El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archive for 22/01/05

El lenguaje esotérico de Don Quijote de la Mancha

Posted by cosmoxenus en 22 enero 2005

Isabel Martínez Pita//EFE-REPORTAJES

El próximo año se cumple el IV Centenario de “Don Quijote de la Mancha”, del que dijo su autor, Miguel de Cervantes, que “tiene necesidad de comento para entenderla”. Muchos han sido los autores que han dedicado vida y obra con el objetivo de desentrañar los miles de misterios con los que se tejió la que llegaría a ser la obra culmen de las letras españolas. Pero hay un don Quijote del que sólo unos pocos hablan y ese es el Quijote más oculto, el hermético.

Durante los siglos XVI y XVII el pensamiento hermético estaba muy enraizado entre los hombres y mujeres más avanzados, y formaba parte del cuadro de creencias y valores, así como de su universo espiritual y mental. En muchos casos este pensamiento iba más allá de la mística y se convertía en una realidad tangible de Dios, a través de prácticas herméticas. Estas no se encontraban al alcance del vulgo, sino que se lograban mediante la dedicación y el estudio, a través de los cuales se desarrollaba un espíritu capaz de asimilar las realidades más sutiles.

La transferencia de estos conocimientos se realizaba a través de un vehículo tan poco sospechoso de herejía como era la mitología, que permitía hablar veladamente de los misterios herméticos contenidos en la religión, y que explicados de forma teológica o alquímica hubieran levantado las iras de la Inquisición. Muchos son los autores herméticos, véase el caso de Eugene Canseliet, Víctor-Émile Michelet o Eugenio Philaleteo; los hermetistas contemporáneos Emmanuel d´Hooghvorst, Dominique Aubier y Ruth Reichelberg, quienes consideran que en el Quijote hay un lenguaje oculto conservado hasta la actualidad por el hermetismo en sus diversas formas, como la cábala y la alquimia.



LA CABALLERÍA, EL MÁS NOBLE DE LOS OFICIOS

Dice “El Zohar”, el texto más importante de la Cabalá, que: “La Escritura sólo revela sus misterios a sus amantes. Los no iniciados pasan por su lado sin ver nada, pero se digna a mostrarse por un breve instante a quienes tienen dirigidas sus miradas, el corazón y el alma hacia la bien amada Escritura”.

El caballero sabe y el vulgo no, aunque don Quijote puntualiza que el vulgo no es solamente el pueblo bajo: “Todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo”.

Los libros de caballerías comenzaron a ver la luz en Europa en la época medieval y no es hasta el siglo XIV cuando ven la luz en España. “Amadis de Gaula”, “Tirant lo Blanc” o “Historia del caballero de Dios”, son tres de las grandes obras que se publicaron en España. Todas ellas, desde sus inicios europeos, tienen una misma finalidad: elevar la misión guerrera del caballero a categoría divina. Las pruebas que se presentan al protagonista de estas historias son una representación de los obstáculos que en la tierra se le presentan a los seres humanos para llegar a su objetivo primordial en esta vida, que es la de la unión mística con Dios, triunfo final del caballero.

La caballería de esta manera no puede ser una teoría, se convierte en una ciencia práctica, experimental y no especulativa. Lo dice en varias ocasiones el caballero don Quijote: “grandes e inauditas cosas ven los que profesan la orden de la andante caballería, pues esta arte y ejercicio excede a todas aquellas y aquellos que los hombres inventaron”. En otra parte dirá nuestro héroe que los religiosos “piden al cielo el bien de la tierra”, (son, por tanto, especulativos), mientras que “los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos piden…”.

Este punto es fundamental desde el punto de vista hermético, puesto que sin praxis no puede haber profecía: quien no conoce todo el misterio, posee a Dios sólo en espíritu, pero no en espíritu y cuerpo. El caballero ejerce a través de la valentía y la fuerza de la voluntad los designios de Dios y por Él está inspirado.

EL ARTE DE VER DETRÁS DE LA REALIDAD

Los encantamientos a los que se refiere don Quijote, provocados por sus “enemigos”, dispuestos a todo para que el caballero andante no cumpla su misión, reflejan la lectura oculta de lo que por su apariencia no puede ver el profano, es el velo de Isis. Cuando Dulcinea aparece a los ojos de Sancho como una vulgar campesina, de olor nauseabundo, de maneras burdas, don Quijote asevera que esa es la presencia que le han dado sus enemigos hechiceros para desvirtuarla.

