El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

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EL CORAZÓN DEL MUNDO EN LA KÁBALA HEBREA

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2005

René Guénon

Hemos hecho alusión precedentemente (febrero de 1926, p. 220) a la función que en la tradición hebrea, tanto como en todas las otras tradiciones, desempeña el simbolismo del corazón, que, aquí como en las restantes, representa esencialmente el “Centro del Mundo”. Aquello de lo que queremos hablar es de lo que se denomina la Kábala, palabra que, en hebreo, no significa otra cosa que “tradición”, la doctrina transmitida oralmente durante largos siglos antes de ser fijada en textos escritos; en ella, en efecto, es donde podemos encontrar datos interesantes sobre la cuestión de que se trata.

En el Sepher Yetsiráh, se habla del “Santo Palacio” o “Palacio Interior”, que es el Centro del Mundo: está en el centro de las seis direcciones del espacio (lo alto, lo bajo y los cuatro puntos cardinales) que, con el centro mismo, forman el septenario. Las tres letras del nombre divino Jehová formado de cuatro letras, iod, hé, vau, hé, pero entre las cuales no hay más que tres que sean distintas, estando la hé repetida dos veces), por su séxtuple permutación siguiendo esas seis direcciones, indican la inmanencia de Dios en el seno del Mundo, es decir, la manifestación del Verbo creador en el centro de todas las cosas, en el punto primordial del cual las extensiones indefinidas no son más que la expansión o el desarrollo: “Él formó del Tohu (vacío) algo e hizo de lo que no existía algo que sí existe. Talló grandes columnas del éter inaprehensible1. Él reflexionó, y la Palabra (Memra) produjo todo objeto y todas las cosas por su Nombre uno” (Sepher Yetsiráh, IV, 5).

Antes de ir más lejos, señalaremos que, en las doctrinas orientales, y en particular en la doctrina hindú, se trata también frecuentemente de las siete regiones del espacio, que son los cuatro puntos cardinales, más el cenit y el nadir, y en fin, el centro mismo. Se puede observar que la representación de las seis direcciones, opuestas dos a dos a partir del centro, forma una cruz de tres dimensiones, tres diámetros rectangulares de una esfera indefinida. Se puede notar además, a título de concordancia, la alusión que hace San Pablo al simbolismo de las direcciones o de las dimensiones del espacio, cuando habla de la “amplitud, la longitud, la altura y la profundidad del misterio del amor de Jesús-Cristo” (Efesios, III, 18); pero, aquí, no hay más que cuatro términos enunciados distintamente en lugar de seis, porque la amplitud y la longitud corresponden respectivamente a los dos diámetros horizontales tomados en su totalidad, mientras que la altura y la profundidad corresponden a las dos mitades superior e inferior del diámetro vertical.

Por otra parte, en su importante obra sobre la Kábala Judía2, Paul Vulliaud, a propósito de los pasajes del Sepher Yetsiráh que acabamos de citar, añade esto: “Clemente de Alejandría dice que de Dios, Corazón del Universo, parten las extensiones infinitas que se dirigen, una hacia lo alto, la otra hacia abajo, ésta a la derecha, aquella a la izquierda, una adelante y la otra hacia atrás. Dirigiendo su mirada hacia esas seis extensiones como hacia un número siempre igual, él acabó el mundo; es el comienzo y el fin (el alfa y el omega), en él se acaban las seis fases infinitas del tiempo, y es de él de donde reciben su extensión hacia el infinito; tal es el secreto del número 7” 3. Hemos tenido que reproducir textualmente esta cita, de la que lamentamos que su referencia exacta no sea indicada; la palabra “infinito” que aparece tres veces, es impropia y debería ser reemplazada por “indefinido”: Sólo Dios es infinito, el espacio y el tiempo no pueden ser más que indefinidos. La analogía, por no decir la identidad, con la doctrina kabalística, es de las más notables; y hay ahí, como se verá luego, materia para otras comparaciones que son más sorprendentes todavía.

El punto primordial, desde donde es proferida la Palabra creadora, no se desarrolla solamente en el espacio, sino también en el tiempo; es el Centro del Mundo en todos los aspectos, es decir, que es a la vez el centro de los espacios y el centro de los tiempos. Eso, entiéndase bien, no concierne más que a nuestro mundo, el único cuyas condiciones de existencia son directamente expresables en lenguaje humano; es el mundo sensible el que está sometido al espacio y al tiempo, y sería preciso, para pasar al orden suprasensible (pues se trata del Centro de todos los mundos), efectuar una especie de transposición analógica en la cual el espacio y el tiempo no guardarían ya más que una significación puramente simbólica; la cosa es además posible, pero no tenemos que preocuparnos de ello aquí, y podemos limitarnos al punto de vista cosmogónico tal como se lo entiende habitualmente.

Se trata en Clemente de Alejandría, de seis fases del tiempo correspondientes a las seis direcciones del espacio: son seis períodos cíclicos, subdivisiones de otro período más general, y a veces representados como seis milenios. El Zohar, lo mismo que el Talmud, divide en efecto la duración del tiempo en períodos milenarios: ”El mundo subsistirá durante seis mil años a los cuales aluden las seis primeras palabras del Génesis (Siphra di Zeniutha: Zohar, II, 176 b); y esos seis milenios son análogos a los seis “días” de la creación (“Mil años son como un día a los ojos del Señor”, dice la Escritura. El séptimo milenio, como el séptimo “día”, es el Sabbath, es decir, la fase de retorno al Principio, que corresponde naturalmente al centro, considerado como séptima región del espacio. Hay ahí una suerte de cronología simbólica, que no debe sin duda tomarse al pie de la letra; Josefo (Antigüedades Judaicas, 1, 4) observa que seis mil años hacen diez “grandes años”, siendo el “gran año” de seis siglos (es el Naros de los Caldeos); pero, por otro lado, lo que se designa por esta misma expresión es un período mucho más largo, diez o doce mil años entre los Griegos y los Persas. Ello, por lo demás, no importa aquí, donde no se trata de hacer conjeturas sobre la duración real de nuestro mundo, sino solamente de tomar esas divisiones con su valor simbólico: puede tratarse de seis fases indefinidas, luego de duración indeterminada, más una séptima que corresponde al acabamiento de todas las cosas y a su restauración en el estado primero (este último milenio es sin duda asimilable al “reino de mil años” del que habla el Apocalipsis).

Ahora, considérese el Corazón irradiante del mármol astronómico de Saint-Denis d´Orques, estudiado aquí por L. Charbonneau-Lassay (febrero de 1924), y que reproducimos aquí de nuevo. Ese Corazón, está emplazado en el centro del círculo planetario y del círculo zodiacal, que representan respectivamente la indefinidad de los espacios y la de los tiempos4; ¿no hay ahí una similitud flagrante con el “Santo Palacio” de la Kábala, situado también en el centro de los espacios y de los tiempos, y que es efectivamente, según los términos mismos de Clemente de Alejandría, el “Corazón del Universo”? Pero eso no es todo, y hay, en esta misma figura, algo que es quizá aún más extraño, y que diremos seguidamente.

Volvamos a la doctrina cosmogónica del Sepher Yetziráh: “se trata, dice Paul Vulliaud, del desarrollo a partir del Pensamiento hasta la modificación del Sonido (La Voz), de lo impenetrable a lo comprehensible. Se observará que estamos en presencia de una exposición simbólica del misterio que tiene por objeto la génesis universal y que se relaciona con el misterio de la unidad. En otros pasajes, se trata del “punto” que se desarrolla por líneas en todos los sentidos, y que no deviene comprehensible más que por el “Palacio Interior”. Es en el inaprehensible éter (Avir), donde se produce la concentración, de donde emana la luz (Aor)5. El punto es, como hemos ya dicho, (mayo de 1926) el símbolo de la unidad: es el principio de la extensión, que no existe más que por su irradiación (no siendo el “vacío” anterior más que pura virtualidad), pero no deviene comprehensible más que situándose en esta extensión, de la cual es entonces el centro. La emanación de la luz, que da su realidad a la extensión, “haciendo del vacío algo y de lo que no existía lo que existe”, es una expansión que sucede a la concentración; son las dos fases de aspiración y de expiración de las que se trata frecuentemente en la doctrina hindú, y de las cuales la segunda corresponde a la producción del mundo manifestado; y hemos ya notado la analogía que existe también, a este respecto, con el movimiento del corazón y la circulación de la sangre.

