El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 7/05/05

Edades Esotéricas del Hombre

Posted by cosmoxenus en 7 mayo 2005

Jorge Ángel Livraga Rizzi

En este, como en tantos otros temas, es temerario generalizar. Cada ser humano tiene su destino particular que es como una cuerda hecha con muchísimos hilos de diferentes colores, resistencias, longitudes y ciclos de vida.

Influyen asimismo las decisiones que cada uno toma ante todas las oportunidades y también factores misteriosos que están por encima de todos los «horóscopos», circunstancias y educación. En todas las Religiones Mistéricas de la Antigüedad, desde la Sumeria a la Etrusca, ese «factor X» -que así lo han llamado diferentes pensadores del siglo XX- no es mensurable ni previsible… Sabemos que existe por sus efectos evidentes, pero no sabemos lo que es.

Según Homero y Virgilio, esta Voluntad Ultérrima estaba por encima, no sólo de los hombres, sino también de los Dioses y de todo aquello que podamos concebir… el mundo de lo inteligible, por paradoja, tiene raíz irracional… o pararracional, que en la práctica es lo mismo.

Pero para facilitar ciertas comprensiones, el esoterismo diferencia los años que un hombre puede vivir en ciclos de siete.

Hasta los 7 años: Existe un descenso paulatino de los Principios espirituales, mentales y psicológicos en general. Existe una especie de «Ángel de la Guarda» que vigila la entrada del Alma en la encarnación y «suaviza» sus choques con el mundo en el que le toca vivir. Padres, familia y educadores tienen gran importancia. El niño es, salvo excepciones, un ser plástico que responde a los acicates del castigo y la recompensa; necesita autoridad y control permanente que le permitan un aprendizaje instrumental. Si nace en familia cristiana, será cristiano y si en judía, judío, etc. Su contacto con el medio social es una «vacuna» que le permitirá sobrevivir a futuros embates.

Necesita cariño, que no es debilidad ni gazmoñería.

Hasta los 14 años: Habiendo sobrevivido a la niñez, entra en una etapa «gozne» y, a través de la fantasía y de la imaginación, se introduce el ser humano en el mundo de los adultos que no acepta ni rechaza totalmente. Está probando. Necesita que le dejen, controladamente, acertar y equivocarse. Su propio Espíritu empieza a manifestarse y crea las imágenes de aparentes rebeldías.

Hasta los 21 años: Pasada la etapa anterior, el Espíritu se manifiesta más fuertemente y se perfila la personalidad y las posibilidades definitivas. Se entra en la plenitud… inmadura. Los roles sexuales se afirman.

Hasta los 28 años: El Espíritu se ha manifestado y el camino para toda la vida se hace evidente. Todo toma formas concretas y se tiende a imponer la propia naturaleza en todos los órdenes.

Hasta los 35 años: Se llega a todas las formas definitivas y la espiritualidad vence o fracasa; ya no habrá cambios de fondo al respecto. Se camina por sendas elegidas y lo que puede variar ahora es la velocidad, aparte de pequeños desplazamientos de los focos de interés y centros de invento. Aunque pueda no parecerlo, la posibilidad de cambios ha quedado atrás y tan sólo se pueden afirmar o debilitar los elementos de la personalidad según la fuerza del Espíritu. Se está en la mitad de la esperanza de vida, en la cumbre de la montaña de esta vida y se empiezan a percibir más claramente paisajes y fuerzas, lo que provoca acción y curiosidad. Los elementos ya existentes se combinan y recombinan en una «segunda juventud».

Hasta los 42 años: Los efectos de la que llamamos «segunda juventud» se hacen perceptibles y se instrumentalizan. Son necesarios logros, conquistas, adquisiciones. Al final del ciclo se empieza a bajar «la montaña biológica» y aparecen conflictos entre el Espíritu, el Alma y la Personalidad. Aquí se definen los valerosos y los cobardes. El desafío de la vida se plantea y replantea.

Hasta los 49 años: Un sentimiento que permaneció casi en latencia se manifiesta: el apuro por plasmar cosas, y éstas serán según la naturaleza de cada uno y su grado de espiritualidad o materialismo. La experiencia individual se ha decantado e influencia fuertemente en los actos, sentimientos e ideas. El cuerpo, por su parte, presenta las características propias de la perdida juventud. Esto no siempre es aceptado y ello hace que esta edad sea especialmente peligrosa para el equilibrio fisiológico y mental.

Hasta los 56 años: Se inicia una doble fuga psicológica hacia atrás y hacia adelante. Se recuerdan los «buenos tiempos» y se proyecta con fuerza para el futuro. El presente se evidencia efímero y débil. Hace falta afianzarlo para cogerse fuertemente a algo. Las posiciones se radicalizan y maduran. Si se ha tomado el camino espiritual, se entra en un período muy fructífero y si no, en un simulacro de nuevas creaciones… que son las mismas de antes, pero mucho más definidas, sólidas… y estáticas.

Hasta los 63 años: El «ocaso» de la vida se hace evidente y todos, de una manera u otra tratan de dejar «cosas hechas» que otorguen seguridad colectiva e individual. Depende de la cultura, carácter y espiritualidad, el grado en que la radicalización de las creencias se plasme en obras realmente útiles. La convivencia se torna cada vez más difícil y se la rechaza a la vez que se la necesita, a veces de manera traumática.

Hasta los 70 años: Según se hayan ejercitado, algunos principios espirituales se retiran o se afirman. Es el final, el «broche» que puede ser de oro o de hierro. El cuerpo entra en deterioro que pone a prueba la templanza. La idea de la muerte, en sus diversas acepciones, se hace constante. Para algunos, ésta es un último incentivo y para otros la puerta de la desesperación, de la resignación, de la rebeldía (ahora sí auténtica) lo que puede provocar un enfrentamiento consigo mismo y con el entorno físico, psíquico, mental o espiritual.

