El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

ESPIRITU Y MATERIA

Posted by cosmoxenus en 11 junio 2005

CONFERENCIAS DE EDIMBURGO SOBRE CIENCIA MENTAL
Por Thomas Troward

Al comenzar un curso de conferencias sobre Ciencia Mental, es algo difícil para el conferencista escoger el mejor método para abrir el tema. Puede ser abordado por muchos lados, cada uno con su ventaja propia; después de cuidadosa deliberación, me parece que para el propósito de este presente curso, no hay mejor comienzo que seleccionar la relación entre Espíritu y Materia.

Escojo este punto porque la distinción, o la que creemos como tal, entre ellos es una tan familiar que puedo seguramente asumir que todo el mundo la conoce; y puedo, así, de una vez señalar esta distinción usando los adjetivos que normalmente aplicamos al expresar oposición natural entre los dos: el Espíritu viviente y la materia muerta.

Estos términos expresan nuestra impresión actual acerca de la oposición entre Espíritu y materia con suficiente precisión y considerado solamente desde el punto de vista de las apariencias exteriores, esta impresión es sin duda correcta. El consenso general de humanidad está en lo cierto al confiarse de la evidencia de sus sentidos, y cualquier sistema que nos diga lo contrario, nunca obtendrá una acogida permanente en una comunidad cuerda y sana. No hay nada malo en la evidencia que es trasmitida a una mente sana por los sentidos de un cuerpo sano, pero el punto donde entra el error es donde entramos a juzgar el significado de este testimonio. Estamos acostumbrados a juzgar solamente por las apariencias externas y por ciertos significados limitados que le atribuimos a las palabras; pero cuando comenzamos a preguntamos sobre el significado real de las palabras y analizar las causas de donde provienen las apariencias, encontramos que nuestras antiguas ideas gradualmente se alejan, hasta que al fin nos despertamos al hecho de que vivimos en un mundo completamente distinto del que antes conocíamos.

Este antiguo y limitado modo de pensar, se ha alejado imperceptiblemente y descubrimos que hemos entrado a un nuevo orden de cosas donde todo es libertad y vida. Este es el trabajo de una inteligencia iluminada resultante de una determinación persistente para descubrir qué es la verdad, sin tener en cuenta ninguna idea preconcebida derivada de cualquier fuente, la determinación de pensar honestamente por nosotros mismos, en cambio de dejar que piensen por nosotros.

Comencemos entonces preguntándonos qué es lo que realmente queremos decir por la vida que le atribuimos al espíritu y la muerte que le atribuimos a la materia. Al comienzo estaremos dispuestos a decir que la vida consiste en el poder de movimiento y la muerte en su ausencia; pero un pequeño vistazo a los más recientes hallazgos de la ciencia mostrará que esta distinción no es lo suficientemente profunda.

Es ya un hecho firmemente establecido de la ciencia física que ningún átomo de lo que llamamos “materia muerta” está sin movimiento. En la mesa delante de mí hay una masa sólida de hierro, pero a la luz de la ciencia al día yo sé que los átomos de lo que parece ser una masa inerte, están vibrando con la más intensa energía, continuamente moviéndose de aquí para allá. Tocándose y rebotando de una a la otra, o en movimiento circulatorio como los sistemas solares en miniatura, con una rapidez incesante cuya actividad compleja desafía la imaginación. La masa, como masa puede yacer inerte sobre la mesa; pero muy lejos de estar sin el elemento del movimiento en el cual yace la energía incansable, moviendo las partículas con una agilidad, a la cual la velocidad de un tren no se compara.

Así pues no es solamente la idea del movimiento lo que está en la raíz de la diferencia que hacemos instintivamente entre espíritu y materia; debemos profundizar más allá. La solución del problema no será hallada si comparamos la Vida con lo que llamamos el estado de muerte, y la razón de esto será aparente más adelante; pero la verdadera Clave será hallada comparando un grado de lo vivo con otro. Hay es cierto, un sentido en el cual la cualidad de lo vivo no admite grados; pero hay otro sentido que es enteramente una cuestión de grados.

No tenemos duda en cuanto a la vida que tiene una planta, pero nos damos cuenta que es algo muy distinto a la vida de un animal. Así, ¿qué niño no prefiere como cachorro a un perrito que a un pescadito? O, por qué es que el niño le lleva ventaja al perro?

La planta, el pez, el perro y el niño están igualmente vivos, pero hay una diferencia en la cualidad de sus vidas que nadie podrá dudar, y nadie vacilaría en decir que esta diferencia es el grado de inteligencia. De cualquier manera que examinemos la cuestión, siempre encontramos que lo que llamamos lo “vivo” de cualquier vida individual, siempre será medida por la inteligencia.