Los castillos, las ventas y quienes las habitan están hechizados, el mundo entero y la humanidad han caído bajo el poder del Príncipe de este mundo, el gran encantador. Encanto es una palabra muy usada en el Quijote, procede del latín `incanto’ que, desde el siglo XIII, tiene el sentido de hechizar; está compuesto de la partícula privativa in y canto, es decir, sin el canto, sin sonido, mudo, sin voz.

La ciencia de la caballería tiene por misión desencantar y restaurar la humanidad, devolviendo a la creación su pureza prístina. Es la ciencia que desencanta el mundo y, al despertar la vida encantada que duerme en cada uno de nosotros, le devuelve la voz. Y esto es posible gracias al “arte y ejercicio” de la caballería, cuya ciencia “encierra en sí todas o las más ciencias del mundo”, según nos dice don Quijote.

AMANTE Y PROFETA

El personaje de la enamorada, en el caso de don Quijote Dulcinea, es consustancial en las obras de caballería y pasa a tener un papel fundamental en este oficio, ya que el objeto de amor de los caballeros es su Dama y no los amores vulgares. Por lo tanto, a los caballeros les conviene, según don Quijote, las “cuatro eses que dicen han de tener los buenos enamorados”: sabio, solo, solícito y secreto.

Otro de los aspectos fundamentales a la profesión de la caballería es que el que lo ejerza debe tener la virtud del profeta y en este sentido don Quijote posee el rasgo común a ellos y es que el mundo lo toma por loco, puesto que predica lo increíble y habla sólo de la verdad. Como dijo Platón: “los bienes más grandes nos vienen por la locura, que sin duda nos es concedida por un don divino. (…) Es más hermosa la locura que procede de la divinidad, que la cordura que tiene su origen en los hombres”.

SANCHO PANZA, EL PERSONAJE CARNAL.

En el caso del buen escudero Sancho Panza, éste no monta un rocín como su amo sino un asno, más propio de su condición. Puede decirse que Sancho aún no ha sido creado, aún no cuenta para la vida futura, por eso duerme mientras su señor vela: “Duerme tú, que naciste para dormir”, le recrimina don Quijote.

“Duerme el criado, y está velando el señor, pensando cómo le ha de sustentar, mejorar y hacer mercedes. La congoja de ver que el cielo se hace de bronce sin acudir a la tierra con el conveniente rocío no aflige al criado, sino al señor…” (Don Quijote).

Ante el espeso sopor del criado, corresponde al caballero librar todas las batallas, de ahí que su dormir sea “siempre velar” (Don Quijote). El escudero es consciente del estado en que se encuentran los que, como él, están dormidos en este mundo, y dice: “Sólo una cosa tiene mala el sueño, según he oído decir, y es que de un dormido a un muerto hay muy poca diferencia”.

Su señor ha de batallar, pues, para hacer realidad lo que se dice en Efesios, 5, 14: “Despierta tú, que duermes”. Don Quijote es el caballero andante, y a Sancho le califica como el “mal andante escudero”. Anda errante porque ha perdido la memoria, ya no recuerda quién es, ni cuál es su verdadera patria.

Pertenece a la raza perdida de los lotófagos homéricos, pueblo de este mundo que se alimenta de las flores del olvido (Odisea, IX, 83).

De dos partes está formado el ser humano, la espiritual y la carnal, de quien Sancho resulta el paradigma en todo lo malo, pero también para todo lo bueno. Don Quijote y Sancho proceden del mismo lugar y siempre han de ir juntos: son, en definitiva, las dos partes que forman el ser humano. Aunque sólo el hombre espiritual participará del Siglo de Oro, hay algo en Sancho que, metamorfoseado, formará parte del mundo futuro, y ese algo justifica que todo caballero necesite un escudero.

Al final de la novela, Cervantes encarna a Dulcinea del Toboso a través de su pluma: “Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; sólo los dos somos para en uno” . Cervantes se reunirá con Dulcinea, la que fue su pluma celeste, la Musa inspiradora de su obra, el don de la Torah que se encarnó en el hombre para unir cielo y tierra y cumplir el misterio de la Unidad; el círculo se ha cerrado, ya no volverá a estar separado lo que Dios unió al principio.