Si se sobrepasa esta edad, todo pronóstico se hace aventurado, pues los ancianos pueden convertirse en rocas sólidas de maravillosos ejemplos… o en empecinados enemigos de todos y de todo. Por lo general se experimenta una gran soledad, dorada u opaca. La mayor parte no entienden a los más jóvenes y se enfrentan con ellos, envidiando de alguna manera su juventud. Ahora, todo dependerá de la vida que se ha dejado atrás. Leyes de la Naturaleza, absolutistas y dogmáticas, hacen cosechar apresuradamente lo que se ha plantado de forma inexorable.

Si el fin sobreviene por una enfermedad especialmente larga, suelen reaparecer características netamente infantiles. Si no, o si la fuerza espiritual es muy grande, el Espíritu dará sus más bellos esplendores como despedida final, penetrando de nuevo en una realidad íntima y misteriosa, como la de los niños pequeños. Aun estando en este mundo ya no se vive en él.

Intencionalmente, hemos evitado los análisis psico-físicos a la moda y la terminología de nuestro tiempo. No creemos en el psicoanálisis mientras no se reencuentren las claves de una psicosíntesis reconstituyente, optimista y veraz.

Por otra parte, todo lo anterior, si bien obedece en líneas generales a la marcha del tiempo en la vida del Hombre -englobando ambos sexos para abreviar-, insistimos en que es muy esquemático pues no se puede masificar y cada ser humano es un mundo, un misterio, una realidad propia e irrepetible, absolutamente singular.

Esto no descarta la reencarnación, pero confirma que si la cadena es una, sus eslabones son innúmeros, diferentes y que la asociación de los mismos no quita la flexibilidad del conjunto; por eso lo comparamos a una cadena y no a una barra rígida. Espacio y tiempo son coordenadas que se entrelazan pero que no se funden entre sí, pues aunque tienen un Ser idéntico, son a la vez un existir maravillosamente diferente, enfrentado y complementario.

Pero tales son las Viejas Enseñanzas que, bien meditadas, pueden ser útiles a aquellos que, siendo filósofos, buscan conocerse en profundidad.

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Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia (1876)

Posted by cosmoxenus en 7 mayo 2005

Juan Guillermo Draper (1811-1882)
Biblioteca Filosofía en español, Oviedo 2001 <<>>
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Prólogo del autor

Cualquiera que haya tenido oportunidad de informarse de la condición intelectual de las clases ilustradas en Europa y América, debe haber observado cuán grande y rápido es el abandono de la fe social y religiosa, y que si bien entre los individuos más francos no se oculta esta separación, es, sin embargo, mucho más extensa y peligrosa la que se opera privada y silenciosamente.

Tan vasto y poderoso es este apartamiento, que no podría ser contenido ni por el desdén, ni por el castigo. Ni la fuerza, la burla o el vituperio pueden extinguirlo; y se aproxima con rapidez el tiempo en que ha de producir graves sucesos políticos.

La política del mundo no se inspira ya en el espíritu eclesiástico. El ardor guerrero, como sostén de la fe, ha desaparecido, y sus únicos recuerdos son las marmóreas efigies que sobre las [LXXIV] tumbas de los caballeros cruzados reposan en las silenciosa criptas de las iglesias.

Que una crisis amaga, lo demuestra la actitud de las grandes potencias hacia el Papado; este representa las ideas y las aspiraciones de las dos terceras partes de la población de Europa, inside en aquella supremacía política, conforme con sus pretensiones de una misión y origen divinos, y en la restauración del orden de cosas de la edad Media, declarando en alta voz que no quiere reconciliarse con la civilización moderna.

El antagonismo de que somos testigos, entre la Religión y la Ciencia, es, pues, la continuación de la lucha que tuvo principio cuando el cristianismo comenzó a alcanzar poder político. Una revelación divina no puede sufrir absolutamente contradicción; debe repudiar todo adelanto en su esfera y mirar con desdén los que puedan surgir del desarrollo progresivo de la inteligencia humana. Pero nuestra opinión sobre cada materia está sujeta a la modificación que pueda imponerle el irresistible adelanto de los conocimientos humanos.

¿Podemos exagerar la importancia de un combate, en el que toman parte todas las personas pensadoras, aún a despecho de su voluntad? En [LXXV] asunto tan solemne como la religión, todo hombre, que no se halle ligado por intereses temporales con las instituciones actuales, ansía seriamente encontrar la verdad. Inquiere y se informa, no sólo del asunto que se debate, sino también de la conducta de los combatientes.

La historia de la Ciencia no es un mero registro de descubrimientos aislados. Es la narración del conflicto de dos poderes antagonistas; por una parte, la fuerza expansiva de la inteligencia del hombre; la comprensión engendrada por la fe tradicional y los intereses mundanos, por otra.

Nadie ha tratado hasta hoy esta materia bajo tal punto de vista, y sin embargo, así es como actualmente se nos presenta, y de hecho como la de más importancia entre las cuestiones palpitantes.

Pocos años ha, era aún prudente y político abstenerse de toda alusión a esta controversia y mantenerla alejada del palenque cuanto fuera dable. El reposo de la sociedad depende tanto de la permanencia de sus convicciones religiosas, que nadie podría justificar el perturbarlas innecesariamente. Pero la fe es por naturaleza inmutable, estacionaria; la Ciencia, por naturaleza, progresiva, y alguna vez puede surgir entre [LXXVI] ellas una divergencia imposible de ocultar; en este caso, viene a ser un deber para los que han consagrado su vida a estos dos modos del pensamiento presentar modestamente, pero con firmeza, el fruto de sus estudios: comparar estas pretensiones antagonistas con calma, con imparcialidad, filosóficamente. La historia enseña que, obrando de otra suerte, sólo se obtendrían desgracias y calamidades sociales. Cuando la antigua religión mitológica de Europa se desplomó bajo el peso de su propia inconsistencia, ni los emperadores romanos, ni los filósofos de aquella época hicieron nada que contribuyese a ilustrar o dirigir la opinión pública. Dejaron que los asuntos religiosos corriesen su suerte, y, como consecuencia, cayeron en manos de ignorantes e iracundos eclesiásticos y de parásitos, eunucos y esclavos.

