El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archivos de la categoría ‘Misticismo’

Las cualidades éticas de quien busca la verdad

Publicado por cosmoxenus en 28 Febrero 2009

Antiguamente en las Escuelas iniciáticas, los hierofantes egipcios comprobaban la dignidad de los candidatos antes de concederles la iniciación, aquellas duras experiencias se dividían en cinco grados ascendentes, cada uno correspondía a un elemento diferente: tierra, agua, fuego, aire y espíritu.  Al candidato para ser iniciado en los grados esotéricos, los hierofantes los hacían entrar en lugares que ponían a prueba su intrepidez y le hacían sufrir recias experiencias que demostraban su valentía.

Pero esas escuelas desaparecieron y con ellas además sus métodos, que en realidad no se adaptarían a las condiciones del mundo actual.

En nuestra época, nosotros también somos candidatos, la escuela es la vida.

Los hierofantes, son los hombres y mujeres, las circunstancias y situaciones que nos rodean, y todas, se usaran como señuelo para probar nuestros ideales morales.

Si antes era contraproducente revelar la enseñanza profunda al vulgo sencillo y sin instrucción y de esta manera destruir su fe en el único apoyo espiritual que podía comprender, es igualmente una falta no revelarla hoy, cuando los sufrimientos inherentes y los cambios educativos hicieron que ese vulgo madurase y se instruyese. En consecuencia, llegó el momento en el que el deber sagrado de los estudiantes es revelar cautamente lo que ayudará a sus semejantes en la crisis actual y hacer que estas enseñanzas estén a disposición de todos los que buscan la verdad; pues las eras pasadas de secreto y aislamiento, sirvieron para lo que se propusieron y tocaron a su fin.

A la Verdad, no le interesa adular al hombre ni complacer su vanidad, por tanto, comienza el aspecto practico de su disciplina señalándole sus defectos, imperfecciones y negligencias y por último, abriéndole los ojos antes las debilidades, incapacidades y complejos hasta entonces inconscientes o disfrazados.

Para avanzar con seguridad por el sendero, un hombre necesita curarse de obsesiones e irracionalidades fanáticas. Tal vez se piense que erradicar los defectos personales, tenga poco que ver con encontrar el verdadero yo, pero esto no es correcto. Estos mismos defectos surgen del falso yo, además, la erradicación se le sugiere, no solo para ayudarle a vencer esos conceptos falsos, sino también para ayudarle a ser un servidor mejor de la humanidad.

El aspecto practico de esta búsqueda, empieza con un lento alejamiento de la vida irreflexiva, un deliberado reordenamiento de los hábitos insatisfactorios, una voluntaria extirpación de los deseos que debilitan o degradan el carácter, y un constante autoexamen analítico para descubrir defectos del pensamiento, del sentimiento y de la conducta.

Pues solo si es honrado consigo mismo, si cesa de ocultar sus defectos y empieza a ponerlos bajo la plena luz, tiene posibilidad de realizar un avance concreto en la búsqueda.

Ahora enumeraremos una lista, de aquellas cualidades, que necesitamos adquirir o desarrollar, en la búsqueda espiritual:

1º- Quien busca la verdad debe aprender, el arte de ser dueño de si mismo en toda clase de circunstancias. El método de vencerse a si mismo es empinado y difícil, pero es esencial para la búsqueda.

2º- También es necesario realizar un esfuerzo paralelo de la voluntad, un abnegado empeño para elevar la acción a un nivel superior.

3º- Que nadie se comprometa en la búsqueda con las falsas esperanzas de una diversión perpetua, pues también se comprometió en una lucha.

4º- Debe estar alerta ante la primera incursión de emociones meramente negativas, depravadamente destructivas o vergonzosamente egoístas, es mas fácil detener la vida de tiernos brotes que de brotes mas maduros.

5º- El ejercitar la calma, es una clara ayuda, esto hace que nuestros juicios sean mas equilibrados y justos.

6º- No efectuara una critica negativa sin realizar, al mismo tiempo, una sugerencia positiva.

7º- No separara el Espíritu y la Materia, la lastimosa creencia de negar la materia lleva a una completa parálisis, pues el intelecto cesaría de moverse, el corazón cesaría de sentir y el cuerpo cesaría de actuar.

8º- El deseo es necesario para la vida humana y los deseos espirituales no extinguen el deseo, sino que solo le dan otra dirección superior.

9º- Debemos apelar a nuestras emociones superiores, no a nuestras emociones mas bajas, la verdad no esteriliza la emoción sino que la espiritualiza.

10º- El débil deseo inicial e automejoramiento, deberá evolucionar hasta sea una pasión fuerte y dominante, el aspirante deberá superar lo mejor de si, trascender su propio pasado.

11º- Quien busca la verdad debe disciplinarse para enfrentar los caprichos de la suerte y para superar las vicisitudes de la vida.

12º- Quien no llegue a esta autodisciplina desde dentro, de modo pacifico y voluntario, la tendrá impuesta desde fuera de modo obligatorio y violento.

13º- Al habito de pensar ordenadamente, deberá añadirle el habito de pensar desinteresadamente.

14º- El objetivo de quien busca la verdad debe ser retener y sostener sus ideales, cualquiera que sea el medio en que se encuentre, deberá mantener firmemente su integridad moral.

15º- No avanzamos cediendo ante la debilidad que se disfraza de virtud, sino fomentando la fortaleza aunque esta tenga un rostro desagradable.

16º- Es por ello que la búsqueda es solo para los fuertes y compasivos, no para los cobardes, los egoístas o los holgazanes.

17º- Cuando un hombre persevera realmente en esta búsqueda, llegara un tiempo en el que tendrá que asumir una posición heroica en defensa de sus principios morales, en el que deberá negarse a sacrificarlos por un beneficio pasajero.

18º- Necesita estar intelectualmente preparado y emocionalmente purificado antes de que el Yo Superior descienda para iluminar el intelecto y ennoblecer a la emoción.

