El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 4/04/05

Inquietudes sobre la masonería

Posted by cosmoxenus en 4 abril 2005

“La masonería acepta en sus templos a personas de cualquier credo o religión exigiéndosele la creencia de un ser supremo”

¿Qué es la masonería? Es la más antigua organización fraternal en el mundo, llena de filantropismo, llena de su propio filosofismo, y trata de inculcar a sus adeptos amor a la verdad, el estudio de la moral universal, desarrollando el corazón humano, los sentimientos de caridad y de tolerancia religiosa. Tiende a extinguir los odios de razas, los antagonismos de nacionalidad y predica la “libre expresión del pensamiento en todos los niveles”.

¿Cuáles son los requerimientos para formar parte de ella?Es necesario tener 21 años de edad o más, sin importar la raza, o religión. Demás está decirles que otro de los requerimientos es el tener una buena reputación, y ser un hombre de bien. Creer en un ser supremo, y en la inmortalidad del alma, están también en los requisitos de nuestra institución.

¿Qué hacen los masones? Tratan de ser mejores hombres, y viven basándose en importantes principios morales, entre ellos la honestidad, decencia, cortesía, y a la vez se preocupan por el bien del prójimo. Practican el patriotismo, y se reúnen en Logia para ayudarse mutuamente.

¿Es la masonería una sociedad secreta? Hombres de todas las esferas sociales pertenecen a esta fraternidad, pueden ser notados llevando mandiles, en procesiones fúnebres y actos cívicos. Entre las figuras hispanas que fueron masones se encuentran los hermanos Simón Bolívar, José de San Martín, Benito Juárez, José Martí, y Juan Pablo Duarte, entre otros. No nos debemos olvidar tampoco que trece presidentes de este país han pertenecido a la masonería. Y recordamos también a Beethoven, Mozart y el astronauta John Glenn, entre aquellos que se iniciaron en nuestros linderos.

¿Es la religión y la política parte de la masonería? La masonería acepta en sus templos a personas de cualquier credo o religión.

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¿Cómo se elige al sucesor de Pedro?

Posted by cosmoxenus en 4 abril 2005

Al principio de la Iglesia

La elección papal en los primeros siglos de la Iglesia fue hecha por el clero de Roma, en especial por los obispos. El pueblo se limitaba a aclamarlos. Pero esto causó muchos trastornos, como la elección de antipapas. El primero de ellos, Ursino, fue elegido por el pueblo de Roma y una parte del clero, en el año 396, para oponerlo a San Dámaso, que acababa de ser electo por los obispos. Los partidarios del Papa riñeron con los del antipapa en una Iglesia, y hubo graves incidentes relacionados con esto. El emperador Valentiniano entonces intervino por medio del exarca de Roma, poniéndose de parte del verdadero Papa, afortunadamente, que era San Dámaso. Así comenzó, con laudable propósito inicial, la ingerencia de los emperadores, que luego tendría tan funestos resultados. Los emperadores de Oriente, que reinaban en Bizancio, y los de Occidente, tuvieron a gran honra llamarse protectores de la Iglesia contra infieles, herejes, cismáticos y sediciosos. Pero su protección se transformó en tutela intolerable de la autoridad civil sobre la eclesiástica.

Los Papas jamás lo consintieron, ya que la política de la Iglesia durante veinte siglos ha sido afirmar enérgicamente que lo que es de Dios no puede darse al César. En algunos casos, para evitar mayores males, debieron aceptar la intromisión, pero conservando íntegra la libertad de su magisterio. Y eso les costó luchas terribles. Es curioso que las iglesias cismáticas sí hayan permitido, o incluso se hayan basado en elecciones gubernamentales o políticas, lo que desvirtúa totalmente la integridad doctrinaria.

Las miradas de la Cristiandad vueltas al Cónclave

El cónclave que tiene lugar entonces puede variar mucho en su duración. Hubo el que duró treinta y seis días, como el de Pío VIII, y cincuenta, como el de Gregorio XVI, y más aún, tres meses y medio, como el de Pío VII, y hasta seis meses, como el de Benedicto XIV.

Toda comunicación personal y privada con el exterior estaba prohibida, bajo censuras eclesiásticas tan graves, que solamente el futuro Pontífice puede levantar. Mas era permitido recibir periódicos o comunicaciones impersonales y públicas.

A las ocho de la mañana del día siguiente a la clausura, la campanilla del maestro de ceremonias llama a los cardenales. Ese día el decano celebra su misa y todos los demás comulgan en ella. En los días siguientes cada cual la dice en su habitación o en alguno de los muchos altares dispuestos, y si hay algún cardenal no sacerdote, simplemente diácono y aun laico, como en siglos pasados, se limita a oírla.