La noche intelectual que cubrió a Europa, originada por esta gran falta, se va disipando, vivimos en los albores de tiempos más afortunados; la sociedad ansía la luz para ver en qué dirección es encaminada; claramente percibe que la ruta seguida por la civilización durante largo tiempo ha sido abandonada al cabo, y que un nuevo impulso la conduce ahora por mares desconocidos. [LXXVII]

Aunque profundamente penetrado de tales pensamientos, no me hubiera atrevido a escribir esta obra, o a exponer al público las ideas que entraña, si no hubiesen sido materia de mis más graves y profundas meditaciones; por otra parte me ha dado nuevo vigor la favorable acogida dispensada a mi Historia del desarrollo intelectual de Europa, y que, publicada hace pocos años en América, ha sido reimpresa varias veces y traducida a numerosos idiomas europeos, tales como el francés, alemán, ruso, polaco, servio, &c., siendo en todas partes benévolamente recibida.

Al coleccionar materiales para los volúmenes que he publicado bajo el título de Historia de la guerra civil de América, obra de gran trabajo, me he acostumbrado a comparar opuestos testimonios y a dirimir contrarias pretensiones. La aprobación con que ha recibido este libro el público americano, juez competente en los sucesos que en él se narran, me ha inspirado nueva confianza.

Ha sido también objeto predilecto de mi atención el estudio de las ciencias físicas y naturales, y he publicado varias memorias sobre tales asuntos; y quizás no habrá nadie que, dedicándose a esta clase de investigaciones y empleando [LXXVIII] parte de su vida en la enseñanza pública de la ciencia, deje de adquirir ese amor hacia la verdad y la imparcialidad que tanto estimula la filosofía y que hace nacer en nosotros el deseo de dedicar nuestra existencia al bien de nuestra especie; y allá en el ocaso de nuestra vida, al considerar nuestra conducta, podremos sentirnos satisfechos de haber cumplido con nobles y levantados propósitos.

Si bien no he excusado trabajo alguno en la redacción de este libro, no dejo de reconocer cuan inferior es a su objeto, que para ser satisfecho cumplidamente, exige grandes conocimientos científicos, históricos, teológicos y políticos; cada página debería mostrar gran copia de hechos y exuberancia de vida.

Pero he recordado que sólo viene a ser como el prólogo o precursor de un cuerpo de literatura que los sucesos y necesidades de nuestra época comienzan a crear; nos hallamos en los albores de un gran cambio en las inteligencias, y muchas frívolas lecturas del presente serán sustituidas por producciones austeras y reflexivas, animadas por la pasión religiosa y excitadas por los intereses amenazados.

Lo que he pretendido es ofrecer un cuadro claro e imparcial de las opiniones y conducta de [LXXIX] las dos partes contendientes; en cierto sentido, he tratado de identificarme con cada una de ellas para poder comprender plenamente sus motivos; y en otro y más alto, me he esforzado en permanecer a distancia de ambas, para relatar con equidad sus hechos.

Me atrevo a rogar por tanto a los que se hallen dispuestos a criticar este libro, que tengan presente que mi objeto no es abogar por las miras y tendencias de este o el otro partido, sino exponerlas con claridad y sin temor. En cada capítulo, por lo regular, he insertado primero la opinión ortodoxa y luego la de sus contrarios.

Obrando de este modo, no ha sido menester ocuparse demasiado de las opiniones intermedias o más moderadas: pues, aunque intrínsecamente puedan ser de gran valor en conflictos de esta naturaleza, debe el lector imparcial atender más a los extremos que a los medios, toda vez que sus movimientos determinan la solución.

Por esto he tenido poco que decir respecto de dos grandes comuniones cristianas, la protestante y la griega; por lo que toca a la última, jamás se ha opuesto, desde el renacimiento de las ciencias, a su progreso y desarrollo, antes al contrario, siempre los ha acogido con benevolencia y ha observado una actitud reverente para con [LXXX] la verdad, de cualquier parte que haya venido. Reconociendo la aparente discrepancia entre sus interpretaciones de la verdad revelada y los descubrimientos científicos, ha aguardado siempre que una explicación satisfactoria venga a traer la conciliación, y en esto sus esperanzas no han quedado fallidas. Gran bien habría sido para la civilización moderna que la Iglesia de Roma hubiese hecho otro tanto.

Al hablar de la cristiandad, me refiero en general a la Iglesia romana, en parte porque sus adeptos componen la mayoría de los cristianos, en parte porque sus exigencias son más arrogantes, y en parte porque ha intentado alcanzarlas por medio del poder civil. Ninguna Iglesia protestante ha ocupado jamás una posición tan imperativa, ni ha ejercido una influencia política tan considerable; antes al contrario, más bien han sido refractarias a la restricción, y excepto en muy pocos casos, su oposición no ha excedido del odio teológico.

En cuanto a la Ciencia, jamás se le ocurrió aliarse con el poder civil. Jamás intentó sembrar el odio entre los hombres ni desolar la sociedad. Jamás ha aplicado el tormento físico ni moral, ni menos ha matado, para realizar o promover sus ideas; no ha cometido crueldades ni crímenes, y [LXXXI] se presenta pura y sin mancilla. Pero en el Vaticano (baste recordar la Inquisición), las manos que hoy se alzan en demanda de gracia al Infinitamente Misericordioso, todavía están teñidas en sangre.

Hay dos modos de escribir la historia, artístico el uno, científico el otro; el primero acepta que el hombre da o es origen de los acontecimientos, por lo tanto escoge algún individuo notable, lo representa bajo una forma de fantasía y hace de él el héroe de una novela. El segundo, considerando que los sucesos humanos presentan una cadena jamás interrumpida, en que cada hecho nace de otro anterior y produce otro subsiguiente, declara que no es el hombre quien domina los sucesos, sino estos al hombre.

