Interesante artículo de Carlos Javier Blanco:
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/blanco.pdf
Publicado por cosmoxenus en 14 Marzo 2009
Interesante artículo de Carlos Javier Blanco:
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/blanco.pdf
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Publicado por cosmoxenus en 5 Marzo 2009
Por: Ariel Palazzesi (http://www.neoteo.com/descubren-el-jardin-del-eden-alias-gobekli-14965.neo)
Arqueólogos han encontrado indicios de que uno de los relatos bíblicos más bellos se basa en leyendas que tienen un trasfondo real. Un pastor kurdo descubrió accidentalmente, en 1994, unos pilares de piedras rectangulares que podrían convertirse en el mayor descubrimiento arqueológico de todos los tiempos: se trataría del mítico lugar conocido como el Jardín del Edén.
Un pastor kurdo que cuidaba su rebaño en medio del calor reinante en las llanuras turcas, buscó cobijo de los rayos del sol debajo de una solitaria morera. Estaba sentado a la sombra cuando notó que en el suelo asomaba una extraña piedra oblonga, cuya superficie lisa llamó su atención. Observando con cuidado los alrededores del árbol encontró toda una colección de piedras extrañas. Muchas de ellas tenían ángulos rectos que no son frecuentes en la naturaleza, por lo que decidió comentar con alguien su descubrimiento. Después de todo, quizás esas piedras fuesen importantes.
Un pastor kurdo encontró toda una colección de piedras extrañas.
Los arqueólogos han establecido que el pastor tenía toda la razón: las piedras son, sin dudas, importantes. En ese caluroso día de verano de 1994 se había realizado el mayor descubrimiento arqueológico de los últimos 50 años o, según otros, el más importante de todos los tiempos. Ese sitio ha revolucionado la forma de ver la historia de la humanidad, el origen de la religión y, quizás, incluso la verdad detrás del Jardín del Edén. Se trataría de lo últimos vestigios de una "era dorada" de la Edad de Piedra, con unos 11.000 años de antigüedad. En esa zona vivían tribus de cazadores de gacelas que erigieron allí inmensos templos dedicados a las serpientes y vivieron como si estuviesen en el Jardín del Edén. Los arqueólogos sospechan que Adán realmente existió y que, en la parábola del “pecado original” hay un trasfondo histórico de verdad.
Etse sitio ha revolucionado la forma de ver la historia de la humanidad.
"Y el Señor plantó un jardín en Edén, mirando al Este, y puso al hombre dentro". Según las sagradas escrituras, así comenzó la historia, con Adán y Eva apaciblemente instalados en medio de un vergel, rodeados de árboles. Esta historia de la Creación ha tenido una repercusión inmensa y es uno de los textos esenciales de la cristiandad. Los celtas, por ejemplo, tuvieron el Jardín de los Manzanos, llamado Avalon; y los griegos la Isla de los Bienaventurados. Pero sólo en el Edén cristiano se agregaron condimentos que ligaron el sexo y el espíritu. El texto que describe la parábola del paraíso no ocupa más de 50 líneas en la Biblia, pero ha generado enormes debates en torno al tema.
Los arqueólogos sospechan que Adán realmente existió.
Este debate ha subido de tono luego de que este anónimo pastor buscase un lugar para protegerse del sol. Su hallazgo se convirtió en el descubrimiento del templo más antiguo del mundo, rodeado de maravillosas construcciones megalíticas y vestigios de una "era dorada" de la Edad de Piedra, prácticamente desconocida hasta ahora. Uno de los sitios que más sorprende a los arqueólogos es el ubicado sobre una colina pelada cercana a Urfa. Sobe ella, hace siglos, se amontonaban varios templos. Hasta el momento se han desenterrado cuatro, pero se conoce la existencia de al menos dieciséis más. Varios pilares de piedra decorados con representaciones de arañas, leones y ciempiés completan el supuesto Jardín. También pueden verse, entre los escombros, la estatua de un jabalí y una cabeza humana de gran tamaño. Este sitio arqueológico se conoce como Göbekli Tepe, cuya traducción significa algo así como “Monte Ombligo”.
Este sitio arqueológico se conoce como Göbekli Tepe
Klaus Schmidt, director de las excavaciones efectuadas en Göbekli Tepe, dice que se trata de un “lugar único” con la "energía arquitectónica de un Stonehenge". Algunos de los pilares más grandes pesan 50 toneladas. Schmidt supone que este lugar alcanzará pronto fama mundial, ya que tiene el potencial de modificar muchas de nuestras creencias sobre el pasado. “Hasta ahora pensábamos que los únicos que habían construido templos y asentamientos permanentes habían sido los campesinos sedentarios", explica. Pero hicieron falta unos 500 trabajadores para levantar este lugar. Claramente, no es la obra de pastores solitarios. Para tener una idea de su importancia arqueología, en la época que se encendían fogatas y celebraban cultos sacrifícales en estos templos, aun no existía el primer pueblo campesino en la Tierra.