19º- Debemos aprender a distinguir entre deseos inferiores y superiores, oponernos a unos y aceptar otros, pues el hombre esta encadenado a la tierra por sus muchos deseos y en su búsqueda se dará cuenta que muchos de sus deseos terminan en lamentables cautiverios. la dependencia crea aflicción.

20º- Quien lucha y logra vencer a la naturaleza inferior se llena con la serenidad y el misterio de lo superior.

Si el karma nos puso aquí, en este planeta, lo cual significa que la Sabiduría superior nos puso precisamente aquí, en el momento actual, es porque éste está cargado de una significación tremenda.

Si anhelamos y tenemos la libertad para escoger nuestro propio concepto de la verdad, nuestro deber es adquirir conocimientos para no andar a tientas, ni pasar hambre un día más, para cuando llegue la madurez, percibir, que aquí esta realmente nuestro “Pan de Vida”.

El candidato deberá empezar con la mas humilde opinión de si mismo, si algún día ha de terminar con la opinión mas elevada. De ningún modo debe caer en el error común de creerse más adelantado de lo que realmente es, pues esto conducirá al fracaso.

El hombre no iluminado no tiene mayor enemigo que su propio ego inferior, como el hombre iluminado no tiene mayor amigo que su propio Yo Superior. No solo la naturaleza inferior es su máxima enemiga, también es su mas sutil enemiga.

Durante el trayecto el aspirante necesitara ser dueño de una anonadada humildad y de una reverencia sumisa. La primera no es necesaria en presencia de los hombres, si no en presencia de Dios; la segunda no lo es en el bullicio del mundo, sino en el secreto del corazón. El ego inferior deberá rendirse ante lo superior, no ante otro ego.

El guru que afirme que con solo desearlo, él puede hacer que otra persona se realice, la esta engañando, el hombre que piensa, que poniendo toda su vida en manos de tal guru la realización sobrevendrá un día, por si sola, sin esfuerzo, lo que va a tener es un cruel despertar.

Un maestro procura ayudar a su discípulo para que se desarrolle lo que esta dentro de éste, no pretende nada mas.

Buda dijo “Aferraos a la verdad, como un refugio. No busquéis refugio en nadie, aparte de vosotros mismos”.

La intuición es algo que no puede comunicarse, sino que debe realizarse personalmente, es eternamente experimental.

Una voz le hablara en su corazón, le guiara de una etapa a otra, de una verdad a otra, de una percepción a otra percepción.

Cuando entendemos que este mundo es una manifestación de la divina realidad misma, entonces esta vida terrena no es enfáticamente una trampa que Satán nos arma, como algunos creen, ni un espejismo creado por una nube, como otros dicen. No es solo algo que importa, sino que por lo contrario, es algo que a quien encuentra la verdad, le deberá importar más, de lo que le importa al materialista.

Solo a través de los procesos de la evolución biológica un espermatozoide crece hasta convertirse en un ser humano adulto, y solo a través de los procesos de evolución espiritual, un hombre crece hasta convertirse en sabio, las transformaciones rápidas y repentinas no existen.

Cualesquiera que sean las diferencias de actitud metafísica, y de practicas externas entre él y los demás, el buscador aborrece las disputas y ama la amistad.

También conserva el recuerdo de las lecciones del pasado, de sus equivocaciones, pero abandona la culpabilidad, queda en paz con el, sabe que esas experiencias le ayudaron a superarse, a mejorar sus defectos y a iniciar una vida nueva y superior.

Llegara a ver su vida pasada como un sueño. El sentido de la proximidad del alma se vuelve real, y para él será una presencia diaria y una realidad continua.

Quien tiene la humildad, la fortaleza y la sabiduría para devolver su voluntad personal a su Yo Superior, con ello brinda la posibilidad de que fuerzas mayores que las suyas le bendigan, inspiren y usen. Quien tenga la valentía para realizar este acto único, jamás lo lamentara, pues sea lo que fuere lo que de él tome, su Yo superior la devolverá mas.

Quien encontró dentro de si al Amado, no teme estar solo, esta siempre gratamente dispuesto a aceptar la compañía, la amistad y el afecto que otros deseen darle, pero podrá vivir sin ellos, si el destino ordena que así sea. Alcanzo la sabiduría para bastarse a si mismo en lo interior, que hace lo mejor que puede, a favor de todos los hombres, pero nada espera de ninguno de ellos, trabaja para la vida, pero cuyo corazón poco espera de ella, tampoco de los demás, solo de si mismo espera la felicidad, y para lograrla, solo confía en si mismo.

El Yo Superior es realmente nuestro Ángel de la guarda

siempre esta a nuestro alcance y nunca nos abandona.

Es nuestro salvador invisible. Pero tenemos que comprender

que él, en primer lugar busca salvarnos, no del sufrimiento,

sino de la ignorancia, que es la causa del sufrimiento.

                ( Paul Brunton )

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LA VIDA TEOSÓFICA

Publicado por cosmoxenus en 14 Febrero 2009

Norman S. Hankin

The Theosophist, agosto 1989

Para comprender las profundidades ocultas en el aspecto místico de la Teosofía necesitamos introducir la Teosofía en nuestra vida diaria. Tenemos la tendencia a ser criaturas de tiempo lineal y de espacio tridimensional, pero estas limitaciones deben superarse antes de que podamos empezar a apreciar la sublime Verdad Eterna que estamos buscando. Como nuestro difunto Presidente, Sri Ram dijo :

Vive en el eterno ahora, como pájaro al que no le preocupa el mañana. Libérate de las cadenas nacidas de recuerdos desgraciados, lo mismo que de las esperanzas de satisfacciones preconcebidas, libérate de todo aquello que es producto del aspecto mecánico de la mente.

Esto no significa dejar de pensar- sino que significa pensamiento profundo que busca intensamente la motivación de nuestra vida y su misterio. La sabiduría profunda que descubre la Eternidad en medio del Tiempo señala al verdadero teósofo.