El primero crea unas composiciones que, aunque pueden interesarnos y causar nuestra delicia, son poco más que novelas; el segundo es austero, quizá hasta repulsivo, por la convicción que nos imprime del irresistible dominio de la ley y de la insignificancia de los esfuerzos humanos. En asunto tan solemne como el que se trata en este libro, está fuera de su sitio lo popular y lo romántico, y el que intente narrarlo debe fijar su vista en esta cadena del destino que despliega la historia universal y apartar los ojos [LXXXII] con desdén de las fantásticas imposturas de pontífices, reyes y hombres de estado.

Si alguna cosa necesitásemos que nos enseñase la falsedad de la composición artística de la historia, podríamos encontrarla en nuestra personal experiencia. ¡Cuán a menudo nuestros más íntimos amigos se engañan al apreciar los móviles de nuestras acciones diarias! ¡Cuán frecuentemente yerran sobre nuestros propósitos! Si esto sucede con lo que ocurre a nuestra vista, con mayor motivo ha de sernos imposible comprender con exactitud los actos de quienes vivieron muchos años ha y que nunca hemos visto.

Al elegir y ordenar los asuntos que voy a exponer, me he guiado en parte por la Confesión del último concilio del Vaticano, y en parte por el orden de los acontecimientos históricos. No dejará el lector de notar con interés que los problemas que se nos presentan son los mismos que se ofrecieron a los antiguos filósofos de la Grecia: aún tratamos las mismas cuestiones sobre que ellos disputaban. ¡Qué es Dios? ¿Qué es el alma? ¿Qué es el mundo? ¿Cómo está regido? ¿Tenemos alguna norma o criterio de la verdad? Y el lector reflexivo se preguntará gravemente: ¿Son nuestras soluciones mejores que las suyas? [LXXXIII]

El argumento general de este libro, pues, es como sigue:

Llamo primero la atención hacia el origen de la ciencia moderna, como distinta de la antigua por estar basada en la observación, el experimento y la discusión matemática, en voz de serlo sobre la simple especulación, y demostrando que ha sido una consecuencia de las campañas macedónicas, que pusieron en contacto al Asia y la Europa. Como ilustración de su índole, hago un ligero bosquejo de estas campañas y del Museo de Alejandría.

Luego recuerdo brevemente el conocido origen del cristianismo e indico su progreso hasta conseguir el poder imperial, y la transformación que sufrió, incorporándose al paganismo, que era la religión existente en el imperio romano. Una clara convicción de su incompatibilidad con la Ciencia le hizo suprimir por la fuerza las escuelas de Alejandría, hecho a que le obligaron las necesidades políticas de su posición.

Establecidas así las dos partes del conflicto, relato después la historia de su primera lucha en campo abierto: ésta fue la primera Reforma o Reforma del Mediodía; y el punto disputado, la naturaleza de Dios.

En ella iba envuelta la aparición del mahometismo; [LXXXIV] sus resultados fueron que gran parte de Asia y África, con las históricas ciudades de Jerusalem, Alejandría y Cartago, se vieron arrebatadas a la cristiandad, y la doctrina de la unidad de Dios fue establecida en la mayor parte del territorio que había sido imperio romano.

Este suceso político fue seguido de la restauración de la Ciencia, el establecimiento de escuelas, colegios y bibliotecas en todos los ámbitos de la dominación árabe. Estos conquistadores, prosiguiendo rápidamente su desarrollo intelectual, rechazaron las ideas antropomórficas de la naturaleza de Dios que aún quedaban en su creencia popular, y aceptaron otra más filosófica, semejante a la que había prevalecido en la India mucho tiempo antes. El resultado de esto fue un segundo conflicto relativo a la naturaleza del alma: bajo la denominación de averroísmo, aparecieron vigorosas las teorías de la emanación y de la absorción, que fueron arrojadas por la Inquisición de Europa, en los últimos tiempos de la Edad Media, habiendo sido ahora solemne y formalmente anatemizadas por el concilio del Vaticano.

Mientras tanto, con el cultivo de la astronomía, la geografía y otras ciencias, se habían alcanzado ideas exactas sobre la posición y relaciones [LXXXV] de la Tierra y la estructura del Universo; y cuando la religión, atrincherándose en lo que llamaba la recta interpretación de las Escrituras, insistió en que la tierra era el centro y la parte más importante del mundo, estalló un nuevo y tercer conflicto. Galileo fue el campeón de la ciencia, y la Iglesia sufrió otra derrota. Más tarde, ocurrió una controversia de segundo orden sobre la edad de la tierra: la Iglesia porfió que no tenía más de seis mil años, y también en esto fue vencida.

Las luces de la historia y de la Ciencia se habían extendido gradualmente por Europa; en el siglo decimosexto, el prestigio del cristianismo romano disminuyó grandemente por los reveses intelectuales que había experimentado, y también por su condición moral y política. Claramente se comprendía por muchos hombres piadosos que la religión no era responsable de la falsa situación en que se encontraba, y que la desventura provenía de la antigua alianza que había contraído con el paganismo romano. Su remedio evidente era, por tanto, volver a la pureza primitiva. Así surgió el cuarto conflicto, conocido por el nombre de la Reforma o Reforma del Norte; el carácter especial que tomó fue un debate sobre la norma o criterio de la verdad: si [LXXXVI] había de hallarse en la Iglesia o en la Biblia. En la resolución de este problema va envuelto el reconocimiento de los derechos de la razón y de la libertad intelectual; Lutero, que fue el hombre célebre de la época, llevó adelante su designio con no escaso éxito; y al fin del combate, la Iglesia Católica había perdido todo el Norte de Europa.

Nos encontramos ahora en medio de una controversia respecto al gobierno del mundo: si obedece a una intervención divina incesante o a la acción de una ley primordial e inmutable. El movimiento intelectual de la cristiandad ha alcanzado aquel punto a que llegaron los árabes en los siglos décimo y onceno, y las doctrinas que entonces se discutieron se nos presentan de nuevo para ser examinadas: tales son las de la evolución, de la creación y del desarrollo.

