El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

La iniciación en el Antiguo Egipto

Posted by cosmoxenus en 28 mayo 2005

Se reconoce actualmente que los Egipcios, entre todos los pueblos antiguos, fueron los más versados en las Ocultas Ciencias de la Naturaleza. Los más sabios filósofos de otras naciones visitaron Egipto para ser iniciados en los sagrados Misterios por los sacerdotes de Tebas, Memfis y Hermópolis. Tales, Solón, Pitágoras y Platón viajaron de Grecia al delta del Nilo en la búsqueda del conocimiento. Al retornar a sus propios países, estos hombres iluminados reconocieron a los Egipcios como a los más sabios de los mortales y a los templos Egipcios como los repositorios de las más sublimes doctrinas concernientes a la historia de los Dioses y a la regeneración de los hombres.

Solón, el más grande legislador ateniense y uno de los pensadores más notables entre los Griegos, estudió filosofía en Egipto con Psenophis de Heliópolis y con Sonches de Sais, dos de los más versados sacerdotes. De ellos, según afirma Platón, Solón recibió el conocimiento de la lengua Atlante que luego comenzaría a explicar en verso. En cierta ocasión Solón cuestionó a sus maestros egipcios en asuntos relacionados a la antigüedad de los imperios. Entonces, el más anciano de los sacerdotes le replicó: “Solón, Solón, vosotros los Griegos sois siempre unos niños, no hay ningún Griego que sea un hombre anciano”. De aquí podemos inferir que si los Egipcios tenían conocimiento de los antiquísimos misterios de la Atlántida, como habrían de ignorar los orígenes de su propio imperio y de su teología y filosofía.

Platón viajó a Egipto, estableciéndose en Sais, donde los hombres sabios le enseñaron respecto al universo, su origen y su desarrollo hasta el presente. De Pausanias sabemos también, que fue de los Egipcios que Platón aprendió con respecto al misterio de la inmortalidad del alma humana.

Demócrito pasó buena parte de su vida en Egipto y de allí tomaría los fundamentos para su celebrada doctrina de los átomos.

Pitágoras siendo muy joven estudió con Tales de Mileto, según afirma Jámblico. Tales, que en esos tiempos ya era de edad avanzada, se lamentaba de su incompleto conocimiento de las doctrinas sagradas y urgió a Pitágoras a visitar Egipto, la tierra de la sabiduría. Tales confesó que su propia reputación de sabio se debía a la instrucción recibida de sus sacerdotes; reconociendo que él mismo no tenía la excelente predisposición que naturalmente encontraba en la persona de Pitágoras, augurándole que se convertiría en el más sabio y divino de los hombres si estudiaba con los sacerdotes Egipcios. Jámblico describe luego el viaje de Pitágoras a Egipto, como fue iniciado en los misterios de varias naciones a lo largo de su ruta, siendo recibido por los sacerdotes Egipcios con afecto y respeto, siendo admitido, después de un tiempo, en los secretos de sus órdenes. Allí estuvo durante veintidós años, aprendiendo astronomía y geometría, siendo luego iniciado en los misterios de los dioses. El como muchos otros iniciados en sus Misterios, retornó para ser uno de los fundadores de los grandes sistemas de conocimiento.

La declinación de los Egipcios bajo los Ptolomeos tuvo como resultado la desaparición de los arcanos sagrados y la violación de los santuarios de los Dioses Herméticos. Los sacerdotes se retiraron al desierto y migraron a regiones más hospitalarias. En lugares distantes y desolados los viejos ritos florecieron nuevamente, y los Hierofantes siguieron ofreciendo sus juicios con los cuarenta rollos esparcidos frente a ellos en lo alto del altar.

Hoy día se acepta que la Piedra Roseta ha proporcionado la clave maestra del conocimiento secreto tan efectivamente escondido en los viejos jeroglíficos egipcios. Los egiptólogos llevan adelante la tarea de clasificación de los fragmentos literarios. Nada queda de la gloria del antiguo Egipto sino sus fabulosos monumentos, las innumerables inscripciones, su elaborado arte. Las inescrutables caras pétreas, que se alzan junto al Nilo desde hace miles de años no han dado una respuesta a los interrogantes de nuestra ciencia. Los labios de Kem están sellados con el polvo del tiempo.

Un alfabeto no es un lenguaje, y si bien mucho se ha avanzado en el desciframiento de las viejas inscripciones, comprendemos todavía muy poco de su religión y filosofía. Dichas dificultades están expresadas en las palabras de un gran egiptólogo, P. Le Page Renouf: “La dificultad no se halla en la traducción literal del texto, sino en la comprensión del significado que se halla oculto dentro de los términos familiares”. Una gran parte de la literatura egipcia es críptica; su verdadero significado fue probablemente desconocido en el período Ptolomeico aún para los mismos egipcios. No debemos, por lo tanto, ser demasiado confidentes respecto de la exactitud de las traducciones, considerando que debajo de la superficie que nosotros hemos iluminado con el débil rayo de nuestro conocimiento, hay una oscuridad mucho más profunda que la de las noches egipcias. Sin embargo, se ha acumulado suficiente evidencia como para aportar una explicación metafísica a los mitos egipcios. Alphonse Mariette dice al respecto: “para el iniciado del santuario, sin duda, estaba reservado el conocimiento de Dios en lo abstracto, el Dios oculto en las inescrutables profundidades de su propia esencia. Mientras que para la menos refinada adoración del pueblo eran presentadas las innumerables imágenes de las deidades esculpidas en las paredes de los templos”.

En la estatua de un gran sacerdote, encontrada en Menfis, se lee la siguiente inscripción: “El conocía las disposiciones de la tierra y del cielo; no había nada oculto para el; el adoraba a Dios y lo glorificaba en sus designios; el cubría con un velo el lado de todos a los que había visto”. Expresiones como estas tienen su significado; ellas nos confirman que los egipcios estaban al cuidado de sus tradiciones esotéricas. Al respecto, Orígenes nos da su testimonio: “Los filósofos egipcios tienen nociones sublimes con respecto a la naturaleza divina, que ellos mantienen en secreto, y nunca las revelan al pueblo sino bajo un velo de fábulas y alegorías”.

Extraído de un artículo de MARCOS LEWIN

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