Pero prosigamos: “La luz (Aor) brota del misterio del éter (Avir). El punto oculto fue manifestado, es decir, la letra iod” 6. Esta letra representa jeroglíficamente el Principio, y se dice también que de ella son formadas todas las otras letras del alfabeto hebreo. Se dice también que el punto primordial incomprehensible, que es el Uno no manifestado, forma tres que son el Comienzo, el Medio y el Fin (como los tres elementos del monosílabo Aum en el simbolismo hindú y en el antiguo simbolismo cristiano), y que esos tres puntos reunidos constituyen la letra iod, que es así el Uno manifestado (o más exactamente afirmado en tanto que principio de la manifestación universal), Dios haciéndose Centro del Mundo por su Verbo. Cuando esa iod ha sido producida, dice el Sepher Yetsiráh, lo que restó de ese misterio o del Avir (éter) oculto fue Aor (la luz)”; y, en efecto, si se quita la iod de la palabra Avir, resta Aor.

Paul Vulliaud cita, a este respecto, el comentario de Moisés de León: “Tras haber recordado que el santo, bendito sea, incognoscible, no puede ser aprehendido más que según sus atributos, (middoth) por los cuales Él ha creado los mundos, comencemos por la primera palabra de la Thorah: Bereshith (la palabra por la cual comienza el Génesis: in Principio). Antiguos autores nos han enseñado con relación a ese misterio que está oculto en el grado supremo, el éter puro e impalpable. Este grado es la suma total de todos los espejos posteriores (es decir, exteriores), ellos proceden por el misterio del punto que es él mismo un grado oculto y emanando del misterio del éter puro y misterioso. El primer grado, absolutamente oculto, no puede ser aprehendido. Igualmente, el misterio del punto supremo, aunque sea profundamente oculto, puede ser aprehendido en el misterio del Palacio interior. El “misterio de la Corona suprema (Kether, la primera de las diez Sefiroth), corresponde al del puro e inaprehensible éter (Avir). El es la causa de todas las causas y el origen de todos los orígenes. En ese misterio, origen invisible de todas las cosas, es donde el punto oculto del cual todo procede, toma nacimiento. Por eso se dice en el Sepher Yetsiráh: “Antes del Uno, ¿qué puedes tener en cuenta?” Es decir, antes de ese punto, ¿qué se puede contar o comprender? Antes de ese punto no había nada, excepto Aïn, es decir, el misterio del éter puro e inaprehensible, así nombrado (por una simple negación) a causa de su incomprensibilidad. El comienzo aprehensible de la existencia se encuentra en el misterio del “punto” supremo. Y puesto que ese punto es el comienzo de todas las cosas, es llamado “Pensamiento” (Mahasheba). El misterio del Pensamiento creador corresponde al “punto” oculto. En el Palacio interior es donde el misterio unido al “punto” oculto puede ser comprendido, pues el puro e inaprehensible éter queda siempre misterioso. El “punto” es el éter tornado palpable en el misterio del Palacio interior o Santo de los Santos. Todo, sin excepción, ha sido primero concebido en el Pensamiento7. Y si alguien dijese: “Ved ¡Hay alguien nuevo en el mundo!”, imponedle silencio, pues ello fue anteriormente concebido en el Pensamiento. Del “punto” oculto emana el Santo Palacio interior. Es el Santo de los Santos, el quincuagésimo año (alusión al Jubileo, que representa el retorno al estado primordial), que se llama igualmente la Voz que emana del Pensamiento8. Todos los seres y todas las causas emanan entonces por la fuerza del “punto” de lo alto. He aquí lo que es relativo a los misterios de las tres Sefiroth supremas” 9. Hemos querido dar este pasaje entero, a pesar de su longitud, porque, además de su interés propio, tendremos sin duda que referirnos a él, en la continuación de estos estudios, para establecer comparaciones con otras doctrinas tradicionales.

El simbolismo de la letra iod debe aún retener nuestra atención: hemos recordado anteriormente (febrero de 1926) el hecho, ya señalado por el R. P. Anizan, que, en una impronta dibujada y grabada por Callot para una tesis mantenida en 1625, se ve al Corazón de Cristo conteniendo tres iod, que pueden considerarse como representando la Trinidad. Por lo demás, antes hemos visto, la iod como formada por la reunión de tres puntos, es ya por sí misma una imagen del Dios tri-uno; y sin duda las tres iod representan muy bien las tres Personas de la Trinidad. Por otra parte, se ha hecho observar a L. Charbonneau-Lassay que, en el corazón de Saint-Denis d´Orques, la herida tiene la forma de una iod invertida; ¿es una semejanza puramente accidental o hay que ver en esa forma algo querido? No osaríamos afirmar nada al respecto, y admitimos incluso que aquel que traza un símbolo no es necesariamente consciente de todo lo realmente incluido en él; sin embargo, el Cartujo que esculpió el mármol astronómico ha dado prueba por otra parte de suficiente ciencia para que no sea inverosímil que haya habido ahí una intención efectiva por su parte; y, en todo caso, esa iod, querida o no, nos aparece plena de significado. Incluso su posición invertida no carece de sentido: puede ser una alusión a la Encarnación, o, de modo más general, a la manifestación del Verbo en el Mundo, considerada en cierto modo como un “descenso” (tal es el sentido exacto del término sánscrito avatâra, que designa toda manifestación divina). Por lo que hace a la iod misma, tiene el sentido de “principio”, como hemos dicho antes, y también de “germen” (palabra que, digámoslo de pasada, es aplicada al Cristo en diversos pasajes de la escritura): la iod en el corazón, es en cierto modo el germen envuelto en el fruto. Es también la indicación de una relación muy estrecha entre el símbolo del Corazón y el del “Huevo del Mundo”, al cual ya hemos aludido; tendremos ocasión de volver sobre ello, y nos explicaremos entonces más ampliamente sobre este punto, lo que es bastante importante como para merecer tratarse aparte; no nos detendremos más por el momento.

He aquí ahora esa cosa extraña que antes anunciábamos: el corazón de Saint-Denis d´Orques, con su herida en forma de iod, irradia la luz (Aor)10 de tal modo que tenemos aquí a la vez la iod y el Aor, es decir, los dos términos de la diferenciación del Avir primordial. Además, esa iod y ese Aor están colocados respectivamente en el interior y en el exterior del Corazón, así como conviene, pues la primera procede de la concentración y el segundo de la expansión, y es de esta concentración y de esta expansión sucesivas de donde nace la distinción misma del interior y del exterior. Por lo demás, no afirmamos que todo eso haya sido querido expresamente por el escultor, pues no tenemos ningún medio para adquirir la certidumbre de ello; pero se convendrá que, si es involuntaria, hay ahí un encuentro inconsciente con la doctrina kabalística, y eso es aún más extraordinario, que el Cartujo haya suplido la ciencia que le faltaba con una intuición de las más sorprendentes; dejaremos a cada uno la libertad de escoger entre las dos hipótesis.

Como quiera que sea, lo que es incontestable, es que el Corazón mismo, en esta figuración tan notable, se identifica al “Santo Palacio” de la Kábala; es también ese mismo Corazón, centro de todas las cosas, al que la doctrina hindú, por su lado, califica de “Ciudad divina” (Brahma-pura). El “Santo Palacio” es también denominado el “Santo de los Santos”, como hemos visto en la cita de Moisés de León; y, en el Templo de Jerusalén, el “Santo de los Santos” no era otra cosa que una figura del verdadero “Centro del Mundo”, figura muy real por lo demás, puesto que era también el lugar de la manifestación divina, la morada de la Shekinah, que es la presencia efectiva de la Divinidad.

Hay ahí, en la tradición hebrea, otro aspecto del simbolismo del corazón, por otra parte, estrechamente ligado al precedente, y cuyo estudio será objeto de nuestro próximo artículo.

Publicado originalmente en Regnabit, julio-agosto de 1926. No retomado en otra recopilación póstuma.

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1 Se trata de las “columnas” del Arbol sefirótico: columna del medio, columna de la derecha y columna de la izquierda (véanse nuestros artículos de diciembre de 1925, p. 292).

2 2 vol. In 8º, París, 1923. –Esta obra contiene gran número de informaciones interesantes, y utilizaremos aquí algunas; se le puede reprochar el dar demasiado espacio a discusiones cuya importancia es muy secundaria, no ir lo bastante al fondo de la doctrina, y de cierta falta de orden en la exposición; no es menos cierto que se trata de un trabajo hecho muy seriamente y muy diferente en eso de la mayor parte de los otros libros que han sido escritos por los modernos al respecto.

