioso. Los maestros orientales pensaron que si la alquimia alcanzaba una gran divulgación entre las masas se evitaría, por un lado, la falta de estudiantes y, por el otro, el empleo incorrecto de las técnicas. A ellos no les preocupaba que el Gran Secreto de la alquimia fuese a caer en manos inadecuadas, sabían que:

“El secreto se protege a sí mismo y se basa en el espíritu y la práctica de la enseñanza”.

Esto significaba que solo tras una práctica perseverante y honesta le era posible al estudiante alcanzar la tan ansiada Piedra Filosofal y que para que esta práctica fuese conducida por la senda correcta el Espíritu debía conservarse alerta, despierto y puro.

Con esta firme convicción iniciaron la propagación del conocimiento alquímico, con tanto éxito que consiguieron inocular en el alma colectiva, costumbres y cultura de sus naciones los principios y conceptos de la Gran Obra.

A través de una doctrina simple y directa se encargaron de que en cada generación existiese, al menos, un estudiante que asimilara correctamente la enseñanza y la perpetuara en el tiempo a la siguiente generación.

Habrá quienes estimen diferentes las escuelas alquímicas de oriente y occidente en lo relativo a sus metas u objetivos. Discrepamos absolutamente con ellos. Consideramos a la Alquimia como una sola, sin importar si sus labores y esfuerzos se realizan en el plano macrocósmico o en el microcósmico.

Como es arriba es abajo, leemos en la Tabla Esmeralda, a lo cual nosotros ampliaríamos la idea agregando: Como es adentro es afuera, como es en el microcosmos es en el macrocosmos. Y estamos seguros que con ello no estaríamos violentando en absoluto este famoso principio hermético.

La comprensión profunda de esta ley, provocó que muchos alquimistas, tanto de oriente como de occidente, pero especialmente orientales, intentasen la obtención de la Piedra Filosofal o Medicina Universal en el plano microcósmico. Sus mentes, sencillas y prácticas, apegadas en todo a la naturaleza, les hizo elegir el camino más próximo y seguro para la consecución de la Gran Obra. ¿Por qué buscar afuera lo que podían encontrar adentro?

Sabemos, por las innumerables horas dedicadas a leer las obras del maestro Fulcanelli, que a éste no le eran desconocidas las tradiciones alquímicas de extremo oriente y sabemos, también, que si las menciona en sus escritos no es por mera casualidad o para hacer gala de su erudición. Cuando un alquimista dice o escribe algo jamás es producto de la casualidad, vanidad o el exceso. Es una señal de algo, un signo, puesto ahí para el estudioso que posee ojos para ver y oídos para escuchar. Fulcanelli nos señala:

“Una leyenda china cuenta a propósito del sabio alquimista Hujumsin, elevado a la categoría de dios tras su muerte, que habiendo dado muerte este hombre a un dragón horrible que asolaba el país, ató el monstruo a una columna” (2).

Y si esta acotación a la alquimia china no fuese suficiente, el insigne maestro vuelve a mencionar la leyenda, en otra parte de su obra, como una nota aclaratoria a pie de página, indicando: “… el célebre alquimista Hujumsin, elevado a la divinidad por haber descubierto la piedra filosofal, había dado muerte a un terrible dragón…” (3).

Entonces que no quepa la menor duda que, tanto la alquimia practicada en la China imperial, como aquella que florecía en la Europa medieval, eran la misma ciencia que pretendía a través de su arte obtener la Piedra Filosofal. Similar situación encontramos en el continente indio:

“Entre los antiguos hindúes, la materia filosofal estaba representada por la diosa Mudevi (humedad, podredumbre). Nacida se dice del mar de leche, se la representaba pintada de color verde, montada en un asno y llevando en la mano una banderola en medio de la cual se veía un cuervo” (4).

Las palabras de Fulcanelli no son antojadizas, tienden un hilo invisible entre las escuelas alquímicas de Oriente y Occidente. Hilo sin el cual no habríamos podido relacionar las enseñanzas de ambas ramas filosóficas, ni explicar a una a la luz de la otra.

Por regla general la tradición afirma que la alquimia proviene de Egipto. Sin embargo, Fulcanelli sin negar esta tradición la amplía afirmando:

“Nacida en Oriente, patria del misterio y de lo maravilloso, la ciencia alquímica se ha expandido por Occidente a través de tres grandes vías de penetración: bizantina, mediterránea e hispánica. Fue, sobre todo, el resultado de las conquistas árabes. Este pueblo curioso, estudioso, ávido de filosofía y de cultura, pueblo civilizador por excelencia, constituye el vínculo de unión, la cadena que relaciona la antigüedad oriental con la edad media occidental… … Los árabes, discípulos de los griegos y de los persas, transmitieron a Europa la ciencia de Egipto y de Babilonia, aumentada por sus propias adquisiciones, a través del continente europeo (vía bizantina), y hacia el siglo VIII de nuestra Era” (5).