Es el poseer una inteligencia más alta lo que coloca el animal más arriba en la escala de vida que la planta, al hombre más alto que al animal y al hombre intelectual más que al salvaje.

Este aumento de inteligencia trae a manifestación modos de moción más altos que corresponden a sí mismo. Entre más alta inteligencia más control existirá sobre el modo de moción; y al descender en la escala de inteligencia, el descenso está marcado por un aumento correspondiente en el movimiento o moción automático, que no está sujeto al control de una inteligencia autoconsciente.

Este descenso es gradual desde el auto reconocimiento desarrollado de la más alta personalidad humana, al más bajo orden de formas visibles conocidas como cosas y de las cuales el autoconocimiento está totalmente ausente.

Vemos así que lo vivo de la Vida consiste en la inteligencia, en otras palabras, en el poder del Pensamiento; así concluimos que la cualidad distintiva del espíritu es el Pensamiento, y como opuesto a esto, podremos decir que la cualidad distintiva de la materia es la Forma. No podemos concebir a la materia sin forma. Alguna forma debe haber, ya sea invisible alojo físico; porque la materia, para ser materia debe ocupar espacio, y el ocupar espacio, necesariamente implica una forma correspondiente.

Por estas razones podremos señalar como proposición fundamental que la cualidad distintiva del espíritu es el Pensamiento y la cualidad distintiva de la materia es la Forma. Esta es una distinción radical de la cual seguirán consecuencias importantes, y deberán ser cuidadosamente observadas por el estudiante. La forma implica extensión en el espacio y también límites dentro de ciertos confines. El pensamiento no implica ninguno de estos.

Así, cuando pensamos de la Vida como existente en alguna forma particular, la asociamos con la idea de extensión en el espacio y así un elefante podrá ser considerado como una substancia viviente más que la de un ratón. Pero si pensamos de la Vida como el hecho de lo vivo, no la asociamos con la idea de extensión y entonces nos damos cuenta de que el ratón está tan vivo como el elefante, a pesar de su tamaño. El punto importante de esta distinción es que si podemos concebir cualquier cosa como exenta del elemento de extensión en el espacio, deberá estar presente en su totalidad en cualquier parte y en cualquier sitio, es decir en todos los sitios del espacio simultáneamente.

La definición científica de tiempo es el período ocupado por un cuerpo al pasar de un punto dado en el espacio a otro, y por consiguiente, de acuerdo a esta definición, cuando no hay espacio no puede haber tiempo; por lo tanto esa concepción de espíritu que la ve como desprovisto del elemento de espacio debe comprenderlo también como desprovisto del elemento tiempo; por lo tanto encontramos que la concepción de espíritu como puro pensamiento, y no como forma concreta, es la concepción que subsiste perfectamente independiente de los elementos de tiempo y espacio.

De aquí sigue que si la idea de cualquier cosa se concibe como existente a este nivel, solo puede representarla como estando presente aquí y ahora. Bajo este punto de vista nada puede estar lejos de nosotros ni en tiempo ni espacio; o la idea se disipa completamente, o existe como una entidad actual y presente, y no algo que será en el futuro, porque donde no hay secuencia de tiempo, no puede haber futuro. Igualmente, donde no hay espacio no puede haber concepción de nada como distante a nosotros mismos.

Cuando los elementos de tiempo y espacio son eliminados, nuestras ideas de las cosas deben subsistir necesariamente en un aquí universal y en un eterno ahora. Este es sin duda, un concepto altamente abstracto, pero le pido al estudiante se esfuerce en captarlo enteramente, pues es de vital importancia en la aplicación práctica de la Ciencia Mental, como veremos más adelante.

La concepción opuesta es la de las cosas expresándose a través de condiciones de tiempo y espacio, estableciendo así una variedad de relaciones con otras cosas como de volumen, distancia y dirección, o de secuencia en el tiempo.

Estas dos concepciones son respectivamente, el concepto de lo abstracto y de lo concreto, de lo incondicionado y de lo condicionado, de lo absoluto y que lo relativo, no se oponen en el sentido de ser incompatibles, sino que es cada uno el complemento del otro, y la única realidad es la combinación de los dos.

El error del idealista extremo está en procurar entender lo absoluto sin lo relativo, y el error del materialista extremo está en procurar entender lo relativo sin lo absoluto. Por un lado el error está en tratar de entender lo de adentro sin lo de afuera, y por el otro en tratar de entender lo de afuera sin lo de adentro; ambos son necesarios para la formación de una entidad substancial.

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