Dostoieski dijo de “Don Quijote de la Mancha” que era “el libro más triste de todos”. Ha habido autores, con otras miras que han opinado del caballero andante desde que es un adelantado de la revolución liberal, hasta un antisemita defensor de la pureza de sangre y de la Inquisición. Algunos han escrito que es la obra de un librepensador, y ciertos masones han querido ver encarnado en el personaje el espíritu de la masonería.

Pero entre tantas opiniones que se han vertido y que nunca dejarán de realizarse sobre esta joya literaria, hay una que sobresale, y es la de José Ortega y Gasset. El filósofo español dejó escrito que “no debemos juzgar las obras sino amarlas” y que Cervantes aún espera “que le nazca un nieto capaz de entenderle”.

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La Escuadra y el Compás

Posted by cosmoxenus en 22 enero 2005

Hasta aquí hemos visto símbolos que solamente los miembros de las Logias y unos pocos interesados conocen; pero si hubiera que preguntar cuál es el símbolo más universalmente extendido y que mejor expresa el origen filosófico de la Masonería y sus ideales, éste sería sin duda el de la Escuadra y el Compás. No se trata tanto de una dualidad opuesta como complementaria y, en cualquier caso, que permite la realización de tareas que competen a dos estructuras completamente diferentes y contradictorias: el cuadrado y el círculo. Si ignorásemos cualquier otro instrumento propio de las Logias, bastaría con conocer el cometido de la Escuadra y del Compás para reconstruir a partir de ellos toda la filosofía Masónica.

Hasta tal punto son importantes, que nos ayudan a comprender por qué son 33 los Grados de la Masonería y puede decirse que, sin estos dos instrumentos, no sólo sería incomprensible el simbolismo de las Logias, sino que ni siquiera hubieran sido alzadas nuestras más hermosas catedrales. Una muestra de la ineficacia de los modernos sistemas de enseñanza radica en que tanto la Escuadra como el Compás son útiles que acompañan a todo escolar desde sus primeros años de aprendizaje, y sin embargo, ningún plan de enseñanza registra una reflexión sobre las cualidades de los instrumentos que durante años el niño deberá utilizar en su aprendizaje. Pero la disociación que hoy existe entre un instrumento y las enseñanzas morales que nos pueda aportar, era desconocida en otro tiempo, de tal forma que no se concibió instrumento que permaneciera al margen de un contenido didáctico, referido no solo a la tarea específica para la que había sido concebido, sino fundamentalmente a una disciplina ética y moral.

Fijémonos solo un instante, porque nunca más lo olvidaremos, cómo estos dos símbolos de la Escuadra y el Compás nos sugieren, en su simplicidad, las tres situaciones posibles en el terreno espiritual. Siendo la Escuadra el instrumento a través del cual se delimita y trazan las formas posibles del mundo material, cuadrados, rectángulos, líneas rectas, el Compás, por el contrario, delimita un círculo tenido como imagen de lo Absoluto, de aquello que tiene principio y fin en sí mismo. Así pues, la Escuadra simboliza la tierra, el Compás el cielo. Cuando veamos a la primera superpuesta al Compás esto nos indicará una situación de dominio de la materia; si , por el contrario, Escuadra y Compás se muestran entrelazados, tal situación nos advertirá sobre el equilibrio de fuerzas entre el mundo material y el mundo espiritual. Y si, finalmente es el Compás el que se superpone a la Escuadra, quedará claro el dominio espiritual.

Escuadra y Compás, por su amplitud simbólica, son, en sí mismos, libros mudos, no es raro que sean equiparados en las Logias al Libro Sagrado, la Biblia, y que los tres constituyan las “Tres Grandes Luces” que deben iluminar la senda del miembro de la Orden. La función de la Escuadra es medir magnitudes del mundo material, mientras que el Compás mide ángulos; el primero supone una aproximación al mundo de la cantidad, el segundo al de la calidad y la esencia. Por esto mismo y como veremos en otra parte, el cuadrado que puede trazarse con la Escuadra es el símbolo del mundo material y el círculo que surge del manejo del Compás, lo es del espiritual, siendo el instrumento que corresponde al Supremo Hacedor de Dios, al Gran Arquitecto del Universo.