Nos es necesario recordar que los árabes también fueron el pueblo de contacto entre la cultura asiática, de extremo oriente, y el mundo europeo, no sólo a través del tráfico de mercancías exóticas y especias por medio de la bien conocida Ruta de la Seda, sino en el intercambio de ideas y corrientes filosóficas. Este hecho ha provocado que algunos investigadores piensen que la alquimia llegó a Europa desde India y China, teoría que no estaría en pugna con los orígenes egipcios si fuésemos capaces de aceptar la leyenda greco-egipcia que afirma que el Arte Sagrado tuvo su cuna en Hiperbórea. Desde allí se habría extendido a la Atlántida y, por medio de ésta, a Egipto, Babilonia, Persia y Grecia. A este respecto, algunas escuelas hindúes y chinas señalan que sus enseñanzas fueron propagadas por pueblos venidos del norte, lo que indicaría orígenes polares o hiperbóreos.

Similar tradición guardaban las tribus nórdicas de la Europa septentrional con respecto a sus ciencias mágicas y guerreras.

Sin embargo, para el practicante, poco importa la veracidad histórica de estas afirmaciones. Lo importante es saber que la Alquimia fue practicada, casi en forma simultánea, tanto en el mundo oriental como occidental.

Por otro lado, la leyenda mencionada no deja de ser interesante por el significado que encierra. Hiperbórea (más allá del viento del norte), según la mitología griega, es el lugar donde el dios Apolo permaneció inmediatamente después de su nacimiento y en donde cada diecinueve años, período que necesitan los astros para efectuar una revolución completa y volver a su posición inicial, el dios celebraba sus fiestas durante la noche de equinoccio de primavera. Por su parte, Atlántida, según el mito, era la isla donde reinaba Atlante o Atlas, el titán que sostenía en sus hombros la bóveda celeste

Es fácil, entonces, entender el mensaje de la leyenda. Hiperbórea es la residencia del Sol, el dador de luz, calor y vida. Atlántida es el hogar del Espíritu que “sostiene al firmamento”. Por tanto, cuando se afirma que la Alquimia proviene de Atlántida e Hiperbórea, a los adeptos no les interesa señalar tanto su origen histórico o geográfico como su fuente espiritual y energética: el Espíritu Igneo que sostiene al universo.

Este tipo de metáforas, semi-históricas, semi-leyendas, forman parte de un método de enseñanza al cual recurren con mucha frecuencia los alquimistas, especialmente del pasado, y que dio por resultado una amplia cantidad de mitos.

El Laberinto de la Simbología

“Sin embargo, los filósofos certifican que jamás hablan más oscuramente que cuando parecen expresarse con precisión. Asimismo, su claridad aparente engaña a los que se dejan seducir por el sentido literal y no se preocupan en absoluto por asegurarse si concuerda o no con la observación, la razón y la posibilidad de naturaleza” (6).

” Los que quieren hacer nuestra Obra mediante digestiones, destilaciones vulgares y sublimaciones semejantes, y otros por trituraciones, todos ellos están fuera del buen camino, sumidos en gran error y dificultad, y privados para siempre de conseguir su objetivo, porque todos esos nombres y palabras y maneras de operar son nombres, palabras y maneras metafóricos”(7).

No deja de sorprender al investigador serio que a pesar de la gran variedad de advertencias, al respecto, muchos interesados en la alquimia continúan interpretando literalmente las palabras de los viejos maestros. Fulcanelli no es la excepción al disfrazar sus enseñanzas bajo el manto de la metáfora, sin embargo, dedica muchas páginas de sus obras a advertirnos al respecto:

“¿Qué callar? Todo cuanto se refiere al secreto alquímico y concierne a su puesta en práctica, pues al constituir la revelación el privilegio exclusivo de Dios, la divulgación de los procedimientos se mantiene prohibida, no comunicable en lenguaje claro, permitida solo bajo el velo de la parábola, de la alegoría, de la imagen o de la metáfora” (8).

“La alquimia tan solo es oscura porque está oculta. Los filósofos que quisieron transmitir a la posteridad la exposición de su doctrina y el fruto de sus labores se guardaron de divulgar el arte presentándolo bajo una forma común, a fin de que el profano no pudiera hacer mal uso de él (…) Los filósofos no disponían de otras fuentes para ocultar a unos lo que querían mostrar a otros, más que ese fárrago de metáforas y símbolos diversos, y esa prolijidad de términos y de fórmulas caprichosas trazadas a vuelapluma y expresadas en lenguaje claro para uso de los ávidos o de los insensatos” (9).

Estas son algunas de las advertencias que el insigne alquimista nos regala, como indicándonos que todo lo que tenga que ver con el Arte Sagrado posee un doble significado o un significado que no es el aparente. Como si fuese poco su fiel discípulo, Eugene Canseliet, vuelve a reiterarnos la advertencia en el prefacio de Las Moradas Filosofales:

“Nuestros libros no son escritos para todos, repiten los viejos maestros, si bien todos son llamados a leerlos. En efecto, cada uno debe aportar su esfuerzo personal, absolutamente indispensable si desea adquirir las nociones de una ciencia que jamás ha cesado de ser esotérica. Por ello los filósofos, con objeto de esconder sus principios al vulgo, han cubierto el antiguo conocimiento con el misterio de las palabras y el velo de las alegorías (…) Estas reglas exclusivas tienen una razón profunda. Si se me preguntara cuál es, respondería simplemente que el privilegio de las ciencias debería ser patrimonio de los sabios de elite. A1 caer en el ámbito popular, distribuidos sin discernimiento entre las masas y explotados ciegamente por ellas, los más hermosos descubrimientos se evidencian más perjudiciales que útiles” (10).