"Y el Señor plantó un jardín en Edén,[...], y puso al hombre dentro"
La polémica está servida. Para algunos, se trata del sitio donde una muy terrenal Eva convidó a Adán con la manzana que cambiaria a la humanidad. Para otros, es solo un asentamiento –quizás el más antiguo de todos- de los primeros humanos. Algunos incluso han sugerido la ingerencia de culturas extraterrestres a la hora de mover las piedras que conforman las columnas del lugar. Como fuere, Göbekli Tepe está destinado a convertirse en el verdadero ombligo de la arqueología.
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Publicado por cosmoxenus en 28 Febrero 2009
Los complejos vínculos sociales de nuestros ancestros dieron lugar a la imaginación religiosa. Una antropóloga de The College of William and Mary, en Estados Unidos, ha publicado recientemente un libro en el que se ofrece una interesante y coherente explicación para el origen de la religiosidad en la especie humana. Según Barbara King, la necesidad de pertenencia de los individuos de nuestra especie, y el desarrollo de lazos afectivos individuales y sociales cada vez más complejos, nos llevaron a establecer también conexiones con los ancestros fallecidos, los espíritus de los animales y los “seres superiores”. Por otro lado, a medida que evolucionaron nuestro lenguaje y nuestra cultura, los símbolos y las prácticas rituales comenzaron a jugar un papel más central entre los homínidos, contribuyendo a darle sentido a su mundo.
Por Yaiza Martínez.
Un libro de reciente publicación, escrito por la profesora de antropología de The College of William and Mary, en Estados Unidos, Barbara King, añade una nueva dimensión al debate sobre los orígenes de la religión.
El libro, titulado Evolving God, A Provocative View on the Origins of Religion, parte de los conocimientos de la autora acerca del comportamiento de los grandes simios para explorar el desarrollo de la empatía, la construcción de sentido, el acatamiento de las reglas y la imaginación en estas especies. Todos estos elementos están considerados como los precursores de las religiones.
King establece en su libro que, concretamente, sería la evolución del “sentido de pertenencia”, desde nuestros más antiguos ancestros hasta el homo sapiens, lo que se encontraría en el origen de la religiosidad humana.
Se entiende como “sentido de pertenencia” el grado avanzado de filiación o ligazón existente en un grupo, esencial para la organización y el desarrollo de éste, y también clave en el establecimiento de la identidad de cualquier individuo. Para todo este trabajo la autora estudió a monos y simios de Gabón (Kenya), y del Smithsonian Institution’s National Zoological Park durante más de 20 años.
Intangibles no comprendidos
Según se explica en la presentación de Evolving God, el estudio de la evolución ha revelado hasta ahora una inestimable información acerca de muchos aspectos del conocimiento y de la culturas humanas, de la fisiología de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro, así como del desarrollo de la caza, de la tecnología o de los grupos sociales.
Sin embargo, nos queda aún por alcanzar la comprensión de algunos intangibles de la experiencia humana, especialmente, el de la religiosidad.
Los intentos por descubrir los orígenes de ésta mediante análisis genéticos o mediante la neurociencia han conseguido verter cierta luz sobre este enigma, pero las conclusiones conseguidas hasta ahora son incompletas.
Centrándose en sus propias y extensas investigaciones sobre el comportamiento de nuestros más cercanos parientes entre los primates, Barbara King ofrece una perspectiva holística y comprensible de porqué y cómo la religión llegó a desarrollarse.
Relaciones complejas y espiritualidad
King se centra en cómo los grandes simios, nuestros ancestros, y los humanos modernos se relacionan unos con otros social y emocionalmente, y traza el aumento de la complejidad de la comunicación a lo largo del curso de la evolución.
Así, demuestra que, con el incremento de nuestra capacidad cerebral, el alcance y la naturaleza de los lazos socio-emocionales se transforman. Inicialmente, se producen las relaciones interpersonales, que posteriormente se convierten en relaciones grupales (familias y comunidades).
Después, se producen las conexiones con los ancestros fallecidos, los espíritus de los animales y los “seres superiores”.
El relato de todo este desarrollo se inicia en Evolving God hace más de seis millones de años, cuando vivieron nuestros más antiguos predecesores (que compartimos con otros primates); continúa a través de todo el periodo del Neandertal y de la Edad de Piedra; y culmina con la aparición de las primeras religiones, en el seno de las primeras sociedades humanas.