Luego se visten la crocea o crocula, que es el traje del Cónclave, mandado por el ceremonial de Gregorio XV, de líneas solemnes y antiquísimas: una clámide o capa pluvial de lana violeta, con larga cola, sin mangas, prendida al pecho; debajo de ella, el roquete de encaje y la muceta. Así marchan al lugar designado en esa oportunidad, donde dos veces por día votarán sus candidatos hasta que uno de ellos resulte elegido.

Cuando se realizaba en la Capilla Sixtina, ¡qué espectáculo sublime sería verlos atravesar silenciosamente la sala real de las siete puertas, que Pablo III mandó construir y decorar para recibir a sus embajadores!

Los frescos murales nos recuerdan escenas grandiosas de la historia de la Iglesia: Pepino y Carlomagno presentando al Papa sus donativos; Pedro de Aragón ofreciendo su reino a Inocencio III; el emperador Enrique IV recibiendo la absolución de Gregorio VII, en Canossa, y Federico Barbarroja reconciliándose con Alejandro III, en la plaza de San Marcos, en Venecia. Más allá, Gregorio XI, el postrer Papa de Aviñón, volviendo a Roma, y en el último fresco, la batalla de Lepanto, en la que España salvó al mundo de la invasión musulmana. ¡Qué pensamientos nobles, qué sentimientos de su inmensa responsabilidad han de haber llenado los corazones y las mentes de aquellos hombres, que fueron actores principales en la estupenda historia de la Iglesia!

A continuación, sus ojos descubrirían esa maravilla erigida por Sixto IV, la Capilla Sixtina, donde al pie del sublime fresco de Miguel Ángel, que representa el Juicio Final, se halla el altar, y en él los dos anchos cálices de plata, donde se depositan los votos.

A derecha e izquierda están las banquetas o sillas de los cardenales, según su antigüedad, debajo de un dosel que se mantiene alzado hasta que se elige al Papa.

Elegido éste, su dosel es el único que no se baja.

Delante de cada banqueta hay una mesilla cubierta con un tapiz verde, si el cardenal ha sido elevado a su dignidad por el Papa difunto, o violeta, si fue promovido al cardenalato por un Papa anterior. Del mismo color son las telas que tapizan las habitaciones de cada uno.

Cerradas las puertas de la Capilla Sixtina, donde sólo quedan los cardenales, después de una oración, uno a uno se aproximan al altar y previo juramento depositan la papeleta de su voto en el cáliz de la derecha. El otro servirá para hacer el escrutinio.

Se necesitaban dos tercios para ser elegido, y nadie podía votarse a sí mismo.

La boleta va firmada, pero plegada en tal forma que los escrutadores sólo pueden leer el nombre del elegido, pero no la firma del votante, que permanecerá secreta.

Sólo en caso de que un candidato hubiera tenido exactamente dos tercios de los votos se buscará su boleta, que se reconocerá porque lleva un lema que él debe denunciar en ese momento, y se abrirá para ver si se ha votado a sí mismo; pues de ser así habrá que proceder a nueva elección.

Practicado el escrutinio, se anuncia el número de votos que han obtenido los candidatos, y si ninguno de ellos alcanza a los dos tercios, se permite una nueva votación inmediata, que se llama “accesión”, por la que tienen la oportunidad de aumentar en ese momento los sufragios y muchas veces dar el triunfo al candidato a quien le faltan pocos votos.

En la elección de accesión nadie puede volver a votar a su propio candidato ni a uno que no haya tenido voto alguno, pero sí puede votar en blanco.

Si del escrutinio de la accesión resulta que nadie tiene los dos tercios, se da por terminada la tarea de esa mañana o de esa tarde, y se queman en la chimenea las boletas con un puñado de paja húmeda, lo que produce la famosa sfumata (humareda), por la que el pueblo reunido afuera se informa de que todavía no hay Papa.

Aunque se reúnen a votar dos veces por día, suele acontecer que se repitan las votaciones centenares de veces, hasta alcanzar los dos tercios indispensables.

Cuando el resultado de la elección recae sobre alguien que no se encuentra en el cónclave, se manda a buscar al elegido, y todo el colegio cardenalicio lo aguarda en la entrada, lo acompaña hasta la sala del escrutinio; cada cardenal ocupa su silla y el designado escucha al cardenal decano que le anuncia su elección: Aceptas la elección que te consagra como Sumo Pontífice? (Acceptasne electionem de te canonice factam in Summum Pontificem?)

Entonces llega el turno del interpelado, que debe dar su consentimiento para validar su nombramiento. En el caso de León III, por ejemplo, la respuesta que dio fue: “Puesto que Dios quiere que asuma el Pontificado, yo no puedo contradecirlo”.

Se oye entonces el ruido de los doseles de todos los cardenales bajarse repentinamente, sin que quede levantado mas que el del elegido, si formó parte del cónclave, o ninguno si no estuvo hasta entonces.