Como también dijo Sri Ram :

La forma perfecta o cáliz que es nuestra individualidad eterna está oculta a nuestra visión imperfecta por el velo del tiempo tejido en el telar de oro de Dios.

La Teosofía mística, pues, es real y verdadera Teosofía; aquello que trata de las verdades eternas, así como de sus imágenes temporales,; y como tal, es una Verdad intelectualmente incomprensible pero más real que cualquier experiencia nuestra de cada día. ¡El misticismo es la Realidad!.

Al abordar el trabajo de nuestra vida diaria deberíamos actuar, vivir y amar con esta Verdad mística interna irradiando a través de cada acción, e inspirándonos para reflexionar sobre el misterio de la vida.

Haciéndose eco de la eterna verdad de la Teosofía, Krishnamurti habla de la Realidad última y de su experiencia :

Hay una montaña, mucho más allá

de las llanuras y de las colinas,

cuya gran cima domina la oscuridad

del valle y de los mares abiertos.

Ninguna nube ni espesa niebla

ocultan nunca su serena apariencia.

Está por encima de las sombras

del día y de la noche.

Desde la vasta planicie ningún

hombre puede avistarla.

Algunos la han visto, pero pocos

son los que han llegado hasta sus

pies.

Uno en muchos miles de años

hace acopio de fuerza y gana

esa morada de eternidad.

Hablo de aquella cima de la

montaña serena, infinita, más

allá del pensamiento.

Estallo en gozo.

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TEOSOFÍA MÍSTICA

Publicado por cosmoxenus en 14 Febrero 2009

Norman S. Hankin

The Theosophist, agosto 1989

Como investigadores de la Verdad podemos equiparar la Teosofía mística con el misticismo de la filosofía perenne señalada por Happold en su libro Misticismo.

"Generalizando, el misticismo tiene su fuente en lo que es la materia bruta de toda religión y es también la inspiración de muchas de las filosofías, la poesía, el arte y la música. Es una conciencia de algo Invisible por encima y más allá de todo lo que se ve. En el místico desarrollado, esta conciencia está presente de una forma intensa y altamente especializada. El elemento místico entra en las formas corrientes de experiencia religiosa cuando los sentimientos religiosos sobrepasan su contenido racional, es decir, cuando los elementos ocultos, no racionales, inconscientes, predominan y determinan la vida emocional y la actitud intelectual. En el verdadero místico hay una extensión de la conciencia normal, una liberación de poderes latentes y una ampliación de visión, de suerte que aspectos de la verdad que están por investigar por parte del intelecto racional, se le revelan. Tanto por el sentimiento como por el pensamiento, el místico percibe una inmanencia de lo temporal en lo eterno y de lo eterno en lo temporal. En el místico religioso hay una experiencia directa de la Presencia de Dios. Aunque el no pueda ser capaz de describirlo en palabras, aunque no pueda ser capaz de demostrar lógicamente su validez, para el místico su experiencia es total y absolutamente válida y está rodeada de una certidumbre. Aunque la primera reacción del lector sea de escepticismo estoy totalmente satisfecho. Sin embargo, incluso en esta primera etapa quisiera pedirle que se hiciere a sí mismo estas preguntas: ¿Cuál es la naturaleza de la Realidad, de aquello que en definitiva es? Hasta donde se nos alcanza… ¿lo que sabemos o lo que creemos saber depende de lo que somos capaces de ver de ella con nuestra limitadísima línea de percepción?. ¿No podría ser una posibilidad al menos el que si nuestra línea de percepción se ampliara la viéramos totalmente distinta?

Los místicos no sólo se han encontrado en todas las épocas en todas las partes del mundo y en todos los sistemas religiosos, sino que el misticismo también se ha manifestado de formas parecidas o idénticas dondequiera que la conciencia mística ha estado presente. Por esto algunas veces se le ha llamado la Filosofía Perenne. De su experiencia y de su reflexión sobre ello han surgido las siguientes explicaciones:

1. Este mundo fenomenal de materia y conciencia individual sólo es una realidad parcial y es la manifestación de un Campo Divino en el que todas las realidades parciales tienen su existencia.

2. Forma parte de la naturaleza del hombre, no sólo que puede tener conocimiento de este campo Divino por inferencia, sino que también puede descubrirlo por intuición directa superior a la razón reflexiva en la que el conocedor está, de alguna manera, unido con lo conocido.

3. La naturaleza del hombre no es una naturaleza simple sino dual. No tiene un yo sino dos, el Ego fenomenal del cual es consciente principalmente y tiende a considerar como su verdadero ser, y el yo eterno no fenomenal, el hombre interno, el espíritu, la chispa de la divinidad en él que es su verdadero ser. Es posible para el hombre, si lo desea y está preparado para realizar el esfuerzo necesario, identificarse con su verdadero ser y, por consiguiente, con el Campo Divino que es de la misma o similar naturaleza.

4. El fin primordial de la existencia del hombre en la tierra es descubrir e identificarse a sí mismo con su verdadero ser. Al hacerlo así, llegará a un conocimiento intuitivo del Campo Divino y entonces percibirá la Verdad tal como realmente es, y no tal como, ante nuestras limitadas percepciones humanas parece que es. No sólo eso, sino que entrara en un estado de existencia al que se le han dado diferentes nombres, vida eterna, salvación, iluminación, etc.

En esta lúcida exposición, ¿no vemos las verdades básicas de la Teosofía claramente expresadas? La Monada eterna -siempre permanente en el Campo Divino- sembrando su Luz en la Individualidad Divina, o Ego, del hombre; de la cual emanan las diferentes personalidades parciales en el ‘mundo fenomenal’ el cual es sólo una realidad parcial. También debe tenerse en cuenta que el mundo del misticismo, en la filosofía teosófica, es el mundo de lo Real; donde el tiempo y el espacio tal como los conocemos dejan de existir y a medida que nos identificamos cada vez más con lo Real se convierten en la Duración y el Espacio sin las obstrucción de las idea tridimensionales del plano físico.

