El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 24/04/05

EL GRAN SECRETO

Posted by cosmoxenus en 24 abril 2005

Eliphas Levi

Sabiduría, moralidad, virtud: palabras respetables, pero vagas, sobre las cuales se disputa desde hace muchos siglos pero sin haber conseguido entenderlas.

Querría ser sabio, mas ¿tendré yo la certeza de mi sabiduría, mientras crea que los locos son más felices y hasta más alegres que yo?

Es preciso tener buenas costumbres, pero todos somos algo niños: las moralidades nos adormecen. Y es que nos enseñan moralidades tontas que no convienen a nuestra naturaleza. Hablamos de lo que no nos interesa y pensamos en otra cosa.

Excelente cosa es la virtud: su nombre quiere decir fuerza, poder. El mundo subsiste por la virtud de Dios. Mas ¿en qué consiste para nosotros la virtud? ¿Será una virtud para enflaquecer la cabeza o suavizar el rostro? ¿Llamaremos virtud a la simplicidad del hombre de bien que se deja despojar por los bellacos? ¿Será virtud abstenerse en el temor de abusar? ¿Qué pensaríamos de un hombre que no andase por miedo de quebrarse una pierna? La virtud, en todas las cosas, es lo opuesto de la nulidad, del sopor y de la impotencia.

La virtud supone la acción; pues si ordinariamente oponemos la virtud a las pasiones es para demostrar que ella nunca es pasiva.

La virtud no es solamente la fuerza, es también la razón directora de la fuerza. Es el poder equilibrante de la vida.

El gran secreto de la virtud, de la virtualidad y de la vida, sea temporal, sea eterna, puede formularse así: El arte de balancear las fuerzas para equilibrar el movimiento.

El equilibrio que se necesita alcanzar no es el que produce la inmovilidad, sino el que realiza el movimiento. Pues la inmovilidad es muerte y el movimiento es vida.

Este equilibrio motor es el de la propia Naturaleza. La Naturaleza, equilibrando las fuerzas fatales, produce el mal físico y la destrucción aparente del hombre mal equilibrado. El hombre se libera de los males de la Naturaleza sabiendo sustraerse a la fatalidad de las circunstancias por el empleo inteligente de su libertad. Empleamos aquí la palabra fatalidad, porque las fuerzas imprevistas e incomprensibles para el hombre necesariamente le parecen fatales, lo que no indica que realmente lo sean.

La Naturaleza ha previsto la conservación de los animales dotados de instinto, pero también dispone todo para que el hombre imprudente perezca.

Los animales viven, por así decirlo, por sí mismos y sin esfuerzos. Sólo el hombre debe aprender a vivir. La ciencia de la vida es la ciencia del equilibrio moral.

Conciliar el saber y la religión, la razón y el sentimiento, la energía y la dulzura, es el fondo de ese equilibrio.

La verdadera fuerza invencible es la fuerza sin violencia. Los hombres violentos son hombres débiles e imprudentes, cuyos esfuerzos se vuelven siempre contra ellos mismos.

El afecto violento se asemeja al odio y casi a la aversión.

La cólera hace que la persona se entregue ciegamente a sus enemigos. Los héroes que describe el poeta griego Homero, cuando combaten, tienen el cuidado de insultarse para entrar en furor recíprocamente, sabiendo de antemano, con todas las probabilidades, que el más furioso de los dos será vencido.

El fogoso Aquiles estaba predestinado a perecer desgraciadamente. Era el más altivo y el más valeroso de los griegos y sólo causaba desastres a sus conciudadanos. El que hace tomar Troya es el prudente y paciente Ulises, que sabe siempre contenerse y sólo hiere con golpe seguro. Aquiles es la pasión y Ulises la virtud. Y es desde este punto de vista que debemos tratar de comprender el alto alcance filosófico y moral de los poemas de Homero.

Sin duda que el autor de estos poemas era un iniciado de primer orden, pues el Gran Arcano de la Alta Magia práctica está entero en la Odisea.

El Gran Arcano Mágico, el Arcano único e incomunicable, tiene por objeto poner, por así decirlo, el poder divino al servicio de la voluntad del hombre.

Para llegar a la realización de este Arcano es preciso SABER lo que se debe hacer, QUERER lo exacto, OSAR en lo que se debe y CALLAR con discernimiento.

El Ulises de Homero tiene, en contra de sí, a los dioses, los elementos, los cíclopes, las sirenas, Circe, etc., es decir, a todas las dificultades y todos los peligros de la vida. Su palacio es invadido, su mujer es asediada, sus bienes son saqueados, su muerte es resuelta, pierde sus compañeros, sus navíos son hundidos; en fin, queda solo en su lucha contra la noche y el mal. Y así, solo, aplaca a los dioses, escapa del mal, ciega al cíclope, engaña a las sirenas, domina a Circe, recupera su palacio, libera a su mujer, mata a los que querían matarlo y, todo, porque quería volver a ver a Itaca y a Penélope, porque sabía escapar siempre del peligro, porque se atrevía con decisión y porque callaba siempre que fuera conveniente no hablar.

Pero, dirán contrariados los amantes de los cuentos azules: esto no es magia!. ¿No existen talismanes, yerbas y raíces que hacen operar prodigios? ¿No hay fórmulas misteriosas que abren las puertas cerradas y hacen aparecer los espíritus? Háblanos de esto y deja para otra ocasión tus comentarios sobre la Odisea.

