El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Isis y la Iniciación de Lucio (Asno de Oro de Apuleyo)

Posted by cosmoxenus en 30 abril 2005

APULEYO nació en Madaura (Algeria) entre los años 114 y 124, muriendo en Cartago u Oea (Trípoli) después del 170. Existe incertidumbre sobre su fecha de nacimiento y la de su muerte. Pero sí es evidente que fue contemporaneo del emperador MARCO AURELIO ANTONINO -el emperador filósofo estoico de Roma- , de LUCIANO DE SAMOSATA, del gran filósofo neoplatónico PLUTARCO y del matemático astrónomo CLAUDIO TOLOMEO.La Gran Obra de APULEYO fue su “ASNO DE ORO o METAMORFOSIS”, conteniendo un profundo mensaje sobre los Misterios Egipcios. Esta obra narra la vida de un profano llamado LUCIO, que por su curiosidad es transformado en un asno, pudiendo retornar a su forma humana si cumple una simple condición: comer una ROSA. Pero esto -descubrirá- no es tan simple. Pues cada vez que la besta Lucio quiere acercarse a un rosal, es apaleado por los dueños, que no quieren que un asno le coma el rosal! Es probable que el Lucio ficticio haya sido el mismo Apuleyo, comentando su vida iniciática de manera novelesca.

Esta obra es una novela iniciática que tiene ya una antiguedad de 1900 años aproximadamente. Observen que la bestia sólo puede recuperar su condición humana si logra un trabajo aparentemente simple, pero muy difícil de cumplir: comer una Rosa. Aquí se advierte también el primer simbolismo místico de esta flor, que en la Edad Media se unirá a la Cruz y volverá como Hermanos de la Rosa Cruz.

INVOCACIÓN DE LUCIO

“Reina del cielo: ya seas la CERES nutricia, madre inventora de las mieses, que en la alegría de encontrar de nuevo a tu hija enseñaste a los hombres a dejar como pasto de animales la antigua bellota, para comer alimentos más agradables, y que ahora habitas los fértiles campos de ELEUSIS; ya seas la VENUS celestial que, en los primeros días del mundo, uniste los sexos opuestos dando origen al amor para perpetuar el género humano en una eterna procreación, y que ahora recibes un culto en el santuario de Pafos entre las olas; ya seas (DIANA) la hermana de Febo, que, aliviando con solicitud a las parturientas, has alumbrado tantos pueblos, y que ahora te ves venerada en el ilustre templo de Éfeso; ya seas la terrible PROSERPINA, la de los aullidos nocturnos, la de la triple faz, que reprimes la agresividad de los duendes, cierras sus prisiones subterráneas, andas errante por los bosques sagrados y te dejas aplacar por un variado ritual; Tú, que con tu pálida claridad iluminas todas las murallas, con la humedad de tus rayos das vigor y fecundidad a los sembrados y en tu marcha solitaria vas derramando tenues resplandores; sea cual fuere tu nombre, sea cual fuere el rito, sea cual fuere la imagen que en buena ley hayan de figurar en tu advocación; Tú, asísteme en este instante colmado de desventuras; Tú, consolida mi tambaleante suerte; Tú, pon término a mis crueles reveses y dame la paz. Basta ya de fatigas, basta ya de peligros. Despójame de esta maldita figura de cuadrúpedo; devuélveme a mi familia, devuélveme mi personalidad de Lucio, y si alguna divinidad ofendida me persigue con su implacable cólera, séame al menos lícito morir, ya que no me es lícito vivir”.

EXCLAMACIÓN DE ISIS

“Aquí me tienes, Lucio: tus ruegos me han conmovido. Soy la madre de la inmensa naturaleza, la dueña de todos los elementos, el tronco que da origen a las generaciones, la suprema divinidad, la reina de los Manes, la primera entre los habitantes del Cielo, la encarnación única de dioses y diosas; las luminosas bóvedas del cielo, los saludables vientos del mar, los silencios desolados de los infiernos, todo está a merced de mi voluntad; soy la divinidad única a quien venera el mundo entero bajo múltiples formas, variados ritos y los más diversos nombres. Los frigios, primeros habitantes del orbe, me llaman diosa de PESSINONTE y madre de los dioses; soy MINERVA CECROPIA para los atenienses autóctonos; VENUS PAFIA para los isleños de Chipre; DIANA DICTYMNA para los saeteros de Creta; PROSÉRPINA ESTIGIA para los sicilianos trilingues; CERES ACTEA para la antigua Eleusis; para unos soy JUNO, para otros BELLONA, para los de más allá RHAMNUSIA; los pueblos del Sol naciente y los que reciben sus últimos rayos de poniente, las dos Etiopías y los egipcios poderosos por su antigua sabiduría me honran con un culto propio y me conocen por mi verdadero nombre: soy la reina ISIS. He venido por haberme compadecido de tus desgracias; heme aquí favorable y propicia. Déjate ya de llorar, pon fin a tus lamentos, desecha tu pesimismo; ahora, por mi providencia, empieza a amanecer el día de tu salvación. Presta pues, religiosa atención a las órdenes que te voy a dar.”

