El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

CROMOTERAPIA

Posted by cosmoxenus en 6 marzo 2005

Alfonso Sánchez Hermosilla

La cromoterapia es una técnica de sanación que, aunque nos sorprenda, tampoco es nueva. Tal y como ha ocurrido con todas las que hemos mencionado anteriormente, y también con las que desarrollaremos en un futuro, cuenta con una tradición varias veces milenaria. Aparecen referencias a los efectos terapéuticos del color en tratados de medicina de las civilizaciones egipcia, griega, india y china. Podemos destacar los templos de luz y color de Heliópolis. En todos ellos, se expresa la creencia de que las vibraciones de las ondas cromáticas afectaban de forma directa a todos y cada uno de los órganos de nuestro cuerpo físico.

Por otra parte, también se describe que el color predominante del aura o de los campos energéticos que rodean nuestro organismo reflejan el estado de salud del individuo, e incluso su estado de ánimo, como no podía ser de otra forma, pues ya hemos comentado la relación directa que existe entre la salud física, la salud mental, y las emociones, influyéndose mutuamente por multitud de mecanismos, rápidos unos, desesperantemente lentos otros, pero todos ellos, diseñados para alcanzar ese difícil equilibrio al que parece desear llegar todo lo creado en este plano de realidad.

Incluso los creadores de moda, saben el efecto que producen los colores (y también las texturas de los tejidos) en quienes llevan sus modelos, e incluso en aquellas personas que les rodean. A nadie se le escapa el atractivo de una guapa señorita ataviada con colores rojos.

No fue hasta la década de los sesenta cuando comenzó a usarse en Europa esta técnica terapéutica, aunque desde 1940 se sabía que el color rojo tenía efectos estimulantes, más concretamente, este efecto se debía a una estimulación del componente simpático del sistema nervioso vegetativo, mientras que por el contrario, el color azul actuaba sobre el parasimpático, por lo que producía efectos sedantes, induciendo a la introspección, y a la meditación. De forma intuitiva, esto lo podemos apreciar en la iconografía de prácticamente todas las culturas y civilizaciones a lo largo de la historia, por ejemplo, los Dioses, Santos y Avatares a quienes se les atribuyen cualidades como la energía, la fuerza, la autoridad, son representados ataviados con colores rojos, o en su defecto, sobre un fondo rojo, por el contrario, aquellos a quienes se les atribuye dulzura, paz, serenidad, aparecen ataviados de color azul, o sobre un fondo azul, por ejemplo, las representaciones marianas, sin ir más lejos.

También se ha demostrado que la luz roja incrementa la fuerza muscular en más de un 13 %, esto lo saben de forma intuitiva los atletas y competidores que precisan de su fuerza muscular para desarrollar sus marcas, y vencer en las competiciones, eligiendo ropa de color rojo para sus entrenamientos, e incluso el día de la competición.

Por el contrario, los vegetales que crecen expuestos a luz azul se desarrollan de forma más regular y son más resistentes. Hasta hace relativamente poco, los hospitales de campaña se pintaban de color rojo, para disimular el color de la sangre de los heridos, sin embargo, ese color excitaba a los propios heridos, pero también a los cirujanos y al personal auxiliar, por tal motivo, se uso su color complementario, el verde, por sus efectos sedantes, e incluso el azul, siendo este el preferido en nuestros días.

Los seres humanos, son de los pocos elegidos que pueden percibir a través de sus ojos, todos los colores del espectro que hemos venido a denominar “visible”, y que se encuentran entre la gama del infrarrojo y del ultravioleta. Lo que prácticamente nadie sabe es que recientemente, ha podido demostrarse que todas y cada una de las células y órganos de nuestro cuerpo poseen su propia frecuencia vibratoria, (como menciona el Kybalión, EL UNIVERSO ES VIBRACIÓN), siendo susceptibles de utilizar el espectro cromático para corregir desequilibrios en las vibraciones del organismo y crear de este modo una situación armónica.

Por análogos motivos, podemos decir que todo pensamiento se expresa físicamente en vibraciones, cuyos colores reflejan su calidad y su cualidad, visibles claramente en el aura, lo que nos permite concluir que cada ser humano “colorea” su propio universo, su propia aura, con los colores predominantes de su carácter o de sus reacciones emocionales habituales.