Si habéis leído mis obras precedentes, sabéis entonces que reconozco la eficacia relativa de las fórmulas, de las yerbas y de los talismanes. Pero éstos apenas son pequeños medios que se enlazan a los pequeños misterios. Os hablo ahora de las grandes fuerzas morales y no de los instrumentos materiales. Las fórmulas pertenecen a los ritos de la iniciación; los talismanes son auxiliares magnéticos; las yerbas corresponden a la medicina oculta y, el propio Homero, no las desdeñaba. El Moly, el Lothos y el Nepenthes tienen su lugar en estos poemas, pero son ornamentos muy accesorios. La copa de Circe nada puede sobre Ulises, que conoce sus efectos funestos y sabe eludir el beberla.

El iniciado en la alta ciencia de los magos nada tiene que temer de los hechiceros.

Las personas que recorren la magia ceremonial y van a consultar adivinos se asemejan a los que, multiplicando las prácticas de devoción, quieren o esperan suplir con ello la religión verdadera. Dichas personas nunca estarán satisfechas de vuestros sabios consejos. Todas esconden un secreto que es bien fácil de adivinar y que podría expresarse así: «Tengo una pasión que la razón condena y que antepongo a la razón; es por eso que vengo a consultar al oráculo del desvarío, a fin de que me haga esperar, que me ayude a engañar mi conciencia y me de la paz del corazón».

Van así a beber en una fuente engañosa que después de satisfacerles la sed, la aumenta cada vez más. El charlatán suministra oráculos oscuros y la gente encuentra en ellos lo que quiere encontrar y vuelve a buscar más esclarecimientos. Regresa al día siguiente, vuelve siempre y, de ese modo, son los charlatanes los que hacen fortuna.

Los Gnósticos basilidianos decían que Sophia, la sabiduría natural del hombre, habiéndose enamorado de sí misma, como el Narciso de la mitología clásica, desvió la mirada de su Principio y se lanzó fuera del circulo trazado por la luz divina llamada Pléroma. Abandonada entonces a las tinieblas, hizo sacrilegios para dar a luz. Pero una hemorragia semejante a la que alude el Evangelio, le hizo perder su sangre, que se iba transformando en monstruos horribles.

La más peligrosa de todas las locuras es la de la sabiduría corrompida.

Los corazones corrompidos envenenan toda la naturaleza. Para ellos el esplendor de los bellos días es apenas un ofuscante tedio y todos los goces de la vida, muertos para estas almas muertas, se levantan delante de ellas para maldecirlas, como los espectros de Ricardo III: «desespera y muere». Los grandes entusiasmos les hacen sonreír y lanzar al amor y a la belleza, como para vengarse, el desprecio insolente de Stenio y de Rollon. No debemos dejar caer los brazos acusando a la fatalidad; debemos luchar contra ella y vencerla. Aquellos que sucumben en ese combate son los que no supieron o no quisieron triunfar.

No saber es una disculpa, pero no una justificación, puesto que se puede aprender. «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen», dijo el Cristo al expirar. Si fuese permitido no saber, la oración del Salvador habría sido inexacta y el Padre nada hubiera tenido que perdonarles.

Cuando la gente no sabe, debe QUERER aprender. Mientras no se sabe es temerario OSAR, pero siempre es bueno SABER CALLAR.

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FAMA FRATERNITATIS AD ROSAE CRUCIS

Posted by cosmoxenus en 24 abril 2005

o el Descubrimiento de la Ilustre Orden de los Rosacruces
– 1614 –
A los regentes, a las órdenes y a los hombres de ciencia de Europa.
Nosotros, Hermanos de la Fraternidad de la Rosa-Cruz, dispensamos nuestras oraciones, otorgamos nuestro amor y saludamos cortésmente a todos los que lean nuestra Fama con una intención cristiana.

Durante estos últimos tiempos, por la sabiduría de sus designios y en su gracia singular, Dios ha derramado la bondad de sus dones sobre el género humano con tanta prodigalidad que el conocimiento de la naturaleza, así como el de su Hijo, no ha cesado de aumentar, por lo que podemos enorgullecemos de los tiempos felices que vivimos.

No sólo ha sido descubierta la mitad del mundo desconocido y oculto, sino que el Señor también nos ha procurado innumerables obras y criaturas naturales extrañas y desconocidas hasta ahora. Ha favorecido el nacimiento de espíritus de gran sabiduría cuya misión fue la de restablecer la dignidad del arte parcialmente manchado e imperfecto, para que el hombre acabe comprendiendo la nobleza y magnificencia que le son propias, su carácter de microcosmos, y la profundidad con que este arte suyo puede penetrar la naturaleza.

