El Amarna

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Con el cónclave, vuelven las profecías de San Malaquías

Posted by cosmoxenus en 9 abril 2005

Por Jaime Castillo

Roma,(EFE).- Siempre que se va a elegir a un nuevo Papa salen a relucir las famosas profecías atribuidas a San Malaquías, según las cuales el sucesor de Juan Pablo II será el penúltimo Pontífice antes de la llegada de “Pedro Romano” y el fin del mundo.

Las profecías de San Malaquías, obispo y santo irlandés nacido en Amagh en 1094, se publicaron por primera vez en 1595 y están compuestas por 112 divisas correspondientes a otros tantos papas, a partir de Celestino II, elegido Pontífice en 1130.

Sin fecha para efectuar el Cónclave y así elegir Papa
El lema del Papa que saldrá del cónclave que comienza el próximo día 18 es “Gloria Olivae” (La gloria del olivo), interpretado antes de conocer su identidad como tiempo de paz o estirpe mediterránea.

La divisa atribuida al fallecido Papa Wojtyla es “De labore solis” (Del trabajo del sol), leída como el Papa que viene del este, del sol que surge, o como el Papa capaz de un gran y prolongado trabajo.

A Juan Pablo I, muerto en 1978 tras un mes de pontificado, le corresponde la leyenda “De medietate Lunae (De la media Luna), que enlaza con su nombre (Abino Luciani -luz blanca-) o con la diócesis en la que nació (Belluno), además de haberse constatado que eventos importantes de su vida ocurrieron en noches de media luna.

En el caso de su antecesor, Pablo VI (1963-1978), la profecía atribuida a San Malaquías encaja de forma directa: la traducción de la alocución latina “Flos florum” es “flor de las flores” o flor de lis, que es la que figura en el escudo del Papa Montini.

También es bastante directa la acepción que se aplica al Papa número 107 de la lista, Juan XXIII (1958-1963), “Pastor y nauta” (pastor y navegante), ya que fue cardenal de la ciudad de los canales, Venecia, y llevó a la Iglesia al Concilio Vaticano II.

En otros casos la relación de los papas con sus lemas sólo es posible mediante explicaciones bastante complejas, de la misma forma que hay divisas que se podrían aplicar a Pontífices diversos, dada la amplitud de lecturas que permiten o su ambigüedad.

Sobre las profecías de San Malaquías siguen existiendo a día de hoy varios debates abiertos, más allá del que hace hincapié en su arbitrariedad, pero por encima de ellos se mantienen vivas, debido al hecho de que todavía no han llegado al escatológico final.

La principal controversia gira en torno a su autoría, ya que no existen pruebas documentales de que las escribiera el obispo de Armagh, a quien se las atribuye el monje benedictino francés Arnold de Wyon en su libro de 1595 “Lignum vitae” (El árbol de la vida), sobre los miembros de su orden con dignidad episcopal.

Al referirse a San Malaquías, el monje De Wyon señala que escribió algunos opúsculos, de los que él sólo llegó a ver unas profecías sobre los papas, que son breves y no que habían sido hasta entonces impresas, por lo que anuncia que pasa copiarlas.

Los 74 primeros Pontífices, hasta su contemporáneo Urbano VI (1590), iban seguidos de un breve comentario firmado por el dominico español Alphonsus Ciacconius, al que posteriormente muchos atribuyeron las divisas de las predicciones.

Se dice que Ciacconius podría haber hecho este trabajo con la finalidad de que a la muerte de Urbano VII eligieran Papa a su amigo el cardenal Simoncelli, obispo de la localidad italiana de Orvieto, ya que el lema siguiente reproducía en latín el topónimo de esta ciudad: “De antiquitate urbis” (De la ciudad antigua).

El cardenal Simoncelli, sin embargo, no resultó elegido, sino que lo fue el purpurado Niccolo Sfondratti, que gobernó con el nombre de Gregorio XIV.

Sea como fuere, las profecías atribuidas a San Malaquías pudieron ser falsificadas hasta la fecha de su publicación, pero no en adelante, de ahí que en los siglos sucesivos se difundieran por toda Europa y fueran investigadas por muchos eruditos, buena parte de los cuales creyeron en su autenticidad.

Tras el Papa que sucederá a Juan Pablo II las predicciones del santo irlandés canonizado en 1199 por Clemente III y amigo de San Bernardo -que nunca nombra sus profecías- viene el último Pontífice: Petrus Romanus.

El monje benedictino Arnold de Wyon cierra así su transcripción: “En la persecución final de la Santa Iglesia Romana reinará Petrus Romanus, quien alimentará a su grey en medio de muchas tribulaciones. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida y el temido juez juzgará a su pueblo”.

EFE

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