El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

CORPUS HERMETICUM (Tratado 2 – De Hermes a Tat)

Posted by cosmoxenus en 30 abril 2005

TRATADO 2

DE HERMES A TAT, DISCURSO UNIVERSAL

(Tratado perdido)

1- Todo lo que se mueve, oh Asclepio, ¿No es verdad que se mueve en algo y es movido por algo?

– Mas bien que sí.

– ¿Y no es necesario también que aquello en lo que se mueve el móvil sea más grande que él?

– Necesario, sí.

– ¿Y el motor, o sea lo que lo mueve, es más fuerte que lo movido?

– Más fuerte, claro.

– ¿Y no es necesario que sean de naturalezas opuestas aquello en lo que se mueve el móvil y el móvil mismo?

– Absolutamente sí.

2- ¿Y este universo, no es más grande que cualquier cuerpo?

– De acuerdo.

– ¿Y es pleno y compacto? porque está lleno de muchos otros grandes cuerpos o, mas bien, de todos los cuerpos que existen.

– Así es.

– El universo ¿es un cuerpo?

– Sí.

– ¿Y se mueve?

3- Mas bien que sí.

– ¿Y de qué tamaño ha de ser el lugar en donde se mueve y de qué naturaleza? ¿No ha de ser mucho más grande a fin de que pueda contener su continuo movimiento y no sea oprimido el móvil por la estrechez del espacio y se detenga?

– Debe ser algo inmensísimo, oh Trismegisto!

4- ¿Y cuál será su naturaleza? La opuesta, ¿no es así Asclepio? Ahora bien, la naturaleza opuesta al cuerpo es lo incorporal.

– De acuerdo.

– El lugar, pues, será incorporal, pero lo incorporal o es algo divino, o es el Dios. Por “algo divino” no quiero decir aquí algo que haya pasado por la generación, sino algo nunca engendrado.

5 Si decimos algo divino, tendrá que ser de la naturaleza de un ser, pero si ponemos el Dios, será trascendental al ser. Y, además, será inteligible de la siguiente manera: el Dios es lo primero que nosotros entendemos, bien que no lo sea en sí mismo. Pues lo que puede entenderse pasa por los sentidos del que entiende, por donde el Dios en sí mismo no es objeto de pensamiento. En el Dios, el pensamiento coincide con lo pensado.

6 Pero en nosotros no es así, por eso sólo pensamos en él, pero no lo alcanzamos en sí mismo. Por lo tanto, si pensamos en el lugar, no lo hacemos en cuanto es un dios, sino en cuanto lo pensamos como lugar. Pero si lo pensamos como un dios, no lo pensamos como un lugar, sino como la energía capaz de contener al Todo. Todo lo que se mueve no lo hace en algo que se mueve, sino en lo que está quieto. Y también lo que mueve está quieto, porque es imposible que el motor se mueva juntamente con lo que mueve.

– Pero entonces, oh Trismegisto, ¿cómo es posible que aquí abajo las cosas que se mueven lo hacen juntamente con sus motores? Porque se dice que las esferas de las estrellas errantes son movidas por las esferas de las estrellas fijas.

– No se trata allí, oh Asclepio, de un movimiento conjunto, sino de un movimiento opuesto: no se mueven en forma similar sino en forma contraria. Y esta oposición tiene como apoyo un punto fijo que equilibra los movimientos.

7 En consecuencia, la resistencia de ese punto es quietud. Por tanto, las estrellas errantes se mueven en forma contraria a las fijas. Y no es posible de otra manera. Porque: acaso las dos Osas que tu ves que giran siempre en torno de un mismo punto y no tienen ocaso ni levante, ¿piensas que se mueven o están quietas?

– ¡Se mueven, oh Trismegisto!.

– Y ¿con qué movimiento, oh Asclepio?

– Girando alrededor del mismo punto.

– Ahora bien, orbitar sobre un centro es moverse alrededor de un punto firmemente inmóvil. Por consiguiente “alrededor de un punto” excluye. De allí que el movimiento contrario se detiene en un punto fijo, permaneciendo estacionario por la contrariedad del movimiento.

8 Te daré un ejemplo de la Tierra palpable a simple vista: observa cómo nadan los animales mortales, por ejemplo el hombre. El agua lo arrastra en dirección de la corriente, pero por la resistencia de pies y manos el hombre logra quedarse quieto y no ser arrastrado por la corriente.

– Este ejemplo es muy claro, Trismegisto!

– Todo movimiento, pues, se mueve en algo inmóvil y es movido por algo inmóvil. Así pues, el movimiento del mundo y de todo ser vivo material no se realiza a partir de algo exterior al cuerpo, sino por causa interior y hacia afuera, es decir por los elementos inteligibles, sea que se trate del alma, del espíritu u otro elemento incorporal. Porque un cuerpo no mueve a un cuerpo animado, ni tampoco a ningún cuerpo, ni siquiera inanimado.

9- ¿Qué dices, Trismegisto? ¿No son cuerpos lo que mueven los maderos, las piedras y todas las demás cosas inanimadas?