Pero todo ello es considerado por la frivolidad del mundo como de escasa utilidad. Las calumnias y las burlas no cesan de crecer. Los hombres de ciencia se encuentran imbuidos de una arrogancia y un orgullo tales que se niegan a reunirse para hacer un cómputo de las innumerables revelaciones con las que Dios ha gratificado los tiempos que vivimos mediante el libro de la naturaleza o la regla de todas las artes. Cada grupo combate a los otros antiguos dogmas, y, en vez de la luz clara y manifiesta, prefiere al Papa, a Aristóteles, a Galeno y a todo lo que se parece a una colección de leyes e instrucciones cuando, sin ninguna duda, estos mismos autores tendrían sumo gusto en revisar sus conocimientos si vivieran. Sin embargo, nadie está a la altura de tan elevadas palabras y el antiguo enemigo, pese a la fuerte oposición de la verdad en teología, en física y en matemáticas, manifiesta abundantemente su astucia y su rabia entorpeciendo una evolución tan hermosa mediante el espíritu de fanáticos y vagabundos.

Nuestro difunto padre, Fr.´. Christian Rosenkreutz, espíritu religioso, elevado, altamente iluminado, alemán, jefe y fundador de nuestra fraternidad, consagró esfuerzos intensos y prolongados al proyecto de reforma universal.

La miseria obligó a sus padres, aún siendo nobles, a ponerlo en el convento a la edad de cuatro años. Allí adquirió un conocimiento conveniente de dos lenguas: latín y griego. También vio colmadas sus incesantes súplicas y plegarias en la flor de su juventud: fue confiado a un hermano, P. A. L. que había hecho el voto de ir en peregrinación al Santo Sepulcro. Aunque este hermano no viese Jerusalén pues murió en Chipre, nuestro Fr.´. Christian Rosenkreutz no retrocedió: por el contrario se embarcó para Damcar con la intención de visitar Jerusalén, partiendo de esta ciudad.

Durante el tiempo en que se vio obligado a prolongar su estancia en Chipre forzado por el cansancio, ganó el favor de los turcos gracias a su experiencia no despreciable del arte de curar. Por azar oyó hablar de los sabios de Damcar en Arabia, de las maravillas que eran capaces de realizar y de las revelaciones que les habían sido hechas sobre la naturaleza entera.

Este rumor encendió el noble y elevado espíritu de Fr.´. Christian Rosenkreutz., que pensó entonces menos en Jerusalén que en Damcar. No pudiendo contener sus deseos se puso al servicio de señores árabes quienes, mediante una cierta cantidad, deberían conducirlo a Damcar.

Cuando llegó sólo tenia 16 años aunque era un mozo fornido, de raza alemana. Si creemos su propio testimonio, los sabios no lo acogieron como a un extranjero sino como a alguien cuya llegada esperaban desde hacia mucho tiempo. Le llamaron por su nombre y ante su sorpresa, constantemente renovada, le mostraron que conocían numerosos secretos del convento donde había estado. En contacto con ellos se perfeccionó en lengua árabe hasta el punto que pudo traducir en buen latín al cabo de un año el Libro M, que posteriormente conservó.

Allí adquirió sus conocimientos de física y de matemáticas por los que seria justo que el mundo se felicitase si hubiera más amor y la envidia fuera menos grande.

Tras una estancia de tres años tomó el camino de vuelta y, provisto de buenos salvoconductos, franqueó el golfo arábigo, se detuvo en Egipto el tiempo justo para perfeccionar sus observaciones de la flora y de las criaturas, a continuación atravesó el Mediterráneo en todos los sentidos y, finalmente, llegó a donde le habían indicado los árabes: a Fez.

¿No debemos sentir vergüenza ante estos sabios que viven tan lejos de nosotros?

Desprecian los escritos difamatorios y su armonía es perfecta; más aún: revelan y confían sus secretos graciosamente y con buena voluntad.

Los árabes y los africanos se reúnen cada año para examinar las diferentes artes, para saber si se han hecho descubrimientos mejores y para averiguar si las hipótesis han sido depreciadas por la experiencia. Los frutos que cada año producen estas discusiones sirven al progreso de las matemáticas, de la física y de la magia, que son las especialidades de la gente de Fez.

Hoy no faltan en Alemania los hombres de ciencia: magos, cabalistas, médicos y filósofos. ¡Dios quiera que deseen actuar por amor al prójimo y que la gran mayoría no desee acapararlo todo para sí!

En Fez tomó contacto con los que suelen llamarse los habitantes elementales, quienes le confiaron numerosos secretos. Si entre nosotros los alemanes reinase un entendimiento parecido y si nuestras averiguaciones se caracterizaran por la mayor seriedad posible, podríamos igualmente poner en común una parte de nuestro saber.

Sospechó a menudo que la magia de los habitantes de Fez no era enteramente pura y que su religión también había mancillado la cábala. Sin embargo supo sacar de ello un gran provecho, que afirmó aún más su fe en la presencia concordante de la armonía en el universo, armonía que marca con su sello maravilloso periodis seculorum.

Llegó a la hermosa síntesis siguiente: al igual que cualquier semilla contiene por entero el árbol o el fruto que aparecerá dichosamente en el momento oportuno, el microcosmos encierra íntegro al gran número.

La religión, la política, la salud, los miembros, la naturaleza, la lengua, la palabra y los actos del microcosmos están en acuerdo musical y melódico con Dios, con los cielos y con la tierra. Todo lo que contradice esta tesis es error, falsedad, obra del diablo, causa última y primer instrumento de la confusión, la ceguera y la necedad de este mundo.

Bastaría que cualquiera examinase a todos los hombres de esta tierra sin faltar uno, para encontrar que lo que está bien y lo que es cierto siempre se encuentra en armonía consigo mismo mientras que, por el contrario, todo lo que se aparta de ello, está manchado por una multitud de opiniones erróneas.

