El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

EL GUARDIAN DEL UMBRAL: ESPÍRITUS ERRABUNDOS

Posted by cosmoxenus en 17 septiembre 2005

MAX HEINDEL
(Libro: “El Velo del Destino”)

Mientras que estamos leyendo y tratando de ” cómo se teje y desteje ” el ” Velo del Destino ” es conveniente que dediquemos algún espacio a ese misterioso ” Guardián del Umbral ” que es tan poco conocido y generalmente mal concebido.

Nuestras investigaciones personales de las vidas anteriores de un grupo de personas que han solicitado de nuestra Fraternidad auxilio para la curación de lo que se viene llamando obsesión, nos han probado que sus molestias son debidas a una fase de lo que ha sido llamado equivocadamente por algunos investigadores anteriores “el Guardián del Umbral”.

Cuando estos casos se examinan simplemente con la facultad de la videncia espiritual o por la lectura de los registros etéricos, puede caerse fácilmente en error semejante, o sea en confundir tal aparición con el verídico Guardián del Umbral. Pero tan pronto como ascendemos y analizamos estos casos en los registros imperecederos que se conservan en la Región de las Fuerzas Arquetípicas, el asunto se aclara inmediatamente y los hechos concluidos en estas investigaciones pueden ser resumidos como sigue.

En el momento de la muerte cuando el átomo simiente del corazón, que contiene todas las experiencias de la vida que acaba de terminar en imágenes panorámicas se rompe, el espíritu abandona su cuerpo físico llevándose los vehículos más sutiles. Entonces flota sobre su cuerpo denso que ahora está muerto, según decimos nosotros durante un tiempo variable que oscila entre varias horas hasta tres días y medio. El factor determinante para esto es la fortaleza del cuerpo vital, el vehículo que constituye el cuerpo del alma del que se habla en la Biblia.

Entonces se desarrolla una reproducción pictórica de la vida, una visión panorámica en orden inverso, de la muerte al nacimiento, y las imágenes grabadas se imprimen sobre el cuerpo de deseos a través del medio del éter reflector de este cuerpo vital. Durante todo este tiempo la conciencia del espíritu se concentra en el cuerpo vital, o por lo menos así debiera ser, y por supuesto, no sentimos sensación de este proceso. La imagen que se ha impreso sobre el vehículo del sentimiento y de la emoción, el cuerpo del deseo, es la base del sufrimiento consecuente en la vida del Purgatorio por nuestras acciones malas, y de la alegría en el Primer Cielo en virtud del bien hecho en la vida pasada.

Estos fueron los puntos principales que el autor ha podido observar personalmente acerca de la muerte, en la época en que primeramente se le dieron a conocer las enseñanzas y cuando fue llevado, con ayuda del Maestro, a presenciar las reproducciones panorámicas de la vida cuando las personas observadas estaban pasando por la puerta de la muerte, pero las investigaciones de los últimos años le han revelado el hecho adicional de que hay otro proceso en acción en esos días tan importantes que siguen a la muerte. Una división se produce en el cuerpo vital semejante a la del proceso de la iniciación. Todo cuanto de este vehículo pueda ser propiamente calificado de “alma” se une a los vehículos superiores y forma la base de la conciencia en los mundos invisibles después de la muerte. La parte inferior, que ha sido desechada, vuelve al cuerpo físico y flota sobre la tumba en la mayoría de los casos, como ya se ha dicho en el Concepto Rosacruz del Cosmos. Esta separación del cuerpo vital no es lo mismo en todas las personas, sino que depende de la naturaleza de la vida vivida y el carácter de la persona que está pasando al más allá.

En casos extremos esta división varía muchísimo de lo normal.

Este punto tan importante nos hizo pensar en muchos casos de supuesta obsesión de espíritus que han sido investigados por el Centro General y en efecto, fueron estos casos los que desenvolvieron los descubrimientos pasmosos y de un alcance tan extraordinario efectuados en nuestras investigaciones más recientes, respecto a la naturaleza de las obsesiones de las cuales sufrían las personas que acudían a nosotros en busca de remedio. Como puede comprenderse fácilmente la división en tales casos indicó una preponderancia del mal y entonces se efectuaron los esfuerzos necesarios para hallar si había alguna otra clase de personas con otras clases de divisiones o separaciones en las que se manifestase una preponderancia del bien. Es una alegría el dejar sentado que así fue en efecto, y después de analizar los casos descubiertos y balanceando uno con otro, puede decirse que el resumen siguiente expresa la realidad exacta de las condiciones observadas y sus razones.