Bajo estos títulos generales, pienso que se hallarán comprendidos todos los puntos importantes de esta gran controversia; agrupados los hechos que vamos a considerar bajo estas expresivas denominaciones y tratando cada grupo separadamente, adquiriremos, sin duda, una clara idea de sus conexiones y enlaces y de su sucesión histórica.

He considerado estos conflictos tan estrictamente [LXXXVII] como he podido, en su propio orden cronológico, y por vía de suplemento he añadido tres capítulos sobre:

Examen de lo que ha hecho el cristianismo latino por la civilización moderna;

Examen análogo de lo que ha hecho la Ciencia;

Actitud del cristianismo romano en el conflicto actual, según la definición del concilio del Vaticano.

La atención de muchas personas ansiosas de la verdad se ha fijado tan exclusivamente en los pormenores de las disensiones habidas entre los sectarios, que la larga contienda a cuya historia se dedican estas páginas es en general poco conocida.

Habiendo procurado grabar en mi ánimo, al escribir este libro, un severo espíritu de imparcialidad, hablando con respeto de las partes contendientes, pero sin ocultar jamás la verdad, confío en el juicio considerado del lector reflexivo.

Juan Guillermo Draper.
Universidad de Nueva-York, Diciembre de 1873.

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Edades Esotéricas del Hombre

Posted by cosmoxenus en 7 mayo 2005

Jorge Ángel Livraga Rizzi

En este, como en tantos otros temas, es temerario generalizar. Cada ser humano tiene su destino particular que es como una cuerda hecha con muchísimos hilos de diferentes colores, resistencias, longitudes y ciclos de vida.

Influyen asimismo las decisiones que cada uno toma ante todas las oportunidades y también factores misteriosos que están por encima de todos los «horóscopos», circunstancias y educación. En todas las Religiones Mistéricas de la Antigüedad, desde la Sumeria a la Etrusca, ese «factor X» -que así lo han llamado diferentes pensadores del siglo XX- no es mensurable ni previsible… Sabemos que existe por sus efectos evidentes, pero no sabemos lo que es.

Según Homero y Virgilio, esta Voluntad Ultérrima estaba por encima, no sólo de los hombres, sino también de los Dioses y de todo aquello que podamos concebir… el mundo de lo inteligible, por paradoja, tiene raíz irracional… o pararracional, que en la práctica es lo mismo.

Pero para facilitar ciertas comprensiones, el esoterismo diferencia los años que un hombre puede vivir en ciclos de siete.

Hasta los 7 años: Existe un descenso paulatino de los Principios espirituales, mentales y psicológicos en general. Existe una especie de «Ángel de la Guarda» que vigila la entrada del Alma en la encarnación y «suaviza» sus choques con el mundo en el que le toca vivir. Padres, familia y educadores tienen gran importancia. El niño es, salvo excepciones, un ser plástico que responde a los acicates del castigo y la recompensa; necesita autoridad y control permanente que le permitan un aprendizaje instrumental. Si nace en familia cristiana, será cristiano y si en judía, judío, etc. Su contacto con el medio social es una «vacuna» que le permitirá sobrevivir a futuros embates.

Necesita cariño, que no es debilidad ni gazmoñería.

Hasta los 14 años: Habiendo sobrevivido a la niñez, entra en una etapa «gozne» y, a través de la fantasía y de la imaginación, se introduce el ser humano en el mundo de los adultos que no acepta ni rechaza totalmente. Está probando. Necesita que le dejen, controladamente, acertar y equivocarse. Su propio Espíritu empieza a manifestarse y crea las imágenes de aparentes rebeldías.

Hasta los 21 años: Pasada la etapa anterior, el Espíritu se manifiesta más fuertemente y se perfila la personalidad y las posibilidades definitivas. Se entra en la plenitud… inmadura. Los roles sexuales se afirman.

Hasta los 28 años: El Espíritu se ha manifestado y el camino para toda la vida se hace evidente. Todo toma formas concretas y se tiende a imponer la propia naturaleza en todos los órdenes.

Hasta los 35 años: Se llega a todas las formas definitivas y la espiritualidad vence o fracasa; ya no habrá cambios de fondo al respecto. Se camina por sendas elegidas y lo que puede variar ahora es la velocidad, aparte de pequeños desplazamientos de los focos de interés y centros de invento. Aunque pueda no parecerlo, la posibilidad de cambios ha quedado atrás y tan sólo se pueden afirmar o debilitar los elementos de la personalidad según la fuerza del Espíritu. Se está en la mitad de la esperanza de vida, en la cumbre de la montaña de esta vida y se empiezan a percibir más claramente paisajes y fuerzas, lo que provoca acción y curiosidad. Los elementos ya existentes se combinan y recombinan en una «segunda juventud».

Hasta los 42 años: Los efectos de la que llamamos «segunda juventud» se hacen perceptibles y se instrumentalizan. Son necesarios logros, conquistas, adquisiciones. Al final del ciclo se empieza a bajar «la montaña biológica» y aparecen conflictos entre el Espíritu, el Alma y la Personalidad. Aquí se definen los valerosos y los cobardes. El desafío de la vida se plantea y replantea.

Hasta los 49 años: Un sentimiento que permaneció casi en latencia se manifiesta: el apuro por plasmar cosas, y éstas serán según la naturaleza de cada uno y su grado de espiritualidad o materialismo. La experiencia individual se ha decantado e influencia fuertemente en los actos, sentimientos e ideas. El cuerpo, por su parte, presenta las características propias de la perdida juventud. Esto no siempre es aceptado y ello hace que esta edad sea especialmente peligrosa para el equilibrio fisiológico y mental.

Hasta los 56 años: Se inicia una doble fuga psicológica hacia atrás y hacia adelante. Se recuerdan los «buenos tiempos» y se proyecta con fuerza para el futuro. El presente se evidencia efímero y débil. Hace falta afianzarlo para cogerse fuertemente a algo. Las posiciones se radicalizan y maduran. Si se ha tomado el camino espiritual, se entra en un período muy fructífero y si no, en un simulacro de nuevas creaciones… que son las mismas de antes, pero mucho más definidas, sólidas… y estáticas.