Tras permanecer dos años en Fez, el Fr.´. Christian Rosenkreutz partió para España llevando numerosos objetos preciosos en su equipaje. Puesto que su viaje le había sido tan provechoso, alimentaba la esperanza de que los hombres de ciencia de Europa le acogerían con una profunda alegría y, a partir de ahora, cimentarían todos sus estudios sobre tan seguras bases.

Discutió también con los sabios de España sobre las imperfecciones de nuestras artes, sobre los remedios que había que poner a ello, sobre las fuentes de las que se podían sacar signos seguros concernientes a los tiempos venideros y sobre su necesaria concomitancia con los pasados, sobre los caminos a seguir para corregir las imperfecciones de la Iglesia y de toda la filosofía moral.

Les enseñó plantas nuevas y frutos y animales nuevos que la antigua filosofía no determina. Puso a su disposición una axiomática nueva que permite resolver todos los problemas. Pero todo lo encontraron ridículo. Como se trataba de asuntos desconocidos temieron que su gran reputación quedara comprometida así como verse obligados a volver a comenzar sus estudios y a confesar sus inveterados errores a los que estaban acostumbrados y de los que sacaban beneficios suficientes; que reformaran otros a quienes las inquietudes fueran provechosas.

Era la misma letanía que otras naciones entonaron. Su desengaño fue grande porque no esperaba en absoluto una acogida semejante y porque entonces estaba dispuesto a transmitir con mansedumbre todas sus artes a los hombres de ciencia, por poco que estos se esforzaran en encontrar una axiomática precisa e infalible estudiando las diversas enseñanzas científicas y artísticas y la naturaleza entera.

Dicha axiomática debía orientarse por su centro Unico al igual que una esfera y, como era costumbre entre los árabes, sólo los sabios deberían servirse de ella como regla. Así pues era preciso fundar en Europa una sociedad que poseyese bastante oro y piedras preciosas para prestarlas a los reyes y que también se encargara de la educación de los príncipes que conociera todo lo que Dios ha permitido saber a los hombres para que, en caso de necesidad, estos pudieran dirigirse a ella, como los paganos a sus ídolos.

Debemos confesar en verdad que el mundo, embarazado ya en la época con una gran perturbación, sentía los dolores del parto: engendraba héroes gloriosos e infatigables que rompían violentamente las tinieblas y la barbarie, mientras que nosotros, débiles como éramos, no podíamos sino parodiarlos. Estaban en el vértice del triángulo de fuego cuyas llamas aumentaban su resplandor incesantemente y que sin ninguna duda provocará el último incendio que consumirá al mundo. Ésta fue entonces la vocación de Paracelso que aunque no se adhirió a nuestra fraternidad, fue un lector asiduo del Libro M, en el que supo iluminar y aguzar su ingenio. Sin embargo también fue obstaculizado por la barahúnda tumultuosa de los hombres de ciencia y de los necios; nunca pudo exponer en paz sus meditaciones sobre la naturaleza, hasta el punto que consagró más espacio de sus obras a denigrar a los insolentes y desvergonzados que a manifestarse enteramente. Sin embargo encontramos en él, en profundidad, la armonía de la que hemos hablado y que sin duda alguna habría comunicado a los hombres de ciencia, por poco que los hubiera encontrado dignos de un arte superior al de las vejaciones sutiles. Abandonando el mundo a la locura de sus placeres, se olvidó a sí mismo en una vida de libertad y de indiferencia.

Sin embargo, volvamos al Fr. Christian Rosenkreutz, nuestro padre bienamado: tras realizar numerosos y difíciles viajes impartiendo diligentes enseñanzas, frecuentemente con malos resultados, volvió a Alemania.

Amaba particularmente a Alemania cuya transformación era inminente y que debería transformarse en campo de batalla de una lucha prodigiosa y comprometida. En este país, su arte y particularmente el conocimiento que tenia de las transmutaciones metálicas, hubieran podido proporcionarle una gran gloria.

Pero estimó que el cielo, y su ciudadano el hombre, eran allí de un interés altamente superior a cualquier pompa.

Se construyó una amplia y confortable morada en la que meditó sobre sus viajes y sobre la filosofía, con el fin de componer un memorial preciso.

Se dice que una buena parte del tiempo que permaneció allí lo ocupó en las matemáticas y que fabricó una gran cantidad de hermosos instrumentos aplicados a los diferentes aspectos de dicho arte: la mayor parte de ellos se han perdido y hablaremos mas adelante de los pocos que nos quedan.

Al cabo de cinco años volvió a pensar en la tan deseada reforma. Como era de espíritu constante, resuelto e inagotable, y como carecía de toda clase de ayuda, decidió intentarla por sí mismo en compañía de un pequeño grupo de adjuntos y colaboradores.

Con este fin invitó a tres de sus hermanos del primer convento por los que alimentaba una estima particular: Fr. G.´. V.´.., Fr.´. I.´. A.´.., y Fr.´. I.´. O.´.. los cuales habían adquirido además una experiencia en las artes superior a la normal en la época.