El cuerpo vital anhela construir el físico, a la vez que nuestros deseos y emociones contrarían su acción. Es la lucha entre el cuerpo vital y el de deseos lo que produce la conciencia en el mundo físico y lo que endurece los tejidos, y de este modo el flexible cuerpo del niño se hace más y más rígido, y lo lleva a la decrepitud, preliminar de la muerte. La moralidad o inmoralidad de nuestros deseos y emociones actúan en manera semejante sobre el cuerpo vital. Cuando la devoción hacia ideales elevados es el móvil de la acción, cuando la naturaleza devocional ha podido manifestarse libre y frecuentemente y sobre todo cuando todo esto ha sido acompañado de los ejercicios científicos indicados a los probacionistas de la Fraternidad Rosacruz, disminuye gradualmente la cantidad de los éteres químicos y de vida, a medida que los apetitos animales se esfuman y en su lugar se manifiesta un aumento progresivo de los éteres superiores, el de luz y el reflector. Como consecuencia de ello la salud física no es tan robusta entre aquellos que persiguen el sendero superior, como entre los que, cuya satisfacción de las pasiones inferiores, atraen los éteres más groseros, el químico y el de vida, con exclusión total de aquéllos en proporción a la extensión y naturaleza de sus vicios.

Siguen a este acto algunas consecuencias muy importantes relacionadas con la muerte. Como quiera que es el éter químico el que amasa a las moléculas del cuerpo para que permanezcan en su respectivo lugar y las conserva en él durante la vida, cuando solamente hay presente un mínimum de este material, la desintegración del vehículo físico después de la muerte debe ser muy rápida.

El autor no ha tenido ocasión de comprobar esto porque es muy difícil el encontrar hombres de cualidades espirituales muy elevadas que hayan fallecido recientemente, pero parece que debe ser así por el hecho registrado en la Biblia de que el cuerpo de Cristo no fue hallado en la tumba cuando la gente fue a buscarlo.

Como ya tenemos dicho en relación con este asunto, Cristo espiritualizó el cuerpo de Jesús tan altamente, lo hizo tan vibrante que fue casi imposible el poder conservar las partículas en su lugar durante los años de su ministerio. Esto ya era conocido por el autor, por las enseñanzas de los Hermanos Mayores y por la investigación hecha por él mismo en la “Memoria de la Naturaleza”, pero el poder referirse a este asunto al tratar el tema general sobre la muerte y la existencia post-morten no le fue concedido hasta hace poco.

El verdadero “Guardián del Umbral” es la compuesta entidad elemental, creada en los planos invisibles por todos los malos pensamientos y obras que no se han transmutado durante el pasado período de evolución. Este “Guardián” está custodiando la entrada de los mundos invisibles y desafía nuestro derecho para penetrar en los mismos. Esta entidad debe ser redimida o transmutada en su oportunidad. Por nuestra parte debemos generar equilibrio y fuerza de voluntad suficiente para resistir su encuentro y poder mandar sobre ella, antes de que, conscientemente, podamos penetrar en los mundos suprafísicos.

Como ya hemos dicho, el interés de una vida mundanal aumenta la proporción de los dos éteres inferiores del cuerpo vital a expensas de los dos más elevados.

Cuando por otra parte, se vive una llamada así, vida pura con orden y sin excesos, la salud durante la vida es más robusta que aquella del aspirante a la vida superior, porque la actitud de la vida del último construye un cuerpo vital compuesto principalmente de los éteres superiores. Éste ama “el pan de la vida” más que el sustento físico y por lo tanto su instrumento se hace más y más delicado, con un sistema nervioso más complejo, condición sensitiva que con mayor propiedad impulsa las cosas del espíritu, pero que es una tarea muy dura desde el punto de vista físico.

En la gran mayoría de la humanidad hay una tal preponderancia de egoísmo y un tal deseo de extraer el máximo de la vida desde el punto de vista de la materia, que o bien están los hombres empeñados en tener alejado al lobo de su puesto, o bien se hallan acumulando propiedades y guardándolas, y de ahí que tengan muy pronto tiempo o inclinación para dedicarse a la cultura del alma tan necesaria para el verdadero éxito de la vida.