Como dice H.P.B. en La Doctrina Secreta:

El Espacio y el Tiempo son uno. El espacio y el tiempo no tienen

nombre porque son el incognoscible, aquello que sólo puede ser

percibido a través de los Siete Rayos,  que son las Siete Creaciones,

los Siete Mundos, las Siete Leyes, etc.

Sin embargo, para propósitos prácticos vivimos en un mundo de tiempo lineal y de espacio tridimensional y como seres humanos hemos de comprender y conquistar este mundo antes de levantar nuestra mirada hacia las montañas. Todas nuestras ideas sobre Teosofía; todo nuestro conocimiento de los sistemas solares, cadenas, rondas, razas, y subrazas; los principios y los vehículos del hombre; las leyes del karma y de la reencarnación; incluso los ideales que concebimos de Aquéllos que fortalecen y guían toda vida, son parte de este mundo irreal. Para conocer realmente debemos irrumpir, traspasando estos conceptos mentales en la Realidad viviente que ellos expresan en parte ; y es el misticismo teosófico el que nos lleva más allá de los confines del intelecto hacia el mundo de lo Real. Como todos los procesos de la vida, el trabajo es cíclico y es solo con la preparación de la conciencia (o vehículo, si lo prefieren) que aprende a comprender y a actuar desde los aspectos universales de la Realidad más bien que desde los caprichos pasajeros de la personalidad.

Oigamos lo que dicen sobe el tema del Espacio los místicos de diferentes épocas:

IBN’ ARABI ( Sufi ):

El corazón del gnóstico posee tal amplitud que Abu Yasid al – Bistami dijo de él : " Si el divino Trono, con todo lo que le rodea, se encontrara cien millones de veces en una esquina del corazón del gnóstico, él no lo sentiría”; y, Junayd dijo en el mismo sentido : "Si lo efímero y lo eterno se unen, ya no queda ninguna huella del primero;  porque ¿Cómo podría el corazón que contiene lo eterno sentir la existencia de lo efímero?

MEISTER ECKART ( cristiano ) :

El hombre que penetra en Dios ya no posee ni tiempo ni espacio, ni nada identificable que se exprese en palabras. Sin embargo, se puede razonar, si usted lo cree necesario, que el espacio ocupado por cualquier alma es ampliamente superior al que ocupan el cielo y la tierra y toda la creación de Dios. Diré más; Dios podría crear cielos y tierras a granel y sin embargo, estos junto con la multiplicidad, de las criaturas que ya ha creado, serían menos extensos que las simple cabeza de un alfiler comparado con el punto de vista de un alma armonizada en Dios.

Y sobre el tema del Tiempo, el Tao de Chuang.tse dice:

Antes que el cielo y la tierra existieran, el Yao ya era. Ha existido sin cambios desde siempre. Los seres espirituales tomaron su espiritualidad de ahí, mientras el universo se convertía en lo que ahora podemos ver.

Para el Tao, el cenit no está arriba ni el nadir abajo; ningún punto en el tiempo está lejos, ni con el paso de las edades ha envejecido.

Y de nuevo, de Meister Eckart:

“El ahora en donde Dios hizo al hombre y el ahora en donde el último hombre se disuelve, y el ahora en que estoy hablando, son todos lo mismo en Dios, donde no hay más que el ahora .Los acontecimientos de hace miles de años, los días que pasaron hace milenios, están en la eternidad, no más allá de lo que es este momento que yo paso ahora; el día que ha de llegar dentro de miles de años, o en tantos años que no se pueden contar, no está más distante en la eternidad de lo que lo está este mismo instante de ahora.”

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EL SIMPLE ARTE DE BENDECIR

Publicado por cosmoxenus en 28 Diciembre 2008

Al despertar bendice tu jornada porque está ya desbordando una abundancia de bienes que tus bendiciones harán aparecer. Porque bendecir significa reconocer el bien infinito que forma parte integrante de la trama misma del universo. Ese bien lo único que espera es una seña tuya para poder manifestarse.

Al cruzarte con la gente por la calle, en el auto, en tu lugar de trabajo, bendice a todos.

La paz de tu bendición será la compañera de su camino y el aura de su discreto perfume será una luz en su itinerario.

Bendice a los que te encuentres, derrama tu bendición sobre su salud, su trabajo, su alegría, su relación con la vida, con ellos mismos y con los demás.

Bendice a todos en todas las formas imaginables porque esas bendiciones no sólo esparcen las semillas de la curación sino que algún día brotarán como otras tantas flores de gozo en los espacios áridos de tu propia vida.

Bendice tu ciudad, tus gobernantes y a todos, como los educadores, enfermeras, barrenderos, sacerdotes y prostitutas.

Cuando alguien te muestre la menor agresividad, cólera o falta de bondad, responde con una bendición silenciosa.

Bendice totalmente, sinceramente, gozosamente, porque esas bendiciones son un escudo que los protege de la ignorancia de sus maldades y cambia de rumbo la flecha que te han disparado.

Bendecir significa desear y querer incondicionalmente, totalmente y sin reserva alguna el bien ilimitado para los demás y para los acontecimientos de la vida haciéndolo aflorar de las fuentes más profundas y más íntimas de tu ser. Esto significa venerar y considerar con total admiración, lo que es siempre un don del Creador sean cuales fueren las apariencias.

Quien sea afectado por tu bendición es un ser privilegiado, consagrado, entero.

Bendecir significa invocar la protección divina sobre alguien o sobre algo, pensar en él con profundo reconocimiento. Significa también llamar a la felicidad para que venga a él.

Bendecir significa reconocer una belleza omnipresente oculta a los ojos materiales.

Es activar la ley universal de la atracción que desde el fondo del universo traerá a vuestra vida exactamente lo que necesitas en el momento presente para crecer, avanzar y llenar tu vida de gozo.

Es imposible bendecir y juzgar al mismo tiempo.

Mantén en ti ese deseo de bendecir como una incesante resonancia interior y como una perpetua plegaria silenciosa porque de este modo serás de esas personas que son artesanos de la paz.