La moderna Psicología Clínica, basándose en los fundamentos de la fisiología de la percepción de los colores, ha elaborado una serie de test de personalidad usados de forma cotidiana durante el Psicodiagnóstico. Uno de los que se utilizan con mayor frecuencia es el Test de las pirámides coloreadas de Pfister, que utiliza diez colores y veinticuatro matices diferentes, lo que permite descubrir las diferentes caras de la dinámica de los afectos, así como la diferenciación emocional a nivel consciente, preconsciente e inconsciente.

Jacob Bronggren, en su libro titulado “CROMOTERAPIA ESOTÉRICA”, nos ofrece algunos ejemplos de la relación que existe entre los sentimientos, los colores que los representan y las enfermedades con las que se relacionan. Estos son:

  • La ira y la cólera, indicadas en el aura por el color rojo oscuro, causan perdida de conocimiento, desvanecimientos.
  • La ambición desenfrenada otorga al aura un color anaranjado, sin brillo, y ocasiona reumatismo.
  • El orgullo, ocasiona en el aura un color anaranjado pardo, ocasionando artritis.
  • La codicia y la envidia, otorgan al aura una tonalidad verde oscura con puntos negros, ocasionando exceso de ácido úrico.
  • La falta de entusiasmo e interés confiere al aura un color gris oscuro, ocasionando depresión y diversas afecciones cutáneas.
  • La falta de ideales se manifiesta con un color rojo violeta sin brillo, ocasionando melancolía, tristeza y problemas respiratorios.

Como vemos, influye no solo el color, sino su calidad, pudiendo resumir que los colores, no importa cual sea este, con tonalidad oscura, apagada o sin brillo, en general se ven ocasionados por sentimientos que como mínimo, no nos hacen felices, y que en su mayoría nos hacen sufrir, o hacen sufrir a otros cuando los desarrollamos.

Como todos sabemos, la luz que percibimos como blanca, en realidad, está constituida por siete colores básico, tal y como demostró Newton jugueteando con un prisma. Cada uno de esos siete colores tiene una determinada longitud de onda que le es propia, lo que le otorga a cada color un carácter propio, incluso podríamos atribuirle un temperamento, en estos momentos en los que a todo se le atribuye cualidades humanas, así, cada color puede ser frío o caliente, seco o húmedo.

Anteriormente hemos hablado del “espectro visible”, es decir, el color lo percibimos a través de los ojos, pero ¿Qué ocurre con los invidentes, o incluso con todos esos seres vivos que son ciegos al color, o al menos a algunos colores? Pues la respuesta es muy simple, la cromoterapia es igualmente eficaz en un ser humano invidente, en un sujeto que presente Daltonismo (trastorno en el que quien lo padece, no es capaz de diferenciar entre los colores rojo y verde), un perro (cuya visión es prácticamente en blanco y negro), o en una abeja (cuya percepción del color es diametralmente diferente, casi opuesta a la nuestra).

Esta infalibilidad se debe a que, evidentemente, los ojos no son el único punto de nuestro organismo sensible al color. Ya hemos comentado anteriormente que cada célula tiene su propia vibración en una determinada longitud de onda, su propio color en definitiva, por lo que otro color que incida sobre ella, ocasionará una interferencia, que se traducirá en cambios en su metabolismo, en su funcionalidad, e incluso en su composición química. Pero no solo eso, ya hemos demostrado que nuestras células son capaces de percibir el color de forma, digamos consciente, (a nivel celular, por supuesto), pero además, usando mecanismos que ahora estamos empezando a comprender, son capaces de trasmitir esa información al cerebro, donde es interpretada y elaborada, aunque no seamos conscientes de ello.

Es lo que podríamos llamar visión extrarretiniana, o mejor aun, percepción corporal total, pues no se limita esta capacidad a percibir los colores, ni en sentido más amplio al sentido de la visión, usando como pantalla receptora todo nuestro organismo.

