El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Poemas SImbolistas

Posted by cosmoxenus en 6 marzo 2005

CHARLES BAUDELAIRE (Selección)


ELEVACIÓN

“Por encima de los estanques, por encima de los valles,
de los montes, de los bosques, de las nubes, de los mares,
más allá del sol, más allá de los éteres,
más allá de los confines de las esferas estrelladas.

Espíritu mío, te mueves con agilidad,
y, como un buen nadador que se deja llevar por las olas,
surcas alegremente la inmensidad profunda
con un gozo indecible y potente.

Vuela bien lejos de estos mórbidos miasmas;
ve a purificarte en el aire superior,
y bebe, como un puro y divino licor,
el fuego claro que llena los espacios limpios.

Por encima de los hastíos y los grandes pesares
que abruman con su peso la nebulosa existencia,
feliz aquél que puede con alas vigorosas
lanzarse hacia los campos luminosos y serenos;

aquél cuyos pensamientos, como las alondras,
emprenden libre vuelo por la mañana hacia los cielos,
!quien se cierne sobre la vida y entiende sin esfuerzo
el lenguaje de las flores y de las cosas mudas!”


CORRESPONDENCIAS

“La Naturaleza es un templo de vivientes pilares
que dejan salir a veces confusas palabras;
el hombre lo recorre a través de bosques de Símbolos
que le observan con miradas familiares.

Igual que largos ecos que a lo lejos se confunden
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche y como la claridad,
los perfumes, los colores y los sonidos se responden…”

EL HOMBRE Y EL MAR

!Hombre libre, siempre querrás al mar!
El mar es tu espejo; contemplas tu alma
en el desarrollo infinito de su oleaje,
y tu espíritu no es un abismo menos amargo.

Te agrada sumergirte en el seno de tu imagen;
lo abrazas con los ojos y los brazos, y tu corazón
se distrae en ocasiones de su propio rumor
al ruido de esta queja indomable y salvaje.

Los dos sois sospechosos y discretos:
Hombre, nadie ha sondeado el fondo de tus abismos,
oh, mar, nadie conoce tus íntimas riquezas,
!tan celosos sois de guardar vuestros secretos!

LA MALA SUERTE

“Para cargar un fardo tan pesado,
!haría falta, Sísifo, tu valor!
Aunque pongamos el corazón en la Obra,
el Arte es largo y el Tiempo es corto.

Mas de una joya duerme sepultada
en las tinieblas y el olvido,
muy lejos de los picos y las sondas;

más de una flor esparce a pesar suyo
su perfume dulce como un secreto
en las soledades profundas”.

EL ALBATROS
(*y también de como el Arte Real es vilipendiado en lo profano)

“A menudo, por divertirse, los hombres de la tripulación
cogen albatros, grandes pájaros de los mares,
que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
al navío que se desliza por los abismos amargos.

Apenas les han colocado en las planchas de cubierta,
estos reyes del cielo torpes y vergonzosos,
dejan lastimosamente sus grandes alas blancas
colgando como remos en sus costados.

!Que torpe y débil es este alado viajero!
Hace poco tan bello, !qué cómico y qué feo!
Uno le provoca dándole con una pipa en el pico,
otro imita, cojeando, al abatido que volaba.

El Poeta es semejante al príncipe de las nubes
que frecuenta la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo en medio de los abucheos,
sus alas de gigante le impiden caminar”.

EL LETEO
(*El Leteo era uno de los ríos del infierno por cuyas riberas
vagaban las almas bebiendo sus aguas para olvidar el pasado, y por
tanto la Verdad, la Nemosine o divino origen. Así que es la perpetua
tentación de los que han despertado y ha recibido la Luz, y el
Destino inexorable de los Durmientes).

“Ven a mi corazón, alma cruel y sorda,
tigre adorado, monstruo de aires indolentes,
ha mucho que quiero sumergir mis dedos temblorosos
en la espesura de tu tupida cabellera;

en tus enaguas llenas de tu perfume
sepultar mi cabeza dolorida,
y respirar, como una flor marchita,
el suave hedor de mi difunto amor.

!Quiero dormir!, !dormir más que vivir!
En un sueño tan dulce como la muerte,
pondré mis besos sin remordimiento
en tu bello cuerpo bruñido como el cobre.

Para hacer desaparecer mis apagados sollozos,
nada me vale tanto como el abismo de tu lecho;
el poderoso olvido habita en tu boca,
y el Leteo fluye en tus besos.

A mi destino, en adelante mi deleite,
obedeceré como un predestinado;
dócil mártir, condenado inocente,
cuyo fervor aviva el suplicio,

libaré, para ahogar mi rencor,
el nepente y la buena cicuta
en los extremos encantadores de estos pechos agudos
que nunca han contenido un corazón”.