Necesidad de pertenencia
Según la autora, sería la necesidad terrenal de pertenencia -nuestra búsqueda del sentido de pertenencia- lo que condujo a la aparición de la imaginación religiosa humana, y a la necesidad de relación con los dioses, los espíritus o un solo Dios.
Las pruebas que presenta King son tomadas de los resultados de las investigaciones más recientes en primatología, que demuestran que una vez que los animales son capaces de crear lazos emocionales y presentan empatía cognoscitiva, están listos para desarrollar ciertos intangibles, como la creencia en algo mayor que ellos mismos.
Tal y como puede leerse en el capítulo uno de Evolving God, publicado por la revista Metanexus, los lazos emocionales, la necesidad del sentido de pertenencia y en, definitiva, el profundo deseo de estar conectados con otros, son elementos que compartimos con otros primates y explicarían el porqué los humanos hemos evolucionado hasta convertirnos en simios espirituales: los simios con un cerebro más desarrollado, los simios erguidos, y también los primeros que crearon arte y que concibieron la idea de Dios.
El sentido de pertenencia implica obtener sentimientos positivos de las relaciones personales con nuestra familia y amigos, con nuestros colegas o las personas de nuestra comunidad. Incluso estas relaciones pueden llegar a extenderse a algunos animales. Compartir con otros nuestra vida mejora enormemente la calidad de ésta.
Nuestros ancestros sufrieron profundos cambios en su capacidad emocional que los alejaron de sus propios ancestros simios hace entre seis o siete millones de años. Otras transformaciones tuvieron lugar hace unos 10.000 años, con el inicio de las comunidades agrícolas y los asentamientos humanos.
A medida que nuestro lenguaje y nuestra cultura se hicieron más complejos –como consecuencia de una mayor capacidad de relación-, los símbolos y las prácticas rituales comenzaron a jugar un papel más central entre los homínidos, contribuyendo a darle sentido a su mundo. Así, la necesidad natural de nuestra especie del “sentido de pertenencia” provocó la aparición y el desarrollo de la imaginación religiosa.
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Publicado por cosmoxenus en 5 Febrero 2009
Radha Burnier
Todos los grandes instructores espirituales han buscado despertar a la gente a la verdad e inspirarles para que prescindieran de los objetivos e ideas irreales y llegaran a la realización de la vida en su profundidad y esplendor. No enseñaron ningún credo ni dogma, ni se entretuvieron en banalidades. Incluso, cuando hablaban a la gente sencilla, lo hacían sobre cuestiones de profundo sentido.
A medida que pasaba el tiempo, alrededor de estas enseñanzas se levantaban religiones, con templos, con textos de autoridad, con intérpretes oficiales de la verdad, con rituales y prácticas supersticiosas.
Cuando la interpretación de las formas externas proliferó nacieron numerosas sectas dentro de cada religión. Las diferencias religiosas sectarias y los dogmatismos han sido causa de incalculable dolor en la sociedad humana. El planteamiento teosófico respecto a las religiones es el descartar todo lo externo, todo lo superficial y todos los credos que dividen a la gente y son causa de odio. Esto exige que se llegue hasta la esencia, hasta el conocimiento de las verdades eternas que unen las mentes y encienden la llama del amor. La Teosofía, en realidad, está interesada en lo fundamental, en la religión per se y no en las formalidades y las doctrinas con las que, generalmente, se identifica a la religión.
El Fundamentalismo, musulmán, cristiano o cualquiera que sea, por el contrario, está basado no en las verdades eternas fundamentales y esenciales, sino en dogmas y creencias que son motivo de luchas sectarias. Evidentemente, los que asumen el papel de profeta o de sacerdote bajo cualquier bandera por el estilo, tienen mucho que ganar. Ejercen el poder al conseguir influir en las mentes de las personas, ayudados hoy en día por los medios de comunicación, imponiendo creencias y temores, provocando el odio y las ilusiones de superioridad. Es por el hecho de que el fundamentalismo confunde a la gente sobre lo que es básico en términos del despertar religioso, que se convierte en un instrumentos político fácil.
El corazón de la Teosofía o de la Sabiduría-Religión, es “la liberación de la mente de su conciencia finita,” conduciendo hacia la unidad con la Vida Infinita. Esta realización de unidad no tiene nada que ver con el juego del poder político, con la incitación a la guerra, o con la conquista. Tal como lo proclamó el gran Rey Asoka, no hay mayor conquista que la del Dharma.
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Publicado por cosmoxenus en 11 Enero 2009
Ken Wilber, famoso pensador norteamericano autor de libros como “Los tres ojos del conocimiento” o “Cuestiones cuánticas”, hace una reflexión en la revista EnlightenNext acerca de las dos facetas de la religión. Una primera faceta, la interpretativa, es la que permite al “yo” separado otorgar sentido al mundo. Una segunda faceta, la transformadora, es la que origina una verdadera transformació n de la conciencia en los individuos. Ambas aproximaciones a la espiritualidad deben combinarse para legitimar el mundo, y también para desafiar nuestras propias legitimaciones.