En la opinión del señor Canseliet vemos claramente indicadas las razones y, la confirmación, de que las obras del maestro Fulcanelli están bajo el velo de la metáfora y como tal deben ser leídas y entendidas. Por lo tanto, sería un acto de insensatez (y no pretendemos ser groseros sino honestos) e1 querer seguir literalmente las indicaciones y fórmulas que en ellas se muestran.

Este lenguaje oscuro y simbólico, tan querido por los adeptos para expresar sus ideas y tan exasperante, para aquellos que se inician en el Arte Sagrado, fue denominado Cábala Hermética. Término el cual no debe ser confundido con la cábala hebrea, según el propio Fulcanelli nos advierte:

“La cábala hermética se aplica a los libros, textos y documentos de las ciencias esotéricas de la antigüedad, de la edad media y de los tiempos modernos. Mientras que la cábala hebraica no es más que un procedimiento basado en la descomposición y explicación de cada palabra o de cada letra, la cábala hermética, por el contrario, es una verdadera lengua (…) La cábala proporciona la causa, da el principio y revela la causa de las ciencias (…) CONOCER LA CABALA ES HABLAR LA LENGUA DE PEGASO, la lengua del caballo (…) Lengua misteriosa de los filósofos y discípulos de Hermes, la cábala domina toda la didáctica de la Ars Magna, del mismo modo que el simbolismo abarca toda su iconografía (…) La cábala y el simbolismo toman vías diferentes para llegar a la misma meta y para confundirse en la misma enseñanza. Son las dos columnas maestras levantadas sobre las piedras angulares de los cimientos filosóficos, que soportan el frontón alquímico del templo de la sabiduría” (11).

Nos parece haber ejemplificado lo suficiente sobre la calidad metafórica de los textos alquímicos, según nos señala el maestro Fulcanelli, como para seguir repitiendo sus palabras.

Sin embargo, tales advertencias, aunque bienvenidas nos parecen innecesarias, pues a cualquier investigador serio y meticuloso se le hace patente que la alquimia hace referencia a “algo más” que a una simple técnica metalúrgica o química.

Pronto uno se da cuenta que una enmarañada jungla de palabras e imágenes le cierran el paso a la comprensión de ese “algo más”. Con asombro y desesperación vemos como la misma materia o substancia es llamada con diversos nombres:

” Este sujeto tan vulgar y tan despreciado, se convierte seguidamente en el Arbol de Vida, Elixir o Piedra Filosofal, obra maestra de la Naturaleza ayudada por el trabajo humano, pura y rica joya de la alquimia” (12).

“(…) El Espíritu universal, materializado en los minerales bajo el nombre alquímico de Azufre, constituye el principio y el agente eficaz de todas las tinturas metálicas. Pero este Espíritu, esta sangre roja de los niños, solo puede obtenerse descomponiendo lo que la Naturaleza había antes reunido en ellos. Es, pues, necesario que el cuerpo perezca, que sea crucificado y que muera, si se quiere extraer el alma, vida metálica y Rocío celeste, que aquél tenía encerrada” (13).

“(…) Todo el trabajo del arte consiste en animar este mercurio hasta que aparezca revestido del indicado signo. Y los autores antiguos llamaron a este signo, Sello de Hermes, Sal de los Sabios, marca y huella del Todopoderoso, firma de éste y también Estrella de los Magos, Estrella Polar, etc.”(14).

En estos tres ejemplos, extraídos de E1 Misterio De Las Catedrales, vemos que se utilizan como sinónimos los términos piedra filosofal, elixir y árbol de la vida. Al espíritu universal se le designa como azufre, sangre roja de los niños, rocío celeste, alma o vida metálica.

Y al “signo”, que anuncia la madurez del mercurio, se le baña de epítetos como sal de los sabios, sello de Hermes, estrella polar, estrella de los magos, ¡firma del Todopoderoso!

Pero esto no se queda así, a la “disolución” de la materia se le ha llamado: negrura, occidente, tinieblas, eclipse, lepra, cabeza de cuervo, muerte, mortificación del mercurio (15).

Otros filósofos no a gusto con estos términos y descripciones han agregado los suyos: calcinación, denudación, separación, trituración, asación, reducción, ablandamiento, extracción, licuefacción, sutilización, división, humación, impastación, destilación, putrefacción, corrupción, gruta, infierno, dragones, generación, ingresión, sumersión, impregnación y conjunción (16).

Nos costaría trabajo creer que todos estos nombres hacen referencia al mismo proceso, sino fuese porque el propio Fulcanelli lo afirmara en su capítulo dedicado a Luis d’Estissac, gobernador de Poitou y la Saintonge. Acto compasivo del Maestro hacia el estudioso, pues con esa indicación da a entender que tanto su obra como la de sus antecesores solo tratan de una operación y una materia.