“Desde los tiempos más remotos la piedad ha puesto bajo mi advocación un día (Nota: el 5 de marzo, fecha en que se reanudaba la navegación en el Mediterráneo y se largaba al mar la Barca de Isis), es el día que nacerá de esta noche, día en que amainan los temporales del invierno, se calman las olas del proceloso mar, vuelve a ser posible la navegación, y mis sacerdotes me consagran una nave recién construida como para ofrecerme las primicias del tráfico. Has de esperar esa ceremonia sin impaciencias ni ilusiones profanas.”

“Pero has de recordar ante todo ( y sea ésta una convicción grabada para siempre en el fondo del corazón) que el resto de tus días, hasta exhalar el último suspiro, te debes a mi servicio. Es justo que si alguien te hace el favor de devolverte tu puesto entre los hombres, tú te consideres deudor suyo toda la vida. Por lo demás, tu vida será feliz y gloriosa bajo mi amparo, y cuando, llegado el término de tu existencia, bajes a los infiernos, también allí, en el hemisferio subterráneo, como me estás viendo ahora, volverás a verme brillante entre las tinieblas del Aqueronte y soberana en las profundas moradas del Estigio; y tú, aposentado ya en los campos Elíseos, serás asiduo devoto de mi divinidad protectora. Y si tu escrupulosa obediencia, tus piadosos servicios y tu castidad inviolable te hacen digno de mi divina protección, verás también que sólo yo tengo atribuciones para prolongar tu vida más allá de los límites fijados por tu destino”.

TRANSFORMACIÓN Y RECIBIMIENTO DE LUCIO

Lucio se acerca al sacerdote que le había señalado la diosa Isis, come la Rosa que este le ofrece y se transforma en hombre. Lo cubren con blancas vestiduras y el sacerdote le dice:

“Después de tantas y tan variadas pruebas, después de los duros asaltos de la Fortuna y de las más terribles tormentas, por fin, Lucio, has llegado al puerto de la Paz y al altar de la Misericordia. Ni tu nacimiento ni tus méritos o tu destacado saber te han servido nunca de nada; la flor resbaladiza de una juventud ardiente te ha hecho caer en la esclavitud de la pasión, y has cosechado la amarga recompensa de una desdichada curiosidad. Pero la Fortuna, con toda su ceguera y con la pretensión de exponerte a los más graves peligros, en su imprevisora maldad, ha guiado tus pasos hacia la felicidad de nuestra religión. Ahora ya se puede ir, ya puede dar libre curso a su furor y buscarse otra víctima para saciar su crueldad; pues las vidas que la majestad de nuestra diosa ha tomado a su servicio ya no están al alcance de un golpe hostil. Salteadores, fieras, esclavitud, idas y vnidas por los más escabrosos caminos, diarias amenazas de muerte, ¿ de qué ha servido todo ello a la implacable Fortuna? Ahora ya estás bajo la tutela de una Fortuna, pero ésta es clarividente y hasta ilumina a los demás dioses con su esplendorosa luz. Pon ya una cara más alegre, en consonancia con tus blancas vestiduras, y súmate con paso triunfal al cortejo de la divinidad salvadora. Abran sus ojos los impíos, vean y reconozcan su error: ahí va, libre de sus pasadas angustias por la providencia de la gran Isis, ahí va Lucio, feliz y triunfante vencedor de su destino. No obstante, para mayor seguridad y garantía, alístate en esta sagrada milicia, para la cual hace pocas horas la diosa requirió tu juramento, conságrate desde este instante al servicio de nuestra religión y sométete voluntariamente al yugo de ese ministerio. Pues, cuando hayas entrado al servicio de la diosa, entonces sí que sentirás las dulzuras de tu libertad”.