En la antigüedad, las posibilidades de esta terapia eran reducidas, pues con tintes naturales, solo es posible obtener unos pocos colores, y algunos de ellos, resultaban extremadamente caros, como por ejemplo el índigo, o incluso el púrpura, lo que restringía su uso a las clases dominantes, y repetimos, de forma muy limitada. Aun así en la bibliografía tenemos incontables referencias, como por ejemplo, en medicina tradicional, se aconsejaba rodear a un enfermo de Sarampión con un tejido de color rojo, con la esperanza de que dicho tejido, o por mejor decir, dicho color, absorbiese las manchitas de color púrpura del enfermo. Las posibilidades eran, vestir al paciente con ropas del color adecuado, o cubrir las ventanas con tejidos de ese mismo color, de modo que la luz natural que entrase en esa dependencia, tuviese cualidades terapéuticas. Otra alternativa era rellenar una bolsa textil del color adecuado con dos medidas de algodón y una de sal, que era expuesta a la luz solar una hora antes de ser usada, para a continuación, colocarla sobre el paciente.

Es preferible utilizar los siete colores del espectro en su forma pura, sin mezclar. Estos son:

  • ROJO: es un color primario, es decir, no puede descomponerse en otros colores, como por ejemplo el verde que es una mezcla de amarillo y azul, por tal motivo se le puede considerar puro y calórico. Está relacionado con el primer Chakra. Tiene un efecto estimulante sobre el sistema nervioso y la sangre, resultando útil para tratar la anemia, parálisis, tuberculosis, agotamiento físico y estados de debilidad general del organismo. No debe usarse si aparece fiebre, ni en estado inflamatorios, de ansiedad o de excitación. Puesto que induce la liberación de adrenalina, revitaliza el organismo.
  • AMARILLO: también es un color primario, y por lo tanto puro y calórico. Está relacionado con el tercer Chakra. Junto con el naranja, son estimulantes del sistema nervioso, los trastornos de la digestión, el estreñimiento y los trastornos pélvicos y ginecológicos. Resulta ser un magnífico antidepresivo, activando los nervios con función motriz, fomenta la energía muscular, estimula el flujo de la bilis, y resulta útil en multitud de trastornos cutáneos.
  • AZUL: es el tercero y último color primario, sin embargo, su temperamento es frío. Está relacionado con el sexto Chakra. Junto con el color violeta, resultan sedantes y astringentes, tranquilizantes y suavizantes para el sistema nervioso y cardiovascular, por lo tanto, son útiles en los casos de nerviosismo e inflamación. Pueden ser muy valiosos en trastornos tales como la neuralgia, ciática y alteraciones cerebro-espinales. También tiene efectos antisépticos, hace bajar la fiebre, disminuye la inflamación, y posee efectos antagónicos del color rojo.
  • NARANJA: es una combinación de color rojo y amarillo, también se le considera calórico aunque no es puro. Está relacionado con el segundo Chakra. Resulta útil en gran cantidad de procesos tumorales, también posee efectos estimulantes, fortalece los pulmones, páncreas y bazo, revitaliza las emociones, aporta bienestar y alivia espasmos musculares.
  • VERDE: es un color complementario al rojo, y tampoco se considera puro, al ser una mezcla de amarillo y azul. Su acción se considera neutra, ni fría ni caliente, lo que nos permite utilizarlo cuando pretendemos armonizar al paciente. Está relacionado con el cuarto Chakra. Sus efectos son tranquilizantes y sedantes, tanto de lo que vulgarmente se denominan “nervios”, como de todo el organismo en general, aportando armonía y equilibrio, tonifica el corazón y la sangre, reduce la presión arterial, estimula la hipófisis, y favorece la reconstrucción de todos los tejidos, pero en especial, del tejido muscular.
  • ÍNDIGO: es un color complementario resultante de la mezcla de dos filtros azules y otro rojo. Su temperamento se considera frío. Algunos autores lo relacionan con el quinto Chakra, aunque no existe unanimidad a este respecto, está demostrado que este color induce a la introspección y a la meditación, sobre todo cuando se coloca alrededor de nuestra cabeza, o mejor aún, por encima de ella.
  • VIOLETA: color complementario del amarillo, está formado por la mezcla del rojo y el azul. Su temperamento es frío. Está relacionado con el séptimo Chakra. Posee un sutil efecto sobre los nervios con actividad motriz, inhibiendo su actividad, otro tanto ocurre sobre el sistema cardiocirculatorio y linfático, purifica la sangre, enlentece el desarrollo de las células tumorales, y equilibra la cantidad de sodio y potasio del organismo.

En cuanto al color blanco, que habitualmente interpretamos como sinónimo de pureza, en realidad, expresaría equilibrio, al estar constituido por la suma en proporciones alícuotas de los siete colores básicos que hemos mencionado anteriormente.