Ejemplo similar tenemos en la descripción del rebis, amalgama o compuesto, unión del azufre y el mercurio la cual es comparada a una lucha, durante su primer encuentro:

“Este combate singular de los cuerpos químicos cuya combinación produce el disolvente secreto (y el vaso del compuesto), ha dado tema a una gran cantidad de fábulas profanas y de alegorías religiosas. Es Cadmo clavando la serpiente en un roble; Apolo, matando con sus flechas al monstruo Pitón, y Jasón, matando al dragón de Cólquida; Horus, combatiendo al Tifón del mito osiriano; Hércules, cortando las cabezas de la Hidra, y Perseo, la de 1a Gorgona; san Miguel, san Jorge y san Marcelo, abatiendo al Dragón, copias cristianas de Perseo, montado en el caballo Pegaso y matando al monstruo guardián de Andrómeda; es también, el combate de la zorra y el gallo (…), de la rémora y la salamandra (de Cyrano De Bergerac), de la serpiente roja y la serpiente verde, etc.”(17).

Los alquimistas, al describir los procesos de la Gran Obra, no fueron tímidos para introducirse en el lenguaje simbólico de diferentes religiones, filosofías y oficios. Fue tal vez en este último sector donde la confusión fue mayor, pues algunas artes poseen técnicas tan sofisticadas que por sí solas tienen un carácter esotérico, es decir, comprensibles solo para quienes la practican. Entonces si sus tecnicismos y conceptos son utilizados para expresar, simbólicamente, el proceso alquímico, el resultado sería que el vulgo tomaría por literales las fórmulas e indicaciones. Tal fue el caso de la metalurgia y la espagiria medieval.

También, a través de la metáfora y el simbolismo, los alquimistas se infiltraron en la religión. Fulcanelli nos señala:

“Hubo grandes sabios, entre los maestros antiguos, que no temieron explicar alquímicamente las parábolas de las Sagradas Escrituras, tan susceptible en su sentido de interpretaciones diversas. La Filosofía hermética apela a menudo al testimonio del Génesis para servir de analogía al primer trabajo de la Obra; muchas alegorías del Viejo y Nuevo Testamento adquieren un relieve imprevisto en contacto con la alquimia” (18).

Y no solo en sus historias sagradas, sino también en muchas de sus fiestas populares:

“(…) la Fiesta de los Locos, con su carro del triunfo de Baco, tirado por un centauro macho y un centauro hembra, desnudos como el propio dios, acompañado del gran Pan; carnaval obsceno que tomaba posesión de las naves ojivales.” (19).

Aunque esto acontecía en las iglesias cristianas, de la edad media, la infiltración alquímica no solo abarcó al cristianismo. Antes de la existencia de éste, las religiones latinas, griegas, persas, egipcias y caldeas, presentaban en su mitología y tradiciones la señal del espíritu alquímico, siempre velado bajo el lenguaje de la metáfora.

Si bien puede acusarse a la alquimia de expandir sus enseñanzas a la sombra de otras religiones o filosofías, no debe olvidarse que su espíritu alegórico e imaginativo enriqueció las creaciones artísticas de las instituciones con las cuales convivió, dándoles así presencia histórica y permanencia en el tiempo. Por tanto su deuda con aquellas está sobradamente saldada.

Y así como utilizó a las instituciones religiosas para la expresión de sus enseñanzas, la Alquimia hizo exactamente lo mismo con algunos oficios y artes. Como ya lo habíamos mencionado la metalurgia, la espagiria (química primitiva), el vidriado, la orfebrería, la alfarería y, muy especialmente, los canteros y constructores de catedrales, contaron con verdaderos alquimistas entre sus filas.

Ellos, aprovechando el lenguaje técnico de sus oficios, escribieron textos dedicados a la Gran Obra, su materia y procesos.

Fue tal vez la espagiria, como química naciente, llena de asombro y descubrimientos ante la incógnita del mundo material y sus leyes (y por su influencia en la medicina y otras ciencias), la que sirvió mejor de vehículo para la exposición del arte alquímico.

En una época en que la materia empezaba a revelar sus misterios el descubrimiento de nuevos compuestos y elementos brindaron esa amplitud de espíritu tan necesaria para la expresión y práctica de la Gran Obra. Todo era posible y hasta la sustancia más sencilla y el proceso más simple podía encerrar dentro de sí el secreto de la creación.

No es de extrañar, pues, que la alquimia, siempre a través de su lenguaje metafórico, haya utilizado el vocabulario espagírico y la imagen de sus manipulaciones para expresar sus enseñanzas. ¡Escila y Caribdis para el estudioso! Pues pasó a confundirse lo real con lo metafórico o, como indica el budismo zen, se confundió la luna con el dedo que la señala.

En semejante embrollo nos arroja también Fulcanelli. Temeroso de haber sido demasiado claro en algunas partes y, así, haber violentado la promesa del secreto, nos envuelve con una cortina de humo a través de la palabrería técnica y las expresiones químicas:

“Los que están instruidos acerca de las cualidades del sujeto saben que el disolvente universal es un verdadero mineral, de aspecto seco y fibroso, de consistencia sólida y dura y de textura cristalina. Es, pues, una sal y no un líquido ni un mercurio fluyente, sino una piedra o sal pétrea, de donde sus calificativos herméticos de salitre, de sal de sabiduría o sal alembroth.” (20).