“Mis ansias por recibir la consagración no podían menos que aumentar de día en día. Me presentaba con muchísima frecuencia ante el sumo sacerdote, le pedía con la mayor insistencia la gracia de iniciarme en los misterios de la sagrada noche. Pero él, como hombre prudente y cumplidor, de proverbial austeridad religiosa, me recibía con la bondad y cariño de un padre que modera los impulsos prematuros de sus hijos: daba largas a mi impaciencia y al propio tiempo calmaba mi inquietud con el consuelo de la esperanza: es la diosa quien, por una manifestaión de su voluntad, señala el día en que uno debe ser iniciado; asimismo es su providencia quien elige al sacerdote consagrante y quien da también instrucciones sobre el presupuesto que ha de destinarse a sufragar los gastos de las ceremonias. Todos nosotros, decía, hemos de acatar estas disposiciones con exacta sumisión. En mi caso particular debía estar muy alerta para no pecar ni por precipitación ni por indocilidad, para evitar el doble riesgo de no hacerme esperar cuando se me llamara ni el de adelantarme sin ser convocado….la misma entrega de los iniciados simboliza una muerte voluntariamente aceptada y una concesión gratuita de la divinidad para seguir viviendo”.

LA PRIMERA INICIACIÓN

“Tal vez, lector estudioso, preguntarás con cierta ansiedad qué se dijo, qué pasó luego. Te lo diría si fuera lícito decirlo; lo sabrías si fuera lícito oirlo. Pero contraerían el mismo pecado tus oídos y mi lengua: impía indiscreción en mi caso, temeraria curiosidad en el tuyo. No obstante, en atención del probable fondo de piedad que anima tu impaciencia, no quiero atormentarte prolongando tu angustia. Escucha pues, y ten fe: vas a oír la verdad. LLEGUÉ A LAS FRONTERAS DE LA MUERTE, PISÉ EL UMBRAL DE PROSÉRPINA Y A MI REGRESO CRUCÉ TODOS LOS ELEMENTOS; EN PLENA NOCHE, VI EL SOL QUE BRILLABA EN TODO SU ESPLENDOR; ME ACERQUÉ A LOS DIOSES DEL INFIERNO Y DEL CIELO; LOS CONTEMPLÉ CARA A CARA Y LOS ADORÉ DE CERCA.

Esas son mis noticias: aunque las has oído, estás condenado a no entenderlas. Así pues, me limitaré a contarte únicamente los detalles que, sin sacrilegio, pueden revelarse a la inteligencia de los profanos”.

LA SEGUNDA INICIACIÓN

“Después de recorrer su órbita estelar, el gran sol había completado ya un año, cuando he aquí que, una vez más, interrumpe mi sueño la diosa que velaba por mí con solícito cuidado: una vez más me habla de iniciación. Esperaba con sorpresa a ver lo que pretendía de mí, lo que me diría su oráculo. No podía ser menos, ya que, por mi parte, desde hacía tiempo, me creía iniciado en toda le extensión de la palabra. Pero en parte examinando mis escrúpulos a la luz de mi propio entendimiento, y en parte sometiéndolos al juicio de nuestros sacerdotes, llego a un descubrimiento sorprendente, sensacional: yo estaba desde luego iniciado en los misterios de Isis, pero me faltaba todavía la iluminación que confieren los misterios del gran dios, padre supremo de los dioses, OSIRIS, el Invencible. Pues, a pesar de la estrecha relación, o mejor dicho de la unidad esencial de las dos divinidades y respectivos cultos, hay una diferencia capital en lo que atañe a la iniciación: por consiguiente también yo debía tener conciencia de mis obligaciones al servicio del gran dios”.

LA TERCERA INICIACIÓN

“Al poco tiempo, nuevas órdenes de los dioses -órdenes inesperadas y cada vez más sorprendentes- vuelven a perturbarme: he de someterme todavía a una tercera iniciación. No poco preocupado, o mejor dicho, en el colmo de la perplejidad, me perdía en interminables consideraciones: ¿qué objeto podría tener aquella nueva e inaudita pretensión del cielo? ¿Qué requisito podría faltar en la reiterada iniciación?…Yo flotaba en este mar de cavilaciones…cuando una benévola aparición nocturna me dio la siguiente aclaración: No hay motivo alguno para que te intranquilice la serie de sucesivas consagraciones, como si hubiera en las anteriores alguna omisión. Al contrario, ha de alegrarte el continuo interés que por ti se toman los dioses; regocíjate pues; más todavía, salta de alborozo por conseguir tres veces lo que otros logran a duras penas una sola vez; el número en sí ya te augura eterna felicidad. En cuanto a la iniciación que vas a tener, es absolutamente necesaria…acude una vez más a iniciarte: dioses poderosos te protegen.

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