El autor ha tenido frecuentes ocasiones de oírles contender que si ellos pagan al pastor para que estudie la Biblia durante seis días y para que les dé el séptimo un epítome o resumen de lo que ha estudiado, es todo cuanto debe serles exigido para alcanzar un lugar en el cielo. Los hombres se suman a la iglesia y cumplen con las cosas ordinariamente llamadas nobles y rectas, pero aparte de esto, lo que quieren es pasar bien el rato y divertirse. Por lo tanto hay una tan reducida minoría que persiste en cada vida y la evolución es tan desesperantemente lenta que hasta que uno es capaz de ver el acto de la muerte por sí mismo desde las elevadas regiones del Mundo del Pensamiento Concreto y por así decirlo, mirando hacia abajo, parece que nada se salvará del cuerpo vital. Este vehículo aparentemente vuelve completo al cuerpo físico y flota sobre la tumba para allí desintegrarse simultáneamente con el último. Como una razón comprobada una parte progresiva se separa hacia los vehículos más elevados y los acompaña hasta el Mundo del Deseo, donde formará la base de la conciencia tanto en la vida del Purgatorio como en la de los Cielos, persistiendo generalmente hasta que el hombre entra en el Segundo Cielo y se une con las fuerzas de la Naturaleza en sus esfuerzos para crearse a sí mismo un ambiente nuevo.

Por este tiempo ha sido absorbida por el espíritu o casi totalmente y cualquiera cosa que allí quede de naturaleza material desaparecerá rápidamente. De este modo la personalidad de la vida pasada se ha desvanecido y el espíritu no volverá a encontrarse con ella en las vidas futuras sobre esta Tierra.

Pero hay algunas personas que son de naturaleza tan perversa que encuentran “gozo” en una vida brutal de vicio y de prácticas degeneradas, y aun algunas que se complacen en hacer sufrir. Algunas veces cultivan las artes ocultas con propósitos malignos para poder tener mayor dominio y poder sobre sus víctimas. En tales casos sus artes demoníacas, sus prácticas inmorales resultan de un endurecimiento de su cuerpo vital.

En casos extremos como los últimos citados, en los que la vida animal ha estado predominante cuando en la vida precedente no ha habido expresión del alma, la división del cuerpo vital de la que hemos hablado antes no puede producirse a la muerte, toda vez que no hay línea divisoria. En tal caso si el cuerpo vital gravita hacia atrás, hacia su cuerpo denso y allí se desintegra gradualmente, el efecto de una vida muy perversa no tendría tan exageradas consecuencias, pero desgraciadamente existe en tales casos una trabazón tan grande entre los cuerpos vital y de deseos que previene la separación.

Hemos visto que cuando un hombre vive casi exclusivamente una vida superior, sus vehículos espirituales se nutren con detrimento de los inferiores. Por el contrario, cuando su conciencia está enfocada en los vehículos groseros, éstos se robustecen inmensamente.

Debe recordarse que la vida del cuerpo de deseos no se acaba con la partida del espíritu, sino que tiene un residuo de vida y de conciencia.

El cuerpo vital es capaz también de sentir las cosas en una medida ligera durante unos pocos días después de la muerte en casos ordinarios (de aquí el sufrimiento causado por embalsamar, autopsias, etc., inmediatamente después de la muerte); pero cuando una vida grosera lo ha endurecido y robustecido grandemente, tiene una tenacidad marcada para aferrarse a la vida y hasta la facultad de nutrirse de los vapores de los alimentos y licores. Algunas veces, cual un parásito, chupa y succiona, como si fuera un vampiro, a las gentes con las cuales se pone en contacto.

Así, pues, un hombre malo puede vivir invisible entre nosotros durante muchos años y tan en contacto que estará más cerca que las manos o los pies. En este estado es mucho más peligroso que el criminal en cuerpo físico porque tiene medios par imbuir a otras personas a hacer semejantes actos punibles, degenerados y criminales sin que tenga miedo de ser detenido ni castigado por la ley.

Semejantes seres son por lo tanto una de las mayores amenazas imaginables para la sociedad. Ellos tienen la culpa de haber entrado muchos en cárceles, de haber disuelto muchos hogares y de haber causado una cantidad increíble de amarguras y de desgracias. Ellos siempre abandonan a sus víctimas cuando éstas han caído bajo la mano de la justicia, regocijándose en el dolor y el desastre, constituyendo esto una parte de su esquema diabólico.

Hay otra clase que se deleita en adoptar una postura “angélica” en las sesiones espiritistas, donde ellos encuentran víctimas también y a las que enseñan prácticas inmorales. Los denominados “poltergeist”[1] (1) que se complacen en romper platos, tumbar mesas, levantar los sombreros de los cándidos asambleístas y semejantes payasadas también son de esta clase. La fortaleza y densidad del cuerpo vital de estos seres les facilitan para las manifestaciones físicas más que aquellos que han pasado más allá del Mundo del Deseo; en efecto, los cuerpos vitales de esta clase de espíritus son tan densos que casi están cerca del físico y ha constituido un misterio para el autor que las gentes que se han rozado con ellos no les hayan visto. Una vez que se les ha observado, una mirada a sus rostros perversos y amedrentadores disiparía muy pronto la ilusión de que fueran ángeles.