Y por encima de todo no te olvides de bendecir a esa persona maravillosa absolutamente bella en su verdadera naturaleza y tan digna de amor… ¡Qué eres tú mismo!

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La ciencia del misticismo

Publicado por cosmoxenus en 24 Diciembre 2008

Por Ralph M. Lewis, F.R.C.

Pareciera incongruente decir que el misticismo es una ciencia, puesto que ambas palabras, ciencia y misticismo, han sido incompatibles por tradición. El hombre de ciencia del Siglo XIX consideraba que el misticismo es un mundo de ilusión y que, por lo tanto, había de menospreciarse. Muchos científicos modernos tampoco aceptan la realidad del misti cismo.

Algunos místicos han considerado también que esos dos temas (ciencia y misticismo) pertenecen a reinos tan diferentes, tan alejados uno del otro, que es imposible reconciliarlos.

Desde el punto de vista racional, ningún esfuerzo ni ninguna actividad humana pueden verse total­mente libres de la influencia de la ciencia. De hecho, si una persona desea realizar con éxito cualquier empresa, le es necesario emplear alguno de los prin cipios generales de la ciencia.

Contrario a lo que la gente opina, la ciencia no es la multitud de porme nores y de vastos detalles técnicos que comúnmente se relacionan con algunos fenómenos. Antes bien, la ciencia es el método que ayuda a comprender los fenómenos que experimentamos diariamente. Con el método científico pueden analizarse los elementos contenidos en los fenómenos que experimentamos para determinar las leyes que los fundamentan, para saber qué es lo que les da existencia.

Por consi guiente, la ciencia aplica la razón a la experiencia, en lugar de especular acerca de ésta o de limitarla a quedar en meras conjeturas.

Si el estado místico es una realidad, si no es una condición falsa ni una ilusión, entonces debe poseer cierta solidez que puede ser expuesta al análisis. El análisis de los elementos del misticismo es lo que constituye su ciencia. Aun un análisis casual del estado místico puede revelar que éste no es un don concedido a todo ser humano.

El místico no es alguien que ha sido escogido para tener una expe riencia única, ni uno a quien se le ha conferido un poder divino especial. Cualesquiera que sean los logros que concedemos al misticismo, son el resul tado de nuestros logros personales.

La base fundamen tal del estado místico es la misma que fundamenta todas las demás actividades humanas. Esa base fundamental está constituida por las cualidades de la conciencia y de la experiencia.

La conciencia y la experiencia

Conciencia es la sensibilidad que muestra una cosa viviente hacia sí misma, hacia su propio organismo y hacia los alrededores en los cuales existe. Sabemos que la fuerza de la vida es una acción dinámica. El organismo viviente se adapta de continuo a los requerimientos de esa función interna. Las cons tantes adaptaciones del organismo viviente produ cen las diversas sensaciones de la conciencia. Podemos decir que esas sensaciones son, en realidad, la forma como reacciona el organismo viviente ante todos aquellos impulsos que le afectan, sean impul sos internos o externos.

Experiencia, la otra cualidad que conforma la base del estado místico, es el contenido de la conciencia. Consiste de todas las sensaciones que se despiertan dentro del organismo viviente. Entonces, la expe riencia es el diseño de nuestra conciencia, es el patrón que forman sus reacciones ante los impulsos que recibe.

Para comprenderlo mejor usaremos una analogía: supongamos que la conciencia es una hoja de papel en blanco; si escribimos sobre ese papel, llamaremos sensaciones a los caracteres marcados en él. La forma o el diseño de esas marcas, es lo que calificamos de experiencia.

Pese a que todas las cosas vivientes poseen con ciencia, no todas tienen experiencia. Decimos que el hombre tiene experiencia, porque puede separar y evaluar en su conciencia ciertas sensaciones. Tam bién es capaz de formarse imágenes mentales con las impresiones grabadas en su conciencia. Por consi guiente, la ciencia del misticismo empieza cuando se analizan determinados tipos de experiencias. Aun más importante, la ciencia del misticismo requiere que el individuo sepa manipular su conciencia, o sea, que pueda producir cambios en ella.

La concentración

El primer paso en la ciencia del misticismo es entender la función que desempeña la concentración, la aplicación intencional o voluntaria más común de nuestra conciencia. La concentración es, de hecho, un estado de atención. Consiste en centrar toda nuestra atención en un grupo particular de vibraciones. Como analogía, cuando ustedes tratan de ajus tar el foco de unos binoculares adaptando las lentes, lo hacen para distinguir mejor cierta imagen que perciben.

Cuando nos concentramos, enfocamos la conciencia de tal forma que nos permita percibir las impresiones de un sentido en particular, el oído, la vista, el tacto, etc. Cuando nos concentramos en un conjunto de impresiones, por lo general hacemos caso omiso de todas las otras impresiones que esta recibiendo nuestra conciencia. De esta manera, repe timos, estamos atentos a un solo conjunto de estímu los. Como una analogía más, si yo les hablo y ustedes se concentran en el sonido de mi voz, ésta dominaría más su conciencia que lo que estuvieran viendo en ese momento.

La concentración, o sea, enfocar la atención, es realmente una especie de selectividad, porque ustedes tienen que seleccionar los estímulos particulares que desean ingresen a su conciencia. Además, deben seleccionar también el canal, el medio a través del cual desean que las vibraciones entren a su concien cia, en otras palabras, eligen si desean escuchar, ver o sentir.

La concentración implica un estado posi tivo o activo por parte de la persona. De hecho, usualmente se dice que la concentración es un estado positivo de la conciencia. Sin embargo, tal afir mación es cierta sólo en parte, ya que cuando nos concentramos debemos prepararnos para recibir cier tos estímulos. Dependiendo del grado en que enfo quemos nuestra conciencia, ya sea para ver, oír o sentir, nuestra preparación es positiva o activa pero, a la larga, nos quedamos pasivos.