Pobre de aquel que no comprenda que el insigne adepto habla metafóricamente, utilizando un lenguaje químico y refiriéndose al “disolvente universal” como un cuerpo mineral, por su origen y naturaleza interna. Sin embargo, dejándose vencer por la compasión, nos pone en alerta al destacar en una grafía diferente las palabras: sujeto, disolvente universal, verdadero mineral, sal, piedra, sal pétrea, salitre, sal de sabiduría y sal alembroth. Con ello nos indica la ambivalencia de aquellos términos. Le estaremos siempre agradecidos.

Estando claros y habiendo aceptado que los escritos alquímicos están en lenguaje simbólico, nuestra próxima tarea será intentar descifrar su código, más cerca de la poesía que de la terminología técnica de nuestras ciencias.

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Monita Secreta o Instrucciones Reservadas de los Jesuitas.

Posted by cosmoxenus en 1 noviembre 2005

Al lector.

Como toda mala causa es negable, los jesuitas han negado la autenticidad de esta obra; trabajo inútil, aunque lógico, en quienes están acostumbrados por voto de obediencia a negar las verdades más inconcusas.

El manuscrito en latín de la Monita secreta, fue encontrado entre los papeles del padre Brothier, último bibliotecario de la Compañía en París, antes de la revolución; está conforme con la edición de Paderborn, hecha en 1661, y por último, con el manuscrito, perfectamente auténtico, que existe en el archivo de Bélgica, en el palacio de Justicia de Bruselas, con el título de Secreta Monitae, ou Advis Secrets de la Societé de Jésus. [276]

Nunca hasta ahora se publicó en castellano, y por eso lo inserto aquí, traduciéndolo de la sexta edición publicada en París en 1865, con el texto latino enfrente del francés, para edificación del lector, que en ella verá hasta dónde puede llegar la hipocresía erigida en regla de conducta, para amontonar riquezas, engañando y corrompiendo a los incautos so pretexto de religión.

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LA DOCTRINA SECRETA DE LAS ERAS ARCAICAS

Posted by cosmoxenus en 1 noviembre 2005

Folleto Blavatsky Nro. 9

H.P. Blavatsky

Esta es quizás la verdadera razón porque hoy se permite que vean la luz, después de millares de años del silencio y secreto más profundos, los bosquejos de unas pocas verdades fundamentales de la Doctrina Secreta de las Edades Arcaicas. Digo de propósito “unas pocas verdades” porque lo que debe permanecer sin decirse, no podría contenerse en un centenar de volúmenes como éste, ni puede ser comunicado a la presente generación de saduceos. Pero aun lo poco que hoy se publica es preferible a un silencio completo acerca de estas verdades vitales. El mundo actual, en su loca carrera hacia lo desconocido, que el físico se halla demasiado dispuesto a confundir con lo incognoscible siempre que el problema escapa a su comprensión, progresa rápidamente en el plano opuesto al de la espiritualidad. El mundo se ha convertido hoy en un vasto campo de combate, en un verdadero valle de discordia y de perpetua lucha, en una necrópolis en donde yacen sepultadas las más elevadas y más santas aspiraciones de nuestra alma espiritual. Aquella alma se atrofia y paraliza más y más a cada generación nueva. Los “amables infieles y cumplidos calaveras” de la sociedad de que habla Greeley, se interesan bien poco por la renovación de las ciencias muertas del pasado; pero existe una noble minoría de estudiantes entusiastas, que tienen derecho a aprender las pocas verdades que pueden serles dadas hoy; y ahora mucho más que hace diez años, cuando Isis sin Velo apareció, o que cuando las últimas tentativas para explicar los misterios de la ciencia esotérica fueron publicadas.

TODOS LOS FUNDADORES RELIGIOSOS SON TRANSMISORES

Más de un gran erudito ha declarado que no ha existido jamás ningún fundador religioso, sea ario, semita o turanio, que haya inventado una nueva religión o revelado una nueva verdad. Todos aquellos fundadores fueron transmisores, no maestros originales. Fueron autores de formas y de interpretaciones nuevas; pero las verdades en que se apoyaban sus enseñanzas, eran tan antiguas como la humanidad. Así escogían y enseñaban a las masas una o más de las muchas verdades reveladas oralmente a la humanidad en un principio, y conservadas y perpetuadas por transmisión personal, hecha de una a otra generación de iniciados en el Adyta de los templos, durante los Misterios –realidades visibles tan sólo para los Sabios y Videntes verdaderos–. Así es como cada nación ha recibido a su vez algunas de las verdades susodichas, bajo el velo de su simbolismo propio, local y especial, el cual, andando el tiempo, desarrolló un culto más o menos filosófico, un Panteón bajo un disfraz mítico. Por esto Confucio (en la cronología histórica un legislador muy antiguo y un sabio muy moderno en la historia del mundo) es señalado enfáticamente por el Dr. Legge [Lün-Yü (§ I. a).,