Entonces el decano le pregunta qué nombre va a adoptar. Desde el siglo X, en que Juan XII lo hizo por primera vez, toman los electos un nombre distinto del suyo. Solamente dos Papas en diez siglos lo han conservado: Adriano XI (1522) y Marcelo II (1555). Es conocida la honorable tradición de que ningún Papa quiso llamarse Pedro II, en reverencia al jefe de los Apóstoles.

Entonces el elegido se retira a un vestuario próximo, donde es revestido con el traje de audiencia: sotana blanca, ceñida por un cinturón de seda, roquete de encaje, y muceta o esclavina de terciopelo rojo. Sobre la cabeza, el blanco solideo, y al cuello, una estola bordada de oro.

Así vestido, ocupa el trono colocado junto al altar, del lado del Evangelio, y uno por uno los cardenales se aproximan a besarle la mano y reciben de él un abrazo y el beso de paz.

Entre tanto, uno de los dignatarios del Cónclave, precedido de la cruz pontificia, aparece en el balcón frente a la plaza y deja caer sobre la muchedumbre y sobre el orbe entero aquellas palabras viejísimas y solemnes: “Annuntio vobis gaudium mágnum: habemus Pontificem…”, y pronuncia su nombre y su título en la larga cronología de los Papas.

Por los siglos hasta la eternidad…

Por siglos el demonio ha suscitado los más fieros y atrevidos ataques contra la Iglesia. Ya sea hiriéndola desde fuera o aún suscitando la cooperación desde dentro de la Divina Ciudad, nunca ha podido, ni podrá jamás contra Ella.

Vendrán nuevas persecuciones, aplastando la verdad y violando la justicia, con la complicidad de los poderes de la tierra. Pero detrás de esas futuras persecuciones está siempre el triunfo glorioso de la Iglesia y el Pontífice.

Quienes han sido coronados cien veces con la corona de la victoria lo serán otras cien veces coronados hasta que llegue la consumación de los siglos.

Y hasta esa fecha seguirán los católicos cantando todos los días ante el trono del Romano Pontífice, con seguridad de no errar:

“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella…”

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El Templo Solar como Iniciación

Posted by cosmoxenus en 4 abril 2005

Ariell Chris
Para comenzar a trabajar con la Astrología Iniciática es necesario separar los planos dimensionales. Dentro del mundo de la tercera dimensión o conciencia tridimensional encontramos las Casas Astrológicas cuya cúspide del ascendente corresponde al momento de la encarnación del alma en el cuerpo físico. En la cuarta dimensión o mundo arquetipal encontramos los doce arquetipos primordiales que son los signos zodiacales. Este mundo corresponde a arquetipos del inconsciente colectivo, dimensión en la cual la psicología se ha adentrado. En la quinta dimensión encontramos a los Templos Planetarios, templos en los cuales se viven las iniciaciones o aprendizajes. Estas energías dotan de vida a la cuarta y tercera dimensión, por lo tanto son las energías primordiales del análisis.

Por encima de la quinta se encuentra la sexta dimensión o la conciencia estelar cuyos Templos Sirius -estrella fija ubicada a los 13º de Cáncer- hermana mayor de Surya , nuestro Sol. La estrella Alción -estrella central de la constelación de las Pléyades ubicada a los 29º de Tauro- sistema al cual pertenece nuestro Sol siendo éste su séptima estrella- y la estrella Arturo ubicada a los 23º de Libra -portal a nuestro sistema Solar- . Sólo las almas que han podido trascender las enseñanzas de nuestro sistema solar han podido acceder a la conciencia estelar.

El Sol en nuestra carta nos muestra el propósito de nuestra presente encarnación como el logro, el encuentro o la conquista del Oro Alquímico, el “Lapis Philosophorum” (transmutación fundamental del Plomo -Saturno- en las virtudes sagradas del Oro Solar). Por lo tanto nosotros no somos enteramente nuestro signo Solar como enseña la astrología popular, si no es la aspiración del alma encarnante y el trabajo a realizar forzando al héroe a distintas iniciaciones.

El Sol en el Mandala Espiritual o carta natal representa además al mes del deceso de la vida inmediata anterior como un resumen o cómo sintió su vida en ese momento y qué le faltó realizar, en qué fracasó o en qué sobresalió. Hoy en la vida presente viene a concluir , realizar, consolidar este trabajo.

Tenemos generalmente la visión del destino griego o grecolatino, en el cual las Moiras hacían y deshacían a voluntad empujando al Ser a un destino glorioso o trágico, colocando a la persona en un papel pasivo y ajeno ante el mismo. La visión esotérica del destino nos muestra que el alma en el momento de encarnar tiene una claridad de la vida, pruebas y confrontaciones evolutivas en el momento de su involución a la tierra. Cumplir entonces con el destino es recordar y despertar conciencia y dirigirnos activamente y con aceptación hacia nuestro Sol. En esta estrella habitan las entidades más evolucionadas de nuestro sistema solar. A diferencia de la Luna, (que trataremos en otra oportunidad) donde se encuentran las entidades rezagadas del plan terrestre.

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