No hacemos otra cosa que recibir, que esperar que las impresiones entren en nuestra conciencia. Esto es semejante a prepararnos para mirar televisión: prendemos el receptor, sintonizamos el canal correcto, y nos colo camos en una posición cómoda para mirar la pantalla. Todos estos actos son activos, pero únicamente hasta el momento cuando nos relajamos y espera mos que aparezcan las imágenes. De allí en adelante, estamos en un estado pasivo.

Sin embargo, cuando nos concentramos muchas veces enfocamos nuestra conciencia involuntaria­mente. Un fuerte estímulo puede atraer nuestra atención sin que nos demos cuenta, por ejemplo, un ruido estruendoso, un destello brillante de luz, el rápido y repentino movimiento de un objeto, etc.

Estos estímulos intensos atraen hacia ellos nuestra conciencia, obligándonos a enfocarlos. Si alguien disparara un revólver súbitamente en su habitación, ustedes voltearían instantánea e involuntariamente en dirección a donde se produjo el ruido, centrando su conciencia en lo que allí pudieran ver o escuchar.

Cuando enfocamos nuestra atención en forma deliberada (es decir, cuando deseamos concentrar nos) lo hacemos principalmente motivados por ciertos impulsos internos; nuestros intereses y deseos, nuestros gustos y disgustos, nos impulsan a concen trarnos intencionalmente en algo. No podemos cen trar nuestra atención en dos cosas al mismo tiempo, aunque con frecuencia pueda parecer que si lo hacemos. Dijimos antes que la concentración es una especie de selectividad porque cuando nos concen tramos, seleccionamos. Por lo tanto, no podemos concentrarnos en dos estímulos al mismo tiempo.

Sin embargo, podríamos confundirnos, porque muchas veces alternamos nuestra atención en forma tan rápida, que nos es difícil darnos cuenta de que no estamos concentrándonos en dos cosas al mismo tiempo. No obstante esto, el enfoque principal siempre está centrado en un solo conjunto de vibra ciones. Supongan que al estarles hablando inespera damente brilla una luz en su habitación.

Ustedes alternarían rápidamente su conciencia entre la luz y mi voz, y les parecería como si fueran instantáneas. Sin embargo, cada conjunto de impresiones, las de la luz que vieron y las de mi voz que escucharon, dominarían por separado su conciencia en el momen to mismo cuando ustedes se concentraron en ellas.

¿Qué valor tiene la concentración para alcanzar el estado místico? El valor de la concentración está limitado a las facultades de la conciencia objetiva y a ciertas funciones relacionadas con ésta. Evidente mente, la concentración es muy esencial en nuestra vida diaria, esto es, nos es necesaria para adaptarnos al mundo externo.

Sin la concentración, el mundo de las imágenes visuales y de las cosas que se sienten y se escuchan estaría perdido. Nuestra conciencia no enfocaría los impulsos de la realidad que actúan sobre nuestros ojos y oídos, y no los percibiríamos en lo absoluto o sólo los percibiríamos en forma insuficiente. Por ejemplo, cuando caminamos por la calle sumidos en nuestros pensamientos, podemos no ver a un amigo íntimo que cruza a nuestro lado, aunque tengamos los ojos bien abiertos.

Es necesario señalar de nuevo que el estado místico es algo que se alcanza internamente. No depende de condiciones ni de cosas externas. No consiste en centrar la atención con el fin de escuchar un sonido o de ver una luz. En consecuencia, el hecho de colocarnos en determinada postura tra tando de percibir aquello que consideramos debe ríamos percibir, nos limita místicamente. Muchas personas creen que deben concentrarse en ciertas cosas para ayudarse místicamente; sin embargo, al hacer esto se están limitando, porque concentran su conciencia sólo en ciertas impresiones.

La concentración puede ser útil exclusivamente como un paso preliminar para alcanzar el estado místico. Como ya hemos dicho, no proporciona directamente ninguno de los elementos de la expe­riencia mística. Concentrarse continuamente en un conjunto de estímulos, por ejemplo, en algo que se ve o se escucha, a la larga limita la conciencia objetiva.

Los estímulos sensorios en los cuales nos con centramos continuamente van perdiendo poco a po co su eficacia, disminuyen gradualmente el efecto que producen en nuestra conciencia, dando como resultado que ésta se introvierta; lentamente se vuelve hacia adentro. Es esta la razón por la cual algunos místicos orientales se concentran durante largo periodo en un sonido monótono, como el sonido uniforme de un gong o en la luz de una llama.

La monotonía del estimulo y la exclusión de todas las demás vibraciones, va entorpeciendo la sensibi lidad de ese sentido particular y ayuda a que la persona entre en un estado subjetivo. Esas prácticas para la concentración son beneficiosas sin duda alguna, pero sólo para excluir los impulsos del mundo externo, no para producir una experiencia mística.

La contemplación

La contemplación es otra actividad voluntaria de nuestra conciencia. Al igual que sucede con la técnica de la concentración, con frecuencia se le confunde con el estado místico. La contemplación es un proceso reflexivo de la conciencia: es un acto de perceptuar dentro de la mente, no una percepción de impresiones que están fuera de ella. La contem plación es algo totalmente apartado de las facultades de percepción. No se trata de centrar nuestra atención en impresiones que llegan a nuestros ojos o a cualquiera de los demás órganos sensorios.

Cuando contemplamos, el proceso reflexivo de nuestra con ciencia es tan sutil, que no estamos conscientes de nada más. Como una analogía diremos que la con templación introvierte la conciencia, ya que desvía las impresiones externas y la vuelve sólo a nuestros recuerdos y a la razón.

Los beneficios de la contemplación son muchos: nos permite juzgar y evaluar nuestras experiencias, y de este modo podemos analizar el mérito que tienen las impresiones que recibimos, así como el valor de nuestras ideas particulares. Una cosa es percibir o escuchar algo, según sea el caso, y otra muy diferente comprender el valor relativo que tienen para noso tros esas impresiones.

Nuestras opiniones y nuestras conclusiones son el resultado de que nos volvemos hacia el interior de nuestra mente, figurativamente hablando, y contemplamos desde diferentes ángulos todos los ele­mentos de nuestras experiencias. Cuanto más con templemos nuestras percepciones y nuestras ideas, mayor significado y beneficio tienen para nosotros.