Hizo que los tres contrajeran respecto a él un compromiso supremo de fidelidad, diligencia y silencio, y les pidió que anotaran por escrito, con el mayor cuidado, todas las instrucciones que les transmitiera para que los miembros futuros, cuya admisión debería efectuarse posteriormente gracias a una revelación particular, no fueran engañados absolutamente en nada. Así pues, estas cuatro personas fundaron el primer núcleo de la fraternidad de la Rosa-Cruz. Las palabras pronunciadas, dotadas de un amplio vocabulario, sirvieron para componer la lengua y la escritura mágicas que continuamos manejando para gloria y honor de Dios, y en las que bebemos una sabiduría profunda. Igualmente ellos compusieron la primera parte del Libro M.

Sin embargo estaban abrumados de trabajo y muy angustiados ante el increíble aflujo de enfermos por lo que, una vez terminada su nueva morada que posteriormente se llamó del Espíritu Santo (Domus Sancti Spiritu), decidieron ampliar su sociedad y hermandad. Escogieron como nuevos miembros al primo hermano del Fr.´. Christian Rosenkreutz, a un pintor de talento, Fr. B.´., y a G.´. C.´. y P.´. D.´. como secretarios, todos de nacionalidad alemana salvo I.´. A.´., en total ocho miembros solteros con voto de virginidad.

Debían componer un volumen en el que se registraran todos los anhelos, deseos y esperanzas que los hombres pudieran alimentar. Sin que pongamos en duda los notables progresos que el mundo ha realizado durante un siglo, estamos convencidos de la inmutabilidad de nuestra axiomática hasta el juicio final. El mundo no verá nada más, incluso en su edad última y suprema porque nuestros ciclos comienzan con el Fiat divino y se acaban con el Pereat, aunque el reloj divino registre cada minuto y pese a que nosotros tengamos dificultades para marcar las horas. Igualmente tenemos la firme convicción de que si nuestros padres y hermanos bienamados hubieran podido aprovechar la viva luz que hoy nos baña, les hubiera sido más fácil vapulear al Papa, a Mahoma, a los escribas, a los artistas y a los sofistas, en vez de recurrir a los suspiros y a los deseos fúnebres para manifestar las fuentes de su ingenio. Cuando nuestros ocho hermanos dispusieron todo de manera tal que no tuvieron mas trabajos especiales, y cuando cada uno compuso un tratado completo sobre la filosofía revelada y sobre la filosofía secreta, decidieron no seguir juntos durante más tiempo. Así pues y como habían convenido al principio, se dispersaron por todo el país, no sólo para que los hombres de ciencia pudieran someter su axiomática a un estudio secreto más profundo, sino también para que pudieran informarles sobre si tales o cuales observaciones habían originado errores en uno u otro lugar.

Sus signos de reconocimiento eran los siguientes:

1. Prohibición de ejercer profesión alguna excepto la curación de enfermos a titulo benévolo;

2. Prohibición de obligar a llevar hábitos especiales reservados a la hermandad: Por el contrario, deberían adaptarse a las costumbres locales;

3. Obligación para cada hermano de presentarse el día C. en la morada del Espíritu Santo, o de explicar los motivos de su ausencia;

4. Obligación para cada hermano de buscar una persona de valía que pudiera sucederle en caso necesario;

5. Las letras R. C. deberían servirles de sello, sigla y emblema;

6. Durante un siglo la hermandad tenia que permanecer secreta.

Juraron fidelidad mutua a los seis artículos y cinco hermanos se pusieron en camino, quedandose junto a Fr. Christian Rosenkreutz solamente B.´. y D.´.

Cuando al cabo de un año estos también partieron, vinieron junto a él su primo I.´. O.´., de manera que durante toda su vida estuvo asistido por dos personas.

Y por mancillada que aún estuviera la Iglesia, sabemos sin embargo lo que pensaba al respecto así como el objeto de sus esperanzas y anhelos.

Cada año se volvían a encontrar con alegría y relataban exhaustivamente sus tareas: sin duda momentos llenos de encanto los de escuchar el relato verídico y sin artificio de todas las maravillas que Dios no ha dejado de derramar por el mundo.

Tengamos por seguro que el encuentro de estas personas, escogidas entre los espíritus más sutiles de cada siglo, es obra de la máquina celeste en su conjunto, y de que vivieron entre ellos y en medio de la sociedad en la más perfecta concordia, en una discreción total y lo más caritativamente posible.

Sus vidas transcurrieron en estas actividades encomiables y, aunque sus cuerpos estuvieran exentos de todo dolor y enfermedad, sus almas no pudieron rebasar el límite predeterminado de la desagregación. El primer miembro de la comunidad que murió fue I.´. O.´., en Inglaterra, como le había predicho desde hacía varios años Fr.´. Christian Rosenkreutz. Era de una erudición particularmente profunda y muy versado en la cábala como atestigua su Libro H. Su fama en Inglaterra era grande, sobre todo porque curó la lepra a un joven conde de Norfolk.

Aunque cada puesto fue ocupado por un sucesor de valía, los hermanos habían decidido ocultar el emplazamiento de su sepultura, lo que explica que aun hoy ignoremos donde están enterrados algunos. Actitud con la que, en honor de Dios, queremos testimoniar públicamente que, aunque podamos imaginarnos la forma y constitución del mundo entero, ignoramos sin embargo –y ésta es también la enseñanza secreta del Libro M., dónde la hemos bebido– tanto el infortunio que nos amenaza como la hora de nuestra muerte.