3 La Kabbale juive, tomo I, pp. 215-216.

4 El Sr. Charbonneau nos ha mostrado un curioso documento que ha encontrado desde la publicación de su artículo; es una medalla de Antonino, acuñada en Egipto, y en el reverso de la cual figura Júpiter-Serapis, rodeado parecidamente de los dos círculos planetario y zodiacal; la similitud es digna de señalarse.

5 La Kabbale juive, tomo I, p. 217.

6 Ibidem, p. 218.

7 Es el Verbo en tanto que Inteligencia divina, que es el “lugar de los posibles”.

8 Es también el Verbo, pero en tanto que Palabra divina: es primero Pensamiento puro, y después Palabra en el exterior, siendo la Palabra la manifestación del Pensamiento (véase nuestro artículo de enero de 1926), y la primera palabra proferida es el Iehi Aor (Fiat Lux) del Génesis.

9 Citado en La Kabbale juive, tomo I, pp. 405-406

10 Quizás hay también una intención simbólica en la alternancia de los dos tipos de rayos, rectos y sinuosos, que pueden representar dos movimientos diferentes en la propagación de la luz, o incluso dos aspectos secundarios de ésta.

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LA MASONERÍA SEGÚN LAS ESCRITURAS (1737)

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2005

John Tillotson

No muchas son las referencias que se conservan de John Tillotson; Montesquieu lo menciona, así como el caballero de Ramsay en una de sus cartas. Según la Encyclopaedia britannica, Tillotson (1630-1694) fue deán de la catedral de Saint-Paul en Londres, antes de convertirse en 1691 en arzobispo de Cantorbéry. En 1675 editó los Principios de la religión natural, de Wilkins. Han quedado bastantes compilaciones de sus sermones, como Cincuenta sermones y la regla de fe (1691), Cuatro sermones referentes a la divinidad y a la encarnación de nuestro bienaventurado salvador (1693) y los Sermones póstumos (1694). Una curiosa recopilación de algunos de ellos, titulada Selección de discursos sobre diversos temas (Select orations on various subjects), impresa a título póstumo en 1737, contiene el texto que presentamos a continuación. En él, el autor intenta demostrar que la Franc-Masonería se enmarca en el ámbito de una hermenéutica tradicional de la Biblia, con la peculiaridad de poseer un simbolismo tomado de la arquitectura. Hemos prescindido de ofrecer anotaciones con las referencias bíblicas del texto, pues son demasiado numerosas y apenas aclararían el sentido del documento. Parece claro que, para Tillotson, la Iglesia cristiana es una verdadera masonería espiritual. Más que un tratado de apologética, la Masonería según las Escrituras constituye una defensa cristiana de la masonería. On Scripture masonry fue publicado posteriormente en el vol. 74, pp. 89-98, de “Ars Quatuor Coronatorum”, Londres, 1961, y Patrick Négrier realizó la traducción francesa (Textes fondateurs de la Tradition maçonnique, 1390-1760, París, Grasset, 1995).

La divinidad y lo sublime de la masonería tal como aparece en los oráculos sagrados…

Al muy respetable gran maestro de la antigua y honorable sociedad de los masones libres y aceptados, este texto está a él dedicado por el más humilde y obediente servidor de su señor. El autor.

La masonería según la Escritura

“Por lo tanto, el Señor, el Ser eterno, dice así: He aquí que yo fundo en Sión una piedra, piedra de fortaleza, piedra angular, escogida, sólidamente cimentada… Haré del derecho un cordel, y de la justicia un nivel” (Is. 28, 16-17).

Habiendo ordenado el edificio del universo en número, peso y medida, y habiendo echado los cimientos del mundo, Dios nuestro muy sabio maestro desplegó el cordel sobre sí, y, como dice Job, lo suspendió en el vacío por (medio) de una misteriosa geometría. Se convirtió así en la imagen sensible de la masonería divina, cuyo eterno plan, cuyo modelo arquetípico, era el objeto de su sabiduría y de su inmenso conocimiento antes de que el mundo fuera. Todo lo hizo gracias a su Hijo, que le era fiel en todos los asuntos de su Casa, y distribuyó a sus obreros y servidores sus tareas y sus pagas. Nada cumplió Dios sin trazado, sin modelo en su decreto oculto, que secretamente guarda al abrigo de las miradas humanas. Pues sus caminos son insondables; sus pasos son ignorados; ¿quién ha comprendido al Espíritu del Señor, o quién ha sido su consejero? Las huellas de su omnipotente providencia subsisten en el jardín de la noche; él mismo habita en una luz inaccesible; pasa a nuestro lado y no le vemos. El masón celestial es un excelente obrero; pero, ¿quién puede dar cuenta de la manera como engendra, de su nombre o del nombre de su Hijo? Él, cuyas primeras actuaciones tuvieron lugar hace tanto tiempo, es invisible como el camino de un águila en el aire, como la aguja de un reloj de sol (a mediodía), o como la revolución silenciosa de la gran rueda del mundo, hasta que él alcance el punto final en que el edificio deberá ser derribado, y su materia dispersada en la región del infinito.

En Heb., 11, 10, Dios es llamado el constructor de la ciudad y de sus fundaciones.

Se le describe ciñéndose él mismo de fuerza, apoyando un compás sobre la superficie del abismo, desplegando los cielos como un pabellón, y afirmando la tierra sobre sus pilares; fijando el número de las estrellas, llamándolas a todas por sus nombres; construyendo las cámaras del sur bajo la bóveda del firmamento; pesando las colinas y las montañas en los platillos de una balanza. Además, dice David, su secreto no es sino para aquellos que le temen; a ellos mostrará su pacto. Si obráis con rectitud, ¿no seréis aceptados? dice Dios. En cada nación, aquel que teme a Dios y obra rectamente es admitido por él. Pero, ¿puede un hombre hacer salir lo limpio de lo que está sucio? Nadie llega al ungido, al constructor de la Casa, si el Padre no le conduce hasta su enviado. Debe ser fiel a la obligación cristiana que ha prometido; debe observar las reglas particulares de la compañía y de la santa comunión, (vivir) en el amor fraterno, separado del mundo y sin conformarse a él. Debe edificarse a sí mismo y edificar a los demás como piedras vivientes, según el mandamiento de su maestro, en todo lo que es digno de elogio, y debe esperar a la Jerusalén de lo alto, cuyos muros son de piedras preciosas, y su pavimento de oro puro.

El Libro de Dios, su voluntad y sus obras son los modelos de la masonería sagrada. Está llena de sublimes misterios, no comunicados a todos. No todos toman parte en el Espíritu de Dios, sólo son hermanos de la santa liga aquellos que han (recibido) la adopción para poder decir Abba, Padre. No tengas miedo, pequeño rebaño, dice el ungido, yo te he escogido y (retirado) del mundo, que no me conoce a mí ni conoce al Padre; pero yo le conozco, y te lo he mostrado. ¿Puede darse a una compañía decreto más elevado y venerable que los emblemas y las imágenes de la comunión, que están colocados tan comprimidos en el volumen del Espíritu santo como las estrellas que centellean alegremente en la bóveda del cielo? Somos llamados el edificio de Dios, su obra, su templo, su morada, a la que ha prometido volver, y ha fijado su domicilio entre nosotros.

Caín no fue aceptado porque abatió a su hermano. Una lección para todos los hombres fieles y benévolos: construyó una ciudad que, al no estar hecha con justicia y virtud, no fue masonería; la moralidad y la piedad son tan esenciales a la ciudad como la arquitectura. Los constructores de Babel fueron dispersados, ya que no poseían ni los signos de la verdadera masonería ni el espíritu que la caracteriza. Nuestros padres antes del diluvio vivían en tiendas, imagen del tabernáculo de la ley y del deseo de nuestro Señor de erigir su tienda con nosotros en el Evangelio, y de conducirnos a su Casa sobre el monte Sión, construida en la roca eterna. La estructura de estas tiendas fue el primer punto exterior de la masonería sagrada en ser inventado. San Pablo, el gran doctor de las naciones, y de esta isla, como insinúa Clemente, era un fabricante de tiendas, tal como leemos en el libro de los Hechos. Dios es el Padre de las luces, el autor de todo bien y de todo don perfecto, y entre otros dones el de la masonería es un talento divino. Moisés dice de Betsael en Ex. 25 que Dios el Dios lo llenó de su Espíritu de sabiduría, de inteligencia, de conocimiento en toda clase de obras. Noé construyó el arca siguiendo las instrucciones del maestro celestial. Moisés hizo todo el exterior del edificio (guardando) la Ley según el modelo (mostrado) en la montaña. Y nosotros asentamos los mejores cimientos, lo más profundamente, en la humildad, ofreciendo nuestra habilidad a Dios y a su gloria; así, el alma construye con la mirada puesta en el cielo, sin (correr el riesgo) de la confusión de una segunda Babel.