El pensador es alguien que utiliza lo que ha acumu lado a través de la experiencia, escudriñándolo, ana lizándolo y evaluándolo. Valiéndonos de la contem plación, se nos manifiesta la posible relación que hay entre nuestras ideas, permitiéndonos determinar lo que una puede aportar a otra. De hecho, la contem plación confiere cierto poder a nuestras ideas o nos permite extraer de su contenido una fuerza total.

La imaginación

La contemplación estimula también nuestra ima ginación. La imaginación sugiere métodos con los cuales podemos ampliar y unir las ideas, de modo de convertirlas en una estructura más grande para el pensamiento. Este es uno de los procesos creativos de la mente.

El acto de contemplar, de reflexionar profunda mente en ideas inspiradoras o en conceptos nobles (no importa cuán agradables sean ni cuán verdade ros parezcan) no es, sin embargo, un estado místico. Muchos neófitos creen erróneamente que reflexionar, un término que se escucha muy a menudo (de hecho, que se ha convertido en una palabra supues tamente metafísica bastante trillada) es un proceso místico muy importante.

Centrar la atención en un pensamiento o reflexionar en él es, después de todo, una forma de concentración. Como tal, no es otra cosa que retener en la conciencia una sola idea. Esto limita también la conciencia a una sola fase de acti vidad: la fase objetiva.

Como un ejemplo, piensen que hay muy poca diferencia entre mirar un objeto dentro de su habi­tación y mirar un objeto en la calle. En ambos casos se utiliza la misma facultad: la vista. De manera que, cuando reflexionan en un pensamiento, no hacen otra cosa que usar la concentración.

Al contemplar, al pensar y al razonar, usamos aspectos subjetivos de la conciencia, en particular aquellos que están rela cionados estrechamente con la mente objetiva, los cuales tienen poco valor para el estado místico. Aunque es verdad que el pensador y el filósofo no son necesariamente místicos, todo místico verdade ro, no obstante, se convierte con el tiempo en filóso fo. El místico está obligado a someter los elementos de su gran iluminación mística a las relaciones humanas, a los valores humanos, a un conocimiento viable y, hacerlo, requiere de un método filosófico.

La visualización

En la ciencia del misticismo no podemos eludir el proceso de la visualización, es decir, la formación de imágenes visuales en la pantalla de la conciencia. Usando términos populares, diremos que en este proceso el ojo de la mente puede ver algo. Ahora bien, debe entenderse que visualizar es una de las funciones de la contemplación. No podemos visua lizar sin que también contemplemos. Visualizar es enfocar la conciencia en ciertas ideas de modo que puedan asumir formas visuales en nuestra mente. Si la visualización no hiciera otra cosa que originar formas en la pantalla de la conciencia, no tendría un valor más grande en el misticismo del que tiene la contemplación.

El místico no visualiza por el deseo de analizar, no lo hace sólo para retener algo en la conciencia de manera de poder examinarlo minuciosamente, sino que visualiza con el propósito de crear una con­dición, de convertir determinada cosa en realidad. Lo que el místico ve en la pantalla de su conciencia es verdadero para él: es una realidad.

No obstante, él quiere cristalizar esa imagen, esto es, desea lograr que produzca otras condiciones que afecten tanto a otros como a él mismo. Por consiguiente, el místico usa su facultad de visualización como un medio para des pertar sus atributos psíquicos. Simplemente, con la idea visualizada intenta crear un apropiado estado emocional o psíquico.

En el misticismo, la visualización puede ser com parable a montar un escenario para una represen­tación teatral, a crear cierta atmósfera; podemos decir también que es como decorar un salón por cierto gusto estético que tenemos. Las cosas que uno visualiza en el estado místico podrían ser únicamente simbólicas: hay que retenerlas en la conciencia sólo hasta que se experimenta el efecto de la imagen mental. Una vez que percibimos el efecto, sea un efecto psíquico o de otra índole, debemos desechar por completo de la mente la imagen visualizada, pues ya ha cumplido su propósito. Continuar visualizándola sólo sería recurrir a la contemplación.

La meditación

Desde el punto de vista místico, la meditación es la práctica más importante de nuestra conciencia. Intencionalmente dejamos para lo último su con sideración, porque muchas veces es confundida con las prácticas de la concentración y la contemplación. No obstante, es necesario que primero corrijamos el concepto erróneo de que meditar significa eliminar todas las manifestaciones de nuestra conciencia, pues no podríamos prescindir de ninguna de ellas en forma total y, no obstante esto, tener la experiencia personal del éxtasis místico, porque tanto el ser como esa experiencia forman parte de la conciencia.

Lucrecio, el filósofo epicúreo latino, dijo: "Donde estamos, la muerte no está todavía; y cuando ésta llega, ya no estamos". En consecuencia, si la medi tación suprimiera nuestra conciencia, no se produ­cirla una experiencia mística ni de ninguna otra clase.

La conciencia es una corriente de sensibilidad ante innumerables vibraciones. Es como la escala musical: cada parte de la escala de la conciencia tiene una octava particular, es decir, se manifiesta en una forma específica, al igual que lo hacen las notas que componen la escala musical. El ser humano puede tocar en varias partes de la escala de la conciencia. Con esto queremos decir que el ser, el usted, puede tener percepciones en diferentes niveles de esa escala. Como dijera un místico hindú: "Hay dos condiciones en una persona; la condición de estar en este mundo y la condición de estar en el otro mundo". El otro mundo significa los otros niveles de conciencia que todos poseemos.

Durante la meditación, la conciencia se eleva por encima de la objetividad, más allá de nuestro mundo cotidiano de existencia mortal. La conciencia ascien de por encima del mundo mental, más allá de los reinos del pensamiento, de la contemplación y de la razón. Otro místico dijo: "Meditar es unir la con ciencia con las fuerzas más elevadas del intelecto, para que se manifiesten sensaciones que no existen en la conciencia inferior".