Dios en su grandeza se los ha reservado para que estemos constantemente preparados, cuestión que trataremos más explícitamente en nuestra Confessio. En ella enunciaremos también los 37 motivos por los que revelamos ahora nuestra fraternidad ofreciendo libre, espontánea y graciosamente, misterios tan profundos y la promesa de más oro que el que suministran las dos Indias al rey de España; pues Europa está preñada y va a parir un robusto retoño al que sus padrinos cubrirán de oro.

Tras la muerte de Fr. O.´. , el Fr. R.´. C.´. no interrumpió su actividad: tan pronto como pudo convocó a los demás miembros y nos parece probable que su tumba fuera construida en su época. Aunque los más jóvenes ignorábamos por completo hasta entonces la fecha de la muerte de nuestro padre bienamado R.´. C.´. y sólo supiéramos los nombres de los fundadores y de todos los que les sucedieron hasta nosotros, guardábamos sin embargo en la memoria un misterio que nos confió A.´., sucesor de D.´. y último representante de la segunda generación que vivió con muchos de nosotros, en enigmáticos discursos sobre los 100 años.

Confesamos también que tras la muerte de A.´., nadie obtuvo la menor información sobre el Fr. R.´. C.´. y sus primeros hermanos salvo lo que sobre ellos se encuentra en nuestra Biblioteca Filosófica, entre otras obras en la “Axiomática” para nosotros capital, en los “Ciclos del Mundo”, la obra de mayor sabiduría y en “Proteo” la más útil.

Así que no sabemos con certeza si los representantes de la segunda generación poseyeron la misma sabiduría que los de la primera, y si tuvieron acceso a todos los misterios. Pero recordemos al lector generoso que ha sido Dios quien ha preparado, aprobado y ordenado lo que hemos aprendido aquí mismo sobre la sepultura de Fr. Christian Rosenkreutz y que ahora proclamamos públicamente. Le seguimos tan fielmente que en manera alguna tememos revelar en una obra impresa todo lo que se desea saber de nosotros, nuestros nombres de pila, nuestros seudónimos, nuestras asambleas, a condición de que como contrapartida se nos aborde circunspectamente y que las respuestas sean cristianas.

He aquí pues la relación verídica y completa del descubrimiento del muy iluminado hombre de Dios Fr.´. Christian Rosenkreutz. Después de la bienaventurada muerte de A.´. en la Galia narbonense, le sucedió nuestro hermano bienamado N.´. N.´. Cuando se nos presentó para prestar el solemne juramento de fidelidad y silencio, relató confidencialmente que A.´. había asegurado lo que sigue: la fraternidad no seguiría siendo secreta: dentro de poco serviría necesaria y gloriosamente en nuestra patria común, la nación alemana. En su posición, la noticia no le confundió. Como era un buen arquitecto, cuando al año siguiente terminó sus tareas y se le presentó la ocasión de iniciar un viaje, abastecido con un viático respetable y con la bolsa de un favorito de la Fortuna, pensó en restaurar y modernizar la morada. Mientras realizaba este trabajo se interesó por unas placas de cobre amarillo donde estaban grabados los nombres de todos los miembros de la fraternidad y otras inscripciones diversas. Quiso trasladarlas bajo otra cúpula más amplia puesto que los Antiguos habían mantenido secreto tanto el lugar y la fecha de la muerte de Fr. Christian Rosenkreutz como, posteriormente, su sepultura, razón por la cual no sabíamos nada de ella. Ahora bien, dicha placa contenía un enorme clavo, más grande que los otros. Cuando lo arrancaron tirando con fuerza, arrastró una piedra tallada primorosamente que se desprendió del delgado revestimiento, mostrando una puerta que nadie había sospechado. Con alegría y ansiedad quitamos lo que quedaba del yeso y a continuación limpiamos la puerta en cuyo dintel aparecieron los siguientes caracteres de gran formato:

POST CXX ANNOS PATEBO
(Me abriré dentro de 120 años),
debajo la fecha en cifras.

Dimos gracias a Dios e interrumpimos nuestro trabajo pues deseábamos consultar primero nuestra obra sobre los Cielos (Por tercera vez remitimos a nuestra Confessio pues estas revelaciones beneficiarán a los que son dignos de ellas y, si Dios lo quiere, servirán de poco a los que no lo son. En efecto, de la misma manera que nuestra puerta se ha abierto de forma maravillosa al cabo de tantos años, también deberá abrirse otra puerta en Europa cuando se descombre el revestimiento: muchos son los que la esperan con impaciencia).

Por la mañana abrimos la puerta y apareció una sala abovedada en forma de heptaedro. Cada lado tenía siete pies de largo y su altura era de ocho pies. Aunque los rayos del sol nunca llegasen a ella, estaba iluminada por otro sol –copiado sobre el modelo del primero– que se encontraba en todo lo alto, en el centro del techo. Como sepulcro habían levantado en medio de la sala un altar en forma circular, con una placa de cobre amarillo que tenía este texto:

A. C.´. R.´. C.´.

HOC UNIVERSI COMPENDIUM VIVUS MIHI SEPULCHRUM FECI.
(Estando en vida me di por sepulcro esta quintaesencia del universo)

El primer círculo que servía de orla llevaba en su contorno:

IESUS MIHI OMNIA.
(Jesús es mi todo)

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TEMPLARIOS Y MASONES

Posted by cosmoxenus en 24 abril 2005

LOS FRANCMASONES DE LAS OBEDIENCIAS PRINCIPALES REMONTAN SUS ORÍGENES HASTA LAS ANTIGUAS ÓRDENES DE CABALLERÍA MEDIEVALES Y, SOBRE TODO, A LA ORDEN DEL TEMPLE. ¿PERO SE BASA DICHA ARGUMENTACIÓN EN UNA BASE REAL O SE TRATA DE UNA PRETENSIÓN SIN FUNDAMENTO? TRATAREMOS DE INVESTIGAR UN POCO EN ESTE ASUNTO.