¿Qué decir de los pilares de Seth, de la construcción de Babilonia por Nemrod, del templo, del trono, de la flota y de los palacios de Salomón, del complejo de Tamar en el desierto, cuyas asombrosas ruinas todavía subsisten, del templo de Diana en Éfeso, de las estatuas y las imágenes de Nabucodonosor y otros, de la reconstrucción del templo por Ciro y Herodes, de las galerías y los patios del palacio de Assuerus, que (el libro) de Esther describe ornado de columnas de mármol, y dotado de capas de oro y de láminas de alabastro incrustadas de esmeraldas? Todos estos ejemplos de esta sublime ciencia, y otros que (igualmente) se encuentran en los escritos inspirados, son una (fuente) continua de elogios para ella, y citarlos todos se convertiría en una fastidiosa repetición.

Permitidme más bien ilustrar y afinar el proyecto (de esta ciencia) profundizando en los ejemplos que ofrece la Escritura. Señaladas sociedades, formadas según los principios de la sabiduría, de la virtud y de la bondad, que no comunican enteramente su medio de unión, su misterio específico a nadie más que a sus miembros, son y han sido siempre una práctica de todos los tiempos y naciones. Dice Dios: he amado a Jacob, y a Esaú le he odiado, es decir: He aceptado y preferido a uno antes que a otro. De hecho, Dios hizo de la raza de Abraham una sociedad elegida, un pueblo particular que debería ser la regla de la masonería. David comprendió que no había actuado así con ningún otro pueblo, y que los paganos no tenían conocimiento de sus leyes. Estas últimas eran el secreto de la comunidad judía, y estaban asociadas en el culto judío a símbolos y a signos sensibles. Además, nadie, excepto el sumo sacerdote una vez al año, podía penetrar en el Santo de los santos; nadie más que él podía pronunciar el nombre de Dios, estatuir sobre los leprosos, probar las aguas de los celos, responder por los Urîm y los Toumîm, y cumplir otras funciones propias. Éstos son secretos (ignorados) por las naciones. ¿Hubo entre las naciones reyes que poseyeran estas leyes y esta inteligencia? Y la ley, el culto, el arca, eran signos exteriores del modo de unirse.

La primera comunicación de Dios al hombre fue una regla particular, asociada al signo del árbol del conocimiento del bien y del mal. Adán fue expulsado del jardín por haber roto su obligación; el arco iris fue para Noé y su posteridad un signo del nuevo pacto de Dios. La Ley y el Evangelio son pactos que incluyen obligaciones. Los signos (dados) a Abraham eran la circuncisión y la aparición de los mensajeros. Los patriarcas y sus familias formaban una sociedad separada del mundo y agradable a Dios, que poseía los signos de su palabra y un sacrificio no comunicado a los paganos, aunque imitado por ellos. La perfección de la Ley y la obra de santificación fueron hasta entonces en gran medida exactas.

Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, y en particular en el dominio de la masonería. Él, Jacob y los demás tenían visiones y revelaciones, no acordadas al mundo, y sus prosélitos debían jurar su obligación antes de poder ser aceptados. Buscaban una ciudad permanente no hecha por mano de hombre, aunque el velo sobre el rostro de Moisés probaba que existían misterios que todavía no habían sido revelados. De esta tradición recibieron los paganos sus propia doctrina, reservada sólo a los iniciados. El Credo era antiguamente una palabra, una prueba entre dos cristianos destinada a permitir que se reconocieran en todo lugar. Se le llamó después un símbolo, un signo; otros signos eran las ceremonias exteriores.

Desde la antigüedad hasta este día no se permite a los catecúmenos penetrar enseguida en todo lo que concierne al cristianismo; hay todavía una doctrina oculta en las revelaciones, los profetas y otros libros, y la primera noción de los escritos apocalípticos no estaba, como tampoco está, indiferentemente abierta a todos.

En sus instrucciones, san Pablo establece una distinción entre la leche y el alimento sólido, así como hace una distinción entre los principios y la perfección. El ungido enseñaba mediante parábolas a un pequeño número (de discípulos). La Iglesia del ungido es una sociedad de masonería espiritual, escogida en el mundo, que se comunica con signos exteriores y que asiste a misterios. Ella tiene efectos discernibles con el ojo espiritual, no por el hombre natural. Se le llama casa, construcción; el ungido es la piedra angular, y los apóstoles los cimientos. Subsiste gracias a la edificación (de sus miembros), es el único edificio bien concebido, y éste es todo el trabajo de la vida cristiana que expresa el término de masonería. El ungido tenía muchas cosas que decir a sus discípulos, pero en su tiempo no podían entenderlas, y nosotros todavía miramos a través de un cristal opaco. Hay misterios en la Iglesia del ungido, el maestro masón que negó a los fariseos el signo que otorgó a los apóstoles. Sus instrucciones son excelentes, tanto en el plano de la moral como en el de la inteligencia de esta última. De muchos círculos trazados uno dentro de otro, el último es el más cercano al centro. Igualmente, la grandeza y la vida pública no son pruebas de beatitud, y el último puede ser el mayor en el reino de Dios. La firmeza del símbolo de la escuadra nos enseña que la verdadera sabiduría no debe ser quebrantada; y el nivel (nos enseña) que el corazón sigue siempre sus inclinaciones sin alcanzar un enderezamiento, que jamás es igual, y por ello no encontramos aquí abajo ni reposo completo ni satisfacción.

Una regla que intenta ser justa nos prohibe abandonar nuestra razón por nuestras pasiones, y (nos obliga) a conservar la regulación (ejercida) por el juicio. El corte de las rocas con el cincel nos enseña que el arte y la industria superarán las dificultades. Un ingenio hidráulico nos enseña que el pecado nos obliga a compensar nuestra labor con nuestras lágrimas. Una rueda que no mueve a ninguna otra a menos de ser ella misma movida nos muestra que nuestro propio corazón debería estar preparado ante los sentimientos que queremos inspirar, y que deberíamos amar a Dios para poder ser amados. Una pirámide nos muestra que deberíamos, aunque aparentemente fijados en el suelo, aspirar al cielo. Una columna nos muestra que los inferiores son el soporte de los superiores, un templo que estamos dedicados a la virtud y al honor. Un compás que traza un círculo de un solo trazo muestra que una acción puede tener consecuencias sin fin, tanto en el bien como en el mal. Y el hecho de que una columna invertida parezca más grande en su parte inferior nos enseña que el Espíritu (también reside) en la adversidad y en la muerte, que las aflicciones deberían animarnos, y que la pérdida de la vida (debería) recordarnos una gozosa resurrección.

Hay un principio vital emanado de Dios en esas piedras y esos minerales que son la materia primera de la masonería. Dios es todo en todos. Pero así como los ojos de los apóstoles estaban constreñidos a no poder reconocer a nuestro Señor en su cuerpo espiritual, sólo un pequeño número es capaz de discernir el fuego interior de la tierra cuando madura los frutos de este elemento, así como los minerales utilizados en la construcción y en la vida cotidiana, y que exhala constantemente un vapor que san Juan comparaba con la hoguera y el humo del infierno. Oremos para que la voluntad de Dios pueda realizarse sobre la tierra como en el cielo, que la energía y las potencias de la naturaleza puedan subsistir gracias a su presencia, con respecto a la cual David declara que nada podría disimularla. La sal de la tierra nutre a las piedras, como el maná alimentó a los israelitas en el desierto. De ahí viene que los adeptos nos enseñen que esta sal es llamada con el nombre de Dios, ‘eheyeh, Yo soy, que es el autor y la vida de esta sal, así como ésta lo es de otros seres. San Juan, cuya Revelación es el programa de la masonería espiritual, conocía la piedra blanca, y vio al Hijo de Dios ceñir alrededor de su pecho un cinturón de oro.

El número 3 aparece de manera señalada en el Libro de Dios para ilustrar la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu santo; (está) el cuerpo, el alma y el espíritu; el hebreo, el griego y el latín puestos encima de la cruz; Santo, santo, santo, dicen los serafines; (está) el día en que (Jesús) trabaja, aquel en que descansa y aquel en que volverá a trabajar; Job, Daniel y Noé, los tres profetas que se habrían salvado juntos; Eliphaz, Sophar y Bildad; Ananías, Azarías y Misaël, Shem, Ham y Japhet. También los tres hijos de Adán más conocidos, que eran Abel, Caín y Seth; están además los de Terah, de quienes hemos recibido las promesas, Haran, Nahor y Abram. En fin, tres ángeles aparecieron; tres joyas (adornadas) de piedras preciosas se hallaban sobre el pecho de Aarón; tres letras componen la raíz de cada palabra hebrea; tres veces al año los judíos debían acercarse a Jerusalén; tres días durante los cuales Jonás estuvo en la ballena, y el ungido en la tumba. Hay tres Juanes: el Bautista, el Evangelista, y Marcos, sin contar con que hay otros Marcos distintos a éste.