Hay aún otra clase de espíritus que pertenece a esta misma categoría que apelan a las personas que persiguen desarrollo espiritual sin seguir una línea espiritista, mediante la sugestión de ser “maestros individuales” y dándoles una serie de conferencias estúpidas, beaturronas y sin sentido. También juegan con la credulidad de sus víctimas de una manera casi increíble y aun cuando guarden sus intenciones secretas durante años, algún día u otro se mostrarán con su verdadera fisonomía. Por consiguiente, no se repetirá nunca lo suficiente el que no se debe aceptar de nadie, ya sea visible o invisible, enseñanzas que no se amoldan aunque sea en el grado más sutil y tenue a su concepción más elevada de la ética y moral. Es muy peligroso el confiarse absolutamente a las gentes en este mundo y hacerlas partícipes de nuestro fuero interno. Por nuestra parte sabemos esto por experiencia y obramos en consecuencia. Debemos, naturalmente, ser más cuidadosos y precavidos cuando la cuestión llega a los asuntos del alma y no confiar tan importante materia como es nuestro bienestar espiritual en las manos de alguno que al menos no podamos verle y obrar en armonía. Hay muchos espíritus, por supuesto, que no tienen el ingenio para hacer un gran mal a sus víctimas y quienes solamente se contentan con andar alrededor de la nariz durante años y años sin resultados particularmente nefastos.

Pero la “confianza propia” es la virtud más esencial que debe ser cultivada por nosotros en este estado de nuestra evolución. La máxima mística de: “Si eres Cristo ayúdate” está resonando constantemente en los oídos de todos aquellos que anhelaban seguir y hallar el sendero recto. De aquí que nosotros debamos guiarnos a nosotros mismos sin miedo o sin favores de ningún espíritu.

Es espantoso cuando se investiga en la “Memoria de la Naturaleza” del pasado, el encontrar cuán prevalente ha estado en los siglos y milenios transcurridos esta trabazón de los cuerpos vital y de deseos.

Comprendemos muy bien, como es natural, en una forma abstracta, que cuanto más atrás en la historia de los hombres vamos, más salvajes les encontramos, pero en nuestros propios tiempos históricos este salvajismo ha sido tan común y tan brutal que este poder fue la medida del derecho absoluto y sin discusión, y fue, por decirlo del modo más favorable, una cosa chocante para el juicio del autor. Se ha dicho que el egoísmo y el deseo fueron decididamente estimulados bajo el régimen de Jehová para dar el incentivo para la acción. Esto con el transcurso del tiempo endureció de tal modo el cuerpo de deseos que cuando llegó el advenimiento de Cristo, no existía casi idea de la vida celestial entre la humanidad del día; pero el autor, personalmente, no comprendía lo que este hecho significaba hasta que empezó las investigaciones sobre “El Velo del destino”.

Aquellos hombres tampoco se contentaban con hacer cuanto mal podían y entonces marcharse, sino que tenían que matar sus caballos de guerra, poner sus armas en un rincón y hacer todo lo que fuera posible para conservarlas allí, porque el éter de tales cosas que le habían pertenecido durante la vida tenía una gran atracción para ellos y fue un medio más para conservarles dentro de la esfera terrestre. Todo esto les hacía rondar, pues efectivamente rondaban sus castillos durante años y años, y como es consiguiente no eran sólo los ricos de la clase de guerreros, sino también otros. En caso de riñas sangrientas en las que se mataban a personas, los fantasmas incitaban a sus familiares para que les vengasen y permanecían a su lado y les ayudaban para llevar a cabo los hechos de sangre. De esta forma se perpetuaba la maldad y se conservaba el mundo en una agitación de sangre y lucha, no habiéndose disipado totalmente estas condiciones en lo que nosotros llamamos días modernos. Cuando muere una persona que ha mantenido la maldad y el odio en su corazón, estos sentimientos entrelazan los cuerpos de deseos y vital convirtiéndola en una muy seria amenaza para la sociedad; cosa que no puede imaginarse cualquiera que no haya investigado y comprobado este asunto. Por lo tanto, y aunque no hubiese otras razones para ello, debería abolirse la pena capital con objeto de que no mantengamos sobre nuestra sociedad esos caracteres tan peligroso que puedan incitar a los hombres de moral débil o pervertida a ejecutar sus viles sugestiones.

[1] Palabra alemana compuesta que significa espíritu alborotador, camorrista y escandaloso.

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