Schott: Chinesische Literatur, pág. 7, citado por Max Müller] como transmisor no como autor. Como él mismo decía: “yo únicamente transmito; no puedo crear cosas nuevas. Creo en los antiguos, y por lo tanto, los amo”. [Life and Teachings of Confucius, pág. 96] (Citado en La Ciencia de las Religiones por Max Müller)

También los ama la que escribe estas líneas, y cree, por tanto, en los antiguos, y en los modernos herederos de su Sabiduría. Y creyendo en ambos, transmite ahora lo que ha recibido y aprendido por sí misma, a todos aquellos que quieran aceptarlo. Para aquellos que rechacen su testimonio, que será la inmensa mayoría, no guardará el menor resentimiento, pues están en su derecho negando, del mismo modo que ella usa del suyo propio al afirmar; siendo lo cierto que las dos partes contemplan la Verdad desde dos puntos de vista por completo diferentes. De acuerdo con las reglas de la crítica científica, el orientalista tiene que desechar a priori cualquiera declaración que no pueda demostrar por sí mismo. ¿Y cómo podría un sabio occidental aceptar puramente de oídas aquello acerca de lo cual nada conoce? A la verdad, lo que se da a luz en estos volúmenes, ha sido entresacado así de enseñanzas orales como escritas. Esta presentación primera de las doctrinas esotéricas está basada sobre Estancias que constituyen los anales de un pueblo que la etnología desconoce. Están escritas aquéllas, según se afirma, en una lengua que se halla ausente del catálogo de los lenguajes y dialectos que conoce la filología; se asegura que han surgido de una fuente que la ciencia repudia: esto es, el Ocultismo; y finalmente son ofrecidas al público por el intermedio de una persona desacreditada sin cesar ante el mundo, por todos cuantos odian las verdades venidas a deshora, o por los que tienen alguna preocupación particular que defender. Así es que el repudio de estas enseñanzas es cosa que puede esperarse, y aun debe esperarse de antemano. Ninguno de los que se llaman a sí mismos “eruditos”, en cualquiera de las ramas de la ciencia exacta, se permitirá mirar estas enseñanzas seriamente. Durante este siglo serán escarnecidas y rechazadas a priori; pero en este siglo únicamente, porque en el siglo XX de nuestra Era, comenzarán a conocer los eruditos que la Doctrina Secreta no ha sido ni inventada ni exagerada, sino por el contrario, tan sólo bosquejada; y finalmente, que sus enseñanzas son anteriores a los Vedas. [No es esto una pretensión de profetizar, sino una sencilla afirmación fundada en el conocimiento de los hechos. En cada siglo tiene lugar una tentativa para demostrar al mundo que el Ocultismo no es una superstición vana. Una vez que la puerta quede algo entreabierta, se irá abriendo más y más en los siglos sucesivos. Los tiempos son a propósito para conocimientos más serios que los hasta la fecha permitidos, si bien tienen todavía que ser muy limitados] ¿No han sido los mismos Vedas escarnecidos, rechazados y llamados una “falsificación moderna” no hace todavía cincuenta años? ¿ No hubo una época en la que se declaró al sánscrito hijo del griego, y un dialecto derivado de este último, según Lemprière y otros eruditos? El profesor Max Müller dice que hasta 1820, los libros sagrados de los brahmanes, los de los magos y los de los buddhistas, “eran desconocidos; dudábase hasta de su existencia misma, y no existía ni un solo erudito que hubiese podido traducir una línea de los Vedas … del Zend Avesta… o del Tripitaka buddhista; y ahora está demostrado que los Vedas pertenecen a la antigüedad más remota, siendo su conservación casi una maravilla”. (Lectura sobre los Vedas).

Lo mismo se dirá de la Doctrina Secreta Arcaica cuando se den pruebas innegables de su existencia y de sus anales. Pero tendrán que pasar siglos antes que se publique mucho más de ella. Hablando de la clave para los misterios del Zodiaco, casi perdida para el mundo, hizo ya observar la escritora en Isis sin Velo, hará unos diez años, que: “A la dicha clave deben dársele siete vueltas antes de todo el sistema pueda ser divulgado. Le daremos nosotros una vuelta tan sólo, permitiendo, con esto al profano que perciba una vislumbre del misterio. ¡Feliz aquel que comprenda el todo!”

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EL CONTROL DEL MEDIO AMBIENTE (OCULTISMO PRÁCTICO)

Posted by cosmoxenus en 1 noviembre 2005

DION FORTUNE

Como hemos visto en el capitulo anterior, el control del medio ambiente debe comenzar con el dominio de uno mismo, y hasta tanto las condiciones ambientales que nos circundan hayan dejado de tener influencia en nosotros, no podremos ejercer ningún poder sobre ellas. Paradójicamente, sólo cuando nuestro medio ambiente deja de afectarnos, es cuando podemos cambiarlo por medios mentales.

Cuando se llega al punto de conseguir armonía interior, aunque sólo sea por breves períodos, estaremos en condiciones de emprender un trabajo mental práctico; consideremos, pues, cómo empezar esta importante tarea.