Por su parte, el número 7 era el del (día del) sabbat, cuando el Creador descansó de sus obras; 7 es el número del jubileo, del año de gracia; los siete ojos de Dios son mencionados, así como los siete brazos del candelabro del templo; está el libro de los siete sellos, y siete ángeles, los siete meses (de la construcción) del tabernáculo. El templo fue construido en siete años. La sabiduría séptuple y la providencia de Dios se muestran en sus acciones. La Pascua se celebra siete veces siete días antes (del don de) la Ley. Éste es un ejemplo de la presencia de los números más perfectos en la Biblia.

Jeremías recibió la orden de construir y de demoler. Fue para disuadir la impiedad, (el signo) del riesgo de que se construya para ver a otro habitar, o de que el Señor abandone el edificio a la desolación. Las piedras del muro gritaron contra la opresión y la injusticia. Es un estímulo al deber, y (el signo) de que la palabra de Dios es capaz de construirnos en derechura, y también (el signo) de que probará la obra de cada hombre mediante el fuego, para demostrar que no se puede poner cimiento distinto de aquel del cual él mismo es el fundamento, el ungido salvador. Es un aliento a la caridad, a que seamos edificados juntos para (convertirnos) en una morada de Dios en el Espíritu, y a que mantengamos firme la profesión de nuestra fe hasta que la piedra rechazada por los constructores se haya convertido en cabeza de ángulo. Es un estimulante para la obediencia (saber) que aquel que ha construido todas las cosas es Dios.

La palabra masón, que es una de las últimas palabras exotéricas (el nombre trascendente, el nombre sagrado, es menos conocido y no puede ser verdaderamente pronunciado más que por los iluminados) viene del francés maison, que significa casa. Somos la morada del ungido, dice el apóstol en Heb. 3, 6. El Señor construyó Jerusalén, dice David en el salmo 147, 2. Ha trazado un camino hacia ella. El ungido es el camino en Jn. 14, 6. Abre la puerta que introduce; el ungido es la puerta en Mt. 7, 13; y nos regala en su morada con su cuerpo y su sangre los frutos de la rectitud. No os enorgullezcáis, dice el ungido, de tener a Abram por Padre, pues Dios es capaz de hacer brotar hijos de Abram de estas piedras. El ungido es llamado por el apóstol el peñasco espiritual, y la conversión de nuestros corazones de piedra en corazones de carne es (el efecto) de su redención, que nos aporta para nuestro arrepentimiento. (Dice en) Jn. 14, 2: En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Morada viene de maneo, morar, que sugiere un objetivo a alcanzar cuando se es miembro de la logia celestial. Muchas iglesias y condiciones particulares son etapas en el camino que conduce a la casa que ningún terremoto puede destruir y que ninguna tempestad puede sumergir. Lo que era de su Padre también era suyo. Todo lo que posee el Padre me pertenece, dice el ungido; y es como si nuestros bienes también fueran suyos. En la esperanza de ello, los elegidos, aquellos que son aceptados, siempre se han lamentado: ¡Desgracia a mí, por residir en Mechek y habitar entre las tiendas de Kedar!

Por su parte, una temible representación de la logia celestial (Gen. 28, 16) arrancó a Jacob esta exclamación: Esto no es sino una casa de Dios, y es la puerta del cielo. ¡Álzate! dijo Dios, he puesto ante ti una puerta abierta que nadie puede cerrar (Ap. 3, 8). La Iglesia es la Casa de Dios, y está en todas partes. Job la encontró en la tierra, Ezequías en su lecho de muerte, Jeremías en su celda, Jonás en el mar, Daniel en la fosa, los tres niños en la hoguera ardiente, Pedro y Pablo en la prisión, el ladrón en la cruz. El cuerpo, llamado templo del Espíritu Santo, debe ser reconstruido en la resurrección en vistas a la adoración durante el reposo eterno. La Iglesia, la Casa de Dios, era antaño llamada, dice el Doctor Donne, el famoso deán de Saint-Paul, oratorio (porque se) pedían a la providencia divina las cosas necesarias. Pues vanos son nuestros esfuerzos sin su asistencia. A menos que el Señor construya la Casa, los obreros trabajarán en vano, dice David.

Y Mt. 21, 44: Aquel que caiga sobre esta piedra fracasará, y aquel sobre el cual caiga, ella le triturará. Aquel que ofenda al ungido, la piedra sobre la que se apoyó Jacob, será confundido. Y si en el juicio ella cae sobre el delincuente, su peso le aplastará más fuertemente a como la piedra de David (aplastó) la frente de Goliath, y le destruirá incluso más que la tumba.

Así como los lugares santos del templo de Diana fueron preservados, así nosotros somos un modelo de lo divino. Aunque los cielos de los cielos no puedan contenerle, se aloja en un corazón contrito. David rezó para tener un frenillo sobre el umbral de sus labios. El hombre interior es el lugar santo, el coro, y las bellas cualidades son sus tesoros y sus ornamentos. El santo de los santos es la conciencia arrepentida, en la que la fe y la caridad son dos querubines que recubren la misericordia de las sillas. Aquí está el oráculo divino, el Dios de quien dan testimonio nuestros espíritus que son sus hijos. Sólo el gran sacerdote, el salvador, puede entrar aquí y contentarnos.

Aquí se encuentra el arca de la Ley, el maná del perdón y de la consolación, el candelabro dorado del entendimiento iluminado, los panes de la rememoración, el velo de la rectitud, con el que el salvador oculta nuestros defectos; las columnas, los utensilios, las decoraciones, son la verdad y la justicia, ornamentos de un espíritu bien dispuesto, que son de gran valor ante los ojos de Dios.

Las elevaciones de este género a partir de la Escritura son infinitas. No hay un aspecto de la masonería, desde el porche hasta las murallas, del umbral y del dintel asperjado contra el mal mensajero, hasta la cámara elevada donde los apóstoles se reúnen; no hay un instrumento, desde el hacha que Eliseo ordenó recuperar hasta la plomada del profeta, ni una figura, desde la línea hasta el círculo de los cielos, que no estén santificados por una mención expresada en la lengua de Canaan. Y la referencia a la totalidad de este sistema, en cualquier sociedad, está autorizada por los muchos paralelos (que se encuentran) en la tribuna sagrada de la Escritura.

Pero en el momento de la consumación de todas las cosas, la ciudad de nuestro Dios tiene doce puertas para que los elegidos penetren por el este, por el oeste, por el norte y por el sur, a fin de residir en el reino de Dios. La puerta estrecha es el pasaje a lo que se llama belleza, por el cual entraremos en el corazón (al son de) la alabanza.

Es así que David prefería ser guardián del umbral antes que habitar en las tiendas de la perversidad. La condición para poder pasar esta puerta es creer en el salvador; los dos (senderos ascendentes) laterales son la paciencia y la inocencia; el techo es la caridad. Permaneced firmes en la fe, dice san Pablo. De aquí viene que la Iglesia tienda a que la fe sea llamada pilar y fundamento de la verdad. La entrada de este jardín está guardada por la espada flamígera de la justicia divina. El muro (del recinto) no puede ser medido más que por la caña del ángel. Es un secreto para la razón humana. Por siempre está en la cumbre de las colinas eternas. Aquellos que las frecuentan son justos y perfectos.

Ser, en virtud de la obligación cristiana, miembros libres de esta ciudad consiste, como Agustín decía de Roma, en exaltar la arcilla como si fuera mármol, y en revestirnos de nuestra Casa de lo alto, que en los cielos es eterna.

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Logroño acogerá en julio del 2006 un congreso nacional sobre la masonería en la época de Sagasta

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2005

Logroño acogerá en julio del 2006 un simposio sobre la masonería en la época de Sagasta. El Centro de Estudios Históricos sobre la Masonería Española del profesor Juan Antonio Ferrer Benimelli y la Fundación Sagasta ultiman los detalles.
C. SOMALO./LOGROÑO

Cuenta Abilio Jorge Torres (Logroño, 1957, profesor del instituto Hermanos D’Elhuyar), que la masonería en La Rioja nace en 1869 con la Revolución Gloriosa y la aparición de la primera logia en Logroño, la Respetable Logia Capitular Veronesa (¿berones?).