Hasta los 63 años: El «ocaso» de la vida se hace evidente y todos, de una manera u otra tratan de dejar «cosas hechas» que otorguen seguridad colectiva e individual. Depende de la cultura, carácter y espiritualidad, el grado en que la radicalización de las creencias se plasme en obras realmente útiles. La convivencia se torna cada vez más difícil y se la rechaza a la vez que se la necesita, a veces de manera traumática.

Hasta los 70 años: Según se hayan ejercitado, algunos principios espirituales se retiran o se afirman. Es el final, el «broche» que puede ser de oro o de hierro. El cuerpo entra en deterioro que pone a prueba la templanza. La idea de la muerte, en sus diversas acepciones, se hace constante. Para algunos, ésta es un último incentivo y para otros la puerta de la desesperación, de la resignación, de la rebeldía (ahora sí auténtica) lo que puede provocar un enfrentamiento consigo mismo y con el entorno físico, psíquico, mental o espiritual.

Si se sobrepasa esta edad, todo pronóstico se hace aventurado, pues los ancianos pueden convertirse en rocas sólidas de maravillosos ejemplos… o en empecinados enemigos de todos y de todo. Por lo general se experimenta una gran soledad, dorada u opaca. La mayor parte no entienden a los más jóvenes y se enfrentan con ellos, envidiando de alguna manera su juventud. Ahora, todo dependerá de la vida que se ha dejado atrás. Leyes de la Naturaleza, absolutistas y dogmáticas, hacen cosechar apresuradamente lo que se ha plantado de forma inexorable.

Si el fin sobreviene por una enfermedad especialmente larga, suelen reaparecer características netamente infantiles. Si no, o si la fuerza espiritual es muy grande, el Espíritu dará sus más bellos esplendores como despedida final, penetrando de nuevo en una realidad íntima y misteriosa, como la de los niños pequeños. Aun estando en este mundo ya no se vive en él.

Intencionalmente, hemos evitado los análisis psico-físicos a la moda y la terminología de nuestro tiempo. No creemos en el psicoanálisis mientras no se reencuentren las claves de una psicosíntesis reconstituyente, optimista y veraz.

Por otra parte, todo lo anterior, si bien obedece en líneas generales a la marcha del tiempo en la vida del Hombre -englobando ambos sexos para abreviar-, insistimos en que es muy esquemático pues no se puede masificar y cada ser humano es un mundo, un misterio, una realidad propia e irrepetible, absolutamente singular.

Esto no descarta la reencarnación, pero confirma que si la cadena es una, sus eslabones son innúmeros, diferentes y que la asociación de los mismos no quita la flexibilidad del conjunto; por eso lo comparamos a una cadena y no a una barra rígida. Espacio y tiempo son coordenadas que se entrelazan pero que no se funden entre sí, pues aunque tienen un Ser idéntico, son a la vez un existir maravillosamente diferente, enfrentado y complementario.

Pero tales son las Viejas Enseñanzas que, bien meditadas, pueden ser útiles a aquellos que, siendo filósofos, buscan conocerse en profundidad.

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EL ARA Y SU SALUDO RITUAL

Posted by cosmoxenus en 7 mayo 2005

Material aparecido en el volumen de arquitectura Símbolo, Rito, Iniciación, La Cosmogonía Masónica (Ed. Obelisco, Barcelona 1992), firmado por Siete Maestros Masones, todos ellos vinculados con SYMBOLOS

A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo

Como todos los hermanos sabemos, el Ara es el altar de nuestro taller que es también nuestro templo y por lo tanto una imagen del cosmos. En el centro de ese espacio, entre la puerta y el Oriente y las columnas del Norte y del Sur se encuentra nuestro altar iluminado por las luces de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza. Esta piedra o ara, por marcar el centro, señala también el eje del taller, es decir, la posibilidad de comunicación alto-bajo, ascendente-descendente, entre la tierra y el cielo que en forma simbólica está representado en el techo. Y es a través del rito de nuestros estudios y trabajos, de nuestras ceremonias y gestos invariables que esta comunicación se reactiva y se hace en nosotros, los que nos ponemos entonces en condición de poder recibir los efluvios de lo alto, las inspiraciones emanadas del Gran Arquitecto del Universo, las que constituyen todo Conocimiento y Sabiduría. Es pues el Ara el punto más importante del templo, a partir del cual, se organiza toda la Logia y los trabajos que en ella se realizan. Es el símbolo de lo invisible por excelencia, que él expresa formal y sensiblemente, y a él mira simultáneamente toda la Logia, tanto el Oriente como los otros puntos cardinales. La escuadra y el compás se hallan sobre él simbolizando la unión entre la tierra (la escuadra, el cuadrángulo) y el cielo (el compás, el círculo) ya que él manifiesta el “axis” en el que se conjugan las polaridades.

Ya sabemos que nuestra Logia, al simbolizar el cosmos, simboliza tanto el macro como el microcosmos puesto que éste es una miniatura de aquél, por lo que el taller es también una imagen de nuestro templo interno y el ara, por ser su punto central, corresponde en el ser humano a su corazón, lugar donde se recibe la palabra y la sabiduría divina -testificadas por el Libro Sagrado que reposa en nuestro altar- lugar de transformaciones y de realización. Hacia esta transmutación están orientados nuestros esfuerzos; lo que es lo mismo que pulir la piedra en bruto, o ir ascendiendo escalonadamente los estadios sucesivos del Conocimiento, que se corresponde con los grados de nuestra Orden. Esta posibilidad de ascenso y superación está siempre presente en el pecho de cada aprendiz, compañero o maestro, que en virtud de haber recibido la iniciación se halla especialmente cualificado para efectivizar estos símbolos, para hacerlos una realidad interna que vaya actuando en nosotros al ser evocados por la meditación, el estudio y la reiteración ritual.