En las Logias, el Compás muestra generalmente dos angulaciones: abierto a 90° indica el ángulo que no se puede superar, el límite de la manifestación y, por esto mismo, el equilibrio entre sus dos brazos; abierto a la mitad, sus 45° sugieren equilibrio entre fuerzas antitéticas, situadas de manera dinámica y constructiva. Así precisamente puede verse un Compás manejado por la musa Urania en la cúspide de la Casa Xifré de Barcelona, acompañando a Saturno-Cronos. Puede verse a la musa embarazada como asimilación a Balkis, amante de Hiram que, tras abandonarlo y resultar muerto, quedó embarazada de él; episodio simbólico por el que los Masones aceptan gustosos el nombre de “hijos de la Viuda”. Esta asociación de Urania con Saturno nos permite afirmar que en la cosmología Masónica, el Compás es, al mismo tiempo, el emblema de la Geometría y la Astronomía, mide las angulaciones de la tierra y del cielo y permite insertarse en los secretos de ambos mundos. No es raro, por lo mismo, que originariamente Saturno fuera una divinidad agraria y que su relación con el Compás estuviera motivada por la necesidad de roturar y medir las tierras. En manos de Urania significa el escrutar el Cosmos desvelando su influencia en las acciones de los hombres. Es significativo a este respecto que en astrología la cuadratura – distancia de 90° entre dos planetas – sea considerada como un aspecto muy negativo, pero lo es solo en tanto que esta angulación es la propia e inamovible de la Escuadra.

Toda la movilidad del Compás es fijeza en la Escuadra. Así hay que entender la joya que la representa colgando del cuello del Venerable Maestro de la Logia. Su voluntad no puede ser otra, más que la de hacer cumplir las Constituciones y los Estatutos de la Orden. Es libre solo para eso; pero para acceder a ese noble rango debe necesariamente hacerse acreedor del otro atributo derivado de la Escuadra: la rectitud que lo debe caracterizar por encima de cualquier otra virtud; no deberá ceder a la debilidad, tendrá la rigidez propia de quien quiere imponerse sobre la materia y aspira a ser perfecto y la perfección se mide por el grado de identificación con lo establecido en las Constituciones.

Estos dos instrumentos son esquemáticamente idénticos a las letras griegas gamma ( G ) y lambda ( l ). Las cuatro gammas forman una svástica completa, por eso en Masonería uno de los símbolos más habitualmente utilizados es la letra G inserta dentro de una estrella. La G corresponde a la gamma y de la misma forma que la geometría –cuya inicial es precisamente la G- es la quinta ciencia en la enumeración de las artes liberales, la quinta esencia del mundo manifestado y simbolizado por las cuatro gammas que forman la svástica es, así mismo, la estrella de cinco puntas.

Por lo demás, desde el punto de vista numerológico, el valor de la gamma es 3 y el de la lambda 30, su suma, la suma de la escuadra y el compás, es 33, como el número de Grados de la Masonería, como la edad de Cristo, como los 33 peldaños que componen la escalinata del parque de Güell, como el número que puede obtenerse en infinitud de combinaciones sumando las cantidades que figuran en el cuadrado mágico del Pórtico de la Pasión en la Sagrada Familia.

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"El Ancla": Detalles y Simbologia Masónica

Posted by cosmoxenus en 22 enero 2005

El primer lugar que el iniciado ve “El Ancla” en Masonería es en el Tablero de Trazo o Tablero Trazado del Primer Grado (Aprendiz).

Es allí y entre distintas figuras donde el Aprendiz Francmasón puede observar y comenzar a descubrir en su mente el mensaje que nos presenta nuestra Orden.

Las herramientas que vemos en el Tablero Trazado, nos indica que en el primer grado debemos utilizar esos elementos para tallar nuestra piedra, y que dicho trabajo debemos hacerlo bien, porque dentro de nuestro ser tenemos alguien que nos vigila y es nuestro “Maestro”, que no es nadie mas que nuestra propia conciencia que nos irá diciendo y llamando al orden si algo no hacemos en la forma correcta.

Para interpretar el simbolismo es posible que nuestra mente visualice “El Ancla” en la proa de un barco y comience a pensar los fines que tiene o por qué lo llevan las embarcaciones.

Descubierta su simbología, el iniciado en Masonería deberá comenzar en su persona el proceso de ponerlo en práctica en su vida Masónica.

Nuestro I.P. y Q:.H:.Alberto Gallatin Mackey (e.e.o.e.) nos dice que: “El Ancla” es un símbolo de “esperanza” y que aparentemente no ha existido en el simbolismo antiguo o clásico.