LA ANTORCHA VIVIENTE

Van delante de mí esos Ojos llenos de luces,
que un Angel sapientísimo ha imantado sin duda;
van, esos divinos hermanos que son hermanos míos,
sacudiendo en mis ojos sus fuegos diamantinos.

Salvándome de toda trampa y de todo pecado grave,
conducen mis pasos por el camino de lo Bello;
son mis servidores y yo soy su esclavo;
todo mi ser obedece a esa antorcha viviente.

Encantadores Ojos, brilláis con la claridad mística
que tienen los cirios ardiendo, en pleno día; el sol
enrojece, pero no apaga su fantástica llama;
ellos celebran la Muerte, vosotros cantáis el Despertar;
marcháis cantando el despertar de mi alma,
astros cuya llama ningún sol puede deslucir.


EL AMOR Y EL CRANEO

“El Amor está sentado en el cráneo
de la Humanidad
y en este trono el profano,
de risa descarada,

sopla alegremente redondas burbujas
que suben en el aire,
como para unirse a los mundos
al fondo del éter.

El globo luminoso y frágil
toma un gran impulso,
revienta y escupe su tenue alma
como un sueño de oro.

En cada burbuja oigo que el cráneo
ruega y gime:
“¿cuando va a terminar
este juego ridículo y feroz?

Pues lo que tu boca cruel
esparce en el aire,
monstruo asesino, es mi cerebro,
!mi sangre y mi carne!”

UN VIAJE A CITERA
(*Que perjuros y traidores a la Orden sientan idéntico
arrepentimiento y repugnancia, ya que de lo Bello sólo se vieron a
sí mismos).

“Mi corazón, como un pájaro, revoloteaba muy alegre,
y se cernía libremente alrededor de las jarcias;
se balanceaba el navío bajo un cielo sin nubes,
como un ángel embriagado del radiante sol.

¿Cual es esa isla triste y oscura? Es Citera,
nos dicen, un país famoso en las canciones,
Eldorado de banal de todo solterón.
Mirad, después de todo, es una tierra pobre.

!Isla de dulces secretos y de cordiales fiestas!
El soberbio fantasma de la antigua Venus
vuela como un perfume sobre tu mar,
y llena los espíritus de amor y languidez.

Bella isla de verdes mirtos, llena de abiertas flores,
venerada siempre por todos los pueblos,
donde los suspiros de los corazones en adoración
!flotan como el incienso sobre un jardín de rosas

o como el eterno arrullo de una paloma torcaz!
-Citera no era ya más que un terreno pobre,
un desierto turbado por chillones gritos.
!Sin embargo, entreveía un singular objeto!…

He aquí que al pasar tan cerca de la costa
que turbamos a los pájaros con nuestras blancas velas,
vimos que era una horca de tres palos,
negra como un ciprés, lo que se destacaba en el cielo.

Feroces aves posadas sobre su pasto
destruían con rabia a un ahorcado maduro,
hincando cada una, como una herramienta, su impuro pico
en todos los huecos sangrientos de aquella podredumbre;

los ojos eran dos agujeros, y de su vientre abierto
le colgaban los pesados intestinos sobre los muslos,
mientras sus verdugos, saciados de espantosas delicias,
le habían castrado totalmente a fuerza de picotazos.

A los pies, un tropel de envidiosos cuadrúpedos,
con el hocico levantado, daba vueltas al acecho;
en medio se agitaba un animal más grande
como un verdugo rodeado de sus ayudantes.

Habitante de Citera, hijo de un cielo tan azul,
silenciosamente sufrías estos insultos
en expiación de tus cultos infames
y de los pecados que te han vedado la tumba.

!Ridículo ahorcado, tus dolores son los míos!
Ante el especto de tus miembros flotando, sentí,
como un vómito, subir hasta mis dientes
el largo río de hiel de los dolores antiguos;

ante ti, pobre diablo de tan caro recuerdo,
he sentido todos los picos y todas las mandíbulas
de los cuervos punzantes y de las panteras negras
que antaño disfrutaban triturando mi carne.

EL cielo era encantador y el mar estaba en calma;
pero a partir de entonces para mí todo era oscuro y sangrante,
!ay!, tenía mi corazón amortajado
con esta alegoría, como un pesado sudario.

En tu isla, oh Venus, no encontré en pie
más que una horca simbólica de la cual colgaba mi imagen.

!Ah, Señor!, !dame fuerza y coraje
para contemplar sin repugnancia mi corazón y mi cuerpo!.

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