1.- Los “hermanos” constructores

Las órdenes monásticas y militares, entre ellos los Templarios, necesitaban imperiosamente construir edificios militares, civiles y religiosos para llevar a cabo con éxito su expansión en Europa o Tierra Santa. La mayoría de las veces debían recurrir a mano de obra ajena a la propia orden, contratando a gremios de obreros, “masones”, especialistas en los variados artes de la construcción. La masonería nace pues como una organización de oficio que cultiva el Arte. No se trataba por lo tanto de simples operarios, sino que dichas sociedades estaban formadas por miembros que practicaban ritos simbólicos e iniciáticos, y se estructuraban jerárquicamente en logias. Es lo que conocemos como masonería operativa.

A partir de los siglos XVI y XVII comenzaron a ser admitidos miembros que no tenían relación con los oficios de la construcción, denominados “aceptados”, cuyo número fue aumentando paulatinamente hasta llegar a ser mayoría en el siglo XVIII. En 1717 se reunieron cuatro logias inglesas, originando la Gran Logia de Londres, que dio lugar a la masonería actual, llamada especulativa.

Lo cierto es que la masonería operativa había sido siempre una sociedad secreta que había asimilado desde sus principios simbología de diversos orígenes, incluyendo ritos de carácter pagano y gnóstico, pero mantenía una postura marcadamente cristiana a lo largo de la época medieval. Sin embargo, a través de los miembros “aceptados”, la nueva masonería especulativa se orientó a actividades filosóficas y políticas, dejando en parte de lado el oficio de la construcción. Esto significó que aunque la nueva masonería adoptara las tradiciones de la antecedente, se produjo una profunda descristianización de la organización, llegando incluso a prescindir de la creencia en Dios, aspecto que había resultado clave en las logias operativistas.

2.- El templarismo masónico

Es esta masonería filosófica o especulativa la que, para explicar sus orígenes, defiende celosamente su tradición templaria. La tradición interna de la Orden Masónica afirma que Jacobo de Molay, el último maestre de los Templarios, hizo crear poco antes de ser quemado en la hoguera cuatro grandes logias masónicas. Estos mismos rituales remontan a Salomón, el monarca israelita, los orígenes del Arte que ellos practican, pero afirman que este llegó a occidente a través de los Caballeros del Templo de Salomón. Es decir, defienden que la masonería se había configurado en Tierra Santa por obra de las órdenes militares, especialmente la del Temple, y que, como hemos visto, fueron estas fraternidades de constructores llegadas a occidente las que habrían originado la francmasonería moderna. Con ellos habrían traído el arte gótico, del que nos ocupábamos en un primer capítulo, y cuya propagación el Temple financió.

La tradición templaria habría anidado entonces en las primeras logias masónicas escocesas, que se habrían creado para aprovechar la experiencia de los Templarios tras la caída de la Orden, incorporando además los ritos y la simbología del Temple. Es Escocia, la evidencia nos muestra que los símbolos templarios grabados en piedra conviven estrechamente con los masónicos. Y ciertamente, esta región es el lugar más idóneo para una posible supervivencia templaria. En Escocia, que a principios del siglo XIV se hallaba en guerra con Inglaterra, las bulas pontificias de supresión de la Orden nunca fueron promulgadas, por lo que la orden templaria de ese país nunca quedó oficialmente disuelta. Parecen existir pruebas de que el Temple escocés se mantuvo como un cuerpo coherente durante cuatro siglos más. Incluso se dice que un nutrido contingente de templarios luchó a las órdenes de Robert Bruce en la batalla de Bannockburn, en 1314. Precisamente es al rey Robert Bruce a quien citan los francmasones como fundador de las primeras logias escocesas.

Es bien posible que las tradiciones templarias se perpetuaran en esta región. No parece casualidad que la fundación de la masonería especulativa en Inglaterra se deba a la dinastía escocesa de los Estuardo.

Actualmente, es la Gran Logia de Inglaterra la que sustenta los más importantes grados masónicos, que hallan asimismo presentes en las demás obediencias. Estos grados, que son las divisiones en que se jerarquiza la masonería, se clasifican a su vez en varias clases. Es en estos ritos donde encontramos un templarismo vigente en los grados masónicos, ya que entre el grado 15 y el 30 se muestran innumerables rasgos relacionados con los Caballeros Templarios y el Templo de Salomón.

Así por ejemplo tenemos que los grados dieciséis y diecisiete se denominan respectivamente “Caballero de Jerusalén” y “Caballero de Oriente y Occidente”; el 27 es el grado del “Gran Comendador del Templo”, que resalta la potestad suprema del Maestre sobre la orden templaria; y el grado 30, titulado “Caballero Kadosch” se refiere a la venganza del Temple hacia la corona francesa y el papado, responsables de la desaparición de la Orden.