Por Yaiza Martínez.
El famoso escritor y pensador Ken Wilber, autor de libros tan conocidos como “La conciencia sin fronteras”, ha escrito recientemente en la revista EnlightenNext un artículo, en el que reflexiona sobre las dos facetas de la religión.
Según Wilber, la religión tiene dos funciones muy importantes, aunque también muy diferentes entre sí. Por un lado, la religión actúa como un medio de creación de sentido para el “yo” separado: mitos, relatos, rituales y otros elementos de las religiones nos sirven como consuelo, dan sentido a nuestra existencia, y nos ayudan a resistir los altibajos del destino.
Sin embargo, esta faceta de la religión, señala el autor, no cambia el nivel de conciencia de las personas. Es la segunda función, la función “transformadora” de la religión, la que produce una liberación y una transformación radicales de la conciencia, escribe Wilber.
Interpretación y transformación
La primera función de las religiones sería, por tanto, una especie de “movimiento horizontal” (creación de sentido para el yo), mientras que la segunda sería una suerte de “movimiento vertical”, un movimiento que puede percibirse hacia lo “alto” o hacia las “profundidades” de la conciencia.
A la primera faceta de las religiones Wilber la denomina “interpretació n” y, a la segunda faceta, “transformación”. Con la interpretació n, el “yo” aprende a percibir y a pensar de una manera determinada la realidad.
Con la transformación, en cambio, el “yo” es examinado, cuestionado e incluso se hace desaparecer para que el individuo alcance una nueva autenticidad.
Ambas funciones de la religión son igualmente indispensables, escribe Wilber. Por su parte, la faceta de la interpretació n otorga integridad y seguridad al yo, un sentido para el mundo. Pero, señala el autor, en algún punto del proceso de maduración del individuo esta interpretació n deja de funcionar, y ya no ofrece consuelo.
En ese momento, las creencias, los paradigmas, los mitos y las ideas dejan de servirnos, y la trascendencia del “yo” se convierte en el único camino posible. Empieza entonces la búsqueda de la segunda función de la religión, búsqueda que ha sido culminada por muy pocos individuos a lo largo de la historia.
Espiritualidad revolucionaria
Wilber describe la espiritualidad transformadora señalando que ésta no busca legitimar ninguna visión del mundo sino proporcionar verdadera autenticidad. Para ello, cuestiona todo aquello que el mundo entiende como legítimo. Esta espiritualidad sería, por tanto, revolucionaria por naturaleza.
La espiritualidad transformadora, por otro lado, ha sido y es seguida por un número verdaderamente pequeño de personas. El resto de la población religiosa se encuentra implicada en la primera faceta de la religión, la faceta de la interpretación, caracterizada por prácticas mágicas, creencias míticas, oraciones, rituales, etc.
Según Wilber, esto se debe a que la verdadera espiritualidad transformadora es y ha sido extremadamente rara en cualquier momento de la historia, y en cualquier lugar del mundo. Sólo personajes como Padmasambhava, Santa Teresa de Jesús o Maimónides la han llegado a experimentar y a expresar.
El aspecto transformador –raro y revolucionario- de la religión es asimismo difícilmente trasladable a otros, es decir, que aunque cualquier individuo llegue a vivenciar esa segunda faceta de la religión, difícilmente podrá hacer entender a otros de qué se trata y, en su intento, habrá de acudir a la faceta religiosa de la “interpretación”.
Combinación espiritual
Por tanto, aunque seamos críticos con las religiones meramente “interpretativas”, escribe Wilber, hay que darse cuenta de que es necesaria una aproximación integral a la espiritualidad humana, que combine lo mejor de la faceta horizontal y de la vertical, lo interpretativo y lo transformador, lo legitimado y lo auténtico.
Wilber señala la importancia de, en ese camino, no caer en el error de creer como tales “ofertas” espirituales transformadoras, que en realidad son sólo interpretativas.
Expresiones como “nuevo paradigma que cambiará el mundo” y “gran transformació n”, que aparentemente ofrecen medios efectivos de desmantelamiento del yo para encontrar su autenticidad, en realidad son nuevas formas religiosas interpretativas, advierte Wilber.
Según él, la faceta transformadora de la religión siempre conlleva y reclama una deuda al que la practica: se debe permitir que penetre hasta el interior del individuo, y que desde él se extienda alrededor de cada uno.
Este camino de expansión se hace desde la autenticidad, no desde esa profunda hipocresía que se esconde en el juego de tomar una nueva interpretación, y llamarla “gran transformación”, advierte Wilber.
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