La libertad de asociación propicia el florecimiento de la masonería. Manuel Ruiz Zorrilla, líder de los liberales y presidente de Gobierno, fue nombrado Gran Maestre del Gran Oriente Español. Y con el gran prócer riojano, Práxedes Mateo Sagasta, jefe de los liberales, presidente de Gobierno y Gran Maestre del Gran Oriente de España, se desarrolla de forma estable.

De aquella logia inicial surgió la llamada ‘Siempre Viva’, fruto de una escisión, que convive con otras llamadas Diamante, Unión Ibérica y El Éter.

En Haro se funda la logia Atenas en 1880 gracias a una figura destacada de la mosonería en La Rioja, Casimiro Rufino Ruiz, secretario de la logia ‘Siempre Viva’, de Logroño, que hubo de trasladarse a Haro por motivos de trabajo.

Calahorra tuvo también una pequeña logia, Luz, organizada en torno al Hospital militar y con sólo dos años de vida.

Ex miembros de la logia Unión Ibérica, de Logroño, crean la Victoria, de Cenicero, en torno al entonces jefe de la estación de ferrocarril, Santos López de Silanes.

Un caso especialmente curioso y singular es el del triángulo Alvar Fáñez, integrado por un solo miembro, boticario a la sazón, residente en Ausejo y Matute.

La crisis del 98 propicia una etapa de decaimiento y vuelve a resurgir con la Segunda República, en 1933. Sólo funciona el triángulo Zurbano, en Logroño, sin que haya constancia de otras logias en el resto de la entonces provincia del mismo nombre.

La vida de las logias riojanas es paralela a la evolución política de la masonería nacional. La Veronesa, El Eter y el triángulo Alvar Fáñez tienen un marcado carácter progresista propio del GODE (Gran Oriente de España). Otras logias como Siempre Viva, Luz, Unión Ibérica, Atenas y Victoria adscritas al GONE (Gran Oriente Nacional de España), fueron menos progresistas. De Siempre Viva se produjo una escisión en 1882 para fundar Diamante, dependiente del GOLU (Gran Oriente Lusitano Unido). Y cuando hubo intentos de reunificación, de las dos últimas se fundó Unión Ibérica. Las sucesivas crisis de los Grandes Orientes provocaron escisiones y la creación de otros nuevos. Del GONE surge el GOI (Gran Oriente Ibérico) que auspició la logia Victoria, de Cenicero. En la Segunda República, el GOE fue el que tuteló el triángulo Zurbano, de Logroño.

Profesionales liberales (una cuarta parte), empresarios (una quinta), empleados de todo tipo y condición pero más el sector especializado, comerciantes, militares y propietarios integraron el espectro social de la masonería riojana. En buena parte, según el mismo estudio, clases medias y medias altas, grupos dinámicos social y economicamente, con escasa presencia del mundo rural.

Sin embargo, no puede obviarse la presencia de personas de otras provincias, al menos en el origen y formación.

Personajes importantes en el desarrollo de la masonería en La Rioja, según el autor, fueron Casimiro Rufino Pérez, Donato Gómez Trevijano, Francisco Fuentes, Antonio Herreros Cerdán, Saturnino Martínez, Pedro Zala, Rafael Joaquín, Rufino Mateo Garcia, Francisco Victoriano, Manuel Cemboraín, los hermanos Ortoneda, Liborio Cárcamo Pérez, Santos López de Silanes y otros.

La masonería de La Rioja tuvo una ideología variopinta. La Veronesa, liberal progresista; más conservadores los de la Siempre Viva; republicanos y socialistas los de Diamante y El Eter, y anticlericales los de Victoria. En el triángulo de Zurbano había desde miembros de Acción Republicana, de Izquierda Republicana, Radical Socialista, del Partido Socialista, y del Partido Liberal, etc.

Los masones riojanos no fueron muchos, ni tuvieron la importancia ni el peso social o político que desarrollaron en otras regiones.

Pese a todo, hasta su desaparición en 1936, los masones desarrollaron diversas actividades encomendadas por los Grandes Orientes y otras propias de las logias: banquetes solsticiales, tenidas, y todo lo vinculado con la organización interna. Pero, también, asuntos sociales, benéficos y filantrópicos, ayudas a viudas, la promoción cultural y educativa y hasta hubo intentos de crear un hospital de sangre.

La Guerra Civil y la posterior represión sobre los integrantes de la célebre conspiración judeomasónica condujo a muchos de ellos a prisión; a otros, al exilio y algunos murieron fusilados.

Y todo ello gracias a una delación de un antiguo miembro del triángulo Zurbano.

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Los ritos y la liturgia

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2005

A.·.L.·.G.·.D.·.G.·.A.·.D.·.U.·.

A mi Madre Resp.·.Log.·. “ILUSTRE AMERICANO Nº 150”

S.·. F.·. U.·.

Por el Q:. H:. Ernesto Márquez Marín, Or:. de Antimano, Venezuela

El trabajo que presento y está a vuestra consideración, lo he titulado: “LOS RITOS Y LA LITURGIA”.

LOS RITOS: Cuando se habla de rituales, automáticamente asociamos esta palabra con el aspecto religioso. Sin embargo, este conjunto de costumbres siempre han acompañado al ser humano en todas las etapas de su vida. Independiente de la religión; se siguen rituales al nacer, al crecer, al levantarnos por la mañana, al terminar el día, al relacionarnos con nuestra familia y la sociedad, y hasta en el momento de la muerte. En una fiesta de cumpleaños cuando llevan el pastel a la mesa, con las velas encendidas, todos cantamos espontáneamente, “El Cumpleaños Feliz”. Todos saben las palabras y la melodía y todos los invitados cantan juntos. Antes de un partido de fútbol, nos paramos y cantamos el Himno Nacional. Cuando nos presentan a otra persona por primera vez extendimos la mano; con un amigo de corazón ofrecemos un abrazo. En una reunión de los Niños Exploradores (Boy Scout) o del Concilio de la Ciudad con Niños Exploradores presentes, nos paramos para la presentación de la bandera y la recitación de la Promesa de Fidelidad. Cuando nos gusta un discurso, presentación o canción, aplaudimos. ¡Si nos gusta mucho, aplaudimos mucho! Estos son ritos muy conocidos. No los aprendemos de libros, los aprendemos al hacerlos. Comprendemos su sentido porque las acciones se explican por sí mismas. Los ritos permiten que las reuniones de grupos de personas, sean de dos o tres, o de dos o tres mil o de dos o trescientos miles de personas actúen de manera mutuamente reconocible. Aprendemos los ritos al repetirlos y nos dirigen a actuar juntos para propósitos determinados: una fiesta de cumpleaños, un entierro, una boda, una competición atlética, una celebración civil, una cena pública o la celebración de la Eucaristía en la Iglesia Católica. Creencias, rituales y preceptos de carácter moral, en estrecha relación como aspectos de una misma realidad, están en el meollo de toda religión. Las creencias pertenecen al ámbito del pensamiento y en muchas culturas en función de ellas se ha desarrollado la propia visión del mundo. Los rituales -de adoración, petición, sacrificios y ofrecimientos a los seres divinos-, son acciones que se practican en determinados tiempos y lugares. Los preceptos o mandamientos se dirigen a establecer un orden moral y asimismo a normar los actos rituales. Los rituales, aunque también ostentan estructuras y ordenamientos que deben aprenderse y atenderse, rebasan lo meramente conceptual y constituyen manifestaciones de la religiosidad. Las formas más íntimas de esas manifestaciones pueden identificarse en los actos personales de oración, sacrificio y adoración practicados en el hogar o en otros lugares, incluyendo las escuelas y los templos. Desprovistos en general tales actos de solemnidad, muchos de ellos se producen de acuerdo con ciertas normas y en determinados momentos. Como ejemplo pueden aducirse las oraciones y ofrecimientos que en el seno de la familia se hacen al levantarse, al tomar los alimentos y al acostarse. Los nuevos rituales son tan antiguos como el mundo, pues contienen el esoterismo magia del viejo Egipto de los faraones, tantrismo oculto en el fondo mismo del arca de la ciencia, magismo cristico trascendental, divinal. En vano los profanos y profanadores intentaran burlarse de los dioses santos, en realidad esas deidades no solamente gobernaron al mundo en tiempos más felices, sino que además se expresan litúrgicamente para bien de nuestros neófitos en esta hora crucial de crisis mundial y banca rota de todos los principios éticos. Cuando la humanidad abandono el culto a los dioses santos cayo en el materialismo grosero de esta espantosa era. Nosotros los masones, nos adelantamos en el tiempo invocando a esos seres inefables durante los trabajos litúrgicos mágicos esotéricos, que tan indispensables son para nuestra superación espiritual. Incuestionablemente los guardianes de la esfinge elemental del desierto, nos vigilan en estos momentos, cuando con tanto amor hemos condensado la sabiduría de los antiguos tiempos ritualizando. Cada ritual es una catedral para la conciencia; que se explica a través del lenguaje alegórico, simbólico y místico en liturgia. El sistema ritualistico en el fondo es didáctico y dialéctico; se trata de una didáctica trascendental que se fundamenta siempre en la lógica superior, esta ultima en si misma es desconocida por los secuaces de la lógica formal. Sin embargo en forma enfática afirmaremos que la lógica superior trasciende de los meros formulismos intelectivos de la lógica formal y de la lógica dialéctica, quedando estas ultimas, reducidas en ultimo instante a vana palabrería insustancial de charla ambigua. Así pues los rituales poseen fundamentos logísticos trascendentales, que incuestionablemente vienen a dar paso a los fundamentos psicológicos ritualisticos. Es claro que mediante el ritual, los átomos de altísimo voltaje descienden del mundo del logo solar para acumularse en el pan y en el vino de la transubstanciación. Los devotos al comer el pan y beber el vino, llevan a su organismo tales átomos de extraordinario esplendor. Los rituales, son un conjunto de textos que guardan concordancias armoniosas, entre la palabra del oficiante y las combinaciones de letras o vocales, que producen sonidos o vibraciones, que atraen corrientes bioelectromagnéticas, para estimular o impactar las células, moléculas, átomos de los participantes al culto, y que en definitiva, los comunica de un mundo inferior a mundos superiores de conciencia. En los rituales transmutamos las energías que circulan por todo nuestro organismo, sublimándolas hasta el cerebro y corazón. Los Ritos nos auxilian, nos instruyen, nos iluminan y así marchamos hacia la autorrealización intima del ser. Cuando ritualizamos y vocalizamos los mantrams secretos, se hace presente todo el poder de la naturaleza divina, y aparece la ayuda del poder sagrado para sublimar la energía hasta el cerebro y corazón, esta es la seminización del cuerpo del alma y del espíritu. Los rituales con sus invocaciones mántricas son una poderosa ayuda en el trabajo de la transformación del ser humano. Aprendemos cómo participar en las ceremonias masónicas al hacer las acciones vez tras vez. Los ritos nos dan señales direccionales para celebrar estas ceremonias juntos como el pueblo del G.·.A.·.D.·.U.·.

