El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

SARCÓFAGO

Posted by cosmoxenus en 15 abril 2005

Es una palabra griega con la que se designa al que se alimenta de carne; sarkoV (sarkós) significa carne, y jagw (fágo) significa “yo como”; y en efecto, llamaban así los griegos a las personas o animales que se alimentan de carne, es decir a los carnívoros (en efecto, sarcofágos y carnívoro son equivalentes elemento por elemento). El hecho de que se denominase “sarcófagos” a los ataúdes de piedra, me pareció siempre un tanto truculento. Costaba creer la explicación que arranca en Eratóstenes (270 a. J.C.) y recoge Plinio el Viejo, según la cual este nombre se debía a que al principio los sarcófagos se construyeron con una piedra calcárea extremadamente porosa procedente de las canteras de Assos, en la Tróade, que consumía en poco tiempo los cadáveres que se encerraban en ataúdes hechos de esta piedra. Como intento de explicación no está mal, pero no es convincente. Más bien hay que considerar que este extraño nombre para el ataúd de piedra es una huella de la transición de la antropofagia (una de cuyas formas fue la necrofagia), a los enterramientos.

Durante una larguísima etapa de nuestra evolución (y es razonable pensar que fue la fundacional de la especie homo), la carne humana era para ser comida por humanos. Y por si no fuera suficiente, era considerada el manjar más exquisito y por consiguiente el más distinguido; de manera que cuando fueron apareciendo otros alimentos capaces de sustituirla (el pan entre ellos), fue quedando la carne humana como alimento sólo para grandes celebraciones, luego sólo para los grandes dignatarios y finalmente sólo para los dioses. Mientras seguía teniendo la carne humana la condición de alimento, alguien se la tenía que comer. De ahí que es posible que los primeros enterramientos debieron continuar siendo ritos antropofágicos en los que eran los dioses de las profundidades de la tierra los destinatarios del más exquisito de los alimentos. Y sería razonable pensar que el nombre de sarcófago, antropofágico total, formase parte de ritos antropofágicos. Esta interpretación concuerda con los mitos y con creencias populares muy antiguas según las cuales ciertas divinidades infernales (de lo más infra de la tierra) se nutrían de los cadáveres que se les ofrecían depositándolos tierra adentro. Y así tenemos en la mitología griega a Hécate, especie de Madre universal, de la que se dice que “tiene su comida en las tumbas” a la que se aplica por ello el apelativo de sarcofágica. Este apelativo debió pasar luego como sustantivo a la propia sepultura. Teniendo en cuenta que antes de los sarcófagos se hacían los enterramientos directamente en la tierra, no es descabellado pensar que apareciesen éstos como un elemento ritual, el primero de los que constituirían la totalidad del complejo mundo de los muertos.

Miremos por donde miremos, todo nos habla de nuestra antigua antropofagia. Pero al ser ésta uno de los pocos tabús que siguen en pie, se prefiere considerarla una desviación que afecta a algunas ramas torcidas y no como la raíz que sostiene bien robusto el tronco y bien frondosas las ramas del árbol de la humanidad.

Mariano Arnal

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