Queremos recordar también para finalizar, que el Ara es el lugar en el que efectuamos nuestros juramentos, como manifestación visible de una energía invisible y trascendente. Sobre ella, como imagen del centro espiritual, y en lo hondo de nuestro corazón, es que hemos aceptado nuestros compromisos internos y hemos prometido cumplirlos, llevarlos a cabo. Esto podría parecer ridículo a aquél que ignorase todo sobre el simbolismo o no hubiera podido salir verdaderamente del mundo profano. Pero no lo es para los masones, los que al comprender el símbolo y el rito en el interior de su corazón, los efectivizan, al vivenciarlos. Por ese motivo es que son tan importantes los gestos rituales, ya que por medio de ellos se renuevan las posibilidades que contienen, pues expresan con exactitud una cosmogonía en movimiento, un cosmodrama, aunque se ignore esta circunstancia. Sin embargo, es obvio comprender que cada vez que pasamos junto al Ara y lo saludamos, no sólo estamos dando una muestra de respeto al símbolo en cuestión y a todo aquello que llevamos dicho acerca de lo que él representa, sino que además renovamos ritualmente nuestros compromisos y promesas masónicas, volviendo a religarnos con ellas precisamente en el lugar de la recepción de las emanaciones del Gran Arquitecto del Universo, lo cual constituye un perenne recordatorio de nuestra auténtica calidad masónica.

Y nos preguntamos, ya para finalizar, ¿acaso no es a esa identificación a la que conduce el caminar “por las vías que nos han sido trazadas” a las que alude el ritual de apertura? ¿Y no son en el fondo esas “vías trazadas” la propia herencia tradicional cuyo origen está en aquel gesto primigenio, y a la que tenemos que actualizar transmitiéndola en el ciclo histórico que nos toca vivir?

DOS TEMAS MASÓNICOS

“Con alegría”

Queridos hermanos, deseamos recalcar las palabras que se repiten al final de nuestras tenidas para tratar de evitar cualquier riesgo de equivocación sobre alguna de las características de los verdaderos masones, en lo que toca a nuestra Orden. Por lo que creo debemos comenzar recordando que la Logia es una imagen del cosmos, y los ritos y gestos que allí se efectúan son una recreación perfectamente ordenada de la cosmogonía, tal cual se presenta al ser humano inteligente. Sin embargo, todo masón operativo sabe que a su vez, el orden cosmogónico es una imagen de lo metafísico -y de allí lo del secreto masónico-, a lo que se ha de aspirar en cuerpo, alma y espíritu; por eso, la necesidad y el sentido de distintos grados de realización y conocimiento entre los Hijos de la Viuda. Se debe comprender entonces que esta aspiración hacia lo más alto -aéreo e inaprensible- es opuesta a la pretensión hacia lo bajo- terrícola y fosilizado, y por lo tanto constituye algo más parecido a una disolución que a una coagulación.

En verdad todo este mundo que nos ha tocado vivir existe para dejarlo, porque es una imagen ilusoria de la realidad, lo que se advierte en el ascenso por los grados, o mundos, que estos simbolizan, donde las cosas son cada vez más ciertas cuanto más extrañas se nos presentan. Pero para llegar a ello hay que arribar primero a ser Maestro u Hombre Verdadero, y recomenzar posteriormente la ascensión por los grados simbólicos, íntimamente relacionados con lo supracósmico, tomando como punto de partida el cosmos, o logos, del cual deriva el nombre de nuestro taller. Lo que es perfectamente lógico en cuanto se piensa que los símbolos, los ritos y los mitos existen como mensajeros de otras realidades, y nunca para aferramos, con tanta obstinación como mediocridad, a ellos.

Algunos hermanos aún no pueden comprender estos conceptos -y otros, acaso, no los comprendan nunca-, pero deben enterarse de asuntos siempre presentes desde la época operativa en la Masonería, donde los ritos simbólicos e iniciáticos no podrían jamás resolverse en el simple hecho de construir edificios, aunque estos fueran bellísimos templos.

Es lamentable, pero hay personas que ven en la solemnidad un valor en sí mismo, o algo que deben repetir como si fuera el auténtico rito, y en ese sentido son los análogos -inversos- de los que no advierten que todo acto es solemne per se y entonces se dedican a correrías y pillaje. Entre el tonto solemne y el pícaro sinvergüenza no hay una gran distancia desde un punto de vista un poco más elevado; y ambos conforman la ignorancia del medio con la que no pueden sino autoidentificarse. Es más, el tonto solemne y el pícaro sinvergüenza pueden ser una misma persona. Pero no nos interesa en este momento ningún pillo, que son pocos en las logias y que casi inmediatamente son desenmascarados por sus hermanos, y sí nos preocupa que el ritual, que es uno solo con la Logia, pueda ser transpuesto por nosotros fuera con una impostación cuasi religiosa y literal, totalmente enemiga del auténtico Conocimiento, del Símbolo, que es verdaderamente el trabajo al que ha de dedicarse cualquier masón. Lo cual, por su literalidad, pueda también dañar a la propia Orden en el mundo profano con autotítulo de vocero “oficial”. La dignidad es propia de todo masón en cuanto es propia de cualquier Iniciado u Hombre Verdadero; no se necesita por lo tanto impostar la voz, ni tratar de “superar” ningún gesto, ya de por sí solemne. Tampoco se ha de caer en el ridículo de pretender sobrepasar a sus hermanos en sabiduría, o de ser tan infantil como para creer que se ha “progresado” en detrimento de otros, lo que indicaría una absoluta falta de seriedad. Con el maestrazgo se acabó la juventud aunque se esté en los 20 años, porque recién allí se comenzará a emprender el camino hacia lo supracósmico. Quedarse por lo tanto en conceptos literales y actitudes solemnes es a veces un daño irreparable para cada quien por sí mismo, como para todos aquellos que comparten nuestros trabajos y que han ido a la Orden buscando lo que ella es, y no a grandes “sabios” tan engolados como superficiales. Cuando en la masonería operativa los obreros terminaban sus trabajos y los gestos necesarios a su labor, colgaban en el taller su mandil y desde luego no repetían esos gestos en su casa ni con sus amigos en la sala húmeda; donde todos eran hombres libres; tampoco los domingos, o en las innumerables fiestas calendáricas, o en la calle, donde no corresponden esas ropas y actitudes, puesto que el rito de la cotidianidad es perfectamente suficiente y andan sobrando posturas de este tipo.