Los Ritos para nuestra Institución Masónica, se encuentran en los Rituales de Grado, conformes al ordenamiento legal vigente y aprobación del Congreso Masónico Venezolano. Indudablemente al G.·.A.·.D.·.U.·. se le encuentra en la liturgia, en el camino místico litúrgico, en la vía angosta estrecha y difícil que con tanto énfasis indicara siempre la liturgia. LA LITURGIA: La liturgia es vida, y la vida no es para definirse, sino para experimentarse. La liturgia, antes de ser una ciencia, fue una vivencia de la comunidad, un intercambio de vida entre el Creador y su pueblo. La palabra LITURGIA viene de un vocablo GRIEGO (leitourgia) originalmente el término indicaba la obra, la acción o la iniciativa tomada libre y personalmente por una persona privada (individuo o familia) en favor del pueblo, del barrio, de la ciudad o del Estado. Los griegos llamaban liturgia a la obra que un grupo o una persona hace en beneficio del pueblo, sea periódica o extraordinaria (como liberar esclavos, prestar un servicio público, hacer un favor comunitario, etc.). Estas obras son parte esencial de la democracia e indicaba también las funciones públicas en el campo político y técnico: servicio militar, ocupación de esclavos, agricultura, etc. Los análisis de la FORMA y del FONDO de la liturgia constituyen lo que se llama LA LITURGICA. Esta misma no es capaz, por sí misma de agotar el sentido completo de la Liturgia. Porque la Liturgia moviliza todas las facultades del hombre, tanto psicosomáticas como espirituales, y porque la Liturgia no se agota en las Rúbricas, ni en su Teología, éstos son solamente medios del ejercicio y llegan a ser Liturgia en la medida en que son realizados oportunamente por aquello y por aquellos a los cuales han sido instituidos. Se trata de una obra espiritual: relación entre el Creador y el hombre, la Liturgia es un punto de convergencia entre dos teologías, la “especulativa” y la “mística”. Entre el Absoluto que se revela condescendiendo y la criatura que se ilumina Elevándose. En la Biblia, versión de los LXX, en el antiguo testamento, la palabra liturgia designa en su mayoría el culto externo que los sacerdotes y levitas ofrecen en el templo, sobre todo los sacrificios (Ex 27,19; 28,35.43; Nm 4,3; 31,33.39; 1Cro 23-28) en oposición al culto espiritual que pedían los profetas. Por tanto, la liturgia es una función pública y solemne realizada por quienes están revestidos de poder. En la traducción Griega del Antiguo Testamento (AT) llamada de los LXX, Liturgia indicaba siempre, sin excepción, el servicio religioso hecho por los Levitas a Yahvé, primero en la TIENDA y luego en el TEMPLO DE JERUSALEN. Era un culto público, distinto del privado, a éste en la traducción de los LXX se refería principalmente con los términos de LATRIA o DULIA. La Liturgia es ante todo MISTERIO y ORACION, es decir VIDA TEANTROPICA y OPERACION SACRAMENTAL. El objeto de la Liturgia es poner en práctica el misterio revelado del G.·.A.·.D.·.U.·.

El modo OPERATIVO de la Liturgia es concretamente aquel que consiste en PARTICIPAR EN EL MISTERIO. La liturgia le recibe y le confiesa en sus diversos aspectos. Ella pide que el Misterio se realice para cada uno de los Miembros de la asamblea de la acción litúrgica, para el conjunto de la logia masónica y para el Universo. Ella conmemora, contempla y reactualiza las etapas de la revelación. Ella bendice y santifica a los hombres y a las cosas, al espacio y al tiempo. Ella proclama la Palabra Divina, hace aparecer la enseñanza; medita ésta y exhorta a los participantes a cumplir con los preceptos. Ella se une a la alabanza y a la oración de los Seres incorporales, une el cielo y la tierra haciendo descender aquél y subir a ésta; exorciza los demonios. Ella une al G.·.A.·.D.·.U.·. y al hombre. La Liturgia es por tanto MISTERICA POR NATURALEZA, cuyos componentes esenciales son: · La existencia de un acontecimiento primordial de Purificación. · La presencia del mismo acontecimiento por medio de un rito. · Gracias a su presencia ritual cada hombre en cada tiempo actúa como propio el acontecimiento primordial de Purificación. La liturgia es la acción ritual de la obra del G.·.A.·.D.·.U.·., o sea, es la presencia, bajo el velo de los símbolos y simbología masónica. En ella los signos sensibles significan y realizan la perfección del hombre y su mundo suprafisico. Los ritos simbólicos son lo que para el G.·.A.·.D.·.U.·. era su humanidad, ahora con la mediación del rito se le comunica, para que se asocie a Él, a toda la comunidad masónica. Resumiendo y buscando una definición de Liturgia, y luego de haber comprendido lo anteriormente expuesto, podemos decir: “La Liturgia es una acción sagrada a través de la cual, con un rito, en la Logia Masónica y mediante la celebración de ceremonias, se ejerce y continúa la obra del G.·.A.·.D.·.U.·., es decir, la búsqueda de la perfección de los hombres, para la gloria del Gran Arquitecto”. Asumiendo todo lo anterior podemos decir que FORMAR LITURGICAMENTE nunca es entendido sólo como un conjunto de conocimientos sobre la liturgia, sino que afecta también a la espiritualidad de los iniciados y a su participación en la vida. La Liturgia es acción porque se presencializa y actualiza el Misterio. Todo acto litúrgico es acción simbólica.