La meditación debe preceder a toda acción o decisión y por raro que parezca no debe efectuarse sobre el objeto del problema a resolver, sino más bien sobre el desarrollo espiritual, sobre la entrega generosa al más elevado ideal que pueda concebirse y sobre una formulación clara y concreta de este mismo ideal. Acto seguido, debemos elevarnos más aún en nuestra aspiración y meditar sobre la emanación ilimitada de vida espiritual de la cual surgen nuestras vidas individuales mientras repetimos una y otra vez, como un mantram: “Poder ilimitado, armonía absoluta, eterna duración”, imaginándonos al Absoluto como una radiación blanca volcándose sobre nosotros y en lo que nos rodea. Debemos vivir nuestra vida y realizar nuestras tareas acompañados por este estribillo durante días íntegros, hasta que percibamos que se apodera de nosotros. Que tiene vida propia y se repite automáticamente como una melodía o acorde que resuena en nuestra cabeza.

Cuando esto suceda advertiremos que el mamtram se esta repitiendo en forma automática, sabremos que ha descendido a la subconciencia y de nuevo sale a la superficie. Ya estamos entonces en condiciones de realizar una tarea mental práctica porque hemos tomado contacto subconsciente con el Infinito, y antes de que planifiquemos o efectuemos cualquier tarea mental, debemos tomar conciencia de nuestro cambio interno por un sentimiento de expansión de vida, de poder y libertad mediante la obtención de ese contacto. Es muy grande el efecto de estas repeticiones rítmicas de frases significativas, tal como Coué lo ha expuesto en su sistema de autosugestión, y como la Iglesia católica lo sabe y lo enseña a través de la repetición de plegarias en el desgranar de las cuentas del rosario.

Tan pronto como este cambio interno comienza a hacerse sentir y sólo entonces estamos en condiciones de ocuparnos mágicamente de nuestro medio ambiente, pero no antes. No es menester que hayamos alcanzado ya equilibrio permanente, pues no es fácil lograrlo mientras estemos encarnados; baste con tener momentos exaltación cuando nos hayamos elevado por sobre nuestro medio ambiente y podamos, como San Pablo: “Nada de esto nos concierne”.

Sin embargo. el diagnóstico debe siempre preceder al tratamiento; y antes que podamos decir qué remedio es necesario, tenemos que clasificar las condiciones de que nos valdremos. Esta clasificación debe comenzar siempre con nuestras convicciones subjetivas, para luego preguntarnos qué debilidad en nuestra naturaleza nos condujo al estado que padecemos y veremos que, en el fondo. encontraremos falta de juicio, de paciencia, dc coraje, de previsión, de energía y muchas otras plagas que echan a perder la buena fruta.

Si observamos nuestra vida retrospectivamente, hallaremos que hay muchas cosas con las que hubiéramos procedido de otra manera de haber sido más sabios y fuertes. En este estado del proceso no podemos permitirnos hacer responsable de nada a nadie, ni tampoco a ninguna circunstancia; si alguien se comportó mal con nosotros no debemos pensar ni decir que esa persona tuvo toda la culpa y nosotros fuimos inocentes. sino pensar y comprender que los responsables fuimos nosotros por confiar en esa persona o por haber sido débiles y no haberla resistido.

Una vez descubierta nuestra debilidad, la tarea siguiente consiste en meditar sobre las cualidades compensadoras. Es bastante fácil hallar cualidades opuestas que compensen un déficit o un superávit, pero, a muchos les resultará difícil comprender cómo se puede compensar la falta de sabiduría o de discernimiento. Empero, si meditamos sobre la humildad, sobre la honestidad para con nosotros mismos y enfrentamos los hechos desagradables, hallaremos que la sabiduría y el discernimiento no deberán buscarse muy lejos de los problemas prácticos de la vida.

Nuestra próxima tarea consistirá en aceptar las condiciones en que nos hallamos como resultado de nuestro karma, sin resentirnos ni tenernos lástima, porque estas condiciones son imprescindibles para aprender las lecciones de desarrollo espiritual; de ahí que debamos aceptarlas como justas tratando de asimilar las enseñanzas que de ellas se desprenden a lo largo de la experiencia y nuestro desenvolvimiento espiritual. Éste es un paso muy importante y una vez dado, habremos anulado la conmiseración por nosotros y el resentimiento para con el destino; de manera que habremos roto los lazos kármicos que nos unen a nuestra condición actual, pues ya estaremos preparados para liquidar nuestro karma por medio de una consciente acción mental, como corresponde a un Adepto.

Pero ello no supone que escaparemos a nuestra condición a menos que, por medio de la comprensión, destruyamos los vínculos kármicos que nos unen a aquélla y aprendamos sus lecciones. Ésta es la razón por la cual no valen los talismanes, a menos que estén hechos por la persona que los va a usar y de ahí también por qué las operaciones del ceremonial mágico dirigidas a fines mundanos sólo producen reacciones caóticas y contrarias a las esperadas. Cuando el iniciado se vale de métodos mágicos, en primer lugar diagnostica el estado del caso kármico y actúa de acuerdo con ese conocimiento; pero el principiante en ocultismo, y especialmente el desdichado iluso que compra talismanes en las casas que se dedican a esta clase de negocios delictuosos, si no inmorales, y promociona su mercancía, sólo da un paliativo, pues pone en movimiento causas que permanecían quietas, causas que a menudo se hallan en las antípodas de sus efectos, y que algunas veces responden de manera insospechada cuando son manipuladas con torpeza.