La técnica básica, conocida como CROMATOTERAPIA LUMINICA consiste en, una vez diagnosticado el trastorno del paciente, exponerlo a la luz de una lámpara sobre la que hemos colocado un filtro del color adecuado al padecimiento de nuestro paciente, y permitir que dicho color actúe sobre la mayor parte posible de su piel desnuda, expuesta sin cremas, cosméticos, maquillajes, ni filtros solares, durante un tiempo de entre media y una hora, pudiendo repetir las sesiones tantas veces como el terapeuta estime oportuno, a días alternos a ser posible. La intensidad de la luz de dicha lámpara, no debe ser muy elevada, con el fin de evitar dañar al paciente, especialmente, evitando la radiación infrarroja, que calentaría y quemaría la piel del paciente, así como la ultravioleta, que podría ocasionar tumores cutáneos.

En puridad, nada nos impide usar otras alternativas, comentábamos en el artículo anterior que la cristaloterapia depende, no solo de las cualidades químicas del cristal, sino también de su color, y del lugar sobre el que se coloque, pero además, podemos usar ropas del color adecuado, consumir alimentos o bebidas con ese mismo color, pintar las diferentes dependencias de nuestras viviendas, locales públicos, o lugares de trabajo con los colores adecuados, e incluso, si podemos permitírnoslo, vivir en lugares en los que el color dominante sea el que nos resulte beneficioso, por ejemplo mares y lagos para el color azul, bosques, huertas y campiña para el color verde, zonas desérticas para los colores amarillos y anaranjados. Incluso podemos usar acupuntura con haces de luz láser del color elegido.

Otra posibilidad es la CROMATOTERAPIA MOLECULAR, que puede ser utilizada de dos formas, cutánea, mediante pomadas con excipiente oleaginoso que contengan el oligoelemento con el color adecuado, o por vía oral, en forma de gotas o gránulos homeopáticos que contengan el mismo oligoelemento.

Sin embargo, no debemos caer en la tentación de pensar que es una técnica fácil de utilizar, pues aunque sus fundamentos si lo sean, (como en casi todo), su aplicación práctica no lo es tanto. En primer lugar, debemos tener un diagnóstico de certeza de cual es el problema primario que aqueja a nuestro paciente, pues de lo contrario, perderemos un tiempo precioso “tapando agujeros” y tratando síntomas, o problemas secundarios, lo que tan solo nos servirá, en el mejor de los casos, para aliviar al paciente, pero no para curarlo, e incluso, hasta podemos perjudicarlo, como ocurría con el caso que mencionábamos de colocar a pacientes que están padeciendo sarampión, tejidos de color rojo, con lo que indefectiblemente, les subía la fiebre y empeoraba su estado orgánico.

No caigamos en la tentación de jugar a “aprendices de brujo”, como parece estar de moda en los tiempos que nos ha tocado vivir. La cromoterapia, o cromatoterapia, puede contribuir a aliviar trastornos de origen físico, psíquico o ambos a la vez, pero no puede constituirse en sustituto absoluto de otras técnicas más resolutivas.

Nuevamente, y perdón por ser reiterativo, debemos insistir en la necesidad de que el paciente, DESEE CURARSE SINCERAMENTE, pues de lo contrario, ni esta, ni ninguna otra alternativa serán útiles. También, y por motivos evidentes, debe confiar en el terapeuta, así como estar relajado, de lo contrario, el tiempo durante el cual estará expuesto a los rayos coloreados, será una especie de tortura que le ocasionará ansiedad, y no obtendrá beneficio alguno.

Debemos insistir en la importancia de un diagnóstico exacto, tomándonos el tiempo necesario para entrevistar al paciente, explorarlo concienzudamente, conocer sus antecedentes personales, su situación familiar, laboral, económica y social, y conseguir ese clima de empatía necesario, esa confianza mutua que permita sincerarse al paciente, revelándonos, incluso sin pretenderlo la verdadera causa de sus dolencias, lo que nos permitirá ser resolutivos y eficientes.

Con respecto a las compatibilidades, esta técnica puede usarse simultáneamente con la práctica totalidad de medicinas alternativas, e incluso con las reconocidas oficialmente por la medicina occidental.

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