En él se RE-PRESENTA (actuación donde se tiene que saber actuar, drama, arte que se aprende) el hecho de iluminación, purificación, intercomunión, perdón y paz, De allí que el ACTOR o SUJETO visible de la Liturgia es la Logia, aunque jerárquicamente constituida, es la forma exterior y sensible del culto, es decir el conjunto de ceremonias y ritos. Es un Misterio, acción ritual de la obra redentora del G.·.A.·.D.·.U.·. presente y operante en los símbolos. Podemos sacar algunas conclusiones sobre “liturgia”: · Primera: el carácter comunitario de la liturgia. La liturgia es una acción y función de todo el pueblo del G.·.A.·.D.·.U.·. · Segunda: su carácter de acción: La liturgia pertenece al orden del hacer. · Tercera: la liturgia tiene un carácter sagrado, por consiguiente, siempre pueden descubrirse nuevas dimensiones. · Cuarta: su dinamismo. No es algo estático, sino acomodado a los tiempos y problemas teológicos y pastorales, y cada vez más profundizado. Vamos a concluir diciendo que: · La liturgia es acción, supone salir de la pasividad, con creatividad y movimiento, exige actuación de los actores. · La acción litúrgica tiene carácter simbólico-ritual; es decir, el sistema expresivo debe impactar y hablar por sí mismo sin necesidad de explicaciones verbales. · Tiene una estructura sacramental, es decir, una parte visible y otra invisible. Los contenidos invisibles que nos llegan a través de la celebración son: nuestra participación en el culto, y, por tanto, la realización de un momento más en la Historia de la Salvación. Por tanto el único medio para comprender verdaderamente la liturgia es tomar personalmente, parte en esa acción con el conjunto de todos nuestros QQ.·. HH.·., vivirla, ser liturgo, es decir ejercer el ministerio del culto. La acción Litúrgica es la de toda la asamblea que representa al pueblo del G.·.A.·.D.·.U.·, en las dimensiones de su estructura jerárquica. Recordemos que todo masón es iniciado y ungido por la ceremonia de iniciación a la dignidad de miembro de la “comunidad masónica” y una de cuyas funciones principales es precisamente la acción Litúrgica. RELACIÓN ENTRE RITUALES Y LITURGIA Los ritos son esenciales para la Liturgia. La liturgia siempre implica una obra, algo hecho y experimentado. Los ritos son la acción repetida en señales. Rito es lo que HACEMOS al celebrar una ceremonia. No es lo mismo hablar de rituales que de liturgia. La liturgia es la manifestación pública de la fe de una comunidad en algo que cree, a través de determinadas acciones o actividades. Pero cuando se vive de “labios para afuera”, sin conocerla plenamente, interiorizarla, asimilarla, sentirla ni apreciarla, se convierte en un ritual. Los rituales son cuestiones mecánicas con algunos simbolismos, pero sin ningún contenido ni influencia en la vida de las personas que los practican. Quiero terminar este trabajo proclamando, lo siguiente: ” Volquemos nuestras miradas sobre nuestras celebraciones, busquemos dos o tres caminos para sostener lo ya alcanzado y busquemos juntos también dos o tres caminos que hay que ir empezando a transitar para poder lograr una celebración litúrgica como se ha profundizado en este trabajo, entendiendo finalmente por liturgia, el trabajo de corazón que nos envuelve en su totalidad y donde debemos preguntarnos… ¿Que es lo que mas disfrutamos de ella? “.

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LAS DAMAS EN EL TEMPLE Y EN OTRAS ORDENES

Posted by cosmoxenus en 30 enero 2005

Hay que tener en cuenta, aunque ello fuese raro, que hubo casos de mujeres que entraron en la Orden del Temple. Por supuesto estas monjas Templarias no eran guerreras y vivían aparte de los frailes, estas monjas realizaban casi siempre trabajos de hospital aunque algunas veces se dedicaban a confeccionar los uniformes de los Caballeros; mantos, dalmáticas, mantas, etc. ( o lo que se considera trabajo de pañero) así mismo solían realizar trabajos de siembra y recogida de cereales o cuidado de ganado. Solían almacenar todas las cosechas y los productos lácteos que fabricaban (Quesos, etc.) para enviarlos a los Caballeros de Tierra Santa. Esta introducción de mujeres en la Orden del Temple también fue aceptada para recibir donaciones pero el peligro que esta situación podía ocasionar no escapó a nadie; la experiencia no tuvo continuidad y se precisó:

– “De aquí en adelante no sean aceptadas Damas por Hermanas”.

Si bien las que ya habían entrado se mantuvieron como tales; citemos a titulo de ejemplo el monasterio de mujeres Templarias que existía en Combe- aux- Nonnains, en Borgoña, Francia, y que dependía de la encomienda de Épailly.

Citemos también la afiliación de la madre Inés, abadesa de Camaldules de Saint- Michael del Ermo, y de toda su comunidad, a la Orden de los Templarios. Señalemos igualmente casos similares el Lyon, Arville, Thor, Metz, etc. También ocurre lo mismo con “Azalais” una mujer del Rosellón, que se entrega en cuerpo y alma a Dios y a la Santa Caballería de Jerusalén, el Temple, “para servir a Dios y vivir sin bienes bajo la autoridad del Maestre”. Para ello entrega como limosna su feudo de Villamolaque, con el consentimiento de sus dos hijos; “Y que Dios me conduzca hasta la verdadera penitencia y a su Santo Paraíso” (D´Albon, ídem, nº LXVIII- 1133).

Otro caso es el de la Señora Juana de Chaldefelde, esposa de Ricardo de Chaldefelde de Inglaterra, que profesó igualmente sus votos como Hermana del Temple ante Azo, Archidiácono de Wilshire. Azo la envió junto con un certificado a la Casa Sagrada del Temple: “Teniendo en cuenta que había superado la edad en que podía levantar sospechas” (lees, op.cit., p. 10 y notas. B.M. Cotton Nero e 6, Fol. 267 circa 1189- 1193) lo más curioso es que la Señora Juana de Chaldefelde nos proporciona un claro ejemplo de una postulante que observa las formalidades de la regla Latina i.e., y que profesa sus votos ante el Obispo de la Diócesis, quien la envía ante el Maestre provista de un certificado.

Otras Ordenes de Mujeres:

Orden de las Damas del Hacha. Orden fue creada en el año 1149 por Ramón Berenguer, conde de Barcelona, en honor a las mujeres de Tortosa que lucharon salvaron la ciudad; del ataque de los moros, uniendo sus esfuerzos a las tropas que la defendían. La divisa de esta Orden fue un hacha de gules (color rojo) puesta en el escudo sobre una especia de esclavina. Orden del Espíritu Santo de Montpellier, fundada por el Papa Inocencio III quien concibió el proyecto de constituir en orden hospitalaria, religiosa y militar. A todas aquellas mujeres que trabajaban en el hospital que había fundado el Caballero Guy de Guado hecho que se hizo efectivo gracias a la bula expedida por dicho pontífice el día 23 de abril de 1198, aprobando la fundación hecha por Guy de Guado y dotándola de los correspondientes estatutos con el nombre de Espíritu santo de Montpellier.

Orden del Espíritu Santo de Saxia, fundada por el Papa Inocencio II, en Italia para que fuera de utilidad benéfica y para la práctica de las buenas obras de Caridad, era una imitación de la Orden del Espíritu Santo de Montpellier.

Orden de las Damas de la Banda. Orden fundada por Juan I de Castilla en el año 1380 creada para honrar la memoria de las mujeres de Plasencia quienes ayudaron a levantar el sitio que habían creado los Ingleses sobre esta ciudad. El admirable valor y apoyo prestado por estas Damas contribuyó a que se rechazara a los Ingleses y que se vieran obligados a levantar el sitio por las perdidas que habían sufrido.

Orden del Amaranta. Orden fundada por la reina Cristina de Suecia, en el año 1653 para con ella perpetuar la memoria del triunfo de la creencia ortodoxa sobre la de los luteranos.

Orden de las Damas Esclavas de la Virtud. Orden fundada por Leonor de Gonzaga, viuda del emperador de Alemania Fernando III, en el año 1662 a fin de que renaciese la piedad en su corte, la emperatriz Leonor se erigió como Priora de la misma. Orden de las Damas para Honrar la Cruz. Esta orden de caballería fue también creada por la propia emperatriz Leonor de Gonzaga en el año 1668, después de producirse un incendio en el Palacio Real donde todo fue destruido salvo un crucifijo de oro que contenía un lignum vía.

Orden del Amor al Prójimo. Orden fundada en Suecia en el año 1708 por la emperatriz Elizabeth Cristina fue creada para recompensar la fidelidad y adhesión a la soberana. Estos son tan solo algunos de los ejemplos que existieron y aunque hay más ejemplos, con estos consideramos que es suficiente. Con ello demostramos que la mujer fundó Ordenes al estilo de los hombres y que en algunos casos como en la Orden del Temple contribuyó al expansionamiento, enriquecimiento y desarrollo de las Ordenes en las que participó, no olvidemos que la mujer a fecha de hoy está integrada en Ordenes como la del Temple, la de Malta y la Orden Teutónica en Alemania.

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