La Esperanza fue representada entre los antiguos, en la forma de una mujer erguida teniendo parte de su vestimenta en su mano izquierda y en su mano derecha una copa o taza con la forma de una flor.

“El Ancla”, como emblema de esperanza, tiene un aparente origen cristiano de firmeza, esperanza y paciencia, y se cree que veían la vida como un viaje tempestuoso y estaban alegres cuando llegaban a buen puerto”. “El Ancla” era para ellos un símbolo de esas sensaciones y fue encontrado en las tumbas de las catacumbas de Roma.

La idea de utilizar su simbología fue probablemente debido a las palabras de San Pablo (Heb.v.19) “…tengamos un ancla segura en el alma para mantenernos firmes en nuestros propósitos.” y que de allí fue tomado el ancla como “símbolo masonico”.

Mackey nos dice que el ancla se encontró en muchas tumbas que fueron talladas por hermanos del fallecido como una expresión de confianza de que, quien había muerto “alcanzó el cielo del descanso eterno”

(Kip, Catacombs of Rome, página 112).

Existe también la versión que hay una conexión entre un ancla y una nave, y por lo tanto, la simbología sería que “el ancla es el símbolo de seguridad y esperanza de buen viaje para llegar a buen puerto al final de la vida”. El barco o nave lo deberíamos considerar en Masonería como que cada uno de nosotros tiene en su interior “su arca de Noé” y que podríamos flotar en medio del diluvio y estar seguros de alcanzar la meta aunque las circunstancias nos hubieran abrumado.

Esta simbología fue introducida en Masonería, ante el carácter universal que nuestra Orden requirió de cada uno de nosotros en declarar que teníamos nuestra Fe bien fundada en un Ser Superior (G.A.D.U.) en la ceremonia de Iniciación.

Con el pensamiento emblemático de ese “arca divina que el Masón lleva en su ser interior, que le permitirá estar tranquilo en todo mar tempestuoso aunque encuentre apuros e incertidumbres contando con ese ancla de seguridad que es su Fe, que le sujete y mantenga con firmeza en el puerto de la paz de su conciencia, y que cesen las preocupaciones y el agotamiento que produce la incertidumbre del viaje que nos espera y debemos hacer al Oriente Eterno… a ese mas allá de nuestro Ser, conocimiento y comprensión”.

Por ello en Masonería, las enseñanzas están relacionadas a mejorar nuestras actitudes, comportamiento y mejor vida, y para que estemos preparados para afrontar con total confianza ese paso que debemos hacer hacia un desconocido estado en nuestro viaje a la eternidad.

Interpretemos El Ancla como un emblema que nos sugiere mantenernos en aguas tranquilas, estabilizados en una “esperanza bien fundada”, de una vida bien llevada, y vivida con dignidad, honor y amor. Llevemos ese arca divina que albergamos en nuestra conciencia, con total seguridad en todos los mares que navegamos en la vida aunque encontremos olas bravas, tempestad e incertidumbre.

El ancla que vemos en la Luz que se eleva desde el Ara en el tablero de trazo o trazado, nos indica que debemos estar firmes y tener seguridad en nuestro trabajo y desarrollar cada vez mas nuestros principios y valores, en una ruta pacífica y segura de nuestras convicciones en el acercamiento a la virtud, actuando siempre siguiendo y respetando los valores y cuanto nos brinda el Libro Sagrado de nuestra Fe sobre el que hemos hecho nuestro Juramento Masónico.

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Washington Bible

Posted by cosmoxenus en 22 enero 2005

The Washington Bible is one of United States’ Freemasonry’s most treasured possessions. It is difficult in the modern age to convey the sense of genuine affection the citizens of the newly formed country held for the man who became their first president. Prior to the time of his election, those who held control of government did so by might and/or heredity. Washington was unique in that he ruled with the consent of the governed. This sea change (which, in today’s language we might refer to as a paradigm shift) was huge. Washington had served the colonies as the leader in the Revolutionary War but rather than grabbing the reigns of power as so many other military conquerors had done, simply returned to his home to lead a quiet life. His humility marked him as the appropriate choice for the leadership of the fledgling nation and when word arrived at Mount Vernon that he had been chosen for this position, he simply followed the call of ‘duty’ and proceeded the very next day to New York where he would become ‘President’.

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