– De ninguna manera, Asclepio: lo que está dentro del cuerpo motor es lo inanimado, el cuerpo mismo no mueve a ambos, ni al que transporta y ni al transportado. Por donde lo inanimado no mueve a lo inanimado. Mira entonces cuán sobrecargada está el alma, que tiene que mover sola a dos cuerpos. Es evidente, pues, que lo que se mueve, se mueve en otra cosa y es movido por otra cosa.

10- ¿Y es en el vacío que tiene que moverse lo que se mueve, oh Trismegisto?

– Corrígete, Asclepio. No es vacío ninguno de los seres que existen en razón misma de su realidad: pues lo que es, no podría ser lo que es si no estuviera lleno de realidad. Lo real, pues, nunca puede llegar a ser vacío.

– Pero ¿no hay cosas vacías, oh Trismegisto, como una jarra, un frasco, un tonel y otras cosas semejantes?

– Ay! qué error terrible, Asclepio! creer que está vacío lo que está totalmente lleno y repleto!

11- ¿Qué dices, Trismegisto?

– ¿No es un cuerpo el aire?

– Lo es.

– ¿Y este cuerpo no pasa a través de todos los seres y no los deja completamente llenos? ¿Acaso los cuerpos no están compuestos por los cuatro elementos? Todas las cosas que tu llamas vacías, están llenas de aire: si, de aire; también lo están de los cuatro elementos y, así, llegamos a lo contrario de lo que tú decías, pues las cosas que tu llamas llenas, todas están vacías de aire, pues su espacio está ocupado por otros cuerpos que no dejan lugar al aire. Las cosas que tú llamas vacías, deberían llamarse huecas, no vacías: llenas están de aire y espíritu.

12 – Lo que tu dices es innegable, Trismegisto. Dime ahora, ¿qué decimos del lugar en donde se mueve el Todo?

– Que es incorporal, Asclepio.

– Pero lo incorporal ¿qué es?

– Una Inteligencia entera que enteramente se contiene, libre de todo cuerpo, infalible, impasible, inmóvil en sí misma, que contiene todos los seres y los conserva en su ser, cuyos rayos son el Bien, la Verdad, el arquetipo del Espíritu, el arquetipo del Alma.

– Pero, entonces el Dios ¿qué es?

– El que no es ninguna de estas cosas y, además, es la causa del ser de todas ellas y de cada uno de los seres en particular.

13 Porque no dejó ningún espacio al no ser. Y todas las cosas provienen de los seres que existen y no de los que no existen: porque lo inexistente no tiene naturaleza como para llegar a la existencia, ni para llegar a ser nada y, a su vez, lo seres que existen no tienen naturaleza para dejar nunca de ser.

14 – ¿Qué quieres decir con “nunca dejar de ser”?

– El Dios no es inteligencia, sino la causa de que la inteligencia exista. No es espíritu, sino causa de la existencia del espíritu. No es luz, sino causa de la existencia de la luz. Por donde el Dios debe ser venerado con esos dos nombres, que sólo a El le pertenecen y a ningún otro. Porque ninguno de los demás que se llaman dioses, ni ninguno de los hombres, ni demonio alguno, puede de manera alguna ser el Bien, sino sólo el Dios, que sólo es el Bien y no es ninguna otra cosa. Todos los demás seres son incapaces de contener la naturaleza del Bien: cuerpo son y alma; y no tienen lugar que pueda contener el Bien.

15 Tan grande es la grandeza del Bien como la realidad de todos los seres, corporales e incorporales, sensibles e inteligibles. He aquí el Bien, he aquí el Dios. No llames bueno a nadie ni a nada, porque es impío, ni des al Dios ningún otro nombre sino el único del Bien, lo contrario también es impío.

16 Ciertamente todos pronuncian el nombre del “Bien” pero no todos saben lo que es. Por eso tampoco saben lo que es el Dios, pero por ignorancia llaman buenos a los dioses y también a los hombres, cuando ni pueden ser buenos ni pueden jamás llegar a serlo: el Bien es lo que nunca se puede quitar al Dios y es inseparable de El, porque es el Dios mismo. Todos los demás dioses son honrados con el nombre de “dios”: pero el Dios es el Bien, no porque así se lo honre, sino por naturaleza. Pues una es la naturaleza del Dios, el Bien. Y ambos no son sino una sola y única especie, de la que proceden las demás. Porque el Bien es el dador de todo y el que nada recibe. Y el Dios todo lo da y nada recibe. Por tanto el Dios es el Bien. Y el Bien es el Dios.

17 El otro nombre del Dios es el de “el Padre”, ahora a causa de que creó todas las cosas: el padre es el que crea. Así, la gente sensata considera a la procreación de los hijos como la mayor función y la más sagrada. Y piensa que es un gran infortunio e impiedad dejar la vida y no dejar hijos. Y justamente un tal es entregado a los genios después de la muerte. Y ved cuál es el castigo: el alma del que no ha tenido hijos está condenada a entrar en el cuerpo de un ser que no tiene la naturaleza del varón ni de la mujer, lo que es execrable a los ojos del Sol. Por eso, Asclepio, guárdate de congratular al hombre sin hijos, más bien tenle piedad sabiendo el castigo que le espera.

Pues bien, basta por ahora, Asclepio, por lo que respecta a las enseñanzas preliminares sobre la naturaleza de las cosas.

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