Pero no terminan ahí las coincidencias. Dentro de esta Gran Logia inglesa encontramos lo que pretende ser un vínculo directo con los monjes-guerreros medievales: una Orden de Caballeros Templarios. Para ingresar en esta Orden masónica del Temple se hace requisito necesario poseer el título de Maestro Masón del Tercer Grado. Esta orden representaría la prueba definitiva de la supervivencia de los Templarios bajo el manto oculto de la masonería. Pero como casi todo lo que rodea al Temple, es algo que todavía está por demostrarse de manera definitiva.

De todas formas, y para hacerse una idea de la importancia que tiene la masonería a nivel mundial, se nos antoja necesario citar que la Gran Logia de Inglaterra más las diversas obediencias vinculadas a ella, congregan hoy en día a unos veinte millones de personas de toda clase social. Solamente a mediados de siglo pasado, en la década de los años 50, cerca de cuatrocientos mil eran miembros de la Orden masónica de Caballeros Templarios. Si tenemos en cuenta que en la Francia del siglo XIII, en la época de mayor auge de la orden templaria, esta podía estar formada por aproximadamente cuarenta o cincuenta mil hombres, no podemos dejar de preguntarnos… ¿realmente desapareció la Orden del Temple?

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Un sacerdote catalán fue el «ideólogo» del Archivo de Salamanca, según Preston

Posted by cosmoxenus en 24 abril 2005

Joan Tusquets recopiló documentos sobre los masones y llegó a ser confesor de Carmen Polo

Ayer se inauguró en Barcelona un ciclo de conferencias sobre la aproximación anglosajona a la historiografía del siglo XX, con la participación de los historiadores Casilda Güell y Paul Preston. Este último adelantó uno de los capítulos sobre su esperado nuevo libro que tratará sobre los verdugos y las víctimas de la represión franquista, concretamente la «contribución catalana a la difusión del contubernio judeo-masónico-bolchevique» a partir de la figura de un sacerdote llamado Joan Tusquets. Se trata del hombre que puso las bases de lo que hoy se conoce como Archivo de Salamanca.

Víctor Fernández

Barcelona- Joan Tusquets era, en los años de la II República, un joven sacerdote catalán, hijo de un amigo del político Francesc Cambó, quien se interesó por la masonería y renegó del franquismo. Tío de Óscar y Esther Tusquets y fundador de la editorial Lumen, a Tusquets se le debe, según explicó ayer Paul Preston a este diario, la creación del mito del contubernio judeo-masónico-bolchevique, «una de las excusas de la derecha para justificar el odio y la represión contra la izquierda». Según el hispanista, Tusquets comenzó en los años veinte «a estudiar sectas como el teosofismo, interesándose pronto por las sociedades secretas, entre ellas la masonería».

Poco tiempo después, en 1932, el religioso publicó un libro que, como señaló Preston, «fue un “best-seller” de aquella época». Se trata de «Orígenes de la revolución española», donde Tusquets establece las bases de que el Estado formado tras la caída de Alfonso XIII estaba dominado por «judíos, masones y republicanos de izquierda», teorías muy bien acogidas por los sublevados de julio de 1936.

Un cura espía. Preston explicó que Tusquets no dudaba en espiar a las logias masónicas para conseguir la información para sus libros. De esta manera inicia la construcción de un fichero en el que se exponían los nombres de los masones españoles. Se trata de una labor que fue creciendo gracias a las requisas documentales del ejército de Franco durante la Guerra Civil, llegando a construir una base de datos que pasaría de 5.000 a 30.000 fichas, base de lo que hoy es el Archivo de Salamanca, donde se guarda el trabajo de Tusquets. «En sus libros, el religioso catalán acusaba a determinados políticos de ser masones, aunque eso no quiere decir que sus afirmaciones fueran acertadas», dijo Preston, quien expuso cómo Tusquets se equivocó con dos nombres, Niceto Alcalá-Zamora y Francesc Macià, «políticos que siempre se consideraron muy católicos».

Entre las equivocadas denuncias del «archivero», destaca la que recayó en la que fuera diputada socialista Margarita Nelken. «Ella aparece en el fichero de Tusquets, denunciada por judía y por estar en la masonería, cuando existían pocas mujeres que pertenecieran a alguna logia», comentó Preston, recordando que «cuando Nelken se exilia en Francia y en México, en España la procesan en ausencia gracias a la labor de Tusquets». Preston cree que «si la represión se basaba en ese fichero, difícilmente se tiene que descartar su influencia en los juicios contra la izquierda».

Joan Tusquets escapó de España al iniciarse la guerra tras ser amenazado por la FAI. Después de llegar a la Italia de Mussolini, volvió a su país para trabajar primero junto al general Mola y después al lado del general Franco en Burgos. Tusquets llegó a convertirse en confesor de Carmen Polo, labor que alternó con la construcción del fichero antimasón. Según Preston, «cuando acaba la guerra, Franco le ofrece puestos importantes, pero él decide retirarse. Creo que cuando regresó a Cataluña se horrorizó con la represión, por lo que se retiró a su labor religiosa».

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