No obstante, quien desee intentar resolver sus problemas reduciéndolos a términos de principios espirituales primordiales se encuentra sobre la ruta exacta y se pondrá en armonía con esas fuerzas que el ocultista llama “Los Señores del Karma”, de modo que ellos cooperarán con él; y cuando esto suceda, los problemas se aclararán en una forma realmente sorprendente.

Cada una de las operaciones expuestas con precedencia, es ejecutable en un término de varias días, ya que se trata de prácticas que no pueden llevarse a cabo una tras otra, en una sola sesión; debe perseverarse en el ejercicio de cada una de ellas hasta que se sienta m cambio interior y una respuesta, y únicamente después –hay que subrayar este después– precede ejecutar la fase que sigue.

Una vez que se haya logrado nuestra paz con los señores del karma, estaremos en condiciones de volvernos de adentro hacia afuera, es decir contemplar nuestro medio ambiente y comprobar que existen ciertas premisas que, a menos que podamos alterarlas por la magia, deben aceptarse, puesto que lo que no es posible curar debe tornárselo soportable. También verificaremos que subsisten otras condiciones que, por el ejercicio del coraje, de la determinación y de la energía, son susceptibles de ser modificadas.

Veamos, primero, aquellas pautas o condiciones que deben ser aceptadas como inevitables, salvo que puedan modificarse por una alteración mágica; y aún cuando no consideremos por el momento nada desde el punto de vista mágico, adoptemos la firme resolución de alcanzar tal grado de autodisciplina y autocontrol mental hasta ser capaces de prevenir por complete cualquier reacción emocional contra esas pautas o condiciones, porque éste es el paso preliminar esencial para asumir el dominio mágico. Con este fin debemos elevarnos por sobre la irritabilidad por medio de la meditación, la compasión y la serenidad; asimismo, debemos ascender por encima del temor y la nerviosidad, controlando con rigidez nuestra imaginación, ya que el temor es por entero producto de ésta (no sentimos miedo de las cosas que estamos sufriendo en el presente inmediato) pues cuando recordamos lo mucho que hemos sufrido a causa de nuestro temor por hechos que nunca sucedieron, y cómo nuestro más agudo sufrimiento provino de acontecimientos que no anticipamos y por los cuales no hemos temido, veremos que, aunque el temor tiene su importancia como mecanismo de alarma. puede ir más allá de sus límites convenientes y convertirse en una dificultad intolerable, como cualquier otro hábito inadecuado; por esta razón el temor, como tal, debe ser vencido. Por ello debemos disciplinar nuestra imaginación a fin de que no se detenga ante las cosas que nos causan reacciones de temor; antes bien, debemos visualizar un cuadro feliz del término de nuestras aflicciones donde nos veamos anclando dichosos en el puerto de nuestros sanos deseos. Estos ensueños felices y luminosos desempeñan un papel mucho más importante de lo que se cree en la vida exitosa de hombres y mujeres que triunfaron.

Se puede decir con certeza que nadie que tenga el hábito de representarse cuadros imaginativos angustiosos o lúgubres podrá alcanzar una meta clara y amplia. Quien tiene la costumbre de dar rienda suelta a ensueños placenteros, despliega en torno de sí una atmósfera mental peculiar, que bien se la puede calificar de “fascinadora”, y el ser sensitivo que tome contacto con este tipo peculiar de hombre experimentará la influencia de éste y lo verá no como es, sino como aquella persona que ha visualizado en sus ensoñaciones. He aquí por qué cierto tipo de financistas ganan tanto dinero en operaciones arriesgadas, profetas que reúnen discípulos y curanderos que logran conquistar la confianza de sus pacientes. Hay un hechizo efectivo en esos visionarios que se transmite a las personas con las cuales toman contacto; y como la fe de los que nos acompañan o rodean crea en nosotros una auto confianza de modo tan cierto como que su desconfianza nos desalienta, se establece entonces, un circuito de acción, que en lenguaje popular llamamos “círculo vicioso”; que se intensifica cuanto más se extiende. De ahí que resulte tan exacto aquello que dice “nada tiene tanto éxito como el éxito mismo”.

Lo que la psicología moderna llama el “lenguaje del gesto inconsciente” posee extraordinaria elocuencia y lo interpreta la mente subconsciente de los demás reaccionando de una manera que ni ellos ni nosotros comprendemos en lo más mínimo. Cuando nuestro gesto o actitud subconsciente nos induce a esperar un buen recibimiento, una aquiescencia incuestionable, nueve de cada diez personas responderán a ello dándonos lo que esperábamos subconscientemente. En cambio, cuando dudamos se nos ve desconfiados y sin duda nos estamos acarreando disgustos. Por otra parte, si nuestras ensoñaciones responden a nuestro éxito, nueve de cada diez personas armonizarán con nosotros, a menos que nuestra falta de tino nos haya hecho elegir un sendero equivocado.

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