La conciencia humana es una emanación, un torrente de la Mente Cósmica. Sin embargo, la conciencia objetiva no puede per cibir directamente a la Mente Cósmica. Es sólo en el río profundo del subconsciente, donde el ser percibe las manifestaciones más infinitas del Cósmico.

Uno no puede unirse apresuradamente con el Cósmico. El estudiante no puede sumergirse de pronto en la Conciencia Cósmica: tiene que avanzar hacia ella, como se nada desde la superficie hasta las aguas profundas. La meditación es un cambio en el campo de percepción. Es mirar o percibir más allá de nuestro mundo finito inmediato. Para llegar a esa gran percepción, se requiere una transición de la conciencia.

Un místico alemán del Siglo XVII dijo: "Es en la parte suprema del alma donde tiene lugar la expe­riencia mística: es en aquella parte del alma que ninguna pasión puede alcanzar". Con esto quiso decir que no podemos percibir con nuestros senti dos objetivos las vibraciones de frecuencias muy elevadas que se generan en lo más recóndito de nuestro ser, o sea, en la conciencia superior.

Tal como lo explicáramos antes, cuando contem plamos usamos experiencias que originalmente reci­bimos a través de nuestras facultades objetivas: se produce cierta unidad entre las dos fases de la mente. Así también, la meditación integra a la conciencia, es decir, une sus fases inferiores con las fases supe riores.

Si no se produjera esta unidad, nunca podríamos recordar las impresiones psíquicas, cósmicas, que recibimos en los niveles superiores de la conciencia. No habría manera de poder trasmitirlas al nivel inferior, al estado objetivo. Mientras uno no pueda rememorar en su estado normal los resultados de la experiencia obtenida en esos contactos cósmi cos (como sucede con la inspiración y la ilumi nación) el estado místico no será completo.

El objetivo tradicional de todo místico es lograr unirse con Dios o con el Cósmico. Puesto que cada parte de nuestro ser (toda nuestra estructura orgánica y los procesos de nuestra mente) es producto de una ley cósmica, resulta obvio que ya existe esa unión. Sin embargo, mientras el ser, mientrasusted no la perciba, no obtendrá ningún placer divino de ella.

Si no siente esa unión, sería semejante a entregar una llave a un hombre y decirle: "Esta llave te servirá para abrir el cofre del tesoro". Mientras no tenga en su poder el cofre para poder sacar el tesoro, no podrá disfrutar de éste.

Quedamos en que la meditación es una forma de trasmutar la conciencia. Es avanzar de un nivel de conciencia a otro. Es discernir personalmente la plétora, la plenitud de nuestro ser.

Podríamos decir que la meditación es semejante a escalar una montaña hasta llegar a la cima. Desde allí podemos contemplar una vasta extensión que no podríamos ver desde la base de la montaña. San Agustín dijo, refiriéndose a la meditación, que es "el ojo místico del alma".

Muchos místicos han afir mado que la meditación permite escaparse del mundo de todos los días e incluso escaparse del ser. En sus doctrinas han expuesto que, durante la medi tación, el ser se empequeñece hasta que al final no tiene realidad, hasta que ya no existe. Dionisio el Areopagita dijo: "En la meditación se dejan atrás ambos sentidos: las actividades intelectuales, y todas las cosas conocidas por los sentidos y el intelecto

No obstante, los Rosacruces tenemos un con cepto diferente, pues opinamos que nunca podemos apartarnos por completo del ser. No podemos evadirlo. Si lo hiciéramos, no percibiríamos la unión mística. El ser debe existir para poder unirse con el Cósmico. A medida que en la meditación el ser avanza paso a paso, nivel tras nivel de la escala de la conciencia, asume diferentes aspectos o diversas características.

El ser se va despojando de las sensaciones objetivas, va eliminando las cualidades normales externas, entre ellas el tiempo y el espacio, y cualesquiera otras nociones objetivas. El ser llega a un estado para el cual no existen términos que pudieran describirlo objetivamente. Es por eso que algunos místicos de antaño pensaron que en la meditación el ser quedaba eliminado, sólo porque pierde las características que le son conocidas.

En este ascenso a través de los niveles de la con ciencia, el ser cambia de la misma manera que cam­bia una bellota al convertirse en un poderoso roble. Sin embargo, así como la esencia de la bellota con tinúa viviendo en el roble, así también el ser con serva su esencia en todos los niveles de conciencia que se alcanzan en la meditación. En su recién encon trada libertad, el ser deja atrás sus viejas característi cas.

Un antiguo místico dijo acerca de esto: "Una araña que asciende por su hilo va obteniendo más espacio libre. De la misma manera, en la meditación se obtiene independencia". Cada nivel de conciencia produce un fenómeno diferente, una experiencia característica de la frecuencia vibratoria a la cual vamos llegando. En un nivel experimentamos sole dad; en otro, un silencio místico; y en otro más, una inmensa armonía.

Cada una de estas experiencias resultantes de la meditación tiene un efecto perdu rable en todo nuestro ser. A medida que el ser avanza, va armonizando una fase de conciencia con otra, entretejiéndolas cual si fuesen hilos de plata. Esa unión da por resultado un rejuvenecimiento de todo el organismo humano.

El último y más elevado nivel al que se llega es conocido con el nombre de Conciencia Cósmica: se alcanza una vez que el hombre percibe su unidad con el Absoluto, con todo lo que existe y, no obstante, para él nada tiene una naturaleza individual. Se per ciben todas las cosas, pero ninguna en particular.

Así pues, la ciencia del misticismo reside en ana lizar las diferentes formas como podemos aplicar nuestra conciencia personal. La ciencia del misti cismo nos revela qué necesitamos para alcanzar la plenitud de nuestra naturaleza Divina. En las enseñan zas Rosacruces se presenta esta ciencia en todos sus aspectos, tanto los prácticos como los útiles. La experiencia mística es práctica, porque da como resultado la expansión de las oportunidades de la vida.

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