Por eso al terminar nuestros trabajos repetimos en respuesta a una pregunta la frase “con alegría”, la que nunca debería olvidar un auténtico masón.

Así, pues, deberíamos prevenirnos y ponernos a cubierto de lo formal -que, sin embargo, es lo que nos ha dado nada menos que la forma- confundiéndolo, o peor aún imaginándolo superior a lo a-formal que es el fin de la aspiración y la esperanza. ¡Con alegría!

Cadena de unión

Como todos conocéis, al final de nuestras tenidas finalizamos el rito con la llamada Cadena de Unión. Esta cadena que nos une a todos, desde el Venerable a los nuevos aprendices tiene, entre otros, dos significados que desearíamos destacar en este momento.

En primer lugar, es una imagen en el plano de la cadena vertical que entronca con los orígenes de nuestra Orden y asegura una transmisión regular, a través de los iniciados de todos los tiempos, con el Gran Arquitecto Universal. Esto se produce por medio de nuestros símbolos, ritos y mitos que no son sino manifestaciones prototípicas de arquetipos permanentes que, hoy como ayer, están presentes en el plan y la estructura cósmica.

En segundo término, y como su nombre lo indica, significa la unión efectiva y real de los integrantes de la Logia en una nueva entidad que rechaza las individualidades para integrarlas en un organismo unitario de energía y alcance mayor por sus propias características transpersonales, conformando así un colectivo cuya fuerza es más grande que la suma de los elementos individuales, como bien lo sabéis por propia experiencia, pues ya habéis participado en su composición. Haciendo la salvedad que esta cadena fraterna no sólo se refiere a nuestra Logia, o a nuestras obligaciones con toda la hermandad masónica, sino a la humanidad en general, y en particular a la totalidad de los iniciados que hubieran conocido el camino del conocimiento por otras vías diferentes a la nuestra.

Debemos recordar sin embargo que cuando comienza a formarse, esta cadena está incompleta y hay un vacío en ella, un eslabón que aún no ha sido cerrado, por lo que el Venerable Maestro pregunta: “queridos hermanos, Maestro de Ceremonias ¿Por qué está rota la cadena?”

Y el Maestro de Ceremonias responde:

“Por nuestras imperfecciones Venerable Maestro”.

Entonces el Venerable Maestro vuelve a preguntar: “¿Cómo podemos cerrarla?”

Y el Maestro de Ceremonias contesta:

“Con las palabras sagradas de Sabiduría, Fuerza y Belleza. Uno para todos y todos para uno, repetidas tres veces”.

“Cerradla, querido hermano”, ordena el Venerable, y mientras el Maestro de Ceremonias lo realiza los integrantes de la Logia pronuncian tres veces las palabras sagradas, sus brazos derechos sobre los izquierdos y engarzando los dedos con los de los lados, constituyendo un círculo mágico perfecto de concentración de vibraciones, un dínamo generador, no únicamente capaz de transmitir su fuerza a cada uno de los integrantes, sino la de emanar a otros espacios visibles e invisibles; una forma activa de la invocación y también un encantamiento de protección para todos aquellos que tienen la gracia de participar en los misterios del Arte Sagrado, los llamados guardianes del Templo de la sabiduría salomónica, imagen de todos los templos, los que como parte de sus funciones deben saber estrechar sus filas y trabajar de modo armónico, tendiente a la perfección.

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Congreso USA: Proyecto de Resolución reconociendo contribuciones Francmasonería

Posted by cosmoxenus en 7 mayo 2005

HRES 17 IH
109º Congreso-1ª Sesión-

“Que hace reconocimiento a los miles de Francmasones en todos los Estados de la Nación y los honra por sus muchas contribuciones a la Nación a lo largo de su historia”

EN LA CASA DE REPRESENTANTES

Enero 04 de 2005.

Considerando que:
– Los Francmasones, cuyo antiguo linaje se extiende hasta mucho antes de la fundación de la Nación, han dado ejemplo de comportamiento de alta moral y caridad para todas las gentes.

-Los Padres Fundadores de esta gran Nación y signatarios de nuestra Constitución, la mayoría de los cuales eran Francmasones, sentaron sólidas bases para la conversión de ellos mismos y de los demás en ejemplares ciudadanos de los Estados Unidos.

-Los Miembros de la Fraternidad Masónica, tanto individualmente y como organización, continúan aportando invaluables contribuciones caritativas al servicio de los Estados Unidos de América.

– La Fraternidad Masónica ha venido contribuyendo con ayuda filantrópica y educación a los ciudadanos de los Estados Unidos de América.

-La Fraternidad Masónica es merecedora de reconocimiento formal a su larga historia de servicios a la ciudadanía y a sus ejemplos constantes de alta moral.

– Y que los Francmasones siempre han reverenciado y celebrado el Día de San Juan,el 24 de Junio, dedicado a sus santos patronos;

En consecuencia, RESUELVE:

– La Casa de Representantes reconoce a los miles de Francmasones en todos y cada uno de los Estados de la Unión y los HONRA por sus muchas contribuciones a la Nación a través de su historia.

FIRMADO ( en orden alfabético):

Rep Burton, Dan [IN-5] – 1/26/2005
Rep Davis, Lincoln [TN-4] – 1/26/2005
Rep Duncan, John J., Jr. [TN-2] – 1/26/2005
Rep Hobson, David L. [OH-7] – 1/26/2005
Rep Kingston, Jack [GA-1] – 1/4/2005
Rep Petri, Thomas E. [WI-6] – 1/26/2005
Rep Ruppersberger, C. A. Dutch [MD-2] – 1/26/2005
Rep Schwarz, John J.H. “Joe” [MI-7] – 1/26/2005
Rep Skelton, Ike [MO-4] – 1/26/2005
Rep Tanner, John S. [TN-8] – 1/26/2005.

Para ver el texto original en inglés haz clic aqui

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